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Frontera Sur de Mesoamérica: Cultura y Arqueología

Este documento discute la frontera sur de Mesoamérica y la diversidad cultural de Centroamérica. Los arqueólogos han dividido la región en dos sectores culturales, uno más ligado a Mesoamérica y el otro con tradiciones sudamericanas. A lo largo de la historia, varios grupos se asentaron en la región y la influyeron, incluyendo los mayas, lencas y payas. La frontera sur de Mesoamérica ha sido estudiada a través de la lingüística y la historia para comprender mejor el desar

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Frontera Sur de Mesoamérica: Cultura y Arqueología

Este documento discute la frontera sur de Mesoamérica y la diversidad cultural de Centroamérica. Los arqueólogos han dividido la región en dos sectores culturales, uno más ligado a Mesoamérica y el otro con tradiciones sudamericanas. A lo largo de la historia, varios grupos se asentaron en la región y la influyeron, incluyendo los mayas, lencas y payas. La frontera sur de Mesoamérica ha sido estudiada a través de la lingüística y la historia para comprender mejor el desar

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La frontera meridional

de Mesoamérica
Ernesto Vargas Pacheco*

Introducción
La posición geográfica de Centroamérica es singular y privilegiada; sus condi­
ciones son muy favorables tanto para los asentamientos humanos como para
el desarrollo de la fauna y la flora, pues cumple una función de puente y fil­
tro entre las dos Américas.
Los diversos pueblos que la habitaron se asentaron en bosques tropicales
y selvas altas, en donde compartieron el territorio con el tapir, la danta, el
mono, el puma y el venado, entre otros muchos animales que dominaban
aquellas regiones. Unos proceden de las partes bajas de los Andes, otros son
de proveniencia mexicana y el resto de posible origen amazónico. Esta diver­
sidad de orígenes produjo también una muy compleja diversidad de culturas,
a la vez que afinidades.
Los arqueólogos1 han dividido el territorio centroamericano en dos sec­
tores culturales. Cada uno de ellos es poseedor de características más o
menos homogéneas; pero se diferencian entre sí ya que uno está más ligado
con Mesoamérica y el otro con tradiciones sudamericanas. En ambos se
pueden estudiar las características de cada uno de los sectores y, a la vez, la
mezcla de pueblos que se operó en suelo centroamericano. Ambos se enrique­
cieron al incorporar ideas y creencias de otros pueblos; mas no significa que
estos pueblos son simplemente herederos en tanto receptores de la grandeza
mesoamericana y andina, sino que tienen su personalidad.
De los primeros grupos que habitaron la región únicamente se conservan
artefactos líticos y cerámica, sin que se conozca la identidad étnica de los

•Arqueólogo, investigador del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la unam, México.


1Baudez, A m ériqiie Céntrale; Stone, P recolum biati M an Finds Central A m erica; Willey, An Introduction
to A m erican Archaeology.
192 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

pueblos. En periodos posteriores, muchas de las culturas localizadas pueden


estar asociadas a nombres históricos y a grupos tales como los mayas, lencas
y payas.
Los acontecimientos que se sucedieron en el centro de México y en otras
áreas afectaron a los habitantes del territorio que se extiende desde el Istmo
de Tehuantepec hasta los límites orientales del Darién, en la frontera con
Colombia.

Planteamiento general del tema


Al tratar el tema relacionado con el límite sur de Mesoamérica nos encon­
tramos con el problema de definir lo que se trata de delimitar. Esto se hace
con base en una lista de rasgos de presencia o ausencia que deben carac­
terizar a la región como mesoamericana o no, creando con ello confusión.
En lo relativo a las fronteras de Mesoamérica, Kirchhoff2 indicó que la
septentrional se distinguió de la meridional por un grado mucho mayor de
movilidad e inseguridad; según dice, esa diferencia se debe a que la frontera
sur sólo colindaba en un tramo pequeño con otra área de cultivadores supe­
riores, en tanto que en el resto de la frontera “eran cultivadores inferiores”.
Sin embargo, esta aparente estabilidad no se da, ya que existen pruebas de
desplazamiento de un grupo por otro, como lo apuntara Longyear entre
lencas y jicaques.
Hablar de la frontera sur de Mesoamérica para épocas muy tempranas es
difícil, como lo señalara Willey:3
Ciertamente para el Preclásico temprano, el periodo en el cual se origina­
ba la tradición cerámica meridional mesoamericana, no tenemos sufi­
ciente información para hablar de centros de origen o periferias. De
hecho, podría ser que en esa época, la parte sur de lo que sería el área
mesoamericana estuviera afiliada más a Honduras y El Salvador, e inclu­
so a regiones aún más meridionales, de lo que estaba con el occidente o
centro de México.

Las evidencias más tempranas del hombre en Centroamérica son las pun­
tas de proyectil tipo Clovis, reportadas para Guatemala, Costa Rica y Panamá;
también se han reportado puntas “cola de pescado”, lo cual indica que hubo
culturas de cazadores-recolectores, asociadas con mamíferos del Pleistoceno
2“Mesoamérica. Its Geographic Limits, Ethnic Composition and Cultural Characteristics”.
3Simposio sobre Som e E xtem al Relations o f A borigin al H onduras, p. 541.
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica 193

Superior, tales como el mamut, el camello y el perezoso. La presencia de


puntas de proyectil nos revela la confluencia de dos tradiciones tecnológicas:
la del norte con las puntas Clovis y la sudamericana con las puntas “cola de
pescado”. El carácter de conexión entre norte y sur queda así evidenciado
desde tiempos muy antiguos, aunque las relaciones son más claras para los
periodos más tardíos: olmeca, teotihuacano, tolteca y mexica.
Grupos que vivían de la caza, la pesca, la recolección de plantas silvestres
y una agricultura incipiente, y que producían artefactos de piedra pulida y
barro, también han sido reportados para la cueva de Santa Marta al sur del
Istmo de Tehuantepec y en el Cerro Mangote (cerca de la Bahía Parita,
Panamá). Algunos indicadores son de naturaleza problemática ya que sugie­
ren la existencia de grupos muy tempranos. Así sucede con el hueso petrifi­
cado de un perezoso con tres incisiones en forma de “V” asociado con fauna
del Pleistoceno en el río de la Pasión en Guatemala; las pisadas que apuntan
en todas direcciones (de más de 40 individuos junto con huellas de bisonte,
venado de cola blanca, nutria) en lava y ceniza, que aparecen en Acahualin-
ca, cerca del cementerio de Managua, Nicaragua. En La Rama, Departamen­
to de Usulután, El Salvador, también se encontraron huellas de por lo menos
cinco seres humanos y huellas de varios felinos. En la región de Costa Rica
se han encontrado vestigios lacustres y fluviales. Las evidencias para esta
época son todavía problemáticas y adolecen de un fechamiento exacto; sin
embargo, todo lleva a pensar que dichos grupos tenían una economía de
caza-recolección.
A toda esa región centroamericana se le asocia con las culturas mexicana
y maya, y se le conoce como la frontera oriental de Mesoamérica; ha sido
establecida por la documentación histórica y por las evidencias arqueo­
lógicas. Esta frontera fue creada por el encuentro de dos culturas distintas,
una del norte y otra del sur, produciéndose expresiones culturales propias.
Un modo de encarar el problema de esta área es estudiar la naturaleza y
las fluctuaciones de la frontera sur, a través de la historia y la lingüística. Esta
perspectiva tiene la ventaja de enfocar la investigación hacia las zonas mejor
conocidas de Centroamérica. Además arroja luz sobre el desarrollo mismo de
Mesoamérica, sus éxitos y sus fracasos, y puede contribuir a una mejor com­
prensión.
Kaufman4 llama al xinca y al lenca grupos de idiomas sudorientales pues
exhiben dos rasgos fonológicos distintivos: la presencia de oclusivos glotali-
4“Areal Linguistics and Middle America”.
194 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

