Introducción a la Política Criminal
Introducción a la Política Criminal
(Von Listz).
En el siguiente esquema podrás ver de forma integrada los contenidos temáticos que
conforman la primera unidad de aprendizaje correspondiente a Política Criminal, y que te
permitirán tener una idea clara sobre la definición, alcance y repercusiones que ha tenido
en nuestro país y a nivel internacional. Esta idea servirá luego para que comprendas las
diferencias y particularidades de Política Criminal y Política Social.
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MAPA DE CONTENIDOS TEMÁTICOS <<UNIDAD 1>>
INTRODUCCIÓN
El contenido temático de esta unidad de aprendizaje tiene como propósito central que el
estudiante se introduzca de manera reflexiva en el estudio de la política criminal y sus
principios rectores. Su objetivo primordial es lograr la seguridad, creando un organismo o
ente coordinador, con autonomía presupuestaria y administrativa, denominado, Comisión
Coordinadora de la Política Criminológica de Estado, que será la entidad encargada de
implementar de manera científica y técnica, planificada, coordinada, supervisada,
debidamente evaluada. Esta oficina estará adscrita al Órgano Ejecutivo, y contará con la
participación del Órgano Judicial, la Asamblea Nacional, Ministerio Público, Defensoría del
Pueblo, Colegio Nacional de Abogados, Instituto de Criminología y Sociedad Civil,
explicando al estudiante la política judicial, política Legislativa y la Política Ejecutiva que
intervienen en este proceso.
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La unidad se encuentra estructurada de manera lógica que va desde las cuestiones de
interés más general, como la definición y sentido de la política criminal sus diferencias,
entes que participan para lograr una adecuada coordinación y lograr una seguridad pública.
Como parte del estudio de la unidad, conocerás las principales argumentaciones que han
sido elaboradas para darle un sentido más amplio y definitivo respecto a cómo la política
criminal ha trascendido de manera global (nacional y trasnacional) y los procesos
criminógenos que se han implementado para una adecuada coordinación.
Es importante resaltar que cada contenido temático de esta unidad ha sido diseñado
apegado a la nueva estrategia de enseñanza-aprendizaje por competencias, en dónde por
sus características de modalidad a distancia o virtual y caracterizado por el auto
aprendizaje, es necesario que sigas todas las instrucciones, que des seguimiento a tus
actividades complementarias y de aprendizaje, a la realización y entrega de tus proyectos,
así como a poner interés en las evaluaciones y asesorías para que puedas alcanzar el éxito
y cumplas tu meta.
En cada uno de los contenidos que se te presentan, es importante que apliques tus
capacidades cognoscitivas como: pensamiento, conocimiento, comprensión, aplicación,
análisis, síntesis y evaluación, para su máximo aprovechamiento.
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VINCULACIÓN DIDÁCTICA
CONTENIDO-COMPETENCIAS
El estudiante
1.1.1. Concepto
Política Criminal
Franz Von Liszt, (s/f), define a la política criminal como el conjunto sistemático de los
principios fundados en la investigación científica de las causas del delito y de los efectos de
la pena, según los cuales el Estado ha de llevar a cabo la lucha contra el delito por medio
de la pena y de las instituciones con ella relacionadas (Borja, 2003).
Para Hans-Heinrich Jescheck, (1993), considera que la política criminal se ocupa de cómo
debe conformarse el derecho penal para cumplir mejor con su misión de proteger a la
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sociedad. Esta disciplina está asociada con las causas del delito, analiza los elementos
que conforman los tipos penales para que den una mejor respuesta a la realidad, intenta
conocer los efectos que causan las sanciones penales aplicadas, considera hasta qué el
límite el legislador pude restringir la esfera de libertad de los ciudadanos más allá de lo
indispensable, y examina si el derecho penal material se encuentra configurado de una
manera que pueda realizarse en el proceso penal.
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Para entender de manera concreta cuales son las relaciones que hay entra la política
criminal con otras ciencias penales, lo especificaremos en los siguientes puntos.
Con la Dogmática
▪ Las leyes con el tiempo se han transformado pero el Derecho Penal, es mucho más
rígido. Admite mal la interpretación. El principio de legalidad es básico en él (no
puede aplicarse por analogía).
▪ La interpretación del Derecho Penal está muy apegada al texto de la ley. Precisa de
reforma legislativa.
Con la Criminología
▪ La Criminología, como ciencia empírica aporta datos que deben ser aceptados,
aunque no es una ciencia exacta, pero puede mejorarse mediante mejoras
metodológicas. Pero sus conclusiones, una vez realizadas, no marcan un camino
unívoco sino ambivalente.
