LA CASA
Ponte cómodo en una silla con los pies en el suelo, la columna recta y
las manos relajadas. Ten consciente de tu respiración. Relájate con cada
inhalación. Mientras dejas que tus ojos se cierren poco a poco, exhala
cualquier tensión que sientas. Suavemente y lentamente, examina tu
cuerpo buscando cualquier zona que esté tensa: la cabeza, la cara, el cuello,
los hombros… Deja que vayan relajándose mientras pones tu atención
allí… El pecho, el estómago, los brazos, las manos y los dedos. Inspira y
exhala profundamente. Tu respiración se vuelve más profunda a medida
que se desplaza hacia las piernas, los pies, los dedos de los pies. Exhala lo
que pueda quedar de cansancio y de tensión.
Sigue respirando profundamente, relajado y atento a la respiración.
Imagina que vas caminando por un sendero. Estás relajado, tranquilo y
contento. Tu vestimenta es cómoda y la temperatura apropiada, ni
demasiado frío ni demasiado calor. Estás disfrutando de la naturaleza.
Puedes sentir el calor del sol y una brisa suave. Puedes oír el dulce cantar
de los pájaros. El aire fresco sabe y huele limpio y refrescante. Al avanzar
por el camino empiezas a vislumbrar una casa más adelante. Decides ir a
esta casa y comprendes que de algún modo esta casa te ha estado
esperando precisamente a ti. Mientras te acercas, observa los detalles del
exterior de la casa. ¿Es de madera, de ladrillo, de piedra? ¿Es grande,
pequeña? ¿Cuántos pisos tiene? ¿Cómo son las puertas y ventanas?
Ahora fíjate en el paisaje. ¿Hay un patio, flores, árboles? Imagínate
estos detalles tal y como te gustaría que fueran.
Acércate a la entrada. La puerta se abre justo cuando ibas a girar el
picaporte. Tienes la seguridad de que esta casa es para ti, sólo para ti.
Entras y observas todos los detalles del interior. ¿Cómo está amueblada tu
casa? ¿Hay muchas habitaciones o tan sólo unas pocas? ¿Son las
habitaciones pequeñas y estructuradas, o grandes y abiertas? ¿Hay
escaleras? Si las hay, ¿adónde conducen? ¿Qué colores, texturas, objetos
ves? Tómate el tiempo que necesites para explorar tu casa.
Una vez que estés familiarizado con tu casa, decide lo que te gustaría
hacer a continuación. Puedes leer, escuchar música, preparar una comida,
una taza de té, escribir, pintar, o cualquier actividad relajante de la que
disfrutes. Tú sabes que sea lo que sea que elijas hacer, tu casa tiene todo lo
que puedas necesitar. Obsérvate a ti mismo mientras estás ocupado con
una actividad que te gusta.
Poco a poco te das cuenta que tienes que regresar a tu camino. Mira
alrededor y memoriza los detalles de la casa. Comprende que esta casa te
pertenece, y que siempre que lo desees estará esperándote, y siempre
–2–
contendrá y te proporcionará lo que necesites. Ahora tienes que irte. Sal de
la casa, cierra la puerta y regresa al camino. Después de avanzar unos
pasos, giras y miras detrás de ti. Allí ves tu casa perfectamente detallada.
Sabes que puedes regresar una y otra vez siempre que quieras. Te giras y
retomas tu trayecto por el camino.
Te sientes relajado, tranquilo y contento. Respiras con facilidad y
profundamente. Poco a poco, empieza a mover los dedos de las manos y
los pies. Te haces consciente de la silla en la que estás sentado. Toma todo
el tiempo necesario para empezar a moverte, y cuando estés listo, abre los
ojos.
Liz Bachtel, en Larry Moen, Transforma tus emociones.
–3–
MEDITACIÓN EN EL CENTRO DEL SER
Siéntate con la espalda bien apoyada en el respaldo de la silla, de
manera que la energía fluya libremente a través de tu cuerpo.
Cierra los ojos y empieza a relajarte. Respira profundamente varias
veces, y, al exhalar, permite que tu cuerpo se relaje cada vez más…
Continúa respirando hondamente, y lleva la exhalación a las partes de
tu cuerpo que sientas más rígidas o tensas… Sugiéreles que se aflojen, que
se distiendan, que dejen que la energía las recorra libremente…
Ahora, sigue respirando hondo y experimenta profundamente tus
emociones.
Respira hondo una vez más y, cuando expulses el aire, haz que tu
atención empiece a entrar muy dentro de ti. Con cada respiración, cuando
expulses el aire, déjate entrar un poco más dentro, cada vez más
hondamente dentro de tu ser, hasta que llegues a reposar en el lugar más
profundo dentro de ti, muy dentro del núcleo de tu ser. A continuación,
déjate reposar en ese lugar silencioso donde no tienes que hacer nada, no
tienes que ir a ninguna parte, sólo estar callado. Ese lugar que sólo te
pertenece a ti. Ese lugar sagrado y profundo, tantas veces olvidado, donde
reside la Verdad de todas las cosas...
Pausa - Inhala y exhala hondamente en tu núcleo esencial. Siente
profundamente la íntima conexión con tu esencia.
Cuando te sientas preparado, pregunta a tu voz interior si tiene algún
mensaje que quiera comunicarte, si tiene algo que recordarte o que decirte.
Después, limítate a quedarte sentado en silencio. Advierte si te llega algún
pensamiento, sentimiento o imagen como respuesta a esa pregunta. Confía
en lo que te llegue, sea lo que fuere, si te da buena impresión. Tómate el
tiempo que necesites.
Cuando lo sientas oportuno, da las gracias a tu ser espiritual. Si te
parece bien, establece el compromiso de entrar en tu interior para cultivar
las relaciones con tu propio espíritu, para aprender a escuchar lo que
pueda decirte tu voz interior, para aprender a Ser.
Seguidamente, sé consciente de tu cuerpo de nuevo y advierte cómo te
sientes aquí y ahora. Advierte si sientes tu cuerpo de manera diferente a
cuando empezaste esta meditación. Sin abrir los ojos, hazte consciente de
tu entorno. Percibe y siente lo que te rodea. Cuando estés preparado,
empieza a abrir los ojos despacio.
Cuando abras los ojos y vuelvas al mundo exterior, procura mantener
ese sentimiento de conexión con tu mundo interior. Esa conexión con el
interior es como las raíces del árbol de nuestra vida. Si somos capaces de
recordar que nuestras raíces penetran profundamente en nuestro mundo
espiritual interno, eso puede servirnos de base para todos los aspectos de
nuestra vida.
–4–
Cuando estés preparado, estira despacio tu cuerpo. Levántate con
cuidado y sigue adelante con tu vida.
Marta Beatriz Carranza
–5–
EJERCICIO PARA DESBLOQUEAR Y DESARROLLAR
EL DON DE LA CREATIVIDAD
El desarrollo de la creatividad depende fundamentalmente de la armonía,
vibración y resonancia de dos chakras: el chakra sacro y el chakra de la
garganta.
Cuando el segundo chakra, que está ubicado en la zona inferior del
abdomen, se encuentra sano y equilibrado en un individuo, representa una
energía creativa generadora de vida y de expresiones artísticas. Cuando está
desequilibrado o bloqueado, puede convertirse en un obstáculo para la evolución
creativa y de toda índole, o generar enfermedades como tumores, cáncer,
hemorroides, dolencias de vejiga o de próstata, disfunciones sexuales.
Se asocia este centro a la memoria personal, ancestral y arquetípica.
Durante la infancia desarrollamos creencias acerca de nuestra sexualidad,
de nuestro rol como seres creativos, emocionales y sensuales, plasmados de
alguna manera en esa zona de nuestro cuerpo.
¿Qué aprendiste acerca del sexo, la sexualidad, la sensualidad, el
contacto?
¿Valorabas tu sexualidad como algo importante y digno?
¿Cómo fue tu pubertad? Te sentías inhibido, avergonzado, ansioso?
¿Alguien te ayudó y orientó cuando comenzaste a sentir en tu cuerpo las
sensaciones propias de tus hormonas florecientes? ¿Se te dijo que jugaras de
manera especial, acorde a tu sexo? ¿Hubo prohibiciones estrictas?
¿Se hablaba en tu familia acerca de la sexualidad o era un tema más bien
oculto o negado? Hubo algún hecho traumático en tu infancia referente al
sexo?
Si tienes recuerdos que te abruman, respira profundamente y libera.
Permite que el amor y el perdón, por ti y por los otros, iluminen esas difíciles
experiencias y se liberen. A la vez, envía una luz naranja brillante sobre la
zona de tu chakra sacro o swadhisthana.
¿Cómo te relacionas con los demás? Con tus padres, tus amigos, tu
pareja, tus hijos, con todos tus semejantes? Tiendes a colocar las necesidades
de los otros por sobre las tuyas? Eres hipersensible y absorbes fácilmente la
energía de los otros? O manipulas a otros a través de tu sensualidad, o de tu
humor, o tus dolencias?
¿Tienes alguna adicción? Por el alimento, el alcohol, las drogas, el sexo?
Si te sientes identificado con algo de aquello, respira profundamente y
libéralo. Al bañarte, refuerza la liberación dejando correr el agua por esa parte
de tu cuerpo.
El equilibrio del segundo chakra favorece la creatividad en todos los órdenes,
incluyendo el dar nacimiento a una nueva vida. Recuerda de hacer tus
indagaciones y tu proceso liberador con mucha paciencia y muchísimo amor y
perdón por los errores propios y ajenos.
–6–
El quinto chakra, ubicado en la base de la laringe, completa la creatividad
y la expande a través de la comunicación. Es el chakra de tu comunicación, de
tu verdad, de tu voz. El bloqueo de este centro produce disfunciones como
dolores crónicos de garganta, enfermedades de tiroides, laringitis,
tartamudeo, afecciones frecuentes en esa zona, mandíbula tensa, cuello rígido.
Al explorar ese chakra envía luz azul celeste, que seda y aclara la garganta. Si
surge algún juicio, recuerda de llenarte de amor y compasión.
¿Te sientes cómodo expresando tu verdad? Lo hacías de niño? ¿Te
expresabas con naturalidad, o muchas veces te quedabas callado, por miedo,
por vergüenza, o alguna otra emoción o mandato exterior? ¿Sentías que tu
"verdad" no era válida, tal vez porque era diferente? ¿Cuántas palabras te has
"tragado" a lo largo de tu vida? ¡Deja que salgan! ¡Suéltalas!
¿Crees a menudo que lo que tienes que decir no es importante y te callas?
¿Te das permiso para decir lo que en verdad sientes? ¿Eres capaz de expresar
tu ira? ¿Se te bloquea a menudo la garganta?
El sentido del oído está localizado en este chakra. ¿Eres buen escucha? ¿A
veces bloqueas tu oído para no escuchar lo que no deseas oir? De niño,
¿padeciste dolores de oído? ¿Había en el hogar una ira que no deseabas
escuchar, por eso enfermabas tu oído?
¿Tienes a menudo problemas de garganta, afonía, ronquera, laringitis u
otra afección? ¿Eres capaz de "herir" con tus palabras? ¿Caes en excesos
verborrágicos? ¿O a veces te falta espontaneidad en la expresión? Cualquiera
sea el caso, perdona y libera. Perdónate por las veces que no dijiste "te amo"
cuando querías hacerlo, quizás por temor al rechazo.
¿Desarrollas alguna forma de arte? ¿Pintas, dibujas, haces poesía, ejecutas
música? ¿Tienes miedo de compartirlo con los demás? ¡Bríndalo, ofrécelo! Es una
maravillosa obra de tu creatividad, y merece ser difundida.
Todos tenemos nuestra propia "canción que cantar". ¿Te gusta tu voz cuando
cantas? ¡Libérate de si lo haces bien o mal, y canta!. ¡Canta, canta, aprovecha para
cantar ! Así irá despertando tu voz dormida, tu emoción bloqueada. Ama tu voz.
Deja que sea escuchada. Tienes una hermosa voz. Tu voz es curativa. Tu voz te
representa en las vida. Tu voz te cura y te libera.
El chakra de la garganta o vishuda es el más vulnerable de todos. Mientras que
los otros centros están protegidos por músculos, el chakra de la garganta se halla
expuesto, aun a los factores climáticos. Es el puente entre el corazón y los
sentimientos, y se bloquea cuando se estanca la expresión. Dolor, tristeza, ira,
miedo, no expresados, originan lo que podríamos llamar el "arquetipo del niño
silencioso". Así, la fuerza vital es suprimida. Priman el temor al rechazo o al castigo,
el miedo a no ser escuchado, el miedo a no ser amado. Y todo se silencia.
Liberar este chakra es transformar el arquetipo del niño silencioso en el
arquetipo del comunicador, que es aquel que pude expresar sus emociones
con fluidez, tanto la alegría como la tristeza, el contento como la bronca; que
–7–
confía en el valor de lo que dice; que se atreve a hablar acerca de lo que siente
o piensa; que transmite y ofrenda los frutos de su creatividad.
Ahora vamos a intentar desbloquear y armonizar el chakra laríngeo transfor-
mando el arquetipo del niño silencioso en el arquetipo del comunicador.
