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Módulo 1

Este documento resume la evolución histórica del derecho mercantil desde la Edad Media hasta la actualidad. Comenzó como un derecho consuetudinario especial para comerciantes que se aplicaba internacionalmente. Más tarde, los estados nacionales asumieron la regulación del comercio a través de cuerpos legales como las ordenanzas. En la era moderna, los códigos napoleónicos establecieron un derecho mercantil objetivo basado en los actos de comercio. El código de comercio español de 1885 siguió este modelo

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Módulo 1

Este documento resume la evolución histórica del derecho mercantil desde la Edad Media hasta la actualidad. Comenzó como un derecho consuetudinario especial para comerciantes que se aplicaba internacionalmente. Más tarde, los estados nacionales asumieron la regulación del comercio a través de cuerpos legales como las ordenanzas. En la era moderna, los códigos napoleónicos establecieron un derecho mercantil objetivo basado en los actos de comercio. El código de comercio español de 1885 siguió este modelo

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MÓDULO 1.

- TEORÍA DE LA EMPRESA
1) DERECHO PRIVADO y DERECHO DE LA EMPRESA

El Derecho mercantil comprende un conjunto de normas de una naturaleza jurídico-


privadas que regulan las obligaciones y la actuación de los operadores económicos en el
tráfico. La definición de Derecho mercantil va a depender de la materia que regule.
La especialidad del Derecho mercantil reside en que sustrae un conjunto de supuestos de
hecho a la regulación del Derecho común para aplicarles una regulación diferente. Una
parte de las normas recogidas en el Código de comercio se refieren a una serie de
supuestos que ya están regulados por el Derecho común en el Código civil. Así, el Código
de comercio las sustrae para darles una regulación especial, por estar referidas a personas,
relaciones o cosas determinadas.

Origen y evolución histórica del Derecho mercantil


En el Derecho Romano existieron normas que regulaban las instituciones del tráfico
comercial, la aparición de normas mercantiles especiales, distintas y alternativas a la del
derecho común; tiene su origen en Europa en la Edad Media.
Surge por una inadecuación del antiguo <<ius civile>> heredado de Roma, por una nueva
realidad caracterizada por el florecimiento de una economía urbana, mercantil, dineraria
y crediticia, que tiene como escenario la ciudad y el mercado, como protagonistas a los
mercaderes, como actividad el comercio, y como objeto las mercaderías, el dinero y el
crédito.
Nace para atender las exigencias de los mercaderes en el ejercicio de su actividad
profesional, el comercio. Fueron los mercaderes los que regularon su propio derecho
especial para corregir y suplir las insuficiencias del Derecho común, adaptando sus reglas
a las exigencias de la materia regulada: mayor rapidez en la contratación, seguridad del
tráfico patrimonial, uniformidad en las normas… De esta forma aparece la Lex
mercatoria, en Europa occidental, cuya vigencia se extiende desde finales del s.XI al
s.XIV, relacionada con el ejercicio del comercio por mercaderes procedentes de varios
países, que contrataban entre sí en ferias a las que acudían con asiduidad.

Características del Derecho mercantil es esta época:


 Es un derecho especial y corporativo para una clase especial de personas que
ejercían actividades comerciales establecidas en gremios y corporaciones de
comerciantes. La pertenencia a los mimos determinaba la condición de
comerciante. Sus normas se aplicaban entre dos partes comerciantes y presentaban

1
un mayor rigor que el derecho común: contabilidad; deber de pronta denuncia
de los vicios en la compraventa; exacción de las deudas por vía ejecutiva…

 Carácter consuetudinario, ya que los usos y costumbres que residían en los


mercados de las ciudades medievales, van conformando un derecho especial para
el comercio. Surgen tribus especiales de mercaderes y tribunales de ferias y
mercados, donde los propios comerciantes resuelven sus pleitos.

 Uniformidad internacional. La coincidencia de necesidades y de circunstancias


económicas en Europa occidental propician la difusión de esas normas. Los
mercaderes y banqueros trasladaban su domicilio fuera de la ciudad a la que
pertenecían y allí formaban corporación con otros comerciantes procedentes de
la misma ciudad. Así, se conoció y aplicó el Derecho mercantil de las ciudades
italianas en el extranjero.

Aunque este derecho de los comerciantes es personal (sólo se aplica a los comerciantes),
que cada grupo social tenga un ordenamiento propio es un fenómeno medieval y
extraterritorial. De esta forma se crea una Lex mercatoria internacional con carácter
consuetudinario, sin respaldo estatal, administrada por tribunales arbitrales e impuesta
por coerción social, que cubría los principales negocios del comercio: compraventa,
comisión, navegación, letra de cambio.

Este panorama cambia en la Edad Moderna s.XV – s.XVIII con la aparición de los
Estados nacionales, que se constituyen en la fuente de todo el Derecho. Este fenómeno
afecta al Derecho mercantil de origen medieval, que pasa a integrarse también en el
ordenamiento jurídico estatal. Lo que significa que pierde su carácter consuetudinario
y pasa a ser recogido en cuerpos legales como las Ordenanzas de comercio, de Luis XIV
de Francia (1673 y 1683) o, en España, en las Ordenanzas de los Consulados de
Mercaderes. El Estado asume la regulación y control del comercio, y el Derecho
mercantil se extiende progresivamente a ámbitos de personas no comerciantes y a
actividades distintas de las profesionales del comercio. Se reconoce, por un lado, que
ciertos actos están sujetos a la jurisdicción mercantil, con independencia de las
personas que los ejecutan; y, por otro lado, que el Derecho mercantil, propio de los
comerciantes, se expande para comprender también la actividad industrial. En esta
etapa, el derecho mercantil mantiene su carácter subjetivo en cuanto a lo que se refiere su
especialidad a la actividad comercial y no a otros aspectos vitales del comerciante
(matrimonio, testamento…).

En la Edad Contemporánea, la caída de la monarquía absoluta y los principios que


inspiran la Revolución francesa señalan una nueva etapa en el desarrollo del Derecho
mercantil. La igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley se opone a la creación de un
Derecho especial de clase como el ius mercatorum, que es considerado como residuo de
los privilegios del viejo régimen. La Revolución francesa proclamó la libertad de ejercicio
del comercio y terminó con el monopolio de los gremios de comerciantes y corporaciones.

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Una posibilidad hubiera sido unificar todo el Derecho privado, regulando la actividad
mercantil por medio del Código civil; al final, prevaleció la idea de que la normativa civil
no era apropiada para regular la actividad comercial. La Codificación napoleónica (Code
Civil de 1803 y Code de commerce de 1807) consagra en cuerpos legales separados el
dualismo del Derecho patrimonial privado y la configuración del Derecho mercantil
como especial, frente al común o civil. El Code de commerce francés de 1807 introduce
una concepción objetiva del Derecho mercantil, basada en el acto de comercio, en cuya
virtud el Derecho mercantil se aplica a los actos que el legislador mercantil considera
mercantiles por su naturaleza, independientemente de la condición personal de quien los
realice (comerciantes o no comerciantes) y de su carácter profesional o aislado.

Los actos de comercio son determinados actos, legalmente enumerados, a los que el
legislador da una regulación especial (venta especulativa, transporte por mar, letra de
cambio…), sin que sea preciso que los realice un comerciante (aunque en general son
comerciantes los que los realizan). Y viceversa; los actos no relacionados con el comercio
son realizados por un comerciante, son civiles.
Durante la etapa de la codificación s.XIX se promulgan la mayor parte de los Códigos
civiles de los países de nuestro entorno cultural, y entre ellos, el Código de comercio
español vigente. Codificar significó, frente a las Ordenanzas, la sistematización del
Derecho en un cuerpo legal. Frente a la dispersión de fuentes y a la inseguridad de la
norma a aplicar en un caso concreto, se desea una formulación clara y sencilla que
sistematice y coordine el Derecho. En la Codificación, se manifiesta la preocupación del
Estado, dado el carácter estatal del Derecho, por su certeza y racionalidad, de manera que,
a través de normas claras y precisas, los individuos de una comunidad puedan conocer su
contenido.
En el modelo napoleónico se inspiraron los dos Códigos de comercio promulgados en
España; el de 1829, bajo el reinado de Fernando VII; y el vigente de 1885, bajo el
reinado de Alfonso XII. En 1889, bajo la regencia de la Reina Cristiana, se promulgó
el Código Civil, en el que se recoge el Derecho patrimonial privado común. Se reflejó así
en nuestra codificación el dualismo común y especial del Derecho privado.
Esta dualidad del Derecho patrimonial privado español queda recogida en la Constitución
española de 1978 cuando establece en su título VIII las relaciones entre los ordenamientos
estatal y autonómicos, reserva a la competencia exclusiva del Estado la “legislación
mercantil” y la “legislación civil”, esta última “sin perjuicio de la conservación,
modificación y desarrollo por las CC.AA. de los derechos civiles, forales o especiales allí
donde existan art. 149 C.E. Se reconoce por tanto la existencia de una legislación
mercantil distinta de la civil, manifestada en códigos separados y en numerosas leyes
especiales, por razón de su materia.
Si bien cuando el vigente Código de Comercio de 1885 se promulgó, era la Ley mercantil
más importante, pero con el transcurso del tiempo lo va siendo en menor grado. El
vaciamiento de su contenido se debe a: su antigüedad; la evolución de la actividad
económica con la aparición de nuevos hechos, a lo que se ha de unir la deficiente forma

3
de legislar caracterizada por un sinfín de disposiciones que van apareciendo para
resolver problemas puntuales.
Esta legislación especial, que a su vez se modifica y actualiza constantemente, es muestra
de un fenómeno de descodificación que permite afirmar que el Código de Comercio es
un instrumento normativo necesitado de una profunda reforma.
Por último, en el exterior del Estado se acentúa la tendencia a la uniformidad del Derecho
mercantil. El crecimiento de las relaciones internacionales en un mundo cada vez más
comunicado e interdependiente, exige la superación de las diferencias nacionales. Para
ello se han llevado a cabo distintas soluciones;

 Los tratados y convenios internacionales, por los que se acuerda entre Estados
la regulación de una concreta materia con carácter uniforme.

