EL NACIMIENTO DE LOS PARQUES NACIONALES ARGENTINOS
Ante la degradación ambiental, ante el continuo retroceso del medio natural, la extinción de especies
animales y vegetales y la desfiguración de los paisajes, hombres con conciencia conservacionista de
todo el mundo han buscado desde la segunda mitad del siglo XIX, la creación de reservas naturales
para asegurar la supervivencia de las áreas más espectaculares, de las comunidades biológicas más
interesantes.
Los antecedentes de estas medidas proteccionistas se remontan a épocas muy anteriores. Muchos
señores feudales, en la Edad Media, con el fin de preservar sus stocks de animales de caza, tomaron
medidas para proteger los bosques y su fauna. Aún antes, en China, y la India, existieron áreas para
la protección de especies animales. Pero es recién en 1861 que un decreto crea oficialmente la
primera reserva natural reconocida: el bosque Fontainebleau, en Francia, con 624 hectáreas.
El concepto de reservas de gran extensión nació, sin embargo, en los Estados Unidos, donde fuera
creado en 1872 el primer parque nacional, Yellowstone, “como parque público de recreación para el
beneficio y goce del pueblo”. Surgió entonces una nueva connotación: estas áreas podrían, además
de salvaguardar la naturaleza, posibilitar que los hombres acudan a disfrutar del contacto con ellas.
También habrían de ser los Estados Unidos los primeros en establecer un Servicio de Parques
Nacionales orgánico, en 1916, encargado de administrar y asegurar que las áreas así reservadas
cumplan sus fines.
Desde entonces la mayoría de los países del mundo han tratado de preservar parte de sus
patrimonios naturales a través de sistemas de parques nacionales o reservas equivalentes. Las
naciones de más alto grado de civilización reconocen hoy como deber ineludible para con sus
pueblos y sus generaciones futuras, disponer de sistemas de áreas naturales protegidas lo más
completos posibles. Es decir, que en ellos estén representados todos sus principales ecosistemas –
hábitats con sus comunidades biológicas-, todas sus especies y particularmente las amenazadas, y
que incluyan sus mayores bellezas escénicas, o monumentos naturales.
Entendiendo por reserva natural “toda área no alterada sensiblemente por el hombre, que por
razones de orden científico, estético o educativo son sustraídas a la libre intervención del hombre, y
donde autoridades competentes adoptan medidas pertinentes para proteger los aspectos ecológicos
o paisajísticos que han motivado su creación”, el parque nacional es un caso particular de ésta.
Sus funciones específicas son: la estricta protección y preservación de sus recursos naturales
renovables, particularmente de su fauna y flora autóctonas, la de sus principales características
fisiográficas y bellezas escénicas; el mantenimiento del equilibrio biológico y de la condición de
pristinidad de sus ambientes naturales o recuperación de los ya alterados; posibilitar el estudio
científico de las especies en su medio natural y proporcionar goce espiritual y oportunidades
educativas tanto a las generaciones actuales como a las futuras.
La X Asamblea de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos
Naturales Renovables (UICN), que tuvo lugar en Nueva Delhi, en 1969, hizo la definición de este
concepto universalmente aceptado desde entonces:
Parque Nacional es un área relativamente extensa:
- Presentando uno o varios ecosistemas físicamente no o poco transformados por la
explotación u ocupación humana, donde las especies vegetales y animales, los sitios
geomorfológicos y los hábitats son de especial interés científico, educativo o recreativo, o encierran
un paisaje natural de gran belleza.
- Donde la más alta autoridad competente del país haya adoptado las medidas adecuadas para
prevenir o eliminar lo más pronto posible la explotación u ocupación de toda el área y para hacer
cumplir las obligaciones de respeto estricto de los rasgos ecológicos, geomorfológicos o estéticos
del parque y que hayan motivado su creación.
- Donde se permita el ingreso de visitantes bajo ciertas condiciones, con propósitos de
inspiración, educativos, culturales y recreativos.
Son áreas, por lo tanto, en las que está prohibida toda explotación económica, con excepción de la
vinculada al turismo – y aún ésta se ejerce con sujeción a reglamentaciones dictadas según normas
de preservación -,y colocadas bajo la autoridad directa del Estado Nacional para que existan las
máximas garantías de protección, y puesto que deben ser consideradas patrimonio de todos los
habitantes del país, más allá de cualquier subdivisión política o administrativa.
