Fábulas de Esopo
1 - El lobo y la grulla
A un lobo que comía un hueso, se le atragantó el hueso en la garganta, y corría por todas
partes en busca de auxilio. Encontró en su correr a una grulla y le pidió que le salvara de
aquella situación, y que enseguida le pagaría por ello. Aceptó la grulla e introdujo su cabeza en
la boca del lobo, sacando de la garganta el hueso atravesado. Pidió entonces la cancelación de
la paga convenida.
- Oye amiga - dijo el lobo - ¿No crees que es suficiente paga con haber sacado tu cabeza sana
y salva de mi boca?
Moraleja: Nunca hagas favores a malvados, traficantes o corruptos, pues mucha paga tendrías
si te dejan sano y salvo.
2 -El caballo y el asno
Un hombre tenía un caballo y un asno. Un día que ambos iban camino a la ciudad, el asno,
sintiéndose cansado, le dijo al caballo:
- Toma una parte de mi carga si te interesa mi vida.
El caballo haciéndose el sordo no dijo nada al asno.
Horas más tarde, el asno cayó víctima de la fatiga, y murió allí mismo. Entonces el dueño echó
toda la carga encima del caballo, incluso la piel del asno. Y el caballo, suspirando dijo:
- ¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido cargar con un ligero fardo ahora tengo que
cargar con todo, y hasta con la piel del asno encima!
MORALEJA: Cada vez que no tiendes tu mano para ayudar a tu prójimo que honestamente te
lo pide, sin que lo notes en ese momento, en realidad te estás perjudicando a ti mismo.
3-El águila, el cuervo y el pastor
Lanzándose desde una cima, un águila arrebató a un corderito.
La vio un cuervo y tratando de imitar al águila, se lanzó sobre un carnero, pero con tan mal
conocimiento en el arte que sus garras se enredaron en la lana, y batiendo al máximo sus alas
no logró soltarse.
Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a
sus niños. Le preguntaron sus hijos acerca de qué clase de ave era aquella, y les dijo:
- Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila.
Moraleja: Pon tu esfuerzo y dedicación en lo que realmente estás preparado, no en lo que no
te corresponde.
4-La zorra y el leñador
Una zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores cuando llegó al sitio de un leñador y le
suplicó que la escondiera. El hombre le aconsejó que ingresara a su cabaña.
Casi de inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al leñador si había visto a la zorra.
El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señalaba la cabaña
donde se había escondido.
Los cazadores no comprendieron las señas de la mano y se confiaron únicamente en lo dicho
con la palabra. La zorra al verlos marcharse, salió sin decir nada.
Le reprochó el leñador por qué a pesar de haberla salvado, no le daba las gracias, a lo que la
zorra respondió:
-Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo.
Moraleja: No niegues con tus actos, lo que pregonas con tus palabras.
5 Las ranas pidiendo rey
Cansadas las ranas del propio desorden y anarquía en que vivían, mandaron una delegación
a Zeus para que les enviara un rey. Zeus, atendiendo su petición, les envió un grueso leño a su
charca.
Espantadas las ranas por el ruido que hizo el leño al caer, se escondieron donde mejor
pudieron. Por fin, viendo que el leño no se movía más, fueron saliendo a la superficie y dada la
quietud que predominaba, empezaron a sentir tan grande desprecio por el nuevo rey, que
brincaban sobre él y se le sentaban encima, burlándose sin descanso.
Y así, sintiéndose humilladas por tener de monarca a un simple madero, volvieron donde Zeus,
pidiéndole que les cambiara al rey, pues éste era demasiado tranquilo. Indignado Zeus, les
mandó una activa serpiente de agua que, una a una, las atrapó y devoró a todas sin
compasión.
Moraleja: A la hora de elegir los gobernantes, es mejor escoger a uno sencillo y honesto, en
vez de a uno muy emprendedor pero malvado o corrupto.
6- La paloma y la hormiga
Obligada por la sed, una hormiga bajó a un arroyo; arrastrada por la corriente, se encontró a
punto de morir ahogada.
Una paloma que se encontraba en una rama cercana observó la emergencia; desprendiendo
del árbol una ramita, la arrojó a la corriente, montó encima a la hormiga y la salvó.
La hormiga, muy agradecida, aseguró a su nueva amiga que si tenía ocasión le
devolvería el favor, aunque siendo tan pequeña no sabía cómo podría serle útil a la paloma.
Al poco tiempo, un cazador de pájaros se alistó para cazar a la paloma. La hormiga, que se
encontraba cerca, al ver la emergencia lo picó en el talón haciéndole soltar su arma.