 La integración de Estados en áreas supranacionales. La superación de los


nacionalismos a través de instancias comunitarias o unitarias produce la
consecuencia de la unificación o armonización de los Derechos internos de los
Estados miembros. La adhesión de España a la U.E. supuso la adaptación de
nuestra normativa a las normas jurídicas emanadas de las fuentes propias de la
Comunidad, adecuándolas a la normativa comunitaria. Estas normas que forman
lo que se ha dado en llamar el acervo comunitario, se pueden clasificar en norma
primaria (que se integra en los Derechos nacionales y son directamente
aplicables en los Estados miembros; los Tratados y los Reglamentos
comunitarios), y en norma secundaria (las Directivas del Consejo y de la
Comisión de la Comunidad), que imponen la obligación a los Estados miembros
de adaptar su legislación a las reglas comunitarias.

2) CONCEPTO DE DERECHO MERCANTIL

Se ha calificado como Derecho privado especial, cuyo contenido es variable de acuerdo


con los cambios del ordenamiento jurídico, que se ve condicionado por la evolución de
los hechos económicos y sociales que regula. Nuestro ordenamiento jurídico está dividido
en dos ramas: el Derecho civil patrimonial, que constituye la base o tronco común de
todo el derecho patrimonial privado y el Derecho mercantil, como rama especial que
regula una determinada materia y determinadas instituciones.
Cuando el derecho mercantil aparecía codificado, la delimitación de la materia aparecía
recogida en el Código de comercio, pero de manera defectuosa.

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La doctrina de la empresa.
En la búsqueda de una nueva concepción del Derecho mercantil abandonando criterios
puramente objetivos, irrumpe en el campo del Derecho la doctrina de la empresa.
La primera aportación en ésta línea se debe a WIELAND, un jurista suizo, cuyas tesis
acerca del concepto de empresa encontraron una amplia acogida en la doctrina de la
época. Distingue Wieland entre un concepto formal del Derecho mercantil (que varía
en función de los procesos legislativos registrados en el s.XIX), y un concepto
substancial, (que constituye su núcleo permanente, y que gravita sobre el concepto de
empresa). Se lleva así a cabo la elaboración de una nueva base conceptual en la
delimitación del Derecho mercantil, que se convertirá en el “Derecho de la empresa”, y
los conceptos de negocio mercantil y de comerciante se verán sustituidos por los de
“empresa y empresario”.
Sin embargo, a pesar de los méritos que reúne esta teoría, los autores que la defendieron
desde un primer momento se vieron obligados a matizar y corregir sus planteamientos
iniciales; admitido el concepto de empresa como organización, no puede admitirse que el
Derecho mercantil sea estrictamente el Derecho de la empresa, pues de ser así tendríamos
que admitir que el Derecho mercantil regula todos los elementos que de ella forman parte.
No todo el derecho de la empresa es derecho mercantil; sobre ella convergen diversas
disciplinas (Derecho del trabajo, administrativo, civil, fiscal…), por lo que según el
maestro GARRIGUES “La ecuación Derecho mercantil igual a Derecho de la empresa
es tan inexacta como Derecho mercantil igual a Derecho de los actos objetivos de
comercio”.

Derecho mercantil como derecho privado de los empresarios y del tráfico


empresarial.
La observación de la realidad económica nos vuelve a demostrar que su contenido se
estructura en torno a dos elementos:
- El empresario.
- La actividad externa que el empresario realiza por medio de una empresa.
La persona titular de la organización empresarial y el tráfico propio de ésta se identifican
con el sector de la realidad social que reclama una regulación especial, distinta de la
común.
El Derecho mercantil pasa a ser la rama del derecho patrimonial privado, que regula el
estatuto profesional del empresario y la actividad externa que éste realiza a través de su
empresa. El empresario será la persona física o jurídica que, en nombre propio, ejercita,
organizada y profesionalmente una actividad constitutiva de empresa; y la empresa será
el instrumento que utiliza el empresario para realizar una determinada actividad
económica.
Resulta difícil una perfecta adecuación entre el Derecho mercantil y el sistema positivo
en vigor, ya que esa concepción de empresario y empresa no coincide con la que resulta

5
del Derecho positivo vigente, basado en la noción de acto objetivo de comercio y en la
figura del comerciante.
Va tomando fuerza un moderno criterio que hace coincidir el mercado con la materia
propia del Derecho mercantil; El Derecho mercantil es el Derecho patrimonial privado
especial que regulan relaciones que se desarrollan en el mercado entre sus operadores,
profesionales o no, de modo que el criterio delimitador de la materia mercantil pasaría de
la empresa al mercado.
Se trata de una visión más extensa del Derecho mercantil, ya que presencia otros
operadores en el tráfico empresarial como son los consumidores. Con ello, el Derecho
mercantil se desprende de su carácter de Derecho de clase, profesional y subjetivo, para
atender global y objetivamente a todas las relaciones jurídicas-privadas que se desarrollan
en el ámbito económico del mercado.

3) CONCEPTO DE EMPRESARIO

La noción de empresario es básica para el Derecho mercantil. El Código de Comercio de


1885 utilizó “comerciante” y no “empresario”, pero se trata de una definición inexacta
puesto que se extiende no sólo al comercio, sino también a la industria; servicios; bancos;
transportes… Hoy en día se usa “empresario”, ya que es más cercano a la realidad actual,
o también se usa “emprendedor”, como aparece en la Ley 14/2013, de 27 de septiembre,
de apoyo a los emprendedores y su internalización.
Se entiende por empresario a la persona que se sirve de una empresa para realizar, en
nombre propio, una determinada actividad económica, le corresponde la iniciativa y el
riesgo de la empresa.
Desde un punto de vista jurídico, el empresario puede definirse como persona física o
jurídica que en nombre propio y por sí o por medio de otro ejerce de forma
organizada y de manera profesional una actividad económica dirigida a la
producción o a la mediación de bienes o de servicios para el mercado. El empresario
mercantil queda sometido a un estatuto jurídico especial, exclusivo para él, que implica
la facultad o el deber (según ante qué tipo de empresarios estemos) de inscribirse en el
Registro Mercantil, la obligación de llevar una contabilidad ordenada y la de observar
una determinada conducta, en relación con las reglas que regulan la competencia en el
mercado.
Han sido excluidos del concepto de empresarios sectores como el agrario o los
profesionales liberales (médicos, arquitectos, ingenieros…).
Dentro de la categoría de empresarios distinguimos entre individuales y sociales.
 Los empresarios individuales son personas físicas que realizan en nombre propio y
por medio de una empresa una actividad económica comercial, industrial o de servicios.
Al actuar en su propio nombre le son imputables todas las relaciones jurídicas que surgen
con terceros en el ejercicio de su actividad económica, de tal modo que responden frente

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a sus acreedores con todos sus bienes presentes y futuros, tal y como establece el art.
1.911 del Código Civil. No existe en cuanto a su responsabilidad distinción entre sus
obligaciones civiles y mercantiles ya que su empresa no constituye un patrimonio
separado de su patrimonio civil. No obstante, la nueva Ley de Emprendedores permite
excluir de dicha responsabilidad la vivienda habitual del deudor, mediante previa
solicitud que deberá publicarse tanto en el Registro Mercantil como en el de la
Propiedad. No sobre otros bienes, estén o no afectos a la actividad empresarial. Dos
inscripciones, sin ellas no tiene efectos frente a terceros. El empresario también responde
por lo realizado por sus empleados en el desempeño de sus funciones, tanto en el ámbito
contractual como extracontractual (art. 1903 del Código de Comercio). Para ser
empresario individual basta con ser mayor de edad, tener plena capacidad de obrar y
dedicarse al comercio “habitualmente”, según establece el art.1 del Código de
Comercio. No es necesario permanecer a ningún gremio o corporación o tener cualquier
clase de cualificación profesional, basta con ser mayor de edad y tener plena y libre
disposición de sus bienes, por lo que no podrán ejercerlo por sí mismos ni menores de
edad, ni el menor emancipado, ni los incapacitados. Sin embargo, el Código de Comercio,
como una manifestación de su preocupación por la conservación de la empresa,
conceden que los menores e incapacitados puedan adquirir la condición de
empresario individual, en el caso de que se trate de la continuación del negocio de sus
padres o causantes, con ayuda del tutor, que estará bajo la salvaguarda de la autoridad
judicial (art. 5 del Código de Comercio.

 Los empresarios sociales o personas jurídicas existen cuando dos o más personas
(aunque se admiten sociedades unipersonales) acuerdan poner en común dinero o bienes
para explotar una actividad económica, comercial o industrial con el fin de distribuir
entre sí las ganancias que obtengan. El empresario social tiene su origen en un contrato
(el de sociedad), mediante el cual se crea una persona jurídica nueva, independiente de
las personas que se asocian, a la que se atribuye un nombre, una nacionalidad y un
domicilio. Este ente colectivo está dotado de capacidad para actuar en su propio nombre
y responder de sus actos con su propio patrimonio constituido por las aportaciones de los
socios, cuya titularidad corresponde a aquella y no a éstos.

