PRIMER ACTO
ACTO PRIMERO: ESCENA PRIMERA
Pernelle: Vamos Felipota... apurate que no los quiero ver más.
Elmira: Màs despacio que no puedo seguirlos.
Pernelle: Quedate nuera, no es preciso que me acompañes, no necesito tantos cumplidos.
Elmira: No hago otra cosa que respetarlo como se debe, pero, ¿por que se marcha tan deprisa?
Pernelle: Porque me indigna tanta anarquía. Que nadie se tome la molestia de hacerme caso. Sì me voy muy
disgustada de una casa como esta, la que no se aceptan los consejos. Acà todo son gritos y faltas de respeto.
Esta casa es un nido de descocados.
Dorina: Si…
Pernelle: Y vos para ser una mucama resultas demasiado habladora e impertinente. No hay tema en que no
te guste dar tu opinión.
Damis: Pero sì.
Pernelle: Pero tu eres tonto hijo mìo, te lo digo yo que soy tu abuela. Si yo le dije a tu padre que ibas para
picaròn y que le darìas muchos disgustos
Mariana: Yo creo que.
Pernele: Y vos, que sos su hermana, te hacès la mosquita muerta; Parece que nunca has roto un plato. Pero
siempre dicen: Librenos dios del agua mansa. Bajo esa apariencia tuya llevas una forma de vida que no me
gusta ni un pelo
Elmira: Pero señora.
Pernelle: No te enojes nuera, pero tu conducta deja mucho que desear, tu que deberìas ser el ejemplo para
tus hijos. Su difunta madre se habrìa comportado mucho mejor, eres una despilfarradora; Me molesta que
vayas vestida como si fueras una princesa. La que solo necesita gustar a su marido, no necesita adornarse
tanto.
Cleanto: Pero señora a fin de cuentas…
Pernelle: En cuanto vos, que eres su hermano, te respeto pero si yo estuviera en el lugar de su hijo, te pediria
encarecidamente que no pusieras un pie en mi casa. Tiene una forma de vida que resulta inaporopiada para
personas decentes. Te hablo con toda sinceridad, pero yo soy asì y no me guardo nada adentro.
Damis: No hay duda de que ese Tartufo debe sentirse muy feliz.
Pernelle: Es un hombre de bien al que hay que prestarle atencion. No puedo soportar que un loco como vos
lo criquitique por cualquier motivo.
Damis: ¡Y yo voy a soportar que ese santurron como ese trate de tiranizar esta casa y que no podamos tener
otras diversiones que las que este buen señor nos permite?
Dorina: Si hicieramos caso y siguieramos sus leyes no podriamos hacer nada que no fuera un crimen. ¡En
todo se tiene que meter ese criticon empedernido.
Pernelle: Todo lo que critica, bien criticado està, no pretendo otra cosa que llevarlos al cielo, mi hijo deberìa
esforzarse en que todos le tuvieran cariño y respeto.
Damis:No, abuela, ni mi padre ni nadie me puede obligar a mì a que lo quiera. La verdad que su forma de
comportarse me saca de quiso, pero entiendo que esto va a acabar muy mal.
Dorina: Es verdad; resulta escandaloso que un desconocido venga a adueñarse de todo, que un miserable
que llegò aquí descalzo y con arapos termine como si fuera el dueño y señor.
Pernelle: Valgame Dios, mas les valdrìa a todos cumplir sus sabias enseñanzas.
Dorina: En su imaginación pasa por santo; pero creame si le digo que todo lo que hace no es mas que pura
hipocresìa
Pernelle: Que lengua tienes
Dorina: El no me inspira la màs minima confianza.
Pernelle: Yo estoy sregura de que el es un hombre de bien. No lo quieren ni lo aceptan porque no hace màs
que decirles las verdades en la cara. Su corazon no resiste el pecado, lo unico que lo mueve es la virtud y las
ansias de alcanzar el cielo
Dorina: Ah, sì? ¿Por que de un tiempo a esta parte no puede soportar que vengan visitas a esta casa? ¿En
que ofende al cielo una visita honrada, para armar unas escenitas que nos tienen a todos de cabeza? Si me
permite que le digam aca entre nosotros, juraria que tiene celos a causa de la señora.
Pernelle: Callate porque no es la unica persona que habla de todas estas visitas. Todo este alboroto que se
arma con la gente que invita. Todo ese griterio son cosas que forzosamente tiene que molestar a los vecinos.
No quiero decir que haya nada reprobable en todo esto, no pero preocupa el que van a decir los demàs y eso
nunca beneficia
Cleanto: Pero quieren impedir que hablemos con la gente? La vida serìa muy aburrida sino tuvieramos
amigos por la culpa de los chismes de la gente. No hay muros que detengan las malas lenguas. No prestemos
entonces atencion a las habladurias de la gente. Tratemos de vivir honradamente y dejemos que los
chismosos digan lo que quieran.
Dorina: A que es nuestra vecina, y el idiota de su marido lo que hablan. Esos son los primeros en criticar a los
demàs.
Pernelle: no se a que vienen esos razonamientos. Todos sabemos que nuestros vecions llevan una vida
ejemplar, que tienen los ojos puestos en el cielo… Pues bien, he sabido por otras personas que tambien ellos
critican a la gente que viene por aquì.
Dorina: - Menudo ejemplo y menuda señora. Todo el mudo sabe que es extremadamente casta muy a pesar
suyo. Bien que ha disfrutado mientras ha podido pero cuando ha visto que se apagaba su brillo se ha puesto a
renunciar a un mundo que la rechaza, y a disfrzar la debilidad de sus marchitos encantos bajo el velo de la
castidad. Le resulta muy duro darse cuenta de como salen huyendo galanes. Critican a otras no por caridad,
sino por envidia. No pueden soportar que otras gocen de lo que la vejez les impide gozar a ellas.
Pernelle: Esos son cuentos chinos. Tu casa nuera esta en boca de todos, pero en fin, hare uso de la palabra
para decirles que estoy convencida de que mi hijo ha hecho muy bien alojando en su casa a ese santo varon
que el cielo ha enviado para guiarlos a todos por el camino de la virtud. Deben escucharle por vuestro bien,
pues no censura nada que no sea censurable, todas esas visitas esos bailes, esas conversaciones no son
màs que invenciones del espiritu maligno. Aca no se oye ni una sola palabra piadosa sino charlas vacias,
canciones y frivolidades. No les extrañe que alguien se ponga a murmurar ya que le dan pie para ello. La
gente sensata termina sintiendose mareada con tanto alboroto y por menos de nada surge todo tipo de
habladurias. Como muy bien dijo el pastor casipul el otro dìa, se produce una especie de torre de Babel,
porque cada cual charla a mas no poder y cuenta la historia según sus ganas. Y encima el señor se rie, vayan
en busca de todos esos locos que tantos la divierten y sì, adios. Adios nuera; no quiero seguir hablando. Sepa
que se ha reducido a la mitad la estima que yo tenia por esta casa, y que ha de pasar mucho tiempo antes de
que yo vuelva a poner los pies aquì. (le pega a Felipota) Y vos Felipota, estupida, ¡que haces durmiendo? ¿O
pensabas en los pajaritos? Como que hay un dios que hare tronar el escarimiento. Muevete inutil, ¡Vamos
camina!
ACTO PRIMERO, ESCENA SEGUNDA
Cleanto y Dorina
Cleanto: Yo no voy, no vaya a ser que esa buena anciana siga con sus escándalos
Dorina: Es una lástima que no lo escucho. Habría contestado que sos pícaro y un sinvergüenza
Cleanto: ¡Vaya forma de enfadarse con todo el mundo sin ningún motivo! Y que ciega esta con su tartufo
Dorina: Pues esto no es nada en comparación con su hijo. Si hubieran visto, dirían que es mil veces peor. Lo
llama hermano y le quiere cien veces más que a su madre, a sus hijos y a su esposa juntos. No tiene secreto
que no le confíe, es su dios, su héroe, le admira en todo momento, le cita a casa paso… sus actos más
insignificantes le parecen milagrosos y tartufo que conoce a su víctima y que quiere aprovecharse de ella tiene
el arte de dejarle con la boca abierta con mil artimañas y se cree con derecho a criticarlos a todos los de esta
casa
ACTO PRIMERO: ESCENA TERCERA
Elmira, Mariana, Damis, Cleanto y Dorina
Elmira: Se libraron del discurso que nos ha soltado en la puerta. He visto de lejos a mi marido Orgón , pero
como el no me vio, me voy a esperarle arriba
Cleanto: Yo le esperare aquí para no perder tiempo. Solo quiero darle los buenos días
Damis: Por dios santo, háblale de la boda a mi hermana. Ya sabes el interés que tengo por esto. Si mi
hermana y Valerio se aman apasionadamente. Si tuvieras que…
Dorina: Aquí llega
ACTO PRIMERO: ESCENA CUARTA
Orgón, Cleanto, Dorina.
