0% encontró este documento útil (0 votos)
71 vistas4 páginas

Rousseau: Crítica Social y Contrato Social

Rousseau critica la sociedad por corromper la naturaleza humana. En el estado natural, el hombre era libre e inocente, pero la sociedad fomenta la desigualdad y la competencia. Rousseau propone un contrato social donde los individuos se unen voluntariamente para formar una comunidad gobernada por la voluntad general, preservando la máxima libertad posible. Su sistema educativo ideal, como el descrito en Emilio, busca desarrollar al hombre de forma natural, alejado de prejuicios sociales.

Cargado por

mateobotanaperez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
71 vistas4 páginas

Rousseau: Crítica Social y Contrato Social

Rousseau critica la sociedad por corromper la naturaleza humana. En el estado natural, el hombre era libre e inocente, pero la sociedad fomenta la desigualdad y la competencia. Rousseau propone un contrato social donde los individuos se unen voluntariamente para formar una comunidad gobernada por la voluntad general, preservando la máxima libertad posible. Su sistema educativo ideal, como el descrito en Emilio, busca desarrollar al hombre de forma natural, alejado de prejuicios sociales.

Cargado por

mateobotanaperez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ROUSSEAU:

1. Problema de la sociedad:

La figura de Rousseau es ambigua y paradójica, por una parte, es uno de los principales
representantes de la Ilustración, pues comparte con otros destacados filósofos de la
época, como Voltaire, Diderot o D’Alembert, los ideales de tolerancia y libertad, pero,
por otra, también es uno de sus críticos más duros, pues defiende la primacía del
sentimiento sobre la razón y sostiene que la ciencia y la cultura no mejoran al hombre,
sino que tienden a corromperlo y a hacerle infeliz.

Crítica de la sociedad:

Para Rousseau, el ser humano es bueno por naturaleza, pero se hace malo porque en
sociedad degenera y se corrompe. El error de los ilustrados es creer que el progreso de
la civilización y de la ciencia marcha paralelo al progreso de la felicidad y la moralidad
del hombre; más bien, ha sucedido lo contrario: el progreso de las ciencias y las artes ha
contribuido a corromper las costumbres y la naturaleza humana, ha uniformizado a los
hombres y deformado sus sentimientos naturales. En sociedad nadie se muestra tal
como es. En las sociedades civilizadas, lo artificial ha sustituido a lo natural, y los
rígidos convencionalismos ahogan la libertad. Son sociedades que distorsionan la
naturaleza del hombre encubriendo bajo una falsa máscara su verdadero ser.

En el estado de naturaleza, anterior a la vida social, los seres humanos eran pocos y
vagaban libremente por la naturaleza, que les ofrecía cuanto podían necesitar. El hombre
natural («buen salvaje») se caracterizaba por su inocencia, igualdad y libertad, y por
sentimientos como el amor de sí mismo (que lo impulsaba a conservar la vida) y la
piedad (que lo llevaba a compadecerse de sus semejantes y colaborar con ellos).

El fin del estado de naturaleza se produjo cuando, al aumentar la población y crecer las
necesidades, los seres humanos comenzaron a formar sociedades más complejas. En
ellas, se instituyó la propiedad privada, que provocó la transformación del amor a sí
mismo en amor propio, una pasión artificial que lleva a los hombres a compararse con
los demás y a desear ser los primeros en todo, con lo que se fomentan la envidia y el
orgullo. Surgieron así la ambición, la rivalidad económica y la desigualdad social.

Las relaciones del ser humano con la naturaleza fueron sustituidas por el dominio de
unos individuos sobre otros, apareciendo el Estado, que, creado por los más poderosos
para dominar a los débiles, impone la injusticia y la esclavitud.

Las ciencias y las artes terminan por domesticar al ser humano, usando los artificios y
sutilezas de la razón, y mediante la educación eliminan cualquier resto de naturalidad en
su comportamiento. Sólo el sentimiento moral, que permanece en el fondo del corazón
humano y nos habla a través de la conciencia, le recuerda al hombre la libertad y la
bondad naturales que ha perdido y que debe tratar de recuperar.

