Fundamentos de la Dialéctica y su Evolución
Fundamentos de la Dialéctica y su Evolución
Partes: 1, 2
1. Introducción
2. La dialéctica
3. La dialéctica materialista
4. Conclusión
5. Bibliografía
Introducción
La preparación de este texto constituye una simplificación en el tratamiento de los
diferentes temas y más bien tratan de ser consistentes y completas en el análisis de los
tópicos escogidos. Asimismo, ya que ello constituye los principios básicos de la dialectica
clásica y alcanzan a cubrir el análisis de los razonamientos habituales en el uso de la
dialéctica. En tal sentido, se ha tratado que el tema elegido, los conceptos desarrollados y
las definiciones dadas apunten al logro de un objetivo bien preciso y determinado: saber
pensar apropiadamente, desenvolver una mínima capacidad de raciocinio y poder
prevenirse acerca de la dialéctica que suelen encontrarse en los usos comunes de la vida
diaria.
"La dialéctica no es más que la ciencia de las leyes generales del movimiento y la
evolución de la naturaleza, de la sociedad humana y del pensamiento." Engels.
A primera vista, podría parecer que estas sutilezas son inútiles: En realidad tienen decisiva
importancia. El axioma A es igual a A, es a un mismo tiempo punto de partida de todos
nuestros conocimientos y punto de partida de todos los errores de nuestros conocimientos.
Sólo dentro de ciertos límites se lo puede utilizar con uniformidad. Silos cambios
cualitativos que se producen en A carecen de importancia para la cuestión que tenemos
entre manos, entonces podremos presumir que A es igual a A. Pero cuando los cambios
cuantitativos sobrepasan ciertos límites se convierten en cambios cualitativos. Determinar
en el momento preciso, el punto crítico, en que la cantidad se transforma en calidad, es una
de las tareas más difíciles e importantes en todas las esferas del conocimiento, incluso de la
sociología." Trotsky.
Propósitos de la Investigación.
Objetivo General
Objetivos Específicos
CAPITULO I:
La dialéctica
1.1. Conceptos de Dialéctica
En cuando a la dialécitca como ontologia (tal como aparece en hegel), los antecedentes son
Heráclito, Proclo, Böhme y Fitche.
Segun F. Engels Es la concepción de que toda la naturaleza "se halla en un estado perenne
de nacimiento y muerte, en flujo constante, sujeto a incesantes cambios y movimientos"
Trotsky, definia la Dialéctica como una ciencia de las formas de nuestro pensamiento en la
medida en que no se reduce a los problemas diarios, sino que intenta llegar a una
comprensión de los procesos más complicados y complejos
Para el Hinduismo, la diversidad de cosas y eventos contradictorios que nos rodean, no son
sino diferentes manifestaciones del todo, llamado Brahman. Así, a los diversos aspectos de
lo Divino, dieron en la India antigua distintos nombres de variados dioses que no son más
que reflejos de una única realidad última, de manera que, por ejemplo, la fuerza destructora
y la fuerza creadora son dos manifestaciones de esa misma realidad.
Heráclito de Efeso formuló dos proposiciones que fueron incorporadas como pilares de la
estructura del pensamiento dialéctico: 1) todo fluye, todo está en movimiento y; 2) todo
está formado por opuestos que siempre están en estado de tensión dinámica, de manera que
cualquier forma determinada es el resultado del equilibrio entre fuerzas opuestas.
Uno de los primeros ejemplos de aplicación del método dialéctico lo ofrecen los Diálogos
del filósofo griego Platón, quien además reflexiona sobre el funcionamiento y el alcance de
este procedimiento.
todos los filósofos presocráticos habían escrito como profetas iluminados, sin pensar
siquiera en dar alguna prueba de la validez de sus puntos de vista. Una excepción
importante es Zenón de Elea, quien introduce en la filosofía la idea de refutar
racionalmente las teorías de sus adversarios, mostrando que conducen a paradojas. Este es
el antecedente del que parten Sócrates y Platón, el último de los cuales lleva la idea un paso
más lejos. Es notable que en el Parménides Platón haya utilizado el procedimiento de
preguntas comprometedoras, para poner a prueba teorías de su propia factura
(concretamente, la teoría metafísica de las Formas), convirtiéndose así en el primer filósofo
que practica la autocrítica. Tal vez Platón intenta mostrar así cuánto más le interesa la
búsqueda de la verdad, que la defensa de sus posiciones. En todo caso, la dialéctica (la
controversia, y más fundamentalmente, la exposición a la crítica) queda perfilada por él
como un procedimiento de investigación. A este gesto del clásico puede atribuirse el que la
filosofía sea hoy un campo de investigación académica, y no una rama de la mitología o de
la literatura fantástica.
Parece que a los Estoicos se debe el uso posterior (concretamente, medieval) del término,
con el que 'Dialéctica' pasa a referirse al conjunto de la Lógica, que por lo demás los
estoicos cultivaron como estudio del razonamiento deductivo (por tanto, monoléctico).
Junto con la Gramática y la Retórica, la Dialéctica constituye el Trivium medieval.
-Para INMANUEL KANT la sensibilidad tiene como formas a priori el espacio y el tiempo
y la razón humana tiene, también anteriores a toda experiencia, un conjunto de categorías
para concebir los objetos, siempre que haya fenómenos sobre los cuales ellas puedan
actuar. Cuando tal cosa no ocurre, como en el caso de los objetos denominados
"metafísicos", el entendimiento deriva en las llamadas antinomias, en las cuales puede
demostrarse como verdadera tanto una posición como la contraria, hay argumentos en favor
y en contra de las tesis y de sus respectivas antítesis. La solución no puede ser dogmática
sino crítica de la razón pura, distinguiendo la "cosa en sí" del mundo fenomenológico, que
no existe independientemente de nuestras representaciones.
