Sistema Sanguíneo e Inmunidad: Funciones y Composición
Sistema Sanguíneo e Inmunidad: Funciones y Composición
SANGRE
Generalidades: funciones y composición
Sangre. Funciones
Sangre. Composición
Hematopoyesis
Eritrocitos o hematíes o glóbulos rojos
Eritropoyesis
Metabolismo del hierro
Eritrocitos. Destrucción o hemocateresis
Leucocitos o glóbulos blancos
Granulocitos y monocitos. Formación y transporte
Neutrófilos y monocitos. Propiedades.
Sistema monocito-macrófago o retículo-endotelial
Eosinófilos. Propiedades
Basófilos. Propiedades
Linfocitos
Linfocitos B y T. Tipos
LA INMUNIDAD
Inmunidad. Concepto
Inmunidad. Tipos
Inmunidad innata o inespecífica. Sistema inmune natural
Inmunidad innata o inespecífica. Células inmunes inespecíficas
Inmunidad innata o inespecífica. Proteínas inmunes inespecíficas
Inmunidad adquirida o específica. Sistema inmune adaptativo
Linfocitos B. Modo de acción
Anticuerpos. Tipos y modo de acción
Linfocitos T. Modo de acción
Vacunación. Fenómenos en los que se basa
GRUPOS SANGUÍNEOS
HEMOSTASIA
Introducción:
Objetivos:
SANGRE
Sangre. Funciones
La sangre es un vehículo líquido de comunicación vital, entre los distintos tejidos del
organismo. Entre sus funciones, destacan:
Sangre. Composición
Las albúminas son las más pequeñas y abundantes y representan el 60% de las proteinas del
plasma. Las sintetiza el hígado y actúan como transportadoras de lípidos y hormonas
esteroides en la sangre, siendo responsables de la mayor parte de la presión osmótica
(presión oncótica) que regula el paso de agua y solutos a través de los capilares.
HEMATOPOYESIS
La hematopoyesis es el proceso de formación, maduración y paso a la circulación sistémica
de las células de la sangre. Los 3 tipos de células sanguíneas no se originan en la sangre
sino que solamente la emplean para realizar sus funciones o para desplazarse de un lado a
otro. En realidad, proceden de un precursor común o célula madre que se origina en el
tejido hematopoyético de la médula ósea y que es pluripotencial porque puede diferenciarse
en cualquier tipo de célula sanguínea.
(1) Las células madres comprometidas mieloides dan lugar a: las unidades de células
progenitoras formadoras de colonias eritrocíticas (UFC-E), de donde derivan los eritrocitos;
las unidades de células progenitoras formadoras de colonias granulocitos-monocitos (UFC-
GM) de donde derivan los granulocitos neutrófilos y los monocitos; las unidades de células
progenitoras formadoras de colonias de megacariocitos (UFC-MEG) de donde derivan las
plaquetas y, directamente, a las células precursoras llamadas mieloblastos eosinofílicos, de
donde derivan los eosinófilos, y mieloblastos basofílicos, de donde derivan los basófilos.
(2) Las células madres comprometidas linfoides dan lugar directamente a las células
precursoras o linfoblastos: los linfoblastos B y los linfoblastos T.
Los glóbulos rojos o eritrocitos o hematíes son el tipo de célula más numerosa de la sangre
ya que constituyen el 99% de los elementos formes de la sangre. En realidad no son
verdaderas células porque no tienen núcleo ni otras organelas y su tiempo de vida es
limitado (unos 120 días). Tienen forma de discos bicóncavos, con un diámetro medio de 8
micras, son muy finos y flexibles y pueden deformarse para circular a través de los
capilares más estrechos.
El hematocrito representa la proporción del volúmen sanguíneo total que ocupan los
hematíes.
En condiciones normales es del 38% (5) en la mujer y del 42% (7) en el hombre.
ERITROPOYESIS
Hay dos factores reguladores de la producción de hematíes, que son la eritropoyetina yla
oxigenación tisular para mantener regulada, dentro de límites muy estrechos, la masa total
de eritrocitos en el sistema circulatorio. Siempre hay un número adecuado de eritrocitos
disponibles para proporcionar el suficiente oxígeno (O2) a los tejidos, sin que sea excesivo
para dificultar la circulación de la sangre.
Hay, además, dos vitaminas necesarias para la maduración de los hematíes desde la fase de
proeritroblastos. Son la vitamina B12 o cianocobalamina y el ácido fólico, que son
necesarias para la formación del DNA. Si faltan se produce una anemia de hematíes
grandes o megaloblastos que tienen una membrana débil y frágil con lo que se rompen con
facilidad, siendo su período de vida menos de la mitad de lo normal. Por tanto, el déficit de
vitamina B12 o de ácido fólico causa una anemia por un fallo en la maduración de los
eritrocitos.
El hierro que se ingiere en una dieta normal es de unos 15-20 mg al día. Es absorbido a
través de las paredes del intestino delgado en cantidades que dependen de las necesidades
del organismo (aproximadamente, un 10%) de modo que aunque se ingieran alimentos muy
ricos en hierro solo se absorberá el necesario al interior del organismo y el restante será
eliminado en las heces.
Una vez absorbido, el hierro pasa a la sangre y se combina de inmediato con una proteína
del plasma llamada apotransferrina, dando lugar a la transferrina con la que es transportado
hacia las partes del cuerpo donde se necesita, como la médula ósea. La transferrina se une
de forma muy fuerte a unos receptores situados en la membrana de las células y los
complejos transferina-receptor son interiorizados por la célula y, una vez en el interior
celular, el hierro es incorporado al grupo hemo (si se trata de un eritroblasto) o almacenado
combinándose con la proteína apoferritina, situada en el citoplasma celular, para dar lugar a
la ferritina. Este hierro almacenado en la ferritina se llama hierro de depósito. La ferritina
puede almacenar diferentes cantidades de hierro en función de las necesidades, de modo
que cuando la cantidad de hierro en el plasma disminuye mucho, el hierro se libera de la
ferritina de forma fácil, sale al exterior celular y puede ser transportado por la transferrina
hacia las células que lo necesitan.
