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Chiara Luce Badano

Chiara Luce Badano, conocida como "Luce", nació en Italia en 1971. Desde pequeña mostró un profundo amor por Dios y los demás, ayudando a los necesitados. A los 16 años decidió consagrar su vida a Dios al unirse al movimiento de los Focolares. Poco después fue diagnosticada con cáncer óseo con metástasis. A pesar del intenso dolor, mantuvo una actitud de fe y alegría, ofreciendo sus sufrimientos por amor a Jesús. Falleció en 1990 a los 19

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Chiara Luce Badano

Chiara Luce Badano, conocida como "Luce", nació en Italia en 1971. Desde pequeña mostró un profundo amor por Dios y los demás, ayudando a los necesitados. A los 16 años decidió consagrar su vida a Dios al unirse al movimiento de los Focolares. Poco después fue diagnosticada con cáncer óseo con metástasis. A pesar del intenso dolor, mantuvo una actitud de fe y alegría, ofreciendo sus sufrimientos por amor a Jesús. Falleció en 1990 a los 19

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CHIARA LUCE BADANO

Soy Chiara “Luce” Badano, nací en Sassello Italia, el 29 de octubre de 1971, después de
11 años de espera de parte de mis padres. Nací en una familia llena de fe católica y era
hija única. Yo era una adolescente como todas: quería ser azafata, sabía tocar la
guitarra y las canciones de moda, rica de dotes naturales, deportista, tenía muchos
amigos que me consideraban normal y extraordinaria al mismo tiempo. Era una niña muy
amable y caritativa, escogía mis juguetes más nuevos y más lindos para los niños pobres.
Mamá dijo que yo tenía muchos juguetes y como a todos los niños me gustaba jugar. Un
día mientras jugaba en mi habitación y ella ordenaba la cocina, vino a mi habitación y me
dijo “ Cierto que tienes muchos juguetes, tienes muchos!” Y yo le digo: “si porque?”. Y
me dijo: “ ¿No podrías regalarle algunos a los pobres?”. Y le contesté: ¡son míos!”
Después de un tiempo ella estaba en la cocina y escucha que yo digo“! Este sí, este no…!.
Le dio curiosidad y volvió a la puerta y vio que había dividido todos los juguetes y le dije:
“tráeme una bolsa mamá” ella me la llevo y puse algunos juguetes en la bolsa. Y me dijo
“Pero Chiara estos son los nuevos” y le respondo “Mamá a los niños pobres no se les
puede regalar los juguetes rotos o viejos.
Yo ahorraba en una cajita las moneditas que me ofrecían y las enviaba a los niños
africanos: los amaba a ellos de una manera especial y soñaba con un día poder curarles
como una doctora. Era una niña como todas, pero con algo más: sabía amar. Soy dócil a la
gracia y al proyecto de Dios en su vida. De mis cuadernos de primaria se puede ver la
alegría y el entusiasmo en descubrir la vida: era una niña feliz.
Iba a visitar constantemente a las abuelas de la casa de reposo y ya cuando era más
grande me ofrecí para quedarme durante las noches con los abuelos maternos
necesitados de asistencia.
Una noche escribí en mi diario: “Una compañera tiene escarlatina y todos tienen miedo
de visitarla. Después de hablar con mis padres he decidido llevarle las tareas para que
no se sienta sola, creo que más allá del temor, es importante amar”. En el 81, a los 9
años, con mi papá y mi mamá, Maria Tereza y Ruggero Badano, participamos en Roma en
el Family Fest; una manifestación mundial del Movimiento de los Focolares: es el inicio,
para los tres, de una vida nueva. En mi pequeño pueblo, me lanzo a amar a mis
compañeras de escuela, a quien pasa a mi lado, decidida a vivir con radicalidad el
Evangelio que me fascina. Me comprometo en seguida y con pasión en el Movimiento,
entre las muchachas de mi edad. Me adherí al movimiento de los focolares como la
tercera generación de .