-Para JOHANN GOTTLIEB FICHTE del yo, del sujeto se deriva todo y de acuerdo con los
principios lógicos de la identidad y negación, al afirmarse el yo engendra por oposición el
"no yo" y ambos están subordinados a un principio de unidad total. Así como el yo entra en
contradicción consigo mismo y posiciona el no yo, elimina esta oposición mediante la
limitación de ambos y fluye un proceso infinito y que se formula en la tríada dialéctica:
tesis, antítesis y síntesis. Este aplica el término dialéctica a su sistema filosófico y a su
lógica centrada en el devenir, la contradicción y el cambio, que sustituye los principios de
identidad y no contradicción, por los de la transformación incesante de las cosas y la unidad
de los contrarios. Hegel pensaba que la evolución de la Idea se produce a través de un
proceso dialéctico, es decir, un Concepto se enfrenta a su opuesto y como resultado de este
conflicto, se alza un tercero, la síntesis. La síntesis se encuentra más cargada de verdad que
los dos anteriores opuestos. La obra de Hegel se basa en la concepción idealista de una
mente universal que, a través de la evolución, aspira a llegar al más alto límite de
autoconciencia y de libertad.
-El filósofo alemán Karl Marx aplicaba el concepto de dialéctica a los procesos sociales y
económicos. El llamado Materialismo Dialéctico de Marx, con frecuencia considerado
como una revisión del sistema hegeliano. Este proponía una solución a un problema
generalizado de extremos económicos por medio de los tres conceptos: tesis, antítesis y
síntesis. La primera era la fuente del problema en este la propiedad del Capital concentrada
en la clase Burguesa. La segunda la clase Proletaria creadora del Valor con su Trabajo y
despojada de todo Medio de Producción. Estas dos darán como síntesis el Cominismo, la
propiedad social de los medios de producción.
El método del conocimiento no es una forma meramente exterior, sino que es alma y
concepto del contenido. Por lo que se refiere a la naturaleza del concepto el análisis es lo
primero, porque debe elevar la materia dada a la forma de abstracciones universales, las
cuales luego mediante el método sintético son puestas como definiciones. El análisis
resuelve el dato concreto, aísla sus diferencias y les da forma de universalidad o, deja lo
concreto como fundamento y por medio de la abstracción de las particularidades que
aparentan ser inesenciales, pone de relieve un universal concreto o la fuerza y la ley
general. Esta universalidad también es determinada mediante la síntesis del concepto en sus
formas, y en definiciones.
La actividad humana une lo subjetivo con lo objetivo. El fin subjetivo se vincula con la
objetividad exterior a él, a través de un medio que es la unidad de ambos, esto es la
actividad conforme al fin. Así, con sus herramientas el hombre posee poder sobre la
naturaleza exterior, aunque en lo que respecta a sus fines se encuentra con frecuencia
sometido a ella.
CAPITULO II:
La dialéctica materialista
La más simple e influyente formulación del materialismo dialectico se halla en Engels, que
creyó con ello no desviarse de Marx o, en todo caso, creyó completar a Marx. La
formulación de Engels se ha incorporado al Marxismo calificado de «ortodoxo». Esto no
quiere decir que sólo los marxistas «ortodoxos» sean materialistas dialécticos. Es posible
sostener el materialismo dialéctico dentro de formas de marxismo «no ortodoxo» –cuando
menos no ortodoxo respecto al marxismo ortodoxo aludido–. Ello puede ocurrir de varios
modos, entre los cuales sobresalen dos: como un intento de suplementar y sistematizar el
marxismo en forma distinta del conglomerado hoy tradicional «Marx-Engels-Lenin», o
«marxismo-leninismo»; o bien como una posibilidad para el futuro, cuando se haya
«absorbido» por completo la razón analítica y positiva que se supone caracteriza aún las
ciencias y éstas puedan constituirse dialécticamente, o materialística-dialécticamente.
Muchos autores después de Engels han seguido a este autor en el camino del materialismo
dialéctico, si bien han modificado éste de varios modos. Tal sucede con Lenin, con quien se
inicia una tradición de materialismo dialéctico llamada «marxista-leninista». Para él la
dialéctica es la doctrina del desarrollo en su forma más completa, profunda y libre de
unilateralidad, la doctrina acerca de lo relativo del conocimiento humano, que nos da un
reflejo de la materia en perpetuo desarrollo.
Lenin insistió inicialmente menos que Engels en la noción de «materia» como realidad
sometida a cambios de acuerdo con un proceso dialéctico, porque le interesaba defender el
realismo materialista contra el idealismo y el fenomenismo de los que seguían a autores
como Mach y Avenarius. En Materialismo y empiriocriticismo, de 1909, Lenin equiparó la
realidad material con la realidad del mundo real «externo», reflejado por la conciencia, la
cual «copia» este mundo mediante las percepciones. Éstas no son símbolos o cifras, sino
reflejos de «la realidad (material) misma». Esto no quiere decir que las percepciones, o las
sensaciones, describan el mundo real físico tal como éste es. El verdadero conocimiento de
este mundo es el conocimiento científico, pero la percepción no es incompatible con este
conocimiento. El materialismo dialéctico y la epistemología «realista» y «científica» que lo
acompaña es, según Lenin, la doctrina que debe adoptarse para luchar en favor del
comunismo. Esto parece convertir el materialismo dialéctico en una ideología cuya verdad
depende de la situación histórica. El materialismo dialéctico es, en suma, «partidista». Sin
embargo, este partidismo no puede equipararse al de las ideologías no proletarias y no
revolucionarias; si es una ideología, es una que contribuye a traer al mundo la «teoría
verdadera», que es la que corresponde a la sociedad sin clases.
En las discusiones entre los materialistas dialécticos ha surgido con frecuencia el problema
de si, y hasta qué punto, hay que destacar el aspecto materialista o el dialéctico. En escritos
posteriores al citado antes, y especialmente en los Cuadernos filosóficos (1915), Lenin
subrayó considerablemente el aspecto dialéctico y, con ello, lo que interpretó como el
verdadero método hegeliano, pero ello no equivale aún a dejar de lado el materialismo, sin
el cual se desembocaría en un idealismo:
"La dialéctica como conocimiento vivo, multilateral (con el número de aspectos siempre en
aumento), de innumerables matices en el modo de abordar, de aproximarse a la realidad
(con un sistema filosófico qué, de cada matiz, se desarrolla en un todo): he aquí el
contenido inconmensurablemente rico, en comparación con el materialismo 'metafísico',
cuya desgracia principal es la de no ser capaz de aplicar la dialéctica a la 'Teoría de
Reflejo', al proceso y desarrollo del conocimiento."
