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Población y Renta en España: Análisis Económico

Este documento describe la evolución de la población y la distribución de la renta en España. Resume que la población ha aumentado desde 18,6 millones en el siglo X a 47,3 millones en el siglo XXI, y que la inmigración ha contribuido a un mayor aumento de la dispersión de la población. También describe las diferencias en el PIB per cápita entre las diferentes regiones españolas, siendo Madrid la región más rica y Canarias la más pobre.
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Población y Renta en España: Análisis Económico

Este documento describe la evolución de la población y la distribución de la renta en España. Resume que la población ha aumentado desde 18,6 millones en el siglo X a 47,3 millones en el siglo XXI, y que la inmigración ha contribuido a un mayor aumento de la dispersión de la población. También describe las diferencias en el PIB per cápita entre las diferentes regiones españolas, siendo Madrid la región más rica y Canarias la más pobre.
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TEMA II – LOS FACTORES DE PRODUCCIÓN

CAPÍTULO III – POBLACIÓN Y DISTRIBUCIÓN DE LA RENTA

2. Población
La población en España ha pasado de 18,6 millones en el siglo x a 47,3 en el
siglo XXI.
Los movimientos migratorios han contribuido a que la densidad de población
haya aumentado su dispersión.
En la segunda mitad del siglo XX fueron los movimientos internos de población
y la emigración de españoles hacia el exterior lo que contribuyó a ensanchar
estas diferencias, ya que la población más joven emigraba (cayendo la natalidad
y despoblando zonas rurales),
En el siglo XXI es la entrada de inmigrantes en las grandes urbes la que está
contribuyendo al aumento de la dispersión.
2.1 Distribución por edad
La tasa de natalidad, desde 1975 cuando se dio por finalizado el denominado
baby boom, comenzó su tendencia decreciente, pasando de 18,7 a 9,2 nacidos
por cada 1000 en 1998.
En 2002:
- Retrocede la cohorte de edades inferiores a los 26.
- Caída cohorte menores 9 años
En 2018:
- Retrocede la cohorte de edades de 43
- El inicio del siglo XXI las tasas de natalidad aumentaron, como
consecuencia del crecimiento de la población inmigrante
- Caída de cohortes menores de 9 años
El índice de envejecimiento, que mide la ratio entre la población con 65 años o
más respecto a la menor de 16, muestra el envejecimiento de la población. Es
importante tenerlo en cuenta porque determina la capacidad de gestión y
financiación del sistema de protección social (gasto de pensiones y
dependencia)
En 1981 ninguna población superaba el 60 %, siendo la media de 40,8 %. En
2001, 12 regiones ya tenían un índice superior a 100.
2.3 Inmigración
En 2021, el 11,3 % de la población era inmigrante, así como un 5,25 % más no
nacidos en España pero con nacionalidad española, siendo nuestro país el de
mayor porcentaje de la UE de población inmigrante. El avance de este fenómeno
hay sido muy rápido, ya que en el año 2000 el peso sobre la población era del
2,3 %
Fuerte crecimiento de población inmigrante durante la primera década del siglo
XXI estuvo potenciado por una intensa demanda de mano de obra en sectores
como la construcción, el empleo en hogar o atención a menores y dependientes.
Desde 2010 se truncó esa tendencia creciente por el desincentivo que provoca
la dificultad de encontrar trabajo durante la crisis económica. Esto frenó la
llegada de nuevos inmigrantes. Además, llevó a muchos inmigrantes a regresar
a sus países de origen. Desde 2018 se observa una recuperación en el peso de
la población inmigrante dentro del total, pero se ha estancado en 2021.
El país con mayor número de inmigrantes es Marruecos, seguido de rumanos e
ingleses. Con el inicio de la Gran Recesión no se detecta efecto significativo de
retorno a sus países, aunque las nacionalidades de América del Sur si han
disminuido su presencia.
La apertura de nuestras fronteras a la inmigración, desde un punto de vista
social, presenta una serie de implicaciones que pueden resumirse en:
- El aumento de la natalidad
- La contribución a la Seguridad Social
- Cubren puestos de trabajo vacantes que no desean ocupar los
españoles