Orgón: Buenos días, hermano.
Cleanto: Ya me iba y me alegra ver que ya estás de regreso, ¿cómo está el campo?
Orgón: Esperame un momento, cuñado, por favor. No me sentiré tranquilo hasta saber que noticias hay por
aquí. (A Dorina). ¿Ha ido todo bien durante estos días? ¿Qué hay de nuevo? ¿Qué tal están todos?
Dorina: Anteayer estuvo la señora con fiebre y el dolor de cabeza no la dejaba en paz
Orgón: ¿Y Tartufo?
Dorina: Esta estupendamente: gordo, sano, con la tez fresca y los labios rojos.
Orgón: ¡Es un bendito de Dios!
Dorina: La señora no tenía nada de apetito y no quiso probar bocado a la hora de la cena. ¡Le dolía tanto la
cabeza!
Orgón: ¿Y tartufo?
Dorina: Cenó solo, delante de ella, y con toda devoción se comió un par de perdices y media pierna de
cordero.
Orgón: ¡Es un bendito de Dios!
Dorina: La señora no pudo pegar ojo en toda la noche.
Orgón: ¿Y Tartufo?
Dorina: Movido por un dulce sueño, se metió en su cuarto en cuanto se levantó de la mesa, y se acostó en su
cama bien calentito, donde estuvo durmiendo sin dar muestras de vida hasta la mañana siguiente.
Orgón- ¡Es un bendito de Dios!
Dorina- La señora al final, se dejó convencer para colocarle paños fríos, lo que hizo que se mejorara en
seguida.
Orgón: ¿Y tartufo?
Dorina: Se despertó muy animoso, como es natural. Se bebió cuatro largos tragos de vino
ACTO PRIMERA: ESCENA QUINTA
Orgón y Cleanto.
Clento: Dorina se ha estado riendo de ti en tus propias narices, hermano mío. NO quisiera que te enfaases,
pero te diré con toda franquiza que no le faltan motivos. ¿Cuándo se ha visto un capricho semejante? ¿Es
posible que Tartufo tenga una capacidad tal para encandilarte, hasta el punto de hacer que te olvides de todo
por él?
Orgón: Alto ahí, cuñado, que no sabes de quién estás hablando.
Clento: No hace falta mucho para saber de qué clase de hombre se trata.
Orgón: ¡Ah! Si hubieras visto cómo le conocí, le habrías tomado tanto afecto como yo. Todos los días venía a
la iglesia y con aire sumiso se ponía de rodillas a mi lado. Era tanto el fervor que ponía en sus oraciones que
atraía sobre sí las miradas cuantos le rodeaban. Lanzaba suspiros, besaba el suelo humildemente una y otra
vez… Siempre que yo ib a a salir, se adelantaba inmediatamente ara ofrecerme agua bendita a la puerta. Al
final, el Cielo me inspiró que le diera cobijo en mi casa, y desde entonces todo fue prosperidad. Observo que a
todos vigila y que hasta me hace el honor de tomarse un interés especial por mi esposa; me previene de las
personas que la cortejan y se muestra seis veces más celoso que yo.
Clento: ¡Caramba, hermano! Tú estás loco. ¿Me dices todo eso para tomarme el pelo? ¿Qué pretendes, que
todas esas estupideces…?
Orgón: Tus palabras huelen a libertinaje, hermano mío. Te he predicho muchas veces que acabarás dando un
mal paso.
Clento: He aquí la forma típica que tienen de hablar todos los que son como tu. Quieren que todo el mundo
esté tan ciego como ellos. Vamos, hombre, que tus frases no me asustan. Los buenos y verdaderos devotos,
cuyos pasos debemos seguir, no son tampoco los que hacen tantos gestos. ¿O es que no distingues entre lo
que es la hipocresía de lo que es devoción? ¿Quieres confundir la apariencia con la verdad?¿valorar la
moneda falsa lo mismo que la buena?
Orgón: No hay duda de que eres un sabio a quien todos debiéramos venerar. En ti está concentrado todo el
saber del universo. Tu eres el único sabio, el instruido, un oráculo. A tu lado, todos los demás somos unos
pobres idiotas.
Clento: No, hermano, ni soy un sabio digno de veneración, ni en mí se ha concentrado todo el saber humano.
Toda mi ciencia se reduce a saber distinguir lo verdadero de lo falso. Nada me resulta más despreciable que
la falsa apariencia de una piedad ostentosa, que esos charlatanes, esos devotos de plaza pública, engañan
impunemente. Esas personas cuyas almas se mueven por el interés convierten la devoción en un oficio y en
una mercancía. Pero a los devotos de corazón se les reconoce en seguida. Nuestro tiempo nos pone ante
nuestros ojos a quienes pueden servimos de ejemplo. Nada que ver con esos virtuosos fanfarrones; su fervor
es humano y razonable. No se pasan la vida censurando todos nuestros actos: corrigen nuestros acotos con
el ejemplo. No se dejan llevar por lo que parece malo, y su alma se inclina a juzgar bien a los demás. Se les
ve mezclarse con las gentes buenas y sencillas, y, aunque rechazan el pecado, nunca se ensañan con el
pecador. Estas son las personas que defiendo y que admiro; así hay que comportarse; este es, el ejemplo que
debemos imitar. Ese hombre del que me hablas creo que te ha deslumbrado.
Orgón: ¿Has terminado ya, mi querido cuñado?
Clento: Sí.
Orgón: (Haciendo ademán de irse) Pues aquí me tienes a tu disposición.
Cleanto: Escucha, hermano, una palabra más, por favor. Dejemos a un lado los discursos. Sabes que les ha
dado a Valerio tus palabras de hacerle yerno tuyo.
Orgón: Sí.
Cleanto: Y que habías fijado incluso la fecha para el casamiento
Orgón: Es verdad.
Cleanto: Entonces ¿Por qué retrasas la celebración de esa boda?
Orgón: No lo sé.
Cleanto: ¿Has cambiado de idea?
Orgón: Quizás.
Cleanto: Pero ¿es que vas a faltar a la palabra que has dado?
Orgón: No estoy diciendo eso.
Cleanto: No creo que exista ningún obstáculo que te impida cumplir lo prometido.
Orgón: Eso depende.
Cleanto: ¿Tantos rodeos has de dar para decir una sola palabra? Valerio me ha rogado que venga a verte
para decirte esto.
Orgón: ¡Bendito sea Dios!
Cleanto: ¿Qué le tengo que decir?
Orgón: Lo que tú quieras.
Cleanto: Pero antes he de saber lo que tú quieres. ¿Qué es?
Orgón: Cumplir la voluntad de Dios.
Cleanto: Hablemos en serio, Valerio tiene tu palabra. ¿La vas a cumplir o no?
Orgón: Adiós. (Se va.)
Cleanto: Tengo que contarle a Valerio lo que está pasando aquí
SEGUNDO ACTO
ACTO SEGUNDO: ESCENA PRIMERA
Orgón y Mariana
Orgón: Mariana...
Mariana: Dime, padre.
Orgón: Acércate, que quiero hablar contigo a solas.
Mariana: (al ver que su padre se ha puesto a mirar hacia el interior de una
habitación.) ¿Qué buscas?
Orgón: Estoy comprobando si hay por ahí alguien que nos pueda escuchar, pues
este lugar se presta a que se nos espíe. Bueno, aquí estaremos bien. Mariana, desde
que eras muy pequeña he visto en ti un espíritu dócil; siempre te he tenido un gran
cariño.
Mariana: Y yo te lo agradezco ese amor de padre.
Orgón: Bien dicho, hija mía; y para hacerte merecedor de él, debes esforzarte en
darme gusto.
Mariana: En ello pongo todo mi empeño.
Orgón: ¡Muy bien! ¿Qué te parece Tartufo, nuestro huésped?
Mariana: ¿Tartufo? ¿A mí?
Orgón: Sí, a ti. Piensa antes lo que me vas a contestar.
Mariana: ehhh ahhh uhhh yyy… te diré de él lo que tú quieras.