Siéntate con la espalda bien apoyada. Relájate. Respira lenta y
profundamente. Afloja todo el cuerpo. Lleva la atención y la respiración a
cada una de las partes y relájalas: la garganta, la lengua, la boca, el paladar,
las cuerdas bocales, la glándula tiroides, la nuca, los oídos, el cuello...
Ahora visualiza una luz intensa, azul turquesa, que penetra por la parte
posterior del cuello. Es la luz de la Verdad y de la Creatividad. Permite que
la luz de la Verdad y la Creatividad impregne todas las partes de tu centro
laríngeo. Siente cómo se estimula tu creatividad, tu voluntad, tu capacidad
de expresarte y comunicarte.
Ahora, revive una situación pasada en que fuiste incapaz de expresar, de
decir lo que sentías. Siente como en aquel momento. Qué sensaciones
experimentaste? Qué sentimientos? Miedo? Inseguridad? bronca?
Revívelo. Siéntelo de nuevo en todo tu cuerpo.
Visualiza ahora nuevamente esa situación y transfórmala: expresa todo lo
que te hubiese gustado decir en aquella ocasión. Es posible que notes lo
valioso e importante que era aquello que no dijiste. No te sientas culpable.
Perdónate. Ámate. Dilo ahora, con toda tu voz!. Grítalo! Qué sentimientos
afloran? Experiméntalos!! Libérate de toda emoción sufriente que hayas
experimentado en aquel momento. Cámbiala por confianza, seguridad,
poder personal. Y perdona. Perdónate y perdona.
Ahora, vuelve a respirar profundamente. Imagina un foco de luz azul
brillante que ilumina por delante tu chakra laríngeo. La luz es muy intensa
y energiza fuertemente todo ese centro. Puedes decirte en silencio o en voz
alta, desde todo tu ser:
La verdad me hace libre.
Expreso todo lo que siento.
Libero mi capacidad de expresar mis sentimientos y mis pensamientos.
Libero mi voluntad. Libero mi creatividad.
Y siente cómo el niño silencioso se va transformando en el comunicador.
Marta Beatriz Carranza-Silvia Cristina Ciarlante
–8–
TRABAJO TERAPÉUTICO PARA LIBERAR
LA ENERGÍA DE LOS CHAKRAS
Primera Fase
Es sabido que los siete chakras principales son centros de energía, puertas
de entrada y salida de la energía, situados a lo largo de la columna vertebral. Del
buen funcionamiento de los chakras depende nuestro bienestar y la calidad de
nuestras relaciones interpersonales y con el mundo.
Nos sentamos en una postura cómoda, cerramos los ojos y respiramos
profundamente. Nos concentramos en el primer chakra, el chakra raíz, situado en
la zona del cóxis, en la base de la columna vertebral, y que representa la conexión
con la tierra. Comenzamos a inspirar y exhalar desde el primer chakra. Con cada
exhalación vamos sintiendo que la energía de la base de la columna se hace más
fuerte. Entonces visualizamos allí una bola de energía roja muy intensa y brillante.
Dejamos que nuestra conciencia descienda y se concentre en la bola de energía
roja. Nos convertimos en la bola de energía roja y nos sentimos arrastrados hacia
abajo, hacia la tierra.
Por unos minutos, nos concentramos profundamente en lo que sentimos.
Luego respiramos profundamente y dejamos ese chakra para centrarnos en el
segundo, el chakra sacro.
Dirigimos la atención y la respiración al segundo chakra, situado sobre
los órganos sexuales, bajo el ombligo, asociado a la sexualidad y a la
creatividad. Con cada inhalación, notamos que la energía y el calor aumentan.
La visualizamos como una bola de energía naranja, cálida y brillante.
Llevamos nuestra conciencia hacia ese lugar. Nos convertimos en la bola de
energía anaranjada. Sentimos cómo la energía irradia a través de todo el
cuerpo y hacia el exterior. Prestamos atención a lo que sentimos.
Permanecemos unos minutos experimentando las sensaciones.
Después respiramos profundamente y vamos al chakra solar, el tercer
chakra, situado sobre el plexo solar, encima del ombligo. De la apertura de
este chakra depende que nos relacionemos saludablemente con los demás y
con todo lo que nos rodea. Relación a veces dificultada por el miedo.
Llevamos la respiración al tercer chakra. A medida que la energía
aumenta en calor e intensidad, la visualizamos como una bola de energía
amarilla dorada. Hacemos que nuestra conciencia descienda hasta allí. Nos
convertimos en la bola de energía amarilla dorada, y percibimos cómo
irradiamos a través de nuestro cuerpo y hacia el exterior.
Dejamos que los sentimientos fluyan por nuestro interior. Sentimos con
profundidad.
Seguimos inhalando y exhalando profundamente y nos concentramos en
el cuarto chakra, "anahata", situado en la zona del corazón, asociado a la
compasión y a la curación. Chakra del amor humano y del amor divino.
Con cada inhalación, la energía se va haciendo más fuerte y la
visualizamos como una bola de luz verde brillante. La experimentamos
durante unos momentos. Hacemos que nuestra conciencia descienda hacia el
centro del pecho. Nos convertimos en la bola de luz verde y sentimos cómo
–9–
irradia por todo el cuerpo y hacia el exterior. Sentimos desde el corazón un
calor que va hacia todo el cuerpo y hacia fuera. Experimentamos el Amor
incondicional y la Compasión, que impregnan todo nuestro ser. Nos
quedamos unos minutos sintiendo.
Después, llevamos la respiración profunda al quinto chakra, en el área de
la garganta, la nuca y el cuello. El chakra de la expresión plena y creativa, de
la energía que permite la expresión vocal, y cuya apertura posibilita la
trascendencia del miedo y la alegría incondicional.
Dirigimos la atención al quinto chakra. Con cada inhalación, sentimos que
la energía se hace más fuerte en la zona del cuello. La experimentamos y la
visualizamos como una bola de luz azul, cada vez más cálida y brillante.
Llevamos la conciencia a esa bola de energía azul. Nos convertimos en
ella y notamos cómo irradia a través del cuerpo y hacia el exterior. Nos
sentimos libres, creativos. Experimentamos por unos minutos todas las
sensaciones que van apareciendo.
Seguimos inhalando y exhalando, y llevamos la atención al centro del
entrecejo, llamado tercer ojo, sede de la creatividad, de la clarividencia, de la
intuición, de la sabiduría. En este centro se integra el Yin Yang, y las
actividades mentales superiores, tanto racionales como intuitivas.
Dirigimos la atención y la respiración al sexto chakra. Con cada inhalación,
la energía se va haciendo más y más fuerte en esa zona. Entonces la visualizamos
como una bola de luz color índigo, cada vez más fuerte y brillante. Nos
convertimos en la bola de energía color índigo y sentimos cómo irradia a través
del cuerpo hacia el exterior. Experimentamos ese estado. Como si la conciencia
se uniera al inconsciente. Como si una corriente eléctrica recorriera el cuerpo
físico. Visualizamos la cabeza brillante y un fuego en el tercer ojo.
Permanecemos unos minutos en esa vivencia.
Después, respirando profundamente, ingresamos en el séptimo chakra,
situado en la coronilla. Centro del Yo Soy, de la potencialidad pura, de la
energía universal, fusión del Yo con el Todo.
Visualizamos en nuestra coronilla una aureola de luz violeta que se hace
cada vez más difusa, se expande alrededor de la cabeza y hacia arriba, y se va
haciendo más blanca hasta llegar al blanco puro.
Respiramos profundamente y nos entregamos a la experiencia.
Segunda Fase
A través de la danza, a través de cada ritmo, iremos liberando cada uno de los chakras.
No se trata de bailar bien o mal. Se trata de convertirnos en la danza, fluir con la danza, y
que cada chakra, a través de su propia vibración, de su propio color y de su propio ritmo, se
vaya liberando.
– 10 –
Primer chakra
Nuestra conexión con la Tierra.
La bola de luz roja se convierte en una flor roja, que se va abriendo cada vez
más hacia la Madre Tierra.
Se va abriendo la flor roja al son de la música y expandida hacia abajo, hacia
la tierra primordial.
Segundo chakra
Nuestra sexualidad. Nuestra creatividad primigenia.
La bola de luz naranja se convierte en una gran flor anaranjada cuyos
pétalos se abren hacia el cuerpo y hacia fuera, al son del agua y de la música.
Tercer chakra
Nuestra energía personal y nuestra relación con todos y con todo. La bola
de luz amarilla se transforma en una enorme flor, como un gran girasol que se va
abriendo hacia nuestro cuerpo y hacia todo lo que nos rodea, al compás de la
música de Fuego.
Cuarto chakra
El Amor humano y el Amor divino. Sin condiciones.
La bola de luz verde se va convirtiendo en las hojas y el tallo de una rosa
color rosa. Los grandes pétalos de la rosa se van abriendo hacia nosotros y hacia
todas direcciones, como ofrendando el Amor incondicional.
Quinto chakra
Nuestra capacidad para expresarnos, para comunicarnos. Nuestra creatividad.
La bola de luz azul se convierte ahora en una flor azul, muy brillante, cuyos pétalos
se van abriendo y cuya energía irradia hacia nosotros y hacia todo lo que nos rodea.
Aquí, experimentamos nuestra voz, que se expresa, grita, se abre al mundo
para decir lo que siente.
Sexto chakra
Nuestra razón y nuestra intuición unidas en la Sabiduría.
La bola de luz índigo se convierte en una flor de color índigo, cuyos grandes
pétalos se van abriendo hacia dentro y hacia fuera, como un foco de intensa luz
que se expande desde la frente en todas direcciones.
Séptimo chakra
La espiritualidad pura. Nosotros y el Todo. El Padre Celestial.
Desde nuestra coronilla, una enorme flor violeta se va abriendo cada vez
más blanca y difusa hasta fundirse con el infinito.
El loto de mil pétalos que se abren hacia arriba y se fusionan en la Unidad y en la
Divinidad.
Marta Beatriz Carranza-Silvia Cristina Ciarlante
TRABAJO TERAPÉUTICO DE DESIDENTIFICACIÓN
– 11 –
Este ejercicio se basa en el descubrimiento (o redescubrimiento) del testigo
central que mora en nuestro interior.
Un núcleo profundo y creativo que se encuentra en el fondo, bajo las
agitadas aguas de la emoción, los fríos discursos de la lógica o los sufrientes
dolores carnales. Nos permitirá observar con tranquilo desapego lo que antes
nos inmovilizaba –dolencias de toda índole– porque “hacíamos causa común
con ellas”.
A ese testigo transpersonal o yo trascendente hemos de hallarlo al des-
identificarnos de todas las instancias particulares, ya sea mentales, emocionales o
físicas. Así, para trascender una emoción, sensación, idea, recuerdo o vivencia
perturbadora, es preciso des-identificarnos de ellas. Y lo hacemos al darnos
cuenta que esas experiencias no somos nosotros, no son nuestro verdadero ser,
para qué dejarnos esclavizar por ellas?
De protagonistas sufrientes pasamos a ser testigos contemplativos.
A través de este trabajo transpersonal se logra que el ser personal (deseos,
expectativas, rechazos) se vaya desprendiendo, al tomar conciencia de que no es
lo más importante, porque dentro de nosotros hay un ser más profundo, que
trasciende esas instancias superficiales ante la inmensidad del núcleo esencial.
Ello no significa que vayamos a vivir en un mundo de indiferencia o de
desprecio por lo terrenal. Todo lo contrario, nos permite profundizar nuestras
experiencias hacia una mayor libertad, soltura y estabilidad.
Primer paso:
Este paso nos permite descubrir en nosotros la unidad subyacente
mente-cuerpo. Para ello, se trata de sentir las piernas, el vientre o los
hombros, no de pensar en ellos; es decir, reemplacemos imágenes y
pensamientos por la pura vivencia.
Nos tendemos de espaldas sobre una alfombra. Brazos y piernas ligeramente
separados. Cerramos los ojos, respiramos profunda y naturalmente, y empezamos
a explorar las sensaciones corporales. Dejamos que la atención recorra todo el
cuerpo. Y, sin expectativas, como si flotáramos, nos fijamos si experimentamos
alguna sensación, positiva o negativa, en las diferentes partes del cuerpo. Puedo
sentir las piernas....? el corazón...? el vientre...? los ojos...? los genitales...? el cuero
cabelludo...? los pies...? las manos...? Cuáles de esas partes siento vitales y fuertes,
y en cambio qué partes parecen opacas, pesadas, sin vida, tensas o dolorosas?
Durante unos minutos hacemos el recorrido y advertiremos cuántas
veces nos hemos perdido en ensoñaciones. Tanto nos cuesta sentirnos?!
En un segundo momento comenzamos a respirar lenta y profundamente,
llevando la inhalación desde la garganta al abdomen y el ombligo, hasta colmar
todo el vientre, como si tuviéramos un gran globo que llenamos con cada
inhalación; un globo suave en el interior del pecho y fuertemente sobresaliente
en el abdomen, y el ombligo. Al exhalar, el globo se vacía. Repetimos varias
veces. Nos fijamos qué zonas están tensas, doloridas o adormecidas.
– 12 –
Al inhalar, vamos aspirando una fuerza vital que carga el cuerpo de vida
y de placer, y en la exhalación liberamos esa energía como placer, que
impregna totalmente la unidad psicofísica.
