Documento Sin Título
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escritora en 1941, publicando en la revista Así. Sus entrevistas más conocidas fueron a
mujeres como Frida Kahlo y Lolita González de Reachi. Actualmente es difícil encontrar, en
los buscadores de internet, información sobre esta revista y las publicaciones de Garro, no se
“Mujeres perdidas. Reformatorio de señoritas” es uno de los reportajes que escribió para la
revista Así en 1941, el cual se popularizó en 2014 gracias a una recopilación de periodismo
policiaco mexicano, llamado ¡Nadie es inocente! realizado por Producciones El Salario del
Miedo en conjunto con la editorial Almadía y el gobierno de San Luis Potosí. Este reportaje
es poco conocido, y nos revela a una Elena Garro muy joven pues tan solo tenía 23 años
Este reportaje del que voy a hablar, fue publicado originalmente en cinco entregas los días
innovador para su época, época en que el Nuevo Periodismo apenas se está gestando en las
salas de redacción de los periódicos urbanos estadounidenses, cuando todavía apenas la idea
de innovar la escritura periodística está a veinte años de surgir, y que era propio de reporteros
de revistas, como Elena. Quizá hay ahí comunidad entre ella y aquellos compañeros
Me doy cuenta de que hablo de reportaje y crónica, aclaro que este reportaje de Elena
Garro constituye una crónica en sí. Consideremos lo que dice Tom Wolfe en El nuevo
categoría de noticia propiamente dicha. Lo incluía todo, desde los llamados «brillantes», breves y
regocijantes sueltos, cuya fuente era con frecuencia la policía [...] hasta «anécdotas de interés
Este reportaje de la joven Elena Garro, es bastante extenso. Es una crónica de descubrimiento,
incluso me atrevería a decir de viaje e intimista (o intimísima). Donde podemos incluso notar
Centro de Observación. La crónica está escrita en primera persona, ella abarca el espacio
Menores con un documento que la acusaba de ladrona, ahí estaría dos días para luego ser
esta experiencia debería escribir una serie de reportajes, contando a la gente lo que se vive al
interior. Elena, en un inició no quería hacerlo e incluso antes de aceptar la oferta se rehusó “El
asunto me interesó y pedí algunos días para pensarlo; al final, rehusé. ¿Por qué? No sabría
explicarlo; quizá cierto puritanismo que me gusta disfrazar tras los fuegos artificiales de un
humor que no importa calificar de espontáneo, siempre que no se confunda con el desenfado”
(Garro, 2014, 10) y dentro de la crónica, dentro de la Casa de Observación, ella sigue sin
de adentro sabría que ella entraría en “calidad de ‘curiosa’”, a ella se le negaba información
sobre lo que pasaba en ese espacio que penetraría “Entonces quise investigar qué era lo que
sucedía al entrar-, a qué pruebas se sujetaría y con qué dificultades tropezaría, más el risueño
doctor Morales, médico del Departamento, intervinó, para decirle a la señorita Ricoy, que
Como cualquiera.” (11). Esto provoca un aumento en la intensidad del asunto, en el inicio del
viaje inmersivo que está por realizar. Las explicaciones del doctor no parecían más que
despedidas “yo náufraga apenas lo oía” (11). En efecto, estaba a la deriva, era como una
exploradora que se dirige a tierras desconocidas, al antes llamado Nuevo Mundo, por ello me
atrevo a describir este texto como una crónica de viaje. Pero el sitio ya no está lejos, está ahí
Sabe que a pesar de habitar ese monstruo urbano, no lo conoce. Su viaje no empieza con un
desplazamiento físico, sino cuando detecta en su cuerpo el nerviosismo, el temor de saber que
va a dejar, aunque por corto tiempo, lo conocido. La naufraga, la que ya no escucha porque ya
Pero ya era tarde y el amor propio me sostuvo. Cruzamos el portón; entramos a un zaguán y todavía
hubimos de atravesar otro cancel de tablas pintadas de amarillo. Apareció un patio viejo, pequeño y
destartalado, con una pileta de agua y una puerta al frente, en forma de arco –entrada a la cocina–.
