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Proceso y Tipos de Fotosíntesis

La fotosíntesis convierte la energía solar en energía química almacenada en NADPH y ATP, que luego se usa para sintetizar hidratos de carbono a partir de CO2. Los organismos fotosintéticos, como algas, cianobacterias y plantas, fijan alrededor de 100.000 millones de toneladas de carbono anualmente y sustentan la vida en la Tierra. La fotosíntesis ocurre en los cloroplastos de las células vegetales.

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Proceso y Tipos de Fotosíntesis

La fotosíntesis convierte la energía solar en energía química almacenada en NADPH y ATP, que luego se usa para sintetizar hidratos de carbono a partir de CO2. Los organismos fotosintéticos, como algas, cianobacterias y plantas, fijan alrededor de 100.000 millones de toneladas de carbono anualmente y sustentan la vida en la Tierra. La fotosíntesis ocurre en los cloroplastos de las células vegetales.

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La fotosíntesis o función clorofílica es un proceso químico que consiste en la conversión de materia

inorgánica a materia orgánica gracias a la energía que aporta la luz solar. En este proceso, la energía lumínica
se transforma en energía química estable, siendo el NADPH (nicotín adenín dinucleótido fosfato) y el ATP
(adenosín trifosfato) las primeras moléculas en las que queda almacenada esta energía química. Con
posterioridad, el poder reductor del NADPH y el potencial energético del grupo fosfato del ATP se usan para
la síntesis de hidratos de carbono a partir de la reducción del dióxido de carbono (CO2). La vida en nuestro
planeta se mantiene fundamentalmente gracias a la síntesis que realizan en el medio acuático las algas, las
cianobacterias, las bacterias rojas, las bacterias púrpuras, bacterias verdes del azufre,1 y en el medio terrestre
las plantas, que tienen la capacidad de sintetizar materia orgánica (imprescindible para la constitución de los
seres vivos) partiendo de la luz y la materia inorgánica. De hecho, cada año los organismos fotosintetizadores
fijan en forma de materia orgánica en torno a 100 000 millones de toneladas de carbono.23

La vida en la Tierra depende fundamentalmente de la energía solar. Esta energía es atrapada mediante la
fotosíntesis, responsable de la producción de toda la materia orgánica de la vida (biomasa).

Los orgánulos citoplasmáticos encargados de la realización de la fotosíntesis son los cloroplastos, unas
estructuras polimorfas y de color verde (esta coloración es debida a la presencia del pigmento clorofila)
propias de las células vegetales. En el interior de estos orgánulos se halla una cámara que alberga un medio
interno llamado estroma, que alberga diversos componentes, entre los que cabe destacar enzimas encargadas
de la transformación del dióxido de carbono en materia orgánica y unos sáculos aplastados denominados
tilacoides, cuya membrana contiene pigmentos fotosintéticos. En términos medios, una célula foliar tiene
entre cincuenta y sesenta cloroplastos en su interior.2

Los organismos que tienen la capacidad de llevar a cabo la fotosíntesis son llamados, fotoautótrofos (otra
nomenclatura posible es la de autótrofos, pero se debe tener en cuenta que bajo esta denominación también se
engloban aquellas bacterias que realizan la quimiosíntesis) y fijan el CO2 atmosférico. En la actualidad se
diferencian dos tipos de procesos fotosintéticos, que son la fotosíntesis oxigénica y la fotosíntesis
anoxigénica. La primera de las modalidades es la propia de las plantas superiores, las algas y las
cianobacterias, donde el dador de electrones es el agua y, como consecuencia, se desprende oxígeno. Mientras
que la segunda, también conocida con el nombre de fotosíntesis bacteriana, la realizan las bacterias purpúreas
y verdes del azufre, en las que el dador de electrones es el sulfuro de hidrógeno (H2S), y consecuentemente, el
elemento químico liberado no será oxígeno sino azufre, que puede ser acumulado en el interior de la bacteria,
o en su defecto, expulsado al agua.4

Se han encontrado animales capaces de favorecerse de la fotosíntesis, tales como Elysia chlorotica, una
babosa marina con apariencia de hoja, y Ambystoma maculatum, una salamandra.56789

A comienzos del año 2009, se publicó un artículo en la revista científica Nature Geoscience en el que
científicos estadounidenses daban a conocer el hallazgo de pequeños cristales de hematita (en el cratón de
Pilbara, en el noroeste de Australia), un mineral de hierro datado en el eón Arcaico, reflejando así la
existencia de agua rica en oxígeno y, consecuentemente, de organismos fotosintetizadores capaces de
producirlo. Según este estudio y atendiendo a la datación más antigua del cratón, la existencia de fotosíntesis
oxigénica y la oxigenación de la atmósfera y océanos se habría producido desde hace más de 3.460 millones
de años, de lo que se deduciría la existencia de un número considerable de organismos capaces de llevar a
cabo la fotosíntesis para oxigenar la masa de agua mencionada, aunque solamente fuese de manera ocasional,
si bien la formación biológica de dichos restos está cuestionada.101112

Historia del estudio de la fotosíntesis


Desde la Antigua Grecia hasta el siglo XIX
Ya en la Antigua Grecia, el filósofo Aristóteles propuso una hipótesis que sugería que la luz solar estaba
directamente relacionada con el desarrollo del color verde de las hojas de las plantas, pero esta idea no
trascendió en su época, quedando relegada a un segundo plano. A su vez, la idea de que las hojas de las
plantas asimilaban el aire fue propuesta por Empédocles,13 y descartada por Aristóteles y su discípulo
Teofrasto, quien sostenía que todo el «alimento» de las plantas provenía de la tierra.14 De hecho, esas ideas no
volvieron a ser recuperadas hasta el siglo XVII, cuando el considerado padre de la fisiología vegetal, Stephen
Hales, hizo mención a las citadas hipótesis, y afirmó que el aire que penetraba por las hojas en las plantas era
empleado por ellas como fuente de alimento.15

Personajes cuyos
estudios fueron clave para el conocimiento de la fotosíntesis (desde arriba y hacia la derecha): Aristóteles,
Stephen Hales, Joseph Priestley, Justus von Liebig y Julius Sachs.

