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Guía de Tributos y Clasificación

Este documento define y clasifica los diferentes tipos de tributos que puede establecer un Estado, incluyendo impuestos, tasas y contribuciones. Explica que los impuestos son prestaciones en dinero que el Estado exige de forma unilateral para cubrir gastos públicos, sin que exista una contraprestación directa para el contribuyente. Se clasifican los impuestos en directos e indirectos, ordinarios y extraordinarios, entre otros. Finalmente, analiza los efectos económicos que pueden generar los impuestos, como la percusión directa sobre el contribuyente o la tr

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Guía de Tributos y Clasificación

Este documento define y clasifica los diferentes tipos de tributos que puede establecer un Estado, incluyendo impuestos, tasas y contribuciones. Explica que los impuestos son prestaciones en dinero que el Estado exige de forma unilateral para cubrir gastos públicos, sin que exista una contraprestación directa para el contribuyente. Se clasifican los impuestos en directos e indirectos, ordinarios y extraordinarios, entre otros. Finalmente, analiza los efectos económicos que pueden generar los impuestos, como la percusión directa sobre el contribuyente o la tr

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Impuestos, tasas y contribuciones

Introducción
El Estado posee potestad tributaria para crear, modificar o suprimir unilateralmente tributos. Es la
facultad de generar normas a través de las cuales puede obligar a las personas sometidas a su
competencia, para que le entreguen una porción de sus rentas o patrimonios con la finalidad de
atender necesidades públicas. Para ello, se vale de los diferentes tributos como principal recurso
público.

1. Los tributos. Definición y clasificación


Tal como menciona Villegas, los tributos son “las prestaciones en dinero que el Estado exige en
ejercicio de su poder de imperio en virtud de una ley y para cubrir los gastos que demanda el
cumplimiento de sus fines” (1999, p. 67).
a) Prestaciones en dinero: es una característica de la economía monetaria que las prestaciones
sean en dinero y no en especie (excepto en México y Brasil).
b) Exigidas en ejercicio del poder de imperio: el elemento indispensable del tributo es la coacción,
la cual se manifiesta en la prescindencia de la voluntad del obligado en cuanto a la creación del
tributo que le será exigible, es decir, de forma unilateral.
c) En virtud de una ley: no puede existir un tributo sin una ley que lo establezca, es un límite
formal a la coacción. La norma tributaria es una regla hipotética cuyo mandato se concreta
cuando se cumple la circunstancia fáctica condicionante prevista en ella como presupuesto de la
obligación, lo que se denomina como hecho imponible, su acaecimiento trae como consecuencia
que el contribuyente deba pagar al Estado la prestación tributaria de acuerdo con su capacidad
contributiva.
d) Para cubrir los gastos que demanda el cumplimiento de sus fines: el objetivo del tributo es
fiscal, su cobro se fundamenta en la necesidad de obtener ingresos que permitan satisfacer
necesidades públicas. También, puede perseguir fines extrafiscales, ajenos a la obtención de
ingresos (por ejemplo, los impuestos aduaneros protectores, impuestos para el desaliento o
incentivo de ciertas actividades, etcétera).
De acuerdo con la clasificación más aceptada por la doctrina y el derecho positivo, los tributos se
dividen en:
Impuestos: el hecho imponible no se vincula con ninguna actividad estatal referida al
contribuyente que los paga. Estos pueden ser directos e indirectos, internos y externos,
coparticipables o no y nacionales y provinciales.
Tasas: el hecho imponible se vincula con la prestación de un servicio público por parte del
Estado y se vincula con el contribuyente sin necesidad de que este último se beneficie en
virtud de su prestación.
Contribuciones especiales: el hecho imponible se relaciona con beneficios que los
individuos o grupos sociales de los que forma parte el contribuyente reciben por la
realización de obras estatales.