3. Distribución territorial de la renta


Los resultados del crecimiento económico no siempre se distribuyen de manera
homogénea entre las regiones, es más, existe alguna evidencia de incrementos
en las divergencias con el crecimiento económico.
El PIB per cápita de la región más rica (Madrid con 32.048 €) casi duplica al de
la más pobre (Canarias con 17.448 €). Este fenómeno también se da en países
como Alemania, Reino Unido o Italia.
La falta de convergencia se ve agudizada por el mantenimiento de tasas de
desempleo más elevadas en las regiones más pobres. Convergencia en
términos de renta disponible es la variable económica que los ciudadanos
perciben para determinar su capacidad de gasto real.
El Estado de Bienestar actúa como elemento corrector de las desigualdades
regionales, mediante prestaciones por desempleo y pensiones. Las ayudas
públicas regionales tratan de proporcionar las infraestructuras, el capital humano
y la tecnología necesarias para que las regiones pobres crezcan por encima de
la media, mejorando la convergencia. La efectividad de las transferencias
personales es escasa en la corrección de los desequilibrios estructurales que,
son los responsables de las desigualdades.
España recibe ayudas que se canalizan a través de varios fondos estructurales
como el FEDER, FSE, FEAGA, FEADER y Fondo de Cohesión así como los Next
Generation.
Observando los cuadros que aparecen a continuación, observamos que la
divergencia regional en el PIB per cápita es mayor que en la renta disponible, ya
que la primera magnitud no incluye el efecto redistributivo, ni de política fiscal ni
transferencias públicas. En la recesión de 2008 no existió convergencia regional
en el PIB-pc.
Con la pandemia se ha producido un crecimiento del sector primario y se ha
derrumbado el sector turístico lo que ha tenido su traslación en el ranking del
PIB-pc y la convergencia. Se puede comprobar que Baleares y Canarias se han
alejado de la media, es decir, la caída de sus riquezas ha sido mucho más
intensas que en el conjunto del país.
En 2020 cabe esperar que las caídas no sean tan acusadas, ya que se han
dotado de instrumentos para hacer frente a la caída de actividad, como los ERTE.
Aquellas regiones que han mostrado un importante crecimiento de la población
en las últimas décadas han tenido que aumentar más, en proporción, su PIB para
mantener su posición en el ranking, de lo contrario, habrán empeorado su
posición relativa

CAPÍTULO IV – INVERSIÓN EN CAPITAL TANGIBLE E


INTANGIBLE

2. La acumulación de capital en España


La inversión se define como el flujo de recursos dedicados a la acumulación de
capital físico reflejado en las cuentas nacionales mediante la Formación Bruta de
Capital Fijo. La FBCF incluye las adquisiciones menos las cesiones de activos
fijos, materiales o productos de la propiedad intelectual, realizadas por los
productores residentes durante un período determinado, más ciertos
incrementos del valor de los activos no producidos derivados de la actividad
productiva de las unidades de producción.
La FBCF incluye también aquella inversión en capital destinada a cubrir la
depreciación del stock de capital. Esta junto con la variación en existencias
integra la componente de inversión en el producto interior bruto. Un cambio
fundamental en la metodología SEC2010 fue incorporar como inversión el gasto
en I+D..
Los distintos tipos de activos de la FBCF son:
- AN.111 Viviendas
- AN.112 Otros edificios y construcciones
- AN.113 + AN.114 Maquinaria, bienes de equipo y sistemas de
armamento
- AN.115 Recursos biológicos cultivados
- AN.117 Productos de la propiedad intelectual.

2.1 Evolución
En España ha existido una considerable acumulación de capital desde los años
sesenta del siglo XX, cuando comenzó a despegar la economía.
La FBCF presenta un comportamiento cíclico, es decir, crece cuando crece el
PIB y decrece cuando lo hace el PIB.
El análisis de la inversión es conveniente ponerlo en relación con la cantidad de
riqueza que genera la economía. El esfuerzo inversor se calcula como el cociente
de la inversión (FBCF) respecto del PIB.
En fases expansivas, la FBCF crece más deprisa que el PIB, puesto que
aumenta el esfuerzo inversor.
La FBCF es una variable cíclica adelantada, implica que etapas expansivas,
comienza a crecer antes que el PIB y viceversa.