Una vez que inhalamos la fuerza vital desde la garganta hasta el
abdomen y el ombligo y llevamos la exhalación como fuerza vital desde el
abdomen a todas las partes del cuerpo, la energía y la sensación de placer
fluyen a través de las piernas, los muslos, las rodillas, las pantorrillas, los pies,
los dedos de los pies...
Luego por los brazos, las manos, los dedos de las manos...
Después en la cabeza, el cerebro, el cuero cabelludo, el pecho, los
hombros, la espalda...
Por último, al exhalar, la fuerza de la vida atraviesa todo el cuerpo y llega
al infinito...
Segundo paso:
Comenzamos a recitar en silencio, lo más vívidamente posible, no desde el
intelecto, sino desde todo el ser, lo siguiente:
Tengo un cuerpo... pero no soy mi cuerpo, porque mi yo trascendente va más allá de
mi cuerpo. Éste puede hallarse cansado o contracturado, sano o enfermo, pero no es mi
ser verdadero, aunque experimente y sienta mi cuerpo. Soy un testigo de mi cuerpo.
Tengo sentimientos y emociones, pero no soy mis sentimientos y emociones. Mi yo
trascendente va más allá de ellos, los puedo sentir pero no son mi verdadero ser.
Soy un testigo de mis sentimientos y mis emociones.
Tengo pensamientos, pero no soy mis pensamientos. Puedo conocerlos y percibir
que van y vienen a través de mi conciencia, pero mis pensamientos nos son mi
verdadero ser. Mi yo trascendente va más allá de mi mente. Soy un testigo de mis
pensamientos.
Luego del ejercicio, que repetimos varias veces, afirmamos:
Soy un testigo de mis sensaciones, de mis emociones, sentimientos y pensamientos,
un centro profundo en quien el ser trasciende el sentir y el tener. Soy un ser lleno
de LIBERTAD y de AMOR.
(El Amor y la Libertad, así como nuestra esencia divina, permanecen
siempre, son perennes, indestructibles, subyacen y trascienden toda
experiencia física, emocional o mental).
Nos quedamos un momento experimentando nuestro YO PROFUNDO.
Marta Beatriz Carranza-Silvia Cristina Ciarlante
– 13 –
EL DOLOR
“Es imprescindible no haber pasado por la muerte de algún ser querido para que esta exploración sea
provechosa. Crea espacio en nuestro corazón para nuestro dolor, para nuestra curación, para nuestra vida.”
Encuentra un lugar cómodo para sentarte en una habitación tranquila. Tómate
tu tiempo para adaptarte al silencio. Poco a poco centra tu atención en el centro del
pecho. Deja que tu conciencia se congregue en este punto de alta sensibilidad. Nota
cualquier dolor en el centro. ¿Hay una cualidad de dolor físico en tu anhelo mental?
Con el pulgar, presiona suavemente este punto de dolor y amor. Empieza
lentamente a ejercer una presión sobre este punto. Siente el esternón, el hueso que
hay debajo, como si se tratase de la armadura que hay sobre la abertura del
corazón. Como si fuera aquello que tan a menudo bloquea la entrada hacia su
naturaleza espaciosa. Poco a poco, sin hacer fuerza, pero con misericordia y
firmeza, aprieta este punto. Presiónalo suave pero firmemente. Deja entrar el
dolor en tu corazón. Respira ese dolor hacia tu corazón a través de ese punto.
Deja de apartarlo. En lugar de eso, introdúcelo. Déjalo entrar. Inspira ese dolor
a través del punto doloroso. Sigue apretando firmemente con tu pulgar, pero sin
fuerza, sobre ese dolor, y deja que tu conciencia entre en el punto de sensación que
hay en el centro del pecho. Una conciencia misericordiosa, utilizando la presión
sobre el punto doloroso para entrar a través de años de sedimento acumulado, de
sentimientos no sentidos, no expresados, no analizados. Penetrando el agotamiento
de nuestro comprimido dolor común y diario duro como una roca.
Aprieta el dolor. Más allá de la resistencia a la vida. Más allá del miedo, de la
desconfianza de ti mismo, de la desconfianza. Más allá de los sentimientos de
inseguridad, Más allá de no sentirse amado. Más allá de los diez mil momentos en
los que te has expulsado de tu corazón. La crítica, el deseo, la furia. Más allá de los
años de dolor escondido. La vergüenza y los temores secretos, y amores no
correspondidos de los que no has hablado con nadie.
Deja por fin entrar al dolor. Apiádate de ti mismo. Deja que entre. Deja por
fin entrar a la vida. Inspira el dolor hacia tu corazón. Más allá de las posesiones y
los armazones de toda una vida. Déjalo entrar. Déjalo que entre por fin.
Deja que tu corazón se rompa en pedazos. Todas las pérdidas, todas las
heridas, todo el dolor de una vida allí descargada, capa por capa guardándote de
tu vida. Manteniéndote fuera de tu corazón. Ingiérelo. Inspíralo hacia tu corazón.
Deja que por fin tu corazón experimente todas esas partes de tu vida que tú habías
apartado. Hay tan poco espacio en nuestros corazones para el dolor. Déjalo entrar.
Recíbelo con clemencia y no con miedo o crítica. Mece tu dolor en tu corazón. Deja
que cada bocanada de aire balancee suavemente esta cuna.
Ahora aspira todo el dolor que hay en tu corazón y que has intentado no
sentir durante tanto tiempo. Todos los titulares que intentamos apartar de nuestra
mente. Todas las noticias sobre un mundo que sufre. Todo el mundo en llamas
por dentro y por fuera. Todos esos niños muriéndose de hambre. Todas las
mujeres, todos los hombres, que han maltratado y están siendo maltratados en
este momento. Los animales maltratados, explotados, asesinados. La Madre Tierra
– 14 –
ultrajada. Todo el sufrimiento del mundo revelándose en este preciso instante.
Todo ese dolor. Todo tu propio dolor.
Inspíralo, inspíralo. El miedo dice basta, pero continúa apaciblemente a
merced de ti mismo y la profunda curación. Ingiere el miedo suavemente.
Suavemente pero con firmeza. No como un castigo, sino con el deseo de ir más
allá de las antiguas formas de protección y los recursos para escapar. Más allá de
los viejos temores. Compadécete de ti mismo. Deja que este dolor que has
intentado evitar entre en el corazón de la curación. Tanto dolor. Tantas posturas.
Tanto escondido allí. Toda una vida de miedo, de ira, de desconfianza. Déjalo
entrar, déjalo entrar. Es tan duro vivir acorazado y asustado, inaccesible a la vida,
a nosotros mismos. Ten compasión. Deja que el tierno corazón aloje todas esas
partes de ti que dicen que es autoindulgente perdonarse a sí mismo. Esa mente
cruel, despiadada y crítica. Esa fría indiferencia hacia el sufrimiento de los demás
y de nosotros mismos. Deja que esas aflicciones se disuelvan en el corazón abierto.
Inspíralas hacia tu corazón. Permita que se derritan. Deja que se cicatricen.
Sigamos adelante con nuestras vidas. Todos los sufrimientos de este mundo, todo
el miedo de este mundo. Todos los momentos en los que nos hemos odiado.
Todas aquellas ocasiones en las que hubiéramos preferido estar muertos,
acorazados justo en el centro del pecho, derritiéndose. Todas aquellas veces que
no dijimos lo que queríamos por miedo a no ser amados. Todas las veces que nos
hemos preguntado qué es en realidad el amor. Todas las ocasiones en las que
fuimos defraudados, allí en el centro del pecho, Tanta posesión. Inspira ese dolor
hacia tu corazón. Déjalo entrar. Déjalo entrar. Cada aliento que tomas a través de
tu punto doloroso lleva el dolor en el mismo centro de nuestro corazón.
Cuando eliminamos la armadura y la resistencia hay mucho más espacio
para el dolor en nuestro corazón. Es difícil abrirse a este dolor en nuestro cuerpo
diminuto, en nuestra mente frágil; por tanto, inspíralo en tu enorme corazón. Este
corazón misericordioso bebe de nuestro dolor. Déjalo que entre. Todo el miedo de
que somos menos que buenos a los ojos de Dios, que no somos los amados.
Inspíralo. Todo el temor de caer en desgracia, de que estamos malditos y somos
antipáticos, retenidos justamente allí, en el punto doloroso. Inspíralo. Inspíralo.
Una vida de dolor, inspíralo. Introdúcelo por ese punto.
Descubre que parte de tu dolor es precisamente resultado de intentar
controlar el dolor. Esta crueldad con la que nos rechazamos reiteradamente. Esta
mente a menudo despiadada, ese niño temeroso que todos llevamos dentro. Ten
compasión de ti mismo. Deja que entre en tu corazón. Deja que por fin te rompa el
corazón. Déjalo entrar. Nuestros padres mueren. Nuestros amantes mueren.
Nuestros hijos mueren.
Todo lo que conocemos cambia constantemente. Continuamente naciendo y
avanzando hacia la muerte. La gente a la que más queremos sufre a veces. No
podemos hacer nada para alejarlos del dolor. Este mundo a veces es muy duro.
Inspíralo. Déjalo entrar. Y a veces nuestros seres queridos se suicidan. No pueden
soportar el dolor, no consiguen atravesar la armadura hasta la curación que hay
– 15 –
debajo. Pero tú sí puedes. Aprieta ese punto. Ese punto doloroso en el centro del
corazón. Déjalo entrar. ¿Durante cuánto tiempo puedes eludir tu vida?
Tantas partes nuestras arrinconadas. Tanta vergüenza y crueldad. Todos las
partes que no nos disculpamos. Todos nuestros puntos oscuros. La desesperación,
la impotencia. Inspírala. Inspírala. Deja que tu aliento lleve el dolor hasta el centro
de tu corazón. El corazón tiene espacio suficiente para todo el dolor. Déjalo entrar.
Apiádate de ti mismo. Deja que el dolor que tienes dentro supere el miedo.
Todos los momentos en que no fuimos amados y no fuimos cariñosos. Todas
aquellas partes de nuestro ser que hemos descuidado fríamente, son ahora
observadas con compasión en el punto doloroso y los arrastramos afectuosamente
hacia el corazón curativo. Toda la crueldad con uno mismo. Toda nuestra
desesperación, para armarnos a nosotros mismos. Todo nuestro juicio. Cada
bocanada de aire lleva la vieja mente hacia el corazón, derritiéndose en semejante
abrazo tan bueno y compasivo.
Con cada bocanada de aire inspiramos la gratitud por los momentos
compartidos con aquellos a los que hemos amado y perdido. Y gratitud por el
misterio de la comunicación. El miedo de toda una vida derritiéndose en el
corazón. Apriétalo todavía más suavemente. Inspira esta compasión curativa justo
hacia tu corazón. Una enorme energía. Déjala entrar. Deja simplemente que esta
energía entre en tu corazón. Arrastra las sombras hacia la luz. La armadura se está
desintegrando. El punto doloroso se disuelve en el punto de contacto del corazón.
Las sensaciones duras y cortantes se suavizan. Se disuelven en la tierna bondad.
Devolviendo al niño perdido a su casa. El corazón abraza la mente con el suave
aliento de la compasión y la tierna caricia del perdón. A medida que el punto
doloroso se transforma en el punto del corazón, el cuerpo empieza a activarse:
Siente que las células son como esponjas secas que están absorbiendo esta
compasión y profunda bondad.
Cuando el punto doloroso entrega su dolor al corazón, los contenidos
dolorosos de la mente flotan en la amplitud de la compasión y el conocimiento.
Los sentimientos de separación se transforman más y más en una sensación de
unidad de ese ser querido, de nosotros mismos. Ahora separa suavemente la
mano del punto doloroso, déjala caer en tu falda. Quita la presión de este punto. Y
observa que parece haber una abertura allí donde solía estar el dolor. Puedes
sentir el punto de contacto del corazón cuando apartas la mano. Inspire y espire
por ese punto. Es el aliento del corazón. Deja que la conciencia del flujo que existe
entre el mundo y tu corazón te acompañe siempre. Y que el dolor que dirige tu
atención hacia el corazón sea una iniciación en la curación por la que tú naciste.
Que todos los seres se liberen del sufrimiento. Que todos los seres concentren
el corazón espacioso en la mente dolorida. Que todos los seres conozcan la alegría
de su magnífica naturaleza inmortal.
Steven Levine, en Larry Moen, Transforma tus emociones.
– 16 –
EL HOMBRE SABIO
Imagínate que vas caminando por un sendero en la montaña, de
noche. Hay luna llena y eso te permite ver el sendero con toda claridad y
gran parte de los alrededores… ¿Cómo es el sendero? ¿Qué otra cosa
puedes ver a tu alrededor? ¿Cómo te sientes mientras subes por ese
sendero?... Apenas delante de ti hay un pequeño sendero lateral que
conduce a lo alto, hacia una cueva donde vive un hombre muy sabio, capaz
de responder a cualquier pregunta que quieras hacerle. Toma este sendero
lateral y camina hacia la cueva del hombre sabio… Nota cómo cambia a tu
alrededor a medida que avanzas por el sendero y te acercas a la cueva...
