DERECHO SALVAJE
Hombres y animales entre
estado de naturaleza y
civilizacion juridica
Hario Belloni y Chiara Magneschi
Profesor Titular de Filosofia del Derecho
y Profesora Contratada de Derechos Humanos
Universidad de Pisa
Traduccién y revision del texto en la versién espafiola de
Chiara Magneschi y Ana Marrades Puig
RELS
EDITORIAL
TeCAPITULO TERCERO
DERECHO «SALVAJE»
Tlario Belloni y Chiara Magneschi
I. {UNA RELACION (AUN) NATURAL?
El uso del modelo lockiano como teorfa vé-
lida para interpretar las ordenanzas emitidas
contra los osos «peligrosos» para los humanos
nos lleva a examinar atin més de cerca los tér-
minos de la relacién humano-animal caracteris-
tica de este modelo.
Si, de hecho, sobre la base de ello, llevamos
_aconsiderar la «juridizacién» de la relacion hu-
mano-animal como el resultado de la caracte-
rizaci6n de esta tltima en términos de derecho
natural (de acuerdo con el esquema clasico de
Ja «positivizacién» de la ley natural), habiendo
criticado el resultado de este modelo, puede
valer la pena dar un paso mis atras: la bus-
queda de un esquema alternativo podria pasar
61aro Bolin y Chiara Magneschi
por la idea de una relacién que no est
Senne po uae
siquiera el re ntigu ili
on 1 antiguos (des)equilibrigs
Enotras palabras, puede preguntarse si
cpu par pec Seta iy
animal no mediada por el Derecho, y mucho
menos por las dinamicas de sometimiento/
prevalencia tipicas de los contextos que prece-
den al establecimiento del paradigma juridice,
tuna relacién que todavia es natural, pero no
enfocada en la prevalencia fisica.
Esta pregunta se refiere, incluso antes, ala
forma de entender el adjetivo «natural» en un
contexto, como el actual, y en-una situacién en
ta que ls términos de esa zelacion han came
iado, asi como la «ambientacién» en la que se
desarrolla, teenie
De hecho, si podemos estar de acuerdo so-
bre las implicaciones de una comprensién t-
dicional con respecto a este adjetivo, es decit,
sobre el hecho de que sea «natural» la relacién
en un contexto en el que humanos y animales
coexistieron, se relacionaron y chocaron en t&
‘inos iguales, cada uno con el uso de la propia
fuerza, en virtud de la expresidn de la spino-
ziana potentia, cabe preguntarse si seria igual-
‘mente pacifico Hamar a una relacién «natural»
a
Derecho sale
que yano se basa en una «bestialidad entre pa-
a. Con el tiempo, la brecha «salvaje» entre
faturaleza humana y naturaleza animal se ha
impliado terriblemente, y esto significa que el
hombre-animal se ha convertido cada vez més
inequivocamente en hombre, mejorando pre-
cisamente esas habilidades que no estén pre~
sentes en el animal-animal. En este aterrizaje
evolutivo, gracias precisamente al refinamiento
de los medios técnicos con los que el hombre
puede enfrentar y prevalecer sobre la bestia, ya
sea un rifle o un fuerte anestésico, 0 incluso la
ordenanza sancionadora que regula la relacion
humano-animal, se ha producido una presun-
cidn absoluta del poder del hombre sobre el
animal.
Con estas premisas, por lo tanto, ¢todavia
es plausible establecer Ia relacién humano-ani-
‘mal en términos puramente naturalists, inter-
pretando el nuevo conjunto de fuerzas simple-
mente como la actuatizacién de un equilibrio
sobre la base de una evolucién atin natural (ya
que lo permite Ia mejora de las capacidades da-
das al hombre, asf como al animal, por su na-
turaleza)? ;0 deberiamos decir que la enorme
disparidad de medios y fuerzas que existe hoy
entre el hombre y el animal (que también in-
luye el instrumento juridico-sancionador) ya
aIai Blond y China Mapresch
no nos permite entender la relacisn mencig.
nada como «natural»?
Para tratar de responder a esta pregu
‘tl, por un lado, cracterizar aa na dhe
pectro seméntico del término «natural, y por
otto, establecer el razonamiento abandonando
la perspectiva antropocéntrica, preguntindose
ya no, 0 no solo, acerca de la docilidad poten.
dial y la trazabilidad del animales salvajes, sino
también sobre el componente salvaje de los se-
res humanos (una pregunta a la que volvere-
‘mos en las paginas finales).