2.2 Distribución por tipo de activo


El crecimiento de la FBCF hasta 2007, con una tasa media anual del 10,5 %,
tuvo un papel muy relevante en el ascenso de la inversión en vivienda y otra
construcción con el boom inmobiliario.
El efecto de recesión también fue muy intenso y en 2013 presentó el nivel más
bajo. El fuerte crecimiento previo a 2007 se explica por la subida de los precios
de la vivienda.
Una disminución en la inversión es un riesgo importante puesto que la
depreciación de los equipos con mayor contenido tecnológico es muy rápido.
Ahora que la depreciación es más elevada el flujo de inversión todavía es bajo
lo que perjudica a la productividad total de los factores.
No toda la inversión provoca los mismos efectos sobre la productividad de los
factores. Mientras que la inversión de bienes de equipo o productos de propiedad
intelectual contribuyen directamente a mejorar la productividad total de los
factores, la inversión en vivienda no. Por ello, es relevante examinar la
distribución de la FBCF en cada uno de sus componentes

Los productos de propiedad intelectual han ganado protagonismo en los últimos


años, situándose en torno al 16 %.
Se puede afirmar que más de la mitad de la FBCF es una inversión productiva.
4. Comparación con la Unión Europea
El ciclo español de la FBCF frente al europeo presenta una amplitud mayor. Esto
significa que, en épocas expansivas, las tasas de crecimiento de la FBCF
española son más elevadas que en Europa; pero, en las etapas recesivas, las
caídas también son superiores.

En 2020, con el colapso por la pandemia, se aprecian reacciones diferentes a


las observadas en la Gran Recesión. Tanto en España como Europa la caída en
PIB es mucho más intensa que la de la FBCF. El confinamiento provocó la
paralización de la actividad económica, pero las empresas no cambiaron sus
decisiones de inversión. Aquellas empresas que hayan conseguido mantenerse
en el mercado en 2021 tienen buenas expectativas para mantener las
inversiones productivas. Los fondos Next Generación tienen como objetivo
incentivar la innovación y la digitalización de las economías europeas.
Es importante ver hacia qué activos se dirige la inversión española:
CAPÍTULO V – INNOVACIÓN Y TECNOLOGÍA

2. Inversión, desarrollo e innovación (I + D + I). Conceptos básicos


Innovación consiste en muda o alterar algo introduciendo novedades, o bien
crear, modificar un producto o introducirlo en un mercado.
Directrices del Manual de Oslo, OCDE (2018), que distingue entre la innovación
como resultado (una innovación) y las actividades por las que se producen las
innovaciones (actividades de innovación). En esta edición se define una
innovación como “un producto o proceso nuevo o mejorado que difiere
significativamente de los productos o procesos anteriores y que se ha puesto a
disposición de los usuarios potenciales ose ha puesto en uso por el proceso. No
se circunscribe exclusivamente a actividades relacionadas con la tecnología.
Schumpeter señaló cinco tipos de innovación: la introducción de nuevos
productos, de nuevos métodos de producción, la apertura de nuevos mercados,
la utilización de nuevos recursos y el desarrollo de nuevas estructuras de
mercado.
Dentro de la innovación y de las actividades de innovación se distinguen los
siguientes tipos: de producto, de proceso, de comercialización y de organización.
Las dos primeras incluyen la generación y adquisición de conocimiento o
tecnología y, se obtienen a través de inversión en investigación y desarrollo (I +
D) o a partir de la compra de tecnología del exterior. Es habitual que los objetivos
de política se fijen en términos de inversión en I + D.
En los indicadores de recursos se distinguen recursos económicos frente a
recursos humanos. En ambos casos se hablará de esfuerzo en I+D y, en el caso
de las empresas, también se utiliza el concepto intensidad en I+D. En los
indicadores de recursos económicos se incluye el gasto interno en I+D, la
financiación presupuestaria directa a la I+D o la financiación pública indirecta.
Mientras que en los indicadores de recursos humanos se contabiliza el personal
empleado en actividades en I+D+I, distinguiendo específicamente aquellos que
son investigadores.
Los indicadores de resultados más utilizados son: el número de empresas
innovadoras, la proporción de la cifra de negocio que se debe a innovaciones, el
porcentaje que representan las ventas de productos nuevos respecto a las
ventas totales, las patentes o la producción científica.