▪ La Estadística habla del dark number, es un número muy amplio y depende del tipo
de delito (más alto en el aborto y menor en el robo de vehículos, por ejemplo). A
la Política Criminal un dato único le marca dos pautas posibles:
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Principios rectores de la Política Criminológica
PRINCIPIOS EXPLICACIÓN
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HUMANO SOSTENIBLE Promover la igualdad de oportunidades. Atender los sectores
más vulnerables como lo son: niños, niñas, jóvenes, indígenas,
jóvenes, discapacitados y en general los grupos más
desfavorecidos para garantizar su desarrollo e integración social.
A mediados del siglo XIX se acercaba un cambio fundamental para México: la formación
una liberación de importantes, pero ya opresivas tradiciones, y la penetración de una
moderna administración, junto con nuevas vías de comunicación en casi todo el vasto
territorio.
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demostrado ineficiente para cumplir sus finalidades formalizadas por el ordenamiento,
principalmente los que se refieren a la reinserción del penado a la sociedad.
Es a finales del siglo XIX que realmente empieza a procrear el pensamiento de que la pena
privativa de libertad no es el mejor medicamento de los sistemas punitivos de los más
diversos Estados en el combate a la criminalidad. En Alemania, por ejemplo, Von Liszt,
desde una apuesta por una ciencia universal del Derecho Penal (Gesamte
Strafrechtwissenschaft (s.f.) citado en Nunes Apolinário, M. (2008)), aboga por la
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eliminación de las penas carcelarias de corta duración y por la necesidad de
potencializar nuevos sustitutos a las formas clásicas de cumplimiento condenatorio. Para el
creador del Programa de Marburgo, las penas cortas de prisión “no corrigen, ni intimidan,
al contrario, arrojan frecuentemente al delincuente primario en el camino definitivo al
crimen”.
A finales del siglo XIX, Ferri (1985), emprende la primera y fuerte campaña contra la pena
privativa de libertad, sintetizada en su manifestación sobre el régimen de aislamiento
celular, al afirmar que este régimen caracterizaba una de las grandes aberraciones de aquel
momento histórico.
Este posicionamiento crítico comenzaría a germinar en finales del mismo siglo, llegando a
su madurez en mediados del XX, cuando, precedido de una atención doctrinal que se
destinaba a los aspectos negativos de la prisión, se empieza a plantearse la necesidad de
buscar mecanismos alternativos.
Con origen en el positivismo criminológico del siglo XIX, las penas alternativas a la
prisión, más allá de los presupuestos humanísticos de la pena, son reflejos de las
alteraciones que el Estado viene sufriendo respecto de sus concepciones sobre el sistema
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de justicia penal y los fines de la pena en una sociedad compleja y llena de variaciones.
Sin embargo, las alternativas penales, adquieren mayor dimensión y grado de importancia
con la globalización del modelo norteamericano de control social sobre el delito.
Con todo, el abordaje propuesto no se limita al análisis del derecho positivo en vigor en
los países centrales y del entorno, tampoco pretende interpretar sistemáticamente las
alternativas a la prisión existentes en el sistema con el objetivo de construir nuevos
conceptos. Tratase, antes, de una investigación que aprovecha las contribuciones de las
demás ciencias humanas, tales como la sociología y la criminología para identificar el
origen y las influencias determinantes en sus concepciones y prácticas, pesquisando los
objetos oficiales y efectivos de la política de control social subyacente a su utilización
como especie de punición y su discurso legítimante, contextualizándolos en el actual
momento histórico.
Roxin (1998) observando el avance y retroceso de la historia de las ideas penales, arrisca
un pronóstico para el derecho penal del siglo XXI, creyendo que el mismo continuará
existiendo como instrumento de control social secularizado: la gradual sustitución de la
pena de prisión por otras consecuencias jurídicas al ilícito; la supresión definitiva de las
penas corporales, porque se caracterizan en atentar a la dignidad humana; el retroceso de
la utilización de la pena privativa de libertad y el surgimiento de nuevas formas de control
electrónico y de medidas terapéuticas sociales, además de la mayor utilización del trabajo
comunitario y de la reparación civil del daño. El autor, justifica esta previsión por la
inexistencia de plazas y recursos financieros para ejecutar la pena privativa de libertad de
modo que respecte el principio humanitario común a todas las penas en el Estado
democrático y por la imposibilidad de punir la mayoría de los delitos con ella.
A partir de esta perspectiva del siempre reverenciado autor, cabe señalar que la
sustitución de la pena privativa de libertad por nuevos sustitutos penales no genera
necesariamente la humanización de las reacciones punitivas al ilícito penal, tampoco tiene
como consecuencia necesaria la disminución del sistema penal en las sociedades
modernas, y, en Brasil y también por el que se percibe en España, viene siendo realizada
con el incumplimiento del principio de la legalidad de las condenas y demás garantías
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constitucionales, sin que tales presupuestos sean suficientemente mencionados y
combatidos por los aplicadores y pensadores del derecho penal.
