0% encontró este documento útil (0 votos)
48 vistas5 páginas

Sócrates

Sócrates fue un filósofo griego que vivió en el siglo V a.C. en Atenas. Se centró en cuestiones sobre la naturaleza humana y la virtud. Creía que el alma, no el cuerpo, era la esencia del hombre, y que la virtud y el conocimiento de sí mismo eran fundamentales para alcanzar la felicidad. También desarrolló una concepción del alma, la libertad y Dios que influyó en gran medida en el pensamiento posterior.

Cargado por

Paola
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
48 vistas5 páginas

Sócrates

Sócrates fue un filósofo griego que vivió en el siglo V a.C. en Atenas. Se centró en cuestiones sobre la naturaleza humana y la virtud. Creía que el alma, no el cuerpo, era la esencia del hombre, y que la virtud y el conocimiento de sí mismo eran fundamentales para alcanzar la felicidad. También desarrolló una concepción del alma, la libertad y Dios que influyó en gran medida en el pensamiento posterior.

Cargado por

Paola
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ESCUELA UNIVERSITARIA DE TEOLOGÍA Y FILOSOFÍA

LICENCIATURA EN TEOLOGÍA
CÁTEDRA: Historia de la Filosofía I: Antigua
PROFESOR: Prof. Bruno Leandro Ponferrada
ALUMNAS: Hna. Paola C. Salas
Hna. Silvina Segovia
SÓCRATES

Bibliografía: REALE, G. y ANTISERI, D. Historia del pensamiento filosófico y científico.


Tomo I: Antigüedad y Edad Media, Primera Parte- Herder, Barcelona (1995).

Introducción
Sócrates nació en Atenas en el 470/469 a.C. y murió en el 399 a.C. Fue hijo de un
escultor y de una partera. Fue condenado a muerte por impiedad, acusado de no creer en los
dioses de la ciudad y de corromper a los jóvenes; tras esas acusaciones se ocultaban
resentimientos de diversas clases y maniobras políticas. Enseñó en lugares públicos,
ejerciendo una enorme fascinación no sólo sobre los jóvenes, sino también sobre hombres
de todas las edades, lo cual le ganó notables aversiones y enemistades.
En la vida de Sócrates hay que distinguir dos fases. En la primera frecuentó a los
físicos, sobre todo a Arquelao. En su pensamiento influyó sofística, planteándose sus
mismos problemas, pero en abierta polémica con las soluciones que proponían los sofistas
mayores. Aristófanes, en su célebre comedia Las nubes, presenta a un Sócrates joven y
caricaturizado, muy distinto al Sócrates idealizado que nos describen Platón y Jenofonte,
que es el de la vejez, el último tramo de su existencia.
Sócrates no escribió nada, ya que consideraba que su mensaje debía comunicarse a
través de la palabra viva, a través del diálogo y la oralidad dialéctica. Sus discípulos
establecieron por escrito una serie de doctrinas que se le atribuyen. Esas doctrinas, sin
embargo, a menudo no coinciden y, a veces, incluso se contradicen. En la mayor parte de
sus diálogos, Platón lo convierte en portavoz de sus propias doctrinas por eso resulta muy
difícil determinar qué es lo que pertenece efectivamente a Sócrates y qué corresponde a
replanteamientos y reelaboraciones que formula Platón. Aristóteles habla de Sócrates de
forma ocasional; sin embargo, con frecuencia se ha considerado que sus afirmaciones son
las más objetivas.
Actualmente se habla de una perspectiva del antes y del después de Sócrates. A
partir del momento en que Sócrates actúa en Atenas, la literatura en general y la filosofía en
particular, experimentan una serie de novedades de alcance muy considerable, que más
tarde en el ámbito griego permanecen como adquisiciones irreversibles y puntos de
referencia constante. La filosofía socrática manifiesta un influjo tan notable en el desarrollo
del pensamiento griego, y en general, del pensamiento occidental, que puede compararse
con una auténtica revolución espiritual.

1-Esencia del hombre: su psyche


Después de los naturalistas, vemos que Sócrates centró su interés en la problemática
del hombre. Supo llegar al fondo de la cuestión, y el mismo admitió que era un sabio en la
materia: - Por la verdad, oh atenienses, me he ganado este título a causa de la sabiduría.
Tal sabiduría es humana, aquella que puede tener el hombre sobre el propio hombre, y con
esta sabiduría es verdaderamente posible que yo sea sabio.