Cuando llegues a la cueva, verás una pequeña hoguera frente a la
cueva, y ya estarás en condiciones de ver vagamente al silencioso hombre
sabio sentado junto a la luz oscilante de las llamas… Acércate a la hoguera,
echa más leña en el fuego y siéntate tranquilamente… A medida que el
fuego brille más intensamente, estarás en condiciones de ver al hombre
sabio más claramente. Tómate cierto tiempo en darte cuenta
completamente de él. ¿Cómo es su ropa, su cuerpo, su cara, su piel, sus
ojos?...
Ahora pregúntale al hombre sabio alguna cosa que sea importante
para vos. Mientras formulas esta pregunta, continúa mirando al hombre
sabio y mira cómo reacciona a lo que le dices. Él puede contestarte sólo con
palabras, o también con un gesto o una expresión facial, o puede mostrarte
algo… ¿Qué tipo de respuesta te da?
Conviértete ahora en el hombre sabio… ¿Cómo es tu existencia siendo
el hombre sabio? ¿Cómo te sientes y cómo es tu vida? ¿Cuál es tu actitud
hacia el visitante que te hace la pregunta? ¿Qué sientes hacia el visitante?
¿Qué le dices, ya sea en palabras, gestos o acciones?
Conviértete nuevamente en ti mismo y prosigue el diálogo con el
hombre sabio. ¿Entiendes lo que él te está diciendo? ¿Tienes alguna otra
pregunta para hacerle? ¿Qué sientes hacia el hombre sabio ahora?
Pronto tendrás que despedirte del hombre sabio… Dile lo que desees
antes de irte… Justo cuando estás por despedirte, el hombre sabio se
vuelve hacia una vieja valija de madera que está detrás de él y busca dentro
algo muy especial para darle… Saca algo de la valija y te lo entrega para
que lo lleves contigo. Mira el regalo que te ha dado. ¿Qué sientes hacia el
hombre sabio ahora? Dile a él lo que sientes… y lentamente despídete de
él.
– 17 –
Ahora vuélvete y comienza a descender por la montaña, llevando el
regalo contigo… Mientras caminas por el sendero, mira cuidadosamente el
camino a fin de recordarlo y poder visitar al hombre sabio nuevamente
cuando quieras… Toma conciencia de los alrededores y de cómo te sientes.
Mantén ahora los ojos cerrados y trae tu regalo cuando regreses a este
cuarto… Toma cierto tiempo ahora para examinar más detenidamente el
regalo… ¿Qué fue lo que te regaló? Descubre realmente algo más acerca del
regalo… Tócalo… Huélelo… Dalo vuelva y míralo cuidadosamente…
Conviértete ahora en el regalo. Identifícate con él y descríbete. ¿Cómo
eres siendo ese regalo? ¿Cómo te sientes siendo esa cosa? ¿Cuáles son tus
cualidades? ¿Qué es lo que haces y cómo puedes ser utilizado o apreciado?
Vuelve a ser tú mismo nuevamente, mira el regalo y ve si puedes
descubrir algo más respecto de él… ¿Notas algún cambio o detalle que
antes no viste? Ahora guarda cuidadosamente el regalo en tu memoria… y
despídete de él por ahora…
John Stevens, El darse cuenta
– 18 –
TRABAJO TERAPÉUTICO DE INTEGRACIÓN
Nos sentamos en una postura cómoda. Inhalamos y exhalamos
profundamente. Llevamos la exhalación a las partes más tensas de nuestro
cuerpo. Revisamos especialmente la zona del cuello y de los hombros,
donde suelen acumularse las tensiones. Seguimos respirando, y nos
sentimos cada vez más serenos, más relajados...
Inhalamos y nos detenemos un momento experimentando en nuestro
interior, un sentimiento de quietud, de plenitud, de oquedad. Exhalamos, y
luego de exhalar la misma sensación nos inunda, ahora expandida al
Cosmos. Nos dejamos llevar por la experiencia, hasta que la vivencia se
haga una fusión plena en nosotros, y en nuestro alrededor.
Me encuentro parada en algún lugar. Giro a la izquierda. Me hallo
frente a una puerta. La abro. Una escalera baja hacia un túnel oscuro,
sombrío, sobrecogedor. No obstante, lo siento familiar, algo mío. El salmo
23 viene en mi ayuda:
Aunque pase por el valle de las sombras de la muerte, ningún mal
temeré, porque tú estás conmigo.
Un rayo de luna se filtra en el lugar. El lugar se torna levemente
plateado. Empiezo a ver allí, en esa oscuridad, mis cualidades negadas, mi
sombra. Aquellas partes mías que fui escondiendo para parecer más bueno,
para que me quieran más. La ira, el resentimiento, el odio, la envidia, el
miedo, la lujuria, la bronca, el rencor, la culpa, la pereza, la soberbia...
De todas esas cualidades oscuras, que son mías, elijo una. La llevo a mi
interior. La siento profundamente. Intensifico el sentimiento. Me dejo
inundar por la sensación que me produce. Permanezco un momento en ese
contacto. Noto que esa cualidad, que no es ni buena ni mala, pero que no
sirve a ni evolución, necesita iluminarse. Pienso en la virtud contraria.
Siento esa virtud. Llevo la cualidad negada hacia un rayo de luz que de
pronto empieza a iluminarla. Hago el cambio. Pongo en su lugar la virtud.
Transmuto. Me siento más liviana. Agradezco a la sombra toda la energía
que me aporta. Homenajeo a la sombra, y la despido.
Ahora, estoy de pie nuevamente en algún lugar. Voy hacia la derecha.
Visualizo una montaña. Es muy alta. El sol la ilumina y provoca una luz
muy fuerte, una luminosidad casi enceguecedora. Adapto mi vista a esa
luz. Alzo la mirada y veo allí arriba un montón de virtudes. Son mis
talentos, mis potencialidades, mis capacidades. Me veo rodeada por la luz,
como un aura refulgente, engalanada por los talentos que Dios puso en mí.
Voy revisando uno por uno mis talentos. Qué es lo que hago muy bien,
aunque a veces no me dé cuenta. Qué es lo que me gusta hacer, y me sale
de modo excelente. ¿Me doy cuenta de que valgo tanto? ¿Desarrollo mis
talentos? ¿Están postergados? ¿Los puedo reconocer, o los tapo y los
oculto?
– 19 –
Elijo uno de los talentos y comienzo a sentirlo profundamente. ¿Qué
produce en mi interior? ¿Qué tengo que hacer para desarrollarlo? ¿O para
desarrollarlo más, si lo estoy llevando a cabo? Siento un compromiso
profundo conmigo. Siento, que en la medida que desarrolle plenamente
mis capacidades voy a poder ayudarme a mí y ayudar a mis semejantes.
Agradezco por tanta abundancia que me ha sido concedida.
He pasado por la oscuridad y por la luz. Así soy yo, con mis fallas y
mis virtudes, con mis errores y mis aciertos, un ser en permanente
evolución y desarrollo. De ahora en adelante trabajaré diariamente con mis
partes negadas y con mis partes luminosas, para ser una persona integrada
y completa.
Respiro profundamente y me digo:
(Mi nombre...) Me reconozco como ser en evolución, con mis fallas, mis
carencias, mis miserias, mis miedos, mis dudas. Yo (mi nombre...) respiro
profundamente, y me digo: Me reconozco como un ser de luz, con mis infinitas
potencialidades talentos únicos, que no puedo transferir ni delegar, sino
desarrollarlos, y ponerlos al servicio del Universo.
Ahora, a danzar.
Me pongo de pie, y bailo. Con la danza, voy liberando la sombra y la luz
que hay en mí. Mi parte oscura y mi parte luminosa se irán liberando al
compás de la música.
Para este trabajo, recomiendo la Marcha Húngara....
Marta Beatriz Carranza
– 20 –
LOCO
Cierra los ojos y dirige tu atención hacia tu interior… Ahora imagínate
que te vuelves loco. Vuélvete completamente loco en tu fantasía y descubre
qué tipo de locura se amolda a ti… ¿Qué tipo de cosas haces ahora que eres
loco? ¿Dónde estás? ¿Cómo te sientes? ¿Qué ropas llevas? ¿Estás calzado?...
Tómate cierto tiempo en establecer contacto con todos los detalles de tu
experiencia de ser loco… ¿Cómo interactúas con otra gente? ¿Cómo
reaccionan ellos a tu locura? ¿Y qué hace para ti esta locura? Explora un
poco más el estar loco…
Ahora conviértete en el extremo opuesto del loco. Cualquiera sea tu
experiencia de estar loco, imagina ahora que pasas a ser todo lo contrario,
el reverso exacto. Por ejemplo, si pierdes totalmente el control estando loco,
ahora encuentra completamente el control y vivencia cómo es eso…
Explora realmente qué vivencias como lo opuesto a estar loco… ¿Qué haces
ahora? ¿Cómo interactúas con otra gente ahora? ¿Y cómo reaccionan los
otros ante ti?
Explora un poco más este ser lo opuesto al loco.
John Stevens, El darse cuenta
– 21 –
ENFRENTARSE CON LA MUERTE
“Cuando aceptamos la muerte, la vida se convierte en algo claro y factible.”
Siéntese en un lugar cómodo y deje que sus ojos se cierren. Centre su
atención en el nivel de la sensación. Sienta este cuerpo que usted ocupa. Deja
el cuerpo inmóvil. Concéntrese en la sensación de estar en un cuerpo. Fíjese
en la cualidad sustancial del cuerpo. Sienta la solidez del cuerpo. Sienta su
pesadez, cómo la gravedad tira de su sustancia hacia abajo. Reciba esta
cualidad de solidez.
Sienta el peso de la cabeza descansando sobre el cuello. Sienta la
musculatura del cuello, su fuerza, su grosor. Sienta los largos huesos de los
hombros y las gruesas cavidades óseas que soportan el peso de los brazos.
Sienta el peso de los brazos que descansan a ambos lados del cuerpo. Sienta
las pesadas manos.
Sienta el torso, su grosor, su peso. Sienta la cualidad terrenal de este
cuerpo. Sienta este pesado cuerpo en el que vive.
Fíjese en la solidez, la densidad, el elemento terrenal, del cuerpo
compacto., La fuerza de la gravedad que atrae las nalgas hacia la silla,
mientras los pies presionan contra el suelo. Observe la acción de la gravedad
en este cuerpo terrenal.
En este cuerpo sólido, surgen las sensaciones. Hormigueos, calor y frío,
aspereza y tersura, suavidad y dureza. Sensaciones que surgen en el cuerpo.
Reconozca el campo fluctuante de la sensación. No trate de asir la sensación.
Deja simplemente que estas sensaciones sean recibidas a medida que surgen
en este cuerpo que ocupamos.
Abrase a las sensaciones de las piernas, su densidad, su fuerza, Sienta la
solidez de este cuerpo. Examine este receptáculo de la fuerza vital. Y examine
la fuerza vital como si fuera una sensación que surge y llega a su fin.
Y mientras advierte estas sensaciones, observe cómo a pesar de que
surgen en el pesado cuerpo, parecen ser recibidas por algo más sutil que hay
en su interior. Algo más ligero que hay dentro de esta figura más pesada.
Dentro de este cuerpo pesado hay un cuerpo de conocimiento, un cuerpo
ligero que experimenta el oído, la vista, el gusto, el tacto y el olfato que recibe
a través del cuerpo exterior. Siente el cuerpo de conocimiento, este cuerpo
interior, este cuerpo ligero, perfectamente cobijado dentro de la figura pesada,
recibiendo experiencia, experimentando.
Sienta el cuerpo ligero en su interior. El cuerpo de conocimiento que
experimenta todo lo que entra a través de los sentidos. Reconoce el sonido y el
oído. Se deleita con la música. Experimenta las imágenes como vista. Y
reconoce la gran belleza. Experimenta la comida como gusto. Sabe que está
vivo.
Entre en este cuerpo ligero de conocimiento.
Observe cómo cada bocanada de aire que entra por la nariz del cuerpo
pesado es experimentada como una sensación por el cuerpo ligero, por el
– 22 –
conocimiento que hay dentro. Fíjese en como cada respiración une el cuerpo
pesado con el cuerpo ligero, Cada respiración mantiene el cuerpo ligero en el
interior. Cada respiración permite que la vida, el conocimiento, permanezca
en el recipiente terrenal.
Observe como el cuerpo ligero recibe el cuerpo pesado. Sienta este
contacto entre el cuerpo pesado y el cuerpo ligero que cada respiración hace
posible. Sienta como cada respiración sostiene el cuerpo ligero perfectamente
equilibrado en el interior. Respire la conexión entre el cuerpo exterior y el
cuerpo interior y es recibido como una sensación. Cada respiración es tan
valiosa. Cada bocanada de aire mantiene la conexión, permite que la vida
permanezca en el cuerpo. Sienta cómo el aliento conecta su cuerpo sólido con
su cuerpo ligero. Experimente cada respiración. Tan sólo conocimiento y
sensación. Cada aliento. Sienta este delicado equilibrio, instante a instante,
como sensación, como conocimiento en sí. Y tome cada bocanada de aire
como si fuera la última. Experimente cada inspiración como si nunca más le
siguiera otra. Cada respiración es la última. El último aliento de la
encarnación. Deja que la bocanada de aire llegue. Deja que se vaya. El último
aliento de vida dejando el cuerpo tras de sí. Cada respiración es una
terminación. La conexión entre el cuerpo pesado y el cuerpo ligero se rompe.
