Cap. 2
Cap. 2
Capitulo 2
Ya hemos visto que, ante los nuevos retos de la situación actual, es importante concentrarla
atención sobre el significado y exigencias de la opción evangelizadora. Es el marco necesario hoy
para colocar la acción catequética dentro de un proyecto pastoral convincente de talante
renovador. Sólo en ese contexto la catequesis podrá ser un instrumento eficaz de formación
cristiana y de renovación eclesial.
En la Iglesia de hoy por todas partes se habla de evangelización, de opción evangelizadora, de la necesidad
de pasar de una pastoral de conservación a una pastoral evangelizadora y misionera. Los dos últimos
decenios, a caballo del año 2000, han visto solemnes proclamaciones de los episcopados poniendo en el
centro de la atención pastoral la urgencia de la tarea evangelizadora1.
Pero, ¿podemos decir que esta exigencia ha sido tomada en serio?; ¿estamos realmente ante una Iglesia
“en estado de evangelización?”; ¿tenemos ideas claras sobre lo que es y supone hoy la acción
evangelizadora?.
Es cierto que por doquier se han hecho esfuerzos en este sentido. Pero por lo general, y ajuicio de no pocos
observadores, la respuesta debe ser más bien negativa. En 2006, treinta años después de Evangelii
nuntiandi tenemos que reconocer que el objetivo de “poner a la Iglesia en estado de misión” (J. Suenens)
está muy lejos de haberse conseguido.2
Es fácil constatar que nuestra opción pastoral sigue anclada por lo general en las pautas de la praxis
tradicional, concentrada en el ámbito intraeclesial. De ahí los evidentes síntomas de la falta de
evangelización: el descenso del número de creyentes, la expansión de un secularismo cerrado a toda
inspiración cristiana, el oscurecimiento del rostro del Dios cristiano la crisis profunda de todas las
mediaciones cristianas (la Iglesia, la comunidad, los sacramentos), la falta de incidencia de los cristianos
en la sociedad, en la cultura, en la política, etc.3
“Esta situación, que hace prácticamente imposible la “transmisión de la fe” a las generaciones más jóvenes,
que son las más afectadas por la crisis, está poniendo en peligro el futuro del cristianismo, o de un cierto
cristianismo, en nuestro continente [Europa]”.4
Es una idea falaz pensar que existan unas Iglesias ya evangelizadas, a las que se trata de movilizar a la
evangelización ante una sociedad dominada por la in-creencia. Por lo que se refiere a Europa, hay que
reconocer que no solo ella es país de misión sino que lo son las mismas Iglesias europeas y que, por tanto,
1Cf. por ejemplo: Francia (1996) 37-84; Italia (2001); Alemania (2000); CONFERENCIA EPISCOPAL
ESPAÑOLA, Plan pastoral de la conferencia Episcopal Española 2006-2010. Madrid, EDICE 2006; Aparecida 1.
2“Hace muchos años que estamos hablando de parroquia misionera, de pastoral evangelizadora, pero nuestros
métodos y nuestras aspiraciones han cambiado bastante poco”: F. SEBASTIAN, Los eles laicos, Iglesia
presente y actuante en el mundo, “Vida Nueva” n. 2.450 (4-XII-2004) 24.
3Cf. F. MARTINEZ DIEZ, “¿Qué es evangelizar hoy? Hacia la Evangelii nuntiandi del año 2005”, en: F.
ELIZONDO et al., Evangelizar, esa es la cuestión. En el XXX aniversario de Evangelii nuntiandi. Madrid, PPC
2006, 70-73.
4J. MARTIN VELASCO, “Re exión sobre los medios para la evangelización, en el XXX aniversario del
Evangelii nuntiandi”, en: ELIZONDO et al., Evangelizar, esa es la cuestión, 93-95.
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si el cristianismo esta en grave crisis, es porque las Iglesias son incapaces de evangelizar.5 Es esta una
convicción básica, como reconocen, entre otros, los obispos franceses y alemanes:
“Es un trabajo permanente de formación y reapropiación de nuestra fe, del que no podemos dispensarnos.
Toda nuestra Iglesia debe ponerse aún más en estado de iniciación, percibiendo y acogiendo con mayor
determinación la novedad del Evangelio para poder anunciarlo ella misma”.6
“En este sentido es correcto afirmar que la “autoevangelización” de la Iglesia tiene que preceder la nueva
evangelización del mundo”.7
El término “evangelización”,8 poco presente en los documentos del Vaticano II, Ha experimentado desde
el pos-Concilio una a explosión de actualidad, sobre Todo raíz del Sínodo de Obispos de 1974 y el
documento de Pablo VI “Evangelii nuntiandi” (1975). A partir de los años 80 y 90 se generalizó la
expresión “nueva Evangelización”.9
Evangelii nuntiandi ha significado un viraje importante: la evangelización, considerada por mucho tiempo
tarea de frontera en las “tierras de misión”, ha sido proclamada misión esencial de toda la Iglesia:
“Con gran gozo y consuelo hemos escuchado nos, al final de la Asamblea de octubre de 1974, estas palabras
luminosas: “Nosotros queremos confirmar una vez más, que la tarea de la evangelización de todos los
hombres constituye la misión Esencial de la Iglesia”: una tarea y misión que los cambios amplios y profundos
de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación
propia de la Iglesia, su identidad más profunda” (EN 14).
Ya en el Nuevo Testamento se constata una fluctuación de significado del verbo “evangelizar”.10 A veces
indica la proclamación del “kerygma”, es decir, el anuncio público de la salvación de Dios ofrecida a los
hombres en Jesucristo y muerto resucitado, o bien la actividad de la Iglesia, que con la palabra y la vida
anuncia y hace operante la salvación. El núcleo de la evangelización es siempre el “Evangelio”, que es al
mismo tiempo Buena Nueva de salvación, proclamación de la llegada del Reino de Dios, revelación del
“misterio” en Dios, anuncio la Pascua de Cristo, suprema revelación de Dios y de su designio en la
historia.11
5 MARTIN VELASCO, “Re exión sobre los medios para la evangelización”, 96.
8Cf. D. GRASSO, “Evangelizzazione. Senso di un termine”, en: M. DHAVAMONY (ed.), Evangélisation. Roma,
Univ. Gregoriana 1975, 21-47.