Durante el siglo XVIII comenzaron a surgir trabajos que relacionaban los incipientes conocimientos de la
química con los de la biología. En la década de 1770, el clérigo inglés Joseph Priestley (a quien se le atribuye
el descubrimiento del O2) estableció la producción de oxígeno por los vegetales, reconociendo que el proceso
era, de forma aparente, el inverso de la respiración animal, que consumía tal elemento químico. Fue Priestley
quien acuñó la expresión de aire deflogisticado para referirse a aquel que contiene oxígeno y que proviene de
los procesos vegetales, así como también fue él quien descubrió la emisión de dióxido de carbono por parte de
las plantas durante los periodos de penumbra, aunque en ningún momento logró interpretar estos resultados.16

En 1778, el médico neerlandés Jan Ingenhousz dirigió numerosos experimentos dedicados al estudio de la
producción de oxígeno por las plantas (muchas veces ayudándose de un eudiómetro), mientras se encontraba
de vacaciones en Inglaterra, para publicar al año siguiente todos aquellos hallazgos que había realizado
durante el transcurso de su investigación en el libro titulado Experiments upon Vegetables. Algunos de sus
mayores logros fueron el descubrimiento de que las plantas, al igual que sucedía con los animales, viciaban el
aire tanto en la luz como en la oscuridad; que cuando los vegetales eran iluminados con luz solar, la liberación
de aire cargado con oxígeno excedía al que se consumía y la demostración que manifestaba que para que se
produjese el desprendimiento fotosintético de oxígeno se requería de luz solar. También concluyó que la
fotosíntesis no podía ser llevada a cabo en cualquier parte de la planta, como en las raíces o en las flores, sino
que únicamente se realizaba en las partes verdes de esta. Como médico que era, Jan Ingenhousz aplicó sus
nuevos conocimientos al campo de la medicina y del bienestar humano, por lo que también recomendó sacar a
las plantas de las casas durante la noche para prevenir posibles intoxicaciones.1517

En la misma línea de los autores anteriores, Jean Senebier, ginebrino, realiza nuevos experimentos que
establecen la necesidad de la luz para que se produzca la asimilación de dióxido de carbono y el
desprendimiento de oxígeno. También establece, que aún en condiciones de iluminación, si no se suministra
CO2, no se registra desprendimiento de oxígeno. J. Senebier sin embargo opinaba, en contra de las teorías
desarrolladas y confirmadas más adelante, que la fuente de dióxido de carbono para la planta provenía del
agua y no del aire.

Otro autor suizo, Nicolas-Théodore de Saussure, demostraría experimentalmente que el aumento de biomasa
depende de la fijación de dióxido de carbono (que puede ser tomado del aire por las hojas) y del agua.
También realiza estudios sobre la respiración en plantas y concluye que, junto con la emisión de dióxido de
carbono, hay una pérdida de agua y una generación de calor. Finalmente, de Saussure describe la necesidad de
la nutrición mineral de las plantas.

El químico alemán Justus von Liebig, es uno de los grandes promotores tanto del conocimiento actual sobre
química orgánica, como sobre fisiología vegetal, imponiendo el punto de vista de los organismos como
entidades compuestas por productos químicos y la importancia de las reacciones químicas en los procesos
vitales. Confirma las teorías expuestas previamente por de Saussure, matizando que si bien la fuente de
carbono procede del CO2 atmosférico, el resto de los nutrientes proviene del suelo.

La denominación como clorofila de los pigmentos fotosintéticos fue acuñada por Pelletier y Caventou a
comienzos del siglo XIX. Dutrochet, describe la entrada de CO2 en la planta a través de los estomas y
determina que solo las células que contienen clorofila son productoras de oxígeno. Hugo von Mohl, más
tarde, asociaría la presencia de almidón con la de clorofila y describiría la estructura de los estomas. Sachs, a
su vez, relacionó la presencia de clorofila con cuerpos subcelulares que se pueden alargar y dividir, así como
que la formación de almidón está asociada con la iluminación y que esta sustancia desaparece en oscuridad o
cuando los estomas son ocluidos. A Sachs se debe la formulación de la ecuación básica de la fotosíntesis:

6 CO2 + 6 H2O → C6H12O6 + 6 O2

Andreas Franz Wilhelm Schimper daría el nombre de cloroplastos a los cuerpos coloreados de Sachs y
describiría los aspectos básicos de su estructura, tal como se podía detectar con microscopía óptica. En el
último tercio del siglo XIX se sucederían los esfuerzos por establecer las propiedades físico-químicas de las
clorofilas y se comienzan a estudiar los aspectos ecofisiológicos de la fotosíntesis.

Siglo XX
En 1905, Frederick Frost Blackman midió la velocidad a la que se produce la fotosíntesis en diferentes
condiciones. En un primer momento se centró en observar como variaba la tasa de fotosíntesis modificando la
intensidad lumínica, apreciando que cuando la planta era sometida a una luz tenue cuya intensidad se iba
incrementando hasta convertirse en moderada, aumentaba la tasa fotosintética, pero cuando se alcanzaban
intensidades mayores no se producía un aumento adicional. Con posterioridad investigó el efecto combinado
de la luz y de la temperatura sobre la fotosíntesis, de modo que obtuvo los siguientes resultados: si bien, en
condiciones de luz tenue un aumento en la temperatura no tenía repercusión alguna sobre el proceso
fotosintético, cuando la intensidad luz y los grados aumentaban la tasa de fotosíntesis sí que experimentaba
una variación positiva. Finalmente, cuando la temperatura superaba los 30 °C, la fotosíntesis se ralentizaba
hasta que se sobrevenía el cesamiento del proceso.
A consecuencia de los resultados obtenidos, Blackman planteó que en la fotosíntesis coexistían dos factores
limitantes, que eran la intensidad lumínica y la temperatura.

Fotografía de Melvin Calvin.

En la década de 1920, Cornelius Bernardus van Niel propuso, tras haber estudiado a las bacterias
fotosintéticas del azufre, que el oxígeno liberado en la fotosíntesis provenía del agua y no del dióxido de
carbono, extrayéndose que el hidrógeno empleado para la síntesis de glucosa procedía de la fotólisis del agua
que había sido absorbida por la planta. Pero esta hipótesis no se confirmó hasta el año 1941, tras las
investigaciones realizadas por Samuel Ruben y Martin Kamen con agua con oxígeno pesado y una alga verde
(Chlorella).215

En 1937, Robert Hill logró demostrar que los cloroplastos son capaces de producir oxígeno en ausencia de
dióxido de carbono, siendo este descubrimiento uno de los primeros indicios de que la fuente de electrones en
las reacciones de la fase clara de la fotosíntesis es el agua. Aunque cabe destacar que Hill, en su experimento
in vitro empleó un aceptor de electrones artificial. De estos estudios se derivó la conocida con nombre de
Reacción de Hill, definida como la fotoreducción de un aceptor artificial de electrones por los hidrógenos del
agua, con liberación de oxígeno.18

En la década de 1940, el químico estadounidense Melvin Calvin inició sus estudios e investigaciones sobre la
fotosíntesis, que le valieron el Premio Nobel de Química de 1961. Gracias a la aplicación del carbono 14
radioactivo detectó la secuencia de reacciones químicas generadas por las plantas al transformar dióxido de
carbono gaseoso y agua en oxígeno e hidratos de carbono, lo que en la actualidad se conoce como ciclo de
Calvin.