Sin embargo, la clasificación más perfecta jurídicamente es la que divide a los tributos en:
Tributos vinculados: el hecho imponible está definido de manera tal que consiste en una
actividad o gasto a cargo del Estado que de alguna forma se particulariza en el obligado o incide
en su patrimonio. A su vez, existe una disparidad dentro de los tributos vinculados.
a) Tasas: la obligación surge ante la simple individualización de una actividad administrativa o
jurisdiccional del Estado con respecto al sujeto obligado, sin que jurídicamente interese su
requerimiento del servicio ni el beneficio que deriva de él.
b) Contribuciones especiales: existe una actividad o gasto estatal generador de un beneficio para
el obligado y esa actividad rentable opera como hecho imponible del tributo.
Tributos no vinculados: tal es el caso de los impuestos, donde no existe conexión del obligado
con ninguna actividad estatal que se singularice respecto a él o que lo beneficie. El hecho
imponible consistirá en una circunstancia o situación que, de acuerdo con la valoración del
legislador, tenga aptitud como índice de capacidad contributiva.

Tipos de tributos
Impuestos
Concepto
Villegas define al impuesto como “el tributo exigido por el Estado a quienes se hallan en
situaciones consideradas por ley como hechos imponibles, siendo estos ajenos a toda actividad
estatal relativa al obligado” (1999, p. 72).
En tanto que, García Vizcaíno define a los impuestos como
Toda prestación obligatoria, en dinero o especie, que el Estado, en ejercicio de su poder
de imperio, exige, en virtud de una ley, sin que se obligue a una contraprestación respecto
del contribuyente, directamente relacionada con dicha prestación. Es decir, hay
independencia, entre el pago del obligado y toda actividad estatal relativa a este. (1996, p.
67)
Naturaleza jurídica
El fundamento jurídico de los impuestos está totalmente apoyado sobre el poder de imperio del
que goza el Estado, es decir, la potestad tributaria que le fue concebida por la misma Constitución
Nacional, a través de la cual puede exigir coactivamente el pago a los ciudadanos con el objetivo
de cumplir su fin, que es satisfacer las necesidades públicas.
Fundamentos ético-políticos
La doctrina financiera ha deseado desde siempre hallar las bases ético-políticas que justifiquen la
imposición por parte del Estado. Algunas de ellas son las siguientes:

Teoría del cambio o precio de cambio: los impuestos se asemejan a precios o


contraprestaciones que se pagan por los bienes y servicios públicos otorgados por el
Estado.
Teoría de la prima de seguro: los impuestos se asimilan a las primas de seguro que pagan
quienes poseen bienes para que el Estado garantice la seguridad de los bienes y las
personas.
Teoría de la distribución de la carga pública: sostiene que la obligación impositiva es el
resultado de la solidaridad social que todos los habitantes de un país deben tener para
sostenerlo, conforme a su capacidad contributiva.

Clasificación
Los impuestos pueden clasificarse en:

Ordinarios y extraordinarios: esta distinción se refiere a la periodicidad o perdurabilidad de


los impuestos dentro del sistema tributario. Los impuestos ordinarios son aquellos que
tienen vigencia permanente, es decir, sin límite de tiempo en cuanto a su duración. En
cambio, los impuestos extraordinarios son aquellos transitorios o de emergencia, que tienen
un lapso determinado de duración.
Personales o subjetivos y reales u objetivos: son impuestos personales aquellos que tienen
en cuenta la especial situación del contribuyente, valorando todos los elementos que
integran el concepto de su capacidad contributiva. Por ejemplo, la imposición progresiva
sobre la renta global que tiene en cuenta situaciones como las cargas de familia, el origen
de la renta, etc. Por otro lado, los impuestos reales, consideran en forma exclusiva la
riqueza gravada con prescindencia de la situación personal del contribuyente. Así, por
ejemplo, los impuestos a los consumos o el impuesto inmobiliario.
Fijos, proporcionales, progresivos y regresivos: los impuestos fijos son aquellos en los
cuales se establece una suma invariable por cada hecho imponible, cualquiera que sea el
monto de la riqueza involucrada (por ejemplo, las patentes fijas por el ejercicio de algún
comercio, industria, profesión, etc.). Por su parte, los impuestos proporcionales son tributos
en los cuales la alícuota aplicable a la base imponible permanece constante (en la
Argentina, el impuesto a las ganancias que recae sobre las sociedades de capital, el IVA,
etc.).

Los impuestos progresivos son los establecidos con una alícuota que crece según aumenta la
base imponible o que se eleva por otras circunstancias, según categorías. En cambio, en los
impuestos regresivos, la alícuota es decreciente a medida que aumenta el monto imponible. Se
debe distinguir la progresión a los efectos de establecer la cuantía de un impuesto, de la eficacia
progresiva de ese impuesto en relación con la distribución de la renta nacional entre diferentes
grupos de contribuyentes.