Se sabe, de todas las formas, de la existencia de algunos elementos tramposos sobre los
cuales se justifica la intervención punitiva, entre ellas: que el sistema de justicia criminal es
neutralizador de la criminalidad; que la elevación de las tajas de encarcelamiento reduce la
criminalidad; que la población, en especial la brasileña, quiere todos los delincuentes en la
cárcel. Tales afirmaciones, conforme Lemgruber, son contestadas por encuestas y estudios
internacionales y nacionales que no reciben la debida divulgación o no son llevados en
consideración en Brasil (Lemgruber, 2001).
En especial, cabe resaltar que los sustitutos penales fueron idealizados aun dentro del
paradigma centrado en el crimen y en el hombre delincuente. Mencionado enfoque aun
ignoraba el conocimiento advenido de las teorías sociológicas del Labelling Approach y del
reconocimiento del papel de los procesos sociales de definición y selección de los
delincuentes, que llevan a la relativización del objeto y función del derecho penal, la
superación de la concepción ontológica del delito y del delincuente, así como la
contribución de la perspectiva criminológica crítica al entendimiento del fenómeno
criminal.
Nótese, por tanto, que las respuestas penales utilizadas en función de la razón mitológica
del derecho penal igualitario, garantista y terapéutico, son equivalentes a los sustitutos
penales, fieles a las propuestas del positivismo italiano y a la tendencia correccionalista
subsiguiente, impermeables a los nuevos enfoques atribuidos a la pena introducidos por el
pensamiento contemporáneo. Además, al ser aplicados a las personas clasificadas como
recuperables, ya que no han cometido crímenes violentos y, por tanto, no peligrosos,
autorizan su convivencia social. Su incapacitación, de este modo, no interesa a penas para
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la manutención de su estatus de consumidores en potencial, pero también porque
acarrea un costo muy superior a su valor en el mercado.
Así, la búsqueda de resultados a la cuestión social por medio del derecho penal con vistas
a una eficacia social lleva a la sustitución de determinación legal de la sanción criminal
judicialmente impuesta por técnicas indeterminadas de defensa social con naturaleza
pedagógica y terapéutica. En este sentido, conforme Ferrajoli, es que se dice que uno de
“los síntomas de la crisis de las penas privativas de libertad es, sin duda, el desarrollo de
las medidas alternativas y de las sanciones sustitutivas, que representan quizá las
principales innovaciones de este siglo en materia de técnicas sancionadoras. Pero este
desarrollo es también un signo de la resistencia tenaz del paradigma carcelario. Medidas
alternativas y sanciones sustitutivas no han sustituido en realidad a la pena de cárcel como
penas o sanciones autónomas, pero se han sumado a ella como su eventual correctivo,
terminando así por dar lugar a espacios incontrolables de discrecionalidad judicial o
ejecutiva.” (Ferrajoli,1995).
En este sentido, se puede observar que la pena de multa surge entre las modalidades
sustitutorias como la más apropiada en una sociedad focalizada en el capital. La
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diferenciación de tratamiento que esta pena proporciona entre individuos de capacidad
económica diversa, en situación desfavorable a los menos afortunados, cuya exigencia de
cumplimiento de la condena puede sobretodo estimular el acometimiento de nuevos
crímenes; la real posibilidad de la pena ser paga por terceros, y afectar otros diferentes
del condenado y finalmente la ausencia de cualquier objetivo reformador. Así, la multa a
favor de la víctima o sus representantes, al utilizar la norma punitiva como instrumento
compensatorio de naturaleza civil, contribuye para una disfunción axiológica entre el
ámbito penal y el civil.
Con el mismo punto de vista, Foicault, prevé esta incidencia del control penal sobre
individuos por la vía de las alternativas, una lógica reproductiva panóptica del sistema
penal, así como el discurso de los reformadores de los siglos XVIII y XIX: reformar el
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sistema penal, humanizar las condenaciones, incentivando alternativas a la pena
privativa de libertad que deberán ser destinadas a los individuos violentos o como castigo
a los reincidentes, ampliando el espectro de la ilegalidad punible y el control sobre el
cuerpo y alma de los individuos, mejorándoles al revés de destruidlos (Foucault., 1999).
Por tanto, la cuestión principal que debe ser considerada en esta tendencia de política
criminal de utilización cada vez mayor de las condenas alternativas a la cárcel es la
consciencia de que no representan una disminución o modificación del sistema criminal,
pues al revés de excluir o diferenciar el tratamiento concedido a las poblaciones
tradicionalmente infractoras, estas continúan a ser tradicionalmente procesadas, y las
nuevas poblaciones son acogidas por la maquina punitiva; al revés de los individuos
quedaren libres del sistema de justicia criminal, son atingidos por él, con todas las
consecuencias del etiquetamiento y exclusión social que deriva de esta incidencia.