zados y la ausencia de oclusivos velares labializados, con lo cual se prueba


esa ruptura entre Mesoamérica y otras áreas. Longacre5 ya se había referido a
dicha ruptura: “Por el sur, la frontera de Mesoamérica parece ser una línea de
demarcación a la vez lingüística y cultural. Más allá de los mayas, los lencas
y los miembros exteriores del grupo otomangue, hay grupos que parecen
tener afinidades sudamericanas lingüísticamente, así como culturalmente.”
Al respecto Holt6 dice:
La zona de transición entre Mesoamérica y el Circuncaribe está situada
por alguna parte dentro del territorio entre la frontera austral del bloque
de idiomas mayas y la frontera boreal del bloque de idiomas chibchas, la
cual más o menos corresponde a la frontera entre Nicaragua y Costa Rica.
Actualmente están incluidos entre estos límites los territorios de Nica­
ragua, Honduras y El Salvador, además de una parte pequeña del sur de
Guatemala.

Los grupos representados en la región tienen varios parentescos genéti­


cos: el pipil proveniente del náhuatl; el caribe, que llega tardíamente de las
Antillas a Centroamérica; el xinca y el lenca, que hasta el momento no han
sido relacionados con ningún otro grupo genético; el jicaque, que posible­
mente tenga afinidades con el grupo hoka; el subtiaba, que sí es miembro del
grupo hoka; el paya, cuyo parentesco ha sido evidenciado con el chibcha; el
chorotega-mangue que tiene filiación con el otomangue, y la familia misu-
malpa, que puede tener filiación chibcha: el miskito, el sumu y el matagalpa-
cacaopera. Lingüísticamente la región puede ser dividida en dos grupos: unos
que se agrupan con el área mesoamericana y otros con los idiomas chibchas
del sur.

Antecedentes de la investigación
La historia de la arqueología de Centroamérica se puede dividir de varias
maneras, pero resumiendo se puede decir que es una arqueología de pillaje
y saqueo. Los buscadores de tesoros, llamados comúnmente “huaqueros”,
preceden siempre al arqueólogo sobre el terreno.
Las primeras noticias que se tienen de la región, del ambiente natural, la
forma de vida de los aborígenes, sus viviendas y costumbres, están en los
5“Systemic Comparison and Reconstruction”.
6“La lengua paya y las fronteras lingüísticas de Mesoamérica”, pp. 150-151.
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica 195

relatos de los primeros conquistadores, los cronistas españoles y los viajeros


que recorrieron el istmo centroamericano.
Hacer una clasificación de las diferentes etapas de la investigación arqueo­
lógica en Centroamérica es todavía prematuro; sin embargo, lo intentaremos
basándonos en los trabajos de Fonseca y Aguilar Piedra7 que, con pequeñas
diferencias, tratan de resumir los antecedentes de la investigación arqueo­
lógica: uno de la costa Atlántica y el otro de Costa Rica.

Los primeros viajeros (1850-1925)


El siglo xix se caracteriza sobre todo por los grandes viajeros; el ejemplo más
claro para la zona maya y centroamericana es el de John L. Stephens y Frede-
rick Catherwood; el primero hace descripciones de gran colorido y el segun­
do, dibujos que todavía hoy causan asombro. No por nada se ha llamado a
Stephens el descubridor de un mundo nuevo en el Nuevo Mundo. General­
mente los viajeros son extranjeros, influidos por la corriente positivista de la
época; tratan de determinar el grado de desarrollo cultural a través de los
restos encontrados y su interés está dirigido a las piezas mejor acabadas.
Muchos de ellos compraban piezas y se dedicaban al coleccionismo para
museos, los cuales patrocinaban sus investigaciones. A este grupo se le po­
dría denominar los pioneros de la arqueología.
A fines del siglo pasado y principios de éste se inicia la arqueología, ya
que se tienen reportes que reflejan las técnicas rigurosas de recolección de
datos y el análisis de los mismos. Los diferentes estudiosos se dedicaron a
describir la forma de los artefactos, iniciándose así la caracterización de las
culturas prehispánicas de la región. Entre los pioneros de la investigación
arqueológica en El Salvador están E.G. Squier (1855-1858), Montessus de Ba-
llores (1890-1891), Karl Sapper (1896), L.A. Rodríguez (1895-1912), Darío
González (1906), Atilio Peccorini (1913-1926) y David J. Guzmán (1925).
La investigación arqueológica de Honduras se asocia con Copán y, aun­
que se inicia con los primeros viajeros, es en la década de 1890 cuando la
Universidad de Harvard, particularmente el Peabody Museum, realiza las
primeras investigaciones científicas del sitio. Establece un contrato con el
gobierno de Honduras para retener el 50 por ciento de los materiales arqueo­
lógicos recuperados.

7Fonseca, “Historia antigua del Caribe, de Panamá, Costa Rica y Nicaragua”, pp. 9-36; Aguilar Piedra
(coord.), “El mundo de nuestros aborígenes”.
196 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

En Nicaragua trabajaron arqueólogos europeos y americanos tales como


Squier (1852), Boballius (1880), Earl Flint (1887), Bransford (1881), Karl Sap­
per (1902), Lothrop (1920), Lehmann (1926) y Fiedrischsthal (1940).
En Costa Rica trabajan algunos de los que investigaron en Nicaragua, y a
la lista se añaden Alfaro (1889, 1892), Hartmann (1901, 1907) y Spinden
(1915).

Los primeros arqueólogos (1920-1960)


Muchos de los investigadores mencionados se consolidan como tales durante
esta etapa. Se sigue con el interés de caracterizar a las culturas precolombi­
nas de la región. Sin embargo, se utilizan técnicas clasificatorias que permiten
establecer la distribución regional de los materiales arqueológicos.
Los investigadores de esta época trabajan, por lo general, en varias partes
de Centroamérica y así obtienen una visión global de la región. Para El Sal­
vador se pueden citar a Jorge Lardé, Samuel Lothrop, Stanley H. Boggs, John
M. Longyear III, Wolfgang Haberland, William R. Coe, Franz Termer y Wyllys
Andrews V. En Honduras trabaja la Institución Carnegie de Washington y los
arqueólogos Duncan Strong, Alfred Kidder II y Drexel Paul. Para Nicaragua
y Costa Rica están Lothrop (1926), Stone (1948), Stirling (1950), Linné (1929) y
Lines (1953).
Los estudios de este periodo se caracterizan por una falta de profundidad
temporal; los arqueólogos trabajan con piezas de colección y se dan los
primeros pasos para la división de la región en zonas arqueológicas.