Directos e indirectos: los impuestos directos son aquellos impuestos que los soportan
quienes los pagan, no pueden traspasar su carga a otra persona. Son eminentemente no
trasladables. Diferente de los que ocurre con los impuestos indirectos, en donde el
contribuyente de iure no es el que realmente soporta la carga, si es que puede, desde el
punto de vista económico, trasladárselo a otros (por ejemplo, el IVA). Son definitivamente
trasladables.

De acuerdo con la legislación impositiva argentina, los impuestos pueden clasificarse en:
Impuestos directos: se aplican sobre la renta o patrimonio del contribuyente de forma directa. Los
impuestos vigentes de este tipo son los siguientes:

impuesto a las ganancias


impuesto sobre los bienes personales
impuesto a la ganancia mínima presunta
impuesto a la transferencia de inmuebles

Impuestos indirectos: quien soporta la carga del impuesto es una persona diferente al
contribuyente titular de este. Actualmente, estos son los siguientes:

impuesto al valor agregado


impuestos internos
impuestos sobre los ingresos brutos
Efectos económicos
El establecimiento de un impuesto por parte del Estado puede generar diversas conductas en los
contribuyentes. De acuerdo con Villegas (1999), entre los diferentes efectos económicos de los
impuestos se encuentran:
Percusión: es el acto por el cual el impuesto recae sobre el contribuyente de jure, es decir, aquel
que por estar contenido en el hecho imponible debe pagar por designación y coacción legislativa.
En este caso, el contribuyente de jure (aquel que la ley designa como responsable del ingreso del
tributo al fisco) coincide con el contribuyente de facto (quien soporta la carga impositiva); es decir,
que el contribuyente percutido es también el incidido, ya que no se verifica traslación del
impuesto.
Traslación: es el fenómeno por el cual el contribuyente de jure consigue transferir la carga
impositiva a un tercero (contribuyente de facto) mediante la subida del precio, la cuantía del
tributo, de modo que se libera del peso del impuesto. Esta transferencia está regulada por la
economía y se efectúa prescindiendo de disposiciones legales que habiliten el traspaso del
impacto del tributo.
Se trata de un efecto económico, pero no jurídico, dado que se traslada la carga económica y no
la obligación tributaria. Es decir, el Estado iniciará acciones para gestionar el cobro sobre el
impositor de jure y no contra el de facto, debido a que no tiene ningún tipo de nexo con este
último.
Los complejos fenómenos de la traslación no siempre suceden de igual manera, sino que existen
diversas formas de traslación:

Traslación hacia adelante, hacia atrás y oblicua: la traslación hacia adelante (protraslación)
es la que sigue la corriente de los bienes en el circuito económico. Ocurre comúnmente
cuando el productor transfiere el impuesto a través de un incremento de precios.
La traslación hacia atrás (retrotraslación) sigue el proceso inverso a la corriente de bienes
en el circuito económico. Sucede, por ejemplo, cuando el vendedor que compra una
mercadería o el industrial que adquiere una materia prima gravada por un impuesto
consigue de su proveedor una reducción del precio como indemnización del impuesto.
La traslación oblicua o lateral acontece cuando el contribuyente de jure transfiere la carga
impositiva a sus proveedores o compradores diferentes a aquellos que fueron gravados con
el tributo.
Traslación simple o de varios grados: la traslación simple ocurre en una sola etapa, por
cuanto una persona traslada a otra el peso del impuesto y es esta última quien sufre la
respectiva carga. Diferente es la traslación de varios grados, en donde la segunda persona
le transfiere la carga impositiva a una tercera persona, esta a una cuarta y así
sucesivamente.
Traslación aumentada: el sujeto de jure traslada el impuesto con exceso incrementando sus
beneficios, es decir, se vale del impuesto para aumentar sus ganancias que, por lo general,
no son minuciosas y dependen de las condiciones del mercado.

Incidencia: este hecho significa la carga efectiva del impuesto que grava al contribuyente de facto
o definitivo. Puede darse por vía directa (al igual que en la persecución, el contribuyente de jure
es el incidido) o bien por vía indirecta (del mismo modo que el fenómeno de la traslación, el
contribuyente de jure transfiere el peso del tributo a otro sujeto incidido, quien verdaderamente
padece el sacrificio impositivo).

