0% encontró este documento útil (0 votos)
30 vistas7 páginas

Documento

1) El documento describe la evolución del periodismo desde sus orígenes como un oficio en la época del Renacimiento hasta convertirse en un importante sector económico en las sociedades occidentales modernas. 2) Una figura clave en los orígenes del periodismo fue Pietro Aretino en el siglo XVI italiano, quien recopilaba y vendía información escandalosa de manera periódica. 3) Con el tiempo, la información se fue convirtiendo en un factor de poder político, social y económico, dando lugar a la consolidación del

Cargado por

miroslavamaya111
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
30 vistas7 páginas

Documento

1) El documento describe la evolución del periodismo desde sus orígenes como un oficio en la época del Renacimiento hasta convertirse en un importante sector económico en las sociedades occidentales modernas. 2) Una figura clave en los orígenes del periodismo fue Pietro Aretino en el siglo XVI italiano, quien recopilaba y vendía información escandalosa de manera periódica. 3) Con el tiempo, la información se fue convirtiendo en un factor de poder político, social y económico, dando lugar a la consolidación del

Cargado por

miroslavamaya111
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LOS MEDIOS Y EL DESARROLLO DE LA SOCIEDAD OCCIDENTAL

Por JESUS TIMOTEO ÁLVAREZ

El periodismo fue inicialmente un oficio. Hoy es un sector econó- mico de notable peso en las
economías occidentales. De esa evolución habla este libro.

Visto desde la actualidad, el periodista es un profesional de la in- formación y el periodismo un


campo de actividad no del todo bien de- finido, que trabaja en un sector de actividad
absolutamente presente en la vida de todos los ciudadanos. Se considera periodista quien trabaja
en un informativo de radio o de televisión, pero también se presenta y define como periodista
quien conduce un programa basura o quien se dedica a comentarios en la prensa del corazón o
quien es responsable de un departamento de prensa en una mediana empresa. La evidente y
común confusión es consecuencia del enorme empuje del sector y de la aceleración reciente de su
peso social que ha llevado a considerar como periodismo, en un concepto lato y genérico, todas
aquellas actividades que se mueven en torno a los medios convencionales (prensa, radio, te-
levisión) y hasta Internet. Considero por ello que tiene interés para quienes se introducen en la
historia del periodismo dejar lo más claro posible algunos conceptos elementales.

La comunicación social ha existido desde siempre porque se trata de aquellas fórmulas en que las
sociedades se las arreglaron para codificar primero y transmitir después principios básicos de
supervivencia e iden- tificación y para, en una segunda fase, justificar primero y mantener des-
pués la organización del poder. Por eso, identificada con la religión o con la guerra o con la política
o con la proyección de imágenes y monedas o con el arte y el teatro o con manifestaciones
populares, es fácil rastrear-

La desde los orígenes mismos de todas las sociedades humanas. El periodismo es una de esas
fórmulas y además relativamente mo- derna. Otras fórmulas igualmente recientes son, por
ejemplo, la publici- dad o el marketing directo o el cine o las actividades promocionales u otras
varias. En los manuales de historia de cada una de estas formas de comunicación se pueden
encontrar antecedentes muy lejanos: de la pu- blicidad en Roma o en Grecia, del marketing
personalizado en el entor- no de los prohombres romanos, del periodismo en Tucidides o en los su-
brostrani romanos, pero no conviene exagerar en precedentes. La mayor parte de las formas de
comunicación son de hace pocos siglos, muchas de ellas apenas tienen cien años hasta el punto de
que, entre todas las que ahora están en el mercado, el periodismo es probablemente la más
antigua.

Un oficio con características bien definidas desde el principio


En sentido estricto, por periodismo se ha entendido aquella actividad consistente en recabar
informaciones, seleccionarlas, procesarlas, reco- gerlas en un soporte y ofrecerlas-todo ello de
modo periódico y de ahí el nombre a un postor o comprador o público. Es por tanto una acti- vidad
abierta que trabaja con la información, entendida ésta en el senti- do más amplio posible. Con toda
seguridad existieron en Roma y en el Imperio romano individuos que se ganaron la vida recogiendo
y ven- diendo información o ejerciendo de informadores privados para perso- nalidades de primer
orden (las cartas a Cicerón suelen siempre citarse como ejemplo), pero el periodista es
fundamentalmente un hombre del Renacimiento. Cuando de forma ordenada, seriada, en oferta
pública, con precio, cuando aparecen aquellos factores más elementales de esta forma específica
de comunicación es en torno a las hojas a manos (fo- gli a mano), avisos, gacetas y precios
corrientes entre el trecento y el cinquecento italianos, es decir, en el primer Renacimiento.

