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Fundamentos de la Dialéctica y su Evolución

Este documento presenta una introducción a la dialéctica. Explica que la dialéctica se refiere al uso de la lógica y el razonamiento para examinar ideas y teorías, y que ha tenido diferentes significados a lo largo de la historia. Luego resume brevemente las concepciones de la dialéctica según filósofos como Platón, Aristóteles, Hegel, Lenin, Engels y Trotsky.

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Fundamentos de la Dialéctica y su Evolución

Este documento presenta una introducción a la dialéctica. Explica que la dialéctica se refiere al uso de la lógica y el razonamiento para examinar ideas y teorías, y que ha tenido diferentes significados a lo largo de la historia. Luego resume brevemente las concepciones de la dialéctica según filósofos como Platón, Aristóteles, Hegel, Lenin, Engels y Trotsky.

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La dialéctica

Enviado por Ing.+Lic. Yunior Andrés Castillo S.

Partes: 1, 2

1. Introducción
2. La dialéctica
3. La dialéctica materialista
4. Conclusión
5. Bibliografía

Introducción
La preparación de este texto constituye una simplificación en el tratamiento de los
diferentes temas y más bien tratan de ser consistentes y completas en el análisis de los
tópicos escogidos. Asimismo, ya que ello constituye los principios básicos de la dialectica
clásica y alcanzan a cubrir el análisis de los razonamientos habituales en el uso de la
dialéctica. En tal sentido, se ha tratado que el tema elegido, los conceptos desarrollados y
las definiciones dadas apunten al logro de un objetivo bien preciso y determinado: saber
pensar apropiadamente, desenvolver una mínima capacidad de raciocinio y poder
prevenirse acerca de la dialéctica que suelen encontrarse en los usos comunes de la vida
diaria.

"la idea del desarrollo, de la evolución, ha penetrado actualmente casi en su integridad en la


conciencia social, pero no a través de la filosofía de Hegel, sino por otros caminos. Sin
embargo, esta idea, Es un desarrollo que parece repetir las etapas ya recorridas, pero de otro
modo, sobre una base más alta (la negación de la negación); un desarrollo que no discurre
en línea recta, sino en espiral, por decirlo así; un desarrollo a saltos, a través de catástrofes
y de revoluciones, que son otras tantas 'interrupciones en el proceso gradual', otras tantas
transformaciones de la cantidad en calidad; impulsos internos del desarrollo originados por
la contradicción, por el choque de las diversas fuerzas y tendencias que actúan sobre un
determinado cuerpo o en los límites de un fenómeno en concreto, o en el seno de una
sociedad dada; interdependencia e íntima e inseparable concatenación de todos los aspectos
de cada fenómeno (con la particularidad de que la historia pone constantemente de
manifiesto aspectos nuevos), concatenación que ofrece un proceso único y mundial del
movimiento, con sus leyes; tales son algunos rasgos de la dialéctica, doctrina del desarrollo
mucho más compleja y rica que la teoría corriente. La idea de cambio y de evolución se
acepta hoy generalmente, pero las formas por las que los cambios se producen en la
naturaleza y en la sociedad sólo han sido explicadas por la Dialéctica en dicho analisis.

"La dialéctica no es más que la ciencia de las leyes generales del movimiento y la
evolución de la naturaleza, de la sociedad humana y del pensamiento." Engels.
A primera vista, podría parecer que estas sutilezas son inútiles: En realidad tienen decisiva
importancia. El axioma A es igual a A, es a un mismo tiempo punto de partida de todos
nuestros conocimientos y punto de partida de todos los errores de nuestros conocimientos.
Sólo dentro de ciertos límites se lo puede utilizar con uniformidad. Silos cambios
cualitativos que se producen en A carecen de importancia para la cuestión que tenemos
entre manos, entonces podremos presumir que A es igual a A. Pero cuando los cambios
cuantitativos sobrepasan ciertos límites se convierten en cambios cualitativos. Determinar
en el momento preciso, el punto crítico, en que la cantidad se transforma en calidad, es una
de las tareas más difíciles e importantes en todas las esferas del conocimiento, incluso de la
sociología." Trotsky.

Propósitos de la Investigación.

Objetivo General

Explicar partiendo del análisis de sus concepciones y características en lo que se


fundamenta la Dialéctica.

Objetivos Específicos

 1. Citar los conceptos, características en lo que se fundamenta la Dialéctica.


 2. Identificar las distintas formas de la Dialectica.

CAPITULO I:

La dialéctica
1.1. Conceptos de Dialéctica

En el caso particular de Aristóteles consideraba dialéctica a aquellos silogismos que


partiendo de premisas no ciertas son simplemente probables (lógica de lo probable). Para
Kant, será la dialéctica la lógica de la apariencia y su objeto son las tres iIdeas de: alma,
mundo y Dios, sobre las cuales la mente no puede sino construir paralogismos y
antinomias.

En todos estos casos, la dialéctica es una lógica basada en la 'identidad' y la 'inclusión' de


conceptos. Aún no en la 'oposición' o contradicción, operación que se introduce a partir de
la dialéctica hegeliana.

En cuando a la dialécitca como ontologia (tal como aparece en hegel), los antecedentes son
Heráclito, Proclo, Böhme y Fitche.

Por tanto definimos la dialéctica como un método de razonamiento lógico, de


cuestionamiento y de interpretación, que ha recibido distintos significados a lo largo de la
historia de la filosofía. Algunos de estos significados son:
 Arte del diálogo y la discusión.
 En la filosofía griega clásica, la dialéctica es el método que investiga la verdad
mediante el examen crítico de las percepciones y teorías, cada una de las cuales, por
su parte, pretende referirla.
 Procedimiento de razonamiento que procede a través del despliegue de una tesis y
su antítesis, resolviendo la contradicción a través de la formulación de una síntesis
final (conclusión).Estratégicamente el proceso no concluye. La síntesis se
constituye en nueva tesis y se contrapone a nueva antítesis; sin destruirse pero si
complementándose mutuamente.
 Arte de ordenar los conceptos en géneros y especies.
 Modo de elevarse desde lo sensible hacia lo inteligible, es decir partiendo de la
certeza de los sentidos hacia el desarrollo de conceptos de un mayor grado de
universalidad y racionalidad.
 la lucha de los contrarios por la cual surge el progreso de la historia moderna.
 Teoría y método de conocimiento de los fenómenos de la realidad en su desarrollo y
automovimiento, supuesta ciencia que trataría de las leyes más generales del
desarrollo de la naturaleza (Engels), de la sociedad (Marx) y del pensamiento
humano (Hegel) que se auto-propone como alternativa a la metafísica.

Segun HEGEL en su Fundamentos de la filosofía del derecho, párrafo 31, llamó


«dialéctica» al principio motor del concepto que disuelve, pero también produce, las
particularidades de lo universal. La más elevada dialéctica del concepto consiste en no
considerar la determinación meramente como límite y opuesto, sino en producir a partir de
ella el contenido positivo y el resultado, único procedimiento mediante el cual la dialéctica
es desarrollo y progreso inmanente. No es por lo tanto la acción exterior de un pensar
subjetivo, sino el alma propia del contenido lo que hace crecer orgánicamente sus ramas y
sus frutos. La dialéctica, en todos estos casos, designa un movimiento propio del
pensamiento.

Segun V. Lenin Es "la doctrina de la unidad de los contrarios"

Segun F. Engels Es la concepción de que toda la naturaleza "se halla en un estado perenne
de nacimiento y muerte, en flujo constante, sujeto a incesantes cambios y movimientos"

Trotsky, definia la Dialéctica como una ciencia de las formas de nuestro pensamiento en la
medida en que no se reduce a los problemas diarios, sino que intenta llegar a una
comprensión de los procesos más complicados y complejos

1.2. Desarrollo de la Dialectica a traves de los tiempos.

*Dialéctica espontánea en la antiguedad.

Para el Hinduismo, la diversidad de cosas y eventos contradictorios que nos rodean, no son
sino diferentes manifestaciones del todo, llamado Brahman. Así, a los diversos aspectos de
lo Divino, dieron en la India antigua distintos nombres de variados dioses que no son más
que reflejos de una única realidad última, de manera que, por ejemplo, la fuerza destructora
y la fuerza creadora son dos manifestaciones de esa misma realidad.
Heráclito de Efeso formuló dos proposiciones que fueron incorporadas como pilares de la
estructura del pensamiento dialéctico: 1) todo fluye, todo está en movimiento y; 2) todo
está formado por opuestos que siempre están en estado de tensión dinámica, de manera que
cualquier forma determinada es el resultado del equilibrio entre fuerzas opuestas.

1.3. La dialéctica como método Segun: Platón y Aristoteles

Uno de los primeros ejemplos de aplicación del método dialéctico lo ofrecen los Diálogos
del filósofo griego Platón, quien además reflexiona sobre el funcionamiento y el alcance de
este procedimiento.

En los diálogos platónicos tempranos, el procedimiento permite someter a examen cierto


conjunto de creencias que mantiene determinado individuo. A partir de los diálogos
medios, su alcance se amplía, para poner a prueba hipótesis o teorías con las que no
necesariamente alguien está comprometido. El examen usualmente lo lleva a cabo Sócrates,
quien dirige a su interlocutor una serie de preguntas para explorar si hay inconsistencias
entre sus dichos. Estas preguntas son, pues, críticas y comprometedoras, y puede
considerarse que equivalen a objeciones; pues naturalmente, una teoría que muestra ser
contradictoria no podría aceptarse como verdadera. Por otra parte, en muchos diálogos de
Platón puede constatarse cómo los interlocutores de Sócrates se defienden de sus
objeciones; en ocasiones es el propio Sócrates quien responde a sus críticas anteriores. El
procedimiento de preguntas y respuestas da lugar así a una discusión o controversia
racional, cuyo resultado es a menudo la refutación de las ideas que se examinan. En
cualquier caso, mediante la detección y eliminación de errores, el procedimiento tiende a la
identificación de la verdad -o al menos, de lo que racionalmente puede aceptarse como tal.

todos los filósofos presocráticos habían escrito como profetas iluminados, sin pensar
siquiera en dar alguna prueba de la validez de sus puntos de vista. Una excepción
importante es Zenón de Elea, quien introduce en la filosofía la idea de refutar
racionalmente las teorías de sus adversarios, mostrando que conducen a paradojas. Este es
el antecedente del que parten Sócrates y Platón, el último de los cuales lleva la idea un paso
más lejos. Es notable que en el Parménides Platón haya utilizado el procedimiento de
preguntas comprometedoras, para poner a prueba teorías de su propia factura
(concretamente, la teoría metafísica de las Formas), convirtiéndose así en el primer filósofo
que practica la autocrítica. Tal vez Platón intenta mostrar así cuánto más le interesa la
búsqueda de la verdad, que la defensa de sus posiciones. En todo caso, la dialéctica (la
controversia, y más fundamentalmente, la exposición a la crítica) queda perfilada por él
como un procedimiento de investigación. A este gesto del clásico puede atribuirse el que la
filosofía sea hoy un campo de investigación académica, y no una rama de la mitología o de
la literatura fantástica.

Para Aristóteles, la búsqueda de la base filosófica de la ciencia (y de la propia filosofía)


requiere un ejercicio dialéctico. Aristóteles explica por qué la búsqueda de una prueba de
los "principios" debe hacerse mediante una demostración refutativa, y en cambio sería
imposible dar de ellos una "demostración" (vg., una prueba positiva de ellos). Aristóteles
también trata de la dialéctica en los Tópicos.
Esta clase de justificaciones o pruebas, que la actividad dialéctica permite conseguir según
los clásicos, sólo pueden desarrollarse gracias a la confrontación de puntos de vista
opuestos. Esta idea no ha sido suficientemente discutida, y puede considerarse como una
hipótesis, tanto como la idea contraria.

Además de la propia confrontación de ideas, un par de conceptos o reglas lógicas


distinguen a los argumentos dialécticos de los monolécticos. Son 1) la argumentación ex
concessis, según la cual es lícito razonar a partir de los presupuestos o premisas del
antagonista, sin que en suma, haga falta justificarlas (al menos, no de cara a ese mismo
contrario). Y por otra parte 2), la noción de la carga de la prueba, que atribuye a uno de los
debatientes en particular, el deber de iniciar la argumentación, dando un respaldo prima
facie razonable a su tesis. Si el interesado lo consigue, con ello transfiere a su adversario la
obligación (o carga) de responder, argumentando en contra suya. Cualquiera de los
debatientes que deje de atender satisfactoriamente esta obligación cuando le corresponde,
por ese hecho resulta derrotado en la polémica. En Occidente, la carga de la prueba inicial
corresponde al que propone novedades, y desde luego a quien cuestiona los usos y las
creencias tradicionales o generalmente aceptadas. Una máxima del derecho romano
prescribe: "el que afirma, prueba".

Parece que a los Estoicos se debe el uso posterior (concretamente, medieval) del término,
con el que 'Dialéctica' pasa a referirse al conjunto de la Lógica, que por lo demás los
estoicos cultivaron como estudio del razonamiento deductivo (por tanto, monoléctico).
Junto con la Gramática y la Retórica, la Dialéctica constituye el Trivium medieval.

1.4. Dialéctica de la filosofía clásica alemana

-Para INMANUEL KANT la sensibilidad tiene como formas a priori el espacio y el tiempo
y la razón humana tiene, también anteriores a toda experiencia, un conjunto de categorías
para concebir los objetos, siempre que haya fenómenos sobre los cuales ellas puedan
actuar. Cuando tal cosa no ocurre, como en el caso de los objetos denominados
"metafísicos", el entendimiento deriva en las llamadas antinomias, en las cuales puede
demostrarse como verdadera tanto una posición como la contraria, hay argumentos en favor
y en contra de las tesis y de sus respectivas antítesis. La solución no puede ser dogmática
sino crítica de la razón pura, distinguiendo la "cosa en sí" del mundo fenomenológico, que
no existe independientemente de nuestras representaciones.