El periodo de los modelos descriptivos diacrónicos (1960-1975)


Durante este periodo los estudiosos se preocupan por el establecimiento de
secuencias y cronologías culturales, así como reconstrucciones histórico-
culturales. Los trabajos de campo son fundamentalmente de índole estrati-
gráfica o de excavación de tumbas; son trabajos de sitios sin enfoque
regional; hay interés especial en el aspecto de las secuencias y cronologías
culturales. Entre las investigaciones arqueológicas de este periodo sobre­
sajen las de Haberland, Aguilar Piedra, Baudez, Bird y Cooke, Lange, Lina­
res, Magnus y Kennedy.
En Honduras, Baudez trabaja tanto el centro como el sur y el norte,
donde hace excavaciones estratigráficas con la idea de desarrollar cuadros
cronológicos nuevos y más completos. Gordon Willey trabaja nuevamente en
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica 197

Copán entre 1976 y 1978. Le siguen ahí el mismo Baudez y Sanders con el
gran Proyecto Arqueológico Copán, cuya finalidad era la atracción turística,
la de investigación científica y la de entrenar personal centroamericano.
El empleo de la estratigrafía permitió el fechamiento relativo y con ello la
introducción de la variable tiempo. Este aporte enriqueció aún más los estu­
dios arqueológicos, posibilitando la explicación del cambio cultural como una
continuidad y no como una cadena de hechos aislados. Existe un interés por
las secuencias culturales y la clasificación tipológica de los materiales arqueoló­
gicos. Durante esta época también surgen los proyectos financiados por otras
instituciones cuya finalidad es el rescate del patrimonio cultural.
Desgraciadamente, la situación política de Centroamérica durante este
periodo y el siguiente se agrava, dejando a un lado los intereses arqueológi­
cos para resolver aspectos más importantes como el político-social y el
económico; por lo tanto, para Nicaragua y El Salvador es pobre la investiga­
ción arqueológica.

Hacia un modelo explicativo dlacrónico (1975 a la fecha)


En los setentas se pone en boga la posición teórica de la “ecología cultural”
que hace énfasis en la relación hombre-medio ambiente, llevando incluso a
lo que se ha llamado arqueología ambiental; de ahí se deriva, en la arqueo­
logía costarricense, un interés hacia los patrones de asentamiento. La inves­
tigación arqueológica toma diferentes orientaciones; se hace arqueología de
rescate, arqueología orientada a la solución de problemas concretos. Se hace
énfasis en los aspectos de índole histórico-cultural, investigaciones orientadas
a contestar aspectos de función y dinámica sociocultural, destacando los
patrones de asentamiento, y los aspectos de subsistencia y explotación de
recursos.
A la arqueología se le considera como una ciencia social, cuyo objetivo
principal es la reconstrucción y explicación de los procesos sociales y cultura­
les; se recibe fuerte influencia de la arqueología peruana y mexicana con
algunos de sus exponentes. El arqueólogo no es considerado como un cien­
tífico aislado, porque al entenderse el estudio como algo multicausal y multi-
variante, la participación de especialistas de otras disciplinas es impres­
cindible.
La arqueología de Costa Rica se hace principalmente en dos instituciones:
el Museo Nacional y la Universidad de Costa Rica. En Honduras se funda el Ins­
tituto Nacional de Antropología; en El Salvador, el Museo David J. Guzmán;
198 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

ambos se encargan de las investigaciones arqueológicas. Durante este periodo


aparecen varios arqueólogos jóvenes y siguen trabajando algunos extranjeros.
Se hace síntesis en donde domina el carácter descriptivo,8 y hay otros estu­
dios en donde se incorporan nuevos datos sobre patrones de asentamiento y
subsistencia, permitiendo a los autores sobrepasar los niveles de la mera pre­
sentación de datos.9 En la actualidad se concentran en la explicación de pro­
cesos sociales totales, utilizando un marco teórico materialista histórico. Se
intenta reconstruir la historia y sus relaciones con áreas como Mesoamérica,
Sudamérica y el Caribe. Dentro de esta corriente está la aplicación del mode­
lo del cambio social propuesto por Vargas,10 que ha demostrado ser útil para
interpretar las evidencias de la región. Su carácter heurístico es una alternati­
va en la necesidad de sobrepasar la tendencia a dirigir las investigaciones por
la reconstrucción de patrones de asentamiento y patrones de subsistencia.

Regionalización, periodificación y cronología


En cuanto a la regionalización (véanse figuras 1 y 2), algunos autores11 la han
dividido en dos: la zona de influencia de la tradición mesoamericana y la de
tradición sudamericana. La zona de tradición mesoamericana comprende El
Salvador, el centro y el sur de Honduras, la parte occidental de Nicaragua y
el noroeste de Costa Rica. La frontera entre los dos sectores norte y sur que
comprende la zona, varía según los periodos.
Baudez12 formuló una secuencia regional basándose fundamentalmente
en modos de decoración cerámica, complejos cerámicos y tipos cerámicos
individuales. Delineó los siguientes periodos:
Periodo I (hasta el 200 aC): Pre-Usulután.
Periodo II (200 aC-600 dC).
Sector Norte (200 aC-550 dC): Usulután.
Sector Sur (300 aC-500 dC): Bicromo en zonas y decoración lineal.
Periodo III (600-900/1000 dC).
Sector Norte (550-950 dC): Zona de influencia maya.
Sector Sur (500-800 dC): Policromo Antiguo.
8Ferrero, Costa R ic a .. Stone, P recolu m bian M an in Costa Rica; Torres, Arte p recolom b in o d e P an am á.
9Cooke, “Archaeological Research in Central and Coastal Panama, A Review of Some Problems”; Snarskis,
“The Archaeology of Costa Rica”; La cer á m ica p re co lo m b in a en Costa R ica; “Central America, The Lower
Caribbean”.
10Citado por Fonseca, “Historia antigua del Caribe, de Panamá, Costa Rica y Nicaragua”.
11Baudez, A m érique Céntrale.
12“Arqueología de la frontera sur de Mesoamérica”, pp. 133-148.
Nueva FASES ARQUEOLÓGICAS
Antigua Años Años
periodización Vertiente Inter- Vertiente Vertiente Vertiente
periodización calen- calen-
para América A tlántico montano A tlántico A tlántico Pacífico
regional dáricos dáricos
Central Norte Central Central Sur Central

1600 1600
1500 Cartago La Cabaña 1500
1400 B B 1400
Periodo VI Tardío 1300 1300
1200 Cartago La Cabaña 1200
1100 A A 1100
1000 1000
900 Curridabat La Selva 900
800 800
Periodo V Transidonal (Sitio (Sitio
700 700
Voltio?) Partita?)
600 La Selva
Curridabat 600
500 A 500
400 El Bosque
400
300 Pavas 300
Bicromo
en zonas il 200 200
El Bosque
100 100
A
aC/dC Pavas aC/dC
100 100
200 200
Periodo IV Bicromo La Montaña
en zonas I 300 Barba 300
400 ----------------- 400
500 500
600 | ¡ | >n 600
Formativo 700 Barba La Montaña 700
medio
800 ----------------- 800
900 900
Periodo III 1000 1000

Periodo II 4000 4000

Periodo I (Sitio
8000 8000
? Turrialba) ?

Figura 1. Cuadro cronológico para la vertiente atlántica, intermontano


central (redibujado de Snarkis, 1982: 86).
200 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

Periodo IV (900/1000-1300 dC).


Sector Norte (950-1200 dC): Influencias mexicanas.
Sector Sur (800-1200 dC): El apogeo.
Periodo V (1200-1525 dC).
Sector Norte: Cultura de Naco.
Sector Sur: Policromo Reciente.

