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América Mestiza: Identidad y Diversidad

El documento describe la complejidad de definir la identidad de América y sugiere que el nombre más adecuado es "América Mestiza", que reconoce su diversidad y mezcla no solo de elementos étnicos e indígenas sino también africanos y europeos. Explica que América es más una conjunción histórica y cultural que una homogeneidad geográfica, y que su destino compartido la convierte en un mundo que debe pensarse en conjunto.

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América Mestiza: Identidad y Diversidad

El documento describe la complejidad de definir la identidad de América y sugiere que el nombre más adecuado es "América Mestiza", que reconoce su diversidad y mezcla no solo de elementos étnicos e indígenas sino también africanos y europeos. Explica que América es más una conjunción histórica y cultural que una homogeneidad geográfica, y que su destino compartido la convierte en un mundo que debe pensarse en conjunto.

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«Llamada hispánica por los españoles, ibérica por portugueses, latina por los

franceses, equinoccial, ístmica, insular y meridional por el barón de Humboldt y por


los criollos, nuestra América lleva siglos tratando de definirse a sí misma, y en esa
búsqueda casi infructuosa puede advertirse siquiera simbólicamente la complejidad
de su composición y la magnitud de sus dificultades. […] Se diría que de todos los
nombres que ha buscado para sí, el que más podría convenirle es el de América
Mestiza, que al menos procura definirla por su diversidad y por sus mixturas, no por
la predominancia de alguno de sus elementos. Y habría que entender por mestiza no
sólo la mezcla de elementos étnicos y culturales ibéricos e indígenas, sino la múltiple
convergencia de elementos africanos, de las otras naciones de Europa y la creciente
incorporación de tradiciones del resto del mundo. Nuestra América es menos una
homogeneidad geográfica que una conjunción histórica y cultural, pero el destino
común de sus habitantes terminó convirtiéndola en un mundo al que es preciso pensar
y abarcar en conjunto, como al pensar en el continente europeo la mente incluye
automáticamente a Escandinavia y a Islandia, porque la historia compartida termina
influyendo sobre la geografía».

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William Ospina

América mestiza
El país del futuro

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oronet 14.11.2018

www.lectulandia.com - Página 3
Título original: América mestiza
William Ospina, 2013