Los varones excretan cada día cerca de 1 mg de hierro, principalmente por las heces o por
descamación de las células de la piel y del intestino. Las mujeres pierden cantidades
adicionales de hierro por la menstruación, hasta 2 mg/día. La cantidad de hierro obtenida
cada día con la dieta debe ser, por lo menos, igual a la perdida por el organismo.
Una vez que pasan a la circulación, los eritrocitos tienen una vida media de unos 120 días
antes de ser destruídos. Las células envejecen, su membrana se vuelve frágil y algunos se
rompen al pasar por los lugares estrechos y tortuosos de la circulación como sucede en el
bazo, con lo que la hemoglobina (Hb) liberada de los eritrocitos lisados pasa a la
circulación en donde se une a una proteína transportadora que se llama haptoglobina. La Hb
unida a la haptoglobina y muchos eritrocitos viejos son fagocitados por los macrófagos en
el bazo, el hígado o los ganglios linfáticos.
Los leucocitos son células sanguíneas verdaderas, puesto que tienen núcleo, al contrario de
loque sucede con los hematíes o las plaquetas. Son las unidades móviles del sistema
deprotección (o sistema inmune) del cuerpo humano, tienen mayor tamaño que los
hematíes yestán presentes en la circulación en un número mucho menor (unos 7000/mm3, ó
7 mil millones por litro de sangre). Una gran parte de ellos madura en la médula ósea
(granulocitos, monocitos y linfocitos B) y el resto en el timo (linfocitos T). Hay 2 grandes
tipos de leucocitos según contengan o no gránulos en el citoplasma:
A pesar de que todos los leucocitos participan en la defensa de los tejidos frente a los
agentes causantes de enfermedades, cada clase de célula tiene un papel diferente. Los
neutrófilos y los monocitos defienden al organismo al fagocitar microorganismos extraños.
Los eosinófilos y los basófilos aumentan en caso de reacciones alérgicas. Los linfocitos
defienden al organismo por medio de la llamada inmunidad específica.
El ser humano adulto tiene unos 7000 glóbulos blancos/mm3 de sangre. Si tiene un número
mayor a 10000/mm3 se dice que hay una leucocitosis y si su número es inferior a
4000/mm3se dice que tiene una leucopenia. La proporción de los diversos tipos de
leucocitos (fórmula leucocitaria) en estos 7000 glóbulos blancos/mm3 es:
Neutrófilos 62 %
Eosinófilos 2.3 %
Basófilos 0.4 %
Monocitos 5.3 %
Linfocitos 30 %
Los granulocitos neutrófilos representan un 60% del total de leucocitos circulantes y, por
tanto, son los más numerosos. Deben su nombre a que su citoplasma no se tiñe con
colorantes acidófilos como la eosina ni con colorantes basófilos como el azul de metileno.
Una vez producidos en la médula ósea, quedan almacenados durante varios días antes de
ser liberados a la circulación en donde permanecen 4 - 8 horas antes de emigrar a los
lugares donde sonnecesarios. Son fagocitos, es decir, que son capaces de ingerir partículas
extrañas sólidas.
Los monocitos representan un 5.3 % del total de leucocitos circulantes y son los de mayor
tamaño. Sus núcleos tienen forma de riñón, se forman en la médula ósea, donde
permanecen unas 24 horas, y después pasan a la sangre, circulando unos 2 días antes de
emigrar hasta los tejidos en donde se transforman en macrófagos que tienen capacidad de
fagocitar, como los neutrófilos. También participan en las respuestas inmunológicas, tanto
mediante la presentación de antígenos que puedan ser reconocidos por los linfocitos como
estimulando la formación de linfocitos.
Los neutrófilos y los macrófagos son los que primero atacan y fagocitan a bacterias, virus y
otros agentes nocivos. Los neutrófilos son células maduras que pueden atacar y destruir
microorganismos incluso en la sangre circulante, por éso son los leucocitos más numerosos
en el torrente circulatorio. Como son destruídos durante el proceso de fagocitosis, en
situaciones de infección grave aumenta el número de neutrófilos en sangre periférica
(neutrofilia) y también el número de neutrófilos jovenes (los neutrófilos en banda o no
segmentados). Los macrófagos no pueden fagocitar microorganismos en la sangre
circulante porque se encuentran en los tejidos que es el lugar en donde realizan su trabajo
de defensa.
EOSINÓFILOS. PROPIEDADES
Son fagocitos, es decir, que son capaces de ingerir partículas extrañas sólidas, y parecen
desempeñar un papel importante frente a infecciones por helmintos. Como estos
microorganismos son demasiado grandes para ser fagocitados por una sola célula, los
eosinófilos secretan unas proteínas que atacan la membrana externa de los parásitos y los
inactivan o los destruyen. La infección por parásitos determina una sobreproducción
mantenida de eosinófilos.
BASÓFILOS. PROPIEDADES
LINFOCITOS
Las células madres comprometidas linfoides en la médula ósea, dan lugar a las células
precursoras o linfoblastos, los linfoblastos B y los linfoblastos T. Los linfocitos procedentes
de estas células son inmaduros y necesitan madurar y hacerse inmunocompetentes para
poder actuar.
T maduran y se hacen inmunocompetentes en el timo. Los linfocitos B tienen una vida muy
breve (unas pocas horas), mientras que los linfocitos T pueden vivir 200 días o más.
Cuando los linfocitos T y B se vuelven inmunocompetentes, desarrollan un tipo de
receptores específicos en su membrana, que les permite reconocer y unirse a un antígeno
extraño específico, de modo que el linfocito reacciona a un antígeno determinado y solo a
ése, porque todos los receptores de antígenos de su membrana son del mismo tipo. Son
nuestros genes los que determinan a cuáles agentes extraños reaccionarán nuestros
linfocitos.
