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Este documento describe tres principios fundamentales del fútbol: tiempo, espacio y engaño. Explica que el tiempo y el espacio están íntimamente ligados, y que el engaño puede ser una herramienta más efectiva que la velocidad para generar tiempo y espacio. También destaca la importancia de las estrategias colectivas sobre las capacidades atléticas individuales, y cómo la regla del fuera de juego permite encontrar soluciones estratégicas a la defensa y la recuperación.

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Este documento describe tres principios fundamentales del fútbol: tiempo, espacio y engaño. Explica que el tiempo y el espacio están íntimamente ligados, y que el engaño puede ser una herramienta más efectiva que la velocidad para generar tiempo y espacio. También destaca la importancia de las estrategias colectivas sobre las capacidades atléticas individuales, y cómo la regla del fuera de juego permite encontrar soluciones estratégicas a la defensa y la recuperación.

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Escuela Oficial de Entrenadores César Luis Menotti

TIEMPO, ESPACIO Y ENGAÑO

Por César Luis Menotti

Hemos hablado de que en fútbol existen solo cuatro acciones que engloban todo lo que puede
realizarse en un partido, es decir, todas las acciones del mismo pueden agruparse en esas 4 acciones:

Antes de comenzar su primer desarrollo, es imprescindible conocer los tres principios desde los
cuales debemos entender, analizar, esas cuatro acciones, el juego mismo. El fútbol es un juego de
tiempo, espacio y engaño, que exige ensayo permanente, pues ese ensayo, además de agregarle al
jugador capacidad de entendimiento del juego, también mejora la técnica individual, en el pase, en
el toque… La técnica individual es el elemento fundamental para la resolución de las acciones, junto
con la conceptualización, la lectura del juego, basada en estos tres principios:

Como veremos, estos tres principios son variables fundamentales para el entendimiento del juego,
para el análisis de cualquier estrategia, de las cuatro acciones de juego.

Cuando hablamos de espacio, debemos partir de la base que una cancha tiene 7000 metros
cuadrados o más. Si dividimos ese espacio entre los 10 jugadores de campo, cada uno debería poder
“controlar” individualmente 700 metros cuadrados. Encontramos aquí, un primer concepto que se

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desprende de lo antedicho: es fundamental el funcionamiento colectivo, la idea estratégica desde


la que se plantea cómo se defenderá, recuperará, gestará y definirá, más que cualquier intención
de mejoramiento de las valencias atléticas de las individualidades.

Intentar suponer que, por ejemplo, si le doy especial importancia al trabajo en la semana de la
velocidad, con esto resolveré esta primera “dificultad” de ver como controlar 700 metros por jugador,
es absurdo: jugando al fútbol, ni un velocista profesional con la resistencia de un keniata, podrá
desde la preponderancia física, resolver el tema de espacio individualmente.

Aclaro esto porque en el medio futbolístico aparecen discursos sobre la“motivación”, la“concentración”,
la exigencia “de constante esfuerzo” (y más allá de cualquier otra valoración que podamos darle o
negarle a este tipo de expresiones) que son asociados muchas veces como el motivo por el cual un
equipo, por ejemplo, “recupera” bien.

La recuperación, siguiendo el ejemplo, parte del conocimiento, de la inteligencia, de la estrategia:


no alcanza con el esfuerzo y la intención, si no se sabe cómo. Si de verdad supusiéramos que se
trata de “convencer” a los jugadores de esforzarse mucho para conseguir la eficacia -en este
caso de la recuperación- todos los entrenadores trabajarían sobre ello, ninguno desarrollaría
estrategias diferentes, nuevas, no hubiera quedado en la historia, por ejemplo, la Holanda de 1974:
no hay preparación atlética posible que me permita suponer que logro que mis jugadores,
individualmente, puedan controlar 700 metros de campo de cada uno.

Que yo pondere el trabajo de algunas valencias físicas, no me generará una diferencia cualitativa

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versus otro rival que utiliza otros modelos de entrenamiento. Ninguna herramienta es más
poderosa para el desarrollo eficiente de las acciones de fútbol que aprender a jugar, que mejorar
las individualidades, que conceptualizar a mis jugadores (por supuesto, estamos partiendo de que
hablamos de equipos profesionales, donde todos, desde su modelo, tienen un estándar atlético
acorde al profesionalismo).