-Para JOHANN GOTTLIEB FICHTE del yo, del sujeto se deriva todo y de acuerdo con los
principios lógicos de la identidad y negación, al afirmarse el yo engendra por oposición el
"no yo" y ambos están subordinados a un principio de unidad total. Así como el yo entra en
contradicción consigo mismo y posiciona el no yo, elimina esta oposición mediante la
limitación de ambos y fluye un proceso infinito y que se formula en la tríada dialéctica:
tesis, antítesis y síntesis. Este aplica el término dialéctica a su sistema filosófico y a su
lógica centrada en el devenir, la contradicción y el cambio, que sustituye los principios de
identidad y no contradicción, por los de la transformación incesante de las cosas y la unidad
de los contrarios. Hegel pensaba que la evolución de la Idea se produce a través de un
proceso dialéctico, es decir, un Concepto se enfrenta a su opuesto y como resultado de este
conflicto, se alza un tercero, la síntesis. La síntesis se encuentra más cargada de verdad que
los dos anteriores opuestos. La obra de Hegel se basa en la concepción idealista de una
mente universal que, a través de la evolución, aspira a llegar al más alto límite de
autoconciencia y de libertad.

-El filósofo alemán Karl Marx aplicaba el concepto de dialéctica a los procesos sociales y
económicos. El llamado Materialismo Dialéctico de Marx, con frecuencia considerado
como una revisión del sistema hegeliano. Este proponía una solución a un problema
generalizado de extremos económicos por medio de los tres conceptos: tesis, antítesis y
síntesis. La primera era la fuente del problema en este la propiedad del Capital concentrada
en la clase Burguesa. La segunda la clase Proletaria creadora del Valor con su Trabajo y
despojada de todo Medio de Producción. Estas dos darán como síntesis el Cominismo, la
propiedad social de los medios de producción.

-La dialéctica de Hegel , es el acto mismo del conocimiento, es decir, es la introducción de


la contradicción. El principio del tercero excluido, algo o es A o no es A, es la proposición
que quiere rechazar la contradicción y al hacerlo incurre precisamente en contradicción: A
debe ser +A ó -A, con lo cual ya queda introducido el tercer término, A que no es ni + ni - y
por lo mismo es +A y -A. Una cosa es ella misma y no es ella, porque en realidad toda cosa
cambia y se transforma ella misma en otra cosa. Esto significa la superación de la lógica
formal y el establecimiento de la lógica dialéctica. Todas las cosas son contradictorias en sí
mismas y ello es profundo y plenamente esencial. La identidad es la determinación de lo
simple inmediato y estático, mientras que la contradicción es la raíz de todo movimiento y
vitalidad, el principio de todo automovimiento y solamente aquello que encierra una
contradicción se mueve.

La imaginación corriente capta la identidad, la diferencia y la contradicción, pero no la


transición de lo uno a lo otro, que es lo más importante, cómo lo uno se convierte en lo
otro. Causa y efecto son momentos de la dependencia recíproca universal, de la conexión y
concatenación recíproca de los acontecimientos, eslabones en la cadena del desarrollo de la
materia y la sociedad: la misma cosa se presenta primero como causa y luego como efecto.
Es necesario hacer conciencia de la intercausalidad, de las leyes de conexión universal
objetiva, de la lucha y la unidad de los contrarios y de las transiciones y las
transformaciones de la naturaleza y la sociedad. La totalidad, de todos los aspectos del
fenómeno, de la realidad, de los fenómenos y de sus relaciones recíprocas, de eso está
compuesta la verdad. La realidad es la unidad de la esencia y la existencia. La esencia no
está detrás o más allá del fenómeno, sino que por lo mismo que la esencia existe, la esencia
se concreta en el fenómeno. La existencia es la unidad inmediata del ser y la reflexión.
Posibilidad y accidentalidad son momentos de la realidad puestos como formas que
constituyen la exterioridad de lo real y por tanto son cuestión que afecta el contenido,
porque en la realidad se reúne esta exterioridad con la interioridad en un movimiento único
y se convierte en necesidad y así lo necesario es mediado por un cúmulo de circunstancias o
condiciones.

La cantidad se transforma en cualidad y los cambios se interconectan y provocan los unos


con los otros. Las matemáticas no han logrado justificar estas operaciones que se basan en
la transición, porque la transición no es de naturaleza matemática o formal, sino dialéctica.
Las determinaciones lógicas anteriormente expuestas, las determinaciones del ser y la
esencia, no son meras determinaciones del pensamiento. La lógica del concepto se entiende
ordinariamente como ciencia solamente formal, pero si las formas lógicas del concepto
fueran recipientes muertos, pasivos, de representaciones y pensamientos, su conocimiento
sería superfluo; pero en realidad son como formas del concepto, el espíritu vivo de lo real y
por tanto se requiere indagar la verdad de estas formas y su conexión necesaria.

El método del conocimiento no es una forma meramente exterior, sino que es alma y
concepto del contenido. Por lo que se refiere a la naturaleza del concepto el análisis es lo
primero, porque debe elevar la materia dada a la forma de abstracciones universales, las
cuales luego mediante el método sintético son puestas como definiciones. El análisis
resuelve el dato concreto, aísla sus diferencias y les da forma de universalidad o, deja lo
concreto como fundamento y por medio de la abstracción de las particularidades que
aparentan ser inesenciales, pone de relieve un universal concreto o la fuerza y la ley
general. Esta universalidad también es determinada mediante la síntesis del concepto en sus
formas, y en definiciones.

La actividad humana une lo subjetivo con lo objetivo. El fin subjetivo se vincula con la
objetividad exterior a él, a través de un medio que es la unidad de ambos, esto es la
actividad conforme al fin. Así, con sus herramientas el hombre posee poder sobre la
naturaleza exterior, aunque en lo que respecta a sus fines se encuentra con frecuencia
sometido a ella.

CAPITULO II:

La dialéctica materialista
La más simple e influyente formulación del materialismo dialectico se halla en Engels, que
creyó con ello no desviarse de Marx o, en todo caso, creyó completar a Marx. La
formulación de Engels se ha incorporado al Marxismo calificado de «ortodoxo». Esto no
quiere decir que sólo los marxistas «ortodoxos» sean materialistas dialécticos. Es posible
sostener el materialismo dialéctico dentro de formas de marxismo «no ortodoxo» –cuando
menos no ortodoxo respecto al marxismo ortodoxo aludido–. Ello puede ocurrir de varios
modos, entre los cuales sobresalen dos: como un intento de suplementar y sistematizar el
marxismo en forma distinta del conglomerado hoy tradicional «Marx-Engels-Lenin», o
«marxismo-leninismo»; o bien como una posibilidad para el futuro, cuando se haya
«absorbido» por completo la razón analítica y positiva que se supone caracteriza aún las
ciencias y éstas puedan constituirse dialécticamente, o materialística-dialécticamente.

Engels desarrolló el materialismo dialéctico en la obra "La transformación de las ciencias


por el Sr. Dühring" (Herrn Dühring Umwälzung der Wissenschaften, 1878; publicada
como una serie de artículos en Vorwärts, 1877), conocida con el nombre de Anti-Dühring,
y también en una serie de [2148] manuscritos procedentes de 1873-1883 y publicados por
vez primera en 1925 con el nombre Dialektik der Natur (hay posteriores ediciones, más
fidedignas; trad. esp. con introducción por Manuel Sacristán). Aunque Engels se opuso al
idealismo, incluyendo el idealismo de Hegel, encontró en este autor apoyo para una
«filosofía de la Naturaleza» que descartara y superara el materialismo mecanicista,
característico de gran parte de la física (mecánica) moderna y en particular de las
interpretaciones filosóficas de la ciencia moderna que proliferaron en el siglo XIX por obra
de Ludwig Büchner y otros autores. Este materialismo es, según Engels, superficial y no
tiene en cuenta que los modelos mecánicos no se aplican a nuevos desarrollos científicos,
tales como los habidos en química y en biología, y especialmente tal como se manifiestan
en la teoría de la evolución de las especies. El materialismo «vulgar» mecanicista no tiene
tampoco en cuenta el carácter práctico del conocimiento y el hecho de que las ciencias no
son independientes de las condiciones sociales y de las posibilidades de revolucionar la
sociedad.

Mientras el materialismo mecanicista se apoya en la idea de que el mundo está compuesto


de cosas y, en último término, de partículas materiales que se combinan entre sí de un modo
«inerte», el materialismo dialéctico afirma que los fenómenos materiales son procesos.
Hegel tuvo razón en insistir en el carácter global y dialéctico de los cambios en los procesos
naturales, pero erró en hacer de estos cambios manifestaciones del «Espíritu». Hay que
«invertir» la idea hegeliana y colocar en la base la materia en cuanto que se desarrolla
dialécticamente. La dialéctica de la Naturaleza procede según las tres grandes leyes
dialécticas: ley del paso de la cantidad a la cualidad, ley de la interpenetración de los
contrarios (u opuestos) y ley de la negación de la negación. Negar que hay contradicciones
en la Naturaleza es, según Engels, mantener una posición metafísica; lo cierto es que el
movimiento mismo está lleno de contradicciones. Son contradicciones «objetivas» y no
«subjetivas». Sin la constante lucha de los opuestos no pueden explicarse los cambios.

El carácter de lucha y oposición de contrarios es, según Engels, universal. Se manifiesta no


sólo en la sociedad y en la Naturaleza, sino también en la matemática. La negación de la
negación se manifiesta en que de un germen procede una planta que florece y muere,
produciendo otro germen que vuelve a florecer. También se manifiesta en que la negación
de una cantidad negativa da una positiva. El materialismo dialéctico no es, según Engels,
contrario a los resultados de las ciencias; por el contrario, explica, justifica y sintetiza estos
resultados.

En la Dialéctica de la Naturaleza, Engels se manifestó en desacuerdo con considerar la


necesidad o lo necesario como lo único interesante desde el punto de vista científico y el
azar o lo casual como indiferente para la ciencia, pues así "cesa toda ciencia, ya que ésta
debe precisamente investigar lo que no conocemos". Consideró que la metafísica está
cautiva de la contraposición que media entre casualidad y necesidad y no entiende cómo lo
casual es necesario y lo necesario, al mismo tiempo, casual. "El determinismo, que pasa
del materialismo francés a las ciencias naturales, trata de resolver el problema de lo casual
pura y simplemente negándolo. Según esta concepción, en la naturaleza reina sencillamente
la necesidad directa". En cambio, Darwin fundamentó la necesidad de la evolicion, sobre
"la más amplia base de casualidad". La naturaleza se ha desenvuelto "más o menos
accidentalmente, pero con la necesidad que es también inherente a la casualidad".
Actualmente podría verse en las matemáticas de las probabilidades, una confirmación de
esta visión dialéctica, en sus especificidades para las ciencias naturales y para las ciencias
sociales.
A despecho del ejemplo citado en la matemática se ha preguntado a menudo hasta qué
punto las ciencias formales, y específicamente la lógica, son dialécticas y están sometidas a
las leyes enunciadas por el materialismo dialéctico. Engels se expresó al respecto de un
modo un tanto ambivalente, pues mientras las leyes de referencia tienen, a su entender, un
alcance verdaderamente universal, por otro lado las leyes dialécticas mismas constituyen un
elemento invariable. Puesto que la lógica misma es dialéctica, parece que no cabe preguntar
si la propia lógica dialéctica es o no dialéctica; no parece que se pueda negar la lógica
dialéctica por otra lógica no dialéctica. Por otro lado, la negación de la negación de esta
lógica dialéctica daría una lógica dialéctica supuestamente «superior». Son muchas las
discusiones sobre la autonomía o heteronomía de la lógica formal dentro del materialismo
dialéctico.

Muchos autores después de Engels han seguido a este autor en el camino del materialismo
dialéctico, si bien han modificado éste de varios modos. Tal sucede con Lenin, con quien se
inicia una tradición de materialismo dialéctico llamada «marxista-leninista». Para él la
dialéctica es la doctrina del desarrollo en su forma más completa, profunda y libre de
unilateralidad, la doctrina acerca de lo relativo del conocimiento humano, que nos da un
reflejo de la materia en perpetuo desarrollo.

Lenin insistió inicialmente menos que Engels en la noción de «materia» como realidad
sometida a cambios de acuerdo con un proceso dialéctico, porque le interesaba defender el
realismo materialista contra el idealismo y el fenomenismo de los que seguían a autores
como Mach y Avenarius. En Materialismo y empiriocriticismo, de 1909, Lenin equiparó la
realidad material con la realidad del mundo real «externo», reflejado por la conciencia, la
cual «copia» este mundo mediante las percepciones. Éstas no son símbolos o cifras, sino
reflejos de «la realidad (material) misma». Esto no quiere decir que las percepciones, o las
sensaciones, describan el mundo real físico tal como éste es. El verdadero conocimiento de
este mundo es el conocimiento científico, pero la percepción no es incompatible con este
conocimiento. El materialismo dialéctico y la epistemología «realista» y «científica» que lo
acompaña es, según Lenin, la doctrina que debe adoptarse para luchar en favor del
comunismo. Esto parece convertir el materialismo dialéctico en una ideología cuya verdad
depende de la situación histórica. El materialismo dialéctico es, en suma, «partidista». Sin
embargo, este partidismo no puede equipararse al de las ideologías no proletarias y no
revolucionarias; si es una ideología, es una que contribuye a traer al mundo la «teoría
verdadera», que es la que corresponde a la sociedad sin clases.