3. El esfuerzo en I+D
La Unión Europea se marcó unos objetivos en la Agenda de Lisboa (2000) de
alcanzar en 2010 una inversión en I+D del 3 % del PIB. Estos objetivos no se
cumplieron, por ello la Estrategia Europa 2020 (Horizonte), cuyo periodo de
aplicación era de 2013-2020, volvió a fijar dicho objetivo. En 2020 seguía sin
alcanzarse.
Por ello se han introducido las modificaciones necesarias en la estrategia
Horizonte 2020 para que se pueda beneficiar del flujo de financiación adicional
que suponen los fondos Next Generation.
España presenta una situación muy vulnerable a medio y largo plazo, ya que la
innovación es clave para potenciar el crecimiento económico.
España ocupa el puesto 16 de 27 en el ranking de innovación de la Unión
Europea. Esta débil situación no es solo consecuencia de los efectos de la
pandemia, ya que este indicador está empeorando desde 2011 cuando, debido
a la crisis financiera, se redujo significativamente el esfuerzo en I+D y no se
recuperó en los años de expansión.
En la UE-27 los datos de 2020 indican que el 65,9 % de la inversión en I+D la
realizan empresas privadas, mientras que en España esta cifra baja al 55,3%
En España existe un reparto desigual de la inversión en I+D.
En el siguiente cuadro podemos ver la evolución seguida en algunos indicadores
de recurso y resultados.

TEMA III – EL SECTOR PRIMARIO (AGRICULTURA Y


PESCA) Y ENERGÍA
2. El sector primario

2.1. Principales macromagnitudes


La desagrarización, proceso de reducción de contribución del sector primario al
PIB, se ha estabilizado en España, ya que el sector primario mantiene durante
los últimos años su aportación a la economía en torno al 2,7 % del PIB.
Los procesos productivos han aprovechado las nuevas tecnologías e
incorporado tanto bienes de equipo como fertilizantes y piensos, con el
consiguiente incremento en la productividad.
A continuación se revisa la situación actual a partir de datos anuales de la EPA
de 2020 y 2021:
- La población ocupada en el sector primario tiene una edad muy
avanzada. Debido a que la mayoría de los puestos de trabajo perdidos
hasta 2014 fueron jubilaciones se produjo una disminución de la edad
media. Los ocupados con más de 50 años representan un porcentaje
mayor en el sector primario que en el conjunto de la economía.
- Tradicionalmente existía una baja representación de trabajadores
asalariados. Con el ajuste del empleo ha crecido el porcentaje de
asalariados sobre el total de ocupados llegando al 64,1 % si bien esta
cifra es muy inferior a la registrada en el conjunto de la economía que
asciende al 84,1 %
- Se trata de un empleo mayoritariamente estacional y temporal.
La renta agraria
Desde la adhesión a la CEE, la incidencia de los precios agrarios en la renta
agraria perdió importancia, especialmente desde la entrada en vigor de la PAC
de 1992 y la finalización del período transitorio de adaptación a la CEE permitió
un avance significativo de la renta agraria con una participación de las
subvenciones del 25 %

2.2 Distribución territorial


Extremadura y Castilla La Mancha son las regiones más especializadas ya que
más del 8% de su PIB procede de este sector. Madrid, Baleares y País Vasco
están en el otro extremo, donde el sector primario representa el 1%.
Murcia representa una productividad más baja que el resto, aun cuando el sector
primario representa más del 6 % del PIB. Esto quiere decir que la productividad
no está directamente ligada a la importancia cuantitativa del sector, sino al tipo
de actividad agraria, ganadera o pesquera que resulte mayoritaria en la región.
3. El sector energético

3.1 Producción y consumo: el problema de la dependencia


El consumo de energía primaria estuvo creciente significativamente hasta 2009
cuando la crisis económica redujo la actividad en el sector industrial, lo que se
tradujo en una reducción en el consumo total. En 2020, con el confinamiento
ocurrió algo similar

En este cuadro podemos ver como el carbón pasa a ser marginal, el petróleo
tras la crisis energética se reduce progresivamente, gracias a eso, el gas natural
crece hasta convertirse en la 2ª energía más consumida.
Dentro de las renovables, España tiene ventaja para la energía hidráulica. El
crecimiento creciente se apoya en la energía eólica y solar.
En la generación de electricidad se está empleando el 42,9 % de energía
renovable, hasta 2020. Existe mejora en el biocombustible gracias al transporte.
Es patente la fuerte dependencia del sistema energético español respecto del
petróleo y el gas natural. Nuestra tasa de dependencia es del 75 %. Además
existe una escasa diversificación geográfica de nuestras fuentes de suministro
de hidrocarburos.
La intensidad energética en España aumentó a finales del siglo XX. Aunque
desde el año 2005 se invirtió esta tendencia. Desde la crisis de 2008 se agudizó
este fenómeno ya que el sector industrial fue uno de los más castigados
En etapas recesivas es más fácil un “ahorro” energético y una disminución de la
intensidad energética media, tal y como ha ocurrido en 2020
TEMA IV – EL SECTOR SECUNDARIO: INDUSTRIA Y
CONSTRUCCIÓN