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MÓDULO 1.- EL EMPRESARIO
INDIVIDUAL

1) CONCEPTO DE EMPRESARIO

Empresario es la persona que ejercita una empresa, y es un especial modo de desarrollar


una actividad económica. Dado casos excepcionales, no puede existir empresario sin
empresa, ni empresa sin sujeto que la ejercite y desarrolle. Es frecuente el uso del término
“empresa” para referirse al empresario en la práctica de los negocios, en la jurisprudencia,
en la doctrina e incluso en las leyes. Siempre que se habla de la empresa como sujeto
activo o pasivo de cualquier relación jurídica (laboral, mercantil o fiscal), o como
sinónimo de sociedad mercantil, o incluso como soporte de obligaciones legales, el
término viene referido al empresario y no a su especifica actividad. El empresario
personaliza a su empresa, de ahí esa tendencia.
El empresario es la persona que organiza la empresa, la dirige ejerciendo una función de
autoridad sobre los que trabajan en ella y asume los riesgos que esa actividad
implica. El empresario es la persona física o jurídica que por sí o por medio de delegados
ejercita y desarrolla en nombre propio una actividad en el mercado constitutiva de
empresa, adquiriendo titularidad de las obligaciones y derechos nacidos de esa actividad.
El concepto jurídico de empresario difiere con el concepto económico, que lo identifica
con la persona que directamente y por sí misma asocia, combina y coordina los diferentes
factores de producción para ajustar el proceso productivo al plan previsto de antemano.
El Derecho no exige que el empresario despliegue una actividad directa y personal; le
basta que la actividad empresarial se ejercite en su propio nombre, aunque, de hecho,
venga desarrollada por personas delegadas. De ahí, que puedan tener condición de
empresarios; los menores, los incapacitados, los ausentes… en cuyo nombre actúan sus
representantes, así como personas jurídicas (sociedades) que necesariamente han de
valerse de personas físicas para el desarrollo directo e inmediato de la actividad
empresarial.
El empresario, actúe o no personalmente, es quien responde frente a terceros y quien
adquiere para sí los beneficios que la empresa produce. No hay derechos y
obligaciones de la empresa, sino obligaciones y derechos del empresario.
El actual concepto jurídico de empresario es la nueva denominación de “comerciante”,
denominado por nuestro Código de Comercio. El Código no da una definición directa del
término comerciante (empresario), tan sólo establece en su artículo 1 que serán
“comerciantes para los efectos de este Código”:

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 1º) los que teniendo capacidad legal para el ejercicio del comercio se dediquen
a él habitualmente.

 2º) las compañías mercantiles o industriales que se constituyan con arreglo a


este Código.

Con ello admite que puedan ser considerados empresarios tanto personas físicas como las
personas jurídicas (sociedades mercantiles), exigiéndoles a las personas físicas tan solo
capacidad para el ejercicio del comercio.
No es preciso, para ser comerciante, inscribirse en ningún registro, ni realizar actividad
formal alguna, bastando con una publicidad de intenciones sobre el ejercicio de una
actividad mercantil. Aunque a veces se realizan de cara al público actos mercantiles,
anunciándolos incluso, y no por ello se adquiere el estatuto de comerciante.
Ante la ausencia de una definición legal se hace necesario elaborar una definición más
ajustada del término comerciante o empresario, que sería: persona física o jurídica que
profesionalmente y en nombre propio ejercita la actividad de organizar los
elementos precisos para la producción de bienes o servicios para el mercado.
Se derivan notas características:
 Actividad de organización. El empresario ha de organizar el trabajo de un
conjunto de personas y ha de disponer de los medios apropiados para el objetivo
de producir aquellos bienes o servicios que se demandan para satisfacer las
necesidades humanas. Esta organización tiene un carácter instrumental para la
gestión empresarial. La organización de los elementos materiales (instalaciones,
maquinaria, bienes inmateriales…) da lugar a un conjunto de cosas que por estar
organizado puede adquirir un valor superior al que tendrían aisladamente los
elementos que lo componen. Este conjunto puede ser objeto de negocios jurídicos
(venta, arrendamiento) y su titular es el empresario.

 Actividad profesional. La actividad que realiza el empresario es profesional. Es


una actividad constante, que se manifiesta al exterior, se da a conocer y ejerce
públicamente. Este aspecto nos muestra su relación con la finalidad que cumple
el empresario de producir bienes y servicios para el mercado. Quien produce para
sí mismo no puede calificarse como empresario.

 Actuación en nombre propio. Esta actividad ha de ser ejercitada en nombre


propio, el titular de la empresa ha de tener la responsabilidad de los actos que
efectúe. Los administradores de una sociedad mercantil; los colaboradores de un
empresario; el tutor de un menor empresario, ejercitan una actividad económica,
pero en nombre de otra persona y no se les puede considerar empresarios. Es
empresario la persona en cuyo nombre se ejercita esa actividad.

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La consideración de una persona como empresario tiene unas consecuencias jurídicas:

 Está sometida a un determinado estatuto jurídico que lleva consigo un régimen


especial frente al de las demás personas: está obligada en ciertos casos (o tiene
la facultad en otros) a inscribirse en el Registro Mercantil; debe llevar una
contabilidad ordenada, que es una manifestación de la organización de su
negocio.

 La intervención del empresario clarifica a ciertos contratos como mercantiles. El


Código de Comercio a pesar de querer seguir un sistema objetivo con relación al
Derecho mercantil, en diversos artículos al señalar cuándo un determinado
contrato es mercantil recurre a otros elementos; a la presencia de un
“comerciante” (empresario).

Por último, las personas físicas son denominadas empresarios individuales; y las
personas jurídicas empresarios sociales, por ser personas jurídicas que se han
constituido mediante un contrato de sociedad.

2) REQUISITOS DE CAPACIDAD

Capacidad para ser empresario.


El Código de Comercio, abandonando el viejo sistema de considerar comerciantes o
industriales únicamente a aquellos que pertenecieran a un gremio o corporación y
habiendo adoptado el sistema objetivo o real del ejercicio de la actividad empresarial; ha
puesto ciertas limitaciones para ese ejercicio al exigir que la persona que quiera
adquirir la condición de empresario sea mayor de edad.
Con anterioridad a la entrada en vigor de la Ley 8/2021 de 2 de junio por la que se
reforma la legislación civil y procesal para el apoyo a las personas con discapacidad
en el ejercicio de su capacidad jurídica, el Código de Comercio exigía plena capacidad
civil. Tras la promulgación de esta norma cuyo art. 8 reforma los artículos 4, 5 y 234 del
Código de Comercio para adaptarlos a la nueva regulación del Código Civil, se omite
cualquier referencia a las personas con discapacidad con medidas de apoyo por
considerarla innecesaria, dado que esta cuestión se regirá por las normas generales
previstas en el Código Civil.
 Así el art.4 determina que tendrán capacidad para el ejercicio habitual del
comercio las personas mayores de edad y que tengan la libre disposición de
sus bienes.

 El art. 5 se refiere ahora solo al ejercicio del comercio por menores de 18 años.

1
 El art. 234 es para liquidación de sociedades mercantiles en las que tengan
interés los menores (y ya no personas con discapacidad).

Sin embargo, el Código consiente excepcionalmente, como manifestación de su


preocupación por la conservación de la empresa, que los menores de 18 años puedan
continuar, por medio de sus guardadores, el comercio (actividad empresarial) que
hubieren ejercido sus padres sus causantes, con la ayuda del tutor que estará bajo
salvaguarda de la autoridad judicial.
Serán representantes legales del menor o del incapacitado los que ejerciten la empresa,
aunque habrán de hacerlo en nombre de éstos, por ser los que adquieren la condición de
empresarios y no sus representantes legales.
El menor emancipado no podrá ejercer el comercio ni ser comerciante, ya que las
limitaciones que impone al emancipado el Código civil son de tal naturaleza que le
imposibilitan para ejercer por sí mismo la actividad de empresario, puesto que para ello
es imprescindible tomar dinero a préstamo, actuar en el mundo inmobiliario y manejar
objetos de gran valor.
El art. 319 del Código civil ha de ser interpretado de forma parecida, al reputar
emancipado al hijo mayor de dieciséis años que, con el consentimiento de los padres
viviera independientemente de éstos.

3) PUBLICIDAD REGISTRAL Y CONTABILIDAD

Inscripción del empresario individual.


El Registro Mercantil tiene por objetivo, según su art.2 la inscripción de los empresarios
y de los actos relativos a los mismos, la legalización y el depósito de los libros de los
empresarios, y la centralización y publicación de la información registral, que será
llevada a cabo por el Registro Mercantil Central.
La inscripción del empresario individual está regulada en los arts. 87 a 93 del Registro
mercantil (RR.MM). A diferencia de lo que ocurre con el empresario social, su
inscripción es voluntaria, con excepción del empresario naviero. No obstante, si no se
inscribe no puede pedir la inscripción posterior de ningún documento, ni aprovecharse de
sus efectos legales.
La inscripción, de ser solicitada, habrá de practicarse a instancias del propio interesado o
de quien ostente su representación legal. La primera inscripción del empresario
individual, salvo el caso del naviero que requiere escritura pública, se practicará en virtud
de declaración del interesado firmada o ratificada ante el Registrador o notarialmente
legitimada, mientras que las inscripciones de las demás circunstancias de la hoja del
empresario individual, se harán en virtud de escritura pública, documento judicial o
certificado del Registro civil art. 93 RR.MM.

1
Contabilidad del empresario.
Los empresarios tienen la obligación de llevar una contabilidad ordenada y adecuada a su
actividad art. 25.1. El Código de comercio y otras disposiciones complementarias
imponen a los empresarios la obligación de tener un conjunto de libros en los que se
han de registrar los actos relativos a la marcha de su empresa.
El ejercicio de una empresa como actividad organizada y planificada que persigue la
obtención de una ganancia racionalmente calculada, exige la llevanza, por parte del
empresario, de una contabilidad escrita que le dé a conocer, día por día, la marcha de las
operaciones, la situación de los negocios y el rendimiento de los mismos. Las cuentas
anuales deben depositarse en el Registro Mercantil, pero únicamente cuando se trate de
empresarios sociales (con excepciones) y de ciertas entidades, no en el caso de los
empresarios individuales.