En las discusiones entre los materialistas dialécticos ha surgido con frecuencia el problema
de si, y hasta qué punto, hay que destacar el aspecto materialista o el dialéctico. En escritos
posteriores al citado antes, y especialmente en los Cuadernos filosóficos (1915), Lenin
subrayó considerablemente el aspecto dialéctico y, con ello, lo que interpretó como el
verdadero método hegeliano, pero ello no equivale aún a dejar de lado el materialismo, sin
el cual se desembocaría en un idealismo:

"La dialéctica como conocimiento vivo, multilateral (con el número de aspectos siempre en
aumento), de innumerables matices en el modo de abordar, de aproximarse a la realidad
(con un sistema filosófico qué, de cada matiz, se desarrolla en un todo): he aquí el
contenido inconmensurablemente rico, en comparación con el materialismo 'metafísico',
cuya desgracia principal es la de no ser capaz de aplicar la dialéctica a la 'Teoría de
Reflejo', al proceso y desarrollo del conocimiento."

Así, mientras la dialéctica en el materialismo dialéctico pone de relieve aspectos


«idealistas» y «hegelianos», el materialismo en la misma doctrina pone de relieve, o puede
terminar por poner excesivamente de relieve, aspectos puramente «mecanicistas» o
«superficiales». El equilibrio entre dialéctica y materialismo en el materialismo dialéctico
es por ello uno de los desiderata de muchos de los autores adheridos a esta tendencia.

En ocasiones se ha procurado resolver el conflicto entre los dos componentes del


materialismo dialéctico acentuándose los aspectos «prácticos». Así sucede, por ejemplo,
con el maoísmo y con varías tendencias políticas más interesadas en la realización de un
programa que en discutir las bases filosóficas subyacentes en el mismo.

-MAO escribió en 1937 el ensayo sobre la contradicción, que además de partir de la


universalidad de la contradicción y las particularidades de cada contradicción, se centra en
determinar la contradicción principal y el aspecto principal de una contradicción, así como
el antagonismo, la lucha y la identidad de contrarios, de manera que los militantes
revolucionarios tuvieran un manual de lógica para la solución de los problemas políticos
concretos.

La Crítica de la razón dialéctica, del filósofo francés Jean-Paul Sarte, fue publicada en
1960 con el título original de Critique de la raison dialectique (précédé de Questions de
méthode).

En ella, Sartre se preguntaba cómo constituir una antropología estructural e histórica, que
no sacrifique la concreción del objeto estudiado en un sistema fijo de conceptos. Subrayaba
entonces que sólo la Antropologia marxista puede servir para tal propósito, pero con la
condición de que ésta se fundamente en la comprensión de lo humano que supone el
Existencialismo, la dialéctica fenomenológica del Ser y la Nada. Aunque el "ejercicio
dialéctico" entendido a la manera clásica, como aquello que pertenece a un debate o
controversia, no fue el objeto de su estudio, Sartre fue ante todo un polemista y un defensor
de la importancia de la confrontación de opiniones como condición del conocimiento y de
las transformaciones conscientes de la vida y la sociedad.

2.1 El Materialismo en la Dialéctica : Segun Karl Marx

2.1.1. MaterialismoSer materialista, en general, significa afirmar que todo cuanto existe es
materia y, por tanto, negar que existan realidades propiamente espirituales. Ha habido y hay
muchos tipos de materialismo. De modo más inmediato, Marx también lo tomó de
Feuerbach, pero criticándolo. No resulta fácil saber con precisión qué entendía Marx por
materia. De hecho, como el mismo Feuerbach, Marx presenta una noción de materia
bastante ambigua y confusa: en ocasiones, parece afirmar la realidad de una materia
independiente del hombre; otras veces, afirma la identidad entre materia y «conciencia
sensible humana».A) El punto capital que define el materialismo marxista es, sin embargo,
el siguiente: la causa de todos los fenómenos históricos importantes no hay que buscarla en
las ideas e intenciones de los hombres, sino en la economía; es decir, en el modo en que se
producen los bienes materiales, en cómo se intercambian los productos, en la división en
clases que se originan de esa distribución y en las luchas entre las clases. En otros términos,
la base o infraestructura de la realidad es sólo material (lo económico), mientras que todo lo
demás (ideas, estructuras sociales y políticas, el Derecho, las Artes, etc.) son
superestructuras producidas por (y completamente dependientes de) la base material. Este
es el llamado principio del materialismo histórico, que es tanto un método de interpretación
de la historia, como el resultado de aplicarlo a la historia pasada y a la futura (para su
predicción científica).B) En cambio, se suele llamar materialismo dialéctico a la
interpretación marxista de los momentos particulares del conjunto explicado en líneas
generales por el materialismo histórico. Es decir, bajo el nombre de materialismo
dialéctico, se engloban muchas cosas: cuál es la relación entre sujeto cognoscente y objeto
conocido; cuál es la relación entre el hombre singular y la Naturaleza; cuál es la relación
entre hombre que trabaja y objeto de su trabajo; intentó también hacer un materialismo
dialéctico para la materia independiente del hombre (la «Dialéctica de la Naturaleza»). Para
el marxismo esas relaciones (sujeto-objeto, etc.) serían relaciones dialécticas. Sobre la
dialéctica trataremos a continuación. Baste señalar aquí, aunque resulta obvio, que como
cualquier otra forma de materialismo, el marxismo niega la existencia del espíritu humano
y de la vida después de la muerte.2.1.2. DialécticaLa palabra dialéctica, que antiguamente
significaba el arte del diálogo, fue tomando diversos sentidos a lo largo de la historia de la
filosofía. Modernamente, sobre todo a partir de Kant, tiene un significado muy diverso del
original. Marx tomó la dialéctica propia del idealismo de Hegel, introduciendo en ella
algunos cambios exigidos por el materialismo. Según Engels, la dialéctica marxista se
resume en tres leyes: la ley de la conversión de la cantidad en cualidad; la ley de la unidad
de los contrarios; la ley de la negación de la negación. No se trata de tres leyes
independientes, sino de tres aspectos de una misma dialéctica, que en su conjunto vendría a
ser como el movimiento a saltos —por tesis, antítesis y síntesis— en que consistiría la
totalidad del mundo. Por ejemplo, la burguesía (tesis) engendraría el proletariado
(antítesis), para originar, mediante la revolución, la dictadura del proletariado (síntesis).

Con frecuencia, sin embargo, la dialéctica marxista se reduce —como ya señaló Lenin— a
la segunda de esas leyes: la dialéctica sería, pues, «la doctrina de la unidad de los
opuestos». Así, por ejemplo, la «relación dialéctica» entre hombre y objeto de su trabajo
significaría que «el hombre se produce a sí mismo mediante el trabajo», es decir, que el
hombre hace el trabajo y el trabajo hace al hombre («identidad de los opuestos: causa y
efecto»).Tratándose de una cuestión especializada y particularmente contraria al sentido
común, no es posible aquí explicar con detalle la dialéctica; pero es interesante señalar al
menos algunos de sus principales aspectos y consecuencias:

A) Prioridad del devenir sobre el ser. Según la dialéctica marxista, la realidad no es un


conjunto de cosas con sus propias esencias y sus cambios e interrelaciones, sino que la
realidad es el movimiento, el cambio: nada hay estable; el «ser» es simplemente un
«momento» del devenir, y la estabilidad y consistencia del ser es una simple apariencia.
Concretamente, esto significa, según el marxismo, que la realidad es historia, y la historia
es la autoproducción del hombre mediante el trabajo. Aquí, «hombre» no es el individuo, la
persona, sino el género, la humanidad. El individuo humano no es más que «un momento»
del devenir de la humanidad: no existe una «esencia humana» estable y común a todos los
hombres; si se quiere hablar de esencia humana —dice Marx— habría que afirmar que la
esencia humana es, en cada momento, el conjunto de las relaciones sociales. La «forma» de
este movimiento que es la historia seria la dialéctica que, en su manifestación social
general, significaría que toda historia es historia de lucha de clases.

B) La identidad entre teoría y praxis. Este es otro de los puntos más básicos del marxismo.
Según Marx, la cuestión sobre si al hombre le corresponde tener un conocimiento objetivo,
sería una cuestión sin sentido. Precisamente porque no hay «ser» sino «devenir», y el
«devenir» es «devenir humano», tampoco cabe hablar de «verdad» en sentido objetivo (ya
que la verdad es el mismo ser en cuanto inteligible). En consecuencia, para el marxismo, la
verdad no es algo ya dado ante el hombre y que éste deba conocer, sino que la verdad se
hace en la práctica. Por tanto, la teoría (conocimiento) tiene sólo sentido y valor como
proyecto de acción y, además, el mismo conocimiento —que sería el simple reflejo del
mundo en el cerebro del hombre— está mediado (condicionado, determinado) por la praxis
humana.

C) Negación del bien, de la justicia, etc. Si se piensa que no hay «ser», ni una verdad
objetiva y previa a la acción humana, si cada aspecto del mundo se convierte e identifica
con su contrario, resulta necesariamente que tampoco existe el bien ni, por tanto, la justicia,
ni ningún valor objetivo que el hombre deba reconocer y que deba procurar (efectivamente,
el bien es el ser en cuanto apetecible). Si a esto se une que, según Marx, no existe una
«esencia humana» estable, se llega a la conclusión de que no existe una ética o una moral
objetiva (de hecho, Marx y Engels afirman expresamente que «los comunistas no predican
ninguna moral»; y Marx explicaba que, con ocasión de la fundación de la Primera
Internacional Socialista, tuvo que utilizar los términos de libertad y de justicia porque no
podía evitarlo, «dada la estupidez» de sus colaboradores).

D) Identidad entre libertad y necesidad. Esta «identidad dialéctica» ya se encontraba en el


idealismo hegeliano. Concebida la realidad como un devenir según leyes fijas (la
dialéctica), no queda espacio para reconocer la libertad de la persona humana, pues ésta
supondría admitir que la historia no es un proceso necesario. No obstante, el marxismo
necesita considerar la libertad, para no caer en un fatalismo en el que no tendría ningún
sentido la acción política, la táctica revolucionaria, etc. De ahí, que, volviendo al idealismo,
el marxismo afirme la identidad «dialéctica» entre libertad y necesidad diciendo con
palabras de Hegel que «la libertad es la conciencia de la necesidad». Pero esto equivale a
negar el verdadero significado de la libertad de la persona, en cuanto a dominio sobre sus
propios actos.

Conclusión
Después de ver conceptos, características, de la Dialéctica. Llegamos a una serie de
conclusiones que nos enseñaron que los seres humanos pueden tener cierto grado de
autoconocimiento de estas fases. Las diferentes culturas tratan estos asuntos de diversas
maneras. Muchas religiones y filosofías procuran dar un significado de la Dialéctica es el
tema central de gran cantidad de literatura, teatro, arte y ciencia.
Leer más:
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El sentido común pretende por un lado eliminar la contradicción en el pensamiento y la


revolución en la evolución y, por otro, probar que todas las ideas y fuerzas opuestas son
mutuamente excluyentes. Pero encontramos, bajo un examen más concienzudo, que "los
dos polos de una contraposición, como positivo y negativo, son tan inseparables el uno del
otro como contrapuestos el uno al otro, y que a pesar de toda su contraposición se ínter
penetran el uno al otro; también descubrimos que causa y efecto son representaciones que
no tienen validez Como tales, sino en la aplicación a cada caso particular, y que se funden
en cuanto contemplamos el caso particular en su conexión general con el todo del mundo, y
se disuelven en la concepción de la alteración universal, en la cual las causas y los efectos
cambian constantemente de lugar, y lo que ahora o aquí es efecto, allí o entonces es causa,
y viceversa.

"La dialéctica es la ciencia de las concatenaciones, en contraste con la metafísica que trata
los fenómenos separados. La dialéctica pretende descubrir las incontables transiciones,
causas y efectos que actúan juntos en el universo. La primera tarea de un análisis dialéctico
es, por tanto, resaltar la necesaria conexión objetiva de todos los aspectos, fuerzas,
tendencias... de la esfera dada de un fenómeno. La dialéctica se acerca a un fenómeno dado
desde el punto de vista de su desarrollo, su propio movimiento y vida: cómo surge y cómo
muere; considerando también las contradictorias tendencias y aspectos internos de este
fenómeno.

Desde un punto de vista dialéctico todos los polos opuestos son parciales e incluso
inadecuados, incluyendo la contradicción entre verdad y error. En este sentido, el progreso
del conocimiento y la ciencia no se produce con la mera negación de teorías incorrectas.
Todas las teorías son relativas, abarcando un lado de la sociedad. Al principio se les
atribuye la validez y posibilidad de aplicación universal. Es verdad. Pero, al cabo de cierto
tiempo, se encuentran deficiencias en la teoría: No es aplicable a todas las circunstancias, se
encuentran excepciones a la regla general. Estas excepciones tienen que ser explicadas y,
de nuevo, en otro momento, se desarrollan nuevas teorías que puedan abarcar también las
excepciones. Pero las nuevas teorías no sólo niegan las viejas, sino que las incorporan a
ellas mismas bajo una nueva forma. Sólo podemos excluir las contradicciones si miramos
objetos faltos de vida, quietos o individualmente uno encima del otro, es decir,
metafísicamente. Pero tan pronto como consideramos las cosas en su movimiento y cambio,
en su vida, su interdependencia mutua y su interacción, nos encontramos con una serie de
contradicciones. El movimiento mismo es una contradicción. El cambio físico de un objeto
de lugar sólo tiene sentido si admitimos que ese cuerpo está en un lugar y al mismo tiempo
en otro lugar.

Con la vida pasa lo mismo. Es una contradicción entre "ser en cada momento uno mismo y
otro diferente" (Engels).

El ser vivo absorbe constantemente sustancias que le rodean, las asimila, y a la vez otras
partes del cuerpo se desintegran y son expulsadas del mismo. En el mundo de la naturaleza
orgánica ocurren también estas constantes transformaciones. Por ejemplo: una piedra se va
desintegrando bajo la presión de los elementos; como consecuencia de esto, podemos decir
que todas las cosas son constantemente ellas mismas y otras distintas en el mismo
momento. De todas formas, la negación en un sentido dialéctico no significa simplemente
decir que no, porque en el estadio anterior es a la vez vencida y preservada. Negación, en
este sentido, es a la vez un acto positivo y negativo.