Se entiende además que los parques nacionales deben ser áreas suficientemente extensas para
constituir unidades ecológicamente viables, y cuyos ecosistemas deben tener representatividad
biogeográfica. La extensión necesaria varía, obviamente, con las características del ecosistema que
se trata de amparar, pero debe tenerse en cuenta que tarde o temprano estos parques terminarían
siendo islas de naturaleza en medio de tierras totalmente alteradas por el hombre –por lo que
requieren cinturones de protección -. Y se ha descubierto, al estudiar la biología de las islas, que la
diversidad de especies que pueden albergar está en función de su dimensión.
De este modo los parques nacionales pueden cumplir un importante rol para el bienestar económico
del hombre como bancos genéticos, ya que el preservar la diversidad de la vida (toda la gama de
material genético de los seres vivientes), se conservarán especies que puedan tener valiosas
aplicaciones medicinales o industriales aún no conocidas, o variedades silvestres de las que los
humanos han domesticado, y que pueden servir por hibridación. Estas áreas salvaguardan también
ecosistemas útiles para la preservación del clima y de la calidad de las aguas, como los bosques,
que atemperan al primero y que protegen a las cuencas hidrográficas, impidiendo la erosión y por
ende la sedimentación en ríos y lagos.
Los parques nacionales de casi todo el mundo enfrentan, sin embargo, un sin número de problemas
y se puede considerar el grado de desarrollo de cada una de estas áreas como la medida en que los
han superado: de su misma gestación pueden derivarse una extensión insuficiente o límites no
adecuados, que –por insuficiente conocimiento – no engloben todo el ámbito que requieran las
especies que lo habiten, o la totalidad de una cuenca hídrica, y la perduración de asentamientos
humanos y de explotaciones extractivas, cuya eliminación pueda convertirse luego en un problema
sociopolítico; con frecuencia existe una fuerte presión en contra de la existencia misma de estas
reservas o de su intangibilidad, efectuada por parte de los intereses creados locales que
ambicionan explotar los recursos naturales que ellos contienen; la contaminación de los lagos, la
caza furtiva y la tala ilegal pueden superar a los equipos de vigilancia –guardaparques de que se
disponga para impedirlos – y asimismo el personal puede resultar insuficiente para controlar la
actividad de los numerosos visitantes; en ciertos casos la fauna y la flora pueden estar ya alteradas,
haciéndose necesario reintroducir especies que existieron en el pasado o regular las poblaciones, o
pueden haberse introducido especies exóticas que se hace necesario combatir.
La solución de estos problemas depende generalmente de disponer instrumentos legales adecuados,
de una sólida estructura administrativa y manejo de estos parques, y del desarrollo de una conciencia
conservacionista, no sólo a nivel general de la población sino también, y muy especialmente, en las
comunidades vecinas a ellos.
La República Argentina ha sido el tercer país de las Américas en crear un Parque Nacional –Canadá
siguió el ejemplo estadounidense formando el Parque Nacional Banff, en 1885- lo que se produjo
mediante decreto del Presidente Julio A. Roca (1 de febrero de 1904) que así lo establecía, al
aceptar la donación con ese cargo hecha por el Dr. Francisco P. Moreno. El célebre explorador y
científico argentino, que tanto contribuyera a develar la geografía del sudoeste del país, había
abogado porque “la Nación conservara la propiedad de algunos lugares excepcionalmente hermosos
para el mejor provecho de las generaciones presentes y venideras”, y el 6 de noviembre de 1903
hizo donación a ella de 7.500 ha de su propiedad en la más bella región de Nahuel Huapi “con el fin
de que sea conservada como parque público natural”, emitiendo “el deseo de que la fisonomía actual
del perímetro que abarca no sea alterada y que no se hagan más obras que aquellas más faciliten
las comodidades para la vida del visitante culto”.
Mientras tomaba cuerpo el “Parque Nacional del Sud”, con su ampliación en 43.000 ha en 1907 y su
expansión a 785.000 ha en 1922, se gestaba también la creación de un parque nacional que
protegiera las Cataratas del Iguazú, impulsada por la iniciativa del paisajista Carlos Thays. Así
fueron adquiridas por el gobierno nacional, en 1928, 75.000 ha para ser destinadas a la formación de
un parque nacional y una colonia militar.
Pero estos parques no quedarían concretados hasta la promulgación de la ley 12.103, el 9 de
octubre de 1934 –elaborada por el Dr. Ezequiel Bustillo, a instancias de la Comisión de Parques
Nacionales presidida por el Dr. Ángel Gallardo, que instituyó el régimen de funcionamiento de estas
áreas y creó el Servicio de Parques Nacionales como una administración autárquica, a la que
designó su autoridad de aplicación.