La Crítica de la razón dialéctica, del filósofo francés Jean-Paul Sarte, fue publicada en
1960 con el título original de Critique de la raison dialectique (précédé de Questions de
méthode).
En ella, Sartre se preguntaba cómo constituir una antropología estructural e histórica, que
no sacrifique la concreción del objeto estudiado en un sistema fijo de conceptos. Subrayaba
entonces que sólo la Antropologia marxista puede servir para tal propósito, pero con la
condición de que ésta se fundamente en la comprensión de lo humano que supone el
Existencialismo, la dialéctica fenomenológica del Ser y la Nada. Aunque el "ejercicio
dialéctico" entendido a la manera clásica, como aquello que pertenece a un debate o
controversia, no fue el objeto de su estudio, Sartre fue ante todo un polemista y un defensor
de la importancia de la confrontación de opiniones como condición del conocimiento y de
las transformaciones conscientes de la vida y la sociedad.
2.1.1. MaterialismoSer materialista, en general, significa afirmar que todo cuanto existe es
materia y, por tanto, negar que existan realidades propiamente espirituales. Ha habido y hay
muchos tipos de materialismo. De modo más inmediato, Marx también lo tomó de
Feuerbach, pero criticándolo. No resulta fácil saber con precisión qué entendía Marx por
materia. De hecho, como el mismo Feuerbach, Marx presenta una noción de materia
bastante ambigua y confusa: en ocasiones, parece afirmar la realidad de una materia
independiente del hombre; otras veces, afirma la identidad entre materia y «conciencia
sensible humana».A) El punto capital que define el materialismo marxista es, sin embargo,
el siguiente: la causa de todos los fenómenos históricos importantes no hay que buscarla en
las ideas e intenciones de los hombres, sino en la economía; es decir, en el modo en que se
producen los bienes materiales, en cómo se intercambian los productos, en la división en
clases que se originan de esa distribución y en las luchas entre las clases. En otros términos,
la base o infraestructura de la realidad es sólo material (lo económico), mientras que todo lo
demás (ideas, estructuras sociales y políticas, el Derecho, las Artes, etc.) son
superestructuras producidas por (y completamente dependientes de) la base material. Este
es el llamado principio del materialismo histórico, que es tanto un método de interpretación
de la historia, como el resultado de aplicarlo a la historia pasada y a la futura (para su
predicción científica).B) En cambio, se suele llamar materialismo dialéctico a la
interpretación marxista de los momentos particulares del conjunto explicado en líneas
generales por el materialismo histórico. Es decir, bajo el nombre de materialismo
dialéctico, se engloban muchas cosas: cuál es la relación entre sujeto cognoscente y objeto
conocido; cuál es la relación entre el hombre singular y la Naturaleza; cuál es la relación
entre hombre que trabaja y objeto de su trabajo; intentó también hacer un materialismo
dialéctico para la materia independiente del hombre (la «Dialéctica de la Naturaleza»). Para
el marxismo esas relaciones (sujeto-objeto, etc.) serían relaciones dialécticas. Sobre la
dialéctica trataremos a continuación. Baste señalar aquí, aunque resulta obvio, que como
cualquier otra forma de materialismo, el marxismo niega la existencia del espíritu humano
y de la vida después de la muerte.2.1.2. DialécticaLa palabra dialéctica, que antiguamente
significaba el arte del diálogo, fue tomando diversos sentidos a lo largo de la historia de la
filosofía. Modernamente, sobre todo a partir de Kant, tiene un significado muy diverso del
original. Marx tomó la dialéctica propia del idealismo de Hegel, introduciendo en ella
algunos cambios exigidos por el materialismo. Según Engels, la dialéctica marxista se
resume en tres leyes: la ley de la conversión de la cantidad en cualidad; la ley de la unidad
de los contrarios; la ley de la negación de la negación. No se trata de tres leyes
independientes, sino de tres aspectos de una misma dialéctica, que en su conjunto vendría a
ser como el movimiento a saltos —por tesis, antítesis y síntesis— en que consistiría la
totalidad del mundo. Por ejemplo, la burguesía (tesis) engendraría el proletariado
(antítesis), para originar, mediante la revolución, la dictadura del proletariado (síntesis).
Con frecuencia, sin embargo, la dialéctica marxista se reduce —como ya señaló Lenin— a
la segunda de esas leyes: la dialéctica sería, pues, «la doctrina de la unidad de los
opuestos». Así, por ejemplo, la «relación dialéctica» entre hombre y objeto de su trabajo
significaría que «el hombre se produce a sí mismo mediante el trabajo», es decir, que el
hombre hace el trabajo y el trabajo hace al hombre («identidad de los opuestos: causa y
efecto»).Tratándose de una cuestión especializada y particularmente contraria al sentido
común, no es posible aquí explicar con detalle la dialéctica; pero es interesante señalar al
menos algunos de sus principales aspectos y consecuencias:
B) La identidad entre teoría y praxis. Este es otro de los puntos más básicos del marxismo.
Según Marx, la cuestión sobre si al hombre le corresponde tener un conocimiento objetivo,
sería una cuestión sin sentido. Precisamente porque no hay «ser» sino «devenir», y el
«devenir» es «devenir humano», tampoco cabe hablar de «verdad» en sentido objetivo (ya
que la verdad es el mismo ser en cuanto inteligible). En consecuencia, para el marxismo, la
verdad no es algo ya dado ante el hombre y que éste deba conocer, sino que la verdad se
hace en la práctica. Por tanto, la teoría (conocimiento) tiene sólo sentido y valor como
proyecto de acción y, además, el mismo conocimiento —que sería el simple reflejo del
mundo en el cerebro del hombre— está mediado (condicionado, determinado) por la praxis
humana.