Doris Stone,13 en su trabajo “Arqueología de la América Central”, plantea


de manera no explícita la siguiente cronología:
Los primeros aldeanos (a este horizonte le llama Preclásico).
a. La primera alfarería (2000 aC).
b. Influencia olmeca (1200 aC).

« P recolu m bian M an F in ds Central A m erica.


Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica 201

La fachada mexicana (mundo clásico).


a. Influencia teotihuacana (300 dC).
b. El norte penetra en la baja Centroamérica.
Imperio y comercio (horizonte Posclásico).
a. Las últimas etapas de la mesoamericanización.
Baudez y Coe14 delinearon los siguientes periodos para Costa Rica:
Bicromos en zonas (300 aC-300 dC)
Decoración lineal (300-500 dC)
Policromo antiguo (500-800 dC)
Policromo tardío (1200 dC hasta la llegada de los españoles).

Snarkis15 organiza una reunión en abril de 1980 sobre la arqueología de


América Central, auspiciada por la School of American Research de Sante Fe,
Nuevo México, coordinada por F.W. Lange y D.Z. Stone, y dirigida por G.R.
Willey. Ahí se estableció una periodificación estandarizada para toda Améri­
ca Central:
Periodo I QP-8000 aC)
Periodo II (8000-4000 aC)
Periodo III (4000-1000 aC)
Periodo IV (1000 aC-500 dC)
Periodo V (500-1000 dC)
Periodo VI (1000-1550 dC).

Nos dice que se prefirió utilizar números romanos para evitar la confusión
semántica que a veces causan los nombres descriptivos de periodos, y el
autor la aplica en su trabajo La cerá m ica p reco lo m b in a en Costa Rica, en
donde la analiza por regiones.
Enmarcado dentro del modelo propuesto por Vargas para explicar el
desarrollo histórico de las sociedades del Caribe, Fonseca16 propone el si­
guiente esquema:
I. Modo de producción comunitario simple o apropiador:
1. Modo de vida de los cazadores (P-8000 aC).
2. Modo de vida de los recolectores y cazadores (8000-3000 aC), cacería y
recolección (3000-1000 aC), cacería, recolección y agricultura incipiente.

14“Archaeological Sequence in Northwestern Costa Rica”.


15La c erám ica p recolom b in a..., p. 14.
l6“Historia antigua...”.
202 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

II. Modo de producción tribal y productor:


1. Modo de vida aldeano vegecultor (1000-300 aC).
2. Modo de vida aldeano semicultor (300 aC-500 dC).
III. Modo de vida cacical:
1. Consolidación de las sociedades cacicales (500-800 dC).
2. Desarrollo de las sociedades cacicales (800-1500 dC).

Reyes Mazzoni17 cita a la Primera Reunión de Arqueólogos Centroameri­


canos patrocinada por el b c i e , en donde se hizo una división regional inter­
na de la periferia sur de Mesoamérica:
a) Costa del Pacífico: Guatemala y El Salvador hasta La Libertad;
b) Altos: desde Cuchumatanes abarcando el altiplano guatemalteco hasta
el río Jiboa en la zona central de El Salvador;
c) Tierras bajas mayas orientales: Izabal, región oriental del río Motagua
incluyendo la zona maya de Honduras hasta el alto Chamelecón;
d) El Petén;
e) Zona mesoamericana no maya en Honduras, desde Puerto Cortés hacia
el sur, valle de Sula, Comayagua, el alto Choluteca;
J) El oriente de El Salvador, sur de Honduras hasta Managua, Nicaragua;
g) La Gran Nicoya, desde Managua hasta Puntarenas;
tí) Sierra Madre y zona Atlántica: de Puerto Cortés hasta Panamá, inclusive;
i) Intermontana central de Costa Rica: de Puntarenas hasta San Isidro;
f) Gran Chiriqui: de San Isidro hasta Veragua, Panamá.

Resumiendo a Haberland 1960, Luis Casasola18 dice que para el estudio de


la arqueología de El Salvador se ha dividido en tres áreas: occidental, central
y oriental. Habla del horizonte prehistórico y dice que es prácticamente
desconocido; después trata el Formativo inferior, medio y superior, el Clási­
co y el Posclásico. Se hace notar que los materiales muestran relaciones con
las tierras altas y con fases del Pacífico de Guatemala, con los pipiles, y se
reportan también piezas Plumbate y piezas de Nicoya, lo que demuestra la
gran relación con otras áreas.
Existieron relaciones entre El Salvador, la zona centro-occidental y la
costa veracruzana. En cuanto a migraciones e influencias nahuas sobre Cen-
troamérica han sido señaladas por varios autores.19
17“La frontera de Mesoamérica en Honduras”, p. 120.
18“Panorama general de la arqueología de El Salvador”.
^Borhegyi, “Archaeological Synthesis of the Guatemala Highlands”; Haberland, Cultura d e la A m érica
Indígen a. M esoam érica y A m érica Central; Stone, P recolu m bian M an ...
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica 203

Con colecciones de piezas de Nicaragua y Costa Rica, Samuel K. Lothrop20


hace una división en tres zonas arqueológicas: Pacífico Norte, Intermontano
Central y Atlántico, y Pacífico Sur.
Posteriormente Stone21 hace una división con los nombres de tres grupos
citados en las fuentes históricas: chorotegas, huétares y borucas. Años des­
pués22 propone otra división: la región de Nicoya, la región de Diquis y la
región del Atlántico, utilizando en términos generales los periodos de Baudez
y Coe, y añadiendo además periodos internos y fases de cada una de las
regiones que trata.

Zona de tradición mesoamericana


Periodo I
La zona de tradición mesoamericana comprende El Salvador; Honduras oeste,
centro y sur; la parte occidental de Nicaragua y el noroeste de Costa Rica. La
frontera entre los dos sectores, norte y sur, varía según los periodos. Como
se dijo, la antigüedad del hombre en Centroamérica está representada por
puntas Clovis y restos de megafauna, las huellas humanas impresas tanto en
suelo salvadoreño como en Nicaragua, e implementos de industria lítica que
pertenecen a vestigios de épocas precerámicas.
Los periodos siguientes, que corresponden a la aparición y el lento de­
sarrollo de la agricultura, a la sedentarización y a las primeras cerámicas, no
están bien documentados. Las más antiguas evidencias se localizan en Pa­
namá: en Monagrillo y Cerro Mangote, en la Bahía de Parita.
Claude Baudez, que trabaja en Honduras (en el valle de Comayagua y el
lago Yojoa, en los sitios Los Naranjos), concluye que algunos de los entierros
con ofrendas individuales asociados a un hacha de jadeíta con cinabrio, están
relacionados con La Venta, el gran centro de la civilización olmeca. Asocia
este hallazgo con el Periodo I y lo llama Pre-Usulután. En El Salvador, cerca de
Chalchuapa, está El Trapiche, sitio en donde se encuentra una secuencia
cerámica muy larga comparable con las de Mesoamérica; a algunos kilóme­
tros del anterior se encuentra Las Victorias, que se ha catalogado como el
sitio más meridional con arte monumental olmeca; sobre un canto rodado se
talló en cada uno de sus cuatro costados, la imagen de un hombre en bajorre-

20Pottery o f Costa R ica a n d N icaragua.