2. La industrialización en la segunda mitad del siglo XX

2.1. Antecedentes históricos


Entre 1960-1973 se disparó el crecimiento alcanzando una media del 9 % anual,
lo que permitió que la renta per cápita real española creciera un 7 %. Esta
trayectoria se sustentó en una profunda capitalización que propició un intenso
ahorro de trabajo y, por tanto, un aumento de la productividad. La lenta pero
progresiva apertura hacia el exterior permitió la entrada de capital extranjero y la
importación de bienes de capital también contribuyó a incorporar tecnología en
las empresas españolas.
Las debilidades fundamentales eran:
- Se mantenía el principio de subsidiariedad del sector público, es decir,
se admitía la iniciativa privada como una pieza clave del desarrollo
industrial, pero el Instituto Nacional de Industria (INI) seguía teniendo
un papel fundamental en la producción de energía, maquinaria y
material de transporte
- Continuaban los privilegios crediticios, financieros, e incluso ayudas
directas a las empresas que invertían en sectores fijados por el
Gobierno
- Existía una especialización en actividades intensivas en mano de obra
y energía
- La escala de producción era ineficiente, siendo este problema
especialmente importante en los sectores
- Las exportaciones de manufacturas se concentraban en productos de
baja intensidad tecnológica y, además, existía una fuerte propensión a
importar lo que imposibilitaba reducir el déficit comercial.
El cambio de las condiciones internacionales en 1973 con un aumento en el
precio del petróleo y una mayor competencia global en los sectores maduros
supuso un brusco fin al período expansivo previo. En España los efectos
negativos de esta crisis fueron más persistentes y dilatados en el tiempo que en
la mayoría de las economías industrializadas debido a que el inicio de la crisis
coincidió con el proceso de transición a la democracia y a que se redujeron las
entradas de capital extranjero y el turismo.
Estos motivos justifican que en España no se adoptaran medidas correctas
mientras que en las economías occidentales sí. El uso intensivo de energía y la
dependencia total de las importaciones energéticas redundó en un incrementó
los costes que se trasladó a precios llegando a alcanzar una inflación superior al
20 % en 1977.
Las mayores importaciones energéticas junto con mayores importaciones de
productos tradicionales por las nuevas condiciones de competencia global dieron
lugar a un aumento del desequilibrio exterior.
Se tuvo que esperar a 1983 para que se estuviera en condiciones de admitir
plenamente los costes políticos de la crisis y realizar una reconversión industrial
que duraría hasta 1986. La Ley de Reconversión e Industrialización concretaba
las medidas de reconversión centradas en dos grandes cuestiones: de orden
laboral y de orden financiero.
Los sectores más afectados por la reconversión fueron el siderúrgico, la
construcción naval, los electrodomésticos y los bienes de equipo, así como la
empresa pública industrial.
Estos ajustes laborales provocaron un elevado coste económico para el erario
público al tener que financiar las bajas incentivadas y el pago del subsidio por
desempleo.
Se generó un clima de crispación y de enfrentamiento con los sindicatos sin
precedentes. Todo ello ralentizó la consecución total de los objetivos e incluso
mitigó las medidas de ajuste a aplicar. No obstante, se consiguió recuperar los
excedentes empresariales, contener el crecimiento de los salarios, avanzar en
los procesos de amortización de deudas y sanear financieramente la mayor parte
de las empresas.