4) EL EJERCICIO DE ACTIVIDAD EMPRESARIAL POR PERSONA


CASADA

Con anterioridad a la reforma de 2 de mayo de 1975, que modificó profundamente los


Códigos de Comercio y Civil, la mujer sufría una autentica limitación para ejercer la
actividad empresarial, estando condicionado al consentimiento del marido. Esta situación
ha quedado superada al consagrar dicha Ley la igualdad de capacidad entre ambos sexos.
El empresario, casado o soltero, responde de las obligaciones asumidas en el ejercicio de
una actividad empresarial con todos sus bienes presentes y futuros, según expone el
art.1911 del Código civil aun cuando no tengan relación alguna con dicho comercio.
El empresario individual no crea un patrimonio mercantil separado que responda de las
deudas resultantes del ejercicio del comercio. A estos efectos, el Código de comercio,
preocupado por los bienes que han de responder frente a terceros de los actos realizados
por el empresario en el ejercicio de su empresa, establece las siguientes reglas generales
con la finalidad de determinar cuáles quedan sujetos a las resultadas de la actividad
comercial de una persona casada:

 Cuando una persona casada ejerce el comercio, responden siempre de su actividad


empresarial sus bienes propios (art. 6 del Código de comercio). Obliga al deudor
a responder de sus obligaciones con todos sus bienes presentes y futuros. En el
hipotético caso de que ambos cónyuges fueran comerciantes y ejerciesen el
comercio separadamente, cada uno responderá de las obligaciones que
contraiga con sus propios bienes. Si los cónyuges desarrollan una empresa o
negocio en común, habrá que entender que quedan obligados solidariamente a las

1
resultas de ese comercio, respondiendo indistintamente los bienes propios de uno
y de otro sin perjuicio de que los acreedores puedan también dirigirse contra los
bienes comunes.

 Respecto a los bienes gananciales se hace necesario distinguir entre los


obtenidos como consecuencia del ejercicio de la actividad empresarial y el
resto de bienes comunes. Los obtenidos como consecuencia del ejercicio de la
actividad empresarial siempre quedan obligados a las resultas de la gestión
empresarial y van a poder ser enajenados y gravados por el cónyuge comerciante
por sí solo, sin que pueda esta afectación limitarse ni siquiera en capitulaciones
matrimoniales. Si existe consentimiento expreso o tácito del otro cónyuge,
responderán, además de los bienes propios del cónyuge comerciante y de los
gananciales obtenidos como consecuencia del ejercicio del comercio, todos los
bienes comunes del matrimonio. Se entenderá tácitamente otorgado el
consentimiento para que los bienes comunes ajenos a la actividad empresarial
queden obligados por ésta, cuando se ejerza el comercio con “conocimiento y sin
oposición del otro, según los arts. 7 y 8 del Código de comercio. En este supuesto,
el cónyuge comerciante podrá disponer de estos bienes para enajenarlos y
gravarlos, además de estar afectos a responsabilidad por la actividad comercial.

 Para que queden afectos los bienes propios del cónyuge del comerciante se
necesita autorización expresa en cada caso. En este caso no basta con la
autorización presunta o tácita, sino que ha de ser expreso y formal,
presentándose en escritura pública que deberá ser inscrita en el Registro
Mercantil en la hoja de inscripción del empresario. La autorización podrá ser
revocada en cualquier momento, debiendo también constar en escritura pública y
ser inscrita en el RR.MM, sin que dicha revocación pueda perjudicar derechos
adquiridos por terceros de buena fe con anterioridad.

Por último, en el supuesto de que los cónyuges hayan otorgado, antes o después de
celebrado el matrimonio, capitulaciones matrimoniales estipulando las condiciones de la
sociedad conyugal relativas a los bienes presentes y futuros, lo estipulado tendrá
primacía sobre el régimen legal expuesto, siempre que no contravengan lo
establecido en la ley y sean inscritos en el Registro Mercantil en la hoja de
inscripción del empresario.
Para ello, será requisito previo que el empresario individual se encuentre inscrito en dicho
Registro, lo que no es muy frecuente al ser potestativa la inscripción del empresario
individual.

1
5) EL EMPRENDEDOR DE RESPONSABILIDAD LIMITADA

El empresario individual responde con todo su patrimonio, esté o no adscrito al negocio,


sin que tenga la posibilidad de constituir un patrimonio separado. Esta es la regla general,
pero la Ley 14/2003 de 27 de septiembre, de apoyo a los emprendedores y su
internacionalización ha introducido en el Derecho español la figura del emprendedor,
persona física de responsabilidad limitada. El art. 3 de la Ley de Emprendedores
establece que se considerarán emprendedores aquellas personas, independientemente de
su condición de persona física o jurídica, que desarrollen una actividad económica
empresarial o profesional, en los términos establecidos en esta ley.
El concepto de emprendedor abarca a los empresarios y profesionales. El legislador opta
por este concepto: titular de una organización de medios que incluye también al
profesional que coordina y organiza factores de producción.
La Ley de Emprendedores en sus arts. del 7 al 11 crea una nueva figura a la que
denomina “emprendedor de responsabilidad limitada”, que habrá de ser necesariamente
persona física, bien sea empresario o profesional, cualquiera que sea su actividad
empresarial o profesional. Esta excepción al principio de responsabilidad universal
permite que la vivienda habitual del emprendedor (sea privativa o ganancial) no pueda
ser embargada ni subastada como consecuencia de las deudas generadas por su
actividad.
La limitación de responsabilidad tiene un tope, pues si la vivienda habitual supera el
valor de 300.000 o 450.000 euros, o si se encuentra en una ciudad de más de un millón
de habitantes, en este caso responderá por las deudas asumidas por el emprendedor en el
ejercicio de su actividad. Es indiferente que, antes de obtener ese beneficio, el
emprendedor haya hipotecado esa vivienda a favor de un acreedor propio o ajeno; y es
igualmente indiferente que, después de haberlo obtenido, constituya sobre la vivienda ese
derecho real de garantía. El valor de la vivienda, a estos efectos, se deberá determinar de
acuerdo con lo que se dispone en la base imponible del impuesto de Transmisiones
Patrimoniales y Actos Jurídicos documentados en el momento de la inscripción en el
RR.MM.
Para la eficacia de la limitación de responsabilidad se exige:
- La inscripción del emprendedor en el Registro Mercantil y que en la hoja abierta
a ese sujeto se identifique que el activo no afectó a la responsabilidad patrimonial
universal.

- Que la no sujeción de la vivienda habitual a las resultas del tráfico empresarial o


profesional se inscriban también en la hoja abierta a esa vivienda en el Registro
de la Propiedad.

1
6) REPRESENTACIÓN: LOS COLABORADORES DEL EMPRESARIO

El empresario individual puede conferir poderes generales o especiales para ampliar, a


través de operadores, las posibilidades de actuación en el tráfico. El Derecho mercantil
regula la figura de los auxiliares del empresario denominándolos; factores, dependientes
y mancebos.

FACTOR o APODERAMIENTO GENERAL


Con el nombre de factor se designa a aquel apoderado general colocado al frente de un
establecimiento para realizar en nombre y por cuenta del empresario el giro y tráfico
propio de aquel, administrando, dirigiendo y contratando sobre las cosas concernientes a
dicho establecimiento.
Factor era quien estaba al frente de una factoría, fábrica o establecimiento fabril o
industrial como cualquier establecimiento de comercio especialmente el situado en un
territorio colonial.
En la práctica actual se le conoce como gerente, director general o similar. Se ha dicho
que es el alter ego del empresario, con lo que quiere poner de manifiesto la equivalencia
de sus respectivos poderes de gestión. Por eso, el Código de comercio le exige capacidad
legal para obligarse. Las facultades conferidas han de ser suficientes para administrar,
dirigir y contratar sobre todo lo que constituye o forma parte del normal u ordinario giro
o tráfico de la empresa. Si se limitan en exceso, o se le privara de alguna de ellas, podría
perder tal condición y convertirse en un apoderado particular o para actos concretos.
Su nombramiento y otorgamiento de los correspondientes poderes generales puede
realizarse de una doble manera; en forma escrita, mediante escritura pública que será
inscrita en el Registro Mercantil, en los casos en que, por estar previamente inscrito el
empresario puedan tener acceso al Registro documentos relativos al mismo.
También en forma tácita, que permita a los terceros que lo ven actuar como tal, que lo
realizado, siempre que recaiga dentro del giro o tráfico de la empresa, lo ha sido en
nombre y por cuenta del empresario principal, pudiendo dirigirse a éste para exigir su
cumplimiento. Es el caso del factor notorio, o no inscrito, donde, por una elemental
cuestión de protección de los terceros y de la apariencia, no es posible alegar la eventual
existencia de limitaciones al poder de representación.

DEPENDIENTES.
Son aquellas que tienen encomendada la gestión constante de una parte o sección del
tráfico empresarial, siempre que en el desempeño de la misma tengan facultades para
contratar en nombre y por cuenta del empresario. La representación de estos dependientes
podrá otorgársele de forma escrita o verbal, bien consiguiéndolo en el mismo contrato de
trabajo, bien por destinación directa del dependiente al frente de la sección de que se trate.

1
MANCEBOS.
Se identifican con los dependientes de comercio:
- Estando encargado de vender al por menor en una tienda o almacén público, podrá
cobrar el importe de las ventas que hiciere y expedir recibos válidamente en
nombre de su principal.