Al sistema integrado entonces por los Parques Nacionales Nahuel Huapi e Iguazú pronto
se agregaron Lanín, Los Alerces, Perito Moreno y Los Glaciares. Las restantes áreas del sistema se
sumarían en fechas bastantes posteriores.
Fue tal el empuje de la nueva Administración de Parques Nacionales, bajo la conducción del Dr.
Ezequiel Bustillo y posteriormente del Dr. Luis Ortíz Basualdo, que buena parte de las obras de
infraestructura existentes en esos parques en la actualidad –caminos, muelles, casas de
guardaparques, instalaciones de las intendencias correspondientes, hoteles- fueron realizadas en
esa etapa inicial. La Administración acometió también una obra civilizadora construyendo edificios
públicos: escuelas, iglesias, hospitales, estaciones ferroviarias, etc., en los pueblos de Iguazú,
Angostura, San Martín de los Andes y Bariloche – de lo que es un buen exponente el Centro Cívico
de este último- que quedaban comprendidos dentro de las áreas del sistema y que han sido
desafectados desde entonces, dado que el quehacer municipal no debe ser una de sus
responsabilidades.
Entre las atribuciones que la ley fijaba a esta administración figuraba la de fomentar el turismo, razón
por la cual se edificaron hoteles y villas turísticas, y se instauraron servicios de transporte lacustre.
Esta función, sin embargo, ocasionaría que los fines últimos de los parques nacionales pudiesen
confundirse en cierta medida.
El criterio de la protección estricta de la fauna y flora autóctonas y del mantenimiento de la condición
prístina de estas áreas, no estaba aún debidamente afianzada, razón por la cual se alentó la
introducción y diseminación de especies animales y vegetales exóticas. Aunque esto resulta
incongruente con la actual filosofía universal en materia de parques nacionales, la idea de embellecer
artificialmente la naturaleza era aceptada por entonces, en el desconocimiento de los desequilibrios
ecológicos que se podían producir como consecuencia.
La inconsistencia más problemática con esta filosofía, en los parques nacionales que así se
desarrollaron, y en su régimen, radicó la supervivencia en sus territorios de explotaciones
agropecuarias y forestales.
A la creación de casi todos los parques nacionales del sur argentino (en 1937 o con anterioridad),
existían ya algunos establecimientos humanos en las áreas que éstos englobarían. Con permisos
precarios de ocupación, un número de colonos se instaló en la mayoría de los valles fértiles, con la
esperanza de que esas tierras les fueran concedidas eventualmente en propiedad por el Estado.
Esta posibilidad se desvaneció con su incorporación al sistema de parques, pero su Administración
admitió a estos pobladores, restringiendo en alguna medida su actividad; estableciendo números
máximos de cabezas de ganado y quedando la tala de árboles y la caza totalmente prohibidas.
Estos permisos tenían carácter de intransferibles, lo que posibilitaría el cese de la explotación
económica al deceso de sus titulares, con la consiguiente recuperación de los predios para la
conservación de la naturaleza. Por desgracia, no todas las autoridades que se sucedieron en esa
Administración aplicaron coherentemente esa política, sino que en muchos casos revalidaron esos
permisos a sus descendientes u otorgaron nuevos.
Lamentablemente estos establecimientos agropecuarios, a pesar de las restricciones al uso de los
recursos a que en principio deben ajustarse, en la práctica suelen resultar en abiertas
contravenciones a los postulados de protección de la naturaleza que deben imperar en los parques
nacionales: sobrepastoreo que trae aparejada la erosión, sobre todo en las serranías, ya que al ser
difícil el control, dada la naturaleza del terreno, con frecuencia el número de cabezas de ganado
excede el permitido; la caza furtiva practicada, en muchos casos, por su personal, como explotación
comercial complementaria de sus ingresos; el hostigamiento de la fauna por sus perros; la
persecución de las potencialmente dañinas a la ganadería –como el puma y el zorro colorado-,
ignorando la prioridad que la preservación de la fauna debe tener sobre otros intereses en estas
áreas; la sobreexplotación de la leña, ya sea para el consumo o venta, provocando peladares en el
sotobosque; y por último, los incendios provocados por descuidos de estas personas, que
deambulan libremente por toda el área y en toda época. Por otro lado, sin embargo, varios de estos
pobladores han aceptado reconvertir sus actividades, desechando las agropastoriles y
reemplazándolas por la prestación de servicios de apoyo a los visitantes –atención de sitios de
acampe, de alojamiento, alquiler de caballos, etc.-totalmente acordes con los objetivos de manejo de
las áreas protegidas en que están insertos.