ACTO SEGUNDO: ESCENA SEGUNDA
Orgón, Mariana y Dorina, que entra muy sigilosa y se coloca detrás de Orgón sin que éste se dé
cuenta.
Orgón: eso es hablar con sensatez. Diem entonces que Tartufo te ha llegado al corazón y que te gustaría
verlo convertido en tu esposo por elección mia ¿te parece?
Mariana: eeeh aaah uuuh yyy
Orgón: ¿qué pasa?
Mariana: pero ¿eh qué dices?
Orgón: ¿cómo?
Mariana: ¿eh oído bien?
Orgón: ¿cómo?
Mariana: ¿quién quieres que diga que me ha llegado al corazón y que me gustaría verlo convertido en mi
esposo?
Orgón: y claramente, Tartufo.
Mariana: no hay nada de eso padre te lo juro ¿por qué quieres que mienta?
Orgón: no. Yo lo que quiero es que esto sea verdad.
Mariana: ¡pero como! ¿pretendes que yo?
Orgón: si hija mía. Pretendo que mi familia y tartufo se unan mediante tu casamiento con él.
Dorina: Espero haya sido un rumor, no se si escuché bien pero, me llego el rumor de que, eeh, pensé que era
un chisme pero ¿cómo es ese tema del casamiento?
Orgón: ¿por qué? ¿tan increíble resulta?
Dorina: ¡tanto que no puedo creerlo señor!
Orgón: pues yo te lo haré creer.
Dorina: ¡por favor! Pareciera que me está contando una historia muy divertida.
Orgón: no estoy diciendo más que lo que va a suceder en corto plazo.
Dorina: ¡esto tiene que ser un cuento!
Orgón: lo que estoy diciendo no es ninguna broma.
Dorina: está bromeando.
Orgón: te aseguro que...
Dorina: no, por más que me lo asegure no lo puedo creer.
Orgón: voy a terminar enojándome.
Dorina: bien bien bien, le creo. Pero peor para usted ¿cómo es posible señor que con ese aspecto de
persona sensata, sabia, inteligente pueda estar tan loco como para?
Orgón: usted se está tomando una confianza que no me gusta nada.
Dorina: no nos enojemos señor, a su hija no le gusta ese santurrón. Además que beneficio saca con este
matrimonio ¿por qué quiere un yerno pobretón con todo el dinero que tiene?
Orgón: cállese, usted ha de saber que lo admiro precisamente por no tener nada. No hay duda que su
pobreza es una pobreza honrada, Tartufo es un noble caballero de cuerpo entero.
Dorina: Si, eso dice él. Pero sepa señor que este casamiento forzoso puede tener otros resultados. Quien
otorga una hija a un marido que ella desprecia se hace responsable ante el cielo de las faltas que esta puede
cometer.
Orgón: ya está bien. Estoy cansado que una sirvienta me de lecciones a mi.
Dorina: mas le valdría seguir mis consejos.
Orgón: dejémonos de rodeos, hija mia soy tu padre y se lo que tu necesitas. Había dado mi palabra a Valerio
pero he observado que este muchacho no va mucho a la iglesia.
Dorina: ¿quiere que vaya a la misma hora que usted como Tartufo para que pueda verlo?
Orgón: no te eh pedido tu opinión. (a Mariana) hija ustedes vivirán juntos con una fiel pasión, como dos
autenticos niños, como dos tortolitos, no habrá disgustos entre ustedes.
Dorina: si pienso que ella no tendrá ningún disgusto.
Orgón: piensa lo que quieras, pero con la boca cerrada.
Dorina: si no hablo reviento.
Orgón: sin que pueda decirse que Tartufo sea un galán, si se puede decir que tiene algunos encantos.
Dorina: en cuanto termine el casamiento seguro le demostrará que una mujer siempre puede recurrir a la
venganza.
Orgón: ¿qué dijo?
Dorina: no estoy hablando con usted.
Orgón: ¿entonces con quien lo haces?
Dorina: hablo para mis adentros.
Orgón: tu insolencia merece un castigo. (a Mariana) Y tu hija mia debes apoyar mis planes y seguir al esposo
que he sabido elegir. ¿y tu Dorina no dices nada?
Dorina: es que no tengo nada que decir.
Orgón: vamos di una palabra.
Dorina: no se me ocurre nada.
Orgón: justo estaba guardando tu intervención.
Dorina: ni que yo fuera tonta.
Orgón: bueno hija mia, me has de obedecer y estar muy satisfecha de mi elección. Y quiero que sepas que
esta domestica tuya es muy malbicho, no podría tenerla a mi lado ni un segundo mas, me voy a tomar un
poco de aire para ver si me tranquilizo.
ACTO SEGUNDO: ESCENA TERCERA
Mariana y Dorina
DORINA: ¿Es que te quedaste muda? ¿Cómo podes soportar tales planes sin decir absolutamente nada?
MARIANA: ¿Qué queres que haga con un padre tan autoritario?
DORINA: Decirle que su corazón no ama en contra de su voluntad y que si le resulta tan encantador Tartufo,
que se case con el.
MARIANA: Ay Dorina, es que es tanto el poder que ejerce sobre mi.
DORINA: Pero vamos a razonar, Valerio demostró sus sentimientos. ¿Lo amas o no?
MARIANA: Ay Dorina, ¿Necesitas preguntármelo?
DORINA: ¿Lo amas o no?
MARIANA: me estas ofendiendo al dudar de mis sentimientos.
DORINA: entonces lo amas
MARIANA: pues claro, con una pasión absoluta.
DORINA: y por lo que parece, él te ama.
MARIANA: así lo creo.
DORINA: ¿y si te obligaran a casarte con Tartufo?
MARIANA: Antes me suicidaría.
DORINA: Estupendo, esa idea no se me había ocurrido.
MARIANA: Dios mío, como te pones Dorina.
DORINA: No compadezco a quien dice tonterías.
MARIANA: ¿Qué quieres que haga si soy muy tímida?
DORINA: Pues el amor, exige un corazón muy fuerte.
MARIANA: Es que me da vergüenza mostrar esta pasión que me consume. ¿quieres que revele mi ardor a
todo el mundo?
DORINA: No, no quiero nada. Veo que preferís al señor Tartufo.
MARIANA: Realmente es un buen partido. Galan, cordial, radiante-
DORINA: Seguramente serás muy feliz.
MARIANA: Dios mio.
DORINA: Qué lindo será verte con semejante galán.
MARIANA: Por favor, cállate. Ayudame a impedir esa boda.
DORINA: No, una hija debe obedecer a su padre.
MARIANA: Ay, me estás matando. Mas vale que me ayudes con tus consejos.
DORINA: estoy a tu servicio-
MARIANA: Pobre de mi.
DORINA: Nada de pobre.
MARIANA: Muy bien, ya que no te conmueve mi pena, yo conozco el remedio para curar todos mis males.
DORINA: Quieta. Vení acá, que se me está pasando el enojo. Al fin de cuentas, me das lastima.
MARIANA: Escucha lo que te digo, si me exponen a este matrimonio, me voy a suicidar.
DORINA: No seas tonta, con habilidad se puede impedir el casamiento. Acá llega tu amado Valerio.
ACTO SEGUNDO: ESCENA CUARTA
Dorina, Valerio y Mariana
Valerio: Señora acabo de escuchar una noticia que no conocía y qué Debería ser falsa.
Mariana: ¿Qué noticia?
Valerio: La que dice que te casarás con tartufo.
Mariana: Es cierto, mi padre tiene esos planes en la cabeza.
Valerio: Su padre Señora.
Mariana: Ha cambiado de opinión, eso es lo que me acaba de proponer.
Valerio: ¿De verdad?
Mariana: si de verdad.
Valerio: ¿y cuál es el deseo de tu alma?
Mariana: no lo sé.
Valerio: ¿es una respuesta sincera? ¿No sabes?
Mariana: no.
Valerio: ¿no?
Mariana: ¿qué consejo me darías?
Valerio: que te cases con ese hombre.
Mariana: ¿ese es el consejo que me das?
Valerio: si.
Mariana: ¿de verdad?
Valerio: de verdad, me parece una idea muy acertada.
Mariana: bien, seguiré tu consejo.
Valerio: no creo que te cueste mucho hacerlo.
Mariana: no mucho mas de lo que te costó darme el consejo.
Dorina: veremos en que acaba todo esto.
Valerio: ¿es así tu amor? Siempre estabas mintiendo cuando...
Mariana: no hablemos de eso, por favor, me dijiste abiertamente que acepte a tartufo por esposo y así lo
haré. Puesto que seguiré tu sabio consejo.