Una vez que los linfocitos B y T son inmunocompetentes, se dispersan y circulan por los
ganglios linfáticos, el bazo y otros tejidos linfoides en donde ocurre el encuentro con los
antígenos extraños. De aquí que podamos decir que la inmunidad adquirida se debe al
tejido linfoide. Las personas cuyo tejido linfoide se ha destruído por radiaciones o
productos químicos no pueden sobrevivir, porque el tejido linfoide es esencial para la
supervivencia del ser humano. El tejido linfoide está distribuído en el cuerpo de modo muy
ventajoso para interceptar los agentes invasores. Así, el tejido linfoide de la faringe oral y
nasal intercepta los antígenos que entran por las vías respiratorias altas, el del tubo
digestivo se ocupa de los antígenos que lo invaden a través del intestino y el de los ganglios
linfáticos se ocupa de los antígenos extraños que invaden los tejidos periféricos.
LINFOCITOS B Y T. TIPOS
Los linfocitos B tienen como receptores de superficie ciertos tipos de anticuerpos (que son
inmunoglobulinas) y, al ser activados por un antígeno específico para esos receptores, se
transforman en células plasmáticas que son las encargadas de producir y secretar
anticuerpos o inmunoglobulinas específicos contra el agente invasor, que circularán por la
sangre y la linfa.
Por otro lado, se han identificado subtipos de linfocitos T según sus marcadores de
superficie específicos, conocidos como marcadores CD. Todas los linfocitos T poseen en
común el marcador CD3. Los linfocitos T colaboradores o auxiliares poseen, además del
CD3, el grupo de marcadores CD4 y se les llama, por ello, linfocitos CD4. Los linfocitos
Tcitotóxicos poseen, además del CD3, el grupo de marcadores CD8 y se les llama, por ello,
linfocitos CD8. Los pacientes con SIDA tienen unos niveles bajos de linfocitos CD4 en
sangre circulante.
Todos los linfocitos que tienen la capacidad para dar lugar a la misma célula T
sensibilizada o a la misma célula plasmática capaz de secretar el mismo anticuerpo, forman
una clona o colonia de linfocitos sensibilizados frente a un antígeno extraño determinado.
LA INMUNIDAD
INMUNIDAD. CONCEPTO
El cuerpo humano tiene la capacidad de resistir a casi todos los tipos de microorganismos o
toxinas que tienden a dañar sus tejidos y órganos. Reconoce los materiales extraños que
penetran en su interior e intenta eliminarlos antes de que provoquen daño. Esta capacidad
de defensa se llama inmunidad. Para defenderse frente a las infecciones, los animales
disponen de dos estrategias básicas: utilizan barreras pasivas para impedir que los agentes
patógenos penetren en su organismo, y atacan activamente a los patógenos que han
conseguido entrar y alojarse en sus tejidos. Para eliminar a un microorganismo invasor, el
huésped debe ser capaz de distinguirlo de sus propias células, con el fin de no perjudicar a
sus propios tejidos, después debe neutralizarlo o destruirlo y, por último, debe eliminar los
restos de modo que no le perjudiquen.
Las barreras pasivas son la piel y las mucosas. La primera barrera que encuentran los
microorganismos es la piel. La epidermis estratificada y queratinizada forma una barrera
física eficaz frente a la entrada de microorganismos. Además, las secreciones de las
glándulas sudoríparas y sebáceas inhiben el crecimiento de bacterias en la superficie
cutánea. Cuando la piel se rompe por una abrasión o una quemadura, la infección puede
convertirse en un problema importante.
Las mucosas o membranas que tapizan una cavidad corporal que se abre directamente al
exterior y, por tanto, recubren interiormente los sistemas digestivo, respiratorio, urinario y
reproductor, son menos resistentes que la piel pero constituyen también una barrera eficaz
frente a la invasión de microorganismos. La mucosa del tubo digestivo superior está
protegida por lisozima (enzima bactericida) y por anticuerpos del tipo inmunoglobulinas A
(IgA) secretados por las glándulas salivares, las secreciones ácidas de la mucosa del
estómago destruyen numerosas bacterias, la mucosa del intestino posee glándulas que
secretan una capa de moco que, además de lubrificar el paso de los alimentos, protege el
epitelio frente a las infecciones. Además, la luz intestinal contiene una población de
bacterias que no resulta patógena para el hombre y confiere al organismo una línea
adicional de defensa, ya que la flora bacteriana normal compite con los patógenos por los
nutrientes y, al mismo tiempo, secreta factores inhibidores para destruir a los invasores. A
nivel respiratorio, la barrera se debe a la presencia de pelos en la nariz y cilios en la mucosa
respiratoria así como de macrófagos alveolares y a la existencia de una gruesa capa de
moco que atrapa numerosas bacterias y virus, impidiendo que se adhieran a las células
subyacentes y luego es eliminado por expectoración. A nivel de la vagina es protectora su
secreción natural, a nivel del tracto urinario se produce regularmente un líquido estéril con
capacidad limpiadora y a nivel de los ojos, su superficie externa está bañada por un líquido
procedente de las glándulas lagrimales que elimina los materiales extraños y contiene
lisozima. Otras secreciones naturales como el semen y la leche también contienen
anticuerpos y sustancias bactericidas.
Si los agentes patógenos han conseguido entrar en el organismo a pesar de las barreras
pasivas, el ataque activo a los mismos es realizado por los procesos inmunitarios del
organismo, que son llevados a cabo por el sistema inmune que es una red compleja de
órganos, células y proteínas circulantes.
Los principales órganos del sistema inmune son la médula ósea, el timo, el bazo, los
ganglios linfáticos y los tejidos linfoides asociados con las mucosas que revisten el tubo
digestivo y las vías respiratorias (tejido linfoide asociado a mucosas o MALT). A todos
estos órganos se les conoce colectivamente como órganos linfoides. Podemos definir, pues,
al tejido linfoide como un tejido disperso por el organismo en forma de órganos, acúmulos
o infiltrados y que está especializado en la producción, la maduración y el almacenamiento
de las células que actúan en la inmunidad.