Ul, NATURALITER
Para profundizar los significados del adj
tivo «natural», usado para defini la relacon
entre el hombre y el animal, en términos alte
nativos a los deseritos hasta ahora, es intere
Sante usar una historia tornada de la iterotu™
contemporénea, la que ha contado admirable” 5)
mente Cormac McCarthy en The Crossing!
Recordemos brevemente la trama: ¢
Nuevo México, una familia deriva su sustes!
von, NGEARTHY, Te Conn, Aled Ke Net
es 186 dn creas Ee forts DH
‘celone 1999, fe
6
ec sata
de un rebatio de ovejas, que sin embargo esté
sutiendo numerosos ataques por parte de los
Jobos. Estos iltimos, para encontrar presas, @s-
tia legando a tezritorios cada vez mas «huma-
rizadose debido a la deforestacién y el consi-
uiente agotamiento de los recursos destinados
ellos de forma natural. Billy y su padre ponen
trampas en las que una loba queda atrapada. El
padre habia preparado al hijo para esta even-
‘ualidad, ordendndole que lo lamara inmedia-
tamente © que disparara. Sin embargo, el nifio
nose atreve a dispararle ni a dejar a la bestia a
su destino.
En dltima instancia —se anticipan las ob-
servaciones a seguir— Billy rechaza tanto la
legica factual de la relacién de fuerzas como
la mediacién del Derecho, optando en lugar
por una tercera via, la de llevar de vuelta la
Joba —también embarazada— al bosque del
que proviene. Asi comienza un largo viaje du-
rante el cual el nifo cuidaré al animal inevie
tablemente se apegaré a él. La historia en esta
parte es emblemética porqueel vineulo entre el
hombre y el animal se crea y nutre en una con-
dicion de miedo mutuo, siempre manteniendo
la distancia de seguridad y nunca invadiendo
el espacio vital de cada tno. Por lo tanto, se
superan los limites de la separacién absoluta
6—aengy———$§
aro Beton y Chara Magsehi
centre dos seres tradicionalmente antagénicos,
pero el desarrollo de este camino atin perms,
nece en el nivel de la naturalidad: animalida
y docilidad se contrarrestan de una manera
constante, sutil y precaria, funcional a una co.
existencia pacifica.
Es en esta relacién que podemos apreciar
la posibilidad de comprender el adjetivo «na.
tural» en el sentido diferente que se acaba de
anticipar: el equilibrio relacional que esta histo
ta nos testfica esté hecho de respeto a la dig-
nidad, tanto del hombre como de la bestia, y
nos lleva a pensar que es posible entender la
frontera entre docilidad y animalidad de una
‘manera nueva, En ambos sujetos, ciertamente
hay una instancia de agresién y un instinto de
defensa; asi como ambos lados estn animados
Por una predisposicién, aunque minima, para
interactuar de manera empatica y no violent
El vinculo cultivado hace que todas estas carac
teristicas sean constructivas, sin que las dife
rentes subjetividades tengan que suftir. En este
horizonte, el campo semantico de «natural» 5¢
ctuza con la categoria de «justo»: una instand®
de eticidad caracteriza las acciones del hombre
hacia el animal, lo que le da, aunque sea menos
conscientemente, un respeto similar, pero Si"
necesariamente ser domesticado.
“6
i
Derecho salle
£1 epilogo de Ja historia contada desafor-
tunadamente seré trégico, ya que la pareja se
encontraré en un cierto punto con un grupo de
hombres que tomarén posesi6n de la loba, con-
trala voluntad de Billy, lo que la obligaré a una
dolorosa pelea en la arena contra perros que la
dvastaran. Sera en ese momento que el nifio,
atormentado por el sufrimiento del animal, de-
cidird tomar coraje y poner fin a Ja vida de la
bestia amigan®. ;
‘La historia de Billy y la Joba es emblema-
tica de cémo la intervencién del Derecho siem-
pre determina la pérdida y sancién del animal.