Valerio: has tomado una decisión y te serví de pretexto o de excusa para no cumplir con tu palabra.
Mariana: así es.
Valerio: no tengo la menor duda, tu corazón no ha sentido nunca nada por mi.
Mariana: estás en tu derecho de pensar así.
Valerio: claro que estoy en mi derecho.
Mariana: eso yo no lo dudo, seguro despertarás otras pasiones.
Valerio: confío en que otra mujer será lo suficientemente bondadosa como para apiadarse de mi.
Mariana: la pérdida parece que no es muy grande y seguro te consolarán fácilmente.
Valerio: seguramente, haré todo lo que pueda o al menos haré lo que pueda para aparentarlo. La gente
nunca perdona la cobardía de que sigamos amando a quien nos ha abandonado.
Mariana: nadie duda de que tu sentimiento es noble y elevado.
Valerio: ¿Qué pretendías, que guardara en mi alma la pasión que siento por vos? ¿Qué mirara como caías en
otros brazos?
Mariana: no, al contrario.
Valerio: señora, basta ya de insultos.
Mariana: muy bien.
Valerio: tenga al menos en cuenta, que usted es la que me obliga a hacer este esfuerzo supremo.
Mariana: sí.
Valerio: basta, haré lo que usted diga.
Mariana: será lo mejor.
Valerio: es la última vez que me verás.
Mariana: así será.
Valerio: ¿eh?
Mariana: ¿Cómo?
Valerio: ¿me llamaste?
Mariana: ¿yo? Seguro lo soñaste.
Valerio: entonces sigo mi camino, adiós señora.
Mariana: adiós señor.
Dorina: pero ustedes perdieron la cabeza, los estaba escuchando para ver como terminaba todo esto, pero,
señor Valerio.
Valerio: ¿qué quiere Dorina?
Dorina: venga para acá
Valerio: no, estoy lleno de despecho.
Dorina: pero pare un poco.
Valerio: no, este asunto ya está terminado.
Dorina: vaaamos.
Mariana: no soporta mirarme, mi presencia lo hace huir. Será mejor que me vaya de aquí
Dorina: ¡ahora la otra! ¿A dónde vas?
Mariana: ¡déjeme!
Dorina: tiene que volver.
Mariana: no, no Dorina.
Valerio: comprendo que mi presencia es un sufrimiento para ella.
Dorina: ¿uh también vos? Acaben con esta comedia y vengas los dos.
Valerio: ¿qué quieres?
Mariana: ¿qué intentas hacer?
Dorina: hacer que se reconcilien y sacarlos a los dos de esta situación. ¡Están locos que van a discutir así!
Valerio: ¿es que usted no escuchó lo que me dijo?
Dorina (a Mariana): y vos, estas tan loca como para dejarlo.
Mariana: es que vos viste lo que pasó, la forma en que me trató
Dorina: son unos necios los dos. (a Mariana) ¿no te das cuenta que solo te quiere a vos y no quiere otra cosa
que convertirse en tu esposo?
Mariana: entonces ¿Por qué me dio ese consejo?
Valerio: ¿y vos por qué me pediste tu opinión en este asunto?
Dorina: están locos, denme la mano los dos.
Valerio: ¿mi mano? ¿para qué?
Dorina (a Mariana): y ahora tu mano.
Mariana: ¿a qué viene esto?
Dorina: acérquense el uno al otro, ustedes se aman más de lo que creen. Dejemos esta discusión para otro
momento y pensemos la forma de impedir el casamiento con tartufo.
Mariana: entonces dinos que tenemos que hacer.
Dorina: dejando pasar el tiempo se soluciona todo, por ahora márchate Valerio. (A Mariana) nosotras vamos a
pedirle ayuda a su hermano y a poner a su madrasta de nuestra parte.
Valerio: quiero que sepas que mi máxima esperanza está puesta en vos.
Mariana: no seré de nadie más que tuya.
Valerio: lo que decís me llena de alegría.
Dorina: los amantes nunca se cansan de hablar. ¡váyanse les digo!
Valerio: además…
Dorina: basta de charla
ACTO TERCERO: ESCENA PRIMERA
Dorina y Damis.
Damis: Que me parrta un rayo si existe algo que me detenga y me impida hacer justicia.
Dorina: Calmate por favor Damis, su padre solo hablaba. Del dicho al hecho hay un largo trecho.
Damis: Yo voy a desarmar los planes de ese farsante.
Dorina: Tranquilo, respecto a Tartufo y tu padre, deja que sea tu madrastra Elmira quien se ocupe. Tiene
cierto poder sobre Tartufo y hará todo lo que ella dice, ese es su punto débil. Marchate y deja quien yo sea
quien los espere.
Damis: Yo quiero presenciar esta conversación.
Dorina: De ninguna manera. Es necesario que estén solos.
Damis: Pero lo presenciaré sin enfadarme.
Dorina: Conozco tus enojos, lo echarías todo a perder, vete y déjame sola.
ACTO TERCERO: ESCENA SEGUNDO.
Tartufo y Dorina.
Tartufo: Dorina si preguntan por mí diles que fui a repartir limosna entre los pobres.
Dorina: Cuanta hipocresía.
Tartufo: Dios mío, toma este pañuelo.
Dorina: ¿Para qué?
Tartufo: Para taparte esos pechos, esas cosas ofenden a las almas puras.
Dorina: Se ve que la carne le impresiona mucho, a mí no se me despiertan tan pronto los deseos.
Tartufo: Habla de una manera más recatada.
Dorina: Solo quiero decirle una cosa, mi señora va a venir y quiere conversar un momento con vos.
Tartufo: Sí, sí. Encantadísimo.
Dorina: Que dulce se pone.
Tartufo: ¿Y vendrá pronto?
Dorina: Creo que ya viene, los dejo solos.
ACTO TERCERO: ESCENA TERCERA
Elmira y Tartufo.
TARTUFO: Que el cielo, con su gran bondad, le conceda la salud del alma y del cuerpo.
ELMIRA: Le agradezco mucho ese deseo tan piadoso. Pero sentémonos, que estaremos mas cómodos.
TARTUFO: ¿Cómo se encuentra de su enfermedad?
ELMIRA: Me encuentro muy bien. Ya me ha desaparecido la fiebre.
TARTUFO: No he pedido al Cielo otra cosa, sino que se cure.
ELMIRA: Su fervor se ha preocupado demasiado por mí.
TARTUFO: Respecto a esa salud a la que tanto amo, todo deseo se queda corto. Hubiera dado la mía propia
para que usted se recuperara.
ELMIRA: Eso es llevar muy lejos la caridad cristiana. Me quedo muy agradecida.
TARTUFO: Es mucho menos de lo que se merece.
ELMIRA: Quiero hablar con usted a solas de cierto asunto, y creo que aquí podré hacerlo tranquilamente, sin
que nadie nos escuche.
TARTUFO: Es para mi una satisfacción, señora. Me es muy grato estar a solas con usted. Es algo que he
pedido muchas veces al Cielo, y hasta este momento no me había sido concedido.
ELMIRA: Deseo que en esta breve conversación usted me abra su corazón, y que no me oculte nada.
TARTUFO: Y yo deseo responder al gran favor que me hace abriéndole mi alma entera.
ELMIRA: Así lo creo yo también. Ya sé que es mi salvación eterna lo que tanto le preocupa.
TARTUFO: (Estrechándole a Elmira la punta de los dedos) Sin duda, señora, sin duda; mi fervor es tan
grande que…
ELMIRA: ¡Ay! ¡No me aprete así!
TARTUFO: Nunca tuve intención de lastimarla. Antes preferiría… (le pone una mano en la rodilla).
ELMIRA: ¿Qué hace ahí su mano?
TARTUFO: Toco su vestido. Es una tela muy suave.
ELMIRA: Pues déjeme, por favor; que tengo muchas cosquillas. (Aparta su silla, pero Tartufo acerca a su vez
la suya).
TARTUFO: ¡Ay Jesús! ¡Que labor más primorosa! Hoy en día se hacen verdaderas maravillas.
ELMIRA: Eso es cierto. Pero vayamos a nuestro asunto. Se dice que mi esposo quiere faltar a la palabra que
ha dado y concederle la mano de su hija, Mariana. ¿Es verdad eso? Dígame.
TARTUFO: Algo de eso me ha dicho. Pero, si quiere que le diga la verdad, no es ésa la felicidad por la que yo
suspiro. Es en otra parte donde percibo los maravillosos encantos de la dicha.