El instante fue aprovechado por la paloma para levantar el vuelo, y así la hormiga pudo
devolver el favor a su amiga.
7- Las moscas
En un frondoso bosque, de un panal se derramó una rica y deliciosa miel, y las moscas
acudieron rápidamente y ansiosas a devorarla. Y la miel era tan dulce y exquisita que las
moscas no podían dejar de comerlas.
Lo que no se dieron cuenta las moscas es que sus patas se fueron prendiendo en la miel y que
ya no podían alzar el vuelo de nuevo.
A punto de ahogarse en su exquisito tesoro, las moscas exclamaron:
- ¡Nos morimos, desgraciadas nosotras, por quererlo tomar todo en un instante de placer!
8 La zorra y las uvas
En una mañana de otoño, mientras una zorra descansaba debajo de una plantación de
uvas, vio unos hermosos racimos de uvas ya maduras, delante de sus ojos. Deseosa
de comer algo refrescante y distinto de lo que estaba acostumbrada, la zorra se levantó, se
remangó y se puso manos a la obra para comer las uvas.
Lo que la zorra no sabía es que los racimos de uvas estaban mucho más altos de lo que
ella imaginaba. Entonces, buscó un medio para alcanzarlos. Saltó, saltó, pero sus dedos no
conseguían ni tocarlos.
Había muchas uvas, pero la zorra no podía alcanzarlas. Tomó carrera y saltó otra vez, pero el
salto quedó corto. Aun así, la zorra no se dio por vencida. Tomó carrera otra vez y volvió a
saltar y nada. Las uvas parecían estar cada vez más altas y lejanas.
Cansada por el esfuerzo y sintiéndose incapaz de alcanzar las uvas, la zorra se convenció de
que era inútil repetir el intento. Las uvas estaban demasiado altas y la zorra sintió una
profunda frustración. Agotada y resignada, la zorra decidió renunciar a las uvas.
Cuando la zorra se disponía a regresar al bosque se dio cuenta de que un pájaro que volaba
por allí, había observado toda la escena y se sintió avergonzada. Creyendo que había hecho
un papel ridículo para conseguir alcanzar las uvas, la zorra se dirigió al pájaro y le dijo:
- Yo habría conseguido alcanzar las uvas si hubieran estado maduras. Me equivoqué al
principio pensando que estaban maduras, pero cuando me di cuenta de que estaban aún
verdes, preferí desistir de alcanzarlas. Las uvas verdes no son un buen alimento para un
paladar tan refinado como el mío.
Y así fue, la zorra siguió su camino, intentando convencerse de que no fue por su falta de
esfuerzo por lo que ella no había comido aquellas riquísimas uvas. Y sí porque estaban verdes.
Moraleja: Si hay algo que de verdad te interesa, no desistas. Esfuérzate y persevera
hasta conseguirlo.
9-Lobo con piel de oveja
Pensó un día un lobo cambiar su apariencia para así facilitar la obtención de su comida. Se
metió entonces en una piel de oveja y se fue a pastar con el rebaño, despistando totalmente al
pastor.
Al atardecer, para su protección, fue llevado junto con todo el rebaño a un encierro, quedando
la puerta asegurada.
Pero en la noche, buscando el pastor su provisión de carne para el día siguiente, tomó al lobo
creyendo que era un cordero y lo sacrificó al instante.
Moraleja: Según hagamos el engaño, así recibiremos el daño.
10-Ranas de pantano seco
Vivían dos ranas en un bello pantano, pero llegó el verano y se secó, por lo cual lo
abandonaron para buscar otro con agua. Hallaron en su camino un profundo pozo repleto de
agua, y al verlo, dijo una rana a la otra:
- Amiga, bajemos las dos a este pozo.
- Pero, y si también se secara el agua de este pozo, -- repuso la compañera --, ¿Cómo crees
que subiremos entonces?
Moraleja: Al tratar de emprender una acción, analiza primero las consecuencias de ella.
11 El buen rey león
Había un león que no era enojoso, ni cruel, ni violento, sino tratable y justo como una buena
criatura, que llegó a ser el rey.
Bajo su reinado se celebró una reunión general de los animales para disculparse y recibir
mutua satisfacción: el lobo dio la paz al cordero, la pantera al camello, el tigre al ciervo, la zorra
a la liebre, etc.
La tímida liebre dijo entonces:
-- He anhelado ardorosamente ver llegar este día, a fin de que los débiles seamos respetados
con justicia por los más fuertes.