Para contemplar los distintos regímenes de protección que deben o pueden imperar en las áreas del
sistema de parques nacionales, y para ajustarlos a los conceptos hoy vigentes en casi todo el
mundo sobre lo que ellas deben constituir, así como para incorporar modificaciones aconsejadas por
la experiencia emergente de su aplicación, la ley 12.103 fue reemplazada en 1970 por Decreto-ley
18954, y ésta a su vez con la promulgación de la ley 22.351, que la actualiza en 1980.
Se estableció así la clasificación de estas áreas en Parques Nacionales, Monumentos Naturales y
Reservas Nacionales, quedando prohibida en las dos primeras categorías toda explotación
económica –con excepción de la vinculada al turismo, y ésta sujeta a reglamentación- y permitidas
en la tercera las actividades deportivas, comerciales, agropecuarias e industriales, pero regulares por
la Administración de Parques Nacionales, la que debe dar prioridad en ellos a la conservación de la
naturaleza. La pesca comercial y la caza quedan totalmente prohibidas.
La definición de las Reservas Nacionales como “las áreas que interesan para la conservación de
sistemas ecológicos, el mantenimiento de zonas protectoras del Parque Nacional contiguo, o la
creación de zonas de conservación independientes, cuando la situación existente no requiera o
admita el régimen de un Parque Nacional” (artículo 9°) las consagradas a servir de cinturones de
protección de los parques o como “parques nacionales en formación”.
De hecho, los parques nacionales existentes con anterioridad a 1970 fueron subdivididos en áreas de
parque y de reserva nacionales, incorporando a las últimas casi todas aquellas tierras donde la
presencia de pobladores no permitía aplicar el régimen, ahora más estricto, de la primera categoría.
Sin embargo, esta subdivisión realizada en forma algo simplista, y dictada por las circunstancias,
deberá ser reemplazada en el futuro por otra hecha sobre la base del estudio ecológico de esas
zonas, que demostrará la necesidad de extender el máximo grado la protección a partes de ellas
requeridas para completar las unidades ecológicas de los parques correspondientes.
Las leyes citadas han ido perfeccionando un Servicio de Parques Nacionales. El control y vigilancia
de los parques nacionales es realizado por el Cuerpo de Guardaparques, que con autoridad de
policía debe velar por el cumplimiento de las normas que rigen en estas áreas, orientar y asesorar a
los visitantes, y obtener información sobre el desarrollo de su flora y fauna.
Los Guardaparques reciben una formación especializada en el Centro de Formación y Capacitación
en Áreas Protegidas (Embalse-Córdoba), también dependiente de la Administración de Parques
Nacionales, donde se le imparten los conocimientos de la biología que les permiten llenar su rol de
intérpretes de la naturaleza, además de entrenarlos en disciplinas prácticas para la supervivencia y
desempeño en lugares remotos, control de incendios y los necesarios para ejercer su actividad. Los
guardaparques, a menudo deben enfrentarse con cazadores furtivos e infractores de todo tipo. Como
ejemplo, valga el que en el año 1968 el guardaparque Bernabé Méndez –cuyo nombre lleva hoy en
centro de instrucción- fue muerto por estos delincuentes en el curso de una patrulla.
El sistema de parques nacionales argentinos cuenta con 44 áreas protegidas que ocupan alrededor
de 3.700.000 hectáreas, lo que equivale al 1,5 % del territorio nacional e incluye buena parte de la
gran variedad de ambientes naturales del país. Sin embargo algunas de las ecorregiones no están
representadas o lo están insuficientemente, por lo que es necesario completar un sistema que
asegure la conservación de nuestro patrimonio natural.
Nuestros parques nacionales cuentan con lugares de gran interés turístico, lo que ha proyectado la
imagen de la Argentina a todo el mundo. Más de un millón y medio de visitantes por año permiten
que los parques constituyan una alternativa importante para el desarrollo de muchas regiones del
territorio nacional.
Pioneros en América
El núcleo inicial de las áreas protegidas se origina en un acto efectuado por una de las
personalidades argentinas más fascinantes de su época: Francisco P. Moreno (1852 - 1919), quién,
el 6 de noviembre de 1903, escribe una carta al Ministro de Agricultura en la que señala 'su deseo de
donar a la nación tres leguas cuadradas (unas 7 500 ha) de su propiedad en la zona de Puerto Blest,
para ser destinadas a parque público, hecho que se concretara en 1922, con la creación del Parque
Nacional del Sur.
En 1934, basándose en un proyecto de ley elaborado por Ezequiel Bustillo, se crea el Servicio de
Parques Nacionales (actualmente Administración de Parques Nacionales) y los Parques Nacionales
Iguazú y Nahuel Huapi, éste último sobre la base del Parque Nacional del Sur.