Un personaje clave en el estudio de la fotosíntesis fue el fisiólogo vegetal Daniel Arnon. A pesar de que
realizó descubrimientos botánicos de notable importancia (demostró que el vanadio y el molibdeno eran
micronutrientes absorbidos por algas y plantas, respectivamente, y que intervenían en el crecimiento de las
mismas), es principalmente conocido por sus trabajos orientados de cara a la fotosíntesis. Fue en 1954,
cuando sus colegas y él emplearon componentes de las hojas de las espinacas para llevar a cabo la fotosíntesis
en ausencia total de células para explicar como éstas asimilan el dióxido de carbono y cómo forman ATP.1519

En el año 1982, los químicos alemanes Johann Deisenhofer, Hartmut Michel y Robert Huber analizaron el
centro de reacción fotosintético de la bacteria Rhodopseudomonas viridis, y para determinar la estructura de
los cristales del complejo proteico utilizaron la cristalografía de rayos X. Sin embargo, esta técnica resultó
excesivamente compleja para estudiar la proteína mencionada y Michel tuvo que idear un método especial
que permitía la cristalografía de proteínas de membrana.202122

Cuando Michel consiguió las muestras cristalinas perfectas que requería su análisis, su compañero de
investigación desenvolvió los métodos matemáticos para interpretar el patrón de rayos X obtenido. Aplicando
estas ecuaciones, los químicos lograron identificar la estructura completa del centro de reacción fotosintética,
compuesto por cuatro subunidades de proteínas y de 10 000 átomos. Por medio de esta estructura, tuvieron la
oportunidad con detalle del proceso de la fotosíntesis, siendo la primera vez que se concretó la estructura
tridimensional de dicha proteína.1520

El cloroplasto
Artículo principal: Cloroplasto

De todas las células eucariotas, únicamente las fotosintéticas presentan cloroplastos, unos orgánulos que usan
la energía de la luz para impulsar la formación de ATP y NADPH, compuestos utilizados con posterioridad
para el ensamblaje de azúcares y otros compuestos orgánicos. Al igual que las mitocondrias, cuentan con su
propio ADN y se han originado a partir de bacterias simbióticas intracelulares (teoría endosimbiótica).

Desarrollo

Esquema ilustrativo de las clases de plastos.

En las células meristemáticas se encuentran proplastos, que son orgánulos que no tienen ni membrana interna,
ni clorofila, ni ciertos enzimas requeridos para llevar a cabo toda la fotosíntesis. En angiospermas y
gimnospermas el desarrollo de los cloroplastos es desencadenado por la luz, puesto que bajo iluminación se
generan los enzimas en el interior del proplasto o se extraen del citosol, aparecen los pigmentos encargados de
la absorción lumínica y se producen con gran rapidez las membranas, dando lugar a los grana y las lamelas
del estroma.23

A pesar de que las semillas suelen germinar en el suelo sin luz, los cloroplastos son una clase de orgánulos
que exclusivamente se desarrollan cuando el vástago queda expuesto a la luz. Si la semilla germina en
ausencia de luz, los proplastos se diferencian en etioplastos, que albergan una agrupación tubular
semicristalina de membrana llamada cuerpo prolamelar. En vez de clorofila, estos etioplastos tienen un
pigmento de color verde-amarillento que constituye el precursor de la misma: es la denominada
protoclorofila.23

Después de estar por un pequeño intervalo de tiempo expuestos a la luz, los etioplastos se diferencian
transformándose los cuerpos prolamelares en tilacoides y lamelas del estroma, y la protoclorofila, en clorofila.
El mantenimiento de la estructura de los cloroplastos está directamente vinculada a la luz, de modo que si en
algún momento estos pasan a estar en penumbra continuada puede desencadenarse que los cloroplastos
vuelvan a convertirse en etioplastos.23

Además, los cloroplastos pueden convertirse en cromoplastos, como sucede a lo largo del proceso de
maduración de los frutos (proceso reversible en determinadas ocasiones). Asimismo, los amiloplastos
(contenedores de almidón) pueden transformarse en cloroplastos, hecho que explica el fenómeno por el cual
las raíces adquieren tonos verdosos al estar en contacto con la luz solar.23

Estructura y abundancia

Células vegetales, en cuyo interior se


vislumbran los cloroplastos.

Los cloroplastos se distinguen por ser unas estructuras polimorfas de color verde, siendo la coloración que
presentan consecuencia directa de la presencia del pigmento clorofila en su interior. Los cloroplastos están
delimitados por una envoltura formada, en la mayoría de las algas y en todas las plantas, por dos membranas
(externa e interna) llamadas envueltas, que son ricas en galactolípidos y sulfolípidos, pobres en fosfolípidos,
contienen carotenoides y carecen de clorofila y colesterol. En algunas algas, las envueltas están formadas por
tres o cuatro membranas, lo que se considera prueba de que se han originado por procesos de endosimbiosis
secundaria o terciaria. Las envueltas de los cloroplastos regulan el tráfico de sustancias entre el citosol y el
interior de estos orgánulos, son el lugar de biosíntesis de ácidos grasos, galactolípidos y sulfolípidos y son el
lugar de reconocimiento y que contiene los elementos necesarios para permitir el transporte al interior de los
orgánulos de las proteínas de cloroplastos codificadas en el núcleo celular.2425
En las plantas superiores, la forma que con mayor frecuencia presentan los cloroplastos es la de disco
lenticular, aunque también existen algunos de aspecto ovoide o esférico. Con respecto a su número, se puede
decir que en torno a cuarenta y cincuenta cloroplastos coexisten, de media, en una célula de una hoja; y
existen unos 500.000 cloroplastos por milímetro cuadrado de superficie foliar. No sucede lo mismo entre las
algas, pues los cloroplastos de estas no se encuentran tan determinados ni en número ni en forma. Por
ejemplo, en el alga Spirogyra únicamente existen dos cloroplastos con forma de cinta en espiral, y en el alga
Chlamydomonas, solamente hay uno, de grandes dimensiones.

En el interior y delimitado por la membrana plastidial interna, se ubica una cámara que alberga un medio
interno con un elevado número de componentes (ADN plastidial, circular y de doble hélice, plastorribosomas,
enzimas e inclusiones de granos de almidón y las inclusiones lipídicas); es lo que se conoce por el nombre de
estroma. Inmerso en él se encuentran una gran cantidad de sáculos denominados tilacoides, cuya cavidad
interior se llama lumen o espacio tilacoidal. En las membranas de los tilacoides se ubican los complejos
proteínicos y complejos pigmento/proteína encargados de captar la energía lumínica, llevar a cabo el
transporte de electrones y sintetizar ATP. Los tilacoides pueden encontrarse como vesículas alargadas
repartidos por todo el estroma (tilacoides del estroma), o bien, pueden tener forma discoidal y encontrarse
apilados originando unos montones, denominados grana (tilacoides de grana).

Función

Ecuación de la fotosíntesis
oxigénica, función característica de los cloroplastos.

La más importante función realizada en los cloroplastos es la fotosíntesis, proceso en la que la materia
inorgánica es transformada en materia orgánica (fase oscura) empleando la energía bioquímica (ATP)
obtenida por medio de la energía solar, a través de los pigmentos fotosintéticos y la cadena transportadora de
electrones de los tilacoides (fase luminosa). Otras vías metabólicas de vital importancia que se realizan en el
estroma, son la biosíntesis de proteínas y la replicación del ADN.