Y también es importante entender que no sirven los análisis “segmentados”, que a veces, la
“percepción física” de un equipo está ligada también a cuestiones de juego. Pues una cosa es sentirse
cansado y otra es estar cansado. Nunca un equipo que gana 4-0 faltando 10 minutos para que
termine el partido, está, se ve, nos parece, ni efectivamente se muestra como un equipo cansado. Y
el que pierde, sí. Entonces el entrenador debe tener cuidado en los diagnósticos: muchas veces -si
no la mayoría- el mal funcionamiento de un equipo genera o produce esta sensación, más que las
capacidades atléticas individuales.

Como contrapartida, el reglamento del fútbol es tan sabio, que prevé una regla que permite
encontrar respuestas estratégicas y colectivas a esta circunstancia primera de juego (el terreno
donde se juega). Y es a través de la ley del fuera del juego, que permite achicar los espacios de
juego del rival.

La regla, que implica que deba haber al menos dos jugadores rivales detrás de uno que ataca para
que sea lícito que este pueda recibir, es la que permite encontrar soluciones, estratégicas, colectivas,
en este caso por ejemplo, a la defensa y la recuperación. Y aclaramos también que, por supuesto,
es posible “romper” con el fuera de juego (todo sistema es falible), pero lograrlo exige una especial
precisión, sincronización: es decir, requiere de que quien habilita al que recibe deba “calcular el
tiempo y el espacio de recepción”, para colocar la pelota en un espacio adonde su compañero pueda
arribar antes que su rival, pero partiendo de una posición tal que haya dos jugadores rivales detrás
de la línea de donde el jugador que recibe, parte, cuando se lo habilita.

Es esa idea estratégica, el manejo del espacio, los tiempos y el engaño, la conceptualización a partir
de la cual entendemos cada acción, es el camino para encontrar recursos para el eficaz desarrollo de
las cuatro acciones, mucho más, que pretender mejorar las variables atléticas de cada individualidad.

Veremos también con más detalle con Fernando Signorini que esta pretensión de resolver a través de

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la mejor “perfomance atlética” es además en muchos casos, científicamente imposible: por ejemplo,
muchos entrenadores hablan de mejorar la velocidad de los jugadores, desconociendo que nace un
sujeto cada 10.000 con el bagaje genético necesario para ser velocista. Ese sujeto/atleta, además,
entrena 6 horas por día, durante todo un año, para lograr bajar 1 o 2 centésimas su marca. Aun en
el improbable caso de encontrar un futbolista con genética de velocista, y suponiendo que haga
trabajos de velocidad especifica un par de horas dos o tres veces por semana, logra un mejoramiento
que es irrelevante al efecto práctico del fútbol. Esas “dos centésimas”, se “recuperan” mucho más
sencillamente, por ejemplo, con el engaño: de quien me pasa el balón, que amaga que jugará para
el lado que no estoy, para jugar conmigo, pero con ese simple gesto técnico, ya “desubicó al rival”
(lo “movió” dos metros para el otro lado, lo que me dio tiempo y espacio para mi acción de juego, a
través de engañarlo). O de engaño individual, que no implica tener un Messi o un Cristiano Ronaldo,
ya que muchas veces basta con un simple “corte”. Y a veces hasta sin tocar la pelota.

RECREO
Ver ejemplos de engaños sin tocar la pelota

Sin la regla del fuera de juego, el fútbol sería otro juego: las “estrategias” podría ser poner a seis
jugadores dentro del área chica rival y tirar pelotazos al punto del penal, a ver si los nuestros la
empujan hacia el arco.