Muros amarillos, descascarados y pobres [...] En el patio jugaba un grupo de chicas de diversas
edades, desde los siete hasta los dieciocho años. Eran las ‘delincuentes’. Macilentas, muchas de
ellas rapadas [por tener piojos] o con los pelos a medio crecer. (11)
Ya está dentro, y las ve a ellas sus ahora compañeras que son las “delincuentes” flacas y
pálidas, las que ocupan los márgenes sociales, esa mujer muchas veces víctima castigada, la
que es salvaje, la que es pobre, la morena, la diferente. Cruzó la frontera, para tocar, aunque
sea un poco, la superficie de la realidad que estas jóvenes viven en su encierro, en palabras de
Rossana Reguillo “Esta forma de relato logró abolir la frontera entre lo real y lo representado”
(Reguillo, 2000, 20) y se acerca para contar dónde fueron a dar todas las que no tiene cabida
en la modernidad latinoamericana “y las diferentes maneras en que las sociedades
incorporar la diferencia, la cultura profunda.” (Reguillo, 2000, 21). Ahora ella es la diferente,
Garro que va en “calidad de curiosa” termina siendo el objeto observado. Es extraña dentro de
ese ecosistema. Es “la güera”, sin embargo está dentro. Es otra mujer encerrada, condición
que comparten, pero ellas no saben que la diferencia es más grande, no sólo por la edad: ella
está ahí por voluntad propia, es fugitiva de la libertad que es la misma que la llevó ahí.
islote poblado de seres extraños” (Garro, 2014, 11), y en efecto extraños para ella en todo
caso, usa su experiencia personal en la vida para decirnos que jamás había estado cerca de
mujeres así, las escudriña y las describe no sin agresividad, sus palabras son fuertes, porque
curiosas y cretinas”. Esa violencia sistémica encarnada en los cuerpos de las mujeres que
ahora la rodean.
Es preciso aclarar que en esta crónica parece no existir una intención explícita de denuncia,
la sensibilidad de Garro, que a veces puede parecer antipática, logra retratar a estas jóvenes
con mucha verosimilitud. Y digo verosimilitud porque arriesgarme a decir “las describe como
realmente son” no sería solamente un desatino sino una mentira, porque yo tampoco sé cómo
son en realidad y jamás lo sabré. Estos retratos son sus interpretaciones de la realidad, su
subjetividad (que se ve reivindicada), que no significa mentir, hace el trabajo de descifrar a las
mujeres observadas en el campo, como dice Alberto Salcedo Ramos en una entrevista:
En todo caso, la subjetividad tiene unos códigos. No concede licencia para adulterar la realidad, ni
tampoco para reemplazar datos por figuras literarias, sino tan solo para ejercitar la mirada y para
narrar con encanto. Interpretar no riñe con la búsqueda de la verdad, ese mandamiento tan invocado
en el periodismo. Sólo es un mecanismo para buscar otras verdades, acaso más humanas, y para
escribir con un estilo sugerente que seduzca a los lectores (Morales, 2018, 152).
Garro aunque usa la primera persona y una forma muy íntima de narrar y muy desde sus
sensibilidades, aun sin cuestionar sus privilegios, que poco importaba para una revista de los
pena que siente por estas mujeres “En general, el sentimiento que tuve al verlas a todas fue,
simplemente, ése: pena” (Garro, 2014, 12). En un sentido muy perspectivista, se lee su
crónica porque lo que importa al lector es su punto de vista. Al final es su punto d vista el que
nos cuenta las condiciones precarias en las que estas jóvenes son “reformadas”, sea una
denuncia velada o no, pues el principal objetivo de la revista para la que trabajaba, aparte de
informar era entretener. Qué maravilla una foto de Elena Garro dentro de un reformatorio, qué
escándalo.