ELMIRA: Ya sé que vos no amas las cosas de esta tierra.
TARTUFO: Sí, pero mi pecho encierra un corazón de piedra.
ELMIRA: Creo que todos sus deseos se encaminan al Cielo, y que no hay nada en este mundo que merezca
su atención.
TARTUFO: El amor que nos ata a las bellezas eternas no apaga en nuestro pecho el amor a las bellezas
terrenales. Es muy fácil que nuestros sentidos se queden confundidos de las obras perfectas que el Cielo ha
creado Al principio temí que este fuego secreto fuera una astuta trampa del diablo. Pero al fin me di cuenta
que en usted radica mi esperanza, el que yo sea feliz o desdichado.
ELMIRA: Su declaración es muy galante, pero, a decir verdad, me deja sorprendida. Pienso que debería
fortalecer aun mas su pecho y considerar un poco esa decisión. ¡Una persona tan devota como usted, tan
conocida en todas partes…!
TARTUFO: ¡Ah! Ser devoto no supone dejar de ser hombre; después de todo, yo no soy ningún ángel; si cree
reprobable la confesión que le hago, culpe de ello a sus encantadores atractivos. Mis ojos y mis suspiros se lo
han dicho mil veces. Pero las personas como yo ardemos con un fuego discreto.
ELMIRA: Entiendo muy bien lo que quiere decir. Sus palabras llegan vivas a mi alma. Pero ¿no teme que
sienta yo el deseo de contarle a mi esposo ese fuego galante?
TARTUFO: Se hasta donde llega su benevolencia, y que perdone mi osadía; al verla tan hermosa, considere
que no estoy ciego y que yo soy de carne.
ELMIRA: Puede que otras mujeres tomaran esto de un modo muy distinto; pero yo prefiero ser discreta. No
hablaré con mi marido de ello; pero, a cambio, deseo una cosa de usted, y es que, con toda sinceridad y sin
ninguna artimaña acelere la boda de Valerio con Mariana; que renuncie voluntariamente a ese injusto
casamiento.
ACTO TERCERO: ESCENA CUARTA.
Edelmira, Damis y Tartufo.
DAMIS: (Saliendo del cuarto desde donde estaba espiando) No, señora, no. Esto se ha de saber. Yo
estaba en ese cuarto y lo escuche todo. Dios pone en mis manos un medio de vengarme de su hipocresía y
de sacar a mi padre del error en que se encuentra, mostrándole a plena luz el alma de rufián de tartufo.
ELMIRA: No, Damis. No me desmientas, ya le di mi palabra. No es propio de mi armar escándalos, una
esposa se ha de reír de estas tonterías y no molestar a su marido.
DAMIS: Es ridículo tratar de perdonarle. Ese sinvergüenza ha estado demasiado tiempo manejando a mi
padre y oponiéndose a mi amor y al de Valerio. Es necesario que mi padre se desengañe de ese miserable, y
el cielo me ha ofrecido una oportunidad para ello.
ELMIRA: Pero, Damis…
DAMIS: No, déjame a mi, se lo suplico. Mi alma se halla ahora colmada de alegría, y no me puede obligar a
que renuncie al placer de la venganza. Voy a resolver este asunto sin la menor demora. Precisamente ahí
vienen.
ACTO TERCERO: ESCENA QUINTA.
Damis y Elmira.
DAMIS: Llegas en buen momento, padre; y lo que te voy que contar te sorprenderá mucho. El señor Tartufo
agradece todas tus atenciones y la ternura que le tienes. Le he sorprendido aquí mismo confesando a tu
esposa una pasión condenable y ella que tienw un corazón sumamente discreto, quería guardar silencio pero
yo no puedo y creo que te ofenderia si no te dijera la verdad.
ELMIRA:Creo que no se debe perturbar la tranquilidad de un esposo con charlas sin fundamento. Esto es lo
que pienso y tu Damis, espero sepas entenderlo
ACTO TERCERO: ESCENA SEXTA
Orgón, Damis y Tartufo.
ORGON: Pero ¡Dios mío! ¿es posible lo que acabo de escuchar?
TARTUFO: Si, hermano, soy malo y culpable; soy un pobre pecador lleno de iniquidad, el mayor infame que
haya existido nunca. Cada momento de mi vida está cargado de manchas y no es más que un montón de
basura. Echadme de aquí como un criminal. Por mucha que sea la vergüenza que me toque en suerte, nunca
será toda la que yo he merecido.
ORGÓN: (A su hijo) ¡Canalla! ¿Cómo te atreves a poner en duda la pureza de su virtud?
DAMIS: ¡Pero como! ¿Es que las falsas palabras de este hipócrita, de este individuo, va a hacer que me
llames mentiroso?
ORGÓN: Si dices una palabra más te rompo la cabeza.
TARTUFO: Por Dios les pido hermanos, no se enojen. Antes de que sufran por mi culpa el menor rasguño,
prefiero que se me aplique a mi el mas duro de los castigos.
ORGÓN: (A Damis.) ¡Desgraciado!
TARTUFO: Déjelo en paz, perdónelo, se lo pido de rodillas si hace falta.
ORGÓN: Te estás burlando. ¿Te das cuenta, malvado, hasta donde llega su bondad?
DAMIS: De modo que…
ORGÓN: ¡Cállate!
DAMIS: ¿Qué dices? Yo…
ORGÓN: ¡Que te calles dije! Se muy bien lo que te lleva a atacarlo, ahora comprendo que todos lo odian, mi
esposa, mis hijos, mis criados… todos están confabulados contra él. Pero cuanto mas se esfuercen todos en
echarlo de acá, más haré yo por que se quede. Voy a casarlo con mi hija inmediatamente.
DAMIS: ¿Piensa obligarla a la fuerza a aceptar su mano?
ORGÓN: Si, mentiroso; esta misma noche, para ir en contra de ustedes. Les hare entender que deben
obedecerme y que yo aquí soy el que manda. ¡Vamos, pídele perdón, ponte de rodillas a sus pies
inmediatamente!
DAMIS: ¿Quién? ¿Yo? ¿A los pies de ese canalla que con sus ofensas ha…?
ORGÓN: ¿Te resistes, miserable, y encima lo insultas? ¡Fuera! ¡Sal inmediatamente de esta casa! Y no te
atrevas a volver.
DAMIS: Muy bien, me iré.
ORGÓN: ¡Abandona esta casa inmediatamente! Te desheredo, ladrón, y además te maldigo.
ACTO TERCERO: ESCENA SÉPTIMA
Orgón y Tartufo
ORGÓN: ¡Dios mío! ¡Ofender así a una persona tan santa!
TARTUFO: ¡Perdónale, Señor, el dolor que me causa! (A Orgón) ¡Si supiera la pena que me da el ver
cómo tratan de ensuciarme ante usted hermano!.
ORGÓN: ¡Ay!
TARTUFO: Tengo tal opresión en el pecho, que no puedo ni hablar.
ORGÓN: (Corriendo entre lágrimas hacia la puerta por donde ha salido su hijo) ¡Ingrato! Siento
haber contenido mi mano y no haberle dado una paliza (A Tartufo) Tranquilizate tartufin.
TARTUFO: Si, acabemos esta espantosa discusión. Veo los grandes problemas que estoy
generando en esta casa, y creo, hermano mío, que es preciso que me vaya.
ORGÓN: ¿Cómo?
TARTUFO: Aquí me odian.
ORGÓN: ¿Y qué más da?
TARTUFO: Dejeme que vaya de aquí, para no darles la oportunidad de que me sigan atacando.
ORGÓN: ¡Ni hablar! Usted se queda.
TARRUFO: Está bien, si usted quiere que me quede…
ORGÓN: ¡Ah!
TARTUFO: De acuerdo, no se hable más. Sé cómo comportarme en este caso. La amistad me
obliga a prever escándalos y las sospechas. No pondré nunca la vista encima de su esposa.
ORGÓN: No; la verá a menudo por mucho que les pese a todos, y quiero que lo vean con ella a
todas horas. Y para mayor castigo de todos, voy a hacer inmediatamente la donación de todos mis
bienes. Un amigo noble como usted significa mucho más para mí que mi hijo, mi esposa y mis
padres. ¿Acepta mi propuesta?
TARTUFO: ¡Cúmplase siempre la voluntad de Dios!
ORGÓN: ¡Pobre amigo mío! Vamos en seguida a redactar la escritura, y ¡que revienten de despecho
todos estos envidiosos!
ACTO CUARTO: ESCENA PRIMERA
Cleanto y Tartufo.