Según Bottoms, hubo tres significativos desarrollos en los sistemas penales occidentales en
la segunda mitad del siglo XX: el crecimiento del uso de penas pecuniarias, el surgimiento
de los trabajos en beneficio de la comunidad como pena autónoma y el crecimiento de
elementos de compensación de los daños causados por el crimen. Señala, también, que en
las últimas décadas ocurrió el movimiento pendular inverso, con el aumento de tasas
anuales de encarcelamiento proporcional, bajo influencia del modelo americano, al mismo
tiempo en que permanece el discurso de las alternativas a la cárcel (Bottoms, 1983).
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La emergencia de esta nueva mentalidad de punición trajo consigo un discurso
gerencial, de probabilidades y riesgos, basado en estadísticas criminales y con la finalidad
explicita de control de segmentos poblacionales, que de espacio sustituye el lenguaje
clínico y los juzgamientos éticos retributivos, centralizados en el individuo, por un lenguaje
gerencial, con el desarrollo de nuevas tecnologías que tratan los individuos sometidos al
control penal como clientes, destinados más a la eficiencia del propio sistema que a
cualquier finalidad externa al sistema penal. De esta forma, Feeley – Simon observan que
las prácticas y el discurso penal se han tornado más fuertes y conservadores durante los
años 70 y 80, originando lo que se conoce por la nueva penología. La crítica a la ideología
del tratamiento y contra la utilización de la cárcel como principal medio empleado llevó a
la crisis del modelo resocializador, que culminó en los años 70 con el abandono de la
creencia en la fuerza de recuperación de la pena. Así en los Estados Unidos, por ejemplo,
donde se había impuesto con gran importancia el ideal del tratamiento, se observa un
retorno a la culpabilidad como fundamento y límite de la condenación, en un nuevo
contexto retribucionista bajo el lema Just Desert, el uso de la pena privativa de libertad
como última ratio del derecho penal y la gradual introducción de alternativas a la privación
de libertad, tales como períodos de pruebas bajo supervisión, servicios comunitarios y
prisión domiciliar.
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1.1.3 El positivismo criminológico
La ciencia de los delitos y de las penas era una exposición doctrinal de silogismos, dados a
luz por la fuerza exclusiva de la fantasía lógica; nuestra escuela ha hecho de ello una ciencia
de observación positiva, que, fundándose en la antropología, la psicología y la estadística
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criminal, y así de como el derecho penal y los estudios penitenciarios, llega a ser la
ciencia sintética que yo mismo la llamo sociología criminal, y así esta ciencia, aplicando el
método positivo al estudio del delito, del delincuente y del medio, no hace otra cosa que
llevar a la ciencia criminal clásica el soplo vivificador de las últimas e irrefragables
conquistas hechas por la ciencia del hombre y de la sociedad, renovada por las doctrinas
evolucionistas.
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Lombroso intenta distinguir el tipo de delincuente: − Criminal nato. − Loco moral. −
Epilepsia latente. − Delincuente loco (con subdivisiones como los mattoides). Pero con
ellas Lombroso sólo cubre el 30% de la delincuencia (quedan fuera ocasionales,
pasionales…). En su última época incluye la categorización del delincuente político.
Consecuencias en el Derecho Penal: − Si el delincuente nace no podemos pretender su
rehabilitación, Lombroso es partidario de la pena indeterminada y en casos extremos de la
capital. Válida la rehabilitación para delincuentes ocasionales. − Las teorías de Lombroso
están plenamente superadas (no absolutamente arrinconadas) pero con dos grandes
méritos: haber fundado el estudio del delito basado en el delincuente y haber asentado
una metodología. − Una de las críticas: muestra no representativa de la población de sus
estudios.
Jurista de clase alta, barón. Catedrático de Derecho Penal. En los finales de su vida dio
apoyo al movimiento fascista. Dentro de la Escuela positiva es el único con estudios
jurídicos y es por tanto quien más nos interesa. Populariza el término Criminología en sus
libros. Garofalo distingue: − Delitos naturales: los que suponen una lesión de los
sentimientos
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altruistas esenciales de piedad y probidad en la justa medida en que son poseídos por
una comunidad. −Delitos artificiales: los definidos por el legislador porque se ha creído
oportuno. Garofalo entiende que el delincuente natural presenta anomalías (no tan duro
como Lombroso en este tema) bien de carácter somático bien psíquico. Consecuencias en
los efectos de la pena − Para Garofalo la pena es vista como un elemento de disuasión
para el sujeto (prevención especial) y para el resto (prevención general). − La justifica por
la temibilitá (otros hablarían de pericolositá) del delincuente.