“Podemos concluir que el examen del término “evangelización” en los documentos conciliares nos permite
distinguir en ellos una triple acepción: o la sola predicación misionera (Ad Gentes 6,26), o todo el ministerio
de la palabra (Lumen Gentium 35, 18; Christus Dominus 6,10; Gaudium et spes 44,13;) Apostolicam
Actuositatem 2, 20; etc.) o toda la actividad de la Iglesia (Ad Gentes, 23,6; 27.15; etc.). En este último sentido
evangeliza todo lo que promueve, organiza o colabora con la acción de la Iglesia para difundir el Evangelio
entre los pueblos que aún no lo conocen”.12
“La evangelización, hemos dicho, es un proceso complejo, con elementos variados: renovación de la
humanidad, testimonio, anuncio explícito, adhesión del corazón, entrada en la comunidad, acogida de los
signos, iniciativas de apostolado” (EN 24).
Esta acepción amplia también aparece en el Directorio General para la Catequesis de 1997:
“Anuncio, testimonio, enseñanza, sacramento, amor al prójimo, hacer discípulos: todos estos aspectos son
vías y medios para la transmisión del único Evangelio y constituyen los elementos de la evangelización. [...]
Los agentes de la evangelización han de saber operar con una “visión global” de la misma e identificarla con
el conjunto de la misión de la Iglesia” (DGC 46).
“Según esto, hemos de concebir la evangelización como el proceso por el que la Iglesia, movida por el
Espíritu, anuncia y difunde el Evangelio en todo el mundo” (DGC 48).
Podemos decir que, en la conciencia eclesial se entiende por evangelización el anuncio y testimonio del
Evangelio dados la Iglesia en el mundo mediante todo lo que ella dice, hace y es.
La evangelización abarca en cierto sentido toda la tarea de la Iglesia en la medida en que anuncia,
atestigua y realiza el Evangelio del Reino. Esto no acontece de forma automática, como si fuera suficiente
la vida ordinaria de la Iglesia, realizada de cualquier modo, para que se lleve a cabo la acción
evangelizadora. No; se necesita una profunda reconversión de la presencia cristiana, pues la acción de la
Iglesia no evangeliza,
“no tiene pleno sentido, más que cuando se convierte en testimonio, provoca la admiración y conversión, se
hace predicación y anuncio de la Buena” (EN 15).
Esta concepción global de la tarea evangelizadora nos lleva a repensar toda la acción de la Iglesia en
función de la de un cambio de orientación. Se impone un cambio de orientación: la evangelización debe
llegar a ser una dimensión del conjunto de la pastoral de la Iglesia, que incluye tanto la acción
evangelizadora hacia fuera como todo el conjunto de la praxis intraeclesial.
Es preciso por tanto replantearse a fondo el sentido mismo de la misión evangelizadora ¿concebir la
misión de la Iglesia en el mundo actual?; ¿qué proyecto pastoral habrá que adoptar, si queremos de verdad
superar la crisis de credibilidad de los cristianos y ser evangelizadores en el mundo de hoy?
13Cf. GRASSO, “Evangelizzazione. Senso di un termine”, 42. Véase también la clara exposición de GEVAERT,
Primera evangelización 12-14.
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que, durante siglos, ha concentrado la misión de la Iglesia en de los «pastores» (obispos, sacerdotes,
religiosos).
Partimos de la visión conciliar de la Iglesia (cf. LG 48) como “sacramento universal de salvación”,
evocando los tres momentos fundamentales de su dinamismo vital: convocación - comunión - misión. La
Iglesia es convocación, “eclesial” (reunión de convocados); se manifiestan esencialmente como comunión;
y es enviada en misión, como pueblo mesiánico en medio del mundo. Convocación, comunión y misión
son los hitos de un ritmo vital que, como sístole y diástole, llevan a la Iglesia a recogerse para dispersarse,
a reunirse para ser continuamente lanzada hacia el mundo, para ser testigo del Reino, del que es germen y
primicia.
Vista en su conjunto, la acción evangelizadora eclesial se articula ante todo según sus niveles de
importancia, según el grado de proximidad respecto al fin último de la Iglesia. Podemos distinguir así
cuatro fundamentales niveles operativos:
Un primer rasgo esencial caracteriza la tarea de la iglesia: el hecho de no existir para sí mismo sino al
servicio de un plan divino que supera con muchos límites del ámbito eclesial: el proyecto del Reino de
Dios. Este proyecto -llamado también plan universal de salvación, construcción del cuerpo de Cristo,
unidad del género humano, paz mesiánica, vida en plenitud, etc.- Es “la irrupción gratuita de Dios que se
hace presente con su misericordia y con su gracia,”14 el plan grandioso de Dios sobre la humanidad, que en
Cristo y por medio del Espíritu, se realiza en la historia. Es la realización del mundo como Dios lo quiere,
la ideal fraternidad universal compartida. El Reino de Dios es “la nueva realidad de un mundo y una
humanidad transformada y regida por el amor”.15 Dicho con otras palabras:
“presencia y amor del padre ofrecido a todos los seres humanos para aportarles reconciliación, liberación y
comunión. Mediante la acogida de este don y su compromiso para hacer fructificar, el ser humano y accede a
su verdadera humanidad”.16
15F. CAMACHO, “Iglesia”, en: J. A. ESTRADA DÍAZ (ed.), 10 palabras claves sobre la Iglesia. Estella (Navarra),
Editorial Verbo Divino 2007,99.
20 “Ella es su signo. En ella se mani esta, de modo visible, lo que Dios esta llevando a cabo silenciosamente en
el mundo entero”: Puebla 227.
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más que empezar a valorar las implicaciones y las consecuencias de esta afirmación”.21 Aquí encontramos
el sentido auténtico de la misión eclesial:
“La tarea decisiva de la iglesia consiste en anunciar el reino de Dios y, con la ayuda de Dios, realizarlo en la
historia, con la mayor dilatación posible la Iglesia no es otra cosa sino el instrumento simbólico (con la
palabra y el sacramento) y social (con la comunidad y solidaridad hacia adentro y afuera) para el anuncio y
realización germinal del “Señorío” liberador entre los hombres de un Dios amante del hombre”.22
La Iglesia constituye una mediación histórica providencial, pero sus fronteras no abarcan ni limitan la
realización del Reino, sino que como “pueblo mesiánico” tiene la misión de anunciar y ser primicia de este
mismo Reino. Ella es “el Sacramento de la salvación para el mundo que de hecho, en su mayor parte, es
salvado por la gracia de Dios fuera de toda institucionalidad eclesial”.23
“En el mundo para el mundo”: esto obliga también la repensar la Iglesia-mundo. El mundo (la humanidad
histórica) no es en sí extraño u opuesto al proyecto del reino, ni solamente campo de aplicación del plan
salvador, sino que haciende al rango del lugar de realización del Reino en la medida que se cunda el
impulso del Espíritu. La Iglesia, como porción del mundo, se proclama” sierva de la humanidad”24 y
“camina con toda la humanidad, experimenta la suerte terrena del mundo y su razón de ser es actuar como
fermento y como alma de la sociedad, que debe renovar en Cristo y transformarse en familia de Dios” (GS
40)
Es el proyecto del Reino y por tanto la suerte de la humanidad es el punto de mirada de los afanes
evangelizadores. Se supera así la obsesión eclesiocentrica (Iglesia preocupada por sí misma, de su
conservación y expansión) para asumir una orientación misionera como pueblo mesiánico que se siente
enviado al corazón del mundo para testimoniar y servir.