La Dialéctica, por el contrario, separa dentro de esto que parecen repeticiones un desarrollo
actual de lo inferior a lo superior, una evolución en la cual una forma se puede repetir a si
misma, pero a un nivel superior, enriquecida por los desarrollos anteriores.

Esto se puede ver aún más claro en el proceso de desarrollo de las ideas humanas.ya
enseñaba como la filosofía se desarrollaba a través de contradicciones: una escuela del
pensamiento negando la otra, pero absorbiendo simultáneamente las viejas teorías dentro de
su propio sistema de pensamiento. Lo mismo pasa con el desarrollo de la ciencia. Los
alquimistas de la Edad Media intentaban encontrar la piedra filosofal que podría cambiar,
decían, los metales normales en oro. Debido al bajo nivel de las fuerzas productivas, y a la
falta de una verdadera técnica, estos tempranos intentos de transmutación de los elementos
eran en realidad una fantasía utópica. Pero, en el proceso de estos vanos intentos, los
alquimistas actuales descubrieron gran número de hechos válidos acerca del aparato
químico y experimental que más tarde sirvió de base a la química moderna.

Con el ascenso del capitalismo, la industria y la técnica, la química llegó a ser una ciencia
que rechazó estos intentos locos de transmutación de los elementos, que de esta manera
fueron negados y rechazados. Sin embargo, tod6 lo que de válido y científico tenían los
descubrimientos de la vieja- alquimia se guardaron en la nueva, que mantenía que los
elementos eran inmutables y no podían ser transformados el uno por el otro.

El siglo XX ha contemplado la revolución de la ciencia y de la técnica con el


descubrimiento de la física nuclear, por medio de la cual, hoy en día, un elemento puede ser
transformado en otro.. De hecho, teóricamente, sería posible transformar el cobre en oro en
la actualidad, pero el proceso sería tan caro que no sé podría justificar económicamente....
Así, este particular proceso parece haber dado una vuelta complete.

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Dialéctica
Enviado por Jairo

1. Dialéctica en filosofía
2. Materialismo dialéctico
3. Dialéctica erística
4. Historia de la dialectiva

Se conoce como dialéctica a la técnica que intenta descubrir la verdad mediante la


confrontación de argumentos contrarios entre sí. La palabra dialéctica es de origen
griego "dialectico".

La dialéctica es el arte de persuadir, debatir, y razonar ideas diferentes. La dialéctica en un


discurso consiste en la contraposición de una idea, entendida como tesis, y las
contradicciones de las ideas debatidas son conocidas como antítesis, y de la unión de ambas
surge la síntesis como una nueva resolución del tema.

La dialéctica también es conocida como una manera de filosofar, y su concepto fue


debatido por años por diversos filósofos, como Sócrates, Platón, Aristóteles, Hegel, Marx, y
otros. Sin embargo, fue Platón el pionero de la dialéctica al emplearla en sus diálogos,
como método de llegar a la verdad.

No obstante, también la dialéctica puede ser vista en sentido peyorativo, por el uso
exagerado de sutilezas.

El término dialéctico es usado en forma de adjetivo para identificar al individuo que


profesa la dialéctica.

Dialéctica en filosofía
La dialéctica, como sistema filosófico, trata sobre el raciocinio y sus leyes, formas y modos
de expresión. Como fue dicho anteriormente, Platón fue el primero en usar la dialéctica la
cual señalo como técnica y método para responder algo, ya que a través de ella se puede
llegar a la verdad.

Por su parte Hegel, toma la dialéctica como un proceso constante y continuo para llegar a la
verdad, partiendo de un primer postulado (tesis), que luego será refutado (antítesis), para
llegar a una nueva idea o resultado (síntesis), que llevara nuevamente a una tesis, y así
sucesivamente siempre con la finalidad de buscar una respuesta certera al tema en debate.
Para Aristóteles, la dialéctica se identifica con un proceso racional, específicamente con la
lógica que desarrolla en el individuo la habilidad para argumentar, siendo aceptado por la
mayoría. En este sentido, Kant apoyo la teoría de Aristóteles, quien consideraba a la
dialéctica como una lógica de apariencias, basándose en principios subjetivos.

Materialismo dialéctico
El materialismo dialéctico es obra de Karl Marx (1818-1883) que indica que la realidad es
la materia en su carácter dinámico por lo tanto los cambios y la interacción son esenciales
para que se produzca diferentes procesos sociales y económicos que deben debatir entre la
lucha de elementos contradictorios, y de ese refutar entre ideas se expresa el movimiento
dialéctico.

La dialéctica de Friedrich Hegel (1770-1831) no contempla la idea del materialismo


dialéctico ya que solo se basa en las ideas diferenciándose así de Marx.

El materialismo dialéctico, como ciencia filosófica, se diferencia del idealismo filosófico


que señala el espíritu como el principio de la realidad. El materialismo dialéctico, como
sistema filosófico, es opuesto al idealismo filosófico que concibe al espíritu como el
principio de la realidad. Para el materialismo dialéctico las ideas tienen un origen físico,
esto es, lo primero es la materia y la conciencia lo derivado. Como tal, el materialismo
dialéctico se apoya en los datos, resultados y avances de las ciencias y su esencia se
mantiene en correspondencia y vigencia con la tradicional orientación progresista del
pensamiento racional científico.3

Asimismo está opuesto a la corriente filosófica del agnosticismo, pues declara la


cognoscibilidad del mundo en virtud de su materialidad y de su existencia objetiva en el
tiempo y en el espacio. Engels lo manifestó de esta manera: "Las formas fundamentales de
todo ser son el espacio y el tiempo, y un ser concebido fuera del tiempo es tan absurdo
como lo sería un ser concebido fuera del espacio".
Dialéctica erística
En primer lugar, se debe de aclarar el término de erística para una mejor comprensión del
tema. Como erística, se entiende a los tipos de argumentación que se emplea para terminar
con éxito en una discusión o debate.

Para el filósofo Schopenhauer, a través de la lógica se llega a la verdad, y la erística deja a


un lado la verdad objetiva, siendo más relevante el aspecto de la misma, ya que lo único
importante es lograr la victoria, sin importar que los fundamentos sean ciertos o falsos.

Por otro lado, la dialéctica erística, es una expresión que describe a la obra no concluida de
Schopenhauer, pero publicada en el año 1831 por su amigo el filósofo Julius Frauenstädt,
conocida como "El arte de tener la razón" o "Como vencer un debate sin tener razón", que
señala 38 estrategias para ganar una discusión independientemente de tener la razón o no.

La erística , a partir de la antigua palabra griega Eris que significa " disputa " o " conflictos
" y techno, arte, procedimiento es el arte del conflicto y del debate. A menudo se refiere a
un tipo de argumentación que se centra en terminar con la disputa con éxito de un
argumento en lugar de acercarse a una realidad dada.

Según TH Erwin, " es característica del procedimiento erístico pensar en algunos


argumentos como forma de derrotar al contrario, al mostrar que un oponente debe sancionar
la negación de lo que inicialmente se tomó a sí mismo a creer." Es decir, los argumentos
Erísticos se centran en tener la razón o en ser percibido convincentemente como
acertado.1El objetivo general consiste en ganar la discusión, y/o la participación en un
conflicto con el único propósito de perder el tiempo a través de argumentos, no para
descubrir potencialmente una respuesta verdadera o probable a cualquier pregunta o tema
específico.

Historia de la dialectiva
Originariamente designaba un método de conversación o argumentación análogo a lo que
actualmente se llama lógica. En el siglo XVIIIel término adquirió un nuevo significado: la
teoría de los contrapuestos en las cosas o en los conceptos, así como la detección y
superación de estos contrapuestos. De manera más esquemática puede definirse la
dialéctica como el discurso en el que se contrapone una determinada concepción o
tradición, entendida como tesis, y la muestra de los problemas y contradicciones, entendida
como antítesis. De esta confrontación surge, en un tercer momento llamado síntesis, una
resolución o una nueva comprensión del problema. Este esquema general puede concretarse
como la contraposición entre concepto y cosa en la teoría del conocimiento, a la
contraposición entre los diferentes participantes en una discusión y a contraposiciones
reales en la naturaleza o en la sociedad, entre otras.

El término adquiere un significado no circunscrito al ámbito de la retórica gracias,


fundamentalmente, a los escritos del filósofo alemán G.W.F. Hegel. En la época en que
escribe una de sus grandes obras (Fenomenología del espíritu, 1808) el mundo parece
haberse puesto en movimiento, transformando de forma visible lo que había durado siglos.
Se trata de los primeros momentos del modo de producción capitalista que, a diferencia de
los anteriores, se basa primordialmente en la circulación de las mercancías y del dinero.
Entonces el viejo problema filosófico del cambio se agudiza: ¿cómo entender
racionalmente que una cosa pueda cambiar de apariencia y seguir siendo la misma cosa?

Hegel concibe la realidad como formada por opuestos que, en el conflicto inevitable que
surge, engendran nuevos conceptos que, en contacto con la realidad, entran en
contraposición siempre con algo. Este esquema es el que permite explicar el cambio
manteniendo la identidad de cada elemento, a pesar de que el conjunto haya cambiado.

Con el mismo proceder Karl Marx analizará la realidad social y, claramente en sus escritos
a partir de 1842, la entenderá como una realidad conflictiva debido a la contraposición de
intereses materiales incompatibles. Así dirá, en el Manifiesto comunista (1848), que "toda
la historia de la humanidad hasta ahora es la historia de la lucha de clases"; esto es: la
confrontación entre clases sociales es el motor del cambio histórico.
En el siglo XX el filósofo alemán Theodor W. Adorno titulará Dialéctica negativa (1966)
una de sus obras capitales. Esta obra se inicia con una afirmación provocativa: "La
formulación dialéctica negativa atenta contra la tradición". Se refiere Adorno a que en la
dialéctica de Platón o en la de Hegel el resultado del movimiento de contraposición es la
afirmación de algo, mientras que lo que él pretende es subrayar el carácter inconcluso de
cualquier momento del movimiento de contraposición, tanto a nivel social como cultural.

Leer más:
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Relacion entre lógica formal y dialéctica


Enviado por JOSE ALDANA

Partes: 1, 2

La capacidad de los seres humanos para pensar lógicamente es fruto de una prolongada
evolución social. Precede a la invención de la lógica formal en millones de años. Locke ya
expresó esta idea en el siglo XVII: "Dios no ha sido tan ahorrador con los hombres como
para hacerlos meras criaturas con dos patas y dejarle a Aristóteles la tarea de hacerlos
racionales". Detrás de la lógica, según Locke, hay "una capacidad ingenua de percibir la
coherencia o incoherencia de sus ideas".1

Las categorías de la lógica formal no caen del cielo. Han tomado forma en el curso del
desarrollo socio-histórico del género humano. Son generalizaciones elementales de la
realidad reflejadas en las mentes de las personas. Se deducen del hecho de que cualquier
objeto tiene ciertas cualidades que lo distinguen de los demás objetos; que cualquier cosa
mantiene cierta relación con otras cosas; que los objetos forman categorías más amplias, en
las que comparten propiedades específicas; que ciertos fenómenos provocan otros
fenómenos, etc.

Hasta cierto punto, como resaltó Trotsky, incluso los animales poseen la capacidad de
razonar y sacar ciertas conclusiones de una situación dada. En los mamíferos superiores,
especialmente los simios, esta capacidad está bastante desarrollada, como demuestran
sorprendentemente recientes investigaciones con chimpancés bonobos. Sin embargo,
aunque la capacidad de pensar racionalmente no es exclusiva de nuestra especie, no hay
duda de que al menos en esta pequeña esquina del universo el desarrollo del intelecto
humano ha alcanzado su punto más alto hasta el momento.
La abstracción es absolutamente necesaria. Sin ella el pensamiento sería imposible. La
cuestión es: ¿qué tipo de abstracción? Cuando hago abstracción de la realidad, me
concentro en determinados aspectos de un fenómeno da do y dejo de lado otros. Un buen
cartógrafo, por ejemplo, no es aquel que re produce cada detalle de cada casa, cada adoquín
de la calle y cada coche aparcado. Tal cantidad de detalles destruiría el objetivo del mapa,
que es el de proporcionar un esquema útil de una ciudad u otra área geográfica. De manera
parecida, el cerebro aprende desde muy temprano a ignorar ciertos sonidos y a concentrarse
en otros. Si no fuésemos capaces de hacerlo, la cantidad de información que llega a
nuestros oídos de todas partes colapsaría totalmente la mente. El propio lenguaje presupone
un alto nivel de abstracción.

La capacidad de hacer abstracciones que reflejen correctamente la realidad que queremos


entender y describir es el prerrequisito esencial del pensamiento científico. Las
abstracciones de la lógica formal son adecuadas para expresar el mundo real sólo dentro de
unos límites bastante estrechos. Pero, al ser unilaterales y estáticas, son totalmente
inservibles a la hora de expresar procesos complejos, especialmente los que conllevan
movimiento, cambio y contradicciones. La concreción de un objeto consiste en la suma
total de sus aspectos e interrelaciones, determinados por sus leyes subyacentes. El propósito
del conocimiento científico es acercarse lo más posible a la realidad concreta, reflejar el
mundo objetivo con sus leyes subyacentes y sus interrelaciones tan fiel mente como sea
posible. Como dijo Hegel, "la verdad es siempre concreta".