2.2. La adhesión de España a la CEE


A comienzos de 1986, la reconversión en las manufacturas prácticamente había
terminado y junto a las buenas expectativas por la adhesión de España a la
Comunidad Económica Europea se estaba en condiciones de entrar en una
senda de recuperación y expansión. Entre 1985 y 1990, se registraron tasas de
crecimiento en la producción industrial superiores al 4 % anual. La apertura
comercial permitió un fuerte impulso de las importaciones procedentes de la
CEE, que favoreción la incorporación de nuevas tecnologías en el proceso
productivo. El crecimiento de las exportaciones fue mucho más lento y
concentrado en productos de tecnología media-baja, empeoró significativamente
la balanza comercial. La apertura también supuso una mayor competencia
internacional que obligó a mejorar la estructura productiva, la tecnología y la
organización empresarial. La inversión extranjera directa (IED) fue un factor
clave para conseguir buenos resultados industriales, ya que los mejores
comportamientos de costes, precios y rentabilidades se obtuvieron en los
sectores de demanda fuerte e intensidad tecnológica media-alta, precisamente
donde la penetración de capital extranjero y la exposición a la competencia
exterior eran mayores.
Desde finales de los años ochenta la industria se adentra en una progresiva
recesión que llega a su punto culminante en 1993, con una caída en la
producción industrial del 4 %. Esta crisis tuvo su origen en la fuerte contracción
de la demanda interna y aunque fue intensa en magnitud duró poco en el tiempo.
La crisis fue compartida en la UE, pero en España adquirió una especial
intensidad al coincidir con un proceso de apertura exterior. Entre 1986 y 1992 se
pasó un período transitorio en el que se redujeron los aranceles y demás
componentes proteccionistas; y en enero de 1993, España entró de pleno
derecho al Mercado Común. Una sustancial apreciación de la peseta, dio como
resultado una mayor exposición de la industria española a la competencia
internacional.
Los costes laborales unitarios (CLU) no se adaptaron y continuaron subiendo.
Pero no se pudieron trasladar a precios debido a la debilidad de la demanda
interna y a las crecientes presiones competitivas del exterior. Las empresas
optaron por el recorte de sus plantillas como vía para conseguir aumentos en la
productividad. Este proceso de destrucción de empleo en las empresas
industriales fue especialmente intenso en las empresas grandes que estuvieron
destruyendo empleo en términos netos
Este período se cierra con un fuerte deterioro de la competitividad internacional
de los productos españoles expresado por un empeoramiento de los tipos de
cambio efectivos reales consecuencia tanto del aumento de los CLU en las
manufacturas españolas como por la apreciación del tipo de cambio nominal de
la peseta. En el mercado interno existía dificultad para trasladar a precios los
incrementos en costes. Las empresas españolas redujeron su rentabilidad, lo
que llevó inevitablemente a una disminución de la inversión que hizo que la
magnitud de la recesión fuera aún más profunda.
En 1993 se realizaron varias devaluaciones de la peseta, al tiempo que los
costes laborales unitarios comenzaron a contenerse como resultado del
incremento en la productividad. Todo ello contribuyó a establecer las bases para
un futuro crecimiento.

3. De la desindustrialización a la recuperación

3.1. Desindustrialización (1995-2007)


A partir de 1995, se entra en una fase de crecimiento que llega hasta 2007.
La situación que muestra el gráfico es lo que se ha denominado
desindustrialización que consiste en la pérdida de importancia del sector
industrial en la economía incluso en una etapa expansiva.

3.2. La Gran Recesión (2008–2013)


Es en el año 2009 cuando se sufrió más intensamente la recesión, con una caída
en el VAB real y el empleo superior al 10 %. Esto agudizó la pérdida de
representatividad en el conjunto de la economía española.
El mal comportamiento del resto de sectores posibilitó que la industria
estabilizara su peso relativo y, en 2013, generara el 15,0 % del PIB español.
El ajuste más drástico se produjo en términos de empleo, ya que en 2013 había
unos 800.000 ocupados menos en la industria, lo que suponía el 30 % menos de
los ocupados en 2007

3.3. El potencial de la industria (2014–2019)


En esta fase expansiva la industria mantiene un ritmo de crecimiento constante
de su VAB real del 2,5 %. En 2015 aumenta el número de ocupados en términos
absolutos. Todo ello permite crecimientos en la productividad al tiempo que se
genera empleo neto, un prometedor comportamiento.