21 “The Basic Cultures of Central America”; “The Archaeology of Central and Southern Honduras”.
22Stone, P recolum bian M an ...
204 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

Heve. Tres de las figuras están de pie y una sentada. Están dibujadas con líneas
de incisión muy precisas, con articulaciones redondeadas, cuerpos asexuados,
turbantes en forma de casco y pendientes circulares.
La influencia olmeca se hace sentir fuertemente en sitios de Chiapas, La Vic­
toria, Kaminaljuyú y en la Costa del Pacífico de Guatemala. Aunque La Venta
en Tabasco parece haber sido un centro muy importante, los olmecas no se
circunscribían a una región. Como comerciantes y colonizadores se disper­
saron hacia el norte, el occidente y el sur, llevando su religión, arte y logros in­
telectuales, los cuales fueron parcialmente absorbidos o fusionados con
conceptos locales por los pueblos con quienes convivieron.
Según Doris Stone, se les llama olmecoides a los olmecas que vivieron
con grupos extranjeros y que mezclaron su cultura con la de los habitantes
originales; la presencia se advierte en la Alta Centroamérica. Los elementos
que se encuentran están en la arquitectura, en el sistema de enterramientos y
preparación de tumbas, en las estelas y altares esculpidos, en las cabezas
colosales, máscaras de jaguar, figurillas con cara de felino o del tipo baby f a c e
(generalmente hechas de jade), en el calendario ceremonial de 260 días y en
el solar de 365 días.
En cuanto a la cerámica, se ve dicha influencia en los incensarios y teco­
mates, pero sobre todo en las figurillas; de éstas, muchas se parecen a las del
centro de México y muestran anomalías tales como gota y exoftalmía. Otro
estilo de figurillas son las esculturas de pequeños animales con pedestal, y
hombres esculpidos en volumen en la parte superior de bloques de piedra.
Han sido encontrados cerca de Tres Zapotes, Veracruz, en Tonalá, Chiapas, y
en varios sitios de la Costa del Pacífico, desde Chiapas hasta el occidente de
El Salvador (véanse figuras 3 y 4).
La influencia olmeca también se deja sentir en la arquitectura de Kami­
naljuyú y Uaxactún, Guatemala, y en Los Naranjos, Honduras; en el extremo
norte del lago Yojoa se encontraron artefactos olmecas consistentes en una
figurilla, hachas, ofrendas de cinabrio y una gran cantidad de tiestos, que se
remontan a la fase Jaral.
Generalmente se piensa que todas las influencias llegan del centro de
México hacia Centroamérica; sin embargo, algunas podrían seguir la direc­
ción inversa. Piña Chan23 ha venido sosteniendo la hipótesis de que un grupo
llegó de Sudamérica hasta el Istmo de Tehuantepec, vía la Costa del Pacífico,
y de ahí se habría separado de tal forma que unos entraron hacia el Occi-
23Historia, arqu eología y arte prehispán ico, p. 76.
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica 205

Figura 3. Piedra olmeca de El Salvador (redibujado de Stone, P recolu m bian ..., p.28).
Figura 4. Influencia olmeca en Costa Rica (redibujado de Ferrero, Costa R ica...).

dente de México y Valle de Oaxaca, y otros hacia la Costa del Golfo, en donde
más tarde dieron origen a la cultura olmeca.
Las huellas de los asentamientos de ese grupo han quedado en varios
sitios, tanto en las costas de Guatemala y Chiapas, como tierra adentro. Sin
embargo, cabe mencionar que más que en otro tipo de materiales, ha sido en
ciertos rasgos de la cerámica, por mucho tiempo identificados como olmecas,
en donde se puede identificar a ese grupo. Piña Chan piensa que el grupo
olmeca entró por el Istmo hasta el Golfo o por el curso del río Usumacinta.
Las expresiones más tempranas de esa cultura tuvieron lugar en San
Lorenzo;24 más tarde surgirían centros tan importantes como La Venta y Tres
Zapotes, entre otros varios del sur de Veracruz y del norte de Tabasco. Sin
embargo, las preguntas más importantes con respecto a la presencia olmeca
en otras regiones de Mesoamérica y fuera de ella son: cómo y en qué
momento sucedió una posible expansión olmeca.
En la región del Pacífico y el altiplano de Guatemala están presentes las
influencias olmecas; baste citar Izapa, Abaj Tajalik, la región de Santa Lucía
Cotzumalhuapa y Kaminaljuyú. En toda esta región se ha suscitado una gran
polémica con respecto a un complejo cultural que algunos autores pretenden
que es muy temprano y otros piensan que es postolmeca. Miles y Girard25
identifican a algunas de las esculturas como preolmecas y le han llamado a
toda esa región de la Democracia como la “cuna de América” o “cuna de Me-

24Coe, “San Lorenzo and the Olmec Civilization”.


25Miles, “Sculpture of Guatemala-Chiapas Highlands and Pacific Slopes and Associated Hieroglyphs”;
Girard, La m isteriosa cu ltu ra...
206 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

soamérica”. También Piña Chan,26 al referirse al complejo de esculturas de in­


dividuos gordos (seres rechonchos y obesos con los ojos ranurados o incisos,
con las manos sobre el abdomen, generalmente sedentes y con las extremi­
dades inferiores rudimentariamente representadas, y que están hechos de
piedra, en donde ésta condiciona al escultor y no a la inversa, como sucedió
con los olmecas del Golfo), concluye diciendo lo siguiente: “esta tradición
escultórica parece estar en formación aunque constituyendo un estilo, el cual
fue el origen de la escultura de los olmecas del Golfo y, por lo tanto, más
antigua”.
Al respecto Navarrete27 dice lo siguiente:
No estoy de acuerdo con Piña. El puro análisis estilístico tiene que hacer­
se con mayor detalle y profundidad y no solamente ver los cambios como
resultado del aparente tránsito de formas primitivas y evolucionadas. Hay
por lo menos un momento en cada uno de los grupos que hemos descrito
en que la realización artística es también de alta calidad dentro de sus
normas y conceptos expresivos.

Navarrete sigue su explicación para demostrar que estas piezas no pueden


ser preolmecas y encuadra su discusión en términos de fases, por ser ésta una
herramienta utilizada por los arqueólogos profesionales, dejando de lado los
términos arcaico, preolmeca, olmeca y olmecoide, que a veces se usan indis­
criminadamente.
Girard28 publica varios trabajos relacionados con el problema olmeca en
el altiplano y la costa de Guatemala, en donde señala que este complejo es­
cultórico es lo más antiguo de Mesoamérica y lo identifica como preolmeca.
Sin entrar a discutir el problema de las esculturas, Lowe29 identifica a los
primeros habitantes del sur de Chiapas y norte de Guatemala con los mixe-
zoques, y hace entrar a éstos a territorio actual de Guatemala, tanto en la
costa del Pacífico como en los altos. Nos habla de un horizonte proto-olme-
ca y uno olmeca temprano:
La relativa semejanza de los conjuntos cerámicos básicos me induce a asig­
nar los sitios de Chiapas y el norte de Centroamérica sea a esferas relacio­
nadas en forma estrecha con los olmecas, sea a superesferas menos relaciona­
das, y otros sitios simplemente al horizonte temporal correspondiente.
26Historia, arqu eología..., p. 13.
27“Dos esculturas posolmecas del altiplano guatemalteco”, p. 103.
28La m isteriosa cultura olm eca. Últimos descubrim ientos d e esculturas p reolm eca s en G u atem ala; “Escul­
turas olmecoides en los altos de Guatemala”.
® “Los mixe-zoque como vecinos rivales de los mayas en las tierras bajas primitivas”, p. 235.
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica 207

Hay que señalar que el desarrollo proto-olmeca está escasamente repre­


sentado en Chiapas y no se ha encontrado en el norte de Centroamérica.