- En las ventas al por mayor tendrá iguales facultades siempre que sean al contado
y el pago se verifique en el mismo establecimiento.

- Si estuviese encargado de la recepción de mercaderías y él las recibiese, sin reparo


sobre su calidad o cantidad, surtirá los mismos efectos que si lo hubiese hecho su
principal.

1
MÓDULO 1.- EL DERECHO CONTABLE
La Contabilidad es una ciencia cuya misión es facilitar información objetiva y neutral
sobre la situación de un patrimonio a través de una serie de datos ordenados y razonables.
La contabilidad registra las operaciones realizadas por la empresa, rinde cuentas a
los propietarios de lo ocurrido en la administración del patrimonio y facilita
información objetiva para la toma de decisiones.

1) OBLIGACIÓN DE LLEVAR UNA CONTABILIDAD

El art. 25 del Código de comercio establece que todo empresario ha de llevar una
contabilidad ordenada y adecuada a la actividad de su empresa. Con esto se consigue
que los documentos contables reflejen la imagen fiel del patrimonio; de la situación
financiera y de los resultados de la empresa (art. 34.2 del Código de comercio).
El sujeto obligado de llevar la contabilidad es el empresario, sea individual o social. Es
un instrumento que le permite al empresario conocer día a día la marcha de las
operaciones, la situación de los negocios y el rendimiento de los mismos. El Derecho, en
un segundo momento, regula y recoge lo que ya era uso o práctica constante en el
comercio, por razones de interés general:

- De un lado, el interés de los acreedores del empresario en contar con una


contabilidad ordenada.

- De otro, el interés del propio Estado, que quiere conocer por razones económicas
y fiscales la marcha de las empresas y los resultados de su actividad.

- Y, por último, exigencias de orden público condujeron a declarar obligatoria la


contabilización diaria de las operaciones mercantiles y a regular la contabilización
diaria de las operaciones mercantiles y a regular esta materia con normas jurídicas
de carácter necesario.

La Ley 16/2007 de 4 de julio de reforma y adaptación de la legislación mercantil en


materia contable para su armonización internacional con base en la normativa de la
U.E., vino a modificar el Código de Comercio, el TRLSA y la LSRL dentro de la
estrategia de aproximación a las normas internacionales de contabilidad fijada por las
instituciones comunitarias. La filosofía que presidió en la elaboración de esta Ley ha sido
la de ajustarse a los criterios incluidos en los Reglamentos de la Unión Europea por los
que se adoptan las Normas Internacionales de Información Financiera, en aquellos
aspectos sustanciales que dichos Reglamentos regulen con carácter obligatorio.

1
Entre las novedades que incorpora la Ley, se definen los elementos patrimoniales
incluidos en las cuentas anuales; se matiza el contenido de alguno de los principios
contables, incorporando la moneda funcional; y se incluye con carácter general, con
efectos tanto en las cuentas anuales individuales como en las consolidadas, el criterio del
valor razonable para determinados elementos patrimoniales.
Recientemente, el art.49 del Código de comercio ha sido modificado por el Real Decreto-
Ley de 24 de noviembre de 2017 en relación con las sociedades que tengan la
consideración de interés público y presenten cuentas consolidadas.
Por último, la Ley 11/2018, de 28 de diciembre, incorpora nuevas obligaciones en lo
que se refiere al estado de información no financiera (art 49.5 C. de c.). Se modifican
los apartados 5 a 8 y se añade el 9 por el art. 1.2 de la Ley 11/2018, de 28 de diciembre.
El objetivo de todas estas modificaciones legislativas consiste en un objetivo común por
alcanzar la homogeneidad y comparabilidad de la información contable todo ello
conforme a las propuestas comunitarias que integran y forman parte del derecho
mercantil.

2) FORMA DE LLEVAR LA CONTABILIDAD: LIBROS OBLIGATORIOS


Y LEGALIZACIÓN (CONTABILIDAD FORMAL).

Desde un punto de vista formal, el Código de comercio obliga a todo empresario


(individual o social) a llevar una contabilidad ordenada y adecuada a la actividad de la
empresa, que permita un seguimiento cronológico de todas sus operaciones que
facilite la elaboración periódica de balances e inventarios, imponiéndole
necesariamente la llevanza de un libro de Inventarios y Cuentas anuales (Balance,
Memoria y Cuenta de Pérdidas y Ganancias, Estado de Cambios en el Patrimonio Neto
y Estado de Flujos en Efectivo), y otro de Diario.
Prevé, también, que por leyes o disposiciones especiales pueda ser exigida la llevanza de
otros libros, y, en lo que afecta a las sociedades mercantiles, exige además un libro o
libros de Actas, en los que constarán todos los acuerdos tomados por las Juntas generales
y especiales y los demás órganos colegiados de la sociedad.

1º El Libro de Diario habrá de registrar “día a día todas las actividades relativas a la
actividad de la empresa”. También se podrá realizar en él “la anotación conjunta de los
totales de las operaciones por periodos no superiores al trimestre, a condición de que su
detalle aparezca en otros libros o registros concordantes, de acuerdo con la naturaleza de
la actividad de que se trate (art. 28.2).

2º Una vez contabilizadas todas las operaciones en el Libro Diario, todo empresario tiene
el deber de formular las cuentas anuales. Las cuentas anuales comprenden:

1
- El Balance de situación.
- La Cuenta de pérdidas y ganancias o cuenta de resultados.
- La memoria.
- Estado de cambios en el patrimonio neto.
- Estado de flujos en efectivo.

Estos documentos forman una unidad y deberán reflejar la imagen del patrimonio, de la
situación financiera y de los resultados de la empresa.

 EL BALANCE. Representa la situación de la empresa en un momento dado; el


día de la formalización del mismo. Comprende y enumera el valor de los bienes y
derechos que constituyen el activo de la empresa (parte izquierda del balance) y
la enumeración y el valor de las obligaciones con terceros que forman su pasivo
(parte derecha del balance). El balance es un documento estático, permite
conocer la situación patrimonial de la sociedad en una fecha concreta, aunque los
valores que refleje no se ajusten a los valores de mercado.

 LA CUENTA DE PÉRDIDAS Y GANANCIAS. Informa del beneficio o pérdida


contable de la empresa que se obtiene por comparación de los ingresos generados
en un ejercicio económico con los gastos habidos. Comprenderá los ingresos y
gastos del ejercicio anual y, el resultado próspero o adverso del ejercicio. Se
distinguirán los resultados de explotación de la empresa de los extraordinarios
(vender una nave, por ejemplo). La diferencia básica con el balance es que éste
muestra la imagen patrimonial de la empresa en un momento dado, la cuenta de
pérdidas y ganancias ofrece una visión dinámica del ejercicio, indicando el
empleo de los recursos y cuáles han sido las causas de la existencia de beneficios
o pérdidas.

La nueva redacción del art. 34 del Código de comercio, incorpora la obligación de


elaborar dos documentos que componen las cuentas anuales: un Estado que recoja los
cambios en el patrimonio neto (ECPN) y un Estado de flujos en efectivo (EFE).

 EL ESTADO DE CAMBIOS EN EL PATRIMONIO NETO. Es una cuenta que


recoge información sobre todas las operaciones que afectan a los fondos propios.
Tiene dos partes:
 Recoge las variaciones producidas en el patrimonio neto por operaciones con
los socios o propietarios de la empresa y por los cambios en los criterios
contables.

 Las variaciones que deriven del resultado económico del ejercicio generado
por la actividad de la empresa.

1
 ESTADO DE FLUJOS EN EFECTIVO. Su función es poner de manifiesto, de
manera agrupada y ordenada, los cobros y pagos realizados por la empresa con el
fin de informar acerca de los movimientos de efectivo (cash flow). Representa los
movimientos de la tesorería, es decir, los cobros menos los pagos de la empresa
en el periodo objeto de estudio.
 LA MEMORIA. La memoria ampliará, completará y comentará la información
contenida en los documentos anteriores. Su función es explicativa. La memoria
facilita en forma literaria y matemática daros complementarios y aclaraciones a
las informaciones contenidas en el resto de las cuentas anuales, lo que favorece su
descripción e interpretación.

Todos estos documentos forman una unidad, han de ser elaborados e interpretados de
forma conjunta, además deben de ser formulados expresando sus valores en euros.
Además de estos libros obligatorios, podrán llevar los empresarios otros libros o registros
que estimen convenientes, según el sistema de contabilidad que adopten o la naturaleza
de la actividad que desarrollen. Los libros de contabilidad deben ser llevados con
arreglo a unos requisitos que la Ley impone.
El art. 25.2 del Código de comercio establece que la contabilidad puede ser llevada
directamente por el empresario o por personas debidamente autorizadas para ello, sin
perjuicio de la responsabilidad de aquél. El Código desea hacer responsable al empresario
o a los administradores de la sociedad de la redacción de las cuentas anuales y para ello
obliga a que el propio empresario las firme, si se trata de una persona individual, o que
los administradores de la sociedad estampen su firma en dichas cuentas. A través de esta
firma se intenta imputar al empresario y a los administradores la eventual
responsabilidad que pueda derivarse por la inexactitud de éstos documentos, tanto
en el ámbito tributario como en el penal.
Para salvaguardar la veracidad de los libros y documentos contables, el Código de
comercio les impone unos requisitos. El primero de ellos es la legalización; con ella se
detalla, mediante una declaración registral, el número correlativo de hojas que el libro
contiene efectuándose en cada una de ellas algún tipo de marca. A estos efectos, el art.
27.1 del Código de comercio, dice literalmente: “los empresarios presentarán los libros
que obligatoriamente deben llevar en el Registro mercantil del lugar en que tuvieren
su domicilio, para que antes de su utilización, se ponga en el primer folio de cada
uno diligencia de los que tuviere el libro y, en todas las hojas de cada libro, el sello
del Registro” (legalización a priori).
También es posible la legalización a posteriori, como dice el art. 27.2 del C de c “por
cualquier procedimiento sobre hojas que después han de ser encuadernadas
correlativamente para formar los libros obligatorios, los cuales serán legalizados
antes de que transcurran los cuatro meses siguientes a la fecha de cierre del
ejercicio”.
El art. 30 establece un requisito temporal que se refiere al deber de los empresarios de
conservar los libros, correspondencia, documentación y justificantes concernientes a su

2
negocio, debidamente ordenados, durante seis años a partir del último asiento
realizado en los libros.