Garofalo propugna la pena de muerte, en tanto que es un darwinista social (los elementos
anómalos deben ser eliminados) en los casos más graves, proponiendo también penas
perpetuas y deportaciones a las colonias. − También apunta a que en delitos contra la
propiedad se debe penar con la reparación de los daños causados.
Sociólogo italiano de origen modesto. Va a París (con los estadísticos), vuelve a Italia y
estudia en Pisa con Carrara, al que sucede en la Cátedra. Hace una monografía contra el
Jurado. Hace un proyecto de Código penal (el proyecto Ferri, que influirá en el Código
penal 1930) en los años 20, poco antes de morir. Sociología criminal (1900). Doctrina de
Ferri − Creación de la Sociología penal con base científica. − Incluye las aportaciones de
Garofalo y Lombroso. − De metodología claramente científica: mide Imagen con fines
didácticos
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y cuantifica. Adopta una actitud de neutralidad ante los fenómenos. Renuncia a los
prejuicios y a las ideas preconcebidas en la elaboración de las leyes. − Niega el libre
albedrío (es una ilusión), cuestiona la idea del castigo por hacer un mal uso de la libertad,
como decía la escuela clásica, sino que el hombre debe ser castigado porque vive en
sociedad. − La finalidad de la pena no es castigar, sino que es una medida para defender a
la Sociedad y se toma en función de la peligrosidad del delincuente.
2. Las penas deben ser de carácter indeterminado (en función de la evolución del interno).
− El delito es producto de anomalías físicas (base biológica de Lombroso), influye el clima
y demás factores ambientales, y también el contexto social donde se desarrolla (densidad,
clase social).
La Política Criminal es una parte de la Política Social General del Estado, es todo lo que el
Estado hace a la Sociedad.
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social y los desequilibrios, se enfoca a la resolución de los denominados problemas
sociales o asuntos sociales (en el siglo XIX y primera mitad del XX recibieron la
denominación de cuestión social, los problemas generados en las clases bajas por las
transformaciones sociales derivadas del paso de la sociedad preindustrial a la sociedad
industrial-; mientras que desde la segunda mitad del XX se les añaden los derivados del
paso de la sociedad industrial a la sociedad posindustrial). Como planteamiento proactivo,
busca el progreso social.
Universalidad
La integridad
de la política
social
Focalización
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para aumentar con solidez la calidad de vida y al mismo tiempo fortalecer la formación
de recursos humanos para el desarrollo y la cohesión social.
Los programas focalizados y diferenciados son útiles y necesarios cuando la pobreza está
concentrada en ciertos grupos de la población o en ciertos espacios geográficos, y cuando
las personas o familias no son cubiertas por los esquemas de protección y seguridad
social, entonces estos se convierten en mecanismos proveedores de bienestar.
Es la herramienta principal del Estado Esta ciencia abarca y supera el estudio del
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moderno, porque el, constituye el marco derecho penal, el derecho procesal- penal y el
donde aquélla surge y se devuelve, ya que por penitenciario. Ello no implica, en modo alguno,
medio de esta el Estado asegura la capacidad de que la criminología pueda prescindir, en sus
competencia económica, análisis, de los límites de impuesto a la acción
del Estado por los principios garantizadores de
los derechos humanos, si no que los debe tener
siempre en cuenta (como cualquier disciplina
social) con relación a todo lo que implique
acciones de intervención del Estado sobre los
individuos.
Prevenir el delito es la intervención ex-ante, antes que el delito se produzca, evitar que
suceda.
Expliquémonos:
La justicia penal no ha sido capaz, en sus diversas versiones: prevención especial positiva y
negativa/prevención general positiva y negativa, de prevenir la criminalidad.
La pena, por consiguiente, como instrumento principal de este sistema, resulta insuficiente
para inhibir las conductas delictivas.
Este estado de crisis se registra en todos los frentes: sea el de la prevención negativa
general, es decir de la intimidación de los potenciales delincuentes; sea el de la prevención
positiva especial, es decir, de la llamada reinserción social de los actuales infractores de la
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ley penal.
Así, la pena sólo representa una afirmación simbólica de la validez de las normas que
favorecen el proceso de integración social, poco tiene que ver con las bases
constitucionales del estado social y democrático de derecho (Baratta, M. 1998).
El recurso penal, por consiguiente, sólo se asocia exclusivamente con la represión del
delito; no tanto como finalidad declarada, sino como efecto o consecuencia social. Es
decir, el abandono de la justificación del recurso penal como “pena útil”, no significa en
esta clave teórica asumir el paradigma opuesto de la “pena justa”.
Así, por ejemplo, una política de seguridad urbana no es enteramente equiparable a una
política de prevención del delito –siempre pensada desde el terreno de los objetivos-, ya
que sólo abarcaría la primera esfera de aquélla, siempre atrapada en la punición del delito.