1
Sócrates trata de responder al siguiente problema: -¿Cuál es la naturaleza y la
realidad última del hombre? ¿Cuál es la esencia del hombre? Llega a una respuesta precisa e
inequívoca: el hombre es su alma, es lo que lo distingue de manera específica de cualquier
cosa. Entiende por alma nuestra razón y sede de nuestra actividad pensante y ética. Para
Sócrates el alma es el YO CONSCIENTE. La conciencia y la personalidad intelectual y
moral. Si el alma es la esencia del hombre, cuidar de sí mismo significa cuidar no del
propio cuerpo sino de la propia alma.
Sócrates consideró que le ha sido encomendado por el Dios la tarea de persuadir a
jóvenes y viejos, de que “no debéis preocuparos por el cuerpo ni las riquezas ni ninguna
otra cosa más que del alma, para que esta se convierta en óptima y virtuosísima. Porque la
virtud no nace de la riqueza sino la riqueza nace de la virtud. Uno de los razonamientos
fundamentales de Sócrates para probar esta tesis: Uno es el instrumento del cual nos
valemos y otro es el sujeto que se vale de dicho instrumento. El hombre se vale del propio
cuerpo como de un instrumento, significa que son cosas distintas el sujeto, que es el
hombre, y el instrumento, que es el cuerpo. A la pregunta de ¿qué es el hombre? No se
podrá responder que es su cuerpo sino que es aquello que se sirve del cuerpo, la psyche, el
alma (la inteligencia) es la que se sirve del cuerpo. La conclusión es inevitable: Nos ordena
conocer el alma aquel que nos advierte “CONOCETE A TI MISMO”. Sócrates llevó su
doctrina al punto de conciencia y reflexión crítica.

2-El significado de virtud


En griego, lo que llamamos virtud se dice arete. Significa aquello que convierte a
una cosa buena y perfecta en aquello que es; mejor aún, significa aquella actividad y modo
de ser que perfecciona a cada cosa, haciéndola ser aquello que debe ser. Los griegos
hablaban de una virtud de los distintos instrumentos, de una virtud de los animales, por
ejemplo, la virtud del perro consiste en ser un buen guardián, la del caballo, en correr con
rapidez, y así sucesivamente.
En consecuencia, la virtud del hombre no es más que lo que hace que el alma sea
como debe ser, de acuerdo con su naturaleza, es decir, buena y perfecta. En esto consiste,
según Sócrates, la ciencia o conocimiento, mientras que el vicio será la privación de ciencia
y de conocimiento, es decir, la ignorancia.
De este modo Sócrates lleva a cabo una revolución en la tabla tradicional de los
valores. Los verdaderos valores no son aquellos que están ligados a las cosas exteriores,
como la riqueza, el poder o la fama, y tampoco aquellos que están ligados al cuerpo, como
la vida, la fuerza física, la salud o la belleza, sino exclusivamente los valores del alma que
se hallan todos incluidos en el conocimiento. Según esto, los valores tradicionales por sí
mismos carecen de valor. Sólo se convertirán en valores si se utilizan como lo exige el
conocimiento, es decir, en función del alma y de su arete.
Por lo tanto: riqueza, poder, fama, salud, belleza, etc., por su propia naturaleza no
pueden llamarse bienes en sí mismos. Si son dirigidos por la ignorancia, se revelan como
males mayores que sus contrarios, porque se hallan más capacitados para servir en una mala
dirección; en cambio si están dirigidos por el buen juicio y por la ciencia o el conocimiento,
resultan bienes mayores.

3-El concepto de libertad y el nuevo concepto de felicidad


Libertad es la manifestación de la excelencia de psyche o razón humana que
Sócrates denominó autodominio (enkrateia). Es el dominio de uno mismo durante los

2
estados de placer, de dolor y de cansancio, cuando se está sometido a la presión de las
pasiones y de los impulsos. “Cada hombre considerando que el autodominio es la base de
toda virtud, debería procurar adquirirlo”. Identificó la libertad humana con el dominio
racional de la animalidad. El hombre verdaderamente libre es aquel que sabe dominar sus
instintos y no se convierte en esclavo y víctima de ellos.
Estrechamente vinculado con este concepto de autonomía y libertad está el concepto
de autarquía: es autonomía, la de aquel que trata de necesitar lo menos posible. Sabio es
aquel que vence los instintos y elimina todo lo superfluo, le basta con la razón para vivir
feliz. Es realmente suficiente para sí mismo, se encuentra cerca de la divinidad, del ser que
no tiene necesidad de nada.
En griego felicidad se dice eudaimonia. El discurso Socrático profundiza y
fundamenta de modo sistemático estos conceptos, la felicidad no puede venir de las cosas
externas ni del cuerpo sino solo del alma, porque esta, y solo esta es la esencia del hombre.
El alma es feliz cuando está ordenada, cuando es virtuosa. Dijo Sócrates: -“En mi opinión,
quien es virtuoso es feliz. Los injustos y malvados son infelices. Constituyen la felicidad el
orden espiritual y la armonía interior”.
Sócrates creyó con firmeza que la virtud logra su auténtico premio en sí misma. Que
vale la pena ser virtuoso. La virtud en sí misma es ya un fin. El hombre es el verdadero
artífice de su propia felicidad o infelicidad.