3) CONTABILIDAD MATERIAL: FORMA DE LLEVAR LA


CONTABILIDAD.

Los problemas interpretativos que pueden plantearse sobre la contabilidad en general y


sobre las partidas concretas de éstas tratan de resolverlos los arts. 34 a 49 del Código de
comercio, de cuyos artículos se han inducido una serie de principios contables o
principios de contabilidad material.

1- Principio de empresa en funcionamiento. Se considerará que la empresa tiene una


duración ilimitada y por tanto no se valorará el patrimonio como si la empresa fuera a ser
enajenada o liquidada.
2- Principio de devengo. Los gastos e ingresos se imputarán al ejercicio que correspondan,
con independencia de su pago o cobro (nómina de diciembre, que se paga en febrero por
falta de liquidez).
3- Principio de uniformidad o consistencia. Una vez adoptado un criterio, deberá
mantenerse en el tiempo y aplicarse de forma uniforme en todas las transacciones. No se
variarán los criterios de valoración de un ejercicio a otro (si la empresa ha decidido
determinar la depreciación de su inmovilizado por un determinado método, habrá que
mantenerlo hasta que surjan causas que justifiquen el cambio, y se hará constar en la
memoria).
4- Principio de prudencia valorativa. Obliga a contabilizar sólo los beneficios obtenidos
hasta la fecha del cierre del ejercicio. También a prever riesgos y a tener en cuenta las
amortizaciones y correcciones de valor. Asimismo, se deberá ser prudente en las
estimaciones y valoraciones a realizar en condiciones de incertidumbre.
5- Principio de no compensación. No podrán compensarse las partidas de activo y de
pasivo ni la de gastos e ingresos, de modo que se valorarán separadamente los elementos
integrantes en las cuentas anuales (si una empresa debe a un cliente 600 y este le debe
300, no podrá contabilizarse sólo la diferencia).
6- Principio de importancia relativa. Es posible no aplicar los principios contables cuando
el valor del bien sea escasamente significativo (una empresa que adquiere piezas de
recambio para el inmovilizado de escaso valor, puede contabilizarlo como gastos y no
como activos).
7- Principio de coste de adquisición. Los activos se contabilizarán por el precio de
adquisición o por el coste de producción. Los pasivos por el valor de contrapartida
recibida a cambio de incurrir en la deuda más los intereses pendientes de pago.

2
En la nueva letra “h” del art. 38 del Código de comercio se impone la obligación de
valorar los elementos de las cuentas anuales en su moneda funcional, que es la moneda
del entorno económico en el que opera la empresa. Sin embargo, la formulación y
depósito de las cuentas anuales deberá seguir realizándose en euros.

4) PUBLICIDAD DE LA CONTABILIDAD.

La contabilidad es secreta y solo puede accederse a ella por parte de un tercero cuando la
ley lo prevea (art. 32 del Código de comercio). Son tantas las excepciones previstas en
las distintas leyes, que se abren las puertas a la verificación, comunicación y exhibición
de la contabilidad, llegándose a decir que la contabilidad constituye uno de los secretos
peor guardados del país.

A) Depósito de cuentas anuales: las cuentas anuales (Balance; Cuenta de Pérdidas y


Ganancias y Memoria) y el informe de gestión se depositan en el Registro Mercantil a
disposición de cualquier persona, que puede acudir al Registro y obtener una copia de
dichos documentos. El depósito es obligatorio para las sociedades mercantiles,
excepto las sociedades colectivas y comanditarias simples cuyos socios colectivos a su
vez no sean sociedades y facultativo para los empresarios individuales.

B) Información periódica de emisores de valores cotizados en bolsa: los empresarios que


hayan emitido valores admitidos a negociación en bolsas de valores deben cumplir unos
requisitos adicionales: deben preparar y publicar unos estados financieros completos para
cada semestre natural (con un detalle similar al requerido para los estados anuales) y
además un avance de resultados y otras informaciones relevantes cada trimestre.

C) Verificación de las cuentas anuales: la veracidad de las cuentas anuales trata de


garantizarse mediante la intervención de auditores que como profesionales a los que se
exige la condición de independientes utilizan determinadas técnicas de revisión contable,
con el objetivo de emitir un informe acerca de la fiabilidad de los documentos auditados.
La intervención de los auditores para revisar las cuentas anuales puede venir impuesta
por la Ley, o bien acordarse por el juez a petición de quien acredite un interés legítimo.
La actividad de auditoría de cuentas ha sido objeto de una minuciosa regulación en la que
ha jugado un papel determinante la incorporación de las normas de derecho europeo. La
Ley 22/2015 de 20 de julio, de auditoría de cuentas establece los aspectos
fundamentales de la regulación aplicable a esta actividad profesional.

2
MÓDULO 1.- PUBLICIDAD DE LA
ACTIVIDAD EMPRESARIAL: EL
REGISTRO MERCANTIL.

1) FUNCIÓN DEL REGISTRO MERCANTIL

La importancia de la actividad empresarial en el cuadro general de la actividad


económica, exige rodearla de un sistema de publicidad oficial que permita conocer en
cualquier momento, con rapidez y certidumbre, los datos referentes más importantes a los
sujetos de esa actividad y ciertos aspectos del tráfico que realizan.
Esta publicidad se practica por declaraciones hechas en boletines o periódicos oficiales y
sobre todo por las inscripciones en los registros públicos. La publicidad oficial más
importante es la publicidad registral. Los registros son instrumentos típicos de la
publicidad legal y, entre ellos, destaca por su importancia en el Registro Mercantil.
Según el art. 2 del Registro Mercantil, tiene por objeto la inscripción de los empresarios
y de los actos relativos a los mismos, la legalización y el depósito de los libros de los
empresarios, y la centralización y publicación de la información registral, que será
llevada a cabo por el Registro Mercantil Central.
El Registro Mercantil es un registro público, dependiente del Ministerio de Justicia, cuyo
régimen jurídico lo preside la protección de quienes confían en las anotaciones que
contiene, y donde se inscriben los empresarios individuales, las sociedades mercantiles y
otras entidades. También las menciones, actos jurídicos, manifestaciones o circunstancias
concernientes a los sujetos que legal o reglamentariamente se determinen. Se trata de un
registro de personas que variarán en función del sujeto que se trate.
El Registro Mercantil es público, pero no general. Sólo ciertas personas y actividades
relacionadas con el tráfico mercantil pueden solicitar la inscripción, teniendo esa
inscripción, por lo general, carácter obligatorio. No obstante, con relación a la inscripción
de personas, interesa precisar que si bien es obligatoria la inscripción de los empresarios
y la de otros sujetos indicados en el art. 81 del RR.MM. y la de aquellos actos y contratos
relativos a los mismos que determinen las leyes. La inscripción de los empresarios
individuales es potestativa, con la excepción del que sea naviero.
Si opta por la inscripción, el empresario social o individual, tendrá una hoja personal
abierta en el Registro Mercantil, en la que quedarán recogidas las distintas
situaciones jurídicas por las que atraviese, incluido también el momento de su cese en
la condición de empresario.

2
Es esencialmente una institución dirigida por terceros. La oposición del contenido del
Registro Mercantil no está en función del conocimiento real y efectivo de los asientos,
sino en función de la presunción legal de conocimiento. El régimen jurídico del Registro
Mercantil está recogido en el Reglamento del Registro Mercantil.

2) ORGANIZACIÓN DEL REGISTRO MERCANTIL.

En cuanto a su organización territorial, hay un Registro Mercantil en cada capital de


provincia, y en una serie de ciudades recogidas en el art. 16 del RR.MM. Al frente del
Registro se encuentran uno o varios Registradores de la Propiedad y Mercantiles. El
sujeto registral ha de inscribirse en el Registro correspondiente al lugar de su domicilio.
Además, en Madrid se encuentra el Registro Mercantil Central, que tiene por objeto:
- La ordenación y publicidad de los datos que recibe de los Registros Mercantiles.

- El archivo de denominaciones de sociedades y entidades jurídicas.

- La publicación del Boletín Oficial del Registro Mercantil (BORME). En él se


publican una buena parte de los actos que se inscriben en el Registro y desde el
año 2009 se efectúa en edición electrónica, que tiene carácter de oficial y
auténtica.

- La llevanza del registro relativo a las sociedades y entidades que hubieren


trasladado su domicilio al extranjero sin pérdida de la nacionalidad española.

Respecto a la obligación que tienen las sociedades de capital de depositar sus cuentas
anuales una vez aprobadas en el Registro Mercantil del lugar donde la sociedad tenga su
domicilio, decir que se han de conservar durante el plazo de seis años a contar desde la
fecha de su publicación en el BORME. Cualquier persona interesada podrá obtener una
copia de estos documentos.

3) EFICACIA DE LA INSCRIPCIÓN EN EL REGISTRO.

El carácter público del Registro Mercantil tiene por finalidad que la publicidad de
determinados hechos y actos jurídicos tengan determinados efectos. La función del
Registro como instrumento de publicidad legal hacia los terceros tiene, en el caso del
Registro Mercantil, una importancia superior a la de otros medios de notificación, en
cuanto que los actos inscritos adquieren una seguridad en beneficio de terceros.