Es un ángulo de visión que resalta el sentido profundo del anuncio evangelizador como un servicio
desinteresado y como un testimonio de amor.
“El anuncio de la fe está indisolublemente vinculado al servicio y es, en sí mismo, un acto de caridad con el
que el testigo ofrece a otra persona lo mejor que posee, no ante todo para convertirlo, sino para testimoniar el
amor que le tiene”.25
Vista a la luz del evangelio del Reino, la evangelización es también anuncio y testimonio de la presencia
del Espíritu Santo en la humanidad, del continuo emerger de los valores del Reino más allá de las fronteras
confesionales, dondequiera que haya hombres y mujeres de buena voluntad:
“En este contexto se comprende que evangelizar es estimar y valorar el “ya ahí” le “deja la” de la vida del
espíritu Santo en el dinamismo que anima a nuestros contemporáneos, a fin de que el evangelio pueda llegar a
convertir, a renovar a esos dinamismos y a reajustarlos continuamente al Espíritu que los suscita”.26
22 O. FUCHS, Was ist neuevangelisierung?, “Stimmen der Zeit” 117 (1992) 466.
25A. FOSSION, Le renouveau catéchética. A propos d´une thèse récente, “Lumen Vitae” 62 (2007)2, 236.
Podemos recordar el ejemplo de Madre Teresa de Calcuta, cuya solicitud se dirigía a los más pobres y
desheredados de la India. La mayoría de ellos eran hindúes, y permanecían hindúes, y Madre Teresa los
ayudaba a morir como buenos hindúes. A ella l interesaba simplemente hacerles vivir una experiencia de amor
auténtico, ser signo del amor de Dios por los últimos.
26 J.- L. SOULETIE, La catéchése ou la gráce d´initier dans un monde pluraliste, “Lumen Vitae” 62 (2007)2, 143.
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2.2. Las funciones o mediaciones eclesiales (“signos evangelizadores “) al servicio del Reino:
diaconía, koinonía, martyria, liturgia (segundo nivel)
La tarea de la iglesia – el servicio el reino – no puede limitarse a colaborar con los hombres de buena
voluntad en la labor transformadora de la humanidad. Aun siendo verdad que los cristianos compartimos
con toda la responsabilidad común en la construcción de un mundo mejor,
“en cuanto cristianos, nuestra misión específica es otra: poner de manifestó que tienen que ver esos
problemas con el Evangelio de Jesús (o con la fe cristiana y sus valores) y qué tienen que aportar el Evangelio
de Jesús y la fe cristiana a la solución de los mismos”.28
Es decir, en cuanto depositaria del “Misterio” revelado por Dios en Cristo, la Iglesia tiene la misión
específica de iluminar y estimular la historia de los hombres, para que se acerque, de manera formal y
consciente, al ideal del Reino. Y así actúa su sacra mentalidad (“Sacramentó del Reino”) por medio de las
mediaciones o funciones Eclesiales.
Tradicionalmente se ha clasificado estas funciones según el esquema de los “tres oficios” de Cristo:
Sacerdote, profeta y Rey, distinguiendo así un triple ministerio eclesial: Litúrgico, profético y real.29 Pero
esta división no es vinculante,30 ni refleja las reales modulaciones del que hacer eclesial. Resulta más
convincente una división cuadripartita que enlaza con la función sacramental de la Iglesia en cuanto signo
e instrumento del Reino de Dios.31 El ideal del Reino se hace visible en el mundo por medio de cuatro
formas fundamentales de visibilidad eclesial:
De este modo, la Iglesia debe ser en este mundo el lugar por excelencia del servicio, la fraternidad, el
anuncio y la fiesta, con referencias a cuatro aspectos antropológicos básicos: la acción, la relación, el
pensamiento y la celebración. Las llamamos “funciones “o “mediaciones “: cuatro formas de ser en el
mundo “Sacramento” del Reino, cuatro “signos evangelizadores”.
28 Ibid., 62.
29Cf. por ejemplo: C. FLORÍSTAN - M. USEROS, teología de la acción pastoral. Madrid, BAC 1968, 258-269
(ministerio profético, litúrgico y hodegético); W. KASPER, Elemente einer Theologice der Gemeinde, “Lebendige
Seelsorge” 26 (1976)5, 296 (Verkündigung (Predicación), Liturgíe, Diakonía); L. MALDONADO, “acciones
eclesiales”, en Nuevo Dic. Past. 27 (Martyría, leiturgia, diakonía), etc.
30Cf. J. FUCHS, Origines d´une trilogie ecclésiologique á l´époque rationaliste de la théologie, “Rev. Scienc.
Philos, et Théol.” 53 (1969) 186-211. También Congar relativiza la división tripartita: cf. Y. CONGAR, Ministerios
y comunión eclesial. Madrid, Fax 1973, 45-48.
31 Muchos autores adoptan hoy división cuatripartita Cf. M. VIAU, “Les actes fondateurs de la théologie
pratique”, en: G. ROUTHIER - M. VIAU (eds.), Précis de théologie pratique. 2 ed. Bruxelles/Montréal/Ivry-sur-
Seine, Lumen Vitae/Novalis/Éditions de l´Atelier/Editions Ouvrières 2007, 237-249; P. F. SCHMID, Im Anfang ist
Gemeinschaft. Personzentrierte Gruppenarbeit in Seelsorge und Praktischer Theologie (…). Stuttgart Berlin
Köln, W. Kohlhammer 1998, 96-97; C. FLORISTÁN, Teología Práctica. Teoría y praxis de la acción pastoral.
Salamanca, Sígueme 1991, 215-226. Esta división subraya justamente el carácter “sacramental” (en cuanto
signo del Reino) y non sólo “funcional” del signo de la koinonía (cf. Hch 2, 42-47).
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Diaconía. El signo de la diaconía, con su carga evangelizadora y su riqueza de expresión (amor y servicio,
promoción, liberación, solidaridad), responde al deseo de hallar una alternativa a la lógica del dominio y
egoísmo que envenena la convivencia humana. La comunidad cristiana está llamado a manifestar un modo
nuevo de amar y de servir, una tal capacidad de entrega a los demás que haya creíble el anuncio evangélico
del Dios del amor y del reino del amor.