4-La teología socrática


La noción de Dios que enseñaba Sócrates, y que sirvió de pretexto a sus enemigos
para condenarlo a muerte, era contraria a los dioses en que creía la ciudad. Era la
concepción que filósofos naturalistas habían preparado de forma indirecta y que había
culminado en el pensamiento de Anaxágoras y de Diógenes de Apolonia, consistente en el
Dios-inteligencia ordenadora. Sócrates libera esta concepción de los supuestos propios de
dichos filósofos, eliminando factores de carácter físico y elevándola a un plano lo más
exento posible de rasgos propios de la anterior filosofía de la naturaleza.
Sobre este tema, Jenofonte nos informa en los Memorables, lo que constituye la
primera prueba racional de la existencia de Dios que haya llegado hasta nosotros y que
servirá de base para todas las pruebas siguientes:
a) Aquello que no es mero fruto del azar, sino que se ha constituido para lograr un objetivo
y un fin postula una inteligencia que lo haya producido ex profeso. En particular, si
observamos al hombre, advertiremos que todos y cada uno de sus órganos poseen una
finalidad, de modo que no pueden en ningún caso ser explicados como consecuencia del
azar, sino únicamente como obra de una inteligencia que ha concebido expresamente dicha
finalidad.
b) Los artífices de esta tierra aparecen junto a sus obras, en cambio, esta Inteligencia no se
ve. Sócrates sostiene que tampoco nuestra alma (inteligencia) se ve, y no obstante nadie se
atreverá a afirmar que, puesto que el alma (inteligencia) no se ve, no existe.
c) Es posible establecer, sobre la base de los privilegios que posee el hombre con respecto a
todos los demás seres (por ejemplo, la estructura física más perfecta y, sobre todo, la
posesión de alma y de la inteligencia), que el artífice divino se ha cuidado del hombre de
una forma totalmente peculiar.
El argumento gira en torno a este núcleo central: el mundo y el hombre están
constituidos de un modo tal (orden, finalidad) que sólo una causa adecuada (ordenadora,
que otorga una finalidad y, por lo tanto, inteligente) puede dar razón de ellos.

3
A quienes rechazaban este razonamiento, Sócrates les hacía notar que en nosotros
hay una pequeña parte de todos los elementos que están presentes en el universo de una
forma masiva. Les hacía ver que los hombres no somos capaces de habernos quedado con
toda la inteligencia que existe y que, fuera de nosotros, puede existir otra inteligencia.
El Dios de Sócrates es inteligencia que conoce todas las cosas sin excepción, es
actividad ordenadora y providencia. Una Providencia que se ocupa del mundo y de los
hombres en general, y también del hombre virtuoso en particular (para la mentalidad de los
antiguos, lo semejante se halla en comunidad con lo semejante y, por lo tanto, Dios posee
una comunidad estructural con el bueno), pero no con el individuo humano en cuanto tal (y
muchísimo menos con el malvado). Una Providencia que se ocupa del individuo en cuanto
tal aparecerá únicamente en el pensamiento cristiano.

5-El método dialéctico y su finalidad


Se hallan vinculados con su descubrimiento de la esencia del hombre como psyche,
porque aspiran de un modo consciente a despojar el alma de la ilusión del saber, logrando
así curarla. Los fines del método Socrático son básicamente de naturaleza ética y educativa.
El diálogo con Sócrates lleva a un examen del alma y a dar cuenta de la propia vida, un
examen moral.
Este tener en cuenta la propia vida: era el objetivo específico del método dialéctico,
lo que le costó la vida a Sócrates. Platón pudo con toda razón poner en boca de Sócrates la
profecía de que condenándolo a muerte no se liberarán de tener que rendir cuentas, porque
no impedirán que se les eche en cara vuestro vivir no recto, pero existe otra manera
hermosísima y facilísima, no quitarle la palabra al otro, sino más bien esforzarse por ser
cada vez más virtuosos y mejores.
Su estructura: Coincide con el dialogo mismo y consta de dos momentos esenciales:
la refutación y la mayéutica. Sócrates se valía del disfraz del “no saber” y de la temidísima
arma de la ironía.