Las células del sistema inmune incluyen los leucocitos, los mastocitos y los macrófagos
Las proteínas del sistema inmune son los anticuerpos, las citoquinas, el grupo de
proteinas que constituyen el sistema del complemento, los interferones y las proteínas
de fase aguda.
Ahora bien, antes de que el organismo pueda atacar a los invasores, necesita conocer la
diferencia entre sus propias células y las de los invasores. Se sabe que las células de los
mamíferos poseen marcadores de superficie y su sistema inmune puede reconocer estos
marcadores y, por tanto, distinguir las células propias de las de los invasores. Las proteínas
que identifican a las células propias del organismo constituyen el complejo principal de
histocompatibilidad (Mayor Histocompatibility Complex = MHC, siglas en inglés)
(llamado también, aunque no es correcto, sistema HLA). Hay 3 grupos de proteínas del
MHC. Las proteínas del grupo MHC-I son proteínas de membrana integrales, que se
encuentran en todas las células con núcleo del organismo y en las plaquetas (pero no en los
hematíes). Las proteínas del grupo MHC-II se encuentran en los linfocitos B, los
macrófagos y los monocitos, y las proteínas del grupo MHC-III incluyen el sistema del
complemento que interviene en la defensa del organismo.
Por su parte, cada microorganismo o toxina invasores contiene unas moléculas o parte de
moléculas, que son las que generan la respuesta inmune porque son reconocidas como
extrañas al organismo y son los llamados antígenos. Casi siempre son moléculas situadas en
la membrana de los invasores o de células infectadas o de células neoplásicas o de células
de un trasplante no compatible.
INMUNIDAD. TIPOS
(1) Inmunidad innata o inespecífica: debida al sistema inmune natural que se ocupa de
procesos generales de defensa que no son específicos para un determinado invasor.
(2) Inmunidad adquirida o específica: debida al sistema inmune adaptativo que forma
anticuerpos y linfocitos activados que atacan y destruyen los organismos o toxinas dañinos,
de un modo específico. Teniendo en cuenta el diferente modo de actuar de los linfocitos T y
B en el proceso inmunitario específico, podemos decir que hay dos tipos de inmunidad
adquirida o específica:
Las células del sistema inmune natural son las células inmunes inespecíficas. Son: fagocitos
(neutrófilos y macrófagos), linfocitos natural killers (NK), mastocitos y eosinófilos.
Las 3 clases de proteínas del sistema inmune natural son: el sistema del complemento, los
interferones y las proteínas de fase aguda.
Las células inmunes inespecíficas son los fagocitos, los linfocitos natural killers, los
eosinófilos y los mastocitos.
Los fagocitos son los granulocitos neutrófilos y los macrófagos. La fagocitosis solamente
se desencadena cuando los receptores de la superficie celular del fagocito se unen a la
bacteria o partícula que va a ser fagocitada. Tanto neutrófilos como macrófagos poseen un
amplio repertorio de receptores de superficie. Por ejemplo, la partícula o bacteria, puede
estar cubierta por moléculas de un anticuerpo (a lo que se llama opsonización del agente
extraño, proceso por el que es reconocido), con la porción Fc hacia afuera. Los receptores
del fagocito reconocen y se unen a estas porciones Fc situadas en la superficie externa de la
partícula o bacteriainvasora. A continuación, el fagocito emite pseudópodos alrededor de la
partícula. La expansión de los pseudópodos está guiada por el contacto entre la partícula y
la superficie del fagocito.
Los granulocitos neutrófilos contienen gránulos cargados de sustancias nocivas para los
invasores. Los neutrófilos son capaces de pasar desde la sangre a los espacios intercelulares
por diapedesis y fagocitar bacterias o partículas extrañas. Los neutrófilos continúan
ingiriendo microorganismos hasta que las sustancias tóxicas liberadas por éstos los matan.
Lo que suele
Enseguida los macrófagos fagocitan a los neutrófilos muertos. Los macrófagos se liberan a
la sangre como monocitos. Los monocitos se forman en la médula ósea a partir de las
unidades formadoras de granulocitos-monocitos. Circulan por la sangre unos dos dias y
después emigran a los tejidos en donde maduran y se convierten en macrófagos que,
cuando son activados, son fagocitos mucho más poderosos que los neutrófilos.
Los linfocitos natural killers (NK) no tienen las características ni de los linfocitos T ni de
los linfocitos B. A diferencia de éstos, no tienen el marcador CD3 en su superficie.
Reconocen células infectadas por virus o células neoplásicas probablemente por
marcadores modificados de la superficie de estas células enfermas. Los virus carecen de
capacidad para reproducirse por sí mismos, de modo que utilizan la maquinaria genética de
las células del organismo para hacer copias de sí mismos. Por esto es importante que las
células infectadas por un virus, sean destruídas antes de que el virus tenga tiempo de
reproducirse, matar a la célula huésped e infectar a las células vecinas. Cuando un linfocito
NK ha reconocido un objetivo (una célula afectada), entonces se activa y se pega a la célula
enferma. Vacía en el interior de la célula enferma el contenido de sus gránulos con lo que la
célula enferma muere, impidiendo la replicación del virus.
Los granulocitos eosinófilos son fagocitos, es decir, que son capaces de ingerir partículas
extrañas sólidas, y parecen desempeñar un papel importante frente a infecciones por
helmintos. Como estos microorganismos son demasiado grandes para ser fagocitados por
una sola célula, los eosinófilos secretan unas proteínas que atacan la membrana externa de
los parásitos y los inactivan o los destruyen. La infección por parásitos determina una
sobreproducción mantenida de eosinófilos.