En este viaje se descubre a sí misma capaz de mentir y empatizar a la vez con la otra. Se
descubre criminal ante los ojos de sus compañeras que parecen desnudarla del pudor y la
vergüenza, un nuevo mundo donde no todas las mujeres han ido a la universidad, son pobres y
a su corta edad ya tuvieron hijos y múltiples aventuras sexuales “Hablaban en voz muy baja
de sus aventuras sexuales. A veces decían palabras y frases que yo no entendía y se reían con
ganas [...] Yo me reía un poco más tarde forzadamente. Decíanse unas a otras a otras: –Esta
como encantadora. Sorpresa tras sorpresa, como le dijo el doctor, la nueva reclusa va
desentrañando la dinámica de las otras chicas. Parece que tardara una eternidad ahí dentro del
Centro de Observación para Menores, pero no, son sólo dos días antes de que la muevan a la
Casa de Orientación para Mujeres en Coyoacán. Garro, observadora minuciosa de las que la
rodean, escribe lo más que puede pero no ahí dentro, todo lo hace ya afuera cuando, supongo,
las demás chicas del centro: Una historia vulgar, así le llama. La historia de una joven que a
los trece años fue violada y engañada por su novio que resultó ser un tratante de blancas, la
hicieron prostituta y a los quince años ya tenía sífilis. Esta historia es quizá, la parte que es
contada con mayor seriedad en la crónica, porque no es ella, Garro se sabe sin el derecho de
contar de otra forma la historia de abuso de Isabel, que de buenas a primeras le ha contado
todo. La voz subalterna toma la palabra, es cuando la crónica cobra sentido, donde hay una
crítica verdadera ante todos los habitantes “respetables” de la ciudad que hacen a un lado a
aquellos que les agreden la vista o que ya no les sirven. La concluye así: “Hasta aquí la vulgar
historia de la hermosa Isabel. Era una reincidente, según se habrá podido ver. Una reincidente,
La curiosa no deja de ser una extraña en este nuevo lugar, sabe que desencaja. A veces su
tono parece pueril porque está en desventaja. Es tonta, pero de a poco también evoluciona. No
obstante solamente son dos días los que está ahí. No sólo maneja muy bien la información y la
administra, sino que se detecta su deseo de ser libre cuando al lector se le presentan una tras
otra, relaciones interminables. Son tantas mujeres que cómo no han de pasar tantas cosas. Se
convierte de pronto en parte de las intrigas y hasta en la intrigosa. Dentro de ese poco tiempo,
descubre que estas mujeres son capaces de amarse sexualmente también y eso despierta en
ella el horror. Sabe que la siguen porque es la novedad, la que aún huele a libertad.
inútiles ante la sociedad. Son mujeres que no supieron ser mujeres, abandonadas. Elena se
empieza a sentir abandonada, desanimada “El único sentimiento vivo era la nostalgia de la
libertad. Hablábamos de la calle como algo lejano y perdido y las de la Banda que iban a tocar
el sábado por la tarde en Bellas Artes eran vistas con profunda envidia” (16). Conforme se
avanza en la lectura, se llega a confundir a la escritora, parece una reclusa relatando sus
confidencias con sus compañeras. Una mujer que trata de adaptarse a lo que pasa ahí dentro,
no se puede evitar evocar Orange is the New Black, donde la trama principal es la adaptación
y la mimetización con el entorno. Eso lo logra Garro, se mimetiza con su entorno. La güera
encerrada, la otra que es igual a nosotras. Se difuminan las diferencias ante su subjetividad
narrativa. Logra ser una voz más dentro del Centro y se convierte por completo cuando se
anuncia que será enviada a la Casa de Orientación para Mujeres, ahí de donde nadie sale.
Donde la sentencia se vuelve más real “ –Yo soy la que me voy ahora –dije con la vista baja.
–¡Pues a Coyoacán!
– ¡No seas tonta. ¿Por qué te has de ir? De allá no vas a salir” (21) La inmersión parece
haberse completado, camaleónica Garro, narró con un estilo que facilita mucho la lectura de
sus reportajes, que fueron cinco, utilizando diálogos, drama y monólogos a veces cursis y
anécdotas, cambiando su voz a tercera persona. Muy al estilo del que se llamaría Nuevo
Periodismo, es posible afirmar, que mantuvo la atención de los lectores de la revista para la
que escribía. Una historia vulgar que supo contar para el lector morboso y para todo aquel que
quisiera enterarse de la situación dentro de estos centros. Según se piensa, esta crónica se
pensaba como una buena publicidad para los centros, pero no creo que esta relación haya
10-23). J. M. Servín.
Morales, L. E. (2018). Entrevista con Alberto Salcedo Ramos. Confluencia, 34(1), 150-155.
Jstor. [Link]
Wolfe, T. (2000). El nuevo periodismo (J. L. Guarner, Trans.; 7th ed.). Editorial Anagrama.