Martyría. Signo de la martyría o función profética (primer anuncio, catequesis, predicación, reflexión
teológica) debe brillar en el mundo como anuncio liberador y clave de interpretación de la vida y de la
historia. Ante la demanda de sentido y experiencia del mal, que induce a tantos hombres al fatalismo y a la
desesperación, los cristianos deben ser portadores de esperanza, “enemigos de lo absurdo, profetas del
significado”,32 a través del anuncio de Jesús de Nazaret, que revela el amor del Padre e inaugura la venida
del Reino.
Liturgia. El signo de liturgia en sentido amplio (eucaristía, sacramentos, año litúrgico, devoción, oración)
abarca el conjunto de ritos, símbolos y celebraciones de la vida cristiana como anuncio y don de salvación.
Responde a la exigencia de celebrar la vida y de acoger y expresar en el rito el don de la salvación. Ante
los límites mortificantes de la racionalidad y de la falta de sentido, la comunidad cristiana esta llamada a
crear espacios en donde la vida y la historia, liberadas de su opacidad, sean celebradas y exaltadas como
proyecto y lugar de la realización del Reino. En la Eucaristía, sacramentos, fiestas y devociones que
jalonan la experiencia de la fe, los cristianos deben anunciar y celebrar, con alegría y agradecimiento, la
plenitud liberadora de la vida nueva manifestada en Cristo.
Estos signos evangelizadores manifiestan la misión de la Iglesia en el mundo: ofrece a todos, como signo y
primicia del proyecto de Dios, los cuatro grandes dones de que es portadora: un nuevo modo de amor
universal, una nueva forma de convivencia fraterna, un mensaje y un testimonio henchidos de vida y de
esperanza, un conjunto de ritos transparentes y expresivos de una vida en plenitud. A través de estos signos
la Iglesia cumple su misión evangelizadora y da su aportación específica e insustituible a la realización
del Reino de Dios.
Para una recta comprensión de estos signos eclesiales, aquí un par de puntualizaciones.
— Las funciones eclesiales no pueden separarse entre sí como realidades independientes, ya que
cada una de ellas participa en mayor o menor medida de la naturaleza de las otras. Más aun es fácil
comprobar que ninguna de ellas posee autenticidad y transparencia evangelizadora si queda
desligada de las demás.33 De ahí que constituyan un todo orgánico, signo de la globalidad de la
experiencia cristiana eclesial. La presencia armónica de las cuatro llega a ser un criterio de
autenticidad cristiana y eclesial en la acción pastoral. Y en todo caso, no se debe olvidar que estas
funciones son signos realmente evangelizadores si gozan de transparencia teologal, es decir, si
remiten a Dios como sujeto, como amor, comunión, Verdad, Vida, etc.
— Fácilmente surge la pregunta: ¿es posible establecer una jerarquía, un orden de importancia,
entre estos signos evangelizadores? Pues bien, si se toma como criterio valorativo el objetivo final
del Reino de Dios, se puede afirmar que la diaconía y la koinonía gozan de una cierta primicia,
dado que apuntan, en forma más directa a los valores fundamentales del Reino: el amor y la
comunión Son signos que contienen ya en forma preeminente la realidad significada (la “res
sacramenti”) mientras que el ministerio de la palabra (martyria) y la liturgia resultan más
vulnerables y falsificables, pudiendo degenerar más fácilmente en retórica, palabra vacía
32Cf. P. RICOEUR, “tareas de la comunidad eclesial en el mundo moderno”, en: Teología de la renovación.
Salamanca, Sígueme 1972, 200.
33 Así, por ejemplo, la acción caritativa o el compromiso social, si no están animados por la savia inspiradora de
la palabra o del sacramente, pueden quedarse en un simple testimonio e sensibilidad social o de lantropía,
privados de calidad evangelizadora.
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ritualismo. Quiere decir que la Iglesia cumple más su misión evangelizadora en el mundo por lo
que hace y es que por lo que dice y celebra?.34
2.3. Los ámbitos del proceso evangelizador: acción misionera, acción catecumenal, acción
“pastoral”, presencia y acción en el mundo (tercer nivel)
“El proceso evangelizador [... ] esta estructurado en etapas o “momentos esenciales”: la acción misionera
para los no creyentes y para los que viven en la indiferencia religiosa; la acción catequético - iniciatoria para
los que optan por el Evangelio y para los que completar o reestructurar su iniciación; y la acción pastoral para
los fieles cristianos ya maduros, en el seno de la comunidad cristiana” (DGC 49).
He aquí una sucesión que, con el complemento de la «presencia y acción en el mundo, describe el
dinamismo ideal del quehacer evangelizador en su concreta realización:
Acción misionera: es el primer paso del proceso evangelizador y se dirige a los no creyentes o a cuantos
viven religiosamente alejados. Asume formas variadas: presencia, servicio, diálogo, testimonio, hasta
llegar al anuncio explícito del Evangelio.
[La Iglesia] impulsada la caridad, impregna y transforma todo el orden temporal, asumiendo) renovando
las culturas; da testimonio entre los pueblos de la nueva manera de ser y de vivir que caracteriza a los
cristianos; y proclama explícitamente el Evangelio, mediante el "primer anuncio", llamando a La
conversión » (DGC 48).
Presencia y acción en el mundo: es la proyección de la acción eclesial hacia las distintas formas de
testimonio evangélico en la sociedad: promoción, humana, acción social y política, acción educativa y
cultural, fomento de la paz, compromiso ecológico. Es una dimensión que merece atención especial, pues
con frecuencias se descuida, es aquí donde los cristiano deben salir de su coto interno para ponerse al
servicio del reino de Dios en el mundo.
Consideramos ahora el aspecto institucional de la acción eclesial, que comprende las personas, servicios y
estructuras necesarias para el cumplimiento de la misión (la disciplina eclesiástica, y leyes y reglamentos y
agentes pastorales, la organización de las diócesis, los organismos colegiales, etc.). Son problemas y
realidades, de por sí necesarias, que condiciona la manera relevante el ejercicio de la labor evangelizadora.
Hay que subrayar que este cuarto nivel institucional es esencialmente relativo y funcional a los demás
respecto toda su razón de ser consiste en hacer posible el ejercicio de las funciones eclesiales y, en
definitiva, Servicio del Reino. Fuera de esta esencial referencia, el aparato institucional de la Iglesia se
convierte en obstáculo y antitestimonio en orden a la evangelización. Corresponde por eso a la naturaleza
evangélica de la Iglesia verificar su efectiva funcionalidad y actuar con valentía las oportunas reformas,
34Se podría objetar que la primacía compete a la liturgia, “cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al
mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza” (culmen et fons: SC 10). Pero, como veremos más
adelante (cap. 9), esto signi ca que la liturgia es cima y fuente de todo el conjunto de la experiencia eclesial
(servicio, comunión, anuncio y celebración). sin el substrato de la “liturgia de la vida” y la práctica del amor,
ejercicio fundamental del sacerdocio real de los cristianos, los ritos litúrgicos y la misma eucaristía se reducen
bien pronto a gestos retóricos y vacíos.
