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Recuerdos de Amor y Soledad

El documento presenta la historia de un hombre que recuerda momentos tristes de su pasado mientras camina. Encuentra su reflejo en un plástico que cubre un corazón rojo, lo que le hace recordar una herida emocional que aún sangra. Conoce a una mujer llamada Clara durante un terremoto y pasan la noche juntos. Ella está enamorada de otro hombre llamado Roberto que la trata mal. El narrador sufrió un amor anterior que lo dejó inseguro.
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Temas abordados

  • pérdida,
  • muerte,
  • decisiones,
  • miedo,
  • mujer,
  • desilusión,
  • cambio,
  • experiencias,
  • cicatrices,
  • sufrimiento
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Recuerdos de Amor y Soledad

El documento presenta la historia de un hombre que recuerda momentos tristes de su pasado mientras camina. Encuentra su reflejo en un plástico que cubre un corazón rojo, lo que le hace recordar una herida emocional que aún sangra. Conoce a una mujer llamada Clara durante un terremoto y pasan la noche juntos. Ella está enamorada de otro hombre llamado Roberto que la trata mal. El narrador sufrió un amor anterior que lo dejó inseguro.
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  • sufrimiento

NOVELA

RECUERDOS DE TARDES
NOSTALGICA

SAMUEL BALLARTENI
ROJO SANGRE

Estaba buscando por mis recuerdos un día mientras caminaba, tratando


de remembrar momentos en los que viví intensamente. Creo que en la
vida hay cosas que causan un daño irreparable, algo mágico y a la vez
absurdo, angelical y a la vez diabólico. Mientras caminaba pude ver mi
reflejo sobre una desteñida capa de plástico que valga la casualidad
encubría un corazón rojo y grande donde resaltaba la palabra amor.
Tuve una rara sensación medía tétrica como cuando ingieres limón y la
piel se te escama, de que alguna vez pude conocer ese sentimiento. Me
detuve a verme en aquel reflejo. Ya hacía mucho tiempo que no me
paraba a verme, creo que con los años le llegue a tener miedo a la
realidad y lo que ella había hecho conmigo. En casa no habían espejos y
todas las ventanas estaban forradas con papel ocre que había comprado
en el centro de Lima, una tarde de invierno cuando la pena embargaba
mi corazón. Cerraba los ojos cuando borrosamente podía ver algún
destello de mi lucirse en un objeto, en realidad estuve mucho tiempo
conviviendo con el terror que trae consigo el verse crudo a si tan real.
Muchas veces solía sonreír mientras lloraba por dentro. usaba máscaras
para que no notaran mi tristeza – es real, literalmente usaba máscaras
de personajes con emociones que connotaban mis sentimientos- Sabia
que vivía en tiempo de envidia y rencor donde casi nadie se detenía a
pensar como se siente el otro. A mi alrededor todos querían saciar sus
deseos y dar rienda suelta a sus instintos. Sin dudas fueron años muy
duros, noches de soledad y tardes interminables.
La imagen borrosa hacía notar la profunda cicatriz que había en mí y el
color rojo sangre del corazón me daba la sensación de que la herida aun
sangraba, porque es así, hay muchos que andan por ahí con heridas
abiertas sangrando, muriendo en vida. - almas desdichadas que la vida
marco - se me vino a la mente momentos triste. Muchos de nosotros le
hemos dicho a alguien: te quiero, te amo y en respuesta solo hemos
recibido golpes, mentiras y un rotundo adiós. La vida está llena de
sensaciones y antipatías de malos ratos y sin sabores. En fin, quien no ha
sufrido por amar, quien no ha doblado las rodillas y suplicado, quien no
se ha sentido morir y a contemplado que la única solución es la muerte.
No lo niego y lo acepto lo pensé más de cien veces, fue algo que rondo
mi cabeza por varios meses, solo dios sabe por qué nunca lo culmine.
Son tanta cosa y yo sigo aquí viendo mi imagen borrosa sobre una
desteñida capa de plástico en forma de corazón.
LA MUJER

Conocí a una mujer de hermosa presencia, con una voz encantadora.