El contrato social

1
Para resolver esta situación hay que transformar la sociedad mediante un pacto que
propicie y respete la libertad de los hombres y legitime el poder, despojándolo de su
carácter arbitrario. Rousseau mantiene que es necesario organizar una sociedad de
manera que cada individuo, al asociarse a los demás, se una a todos, pero no se
obedezca más que a sí mismo, quedando tan libre como antes.

Para lograr este objetivo, propone una forma de contrato que vincula a la comunidad
con el individuo y, a la inversa, al individuo con la comunidad. Así, cada asociado se
une a todos, y no a nadie en particular. Se trata de un contrato libre, que, aunque no
permite recuperar por completo la libertad natural, si garantiza el máximo grado posible
de libertad civil, en el marco de un Estado de derecho. Por el contrato social, el hombre
se transforma en ciudadano.

El contrato social crea la voluntad general, que es colectiva, soberana e inalienable, y


tiene como objetivo el bien común. Las leyes y el gobierno significan la puesta en
ejercicio de la voluntad general; es decir, de la soberanía del pueblo o asamblea. El
gobierno elegido ha de ocuparse de ejecutar las leyes que emanan de la voluntad
general, de manera que si se opone a los designios de esta, puede ser sustituido.
Rousseau establece una clara diferencia entre la voluntad general y la voluntad de todos,
o de la mayoría: la voluntad general tiende al ideal, es decir, al bien común, mientras
que la voluntad de todos no siempre lo hace.

La democracia perfecta se da cuando ambas voluntades coinciden, aunque Rousseau


considera que un gobierno estrictamente democrático es más propio de dioses que de
hombres. En realidad, el legislador debe esforzarse por adaptar las leyes que emanan de
la voluntad general a las características de cada pueblo concreto, lo que da lugar a
diferentes formas de gobierno: monarquía (para Estados grandes), aristocracia (para los
medianos) y democracia, o Estado republicano, que Rousseau considera la mejor forma
de gobierno, siempre que se asiente en un territorio pequeño, de manera que todos los
ciudadanos puedan participar en la vida pública.

2. El problema del hombre

En el estado de naturaleza, anterior a la vida social, los seres humanos eran pocos y
vagaban libremente por la naturaleza, que les ofrecía cuanto podían necesitar. El hombre
natural («buen salvaje») se caracterizaba por su inocencia, igualdad y libertad, y por
sentimientos como el amor de sí mismo (que lo impulsaba a conservar la vida) y la
piedad (que lo llevaba a compadecerse de sus semejantes y colaborar con ellos).

El fin del estado de naturaleza se produjo cuando, al aumentar la población y crecer las
necesidades, los seres humanos comenzaron a formar sociedades más complejas. En
ellas, se instituyó la propiedad privada, que provocó la transformación del amor a sí
mismo en amor propio, una pasión artificial que lleva a los hombres a compararse con
los demás y a desear ser los primeros en todo, con lo que se fomentan la envidia y el
orgullo. Surgieron así la ambición, la rivalidad económica y la desigualdad social.

2
Las relaciones del ser humano con la naturaleza fueron sustituidas por el dominio de
unos individuos sobre otros, apareciendo el Estado, que, creado por los más poderosos
para dominar a los débiles, impone la injusticia y la esclavitud.

Para Rousseau, resulta ya imposible retornar a la situación de libertad, igualdad y


felicidad originarias, pero si es posible recuperarla en parte suprimiendo las barreras que
la sociedad y la educación han levantado entre los hombres. El primer paso para
regresar a la naturaleza es la transformación del individuo mediante una educación
natural, no represiva.

Rousseau propone en su libro el Emlio un sistema ideal de educación basado en la


ausencia de toda imposición externa, la libertad de acción para el niño y la primacía de
la experiencia sobre la erudición: el niño debe aprender a vivir libremente, conviviendo
en tolerancia con los demás seres humanos. Para conseguirlo, hay que liberarlo de los
falsos prejuicios y de los conocimientos inútiles que le inculca la sociedad.

Esta obra consta de cinco libros, dada uno dedicado a una etapa de la vida: Infancia,
niñez, pubertad, plenitud de la adolescencia y juventud. Se trata de un sistema ideal de
educación: Emilio, un joven huérfano, se educa en el campo, alejado de la sociedad, y
sin más ayuda que la de un preceptor.