El gesto de Moreno posibilitó que la Argentina se transformara en el tercer país de América en contar
con un parque nacional. En homenaje a su figura se celebra el 6 de noviembre de cada año el día de
los parques nacionales argentinos.
FRANCISCO PASCASIO MORENO
NATURALISTA
Su amor por la naturaleza, parece venir de una tía abuela paterna, viajera incansable, que
trasladándose en carreta visitaba a todos y cada uno de sus parientes diseminados por todo el país,
mientras que, movida por una irrefrenable curiosidad, coleccionaba cuanta rareza encontraba en su
camino organizando luego pequeñas exposiciones para sus amigos.
En el año 1863, su familia adquiere la planta alta de un edificio recién construido, que tiene, como
decoración, un friso de mármol rojizo veteado, con figuras incrustadas. Pasaba horas contemplando
aquel friso mientras indagaba a sus mayores sobre el origen de las figuras. Su curiosidad se vio
recompensada cuando alguien le explicó que aquellas manchas eran ni más ni menos caracoles
petrificados. Había nacido así su inclinación por la paleontología.
A los 12 años, comenzó a recolectar objetos que despertaban su interés, sobre todo, restos fósiles.
Dos años más tarde, su padre le cede el mirador de la casa, y en compañía de sus hermanos forma
el «Museo Moreno».
Corría el año 1867, cuando Germán Burmeister, director del Museo Público, visitó la colección
privada de Moreno, y para sorpresa del joven, le pide prestado un ejemplar de «Panochtus» para
exhibirlo en el establecimiento a su cargo.
A fines de enero de 1871, Buenos Aires se vio sorprendida por una epidemia de fiebre amarilla que
se extendió rápidamente, y cobró muchas vidas, entre ellas, la de la Doña Juana Thwaites, madre de
Moreno. La familia decide trasladarse a las afueras de la ciudad, refugiándose en la estancia «Vitel»,
en cercanías de la laguna Chascomús. Este fue un período importante para Francisco, ya que el
lugar le ofrece una variada y amplia cantidad de fósiles, entre ellos un caparazón de gliptodonte,
muchos de los cuales se encuentran aún en el Museo de La Plata. Moreno era, a los diecinueve
años, dueño de un verdadero tesoro paleontológico. Alentado por los más importantes profesores de
la época, en 1872, hace su primer publicación de carácter científico, ha cumplido veinte años, y su
padre le regala un edificio de 200 m2 para el archivo de sus colecciones.
EN LA PATAGONIA
Decide su primer viaje a la Patagonia, lo mueve el interés de investigar la formación geológica del
continente, su flora, su fauna y su historia natural.
En abril, llega a Carmen de Patagones, encuentra sesenta cráneos, mil puntas de lanza y gran
cantidad de sílices tallados. Mientras continuaba con sus estudios de la zona, la cuestión de límites
entre Argentina y Chile se agitaba cada día más. Pues este último pretendía ya toda la Patagonia
hasta el río Santa Cruz. En julio de 1874, recibe el encargo del Dr. Tejedor, -entonces Ministro de
Relaciones Exteriores-, para conocer el estado de la zona que se encuentran en inmediaciones de la
Bahía de Santa Cruz. Moreno participa en esta expedición que duró cinco meses.
Fueron de vital importancia para el investigador, pues tuvo la oportunidad de convivir con los indios
obteniendo así, valiosa información sobre sus costumbres, idioma, etc.
Instado por sus amigos, gestiona el apoyo material de la Sociedad Científica Argentina para realizar
nuevos viajes a la Patagonia, atravesando, esta vez, un territorio no explorado para estudiar al
indígena en su medio y recoger datos de una civilización a la que admira y está pronta a
desaparecer. La Sociedad accede a financiar la misión, y le otorga 25.000 pesos. Esta medida fue
imitada por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, que le concede una cifra similar.
El 25 de setiembre de 1875, parte rumbo al sur. En Bahía Blanca se detiene para estudiar los
yacimientos fósiles relevados anteriormente por Darwin, y al llegar a Río Negro, es acompañado por
un centenar de indios que iban al encuentro de otros que habían robado sus caballos. Sigue rumbo al
sur, abandona ahora el curso del Limay a fin de encontrarse con el cacique Sayhueque, pero al llegar
a las tolderías, se encuentra con el recelo de la indiada molesta pues el gobierno estaba demorado
en la entrega de raciones convenidas para obtener la paz con las tribus araucanas. Sayhueque,
aconsejado por los ancianos de la tribu le niega el paso a Chile, por lo que Moreno debió desandar
su camino y retornar a Nahuel Huapi sin completar el itinerario trazado.