E inmediatamente corrió lo mejor que pudo.
Moraleja: Cuando en un Estado se practica la justicia, los humildes pueden vivir tranquilos...,
pero no deben atenerse.
12- El lobo orgulloso y el león
Vagaba cierto día un lobo por lugares solitarios a la hora en que el sol se ponía en el horizonte,
y, viendo su sombra bellamente alargada, exclamó:
- ¿Cómo me va a asustar el león con semejante talla que tengo? ¡Con treinta metros de largo,
bien fácil me será convertirme en rey de los animales!
Y mientras soñaba con su orgullo, un poderoso león le cayó encima y empezó a devorarlo.
Entonces el lobo, cambiando de opinión se dijo:
- La presunción es causa de mi desgracia.
Moraleja: Nunca valores tus virtudes por la apariencia con que las ven tus ojos, pues
fácilmente te engañarás.
13 El lobo y la cabra
Encontró un lobo a una cabra que pastaba a la orilla de un precipicio. Como no podía llegar a
donde estaba ella le dijo:
- Oye amiga, mejor baja pues ahí te puedes caer. Además, mira este prado donde estoy yo,
está bien verde y crecido.
Pero la cabra le dijo:
- Bien sé que no me invitas a comer a mí, sino a ti mismo, siendo yo tu plato.
Moraleja: Conoce siempre a los malvados, para que no te atrapen con sus engaños.
14 El escorpión y la tortuga.
Érase una vez una tortuga que andaba tranquilamente por el campo, cuando de repente la
llamó un escorpión:
- Ven tortuga, por favor.
- ¿Qué quieres de mí?, le dijo temerosa la tortuga.
El escorpión le explicó que quería cruzar al otro lado del río, pero no sabía nadar, como tenía
miedo de ahogarse y sabía que ella era buena nadadora, le pidió ayuda para poder cruzar el
río sobre su caparazón.
- No puedo, eres un escorpión y cuando me acerque a ti, me picarás y moriré.
El escorpión se defendió:
- Necesito cruzar al otro lado, tengo prisa y no puedo rodear todo el río, por favor, ayúdame, sé
que soy un escorpión, pero no tengo la culpa de ser lo que soy.
La tortuga siguió negándose, no terminaba de confiar en el escorpión y temía que le
picase.
- Te propongo lo siguiente - dijo el escorpión, acércate a la orilla y yo en vez de trepar por tus
patas, daré un salto y me subiré así a tu caparazón. Además, piensa en esto... si te pico,
morirás y te hundirás, si tu mueres, yo me ahogaré.
Esa explicación convenció a la tortuga que terminó confiando en el escorpión. Sin embargo,
cuando llegaron a la mitad del río, la tortuga sintió un pinchazo en el cuello, todo su cuerpo
comenzó a dormirse y antes de ahogarse preguntó:
- ¿Por qué lo hiciste?
- Lo siento, no pude evitarlo, está en mi naturaleza... contestó el escorpión antes de hundirse
también.
15 El león y la liebre
Sorprendió un león a una liebre que dormía tranquilamente. Pero cuando estaba a punto de
devorarla, vio pasar a un ciervo. Dejó entonces a la liebre por perseguir al ciervo.
Despertó la liebre ante los ruidos de la persecución, y no esperando más, emprendió su huida.
Mientras tanto el león, que no pudo dar alcance al ciervo, ya cansado, regresó a tomar la
liebre y se encontró con que se había escapado.
Entonces se dijo el león:
-Bien me lo merezco, pues teniendo ya una presa en mis manos, la dejé para ir tras la
esperanza de obtener una mayor.
Moraleja: Si tienes un pequeño beneficio no lo abandones por uno mayor, ya que podrías
perderlo todo.
16-El águila y el escarabajo
Estaba una liebre siendo perseguida por un águila, y viéndose perdida pidió ayuda a un
escarabajo, suplicándole que le salvara.
Le pidió el escarabajo al águila que perdonara a su amiga. Pero el águila, despreciando la
insignificancia del escarabajo, devoró a la liebre en su presencia.
Desde entonces, buscando vengarse, el escarabajo observaba los lugares donde el águila
ponía sus huevos, y haciéndolos rodar, los tiraba a tierra. Viéndose el águila echada del lugar a
donde quiera que fuera, recurrió a Zeus pidiéndole un lugar seguro para depositar sus futuros
pequeñuelos.