C) Negación del bien, de la justicia, etc. Si se piensa que no hay «ser», ni una verdad
objetiva y previa a la acción humana, si cada aspecto del mundo se convierte e identifica
con su contrario, resulta necesariamente que tampoco existe el bien ni, por tanto, la justicia,
ni ningún valor objetivo que el hombre deba reconocer y que deba procurar (efectivamente,
el bien es el ser en cuanto apetecible). Si a esto se une que, según Marx, no existe una
«esencia humana» estable, se llega a la conclusión de que no existe una ética o una moral
objetiva (de hecho, Marx y Engels afirman expresamente que «los comunistas no predican
ninguna moral»; y Marx explicaba que, con ocasión de la fundación de la Primera
Internacional Socialista, tuvo que utilizar los términos de libertad y de justicia porque no
podía evitarlo, «dada la estupidez» de sus colaboradores).
Conclusión
Después de ver conceptos, características, de la Dialéctica. Llegamos a una serie de
conclusiones que nos enseñaron que los seres humanos pueden tener cierto grado de
autoconocimiento de estas fases. Las diferentes culturas tratan estos asuntos de diversas
maneras. Muchas religiones y filosofías procuran dar un significado de la Dialéctica es el
tema central de gran cantidad de literatura, teatro, arte y ciencia.
Leer más:
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"La dialéctica es la ciencia de las concatenaciones, en contraste con la metafísica que trata
los fenómenos separados. La dialéctica pretende descubrir las incontables transiciones,
causas y efectos que actúan juntos en el universo. La primera tarea de un análisis dialéctico
es, por tanto, resaltar la necesaria conexión objetiva de todos los aspectos, fuerzas,
tendencias... de la esfera dada de un fenómeno. La dialéctica se acerca a un fenómeno dado
desde el punto de vista de su desarrollo, su propio movimiento y vida: cómo surge y cómo
muere; considerando también las contradictorias tendencias y aspectos internos de este
fenómeno.
Desde un punto de vista dialéctico todos los polos opuestos son parciales e incluso
inadecuados, incluyendo la contradicción entre verdad y error. En este sentido, el progreso
del conocimiento y la ciencia no se produce con la mera negación de teorías incorrectas.
Todas las teorías son relativas, abarcando un lado de la sociedad. Al principio se les
atribuye la validez y posibilidad de aplicación universal. Es verdad. Pero, al cabo de cierto
tiempo, se encuentran deficiencias en la teoría: No es aplicable a todas las circunstancias, se
encuentran excepciones a la regla general. Estas excepciones tienen que ser explicadas y,
de nuevo, en otro momento, se desarrollan nuevas teorías que puedan abarcar también las
excepciones. Pero las nuevas teorías no sólo niegan las viejas, sino que las incorporan a
ellas mismas bajo una nueva forma. Sólo podemos excluir las contradicciones si miramos
objetos faltos de vida, quietos o individualmente uno encima del otro, es decir,
metafísicamente. Pero tan pronto como consideramos las cosas en su movimiento y cambio,
en su vida, su interdependencia mutua y su interacción, nos encontramos con una serie de
contradicciones. El movimiento mismo es una contradicción. El cambio físico de un objeto
de lugar sólo tiene sentido si admitimos que ese cuerpo está en un lugar y al mismo tiempo
en otro lugar.
Con la vida pasa lo mismo. Es una contradicción entre "ser en cada momento uno mismo y
otro diferente" (Engels).
El ser vivo absorbe constantemente sustancias que le rodean, las asimila, y a la vez otras
partes del cuerpo se desintegran y son expulsadas del mismo. En el mundo de la naturaleza
orgánica ocurren también estas constantes transformaciones. Por ejemplo: una piedra se va
desintegrando bajo la presión de los elementos; como consecuencia de esto, podemos decir
que todas las cosas son constantemente ellas mismas y otras distintas en el mismo
momento. De todas formas, la negación en un sentido dialéctico no significa simplemente
decir que no, porque en el estadio anterior es a la vez vencida y preservada. Negación, en
este sentido, es a la vez un acto positivo y negativo.
La Dialéctica, por el contrario, separa dentro de esto que parecen repeticiones un desarrollo
actual de lo inferior a lo superior, una evolución en la cual una forma se puede repetir a si
misma, pero a un nivel superior, enriquecida por los desarrollos anteriores.
Esto se puede ver aún más claro en el proceso de desarrollo de las ideas humanas.ya
enseñaba como la filosofía se desarrollaba a través de contradicciones: una escuela del
pensamiento negando la otra, pero absorbiendo simultáneamente las viejas teorías dentro de
su propio sistema de pensamiento. Lo mismo pasa con el desarrollo de la ciencia. Los
alquimistas de la Edad Media intentaban encontrar la piedra filosofal que podría cambiar,
decían, los metales normales en oro. Debido al bajo nivel de las fuerzas productivas, y a la
falta de una verdadera técnica, estos tempranos intentos de transmutación de los elementos
eran en realidad una fantasía utópica. Pero, en el proceso de estos vanos intentos, los
alquimistas actuales descubrieron gran número de hechos válidos acerca del aparato
químico y experimental que más tarde sirvió de base a la química moderna.
Con el ascenso del capitalismo, la industria y la técnica, la química llegó a ser una ciencia
que rechazó estos intentos locos de transmutación de los elementos, que de esta manera
fueron negados y rechazados. Sin embargo, tod6 lo que de válido y científico tenían los
descubrimientos de la vieja- alquimia se guardaron en la nueva, que mantenía que los
elementos eran inmutables y no podían ser transformados el uno por el otro.
Leer más:
http://www.monografias.com/trabajos102/dialectica/dialectica2.shtml#ixzz5ERTCk6bm
Dialéctica
Enviado por Jairo
1. Dialéctica en filosofía
2. Materialismo dialéctico
3. Dialéctica erística
4. Historia de la dialectiva
No obstante, también la dialéctica puede ser vista en sentido peyorativo, por el uso
exagerado de sutilezas.