Contempla extasiado el paisaje que lo rodea, pero le preocupa que semejante extensión de tierra
esté en manos de unos pocos dueños que las obtuvieron a precios irrisorios y por las relaciones
que éstos tenían con los gobernantes de turno.
El 22 de enero de 1876, llega al lago Nahuel Huapi, donde enarbola la bandera argentina. Después
de dos días de estar en el lugar anotando en sus trabajos todo lo referente a una raza que se
extinguía inexorablemente ante la indiferencia del gobierno, prepara el regreso.
Tiene 23 años y su salud ya quebrantada. Pero la Patagonia ejerce en él una fascinación irresistible,
es por eso que luego de un obligado descanso se prepara para una nueva expedición.
Se ha propuesto reconocer el río Santa Cruz. En julio del mismo año, el entonces presidente, Nicolás
Avellaneda, y su Ministro de Relaciones Exteriores, proveen a Moreno para la misión. La cuestión de
límites con Chile era un tema que acaparaba la atención de Moreno; le preocupaba sobremanera que
hablaran de los límites de la cordillera y del punto de separación de las aguas, hombres que ni
siquiera conocían esa geografía.
El 20 de octubre, se embarca rumbo a las tierras australes, y luego de un viaje nada fácil, la nave
fondea en la desembocadura del río Chubut. Allí, Moreno recorre la colonia galesa obteniendo gran
cantidad de fósiles marinos. Tres meses más tarde, la nave zarpa nuevamente, llegando a la boca de
río Santa Cruz el 21 de diciembre. El propósito de esta empresa, es remontar el río y recorrerlo en
toda su extensión. Los vestigios de una pasada actividad volcánica acaparan la atención de Moreno;
encuentran la naciente del
río Santa Cruz, donde vierte sus aguas un inmenso lago, Moreno lo bautiza con el nombre de
Argentino. Pasa la expedición por antiguos paraderos indígenas, realiza múltiples excavaciones en
busca de una antigua civilización. Durante el resto de la travesía, tiene oportunidad de convivir con la
indiada, tomando apuntes de su idioma, con la intención de formar un diccionario tehuelche.
En el mes de febrero, también, descubre y bautiza el lago San Martín y días más tarde avista el lago
Viedma y el cerro Chaltén, al que identifica como un inmenso volcán y bautiza con el nombre de Fitz
Roy. Moreno dispone el regreso. Una vez arribado, dona sus colecciones para fundar el Museo
Antropológico y Arqueológico de la provincia de Buenos Aires. El 8 de octubre de 1877 es
sancionada la Ley de creación de ese museo y se lo nombra director. Dos años más tarde, el
presidente de la Nación le encomienda la exploración de los territorios del Sud y se lo designa Jefe
de la Comisión Exploradora. Acepta el encargo, solicitando que todos los objetos coleccionados
durante la expedición sean incorporados al Museo bajo su dirección.
Es el mes de octubre, y parte rumbo al sur estudiando en su recorrido los aspectos geológicos del
trayecto desde puerto San Antonio a Nahuel Huapi, para la futura construcción de una línea férrea
que, atravesando la Patagonia, una el Atlántico con el Pacífico.
Realiza así, la segunda visita a Nahuel Huapi, y en ese marco de soberana naturaleza concibe la
idea de reservar esas tierras para la creación de un parque nacional. Avanzando a través de las
tolderías, llega hasta un lago hasta entonces desconocido, al que bautiza Gutiérrez en memoria de
su antiguo maestro.
Es territorio mapuche, y nuestros expedicionarios caen prisioneros. Tras varios días de encontrarse
entre la vida y la muerte, logran huir en balsa hasta que son encontrados por una partida de milicos
que los llevan al fortín.
La salud de Moreno empeora. Parte en tren rumbo a Buenos Aires, y al llegar debe ser bajado en
camilla. Una multitud lo espera para ovacionarlo.
Sin embargo, algunos funcionarios del gobierno no apoyan su misión, y Moreno, aduciendo
problemas de salud –ataxia locomotriz incipiente y anemia cerebral– presenta su renuncia a la
comisión exploradora. Cansado, y desilusionado por la ceguera de los gobernantes, emprende un
viaje a Europa y una vez en París se inscribe en varios cursos en la Universidad.
Su labor, en cambio, es reconocida en toda Europa, donde las distintas sociedades científicas lo
tienen como disertante.