Tiempo y espacio están íntimamente ligados: cuanto encuentro espacios “lejos” de mi oponente,
me genero el tiempo (que este necesita para llegar a marcarme) para resolver la acción. Entonces,
por ejemplo, si soy un central (que generalmente presenta menos recursos técnicos que un volante
ofensivo o delantero), a la hora de la tenencia, descubro que si me ubico a 5 metros del lateral con
el que estoy intentando salir jugando, si el me devuelve la pelota, el mismo rival que lo marca a
él, rápidamente me marca a mí. Si por el contrario, me tiro atrás 15 o 20 metros, ya por más veloz
que sea el rival, necesitará otro tiempo para llegar a marcarme, tiempo que me facilita resolver la
acción. Son muchísimos los ejemplos que podríamos citar: algunos tan simples como entender, por
ejemplo, que a veces el freno, es más eficaz que la velocidad para generar tiempo y espacio: un
jugador viene a media marcha con la pelota, se acerca un rival para marcarlo, amaga que encarará a
toda velocidad, y “mete un corte”, un freno, ya “se ganó” algunos segundos y algún metro, para estar
en mejores condiciones de resolver la acción.

Por supuesto, esto es un duelo de habilidades: existen también excelentes defensores, muy difíciles
de engañar: Elías Figueroa, Federico Sacchi, Ramos Delgado son grandes ejemplos históricos, y más
acá Gerard Piqué o Mats Hummels: todos jugadores a los que un delantero les amaga, y ellos también
le amagan (que iban arriba de él) y no lo hacían; o se alejaban a propósito de un posible receptor en
zona de definición, haciéndole creer al rival que no lo vio, para “invitar” al que trae la pelota, a que lo
habilite, cuando el defensor está en realidad esperando esa jugada, para anticiparse (que es también
“controlar” el tiempo y el espacio de la acción, para que sea eficiente).

Ver anécdota Ruben Rossi

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Aquí quiero detenerme en un concepto fundamental, ligado al tiempo, concepto que muchas veces
se asocia con la velocidad del futbolista, y muchas apreciaciones erróneas que se hacen al respecto.

Se habla de la velocidad de un jugador, pero nunca se dice algo que parece obvio pero evidentemente
no los es y es fundamental en el marco de tiempo y espacio:

La pelota es más rápida que cualquier jugador.

No conozco ningún jugador más rápido que la pelota: el día que eso suceda, deberos replantear
todos nuestros conocimientos de fútbol. Por eso veremos que la correcta circulación de la pelota
genera tiempo y espacio, por la sencilla razón de que si tengo precisión es el rival el que, como se
suele decir popularmente, “corre detrás de la pelota”… Y esto es así, porque en un duelo individual,
pelota versus jugador, gana la pelota.

De esto surge otro principio fundamental de este juego: como regla general,

La pelota no se lleva, se pasa.

Transportar la pelota, muy pocas veces tiene razón de ser.

Decimos, la pelota es mucho más rápida que cualquier futbolista. Para consolidar eso, la velocidad
del pase tiene que ser justa: que no sea poca porque le permite al adversario la intersección, ni tan
violenta que le impida al compañero el dominio del balón.

Salvo en acciones específicas que generalmente están ligadas a penetrar la zona de definición (como
un volante que arriba por sorpresa y encara el área contra el último defensor, en la búsqueda de un
duelo mano a mano del que si sale victorioso, se va al gol), o bien porque el rival jugó bien y no nos
permite ver opciones de pase claro, transportar la pelota achica tiempos y espacios, cuando no
tiene una idea de engaño asociada. Es decir, el jugador que corre con la pelota “buscando qué
hacer”, lo único que logra es estar cada vez más rodeado de rivales, que los otros oponentes
puedan mantener un orden defensivo (el jugador transporta la pelota, se acercan rivales a tratar de
recuperarla, el resto de los rivales “permanecen” custodiando a los posibles receptores).

Aún en el caso de una jugada que pretende engañar al rival, por ejemplo un lateral que trasporta
la pelota a velocidad, porque pretende que el rival lo siga, ya que tiene pensado freno repentino,
para volver atrás y cambiar (es decir, intenta que los rivales vayan adonde el amenaza irá, para que
desprotejan el otro sector, a favor de sus compañeros) generalmente es más eficiente sin trasportar la
pelota: en el caso que citábamos, el lateral recibe por derecha y en un momento son sus compañeros
delanteros y volantes ofensivos los que “atacan” los espacios por ese sector, cerca de él, para que el
rival suponga jugaran por ahí y vayan a marcarlos, cuando en realidad su equipo sabe que tratarán
de cambiar la pelota para la izquierda, sector este que queremos lograr que el rival desproteja
pues es por ahí por donde pensamos terminar la jugada. La diferencia de ambas acciones es que
en la segunda el movimiento de los compañeros del lateral que tiene la pelota, atraen marcas que

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deberían generarle tiempo y espacio para su acción, en vez de correr con la pelota hacia el arco
contrario, que resultara en que cada vez esté más rodeado.