3.4. Efectos de la pandemia (2020–2021)


El buen comportamiento que habían mostrado las manufacturas durante la
expansión anterior ha permitido que, a pesar del desplome de 2020, la
recuperación haya sido muy rápida.
Ha habido dos sectores que han padecido en menor medida los efectos; el sector
de productos químicos y los alimentos, bebidas y tabaco.
Por el contrario, el sector textil y confección, que ya presentaba problemas con
anterioridad, está sufriendo enormemente el parón provocado por la pandemia.
Se observa que la recuperación en las exportaciones está siendo más dinámica,
ya que la demanda interna se está enfrentando a efectos negativos de la
pandemia más intensos que en otros países como Alemania
Dada la magnitud del parón provocado por la pandemia, se puede afirmar que la
industria española está mostrando una buena capacidad de recuperación,
aunque se ha truncado la creación neta de empleo.

4. LA COMPETITIVIDAD EN LAS MANUFACTURAS


La estructura de mercado condiciona el comportamiento empresarial y, con ello,
los resultados del mercado.
Los resultados de un sector influyen sobre la estructura. Por tanto, conocer la
estructura de un sector es crucial para obtener información acerca del
comportamiento y la competitividad de las empresas, así como los posibles
resultados. Planteamientos más cercanos se apoyan en el modelo de las cinco
fuerzas planteado por Porter: la amenaza de entrada de nuevos competidores,
el poder de negociación de proveedores y compradores, los productos
sustitutivos y la rivalidad entre los competidores actuales.
Principales factores que inciden sobre la competitividad de las manufacturas.
La estructura productiva
Las manufacturas tradicionales han perdido peso relativo en favor de aquellas
que emplean procesos tecnológicos más avanzados.
Entre los sectores catalogados de tecnología baja que han disminuido su
presencia están el sector textil, confección, cuero y calzado que disminuyó
significativamente su volumen de negocio debido a los efectos del Acuerdo sobre
Textiles y Confección por el que se reducían los contingentes a la importación y
definitivamente desaparecían en 2005, con la entrada masiva de productos
El sector de “alimentación, bebidas y tabaco” que se incluye en el grupo de
sectores con tecnología baja ha crecido enormemente en los últimos años. Si
bien, este crecimiento tiene que ver con productos elaborados que precisan
procesos de producción con tecnologías más avanzadas.
La industria química y farmacéutica está consolidando una mejor posición, al
igual que material de transporte que forman parte de los sectores con mayor
tecnología incorporada.
El comercio exterior
Tanto las importaciones como las exportaciones de bienes han crecido
intensamente.
Con la Gran Recesión se produjo un desplome de las importaciones, pero al ser
una crisis internacional también se vieron afectadas las exportaciones.
Las exportaciones se recuperaron y empezaron a crecer gracias a que los países
europeos mejoraron antes sus resultados y comenzaron a demandar con más
intensidad nuestros productos y también porque las empresas españolas ante
una demanda interna muy débil buscaron nuevos mercados lejanos en los que
vender sus productos.
Desde 2012 existe un superávit comercial en manufacturas, pero pequeño en
relación al déficit que surge en energía, luego persiste el déficit comercial en
bienes
El cambio de especialización de las manufacturas se ha trasladado a las
exportaciones. Así, las exportaciones de productos químicos representan el 16,2
% de media entre 2020 y [Link] manufacturas y bienes de consumo duradero
están reduciendo su presencia.
El sector del automóvil que entre 1995 y 2000 alcanzaba el 21 % de las
exportaciones española y en 2020 y 2021 ha caído al 13,9 %.
Productividad
El ascenso de la productividad ha permitido mejoras en la competitividad de las
manufacturas españolas. Los sectores con tecnología alta presentan una mayor
productividad, de manera que es crucial seguir avanzando en la reestructuración
de la producción hacia estos sectores.
Existe evidencia de una distinta productividad del trabajo por regiones, siendo el
País Vasco, Navarra y Cataluña las comunidades autónomas con unas
manufacturas más productivas
La crisis de 2008 puso de manifiesto que las manufacturas españolas debían ser
más eficientes en términos de costes para ser más competitivas en los mercados
internacionales. Se dió la paradoja que entre 2008 y 2009 cuando los resultados
de las empresas se derrumbaron los costes laborales unitarios continuaron
creciendo, si bien desde 2010 ya comenzaron a caer. Los gastos salariales por
ocupado siguieron creciendo, lo que sugiere que la destrucción de empleo
cambió las características de los empleados hacia una cualificación mayor que,
en el medio plazo, debería trasladarse a incrementos de productividad.
El reto es que ante el incremento en la actividad se siga reduciendo la intensidad
energética. La elevada intensidad energética de la industria española constituye
una fragilidad importante, tal y como se está comprobando con la intensa subida
de precios energéticos desde mediados de 2021 y las nuevas condiciones
geopolíticas de inestabilidad y guerra en Ucrania.
Dinámica empresarial
Existe una rotación mayor, es decir, aumenta la entrada de nuevas empresas y
la salida de las menos eficientes, al tiempo que se producen fusiones y
absorciones de empresas.
Entre 2009 y 2016 estuvo dismininuyendo el número de empresas contabilizadas
El aumento registrado en 2017 y 2018, solo ha servido para que en el período
de expansión 2014-2019 el número de empresas haya crecido pero a una tasa
anual muy baja (0,2 %).
En las manufacturas es la elevada presencia de microempresas y existe una
parte importante de empresas que no tienen asalariados. En el período 2014-
2021, las empresas sin asalariados han representado el 35 % del total. Así que
sumando a estas empresas aquellas que tienen menos de 10 trabajadores, su
peso asciende en este período al 84 %.
Que el tamaño empresarial español sea pequeño es un inconveniente, ya que
existe evidencia de una correlación positiva con la productividad media del
trabajo.
Además, numerosos estudios muestran una correlación positiva entre el tamaño
empresarial y la propensión marginal a exportar, así como entre el tamaño y la
propensión a invertir en I+D.
Si se pretende competir mejor se debería aumentar el tamaño medio de las
empresas o bien, intentar que aunque sean empresas pequeñas se posicionen
bien en los mercados y aumenten su propensión a invertir en I+D mediante
acuerdos de empresas