Difusión: es la propagación de los efectos económicos del impuesto en todo el mercado, a través
de los lentos y sucesivos cambios en los precios, en el consumo y en el ahorro.
La manera en que la carga impositiva se expande en todo el mercado puede asumir diferentes
formas, dependiendo de la conducta que tenga el contribuyente incidido. Estas pueden ser las
siguientes:

Reducir su consumo, como consecuencia del aumento de los precios, con lo cual disminuirá
la demanda. Ello se traducirá a una reducción de los precios y, por ende, en una
disminución de los ingresos de los vendedores. Esas rebajas de precios pueden significar
una compensación para los contribuyentes que soportan el peso impositivo.
Disminuir sus ahorros, la escasez de dinero ahorrado provocará un aumento de la tasa de
interés, con lo cual, se incrementará el precio del dinero, lo que elevará los costos de
producción y los precios tenderán a aumentar, lo que va a afectar directamente al
contribuyente de facto.
Por último, el impuesto puede incentivar a los contribuyentes a incrementar la producción o
perfeccionar los mecanismos para disminuir la carga impositiva o sobrellevarla lo mejor
posible. Si aumenta la oferta, disminuirán los precios y el padecimiento de los impositores
puede verse recompensado.

Amortización: este fenómeno únicamente afecta a los impuestos reales que recaen sobre las
ganancias provenientes de los capitales invertidos. Es decir, la aplicación de un nuevo impuesto o
el incremento de uno existente, sobre un bien de capital o inmueble, provoca la disminución de la
renta que este genera y por ende su valor venal (importe monetario que obtendría el propietario
de un bien material usado, si en un momento dado, decidiera su venta).
Capitalización: a diferencia de la amortización, este efecto incrementa el valor de un bien de
capital, como consecuencia de una disminución o supresión de un impuesto que grava su renta.
Como se aclaró precedentemente, el rendimiento y el valor venal son conceptos ligados, por lo
que a mayor renta, mayor es el precio del bien.
Efectos políticos, morales y psicológicos
Como se definió anteriormente, si bien los impuestos nacen de la voluntad unilateral del Estado,
los hechos han demostrado la importancia que tiene la aceptación por parte de los contribuyentes
de las normas impositivas.

Desde el punto de vista político, la carga impositiva que soportan los contribuyentes ha
generado rebeliones, levantamientos y hasta revoluciones sociales. Tal es el caso de la
guerra de la independencia de Estados Unidos, que se originó por las imposiciones sobre el
comercio del papel, del vidrio y del té. Otro notable ejemplo es la Revolución Francesa, una
de sus causas fue de carácter fiscal, derivada de los impuestos elevados, persecuciones
fiscales, pobreza y necesidades del pueblo.
Desde el punto de vista moral, en numerosas ocasiones, un sistema impositivo puede
resignar una parte de sus recaudaciones buscando fines de ética pública. Por ejemplo,
cuando el Estado establece altos impuestos sobre los cigarrillos y bebidas alcohólicas para
desmotivar su consumo.
Finalmente, desde la óptica psicológica, existen circunstancias que el Estado aprovecha
para lograr sus fines fiscales. Un caso común es el del impuesto al consumo que se
incluyen en el precio de los bienes en pequeñas porciones y que el contribuyente ignora
estar pagándolo. Otro ejemplo es el del impuesto que se cobra sobre los premios, como se
trata de un incremento patrimonial repentino, la imposición no es percibida por el ganador.
En definitiva, es relevante a los fines recaudatorios recurrir a los sentimientos de los
contribuyentes, una manera es que les sea demostrado que el dinero que pagan de
impuestos se vea reflejado en bienes y obras públicas, infraestructura, salud, educación,
fuentes de trabajo, etcétera.