Un ejemplo emblemático de los límites de la órbita penal lo es el encierro, como corolario
de la reacción estatal. Citemos las descripciones de John Haward, que hace más de dos
siglos retrato a la prisión donde, cuando visitó la cárcel, quedó horrorizado por las
condiciones que ahí privaban.
2. La táctica social
▪ Esta táctica surgió en los años 80 en los Países Bajos y en diversos contextos del
mundo anglosajón.
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El éxito de esta táctica depende de la posibilidad de que los potenciales ofensores sean
efectivamente afectados por las intervenciones sobre la situación y el ambiente.
De tal manera que se perciban a estos elementos como influencias adversas con respecto
a la facilidad, el riesgo o las recompensas de la realización de los delitos.
En la década de los 70, se destaca una clasificación que construyeron por analogía con
respecto a la prevención en salud pública y que tiene especialmente en cuenta la
intervención preventiva.
Así aparecen:
Además de introducir la procuración por la víctima, plantearon una tercera categoría: las
intervenciones preventivas dirigidas no a las “personas” sino a las “situaciones”.
La clasificación de las intervenciones preventivas en primaria, secundaria y terciaria se
unifica con la clasificación de la orientación hacia la víctima.
Esta táctica de prevención del delito se ha manejado con algunos rasgos que le dan signos
positivistas, ya que esta corriente solía señalar a la “reforma social” como un instrumento
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de la prevención antidelincuencia, y que la criminalidad se reconocía como efecto de
las desigualdades sociales.
Como táctica de prevención del delito está difundida en horizontes culturales muy
diferentes, y en el marco de la “crisis del estado social” se reconstruye de diferentes
maneras de acuerdo con las contingencias y a las circunstancias de cada contexto.
El delito es en esta perspectiva el resultado de una socialización defectuosa. Las
instituciones claves a través de las cuales se produce la socialización son: la escuela y la
familia, por lo que la prevención del delito debe apuntar a fortalecer las actividades de
control social que ambas llevan adelante.
1.3.1. Generalidades
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3) A partir de la administración de Salinas de Gortari a la administración actual, se
reafirma el modelo exportador y su política salarial. A partir de este año los aumentos
salariales han sido condicionados a la productividad. Dejando a las empresas y a sus
trabajadores esta negociación. El papel del Estado se centra en servir de intermediario
para los acuerdos de estas negociaciones, así como el ser negociador de los mínimos
salariales. La política social cambia radicalmente al concentrarse, con criterios
microeconómicos, en programas específicos hacia la pobreza extrema.
En este sentido, en México existen 2,456 municipios, de los cuales, el 7% tienen más de
50,000 habitantes, un 13% entre 10, 000 y 50,000 habitantes, un 19% entre 2,500 y 10,000
habitantes, mientras el 61% restante cuenta con menos de 2,500 habitantes. Asimismo, es
importante considerar la relación entre el número de habitantes y los recursos de la
administración municipal; los municipios con mayor población tienen un promedio de
1,600 trabajadores y un plan de desarrollo, mientras que los de menor población tienen en
promedio 60 empleados (en algunos casos menos de 20) y sólo una quinta parte cuenta
con un plan de desarrollo. De la misma forma, el grado de autonomía de los gobiernos
municipales difiere según el número de habitantes, dado que los de mayor población
obtienen casi la mitad de sus ingresos de impuestos y derechos locales, mientras los
demás provienen de transferencias del gobierno federal.
Por otra parte, en los municipios convergen acciones de programas diseñados por
entidades del gobierno federal, estatal y municipal. Las actividades derivadas son
regularmente sostenidas con recursos gubernamentales que provienen de algunos ramos
del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), particularmente del Ramo 33 y del
Ramo 20. En la mayoría de los casos los gobiernos locales sólo participan como
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implementadores de las labores que se aplican en sus espacios.
Por otro lado, en cada municipio, se verifica la implementación de funciones para actuar
de manera directa; sin embargo, en estos casos, también la eficacia puede resultar afectada
ante las deficiencias en el diseño -sin un diagnóstico pertinente- o en la carencia de
evaluación de los resultados.
Por otro lado, las acciones que diseña el gobierno federal en materia social suponen una
serie de características descentralizadoras, lo cual involucra tanto a los gobiernos de las
entidades federativas como de los municipios, conllevando a una redistribución de las
funciones cuya coordinación se dificulta frente a la heterogeneidad de las condiciones
locales y regionales.
Sin embargo, para lograr estos objetivos, se requiere del buen funcionamiento de la
política de desarrollo social que implica la cooperación y coordinación entre los tres
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órdenes de gobierno; en este sentido, en el Plan Sectorial de Desarrollo Social 2007-
2012, se enfatiza la importancia de la participación de los gobiernos locales y los retos que
aún persisten:
Se buscará mejorar la coordinación con las instituciones del gobierno federal que realizan
acciones que contribuyen al desarrollo social, con el fin de crear actividades conjuntas y
brindar una atención integral y efectiva a la población. Se buscará que los gobiernos locales
participen activamente en la identificación de estrategias coordinadas y de los mecanismos
e instrumentos de colaboración, en atención a la Ley General de Desarrollo Social.