Fase luminosa o fotoquímica


Artículo principal: Fase luminosa

La energía lumínica que absorbe la clorofila excita a los electrones externos de la molécula, los cuales pueden
pasar a otra molécula adyacente (separación de cargas). Es decir, la energía lumínica impacta en los
pigmentos fotosintéticos presentes en las membranas tilacoidales. Cuando la luz es absorbida por uno de estos
pigmentos de la antena, la energía se traspasa de una molécula a otra del fotosistema mediante resonancia
inducida hasta que alcanza una forma especial de “clorofila a” que forma parte del “centro reactivo" del
fotosistema. Se produce una corriente electrónica (transporte de electrones) en el interior del cloroplasto a
través de la cadena de transporte de electrones. El fotosistema II absorbe luz con longitudes de onda de hasta
680 nm y el fotosistema I absorbe luz con longitudes de onda de hasta 700 nm. La energía (procedente de la
luz) de los electrones que se transportan es empleada indirectamente en la síntesis de ATP mediante la
fotofosforilación (precisa transporte de protones desde el lumen tilacoidal al estroma), y directamente en la
síntesis de NADPH (el NADP recibe los electrones procedentes del agua, al final de la cadena de transporte y
se reduce a NADPH). Ambos compuestos son necesarios para la siguiente fase o Ciclo de Calvin, donde se
sintetizarán los primeros azúcares que servirán para la producción de sacarosa y almidón. Los electrones que
ceden las clorofilas son repuestos mediante la oxidación del H2O, proceso en el cual se genera el O2 que las
plantas liberan a la atmósfera.

Existen dos variantes de fotofosforilación: acíclica y cíclica, según el tránsito que sigan los electrones a través
de los fotosistemas. Las consecuencias de seguir un tipo u otro estriban principalmente en la producción o no
de NADPH y en la liberación o no de O2.

Fotofosforilación acíclica (oxigénica)


El proceso de la fase luminosa, supuesto para dos electrones, es el siguiente: Los fotones inciden sobre el
fotosistema II, excitando y liberando dos electrones, que pasan al primer aceptor de electrones, la feofitina.
Los electrones los repone el dador último de electrones, el dador Z, con los electrones procedentes de la
fotólisis del agua en el interior del tilacoide (la molécula de agua se divide en 2H+ + 2e- + 1/2O2). Los
protones de la fotólisis se acumulan en el interior del tilacoide, y el oxígeno es liberado.

Los electrones pasan a una cadena de transporte de electrones, que invertirá su energía liberada en la síntesis
de ATP. ¿Cómo? La teoría quimioosmótica nos lo explica de la siguiente manera: los electrones son cedidos a
las plastoquinonas, las cuales captan también dos protones del estroma. Los electrones y los protones pasan al
complejo de citocromos bf, que bombea los protones al interior del tilacoide. Se consigue así una gran
concentración de protones en el tilacoide (entre estos y los resultantes de la fotólisis del agua), que se
compensa regresando al estroma a través de las proteínas ATP-sintasas, que invierten la energía del paso de
los protones en sintetizar ATP. La síntesis de ATP en la fase fotoquímica se denomina fotofosforilación.

Los electrones de los citocromos pasan a la plastocianina, que los cede a su vez al fotosistema I. Con la
energía de la luz, los electrones son de nuevo liberados y captados por el aceptor A0. De ahí pasan a través de
una serie de filoquinonas hasta llegar a la ferredoxina. Esta molécula los cede a la enzima NADP+-reductasa,
que capta también dos protones del estroma. Con los dos protones y los dos electrones, reduce un NADP+ en
NADPH + H+.

El balance final es: por cada molécula de agua (y por cada cuatro fotones) se forman media molécula de
oxígeno, 1,3 moléculas de ATP, y un NADPH + H+.
Esquema de la etapa fotoquímica, que se produce en los tilacoides.

Fase luminosa cíclica (Fotofosforilación anoxigénica)


En la fase luminosa o fotoquímica cíclica interviene de forma exclusiva el fotosistema I, generándose un flujo
o ciclo de electrones que en cada vuelta da lugar a síntesis de ATP. Al no intervenir el fotosistema II, no hay
fotólisis del agua y, por ende, no se produce la reducción del NADP+ ni se desprende oxígeno (anoxigénica).
Únicamente se obtiene ATP.

El objetivo que tiene la fase cíclica tratada es el de subsanar el déficit de ATP obtenido en la fase acíclica para
poder afrontar la fase oscura posterior.

Cuando se ilumina con luz de longitud de onda superior a 680 nm (lo que se llama rojo lejano) solamente se
produce el proceso cíclico. Al incidir los fotones sobre el fotosistema I, la clorofila P700 libera los electrones
que llegan a la ferredoxina, la cual los cede a un citocromo bf y este a la plastoquinona (PQ), que capta dos
protones y pasa a (PQH2). La plastoquinona reducida cede los dos electrones al citocromo bf, seguidamente a
la plastocianina y de vuelta al fotosistema I. Este flujo de electrones produce una diferencia de potencial en el
tilacoide que hace que entren protones al interior. Posteriormente saldrán al estroma por la ATP-sintasa
fosforilando ADP en ATP. De forma que únicamente se producirá ATP en esta fase.

Sirve para compensar el hecho de que en la fotofosforilación acíclica no se genera suficiente ATP para la fase
oscura.

La fase luminosa cíclica puede producirse al mismo tiempo que la acíclica.


Fase oscura o sintética
Artículo principal: Ciclo de Calvin

Esquema simplificado
del ciclo de Calvin.

En la fase oscura, que tiene lugar en la matriz o estroma de los cloroplastos, tanto la energía en forma de ATP
como el NADPH que se obtuvo en la fase fotoquímica se usa para sintetizar materia orgánica por medio de
sustancias inorgánicas. La fuente de carbono empleada es el dióxido de carbono, mientras que como fuente de
nitrógeno se utilizan los nitratos y nitritos, y como fuente de azufre, los sulfatos. Esta fase se llama oscura, no
porque ocurra de noche, sino porque no requiere de energía solar para poder concretarse. La fase oscura
incluye el ciclo de Calvin con las siguientes etapas (presentadas a continuación): 1. Fijación del carbono (a
partir de CO2 y H2O), 2. Reducción y, 3. Regeneración.

• Síntesis de compuestos de carbono: descubierta por el bioquímico estadounidense Melvin Calvin,


por lo que también se conoce con la denominación de ciclo de Calvin, se produce mediante un
proceso de carácter cíclico en el que se pueden distinguir varios pasos o fases.

1. En primer lugar se produce la fijación del dióxido de carbono. En el estroma del cloroplasto, el dióxido de
carbono atmosférico se une a la pentosa ribulosa-1,5-bifosfato, gracias a la enzima RuBisCO, y origina un
compuesto inestable de seis carbonos, que se descompone en dos moléculas de ácido 3-fosfoglicérico. Se trata
de moléculas constituidas por tres átomos de carbono, por lo que las plantas que siguen esta vía metabólica se
llaman C3. Si bien, muchas especies vegetales tropicales que crecen en zonas desérticas, modifican el ciclo de
tal manera que el primer producto fotosintético no es una molécula de tres átomos de carbono, sino de cuatro
(un ácido dicarboxílico), constituyéndose un método alternativo denominado vía de la C4, al igual que este
tipo de plantas.

