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MICHAEL J.
SANDEL
Lo que
el dinero
no puede
comprar
Los limites
morales
del mercado ;
DEBOLSILLO~y
10 QUE EI. DINERO NO PUEDE COMPRAR
tributiva. También es preciso preguntarse si las norma dq,
estin desplazando normas no mereantiles ¥en caso de que yg
ello implica olvidarse de las que merecen ser protegidas, 4
No pretendo que promover ls actitudes nobles hac el
ambiente la puernidad o la educacién deba siempre rung
toda consideracién de la competencia, El soborno a veces 6
Y en ocasiones puede ser justo recurrit a él. Pagando a nis gn
bajo rendimiento escolar para que lean libros se puede cone,
una considerable mejora en su aptitud para la Lectura, y podem
decidir intentarlo con la esperanza de conseguir enseiarles 2 amar
lectura. Pero es importante recordar que los estamos sobornandy
que estamos incurriendo en una prictica moralmente compromet.-
da que sustituye una norma superior (leer por amor a la lectus) por
otra inferior (leer para conseguir dinero).
Conforme los mercados y el pensamiento orientado al mercado
van invadiendo esferas de la vida tradicionalmente regidas por norms
no mercantiles —salud, educaci6n, procreaci6n, politica de refugiados,
proteccién medioambiental—, este dilema se plantea cada ver com
mayor frecuencia. {Qué debemos hacer cuando la promesa de cred
miento econémico, o de eficiencia econémica, significa poner predo
a bienes que consideramos que no tienen precio? En ocasiones 20!
invade la duda sobre si actuar comercialmente en mercados mon
mente cuestionables con la esperanza de alcanzar fines valios0s
DINERO Por CAZAR UN RINOCERONTE,
; A ol
Supongamos que se quiere proteger especies en peligro de ex”
el rinoceronte negro, por ejemplo—, De 1970 a 1992111
= 2 yin
wt atticana de rinocezontes negros descendid de set
mi
ae
Semplares a menos de dos mil quinientos. Aunque }
e n si
ina Sh Peligro de extincién es ilegal la mayoria de 1 Ths
anos han sido in aa
capaces de proteger a los rinoce'?
cazadores fartivos, seats Jes 0
ue venden sus cuernos por grand
dir
neTO en Asia y Oriente Préximo.*
84INCENTIVos
jadécada de 1990 y a Principios de la de 2000, grupos pro-
oa de la fauna y defensores sudafricanos de la biodiversidad
ryaron a considerar el empleo de incentivos mercantiles para
cones especies amenazadas. Si se permitia en haciendas privadas la
Te es cazadores del derecho a matar un niimero limitado de
Seanke negros, los propietarios tendrian un incentivo para
carlos, protegerlos y alejar a los furtivos.
En 2004, el gobierno sudafricano obtuvo la aprobacién de la Con-
vexdn del Comercio Internacional de Especies Amenazadas para
concede licencias a cinco cazadores de rinocerontes negros. Los rino-
cerotes negros son animales peligrosos y dificiles de matar,y la opor-
tunidad de cazar uno de ellos es muy apreciada entre los cazadores
de wofeos, La primera caza legal en décadas cost6 la bonita suma de
150.000 délares, que pagé un cazador norteamericano procedente de la
industria financiera, Entre los que le siguieron hubo un multimillona-
so ruso del petréleo, que pag por matar tres rinocerontes negros.
Lasolucion mercantil parece efectiva. En Kenia, donde la caza
de rinocerontes esta todavia prohibida, la poblacién de rinocerontes
‘ego ha descendido de veinte mil a alrededor de seiscientos debi-
404 que el pais ha perdido gran parte de su vegetacion autéctona
fon la proliferacién de fincas agricolas y ganaderas. Sin embargo, en
ica, donde los hacendados tienen ahora un incentive moneta~
"9 para dedicar grandes fincas a conservar la fauna, la poblacién de
egros ha empezado a recuperarse.