No sólo se conservan referencias explícitas de todos esos productos informativos citados, sino que
existe, desde los siglos XIII/XIV hasta nues- tros días, una continuidad lógica en la actividad
periodística y una evo- lución controlable e inteligible.

Ludovico Ariosto incluye entre los grandes hombres del Renaci- miento a Pietro Aretino
(1492-1556). Lo definió como azote de princi- pes porque, siendo hijo de zapatero y enteramente
autodidacta, utilizó su capacidad y fluidez literaria para ofrecer noticias en avvisi y en cartas, que
interesaban a todo el mundo porque eran con frecuencia escandalo- sas. Operó al servicio de
varios príncipes -el más conocido de todos el rey francés Francisco 1-y, mediada su vida, se instaló
en Venecia para publicar y vender colecciones periódicas de sus cartas y avisos. Parale- lamente se
ocupaba de la proyección pública de algunos interesantes amigos como Tiziano, quien nos ha
dejado a Aretino suficientemente retratado.

No es el primer productor de avisos ni de fogli a mano, pero es, sin duda, un ejemplo considerado
por sus coetáneos como «hombre del Re- nacimiento al nivel de Maquiavelo, Savonarola o
Castiglione. Y, como exponente de primer orden, recoge mejor las características primigeniasde lo
que consideramos el oficio del periodismo: recopilaba información, con frecuencia informaciones
escandalosas (desconocemos si suficiente- mente contrastadas), las editaba periódicamente en
cartas o avisos has- ta el punto de ser temido por ello, y las vendía; trabajó al servicio de prin- cipes
y poderosos, y mantenía a pesar de ello una notable independencia (cambiaba con frecuencia de
patrocinador); promocionó además -era su compromiso con el pintora Tiziano, quien, a cambio, lo
ha inmor- talizado en sus retratos.

Son los rasgos básicos que el periodismo ha mantenido en líneas ge- nerales hasta nuestros días:

1. Opera con informaciones y comentarios (interpretación) a las mismas.


2. Debe tener rasgos llamativos, incluso escandalosos, para suscitar el interés del público, de
compradores y de patrocinadores.

3. Afecta a la vida pública, al poder, a sus juegos y su reparto, y tie- ne la capacidad de


entrometerse en esos intereses y aprove charse de ellos.

4. Se elabora proporcionalmente en forma de productos concretos y en soportes tecnológicamente


viables.

5. Se vende de modo regular y periódico a compradores y a patro-cinadores.

6. Tiene la capacidad de promocionar ideas, personas, servicios o bienes.

La información, entendida desde esas perspectivas reseñadas, se va introduciendo como factor de


poder político, social y económico en la so- ciedad occidental de forma lenta pero ineludible a
partir de entonces, hasta llegar, con los siglos, a convertirse en un sistema complejo y en un
supersector económico.

Esa penetración u ocupación de espacio social y de poder evoluciona paralelamente desde


objetivos e intereses complementarios en las sucesi-vas eras históricas que corren en Occidente
desde el Renacimiento hasta nuestros días. Por una parte, los intereses de los gobernantes que
tienen por objetivo el control social e ideológico y la justificación más o menos pactada, según
épocas, del poder. De otra parte, los intereses de agentes económicos que necesitan de la
información para sus actividades, tran-sacciones y comercio, necesitan de los medios de
información para la presentación y promoción de sus productos o servicios, y necesitan de los
medios de información para posicionarse y presionar ante los poderes po-líticos. En tercer lugar,
los intereses de actores y activistas ideológicos que vieron en la imprenta y sus producciones,
desde los tiempos de la reforma luterana, un instrumento imprescindible de identificación y
promoción de sus creencias e ideas. Finalmente, los intereses de lectores y seguidores de los
medios, que encontraban en ellos un instrumento a veces de educación y aprendizaje, y más
frecuentemente de ocio y entretenimiento.