¿Por qué es posible esto? ¿Por qué cuando un equipo viene a ritmo pausado por un lado, cambia el
ritmo hacia el otro circulando la pelota con precisión, es difícil de neutralizar?

Porque la pelota, es más rápida que el jugador, porque la velocidad de un equipo en una acción de
gestación, siempre es más fácil conseguirla por precisa circulación de pelota, que por velocidad física
individual.

La correcta circulacion de la pelota, desordena al rival.

Respecto al tiempo, y en este caso a la velocidad individual, existe otro concepto fundamental:

En fútbol, llegar antes a la pelota, no implica resolver antes.

A diferencia del atletismo, por ejemplo, cuando el corredor llega a cortar la cinta, terminó la acción,
y el partido. Cuando en fútbol el jugador llega a la pelota, ahí recién empieza la acción. Entonces no
hay que confundir criterios, y entender el fútbol en su complejidad. ¿De qué me sirve llegar antes a
la pelota, si luego no resuelvo eficientemente la acción?

Desde ya, nadie pretende decir que la velocidad no es un atributo en un futbolista. Lo que estamos
tratando, es de ubicar esos atributos en su verdadera dimensión (que, por supuesto, como iremos
viendo, las tienen). Pero hoy, por ejemplo, es habitual escuchar cuestionamientos ligados a que tal
futbolista “juega bien, pero es lento” (se ha dicho de jugadores de la talla de Fernando Redondo o
Juan Román Riquelme) y rara vez se escucha “es muy veloz, pero tiene una pobre técnica individual
y lectura de juego”.

Creo es importante detenerme en esto, porque parece que se discute el talento. Tantas veces se
cuestiona si dos mediocampistas con grandes características ofensivas, con gran capacidad de
gestación pueden jugar juntos en un equipo, pero rara vez se discute el “músculo”, por ejemplo, en
un equipo superpoblado de volantes con características defensivas.

Si Claudio Caniggia recibía con espacios por afuera, seguramente encaraba en velocidad para llegar
a posición de donde poder dar un pase-gol, o meter diagonal él mismo e irse hacia el arco. Riquelme
en la misma situación, seguramente tratará de usar su tremenda pegada, sea para dar pase-gol, o
para habilitar a Caniggia.

Por supuesto, a todos nos gustaría tener jugadores con la velocidad de Caniggia, la pegada y la visión
de Riquelme y, ya que estamos, el cabezazo de Martín Palermo, la fortaleza de Didier Drogba... Pero
eso son abstracciones, casi imposibles de encontrar en la realidad.

Llegamos una vez más, a que lo único indispensable (más que ser rápido, tener buena pegada, etc.)

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es aprender a jugar. Porque si Caniggia llegaba al fondo a gran velocidad superando a su marcador,
y después tiraba centro donde había un compañero y seis rivales, hubiera sido mejor que no llegara
tan rápido. Porque si le llega la pelota a Riquelme en la mitad de la cancha, y él usa su tremenda
pegada para tirarle un centro a un delantero de 1,60 de estatura, hubiera sido mejor que no la use,
que toque corto.

CADA JUGADOR, JUEGA CON LAS ARMAS QUE TIENE

El fútbol en tanto juego, tiene ritmo. Y son los cambios de ritmo, los que generan sorpresa. Todos
hemos visto a Romario o a Messi: caminan, tocan de primera… trotan, se paran… reciben, tocan de
primera, caminan de nuevo, reciben, amagan tocar y de golpe arrancan a 100 km/h. Brasil del 70,
pasaba de jugar a un ritmo lento, que hacía parecer que estaban en la playa después de un asado, y
de golpe, subían de cero a 100 en un segundo.

¿Qué es el cambio de ritmo? Engaño. Si no, no es cambio de ritmo, es por ejemplo “velocidad
pura”, como un wing de un equipo que juega al contraataque y repite envíos largos apostando a la
velocidad de este.