2. Con posterioridad se produce la reducción del dióxido de carbono fijado. Por medio del consumo de ATP y
del NADPH obtenidos en la fase luminosa, el ácido 3-fosfoglicérico se reduce a gliceraldehído 3-fosfato, que
puede seguir caminos diversos. La primera vía consiste en la regeneración de la ribulosa 1-5-difosfato (la
mayor parte del producto se invierte en esto). Otras rutas posibles involucran biosíntesis alternativas: el
gliceraldehído 3-fosfato que queda en el estroma del cloroplasto puede destinarse a la síntesis de aminoácidos,
ácidos grasos y almidón; el que pasa al citosol origina la glucosa y la fructosa, que al combinarse generan la
sacarosa (azúcar de transporte de la mayoría de las plantas, presente en la savia elaborada, conducida por el
floema) mediante un proceso parecido a la glucólisis en sentido inverso.

3. La regeneración de la ribulosa-1,5-difosfato se lleva a cabo a partir del gliceraldehído 3-fosfato, por medio
de un proceso complejo donde se suceden compuestos de cuatro, cinco y siete carbonos, semejante a ciclo de
las pentosas fosfato en sentido inverso (en el ciclo de Calvin, por cada molécula de dióxido de carbono que se
incorpora se requieren dos de NADPH y tres de ATP).

• Síntesis de compuestos orgánicos nitrogenados: gracias al ATP y al NADPH obtenidos en la fase


luminosa, se puede llevar a cabo la reducción de los iones nitrato que están disueltos en el suelo en
tres etapas.

En un primer momento, los iones nitrato se reducen a iones nitrito por la enzima nitrato reductasa,
requiriéndose el consumo de un NADPH. Más tarde, los nitritos se reducen a amoniaco gracias, nuevamente,
a la enzima nitrato reductasa y volviéndose a gastar un NADPH. Finalmente, el amoniaco que se ha obtenido
y que es nocivo para la planta, es captado con rapidez por el ácido α-cetoglutárico originándose el ácido
glutámico (reacción catalizada por la enzima glutamato sintetasa), a partir del cual los átomos de nitrógeno
pueden pasar en forma de grupo amino a otros cetoácidos y producir nuevos aminoácidos.

Sin embargo, algunas bacterias pertenecientes a los géneros Azotobacter, Clostridium y Rhizobium y
determinadas cianobacterias (Anabaena y Nostoc) tienen la capacidad de aprovechar el nitrógeno atmosférico,
transformando las moléculas de este elemento químico en amoniaco mediante el proceso llamada fijación del
nitrógeno. Es por ello por lo que estos organismos reciben el nombre de fijadores de nitrógeno.
Esquema en el que se muestra el proceso seguido en la síntesis de compuestos orgánicos nitrogenados.

• Síntesis de compuestos orgánicos con azufre: partiendo del NADPH y del ATP de la fase
luminosa, el ion sulfato es reducido a ion sulfito, para finalmente volver a reducirse a sulfuro de
hidrógeno. Este compuesto químico, cuando se combina con la acetilserina produce el aminoácido
cisteína, pasando a formar parte de la materia orgánica celular.

Véase también: Fase oscura

Fotorrespiración
Artículo principal: Fotorrespiración
La piña (Ananas comosus), que pertenece a la
familia Bromeliaceae, tiene un metabolismo de tipo CAM, que poseen muchas plantas crasuláceas.

Este proceso, que implica el cierre de los estomas de las hojas como medida preventiva ante la posible pérdida
de agua, se sobreviene cuando el ambiente es cálido y seco. Es entonces cuando el oxígeno generado en el
proceso fotosintético comienza a alcanzar altas concentraciones (por ejemplo debido a que plantas crecen
muy juntas y el aire está muy calmado, altas temperaturas o humedades bajas).

Cuando existe abundante dióxido de carbono, la enzima RuBisCO (mediante su actividad como carboxilasa)
introduce el compuesto químico en el ciclo de Calvin con gran eficacia. Pero cuando la concentración de
dióxido de carbono en la hoja es considerablemente inferior en comparación a la de oxígeno, la misma enzima
es la encargada de catalizar la reacción de la RuBisCO con el oxígeno (mediante su actividad como
oxigenasa), en lugar del dióxido de carbono. Esta reacción es considerada la primera fase del proceso
fotorrespiratorio, en el que los glúcidos se oxidan a dióxido de carbono y agua en presencia de luz. Además,
este proceso supone una pérdida energética notable al no generarse ni NADH ni ATP (principal rasgo que lo
diferencia de la respiración mitocondrial). Además, la fotorrespiración conlleva a que se pierde ribulosa 1,5-
bifosfato (necesaria para el Ciclo de Calvin), solo una parte del carbono vuelve al cloroplasto, se produce
CO2 y, en conclusión, la fotorrespiración resulta en un lastre para la planta al deshacer parte de lo conseguido
en la fotosíntesis.

Cuando una molécula de RuBisCO reacciona con una de oxígeno, se origina una molécula de ácido
fosfoglicerico y otra de ácido fosfoglicólico, que prontamente se hidroliza a ácido glicólico. Este último sale
de los cloroplastos para posteriormente introducirse en los peroxisomas (orgánulos que albergan enzimas
oxidativos), lugar en el que vuelve a reaccionar con oxígeno para producir ácido glioxílico y peróxido de
hidrógeno (la acción de la enzima catalasa catalizará la descomposición de este compuesto químico en
oxígeno y agua). Sin embargo el ácido glioxílico se transforma en glicina, aminoácido que se traspasa a la
mitocondrias para formarse una molécula de serina a partir de dos de ácido glioxílico (este proceso conlleva la
liberación de una molécula de dióxido de carbono).

Ruta de Hatch-Slack o de las plantas C4


En los vegetales propios de las zonas con clima tropical, donde la fotorrespiración podría revestir un problema
de notable gravedad, se presenta un proceso diferente para captar el dióxido de carbono. En estas plantas se
distinguen dos variedades de cloroplastos: existen unos que se hallan en las células internas, contiguos a los
vasos conductores de las hojas, y otros que están en las células del parénquima clorofílico periférico, lo que se
llama mesófilo. Es en este último tipo de cloroplasto en el que se produce la fijación del dióxido de carbono.
La molécula aceptora de este compuesto químico es el ácido fosfoenolpirúvico (PEP), y la enzima que actúa
es la fosfoenolpiruvato carboxilasa, que no se ve afectada por una alta concentración de oxígeno.

Partiendo del ácido fosfoenolpirúvico y del dióxido de carbono se genera el ácido oxalacético, constituido por
cuatro carbonos (es de aquí de donde proviene el nombre de plantas C4). El susodicho ácido se transforma en
ácido málico, y este pasa a los cloroplastos propios de las células internas a través de los plasmodesmos. En
estos se libera el dióxido de carbono, que será apto para proseguir el ciclo de Calvin. A consecuencia de ello,
en estas plantas no se produce ningún tipo de alteración a consecuencia de la respiración.