Pero aquí tenemos una contradicción. No es posible llegar a una comprensión del mundo
concreto de la naturaleza sin recurrir primero a la abstracción. La palabra "abstracto" viene
del latín abstrahere, "traer de". Por un proceso de abstracción, tomamos en consideración
ciertos aspectos del objeto que pensamos que son importantes, dejando de lado otros. El
conocimiento abstracto es necesariamente unilateral porque expresa solamente una cara
particular del fenómeno en estudio, aislado de lo que determina la naturaleza específica del
todo. Así, las matemáticas tratan exclusivamente de relaciones cuantitativas. Ya que la
cantidad es un aspecto muy importante de la naturaleza, las abstracciones matemáticas han
demostrado ser una poderosa herramienta para indagar en sus secretos. Por esta razón, es
tentador olvidarse de su auténtico carácter y de sus limitaciones. Como todas las
abstracciones, siguen siendo unilaterales; si lo olvidamos es bajo nuestra entera
responsabilidad.

La naturaleza conoce tanto la cantidad como la calidad. Si queremos entender uno de sus
procesos fundamentales, es absolutamente necesario determinar la relación precisa entre
ambas y demostrar cómo, en un punto crítico, la una se convierte en la otra. Este es uno de
los conceptos más básicos del pensamiento dialéctico, en contraposición al pensamiento
meramente formal, y una de sus aportaciones más importantes a la ciencia. Sólo ahora se
empieza a comprender y valorar la visión profunda que proporciona este método, que fue
criticado durante mucho tiempo por "místico". El pensamiento abstracto unilateral, tal y
como se manifiesta en la lógica formal, le hizo un flaco favor a la ciencia "excomulgando"
la dialéctica. Pero los avances científicos demuestran que, en última instancia, el
pensamiento dialéctico está mucho más cerca de los procesos reales de la naturaleza que las
abstracciones lineales de la lógica formal.
Es necesario adquirir una comprensión concreta del objeto como un sistema integral, y no
como fragmentos aislados; con todas sus interconexiones necesarias, y no fuera de su
contexto, como una mariposa clavada en el panel de un coleccionista; en su vida y
movimiento, y no como algo estático y muerto. Este enfoque está en contradicción abierta
con las llamadas "leyes" de la lógica formal, la expresión más absoluta de pensamiento
dogmático que nunca se haya concebido, una especie de rigor mortis mental. Pero la
naturaleza vive y respira, y resiste tozudamente el acoso del pensamiento formal. A no es
igual a A. Las partículas subatómicas son y no son. Los procesos lineales terminan en caos.
El todo es mayor que la suma de sus partes. La cantidad se transforma en calidad. La propia
evolución no es un proceso gradual, sino que está interrumpida por saltos y catástrofes
repentinos. ¡Qué le vamos a hacer! Los hechos son los hechos.

Sin abstracción es imposible penetrar el objeto en profundidad, comprender su esencia y las


leyes de su movimiento. A través de la abstracción mental somos capaces de ir más allá de
la percepción sensorial, la información inmediata que nos proporcionan nuestros sentidos, e
indagar más profundamente. Podemos dividir el objeto en sus partes constituyentes,
aislarlas y estudiarlas en detalle. Podemos llegar a una concepción idealizada y general del
objeto como una forma "pura", despojada de todas sus características secundarias. Esta es
la tarea de la abstracción, una etapa totalmente necesaria del proceso de conocimiento.

"El pensamiento", escribe Lenin, "pasando de lo concreto a lo abstracto —teniendo en


cuenta que sea correcto (y Kant, como todos los filósofos, habla de pensamiento correcto)
— no se aleja de la realidad sino que se acerca. La abstracción de la materia, de una ley de
la naturaleza, del valor, etc., en resumen, todas las abstracciones (correctas, serias, no
absurdas) científicas reflejan la naturaleza más profunda, verdadera y completamente. De la
percepción viva al pensamiento abstracto, y de éste a la práctica; este es el camino
dialéctico del conocimiento de la verdad, del conocimiento de la realidad objetiva".2

Una de las principales características del pensamiento humano es que no se limita a lo que
es, sino que también trata de lo que debe ser. Estamos haciendo constantemente todo tipo
de asunciones lógicas sobre el mundo en que vivimos. Esta lógica no se aprende de los
libros, sino que es el producto de un largo proceso de evolución. Experimentos detallados
han demostrado que el bebé adquiere los rudimentos de la lógica a una edad muy temprana,
a través de la experiencia. Razonamos que si algo es cierto, entonces, otra cosa de la que no
tenemos evidencia inmediata también tiene que ser cierta. Procesos de pensamiento lógico
de este tipo tienen lugar millones de veces en nuestras horas de vigilia sin que ni siquiera
seamos conscientes de ello. Adquieren la fuerza de la costumbre, e incluso las acciones más
simples de la vida no serían posibles sin ellos.

La mayoría de la gente da por supuestas las reglas elementales del pensamiento. Son una
parte familiar de la vida y se reflejan en muchos refranes, como No se puede hacer una
tortilla sin romper los huevos, ¡una lección bastante importante! Llegados a cierto punto,
estas reglas se escribieron y sistematizaron. Ése es el origen de la lógica formal, que como
tantas otras cosas hay que atribuir a Aristóteles. Esto tuvo un enorme valor, ya que sin el
conocimiento de las normas elementales de la lógica el pensamiento corre el riesgo de
hacerse incoherente. Es necesario distinguir el blanco del negro y conocer la diferencia
entre una afirmación que es cierta y otra que es falsa. Por lo tanto el valor de la lógica
formal no está en discusión. El problema es que las categorías de la lógica formal,
deducidas de una cantidad de observaciones y experiencias bastante limitadas, realmente
sólo son válidas dentro de esos límites. De hecho, cubren una gran cantidad de fenómenos
de la vida cotidiana, pero son bastante inadecuadas para tratar con fenómenos más
complejos que impliquen movimiento, turbulencia, contradicción y cambio de cantidad en
calidad.

En The Origins of Inference (Los orígenes de la inferencia), un interesante artículo sobre la


construcción infantil del mundo publicado en la antología Making Sense, Margaret
Donaldson llama la atención sobre uno de los problemas de la lógica ordinaria, su carácter
estático:

"La mayoría de las veces el razonamiento verbal trata aparentemente de "las cosas tal y
como son" —el mundo visto de manera estática, en un segmento del tiempo—. Y,
considerado de esta manera, el universo parece no contener ninguna incompatibilidad: las
cosas son tal como son. Ese objeto de allí es un árbol; esa taza es azul; ese hombre es más
alto que aquel. Por supuesto que estos estados de las cosas excluyen otras posibilidades
infinitas, pero, ¿cómo nos hacemos conscientes de ello? ¿Cómo surge en nuestra mente esta
idea de incompatibilidad? Desde luego, no directamente de nuestras impresiones de "las
cosas tal y como son".

La misma obra plantea correctamente que el proceso de conocimiento no es pasivo, sino


activo:

"No nos quedamos sentados pasivamente esperando que el mundo estampe su "realidad" en
nosotros. En lugar de eso, tal y como ahora se reconoce amplia mente, conseguimos mucho
de nuestro conocimiento más básico a través de nuestras acciones".3

El pensamiento humano es esencialmente concreto. La mente no asimila con facilidad


conceptos abstractos. Nos sentimos más cómodos con lo que tenemos delante de nuestros
ojos o, por lo menos, con cosas que se pueden representar de manera concreta. Es como si
la mente necesitase una muleta en forma de imágenes. Sobre esto, Margaret Donaldson
resalta que "incluso los niños de preescolar a menudo pueden razonar correctamente sobre
acontecimientos que ocurren en cuentos. No obstante, cuando pasamos más allá de los
límites del sentido huma no se produce una notable diferencia. El pensamiento que va más
allá de estos límites, de tal manera que ya no opera dentro de un contexto de apoyo de
acontecimientos comprensibles, a menudo se denomina formal o abstracto".4

Por lo tanto, el proceso inicial va de lo concreto a lo abstracto. Se desmiembra y analiza el


objeto para obtener un conocimiento detallado de sus partes. Pero esto encierra peligros.
Las partes aisladas no se pueden entender correctamente al margen de su relación con el
todo. Es necesario volver al objeto como un sistema integral y entender la dinámica
subyacente que lo condiciona como un todo. De esta manera, el proceso de conocimiento
vuelve de lo abstracto a lo concreto. Esta es la esencia del método dialéctico, que combina
análisis y síntesis, inducción y deducción.
La estafa del idealismo se deriva de una comprensión incorrecta del carácter de la
abstracción. Lenin señala que la posibilidad del idealismo es inherente a toda abstracción.
El concepto abstracto de una cosa se contrapone artificialmente a la cosa en sí. No sólo se
supone que tiene una existencia propia, sino que se afirma que es superior a la realidad
material. Se presenta lo concreto como si de alguna manera fuera defectuoso, imperfecto e
impuro, a diferencia de la Idea, que es perfecta, absoluta y pura. De esta manera se pone la
realidad patas arriba.

La capacidad de pensar abstractamente es una conquista colosal del intelecto humano. No


sólo la ciencia "pura", también la ingeniería sería imposible sin el pensamiento abstracto,
que nos eleva por encima de la realidad inmediata y finita del ejemplo concreto y da al
pensamiento un carácter universal. El repudio del pensamiento abstracto y de la teoría
indica un tipo de mentalidad estrecha y filistea que imagina ser "práctica", pero que en
realidad es impotente. En última instancia, los grandes avances en la teoría llevan a grandes
avances en la práctica. Sin embargo, todas las ideas se derivan de una u otra manera del
mundo físico y, en última instancia, se aplican de nuevo a éste. La validez de cualquier
teoría, antes o después, se tiene que demostrar en la práctica.

En los últimos años ha habido una sana reacción contra el reduccionismo mecánico,
contraponiéndole la necesidad de un punto de vista holístico de la ciencia. El término
holístico es desafortunado debido a sus connotaciones místicas. Sin embargo, al intentar ver
las cosas en sus movimientos e interconexiones, la teoría del caos sin duda se acerca a la
dialéctica. La relación real entre la lógica formal y la dialéctica es la que hay entre un tipo
de pensamiento que toma las cosas por separado y las observa por separado, y el que es
capaz de volver a unir las y hacerlas funcionar de nuevo. Si el pensamiento tiene que tener
una correspondencia con la realidad, debe ser capaz de comprenderla como un todo
viviente, con todas sus contradicciones.

¿Qué es un silogismo? "El pensamiento lógico, el pensamiento lógico formal en general",


dice Trotsky, "está construido sobre la base de un método deductivo, que procede de un
silogismo más general a través de un número de premisas para llegar a la conclusión
necesaria. Tal cadena de silogismos se llama sorites".5

Aristóteles fue el primero en escribir una explicación completa tanto de la dialéctica como
de la lógica formal como métodos de razonamiento. El objetivo de la lógica formal era
proporcionar un punto de referencia para distinguir argumentos válidos de los que no lo
eran. Esto lo hizo en forma de silogismos. Existen diferentes tipos de silogismos, que en
realidad son variaciones sobre el mismo tema.

Aristóteles, en su Organon, establece diez categorías (sustancia, cantidad, calidad, relación,


lugar, tiempo, posición, estado, acción, pasión) que forman la base de la lógica dialéctica, a
la que más tarde Hegel dio expresión completa. Frecuentemente se ignora este aspecto del
trabajo de Aristóteles sobre la lógica. Bertrand Russell, por ejemplo, considera que estas
categorías no tienen sentido. Pero en la medida en que los positivistas lógicos, como el
propio Russell, han descartado prácticamente toda la historia de la filosofía (con la
excepción de algunos retales que coinciden con sus dogmas) considerándola "sin sentido",
esto no tendría que sorprendernos ni preocuparnos mucho.
El silogismo es un método de razonamiento lógico que se puede describir de muchas
maneras. Aristóteles lo describe de la siguiente: "Un discurso en el que, habiendo afirmado
ciertas cosas, se deduce necesariamente de su ser otra cosa diferente de lo afirmado". La
definición más simple nos la da A. A. Luce: "Un silogismo es una tríada de proposiciones
conectadas, relacionadas de tal forma que una de ellas, llamada conclusión, se deduce
necesariamente de las otras dos, llamadas premisas".6

Los escolásticos medievales centraron su atención en este tipo de lógica formal,


desarrollada por Aristóteles en sus Analíticos primeros y segundos, y en esa forma la Edad
Media nos legó la lógica aristotélica. En la práctica, el silogismo se compone de dos
premisas y una conclusión. El sujeto se encuentra en una de las premisas y el predicado de
la conclusión en la otra, junto a un tercer término (medio) que se encuentra en ambas
premisas pero no en la conclusión. El predicado de la conclusión es el término mayor; la
premisa que lo contiene es la premisa mayor; el sujeto de la conclusión es el término
menor; y la premisa que lo contiene es la premisa menor. Por ejemplo:

a) Todos los hombres son mortales. (Premisa mayor) b) César es un hombre. (Premisa
menor) c) Por lo tanto, César es mortal. (Conclusión) Esto se denomina declaración
afirmativa categórica. Da la impresión de ser una secuencia lógica de argumentación en la
que cada estadio se deduce inexorablemente del anterior. Pero en realidad no es así porque
"César" ya está incluido en "todos los hombres". Kant, como Hegel, consideraba el
silogismo (esa "doctrina tediosa" como él la llamó) con desprecio. Para él no era "más que
un artificio"7 en el que las conclusiones ya se habían introducido subrepticiamente en las
premisas para dar una falsa apariencia de razonamiento.

Otro tipo de silogismo tiene forma condicional (si... entonces), por ejemplo: "Si un animal
es un tigre, entonces es carnívoro". Es otra forma de decir lo mismo que la declaración
afirmativa categórica, es decir, "todos los tigres son carnívoros". Lo mismo con respecto a
su forma negativa: "Si es un pez, no es un mamífero" es sólo otra manera de decir "ningún
pez es mamífero". La diferencia formal esconde el hecho de que realmente no hemos
avanzado un solo paso.