Con la fase San Lorenzo, al parecer la influencia olmeca llega más fuerte­
mente al centro-occidente de Chiapas, el Soconusco y la Costa del Pacífico,
y aparece también en Guatemala y en Chalchuapa, El Salvador.30 Aparente­
mente en Los Naranjos, Honduras, también estuvo bien representado este
estilo y horizonte, quizá hacia su fin.31
El horizonte olmeca tardío también se deja sentir fuertemente al sur de
Chiapas, la Costa de Guatemala y Chalchuapa; Lowe llama a este periodo de ex­
pansión y diversificación. Al siguiente periodo -que se le conoce con el nom­
bre de “olmeca modificado”- lo caracteriza por los procesos de nucleación.
Se distribuye del sur de Chiapas hasta la frontera de Guatemala y más allá
tanto sobre la costa del Pacífico como en la depresión central; la evidencia
provisional del sitio de Sakajut parece llevar el estilo cerámico del horizonte
olmeca modificado más allá de los Cuchumatanes y por el este hasta la Alta
Verapaz.
Para el Preclásico tardío al parecer lo que sucede en el sur de Chiapas es
un endurecimiento de sus características regionales, en una serie de culturas
locales, que de ahí en adelante serían distintas entre sí casi para siempre.
En Costa Rica se han descubierto muchos objetos quizás anteriores al
Periodo Bicromo en zonas que debieron llegar por contacto y han sido repor­
tados fuera de contexto. Por ejemplo, la presencia de jades b ab y fa c e , evi­
dentemente olmecas (hallados en el noroeste de Costa Rica) han sido
descritos por Balser.32 Casi todos los autores que han tratado el tema se sor­
prenden de la belleza de los jades y, aún más, por la falta de exploraciones
de especialistas; los lugares reportados siguen siendo una incógnita para la
cultura.
Por otra parte, la opinión de los arqueólogos, al tratar el tema, se caracteri­
za por su parquedad, ya que desgraciadamente la mayoría de los hallazgos
provienen de los saqueadores. Pero a pesar de no disponer de investiga­
ciones y publicaciones periódicas, es un hecho indiscutible que en territorio
costarricense, especialmente en Guanacaste, Línea Vieja y las llanuras de San
Carlos, aparecen periódicamente jades con influencia olmeca.
30Sharer, “Preclassic ceramics from Chalchuapa, El Salvador, and their relationships with the Maya Low-
lands”.
31Baudez y Becquelin, A rchéologie d e Los N aranjos, H onduras, p. 412.
32“Los bab y fa c e s olmecas de Costa Rica”; “La influencia olmeca en algunos motivos de la arqueología de
Costa Rica”.
208 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

Periodo II
Sector Norte. Usulután (200 aC -550 dC)
Durante este periodo, el sur de Mesoamérica presenta varios grados de mar-
ginalidad con respecto a la civilización maya del Clásico temprano. Baudez33
nos dice que Copán, aunque es indiscutiblemente maya, conserva sin embar­
go rasgos “arcaicos” con respecto a la periferia. En general El Salvador y Hon­
duras permanecen fuera de esa influencia, pero siguen manteniendo la
tradición mesoamericana temprana. La cerámica Usulután va a ser el factor
unificador de toda esa región y sus límites al parecer incluyen el norte de
Nicaragua hasta Managua.
Sector Sur. B icrom o en zo n a s (300 aC -300 dC)
La gran Nicoya se halla fuera de Mesoamérica. Los orígenes de esa cerámica,
característica de la región, se deben buscar en Panamá; además se hacen pre­
sentes varios rasgos de tradición circuncaribe, como la hamaca, los metates
ceremoniales (que según algunos autores deberían de interpretarse como
asientos), las mazas (que se desconocen en Mesoamérica y hacia el norte
sólo se conocen en el noroeste de México, donde fueron exportadas desde
Costa Rica por vía marítima). En cuanto a la iconografía se aprecia una fuerte
influencia del sur: como el ave-pico, el alterego, etcétera. En cuanto a los ali­
mentos se sugiere que la dieta básica se basó en tubérculos como la yuca,
aunque no se niega la posibilidad del cultivo del maíz.
D ecoración lin eal (300-500 dC)
La gran Nicoya al parecer sigue fuera de Mesoamérica. En general, la base
económica y los patrones de asentamiento parecen idénticos a los del perio­
do anterior; es decir, hay un gran vínculo con el norte de Sudamérica.
Al final de este periodo se empieza a notar una población más abundante;
se aprecia gran importancia en el culto a los muertos; en las tumbas apare­
cen ricas ofrendas y se localizan jades mayas con decoración de glifos.

Periodo III
Sectores Norte y Sur (500/600-900/1000 dC)
Hacia los fines del Clásico mesoamericano, en Centroamérica aparecen los
primeros grupos náhuatl-pipil-teotihuacanos que se asientan no sólo en parte
de Guatemala (Kaminaljuyú, Tikal, Uaxactún), sino también en El Salvador y
33“Arqueología de la frontera sur de Mesoamérica”, p. 137.
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica 209

aún más al sur. Posteriores a esta migración hubieron otras, pero con fuertes
influencias de las culturas de El Tajín (véase figura 5), que trajeron consigo el
culto a Tláloc, Quetzalcóatl y Xipe Totee; estas últimas al parecer fueron más
agresivas.
En la parte alta de Centroamérica, de ocupación maya, se experimenta
fuerte influencia del centro de México; sobreviene un debilitamiento de la
elite, y se da un crecimiento del militarismo y una tendencia a establecerse
en los lugares más protegidos; se experimenta en términos generales un
decaimiento cultural.
Baudez34 dice que la zona periférica sufre la misma suerte que el área ma­
ya; las construcciones y la alfarería cesan casi repentinamente en Yarumela,
Tenampúa, Lo de Vaca y Los Naranjos, con excepción de Tazumal-Chalchua-
pa. No es nuestro interés llamar la atención sobre el colapso maya;35 sin
embargo, es interesante resaltar el fenómeno que se da en las periferias y la
repercusión que alcanzó.
La presencia maya al sur queda atestiguada por los jades encontrados en
Guanacaste (véase figura 6). La Fortuna en San Carlos y en Guácimo, uno de
los cuales tiene decoración de glifos de épocas muy tempranas, posiblemente
del 435 dC.36

Periodo IV (900/1000-1300 dC)


En el horizonte Posclásico (900/1000-1300 dC), la Alta Centroamérica y gran
parte de su porción baja tuvieron una capa exterior de cultura mexicana,
principalmente en los conceptos religiosos. La continua infiltración de pue­
blos del norte, muchos de los cuales no querían vivir bajo la dominación de
los olmecas históricos, fue responsable de ello, al menos parcialmente. Pero
hubo otros cambios en el Valle de México que trajeron como resultado, y a
la vez fomentaron, lo que podría llamarse “la mexicanización del istmo”, aun
del territorio de Nicoya Mayor. Tales cambios se reflejaron hasta cierto punto
aun en algunas culturas del occidente de Panamá. Después del 1100, México
Central de nuevo produjo cambios en toda la Alta Centroamérica, aunque
esta transformación se debió en parte a la reaparición de pueblos de cultura
náhuatl del istmo.37

34“Arqueología...”, pp. 140-141.