Entre 1882 y 1884, realiza viajes a Córdoba, San Luis, Mendoza y San Juan en busca de elementos
que pertenezcan a civilizaciones anteriores a la conquista española y de yacimientos fósiles. Para
esta fecha, el Museo provincial ya no podía albergar tamaña colección, por lo que surge la idea de
reemplazarlo por un edificio más acorde con la calidad del material estudiado. Nace así, el Museo de
La Plata.
EL PERITO
El conflicto limítrofe con Chile ha recrudecido, y Moreno siente que no puede estar ausente en un
tema tan importante para nuestra soberanía. Entre los años 1892 y 1894, realiza trabajos
íntimamente relacionados con esta cuestión.
Así lo encontramos en la Puna de Atacama, examinando el hito de San Francisco, y a pedido de la
cancillería, en las provincias de San Juan y la Rioja.
Un año más tarde, lleva a cabo su más importante expedición al sur, pues de ella proviene el
relevamiento con que se realizará la nueva cartografía. Ni bien concluye este viaje, parte hacia Chile
a entrevistarse con los más importantes políticos de ese país instándolos a resolver las cuestiones de
límites por la vía pacífica. Hay que tener en cuenta que en un momento, el pleito adquirió tintes
sombríos, amenazando desatar la contienda entre ambas naciones. Ya a nadie le quedan dudas
respecto a que el litigio sólo puede ser resuelto con la intervención de Moreno.
Finalmente, luego de muchas dudas, acepta el cargo de Perito Argentino en la cuestión de límites
con la República de Chile.
El 20 de noviembre de 1902, el rey Eduardo VII firma el laudo arbitral, en virtud del cual Argentina
rescata cuarenta y dos mil kilómetros cuadrados de tierras que el perito chileno atribuía a Chile.
Nuevamente el Dr. Moreno había prestado sus servicios y su inquebrantable patriotismo en bien de
su país.
LA EDUCACIÓN, LOS NIÑOS,
LA MUJER...
Moreno no era hombre de aferrarse a los bienes materiales, por eso a las tierras que aún le
quedaban, -luego de donar las destinadas al primer parque nacional-, decidió venderlas por un valor
de doscientos mil pesos, para encarar uno de sus más viejos proyectos. Nacen así, en la quinta del
Parque Patricios, que era su propia residencia, las Escuelas Patrias, donde se alimentaron y
educaron muchos chicos pobres. Crea con posterioridad el Patronato de la Infancia.
Corría el año 1905, y funda las Cantinas Maternales, donde se da abrigo y ayuda tanto a las madres
solteras, como a aquellas que deben salir a trabajar para mantener a sus hijos y no cuentan con un
lugar seguro donde dejarlos durante su ausencia. Contrata amas de leche para alimentar a los
bebés.
Funda «La obra Patria», una institución de profunda función social, destinada a recoger niños de la
calle, dándoles apoyo y enseñándoles oficios varios para enfrentar la vida dignamente. Toda esta
obra fue realizada entre los años 1905 y 1907.
El 4 de julio de 1912, funda la Institución Nacional de Scoutismo Argentino, siendo presidente de la
Primera Comisión Directiva.
En 1914 presenta al Consejo Nacional de Educación el proyecto de las «Escuelas Nocturnas para
Adultos», donde propone separar los niños de doce años hasta los ancianos que concurrían a la
escuela nocturna, en diversos grupos acorde a sus edades, adecuando la enseñanza manual y
teórica en base a sus necesidades.
El mismo año presenta el proyecto de «Escuela para la Cenicienta» mediante el cual maestras
ambulantes concurrirían normalmente a los hogares humildes a fin de dar instrucción y escuela
práctica a las hijas que por quedarse cuidando a sus hermanos menores mientras sus padres
trabajaban, permanecían analfabetas o semianalfabetas.
SU LEGADO
• 1882: Es designado miembro de una Comisión encargada de la construcción de edificios públicos
de La Plata. Sugiere la ubicación del futuro museo en la zona del bosque y propone los lineamientos
generales de su edificio.
• 1884: Es designado Director del Museo de La Plata, fundado por decreto del gobierno de la
Provincia de Buenos Aires el 17 de septiembre de 1884, sobre la base de la donación de sus
colecciones particulares.
• 1896: En Septiembre, el Gobierno Nacional lo designa Perito Argentino en la cuestión de límites con
Chile.