Lo que esto revela realmente son las conexiones internas entre las cosas no sólo en el
pensamiento, sino también en el mundo real. A y B están relacionadas de cierta manera con
C (el medio) y la premisa, por lo tanto están relacionadas entre sí en la conclusión. Con
gran perspicacia y profundidad, Hegel demostró que lo que el silogismo mostraba era la
relación de lo particular con lo universal. En otras palabras, que el silogismo en sí mismo es
un ejemplo de la unidad de contrarios, la contradicción por excelencia, y que en realidad
todas las cosas son un "silogismo".

La época de mayor esplendor del silogismo fue la Edad Media, cuando los escolásticos
dedicaban toda su vida a discusiones interminables sobre todo tipo de oscuras cuestiones
teológicas, como el sexo de los ángeles. Las construcciones laberínticas de la lógica formal
hacían parecer que estaban realmente inmersos en una discusión muy profunda, cuando en
realidad no estaban discutiendo nada. La razón de esto reside en la propia naturaleza de la
lógica formal. Como su nombre sugiere, se trata de la forma; el contenido no cuenta para
nada. Éste es precisa mente su principal defecto, su talón de Aquiles.
Al llegar el Renacimiento, un nuevo despertar del espíritu humano, la insatisfacción con la
lógica aristotélica era generalizada. Hubo una creciente reacción contra Aristóteles, que
realmente no era justa con este gran pensador, pero se debió a que la Iglesia Católica había
suprimido todo lo que valía la pena de su filosofía, conservando solamente una caricatura
inanimada. Para Aristóteles, el silogismo era sólo una parte del proceso de razonamiento, y
no necesariamente la más importante. Aristóteles también escribió sobre la dialéctica, pero
este aspecto fue olvidado. Se privó a la lógica de toda vida y se la convirtió, en palabras de
Hegel, en "los huesos sin vida de un esqueleto".

La repulsa contra este formalismo inerte tuvo su reflejo en el movimiento hacia el


empirismo, que dio un enorme impulso a la investigación científica y el experimento. Sin
embargo, no es posible dejar al margen todas las formas de pensamiento, y el empirismo
llevaba desde el principio la semilla de su propia destrucción. La única alternativa viable a
métodos inadecuados e incorrectos de razonamiento es desarrollar métodos adecuados y
correctos.

A finales de la Edad Media, el silogismo estaba desacreditado en todas partes. Rabelais,


Petrarca y Montaigne, todos lo ridiculizaban. Pero seguía arrastrándose, especialmente en
los países católicos, que no habían sido afectados por la brisa fresca de la Reforma. A
finales del siglo XVIII, la lógica estaba en tan mal estado que Kant se sintió obligado a
lanzar una crítica general a las viejas formas de pensamiento en su Crítica de la razón pura.

Hegel fue el primero en someter las leyes de la lógica formal a un análisis crítico completo.
Al hacerlo estaba completando el trabajo que Kant había empezado. Pero mientras que
Kant sólo mostró las deficiencias y contradicciones inherentes a la lógica tradicional, Hegel
fue mucho más allá, desarrollando un método totalmente diferente a la lógica, un método
dinámico que incluía el movimiento y la contradicción, que la lógica formal es incapaz de
tratar.

¿Enseña la lógica a pensar? La dialéctica no pretende enseñar a la gente a pensar. Esta es la


pretensión de la lógica formal, a lo que Hegel replicó irónicamente que la lógica no te
enseña a pensar, ¡de la misma manera que la fisiología no te enseña a digerir! Los hombres
y mujeres pensaban, e incluso pensaban dialécticamente, mucho antes de que hubiesen oído
hablar de la lógica. Las categorías de la lógica, y también de la dialéctica, se deducen de la
experiencia real. A pesar de todas sus pretensiones, las categorías de la lógica formal no
están por encima del mundo de la realidad material, sino que sólo son abstracciones vacías
tomadas de la realidad entendida de una manera unilateral y estática, y posteriormente
aplicadas arbitrariamente de nuevo a la realidad.

En contraste, la primera ley del método dialéctico es objetividad absoluta. Lo importante es


descubrir las leyes del movimiento de un fenómeno dado, estudiándolo desde todos los
puntos de vista. El método dialéctico es de gran valor a la hora de aproximarse
correctamente a las cosas, evitando disparates filosóficos elementales y construyendo
hipótesis científicas sólidas. A la vista de la increíble cantidad de misticismo que ha surgido
a partir de hipótesis arbitrarias, sobre todo en la física teórica, ¡no es una ventaja
secundaria! Pero el método dialéctico siempre busca derivar sus categorías de un estudio
cuidadoso de los hechos y los procesos, no introducir los hechos en una camisa de fuerza
preconcebida:

"Todos admitimos", escribió Engels, "que en todos los campos de la ciencia, tanto en las
naturales como en la histórica, hay que partir de los hechos dados, y por lo tanto, en las
ciencias naturales, de las distintas formas materiales y las di versas formas de movimiento
de la materia; que, por consiguiente, tampoco en las ciencias sociales hay que encajar las
interrelaciones en los hechos, sino que es preciso descubrirlas en ellos, y cuando se las
descubre, verificarlas, hasta donde sea posible, por medio de la experimentación".8

La ciencia se basa en la búsqueda de leyes generales que puedan explicar el funcionamiento


de la naturaleza. Tomando la experiencia como punto de parti da, no se limita a una mera
recopilación de hechos, sino que intenta generalizar, yendo de lo particular a lo universal.
La historia de la ciencia se caracteriza por un proceso cada vez más profundo de
aproximación. Cada vez nos acercamos más a la verdad, sin llegar nunca a conocer toda la
verdad. En última instancia, la prueba de la verdad científica es el experimento. "El
experimento", dice Feynman, "es el único juez de la "verdad" científica".9

La validez de las formas de pensamiento depende en última instancia de si se corresponden


con la realidad del mundo físico. Esto no se puede establecer a priori, tiene que demostrarse
a través de la experimentación y la observación. La lógica formal, en contraste con todas
las ciencias naturales, no es empírica. La ciencia deriva sus datos de la observación del
mundo real. La lógica se supone que es apriorística, a diferencia de todas las materias de
que se ocupa. Existe una contradicción flagrante entre forma y contenido. La lógica no se
deriva del mundo real, pero sin embargo se aplica constante mente a los fenómenos de éste.
¿Cuál es la relación entre ambos lados? Hace tiempo que Kant planteó que las formas de la
lógica formal deben reflejar la realidad objetiva o, de lo contrario, no tendrán sentido en
absoluto:

"Cuando tenemos razones para considerar un juicio como necesariamente universal (...)
también debemos considerarlo objetivo, es decir, que no exprese meramente una referencia
de nuestra percepción de un sujeto, sino una cualidad del objeto. Porque no habría ninguna
razón para que los juicios de otros hombres coincidiesen necesariamente con el mío, a no
ser la unidad del objeto al que todos ellos se refieren y con el que están de acuerdo; de aquí
que todos deban estar de acuerdo entre ellos".10

Esta idea fue posteriormente desarrollada por Hegel, desbrozando las ambigüedades de la
teoría del conocimiento y la lógica kantianas, y finalmente Marx y Engels la pusieron sobre
cimientos sólidos:

"Los esquemas lógicos no pueden referirse sino a formas de pensamiento; pero aquí no se
trata sino de las formas del ser, del mundo externo, y el pensamiento no puede jamás
obtener e inferir esas formas de sí mismo, sino sólo del mundo externo. Con lo que se
invierte enteramente la situación: los principios no son el punto de partida de la
investigación, sino su resultado final, y no se aplican a la naturaleza y a la historia humana,
sino que se abstraen de ellas; no son la naturaleza ni el reino del hombre los que se rigen
según los principios, sino que éstos son correctos en la medida en que concuerdan con la
naturaleza y con la historia".11

Los límites de la ley de la identidad Es sorprendente que las leyes básicas de la lógica
formal, elaboradas por Aristóteles, se hayan mantenido esencialmente inmutables durante
más de dos mil años. En ese período hemos presenciado un proceso continuo de cambio en
todas las esferas de la ciencia, la tecnología y el pensamiento. Y, sin embargo, los
científicos se han contentado con utilizar básicamente las mismas herramientas
metodológicas que utilizaban los escolásticos medievales en los días en que la ciencia
estaba todavía al nivel de la alquimia.

Dado el papel central de la lógica formal en el pensamiento occidental, sorprende la poca


atención prestada a su contenido real, significado e historia. Normalmente se toma como
algo dado, evidente por sí mismo y eternamente inmutable; o se presenta como una útil
convención sobre la que la gente razonable se pone de acuerdo para facilitar el pensamiento
y el discurso, un poco como cuando la gente de círculos sociales educados se pone de
acuerdo sobre las buenas maneras en la mesa. Se plantea la idea de que las leyes de la
lógica formal son construcciones totalmente artificiales, construidas por los lógicos, en la
creencia de que alguna aplicación tendrán, que revelarán alguna que otra verdad en algún
campo del pensamiento. Pero, ¿por qué las leyes de la lógica han de guardar relación con
algo si sólo son construcciones abstractas, arbitrariedades imaginarias de la mente? Sobre
esto ironiza Trotsky: "Decir que las personas han llegado a un acuerdo sobre el silogismo es
casi como decir, o más exactamente es lo mismo, que la gente llegó al acuerdo de tener
fosas en las narices. El silogismo es un producto objetivo del desarrollo orgánico, es decir,
del desarrollo biológico, antropológico y social de la humanidad, igual que lo son nuestros
diversos órganos, entre ellos nuestro órgano del olfato".

En realidad, la lógica formal se deriva en última instancia de la experiencia, de la misma


manera que cualquier otra forma de pensamiento. A partir de la experiencia, los seres
humanos sacan una serie de conclusiones que aplican a su vida cotidiana. Esto es aplicable
incluso a los animales, aunque a otro nivel: "El pollo sabe que el grano es en general útil,
necesario y sabroso. Reconoce un grano determinado —el de trigo— con el que está
familiarizado, y de allí extrae una conclusión lógica por medio de su pico. El silogismo de
Aristóteles es sólo una expresión articulada de estas conclusiones mentales elementales que
observamos a cada paso entre los animales".12

Trotsky dijo en una ocasión que la relación entre la lógica formal y la dialéctica era similar
a la relación entre las matemáticas elementales y superiores. Las unas no niegan a las otras
y siguen siendo válidas dentro de unos determinados límites. De manera parecida, las leyes
de Newton, que dominaron la ciencia durante cien años, demostraron ser falsas en el mundo
de las partículas subatómicas. Más correctamente, la mecánica clásica, criticada por Engels,
demostró ser unilateral y de aplicación limitada.

"La dialéctica", escribe Trotsky, "no es ficción ni misticismo, sino la ciencia de las formas
de nuestro pensamiento, en la medida en que éste no se limita a los problemas cotidianos de
la vida y trata de llegar a una comprensión de procesos más amplios y complicados".13
El método más común de la lógica formal es la deducción, que intenta establecer la verdad
de sus conclusiones a través de dos condiciones: la conclusión tiene que emanar de las
premisas y las premisas tienen que ser ciertas. Si se cumplen las dos, se dice que el
argumento es válido. Todo esto es muy reconfortante. Nos encontramos en el reino familiar
y seguro del sentido común: verdadero o falso, sí o no. Tenemos los pies firmemente en el
suelo. Parece que estamos en posesión de "la verdad, toda la verdad y nada más que la
verdad". No hay nada más que decir. ¿O sí? Estrictamente hablando, desde el punto de vista
de la lógica formal, es indiferente si las premisas son ciertas o no. En la medida en que la
conclusión se extraiga correctamente de sus premisas, se dice que la inferencia es
deductivamente válida. Lo importante es distinguir entre inferencias válidas y no válidas.
Así, desde el punto de vista de la lógica formal, la siguiente afirmación es deductiva mente
válida: "Todos los científicos tienen dos cabezas. Einstein era un científico. Por lo tanto,
Einstein tenía dos cabezas". La validez de la inferencia no depende del sujeto en lo más
mínimo. De esta manera la forma se eleva por encima del contenido.

En la práctica, por supuesto, cualquier método de razonamiento que no de mostrase la


validez de sus premisas sería peor que inútil. Se tiene que demostrar que las premisas son
ciertas. Pero esto nos lleva a una contradicción. El proceso de validación de un juego de
premisas nos plantea automáticamente un nuevo juego de preguntas que a su vez hay que
validar. Como planteó Hegel, cada premisa da lugar a un nuevo silogismo, y así hasta el
infinito. Lo que parecía ser muy simple resulta ser extremadamente complejo y
contradictorio.

La mayor contradicción reside en la propia premisa fundamental de la lógica formal. Al


tiempo que exige que todas las demás cosas bajo el Sol se justifiquen ante la Corte Suprema
del Silogismo, la lógica se ve totalmente confundida cuando se le pide que justifique sus
propios presupuestos. De repente pierde todas sus facultades críticas y recurre a apelar a la
creencia, al sentido común, a lo "obvio" o a la cláusula de escapatoria filosófica final: a
priori. El hecho es que los llamados axiomas de la lógica son reglas no demostradas. Se
toman como punto de partida para deducir más reglas (teoremas), exactamente igual que en
la geometría clásica, en la que se parte de los principios de Euclides. Se asume que son
correctos sin ningún tipo de demostración, es decir, simplemente tenemos que hacer un acto
de fe.