2. Tasas
Concepto
Las tasas son tributos exigidos por el Estado como contraprestación de un servicio público
especial y divisible que beneficia directamente a quien lo paga, al mismo tiempo que favorece a la
sociedad en general. El valor de la tasa exigida por el sector público debe ser proporcional al
costo del servicio y a la utilidad recibida, no se considera la capacidad contributiva del sujeto.
De acuerdo con Villegas (1999), la tasa es un tributo cuyo hecho generador está ligado a una
actividad estatal divisible e inseparable a su poder de imperio, dicha actividad se encuentra
directamente relacionada con el contribuyente.
Características
Las características esenciales de las tasas son las siguientes:

Carácter tributario: la tasa es una prestación que el Estado exige de forma coactiva en virtud
de la entrega de un bien o prestación de un servicio público. Esta particularidad es lo que
permite distinguirla de lo que es un precio.
Creada por ley: siempre el origen de la tasa, como cualquier otro tributo, debe ser por ley. Si
bien ello es esencial, existe vasta jurisprudencia que contradice esta condición.
El hecho generador debe estar integrado por una actividad efectivamente prestada por el
Estado y vinculada con el obligado al pago: la actividad estatal debe estar prestada de
forma efectiva y no potencial, además el bien o servicio público debe ser divisible, por ende,
el obligado al pago debe estar particularizado o individualizado. Si no se cumplen ninguna
de los dos requisitos, se estaría antes un impuesto camuflado.
El producto de la recaudación debe ser exclusivamente destinado al servicio respectivo: si
bien el Código Tributario establece que los ingresos derivados de la recaudación de estas
tasas, no debe tener un destino ajeno al servicio que constituye el origen de la obligación, el
aspecto tributario no debe confundirse con el presupuestario. Tal como lo define Villegas
(1999) una cosa es el tributo y otra muy diferente es lo que el Estado haga con los fondos
obtenidos de la recaudación de ese tributo, en efecto, será la ley presupuestaria la que
indique si determinados recursos se afectaran a gastos puntuales o si ingresaran en rentas
generales, es decir, entren a un fondo común y sean útiles para financiar todas las
erogaciones.
El servicio debe ser divisible: como se mencionó precedentemente, el servicio que origina la
tasa debe estar particularizado o individualizado en el sujeto obligado al pago, esta
característica es esencial, dado que si se tratara de un servicio indivisible se estaría frente a
un impuesto y no una tasa.
Inherencia del servicio a la soberanía estatal: existen dos tipos de actividades ligadas a la
soberanía del Estado que al ofrecer la posibilidad de divisibilidad pueden dar lugar a tasas,
ellas son las actuaciones referidas al poder de policía (actos administrativos) y las relativas
a la administración de justicia con poder de imperio. En estos actos, el Estado tiene la
obligación jurídica de prestar los servicios, porque es indispensable y por estar definido por
las normas constitucionales y legales.
Voluntariedad: si bien el cobro de la tasa depende de que el particular demande el servicio,
la voluntariedad no constituye la esencia de la tasa, dado que existen casos en que las
tasas son exigidas con motivo de servicios que, si bien se singulariza con el obligado al
pago, no dependen de la solicitud concreta del sujeto en cuestión. Un ejemplo de ello es la
inspección sanitaria.
Ventaja: se reconoce como una característica sustancial de la tasa, la existencia de una
ventaja o de un beneficio para el sujeto que recibe el servicio público.

Diferencia con el impuesto


La diferencia más clara entre la tasa y el impuesto es la vinculación. Por su parte, la tasa es un
tributo vinculado a una actividad estatal determinada, es decir, responde a un servicio público
divisible, en tanto que el impuesto es un tributo no vinculado que tiene como finalidad el bienestar
general y lo busca a través de servicios públicos indivisibles. Por esta disimilitud, se dice que la
tasa es lo que el contribuyente paga por el servicio que utiliza en beneficio propio, en cambio, el
impuesto es abonado en beneficio general, para la subsistencia del Estado como institución
necesaria para la conservación de la comunidad.