Las plantas CAM


La sigla CAM es empleada como abreviación de la equívoca expresión inglesa crassulacean acidic
metabolism, que puede ser traducida al español como metabolismo ácido de las crasuláceas. Esta
denominación se acuñó dado que en un principio este mecanismo únicamente fue atribuido a las plantas
pertenecientes a esta familia, es decir, a las crasuláceas. No obstante, en la actualidad se conocen a varias
especies de plantas CAM, que pertenecen a diferentes familias de plantas crasas o suculentas (Crassulaceae,
Cactaceae, Euphorbiaceae, y Aizoaceae son algunos ejemplos). Por norma general, las plantas CAM son
vegetales originarios de zonas con unas condiciones climáticas desérticas o subdesérticas, que se encuentran
sometidas a una intensa iluminación, a altas temperaturas y a un déficit hídrico permanente. Pueden ser
enumeradas muchas peculiaridades de estas plantas, como que el tejido fotosintético es homogéneo, siendo
apreciable además la inexistencia de vaina diferenciada y de clorénquima en empalizada.11
Fotografía de
Mesembryanthemum crystallinum, en Lanzarote.

Las plantas CAM están adaptadas a las condiciones de aridez extremas, por lo que resulta lógico que sus
estomas se abran durante la noche, para evitar en la medida de lo posible la pérdida de agua por transpiración,
fijando dióxido de carbono en oscuridad por una reacción de carboxilación de PEP (ácido fosfoenolpirúvico)
catalizada por la enzima PEP-carboxilasa en el citosol. Como resultado, se produce la formación de
oxalacetato y malato que es almacenado en la vacuola, sobreviniéndose una acidificación nocturna de la hoja.
El malato almacenado en la vacuola es liberado durante el día mientras los estomas que permanecen cerrados,
siendo llevado al cloroplasto. Una vez en este orgánulo, el malato es descarboxilado por la enzima málico
NADP dependiente y el dióxido de carbono que se desprende es fijado en el ciclo de Calvin. El ácido pirúvico
se convierte nuevamente en azúcares, para finalmente convertirse en almidón. La fijación y reducción del
carbono en las plantas CAM presenta unos requerimientos energéticos, en términos de ATP, mayores que en
las plantas C3 y C4. Su rendimiento fotosintético por unidad de tiempo es menor y su crecimiento es más
lento. Como consecuencia de la adaptación de estas plantas a sus hábitats extremos, los mecanismos que
regulan el equilibrio entre transpiración y fotosíntesis están encaminados fuertemente hacia la minimización
de las pérdidas de agua, asegurando así la supervivencia en el medio desértico, aunque a costa de una menor
productividad.11

También se tiene constancia de la existencia de plantas que poseen la capacidad de adaptar su metabolismo a
las condiciones ambientales, de modo que pueden presentar un ciclo CAM de carácter adaptativo, es decir,
aunque se comportan como C3 pueden llevar a cabo el ciclo CAM cuando están sometidas a ciertas
circunstancias. Son las denominadas CAM facultativas, siendo ejemplo representativo de ellas la
Mesembryanthemum crystallinum, la cual realiza ciclo C3 en condiciones normales de no estrés, pero cambia
a ciclo CAM en respuesta a situaciones de estrés.11

Cuadro comparativo de plantas C3, C4 y CAM

PLANTAS
CARACTERÍSTICA PLANTAS C3 PLANTAS C4
CAM
Metabolismo Ninguno Transferencia de CO2 Almacenan CO2
Fotorrespiración Alta Baja Moderada
Apertura de estomas Día Día Noche
Incorporación directa de CO2 Sí No No
Temperatura óptima para la
15-25 °C 30-47 °C > 35 °C
fotosíntesis
Región Climática templada Tropical Árida
Trigo, diente león, Maíz, caña de azúcar, Áloe, cactus,
Ejemplos
eucalipto remolacha piña

Fotosistemas y pigmentos fotosintéticos


Los fotosistemas
Los pigmentos fotosintéticos se hallan alojados en unas proteínas transmembranales que forman unos
conjuntos denominados fotosistemas, en los que se distinguen dos unidades diferentes: la antena y el centro de
reacción.

En la antena, que también puede aparecer nombrada como LHC (abreviatura del inglés Light Harvesting
Complex), predominan los pigmentos fotosintéticos sobre las proteínas. De hecho, existen entre doscientas y
cuatrocientas moléculas de pigmentos de antena de varios tipos y tan solo dos proteínas intermembranales.
Sin embargo, la antena carece de pigmento diana. Un ejemplo es el complejo de captación de luz LH-2 de Rs.
Molishchianum, el cual consta de 8 unidades alfa con 56 residuos cada unidad, y 8 unidades beta con 45
residuos por unidad, los cuales se disponen en 2 anillos concéntricos simétricos. Además, también posee 24
moléculas de bacterioclorofila A, y 8 moléculas de licopeno; tanto la bacterioclorofila A y el licopeno se
encuentran entre los anillos concéntricos alfa y beta.26

En el centro de reacción, mentado en algunas ocasiones como CC (abreviatura del inglés Core Complex), las
proteínas predominan sobre los pigmentos. En el centro de reacción es donde está el pigmento diana, el
primer aceptor de electrones y el primer dador de electrones. En término generales, se puede decir que existe
una molécula de pigmento diana, unas cuantas de pigmentos no diana, una de primer dador de electrones y
una de primer aceptor. Mientras existen entre dos y cuatro proteínas de membrana.

Fotosistema I y Fotosistema II

• El Fotosistema I (PSI) capta la luz cuya longitud de onda es menor o igual a 700 nm y en las plantas
superiores, su antena se caracteriza por encerrar dentro de sí una gran proporción de clorofila α, y
una menor de clorofila β. En el centro de reacción, la molécula diana es la clorofila αI que absorbe a
700 nm, siendo llamada por ello clorofila P700. El aceptor primario de electrones se denomina
aceptor A0 y el dador primario es la plastocianina. Sobre todo, se hallan presentes en los tilacoides
del estroma.
• El Fotosistema II (PSII) capta luz cuya longitud de onda es menor o igual a 680 nm.

Los pigmentos fotosintéticos y la absorción de la luz


Los pigmentos fotosintéticos son lípidos unidos a proteínas presentes en algunas membranas plasmáticas, y
que se caracterizan por presentar alternancia de enlaces sencillos con enlaces dobles. Esto se relaciona con su
capacidad de aprovechamiento de la luz para iniciar reacciones químicas, y con poseer color propio. En las
plantas estos pigmentos son las clorofilas y los carotenoides, en las cianobacterias y las algas rojas también
existe ficocianina y ficoeritrina, y, finalmente, en las bacterias fotosintéticas está la bacterioclorofila.

La clorofila está formada por un anillo porfirínico con un átomo de magnesio en el centro, asociado a un
metanol y a un fitol (monoalcohol de compuesto de veinte carbonos). Como consecuencia, se conforma una
molécula de carácter anfipático, en donde la porfirina actúa como polo hidrófilo y el fitol como polo lipófilo.
Se distinguen dos variedades de clorofila: la clorofila a, que alberga un grupo metilo en el tercer carbono
porfirínico y que absorbe luz de longitud de onda cercana a 630 nm, y la clorofila b, que contiene un grupo
formilo y que absorbe a 660 nm.

