LOS SACRAMENTOS DE INICIACIÓN CRISTIANA
PARTE II: LA CONFIRMACIÓN
Nos toca seguir con el sacramento más directamente unido al Bautismo, el sacramento de la
CONFIRMACIÓN.
Santo Tomás de Aquino comparaba a los sacramentos de la iniciación con el proceso que experimenta nuestra
vida natural: nacemos, necesitamos nutrirnos y crecemos hasta llegar a plenitud. Del mismo modo, aunque en
un plano sobrenatural, ocurre con los tres primeros sacramentos: Renacemos a la vida sobrenatural de la gracia
por el Bautismo, la Eucaristía nos alimenta y sustenta esa vida espiritual y la Confirmación implica un
crecimiento, una madurez en nuestra realidad de cristianos.
LA CONFIRMACIÓN
Podemos definirlo como el Sacramento que renueva la gracia recibida en el Bautismo y nos concede la
efusión plena del Espíritu Santo, con sus siete dones.
Por la Confirmación se fortalece todo lo que nos concedió Dios el día que nos bautizaron.
Cada sacramento tiene en común que ha sido instituido por Cristo y presenta determinados elementos, que
varían según el caso. REPASEMOS… Esos elementos son MATERIA (el signo material de que se vale Dios
para conferir la gracia del sacramento); la FORMA (las palabras de quien lo administra y que acompañan a la
materia); el SUJETO (quién lo recibe); el MINISTRO (quién administra el sacramento) y sus EFECTOS (todo
sacramento es por sí eficaz, produce una serie de efectos en nuestra alma).
Veamos cómo se presentan estos elementos en el caso de la Confirmación:
MATERIA: la Unción con el Santo Crisma
FORMA: las palabras del ministro, pronunciadas mientras unge la frente del sujeto: “Recibe por esta señal el
don del Espíritu Santo”.
SUJETO: Todo bautizado no confirmado, puede y debe recibir este sacramento.
MINISTRO: El Ministro Ordinario, es decir a quien en primer lugar le corresponde administrar la
Confirmación, es el Obispo. El Ministro Extraordinario es el sacerdote delegado por el Obispo, en caso de
urgencia o grave necesidad.
EFECTOS: La Confirmación produce en el alma del confirmado los siguientes efectos:
1-Plenifica la filiación divina, es decir, perfecciona nuestra condición de hijos de Dios; vínculo que nace en el
Bautismo.
2-Nos une más a Cristo y a su Iglesia.
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3-Nos concede una gracia especial que nos hace testigos de Cristo, para difundir y defender la fe con la palabra
y las obras.
4-Imprime en el alma carácter indeleble: Un sello imborrable que nos identifica como cristianos confirmados
en la fe.
*CONDICIONES PARA RECIBIR LA CONFIRMACIÓN:
Estar bautizado y en gracia de Dios (sin pecado mortal). Si quien la recibe ha llegado al uso de razón, se hace
conveniente una adecuada preparación.
*EFUSIÓN PLENA DEL ESPÍRITU SANTO: Esto supone para nosotros la Confirmación, e implica que el
Espíritu Santo se derrama sobre nuestra alma, colmándola con la gracia santificante y con sus siete dones.
LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO: SON DISPOSICIONES PERMANENTES INFUNDIDAS POR
DIOS EN EL ALMA, JUNTO CON LA GRACIA SANTIFICANTE, QUE HACEN AL HOMBRE DÓCIL
PARA SEGUIR LAS INSPIRACIONES DIVINAS.
Son siete: SABIDURÍA, ENTENDIMIENTO, CONSEJO, CIENCIA, FORTALEZA, PIEDAD Y TEMOR
DE DIOS.
SABIDURÍA: Por este don podemos gustar, “saborear” las cosas de Dios. ENTENDIMIENTO:
Para penetrar las verdades reveladas por Dios.
CONSEJO: Para discernir, en cada acción concreta, cuál es la voluntad divina.
CIENCIA: Para juzgar rectamente acerca de las cosas creadas.
FORTALEZA: Para superar los obstáculos que pudieran impedirnos cumplir la voluntad de Dios y rechazar
el mal, por difícil que sea.
PIEDAD: Gracias a él nuestra voluntad puede amar profundamente a Dios Padre, al prójimo y a nosotros
mismos como Jesús nos enseñó.
TEMOR DE DIOS: Por él tememos apartarnos de Dios por el pecado.
*LA CELEBRACIÓN DE LA CONFIRMACIÓN: La liturgia de este sacramento consta de cuatro partes,
que tienen lugar, generalmente, dentro de la Santa Misa.
Esas partes son:
1) Presentación de los confirmandos:
2) Renovación de las promesas bautismales:
3) Imposición de manos:
4) Unción con el Santo Crisma:
UNGIR significa consagrar o dedicar una cosa o persona a Dios. En la antigüedad se ungía con óleo la
cabeza de reyes, profetas y sacerdotes. Esto nos habla de la importancia de ser ungidos por la
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Confirmación, que como el Bautismo, nos permite participar de la triple potestad de Cristo, Sacerdote,
Profeta y Rey.
EL SANTO CRISMA: Es una mezcla de óleo y bálsamo, consagrado por el Obispo en la Misa Crismal de
Semana Santa. Su nombre viene de Cristo y su perfume nos recuerda que nuestra vida y nuestras obras
deben manifestar el buen olor de la santidad.
La parte más importante de la liturgia del sacramento es cuando el confirmando con su padrino se acercan
ante el Ministro que unge la frente del sujeto con el Crisma, haciendo la señal de la Cruz, mientras
pronuncia las palabras de la forma: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”. En ese instante
recibimos la efusión plena del Espíritu de Dios, y quedamos confirmados en la fe, como testigos y soldados
de Cristo.
*Sobre la NECESIDAD de recibir este sacramento: La Confirmación es un sacramento muy importante. Sin
embargo, su recepción no tiene el carácter de indispensable como lo tiene el Bautismo. Aun así, debemos tener
algo muy en claro: la santificación se obtiene con la gracia y las buenas obras. El canal ordinario para recibir
la gracia son los sacramentos. A mayor grado de gracia, mayor grado de gloria en la Vida eterna y mayor
cantidad de auxilios sobrenaturales en esta vida; de allí lo trascendente que resulta acercarnos a este
sacramento que perfecciona y completa lo recibido en el bautismo.
*Los PADRINOS del sacramento: Como sucede con el Bautismo, la Confirmación, requiere de la presencia y
acompañamiento de un padrino o madrina, que respaldan el acto de fe que realiza el sujeto del sacramento. A
tal respecto, el Código de Derecho Canónico nos dice:
“Corresponde a un/a padrino/madrina, procurar que el sujeto se comporte como verdadero testigo de Cristo y
cumpla fielmente las obligaciones inherentes al Sacramento” (CIC, c.892).
Conviene colaborar en la preparación de los confirmandos para recibir el Sacramento, y contribuir después
con su testimonio y con su palabra a la perseverancia en la fe y en la vida cristiana de sus ahijados.
Su tarea es de suplencia respecto a la obligación primordial de los padres, pero no por eso su misión es menos
importante.
Condiciones que debe cumplir el padrino:
-Tenga intención y capacidad de desempeñar esta misión;
-haya cumplido 16 años;
-sea católico, esté confirmado, haya recibido el Sacramento de la Eucaristía y lleve una vida congruente con
la fe y la misión que va a asumir;
-no esté afectado por una pena canónica;
-no sea el padre o la madre del sujeto que recibe el sacramento. (CIC, c.874).