Otra desemejanza respecto a la forma en que el Estado ejerce la coacción, de forma directa en el
caso de los impuestos, es que todo sujeto debe pagarlo y, si se niega, el Estado puede obligarlo a
su desembolso. En las tasas, en cambio, el Estado ejerce coacción de manera indirecta, porque
si bien no son obligatorias, el gobierno, al monopolizar ciertos servicios públicos que imponen
tasas, lo traduce en un empleo forzoso.
Diferencia con el precio
La tasa es evidentemente el tributo que más se asemeja a los ingresos de derecho privado
denominados “precios” y, si bien la distinción entre unos y otros sea uno de los problemas más
enmarañados del derecho tributario, se podría aclarar esa diferencia definiendo a la tasa como un
precio público, porque es la contraprestación que un sujeto paga por la utilización de un bien o
servicio estatal.
Clasificación
Coincidiendo con Villegas (1999), las tasas pueden clasificarse en:

Tasas judiciales: surgen de los servicios prestados por el Estado en el terreno judicial, derivan
de la actividad jurisdiccional con poder de imperio que solo al Estado le incumbe. Entre las cuales
se destacan las siguientes:
de jurisdicción civil contenciosa (juicios civiles, comerciales, mineros, rurales, contenciosos
administrativos, etcétera)
de jurisdicción civil voluntaria (juicios sucesorios, habilitaciones de edad, venias supletorias,
información sumaria, entre otras)
de jurisdicción penal (procesos de derecho penal común y contravencional)

Tasas administrativas: su cobro obedece al ejercicio de poder de policía estatal, en sentido


amplio y entendiendo como tal al conjunto de medidas reguladoras del orden interno y que
buscan proteger la sanidad y seguridad pública. Entre las cuales se distinguen las siguientes:

por concesión y legalización de documentos y certificados (legalizaciones, autenticaciones,


pasaportes, documentos de identidad, etcétera);
por controles, fiscalizaciones, inspecciones oficiales (salubridad, pesos y medidas,
seguridad, etc.);
por autorizaciones, concesiones y licencias (permisos de conducir, de edificaciones, de caza
y pesca, de espacio para publicidad o para puestos de venta en la vía pública, etc.);
por inscripción en los registros públicos (registro del automotor, prendario, de propiedades,
registro civil, etc.); y
por actuaciones administrativas en general (sellado por trámites y actuaciones en la vía
administrativa).

Graduación
Este es uno de los temas más difíciles de resolver, debido a que existen doctrinas contradictorias
y hasta la misma Corte Suprema de Justicia de la Nación ha pronunciado diferentes criterios a lo
largo del tiempo.
Se ha considerado que la tasa debe ser graduada de acuerdo con el valor del beneficio que por el
servicio consigue el obligado al pago, pero como la obtención de una ventaja para los
contribuyentes no es una característica esencial de la tasa, este pensamiento no será útil en
todas las circunstancias, ya que pierde generalidad.
También se ha considerado que la tasa debe graduarse por el costo del servicio en relación con
cada contribuyente, pero esa correspondencia “costo-importe”, si bien es necesaria, no puede ser
una igualdad matemática o una equivalencia precisa, si debe existir una proporcionalidad
sensata, razonable y moderada entre ambos términos.
En conclusión, el importe de la tasa no hace referencia a su naturaleza como tributo. Esta fijación
es el resultado de la valoración política del legislador, pero dicha sujeción tiene sus límites para
que no pierda legitimidad. Sin embargo, de ningún modo la graduación de la tasa debe considerar
la capacidad contributiva del sujeto obligado al pago, porque de lo contrario se estaría frente a un
impuesto.

Prescipción
Por tratarse de obligaciones de vencimiento periódico, el derecho que tiene el Estado para cobrar
tasas a los sujetos obligados cesa a los cinco años. En estos casos, no se toma en cuenta la
prescripción de los diez años que rige para las tasas redistributivas de servicios.

Contribuciones especiales
Concepto
Las contribuciones especiales son los tributos exigidos por el Estado en ejercicio de su poder de
imperio y en virtud de una ley, como contraprestación de beneficios individuales o de grupos
sociales derivados de la realización de obras, gastos públicos o actividades estatales especiales.
En este tipo de tributo, el beneficio es el criterio de justicia distributiva, por lo que es fundamental
que el hecho que se consideró como productor del beneficio sea idóneo para originarlo, de lo
contrario, será imposible configurar el hecho imponible y la contribución especial será un tributo
carente de validez.
Clasificación
En Argentina, las contribuciones especiales pueden clasificarse en:

Contribuciones por mejoras: son contribuciones especiales que se caracterizan por el


beneficio derivado de una obra pública (por ejemplo, la pavimentación, ensanchamiento y
prolongación de calles, caminos rurales, plazas y jardines públicos, etc.).