Pero, ¿y si resultase que los axiomas básicos de la lógica formal fueran falsos? Entonces
estaríamos en la misma posición que cuando le dábamos al pobre Einstein una cabeza
adicional. ¿Es posible que sean defectuosas las leyes eternas de la lógica? Examinémoslo
más de cerca. Las leyes básicas de la lógica formal son:

1) Ley de la identidad ("A" = "A") 2) Ley de la contradicción ("A" no es igual a "no A") 3)
Ley del medio excluido ("A" no es igual a "B") A primera vista parecen eminentemente
sensatas. ¿Cómo se pueden poner en duda? Pero si las vemos más de cerca podemos
observar que están llenas de problemas y contradicciones de carácter filosófico. En Ciencia
de la Lógica, Hegel plantea un análisis exhaustivo de la ley de la identidad, demostrando
que es unilateral y, por tanto, incorrecta.
En primer lugar, hay que tener en cuenta que esa apariencia de una cadena de razonamiento
en la que necesariamente un paso sigue al otro es totalmente ilusoria. La ley de la
contradicción simplemente plantea la ley de la identidad de manera negativa. Y lo mismo
se puede decir de la ley del medio excluido. Todo lo que tenemos aquí es una repetición de
la primera ley de diferentes maneras. Todo se sustenta sobre la ley de la identidad (A = A).
A primera vista es incontrovertible y, por lo tanto, fuente de todo pensamiento racional. Es
la vaca sagrada de la lógica y no se puede poner en duda. Y sin embargo se puso en duda, y
por una de las mentes más grandes de todos los tiempos.

El traje nuevo del emperador es un cuento de Hans Christian Andersen en el que un


embaucador le vende a un emperador bastante tonto un traje nuevo que supuestamente es
muy bonito pero invisible. El crédulo emperador se pasea con su traje nuevo, del que todos
dicen que es magnífico, hasta que un niño dice que el emperador va totalmente desnudo.
Hegel prestó un servicio similar a la filosofía con su crítica a la lógica formal. Los
defensores de ésta jamás se lo perdonarán.

La llamada ley de la identidad es en realidad una tautología. Paradójicamente, en la lógica


tradicional esto siempre se consideraba como uno de los errores más evidentes que se podía
cometer al definir un concepto. Es una definición que no se sostiene lógicamente, que
simplemente repite en otras palabras lo que ya está en la parte que hay que definir. Vamos a
poner un ejemplo. Un maestro le pregunta al alumno qué es un gato, y el alumno le
responde orgullosamente que un gato es... un gato. Esta respuesta no se consideraría muy
inteligente y el alumno sería enviado inmediatamente al fondo de la clase. Después de todo,
se supone que una definición tiene que decir algo, y ésa no dice nada de nada. Sin embargo,
esa poco brillante definición escolar de un cuadrúpedo felino expresa perfectamente en todo
su esplendor la ley de la identidad, considerada durante más de veinte siglos por los
profesores más sobresalientes como la verdad filosófica más profunda.

Todo lo que la ley de la identidad nos dice sobre algo es que es. No avanzamos un solo
paso más allá. Nos quedamos en el nivel de la abstracción general y vacía. No aprendemos
nada de la realidad concreta del objeto a estudiar, sus propiedades, sus relaciones. Un gato
es un gato, yo soy yo, tú eres tú, la naturaleza humana es la naturaleza humana, las cosas
son como son. Es evidente que estas afirmaciones son totalmente vacuas. Son la expresión
consumada del pensamiento formal, unilateral y dogmático.

Entonces, ¿la ley de la identidad no es válida? No del todo. Tiene sus aplicaciones, pero de
un alcance mucho más limitado de lo que se podría pensar. Las leyes de la lógica formal
pueden ser útiles para clarificar, analizar, etiquetar, catalogar, definir ciertos conceptos. Son
válidas para los fenómenos normales y simples de cada día. Pero cuando tratamos con
fenómenos más complejos, que implican movimiento, saltos bruscos, cambios cualitativos,
se vuelven totalmente inadecuadas. El siguiente extracto de Trotsky resume brillantemente
la línea argumental de Hegel sobre la ley de la identidad:

"Trataré aquí de esbozar lo esencial del problema en forma muy concisa. La lógica
aristotélica del silogismo simple parte de la premisa de que "A es igual a A". Este postulado
se acepta como axioma para una cantidad de acciones humanas prácticas y de
generalizaciones elementales. Pero en realidad "A no es igual a A". Esto es fácil de
demostrar si observamos estas dos letras bajo una lente: son completamente diferentes.
Pero, se podrá objetar, no se trata del tamaño o de la forma de las letras, dado que ellas son
solamente símbolos de cantidades iguales, por ejemplo de una libra de azúcar. La objeción
no es valedera; en realidad, una libra de azúcar nunca es igual a una libra de azúcar: una
balanza de precisión descubriría siempre la diferencia. Nuevamente se podría objetar: sin
embargo una libra de azúcar es igual a sí misma. Tampoco esto es verdad: todos los
cuerpos cambian constantemente de peso, color, etc. Nunca son iguales a sí mismos. Un
sofista contestará que una libra de azúcar es igual a sí misma un momento dado". Fuera del
valor práctico extremadamente dudoso de este "axioma", tampoco soporta una crítica
teórica. ¿Cómo concebimos realmente la palabra "momento"? Si se trata de un intervalo
infinitesimal de tiempo, entonces una libra de azúcar está sometida durante el transcurso de
ese "momento" a cambios inevitables. ¿O ese "momento" es una abstracción puramente
matemática, es decir, un tiempo cero? Pero todo existe en el tiempo y la existencia misma
es un proceso ininterrumpido de transformación; el tiempo es, en consecuencia, un
elemento fundamental de la existencia. De este modo, el axioma "A es igual a A" significa
que una cosa es igual a sí misma si no cambia, es decir, si no existe.

A primera vista, podría parecer que estas "sutilezas" son inútiles. En realidad, tienen
decisiva importancia. El axioma "A es igual a A" es a un mismo tiempo punto de partida de
todos nuestros conocimientos y punto de partida de todos los errores de nuestro
conocimiento. Sólo dentro de ciertos límites se lo puede utilizar con uniformidad. Si los
cambios cuantitativos que se producen en A carecen de importancia para la cuestión que
tenemos entre manos, entonces podemos presumir que "A es igual a A". Este es, por
ejemplo, el modo con que vendedor y comprador consideran una libra de azúcar. De la
misma manera consideramos la temperatura del Sol. Hasta hace poco considerábamos de la
misma manera el valor adquisitivo del dólar. Pero cuando los cambios cuantitativos
sobrepasan ciertos límites se convierten en cambios cualitativos. Una libra de azúcar
sometida a la acción del agua o del queroseno deja de ser una libra de azúcar. Un dólar en
manos de un presidente deja de ser un dólar. Determinar en el momento preciso el punto
crítico en el que la cantidad se trasforma en calidad, es una de las tareas más difíciles o
importantes en todas las esferas del conocimiento, incluida la sociología (...) Con respecto
al pensamiento vulgar, el pensamiento dialéctico está en la misma relación que una película
cinematográfica con una fotografía inmóvil. La película no invalida la fotografía inmóvil,
sino que combina una serie de ellas de acuerdo a las leyes del movimiento. La dialéctica no
niega el silogismo, sino que nos enseña a combinar los silogismos en forma tal que nos
lleve a una comprensión más certera de la realidad eternamente cambiante. Hegel, en su
Lógica, estableció una serie de leyes: cambio de cantidad en calidad, desarrollo a través de
las contradicciones, conflictos entre el contenido y la forma, interrupción de la continuidad,
cambio de posibilidad en inevitabilidad, etc., que son tan importantes para el pensamiento
teórico como el silogismo simple para las tareas más elementales".14

Lo mismo sucede con la ley del medio excluido, que plantea que es necesario afirmar o
negar, que una cosa tiene que ser blanca o negra, que tiene que estar viva o muerta, que
tiene que ser A o B. No puede ser dos cosas al mismo tiempo. En la vida cotidiana podemos
darla por buena. De hecho, sin esta afirmación, el pensamiento claro y consistente sería
imposible. Sin embargo, lo que parecen errores insignificantes en la teoría, más pronto o
más tarde se manifestarán en la práctica, a menudo con resultados desastrosos. De la misma
manera, una grieta del tamaño de un pelo en el ala de un avión puede parecer insignificante
y, de hecho, a pequeñas velocidades puede pasar inadvertida. Pero a gran des velocidades,
ese pequeño defecto puede provocar una catástrofe. En el Anti -Dühring, Engels explica las
deficiencias de la llamada ley del medio excluido:

Leer más: http://www.monografias.com/trabajos-pdf5/relacion-logica-formal-y-dialectica/


relacion-logica-formal-y-dialectica.shtml#ixzz5ERTaa2pd

"Para el metafísico, las cosas y sus imágenes mentales, los conceptos, son objetos de
investigación dados de una vez para siempre, aislados, uno tras otro y sin necesidad de
contemplar el otro, firmes, fijos y rígidos. El metafísico piensa según rudas
contraposiciones sin mediación: su lenguaje es "sí, sí" y "no, no", que todo lo que pasa de
eso del mal espíritu procede. Para él, toda cosa existe o no existe: una cosa no puede ser al
mismo tiempo ella misma y algo diverso. Lo positivo y lo negativo se excluyen lo uno a lo
otro de un modo absoluto; la causa y el efecto se encuentran del mismo modo en rígida
contraposición. Este modo de pensar nos resulta a primera vista muy plausible porque es el
del llamado sano sentido común. Pero el sano sentido común, por apreciable compañero
que sea en el doméstico dominio de sus cuatro paredes, experimenta asombrosas aventuras
en cuanto se arriesga por el ancho mundo de la investigación, y el modo metafísico de
pensar, aunque también está justificado y es hasta necesario en esos anchos territorios, de
diversa extensión según la naturaleza de la cosa, tropieza sin embargo siempre, antes o
después, con una barrera más allá de la cual se hace unilateral, limitado, abstracto, y se
pierde en irresolubles contradicciones, porque atendiendo a las cosas pierde su conexión,
atendiendo a su ser pierde su de venir y su perecer, atendiendo a su reposo se olvida de su
movimiento: porque los árboles no le dejan ver el bosque. Para casos cotidianos sabemos,
por ejemplo, y podemos decir con seguridad si un animal existe o no existe; pero si
llevamos a cabo una investigación más detallada, nos damos cuenta de que un asunto así es
a veces sumamente complicado, como saben muy bien, por ejemplo, los juristas que en
vano se han devanado los sesos por descubrir un límite racional a partir del cual la muerte
dada al niño en el seno materno sea homicidio; no menos imposible es precisar el momento
de la muerte, pues la fisiología enseña que la muerte no es un acaecimiento instantáneo y
dado de una vez, sino un proceso de mucha duración.

Del mismo modo es todo ser orgánico en cada momento el mismo y no lo es; en cada
momento está elaborando sustancia tomada de fuera y eliminando otra; en todo momento
mueren células de su cuerpo y se forman otras nuevas; tras un tiempo más o menos largo, la
materia de ese cuerpo se ha quedado completamente renovada, sustituida por otros átomos
de materia, de modo que todo ser organizado es al mismo tiempo él mismo y otro
diverso".15

La relación entre la dialéctica y la lógica formal se puede comparar con la relación entre las
mecánicas cuántica y clásica. No se contradicen, sino que se complementan. Las leyes de la
mecánica clásica siguen siendo válidas para una gran cantidad de operaciones, pero no
sirven para el mundo subatómico, con cantidades infinitesimalmente pequeñas y
velocidades tremendas. De manera parecida, Einstein no sustituyó a Newton, simplemente
puso al descubierto los límites más allá de los cuales no se podía aplicar el sistema
newtoniano.

Igualmente, la lógica formal (que ha alcanzado el grado de prejuicio popular en forma de


"sentido común") sigue siendo válida para toda una serie de experiencias diarias. Sin
embargo, las leyes de la lógica formal, que parten de una visión esencialmente estática de
las cosas, inevitablemente dejan de ser válidas cuando se trata de fenómenos cambiantes,
más complejos. Utilizando el lenguaje de la teoría del caos, las ecuaciones "lineales" de la
lógica formal no pueden aplicarse a los procesos turbulentos que se pueden observar en la
naturaleza, la so ciedad y la historia. Sólo se les puede aplicar el método dialéctico.

La lógica y el mundo subatómico Otros filósofos que están muy lejos del punto de vista
dialéctico han compren dido las deficiencias de la lógica formal. La ciencia necesita un
marco filosófico que le permita valorar sus resultados y que guíe sus pasos a través de la
masa confusa de hechos y estadísticas, como el hilo de Ariadna en el Laberinto. Los
simples llamamientos al "sentido común" o a los "hechos" no son suficientes.

El pensamiento silogístico, el método deductivo abstracto, pertenece a la tradición francesa,


especialmente desde Descartes. La tradición inglesa es totalmente diferente, fuertemente
influida por el empirismo y el razona miento inductivo. Desde Gran Bretaña, esta escuela
de pensamiento fue exportada a Estados Unidos, donde echó raíces profundas. Así, el
método de pensamiento deductivo formal no era característico de la tradición intelectual
anglosajona. "Por el contrario", escribió Trotsky, "es posible decir que este [escuela de]
pensamiento se distingue por un desprecio empírico soberano por el silogismo puro, lo que
no impidió a los ingleses hacer conquistas colosales en muchas esferas de la investigación
científica. Bien pensado, es imposible no llegar a la conclusión de que el desprecio
empírico por el silogismo es una forma primitiva de pensamiento dialéctico".