Los carotenoides son isoprenoides y absorben luz de 440 nm, pudiendo ser de dos clases: los carotenos, que
son de color rojo, y las xantófilas, derivados oxigenados de los nombrados anteriormente, que son de color
amarillento. Las ficocianinas y las ficoeritrinas, de color azul y rojo respectivamente, son lípidos asociados a
proteínas originando las ficobiliproteínas.

Como los pigmentos fotosintéticos tienen enlaces covalentes sencillos que se alternan con enlaces covalentes
dobles, se favorece la existencia de electrones libres que no pueden atribuirse a un átomo concreto.

Cuando incide un fotón sobre un electrón de un pigmento fotosintético de antena, el electrón capta la energía
del fotón y asciende a posiciones más alejadas del núcleo atómico. En el supuesto caso de que el pigmento
estuviese aislado, al descender al nivel inicial, la energía captada se liberaría en forma de calor o de radiación
de mayor longitud de onda (fluorescencia). Sin embargo, al existir diversos tipos de pigmentos muy
próximos, la energía de excitación captada por un determinado pigmento puede ser transferida a otro al que se
induce el estado de excitación. Este fenómeno se produce gracias a un estado de resonancia entre la molécula
dadora relajada y la aceptora. Para ello se necesita que el espectro de emisión del primero coincida, al menos
en parte, con el de absorción del segundo. Los excitones se transfieren siempre hacia los pigmentos que
absorben a mayor longitud de onda, continuando el proceso hasta alcanzar el pigmento fotosintético diana.

Solo el 40 % de la energía que llega al cloroplasto es luz visible, que es la única energía útil para realizar la
fotosíntesis.

Factores externos que influyen en la fotosíntesis


Mediante la comprobación experimental, los científicos han llegado a la conclusión de que la temperatura, la
concentración de determinados gases en el aire (tales como dióxido de carbono y oxígeno), la intensidad
luminosa y la escasez de agua son aquellos factores que intervienen aumentando o disminuyendo el
rendimiento fotosintético de un vegetal.

• La temperatura: cada especie se encuentra adaptada a vivir en un intervalo de temperaturas. Dentro


de él, la eficacia del proceso oscila de tal manera que aumenta con la temperatura, como
consecuencia de un aumento en la movilidad de las moléculas, en la fase oscura, hasta llegar a una
temperatura en la que se sobreviene la desnaturalización enzimática, y con ello la disminución del
rendimiento fotosintético.2728
Imagen al microscopio
electrónico de un estoma.

• La concentración de dióxido de carbono: si la intensidad luminosa es alta y constante, el


rendimiento fotosintético aumenta en relación directa con la concentración de dióxido de carbono en
el aire, hasta alcanzar un determinado valor a partir del cual el rendimiento se estabiliza.2728
• La concentración de oxígeno: cuanto mayor es la concentración de oxígeno en el aire, menor es el
rendimiento fotosintético, debido a los procesos de fotorrespiración.27
• La intensidad luminosa: cada especie se encuentra adaptada a desarrollar su vida dentro de un
intervalo de intensidad de luz, por lo que existirán especies de penumbra y especies fotófilas. Dentro
de cada intervalo, a mayor intensidad luminosa, mayor rendimiento, hasta sobrepasar ciertos límites,
en los que se sobreviene la fotooxidación irreversible de los pigmentos fotosintéticos. Para una igual
intensidad luminosa, las plantas C4 (adaptadas a climas secos y cálidos) manifiestan un mayor
rendimiento que las plantas C3, y nunca alcanzan la saturación lumínica.2728
• El tiempo de iluminación: existen especies que desenvuelven una mayor producción fotosintética
cuanto mayor sea el número de horas de luz, mientras que también hay otras que necesitan alternar
horas de iluminación con horas de oscuridad.2829
• La escasez de agua: ante la falta de agua en el terreno y de vapor de agua en el aire disminuye el
rendimiento fotosintético. Esto se debe a que la planta reacciona, ante la escasez de agua, cerrando
los estomas para evitar su desecación, dificultando de este modo la penetración de dióxido de
carbono. Además, el incremento de la concentración de oxígeno interno desencadena la
fotorrespiración. Este fenómeno explica que en condiciones de ausencia de agua, las plantas C4 sean
más eficaces que las C3.2728
• El color de la luz: la clorofila α y la clorofila β absorben la energía lumínica en la región azul y roja
del espectro, los carotenos y xantofilas en la azul, las ficocianinas en la naranja y las ficoeritrinas en
la verde. Estos pigmentos traspasan la energía a las moléculas diana. La luz monocromática menos
aprovechable en los organismos que no tienen ficoeritrinas y ficocianinas es la luz. En las
cianofíceas, que si poseen estos pigmentos anteriormente citados, la luz roja estimula la síntesis de
ficocianina, mientras que la verde favorece la síntesis de ficoeritrina. En el caso de que la longitud de
onda superase los 680 nm, no actúa el fotosistema II con la consecuente reducción del rendimiento
fotosintético al existir únicamente la fase luminosa cíclica.29

Fotosíntesis anoxigénica o bacteriana


Artículo principal: Fotosíntesis anoxigénica

Las bacterias únicamente son poseedoras de fotosistemas I, de manera que, al carecer de fotosistemas II, no
pueden usar al agua como dador de electrones (no hay fotólisis del agua), y en consecuencia, no producen
oxígeno al realizar la fotosíntesis. En función de la molécula que emplean como dador de electrones y el lugar
en el que acumulan sus productos, es posible diferenciar tres tipos de bacterias fotosintéticas: las
sulfobacterias purpúreas, que se caracterizan por emplear sulfuro de hidrógeno (H2S) como dador de
electrones y por acumular el azufre en gránulos de azufre en su interior; las sulfobacterias verdes, que también
utilizan al sulfuro de hidrógeno, pero a diferencia de las purpúreas no acumulan azufre en su interior; y
finalmente, las bacterias verdes carentes de azufre que usan materia orgánica, tal como ácido láctico, como
donadora de electrones.

En las bacterias purpúreas, los fotosistemas I están presentes en la membrana plasmática, mientras que en las
bacterias verdes, estos se encuentran en la membrana de ciertos orgánulos especiales. Los pigmentos
fotosintéticos están constituidos por las bacterioclorofilas a, b, c, d y e, así como también por los carotenos.
Por otra parte, lo más frecuente es que la molécula diana sea la denominada P890.

Al igual que sucede en la fotosíntesis oxigénica, existe tanto una fase dependiente de luz como una
independiente de luz, distinguiéndose en la primera un transporte de electrones acíclico y otro cíclico.
Mientras en el cíclico únicamente se obtiene ATP, en el acíclico se reduce el NAD + a NADH, que
posteriormente es empleado para la reducción del CO2, NO3-, entre otros. El NADH también puede ser
obtenido en ausenca de luz, gracias al ATP procedente del proceso cíclico.