Es así como la información genera un ámbito social, al que llega en forma de productos (avisos,
gacetas, periódicos, revistas, etc.) que afectan e interesan a múltiples sectores de población y
segmentos po- líticos, económicos o sociales. La información son noticias, rumores, historias más o
menos verídicas, interpretaciones, lecturas, grabados e imágenes: son panegiricos, relaciones y
crónicas de grandes aconteci- mientos; pueden ser libelos y con el paso del tiempo son boletines
de agencia, sonidos, imágenes y multimedia. Cumplen en su entorno, en las sociedades
occidentales, funciones de primer orden, de superviven- cia, de fijación de códigos de
comportamiento, de justificación del po- der, de intermediación económica, de territorio de
evasión y ocio, fun- ciones tan necesarias e importantes siempre como tradicionalmente lo han
sido el pan o la sal, por ejemplo.
Esta trascendental importancia de la información y sus productos lle- va muy pronto a una
categorización de los mismos y a que se vean afec- tados desde los origenes por la situación
política, por el desarrollo tec- nológico, por los materiales y capacidades de producción, de
distribu- ción, de precio y venta, por el juego de los agentes interesados y por el

Mercado final de consumidores, usuarios o receptores. Con el tiempo terminan por configurarse
en un sistema, es decir, en una estructura organizada y operativa dentro de la correspondiente so-

Ciedad. Este sistema se manifiesta y desarrolla en torno a:

1. Diferentes categorías de productos y servicios informativos.

2. Una estructura de captación de informaciones (materia prima), Producción, uso de


tecnología, distribución y venta. 3. Un mercado creciente en número y complejidad.

4. Un territorio espacial y un marco político definido por los gobernantes.

2. Líneas de evolución del periodismo

Sin intención de presentarlas de forma exhaustiva, efectuaremos un breve repaso a esas cuatro
mencionadas líneas de evolución del periodismo.

2.1. CATEGORÍAS DE PRODUCTOS Y SERVICIOS INFORMATIVOS

Hacíamos anteriormente una relación de las fuerzas sociales intere- sadas en el fenómeno del
periodismo. Indicábamos que la información y su utilización eran de interés para los gobernantes,
para los agentes eco- nómicos, para actores y activistas ideológicos, para el públi caba ilustración y
para el público que buscaba ocio. us Esas cuatro líneas o ámbitos de acción definen desde et cipio

Hasta nuestros días cuatro categorías básicas de productos periodísticos:

publicaciones de los gobiernos; medios de información económica y pro- fesional; productos


radicales de movilización social; productos popula- res de entretenimiento.
Los gobiernos saben desde Maquiavelo (tal vez incluso desde Julio César o El arte de la guerra de
Tzun Tzu) que la información, los perió- dicos o sus herederos son un valiosísimo instrumento de
unificación ideológica y política, un instrumento fundamental de control social y el más valioso
medio de justificación de las actitudes del poder, y en con- secuencia del poder mismo. Por ello, al
margen del sistema político vi- gente, todos los gobernantes anhelan, necesitan y-si pueden-
ejercen un riguroso control sobre la información y sus medios. En los estados modernos y
absolutos no había dudas: pusieron en pie una organización afianzada sobre la censura previa, el
monopolio de edición y la policía política para perseguir a los disidentes. Se cuidaron de crear
medios políticos (las gacetas), medios de entretenimiento (los mercurios) y me- dios de ilustración
y ciencia (los diarios de los sabios o similares).

Los periódicos políticos y de activismo ideológico siguieron desde los origenes hasta nuestros días
un camino paralelo a las dos categorías ante- riores. En los más duros momentos del absolutismo,
de la Inquisición y de las guerras de religión, en los siglos XVI y XVII, existieron movimientos y
periódicos, naturalmente clandestinos, de oposición. La reforma lute- rana marcó el camino. Lutero
fue también en este sentido un genio y un maestro. Aceptó el oficio de escribir como una misión
apostólica com- plementaria de la predicación, segmentó sus escritos y los orientó a las diferentes
capas sociales (nobles, clérigos, campesinos) según el interés del momento. Utilizó todos los
géneros, desde el lenguaje académico a la polémica, la sátira, el grabado, el libelo escrito y en
imágenes. Conside- ró siempre que la imprenta era un regalo divino», «el más grande, el úl timo
don de Dios, cuyo fin primordial no era tanto la transmisión del saber sino prensar al papados, en
expresión que le gustaba repetir. No había duda ya, hacia 1600, de que los impresos y periódicos
hacían un importante daño a los poderes consolidados (monarquía y papado) y por eso las
publicaciones de cariz político se van convirtiendo en el eje de todo el movimiento liberal.
Pasquines editados en Holanda (-hojas ho landesas) recorrían toda Europa, como lo habían hecho
primero los cantares, sátiras y grabados en las guerras de religión; el siglo XVII inglés es definido
como siglo de las luchas por la libertad de expresión», por- que esa libertad, la de escribir, editar y
distribuir, se convirtió en la pri- mera y abanderada de las reivindicaciones de la burguesia liberal.