Auienes no les preocupe la caza de trofeos, vender el derecho
‘tm rinoceronte negro es una forma raronable de utilizar
done, go Me*antiles para salvar especies amenazadas. Si los caza~
te cn dispuestos'a pagar 150.000 délares por casar un rinoce~
Cerone, s tendran un incentivo para proteger a los rino~
je incrementando as{ su provisién. Se trata de un ecoturismo
Bde Rail Y pague por cazar un rinoceronte negro :
Pe seryng eiO8-Serd una experiencia inolvidable y al mismo
Danie 2 S242 de su conservaciém. "
Cranes {| F20namiento econémico, la solucién mercantil parece
“mt la mejor. Beneficia a algunos y no perjudiea a nadie: Los
83LO QUE EL DINERO NO PUEDE COMPRAR.
hacendados ganan dinero, los cazadores tienen la oportunidad de
acechar y disparar a una criatura formidable y se aleja a una especie
amenazada del abismo de la extincion. {Quién protestaria?
Depende de la condicién moral de la caza de trofeos. Si cree.
‘mos que es moralmente objetable matar animales salvajes como un:
deporte, el mercado de la caza de rinocerontes es una ganga diab.
a, una especie de extorsién moral. Podemos reconocer su efecto
Positivo en la conservacién de los rinocerontes y [Link] hecho
de que esto sea resultado de una satisfaccién de lo que consideramos
placeres perversos de cazadores acaudalados. Serfa como salvar un
viejo bosque de secuoyas de su destruccién permitiendo a quienes
las talan vender a donantes adinerados el derecho a grabar sus inicia-
Jes en algunos arboles. .
Qué hacer entonces? Podemos rechazar la solucién mercantil
aduciendo que la fealdad de la caza de trofeos sobrepasa los benefi-
ios de la conservacién. O podemos decidir pagar la extorsién mor
y vender el derecho a cazar algunos rinocerontes con la esperanza de
salvar ala especie de su extinci6n. La respuesta justa depende en pat-
te de si el mercado quiere realmente producir el beneficio que pro-
mites ve Se depende de si los cazadores de trofeos se equi-
vocan al tratar la fauna como objeto de de i del
Bravedad moral de esa equibscaclin, ee
i oe ncontramos con que el razonamiento met
: mpleto sin el razonamiento moral. No podemos
i
:
i
i
86INCENTIVOS
criatura grande y poderosa ¢s una forma de respeto hacia ella. Un
hombre de negocios ruso que en 2007 pagé por cazar un rinoce.
ronte negro dijo: «Le disparé porque era uno de los cumplidos mis
grandes que podia hacerle al rinoceronte negro».* Los ctiticos dirin
que matar a una criatura es una extrafia manera de venerarla. La
cuestion de sila caza de trofeos valota debidamente la fauna salvaje
es un asunto-moral que esté en el corazén del debate.¥ que nos lle-
va de nuevo al tema de las actitudes y las normas: que se pueda crear
un mercado de la caza de especies amenazadas de extincién, no solo
depende de si ese mercado incrementa su namero, sino también de
si expresa y fomenta la manera correcta de valorarlas.
El mercado del rinoceronte negro es moralmente complejo
porque trata de proteger una especie amenazada de extincién fo-
mentando actitudes cuestionables hacia la fauna salvaje. Veamos aho-
ra otra historia de caza que somete el razonamiento mercantil a una
prueba atin mis dura.»
DINERO POR CAZAR UNA MORSA
Durante siglos, la morsa atlantica fie tan abundante en la region ar-
tica de Canadé como el bisonte en el Oeste americano. Apreciado
Por su carne, su piel, su grasa y sus colmillos de marfil, este indefenso
mamifero marino fire presa facil de los cazadores, y a finales del si-
glo x1x la poblacién de morsas habia quedado diezmada. En 1928,
Canada prohibié la caza de la morsa con la pequefia excepcién de la
Que originariamente practicaban los esquimales para su propia sub-
sistencia, pues desde hacfa cuatro mil quinientos afios su forma de
Vida giraba en torno ala caza de este animal.”
En la década de 1990, deres esquimales hicieron una propues-
taal gobierno canadiense. Por qué no permitir al esquimal vender a
los cazadores el derecho a abatir algunos ejemplares de su cupo de
Morsas? El-nfimero de morsas cazadas seguiria siendo el mismo, Los
esquimales recibirian el dinero de los permisos, harlan de guias de
los cazadores de trofeos, supervisarian la caza y utilizarian la carne y
. 87
Peter
i
i
:
|1.0 QUE El. DINERO NO PUEDE COMPRAR
Ia piel como siempre Jo habian hecho. El sistema elevatia el iy
econémiico de tna comunidad pobre sin sobrepasar el cupo exiges
te para ella. El gobierno canadiense dio su conformidad,
En la actualidad, cazadores de trofeos ricos de todo el mundo
acuden al Artico para tener la oportunidad de abatir a una mor,
Pagan de 6.000 a 6.500 délares por este privilegio. No van por
emocién de perseguir, 0 el reto de acechar, a una presa escurriiza,
Las morsas son criaturas pacificas que se mueven con lentitud y no
son precisamente piezas para cazadores provistos de rifles. En una
convincente informacion publicada en The New York Times Magazi-
nse, C. J. Chivers comparé la caza de la morsa bajo la supervision de
Jos esquimales con «un largo viaje en bote para disparar sobre algo
parecido a un gran sill6n hinchables.