35Ochoa y Vargas, “El colapso maya, los chontales y Xicalango”.
^Thompson, “Informe sobre un disco de pizarra maya encontrado en Costa Rica”.
37Stone, P recolu m bian M an in Costa Rica, p. 119.
210 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

Figura 5. Hacha de Ahuachapán (Tajín), El Salvador


(redibujado de Stone, P recolom bian .. .)■

Figura 6. Influencia maya (placas de jadeita)


(redibujado de Stone, P reco lo m bia n . .., p. 109).
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica 211

Durante el Posclásico temprano, la Gran Nicoya entra en una fase de apo­


geo; la parte oeste del río Lempa de El Salvador es parte integrante de Meso­
américa. En Tazumal se encuentran numerosos elementos del horizonte
tolteca, originarios del centro de México: incensarios, vasos Tláloc, imágenes
de Xipe Totee (véase figura 7), juego de pelota en forma de I, estructuras
piramidales con escaleras y alfardas, etcétera.
Durante este periodo todas las culturas de Centroamérica alcanzan su
máximo apogeo; posiblemente se ha exagerado que se llegara a tal grado
de desarrollo debido a las invasiones de pueblos mesoamericanos, dejando a
un lado que dichos pueblos sacaron su mejor partido a partir de los contac­
tos. La cerámica de la Gran Nicoya se encuentra distribuida en casi todo El
Salvador; en Honduras por lo menos en el Valle de Comayagua, y en la
región del lago de Yojoa; aparece no sólo en Copán y en las tierras altas de
Guatemala, sino también hasta Tula.38 Baudez39 cree que la cerámica Papa­
gayo no sólo es hecha en Nicoya, sino que se debió de hacer en El Salvador
y Honduras, y que no todo es producto de comercio. La cultura monumental
de Nicaragua durante este periodo ofrece también un problema; algunos
autores la hacen derivar de una fuerte influencia mesoamericana. Sin embar­
go, se relaciona más bien con tradiciones panameñas o sudamericanas. Tanto
Nicaragua como la Gran Nicoya son un ejemplo de sincretismo, típico de una
zona fronteriza donde tradiciones distintas están en contacto. Con respecto a
la frontera mesoamericana durante esta época, Baudez40 nos dice lo siguiente:
No se puede trazar con precisión los límites de la extensión de Meso­
américa hacia el sur durante el Posclásico temprano. Si la mitad occiden­
tal de El Salvador es todavía más partícipe de la esfera mesoamericana que
en el pasado, y así Los Naranjos sigue en su seno, la situación se vuelve
más confusa hacia el sur. Debemos confesar que poco o nada sabemos de
El Salvador y de Honduras al este de una línea que une la desembocadu­
ra del Lempa con Comayagua. Por extrapolación del contenido de la fase
Amapola del Golfo de Fonseca, hemos supuesto que durante este periodo
todo el noroeste de Nicaragua formaba parte de la Gran Nicoya. Ésta sigue
siendo una zona fronteriza no mesoamericana, aunque más receptiva que
en el pasado a la influencia septentrionales. Esas conclusiones basadas en
los datos arqueológicos a nuestra disposición están en contradicción con
la hipótesis (Baudez, 1967) que hace coincidir los desarrollos del Policro-
38Diehl, “Toltec Trade with Central America, New Light and Evidence”.
ss^Arqueología...”, p. 142.
40“Arqueología...”, p. 143.
212 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

Figura 7. Xipe Totee (El Salvador)


(redibujado de Casasola, “Panoram a...”, p. 152).

mo medio con la migración Chorotega, pueblo netamente mesoamericano


(Chapman, 1960). Notemos al respecto que el cálculo de Thompson (1948)
y Jiménez Moreno (1955) - a partir del relato transcrito por Torquemada
que sitúa hacia 800 dC los principios de la migración chorotega desde el
Soconusco- descansa sobre bases no muy firmes; además, el relato no pre­
cisa la época de la llegada de este pueblo a Nicaragua.

Periodo V (1200-1525 dC)


La frontera sur de Mesoamérica se fija en el Golfo de Nicoya. Durante este
periodo hubo nuevas migraciones como las anteriores; éstas se hacen por el
corredor transitable que era la Costa del Pacífico, en donde han quedado
señales seguras de que fue la ruta predilecta de los movimientos migratorios
que llegaron posiblemente hasta Panamá. Según Torquemada,41 el grupo
náhuat-pipil-nicarao que proviene de México, se movía siguiendo una pro­
fecía que les ordenaba establecerse en el lugar donde hallasen una isla con
dos sierras altas redondas y que, al decir de ellos mismos, se cumplió cuando
encontraron la isla de Ometepe, Nicaragua (“Ometepe”, en náhuatl, significa
“dos montañas”).
Durante el reinado de Ahuízotl y de Motecuhzoma Xocoyotzin, continuó
la expansión hacia el sur; esta penetración se relacionó con el aspecto comer-
41M on arquía In d ia n a (libro m, cap. xl).
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica 213

cial y militar. A este tipo de penetración responde seguramente el enclave


náhuatl que hubo en Bagaces, Guanacaste, pues según el padre Estrada de
Rávago, en el siglo xvi vio soldados mexicanos.
Esa presencia continúa en la costa pacífica de Centroamérica, llegando
hasta Guanacaste en la península de Nicoya, en donde se utilizan algunas
palabras de origen náhuatl en el habla popular. No sólo el territorio maya,
sino la mayor parte del istmo, fue transitado por grupos de origen mexicano,
dejando huellas de su paso en algunos conceptos religiosos y lingüísticos
(véase figura 8).
Los chorotegas-mangue y los nicaraos ejercían el control sobre el área de
Nicoya. Sus tradiciones predominaban tanto en el arte como en la economía.
En el resto del territorio -noroeste de Costa Rica y el Pacífico de Nicaragua-
comparten muchos rasgos que muestran estrechas relaciones con las cultu­
rales de Chiriqui y Veraguas en Panamá. Durante el Posclásico la joyería fabri­
cada en Cocié (Panamá) se difundió hasta Oaxaca y los jades de Nicoya
llegaron a Chiriqui (véase figura 9).
En las fuentes históricas quedan muy claramente definidas las influencias
mesoamericanas. Se habla en ellas de la subsistencia, tipo de poblados, orga­
nización social, política y económica, vestidos, guerra, religión, vida sexual,
actividades y creencias en general; en fin, los cronistas relatan las principales
características de la influencia mesoamericana en estos pueblos.

Zona de tradición sudamericana


Esta zona comprende gran parte de Honduras y Nicaragua, casi todo el terri­
torio de Costa Rica, con excepción de la provincia de Guanacaste y Panamá.
Toda esta área no es bien conocida; adolece de investigaciones fragmen­
tarias, por ser hasta hace pocos años una región de difícil acceso.
Como dije, los vestigios más tempranos que existen en la región son las
puntas de proyectil “cola de pescado” de tradición sudamericana del Cerro
Mangote (4850 a 100 aC). A este periodo se le ha llamado Periodo I (P-2100 aC).
El Periodo II (2100-300 aC) comienza con la cultura de Monagrillo, que es
la cerámica más antigua conocida en el istmo. Los artefactos que aparecen
durante este periodo sugieren un mayor énfasis en la utilización de productos
vegetales, tanto de las plantas de recolección, como de las plantas cultivadas
por primera vez, como raíces y tubérculos.
El Periodo III (300 aC-300 dC) sólo está representado en Panamá y en el sur
de Costa Rica. El Periodo IV (300-500 dC), que se conoce con el nombre de
214 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

Figura 9. Oro de Costa Rica


(redibujado de Stone, P reco lo m bia n ...).