Además de buscar la complementariedad entre los programas federales y locales, se
apoyará la consolidación de ejercicios de desarrollo social con impactos de mediano y
largo plazo con una lógica regional” (SEDESOL, 2007).
Se puede decir que México se ha caracterizado por mantener una centralización del
diseño de las políticas en el Ejecutivo Federal, una escasa intervención de los Estados y
Municipios en el diseño y ejecución de programas sociales, un bajo porcentaje de
participación ciudadana y de actores sociales en los mismos, y una postura del gobierno
federal dominante sobre la utilización de los recursos descentralizados.
Actualmente los programas que integran la política social en México son los siguientes: el
Programa Hábitat; Programa de Abasto Social de Leche a Cargo de Liconsa; Programa de
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Abasto Rural a Cargo de Diconsa; Programa de Opciones Productivas; Programas de
Fondo Nacional de Fomento a las Artesanías (FONART); Programa de Ahorro, Subsidio y
Crédito para la Vivienda "Tu Casa"; Programa 3x1 para Migrantes; Programa de Atención
a Jornaleros Agrícolas; Programa de Coinversión Social; Programa de Empleo Temporal
(PET); Programa de Desarrollo Humano Oportunidades; Programa de Vivienda Rural;
Programa de Apoyo Alimentario; Programa de Apoyo a las Instancias de Mujeres en las
Entidades Federativas para Implementar y Ejecutar Programas de Prevención de la
Violencia Contra las Mujeres; Programa de Guarderías y Estancias Infantiles para Apoyar a
Madres Trabajadoras; Rescate de Espacios Públicos; Programa de Atención a los Adultos
Mayores de 70 Años y más en Zonas Rurales; Programa de Apoyo a los Avecindados en
Condiciones de Pobreza Patrimonial para Regularizar Asentamientos Humanos Irregulares
(PASPRAH); Programa de Apoyo a Zonas de Atención Prioritaria; Programa Alimentario
para Zonas Marginadas Gobierno Federal (SEDESOL, 2009).
Fonart
Oportunidades
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Apoyo alimentario
Como se ha podido constatar, la Reforma del Estado ha tendido a privilegiar las decisiones
del mercado para la asignación de la producción y la riqueza en el país, lo anterior ha
agravado, entre muchas otras cosas, la polarización y la desigualdad social.
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1.4. POLÍTICA JUDICIAL, LEGISLATIVA Y PENITENCIARIA
Funciones inmediatas
➢ Atribuciones mediatas
El modelo tríadico (tres elementos: dos partes en conflicto y un juez imparcial que dirime
la controversia, respetando las leyes y derechos humanos).
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➢ El juez independiente
➢ La aplicación de la ley
➢ Resolución dicotómica
Control social
➢ Regular a la sociedad
➢ Equilibrio social
➢ Impacto en la economía
➢ La defensoría pública
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La carrera judicial, sus elementos y sus sistemas
Ingreso de profesionales con experiencia Ingreso en fase inicial del desarrollo profesional
➢ Aceptarlo
➢ La jurisdicción administrativa.
➢ Cambios estructurales
➢ Amnistías
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1.4.2. Política Legislativa
Aunque sea una verdad trivial, no se puede dejar de decir, que el orden jurídico, en
general, y el penal, en particular, están vinculados, estrechamente, a la realidad social,
económica y cultural del país. Todo cambio socio económico y político repercute en la
legislación y en la administración de justicia. Esta vinculación, se refleja, igualmente, en
relación con la labor que realizan los juristas. La concepción doctrinaria que elaboren no
puede dejar de tener en cuenta estas circunstancias. De igual manera, no es posible -sin un
adecuado conocimiento de la realidad- elaborar y aplicar una Política criminal coherente y
eficaz.
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juzgamiento del acusado. Así se origina un círculo vicioso de consecuencias desastrosas
para quien es detenido como simplemente sospechoso.
La Cámara de Senadores, se compone de dos miembros por cada estado y dos por el
Distrito Federal (64 en total), nombrados en elección directa, se renueva por mitad cada
tres años.
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▪ Erigirse en Colegio Electoral para ejercer las atribuciones respecto a la elección
de presidente de la República.
Aunque sea una verdad trivial, no se puede dejar de decir, que el orden jurídico, en
general, y el penal, en particular, están vinculados, estrechamente, a la realidad social,
económica y cultural del país. Todo cambio socio económico y político repercute en la
legislación y en la administración de justicia. Esta vinculación, se refleja, igualmente, en
relación con la labor que realizan los juristas. La concepción doctrinaria que elaboren no
puede dejar de tener en cuenta estas circunstancias. De igual manera, no es posible -sin un
adecuado conocimiento de la realidad- elaborar y aplicar una Política criminal coherente y
eficaz.