También pueden funcionar para localizar y anular el efecto destructivo de las reacciones
alérgicas, causado por la liberación de sustancias contenidas en los gránulos de los
mastocitos (como la histamina), mediante la producción de un factor que inhibe la
desgranulación de los mastocitos. Los eosinófilos son atraídos hasta los lugares de
inflamación por unas sustancias químicas liberadas por los mastocitos. De modo que la
exposición de individuos alérgicos a su alérgeno, provoca un aumento transitorio del
número de eosinófilos (eosinofilia).
Los mastocitos proceden de los granulocitos basófilos, una vez emigran desde la sangre a
los tejidos. Tanto los basófilos como los mastocitos tienen receptores de membrana
específicos para la inmunoglobulina E (IgE) que es producida por células plasmáticas como
respuesta a alérgenos. El contacto con un alérgeno resulta en una rápida secreción de los
gránulos de estas células, con lo que se libera histamina y otros mediadores vasoactivos y
se produce una reacción de hipersensibilidad que puede la causante de rinitis, algunas
formas de asma, urticaria y anafilaxia. Secretan también sustancias que atraen a los
eosinófilos a los lugares de inflamación
Las proteínas inmunes inespecíficas son el sistema del complemento, los interferones y las
proteínas de fase aguda.
Los interferones son unas proteínas de muchos tipos diferentes, que son producidas por las
células al ser infectadas por un virus, y secretadas después al líquido intersticial. Los
interferones, entonces, se unen a receptores de la superficie de las células vecinas que
responden reduciendo su tasa de traducción del RNA mensajero. La célula infectada queda,
así, rodeada por una capa de células que no pueden replicar el virus, de modo que se forma
una barrera que impide la diseminación de la infección. A continuación, los linfocitos NK
buscan y destruyen las células infectadas.
Las proteínas de fase aguda son un grupo de proteínas plasmáticas sintetizadas por el
hígado y cuya concentración aumenta durante una infección. Incluyen, entre otras, la
proteína C reactiva y la proteína de unión a la manosa. Ambas se unen a la superficie de
los microorganismos invasores, constituyendo el proceso llamado opsonización por el que
señalan a los invasores para que puedan ser reconocidos por los fagocitos. Hay que recordar
que, también, la fracción C3b del complemento y los anticuerpos opsonizan
microorganismos extraños. Los fagocitos, entonces, son capaces de reconocer los
microorganismos opsonizados y fagocitarlos. La opsonización es un medio de facilitar el
reconocimiento de los invasores por los fagocitos.
Nuestro organismo tiene un sistema inmune especial específico para combatir los diferentes
agentes infecciosos y tóxicos. Sabemos que, aunque la primera exposición a un
microorganismo, causante de una determinada enfermedad, da lugar a esa enfermedad (la
varicela, por ejemplo), una exposición posterior no da lugar a esa enfermedad (o la produce
pero con unos síntomas mínimos). Esta resistencia es específica para una determinada
infección, lo que significa que una infección por el virus de la varicela no protege frente a
una infección por el virus del sarampión, por ejemplo. Es decir, que el sistema inmune
adaptativo tiene dos características importantes: (1) la resistencia a una infección se
adquiere por la exposición a un determinado microorganismo invasor y persiste muchos
años, incluso toda la vida; (2) la resistencia es específica para cada microorganismo. Se
dice, pues, que la resistencia a una infección es específica y tiene memoria. Estas 2
características diferencian al sistema inmune adaptativo del sistema inmune natural.
Las células del sistema inmune adaptativo son los linfocitos. Las proteínas del sistema
inmune adaptativo son los anticuerpos y las citoquinas.
Los linfocitos son las células inmunes específicas. Hay 2 tipos de linfocitos, los linfocitos B
y los linfocitos T, que se forman en la médula ósea como células inmaduras. Después
tienen que madurar para hacerse inmunocompetentes. Los linfocitos B maduran y se
vuelven inmunocompetentes en la médula ósea. Los linfocitos T maduran y se vuelven
inmunocompetentes en el timo.
Los linfocitos son estimulados por antígenos extraños que se unen a sus receptores de
superficie. Cada uno de los linfocitos que tenemos responde solamente a un antígeno.
Cuando resultan estimulados, proliferan por mitosis hasta formar una población de
linfocitos iguales, con la misma especificidad (una clona o colonia de linfocitos activados).
Algunos linfocitos de la clona son los que realizan la función inmunológica específica y
otros linfocitos de la clona permanecen como linfocitos de memoria, que serán capaces de
responder con mucha más rapidez e intensidad a una situación similar en el futuro.
Los linfocitos circulan constantemente por los diferentes tejidos del organismo para buscar
invasores. Se adhieren a la pared de los capilares y luego se deslizan entre las células
endoteliales para alcanzar las células del tejido. De los tejidos pasan a los ganglios
linfáticos, en donde entran por los vasos linfáticos aferentes, atraviesan los ganglios
linfáticos, salen por los vasos linfáticos eferentes y regresan a la sangre por el conducto
torácico. En los ganglios linfáticos y tejido linfoide, existen clonas de linfocitos B y T
esperando a los antígenos que atraviesan esos tejidos.
Cuando se pone en contacto con un antígeno, el linfocito B específico para ese antígeno,
que tiene receptores en su membrana que reconocen ese antígeno y que se encuentra en el
tejido linfoide, se multiplica de inmediato y forma una clona de linfocitos B específicos
para ese antígeno. Una parte de estos linfocitos B específicos, se transformará en las células
plasmáticas, que elaborarán los anticuerpos específicos para ese antígeno a toda velocidad.
Todos los anticuerpos son proteínas de la clase globulinas que reciben el nombre de
inmunoglobulinas (Ig) y son producidos por las células plasmáticas. Cada molécula de
anticuerpo está formada por cadenas de aminoácidos, dos cadenas largas o pesadas,
idénticas entre sí, y dos cadenas cortas o ligeras, también idénticas entre sí. Las cadenas
pesadas y ligeras están unidas de tal modo que la molécula de anticuerpo tiene forma de Y.