El final de una vida. El último aliento. Cada respiración es la última.
Déjalo salir. No lo retenga. Deja que cada aliento se vaya, definitivamente
y para siempre. Ni tan siquiera se una al siguiente aliento. Cuando la última
respiración sale, vaya con ella. No se resista a morir. Deja que el cuerpo ligero
flote libre. Déjese morir. Déjalo salir. Poco a poco, deja que salga todo. Deja
que todo flote libremente. Déjese morir.
Deje el cuerpo tras de sí y siga la luz hacia el espacio luminoso. Entre en
él. Déjese morir en el espacio. Cada respiración se desvanece. Cada
pensamiento se disuelve en el espacio. No se resista ahora. Déjese ir de una
vez por todas. Libérese del miedo. Libérese, del ansia. Ábrase al milagro.
Déjese morir. Ábrase a la muerte. No hay donde agarrarse. Todo eso
pertenece al pasado. Muera apaciblemente en este momento. No se agarre a
nada, sencillamente déjese morir.
Libérese de su nombre. Libérese de su cara. Libérese de su reputación.
Flote libremente hacia la inmensidad. Deja el cuerpo tras de sí. Trasladándose
o vasto espacio del ser. La luz se disuelve en la luz. Tan sólo un espacio
luminoso enorme. Libérese. Apiádese de sí mismo, permítase flotar
libremente. Fusiónese con el espacio. El espacio se disuelve en el espacio. La
luz se disuelve en la luz. El vasto espacio sin límites se expande en el espacio.
Una paz tan enorme. Se disuelve. Se disuelve. Los bordes se derriten. El vasto
espacio luminoso se disuelve en el espacio. Nubes trémulas se disuelven en el
borde. Las nubes se disuelven en el espacio. Se disipan. Se disuelven. Se
fusionan con el espacio. Salga a esta amplitud. No se agarre en ningún sitio.
Deja que su corazón se funda en su propio fuego enorme. Disolviéndose.
Extendiéndose por el espacio. Fusionándose con la luz. Disolviéndose en el
– 23 –
espacio luminoso. Libérese hacia la luz. En esta vasta luminosidad se
encuentra todo aquello que alguna vez buscó. Y se disuelve en el Gran
Corazón.
Salga completamente. Muera apaciblemente en la luz. Flote libre en el
vasto espacio. Libérese de lo que conoce. Libérese de lo que no conoce. Todo
lo que le viene a la mente es viejo. Cualquier pensamiento es tan sólo un viejo
pensamiento. No hay nada a lo que agarrarse. “Tan sólo la simple realidad de
morir y la realidad de la luz clara.” Tan sólo la luz que penetra en la luz. El
espacio dentro del espacio. Ni dentro, ni fuera. Aquello que no tiene extremos
en el espacio infinito. Disuelto en él. Flotando sin el cuerpo, sin la mente.
Fundiéndose en el espacio sin límites. El espacio se expande en el espacio.
Disolviéndose en el espacio. Flotando en la inmensidad. Paz. Compasión.
Espacio.
Y desde más allá del vasto espacio fíjese en algo que se acerca poco a
poco. Es el primer aliento de vida. Observe el aliento acercándose como si
viniera de muy lejos. Experimente como penetra en el cuerpo. Cada aliento es
el primero. Cada inspiración es el primer aliento de vida. Cada bocanada de
aire es completamente nueva. Cada respiración nos devuelve al cuerpo.
Naciendo una vez más. Naciendo en el cuerpo. Volviendo a nacer para servir
y ser servido. Para aprender. Para enseñar. Para cuidar y ser cuidado. El
conocimiento vuelve a entrar en el cuerpo a modo de conciencia. El
conocimiento puro vuelve a habitar la forma pura. Nacimiento. Nacer de
nuevo en el cuerpo. Cada aliento es el primero. Renacer para traer compasión
y curación a este mundo herido. Nacer para beneficiar a todos los seres
sensibles. Nacer para curar. El cuerpo ligero reanima una vez más el cuerpo
pesado. Cada respiración establece conexiones y mantiene el cuerpo ligero
dentro de su vehículo momentáneo. La luz reaparece para poder actuar y
completar cualquier curación pendiente. Tenga compasión. Vuelto a nacer al
mundo. Nacer para traer paz, para traer bondad. Para curar nuestro dolor y el
dolor de todos los seres sensibles, hasta la última brizna de hierba. Nacer para
aprender, para ser. Cada aliento es tan valioso porque nos permite
permanecer más tiempo. Nos. permite llevar a cabo la curación por la que
hemos nacido. Nacer para hacerse cargo de la enseñanza. Nacer para traer
compasión.
Que todos los seres que vienen y van conozcan la paz de su propia gran
naturaleza. Que todos los seres se liberen del sufrimiento. Abra los ojos
lentamente. Mire a su alrededor. Está aquí.
Steven Levine, en Larry Moen, Transforma tus emociones.
INTEGRANDO AL NIÑO INTERIOR
– 24 –
Muchas de nuestras heridas más profundas se fueron cimentando en la etapa de la
infancia, época de la vida en que comienza a acumularse sombra, al ocultar emociones,
rasgos, talentos, ante el temor de no ser aprobados o no ser amados.
Todos llevamos dentro un niño herido, a los conflictos de índole individual se
suma una herida arquetípica: el abandono, en la edad temprana, el inevitable abandono
de la inocencia, de la pureza, de la percepción de las cosas tal como son.
Integrar al niño interior significa reapropiarnos de la energía primigenia, de la
creatividad sin límites, de la sabiduría originaria. Integrar al niño interior es volvernos
de nuevo libres, juguetones, capaces de crear de la nada, de sumergirnos en juegos sin
tiempo, sin propósito, sin condiciones... Es acercarnos más a Dios, porque el niño está
más próximo al origen, incontaminado, con la pureza propia de quien esta dando nos
primeros pasos por la vida.
Buscamos un lugar cómodo e íntimo. Podemos recurrir a una foto de
nuestra niñez, a un juguete, a una flor cuyo aroma evoque recuerdos
infantiles, o a lo que se nos ocurra en el momento.
Sentados o acostados, con los ojos cerrados, vamos relajándonos y
respirando profundamente. Inspiramos hondamente y al exhalar vamos
relajando todo el cuerpo, parte por parte. Inspiramos y con la exhalación,
relajamos la mente; si aparecen pensamientos, imaginamos que se alejan
como pájaros volando hacia otro espacio...
Inspiramos nuevamente y al exhalar, nos transportamos a un lugar en
lo más profundo de nuestro interior; nos situamos en nuestro santuario
interior, un sitio silencioso y absolutamente nuestro.
Allí, en ese lugar que es sólo de nosotros, notamos la presencia de un
niño (o niña). Lo miramos de cerca... y notamos que se trata de nuestro
niño, de nosotros mismos en nuestra etapa de infantes... Lo miramos:
¿cuántos años tiene? ¿cómo está vestido? ¿cómo son sus zapatos? ¿cuáles
sus emociones? ¿qué siente, qué piensa nuestro niño? ¿está contento o
triste?. Nos acercamos, tomamos contacto íntimo con él. Le preguntamos si
nos quiere decir algo. Indagamos: ¿Qué necesitas? Escuchamos su
respuesta. Dialogamos con él. También nosotros le pedimos algo. Él nos
entrega una cosa. ¿Qué es? Nos fundimos en un abrazo.
Le ofrecemos todo nuestro afecto, todo nuestro apoyo. Le decimos que
jamás volverá a sentirse solo o triste, porque allí estaremos nosotros para
amarlo y protegerlo. Le prometemos que volveremos a encontrarnos muy
seguido, que desde este momento dejará de ser un niño herido y solitario.
Sonreímos, reímos a carcajadas, jugamos un poco con nuestro niño.
Luego nos despedimos. En realidad, de ahora en adelante estaremos
juntos, y repetiremos esos rituales de juego y de reencuentro las veces que
lo necesitemos.
Todos los días, o día por medio, dediquemos unos minutos para descubrir
qué quiere, qué necesita, qué desea hacer nuestro niño. Busquemos juguetes,
libros de cuentos, juegos diversos, paseos en bicicleta, para que ambos
disfrutemos y estemos contentos.
– 25 –
Así, iremos integrando nuestro niño interior y nuestro yo adulto, y
seremos más completos.
Marta Beatriz Carranza
– 26 –
TRABAJO TERAPÉUTICO DE RENACIMIENTO
La gran división que padece la humanidad hoy en día es entre lo
femenino y lo masculino.
Cada ser humano está hecho de dos mitades, el alma masculina y el alma
femenina.
A medida que entramos en la nueva Edad, la Edad de Oro, lo masculino
y lo femenino se reunirán hasta ser uno, pero debemos hacer primero el
trabajo.
Todos somos producto de un padre y una madre y las relaciones que
tuvieron entre ellos serán en definitiva las que se harán realidad en nosotros.
Y serán también nuestros desafíos en la vida.
La razón principal para vivir en el Planeta Tierra es encontrar amor
dentro de nosotros mismos.
Es preciso que trabajemos el tema de los patrones de pensamiento
negativos.
Los pensamientos son energía. Mira la energía que te rodea. Permite que
el Amor impregne tu aura, allí donde hay oscuridad en tu mente, en ese
campo energético, permite que sea limpiada y purificada. Observa el puente
entre la parte derecha, la parte femenina de tu mente y la parte izquierda, la
parte masculina. Ahora pide a ambas partes, la femenina y la masculina de tu
mente, que comiencen a confiar una en la otra y que comiencen a amarse.
Permite que las dos mentes se liberen de la lucha, porque hay una gran
diferencia entre la parte izquierda y la parte derecha del cerebro. La cara
femenina es suave y nutritiva; gira en torno a lo desconocido, mientras que la
masculina, es mucho más lógica, mucho más calculadora y piensa que es la
más sabia, pero esto no es cierto, porque tanto la parte izquierda de la mente
como la derecha se necesitan mutuamente y funcionan óptimamente cuando
se fusionan.
Este proceso te traerá grandes visiones internas acerca de tu vida, un
gran conocimiento y comprensión.
Vuelve a tu infancia, mírate como niño pequeño, cuando tomaste la
decisión de dividir la parte derecha de la izquierda. Permite que tu mente
visualice el día en que ocurrió y permite que tu mente invierta el proceso.
Visualiza que tu mente pensante está alineada con tu ser divino y no con tu
ego. Ábrete al mundo de Amor que esa Unidad representa. Siente la Unidad
en todo tu ser. Así podrás abrirte a un mundo de belleza y creatividad sin
límites.
Ahora vuelve hasta el día en que naciste. Siente las sensaciones, los
sentimientos en tu cuerpo, y agradece de verdad lo que sentiste en tu primer
– 27 –
día sobre la tierra. Agradece todas esas emociones y libéralas. Pide a tus guías
y a tu alma que te ayuden en este viaje al pasado de tu propia vida.
Vuelve al momento en que tu madre estaba embarazada de ocho meses.
Una vez más, permite que las sensaciones penetren en tu cuerpo y conéctate
con las emociones y los sentimientos. Y siente cómo fue la relación entre tus
padres en ese momento de tu desarrollo. Agradece y libera.
Ve ahora hacia el séptimo mes de embarazo de tu madre. Experimenta
todas las sensaciones y sentimientos de ese momento. ¿Cómo se sentía tu
madre? Permítete conectar con el corazón de tu madre. Permítete sentir cómo
latía su corazón. ¿Tu madre tenía el corazón abierto o cerrado? Cualquiera sea
la situación, conéctate con su corazón y envíale amor.
Ahora vuelve al momento en que tu madre estaba de seis meses. Siente
las sensaciones, las emociones, las circunstancias por las que tu madre estaba
pasando. ¿Cómo se sentía ella? ¿Quería un niño o una niña? ¿Qué quería tu
padre? ¿Quería un niño o una niña? ¿Cómo te sentías tú frente a lo que ellos
pensaban? ¿Acerca de lo que querían o necesitaban, sus esperanzas y sus
deseos? ¿Naciste para vivir sus vidas o ellos ya tenían sus propias vidas?
Respecto a tu padre, ¿él lo está haciendo para probar que es un hombre o
porque quiere traer al mundo un hermoso niño? Implícate en todas las
verdades acerca de tu nacimiento.
Vuelve ahora al momento en que tu madre estaba de cinco meses. Ella
no puede hacer mucho en estos momentos. Ha decidido llevar a término el
embarazo. ¿Está resentida? ¿Ha tomado una buena decisión? ¿Se siente
nerviosa o excitada? ¿Preocupada o interesada?
Ahora ve hacia los cuatro meses de embarazo de tu madre. Deja que los
sentimientos entren en tu cuerpo y observa la relación entre tus padres.
Ahora ve hacia los tres meses de embarazo. ¿Cómo se siente tu madre?
Llevar el niño en su seno hace que la mujer tenga una fe natural, que crea
en el mundo y que crea en el niño que ha de nacer.
Ahora ve hacia los dos meses de embarazo. ¿Cómo se siente ella? ¿Qué
sensaciones y sentimientos tiene corporalmente? ¿Está deseando interrumpir
el embarazo? ¿Lo sabe ya el padre? ¿Se lo ha dicho ya? ¿Se lo ha dicho a
alguien? ¿Qué siente su corazón? ¿Está ansiosa? ¿Nerviosa? ¿En tensión?