Dialéctica en filosofía
La dialéctica, como sistema filosófico, trata sobre el raciocinio y sus leyes, formas y modos
de expresión. Como fue dicho anteriormente, Platón fue el primero en usar la dialéctica la
cual señalo como técnica y método para responder algo, ya que a través de ella se puede
llegar a la verdad.
Por su parte Hegel, toma la dialéctica como un proceso constante y continuo para llegar a la
verdad, partiendo de un primer postulado (tesis), que luego será refutado (antítesis), para
llegar a una nueva idea o resultado (síntesis), que llevara nuevamente a una tesis, y así
sucesivamente siempre con la finalidad de buscar una respuesta certera al tema en debate.
Para Aristóteles, la dialéctica se identifica con un proceso racional, específicamente con la
lógica que desarrolla en el individuo la habilidad para argumentar, siendo aceptado por la
mayoría. En este sentido, Kant apoyo la teoría de Aristóteles, quien consideraba a la
dialéctica como una lógica de apariencias, basándose en principios subjetivos.
Materialismo dialéctico
El materialismo dialéctico es obra de Karl Marx (1818-1883) que indica que la realidad es
la materia en su carácter dinámico por lo tanto los cambios y la interacción son esenciales
para que se produzca diferentes procesos sociales y económicos que deben debatir entre la
lucha de elementos contradictorios, y de ese refutar entre ideas se expresa el movimiento
dialéctico.
Por otro lado, la dialéctica erística, es una expresión que describe a la obra no concluida de
Schopenhauer, pero publicada en el año 1831 por su amigo el filósofo Julius Frauenstädt,
conocida como "El arte de tener la razón" o "Como vencer un debate sin tener razón", que
señala 38 estrategias para ganar una discusión independientemente de tener la razón o no.
La erística , a partir de la antigua palabra griega Eris que significa " disputa " o " conflictos
" y techno, arte, procedimiento es el arte del conflicto y del debate. A menudo se refiere a
un tipo de argumentación que se centra en terminar con la disputa con éxito de un
argumento en lugar de acercarse a una realidad dada.
Historia de la dialectiva
Originariamente designaba un método de conversación o argumentación análogo a lo que
actualmente se llama lógica. En el siglo XVIIIel término adquirió un nuevo significado: la
teoría de los contrapuestos en las cosas o en los conceptos, así como la detección y
superación de estos contrapuestos. De manera más esquemática puede definirse la
dialéctica como el discurso en el que se contrapone una determinada concepción o
tradición, entendida como tesis, y la muestra de los problemas y contradicciones, entendida
como antítesis. De esta confrontación surge, en un tercer momento llamado síntesis, una
resolución o una nueva comprensión del problema. Este esquema general puede concretarse
como la contraposición entre concepto y cosa en la teoría del conocimiento, a la
contraposición entre los diferentes participantes en una discusión y a contraposiciones
reales en la naturaleza o en la sociedad, entre otras.
Hegel concibe la realidad como formada por opuestos que, en el conflicto inevitable que
surge, engendran nuevos conceptos que, en contacto con la realidad, entran en
contraposición siempre con algo. Este esquema es el que permite explicar el cambio
manteniendo la identidad de cada elemento, a pesar de que el conjunto haya cambiado.
Con el mismo proceder Karl Marx analizará la realidad social y, claramente en sus escritos
a partir de 1842, la entenderá como una realidad conflictiva debido a la contraposición de
intereses materiales incompatibles. Así dirá, en el Manifiesto comunista (1848), que "toda
la historia de la humanidad hasta ahora es la historia de la lucha de clases"; esto es: la
confrontación entre clases sociales es el motor del cambio histórico.
En el siglo XX el filósofo alemán Theodor W. Adorno titulará Dialéctica negativa (1966)
una de sus obras capitales. Esta obra se inicia con una afirmación provocativa: "La
formulación dialéctica negativa atenta contra la tradición". Se refiere Adorno a que en la
dialéctica de Platón o en la de Hegel el resultado del movimiento de contraposición es la
afirmación de algo, mientras que lo que él pretende es subrayar el carácter inconcluso de
cualquier momento del movimiento de contraposición, tanto a nivel social como cultural.
Leer más:
http://www.monografias.com/docs114/ladialectica/ladialectica.shtml#ixzz5ERTNQIoA
Partes: 1, 2
La capacidad de los seres humanos para pensar lógicamente es fruto de una prolongada
evolución social. Precede a la invención de la lógica formal en millones de años. Locke ya
expresó esta idea en el siglo XVII: "Dios no ha sido tan ahorrador con los hombres como
para hacerlos meras criaturas con dos patas y dejarle a Aristóteles la tarea de hacerlos
racionales". Detrás de la lógica, según Locke, hay "una capacidad ingenua de percibir la
coherencia o incoherencia de sus ideas".1
Las categorías de la lógica formal no caen del cielo. Han tomado forma en el curso del
desarrollo socio-histórico del género humano. Son generalizaciones elementales de la
realidad reflejadas en las mentes de las personas. Se deducen del hecho de que cualquier
objeto tiene ciertas cualidades que lo distinguen de los demás objetos; que cualquier cosa
mantiene cierta relación con otras cosas; que los objetos forman categorías más amplias, en
las que comparten propiedades específicas; que ciertos fenómenos provocan otros
fenómenos, etc.
Hasta cierto punto, como resaltó Trotsky, incluso los animales poseen la capacidad de
razonar y sacar ciertas conclusiones de una situación dada. En los mamíferos superiores,
especialmente los simios, esta capacidad está bastante desarrollada, como demuestran
sorprendentemente recientes investigaciones con chimpancés bonobos. Sin embargo,
aunque la capacidad de pensar racionalmente no es exclusiva de nuestra especie, no hay
duda de que al menos en esta pequeña esquina del universo el desarrollo del intelecto
humano ha alcanzado su punto más alto hasta el momento.