En Inglaterra, en la Norteamérica inglesa y después en el continente europeo, esa libertad de


opinar abiertamente orienta y guía toda la con- solidación de los estados nacionales a lo largo del
siglo XIX. Su producto más evidente es la prensa politica o prensa de partido. En similitud con la
prensa gubernamental desarrollada en siglos anteriores, la prensa de partido opera
monopólicamente en su ámbito de influencia, casi con las mismas características, obligada a crear
cuerpo doctrinal, a promover la organización y a terminar con los oponentes externos y aún
más-in- ternos. Existirá siempre, por tanto, una prensa oficial u oficiosa ligada a los grandes
partidos y a las grandes organizaciones que, en modo simi- lar a los partidos, tengan interés en
afianzar su presencia política o en ocupar un espacio social y público visible.

Finalmente están los intereses de lectores y seguidores de los medios. Durante siglos, los únicos
productos de la imprenta que interesaban a la gente común eran libros religiosos y almanaques.
Les enseñaban a ser buenos y piadosos y a predecir el tiempo y las cosechas. Pero, poco a poco,
fueron también dando entrada a otros aspectos. Las vidas de san- tos no sólo eran guía espiritual y
modelo, eran también fastuosas histo- rias a veces de terror, a veces de amor y odio, a veces de
sexo y violen cia, siempre de pasión. Los almanaques fueron dando pie a ideas nuevas, menos
dependientes del azar y más de la razón, menos de la astrologia y más de las máquinas, menos de
la providencia y más de la previsión y del raciocinio. Por eso, cuando las gentes del pueblo llano y
campesino conocen las revoluciones del siglo XVIII saben ya que los periódicos son útiles para dos
cosas fundamentales: una es aprender a leer, conocer ide- as nuevas, conocer el lenguaje de los
tiempos nuevos, de la era de la ra- zón, y poder así escalar en la pirámide social y conseguir que
sus hijos vivan mejor, es decir, leer, razonar y educarse para promocionarse; la otra tiene que ver
con el ocio y las pasiones: los periódicos les dan versiones laicas y menos pacatas de historias de
amor, sexo, violencia, venganzas, todo lo que siempre ha llenado las horas muertas de los seres
humanos soñadores y capaces de superar su realidad con otras imaginadas.

Los periódicos respondieron a esas necesidades desde principios del siglo XIX. Sucesivas
generaciones de medios populares, llamados desde fi- nales de ese siglo periódicos de masas, han
ido perfeccionando formatos y contenidos para adaptarse a las exigencias variables y a las
expectati- vas de su público. Es otra categoría inevitable, que siempre existirá, la de medios
dedicados a remover pasiones, instintos y demandas básicas de los seres humanos.

2.2. TECNOLOGÍA Y SISTEMAS DE ORGANIZACIÓN

Tal vez por ser un producto del Renacimiento, el periodismo va inti- mamente ligado a la
innovación. Sólo sobrevive en las fronteras del desa- rrollo y adaptándose a las mejores
posibilidades de organización de cada momento. La razón está en que se trata al fin y al cabo de un
producto intangible (información) no fácil de vender y que por tanto sólo puede evolucionar en las
mejores condiciones de eficacia, de coste económico y de rentabilidad en los tres espacios que le
son propios: el político, el eco- nómico y el social. La historia del periodismo es así la historia de
una adaptación a las innovaciones de cada momento en tecnología, en pro- ducción, en
distribución, en venta y en entendimiento del mercado.

El periodismo se ha movido tecnológicamente al compás de las grandes novedades técnicas del


mundo occidental. Primero fue la im- prenta (recuérdese lo que había significado para Lutero), que
revolu- cionó todo el sistema de producción y distribución del conocimiento y dio lugar a la
primigenia industria cultural: la venta de libros y perió- dicos. Más tarde, antes de 1800, fue la
aplicación del vapor a la pro- ducción impresa lo que permitió ir pasando de pequeñas tiradas
diarias menores de mil ejemplares a tiradas diarias de más de dos millones en menos de cien años.
Todo ello unido a las innovaciones en industrias auxiliares como el papel, la tinta, la maquinaria y el
empaquetado. Des- pués fueron el telégrafo y los cables submarinos que, para 1880, habían
conseguido crear un sistema informativo mundial, moviéndose en tor- no a las cuatro grandes
metrópolis de entonces (Londres, Paris, Berlin y Nueva York). Luego fue la electricidad y la
ininterrumpida serie de posibilidades que abrió: el teléfono, el cinematógrafo, la radio, la dis-
cografía, la televisión, etc., hasta el día de hoy.

También podría gustarte