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manteniendo aquella ductilidad y libertad propias de su misión como sacramento del Reino.35 En su
inspiración originaria, la Iglesia de Cristo posee muy pocos elementos institucionales esenciales
inmutables, por lo que debe revisarlos en cada época histórica para adaptarlos a las exigencias de la
misión.
El esquema presentado refleja un cuadro esencial que, en las distintas épocas y contextos culturales, asume
rasgos y contornos concretos, privilegiando algunos aspectos y dando contenidos particulares a sus
distintos elementos.36 A lo largo de la historia se pueden observar distintos modelos de articulaciones de la
acción pastoral de la Iglesia. Aquí nos interesa destacar como actualmente se ve cada vez con más claridad
la necesidad de superar un modelo tradicional, comúnmente llamado “de cristiandad”, para realizar una
verdadera “conversión pastoral”, hacia una Iglesia en estado de evangelización.
El desarrollo de la acción pastoral, en muchas comunidades, sigue por lo general unos esquemas heredados
del pasado que, con modalidades y acentos peculiares, delatan la persistencia de un estilo operativo que
convencionalmente llamamos “tradicional” o “de cristiandad”. En un intento global de esquematización,
podemos resumir un gráfico los rasgos dominantes de este modelo pastoral (véase en la pag. 56 el
esquema PASTORAL DE CRISTIANDAD).
En este, modelo, el momento, litúrgico - devocional ocupa un lugar preferente en el conjunto de la acción
pastoral. Misas, sacramentos, cultos y fiestas, devociones y religiosidad popular absorben la mayor parte
del quehacer pastoral. Se desea ante todo fomentar la práctica religiosa de los fieles y contar con el mayor
número posible de “practicantes”.
— La koinonía resulta condicionada por las estructuras organizativas de la parroquia, que a menudo
se presenta como una agencia de servicios religiosos o como una organización orientada hacia
actividades de tipo devocional-litúrgico o a obras de beneficencia.
Este modelo pastoral desconoce la lógica del proceso de evangelización. Se supone la existencia de un
“pueblo cristiano” y se piensa que la evangelización tenga sentido solamente en regiones lejanas y en los
pueblos paganos. En consecuencia:
35 Cf. J. MATEOS, Cristianos en esta. Madrid, Cristiandad 1972, 209-212 (“La estructura”).
36 Véanse, por ejemplo, las interesantes re exiones, a la luz de la historia, de: M. SOTOMAYOR, discípulos de
la historia. Estudios sobre cristianismo. Granada, Ed. Univ. de Granada 2002.
— La acción catecumenal brilla por su ausencia, ya que no hay - así se piensa - candidatos adultos
al bautismo y que la iniciación cristiana se desarrolla como acción pastoral dentro de la comunidad
cristiana.
— La acción pastoral “ad intra” ocupa todo el espacio del que hacer eclesial, concentrado en la
vida y la práctica religiosa de la comunidad que se conserva fiel. En cierto sentido se invierte el
sentido de la parábola de la oveja perdida: se presta mucha atención y cuidado para la única oveja
que queda en el redil, descuidando las noventa y nueve que se han perdido fuera. Dentro de esta
lógica intraeclesial, no faltan iniciativas para hacer volver a la práctica religiosa a los llamados
“lejanos”, como en el caso de las misiones populares.
Si nos fijamos en el nivel institucional, este estilo pastoral se distingue por su carácter clerical, pues casi
toda la acción se concentra en las manos de clero, (obispos, sacerdotes, religiosos) y está muy controlada
por la autoridad o extendida a los laicos en forma subordinada y puramente ejecutiva. Se ve la crisis
vocacional y la escasez de sacerdotes como la más grave amenaza al desarrollo de la actividad pastoral.
Además la vida eclesial resulta atiborrada por una serie complicada de prescripciones, leyes y reglamentos
que aborden en gran medida de atención y tarea de los responsables. En la acción pastoral predominan
factores institucionales y jurídicos (incluso económicos), con grave menoscabo de la eficacia
evangelizadora.
Eclesiocentrismo y autosuficiencia
En esta visión pastoral, la Iglesia defiende su protagonismo en la sociedad, casi como única poseedora de
la verdad y de la salvación, depositaria de los valores del Reino, con el que prácticamente se identifica.
Piensa que debe cumplir una misión reafirmándose e incrementándose así misma, conquistando el mayor
número posible de adeptos, recuperando espacios de poder y de influencia. Es la posición claramente
afirmada ya en Catecismo Romano de 1566 (n. 932):
“La petición “venga a nos tu reino” tiene una amplitud de intención universal pedimos en ella que el reino de
Cristo que es la Iglesia se dilate por todas partes: que los infieles y judíos se conviertan a la fe de Jesucristo y
reciban en sus corazones la revelación del Dios vivo y verdaderos que los herejes y cismático retornen a la
verdadera fe y vuelvan a entrar en la comunión de la Iglesia, de la que viven separados”.
— La mayor preocupación por el bien de la Iglesia y la defensa de sus intereses que por el bien de
la sociedad y de los hombres en general;
38 Cf. H. TERÁN, La Iglesia sacramento del Reino, “ITER” (Caracas) 17 (2006)40, 19.
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Este cuadro se presenta muy esquemático, casi caricatural, pero denuncia los rasgos típicos de un modelo
pastoral que hoy día resulta ineficaz, superado, sin futuro. Es un estilo desfasado para nuestra época y
abocado al fracaso, incapaz de responder a los retos que el mundo actual lanza a la misión evangelizadora
de la Iglesia. Es verdad que la situación es compleja y que son muchas y muy variadas las causas de la
crisis pastoral que padecemos. Pero no se puede negar la responsabilidad de una acción pastoral que no
está a la altura de las urgencias actuales. No tiene sentido quedar aferrados a esta pastoral “tradicional” o
de “mantenimiento”: se impone una profunda revisión y conversión, para llegar a ser auténticamente
evangelizadora.
Si queremos bosquejar ahora un cuadro, aunque sea esquemático, de los rasgos de la invocada “conversión
pastoral”, una especie de proyecto pastoral de una Iglesia evangelizadora, salta a la vista la complejidad
de semejante intento, tanto más si se piensa que cada lugar, cada región e Iglesia particular, ha de elaborar
su propio e irrepetible proyecto pastoral, según las circunstancias en que se debe realizar.