La abstracción es absolutamente necesaria. Sin ella el pensamiento sería imposible. La
cuestión es: ¿qué tipo de abstracción? Cuando hago abstracción de la realidad, me
concentro en determinados aspectos de un fenómeno da do y dejo de lado otros. Un buen
cartógrafo, por ejemplo, no es aquel que re produce cada detalle de cada casa, cada adoquín
de la calle y cada coche aparcado. Tal cantidad de detalles destruiría el objetivo del mapa,
que es el de proporcionar un esquema útil de una ciudad u otra área geográfica. De manera
parecida, el cerebro aprende desde muy temprano a ignorar ciertos sonidos y a concentrarse
en otros. Si no fuésemos capaces de hacerlo, la cantidad de información que llega a
nuestros oídos de todas partes colapsaría totalmente la mente. El propio lenguaje presupone
un alto nivel de abstracción.
Pero aquí tenemos una contradicción. No es posible llegar a una comprensión del mundo
concreto de la naturaleza sin recurrir primero a la abstracción. La palabra "abstracto" viene
del latín abstrahere, "traer de". Por un proceso de abstracción, tomamos en consideración
ciertos aspectos del objeto que pensamos que son importantes, dejando de lado otros. El
conocimiento abstracto es necesariamente unilateral porque expresa solamente una cara
particular del fenómeno en estudio, aislado de lo que determina la naturaleza específica del
todo. Así, las matemáticas tratan exclusivamente de relaciones cuantitativas. Ya que la
cantidad es un aspecto muy importante de la naturaleza, las abstracciones matemáticas han
demostrado ser una poderosa herramienta para indagar en sus secretos. Por esta razón, es
tentador olvidarse de su auténtico carácter y de sus limitaciones. Como todas las
abstracciones, siguen siendo unilaterales; si lo olvidamos es bajo nuestra entera
responsabilidad.
La naturaleza conoce tanto la cantidad como la calidad. Si queremos entender uno de sus
procesos fundamentales, es absolutamente necesario determinar la relación precisa entre
ambas y demostrar cómo, en un punto crítico, la una se convierte en la otra. Este es uno de
los conceptos más básicos del pensamiento dialéctico, en contraposición al pensamiento
meramente formal, y una de sus aportaciones más importantes a la ciencia. Sólo ahora se
empieza a comprender y valorar la visión profunda que proporciona este método, que fue
criticado durante mucho tiempo por "místico". El pensamiento abstracto unilateral, tal y
como se manifiesta en la lógica formal, le hizo un flaco favor a la ciencia "excomulgando"
la dialéctica. Pero los avances científicos demuestran que, en última instancia, el
pensamiento dialéctico está mucho más cerca de los procesos reales de la naturaleza que las
abstracciones lineales de la lógica formal.
Es necesario adquirir una comprensión concreta del objeto como un sistema integral, y no
como fragmentos aislados; con todas sus interconexiones necesarias, y no fuera de su
contexto, como una mariposa clavada en el panel de un coleccionista; en su vida y
movimiento, y no como algo estático y muerto. Este enfoque está en contradicción abierta
con las llamadas "leyes" de la lógica formal, la expresión más absoluta de pensamiento
dogmático que nunca se haya concebido, una especie de rigor mortis mental. Pero la
naturaleza vive y respira, y resiste tozudamente el acoso del pensamiento formal. A no es
igual a A. Las partículas subatómicas son y no son. Los procesos lineales terminan en caos.
El todo es mayor que la suma de sus partes. La cantidad se transforma en calidad. La propia
evolución no es un proceso gradual, sino que está interrumpida por saltos y catástrofes
repentinos. ¡Qué le vamos a hacer! Los hechos son los hechos.
Una de las principales características del pensamiento humano es que no se limita a lo que
es, sino que también trata de lo que debe ser. Estamos haciendo constantemente todo tipo
de asunciones lógicas sobre el mundo en que vivimos. Esta lógica no se aprende de los
libros, sino que es el producto de un largo proceso de evolución. Experimentos detallados
han demostrado que el bebé adquiere los rudimentos de la lógica a una edad muy temprana,
a través de la experiencia. Razonamos que si algo es cierto, entonces, otra cosa de la que no
tenemos evidencia inmediata también tiene que ser cierta. Procesos de pensamiento lógico
de este tipo tienen lugar millones de veces en nuestras horas de vigilia sin que ni siquiera
seamos conscientes de ello. Adquieren la fuerza de la costumbre, e incluso las acciones más
simples de la vida no serían posibles sin ellos.
La mayoría de la gente da por supuestas las reglas elementales del pensamiento. Son una
parte familiar de la vida y se reflejan en muchos refranes, como No se puede hacer una
tortilla sin romper los huevos, ¡una lección bastante importante! Llegados a cierto punto,
estas reglas se escribieron y sistematizaron. Ése es el origen de la lógica formal, que como
tantas otras cosas hay que atribuir a Aristóteles. Esto tuvo un enorme valor, ya que sin el
conocimiento de las normas elementales de la lógica el pensamiento corre el riesgo de
hacerse incoherente. Es necesario distinguir el blanco del negro y conocer la diferencia
entre una afirmación que es cierta y otra que es falsa. Por lo tanto el valor de la lógica
formal no está en discusión. El problema es que las categorías de la lógica formal,
deducidas de una cantidad de observaciones y experiencias bastante limitadas, realmente
sólo son válidas dentro de esos límites. De hecho, cubren una gran cantidad de fenómenos
de la vida cotidiana, pero son bastante inadecuadas para tratar con fenómenos más
complejos que impliquen movimiento, turbulencia, contradicción y cambio de cantidad en
calidad.
"La mayoría de las veces el razonamiento verbal trata aparentemente de "las cosas tal y
como son" —el mundo visto de manera estática, en un segmento del tiempo—. Y,
considerado de esta manera, el universo parece no contener ninguna incompatibilidad: las
cosas son tal como son. Ese objeto de allí es un árbol; esa taza es azul; ese hombre es más
alto que aquel. Por supuesto que estos estados de las cosas excluyen otras posibilidades
infinitas, pero, ¿cómo nos hacemos conscientes de ello? ¿Cómo surge en nuestra mente esta
idea de incompatibilidad? Desde luego, no directamente de nuestras impresiones de "las
cosas tal y como son".