Tenía los ojos grandes como dos lunas en el cielo, tan insólito que
enamoraba. El mejor lugar para conocer a alguien quizás sea un cine,
un café o algún bar. Pero yo la conocí por accidente una noche en que
la corteza terrestre se movió. Si, fue un temblor, un sismo que no solo
movió la tierra, también mi corazón. Tuve siempre la idea que el amor
de una mujer era algo mágico fuerte, capaz de cambiar hasta el
corazón más enardecido y decepcionado. Tenía la imaginación de que
vivir con alguien era un paso más grande que el solo hecho de
enamorarse y cogerse, sea como fuere lo juro, en esos tiempos moría
en la idea de que eso era así. En realidad, lo creí.
Yo venía de dejar atrás un amor suicida que no vale la pena recordar.
Tenía el miedo de que me sucediera otra vez. Pero Solo me dejé llevar
cuando la vi. El movimiento era intenso, las luces destellaban en el
cielo mientras muchos creían que el mundo se iba acabar. Yo solo la
veía. Ella se aferraba aun poste, sus diminutas manos a las justas
rodeaban el cemento y sus protuberantes senos se encogían y
agrandaban con cada salto del pavimento. Fue como estar en un
concierto de la filarmónica, música clásica en do menor. Me miro y yo
la vi y la falda verde que llevada puesta se me hacía más diminuta con
el pasar de los segundos. La tome con la mano derecha y con la
izquierda rodie su cuerpo. Cálmate le dije, ya va a pasar. Ella seguía
callada y solo atinaba a rezar. Los minutos pasaron y la calma llego,
cuando desperté de mi sueño me vi en mi cuarto acompañado de ella.
No supe en ese momento si ella era una chica de las que solo les gusta
filtriar, Pasar el tiempo; no sé. Solo me vi con ella ahí en mi cuarto, el
reflejo del espejo no mentía, estábamos solos, completamente solos.
Tuve la mala suerte de ponerme mal. Sufro del corazón una
enfermedad congénita que de seguro me llevara a la tumba uno de
estos días.
Ella me hablada de sus cosas y yo no sé si por el dolor o la emoción o
quizás la excitación me quedaba mudo. De repente se me acerco y me
dio un beso en la frente y de repente el dolor en mi desapareció. Las
mujeres siempre serán un ministerio. Quizás te digas cosas que no
sienten por ti. Con el tiempo descubrí que aquella noche del temblor
sería el inicio de un interminable infierno. El inicio de comenzar a
entender que quizás la traición es la mejor elección para ser feliz.
Ella sufría un mal por dentro, lo vi en sus inmensas dos lunas
imaginarias. Soy de aquellas personas que tienen ese raro don de ver
el alma de la gente con solo ver sus ojos. El hombre que ella amaba se
proponía a partir, quizás para no volver. Pero como dijo siempre, llevar
una doble vida causa heridas irreparables, hay cosas que no tienen
sentido sentir, momentos en que el destino nos pone en un lugar sin
siquiera pedirnos permiso, quizás esa sea la respuesta de por que
sufrimos tanto en la vida.
Después del beso ella me contó parte de su vida - claro obviando
algunas cosas - sus momentos tristes y alegres. Fue entonces cuando
me di cuenta que ella seria para mí. Si presagiar lo que ocurriría
después solo quería que pasara. La platica siguió fluyendo hasta que se
quedó dormida en mis pies. Mientras dormía, comenzó a susurrar un
nombre "Roberto" no sabía a quien se refería - en ese momento-
llegue a la conclusión de que quizás era alguien de su pasado. Después
de eso la noche paso lenta entre sus susurros desteñidos y el calor de
su cuerpo abrigando mis pies.
La otra mujer y el hombre prominente