2
{A).} Esta publicidad se consigue, desde un punto de vista formal a través de la consulta
de los datos relativos al contenido esencial de los asientos. Se denominan asientos todas
y cada una de las inscripciones que se practican con la firma de un Registrador en los
libros del registro. En sentido vulgar, inscripción equivale a asiento registral. La
inscripción primera es la que abre la hoja registral y las posteriores las que se refieren a
actos posteriores del empresario. Hay declaraciones constitutivas (el acto no produce
efectos hasta que no se inscriba en el RM) y declarativas (los efectos del acto inscrito se
producen con independencia de la inscripción). El registro es público y por tanto
cualquier persona tiene acceso a él. A diferencia de lo que ocurre respecto al registro de
la Propiedad o de Bienes Muebles, no se exige al solicitante acreditar un interés legítimo
para acceder a su contenido. Se distingue entre publicidad en soporte papel y la
telemática, por medio de terminales de ordenadores.

{B).} La publicidad material del registro se refiere no a la posibilidad de conocer el


contenido de los libros por los medios descritos arriba, sino a la eficacia legitimadora
con relación a los actos y contratos inscritos. La publicidad material del RM se alcanza
con la inscripción y la posterior difusión en el BORME de lo inscrito, más la
consideración de la posible falta de inscripción de lo que sea inscribible, lleva a distinguir
la publicidad material positiva (la que es consecuencia de la inscripción y posterior
difusión de lo escrito) de la negativa (la que sigue a la falta de inscripción). El momento
de la oponibilidad a los terceros no se produce inmediatamente después de la inscripción
sino por regla general a partir de los 15 días siguientes a la publicación de la inscripción
en el BORME (no será oponible a aquel tercero que pruebe que no pudo conocerlo,
prueba extraordinariamente difícil). En caso de discordancia entre el contenido de la
publicación y el contenido de la inscripción los terceros podrán invocar la publicación si
les fuera favorable. Por último, se establece la regla de la presunción de la buena fe del
tercero -cualidad que se presume iuris tantum en tanto no se pruebe que conocía el acto
sujeto a inscripción y no inscrito, el acto inscrito y no publicado o la discordancia entre
la publicación y la inscripción-. A todo ello se debe añadir que la falta de inscripción no
podrá ser invocada por quien esté obligado a procurarla (art. 4.2 RRM).

4) PRINCIPIOS POR LOS QUE SE RIGE.

El Reglamento Mercantil está regido por una serie de principios registrales cuyo examen
aplica la virtualidad y funcionamiento de dicha institución.
El primero de ellos, siguiendo el orden cronológico que acontece desde la llegada de los
documentos al RM es el de titulación pública (art. 5 RRMM), según el cual la
inscripción se practicará en virtud de documento público, excepto en los casos
previstos en la Ley y en el RRMM. A continuación, viene la calificación del documento
presentado y la capacidad de los otorgantes por el Registrados, que es el principio de
legalidad.

2
Pasado el examen y practicados los asientos del RM, se comunicarán sus datos esenciales
al Registro Central, para su publicación en el BORME; esas operaciones explican la
existencia del principio de legitimación, que consiste en la presunción de exactitud y
validez del contenido del Registro.
Los principios enunciados se completan con el de buena fe, adquiridos conforme al
Registro, de las eventuales declaraciones de inexactitud o de nulidad. Otros dos principios
que garantizan la aplicación de los anteriores expuestos son el de prioridad y el de tracto
sucesivo.

2
MÓDULO 1.- DERECHO DE LA
COMPETENCIA

1) NORMAS QUE REGULAN LA COMPETENCIA.

El art. 38 de la Constitución Española reconoce la libertad de empresa en el marco de


la economía del mercado. En un mercado, los bienes y servicios se intercambian libre y
voluntariamente, compitiendo los empresarios entre sí para atraerse a los consumidores,
pudiendo éstos elegir la oferta que más les interese. La libre competencia es el EJE
sobre el que gira la economía de mercado.
Pero en todos los países desarrollados existen restricciones estatales a la competencia, por
diversos motivos:
- Defensa del pluralismo.
- Protección de intereses nacionales estratégicos.
- Aseguramiento de la prestación de servicios universales…
En consecuencia, no toda restricción de la competencia es negativa. De hecho, la bondad
o maldad de una práctica debe enjuiciarse a la vista de la situación económica concreta
de ese mercado en ese momento dado.
Dos son los conjuntos normativos estatales que regulan la competencia en el mercado
español:
 La normativa de defensa de la competencia, de carácter administrativo y
sancionador: es la Administración la que pone en marcha el procedimiento, si bien
en determinados supuestos los jueces del orden civil pueden aplicar las normas de
competencia en ciertos casos.

 La legislación de competencia desleal, es una normativa de naturaleza jurídico-


privada: el actor no es la Administración, sino cualquier empresario perjudicado
por un competidor que está actuando deslealmente (es decir, violando los
principios de buena fe comercial). El perjudicado puede acudir directamente a los
tribunales, pidiendo que el competidor desleal sea obligado a cesar en su conducta,
y condenado a resarcir los daños y perjuicios causados.

2
2) DEFENSA DE LA COMPETENCIA.

La Ley 15/2007, de 3 de julio, de defensa de la competencia define las conductas


restrictivas de la competencia en el mercado y dota de medios eficaces para
reprimirlas. Esta Ley está desarrollada por el Real Decreto 261/2008, de 22 de febrero,
del Reglamento de defensa. El régimen de defensa de la libre competencia recogido en el
derecho español es en su mayor parte idéntico al derecho comunitario que ha servido de
modelo a la legislación española.
La LDC (Ley de Defensa de la Competencia) prohíbe la realización de tres tipos de
conductas empresariales:

1. Prácticas colusorias: La LDC prohíbe los acuerdos expresos o tácitos por los que
los empresarios se ponen de acuerdo para impedir, restringir o falsear la
competencia en todo el territorio nacional, es decir, para no competir entre sí
(ejemplo, los fabricantes de cemento que se ponen de acuerdo en el precio de su
producto). Este tipo de acuerdos se conocen como prácticas colusorias. Colusión
significa pacto ilícito en daño de tercero, como equivalente a la entente francesa,
porque los empresarios se colusionan entre sí para no competir. Una empresa que
actúe de forma autónoma e independiente queda siempre fuera de la prohibición
de las colusiones. El art. 1 de LDC declara que se prohíbe todo acuerdo, decisión
o recomendación colectiva, o práctica concertada o conscientemente paralela
que tenga por objeto, produzca o pueda producir el efecto de impedir
restringir o falsear la competencia en todo o parte del mercado nacional. No
obstante, para que estas prácticas sean consideradas conductas prohibidas es
también necesario que se dé un segundo presupuesto: el efecto restrictivo de la
competencia. Se trata de una prohibición de carácter objetivo y por tanto es
indiferente tanto la intencionalidad de las partes, como que se produzca o no el
resultado perseguido. La culpabilidad solo será tomada en cuenta a los efectos
de imposición de una sanción. Asimismo, para entrar en el ámbito de la
prohibición, no es necesario que los acuerdos hayan producido de forma efectiva
una restricción de la competencia, es suficiente con que el acuerdo tenga finalidad
de restringir la competencia, con independencia de que se haya llegado o no a
poner en práctica. La principal consecuencia jurídica es que los empresarios deben
cesar en tal conducta anticompetitiva, y que además pueden ser sancionados por
la Administración. En el ámbito civil, los contratos son nulos de pleno Derecho
salvo que estén amparados por las exenciones previstas en la ley.

2. Abuso de posición dominante: la normativa es más dura cuando un empresario


tiene una posición dominante en un mercado. La posición de dominio por parte
de una o varias empresas sobre todo o parte del mercado nacional, no se considera
ilícita de por sí. Pero la ley prohíbe la explotación abusiva de esa posición de
dominio. Las prácticas abusivas son perfectamente legales siempre que no haya

2
posición dominante, pero en el momento en el que el empresario ha alcanzado
esta situación, se le exige un nivel de actuación más cuidadoso, para proteger a
sus competidores más débiles y no perjudicar a los consumidores. La
consecuencia jurídica del abuso de posición dominante es que el empresario
debe cesar en su conducta y además puede ser sancionado. La consecuencia no es
que el Estado intervenga y obligue al empresario a deshacer su posición de
dominio, ya que tener una posición de dominio es legal, en tanto no se abuse de
ella. Para determinar si existe una posición dominante es obligatorio determinar
el mercado relevante, a cuyos efectos han de tomarse en consideración tres
criterios:

a). Geográfico, ámbito geográfico en que actúa la empresa que presente unas
condiciones homogéneas y diferentes a otras áreas vecinas.
b). Temporal, en un espacio de tiempo determinado.
c). Objetivo, que los productos que oferta se puedan intercambiar o sustituir por
otros.

3. Concentración económica: la Administración únicamente puede intervenir para


prevenir posiciones de dominio cuando dos empresas deciden unirse en una
operación de concentración económica. En principio, la concentración
empresarial es libre y, por tanto, no queda sometida a la previa autorización
económica. Si como consecuencia de la futura concentración se van a producir
efectos nocivos para la competencia, la Administración puede condicionar la
operación o incluso prohibirla.