Cultura de Barriles, se encuentra tanto en Panamá como en Costa Rica; a


decir de los investigadores, no se le ha prestado la atención que amerita. Las
diferencias que se encuentran en los enterramientos sugiere la diferenciación
en rangos y el inicio de los especialistas en artesanías.
El Periodo V (500-800 dC) incluye Playa Venado y Curridabat. Se carac­
teriza sobre todo por el tipo de enterramientos; se encuentra tanto en Panamá
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica 215

como en Costa Rica hasta el noreste de Honduras. Al hablar de la costa atlán­


tica de Costa Rica y Nicaragua, Fonseca nos dice que durante este periodo
se consolidan las sociedades cacicales que posteriormente van a encontrar
los conquistadores; existe un desarrollo grande en la región.
El Periodo VI (800-1525 dC) se caracteriza sobre todo por su cerámica,
orfebrería y escultura.
Toda esta región al parecer fue poblada por etnias de tradición sudameri­
cana, pertenecientes al tronco macro-chibcha. En cuanto a los datos arqueo­
lógicos se tienen mazorcas de maíz carbonizadas provenientes de la raza
sudamericana Pollo; además se sabe que comieron la yuca y el pejibaye, ali­
mentos típicos del sur.
Especies corrientes de flora y fauna de los grandes bosques tropicales
sudamericanos se extienden al norte y a lo largo del este de la América Cen­
tral, hasta el interior de Honduras, en un enlace biòtico casi ininterrumpido.
El hombre formó parte de esta biota, y no se extrañaría encontrar que sus
tradiciones en cuanto al uso de terrenos, la adquisición de recursos, la tec­
nología artesanal y hasta la organización social se parezcan entre sí a lo largo
de toda esta zona ambiental.42
A veces es difícil precisar si las similitudes son derivaciones de una misma
raíz o si deben ser consideradas en términos de influencia. Todo parece
indicar que existe un origen común y luego sobreviene una época en que se
generan estilos locales.

Conclusión
Los estudios realizados para Centroamérica no han sido sistemáticos; existen
buenas investigaciones para Guatemala, Honduras, Costa Rica y Panamá, un
poco menos para El Salvador y Nicaragua. De ahí la imposibilidad de hacer
una valoración adecuada del tema.
En cuanto a las periodificaciones, tal vez las más aceptadas sean la de
Baudez y la de Stone, que tratan de hacer síntesis de toda la región; también
son muy utilizados los términos de Clásico y Posclásico con sus subdivi­
siones. Empieza a tener mucha aceptación la terminología utilizada por Sano-
ja y Vargas para Venezuela, y aplicada para Panamá, Costa Rica y Nicaragua
por Fonseca.43

42Snarskis, “Excavaciones estratigráficas en la vertiente atlántica de Costa Rica”, p. 15.


“Historia antigua del Caribe, de Panamá, Costa Rica y Nicaragua”, p. 29.
216 Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica

Desde el modo de vida semicultor (300 aC-500 dC) encontramos una pro­
ducción agrícola que había incorporado los productos asociados a la misma.
La presencia comprobada del maíz avanzado y del frijol sugieren la práctica
del policultivo propio de este complejo, el cual incluye a las calabazas;
aunque la evidencia obtenida para este periodo es escasa, apunta hacia el
origen de la sociedad de rangos. El modo de vida siguiente será el cacical, al
que hemos dividido en dos partes, ya que los cientos de años involucrados
y la evidencia recuperada, parecen indicar un proceso de consolidación y
aumento en complejidad del modo de vida. El cacicazgo que los españoles
encontraron parece haber sido, definitivamente, diferente al de los primeros
tiempos.
Es comúnmente aceptada la división del istmo centroamericano en dos
sectores, cuyas influencias son la mesoamericana y la sudamericana, inclu­
yendo en la actualidad también la influencia del Caribe. Entre las influencias
del sector norte se enumeraron la de los olmecas, que jugaron un papel direc­
to en el desarrollo de algunas culturas de Centroamérica durante el Preclásico
medio. Posteriormente la región va a vivir a la sombra de la cultura maya.
Nicaragua y Costa Rica constituyen una frontera entre ambas influencias
y se desarrollan culturas autónomas. La situación cambia en el siglo ix con la
llegada de los chorotegas y los nicaraos; entonces se llega al apogeo, existe
un aumento de la población, se desarrolla la artesanía, se crean estilos nue­
vos y se extienden las relaciones comerciales.
Algunas de las influencias del sector de tradición sudamericana podrían
ser el consumo de la yuca, el pejibaye, un tipo de maíz de origen sudameri­
cano, sacrificio por decapitación, metates en forma de jaguar, cabezas-trofeo
y algunos tipos de escultura. En la metalurgia también se da una influencia
importante. Por último en la cerámica se encuentran dos tradiciones: una del
norte de Colombia y otra de Venezuela.
La frontera fue variando con el transcurso del tiempo. Una de ellas podría
localizarse en Honduras a lo largo de la frontera con Guatemala; abarca una
estrecha faja e incluiría El Salvador, al oeste del río Lempa. Ésta siempre ha
sido parte de la esfera mesoamericana. La segunda comprende el oriente de
El Salvador, el occidente de Honduras y el noroeste de Nicaragua. Y, por últi­
mo, la tercera, que abarcaría el noreste de Honduras y la parte sur de la Gran
Nicoya (Nicaragua y península de Nicoya en Costa Rica).
Aunque se reciben influencias del norte, del sur y del Caribe, a veces es
difícil distinguirlas; no son simples herederas de esas culturas, sino que apro­
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica 217

vechan y crean sus propias manifestaciones culturales. La región centro­


americana estuvo sometida a una fuerte influencia de Mesoamérica, de Suda-
mérica y del Caribe; los estímulos se sienten en forma directa en muchos
aspectos, pero también hay que tener en cuenta que, a través de Centro-
américa, Mesoamérica recibe estímulos del sur no sólo en la cerámica, sino
también en otros aspectos que se deberían tener en cuenta para explicar el
pasado de la región.

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La frontera meridional 
de Mesoamérica
Ernesto Vargas Pacheco*
Introducción
La posición geográfica de Centroamérica es singul
192
Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica
pueblos. En periodos posteriores, muchas de las culturas localizadas pueden 
esta
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica
193
Superior, tales como el mamut, el camello y el perezoso. L
194
Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica
zados y la ausencia de oclusivos velares labializados, con lo cual se prueba 
esa
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica
195
relatos de los primeros conquistadores, los cronistas espa
196
Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica
En Nicaragua trabajaron arqueólogos europeos y americanos tales como 
Squier (185
Ernesto Vargas Pacheco • La frontera meridional de Mesoamérica
197
Copán entre 1976 y 1978. Le siguen ahí el mismo Baudez y S
198
Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica
ambos se encargan de las investigaciones arqueológicas. Durante este periodo 
apa
Nueva
Antigua
periodización
regional
Años
calen-
dáricos
FASES ARQUEOLÓGICAS
Años
calen-
dáricos
periodización 
para América
200
Mesoamérica, Oasisamérica y Aridamérica
Periodo IV (900/1000-1300 dC).
Sector Norte (950-1200 dC): Influencias mexicanas.

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