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Este documento resume un reportaje de Elena Garro titulado "Mujeres perdidas. Reformatorio de señoritas" publicado en 1941. Garro aceptó la propuesta de un director de una revista de pasar dos días en un centro de observación para menores y luego ser trasladada a una casa de orientación para mujeres, con el fin de escribir una serie de reportajes sobre su experiencia. Su crónica describe de manera vívida e íntima su ingreso al reformatorio y los retratos subjetivos de las jóvenes que habitaban allí, retr
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Este documento resume un reportaje de Elena Garro titulado "Mujeres perdidas. Reformatorio de señoritas" publicado en 1941. Garro aceptó la propuesta de un director de una revista de pasar dos días en un centro de observación para menores y luego ser trasladada a una casa de orientación para mujeres, con el fin de escribir una serie de reportajes sobre su experiencia. Su crónica describe de manera vívida e íntima su ingreso al reformatorio y los retratos subjetivos de las jóvenes que habitaban allí, retr
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Literatura y sociedad II

Patricia Guzmán Rosiles


Trabajo Final: Viaje a la pérdida de la libertad. Análisis de “Mujeres perdidas.
Reformatorio de señoritas” de Elena Garro.

Elena Garro (1918-1998) fue novelista, guionista y periodista. Su trabajo novelístico es

bastante conocido, no así el periodístico con el que comenzó su profesionalización como

escritora en 1941, publicando en la revista Así. Sus entrevistas más conocidas fueron a

mujeres como Frida Kahlo y Lolita González de Reachi. Actualmente es difícil encontrar, en

los buscadores de internet, información sobre esta revista y las publicaciones de Garro, no se

diga de sus reportajes en esta.

“Mujeres perdidas. Reformatorio de señoritas” es uno de los reportajes que escribió para la

revista Así en 1941, el cual se popularizó en 2014 gracias a una recopilación de periodismo

policiaco mexicano, llamado ¡Nadie es inocente! realizado por Producciones El Salario del

Miedo en conjunto con la editorial Almadía y el gobierno de San Luis Potosí. Este reportaje

es poco conocido, y nos revela a una Elena Garro muy joven pues tan solo tenía 23 años

cuando lo escribió. A continuación presento un breve análisis.

Este reportaje del que voy a hablar, fue publicado originalmente en cinco entregas los días

13, 29 y 27 de septiembre, y el 4 y 11 de octubre de 1941. Esta crónica tiene un estilo ya

innovador para su época, época en que el Nuevo Periodismo apenas se está gestando en las

salas de redacción de los periódicos urbanos estadounidenses, cuando todavía apenas la idea

de innovar la escritura periodística está a veinte años de surgir, y que era propio de reporteros

de revistas, como Elena. Quizá hay ahí comunidad entre ella y aquellos compañeros

reporteros del país vecino del Norte.

Me doy cuenta de que hablo de reportaje y crónica, aclaro que este reportaje de Elena

Garro constituye una crónica en sí. Consideremos lo que dice Tom Wolfe en El nuevo

Periodismo, sobre el reportaje:


El «reportaje» era el término periodístico que denominaba un artículo que cayese fuera de la

categoría de noticia propiamente dicha. Lo incluía todo, desde los llamados «brillantes», breves y

regocijantes sueltos, cuya fuente era con frecuencia la policía [...] hasta «anécdotas de interés

humano», relaciones largas y con frecuencia repugnantemente sentimentales de almas hasta

entonces desconocidas acosadas por la tragedia o de aficiones fuera de lo común dentro de la

esfera de circulación del periódico… (Wolfe, 2000, 6)

Este reportaje de la joven Elena Garro, es bastante extenso. Es una crónica de descubrimiento,

incluso me atrevería a decir de viaje e intimista (o intimísima). Donde podemos incluso notar

su inexperiencia, no en la escritura, sino en la vida. Lo que hay afuera que es adentro, en el

Centro de Observación. La crónica está escrita en primera persona, ella abarca el espacio

hasta donde su posibilidad humana y como observadora se lo permiten, es decir, escribe

solamente lo que ve y lo que alcanza a entender.