Viceversa, la prosperidad del animal pasa por
tuna relacién desjuridizada, natural (en el sen-
tido que se acaba de describir) entre los dos
seres. Realmente parece que el acercamiento
inusual de Billy a la loba constituya un paso
adelante tanto con respecto al tradicional «cho-
que de fuerzas», con la supresidn arbitraria y
sin restricciones del animal, como con respecto
4 la solucién estéril y mortal propuesta por el
ordenamiento juridico, que con la aparente
intencién de racionalizar el tratamiento de la
Se uiliza agut la sugestiva expresién utiizada en
BONSIGNORF, Pica dls pus, Mimests, Milan Udine
20S, pp. 215 ¢ 8
oatris Blond y Char Magus
testo, encuentra su zazdn de ser més cbviay
funcional al autorizar sus intecvenciones de
eliminacién.
Con sti actitud, Billy encarna un modelo
original con respecto a la tendencia a fillrr i,
relacién huumano /animal con el Derecho, eni-
tima instancia, instrumento represivo ¥ antio
pocéntrico, que marca la prevalencia del valor
de Ia vida humana sobre el valor de la vida
animal, con una clara predeterminacién de is
relaciones de poder.
Sin embargo, lo sonprendente es la pro-
funda ambigiiedad con la que operael Derecho
humano con respecto al manejo de los animales
salvajes protegidos: abandonado y negado el
antagonismo natural entre hombre y bestia, tl
vez también en nombre de un cambio de ter
dencia por parte del hombre —en comparacién
con las précticas que han empobrecido y diet
‘mado el reino animal— ese Derecho selecciont
algunas bestias para un régimen de protection”
especial, que sin embargo se puede renunciat
‘cuando el animal, més alld de las causas 1
Provoquen su reaccién, revela su innata Pe
ligrosidad. La enorme ambigitedad —s! 14,
Temos contradictoria— que se crea deriva &
hecho de que, como se sefialé anteriorment®
¢l animal esté reintroducido en el habitat P™
68
Derecho staje
cisamente debido a su naturaleza salvaje y su
foreze, pero luego es limitado en Ja libre mani-
festacion de la propia naturaleza, si se ve afec-
tada la supremacia del hombre, en este sentido
tedavia duefio del reino animal, y legitimado
‘en esta posicién por leyes y reglamentas emi-
tidos para justficar tn acto que siempre es el
del antiguo orden: el acto de matar.
La ambigiiedad destacada indica, para vol-
ver a lo que se ha dicho anteriormente, una
profunda injusticia, en nuestra opinién, que
consiste en la desnaturalizacién exigida por el
animal (eres salvaje pero si no te portas de ma-
nera «civibs tengo derecho a reprimirte)
En este punto, la pregunta es si el Derecho,
cuyo objetivo es superar el contraste factual en-
the el hombre y el animal y Ia mediacién de la
telacién hombre-animal, puede abanconar este
tipo de ambigtiedad.
I. EL ANIMAL HUMANG, EL DERECHO
«HUMANO»
‘Como se anticip6 ampliamente, las reglas
que ctratan a los animales salvajes son muy
ambiguas. Se puede agregar que esta ambigiie-
dad también ocurre al momento de preguntar
ué tipo de status (entendido como «natura-
o[= ———__£_
ars Bly CR ages
Jeza») estas reglasestablecen para los animales
, de hecho, parece obvio asumir la naturales
salvaje de estos animales, en realidad el hecho
de que estas regulaciones prevean un ret.
eso de los derechos y privilegios reconocidos
—por parte de los regimenes de proteccisn a
los que estén sujetos— precisamente en los ca
sos en que se revela la naturaleza salvaje, crea
Ja duda de que la bestia sufra las expectativas
de la «civilizaciéne tipicas de un ser humano;
ademés, exactamente a través de esta «ficciém»
es posible atribuirle los deberes propios de un
consorcio civil, es decir, los de no daar al pr
jimo, bajo pena de aplicar una sancién més 0
‘menos grave". La clave para comprender estas
ambigtiedades, sin embargo, parece encon-
trarse precisamente en la 6gica inherente ala
categoria de ‘subjetividad juridica’ y en los in- |
5
tentos, encomiables por un lado pero produc
2a pon no pone ex dc 1 cuestin de bs De
tadosederechos de os animales, exept para at
sobre un aspect que slo pusde aparece, despues
«ge she ceo, completamente parsdéjio, a saber 8
{es spurs oder deo nial. Sin eb,
gu el cao deta espeicarent tema det «LBS. |
‘bn aime par sara conoid cxprsion de Peter SB
ade com hemos vist el propos y el alanc
tabsjo no se ubien adecumdsmente en el cei del
sobre derechos de los enim.