Ve hacia el mes de embarazo. ¿Espera estar embarazada o no? ¿Qué
pensamientos hay en su mente?
Ahora ve hacia el momento de la concepción. Siente cómo fue el acto
sexual. ¿Hubo pasión? ¿Se amaban el uno al otro? ¿O tan sólo fue una noche
de sexo? Permítete conectar con esa noche de amor o de pasión, porque es
muy significativo para saber qué tipo de energía fue traída a la Tierra.
Ahora ve más atrás en el tiempo, hasta el momento en el que estabas
firmando el contrato con tus padres. Mira hacia abajo desde una nube, una
bella nube con una línea plateada desde el cielo, y ve a tus padres el día en
– 28 –
que los elegiste y siente las razones por las que lo hiciste. Agradece todas tus
elecciones.
Ahora permite que tus padres sean sanados. Trae a la Madre María y a
Jesús. Permite que Jesús enseñe a tu padre cómo ser un hombre, un padre y
un marido. Que le enseñe también todos los secretos del Universo. Permite
que Jesús transforme a tu padre en un hombre consciente de su alma, y
permite que la Madre María haga lo mismo con tu madre, que le enseñe a ella
cómo ser una mujer, una madre y una esposa. Que le enseñe todos los
secretos del Universo. Permite que la Madre María transforme a tu madre en
una mujer consciente de su alma.
Ahora mira a ambos, tu padre y tu madre como seres de pura alma y
permite que esa energía penetre en su ser.
Seguidamente vuelve a la noche de la concepción y siente cómo es ahora
el encuentro. Dos seres con alma haciendo el amor apasionadamente.
Ahora ve a un mes de la concepción y siente cómo es la vida ahora.
Ve hacia los dos meses y ve cómo es la relación entre tus padres ahora. Y
sé consciente de cómo te sientes. ¿Te sientes querido?
Observa los sentimientos y sensaciones a los tres meses.
A los cuatro meses, permite que esos sentimientos se integren en tu
cuerpo para cambiar las células del ADN, porque esto es un
RENACIMIENTO.
Ahora ve hacia los cinco y después hacia los seis meses. Siente el amor y
la belleza que te envuelven.
Ve hacia los siete meses. Imagina dónde te van a dar a luz. Quizás en el
océano, con los delfines y las ballenas... o en algún sitio especial... de una
forma que corresponde a la humanidad y a ti mismo.
Ahora ve a los ocho meses. Siente las sensaciones de estos padres con
conciencia de su alma, ansiosamente esperando tu nacimiento.
Ve finalmente al día de tu nacimiento. Siente cómo tu alma se introduce
en tu cuerpo y siente cómo es entrar en los reinos de este bello planeta.
Quizás los ángeles estén alrededor de tu cama. Siente cómo es nacer
entre el amor puro, y siente cómo es ser sostenido por los brazos de tu madre
por primera vez, con tu padre a su lado, leal, ayudando tanto a la madre
como al niño. Permite que el amor de esa energía penetre en tu corazón.
Cuando estés listo, vuelve lentamente hacia la conciencia.
Adaptado de Kryon
Canalizado por David Brown
– 29 –
DESCUBRIR EL SANTUARIO INTERIOR
Para comenzar la meditación adoptemos una posición conveniente, ya
sea sentados o acostados. Si nos sentamos, es aconsejable hacerlo con la
espalda derecha y bien apoyada en una silla cómoda, con los pies sobre el
piso y las manos en posición de descanso. Si nos acostamos, hagámoslo de
espaldas en posición relajada.
Una vez ubicados, cerremos los ojos y tomemos conciencia de nuestro
cuerpo; simplemente prestemos atención al modo en que sentimos nuestro
cuerpo en este momento... En caso de notar zonas tensas, inspiremos con
suavidad llevando aire a dichas zonas. Imaginemos que se relajan y que se
liberan y desaparecen todas las tensiones innecesarias.
Primero, concentremos nuestra atención en los pies e imaginemos que
se relajan...
Luego, llevemos nuestra atención a los tobillos y pantorrillas para
relajarlos...
A continuación, dirigimos nuestra atención a los muslos y caderas.
Relajemos la parte superior de las piernas y toda la zona pélvica.
Inspiremos suavemente, llevando el aire hacia la parte inferior del
cuerpo para sentirla muy relajada...
Ahora nos concentramos en el abdomen y vientre, la zona de los
órganos internos, e imaginamos que se distienden, que trabajan en forma
sencilla, cómoda, saludable y armónica...
Relajamos el pecho y los hombros, brazos, manos y dedos...
Prestemos atención al cuello y la garganta e imaginemos que esta parte
de nuestro cuerpo se relaja totalmente. Si notamos tensiones, imaginemos
que éstas se desplazan hacia los brazos y bajan a los dedos, luego al suelo y
hacia la tierra...
Ahora, relajamos la cabeza, el rostro... el cuero cabelludo... los oídos y
los párpados. Relajemos la mandíbula...
Dejamos que la conciencia recorra el cuerpo entero, de la cabeza a los
pies, de los pies a la cabeza, y sentimos todo el cuerpo profundamente
relajado... Imaginemos que podemos sentir la energía de la vida que fluye
en forma pareja y libre a través de todo el cuerpo. Si hubiera alguna zona
trabada o tensa, la liberamos y sentimos cómo fluye la energía a través de
ella...
Inspiremos profundamente, y al exhalar abandonamos cualquier
resistencia que aún permanezca en nuestro cuerpo. Sentimos que el cuerpo
se relaja en forma total...
Inspiremos profundamente una vez más, y al exhalar relajemos la
mente. Hagamos de cuenta que la mente es sólo otro músculo del cuerpo
que podemos relajar ahora. No es necesario aferrarse a ningún
pensamiento. Dejamos que la mente se aquiete y se torne lenta y silenciosa.
– 30 –
Volvamos a inspirar, y al exhalar transportemos la conciencia a un
lugar muy profundo dentro de nosotros...
Ahora imaginamos que caminamos por un sendero, en medio de un
paisaje muy hermoso y natural. Podemos visualizarlo, sentirlo o simular
que está allí. Al caminar, sentimos a nuestro alrededor la belleza de la
naturaleza... y sentimos que la mente se relaja cada vez más...
Imaginemos luego que llegamos a un claro o a un lugar muy hermoso
y comenzamos a mirar a nuestro alrededor, o a sentir cómo es este lugar.
Es un lugar mágico muy especial. Veamos qué hay aquí. ¿Hay árboles?
¿Hay plantas? ¿Hay un océano o un río? ¿Estamos en una montaña, en un
campo o en un jardín? Dejemos que la imaginación nos describa este
lugar... Es muy pacífico y bello; también muy íntimo y seguro. Este es el
santuario interior y personal que estamos creando para nosotros, dentro
nuestro. Nadie puede llegar hasta aquí a menos que lo invitemos. Este es
nuestro propio lugar privado.
Vamos a sentir si es cálido o fresco... ¿Hay sol o sombra, o es una
combinación de ambos? ¿Cómo se siente el aire y qué aroma tiene? ¿Qué
clase de sonidos hay en nuestro santuario interior? ¿Se oyen pájaros o
insectos o la brisa a través de los árboles, o el sonido del océano? ¿O
simplemente es muy silencioso? ¿Hay flores o animales cerca? Tomemos lo
que se nos ocurra que debe estar y que nos hace sentir bien.
Imaginemos que paseamos por nuestro santuario interior para
conocerlo, sentirnos cómodos y familiarizarnos con él... Busquemos un
lugar de nuestro santuario que resulte cómodo para sentarnos o
recostarnos y sentirnos totalmente en casa... Sintamos que la belleza y el
nutriente de la naturaleza nos rodean y preparémonos para abrirnos y
recibir dicha belleza y dicho nutriente. Imaginamos que somos como una
esponja, simplemente absorbemos y recibimos el amor y la belleza de la
Madre Naturaleza.
Y ahora llevamos nuestra conciencia a un lugar profundo y silencioso
de nuestro interior... sigamos imaginando que vamos cada vez más adentro
de nosotros hasta que llegamos a un lugar interno de descanso y paz donde
todas las preocupaciones del mundo parecen lejanas. Tomemos un
momento sólo para permitirnos estar en ese pacífico lugar dentro de
nosotros, donde no existe absolutamente nada que tengamos que hacer, ni
siquiera pensar o resolver, un estado de tranquila existencia.
En este lugar profundo, silencioso y sosegado dentro de nosotros
estamos en contacto con nuestra propia sabiduría interior, nuestra natural
sapiencia interna, la parte sabia de nosotros que conoce todas nuestras
necesidades y es capaz de guiarnos en la vida, momento a momento. Aun
si no lo sentimos así o no lo creemos del todo, sólo permitámonos imaginar
que está allí. No importa si lo creemos o no, si lo sentimos o no, ese lugar
– 31 –
está siempre allí, dentro de nosotros...
Si hay algo que deseamos preguntar a nuestro santuario interior,
hagámoslo... Con tranquilidad, permanezcamos abiertos a recibir, a perci-
bir o a sentir lo que esa parte de nosotros tenga para darnos en respuesta a
nuestra pregunta. Puede llegarnos en palabras. Puede llegarnos en una
imagen. O tal vez sólo sea una sensación. Aceptemos lo que viene y
dejemos que entre en nuestra conciencia... Está bien si no sentimos llegar
nada, es posible que lo percibamos luego; no siempre llega en el momento
en que preguntamos. Entonces, aceptemos que lo que la experiencia nos
dicta ahora es correcto...
Si tenemos más preguntas para formular a nuestra guía interior,
hagámoslo. Podemos pedir ayuda, apoyo, orientación, afecto, claridad -pi-
damos sin dudar lo que deseamos o necesitamos... En cualquier momento
que pidamos, tan pronto como lo hagamos, la puerta se abrirá para que
comencemos a recibir lo que nuestro corazón realmente desea. En
consecuencia, ahora sólo supongamos que lo que pedimos comienza a
llegar hasta nosotros. Puede venir en una forma diferente de la que
esperamos, pero llegará...
Cuando nos sintamos listos, tomemos conciencia una vez más de
nuestro santuario y sepamos que es un hermoso lugar al que podemos
acudir en cualquier momento en que lo deseemos. Está siempre dentro de
nosotros. Todo lo que necesitamos hacer es relajarnos, cerrar los ojos,
respirar profundamente varias veces y desear estar allí. Podemos ir en
cualquier momento que lo necesitemos. Será un lugar en donde podemos
relajarnos y tomar contacto con esa profunda sabiduría interior...
Por ahora, digamos adiós a nuestro santuario y comencemos, una vez
más, a caminar por el sendero... Al hacerlo, tomemos conciencia de nuestro
cuerpo en la habitación. Percibimos la habitación a nuestro alrededor...
Cuando estemos preparados, abramos los ojos muy suavemente y
regresemos sintiéndonos relajados, con energía y profundamente
conectados con nosotros mismos.
Shakti Gwain
– 32 –
TRABAJO TERAPÉUTICO DE SENSITIVIZACIÓN
Para este ejercicio, ten a mano una flor y una fruta.
Huele la flor. Permite que su olor te llene: conviértete en la nariz.
Olvídate de todo el cuerpo y lleva toda la energía a la nariz, como si solo la
nariz existiera.
Si pierdes el rastro del olor, siéntelo nuevamente. Poco a poco, si
ejercitas tu olfato, podrás oler una flor a gran distancia.
Siente: qué sensaciones, qué emociones despierta en ti ese aroma. ¿En
qué chakra lo percibes?
Ahora, huele la ausencia del olor, siente la diferencia. Esa es la otra
parte de tu ser, la parte ausente... la parte oscura.
Toma la fruta y muérdela. Siente el gusto. ¿Cómo es? ¿Dulce? ¿Ácida?
¿Amarga? Conviértete en el gusto, y quédate un momento disfrutándolo.
¿Qué sientes dentro de ti? ¿Qué convoca en ti el gusto de la fruta? ¿En qué
chakra lo sientes?
Ahora, abre los ojos y mira la fruta. ¿Cómo es? ¿Qué color tiene?
¿Cómo se relaciona ese color con tu propio ser? ¿Qué sensaciones evoca en
ti ese color? ¿En qué chakra lo sientes? ¿Cómo es la forma de la fruta? ¿Es
redonda, es ovalada? ¿Es grande, es pequeña?
Ahora, cierra nuevamente los ojos. Toca la fruta. Lleva toda la energía
a tus manos. ¿Cómo es su textura? ¿Es lisa o rugosa? ¿Suave o áspera?
¿Seca o húmeda? ¿Qué sientes al tocar la fruta? ¿Qué sensaciones despierta
en ti el contacto con ella? ¿En qué chakra lo experimentas?
Ahora, olvídate de la flor y de la fruta y conviértete en la música.
Conviértete en los oídos, sólo tú y los oídos. ¿Cómo es la música? ¿Suave?
¿Ligera? ¿Tiene ritmo? ¿Tiene cadencia? ¿Tiene armonía? ¿Qué sensaciones
produce en ti esa música? ¿Surge algún recuerdo? ¿Cómo es su vibración?