La determinación del ámbito territorial donde se producen las restricciones de la


competencia es determinante a la hora de aplicar la ley. La Ley española se aplicará
únicamente a las prácticas anticompetitivas que puedan producir efectos en el mercado
español o en una parte sustancial del mismo, aunque dichos hechos se hayan realizado en
otros países o sus autores sean operadores económicos extranjeros.
En cuanto a los órganos competentes para la aplicación de la normativa, está
encomendada a órganos administrativos, tanto en el Derecho comunitario como en el
Derecho interno español. Si estamos en el ámbito del Derecho europeo, las facultades
corresponden en principio a la Comisión Europea. Teniendo en cuenta que la Comisión
Europea en Bruselas no puede pretender aplicar la normativa en todo el espacio de la UE,
a raíz del Reglamento 1/2003, la Comisión ha atribuido facultades a las autoridades
de defensa de la competencia de los Estados miembros para que también puedan
aplicar la regulación comunitaria de defensa de la competencia, en estrecha
cooperación con la Comisión, y reservándose ésta la capacidad de inspeccionar y
sancionar los casos más graves.
En el ámbito español, la Ley de Defensa de la Competencia determina que los órganos
competentes para la aplicación de la normativa de competencia son:
- La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) a nivel
estatal, que está adscrita al Ministerio de Economía.

2
- Las Autoridades de Competencia regionales. Varias CC.AA. tienen sus propios
órganos Autonómicos de Defensa de la Competencia. Esta Ley les atribuye plena
competencia sobre aquellas prácticas prohibidas que producen sus efectos dentro
de un ámbito territorial autonómico. En Andalucía la Agencia de Defensa de la
Competencia, que depende de la Consejería de Economía y Conocimiento.

3) COMPETENCIA DESLEAL.

Esta materia está regulada en la Ley 3/1991, de 10 de enero de Competencia Desleal,


que fue profundamente reformada a través de la Ley 29/2009, de 30 de diciembre. Esta
Ley vino a incorporar al Derecho español la Directiva 2005/29/CE, del Parlamento y del
Consejo relativa a las prácticas desleales de las empresas en su relación con los
consumidores.

¿Qué se entiende por competencia desleal?


El art. 4 de la LCD en su actual redacción la define como “todo comportamiento que
resulte objetivamente contrario a las exigencias de la buena fe”, entendida como
conducta contraria a la diligencia profesional que cabe esperar de un empresario conforme
a las prácticas honestas del mercado. Posteriormente, viene a decir que será desleal todo
comportamiento que distorsione las decisiones de los consumidores medios.
Para ser considerados desleales es fundamental que estos actos;
 Se realicen en el mercado, es decir, sean actos con transcendencia externa.

 Se lleven a cabo con fines concurrenciales, es decir, que el acto pretende promover
o asegurar la difusión en el mercado de las prestaciones propias o de un tercero.
Ha de tratarse, por lo tanto, de un acto competitivo que se realiza en el mercado
y puede llegar a afectar a su funcionamiento. No pueden ser considerados actos
de competencia desleal los actos aislados desarrollados con una finalidad distinta
de la concurrencial. Dentro del acto de competencia desleal han de comprenderse
no sólo los actos realizados por un empresario que fabrica los mismos productos
que otro, sino también aquellos que se producen cuando los empresarios acuden
al mercado ofreciendo productos y servicios que se relacionan entre sí
discriminación entre productor y consumidor.

 También se consideran desleales los actos preparatorios de una operación o


contrato que termina produciéndose, como aquellos que no culminan y
suponen una simple tentativa. El acto desleal es considerado como tal desde el
momento en que es idóneo para producir daño.

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Ámbito subjetivo de la Ley de Competencia Desleal.
Desde el punto de vista subjetivo no sólo están sujetos a estas normas los empresarios y
profesionales, sino todos los que participan en el mercado ofreciendo bienes o
servicios, sean personas físicas o jurídicas. Se aplica a parte de empresas, a
profesionales liberales, agricultores…

Actos que se consideran desleales.


a) Actos de confusión. No poder identificar a las empresas que actúan en el
mercado. El art. 6 LCD determina que se considera desleal todo comportamiento
que resulte idóneo para crear confusión con la actividad, las prestaciones o el
establecimiento ajenos. La dificultas en la identificación del empresario, el
establecimiento mercantil o el producto.

b) Actos de engaño y omisiones engañosas. Los actos de engaño serán aquellos que
se realicen incorporando información incorrecta o falsa, y el punto de referencia
será la verdad o la realidad objetivamente demostrable. Será ilícita la llamada
“publicidad superlativa” es decir, la que utiliza determinadas exageraciones o
extravagancias publicitarias que pretenden llevar a cabo el ánimo del consumidor
a la excelencia. Las omisiones engañosas se refieren a aquellos actos o prácticas
que ocultan la información necesaria para poder adoptar una decisión con el
debido conocimiento de causa.

c) Actos de denigración. Se efectúa una referencia a la separación que ha de hacerse


entre la actividad comercial y la vida privada del empresario, por tanto, no se
estiman pertinentes, aunque sean veraces, las creencias o ideologías, la vida
privada o cualesquiera otras circunstancias personales del afectado.

d) Comparación. La comparación es ilícita, pero ha de cumplir unos requisitos: que


los bienes comparados tengan la misma finalidad o satisfagan las mismas
necesidades; que la comparación se realice de modo objetivo entre sus
características esenciales; que si los productos están protegidos por una
denominación de origen o indicación geográfica la comparación se haga solo con
otros productos de la misma denominación.

e) Imitación de prestaciones ajenas. Todo empresario puede copiar o imitar los


productos o prestaciones de sus competidores, que no estén protegidos por un
derecho de exclusividad: lo que está prohibido es que la imitación sea tal que,
dé lugar a confusión entre la clientela sobre el producto que adquieren.

f) Aprovechamiento o explotación de la reputación ajena. Hacer publicidad de


un producto poniendo de manifiesto que es de la misma clase o tipo que otro que
ya ha adquirido reputación. Se considera desleal el empleo de signos distintivos
ajenos o de denominaciones de origen falsas acompañadas de la indicación
acerca de la verdadera procedencia del producto.

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g) Sustracción o explotación de secretos empresariales ajenos. La divulgación o
explotación, sin autorización de su titular, de secretos industriales o de cualquier
otra especie de secretos empresariales o los que se haya tenido acceso
legítimamente, pero con deber de reserva, o ilegítimamente por medio de
espionaje o procedimiento análogo o con infracción de normas.

h) Inducción a la ruptura contractual. Inducir a los trabajadores, proveedores,


clientes o personas vinculadas con un competidor a resolver anticipadamente los
deberes contractuales contraídos con ese competidor. Se presenta desleal cuando
vaya acompañada de circunstancias como el engaño, la intención de eliminar a un
competidor del mercado…

i) Violación de normas. quien compite violando las normas legales que debería
cumplir, se sitúa en una posición ventajosa frente al resto de participantes en el
mercado que compiten con él. Incumplir horarios comerciales o contratar
extranjeros sin autorización legal para trabajar en España, economía
sumergida.

j) Discriminación injustificada. La discriminación consiste en tratar de manera


diferente a quienes se encuentran en igualdad de condiciones.

k) Venta con pérdidas (dumping). aunque es lícito fijar los precios de los productos
y hay situaciones en que es necesario por falta de tesorería, hay veces en que va
dirigido a excluir al consumidor del mercado que no puede seguir la guerra de
precios.

Prácticas comerciantes desleales en relación con los consumidores.


Se refiere a las prácticas que, afectando a los competidores también, se considera que
únicamente pueden perjudicar a sus destinatarios cuando son consumidores o
usuarios.
Podemos distinguir entre conductas engañosas, utilización o difusión de indicaciones
incorrectas o falsas o la omisión de las verdaderas, sobre productos o prestaciones de
un consumidor; y conductas agresivas, conducta del profesional o empresario para
intimidar a los clientes potenciales y forzarles a realizar alguna operación, no respetando
su voluntad de elección, según los art. 28 al 31 de la LCD. También establece la LCD que
determinadas infracciones de consumo tendrán la consideración de prácticas
comerciales desleales.

Acciones contra los actos de competencia desleal.


El Legislador de la LCD era consciente de que de nada serviría una magnifica norma, si
no se dotaba a los perjudicados de un elenco de acciones muy amplio, que facilitara la
obtención de medidas cautelares, y que facilitara la prueba.

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Estas acciones persigues tres finalidades diversas:
- Impedir que comience o hacer que cese la actuación que constituye la competencia
desleal.

- Remover sus efectos.

- Resarcir los daños y perjuicios causados.

A tal fin, concede al perjudicado por el acto de competencia desleal una serie de acciones
civiles, que vienen enumeradas en el art. 32 de LCD:

1) Acción declarativa de la deslealtad del acto, que tiene por objetivo la obtención
de una sentencia judicial en la que se confirme la ilicitud del acto. Esta actitud se
suele acumularse a las siguientes.

2) Acción de cesación de la conducta desleal, para evitar que la conducta siga


realizándose. Para solicitar del juez la sanción no es necesario que la conducta ya
se haya cometido, basta con que exista el riesgo potencial de que vaya a cometerse
la actuación desleal.

3) Acción de remoción de sus efectos. Esta acción pretende que el juez ordene
eliminar los actos, situaciones u objetos a través de los cuales se ha exteriorizado
o producido la competencia desleal (destrucción de etiquetas, entre otros).

4) Acción de rectificación, para obtener la rectificación pública de las informaciones


engañosas o desleales.

5) Acción de resarcimiento o indemnización de los daños y perjuicios producidos


por el comportamiento desleal.

6) Acción de enriquecimiento injusto, sólo procederá cuando exista un derecho de


exclusiva u otro de análogo contenido económico que haya sido vulnerado con la
conducta desleal.

Por último, se añade un capitulo, el V, en el que se prevé la existencia de Códigos


voluntarios de conducta, relativos a las prácticas comerciales con los consumidores que
serán elaborados por las asociaciones y organizaciones profesionales y de consumidores
para que sean asumidos voluntariamente por sus miembros.

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