”
$$ —
Dereho slic
tives los efectos secundarios por el otro, para
tomarla prestada a fin de tratar los animales
enel sentido del Derechot: si los animales, de
“a pineosintenos de deat os arimales ne
kos te de dereo= no pean exesvamenle “PCO
ere Smo tua como he sucedido ot fe
SRETIT Ps cla pe delat G0) ahoa en 10,
Pes ers gia camo ycon ion de Asan.
ror chr lng Ganava 1,» 298) 3 aga
Spell ss fst sve prc cate por sna
Fropetiva mor cho as de una prin, cone
Enso tantmwnll ge Cee Gort or ahs poser a
tue de Marc ques pepe prs as epee
franent rede snd etc coe
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tne deed on una coco ren
pes de propersion ntl ao ero, de la
tl ors dna mncone cen qu crs
Grzatana hombres emotes no: bel ion
te no poems rear no del tga deena
yustar ce manta cnpuncast ese Cont tan
pont podemss xr que Genial qu petpeen oust
nm—ap——
ara ely Chara Magnes
hecho, pasaron de ser considerados meras ry
a ser clasificados también como «sujetos de
derecho», esto puede significar proyectar sp.
‘undo no tenga un sentid oscure de Jo que puede we
Propiedad, ecbigacion. merle cae mustangs
Spero ese celesecustodi dela propiedad desu due
¥ cme patip en su uso. Oscuramete, esa vin de
Feldad exter como alge propio debe operat en ls gue
‘mel hone izado alana las elas consraeee
delosjorisas Esabrurdo pensar queclonimal que pes oh
Servic sy amo quelo mantene ata ol inetinamere
{1 Tambin debe sat en a mismo, sunque oscars ser
‘aiamente esa relcn de servicios prstados enters
doy. Por puesto rimal no pers egal coco 6
Joquees propiedad, obligacin; x suiciee que Semumte
extecramente que ace uso de estos pincipcs gue toda
Speranen ide uramaneraescuray snl: (GORETTCy
animate que soggetto dt drow, en Rt dl lef
219,998 pp. bee)
1 Enel Volumen de RESCIGNO, ride anima
sess ogei cit se Waza un resumen ein dest cami
Ae parte de as eaposcions normative del Codigo ci
Sebredl animal comobien-cosa-objetode derecho asad
sins mas eients del debate yd la esac ste
recs de esanimales Wase tambien, con coments
‘ot lrrantes, SPOT, Gl abate suls sage
fica dg animale il sistema delle atl, en Cee
it err omarion iain, WV, m1/2, 2018,
'sicona nel ive del derecho postive, MARTIN G4
configu dela sogettta animate: un possibile
el prceso i "gurcenione” del interes ls 0B
tesa en Rss rite de drt pit, vo. 38.8 © 20
Fp 10-20y DE TORRES PEREA. Jb, ef mvoestit
‘kod santas nl Deeka Cini de coset
n
Derecho sate
bre el animal esa capacidad de ser titulares de
stuaciones juridicas subjetivas, ya sean activas
6 para poder disfrutar no solo de de-
opasivas,
para ser receptores/titula-
rechos sino también
res de deberes’
‘in embargo, lo que sucede es precisamente
una ficeiin, que la «subjetividadparece encar-
nar: para extenderse hacia los animales como
receptores, el Derecho debe considerarlos hu-
anos, incluso si los elige para protegerlos
como «fieras», para fingir que actian con im-
pulsos y conciencia diferentes de los inherentes
‘su naturaleza, conscientes de poder disfrutar
de ciertas prerrogativas (es decir, los derechos)
Y que se espera que tengan una serie de con-
uctas debidas (es decir, as obligaciones). Esto
significa que, para poder aplicarse, el Derecho
realiza una operacion de desnaturalizacién
(que es, al mismo tiempo, una juridizacién) del
animal, imponiendo sus propias légicas (jurf
cas) antrépicas.