Es el engaño el que “rompe” los tiempos y los espacios tal como los observamos. Y como ya dijimos,
a veces es más importante el freno, por ejemplo, que la velocidad. Lateral que llega a los últimos
metros, a 5 metros de la línea de fondo perseguido por su marcador, viene a velocidad, amaga un
arranque a velocidad máxima, el defensor trata de evitar que llegue al fondo y tire centro, el lateral
corta, y se para: acaba de encontrar los dos metros y los 3 segundos que necesitaba, para resolver, en
mejores condiciones, la acción.

El engaño es parte fundamental de este juego, el jugador debe internalizar este concepto, porque es
la herramienta fundamental para que el tiempo y el espacio, jueguen a nuestro favor.

Leer nota de Ruben Rossi

¿Si un jugador viene con la pelota, anuncia que se la va a dar a un compañero y lo hace, está bien?
Claro que no, le está avisando al rival lo que hará, permitiéndole “ganar tiempo y espacio” para la
siguiente acción (arrancar antes sobre el jugador que recibirá).

¿Si un jugador viene con la pelota y no anuncia nada, y luego toca a un compañero, está bien? No
advirtió al rival, pero tampoco logró desordenarlo, el adversario mantiene posiciones defensivas
controlando a nuestros receptores.

¿Si un jugador viene con la pelota, anuncia hará una cosa, y hace otra, está bien? Ahora sí, está tratando
de generar ventajas para nuestro equipo. El 8 trae la pelota por derecha en tres cuartos, el lateral le
pasa por atrás al tiempo que el 9 sale afuera a jugar con ellos dos; el 8 amaga que buscará triangular,
asociarse con ellos dos por ese sector, los defensores rivales necesariamente deberán acercarse a
neutralizar esa posible acción, el 8 toca atrás al volante central con el objetivo de llevar la acción

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por la zona que logramos que el adversario desprotegiera (en este caso la izquierda), mediante el
engaño.

El engaño es una de las grandes virtudes que puede tener un futbolista. Entrenamiento
más capacidad de imaginación. Como veremos, todo se entrena.

Este principio es fundamental para, por ejemplo, controlar la necesidad de la búsqueda inmediata
de la zona de definición. Porque cuando en un equipo aparecen las urgencias por ganar, cuando el
resultado no aparece, es habitual si no se ha entrenado correctamente, si no se ha ayudado a los
futbolistas a que entienda el juego, si no se los ha convencido de una idea, que el futbolista empiece
a traicionar estos conceptos. No encuentra el espacio, o los achica él mismo, no engaña a nadie
porque su vehemencia hace que vaya a buscar individualmente el partido…

Por último, y en el afán de ser contundente en entender que estos tres principios son la base de este
juego: a tiempo y espacio infinito, todos somos buenos jugadores. Si hago la abstracción de que
dispongo de 5 minutos y 400 metros cuadrados (20 x 20) para dominar un pase largo, e irme contra
el arquero, cualquier amateur podría jugar al fútbol profesional. Pero no.

¿Qué es la técnica individual, qué importancia tiene si no está ligada a la posibilidad, la capacidad
de -como se dice sabiamente en el barrio- “resolver en una baldosa” (ESPACIO) y en una décima de
segundo (TIEMPO), como hacían Diego, Pelé o Messi?

Y veremos, que tener jugadores mágicos no es el único camino: el entrenamiento, ligado a una idea,
a la conceptualización de los jugadores, a su mejoramiento individual, rinde sus frutos.

Por ejemplo, inculcarle al jugador que él debe estar constantemente pensando qué hace si en ese
momento recibe la pelota. Es decir, “imaginar” una manera de continuar la acción, en cada momento
del partido, suponiendo que cada vez que tiene la pelota un compañero, él puede ser el receptor. De
esta manera, gana tiempo, ya sabe qué va a hacer, el adversario no, y por supuesto, este es un ejercicio
que hace el jugador, por si no ve nada más efectivo: si en el trascurso de la acción, es decir si en el
tiempo que implica que la pelota le llegue, él había pensado tocar corto con un compañero, pero
ve una oportunidad porque un delantero llega solo por afuera a zona de definición, puede amagar
hacer lo primero y cambiar porque le apareció una jugada más peligrosa para el rival. Pero si no ve
nada, no necesitará llevar la pelota en los pies, “perder tiempo”, “buscando algo” que difícilmente
encuentre, porque transportando la pelota pierde tiempo y quita espacio.

