Cómo escribiré
algunos de mis libros
(Programa de mano para el lector anticipado)
Lobsang Castañeda
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Escribir sobre lo que no se ha escrito, sobre lo que se está escribiendo o sobre
lo que aún no acaba de escribirse no es, aunque lo parezca, un despropósito, sino,
ante todo, una manera de nombrar lo innombrable, de darle forma a lo informe,
de conservar lo efímero, de otorgarle sentido a lo titubeante y de alumbrar, así sea
con la débil flama de la especulación, el oscuro repositorio donde hierven, si no los
hechos, al menos las buenas intenciones.
Si en literatura —como en el arte en general— lo inconcluso no tiene ningún
valor, los textos que hablan de textos que sólo existen de manera fantasmal, incipien-
te o embrionaria, resarcen el agravio que implica permanecer atorado en el limbo
caótico e impredecible de la imaginación, pero no porque sea evidente que dichos
textos vayan a conquistar la forma, la orientación o, como decía el filósofo ilustra-
do Alexander Gerard en el siglo xviii, el “diseño” que se requiere para encausar las
intuiciones y las variopintas asociaciones de ideas producidas por la mente del es-
critor, sino porque, a la par, existe una suerte de disposición intelectual que, además
de examinar y seleccionar dentro de todos estos materiales aquellos que llegarán a
conformar una obra, puede ser ella misma objeto de un texto sin mayores proble-
mas. Si, como pensaba Buffon, ningún escritor debería crear algo sin antes haber
ordenado sus ideas, también es cierto que quien aún no encuentra el orden puede,
sin embargo, dar cuenta de esa búsqueda y, por si fuera poco, vislumbrar con ello
las cualidades y limitaciones de su propia capacidad creativa.
En todo caso, quien escribe sabe que sus ideas son entes “vivos” —se entien-
de que no en un sentido biológico, aunque sí orgánico— que interactúan con otras
ideas que, a su vez, se han ya independizado de sus creadores y sumado a una noosfera
—el término es de Pierre Teilhard de Chardin aunque será retomado y enriqueci-
do por Edgar Morin en el cuarto tomo de su obra El método— en la que se pueden
dar relaciones de continuidad, transformación o aniquilamiento. Así, dependiendo
del tipo de relaciones que consigan establecer en la noosfera y de la perseverancia del
propio escritor para ejercitarse en un arte que jamás llegará a dominar, muchos
de los proyectos pendientes lograrán consumarse, otros cambiarán tanto de for-
ma que se volverán irreconocibles y otros jamás se iniciarán, no llegarán siquiera
a esbozarse. Los caminos de la literatura son tan impredecibles como atractivos.
Todo lo anterior no es más que una explicación, entre muchas otras, para apunta-
lar un texto en donde se escriba sobre los textos aún no escritos, pero ya presentes en
el programa de escritura de un escritor. Eso es lo que ha hecho, por ejemplo, George
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Steiner en Los libros que nunca he escrito, una de sus obras es pródiga en ejemplos de escritores que, frente a la
más íntimas y personales, verdadero repositorio, ese sí, imposibilidad de crear con la profundidad que hubie-
donde hierven no sólo las buenas intenciones sino los sen deseado, tuvieron que echar mano de toda clase
hechos, pues a lo largo de sus siete capítulos se esta- de recursos (simbólicos, lingüísticos, lúdicos) para de-
blecen las líneas generales y los contenidos básicos de sarrollar aquellos proyectos a los que hubiera sido más
siete libros que el autor, por diversas razones, no pudo fácil renunciar.
escribir, aunque en el fondo ya lo haya hecho —quizá Una muestra perfecta de cómo una estrategia que
no con la extensión y profundidad deseadas, pues se de entrada puede parecer descabellada o ridícula acaba
trata, en todo caso, de temas excesivos, difíciles, que convirtiéndose, primero, en un proyecto de escritura y,
requieren de una investigación ardua o de un talan- segundo, en una obra terminada, sigue siendo el “pro-
te determinado— precisamente en esas páginas que cedimiento peculiar” de Raymond Roussel, desglosado
buscan dar cuenta de lo inalcanzable. Aunque pudiera en su ensayo, “secreto y póstumo”, Cómo escribí algu-
pensarse lo contrario, Los libros que nunca he escrito no nos libros míos. Si la influencia de Roussel fue decisiva
es una obra pesimista o malograda, sino una pequeña para una parte importante de la literatura francesa
biblioteca —siete libros en uno— en donde el gran de la primera mitad del siglo xx —aquella que va del
crítico nos muestra sus intereses más recurrentes, sus surrealismo al OuLiPo—, ello se debe a que, median-
maneras de trabajar o de indagar en los asuntos que te un ejercicio de honestidad, reveló los mecanismos
le atraen, el límite de sus fuerzas, pero también su que le permitieron subsanar su falta de imaginación
terquedad intelectual al llevar al papel, así sea de ma- y, al mismo tiempo, construir narraciones altamente
nera programática, una serie de preocupaciones que, imaginativas como Locus Solus o Impresiones de África.
