Maternidad subrogada
Alfonso de la Fuente
Co-Editor Revista Iberoamericana de Fertilidad
La maternidad subrogada supone en la actualidad uno de los grandes retos de la medicina re-
productiva porque si bien es un procedimiento terapéutico en casos de ausencia o patología se-
vera uterina, patología medica coadyuvante que contraindique la gestación en una persona,
esterilidad constitucional, etc, no está exenta de conflictos éticos, sociales, morales e incluso
políticos.
Subrogación significa sustitución, de manera que un embarazo por sustitución es el que se pro-
duce cuando una mujer accede a quedar embarazada y a dar a luz un hijo, en sustitución de otra
que no puede o no quiere hacerlo, mediante la transferencia de embriones procedentes de ga-
metos propios, donados o de la madre subrogada.
El primer caso en la historia de maternidad subrogada fue constatado en el Antiguo Testamento
(el Libro del Génesis, 16) dos mil años antes de Cristo y ocurrió cuando una sierva que se lla-
maba Agar (madre subrogante) fue invitada como madre de alquiler para que llevara en su vien-
tre a un bebé de Abraham cuya mujer (madre subrogada) no había podido llevar a buen término
un embarazo.
La historia cuenta muchos otros casos similares de la solución del problema de infertilidad, en
que las siervas y las concubinas se usaron como madres de alquiler en muchos países del
mundo. Claro que por aquel entonces fue posible sólo la llamada maternidad subrogada “tradi-
cional” cuando el padre-cliente y la madre de alquiler fueron los padres genéticos del niño, y la
fecundación fue realizada de manera natural.
En la actualidad, se aplican técnicas de reproducción asistida y existen dos tipos de subroga-
ción:
- Total, en que los dos gametos son aportados por los “padres adoptivos”, ambos pro-
vienen de donantes o un gameto es de donante y el otro del “padre/madre adoptivos”.
- Parcial, cuando existe un vínculo genético entre la gestante y el hijo, ya que esta aporta
el ovulo del que procede el embrión que se le ha transferido.
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Es necesario apuntar que la práctica de la maternidad subrogada o gestación por sustitución,
presenta situaciones muy cuestionables y no fáciles de resolver desde el punto de vista ético y
jurídico, porque origina posibilidades muy diversas en cuanto a la determinación genética de la
paternidad, maternidad y filiación:
1. Paternidad y maternidad genética de la pareja (óvulo y espermatozoide de la pareja) y bio-
lógica de la mujer que presta el útero.
2. Paternidad o maternidad genética de la pareja (óvulo o espermatozoide de la pareja. El otro
gameto sería aportado por un donante anónimo) y biológica de la mujer que presta el útero.
3. No hay paternidad ni maternidad genética de la pareja (óvulo y espermatozoide donados) y
biológica de la mujer gestante que presta el útero.
4. No hay paternidad ni maternidad genética de la pareja (la gestante aporta el óvulo y el es-
permatozoide procede de un donante anónimo), pero sí genética y biológica de la que presta
el útero.
5. Paternidad genética de la pareja (espermatozoide del hombre), genética y biológica de la
mujer gestante que presta su útero y aporta el óvulo.
Los problemas éticos específicos que se plantean en este procedimiento, incluyen los relativos
al embarazo, ejecutabilidad del acuerdo, desarrollo del recién nacido y el papel del médico.
Estos afectarían a los principios éticos, pero con ciertas dudas sobre su aplicación:
- Autonomía: De quien? De los padres genéticos o de la madre subrogada.
- Beneficencia: Hacia quien?. Hacia los padres genéticos, la madre subrogada o el niño.
- No maleficencia: Que pensar de los peligros para la salud mental y física de la madre subro-
gada durante el embarazo, parto y puerperio?
- Justicia: Cual de las madres tiene derecho a ser considerada la madre social?.
Otros aspectos serían los relativos a aspectos de la salud y obligaciones de los médicos, subro-
gación comercial versus altruista, despersonalización de la madre subrogada y subrogación ute-
rina versus trasplante de donantes vivos.
El embarazo obliga a que exista un acuerdo mutuo con respecto al screening antenatal, cuidados
gestacionales, terminación del embarazo que solo puede ser justificada por razones médicas y
modo del parto. En este sentido es importante destacar que desde un punto de vista ético no es
aconsejable interrumpir un embarazo sano en contra del deseo de los padres subrogados, sin
embargo, desde el punto de vista legal la madre subrogante tiene el derecho a hacerlo y esto
debe ser tenido en cuenta en el momento del acuerdo por parte de los padres subrogados.
En este procedimiento es de gran importancia la documentación suscrita por las partes impli-
cadas. El consentimiento informado debe contemplar con respecto a la madre subrogada la au-
sencia de derechos y responsabilidad sobre el hijo tras el parto, lo que corresponderá a los padres
adoptivos, comenzando su responsabilidad moral desde el momento en que se inicia el proce-
dimiento. Además, este consentimiento se debe ampliar a la familia de la gestante con el fin de
proteger sus relaciones familiares.
No existen evidencias claras ni un seguimiento a largo plazo del desarrollo social y psicológico
de los hijos nacidos tras subrogación uterina, así como de la posible confusión sobre los roles
maternos, por lo que no se pueden descartar posibles conflictos.
Desde el punto de vista moral puede no ser aceptable, al tratarse de un proceso que puede atentar
contra la dignidad de la persona, pues el contrato entre las partes implica comerciar con seres
humanos, ya que en la mayoría de los casos se cobra por la labor materna de la gestación. Podría
implicar una situación de explotación física, psíquica y económica en sentido bidireccional.
Además, puede ser fuente de frecuente conflictividad: adopción, filiación, retroacción o anula-
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ciones de contratos (ejemplos: la gestante quiere quedarse con el niño, nadie quiere al niño na-
cido con taras o defectos, la madre gestante se niega al aborto terapéutico al detectarse anomalías
fetales, divorcio previo al nacimiento de la pareja solicitante, fallecimiento de la mujer gestante
durante el parto, etc).
El médico en España no está obligado ni moral ni por supuesto legalmente a colaborar en el
proyecto de subrogación, ya que esta práctica está prohibida tal como establece el artículo 221
del Código Penal, pero si lo hiciera tendría que informar a todas las partes sobre los aspectos
médicos, sociales, psicológicos, emocionales, morales y legales implicados en la subrogación;
asegurarse de que los candidatos cumplen las indicaciones y confirmar que ambas partes reciben
un consejo y realizan el screening apropiado de cara a reducir los riesgos y favorecer una toma
de decisiones libre y consciente.
En conclusión, la maternidad subrogada o por sustitución, práctica en la que confluyen diversas
convicciones deontológicas, éticas, legales, sociales y religiosas, es una realidad actual en la
que se afectan derechos y deberes de todos sus integrantes, por lo que se aconseja que su regu-
lación legal se fundamente en estudios científicos y en el mayor consenso posible entre todas
las partes que intervienen en el proceso.
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