• 1903: Por ley Nº 4192, en julio, se resuelve «Acordar al señor Francisco P. Moreno (…) como
recompensa extraordinaria por sus servicios y en mérito a que durante veintidós años ellos han sido
de carácter gratuito, la propiedad de veinticinco leguas de campos fiscales, en el territorio de
Neuquén (…)»
En noviembre del mismo año, Perito Moreno, dona al Gobierno de la Nación tres leguas cuadradas al
oeste del lago Nahuel Huapi para que sean conservadas como parque natural. Nace así el Primer
Parque Nacional Argentino.
• 1905: Mantiene abierto el portón de acceso a la quinta para que los niños de barrios vecinos
puedan entrar libremente, comer las frutas de los árboles y, además, recibir los panecillos y el plato
de sopa que les ofrece diariamente. A fines de este año incorpora la enseñanza de las primeras
letras: nace así la primera Escuela Patria. Construye un gran comedor y cocina, y agrega un aula y
habitación para el maestro. Pronto llega a dar comida a doscientos niños por día.
• 1912: El 4 de julio funda la Asociación Boys Scouts Argentinos, y se constituye como primer
presidente.
• 1913: Asume el cargo de Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación que le ha sido
ofrecido, donde permanece hasta 1916. Durante su actuación se crean las Guarderías infantiles, las
Escuelas nocturnas para adultos, las escuelas ambulantes, las bibliotecas populares, se modifican
los planes de estudio de las escuelas técnicas y se crea el escalafón para maestros.
• 1914: Inspiró el Monumento al Ejército de los Andes en el Cerro de la Gloria.
• 1916: Presenta un proyecto de ley para crear Parques y Jardines Nacionales en todos los territorios
donde existan ruinas indígenas o estén vinculados con hechos históricos de relevancia o contengan
monumentos naturales dignos de conservación.
Presenta un proyecto para la creación de «Estaciones Experimentales Agrícolas». (Precursoras de
los que hoy es el INTA).
• Pronosticó la existencia de petróleo en Comodoro Rivadavia. (Fue consultado sobre la posibilidad
de realizar perforaciones para encontrar agua, y su respuesta fue: Agua no van a encontrar, pero
encontrarán petróleo)
• Intervino en la fundación de la Estafeta Postal en la Isla Orcadas del Sur.
EL HOMBRE
Vino al mundo un 31 de mayo de 1852, en una casa de Paseo Colón y Venezuela, de la ciudad de
Buenos Aires, y el 29 de setiembre del mismo año, sus padres, Juana y Francisco, lo bautizan con el
nombre de Francisco Pascasio Moreno. Nacido en el seno de una familia acomodada, ya desde niño
se sintió poco atraído por las comodidades y la vida fácil.
Mucho se ha hablado de Francisco Moreno como científico, educador, y legislador, pero poco se ha
mencionado de la otra faceta, la de hombre común. Será quizás, que este tipo de personas dan su
vida por sus ideales y por el bien de su patria, relegando a segundo plano todo aquello que atañe al
hombre común.
El 14 de junio de 1885, se casa con María Ana Varela. Con quien tuvo siete hijos: Rufino (fallecido al
nacer; Francisco; Juana María; Eduardo; Mariano (fallecido a los dos años); Florencio y José, quien
fallece a los seis meses de vida. María es una de esas mujeres orgullosas de la labor de su marido y
lo alienta permanentemente.
En 1897, a raíz de unos de los viajes que Francisco realizara a Chile como Perito en Límites, su
esposa, con sus cuatro hijos cruza con él la cordillera a lomo de mula, los acompaña su gran amigo
Clemente Onelli.
Pero el 1 de junio del mismo año, María, a la edad de veintinueve años, fallece víctima de fiebre
tifoidea.
Es un duro golpe para nuestro hombre que queda a cargo de cuatro niños de 11, 9, 7 y 4 años.
Dos años más tarde viaja con sus hijos a Londres, para tratar cuestiones referidas al litigio limítrofe, y
allí los varones son puestos pupilos.
Lamentablemente, la vida habría de jugarle otra mala pasada, y en enero de 1903, a la edad de 9
años, fallece su hijo Florencio. Su espíritu está quebrantado, viajó nuevamente al sur para recuperar
el entusiasmo perdido. Esta es una época de grandes realizaciones fundamentalmente en lo que
respecta a la educación y el bienestar de la niñez.
En sus últimos años disfruta de la compañía de Clemente Onelli, su amigo y compañero de
aventuras. El 22 de noviembre de 1919, la muerte lo sorprende, tenía sesenta y siete años de edad,
y cientos de años de sabiduría. Luego de una misa en la Iglesia del Pilar, es enterrado en el
cementerio de la Recoleta.
En el año 1944, sus restos fueron trasladados al Mausoleo de la Isla Centinela, en Nahuel Huapi.