¿Sientes que te elevas con la música? Siente tu cuerpo: ¿vibra con la
música? ¿Sientes que tu alma vibra con sus compases? ¿Cuál de tus chakras
resuena más?
Ahora, párate y ponte a danzar con la música. Mientras bailas, olvídate
de todos los pasos y las técnicas. No te pierdas la experiencia observando
cómo lo haces, eso no importa. Baila como si estuvieras enamorado del
Universo. Como si bailaras con el ser más amado. Y conviértete en la
danza. Ya no eres tú. Eres la danza.
Marta Beatriz Carranza – Silvia Cristina Ciarlante
– 33 –
DESCUBRIR EL ORO DE LA SOMBRA
Cierra los ojos. Imagina una persona por quien sientes antipatía o
rechazo. Trata de individualizar cuál es el rasgo o cualidad de ella que
te resulta especialmente molesto, insoportable o repulsivo. Siente
profundamente esa cualidad. ¿Qué sensaciones o sentimientos te
provoca? ¿Cómo la percibes en ti mismo? ¿Qué siente tu corazón?
Trata de descubrir qué cualidad positiva puede que aloje ese rasgo, es
decir, que esa misma característica, atemperada, quizás encierre una
virtud, como si buscásemos una piedra preciosa en medio de la
escoria. Por ejemplo, si lo que te exaspera es la hostilidad, la cualidad
positiva implícita podría ser el poder personal; si fuera la vagancia,
podríamos imaginarla como capacidad para el relax o el ocio.
Ahora, imagina que te apropias de esa cualidad, transformada, y la
incorporas a tu ser. ¿Cómo la sientes en ti mismo? ¿La experimentas
como algo que necesitabas, que te estaba faltando?
En un pequeño ritual, libera a la persona que fue objeto de tu
proyección. Perdónala y pídele perdón. ¿Qué sientes ahora en tu
corazón? Luego, libérate a ti mismo de la dicotomía interior. Visualiza
tus dos partes opuestas, según el rasgo que hayas encontrado.
Visualízalas unidas, como lo que en realidad son,, un ser unitivo,
integrado. Siente que tu yo superior dirige este trabajo, aportando
comprensión, amor, reconciliación. Cubre de luz la situación.
Realiza este ejercicio las veces que sea necesario, hasta que sientas que la
cualidad negativa transformada en oro, ya forma parte de ti, y no
necesitas proyectarla.
Marta Beatriz Carranza-Silvia Cristina Ciarlante
– 34 –
LA SOMBRA: TRABAJO CON LOS DOS HEMISFERIOS
Este trabajo consiste en una interacción entre los dos hemisferios. El
izquierdo, lógico, racional, consciente, que corresponde al lado derecho del
cuerpo. El derecho, intuitivo, abstracto, inconsciente, el lado izquierdo del
cuerpo.
Comienza el trabajo con una serie de preguntas, que irán surgiendo de
acuerdo a lo que el consultante necesite saber, o resolver, acerca de alguna
situación o relación con otra persona. Se escribe la pregunta con la mano
derecha, y con la izquierda se responde. La consigna es: dejar que el
inconsciente se exprese a través del lado izquierdo del cuerpo. Suele
suceder que al principio el consultante trata de controlar sus reacciones y
sus respuestas. Es natural que esto suceda, pero el terapeuta lo incentivará
para que vaya soltándose, y le dé a su inconsciente la libertad total de
expresarse. Esto incluye, además de las respuestas -que serán
prácticamente ilegibles por la letra deforme- la expresión de las emociones,
ya sea con gestos faciales, sonidos, presión del lápiz al escribir, etc. Así
sucesivamente con varias preguntas. Es importante que el papel donde el
consultante escriba sea lo más grande posible (como las hojas de dibujo),
para que pueda expresarse y expandirse.
Ahora pedimos al consultante que dibuje con su mano derecha (con
crayones, fibras, pinturas), un retrato de sí mismo. Tal como se presenta al
mundo. Tal como lo ven los demás. Luego, con su mano izquierda, que
haga un dibujo de sí mismo, lo que hay detrás de ese anterior. Si
observamos nuevamente el control, le podemos pedir que utilice
determinados colores: negro, marrón, rojo. Podemos pedirle que integre en
el dibujo las emociones que surgieron al responder las preguntas en la fase
anterior del trabajo.
Es conveniente acompañar el ejercicio con una música fuerte, rítmica,
no melódica, como marchas, tambores, etc.
Para quienes son zurdos, el trabajo es a la inversa: para el consciente la
mano izquierda, y para el inconsciente la mano derecha.
Silvia Cristina Ciarlante
– 35 –
TRABAJO CON LA SOMBRA
TRANSFORMAR AL OPONENTE EN MAESTRO
Cierra los ojos. Imagina a una persona hacia quien sientas especial
antipatía o rechazo. Concéntrate en el rasgo o emoción de esa persona
que más te moleste o exaspere. Experiméntalo en todo tu ser y en todo
tu cuerpo. Siéntelo profundamente.
Luego pregúntate: ¿qué puedo aprender de esta persona? En vez de
ver en él a un oponente, trata de imaginarlo como lo que es, un
maestro que está allí para enseñarte algo.
Ahora, intenta darte cuenta si esa emoción o cualidad:
- la posees tú, por eso la proyectas
- o si se trata de algo que te falta, el oro de esa cualidad, algo que
tienes escondido y necesitas desarrollar, por ej., si te exaspera la
avaricia, cómo está funcionando tu capacidad para administrar, o para
reservar lo que haga falta, o para ser precavido. O si lo que te molesta
mucho es la hostilidad, cómo se encuentra tu poder personal, quizás
necesites afianzarlo.
O tal vez no surja nada, y simplemente se trate de que necesites
desarrollar la tolerancia o la aceptación hacia los demás. Puede serte
útil este dato: si lo que ves en la persona te informa, todo está bien; si
en cambio te afecta, es posible que se trate de una proyección.
Cualquiera sea el caso, insiste en considerar al supuesto oponente
como un maestro de quien aprenderás y profundizarás en lo que
acabas de descubrir. Hasta puedes verlo con una túnica blanca, o como
se presente en tu visualización.
Agradece a la persona que ha oficiado de maestro, por todo lo que te
permite aprender en cada experiencia.
Este ejercicio requiere de mucha constancia, amor por nosotros
mismos y por el prójimo, afán de evolucionar, poder de desidentificación.
Es muy curativo. ¡Inténtalo!
Marta Beatriz Carranza-Silvia Cristina Ciarlante
– 36 –
TRABAJO TERAPÉUTICO DE TRANSMUTACIÓN
Y RENOVACIÓN CELULAR Y ENERGÉTICA
Primera Parte
Nuestro cuerpo no es una estructura mecánica anclada en el tiempo y el
espacio. Es un campo de energía, transformación e inteligencia en intercambio
dinámico con su ambiente, capaz de perpetuar la sanación, la renovación y la
trasformación.
Nos sentamos cómodamente, cerramos los ojos y respiramos profundamente.
Ahora exhalamos lentamente el aire de los pulmones y visualizamos nuestra
respiración como un torrente de moléculas que sale de cada una de las células del
cuerpo. Con cada exhalación liberamos átomos de cada uno de los órganos del
cuerpo, y con cada inhalación traemos átomos a cada célula y órgano de nuestro
cuerpo. Renovamos nuestro cuerpo y reemplazamos partes de él con cada
respiración.
Continuamos respirando e imaginamos el cuerpo como un río continuo de
energía y transformación que se renueva y refresca constantemente.
Llevamos la atención al estómago y reconocemos que todo el revestimiento de
ese órgano se renovará al cabo de una semana. Ahora llevamos la atención a la piel
y reconocemos que al cabo de un mes se habrán reemplazado todas las células y
tendremos una piel nueva.
Visualizamos el esqueleto. Los átomos que lo constituyen actualmente serán
reemplazados por otros nuevos en cuestión de tres meses. Llevamos la atención al
hígado. Tendremos uno nuevo en seis semanas.
Ahora sentimos todo el cuerpo: cada órgano: el corazón, los pulmones, los
riñones, los órganos sexuales. Sentimos profundamente que cada rincón de nuestro
organismo se irá transformando.
Podemos decirnos mentalmente, a la vez que experimentamos profundamente
en la integridad de nuestro ser la purificación y la sanación:
Renuevo mi cuerpo con cada respiración
Y estemos seguros que en casi un año todo él se habrá renovado.
Y en vez de visualizar nuestro cuerpo como algo estático, sujeto a los embates
del medio externo, rígido e indefenso, lo vemos tal y como realmente es: seguro,
infinitamente protegido, flexible, fluido, y en constante renovación.
Ahora, dialogamos con las células de nuestro cuerpo, les sugerimos que trabajen
en conjunto, que se unan con amor y alegría, que funcionen armoniosamente y que
permitan que el Amor dirija su trabajo, las mantenga unidas, con un objetivo común,
regenerar y sustentar la salud y el equilibrio de ese organismo del que son una parte
esencial, incansables productoras de vida.
Ahora, visualizamos la conciencia. ¿Dónde la ubicamos?
Adaptado de D. Chopra, “Rejuvenezca y viva más tiempo”.
– 37 –
Segunda Parte
Vamos a visualizar ahora nuestros cuerpos energéticos o sutiles, o cuerpos
de luz, que rodean al cuerpo físico, interpenetrados con éste a través de cada uno
de los chakras, y conectados con toda la energía circundante.
Visualizamos el cuerpo etérico o doble etérico, íntimamente interconectado
con el cuerpo físico, y en el cual experimentamos nuestras sensaciones. Le
enviamos luz, que se va tornando de un color azul radiante, como iluminando el
cuerpo físico y a la vez dándole la vida.
Lo experimentamos vital, armonioso, lleno de energía.
Visualizamos ahora nuestro cuerpo emocional, que rodea al etérico. Vemos allí
nuestras emociones: alegría, tristeza, ira, entusiasmo, ansiedad. Enviamos luz a
todas esas emociones, y todo nuestro cuerpo emocional se va tornando de
luminosos tonos pastel. Vemos sus diversos colores, suaves, armonizados. Nos
damos cuenta que todas las emociones son válidas, y las podemos ir depurando,
como quien limpia su casa de residuos y lastres.
Ahora, nos centramos en el cuerpo mental, que rodea al emocional.
Contemplamos allí nuestras ideas, conceptos, juicios, prejuicios. Enviamos luz a
todo ese conjunto de elementos racionales, y se va tornando de un color amarillo
luminoso. Sentimos que vamos dejando atrás los condicionamientos, los conceptos
rígidos, los mandatos que nos atan a un paradigma anticuado. Percibimos como
algo sagrado la libertad, el discernimiento, la coherencia, la verdad, la creatividad,
el poder de elección que nos hace libres.
Después, llevamos la visión a los cuerpos muy sutiles, alrededor de los
anteriores. Notamos cómo la vibración se va haciendo más elevada, y los colores
más tenues, purpúreos, rosados, dorados, luminosos, luz pura, pura luz...
Experimentamos un amor muy profundo, más allá de nuestras emociones y
de nuestra razón. Como si flotáramos en un mar de amor. Ese amor se va
haciendo cada vez más inmenso, más desinteresado. Vamos sintiendo que somos
uno con todo, con el Creador y con todas las criaturas.
El sentimiento de amor y de expansión, cada vez mayor, cada vez más
incondicional, nos conecta con la conciencia cósmica. Nos quedamos un momento
en esa dimensión trascendente, sin cuerpo, sin tiempo, sin espacio.
Ahora, imaginamos la conciencia. ¿Cómo la vemos? ¿Dónde se encuentra?
¿Es pequeña, reducida, o expansiva e ilimitada? ¿Está en nuestros cuerpos más
densos o se expande hasta fundirse con el infinito?
Marta Beatriz Carranza
– 38 –
EJERCICIO PARA DESARROLLAR EL YO EXITOSO
Ante la dificultad para desarrollar el YO EXITOSO, como ante el miedo al
fracaso, que suelen ser facetas de una misma emoción, inspirémonos en el
modelo de Jesús. Jesús vivió plenamente sus fracasos y sus éxitos. Fracasó en
algunas situaciones en que no obtuvo los resultados esperados.
Fundamentalmente Jesús fue muy exitoso.
Preparó cuidadosamente el éxito de su misión, seleccionó un grupo de
personas que cumplirían en su plan funciones especiales, dedicados como él a la
causa de la construcción del Reino de Dios.
Jesús era un excelente "vendedor" capaz de expresar con convicción su
mensaje, llegar con sus enseñanzas a gran número de personas, conseguir
adeptos por doquier. Jesús no ocultó sus milagros, los milagros le sirvieron para
hacerse conocer, para expandir su mensaje y para que la gente creyera en él.
Comenzamos respirando lenta y profundamente. Cerramos los ojos y nos
entregamos a la experiencia de la respiración. Inhalamos, retenemos un
momento el aire y experimentamos. Exhalamos, retenemos y sentimos
profundamente el espacio entre ambas instancias, inhalación y exhalación,
expansión y retracción, cielo y tierra...
Visualizamos una escalera y comenzamos a bajar. Llegamos a un espacio con
varias galerías oscuras, conocidas ya, muy familiares.