Los guias acercan el bote a cincuenta yardas de la morsa ¢ indican
al cazador cuindo puede disparar. Chivers describié la escena como la
de un cazador deTexas abatiendo a su presa: «La bala alcanz6 al macho
en el cuello, sacudiéndole la cabeza y haciéndole caer a un lado. Un
chorro de sangre sali6 del otificio que le hizo la bala. El macho qued6
inmévil. [El cazador] bajé el rife y sacé su cimara de videos. La tips
laciGn esquimal se puso entonces a Ja dura tarea de arrastrar la mors
muerta hasta un témpano de hielo y descuartizar su cuerpo.
El atractivo que pueda tener esta caza es dificil de entender. No
hay reto alguno en ella, lo que la hace parecer menos un deporte
que una especie de turismo mortifero. El cazador no puede exhibit
los restos de su pieza en las paredes de su casa donde tiene 1os
feos. Las mortas estin protegidas en Estados Unidos, y ¢s ilegal x
bir partes de su cuerpo en todo el pais.
ePara qué cazar entonces una morsa? Al parecer, para satisfac
fl deteo de matar un espécimen de cada criatura que figure &
listas de los clubes de cazadores, por ejemplo, los «cinco gr24"%
Geopardo, lebn, elefante, rinoceronte y biifalo del Cabo) 0 €! «6%
Slam (caribG, buey almizclero, oso polar y morsa). a
Dificidmente puede consttuir eo una meta admirable ™
gente lo encuentra repugnante. Pero recordemos que los mercado? f
emiten juicios sobre los deseos que satisfacen, Desde el 220!
88INCENTIVos
mercantl hay cieramente mucho que decir en for de permite alos
exquimales vender su derecho a czzar un niimero determinade do
[Link] esquimales cuentan con una nueva fuente de ingresos, y los
scazadores de listas» com la oportunidad de completar su lta de anima.
les cazados, sin exceder el cupo establecido. En este sentido, vender el
derecho a matar una morsa es como vender el derecho a procrear 0 a
contaminar. Una vez establecido un cupo, la logica del mercado dicta
que los permisos comercializables mejoran el bienestar general. Con
ellos, determinadas personas se benefician sin perjudicar a nadie,
Y,sin embargo, hay algo moralmente desagradable en comerciar
con la caza de morsas. Supongamos, para reforzar el argumento, que
¢s razonable permitir a los esquimales que contintien cazando mor=
sas como Jo llevan haciendo durante siglos por ser esta caza necesaria
ara su subsistencia. Aun asi, permitirles la venta del derecho a cazar
morsas ¢ moralmente objetable por dos razones,
Una es que este extrafio mercado satisface un deseo perverso
que no entra en ningiin célculo de utilidad social, Pensemos lo que
Pensemos de la caza mayor, aqui se trata de una cosa distinta, El de-
seo de matar de tan cerca un mamifero indefenso sin reto ni acecho,
simplemente para completar una lista, no merece ser satisfecho ni
aunque proporcione ingresos extras a los esquimales. La segunda ra
zn es que la venta por parte de los esquimales a gente extraiia del
derecho a matar las morsas a ellos asignadas corrompe el significado
¥ el propésito de la exenci6n inicialmente concedida a su comuni-
dad. Una cosa es aceptar la forma de vida de los esquimales y respo~
tar su larga dependencia de la caza de la morsa para subsistir, y ota
muy distinta convertir una parte de este privilegio en una concesién
hecha a otros por dinero. - + ruiie d
Fei e
INcentivos-¥ CONFLICTOS MORALES :
Durante la segunda mitad del siglo xx, Eanam(a de Paul Semuelson
el: manual més importante en todo el pafs. Recientemente eché
‘\M Vistazo a una de las [Link] (1958) de este libro pare
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