Cleanto: Suerte que lo encuentro. Quiero ser claro y conciso: supongamos que Damis lo acusó injustamente,
usted como Cristiano, ¿no debería perdonar sus ofensas o van a permitir que echen a un hijo de la casa de su
padre? Le pido un sacrificio y reconcilie al hijo con su padre.
Tartufo: Ay. Qué más quisiera yo con todo mi corazón, no le guardo rencor alguno, pero después de esa
acusación incalificable, resultaría imposible mi relación con él. Sabe Dios lo que diría la gente el interés del
cielo no me lo permite.
Cleanto: ¿Y es usted el defensor de los intereses del cielo? Mejor dedíquese a perdonar las ofensas como
Dios manda y no tenga en cuenta los juicios de los hombres. Hagamos mejor lo que Dios nos enseña y no nos
preocupemos por nada más.
Tartufo: Ya le he dicho que perdono a Damis de todo corazón, pero luego de tal ofensa es mejor que viva en
otro lado.
Cleanto: Y seguro el cielo también dice que acepte la fortuna que le corresponde a Damis.
Tartufo: Quienes me conocen no pensarían que soy un interesado. Me atraen bien poco los bienes de este
mundo. Si he aceptado esta donación es porque temo que caiga en malas manos y que la herencia sea
despilfarrada. Yo tengo pensado usarlo para la gloria de Dios.
Cleanto: Vamos señor Damis es el heredero legítimo de esa fortuna y si el cielo le impide vivir con Damis
sería mejor que sea usted quien se fuera.
Tartufo: Señor son las tres y media, debo correr hacia la iglesia, le pido que me disculpe.
ACTO CUARTO: ESCENA SEGUNDA.
Elmira, Cleanto, Mariana y Dorina
Dorina: (A cleanto) Venga con nosotros señor, unamos nuestros esfuerzos, tratemos de impedir por la fuerza
o por la astucia que se impida este plan disparatado.
ACTO CUARTO: ESCENA TERCERA.
Orgón, Elmira, Mariana, Cleanto y Dorina.
Orgón: Que lindo verlos a todos reunidos. Mariana, ya he dado mi palabra y sabes a lo que me refiero.
Mariana: Papá en nombre del cielo que sabe mi dolor cede un poco. No hagas desdichada esta vida que me
has dado. Librame del tormento de pertenecer a un hombre que aborrezco.
Orgón: Sé firme hija mía, no te dejes ganar por el pecado.
Mariana: Dale tu fortuna, te la cedo, pero no me entregues a mí.
Orgón: Deberás cambiar tus sentimientos y no me des más dolor de cabeza.
Dorina: ¿Pero cómo?
Orgón: Tu te callas, te prohíbo terminantemente que digas una palabra.
Cleanto: Si quieres que te de un consejo…
Orgón: Tus consejos hermano son los mejores, pero no pienso usarlos.
Elmira: No sé que decir al ver lo que estoy viendo, me asombra tu ceguera. Tenés que estar muy enojado
para creerle a Tartufo y no a tu familia.
Orgón: No me dejo llevar por las apariencias, sé que estás del lado del granuja de mi hijo.
Elmira: Tu hijo dice la verdad, pero prefiero dar muestras de prudencia y dulzura. Creo que he sido discreta,
pero quisiera decir que…
Orgón: Nada, ya conozco estos engaños.
Elmira: Me asombra lo ciego que estás, ¿pero me creerías si te doy una prueba que demuestre que es
verdad la acusación de Damis?
Orgón: ¿Una prueba?
Elmira: Sí.
Orgón: Es un cuento.
Elmira: ¿Y si lograra hacértelo ver con total claridad?
Orgón: Un cuento.
Elmira: Pero que hombre. No te pido que me creas pero supongamos que pudieras verlo y oírlo todo con
claridad, ¿qué dirías entonces de tu santo Tartufo?
Orgón: En tal caso diría que… No diría nada porque es imposible.
Elmira: Estoy harta de que me tengas por mentirosa. Es preciso que seas testigo de todo lo que te han dicho.
Orgón: De acuerdo, veamos cómo te las arreglas.
Elmira: (A Dorina) Hazlo venir.
Dorina: Esto se va a poner divertido. Aunque tal vez resulte difícil engañarlo.
Elmira: No, resulta fácil convertirse en juguete de aquel a quien amamos. Y el amor tiende engañarnos a
nosotros mismo, dile que baje. Vamos, vamos, déjennos a solas.
ACTO CUARTO: ESCENA CUARTA
Elmira y Orgón.
ELMIRA: Acerquemos esta mesa, y metete debajo de ella.
ORGÓN: ¿Cómo?
ELMIRA: Tenés que esconderte bien.
ORGÓN: ¿Y por qué debajo de la mesa?
ELMIRA: ¡Ay, Dios mío! Dejame a mí. Tengo una idea, que muy pronto verás. Escondete aquí, y cuando estés
debajo que no se te vea ni se te oiga.
ORGÓN: Haré lo que tu digas. Quiero ver cómo salís de esta patraña.
ELMIRA: Creo que no tendrás nada que echarme en cara. Voy a hacer algo y espero que no te escandalices.
Diga lo que diga, lo permitirás. Voy a recurrir a la dulzura, ya que no tengo otro medio de desenmascarar a
este hipócrita. Como voy a fingir que accedo a sus deseos, para engañarlo mejor, y como esto lo hago sólo
por ti, daré por terminada la escena cuando tu decidas… Ocultate bien y atento que no se te vea.
ACTO CUARTO. ESCENA QUINTA.
Tartufo, Elmira y Orgon
Tartufo: Se me ha dicho que queríais hablarme.
Elmira: Tengo un secreto que revelarle. Por favor... cierre esa puerta. No quisiera atravesar una situación
como la que ocurrió hace un rato. Por suerte todo quedó superado. La tormenta se ha disipado y mi marido no
sospecha nada… Necesito abrirle mi corazón...
Tartufo: Su lenguaje es bastante difícil de comprender, señora. Hace un rato vuestro estilo era diferente.
Elmira: ¡Qué poco conoce usted el corazón de una mujer! ¿No sabe que una mujer lucha siempre entre el
sentimiento que la domina y la vergüenza que siente por confesarlo? ¿Que nuestra boca se opone, por
respeto al honor, a nuestros deseos pero que, en realidad, nuestra negativa lo promete todo?
Tartufo: Sin embargo, hace un instante...
Elmira: ¿Qué podía hacer? ¿Enfrentar a mi hijo? ¿Por qué cree que me opongo a que usted se case con
Mariana? ¿No cree que algo tiene que ver lo que yo siento por usted?
Tartufo: Es, sin duda, señora, un goce indecible oir esas palabras. Su miel derrama en todos mis sentidos una
dulzura jamás gustada. La dicha de agradaros es mi supremo afán y mi corazón se extasía con todos vuestros
deseos. Vuestras palabras podrían ser sólo un honesto artificio para obligarme a deshacer un enlace
concertado.
Elmira: ¿Qué quiere usted decir?
Tartufo: Que sólo me fiaré de tan dulces palabras cuando me otorguéis ciertos favores por los que suspiro y
que vengan a confirmarme, en todo, cuanto aquellas han podido expresarme, afirmando en mi alma una fe
constante en las dulces bondades que conmigo tenéis.
Elmira (a Orgón): ¡Me está pidiendo que me acueste con él
Orgón: ¡Todo lo contrario!
Elmira: Si mal no entiendo... Lo que usted quiere es que pruebe, con actos, la sinceridad de mis palabras. Va
usted muy de prisa, señor mio.
Tartufo: Cuanto menos se merece uno el bien, señora, menos se atreve uno a esperarlo. Me creo tan poco
merecedor de vuestras bondades, que dudo de la dicha de mis osadías, y no creeré nada hasta que hayáis,
señora, sabido convencer mi pasión con realidades.
Elmira: ¿Cuáles serían esas realidades que puedan convencerlo de mi pasión?
Tartufo: Aquellas que den testimonio seguro al encanto de vuestras promesas.
Elmira: Que para que usted crea en mis palabras debo yo entregarle mi cuerpo...
Orgón: ¿Qué le está sugiriendo...?
Tartufo: Vuestras palabras ofenden a Dios.
Orgón: ¡Tiene razón!
Elmira: ¿No son en realidad sus intenciones las que ofenden al Señor?