Nos sentamos allí, y nos visualizamos en nuestra condición de personas
opacas, sin éxito. Podemos revivir una ocasión en que nos hayamos sentido
disminuidos, incapaces, inseguros, miedosos. Sentimos profundamente esas
emociones en nuestro cuerpo. ¿Cómo se ve nuestro rostro? ¿Y los hombros?
¿Cómo es la postura del cuerpo? ¿Qué color predomina en esa escena? ¿Qué
emociones se hacen más fuertes? ¿Angustia? ¿Miedo? ¿Sensación de
incapacidad? ¿Envidia? ¿Vemos que otros pueden y nosotros no? ¿Qué más
experimentamos? Nos entregamos a las sensaciones, y hasta las exageramos un
poco para después poder soltarlas.
Ahora, respiramos profundamente y comenzamos a subir por la escalera.
Luego de un pequeño descanso, otra escalera nos conduce hacia un lugar
más alto. Subimos. Es una especie de terraza soleada, llena de luz.
Allí nos sentamos y comenzamos a visualizarnos. Nos vemos contentos,
exitosos, expansivos. Podemos crear imaginativamente, una situación en que nos
comunicamos con otras personas. Les expresamos todo lo que hacemos, nuestras
capacidades, nuestros talentos, nuestra creatividad en determinado campo.
Sentimos profundamente: ¿qué sensaciones afloran? ¿cómo se ve ahora nuestro
rostro? ¿y nuestro cuerpo? ¿cómo es la postura? ¿qué color predomina? Dejamos
que un rayo de luz ilumine la escena, y allí, nos vemos primeras figuras,
relajados, confiados, llenos de esperanza, de voluntad, de confianza en nosotros
mismos. Llenos de poder personal. Sentimos un amor profundo por nosotros
mismos y por todo lo que nos rodea. Una aureola luminosa de bienestar y de
éxito enmarca nuestra imagen. Nos quedamos un momento disfrutando de esa
persona exitosa que somos ahora. Y sentimos una profunda comprensión por la
otra, nuestra parte desvalida, a la vez que la iluminamos cada vez más.
– 39 –
Después, respiramos profundamente, y nos decimos, desde todo nuestro ser,
no sólo desde la mente:
Acepto el éxito y la abundancia como elementos de mi evolución.
Mi trabajo tiene un valor y merezco cobrar por ello.
El dinero es un medio útil y valioso.
Ofrezco mi trabajo, recibo dinero a cambio y ello crea abundancia en mi vida.
Mi ser interior genera abundancia. Lo que recibo es acorde con mis merecimientos.
Me perdono y me amo. Acepto mis fracasos y mis éxitos como episodios de la
evolución de mi conciencia.
Mis fracasos hacen posible mi crecimiento.
Mis éxitos me estimulan a seguir avanzando en mi camino.
Agradezco a la vida por toda la abundancia que soy capaz de generar.
Nos vemos como Jesús, llevando a todos nuestro mensaje humilde y a la vez poderoso,
cargado de energía, apuntalado por nuestra seguridad, por la seguridad que nos da el
amor por lo que hacemos, el ser personas valiosas y dignas de éxito.
Marta Beatriz Carranza-Silvia Cristina Ciarlante
– 40 –
DIÁLOGO DEL SÍNTOMA
Cierra los ojos y piensa en algún síntoma físico que te preocupe. Si es posible, piensa en un
síntoma que puedas sentir ahora mismo. Si no sientes ninguna incomodidad ahora, piensa en
algún síntoma que con frecuencia o regularmente te preocupe, y fíjate si puedes recrear la sen-
sación de ese malestar. Fija tu atención en ese síntoma y procura tomar una conciencia más
minuciosa del mismo... Exactamente, ¿qué partes de tu cuerpo están afectadas y qué
sensaciones sientes en tales partes?... Presta particular atención a las sensaciones de dolor y ten-
sión... Fíjate si puedes aceptar completamente todo malestar que sientes, y déjalo entrar en tu
conciencia... Fíjate si puedes aumentar ese síntoma... Toma conciencia de cómo incrementas ese
síntoma... y fíjate ahora si puedes reducirlo librándote de él de algún modo... Tómate un rato
más para explorar mejor el síntoma y tomar mayor conciencia del mismo...
Conviértete ahora en ese síntoma. ¿Cómo eres siendo síntoma?... ¿Cuáles son tus
características y qué le estás haciendo a esta persona?... Háblale ahora a esta persona y dile qué
le haces y cómo lo haces sentir... Como síntoma, ¿qué le dices a ella?... ¿Cuál es tu actitud y
cómo te sientes?...
Ahora sé tú mismo nuevamente y respóndele al síntoma... ¿Qué le contestas y cómo se
sientes mientras respondes?... ¿Qué sucede entre ustedes dos?...
Vuelve a convertirte en síntoma y prosigue el diálogo... ¿Cómo te sientes ahora siendo
síntoma y qué dices?... Ahora dile a esta persona qué estás haciendo por ella... ¿De qué manera
le eres útil o le facilitas la vida?... ¿Qué le ayudas a evitar?... ¿Qué otra cosa puedes decir?...
Sé tú mismo otra vez. ¿Qué respondes ahora?... Continúa este diálogo durante un rato y
alterna a fin de identificarte con quien quiera que estés hablando. Fíjate qué puedes aprender de
cada uno mientras prosigues el diálogo...
Mantén los ojos cerrados y recapacita en silencio sobre la experiencia... Ahora abre los ojos y
comunica tu experiencia en primera persona del presente, como si estuviera sucediendo ahora...
Con frecuencia un síntoma tiene mucho que comunicarte si te tomas el tiempo de prestarle
atención y escuchar los mensajes que te envía. Al mismo tiempo que te remite mensajes, envía
mensajes a la gente que te rodea. Un síntoma no sólo es la expresión de una parte tuya
indispuesta, también tiene efectos poderosos sobre los demás. Fíjate qué puedes aprender al
respecto del experimento que sigue.
DIÁLOGO DEL SÍNTOMA CON LO OTRO
Cierra los ojos y date cuenta nuevamente del mismo síntoma con que trabajaste en el
experimento previo... Toma contacto con todos los detalles del síntoma... Mira si puedes darte
cuenta de detalles adicionales que antes no notaste... Intenta nuevamente exagerar ese síntoma...
Y date cuenta de cómo lo exageras. ¿Qué es lo que haces y qué músculos pones en tensión?...
Conviértete en el síntoma e identifícate con él. ¿Cómo eres y cómo te sientes?... ¿Cuáles son
tus características?... ¿Qué haces tú y cómo lo haces?... Continúa siendo ese síntoma y habla con
la gente a tu alrededor. Habla con los padres, amigos, patrón, esposa, hijos -con cualquiera que
afecte- y cuéntales cómo los afecta... ¿Qué hacen ellos por tu causa?... Cuéntales qué les haces a
ellos y fíjate qué te responden... Toma cierto tiempo en explorar cómo, siendo síntoma, afectas a
los otros...
Sé tú mismo nuevamente y dile a esa gente las mismas cosas como tú mismo. Asume la
responsabilidad de lo que haces. Por ejemplo, "Utilizo mis dolores de cabeza para que hagas
cosas que yo no quiero hacer", o cualquiera sea tu situación...
Abre los ojos ahora y comparte tu experiencia en primera persona del presente, como si
estuviera ocurriendo ahora...
Algunos síntomas son creados o exagerados, en primer término, para influir a otros y
conducirlos a determinadas respuestas. Alguna gente siente un repentino dolor de cabeza
cuando no quiere encarar una dificultad o realizar una tarea rutinaria, así otra gente tiene que
ayudarlos. Hasta un síntoma con una causa específica externa, como una pierna quebrada,
puede ser usado para obtener más cuidado y atención de los realmente necesarios, y alguna
– 41 –
gente tiene una habilidad admirable para romperse los huesos o sufrir otras lastimaduras. Un
síntoma es un recurso ideal para manejar a otros. Es algo de lo que no puede
responsabilizárseme, me evita hacer ciertas cosas y obliga a que otros las hagan por mí.
Una de las cosas más importantes respecto de los síntomas es aprender a reconocer sus
beneficios. Acaso un síntoma te evita problemas, te da un respiro en un momento de excesivo
trabajo, te salva de tareas desagradables que tú no rechazas con un "no", llamas la atención de
otros, te proporciona el castigo "merecido", te ayuda a evitar compromisos indeseados, etc.
Cualquiera sea el efecto de un síntoma en ti, podrías explorar algunos otros recursos que
proporcionarían los mismos resultados, sin enfermar necesariamente. Si tú enfermas para
obtener un descanso, tal vez puedas tomar conciencia de tu agotamiento y tomarte un descanso
antes de que una enfermedad te obligue. Si tu síntoma te procura cuidado y atención de parte
de otros, tal vez existan otros medios de obtener ese cuidado y esa atención. Frecuentemente,
cuando se encuentra tal alternativa, el síntoma mejora repentinamente o desaparece.
John Stevens, El Darse Cuenta
– 42 –
MEDITACIÓN: ORIGEN Y TRASCENDENCIA DE LAS FRONTERAS
Primera frontera: Yo-no yo. Siéntate con la espalda bien derecha, cierra los ojos, y comienza
a respirar profundamente, exhalando por boca. Sigue luego inspirando y exhalando por nariz,
tratando de relajarte cada vez más y entregarte a la experiencia de la relajación y la meditación
conscientes. Ahora, ubícate en la primera barrera que fuiste creando: yo, y el mundo que me
rodea, como cosas separadas. Respira profundamente, y trata de imaginar, sentir o recordar en
qué momento de tu vida levantaste esa barrera que te hizo creer que estabas separado de todo y
de todos; la división entre lo que está dentro de tu piel y lo que está fuera de tu piel; yo frente a
una realidad ajena a mí, una realidad muchas veces enemiga. Tómate unos minutos, y mientras
respiras profundamente, trata de volver a aquel instante en que iniciaste tu separación. Ahora,
intenta recordar en qué momento o etapa de tu vida empezaste a sentir miedo a la muerte...
Trata ahora de retomar la unidad con todo aquello de lo que te distanciaste: la naturaleza,
las personas, los animales, la muerte... Para ello pide la asistencia de San Francisco, quien
también nos prestará algunas de sus reflexiones. Pídele al santo, padre de la ecología, que te
ayude a retomar la unidad perdida.
Imagina el sol, la luna, las estrellas... siéntete uno con ellos... y agradece... Imagina el viento,
las nubes, el fuego, el agua... siéntete uno con todos ellos, y agradece... Imagina a la Madre
Tierra, vuelve a sentirte uno con ella, y agradece... Imagina a los animales que pueblan el
planeta, tanto los más feroces como los domésticos, aquéllos a los que les temes o a los que les
tienes repulsión o miedo, a los que viven en el agua, en el aire o en la tierra, y
agradece...Imagina ahora a tus semejantes... olvídate de si son buenos o malos, ricos o pobres,
amigos u oponentes... y agradece... Ahora imagina que llega a ti la muerte, la "hermana muerte"
como le llamaba San Francisco, y mírala con naturalidad, sin miedo y sin dolor... siente que es
una con la vida, con tu vida, y agradece.
Segunda frontera: cuerpo-mente. Respira profundamente, y trata de recordar cuándo
comenzaste a sentir que tu cuerpo y tu mente estaban separados uno de la otra. Trata de
recordar qué mandatos o enseñanzas te llevaron a la división cuerpo-mente, como si todo lo que
sentía tu cuerpo, con sus humores, sus secreciones, sus dolores, sus sensaciones, fuera algo
separado de tu mente, y hasta inferior a ella... o quizás motivo de vergüenza, de culpa o de
ocultamiento... Ahora, respira hondamente y siente en profundidad tus sensaciones, tus
sentimientos, tus emociones, y junto con tus pensamientos, con tu mente, experiméntalos como
una unidad, como un conjunto integrado y armonioso. Respira profundamente y siente que ese
conjunto cuerpo-mente-emociones, junto con tu alma, conforman algo inseparable, unitivo,
completo, sagrado...
Tercera frontera: Persona-sombra. Respira profundamente, e intenta tomar conciencia de
cómo fuiste escondiendo algunas emociones, pensamientos, actitudes, que parecían incorrectas,
o malas, o pecaminosas... Imagínate como niño, como adolescente, como adulto... cuántas cosas
fuiste tapando para que los demás no supieran que sentías todo eso... cuántas broncas, culpas,
sensaciones, pensamientos, fuiste ocultando para lograr aprobación de los demás? Ahora,
respira profundamente tomando conciencia de toda tu sombra y con gran respeto, como
honrándola, pacta con ella: ofrécele luz, a cambio de toda la energía que ella posee. Reconócela,
es una parte tuya que necesita hacerse consciente, y prepárate para ir transmutándola,
transformándola, sacándola de la oscuridad.
Respira profundamente y vuelve a experimentar con todo tu ser la Unidad, en ti mismo y
con todo lo que te rodea, incluyendo los demás seres de toda clase, la naturaleza, el cosmos, el
Gran Todo, Dios... Permite que ese sentimiento de Unidad, que es sinónimo de Amor, impregne
cada vez más todas tus vivencias.
Marta Beatriz Carranza-Silvia Cristina Ciarlante