Las zonas de la molécula de anticuerpo que se unen al antígeno están formadas por parte de
una cadena pesada y parte de una cadena ligera, situadas en los extremos de cada una de las
patas de la
Y, de modo que cada molécula de anticuerpo posee dos sitios idénticos para unirse al
antígeno, que constituyen la parte variable de la molécula (porque es diferente y única para
cada anticuerpo) y es la que le da especificidad al anticuerpo. La parte constante de la
molécula de anticuerpo es el tallo de la Y y se llama región Fc y es común a las
inmunoglobulinas de cada clase.
Se han identificado 5 clases de anticuerpos: IgA, IgD, IgM, IgE y IgG. Las IgG o
gammaglobulinas son las más numerosas y constituyen el 75% de los anticuerpos de
una persona normal.
Es capaz de cruzar la membrana placentaria con lo que suministra anticuerpos al feto para
protegerle mientras está en el útero y durante algunos meses después del parto.
Los anticuerpos se unen a los antígenos específicos mientras están circulando por los
líquidos o los tejidos corporales. Los anticuerpos tienen lugares de combinación específicos
para los antígenos. Las moléculas de los antígenos tienen pequeñas regiones en sus
superficies que están diseñadas para coincidir en los lugares de combinación de una
molécula de anticuerpo, como una llave en su cerradura. Cuando el anticuerpo se une al
antígeno, forma un complejo antígeno-anticuerpo (complejo Ag-Ac). Este complejo puede
actuar de diversas maneras para inutilizar el antígeno o la célula en la que se encuentra el
antígeno:
T activadas (clonas o colonias de linfocitos T específicos para ese antígeno) tanto clonas de
linfocitos T citotóxicos como clonas de linfocitos T colaboradores. Una parte de cada clona
forma un gran número de nuevos linfocitos T, similares al linfocito T específico original,
que también circularán por todo el cuerpo y se depositarán en el tejido linfoide pero
conservando la memoria del antígeno que los activó, son los linfocitos T de memoria que
favorecerán una respuesta más rápida, en una segunda exposición al mismo antígeno.
Otra parte de cada clona dará lugar a los linfocitos T que responden directamente a la
infección, o bien los linfocitos T colaboradores, si la clona está compuesta por este tipo de
linfocitos, o bien los linfocitos T citotóxicos, si la clona es de este tipo de linfocitos.
Los linfocitos T citotóxicos (CD8) son activados por células cuya estructura química se ha
alterado, como puede ser una célula neoplásica o una célula infectada, por un virus o por
una bacteria intracelular (bacilo tuberculoso) o una célula transplantada no compatible.
Cuando las células son infectadas, dentro de su citoplasma se producen péptidos extraños.
Estos péptidos forman complejos con proteínas MHC-I y se insertan en la membrana
plasmática de la célula enferma y pueden ser reconocidos por los linfocitos T citotóxicos
específicos. El complejo MHCI expone el péptido extraño al linfocito T citotóxico, es decir,
señala a la célula patológica, para que el linfocito T pueda destruirla. Los linfocitos T
citotóxicos utilizan unas proteínas llamadas perforinas, con las que abren agujeros en las
membranas de las células que atacan, de modo que éstas mueren.
Debido a que los linfocitos T-CD4 estimulan a los linfocitos T citotóxicos, los linfocitos B,
y los macrófagos de todo el organismo, se les puede considerar como los principales
reguladores de las funciones inmunes. Así que una alteración de los linfocitos T-CD4,
como sucede en el SIDA, comporta una alteración global de la inmunidad.
Para conseguir la inmunidad ante un proceso infeccioso y, por tanto, prevenir su aparición,
se utilizan diversos procedimientos para poner en contacto el sistema inmunitario de la
persona con el antígeno que desencadenará la respuesta inmunitaria. De este modo, cuando
se produzca la infección natural, el organismo ya poseerá millones de linfocitos B de
memoria y, por tanto, responderá rápidamente a la infección. Ya estará preparado para dar
la respuesta secundaria que es más rápida e intensa que la primaria.
Una persona puede ser vacunada al inyectarle organismos muertos que ya no son capaces
de causar enfermedad pero que mantienen los antígenos. Se utiliza este procedimiento para
prevenir enfermedades bacterianas como la fiebre tifoidea, la tosferina, la difteria y otras.
También puede conseguirse inmunidad contra toxinas que han sido tratadas de modo que su
naturaleza tóxica ha sido destruída, aunque sus antígenos permanecen intactos. Se usa este
procedimiento para prevenir enfermedades tóxicas como el tétanos o el botulismo.
Una persona puede ser vacunada al inyectarle organismos vivos que han sido atenuados por
cultivos especiales o por pases a través de diversos animales. De modo que no causan la
enfermedad pero transportan los antígenos específicos.
Se usa para proteger contra enfermedades virales como la poliomielitis, la fiebre amarilla,
el sarampión, la viruela...
GRUPOS SANGUÍNEOS
Según los antígenos existentes en las membranas de sus eritrocitos, las sangres se dividen
en diversos grupos y tipos. Hay, sobre todo, 2 grupos de antígenos en la membrana de los
glóbulos rojos que tienen mayor tendencia a causar reacciones por transfusión:
Sistema ABO
Sistema Rh
GRUPOS SANGUÍNEOS ABO
En los eritrocitos de diferentes personas hay 2 tipos de antígenos relacionados entre sí, el
antígeno A y el antígeno B. Los antígenos A y B se llaman aglutinógenos porque cuando
hay incompatibilidad de la sangre transfundida con la sangre de la persona receptora de la
transfusión, al reaccionar los antígenos o aglutinógenos de los eritrocitos transfundidos con
los anticuerpos o aglutininas, que se encuentran en el plasma de la persona que recibe la
transfusión de sangre, se produce la aglutinación (agrupación) y la destrucción de los
hematíes transfundidos.