No obstante, es posible destacar algunas tendencias e imperativos presentes en la iglesia de hoy (véase en
la pag. 56 el esquema (PASTORAL EVANGELIZADORA).39
La visión de la Iglesia como “sacramento del Reino” está reclamando un giro decisivo en la orientación
global de la evangelización.40 proyecto del Reino, y por tanto destino de la humanidad entera, deben ser la
pasión dominante de la acción eclesial. Habrá que superar toda obsesión eclesiocentrica (Iglesia
preocupada de sí misma, de su conservación y expansión) y toda nostalgia de situaciones para asumir
orientación misionera, como pueblo mesiánico enviado en medio del mundo para dar testimonio y servir.41
En el mundo de hoy, con sus problemas y expectativas, debe dictar de alguna manera el programa a
realizar, el “orden del día” de las sugerencias eclesiales:
“La Iglesia no es un fin en sí misma; no existe para sí, sino para servir a la humanidad; está en función del
Reino, que es la esperanza y el futuro anunciada por Jesús y anticipada en su vida y en su obra. “La Iglesia
solo es Iglesia de Cristo si existe para el mundo, y no para sí” (Dietrich Bonhoeffer). Según esto, la tarea
principal de la Iglesia no ha de ser que todo dentro de ella funcione bien o que vaya creciendo el número de
sus fíeles, sino hacer llegar a toda la humanidad la Buena Noticia de Jesús. “La Iglesia ha sido convocada para
ser enviada”. Su verdadera preocupación tiene que ser que mensaje anuncia a los seres humanos que hace por
ellos, qué salvación les aporta, que esperanza les abre, qué vida les ofrece.
Ante todo, la Iglesia ha de ponerse lado de los pobres, de los oprimidos, de los marginados, de los que no
cuentan o no tienen voz en la sociedad, para hacerles ver que son tan hijos de Dios como el que más y que
tienen asegurado todo cariño, para acompañarlos en su camino y liberación y para conseguir que puedan tener
una vida digna y que disfruten de los derechos fundamentales inherentes a todo ser humano. Y aquí entraría la
misión profética de la iglesia, que consiste, fundamentalmente, en la denuncia, en nombre de Dios, de toda
39 Véase, por ejemplo, ELIZONDO et al., Evangelizar, esa es la cuestión, y las propuestas concretas de C.
FLORISTÁN, “Prioridades pastorales”, en Nuevo Dic. Past. 1203-1208 y F. J. VITORIA “Retos a la pastoral”,
ibid. 1289-1299; ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE CATEQUETAS (AECA), Hacia un nuevo paradigma de la
iniciación cristiana hoy. Madrid, PPC 2008.
40 “El reinocentrismo es el cambio teológico más profundo que se ha dado en el cristianismo en los últimos
tiempos”: J. Mª. VIGIL, Rasgos de la espiritualidad misionera desde AméricaLatina, “Didascalia” 58 (2004)570,
12.
41Signi cativa la expresión de Moltmann a este respecto: “A los teólogos y teólogas, a los pastores hombres y
mujeres y a todos lo que se preguntan preocupados: “¿qué va a ser de la Iglesia?”, decimos: olvidad a la Iglesia,
pensad en el reino de Dios, buscad su justicia, y entonces se os dará espontáneamente una Iglesia viva!”: J.
MOLTMANN, Chi é Cristo per no oggí?. Brescia, Queriniana 1995,33.
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injusticia y en el anuncio de las nuevas relaciones de amor, paz, libertad y justicia que Dios ofrece y espera de
todos sus hijos.”42
En la situación actual, los cristianos no podrán ya evangelizar con la fuerza de la institución, sino desde la
“debilidad” institucional. Lo importante sea ser significativos, mostrar un cristianismo minoritario pero
relevante. Necesitamos un gran testimonio y una conversión profunda, para ser creíbles. Tendrá que ser
una evangelización profética, hecha desde la kenosis, la debilidad, y requerirá mucha valentía y
descentralización institucional.43 Evitara toda forma, explicita o camuflada, de proselitismo, y sabrá
reconocer los valores evangélicos y la presencia del Espíritu fuera de las fronteras institucionales. En
cierto sentido, la nueva evangelización no se afana por “meter dentro a los no cristianos”, sino más bien a
“lanzar a los cristianos fuera”, como anunciadores del Reino.44
El cometido no es nada fácil ya que la Iglesia, acostumbrada a la situación de “cristiandad”, sigue apegada
a las viejas seguridades, a los privilegios antaño al papel determinante desempeñado en la sociedad. No se
decide a abandonar, como Abrahán, la propia tierra y la propia parentela, para caminar hacia un nuevo
futuro a través de un mundo en gran parte desconcertante y cambiado. He aquí algunas consecuencias de
esta opción operativa:
— La dilatación de la solicitud de la Iglesia por el bien y promoción de todos los hombres con los
que entra en el contacto cualquier religión, raza o condición que sean.
— La asunción de un criterio evangélico (la promoción de los valores del Reino) a la hora de
valorar las realidades culturales, económicas y políticas de la sociedad, superando la mira
eclesiocentrica de los propios intereses y posiciones.
— La actitud, ante las instancias seculares, de respeto de la legitima autonomía de lo temporal (GS
36), con espíritu de diálogo y colaboración, con libertad e independencia evangélicas superando las
tradicionales posturas dualista (la suplencia, la injerencia, la tutela, la contraposición perjudiciales,
el mismo paralelismo, el espíritu de cruzada, etc.)
El amor a los hermanos es parte integrante y esencial del testimonio cristiano su eje central es la actitud
teologal de fe, esperanza y caridad, y ninguna “mística” es cristiana si no incorpora la dimensión del amor
efectivo y el servicio a los demás. Sin solidaridad eclesial con los que sufren, el Evangelio de las Iglesias
43Cf. J. M. MARDONES, “Nuevos contextos de evangelización”, en: ELIZONDO et al., Evangelizar, esa es la
cuestión , 51-52.
44Cf. Th. GROOME, Conversión, Nurture, or Both, “The Living Light” 37 (2000-2002)4, 16-29. Cf. Aparecida
13-14.