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El problema se origina no tanto, debido a la incapacidad funcional de los órganos de
juzgamiento o del número de funcionarios, sino, sobre todo, al carácter eminentemente
represivo del sistema penal. Además, su aplicación es realizada de acuerdo con reglas
procesales deficientes e incompletas que los magistrados interpretan de manera
demasiado legalista. Aunque las leyes procesales y también la Constitución consagran los
principios fundamentales del derecho liberal; y a pesar de que éstos son, frecuentemente,
invocados por los jueces en sus resoluciones, es innegable que dichos principios son
desnaturalizados. Por ejemplo, la presunción de inocencia del inculpado pierde casi toda
su significación cuando, antes de declararlo inocente, se le somete a una larga detención
preventiva y no se le indemniza en forma alguna. Lo mismo sucede con el principio in
dubio pro reo: en los casos de tráfico de drogas o de terrorismo, por ejemplo, los jueces
de primera instancia prefieren -en caso de duda sobre la responsabilidad del inculpado-
condenarlo para evitar -en caso de absolución- la sospecha de corrupción; y dejar, de esta
manera, la decisión definitiva en manos del tribunal superior.
La idea del "sistema penitenciario", algunos desarrollos en el final del siglo XIX
Bajo las ideas que gobernaron la carta de 1857 se trabajó en la última mitad del siglo XIX
y los primeros años del XX. Dominó, sin concretarse plenamente, la ilusión de constituir
el famoso sistema penitenciario, conditio sine qua non para la abolición de la pena de
muerte. En eso estaba comprometido el dictador Díaz cuando anunció a la nación, en
1877, que pronto se establecería el sistema penitenciario. Varios estados pusieron manos
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a la obra, como fue en Guadalajara; años más tarde se agregaron otras grandes
prisiones: Salamanca, Mérida, Saltillo, Chihuahua, San Luis Potosí. No deja de llamar la
atención que en un informe del presidente Díaz ante el Congreso, el 16 de septiembre de
1878, se haya ocupado en manifestar que México participaría en el Congreso Penitenciario
de Estocolmo por conducto de su representante diplomático en Alemania. Entre los
proyectos más notables de esa etapa figura el de Antonio y Carlos Medina y Ormaechea.
Otra poderosa prisión de aquel tiempo, en la que pusieron esperanzas los penalistas y
penitenciaristas del porfiriato, fue la Penitenciaría de Lecumberri, que llegó a relevar -en lo
correspondiente a reos sentenciados- al reclusorio de Belén. Éste subsistiría hasta 1933
como cárcel para procesados. Lecumberri se inauguró el 1 de septiembre de 1900. Fue día
de discursos y festejos. El gobernador del Distrito Federal, Rafael Rebollar, dijo que ese
reclusorio se sujeta "al sistema penitenciario, reconocido como mejor por la mayor parte
de los sabios en todos los congresos internacionales; al sistema conocido en Irlanda y
ensayado con éxito por el capitán Croffton...". Entusiasta, Miguel Macedo advirtió que el
penal de Lecumberri "marcará una etapa en la historia de las instituciones penales de
nuestro país: aquí por vez primera va a implantarse un régimen completo, orientado hacia
la corrección moral y que abarque todas las fases de la vida del hombre a quien la justicia
ha declarado delincuente...".
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presidente Porfirio Díaz. Por cierto, la idea de enviar a los sentenciados a las islas
mexicanas había atraído a los analistas del problema desde muchos años antes.
Los penales de alta seguridad han suscitado una polémica que no cesa. En el juicio que
sobre ellos se produzca entran en colisión diversas consideraciones; por una parte, la
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persistente tesis de la readaptación social, acogida por la propia Constitución, así como
la necesidad de respetar con escrúpulo las normas de trato digno a los individuos privados
de la libertad; y por otra, la lucha contra una delincuencia poderosa y agresiva, en la que a
menudo figuran sujetos con graves perturbaciones de personalidad.
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RESUMEN
Franz Von Liszt, define a la política criminal como el conjunto sistemático de los principios
fundados en la investigación científica de las causas del delito y de los efectos de la pena,
según, el Estado ha de llevar a cabo la lucha contra el delito por medio de la pena y de las
instituciones con ella relacionadas.
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BIBLIOGRAFÍA
BÁSICA
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COMPLEMENTARIA
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por José Luis Manzanares Samaniego, Ed. Comares.
MESOGRAFÍA
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de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal Sistema de
Información Científica Redalyc. [Link]
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al discurso oficial. Contribuciones a las Ciencias Sociales, octubre 2008.
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