Desde pequeña evidencié un profundo amor a Dios. tenía el corazón lleno de alegría y capaz
de irradiar una ternura intensa, que se traslucía a través de mi mirada, llena de luz.
En 1985, me mudé a Savona para seguir los estudios de bachillerato. A los 16 años, mientras
vivía como cualquier adolescente, entre amigos, la música y el deporte, decidí consagrar mi
vida a Dios. Ya por esos tiempos, había establecido un vínculo muy cercano con la fundadora
de los Focolares, Chiara Lubich, quien me puso por sobrenombre "Luce" (Luz). Nos
mandabamos cartas constantemente y yo siempre empezaba las cartas con un “Hola mamá”
En el último año de colegio por una injusticia pierdo el año, por mi empeño cristiano me
tildaban de “monja”. Algunos se abrían y me confiaban las dudas y las dificultades,
encontrando en mí una escucha absoluta y comprensiva. Mamá me preguntaba si a ellos les
hablaba de Dios, y yo respondía “no debo hablar de Jesús, debo darlo”. ¿Y cómo lo haces?
“con mi escucha, con mi modo de vestir y sobre todo amándolos”
Pocos meses después de unirme a los focolares, un fuerte dolor en la espalda que noté
durante un partido de tenis, hizo sospechar a los médicos. Comienzan exámenes médicos de
todo tipo para definir el origen del mal. Muy pronto se descubre el origen del grave mal que
me afecta: tumor óseo, la evaluación médica indicaba "sarcoma osteogénico con metástasis",
un tipo de tumoración agresiva y dolorosa. Me propuse superar la enfermedad y comencé un
intenso tratamiento de quimioterapia, mientras trataba de seguir con mi vida habitual, sin
perder la alegría ni la fe. Repetía constantemente que todos mis dolores los ofrecía a Dios,
"Por Jesús, por Jesús"; "Esto lo hago por ti, Jesús. Si tú lo quieres, yo también lo quiero".
Prosiguen los controles médicos y exámenes, y a finales de febrero de 1989 tengo que
enfrentar la primera operación: las esperanzas son pocas.
El proceso de mi enfermedad me llevó paulatinamente a quedar postrada. Perdí el uso de las
piernas. Una dolorosa operación no sirvió de nada. El dolor era inmenso y atravesé un túnel
oscuro. A una de mis amigas, le confié: «Si tuviera que escoger entre caminar e ir al Paraíso,
no tendría dudas, escogería ir al Paraíso. Ya sólo me interesa eso».
“Ella permanecía inmóvil en su cama” recordaba mi amiga Chicca. También se destacó mi
actitud “No lloré, no me lamenté, solo miraba en un mueble la imagen de Jesús”.
Chicca cuenta que yo quería preparar mi propio funeral: “Todo para ella era una fiesta. Me
dijo que quería ser enterrada con un vestido blanco, como una esposa que va a encontrarse
con Jesús” dijo.
Por otro lado, quería mantenerme lúcida para no dejar de ofrecer mi dolor, y renuncié a los
sedantes y analgésicos. Mi intención era acompañar a Cristo sufriente y abandonado. Mis
amigos me visitaban para darme ánimo, pero eran ellos quienes, después de verme, se sentían
animados a seguir más de cerca al Señor y a visitarme con más frecuencia.
Una mañana después de una difícil noche, se me viene espontáneamente repetir en pequeños
intervalos “ven señor Jesús”. Son las 11 cuando inesperadamente llega a buscarme un
sacerdote del Movimiento de los Focolares. Yo estaba muy feliz: Desde que me desperté
quería recibir Jesús Eucaristía. Finalmente parto al cielo el 7 de octubre de 1990. Ya había
pensado en todo: en las canciones para el funeral, las flores, en el peinado, el vestido, que
había deseado blanco, de esposa, descubrí que Jesús abandonado era la clave para la unidad
con Dios y yo quería elegirlo a él como mi primer Esposo y prepararme para Su llegada ¡Para
preferirlo a Él! Le recomendé a mi mamá:“Mamá, mientras me preparas debes repetir
siempre: ahora Chiara Luce ve a Jesús”. Papá me había preguntado si estaba dispuesta a
donar las córneas y yo siempre contesté con una sonrisa luminosa dando a entender un “sí”
por respuesta.
Mi canonización fue promovida por el Obispo de Acquia, Monseñor Livio Maritano en 1999.
Fui declarada “Venerable” el 3 de julio de 2008. En diciembre de 2009, el Papa Benedicto
XVI reconoció el milagro de un joven italiano cuyos padres pidieron mi intercesión para
curarlo de meningitis, enfermedad que estaba destruyendo sus órganos. Los médicos no
pudieron explicar su súbita recuperación. Fui declarada “Beata” de la Iglesia Católica el 25
de septiembre de 2010 en el Santuario de Nuestra Señora del Divino Amor. Miles de
personas acudieron al evento. El Arzobispo Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para
las Causas de los Santos de la Santa Sede, dijo que yo fui un gran ejemplo de cómo la corta
vida de los jóvenes puede ser vivida en gran santidad y que «hoy en día hay gente virtuosa,
que en familia, en la escuela y en la sociedad no desperdician su vida». Hasta el día de hoy
estoy en proceso de ser canonizada y cada vez más gente sabe mi historia y aprende sobre
mi vida.

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