Empieza contándonos que el director de Así, le propuso entrar al Centro de Observación de

Menores con un documento que la acusaba de ladrona, ahí estaría dos días para luego ser

trasladada a Coyoacán donde se encontraba La Casa de Orientación para Mujeres, y de toda

esta experiencia debería escribir una serie de reportajes, contando a la gente lo que se vive al

interior. Elena, en un inició no quería hacerlo e incluso antes de aceptar la oferta se rehusó “El

asunto me interesó y pedí algunos días para pensarlo; al final, rehusé. ¿Por qué? No sabría

explicarlo; quizá cierto puritanismo que me gusta disfrazar tras los fuegos artificiales de un

humor que no importa calificar de espontáneo, siempre que no se confunda con el desenfado”

(Garro, 2014, 10) y dentro de la crónica, dentro de la Casa de Observación, ella sigue sin

saber por qué finalmente accedió y tampoco lo menciona.

El proceso que conlleva su ingreso en el Centro le advierte lo desagradable que será la

experiencia, no le emociona, al contrario le invade el nerviosismo y el miedo. Así como nadie

de adentro sabría que ella entraría en “calidad de ‘curiosa’”, a ella se le negaba información

sobre lo que pasaba en ese espacio que penetraría “Entonces quise investigar qué era lo que
sucedía al entrar-, a qué pruebas se sujetaría y con qué dificultades tropezaría, más el risueño

doctor Morales, médico del Departamento, intervinó, para decirle a la señorita Ricoy, que

estaba dispuesta a proporcionarme datos: – No le diga nada. Debe ir de sorpresa en sorpresa.

Como cualquiera.” (11). Esto provoca un aumento en la intensidad del asunto, en el inicio del

viaje inmersivo que está por realizar. Las explicaciones del doctor no parecían más que

despedidas “yo náufraga apenas lo oía” (11). En efecto, estaba a la deriva, era como una

exploradora que se dirige a tierras desconocidas, al antes llamado Nuevo Mundo, por ello me

atrevo a describir este texto como una crónica de viaje. Pero el sitio ya no está lejos, está ahí

en la misma Ciudad, a unos minutos a la vuelta de la esquina, en la calle Serapio Rendón.

Sabe que a pesar de habitar ese monstruo urbano, no lo conoce. Su viaje no empieza con un

desplazamiento físico, sino cuando detecta en su cuerpo el nerviosismo, el temor de saber que

va a dejar, aunque por corto tiempo, lo conocido. La naufraga, la que ya no escucha porque ya

no está ahí. Ella ya zarpó.

Cuando llegamos al edificio y vi a un policía en la entrada, mi nerviosidad interior [...] aumentó.

Pero ya era tarde y el amor propio me sostuvo. Cruzamos el portón; entramos a un zaguán y todavía

hubimos de atravesar otro cancel de tablas pintadas de amarillo. Apareció un patio viejo, pequeño y

destartalado, con una pileta de agua y una puerta al frente, en forma de arco –entrada a la cocina–.

Muros amarillos, descascarados y pobres [...] En el patio jugaba un grupo de chicas de diversas

edades, desde los siete hasta los dieciocho años. Eran las ‘delincuentes’. Macilentas, muchas de

ellas rapadas [por tener piojos] o con los pelos a medio crecer. (11)

Ya está dentro, y las ve a ellas sus ahora compañeras que son las “delincuentes” flacas y

pálidas, las que ocupan los márgenes sociales, esa mujer muchas veces víctima castigada, la

que es salvaje, la que es pobre, la morena, la diferente. Cruzó la frontera, para tocar, aunque

sea un poco, la superficie de la realidad que estas jóvenes viven en su encierro, en palabras de

Rossana Reguillo “Esta forma de relato logró abolir la frontera entre lo real y lo representado”

(Reguillo, 2000, 20) y se acerca para contar dónde fueron a dar todas las que no tiene cabida
en la modernidad latinoamericana “y las diferentes maneras en que las sociedades

latinoamericanas hicieron frente al despegue de una modernidad que no fue capaz de

incorporar la diferencia, la cultura profunda.” (Reguillo, 2000, 21). Ahora ella es la diferente,

Garro que va en “calidad de curiosa” termina siendo el objeto observado. Es extraña dentro de

ese ecosistema. Es “la güera”, sin embargo está dentro. Es otra mujer encerrada, condición

que comparten, pero ellas no saben que la diferencia es más grande, no sólo por la edad: ella

está ahí por voluntad propia, es fugitiva de la libertad que es la misma que la llevó ahí.