6-La refutación y la mayéutica


Sócrates se colocaba ante su interlocutor en situación del que no sabe y del que tiene
que aprenderlo todo. El significado de la afirmación del no saber socrático se calibra con
exactitud si se lo pone en relación, no sólo con el saber de los hombres, sino también con el
saber de Dios, que es omnisciente, extendiéndose su conocimiento desde el universo hasta
el hombre, sin restricciones de ninguna clase. Cuando se compara con la magnitud de este
saber divino, el saber humano aparece en toda su fragilidad y pequeñez. Desde esta
perspectiva la propia sabiduría humana socrática resulta un no saber. La contraposición
entre saber divino y saber humano era una de las antítesis predilectas de la sabiduría griega
de la época anterior y Sócrates vuelve a reafirmarla.
La ironía es la característica peculiar de la dialéctica socrática y no sólo desde un
punto de vista formal, sino también desde una perspectiva substancial. Ironía significa
simulación: en este caso específico indica el juego bromista, múltiple y diverso, de las
ficciones y estratagemas utilizadas por Sócrates para obligar a su interlocutor a dar razón de
sí mismo. La ironía está en función de un objetivo serio y es metódica.
La refutación constituía la fase durante la cual Sócrates llevaba al interlocutor a
reconocer su propia ignorancia. Obligaba a definir el tema sobre el cual versaba la
indagación; después profundizaba de distintas maneras en la definición ofrecida,
explicitando y subrayando las carencias y las contradicciones que implicaba; exhortaba a

4
intentar una nueva definición y mediante el mismo procedimiento la criticaba y la refutaba;
continuaba actuando de este modo hasta llegar al momento en que el interlocutor se
declaraba ignorante. La refutación servía para purificar de las falsas certidumbres, de la
ignorancia. Platón afirmaba que la refutación es la purificación fundamental, y quien no se
haya beneficiado de ella, podía ser considerado como impuro, carente de educación, lleno
de fealdad e infeliz.
Para Sócrates, el alma sólo puede alcanzar la verdad si está preñada de ella; en
efecto, él se declaraba ignorante y negaba con decisión el estar en condiciones de comunicar
a los demás un saber, o por lo menos, un saber constituido por unos contenidos
determinados. Pero al igual que la mujer que está embarazada necesita de la comadrona
para dar a luz, también el discípulo que tiene el alma encinta por la verdad requiere una
especie de comadrona espiritual, que ayude a que la verdad salga a la luz, y en esto consiste
la mayéutica socrática. Platón describe la mayéutica socrática como arte obstétrico que
trabaja con los hombres y no con las mujeres, y atiende a las almas parturientas y no a los
cuerpos. A través de ella, logra discernir con seguridad si el alma del joven da a luz un
fantasma y una mentira, o bien algo vital y real. Platón pone en boca de Sócrates que el
Dios le obliga a actuar como partero, pero le prohíbe engendrar. Y también que aquellos
que buscan su compañía, de él no han aprendido nada, sino únicamente en sí mismos han
hallado y engendrado el saber. Sin embargo, el haberlos ayudado a engendrar, sí es mérito
que corresponde al Dios y a él.

Conclusiones
La filosofía socrática manifiesta un influjo tan notable en el desarrollo del
pensamiento griego, y en general, del pensamiento occidental, ya que actualmente se habla
de una perspectiva del antes y del después de Sócrates.
El saber socrático no es algo vacío: tiene como objeto la psyche y el cuidado de la
psyche: a través del despojo de las ilusiones del saber y la aceptación del no saber.
Platón tratará de otorgar un contenido preciso a ese saber, estableciendo primero, de
un modo genérico, que su objetivo supremo era el bien, y a continuación intentando atribuir
a este bien una dimensión ontológica, mediante la construcción de una metafísica.
El considerar que la esencia del hombre reside en el alma, que la auténtica virtud se
halla en el conocimiento o que los principios básicos de la ética consisten en el autodominio
y en la libertad interior, era algo que llevaba a proclamar la autonomía del individuo como
tal. Sin embargo, serán los socráticos menores quienes formularán en parte dichas
deducciones y habrá que esperar a los filósofos de la época helenística para que se
expliciten de un modo adecuado. Todo el Occidente es deudor con respecto al mensaje
global de Sócrates.

También podría gustarte