La mañana comenzó con un sol brillante entrando por la ventana. Por


unos segundos contemple su rostro, eran tan bella que no importaba
si esta dormida o despierta. Hoy me pregunto si habría cambiado en
algo si le decía que estaba enamorado, pero en aquel entonces no lo
dije. Ella se despertó tan rápido como se fue y yo otra vez me quede
solo como siempre.
Mi vida transcurría entre la universidad - salones llenos de insulsos
estudiantes - y vagos recuerdo y algunos sentimientos que dejó la
anterior mujer que ame. Ella hizo de mi un hombre inseguro y débil.
Erika era esa clase de mujer que todo lo ve bajo sus pies. Tenía la
absurda idea de que todos tenían que hacerle caso. Lo que no entendí
en ese entonces y que incluso no entiendo hasta hora, es porque solo
se portó a si conmigo. Parecía un títere entregado a la satisfacción
insólita de una persona. La amaba tanto que duele incluso hasta hoy.
Le tuve un peculiar cariño a ese lunar que llevaba en la nalga derecha,
jajaja me hacía reír cada vez que lo veía moverse, en especial cuando
mi sudor lo humedecía. La ame tanto que ese cariño me alejo de ella.
Podía hacerte el amor como una diosa, pero después era fría como un
gélido glaciar. Le gustaba hacerme esperar todas las noches en un
paradero que ya ni recuerdo, por solo un beso o un abrazo o quizás un
hola que tal. Lo insípido de su conducta me recordaba a aquellas
inyecciones de metanfetamina que me aplicaba para dejar atrás el
recuerdo de mi familia monoparental y de paso volar por un mágico
mundo de paz y tranquilidad. - a la droga dile no -.
Mi madre había muerto dos años atrás en un accidente de tránsito
cuando viajaba a Chiclayo a una reunión amical. De mi padre, ni
recuerdo su rostro si es que alguna vez lo vi. Cuando era niño
imaginaba que él era un gran soldado defendiendo nuestro país,
esquivando balas y todo eso o que era un hombre importante
cerrando grandes negocios, hasta en mis sueños traté de imaginar
cómo pudo ser su rostro, pero nunca di con el maldito recuerdo, ni la
idea de por qué se fue. hoy ya ni lo busco.
Después de la muerte de mi madre mis hermanos tomaron rumbos
distintos, cada uno busco la forma de vivir de acuerdo a lo que
deseaban. Dos se fueron al extranjero y lo otros dos se dispersaron por
nuestra amplia ciudad capital. Hace tanto que no los veo, culpa de ello
lo tiene el encierro que me obligaron a llevar. Pero eso es algo de cual
hablaremos más adelante. Yo me mude hacia al sur y alquile un cuarto
cerca de la universidad, donde se me ocurrió la loca idea de estudiar
periodismo.
Clara Es el nombre de la chica de que les hable al comienzo. Después
que salió de mi cuarto. Fue donde el hombre que amaba. Ellos
trabajan y vivían juntos en un local cerca a quilca – una calle del centro
de Lima- tenían un pequeño negocio de ropa y accesorios - para mi
gusto de muy mala calidad - Aunque sus vidas sentimentalmente
hablando no era buena, el amor o quizás la costumbre que ella sentía
por él era tan fuerte que no le dejaba notar sus lágrimas cuando el
susodicho la trataba mal. El muchacho al que amaba
desenfrenadamente clara, se llamaba Roberto, una persona que no era
muy amigable que digamos. Tenía largo el cuello como una jirafa y su
piernas eran tan gruesas que parecían un caballo, su espalda era tan
prominente que pensé que era un nadador profesional, sin mencionar
su brazos bien marcados -de seguro por la pesas - el maldito tenía una
sonrisa de modelo, ojos celestes como el mismísimo cielo despejado,
labios rojos y pronunciados - no se abra operado, me pregunte - no
entendía como una mujer tan hermosa como clara podía estar
enamorada de un hombre como el corazón tan frío y duro como una
piedra - ella me avía contado que el la trataba mal y nunca le daba
cariño - Hasta que lo vi, no puedo negar que él era agraciado, si hasta
yo me habría enamorado de un hombre así, si habría sido mujer claro
está. Me pregunte una y otra vez que pudo a ver pasado para que el
no notará la hermosa mujer que tenía, que había sucedido entre ellos.
El tiempo; celoso guardián de los secretos me lo haría saber en carne
propia.
Toc, toc.... Vibraba mi puerta, era ella otra vez
Me miro y con una sonrisa me dijo: tengo un secreto que contarte.
Dime le dije: y ella comenzó a hablar...........
Noches bohemias