Editor digital: oronet


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Índice de contenido

Cubierta

América mestiza

Lo originario de América

El mar Caribe

El pacífico y los Andes

El amazonas

La vida milenaria en América

Llegó de Europa

El choque de los mundos

Lo que llegó de África

Las Américas

La colonia

En el reino de los espíritus

Y se acaba el siglo XVIII

El sueño de la libertad

Independencia

La carta de Jamaica

El derecho al presente

La guerra y la paz

En busca de la modernidad

El siglo XX

Lo que somos

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La América mestiza

El país futuro
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Bibliografía

Sobre el autor

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Tienen razón quienes dicen que los verdaderos descubridores de América no fueron
los marinos de Colón, que en una noche desesperada de 1492 vieron con ojos
incrédulos una luz imposible en la tiniebla, sino los irrescatables viajeros que hace
más de treinta mil años no supieron cuándo los hielos asiáticos se habían convertido
en hielos de otro mundo, y se adentraron para siempre en las florestas despobladas
del continente, «entre los bosques sordos, que huellan el alce y el reno», como dice el
poeta Czeslaw Milosz, sin presentir que sus remotos descendientes harían tiendas
cónicas en las praderas otoñales, alzarían pirámides rojas en los bosques del quetzal y
del índigo, ablandarían el oro con hierbas maceradas en las mesetas altísimas,
construirían fortalezas de piedras enormes en las montañas de la llama y la niebla,
trazarían figuras de animales que el ojo no puede abarcar en los desiertos peruanos,
labrarían cabezas megalíticas y jaguares sagrados, y navegarían en dóciles leños
labrados y en barcas de piel de bisonte por los lagos más altos y por los ríos más
grandes del mundo.
Los continentes tenían sin embargo un origen común, y parte de lo que hoy es
Suramérica se había separado alguna vez del cuerpo del continente africano. Para
advertirlo basta todavía la contemplación de los mapas, pues la línea occidental de
África, desde las playas de Costa de Marfil hasta el extremo sudafricano coincide
plenamente con las costas orientales de la América del Sur. Cualquier niño puede
jugar a armar un rompecabezas en el cual la desembocadura del Amazonas en
Macapá coincide con la región fronteriza entre Costa de Marfil y Ghana, la ciudad de
Fortaleza corresponde a la región inferior del golfo de Guinea, Recife coincide con la
Bahía de Biafra, Salvador de Bahía con las costas de Gabón, Espirito Santo con el
Zaire, Río de Janeiro con las costas de Angola, y la zona de Curitiba con la frontera
entre Angola y Namibia.
A lo largo de la dorsal mesoceánica los continentes se separaron, dos macizos
distintos de la primitiva América del Sur, el brasilero y el venezolano, alejados por un
brazo oceánico, se unieron, y la placa tectónica que avanzaba hacia el oeste chocó
con la placa del Pacífico, haciendo emerger la cordillera de los Andes y el istmo
central que unió a Suramérica con el distante continente norteamericano. Todo
aquello sin duda en tiempos demasiado tempranos para el hombre, en una edad de
cataclismos, cuando el mundo estaba cumpliendo apenas con las tareas previas a la
historia humana, pero en una edad no tan distante para que hayan desaparecido sus
huellas en la morfología de los mundos.
Llamada hispánica por los españoles, ibérica por portugueses, latina por los
franceses, equinoccial, ístmica, insular y meridional por el barón de Humboldt y por
los criollos, nuestra América lleva siglos tratando de definirse a sí misma, y en esa
búsqueda casi infructuosa puede advertirse siquiera simbólicamente la complejidad
de su composición y la magnitud de sus dificultades. Ni la lengua española, ni su
extensión a las lenguas ibéricas, ni su ampliación a las lenguas de origen latino,
logran plenamente abarcarla. Y es que esta América lleva sobre su frente el estigma

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de tender a definirse siempre por algo exterior, o por una parte tan sólo de su
composición y de su legado histórico. Tal vez es por ello por lo que no acaba de
reconocerse plenamente, pues siempre las denominaciones que encuentra suelen
excluir algún elemento de su complejidad. Es como una criatura que no encontrara
nunca su nombre, un ser que para designarse tuviera que renunciar a la conciencia de
sus ojos, de sus sueños o de sus alas. Esta apasionante característica va formando
parte sustantiva de ella, y ha marcado muchos graves momentos de su historia.
Sin embargo, se diría que de todos los nombres que ha buscado para sí, el que
más podría convenirle es el de América Mestiza, que al menos procura definirla por
su diversidad y por sus mixturas, no por la predominancia de alguno de sus
elementos. Y habría que entender por mestiza no sólo la mezcla de elementos étnicos
y culturales ibéricos e indígenas, sino la múltiple convergencia de elementos
africanos, de las otras naciones de Europa y la creciente incorporación de tradiciones
del resto del mundo. Nuestra América es menos una homogeneidad geográfica que
una conjunción histórica y cultural, pero el destino común de sus habitantes terminó
convirtiéndola en un mundo al que es preciso pensar y abarcar en conjunto, como al
pensar en el continente europeo la mente incluye automáticamente a Escandinavia y a
Islandia, porque la historia compartida termina influyendo sobre la geografía.
Hasta hace un siglo y medio también formaban parte del proyecto de esta
América las sierras de California, las llanuras y los desiertos de Nuevo México y de
Arizona, «tierras de la meseta monumental y de los delicados colores», como las ha
descrito Jorge Luis Borges, las tierras de Colorado y de Wyoming y hasta las
montañas de Nevada. Todas fueron tierras ocupadas o visitadas por España y después
por México, y todavía hoy esas remotas regiones siguen siendo sitios de encuentro
entre los pueblos del norte y del sur. ¿Cómo no desear que algún día, cuando la
vecindad, la colaboración y el respeto hayan cumplido su misión, todo el continente
americano sea una vasta alianza de dignidad y de civilización propiciada por las
lenguas y por las tradiciones?

www.lectulandia.com - Página 8

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