Véase también: Quimiosíntesis

Fotosíntesis artificial de las plantas


Artículo principal: Fotosíntesis artificial

Actualmente, existe un gran número de proyectos químicos destinados a la reproducción artificial de la


fotosíntesis, con la intención de poder capturar energía solar a gran escala en un futuro no muy lejano. A pesar
de que todavía no se ha conseguido sintetizar una molécula artificial capaz de perdurar polarizada durante el
tiempo necesario para reaccionar de forma útil con otras moléculas, las perspectivas son prometedoras y los
científicos son optimistas.30

Intentos de imitación de las estructuras fotosintéticas


Desde hace cuatro décadas, en el ambiente científico se ha extendido el interés por la creación de sistemas
artificiales que imiten a la fotosíntesis. Con frecuencia, lo que se hace es reemplazar a la clorofila por una
amalgama de compuestos químicos, ya sean orgánicos o inorgánicos, que tienen la capacidad de captar la luz.
Sin embargo, se desconoce lo que se debe de hacer con los electrones liberados en el proceso fotosintético.31
Molécula de fullereno C60, llamada
buckminsterfullereno, con forma igual a la de una pelota de fútbol.

En el año 1981 fue fabricado el primer cloroplasto artificial,32 constituido por una mezcla de compuestos
orgánicos sintéticos relacionados con la clorofila y que, al iluminarse, tenía la capacidad de llevar a cabo la
reacción de fotólisis del agua, generando hidrógeno y oxígeno en estado gaseoso. El tamaño físico del
cloroplasto artificial era mucho mayor que el de los cloroplastos naturales, y además, su eficacia de
conversión de energía lumínica en química era notablemente inferior. Este primer experimento fue todo un
hito y supuso el primer paso hacia la construcción de un dispositivo fotosintético obtenido artificialmente que
funcionara.31

En 1998, el equipo de Thomas Moore, profesor de química del Centro de Bioenergía y Fotosíntesis de la
Universidad Estatal de Arizona, decidió incorporar al cloroplasto artificial desarrollado años antes, una
vesícula rodeada de una cubierta parecida a las membranas de los cloroplastos naturales. En ella se hallaban
las clorofilas tratadas sintéticamente, junto con otros compuestos que se añadieron con la intención de generar
una acumulación de iones H+ en la parte interna de la membrana. Pero el hecho más destacable del
experimento fue la incorporación de la enzima ATP-sintetasa, principal responsable del aprovechamiento del
desequilibrio en la concentración de H+ para producir ATP. Con estas modificaciones, Moore consiguió un
comportamiento similar al de los cloroplastos reales, sintetizando ATP a partir de energía solar, pero con un
número más reducido de componentes que la cadena fotosintética natural. Tal fue la repercusión del
experimento, que en la actualidad se continúan explorando sus aplicaciones prácticas.31

En 1999, científicos estadounidenses unieron químicamente cuatro moléculas de clorofila, dando lugar a una
cadena por la que podían circular los electrones y en cuyo remate, se encontraba una bola de fullereno C60.
Tras incidir la luz en el sistema, los electrones emitidos eran trasportados hasta la bola de
buckminsterfullereno que se quedaba cargada eléctricamente y mantenía estable su carga. Pero el principal
defecto de este imaginativo proyecto es que los científicos que lo lideraban desconocían la posible aplicación
del fullereno cargado que se había obtenido por medio del proceso mencionado.31

Célula de Grätzel
Las células de Grätzel son dispositivos fotovoltaicos de dióxido de titanio nanoestructurado sensitivizado con
colorante, cuyos mecanismos para la transferencia electrónica se caracterizan por ser parecidos a los que se
producen en la planta durante el proceso fotosintético. De hecho, el colorante, que puede ser de naturaleza
sintética o natural, permite el empleo de la clorofila para este tipo de dispositivos.

A pesar de que ya en 1972, el alemán Helmunt Tributsch había creado células solares fotoelectroquímicas
sensitivizadas con colorante, con capacidad para producir electricidad, usando electrodos densos
convencionales. Los desarrollos con electrodos de óxidos sensitivizados generaron eficiencias próximas al
2,5 % limitadas por la reducida superficie fotoactiva de estos electrodos.

La principal traba de este proyecto es su eficiencia, que se sitúa en torno al 11 % en un laboratorio, pero si se
extrapola a un nivel industrial disminuye de forma notoria. Es por ello por lo que investigadores de todo el
mundo (algunos ejemplos son el grupo de trabajo encabezado por el Michael Grätzel en Lausana o los
científicos de la Universidad Pablo de Olavide) trabajan para incrementar la eficiencia, así como para
descubrir configuraciones alternativas y más prácticas.

A pesar de que su introducción en el mercado es todavía muy limitada, ya existen empresas como la
australiana Sustainable Technologies International que en el año 2001, y tras un programa de desarrollo que
alcanzó el coste de doce millones de dólares, implantó de forma pionera una planta de producción a gran
escala de células solares de titanio sensitivizado.

Disoluciones homogéneas
El 31 de agosto de 2001 se publicó el la revista Science, un artículo en el que se recogía el resultado de un
experimento realizado por unos investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, consistente en
obtener hidrógeno por medio de disoluciones de ácido clorhídrico, usando como catalizador un compuesto
orgánico de naturaleza sintética contenedor de átomos de rodio como centro activo.31

El hecho de que la regeneración del catalizador de rodio no sea perfecta, obliga a tener que reabastecerlo cada
cierto período para mantener la reacción, por lo que en la actualidad se sigue investigando para obtener el
catalizador que mejor se adecue.31

Casos excepcionales en animales relacionados con la


fotosíntesis
Si bien la fotosíntesis es un mecanismo inherente a plantas, algas, bacterias y otros organismos, hay animales
que, mediante ciertas situaciones aprovechan la fotosíntesis producida por algas para obtener oxígeno.

Elysia chlorotica
Esta babosa marina practica un fenómeno denominado cleptoplastia, que consiste en digerir el alga Vaucheria
litorea parcialmente, de tal forma que sus cloroplastos (organelos encargados en la fotosíntesis) quedan
intactos y son almacenados por E. chlorotica en su vía digestiva para aprovecharse de su capacidad
fotosintética y así obtener la energía necesaria para subsistir varios meses sin necesidad de recurrir a
organismos externos. Producto de la presencia de la clorofila dentro de los cloroplastos almacenados en E.
chlorotica, esta adquiere un característico color verde presente en organismos fotosintetizadores.5336

Ambystoma maculatum
El alga Oophila amblystomatis ingresa al huevo de A. maculatum y se implanta en la membrana. El
revestimiento de la membrana del huevo previene su deshidratación, pero a su vez inhibe el intercambio de
gases como el oxígeno, un factor elemental para el desarrollo del embrión de la salamandra. Esta falta de
oxígeno es proporcionada por la fotosíntesis de O. amblystomatis, contribuyendo al desarrollo de A.
maculatum, mientras que esta última metaboliza dióxido de carbono, el cual es consumido por el alga,
estableciendo así una relación simbiótica entre ambos organismos.34789

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