Clara se había quedado a dormir varias ves en mi cuarto, sin embargo,


nunca sucedió algo inapropiado. La respete tanto como nunca había
respetado a otra mujer. Me conformaba con solo verla hablar o
sonreír, aunque al hacerlo hacia notar toda su tristeza y melancolía. Yo
solo la miraba y callaba mientras ella soltaba toda su amargura, sentí la
necesidad de contarle lo que sentía por ella, pero no me atrevía, no
era capaz de aflorarle mis sentimientos, tenía mucho miedo de que me
rechazara.
Ella me venía a ver una o dos veces por semana y yo así hasta lo
imposible por qué no se aburriera, alargaba las conversaciones y le
pedía que se acompañe a algunos lugares con tal de que pase el
tiempo y se haga tarde y ella se quedara a dormir, juro por dios que no
ha habido ni hay hasta hoy algo más bello para mí que ver su rostro
durmiendo en la cama y que poco a poco gracias a la rotación terrestre
la luz luna entrara por mi ventana y la iluminara. Pero todo era
momentáneo ella siempre tenía que irse al amanecer de vuelta a los
brazos del hombre al que amaba. De seguro para ella yo sólo era un
amigo en quien confiar, alguien a quien contarle tus penas y
problemas, quizás solo eso era en ese entonces, aunque me
preguntaba qué si solo era un pañuelo sucio, como podía confiar en mí
y quedarse en mi cuarto a dormir. No me importaba la razón ni por
qué o si se veía mal que una mujer con novio se quedara sola con otro
hombre, lo que yo quería era solo estar con ella, sin importar el tiempo
ni el momento, sin preguntarme que sucedería después que ella
cruzara la puerta y yo me quedara solo.
Ella volvía a la casa donde había vivido los últimos tres años, quedaba
en un barrio antiguo esos de tipo colonial. Algunos decían que él novio
de Clara era descendiente de algún virrey español, otros que su padre
era el hijo de un gran rico que tenía muchas haciendas en Madrid,
decían que muchas de sus riquezas estaban en Argentina. Eso decían
por ahí. La casa quedaba en toda una esquina casi al frente del parque
Italia, tenía acabado virreinal y un balcón muy grande donde de seguro
me imagino, clara habría salió varias veces a abrasar al sol.
Yo en ese entonces no sabía nada de esto, poco a poco fui
descubriendo todo, pero eso se los contare después.
Roberto tenía en sus manos el corazón de clara, podía hacer con él lo
que quisiera. Manipulaba su vida a placer, le mentía y engañaba sin el
menor remordimiento. Ella, aunque sabía de todo eso no podía
alejarse de él y yo la entendía, a veces hay cosas de las que no se
puede escapar, sentimientos que no se pueden dejar de sentir,
momentos que si querer nos atan de pies y manos y nos llevan a vivir
una vida bohemia. Sus discusiones eran cada vez más continuas y
fuertes, algo que me favorecía - aunque parezca malo decirlo - esos
pleitos hacían que ella viniera ya no una o dos veces por semana sí no
que tres o cuatro en especial los fines de semana que eran los días que
no venía y yo la extrañaba más. Sabía que ella me mentía que no vivía
con su primo como me decía, era fácil de saber por qué cuando
estábamos juntos siempre terminábamos tomando y hablando de él,
esas noches llenas de vino barato aún las llevo en mi memoria, sus ojos
desataban toda su amargura, sus pequeñas manos se aferraban entre
ellas y su lengua era una espada filosa que la destruía y sin querer
también, atravesaba mi corazón.
Así pasaron los días, exactamente 87 para ser explícitos, las manijas de
mi reloj se gastaban esperándola siempre a las Díez de la noche, la luz
de la luna era testigo de nuestras horas más bohemias, ebrios y
alcoholizados hasta las neuronas nunca me aproveché de esos
momentos, no niego que no tenía ganas de tocarla o besarla, hasta
estuve a punto de hacerlo, pero algo en mí me decía que no era
correcto, la amaba y en demasía. Para ese momento ya se había vuelto
mi vida. Repose mi cabeza entre sus manos, ella me acaricio y nos
quedábamos dormidos.
Una realidad trigueña