‘ecient coma sere sersibs, Reus edits, Maid 2020,
que destacay analiza exiammente el concepto de wcligidade
‘nel debate sobrela condcion jurkica de los animate
* Vase epigrfe Il del capitulo en PEREZ MONCUIO,
JM? Anis de compas Regine rid en el Derecho
awnstatio ct ease C. ROGEL VIDE, Persons, Animales
1 Dewees, Reus Madr, 2017,
2
aavo Blin’ y Chis Magnes
Visto desde un punto de vista juridico, la
cuestién de la naturaleza de la relacién entre
el hombre y el animal simplemente se vuelve
obsoleta, ya que el Derecho nunca puede con-
siderarse respetuoso de la naturaleza del ani-
mal, Dicho de otra manera, no puede haber un
«Derecho salvaje», y una de dos: o bien existe
un estado auténticamente salvaje —de ascer-
encia hobbesiana/spinoziana, para recoréar
Jos elugares» del pensamiento filoséfico— de
libre y natural modulacién de la relacién entre
hombre y animal, 0 existe el Derecho, cuyas
fronteras se extienden para incluir el mundo
animal en un horizonte esencialmente/excr
jvamente humano.
En la novela de McCarthy, la mano del niio
que mata al animal no es la sentencia del Dere
cho, sino la manifestacion de una pietas que a su
vez es el fruto maduro de-una relacién seatida
y cultivada con el tiempo. No hay nada juico
en ese gesto, o més bien, Ja regla no entra en
juego, pero esté en el campo del pre (0 quiz4s
‘mejor, del extra) juridico.
Por otto lado, es facilmente comprobable
~asicomo completamente obvio desdee! punt?
de vista de su propia logica— que muchos de
los efectos del Derecho que hemos definide
aqui como «humano» (producide por hum
m
Derecho soe
znospara humanos) caen y tienen consecuencias
no solo y no tanto para aquellos de quienes ¥
para quienes ese derecho se produce y obedece,
fomo también y sobre todo en el entomo en el
que los humanos viven y operan, en la nafu-
raleza en sus mas variadas formas y especifi-
caciones (recursos naturales, ecosistema, flora,
fauna, ambiente, etc.). Los ejemplos, a este res-
pecto, podrian multiplicarse indefinidamente.
Pero no se trata solo de los «efectos» (colatera-
Jes) del Derecho humano; més bien, se refiere
a los limites de este derecho y a los sujetos/
objetos afectades por él, a pesar de sf mismos.
Un derecho que parece extenderse a toda una
serie de wentidades» que no tienen nada que
compartir, en términos de responsabilidad, con
ese derecho. Por lo tanto, siel limite establecido,
para las plantas «propias» es, de acuerdo con el
édigo civil italiano, de tres metros, la ley obli~
ard al propietario de esas plantas a evitar que
‘excedan dicho limite, por cualquier medio (po-
dindolas, erradicéndolas, etc. como si fuera
Una sancién a su crecimiento irresponsable &
itrespettioso del derecho de los humanos!). Por
tanto, se encuentra que esa planta esti sujet
4 pesor de si misma, podria decirse, a un derecho
‘we os bastante diferente de su spinoziano js
sive potentia,aro Beto y Chiara Magnes
Los ejemplos, de ia flora como de mu.
chos otros elementos naturales (piénsese en
las aguas del mar, rfos, lagos), son los més
inmediatos; de manera mas general, existen
varias normas juridicas que en su contenido
decodifican elementos naturales, y aunque no
es en ellos en lo que se ha centrado nuestra
atencién (més bien hemos tratado de resaltar
la extensi6n peculiar del derecho humano a
«aeino animal»), se puede observar que estas
reglas siempre tienen un esquema de funcio-
namiento chumano»: un sujeto activo y pa-
sivo, titulares, respectivamente, de derechos
y obligaciones. {Sin embargo, los verdaderos
receptores de estos esténdares no son hume-
nos por fin! Otras reglas, entonces, casi pate-
cen referirse directamente al mundo animal,
Jimitando la libertad o la vida de los animales
Por razones «humanas», es decir, titiles para la
vida y o la libertad y los bienes de los hombres
(por ejemplo, osos contra turistas, ungulados
¥s. produccién de vino). Por lo tanto, wna of
denanza establece el asesinato de un cierto
niimero de ungulados: zpero para quién ©
necesita realmente la ordenanza y para quién
es? :Para qué sirve? 2Por qué existe y e3 V&
lido? :Tienes que justificar algo y hacia quien?