45 MARTÍN VELASCO, “Re exión sobre los medios para la evangelización”, 99.
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resulta tan incomprensible como increíble. Nada hace tan eficazmente presente a Dios como el ejercicio
efectivo del servicio desinteresado y del amor que lo mueve.46
Hoy se subraya la urgencia de la evangelización desde la promoción integral del hombre y a partir de los
pobres y a la preferencia tradicional por la acción religioso cultual sucede la prioridad del servicio y la
solidaridad con los pobres, como compromiso histórico por la liberación integral de todos. Es un
imperativo que abarca — entre otras —estas exigencias:
“Hay que precisar también que la preferencia evangélica por los pobres no se cumple
verdaderamente sino cuando estos dejan de ser tratados con “paternalismo”, como beneficiarios
potenciales de las “buenas obras”, y son considerados como auténticos iguales”48
— También la renuncia el poder a ser un imperativo de fidelidad evangélica. Es ilusorio pensar que
el poder pueda ser empleado “para hacer el bien”, dada la dificultad moral e histórica de que deje de
ser signo de dominio para convertirse en instrumento de servicio.
También el signo de la koinonía busca hoy nuevas formas de expresión, para responder en forma
convincente a la naturaleza íntima de la Iglesia como “fraternidad”, visibilidad histórica del Reino de Dios
como proyecto de comunión universal. Y ante todo se manifiesta como búsqueda de la comunión
ecuménica, para superar la escandalosa desunión de los cristianos, obstáculo enorme a la evangelización.
El ecumenismo no puede ser considerado como tarea secundaria o marginal: “no es solamente una especie
de “apéndice”, que añade a la actividad tradicional de la Iglesia. Por el contrario, pertenece orgánicamente
a su vida y a su acción”.49
A esto se añade el anhelo por una Iglesia-fraternidad en nuevas formas de comunidad, superando el
clericalismo, el paternalismo y toda forma de discriminación, especialmente de la mujer. A los ojos de
muchos, la Iglesia ofrece hoy la imagen un cuerpo fuertemente institucionalmente y jerarquizado, pero no
como espacio de comunión y de fraternidad real. Se insiste en la necesidad de contar con auténticas
comunidades evangelizadoras. En especial cobran actualidad y protagonismo las comunidades eclesiales
(especialmente parroquiales), la familia como célula de Iglesia, y las nuevas formas de comunidad, sobre
todo pequeñas, de talla humana, de la fraternidad, la igualdad y la comunión dignidad a todos los
miembros (LG 32) prevalezca sobre la distinción de cargos y ministerios.50
La función profética, con sus distintas modalidades de anuncio, testimonio, predicación, catequesis, etc.
debe recuperar su centralidad pastoral al servicio de la primera evangelización y de la formación de
46 Ibid., 105.
47 La “opción preferencial por los pobres”, proclamada en Puebla (cf. 382, 707,733, 769,1134, 1217), fue
extendida a toda la Iglesia en el Sínodo extraordinario de 1985 y rea rmada en varios documentos episcopales.
Cf. A. MEJÍA PEREDA, “Pobres, opción preferencial por los”, en Nuevo Dic. Cat. 1849-1863; Aparecida, capítulo
8.
50 Los rasgos de una eclesiología renovada de comunión serán tratados en los capítulos 6 y 8.
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“El cristianismo como tal y sobre todo las Iglesias que lo visibilizan parecen representar para muchos una
página pasada de la historia unas instancias estériles desde el punto de vista racional, cultural, ético, estético e
incluso humano”.51
En la misma línea se sitúa la aceptación del pluralismo cultural y religioso, en actitud de diálogo
constructivo con todos, al servicio de los valores del Reino y a la búsqueda de modos culturalmente
significativos de anunciar el Evangelio. En consecuencia, la Iglesia debe renunciar al ejercicio del control
social y al papel terminante de guía en los países de antigua tradición cristiana, mientras supera el
aislamiento y el miedo al diálogo allá donde se encuentra el medio de tradiciones culturales y religiosas
distinta de la propia.
Una revisión seria y valiente de nuestra pastoral sacramental tendrá que superar el punto muerto de tanta
“inflación sacramental”, restituyendo a la eucaristía y demás sacramentos su auténtico carácter de “signos
de fe” y momentos significativos de una existencia cristiana vivida como “liturgia de la vida”. Y un gran
esfuerzo y no menos valor serán necesarios para hacer que las manifestaciones de la religiosidad popular
(fiestas patronales, cofradías, procesiones, santuarios marianos, cultos de los santos, etc.) superen el simple
nivel estético-cultural para ser de nuevo expresión de una vida evangélicamente inspirada. En definitiva,
para ser verdaderamente evangelizadores, ritos y celebraciones deberán ser signos transparentes de una
opción de fe personalizada y coherente.
Iglesia que anuncia el Evangelio y engendra nuevos hijos (restauración del “proceso evangelizador”)
Aquí se ve quizá con mayor claridad la necesidad de una verdadera “conversión pastoral”, para pasar de
un cristianismo convencional y “sociológico” a un cristianismo evangelizador, “de propuesta”,52 pasando
“de la herencia a la proposición o también de una pastoral del reclutamiento a una pastoral
engendradora”.53 Volver a activar la función generadora de la Iglesia, superando la inercia conservadora, o
peor, el deseo de restauración.54 Habrá que superar el miedo a la generación, la actitud de quien no cree en
la posibilidad de engendrar nuevos hijos.
Todo esto implica tomar muy enserio los distintos momentos del proceso evangelizador. La perspectiva
evangelizadora cuestiona la pastoral tradicional para abrirse al interés misionero. Resulta demasiado
estridente el divorcio entre fe y vida y la desproporción entre las masas de bautizados y los contornos
presumiblemente reales de la comunidad cristiana.
51 MARTÍN VELASCO, “Re exión sobre los medios para la evangelización”, 113.
52Cf. H. DERROITTE, Por una nueva catequesis. Jalones para un nuevo proyecto catequético. Santander, Sal
Terrae 2004.
53Cf. G. ROUTHIER, Le devenir de la catéchése. Montréal, Médiaspaul 2003; Ph. BACQ - C. THÉOBALD
(eds.), Une nouvelle chance pour l´Évangile. Vers une pastorale d´engendrement. Paris/Bruxelles/Montréal, Éd.
de l´Atelier/Lumen Vitae/Novalis 2004.