Tartufo: Señora... El Cielo prohibe, en realidad, ciertos goces Mas pueden realizarse con él algunas
transacciones. Según las necesidades, hay maneras de ensanchar los límites de nuestra conciencia. Se
puede cometer un acto de maldad siempre y cuando las intenciones sean buenas. Yo os iniciaré, señora, en
esos secretos. No tenéis más que dejaros guiar... Satisfacer mis deseos... Yo os diré cuándo es pecado y
cuándo no...
Orgón: Le está enseñando las diferencias entre el bien y el mal.
Tartufo: ¿Os pasa algo, señora?
Elmira: Estoy nerviosa. ¿Por qué no se asegura de que mi marido no esté cerca? ¿Quiere que siga adelante?
Orgón: Nada ha ocurrido hasta ahora que merezca el repudio de mi hermano.
Tartufo: El destino está de nuestra parte. No hay nadie.
Orgón: Cuánta castidad hay en ese beso. Su boca le habla al corazón... La ofrenda de un hombre devoto...
Elmira: Ay, Tartufo... Vuestras manos me conducen hacia una plenitud insospechada...
Tartufo: Callad, señora... Las palabras todo lo confunden.
Orgón: Sospecho que no es ésta la manera de proceder de un hombre creyente… No... no... En ese beso no
hay signos de castidad... No hay en esa caricia atisbos de devoción... Creo que tenía usted razón.....
Elmira: Espere... Quiero que usted se convenza.
Orgón: Me estoy convenciendo
Elmira: ¡Debe usted convencerse del todo! (ruido.)
Tartufo: No fue más que una falsa alarma.
Elmira: Retomemos donde hablamos dejado.
Orgón: ¡Suficiente! Me ha convencido
Elmira: ¿Se deja usted convencer tan rápidamente? No se fíe de las simples conjeturas.
Orgón: Con lo que vi, me basta.
Elmira: No tome una decisión apresurada...
Orgón: No necesito más pruebas. ¡Admito que es un hombre abominable!
Elmira: Espere, espere hasta el final... no quiero que queden dudas...
Orgón: Es usted un traidor.
Tartufo: No hagas que las apariencias ofusquen...
Elmira: Esta vez sus palabras no lograron confundirme...
Orgón: Un traidor. Un vil traidor
ACTO QUINTO ESCENA PRIMERA
Tartufo, Elmira, Orgòn, Mariana, Cleanto, Dorina…
Orgón: ¡Cómo pude ser tan ciego! ¡Este hombre me ha engañado! ¡Nos ha engañado a todos! Se introdujo en
esta casa como un ladrón para mancillar la dignidad (a Mariana) de tu madre.
Elmira (a Mariana): Fue terrible. Pero era necesario que lo hiciera
Dorina: Mire que se lo dijimos, señor.
Cleanto: (a Orgón) Lo importante es que haya usted comprobado la verdadera catadura de ese hombre. Pero,
por suerte, tomó usted conciencia a tiempo,
Mariana: Padre… ¡Qué feliz soy!
Orgón: Se casará usted con el joven Valerio...
Mariana: Padre... Hoy mismo. Prométame que nos casaremos hoy mismo
Orgón: Hay que buscar a Damis... Que vuelva. Estoy dispuesto a pedirle perdón de rodillas
Dorina: Yo sé dónde está.
Que venga enseguida!
Orgón: (A Tartufo) ¡Usted...! ¿Qué hace usted todavía aquí? ¿Cómo tiene el atrevimiento de...? ¡Fuera de
esta casal Fuera de mi casa!!
Tartufo: (extrae el documento que le entregó Orgón): Sois vos quien va a salir. Esta casa me pertenece. No lo
olvidéis
Elmira: (a Orgón) ¿Qué es lo que quiere decir?
Orgón: No... Se le entiende... Se le entiende todo.
Tartufo: (a Orgón): Y no credis que vas a lograr nada injuriándome. Tengo medios de vengar al Cielo cuando
se le ofende y de hacer que se arrepientan los que ahora quieren que salga de aquí.
Cleanto: ¿De qué está hablando?
Mariana: ¿Tendré que casarme con él?
Orgón: Peor, hija... Peor que eso.
Elmira: Si debo entregarme a él.
Orgón: Peor... Mucho peor…Le he donado todos mis bienes.
Tartufo: Con vuestro permiso... Debo cumplimentar unos trámites administrativos... Podéis quedaros y
disfrutar de mi casa... Hasta mi regreso.
Dorina: (A Tartufo.) ¿Alguna orden especial para la cena, señor?
ACTO QUINTO ESCENA SEGUNDA
Orgón, Elmira, Cleanto y Mariana
Elmira: Si no he oído mal... ¿Ha donado usted todos sus bienes a Tartufo?
Cleanto: ¿Quiere decir que mi hermana está... en la indigencia?
Mariana: ¿Qué? ¿Somos pobres?
ACTO QUINTO ESCENA TERCERA
Orgón, Elmira, Cleanto, Mariana, Pernelle y Felipota
Pernelle: ¡Es por aquí idiota!
Orgón: Es mi madre... Por favor... tengan en cuenta su edad. Déjenme que yo le hable.
Pernelle: ¿Qué es lo que ha pasado? Me han llegado rumores de que usted se ha peleado con Tartufo.
Orgón: Fue terrible, madre! Usted sabe todo lo que hice por ese hombre... ¡Hasta le ofrecí mi hija! Y el infame
intenta seducir a mi mujer.
Pernelle: ¡No puedo creerlo!
Orgón: Lo vi con mis propios ojos.
Pernelle: Lo que pasa es que en esta casa se vive de un modo extraño. Hoy mismo lo comprobé. ¡Y es por
eso que todos ustedes odian a Tartufo! Ya se lo enseñé a usted cuando era niño: "La virtud en el mundo
siempre es perseguida".
Orgón: ¡Pero que tiene que ver, madre! He visto con mis propios ojos cuando Tartufo...
Pernelle: Estoy segura de que todo es un cuento.
Orgón: Pero es que yo lo vi... Yo.
Pernelle: Las apariencias engañan... No siempre hay que juge por lo que se ve. Lo que parece una mala
acción, puede no
Orgón: Le parece una buena acción que alguien abrace a mi mujer!
Pernelle: Eso depende...
Orgón: Que la bese y la...
Pernelle: Hay que estar muy seguro para acusar a la gente.
Orgón: Pero entonces debí esperar a que la... a que la...
Elmira: Se lo dije...
Pernelle: Ya mismo debe usted reconciliarse con Tartufo.
Mariana: Ha pasado algo peor...
Orgón: Discutí con Damis y lo eché de la casa.
Pernelle: Ahhh... ¿Cómo pudo haber pasado no me da usted un gran disgusto.
Orgón: No quería decírselo, pero...
Pernelle (a Felipota): Mis gotas... Un gran disgusto... Pobre Damis... Un gran disgusto... (A Orgón) Se pelea
usted con Tartufo... Echa a Damis. ¿Qué está pasando en esta casa?
Mariana: Abuela. Somos pobres
Pernelle: De espíritu....
Elmira: La fortuna…
Pernelle: Fortuna... Una hermosa palabra.
Mariana: La donación…
Pernelle: Otra hermosa palabra...) ¿Es que acaso alguien fue tan canalla como para unir esas dos hermosas
palabras?
Orgón: Usted me inculcó siempre el sentido de la caridad
Pernelle: ¡Estupido! Nunca entendiste nada.
Felipota: Un poco de aire le hará bien.
ACTO QUINTO ESCENA CUARTA
Orgón, Elmira, Cleanto, Mariana, Pernelle, Felipota y Damis.
Damis: Padre...
Orgón: He sido injusto con usted. Debe perdonarme.
Damis: Olvídalo. Todo lo que me preocupa ahora es romperle la crisma a ese Tartufo. ¿Dónde está?
Orgón: No, hijo mío... No ganaríamos nada.
Damis: Algo tenemos que hacer!
Orgon: ¡Dios mio…! ¡Dios...!
Cleanto: Señores... Creo que debemos mantener la cabeza fría. Nada ganamos con desesperamos...
Tampoco van a ayudarnos las actitudes violentas... En casos como este, la razón estará de parte del que
tenga más poder. Tengo entendido que su relación con el Príncipe...
Orgòn: ¡La de Tartufo es mejor! Yo mismo lo introduje en la corte… Exalté sus virtudes ante el Principe y ante
el Obispo.
Mariana: Pero usted es rico y el es pobre...
Cleanto: A lo mejor es un hombre que se aviene a negociar....
ACTO QUINTO ESCENA SEXTA
Orgón, Elmira, Cleanto, Mariana, Pernelle, Felipota, Damis y Dorina.