Es casi como si se estuviera dirigiendo direc
6
Dorecha ae
tamente a los animales mismos («Disculpen,
xo es necesario hacerlo»),
‘Almargen de esta reflexién, hay un otro as-
ecto que hace que la extensién de un derecho
shumano» a los animales sea injusta e inapro-
piada, es decir, la imposibilidad —ontolégica—
qqie el animal condenado tenga un juicio justo,
yaque de ninguna manera puede ser parte de
uncontradictorio. El argumento esté lejos de ser
imelevante: es la estructura juridica del ordena-
niento de la vida humana extenclido al mundo
animal que busca su base y legitimidad en la
analogia hormbre-anienal y en la consiguiente
asimilacion de caracterfsticas y expectativas.
Tor otto lado, entonces, uno deberia esperar
queel destino animal (Kéase: la punibilidad) sea
‘onfiado a los mismos mecanismos y los mis-
‘mos presupuestos: si la eleccién del legislador
‘sextender al mundo animal las categorias jurk-
dics vantropomérficas», que son las piezas de
a procesalizacién de la relacién entre hombre
Yanimal, esta juridizacién no puede ser «muti-
ada», sino plenamente cumplida:
antes dle establecer si M100 o N15 (desde el
flo antropomarfico elegido, al menos el cso
tenga derecho al nombre!) ha cometide s0l0
lun dafio 0 mas datos; si es 030 dana» u 690
“eligroson; si, incluso sin sez un es0 edainoe
7—-
Tir Belen y Chars Mages
o epeligroso», se encuentra en una «situacién
ceitca» (como tal que legitima Ta activacién det
Plan), se deberia incardinar si no es un pron
eso, al menos un procedimiento, garantizandy
lo contradictorio en una audiencia publica Ie
produccién de asesoramientos técnicos pari
dlistas etc Pero antes que nada, la asistencia de
tun defensor’
Sin embargo, esta claro que tales precau-
ciones constituirfan una carga, también y so-
bre todo desde un punto de vista econémico,
importante para la comunidad’.
Si se observa el panorama legislative de
quienes escriben, que es el italiano, se vera que
la ley ha trabajado para asociar estos animales
con algunos adjetivos naturalmente apropia~
dos para la disposicién humana civilizada, en
Jadireocién de legitimar su captura y asesinato,
Tomemos, por ejemplo, el caso del 080
pardo, cuya problemética, como se mencioné al
Principio, serfa inherente a la predisposicién a
‘azar presas de granja. Por cierto, debe tenerse
FFONDAROUL, D, «Le nuove front dalla Para un breve informe, ques refere a sposicn
sets menconda cope el areal en len coe
tm a periddico UAlige (tps: wladigst/news/c
‘3ca/2019/07/22 napva-ondinanasloro-ma3-Cori
Province polemic fugattpega).
2
Devs sje
dor hasta someterlo al escrutinio del Tribunal
Constitucional, quien, por ejemplo, en Ttalia ha
confirmado la legitimidad de esa ordenanza™
Ysitiene cuidado de leer las razones, se verd
que en ningtin pasaje se invoca el punto de
vista del animal, sino que simplemente se ar-
mmenta Ja correccién formal de la ordenanza
(en el punto, no viola la competencia estatal
exclusiva para materia).
El caso de la supresi6n del lobo y del oso
lleva a considerar cémo se ha extinguido el
antagonismo «natural» entre el hombre y la
fiera, o mas bien, como el Derecho ha interve-
nido entre tas dos criaturas, tratando de evitar
el choque entre ellas, pero con el resultado de
emplazar, con su propia violencia legalizada,
su oposiciGn violenta y factual: matar ya no es
el componente necesario de una lucha por Ja
supervivencia, sino la sancién por haberse atre-
vido a comportarse salvajemente,
La ambigiedad, y también la inconsisten-
ta, inherente a la juridicizaci6n de la relacién
entre humanos y bestias, en particular en el
{20 de aquellas «deliberadamente» implanta-
‘des en reservas naturales, ha sido resaltada: no
—
‘age la desi 215/2018, de 16 de juice 201, det
‘unl Constitcional tallano.