— Habrá que fomentar ante todo la acción misionera propiamente dicha, superando la tradicional
concentración en la actividad intraeclesial. El campo es muy amplio: presencia en el mundo y
actitud de servicio, dialogo cultural y religioso primer anuncio del Evangelio. Se siente con fuerza
la necesidad de volver a actuar este momento inicial del proceso evangelizador, el primer anuncio,
por tanto tiempo olvidado, y sin el cual resulta vano el empeño catequético.55
— También la acción catecumenal debe ser restaurada y valorada como función esencial dentro del
proceso evangelizador, poniendo en el centro de la tarea pastoral el catecumenado en sus distintas
modalidades (bautismal de adultos, juvenil, de reiniciación) como modelo e inspiración básica de la
catequesis.56 La importancia del catecumenado bautismal no depende tanto del número de
catecúmenos cuanto de su significado eclesial. Su restauración representa hoy un test de vitalidad y
una ocasión providencial de renovación de la Iglesia.57
Se impone asimismo una revisión, a la luz del modelo catecumenal, del proceso tradicional de
iniciación cristiana. Dada la grave crisis de este proceso, ya las más altas instancias eclesiales han
tomado cartas en el asunto, y tenemos en ese sentido toda una serie de documentos y tomate
posición.58
— El empeño evangelizador obliga también a una revisión seria de la acción pastoral “ad intra”,
apuntando, no tanto a conservar a los “fíeles practicantes”, cuanto a la promoción de “creyentes”
con fe personalizada, encamino hacia la madurez de la fe. Esto trae consigo un profundo cambio de
perspectiva: la evangelización debe llegar a ser una dimensión del conjunto de la pastoral de la
Iglesia. Solo una Iglesia creyente podrá ser evangelizadora.59
— Finalmente, un proyecto evangelizador tiene que hacer efectiva y convincente presencia y acción
en el mundo de los cristianos. El nuevo modelo de creyente tendrá en cuenta la dimensión social de
la fe y por lo tanto el compromiso en la sociedad, en el mundo laboral y cultural, en la política, para
testimoniar y promover los valores del Reino. Imaginamos a un cristiano que demostrara ser tal más
en la ciudad que en el templo, más por el compromiso transformador que por la asistencia a las
practicas religiosas.
55Cf. Bélgica (2006) 16-24; Alemania (2006) 4-2; Québec (2004) 45-47; Brasil (2066) 30-32; CONFERENCIA
EPISCOPAL ESPAÑOLA, Plan pastoral de la Conferencia Episcopal Española 2006-2010, 14-18. El documento
de Aparecida pre ere hablar de la importancia y absoluta necesidad del “Kerigma”: Aparecida 278a.
59 MARTÍN VELASCO, “Re exión sobre los medios para la evangelización”. 97-98.
“Hay motivos reales para temer que la Iglesia se revista de demasiadas instituciones de derecho
humano, que vienen a ser como armadura de Saúl, que no dejaba caminar al joven David. Siempre
hay que examinar, si sirven todavía algunas instituciones que en su tiempo fueron útiles. El único
elemento institucional necesario en la Iglesia es el que le dio el Señor la estructura sacramental del
pueblo de Dios, centrada en la eucaristía”.61
Se requiere un gran esfuerzo de revisión y de vuelta a lo esencial, una valoración efectiva de la dimensión
profética y carismática dela dinámica eclesial, con sincera atención a los signos de los tiempos y a los
impulsos del Espíritu.62 He aquí alguna sugerencia operativa.
Como se ve, la tarea de la evangelización reclama hoy una conversión pastoral profunda, sin nostalgias de
“cristiandad” ni decesos de reconquista abiertos al futuro el servicio desinteresado al Reino de Dios y
confiados desde la debilidad en la fuerza del Espíritu. Se ve la necesidad de forjar un modelo nuevo de
cristiano, un tipo remozado de comunidad cristiana, un nuevo proyecto de iglesia. También la catequesis
tendrá que ser repensada en función de esta nueva dinámica de conversión pastoral.
En esta dinámica renovadora resulta esencial una recetar crítica de la historia de la Iglesia. Cf. M.
62
63Cf. O. GONZALEZ DE CARDEDAL, La recepción del concilio en España. Re exiones a los cuarenta años de
su clausura, “Communio” (2006)1, 68.
64 Es la imagen sugestiva de G. Casalis evocada por L. Rétif: “En síntesis, se puede decir que, por mucho
tiempo, las Iglesias han entrado en el futuro caminando hacia atrás, porque miraban el pasado, queriendo estar
seguras de que le eran eles. Esto no creaba problema cuando las cosas marchaban con lentitud. Pero hoy las
transformaciones se suceden con ritmo acelerado: si se pretende seguirlas o asirlas por detrás, se tropieza
continuamente”: L. RÉTIF, Ho visto nasceré,la chiesa domani. Milano, Jaca Book 1972, 272.
65 “La Iglesia vive hoy en un tiempo en el que es simplemente necesario caminar con valentía, hasta el límite
máximo posible, hacia lo nuevo e inexplorado, hasta donde no se ve más la posibilidad de ir más allá, en modo
claro e indiscutible, en nombre de la doctrina o de la conciencia cristiana. El único tuciorismo hoy permitido en la
vida práctica de la Iglesia es el tuciorismo de la audacia (Tutiorismus des Wagnisses)”: K. RAHNER - N.
GREINACHER, “Die Gegenwart der kirche”, en Handbuch der Pastoraltheologie, Band III/1. Freiburg i. Br.,
Herder 1966, 275.
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SUGERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Sobre el tema de la evangelización y del significado de la opción evangelizadora existe una abundante
bibliografía. Sugerimos como orientación:
BACQ,P.- THÉOBALD, C. (eds.), Une nouvelle chance pour l`Évangile. Vers une pastorale
dèngendrement. Paris / Bruxelles / Montréal, Éd. de l`Atelier / Lumen Vitae /Novalis 2004.
BACQ,P.- THÉOBALD, C. (eds.), passeurs d` Évangile. Autour d`une une pastorale d èngendrement.
Bruxelles / Paris / Montréal, Lumen Vitae / Éd. l`Atelier /Novalis 2008.
CADAVID DUQUE, L.A., Hacer creíble el anuncio cristiano en América Latina. Santa Fe de Bogotá,
CELAM 1997.
GEVAERT, J., Primera evangelización. Aspectos catequéticos. Madrid, Editorial CCS 1992.
GONZÁLES - CARVAJAL SANTABÁRBARA, L., Los cristianos del siglo XXl. Interrogantes a reto
pastorales ante el tercer milenio. Santander, Sal Terrae 2000.
JIMÉNEZ ORTIZ, A., Por los caminos de la increencia. La fe en diálogo. Madrid, Editorial CCS 1993
MARTINEZ, D.- GONZÁLEZ, P.- SABORIDO, J.L. (eds.), Proponer la fe hoy. De lo heredado a lo
propuesto. Santander, Sea Terrae 2006.
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co tuciorismo hoy permitido en la vida practica de la iglesia es el tuciorismo de la audacia (Tutiorismus
des Wagnisses)- : K. RAHNER - N. GREINACHER, - Die Gegenwart der Kirche-, en: Handbuch der
Pastoraltheologie, Band lll/l. Freiburg i. Br., Herder 1996, 275.