Todas las personas heredan dos genes, uno del padre y otro de la madre, que son los
responsables de la existencia de estos dos aglutinógenos. Los tipos A y B se heredan como
rasgos dominantes. El grupo sanguíneo queda determinado del siguiente modo: la
combinación de genes OO da lugar a la sangre de tipo O; las combinaciones de genes AA y
AO, dan lugar a la sangre de tipo A; las combinaciones de genes BB y BO dan lugar a la
sangre de tipo B y la combinación de genes AB, da lugar a la sangre de tipo AB.
Pero, además, en los distintos tipos de sangre, se desarrollan unos anticuerpos o aglutininas,
capaces de unirse a los aglutinógenos de la membrana de los hematíes y producir la
aglutinación de los mismos. Estos anticuerpos o aglutininas en la sangre de la persona
receptora de la transfusión, constituyen el peligro de una transfusión no compatible.
(1) En la sangre de tipo A, los eritrocitos solo tienen el antígeno A. Cuando en los glóbulos
rojos de una persona no hay antígeno B, su plasma contiene anticuerpos contra ese
antígeno, son los anticuerpos o aglutininas anti-B.
(2) En la sangre de tipo B, los eritrocitos solo tienen el antígeno B. Cuando en los glóbulos
rojos de una persona no hay antígeno A, su plasma contiene anticuerpos producidos de
forma natural contra ese antígeno, son los anticuerpos o aglutininas anti-A.
(3) En la sangre de tipo AB, los eritrocitos tienen los 2 antígenos, A y B. Cuando en los
glóbulos rojos de una persona hay los antígenos A y B, su plasma NO contiene ninguna de
las 2 aglutininas.
GRUPOS SANGUÍNEOS Rh
Además del sistema de grupos sanguíneos ABO hay otros sistemas que tienen importancia
en las transfusiones de sangre. El más importante de ellos es el sistema Rh. La principal
diferencia entre el sistema ABO y el sistema Rh está en que en el sistema ABO, las
aglutininas que causan reacciones de transfusión se desarrollan espontáneamente, mientras
que no sucede así en el sistema Rh. En este caso, la persona debe exponerse primero al
antígeno Rh, lo que suele producirse por transfusión casi siempre, antes de que se formen
suficientes aglutininas para causar una reacción por transfusión importante.
Los eritrocitos pueden tener diferentes antígenos del grupo Rh, pero el más frecuente es el
antígeno D. El antígeno de tipo D es el preponderante en la población y es también mucho
más antigénico que los otros antígenos del grupo Rh. Se considera que toda persona cuyos
hematíes posean el antígeno de tipo D es del grupo Rh+, mientras que las personas cuyos
hematíes no lo tienen son del grupo Rh-.
De todos modos no se debe olvidar que incluso en las personas del grupo Rh- pueden
producirse reacciones de transfusión por los otros antígenos del grupo Rh.
Durante un primer embarazo de un feto Rh+, una madre Rh negativa formará anticuerpos
antiRh como respuesta a la entrada de hematíes fetales en su sistema circulatorio. Esta
inmunización de la madre por los hematíes del feto puede producirse en cualquier momento
durante el embarazo, pero es más probable cuando la placenta se separa de la pared del
útero, en el momento del parto. Por esta razón, los anticuerpos anti-Rh se desarrollan en la
madre después del primer embarazo.
En el caso del sistema ABO no se producen estos problemas porque estas aglutininas son
IgM, de elevado peso molecular, que, por tanto, no cruzan fácilmente la placenta.
TIPIFICACIÓN DE LA SANGRE
En este caso, para tipificar la sangre es necesario utilizar un suero comercial que contenga
aglutininas anti-A y otro que contenga aglutininas anti-B. Se pone una gota de la sangre
quese quiere tipificar en cada uno de dos portas. En un porta se añade una gota de suero
anti-A y en el otro, una gota de suero anti-B.
Si se aglutinan los hematies de la sangre de los dos portas, la sangre examinada es del
grupo AB.
Si solo se aglutinan los hematies de la sangre del porta tratada con suero anti-A, la sangre
es del grupo A.
Si solo se aglutinan los hematies de la sangre del porta tratada con suero anti-B, la sangre es
del grupo B.
Los hematíes del grupo O no reaccionan con las aglutininas anti-A ni con las anti-B porque
no tienen aglutinógenos ni A ni B en su membrana, de ahí que a este grupo se le llame
donante universal. Se puede transfundir sangre del grupo O al grupo A, al B, al AB y al O.
El grupo O no puede recibir a ninguno de éstos, con excepción del suyo propio, es decir,
solo puede recibir al grupo O.
Los hematíes del grupo A reaccionan con las aglutininas anti-A, de modo que no se pueden
transfundir al grupo B ni al grupo O. Se puede transfundir sangre del grupo A al grupo A y
al grupo AB. El grupo A solo puede recibir sangre de los grupos A y O.
Los hematíes del grupo B reaccionan con las aglutininas anti-B, de modo que no se pueden
transfundir al grupo A ni al grupo O. Se puede transfundir sangre del grupo B al grupo B y
al grupo AB. El grupo B solo puede recibir sangre de los grupos B y O.
Los hematíes del grupo AB tienen ambos aglutinógenos y por tanto no se pueden
transfundir ni al grupo A ni al B ni al O. Solo se puede transfundir sangre del grupo AB a
su propio grupo, al grupo AB. En cambio estas personas pueden recibir transfusiones de
todos los grupos (O, A, B y AB) porque no tienen aglutininas en su plasma. De ahí que a
este grupo sanguíneo se le llame receptor universal.
(2) Sistema Rh
Para tipificar la sangre según el sistema Rh, se realiza una prueba similar a la del grupo
ABO, utilizando diferentes sueros comerciales anti-Rh. Si una persona Rh- núnca se ha
expuesto a sangre Rh+, la transfusión de esta sangre no le causará una reacción inmediata.