Hay muchos secretos en este sentido, que conlleva el aprender a jugar. Por ejemplo, uno más: saber
que en general si no imagine, si no vi nada, el compañero que me dio la pelota es el mejor receptor
posible. ¿Por qué? Porque en general, a nadie se le ocurre marcar a quién se desprendió de la pelota.
El rival va sobre quien tiene la pelota en busca de recuperarla pero, como es natural, cuando este se
desprende de ella, el adversario va tras la pelota, se mueve hacia donde la pelota fue, abandonando
al que la llevaba. Por ende, en general, el compañero que me la dio estará desmarcado, contará con
el suficiente espacio y tiempo, para continuar la acción.

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Todo entrenamiento, naturalmente, debe replicar acciones reales de juego. Todo entrenamiento,
entonces, debe tener en cuenta tiempo, espacio y engaño, porque si no entendemos los tiempos
y los espacios del fútbol, no hay manera de replicar acciones de juego.

Damos un ejemplo de entrenamiento, al efecto de ser aún más claros:

Preparo un trabajo en zona de definición. Un delantero o volante tira una pared con un compañero,
que al devolverla, lo deja pisando el área mano a manos con un defensor y, detrás, el arquero. El
delantero juega mano a mano contra el defensor, su objetivo es definir. El del defensor, evitar el gol.

Parece un entrenamiento correcto, parece que replica una acción de juego: delanteros, volantes (aun
defensores) puede quedar en un partido mano a mano contra el rival, el defensor puede también
verse en esta acción en un partido, entonces diríamos que es correcto lo que estamos entrenado,
mejoro la capacidad definición en los que atacan, de defensa mano a mano de mis defensores

Ahora bien, si no introduzco la variable tiempo, ¿qué puede suceder? El delantero le amaga una vez,
otra, una vez más, y otra… y otra. Puede además (como es uno contra uno) detrás de un amague
“tirar la pelota media larga” hacia un costado para encontrar el espacio de remate. El defensor, esta
evidentemente en desventaja: no puede cubrir “todo el espacio de la zona de definición”, no lo puede
tocar, no puede ir vehementemente arriba del delantero, pues hay riesgo que sea penal.

Ahora, veamos el mismo entrenamiento con una variable:

La disposición es la misma, salvo que detrás del arquero que defiende el arco, fuera de la cancha,
hay 5 jugadores. El entrenador da inicio a la jugada, y cuando el delantero recibe la pared, pone el
cronómetro: cuando hayan transcurrido 4 segundos, los 5 jugadores que estaban fuera de la cancha
tiene la orden de ir todos juntos arriba del delantero.

Ahora sí, replico una acción de juego, introduciendo la variable tiempo. Porque el delantero tiene
que saber que si llegó mano a mano dentro del área, no puedo estar 5 segundos con la pelota en los
pies, sin resolver a acción, pues llegaran otros rivales a intentar neutralizarlo, y ya no será uno contra

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uno. Si tomo en cuenta esto lo ayudo a entrenar definición, porque sin dudas le pasará en un partido.
Y también ayudo al defensor, a entender que él debe tratar de neutralizar la primera jugada, que
el debe intentar obligar al rival a una segunda jugada, que si él logra demorar la definición de esa
manera, vendrán más compañeros en su ayuda.

Tiempo, espacio y engaño son conceptos indispensables para resolver las cuatro acciones de
juego: defender, recuperar, gestar y definir. También, como veremos en la materia Entrenamiento,
proponen, definen, una forma de entrenar desde el compromiso con el razonamiento de los
jugadores, propiciando un entrenamiento intenso desde la conceptualización, que permita también
jornadas diarias de entrenamiento “felices”, es decir, de tiempos diarios razonables, que permitan
al jugador disfrutarlo, en vez de extensas jornadas repetitivas, agotadoras, que muchas veces ni el
futbolista entiende para qué sirven.

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