“Sentí como si hubiera perdido el contacto con el mundo y me hubiera quedado en un

islote poblado de seres extraños” (Garro, 2014, 11), y en efecto extraños para ella en todo

caso, usa su experiencia personal en la vida para decirnos que jamás había estado cerca de

mujeres así, las escudriña y las describe no sin agresividad, sus palabras son fuertes, porque

fuerte es lo que vive: enfermizas, gordas, “horriblemente mal conformadas”, y de “miradas

curiosas y cretinas”. Esa violencia sistémica encarnada en los cuerpos de las mujeres que

ahora la rodean.

Es preciso aclarar que en esta crónica parece no existir una intención explícita de denuncia,

la sensibilidad de Garro, que a veces puede parecer antipática, logra retratar a estas jóvenes

con mucha verosimilitud. Y digo verosimilitud porque arriesgarme a decir “las describe como

realmente son” no sería solamente un desatino sino una mentira, porque yo tampoco sé cómo

son en realidad y jamás lo sabré. Estos retratos son sus interpretaciones de la realidad, su

subjetividad (que se ve reivindicada), que no significa mentir, hace el trabajo de descifrar a las

mujeres observadas en el campo, como dice Alberto Salcedo Ramos en una entrevista:

En todo caso, la subjetividad tiene unos códigos. No concede licencia para adulterar la realidad, ni

tampoco para reemplazar datos por figuras literarias, sino tan solo para ejercitar la mirada y para

narrar con encanto. Interpretar no riñe con la búsqueda de la verdad, ese mandamiento tan invocado

en el periodismo. Sólo es un mecanismo para buscar otras verdades, acaso más humanas, y para

escribir con un estilo sugerente que seduzca a los lectores (Morales, 2018, 152).
Garro aunque usa la primera persona y una forma muy íntima de narrar y muy desde sus

sensibilidades, aun sin cuestionar sus privilegios, que poco importaba para una revista de los

años cuarenta, nos transporta fácilmente a su frustración a su desánimo y nos embarra de la

pena que siente por estas mujeres “En general, el sentimiento que tuve al verlas a todas fue,

simplemente, ése: pena” (Garro, 2014, 12). En un sentido muy perspectivista, se lee su

crónica porque lo que importa al lector es su punto de vista. Al final es su punto d vista el que

nos cuenta las condiciones precarias en las que estas jóvenes son “reformadas”, sea una

denuncia velada o no, pues el principal objetivo de la revista para la que trabajaba, aparte de

informar era entretener. Qué maravilla una foto de Elena Garro dentro de un reformatorio, qué

escándalo.

En este viaje se descubre a sí misma capaz de mentir y empatizar a la vez con la otra. Se

descubre criminal ante los ojos de sus compañeras que parecen desnudarla del pudor y la

vergüenza, un nuevo mundo donde no todas las mujeres han ido a la universidad, son pobres y

a su corta edad ya tuvieron hijos y múltiples aventuras sexuales “Hablaban en voz muy baja

de sus aventuras sexuales. A veces decían palabras y frases que yo no entendía y se reían con

ganas [...] Yo me reía un poco más tarde forzadamente. Decíanse unas a otras a otras: –Esta

güera es sonsa. Sí así son las güeras: ¡rete-babosas!” (13)

No hay un desencanto por lo desagradable de su aventura porque la idea jamás se presentó

como encantadora. Sorpresa tras sorpresa, como le dijo el doctor, la nueva reclusa va

desentrañando la dinámica de las otras chicas. Parece que tardara una eternidad ahí dentro del

Centro de Observación para Menores, pero no, son sólo dos días antes de que la muevan a la

Casa de Orientación para Mujeres en Coyoacán. Garro, observadora minuciosa de las que la

rodean, escribe lo más que puede pero no ahí dentro, todo lo hace ya afuera cuando, supongo,

recupera sus lápices y libretas que le retiran al entrar al COPM.