En algunas de estas personas se forman suficientes anticuerpos anti-Rh durante las
siguientes 4-6 semanas como para causar aglutinación de los hematies transfundidos que
aún se encuentren circulando por la sangre, pero como ya quedan pocos hematíes, no suele
ser un gran problema. Por el contrario, si se realizan nuevas transfusiones de sangre Rh+ a
estas personas, como ahora ya están inmunizadas contra el factor Rh y han desarrollado
anticuerpos anti-Rh, la reacción postransfusión aumenta considerablemente y puede ser tan
grave como la que ocurre con los tipos de sangre A y B.
En cambio, una persona Rh+ podrá recibir sangre tanto de su grupo como del grupo Rh-.
Cuando se realiza una transfusión con sangre incompatible, los anticuerpos o aglutininas de
la persona receptora de la sangre transfundida, reaccionan contra los antígenos de la
membrana de los eritrocitos de la sangre donante. Los eritrocitos de la sangre donante,
entonces, son aglutinados. Es decir, las aglutininas se adhieren a los eritrocitos y, como las
aglutininas se puedan unir a varios eritrocitos a la vez, se forman acúmulos de hematíes que
pueden obstruir vasos sanguíneos pequeños de todo el organismo. Los neutrófilos y
macrófagos fagocitan estos acúmulos de hematíes y liberan su hemoglobina a la sangre. Se
produce, pues, una lisis (hemólisis =destrucción) de los hematíes donantes con salida de su
hemoglobina a la sangre circulante.
Todo esto provoca la existencia de una gran cantidad de hemoglobina libre en el plasma.
Esta hemoglobina, no puede ser eliminada por los riñones y precipita, obstruyendo los
túbulos renales, ocasionando una insuficiencia renal aguda que puede ser letal.
HEMOSTASIA
Espasmo vascular
Formación de un tapón de plaquetas
Coagulación de la sangre
Crecimiento de tejido fibroso y fibrinolisis
Este espasmo vascular local puede prolongarse muchos minutos o, incluso horas, y, durante
ese tiempo, ocurren los fenómenos siguientes de la hemostasia.
Las plaquetas o trombocitos son discos redondos minúsculos de un diámetro de 2-4 micras.
No tienen núcleo. Se forman en la médula ósea a partir de los megacariocitos, como
protuberancias sobre la superficie de los megacariocitos que luego se desprenden y pasan a
la sangre. En condiciones normales, la concentración de plaquetas es de 150-400000/mm3
de sangre. Duran unos 8-12 días y después son eliminadas de la circulación principalmente
por los macrófagos, sobre todo a nivel del bazo.
Cuando las plaquetas entran en contacto con una superficie vascular lesionada cambian sus
características:
Esta vía es más compleja que la extrínseca y se activa de un modo más lento, en cuestión de
minutos.
Este factor hace fuertes los enlaces entre las moléculas de fibrina, incrementando
enormemente la resistencia de la red de fibrina. Los hilos de fibrina se adhieren a la
superficie lesionada de los vasos. De este modo el coágulo cierra la abertura vascular e
impide la pérdida de sangre.
El coágulo es un masa rojiza que está formado por una red de hilos de fibrina, en cuyo
interior quedan aprisionados hematíes, leucocitos y plaquetas. Pocos minutos después de la
formación del coágulo, se produce la retracción del coágulo, es decir, que éste comienza a
retraerse y exprime la mayor parte del suero en un plazo de 30-60 minutos. Al retraerse el
coágulo, los bordes del vaso sanguíneo lesionado se reúnen contribuyendo a la hemostasia
final. En el proceso de la retracción del coágulo intervienen las plaquetas.
En el organismo humano, en condiciones normales la coagulación se activa por las dos vías,
intrínseca y extrínseca.
En un tubo de ensayo, la sangre se coagula por la vía intrínseca. Para evitarlo, hay que
añadir al tubo de ensayo sustancias quelantes del calcio como son el citrato o el oxalato.
Los iones calcio son imprescindibles en el proceso de coagulación. Sin calcio es imposible
que tenga lugar la coagulación de la sangre.
El hígado sintetiza las proteínas que intervienen en la coagulación. De ahí que muchas
enfermedades hepáticas cursen con transtornos de la coagulación.
La protrombina y los factores de la coagulación VII, IX y X necesitan vitamina K para ser
fabricados, de modo que deficiencias de esta vitamina ocasionan riesgo hemorrágico.
Entre las globulinas (un tipo de proteínas) del plasma existe el plasminógeno. Cuando se
forma un coágulo, gran cantidad de plasminógeno se incorpora al mismo junto con otras
proteínas plasmáticas. Tanto los tejidos lesionados como el endotelio vascular segregan
sustancias que pueden activar el plasminógeno y convertirlo en plasmina, lo que sucede un
par de días después de formado el coágulo. La plasmina es un enzima proteolítico que
digiere la fibrina y otros agentes de la coagulación y que, por tanto, disuelve los coágulos a
lo largo de varios días. Quizás una función importante de la plasmina sea suprimir coágulos
muy pequeños en los millones de vasos periféricos que acabarían por quedar obstruídos si
no hubiese algún sistema encargado de su limpieza.
Actividades:
1. Leer la clase.
2. complementar con el PowerPoint ya
explicado en clase y que Uds. ya
tienen.
3. Responder las siguientes preguntas:
4. Qué es la sangre?
5. qué es la inmunidad?
6. cómo esta compuesto el sistema
circulatorio?
7. cuáles son los elementos figurados de la
sangre?
8. dónde se forman los glóbulos rojos y
dónde los blancos?
9. cuáles son los componentes de la
sangre?
10. cuáles son las funciones del sistema
sanguíneo?
11. que es la hemoglobina, que transporta?
12. que tipos de inmunidad conoce?
13. cuáles son las funciones del sistema
inmune?
14. qué órganos forman el sistema inmune?
15. que son los grupos sanguíneos y cuales
son, cual es el dador universal?
16. que es la coagulación de la sangre?