"No nos quedamos sentados pasivamente esperando que el mundo estampe su "realidad" en
nosotros. En lugar de eso, tal y como ahora se reconoce amplia mente, conseguimos mucho
de nuestro conocimiento más básico a través de nuestras acciones".3
En los últimos años ha habido una sana reacción contra el reduccionismo mecánico,
contraponiéndole la necesidad de un punto de vista holístico de la ciencia. El término
holístico es desafortunado debido a sus connotaciones místicas. Sin embargo, al intentar ver
las cosas en sus movimientos e interconexiones, la teoría del caos sin duda se acerca a la
dialéctica. La relación real entre la lógica formal y la dialéctica es la que hay entre un tipo
de pensamiento que toma las cosas por separado y las observa por separado, y el que es
capaz de volver a unir las y hacerlas funcionar de nuevo. Si el pensamiento tiene que tener
una correspondencia con la realidad, debe ser capaz de comprenderla como un todo
viviente, con todas sus contradicciones.
Aristóteles fue el primero en escribir una explicación completa tanto de la dialéctica como
de la lógica formal como métodos de razonamiento. El objetivo de la lógica formal era
proporcionar un punto de referencia para distinguir argumentos válidos de los que no lo
eran. Esto lo hizo en forma de silogismos. Existen diferentes tipos de silogismos, que en
realidad son variaciones sobre el mismo tema.
a) Todos los hombres son mortales. (Premisa mayor) b) César es un hombre. (Premisa
menor) c) Por lo tanto, César es mortal. (Conclusión) Esto se denomina declaración
afirmativa categórica. Da la impresión de ser una secuencia lógica de argumentación en la
que cada estadio se deduce inexorablemente del anterior. Pero en realidad no es así porque
"César" ya está incluido en "todos los hombres". Kant, como Hegel, consideraba el
silogismo (esa "doctrina tediosa" como él la llamó) con desprecio. Para él no era "más que
un artificio"7 en el que las conclusiones ya se habían introducido subrepticiamente en las
premisas para dar una falsa apariencia de razonamiento.
Otro tipo de silogismo tiene forma condicional (si... entonces), por ejemplo: "Si un animal
es un tigre, entonces es carnívoro". Es otra forma de decir lo mismo que la declaración
afirmativa categórica, es decir, "todos los tigres son carnívoros". Lo mismo con respecto a
su forma negativa: "Si es un pez, no es un mamífero" es sólo otra manera de decir "ningún
pez es mamífero". La diferencia formal esconde el hecho de que realmente no hemos
avanzado un solo paso.
Lo que esto revela realmente son las conexiones internas entre las cosas no sólo en el
pensamiento, sino también en el mundo real. A y B están relacionadas de cierta manera con
C (el medio) y la premisa, por lo tanto están relacionadas entre sí en la conclusión. Con
gran perspicacia y profundidad, Hegel demostró que lo que el silogismo mostraba era la
relación de lo particular con lo universal. En otras palabras, que el silogismo en sí mismo es
un ejemplo de la unidad de contrarios, la contradicción por excelencia, y que en realidad
todas las cosas son un "silogismo".
La época de mayor esplendor del silogismo fue la Edad Media, cuando los escolásticos
dedicaban toda su vida a discusiones interminables sobre todo tipo de oscuras cuestiones
teológicas, como el sexo de los ángeles. Las construcciones laberínticas de la lógica formal
hacían parecer que estaban realmente inmersos en una discusión muy profunda, cuando en
realidad no estaban discutiendo nada. La razón de esto reside en la propia naturaleza de la
lógica formal. Como su nombre sugiere, se trata de la forma; el contenido no cuenta para
nada. Éste es precisa mente su principal defecto, su talón de Aquiles.
Al llegar el Renacimiento, un nuevo despertar del espíritu humano, la insatisfacción con la
lógica aristotélica era generalizada. Hubo una creciente reacción contra Aristóteles, que
realmente no era justa con este gran pensador, pero se debió a que la Iglesia Católica había
suprimido todo lo que valía la pena de su filosofía, conservando solamente una caricatura
inanimada. Para Aristóteles, el silogismo era sólo una parte del proceso de razonamiento, y
no necesariamente la más importante. Aristóteles también escribió sobre la dialéctica, pero
este aspecto fue olvidado. Se privó a la lógica de toda vida y se la convirtió, en palabras de
Hegel, en "los huesos sin vida de un esqueleto".
Hegel fue el primero en someter las leyes de la lógica formal a un análisis crítico completo.
Al hacerlo estaba completando el trabajo que Kant había empezado. Pero mientras que
Kant sólo mostró las deficiencias y contradicciones inherentes a la lógica tradicional, Hegel
fue mucho más allá, desarrollando un método totalmente diferente a la lógica, un método
dinámico que incluía el movimiento y la contradicción, que la lógica formal es incapaz de
tratar.
"Todos admitimos", escribió Engels, "que en todos los campos de la ciencia, tanto en las
naturales como en la histórica, hay que partir de los hechos dados, y por lo tanto, en las
ciencias naturales, de las distintas formas materiales y las di versas formas de movimiento
de la materia; que, por consiguiente, tampoco en las ciencias sociales hay que encajar las
interrelaciones en los hechos, sino que es preciso descubrirlas en ellos, y cuando se las
descubre, verificarlas, hasta donde sea posible, por medio de la experimentación".8
"Cuando tenemos razones para considerar un juicio como necesariamente universal (...)