En la historia de Isabel, una jovencita a la que describe como bella, caben las historias de

las demás chicas del centro: Una historia vulgar, así le llama. La historia de una joven que a

los trece años fue violada y engañada por su novio que resultó ser un tratante de blancas, la

hicieron prostituta y a los quince años ya tenía sífilis. Esta historia es quizá, la parte que es

contada con mayor seriedad en la crónica, porque no es ella, Garro se sabe sin el derecho de

contar de otra forma la historia de abuso de Isabel, que de buenas a primeras le ha contado

todo. La voz subalterna toma la palabra, es cuando la crónica cobra sentido, donde hay una

crítica verdadera ante todos los habitantes “respetables” de la ciudad que hacen a un lado a

aquellos que les agreden la vista o que ya no les sirven. La concluye así: “Hasta aquí la vulgar

historia de la hermosa Isabel. Era una reincidente, según se habrá podido ver. Una reincidente,

como acostumbran decir, los respetables y rígidos señores moralistas.” (18).

La curiosa no deja de ser una extraña en este nuevo lugar, sabe que desencaja. A veces su

tono parece pueril porque está en desventaja. Es tonta, pero de a poco también evoluciona. No

obstante solamente son dos días los que está ahí. No sólo maneja muy bien la información y la

administra, sino que se detecta su deseo de ser libre cuando al lector se le presentan una tras

otra, relaciones interminables. Son tantas mujeres que cómo no han de pasar tantas cosas. Se

convierte de pronto en parte de las intrigas y hasta en la intrigosa. Dentro de ese poco tiempo,

descubre que estas mujeres son capaces de amarse sexualmente también y eso despierta en

ella el horror. Sabe que la siguen porque es la novedad, la que aún huele a libertad.

Se percibe la aturdición del interior. La insoportable existencia del encierro, de saberse

inútiles ante la sociedad. Son mujeres que no supieron ser mujeres, abandonadas. Elena se

empieza a sentir abandonada, desanimada “El único sentimiento vivo era la nostalgia de la

libertad. Hablábamos de la calle como algo lejano y perdido y las de la Banda que iban a tocar

el sábado por la tarde en Bellas Artes eran vistas con profunda envidia” (16). Conforme se

avanza en la lectura, se llega a confundir a la escritora, parece una reclusa relatando sus
confidencias con sus compañeras. Una mujer que trata de adaptarse a lo que pasa ahí dentro,

no se puede evitar evocar Orange is the New Black, donde la trama principal es la adaptación

y la mimetización con el entorno. Eso lo logra Garro, se mimetiza con su entorno. La güera

encerrada, la otra que es igual a nosotras. Se difuminan las diferencias ante su subjetividad

narrativa. Logra ser una voz más dentro del Centro y se convierte por completo cuando se

anuncia que será enviada a la Casa de Orientación para Mujeres, ahí de donde nadie sale.

Donde la sentencia se vuelve más real “ –Yo soy la que me voy ahora –dije con la vista baja.

–¿Y a dónde vas? –me preguntaron.

–¡Pues a Coyoacán!

– ¡No seas tonta. ¿Por qué te has de ir? De allá no vas a salir” (21) La inmersión parece

haberse completado, camaleónica Garro, narró con un estilo que facilita mucho la lectura de

sus reportajes, que fueron cinco, utilizando diálogos, drama y monólogos a veces cursis y

anécdotas, cambiando su voz a tercera persona. Muy al estilo del que se llamaría Nuevo

Periodismo, es posible afirmar, que mantuvo la atención de los lectores de la revista para la

que escribía. Una historia vulgar que supo contar para el lector morboso y para todo aquel que

quisiera enterarse de la situación dentro de estos centros. Según se piensa, esta crónica se

pensaba como una buena publicidad para los centros, pero no creo que esta relación haya

cumplido cabalmente con el objetivo.


Bibliografía y fuentes

El Salario del Miedo & Almadía. (2014). ¡Nadie es inocente! J. M. Servín.

Garro, E. (2014). Mujeres perdidas. Reformatorio de señoritas. In ¡Nadie es inocente! (pp.

10-23). J. M. Servín.

Morales, L. E. (2018). Entrevista con Alberto Salcedo Ramos. Confluencia, 34(1), 150-155.

Jstor. [Link]

Reguillo, R. (2000). Textos fronterizos La crónica: una escritura a la intemperie. Guaraguao,

4(11), 20-29. Jstor. [Link]

Wolfe, T. (2000). El nuevo periodismo (J. L. Guarner, Trans.; 7th ed.). Editorial Anagrama.

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