8aro Blion’y Ohara Magnes
est claro qué expectativas de sociabilidad pug.
den alimentarse de una bestia salvaje, que en.
tte otras cosas, precisamente como tal, genera
interés en los humanos por tenerla cerca de sus
habitats, tanto por el encanto que puede ejercer,
como por propésitos mas o menos cientificos
de repoblar la variedad de especies.
Podria esperarse que estas bestias, una vez
asentadas en los territorios, tuvieran el sentido
‘comiin de comportarse de una forma adecuada
cen los posibles encuentros con humanos, 0 de
«seguir la regia», de acuerdo con la conocida
‘expresin utilizada por Wittgenstein, es decir,
fen tiltima instancia, que fueran todo menos
cllas mismas.
En conclusién, existe una fuerte tendencia
a la apersonificaciOn» del os, si no a su afir-
maciGn completa, Hevada a cabo a través de
una «procesalizacién de las medidas contra el
son,
Sin embargo, a este intento de personificar
4 las criaturas salvajes no corresponde, desa-
fortunadamente, un reconocimiento general
de derechos furdamentales: 1a Constitucién
italiana, que se refiere solo al hombre o al cit-
“FONDAROLL D, «Le nuowe frontiere della colpt
auore: Fors “proBlematig”s, cit p. 4
on
Dent eee
dadano, asi como la Convencién para la protec-
{gon de los derechos humanos y las libertades
fundamentales estén desprovistas de tal reco-
rnocimiento. Al carecer de un reconocimiento
cbisicon, efundamentab> de la titularidad de
tos derechos, el tratamiento de estas entida-
des juridicas queda a merced de las leyes con-
tingentes que se centran mds en las hipotesis
derogatorias de la proteccién (solo) abstracta-
mente rigurosa que en la afirmacién de los de-
rechos inviolables. En la préctica, por lo tanto,
lh personificacién del 050, que se apoya en el
«uso significative del término «individuos» para
designar a estas criaturas™, no determina el re-
‘conocimiento, ni siquiera por analogia, de las
prerrogativas juridicas del hombre.
‘Ademés, como hemos tratado de mostrar, los
animales nunca entenderén algo como la norma
juridica, y aqui est todo el limite metafsico del
Derecho, que surge donde no hay rlacion, al con-
trario de lo que se piensa, ni ninguna forma de
empatia o comprensién, Incluso entre los huma-
10s el Derecho parece funcionar de esta manera,
Situanclose como el sustituto de una antigua no-
"lacin entre los hombres (y el modelo hobbe-
Siano mostrado en el Leviatin lo confirma).
——
® Vése mis ampliamenteo plan Poa.
85‘avo Beto Chiara Magneseht
‘V. gES POSIBLE UN DERECHO SALVAJE?
La alternativa, tanto entre hombres como
entre hombres y animales, podria ser aquella
entre un «estado de naturaleza» adecuada-
mente considerado (a la manera de Spinoza y
no de Locke, como hemos visto), con todas las
relaciones naturales que se dan alli, y un vestado
de Derecho», si asf se puede Hamazlo (esto si
de derivaci6n Lockiana), con_a desrelacién que
conlleva (en términos esencialmente morales).
Si se considerara de esta manera el estado
de naturaleza y la ley natural implicada en 61,
la expresién «Derecho salvaje» también podeia
reactivarse correctamente: esta posibilidad im-
plicaria, sin embargo, que la ley natural dejara
de ser lo que tradicionalmente se ha coneluido
que es (segiin el modelo Lockiano), es decit,
tun modelo de derecho exclusivamente antto-
pocéntrico, que encuentra su nica razon de
ser en el hombre y en sus necesidades de su-
pervivencia y vida, sin ninguna referencia a la
perspectiva animal. La ley natural, tipica de
ierta tradicién filosfica del iusnaturalism?
moderno, ha hecho de la justicia antropocén
trica el polo privilegiacio ce atencién y evalua
cién; y es en esta perspectiva que parece ir eb
derecho humano que trata a los animales com"
86
Dereto see
humanos «degenerados», principalmente con
el propésito de sancionarlos,
‘Después de todo, imaginar, por parte del
hombre, una forma de Derecho (indiferente-
mente natural o positivo), que no esta conce-
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