Este sistema educativo consta de dos fases diferentes: en la primera Etapa, que llega
hasta los quince años, se da una “Educación puramente negativa”: se debe evitar al niño
toda imposición externa; Especialmente los hábitos y vicios sociales. Su preceptor no
le da consejos ni le indica qué es beneficioso o perjudicial. Deja al niño libertad, para
que aprenda mediante la experiencia a diferenciar lo positivo y lo negativo y a resolver
los problemas que se le presentan. En esta etapa se da una actividad intelectual mínima,
ni libros ni razonamientos. Al final de la etapa puede leer un libro: Robinson Crusoe,
que es el tratado más acertado de la educación natural. En esta fase se educa para la
existencia.

La segunda etapa se da desde los quince años hasta la entrada en la vida adulta.
Comienza en la adolescencia: segundo nacimiento. Si en el primer nacimiento nacemos
a la “existencia”, con la adolescencia nacemos a la “vida” o al mundo. Se educa para la
vida y se instruye en: actividades útiles como el trabajo: aprendizaje de un oficio;
tareas intelectuales: ejercicio de la razón; conducta moral; y demás tareas y funciones de
la vida.

De esta manera surge un nuevo tipo de hombre con preparación, pero que no ha perdido
esos sentimientos que tiene por naturaleza: el amor de sí, la piedad y la benevolencia.

3. Problema de Dios:

En el cuarto libro del Emilio, encontramos la “Profesión de fe del vicario saboyano” en


la cual presenta lo fundamental de las creencias religiosas y morales de Rousseau. En
primer lugar, sostiene la existencia de Dios, basado en el orden y armonía de la
naturaleza y el lugar del ser humano en ella. Por otro lado, rechaza los ritos, dogmas y
autoridades de las religiones positivas, pero defiende un culto interior a Dios, que se

3
lleva a cabo mediante nuestros sentimientos, como el agradecimiento a Dios, y nuestras
disposiciones naturales. También cree que el ser humano posee un alma inmortal, de
forma tal que el bueno pueda ser recompensado y el malvado castigado.

Por otro lado, no acepta ni la revelación sobrenatural, ni los misterios o milagros, ni los
libros sagrados ni la autoridad infalible de la Iglesia, pues considera que la verdadera
religión es la religión natural a la cual podemos tener acceso mediante la razón. Esta
religión debe ser moral, es decir debe estar de acuerdo con los sentimientos naturales de
los seres humanos.

Las ideas religiosas de Rousseau pueden encuadrarse en la corriente del deísmo, el cual
se caracteriza por el rechazo de las religiones positivas y aceptación de la religión
natural, defendiendo una religión sin dogmas, autoridades, revelaciones, milagros,
ritos ni templos; negación de todo tipo de revelación sobrenatural, pues la naturaleza
es obra de Dios, lo sobrenatural no tiene ningún sentido; defensa de una religión
racional, que debe estar dentro de los límites de la razón; y la inutilidad del culto,
pues Dios es ajeno a las necesidades de los seres humanos, por tanto el culto los ritos
carecen de sentido.

Sin embargo, el deísmo de Rousseau es bastante diferente a este pues: admite la


existencia de la providencia, un Dios que se ocupa del orden y la armonía del mundo;
el valor del culto, aunque rechaza el culto público y oficial de las religiones positivas,
sí defiende la conveniencia de que los seres humanos practiquen un culto íntimo,
espiritual y privado; la inmaterialidad y la inmortalidad del alma, que es inmaterial
pues tenemos una voluntad libre. La inmortalidad se deriva de la inmaterialidad, y es
exigida también por el orden moral.

Por otro lado, Rousseau sostiene la incapacidad del ser humano para conocer la
naturaleza divina. Afirma la existencia de Dios, pero el hombre no es capaz de
conocer la naturaleza divina, ni la razón de sus obras.

El deísmo de Rousseau exige, por tanto, mantener la religión dentro de los límites de la
razón y dentro de las exigencias de moral. Se somete la religión y la propia divinidad al
juicio de la moral. Sólo si la religión está de acuerdo con las exigencias morales será
buena o moral. Todas las religiones deben estar de acuerdo con los sentimientos
naturales de los seres humanos. Dios es bueno, de su mano salió todo perfecto y, por
tanto, todo cuanto hay de malo en el mundo es responsabilidad de los seres humanos.

También podría gustarte