Dorina: Un ujier de la justicia pide hablar con el amo
Orgòn: Que pase.
ACTO QUINTO ESCENA SEPTIMA
Orgón, Elmira, Cleanto, Mariana, Pernelle, Felipota, Damis, Dorina y Leal.
Leal: ¿Quién es el amo aquí?
Orgòn: Yo soy el amo. ¿Quién es usted?
Leal: Mi nombre es Leal... Ujier de la justicia desde hace cuarenta años...
Orgòn: Me alegro de conocerlo, señor Leal. Esta es mi familia.
Leal: Gracias... Gracias, señor Tartufo
Orgón: ¿Qué ha dicho usted?
Leal: ¿No es usted el señor Tartufo?
Orgon: ¡Soy el señor Orgón!
Leal: Busco al señor Tartufo... El amo de esta casa, según... ¿Orgón, dijo? Me alegro de haberlo encontrado.
Aquí dice que tiene usted que desalojar esta casa de inmediato... Usted y su familia.
Orgon: ¿Dejar yo mi casa?
Leal: Si, señor... ¿Orgón dijo? ¡Orgòn, claro...! Algo me decía su apellido. Yo fui servidor de su padre hace
cuarenta años.
Orgon: ¡Pero para usted eso no significa nada!
Cleanto: ¡Pero sí, hombre...! Su padre solía hablar siempre de su fiel servidor Leal. Es más... Creo que el
señor Orgon. (Aclara:) Padre... Le quedó debiendo una suma de dinero a usted...
Leal: Si... si... si... Una buena suma. Pero ya el señor Tartufo se encargó de saldarla... Bien... bien... No
perdamos tiempo. La casa pertenece ahora al señor Tartufo al igual que todos sus bienes... Según este
contrato… Perfectamente legalizado. No hay nada más que decir.
Damis: ¡Salvo agarrar un palo y rompérselo en la cabeza!
Leal: Haga que el joven se calle o se retire. En caso contrario, levantaré un acta donde conste que la justicia
ha sido...
Orgon: ¡Está bien! ¿Qué plazo tenemos para...?
Leal: Ninguno, les ruega que comiencen a desalojar.
ACTO QUINTO ESCENA OCTAVA
Orgón, Elmira, Cleanto, Mariana, Pernelle, Felipota, Damis, Dorina, Leal y Tartufo.
Tartufo: ¡Por Dios... señor ujier! No seais tan celoso de vuestras funciones. El Señor no nos perdonaria que
una familia quede en la indigencia. ¿La justicia, tan sabia, no prevé (sin violar la ley, por Dios), alguna forma
de benevolencia?
Leal: Está bien, señor... Si usted lo dispone... Suspenderé la ejecución hasta mañana a primera hora. Podrán
ustedes pasar la noche aquí, pero en cuanto despunte el día tendrán que sacar hasta el último utensilio. Traje
unos hombres para que los ayuden... Mas que eso...
Orgon: ¡No acepto su limosna! ¡Vámonos ya!
Damis: Déjeme darle un puñetazo, al menos!
Orgon: Vayan tomando sus cosas.
Leal: ¡Desalojen!
Mariana: Somos pobres... Somos pobres....
Elmira: ¿Y adónde iremos?
Orgon: Madre... madre... Volvemos a casa... Pasaremos juntos lo poca que le queda a usted de vida.
Dorina: ¡Rápido... vamos... rápido! ¿Desea algo el señor? ¡Està usted cómodo?
Orgón: Mi casa... mi casa...
ACTO QUINTO ESCENA NOVENA
Orgón, Elmira, Cleanto, Mariana, Pernelle, Felipota, Damis, Dorina, Leal, Tartufo y Valerio.
Valerio: ¡Un momento...! ¡Un momento! El señor Tartufo... ¡El devoto señor Tartufo! El famoso estafador
Tartufo: ¡Qué estás diciendo!
Valerio: Un estafador cuyas negras acciones podrían llenar varios volúmenes... Gracias a Dorina...
Dorina: Todo lo que hice, lo hice en bien del Cielo.
Valerio: Dorina me aconsejo que revisara el pasado de ese hombre. Merced a unos amigos pude acceder a
los archivos de la justicia. Estuve horas revisando papeles hasta que descubri...
Leal: Oh Oh... Ooohhh… ¡Queda usted detenido en nombre de la ley! ¡Que todo vuelva a su lugar!
Dorina: Fue gracias a mi... Gracias a mi...
Leal: Ya me parecía que el hijo del honorable Orgon... Debia ser un Orgón. (a Tartufo) Comparecerá usted
ante los estrados de la justicia! (a Orgon) Teneis usteded que hacer la denuncia. Un simple tramite
administrativo.
Orgon: Con el mayor placer....
Leal: ¡llevenselo!
Tartufo: ¿Cuál será el fundamento de vuestra acusación?
Orgon: La traición ¡La mentira! ¡La deshonestidad!
Tartufo: Todo no es cierto… Y me arrepiento de ello.
Damis: ¡Qué canalla!
Tartufo: Soy un [Link] traidor y un deshonesto. Jamás me pendonaré haber prestado falso testimonio
ante el señor Orante… No sé si lo recordáis… Fue mi testimonio... viciado quizá de parcialidad... el que
permitió que mi hermano Orgon hiciera un negocio ventajoso
Elmira: ¿Qué está diciendo?
Orgon: Nada… Detras de sus palabras se advierte una intención de arrepentimiento.
Elmira ¡Por favor! Llévenselo de una vez por todas
Tartufo: Señora... Sois injusta conmigo…
Elmira: Injusta ¿Después de todo lo que pasó? ¿O no le demostré cómo se comporta una mujer honrada?
Tartufo: Eso es cierto, mi señora, Por eso nunca di crédito a la chuzonerias de la Corte ni a las procacidades
que os involucran...
Elmira (a Orgon): Me está halagando... Y mi corazón de mujer piadosa... ¡Me da pena se pobre hombre!
Tartufo (a Cleanto) ¡Odio los dimes y diretes! Como si algún chusco tuviera la ocurrencia de ir a contarle a
vuestra venerada esposa que satisfacéis los naturales apetitos carnales en el lecho de una sirvienta...
Cleanto: Será un honor que compara usted mi humilde mesa.
Tartufo: Gracias.
Mariana: ¡Lléveselo de una vez!
Tartufo (a Mariana y Valerio): Ni que vuestro apresuramiento por llegar al himeneo devenga de que la pasión
ha comentado a germinar un dulce fruto...
Mariana: Ha entendido usted la pureza de nuestro amor...
Leal (a Orgón): ¿Qué debo hacer, señor?
Orgon: Retirarse…Eso creo
Tartufo: Retirarse...
Leal: Tengo aquí una acusación... Y una orden de desalojamiento... Señores... Mi misión ha terminado.
ACTO QUINTO ESCENA DECIMA
Orgón, Elmira, Cleanto, Mariana, Pernelle, Felipota, Damis, Dorina y Tartufo.
Damis: ¡Pero, padre.. ¿Lo va a dejar usted...? A ese canalla..!
Orgon: ¡Silencio!
Damis: Ese hipócrita... traidor...
Orgon: ¿Te has vuelto loco?
Tartufo: ¡Dejalo, hermano mio! ¿No comprendéis que todos somos pecadores El que esté libre de pecado,
que arroje la primera piedra.
Damis: ¿Y cuál es mi pecado?
Tartufo: El de la juventud. Pero el tiempo lo redime
Damis: ¡Miserable..! Hipócrita...
Orgon: ¿Quiere que lo eche ora vez de esta casa?
Damis: Esta vez me voy solo.
ACTO QUINTO ESCENA ONCEAVA
Orgón, Elmira, Cleanto, Mariana, Pernelle, Felipota, Dorina y Tartufo.
Elmira: (A Damis) No vuelvas tarde.
Tartufo: ¿No crees que ha llegado la hora en que el Señor agradecerla bendecir nuestro pan? La hora de la
cena.
Orgon: ¡Pero claro! Me ha entrado un apetito…
Dorina: La cena... Vamos la cena...
Orgon: Perdices... y pierna de cordero picada... que a usted tanto le gustan...
Cleanto (a Tartufo): Vino de Normandia... De la mejor cosecha
Elmira: Sorbetes de fruta... que a usted le apasionan... A la mesa... Vamos... a la mesa... A comer, querida
suegra... Vamos
Orgon: Nada hay más conmovedor que compartir una buena cena en familia!
(Apagón)