Le ofreció Zeus colocarlos en su regazo, pero el escarabajo, viendo la táctica escapatoria, hizo
una bolita de barro, voló y la dejó caer sobre el regazo de Zeus. Se levantó entonces Zeus para
sacudirse aquella suciedad, y tiró por tierra los huevos sin darse cuenta. Por eso desde
entonces, las águilas no ponen huevos en la época en que salen a volar los escarabajos.
Moraleja: Nunca desprecies lo que parece insignificante, pues no hay ser tan débil que no
pueda alcanzarte.
17 La zorra y el mono rey
En una junta de animales, bailó tan bonito el mono, que ganándose la simpatía de los
espectadores, fue elegido rey.
Celosa la zorra por no haber sido ella la elegida, vio un trozo de comida en un cepo y llevó allí
al mono, diciéndole que había encontrado un tesoro digno de reyes, pero en lugar de tomarlo
para llevárselo a él, lo había guardado para que fuera él personalmente quien lo cogiera, ya
que era una prerrogativa real.
El mono se acercó sin más reflexión, y quedó prensado en el cepo.
Entonces la zorra, a quien el mono acusaba de tenderle aquella trampa, repuso:
- ¡Eres muy tonto, mono, y todavía pretendes reinar entre todos los animales!
Moraleja: Hay que tener habilidad y astucia para saber gobernar.
18- El murciélago y las comadrejas
Un murciélago aturdido cayó de cabeza en el nido de una comadreja que detestaba a los
ratones.
- ¡Ahora verás, ratón despreciable! - le dijo furiosa.
- ¿Ratón yo? - contestó el murciélago -. ¿Acaso no ves mis alas? ¡Soy un pájaro!
Gracias a ello salvó la vida. Al poco, cayó en el nido de otra comadreja que aborrecía las aves,
y ésta le amenazó:
- ¡Cuidado conmigo, pajarraco!
- ¿Pajarraco yo? - replicó el murciélago - ¡No tengo plumas; soy un ratón!
Y así también pudo salvar su vida.
Moraleja: Es bueno saber adaptarse a las circunstancias.
19- El león y los tres bueyes
Había tres bueyes que siempre pastaban juntos.
Un león que merodeaba por el lugar quería devorarlos, pero sabía que contra los tres no podía
luchar.
Utilizando su astucia, los incitó para que se pelearan entre ellos. Al no estar ya unidos, los
pudo devorar tranquilamente uno a uno.
Moraleja: No permitas que te separen de tus seres más queridos; si lo consiguen, podrán
dañarte más fácilmente.
20-El lobo y la oveja
En el suelo malherido, yacía un lobo que había sido mordido por los perros.
Como no podía conseguir comida, pidió a una oveja que le trajera agua del río.
- Si me traes agua para beber - le dijo -, yo mismo me encargaré de mi comida.
- Si te traigo agua para beber - respondió la oveja -, yo misma seré tu cena.
Moraleja: No te fíes nunca de los malvados, aunque parezcan tener buenas intenciones.
21- La zorra y la serpiente
Bajo una higuera, a la orilla de un camino, había una serpiente durmiendo.
Pasó por allí una zorra y, envidiando el cuerpo alargado del reptil, se echó a su lado para
intentar igualarlo.
Se estiró todo lo que pudo y el esfuerzo que hizo fue tan grande, que acabó por romperse.
Moraleja: No te esfuerces en imitar aquello para lo que no estás capacitado.
22-El águila y los gallos.
Dos gallos reñían para decidir quién mandaba en el gallinero.
Al fin uno salió vencedor y, presuntuoso, se subió a una pared poniéndose a cantar tan fuerte
como pudo mientras el vencido se escondía.
Al verlo allí encaramado, un águila que sobrevolaba el corral lo atrapó entre sus garras.
Desde entonces, el gallo perdedor quedó como el rey del gallinero.
Moraleja: Si haces alarde de tus éxitos, puede aparecer quien te los arrebate.
23-La zorra sin rabo
Una zorra, a la cual un cepo le había cortado la cola, estaba tan avergonzada que decidió
aconsejar a las demás compañeras cortarse también las suyas; de esta manera disimularía
su defecto.
Convencida por su decisión, reunió a todas, diciéndoles que la cola era un feo agregado, una
carga inútil. Pero una de sus compañeras, tomó la palabra y dijo:
- ¡Oye hermana!, si no fuera, en este momento por tu propia conveniencia, ¿nos darías
este consejo?
Moraleja: Cuídate de los que dan consejo en busca de su propio beneficio.