Sus principales características son las siguientes:


a) Prestación personal: la obligación de pagar la contribución es de carácter personal y se origina
en el momento en que se finaliza la obra pública beneficiante.
La obligación recae sobre el propietario del inmueble, si este se vende estando la obra ya
terminada, el gravamen recae sobre el vendedor, pero si la finalización de la obra es posterior a la
venta de la propiedad, la contribución debe afrontarla el comprador del inmueble valorizado.
b) Beneficio derivado de la obra; el valor del beneficio surge de confrontar el valor que tenía el
inmueble antes de obra y el nuevo valor que tiene una vez finalizada. Para dicha estimación,
suelen efectuarse tasaciones o bien presunciones.
c) Proporción razonable entre el presunto beneficio obtenido y la contribución exigida: es esencial
que el importe exigido sea proporcional al presunto beneficio derivado de la obra pública. Para
ello, las leyes deben especificar 1) cuáles son los inmuebles valorizados por la obra pública,
fijando un límite geográfico; 2) la parte del costo de la obra que debe ser financiada por los
beneficiarios; y 3) cómo se distribuirá esa parte del costo entre los favorecidos.
d) Irrelevancia del destino de lo recaudado: de igual modo que las tasas, se ha sostenido que los
ingresos obtenidos de las contribuciones no deben tener un destino ajeno a la inversión de la
obra o actividades que constituyen el presupuesto de la obligación. Sin embargo, se considera
que el financiamiento de las obras y lo recaudado de obras distintas de las productoras de
beneficios no quita validez a las contribuciones por mejoras.

Contribuciones parafiscales: son contribuciones especiales recaudadas por ciertos entes


públicos para asegurar su financiamiento autónomo (tal es el caso de las bolsas de
comercio, colegios profesionales, cámaras agrícolas, entre otros). No son recaudadas por
organismos específicamente fiscales del Estado, no se incluyen como subproductos en el
presupuesto público, ni tampoco ingresan a las tesorerías del Estado, sino directamente en
los entes recaudadores y administradores de los fondos.
Contribuciones para la seguridad social: es discutida su inclusión como contribución
especial, pero debe reconocerse que estas encuadran en numerosas definiciones
doctrinarias referidas a "tributos". Son contribuciones establecidas por ley, a cargo de
personas que sustituyen al Estado en el cumplimiento de obligaciones fijadas por la ley en
materia de seguridad social o personas que se benefician especialmente por servicios de
seguridad social otorgados por el Estado.
Contribuciones por peajes: es la prestación dineraria que se exigen por circular en una vía
de comunicación vial o hidrográfica (caminos, autopista, puente, túnel, etcétera). El dinero
recaudado a través de este tipo de peaje se destina normalmente a financiar la
construcción, operación y mantenimiento de infraestructuras varias (carreteras, túneles,
canales de navegación o puentes). Por sus altos costos de inversión, lo habitual es que el
peaje cobrado cubra los costos totales de construcción y, cuando se administra
directamente por el Estado, en general, los fondos recaudados se utilizan principalmente
para operación y mantenimiento de la infraestructura sujeta al peaje.

Para que el peaje sea considerado legal debe cumplir requisitos:


a) Valor del gravamen: debe ser bajo y razonable con respecto a los usuarios de la obra pública
por cuya utilización se cobra el peaje, de manera que no implique una traba económica a la libre
circulación.
b) Hecho imponible: debe generarse por la sola circunstancia de circular en los vehículos
definidos por la ley.
c) Base imponible: debe fijarse en función a cada vehículo que utilice la obra pública,
independientemente del número de pasajeros, cantidad o valor de la mercadería transportada.
d) Vía accesible de comunicación alternativa: debe existir una vía facultativa y gratuita aunque no
sea de igual calidad de diseño, igual perfeccionamiento técnico o no sea directa.
e) Fijada por ley especial previa: su jurisdicción debe corresponder al territorio por el que transita.
f) Finalidad: su producto debe estar exclusivamente destinado a costear la construcción y
mantenimiento de la obra.

Referencias
García Vizcaino, C. (1996). Derecho Tributario: Consideraciones económicas y jurídicas. Tomo I:
Parte General. Buenos Aires, Argentina: Depalma

Villegas, H. (1999). Curso de Finanzas. Derecho Financiero y Tributario. Buenos Aires, Argentina:
Depalma.

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