Históricamente, el empirismo ha jugado un papel positivo (la lucha contra la religión y el


dogmatismo medieval) y otro negativo (una interpretación demasiado estrecha del
materialismo, resistencia a generalizaciones teóricas amplias). La famosa afirmación de
Locke de que no hay nada en el intelecto que no se derive de los sentidos contiene el
germen de una idea profundamente correcta pero presentada de forma unilateral, que puede
tener, y tuvo, las consecuencias más dañinas sobre el desarrollo futuro de la filosofía. Justo
antes de su asesinato, Trotsky escribió sobre ello:

"No sabemos nada del mundo excepto lo que se nos da a través de la experiencia. Esto es
correcto si no se entiende la experiencia en el sentido de testimonio directo de nuestros
cinco sentidos individuales. Si reducimos la cuestión a la experiencia en el estrecho sentido
empírico, entonces nos es imposible llegar a ningún juicio sobre el origen de las especies o,
menos aún, sobre la formación de la corteza terrestre. Decir que la base de todo es la
experiencia significa decir mucho o no decir absolutamente nada. La experiencia es la
interrelación activa entre el sujeto y el objeto. Analizarla fuera de esta categoría, es decir,
fuera del medio material objetivo del investigador, que se le contrapone y que desde otro
punto de vista es parte de este medio, significa disolver la experiencia en una unidad
informe donde no hay ni objeto ni sujeto, sino sólo la mística fórmula de la experiencia. Un
"experimento" o "experiencia" de este tipo es propio sólo de un bebé en el útero de su
madre, pero desgraciadamente ese bebé no tiene la oportunidad de compartir las
conclusiones científicas de su experimento".16

El principio de incertidumbre de la mecánica cuántica no se puede aplicar a los objetos


ordinarios, sólo a los átomos y partículas subatómicas. Las partículas subatómicas se rigen
por leyes diferentes a las del mundo "ordinario". Se mueven a velocidades increíbles, 1.500
metros por segundo, por ejemplo. Se pueden desplazar en diferentes direcciones al mismo
tiempo. En estas condiciones, las formas de pensamiento que se aplican a la experiencia
diaria dejan de ser válidas. La lógica formal es inútil. Sus categorías (blanco o negro, sí o
no, lo tomas o lo dejas) no tienen ningún punto de contacto con esta realidad fluida,
inestable y contradictoria. Todo lo que podemos decir es que éste y ése movimiento son
probables, con un número infinito de posibilidades. Lejos de seguir las premisas de la
lógica formal, la mecánica cuántica viola la ley de la identidad afirmando la "no
individualidad" de las partículas. La ley de la identidad no se puede aplicar a este nivel
porque no se puede fijar la "identidad" de las partículas individuales. De ahí la larga
controversia entre "onda" y "partícula". ¡No podía ser ambas cosas! Aquí A resulta ser no A
y, de hecho, A puede ser B. De ahí la im posibilidad de fijar la posición y velocidad de un
electrón a la manera absoluta y concreta de la lógica formal. Este es un problema serio para
la lógica formal y el "sentido común", pero no para la dialéctica o la mecánica cuántica. Un
electrón tiene las cualidades de una onda y de una partícula, y esto se ha demostrado ex
perimentalmente. En 1932, Heisenberg sugirió que los protones se man tenían unidos por lo
que él llamó la fuerza de intercambio. Esto implicaba que protones y neutrones estaban
cambiando constantemente de identidad. Cualquier partícula dada está en un estado
constante de flujo, cambiando de protón a neutrón, y viceversa. Sólo de esta manera se
mantiene unido el núcleo. Antes de que un protón pueda ser repelido por otro protón, se
convierte en un neutrón, y a la inversa. Este proceso en el que las partículas se convierten
en su contrario tiene lugar de manera ininterrumpida, de tal manera que es imposible decir
en un momento determinado si una partícula es un protón o un neutrón. De hecho es
ambos: es y no es.

El intercambio de identidades entre electrones no significa un mero cambio de posición. Es


un proceso mucho más complejo en el que el electrón a interpenetra con el electrón b para
crear una mezcla de, digamos, 60% de a y 40% de b, y viceversa. Más tarde pueden haber
cambiado completamente de identidad, con todos los a allí y todos los b aquí. Entonces
empezará el flujo a la inversa, en una oscilación permanente que implica un intercambio
rítmico de las identidades de los electrones, que continúa indefinidamente. La vieja y rígida
ley de la identidad se desvanece en este tipo de identidad en la diferencia pulsante, que
subyace en toda la existencia y que recibe expresión científica en el principio de exclusión
de Pauli.

Así, dos milenios y medio más tarde, el principio de Heráclito de que "todo fluye" resulta
ser cierto... literalmente. Aquí tenemos no sólo un estado de cambio y movimiento
incesantes, sino también un proceso de interconexión universal y la unidad y lucha de
contrarios. No sólo los electrones se condicionan los unos a los otros, sino que en realidad
se convierten los unos en los otros. ¡Qué lejos del universo idealista estático e inmutable de
Platón! ¿Cómo se fija la posición de un electrón? Observándolo.
¿Y cómo se determina su momento? Observándolo otra vez. Pero en ese lapso de tiempo,
incluso en uno infinitesimalmente pequeño, el electrón ha cambiado y ya no es lo que era.
Es otra cosa. Es a la vez una partícula (un punto, una "cosa") y una onda (un "proceso",
movimiento). Es y no es. El viejo método de blanco o negro de la lógica formal utilizado
por la mecánica clásica no puede dar resultados aquí debido al propio carácter del
fenómeno.

En 1963, físicos japoneses plantearon que la partícula extremadamente pequeña llamada


neutrino cambiaba de identidad a medida que viajaba por el espacio a velocidades altísimas.
En un momento era un electrón-neutrino, en otro un muón-neutrino, en otro un tauón-
neutrino, y sucesivamente. Si esto es cierto, la ley de la identidad, que ya ha recibido
fuertes golpes, habría recibido su golpe de gracia. Una concepción rígida de este tipo está
claramente fuera de lugar cuando se enfrenta a cualquiera de los fenómenos complejos y
contradictorios de la naturaleza descritos por la ciencia moderna.

Lógica moderna En el siglo XIX se acometieron una serie de intentos de poner al día la
lógica (George Boyle, Ernst Schröder, Gottlob Frege, Bertrand Russell y Alfred North
Whitehead). Pero aparte de la introducción de símbolos y de una cierta puesta en orden, no
hubo un cambio real. Se han hecho afirmaciones grandilocuentes, por ejemplo por parte de
los filósofos lingüísticos, pero sin mucho fundamento. La semántica (que estudia la validez
de un argumento) se separó de la sintaxis (que estudia la deducibilidad y las conclusiones a
partir de los axiomas y premisas). Aunque supuestamente era algo nuevo, en realidad es
simplemente un pastiche de la vieja división, bien conocida por los antiguos griegos, entre
lógica y retórica. La lógica moderna se basa en las relaciones lógicas entre conjuntos de
enunciados. El centro de atención se ha desplazado desde el silogismo hacia los argumentos
hipotéticos y disyuntivos. Esto difícilmente se puede considerar un paso adelante que corte
el aliento. Se puede empezar por frases (juicios) en lugar de silogismos. Hegel lo hizo en su
Lógica. Más que una gran revolución en el pensamiento, es como volver a barajar los
naipes.

Utilizando una analogía inexacta con la física, el llamado "método atómico", desarrollado
por Russell y Wittgenstein (que más tarde lo repudió), intentaba dividir el lenguaje en
"átomos". Se supone que el átomo básico del lenguaje es la frase simple, a partir de la cual
se construyen las frases compuestas. Wittgenstein soñaba con desarrollar un "lenguaje
formal" para toda ciencia (física, biología, incluso psicología). Las frases se someten a un
"test de la verdad" basado en las viejas leyes de la identidad, la contradicción y el medio
excluido. En realidad, el método básico sigue siendo exactamente el mismo. El "valor
verdadero" es una cuestión de esto o aquello, sí o no, verdadero o falso. A la nueva lógica
se la denomina cálculo proposicional. Pero el hecho es que el sistema ni siquiera puede
tratar con argumentos que previamente podían ser estudiados por el silogismo más básico
(categórico).

Realmente ni siquiera se entiende la frase simple, a pesar de que se supone que es el


equivalente lingüístico de los "ladrillos componentes de la materia". Incluso el juicio más
simple, como plantea Hegel, con tiene una contradicción. "César es un hombre", "Fido es
un perro", "el árbol es verde", todos plantean que lo particular es lo universal. Frases de
este tipo pueden parecer simples, pero en realidad no lo son. Esto es un libro cerrado para la
lógica formal, que sigue decidida a prohibir todas las contradicciones no sólo en la
naturaleza y la sociedad, sino también en el lenguaje. El cálculo proposicional parte
exactamente de los mismos postulados básicos que ya elaboró Aristóteles en el siglo IV
a.C., es decir, la ley de la identidad, la ley de la (no) contradicción y la ley del medio
excluido, a los que se añade la ley de la doble negación. Estas leyes, en lugar de estar
escritas con letras normales, se expresan con símbolos:

a) p = p

b) p = ~p

c) pV = ~p

d) ~(p ~p)

Todo esto es muy bonito pero no es en absoluto diferente al contenido del silogismo. Es
más, la propia lógica simbólica no es una idea nueva. Alrededor de 1680, la fértil mente del
filósofo alemán Leibniz creó una lógica simbólica, aun que nunca la publicó.

La introducción de símbolos no nos hace avanzar ni un paso, por la simple razón de que,
antes o después, se tienen que transformar en palabras y conceptos. Tienen la ventaja de ser
una especie de atajo, más conveniente para cierto tipo de operaciones técnicas, ordenadores
y demás, pero el con tenido sigue siendo el mismo de antes. Todas estas florituras
matemáticas aturdidoras se acompañan de una jerga auténticamente bizantina que parece
haber sido diseñada deliberadamente para que la lógica sea inaccesible a los mortales de a
pie, de la misma manera que la casta sacerdotal en Egipto y Babilonia utilizaba palabras
secretas y símbolos ocultos para acaparar todo el conocimiento. La diferencia es que ellos
conocían cosas que valía la pena conocer, como los movimientos de los cuerpos celestes,
algo que no se puede decir de los lógicos modernos.

Términos como predicados monádicos, cuantificadores, variables individuales, etc. están


diseñados para dar la impresión de que la lógica formal es una ciencia a la que hay que
tener en cuenta, en la medida en que es bastante ininteligible para la mayoría de la gente.
Lástima que el valor científico de un conjunto de creencias no sea directamente
proporcional a la oscuridad de su len guaje. Si así fuera, cualquier místico religioso sería
tan gran científico como Newton, Darwin y Einstein juntos.

En la comedia de Molière EI burgués gentilhombre, Monsieur Jourdain se sor prende


cuando le dicen que ha estado hablando en prosa toda la vida sin darse cuenta. La lógica
moderna simplemente repite las viejas categorías, pero introduciendo unos cuantos
símbolos y términos que suenan bien y sirven para ocultar que no dice en absoluto nada
nuevo. Aristóteles ya utilizó predicados monádicos (expresiones que atribuyen una
propiedad a un individuo) hace mucho tiempo. Sin duda Monsieur Jourdain quedaría
encantado de descubrir que había estado utilizando predicados monádicos todo el tiempo
sin saberlo, pero no hubiera significado la menor diferencia respecto a lo que estaba
haciendo. La utilización de etiquetas nuevas no cambia el contenido de los viejos botes de
mermelada. Ni la utilización de una jerga aviva la validez de formas de pensamiento
anticuadas.

La triste realidad es que en el siglo XX la lógica formal ha llegado a su límite. Cada avance
de la ciencia le asesta un nuevo golpe. A pesar de todos los cambios formales, las leyes
básicas siguen siendo las mismas. Una cosa está clara. El desarrollo de la lógica formal en
los últimos cien años, primero con el cálculo proposicional, después con el cálculo
predicativo inferior, ha llevado el tema a tal punto de refinamiento que ya no es posible
seguir avanzando. Hemos llegado al sistema más completo de lógica formal, de tal manera
que cualquier nuevo añadido no aportará nada nuevo. La lógica formal ya ha dicho todo lo
que tenía que decir. A decir verdad, ya hace bastante tiempo que llegó a este punto.

Recientemente el terreno se ha trasladado de la argumentación a las conclusiones


deducidas. ¿Cómo se "deducen los teoremas de la lógica"? Este es un terreno poco firme.
La base de la lógica formal siempre se había dado por supuesta en el pasado. Una
investigación a fondo de las bases teóricas de la lógica formal inevitablemente llevaría a
transformarla en su contrario. Arend Heyting, el fundador de la escuela intuicionista en
matemáticas, niega la validez de algunas de las pruebas utilizadas en la matemática clásica.
Sin embargo, la mayoría de los lógicos se afearan desesperadamente a las viejas leyes de la
lógica formal, como si de un clavo ardiendo se tratase: "No creemos que exista una lógica
no aristotélica en el sentido en que existe una geometría no euclidiana", resaltan Cohen y
Negar, "es decir, un sistema de lógica en el que los opuestos de los principios aristotélicos
de la contradicción y el medio excluido se asuman como ciertos, y se deduzcan de ellos
inferencias válidas".17 Hoy en día existen dos ramas principales de la lógica formal: el
cálculo proposicional y el cálculo predicativo. Ambas parten de axiomas que se aceptan
como válidos "en todos los mundos posibles", en cualquier circunstancia. La prueba
fundamental sigue siendo si están libres de contradicción. Se condena cualquier cosa
contradictoria como "no válida". Esto tiene ciertas aplicaciones, por ejemplo, en
ordenadores que están engranados a un mecanismo de sí o no. Sin embargo, en realidad
todos estos axiomas son tautologías. Estas formas vacías pueden llenarse con prácticamente
cualquier contenido. Se aplican de manera mecánica y externa a cualquier sujeto. Cuando
se trata de procesos lineales, funcionan razonablemente bien. Pero cuando se trata de
fenómenos más complejos, contradictorios y no lineales, las leyes de la lógica formal se
rompen. Inmediatamente se hace evidente que lejos de ser verdades universales, válidas "en
todos los mundos posibles", son, como Engels explicó, de aplicación bastante limitada, y
rápidamente se encuentran fuera de su elemento en toda una serie de circunstancias. Es
más, precisamente estas circunstancias son las que han ocupado la atención de la ciencia,
especialmente de sus sectores más innovadores, durante la mayor parte del siglo XX.

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