Los días en que clara no dormía en la casa Roberto se quedaba donde


su madre, ella solía decirme siempre que su mama se encontraba bien.
Roberto para ese entonces se había vuelto todo un don Juan, para él
las mujeres no eran problema solo sonreía y automáticamente le
aparecía un par de féminas dispuestas a complácelo en todo. Clara no
sabía de esos afanes del muchacho, siempre conservaba la ilusión de
que el volvería hacer a qué hombre bueno y cariñoso del cual se
enamoró – fatal presunción-.
Un lunes fue, un lunes de invierno en una tarde lluviosa y húmeda, un
día como cualquiera para otros, pero diferente para ella, ese día clara
no tenía planeado trabajar pues se ocuparía de los deberes del hogar,
pero justo ese día ella cambio sus planes.
Clara solía dormir a la orilla de la cama - decía que el calor siempre la
abrumada - la noche anterior Roberto llego tarde y un poco ebrio.
Cansada del desvelo por esperarlo se quedó dormida para el lado
opuesto, en la mañana cuando el sol solía despertar a Clara, Roberto
con su prominente espalda de atleta la cubrió y la sombra ennegreció
su amanecer haciendo más profundo su sueño. Esto retraso tres horas
su despertar por lo que decidió ya no hacer los deberes planeados de
la casa. Ella era puntual para sus cosas y muy ordenada, como de
costumbre solía lavar la ropa de ambos al medio día, pero el atraso la
hizo hacerlo dos horas des pues de lo normal, después decidió ir donde
a negocio el cual tenía con Roberto - a sorprenderlo decía - con su
presencia. Para ese momento el andaba como de costumbre
coqueteando con cualquiera cosa que tenga falda - era un pillo el nene
- claro subió al carro que la llevaría al centro de Lima, en el proceso el
ómnibus fue detenido por un coimero policía, esto hizo que ella se
retrasará aún más. Cuando llegó al jirón quilca, justo en la recta de su
tienda, se topó con un sujetador de pelo, lo brilloso del objeto la
distrajo un poco así que se quedó viéndolo detenidamente. Cuando
clara levanto los ojos vio a una delgada mujer de cabello lacio color
castaño, tenía la piel bronceada, tez trigueña, llevaba uno de esos
zapatos medio estrafalarios que usas las chicas de bajos recursos, tenía
una mini falda color blanco que hacía notar el hilo azul que delineaba
sus nalgas, de seguro el arma perfecta para persuadir a cualquier
hombre. Él tenía las manos puestas en su delier, mientras que los
brazos de la trigueña lo rodeaban seductora entre el cuello y la
espalda. El la besaba apasionadamente como si nunca hubiese besado
a una mujer. Ambos eran el vivo retrato de la excitación a no más
poder. Puedo imaginarme el rostro de clara al ver al hombre que
amada besarse con otra mujer, esos ojos grandes como dos lunas
derramando lágrimas, su hermoso rostro marchitándose como una
rosa muerta, crispada hasta el tuétano producto de ese infame amor,
amor que ella creo, regó, cuido y en ese momento murió.

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