6. EL SECTOR DE LA CONSTRUCCIÓN
La actividad de construcción llegó a ser una de las más relevantes de la
economía española en términos de participación en el valor añadido bruto,
empleo, inversión y creación de empresas. Se trata de un sector muy cíclico
potenciado porque el sector residencial es un producto que se utiliza como
inversión del ahorro de las familias y crece en las etapas de expansión.
En el sector de construcción se distinguen los subsectores de edificación y obra
civil. La edificación es el segmento de mayor, y dentro de éste la edificación
residencial es la actividad más relevante.

El VAB de la construcción llegó a alcanzar el 10,4 % en 2008. Después de la


crisis, en 2014, solo representaba el 5,2 %. En 2019, no había alcanzado el 6 %.
Con los efectos de la pandemia ha vuelto a estancarse y, en 2021, representa el
5,2 % del PIB español.
Es un sector muy intensivo en factor trabajo por lo que en épocas expansivas
crea mucho empleo y en épocas recesivas el ajuste en el empleo es muy intenso.
En 2013 el número de trabajadores era prácticamente la mitad de los existentes
al comienzo de siglo. Este ajuste permite que la productividad crezca, pero a
partir de ese momento se vuelve a estancar puesto que el crecimiento en el VAB
va acompañado por creación de empleo. Por último, el efecto de la pandemia en
este sector se aprecia más en el VAB que en el empleo debido a la amortiguación
que supusieron los ERTE en 2020, si bien en 2021 el ajuste en el empleo está
siendo más notoria.
TEMA V – EL SECTOR DE SERVICIOS
2. El sector de servicios
La “terciarización de la economía”, proceso caracterizado por un aumento de la
producción y del empleo en el sector servicios, es el paso natural en el desarrollo
económico, ya que el aumento de la renta permite a las familias demandar más
servicios de salud, educación, turismo, transporte, ocio y comunicaciones.

2.1. Actividades de servicios


Es habitual utilizar algún criterio para clasificar aquellas actividades más
homogéneas. La titularidad de quién ofrece el servicio, pública o privada.
Los servicios de mercado se venden y los consumidores pagan un precio
económicamente significativo que es resultado del mercado. Mientras que los
servicios no de mercado suelen ser gratuitos o, en todo caso, se paga una tasa
que es muy reducida en comparación al coste del servicio. Esta clasificación es
muy utilizada cuando se pretende tener, una idea adecuada sobre la evolución
de los precios del sector.
Esta clasificación presenta limitaciones. En los servicios de mercado todavía se
encuentra mucha diversidad y en los servicios no de mercado como educación
y sanidad existe una parte importante que se ofrece en el mercado por la
iniciativa privada.

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