de lo contrario, no hubieran salido de los cajones de Apoyándose en un puñado de elementos lingüísticos
su escritorio. Ante la incapacidad de realizar un pu- y retóricos (metagramas o palabras mutantes, palabras
ñado de proyectos, Steiner nos enseña que también homógrafas, paronomasias, dislocaciones de frases,
se puede escribir —y quizás hasta se deba— de lo que rimas, combinaciones fonéticas), Roussel buscó des-
no se puede escribir, porque esa es la única manera plegar su escritura no a partir del qué, como lo hacen
de quitarse de encima las telarañas de lo imposible que los constructores de historias, sino del cómo entendido
provocan frustración y desasosiego. En este sentido, la como un sistema de vías invisibles, prohibiciones y ar-
literatura no es sólo un museo de obras terminadas, dides que nos aproximan a una concepción iniciática
sino también una enciclopedia de testimonios sobre de la palabra, pues el lenguaje vale justamente por la
proyectos inconclusos o en ciernes. Ante la falta de ca- incertidumbre y la ambigüedad de su superficie. Si algo
pacidad sólo queda la franqueza, espejo donde el que produce Cómo escribí algunos libros míos es un nueva es-
escribe puede mirarse sin imposturas. pecie de lector que, después de haber leído el ensayo de
Así, pues, reconocer y examinar las propias inep- Roussel, no puede evitar preguntarse cuántos secretos
titudes no siempre arroja resultados negativos. Los subyacen a cada texto y cómo funcionan.
dos pasos decisivos para curar cualquier enfermedad Lo decisivo de las obras de Roussel que dependen
son aceptarla y combatirla con los medios adecuados. de este “procedimiento peculiar”, en donde el manejo de
Cuando el escritor carece de alguna cualidad necesaria las palabras simples despierta todo un hervidero de di-
para desplegar su arte, debe asumir su discapacidad y ferencias semánticas, no descansa en la trama sino en
buscar fuera de sí mismo lo que le haga falta, agenciár- la “construcción de la trama”. La identidad de las pala-
selo de manera “artificial”. La historia de la literatura bras, es decir, el hecho de que existen menos vocablos
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que cosas por nombrar, es en sí misma una experiencia
doble que revela, por una parte, un lugar de encuentro
entre las figuras del mundo más alejadas y, segundo,
un desdoblamiento del lenguaje que, a partir de un
núcleo simple, se aparta de sí mismo y crea otras figu-
ras. Se trata, entonces, de concebir el texto como una
edificación de niveles y escalones producidos por un
artificio en donde las palabras, como asevera Michel
Foucault, “siempre conducen más lejos y vuelven a traer
a sí mismas; pierden y se reencuentran; corren hacia
el horizonte en desdoblamientos repetidos, pero regre-
san al punto de partida trazando una curva perfecta”.
La estrategia creativa de Roussel nos deja ver, a pos-
teriori, que lo único que se necesita (y no es poca cosa) como eje temático para una serie de cuentos breves
para echar a andar un proyecto es una forma de pro- o minificciones.
ceder, una techné que nos brinde un asidero que ponga 2. Cartas a los imbéciles. Se trata de un ejercicio de
un poco de orden, como querían Gerard y Buffon, en ficción epistolar en donde el narrador escribirá
el torrente de ideas producidas por la imaginación. Esa un conjunto de misivas dirigidas a determinadas
techné, por más rudimentaria, flexible y versátil que sea, personas (amigos, papás, vecinos, ex mujer, editor,
trazará un perímetro que, al menos en principio, debe- presidente de la república, sí mismo) reprochán-
rá respetarse para no salirse por peteneras. doles su estulticia. El estilo de las cartas deberá ser
Doy, finalmente, una pequeña lista de los libros mordaz y agresivo.
que escribiré en un futuro, espero que no muy lejano, 3. Recuerdos de un bibliómano. Se trata de reunir
una vez que logre formular esa techné que me servirá en un volumen todas aquellas anécdotas, historias,
como asidero. He seleccionado sólo los que pueden coincidencias, datos, revelaciones e infortunios que
ejemplificar, de manera modesta, lo que he mencionado han tenido lugar durante mis pesquisas biblio-ma-
hasta aquí. Sobra decir que los títulos son provisionales ni-cómicas.
y no reflejan necesariamente las características esencia- 4. Mis divas. Se trata de escribir una serie de semblan-
les de cada proyecto. Como en literatura —y en el arte zas de vedettes famosas del llamado “cine de ficheras”
en general— son más comunes los embarazos psico- a las que, en mis mocedades, les dediqué más de una
lógicos y los abortos que los partos con éxito, el lector mirada: Grace Renat, Rebeca Silva, Lyn May, Rossy
no debe calificarme de pretencioso o soberbio pues Mendoza, Angélica Chain, Isela Vega y, por supues-
únicamente le comparto unos cuantos modelos para to, la inigualable Sasha Montenegro.
armar, lo cual no significa que sea capaz de realizarlos. 5. Máquinas para escribir. Se trata de un dicciona-
rio de ejercicios, adiestramientos, juegos, estrategias
1. Teorías. Partiendo de la evidencia de que todos, en formales y patografías literarias útiles para toda cla-
mayor o menor medida, elaboramos teorías desca- se de escritores, especialmente para los que, como
belladas para explicarnos cosas que desconocemos Raymond Roussel, carecen de imaginación. Las en-
o de las cuales tenemos poca información, redac- tradas serán breves e incluirán un texto-muestra de
tar un inventario de las más sugerentes y utilizarlas mi propia autoría.
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