también debemos considerarlo objetivo, es decir, que no exprese meramente una referencia
de nuestra percepción de un sujeto, sino una cualidad del objeto. Porque no habría ninguna
razón para que los juicios de otros hombres coincidiesen necesariamente con el mío, a no
ser la unidad del objeto al que todos ellos se refieren y con el que están de acuerdo; de aquí
que todos deban estar de acuerdo entre ellos".10
Esta idea fue posteriormente desarrollada por Hegel, desbrozando las ambigüedades de la
teoría del conocimiento y la lógica kantianas, y finalmente Marx y Engels la pusieron sobre
cimientos sólidos:
"Los esquemas lógicos no pueden referirse sino a formas de pensamiento; pero aquí no se
trata sino de las formas del ser, del mundo externo, y el pensamiento no puede jamás
obtener e inferir esas formas de sí mismo, sino sólo del mundo externo. Con lo que se
invierte enteramente la situación: los principios no son el punto de partida de la
investigación, sino su resultado final, y no se aplican a la naturaleza y a la historia humana,
sino que se abstraen de ellas; no son la naturaleza ni el reino del hombre los que se rigen
según los principios, sino que éstos son correctos en la medida en que concuerdan con la
naturaleza y con la historia".11
Los límites de la ley de la identidad Es sorprendente que las leyes básicas de la lógica
formal, elaboradas por Aristóteles, se hayan mantenido esencialmente inmutables durante
más de dos mil años. En ese período hemos presenciado un proceso continuo de cambio en
todas las esferas de la ciencia, la tecnología y el pensamiento. Y, sin embargo, los
científicos se han contentado con utilizar básicamente las mismas herramientas
metodológicas que utilizaban los escolásticos medievales en los días en que la ciencia
estaba todavía al nivel de la alquimia.
Trotsky dijo en una ocasión que la relación entre la lógica formal y la dialéctica era similar
a la relación entre las matemáticas elementales y superiores. Las unas no niegan a las otras
y siguen siendo válidas dentro de unos determinados límites. De manera parecida, las leyes
de Newton, que dominaron la ciencia durante cien años, demostraron ser falsas en el mundo
de las partículas subatómicas. Más correctamente, la mecánica clásica, criticada por Engels,
demostró ser unilateral y de aplicación limitada.
"La dialéctica", escribe Trotsky, "no es ficción ni misticismo, sino la ciencia de las formas
de nuestro pensamiento, en la medida en que éste no se limita a los problemas cotidianos de
la vida y trata de llegar a una comprensión de procesos más amplios y complicados".13
El método más común de la lógica formal es la deducción, que intenta establecer la verdad
de sus conclusiones a través de dos condiciones: la conclusión tiene que emanar de las
premisas y las premisas tienen que ser ciertas. Si se cumplen las dos, se dice que el
argumento es válido. Todo esto es muy reconfortante. Nos encontramos en el reino familiar
y seguro del sentido común: verdadero o falso, sí o no. Tenemos los pies firmemente en el
suelo. Parece que estamos en posesión de "la verdad, toda la verdad y nada más que la
verdad". No hay nada más que decir. ¿O sí? Estrictamente hablando, desde el punto de vista
de la lógica formal, es indiferente si las premisas son ciertas o no. En la medida en que la
conclusión se extraiga correctamente de sus premisas, se dice que la inferencia es
deductivamente válida. Lo importante es distinguir entre inferencias válidas y no válidas.
Así, desde el punto de vista de la lógica formal, la siguiente afirmación es deductiva mente
válida: "Todos los científicos tienen dos cabezas. Einstein era un científico. Por lo tanto,
Einstein tenía dos cabezas". La validez de la inferencia no depende del sujeto en lo más
mínimo. De esta manera la forma se eleva por encima del contenido.
Pero, ¿y si resultase que los axiomas básicos de la lógica formal fueran falsos? Entonces
estaríamos en la misma posición que cuando le dábamos al pobre Einstein una cabeza
adicional. ¿Es posible que sean defectuosas las leyes eternas de la lógica? Examinémoslo
más de cerca. Las leyes básicas de la lógica formal son:
1) Ley de la identidad ("A" = "A") 2) Ley de la contradicción ("A" no es igual a "no A") 3)
Ley del medio excluido ("A" no es igual a "B") A primera vista parecen eminentemente
sensatas. ¿Cómo se pueden poner en duda? Pero si las vemos más de cerca podemos
observar que están llenas de problemas y contradicciones de carácter filosófico. En Ciencia
de la Lógica, Hegel plantea un análisis exhaustivo de la ley de la identidad, demostrando
que es unilateral y, por tanto, incorrecta.
En primer lugar, hay que tener en cuenta que esa apariencia de una cadena de razonamiento
en la que necesariamente un paso sigue al otro es totalmente ilusoria. La ley de la
contradicción simplemente plantea la ley de la identidad de manera negativa. Y lo mismo
se puede decir de la ley del medio excluido. Todo lo que tenemos aquí es una repetición de
la primera ley de diferentes maneras. Todo se sustenta sobre la ley de la identidad (A = A).
A primera vista es incontrovertible y, por lo tanto, fuente de todo pensamiento racional. Es
la vaca sagrada de la lógica y no se puede poner en duda. Y sin embargo se puso en duda, y
por una de las mentes más grandes de todos los tiempos.
Todo lo que la ley de la identidad nos dice sobre algo es que es. No avanzamos un solo
paso más allá. Nos quedamos en el nivel de la abstracción general y vacía. No aprendemos
nada de la realidad concreta del objeto a estudiar, sus propiedades, sus relaciones. Un gato
es un gato, yo soy yo, tú eres tú, la naturaleza humana es la naturaleza humana, las cosas
son como son. Es evidente que estas afirmaciones son totalmente vacuas. Son la expresión
consumada del pensamiento formal, unilateral y dogmático.
Entonces, ¿la ley de la identidad no es válida? No del todo. Tiene sus aplicaciones, pero de
un alcance mucho más limitado de lo que se podría pensar. Las leyes de la lógica formal
pueden ser útiles para clarificar, analizar, etiquetar, catalogar, definir ciertos conceptos. Son
válidas para los fenómenos normales y simples de cada día. Pero cuando tratamos con
fenómenos más complejos, que implican movimiento, saltos bruscos, cambios cualitativos,
se vuelven totalmente inadecuadas. El siguiente extracto de Trotsky resume brillantemente
la línea argumental de Hegel sobre la ley de la identidad:
"Trataré aquí de esbozar lo esencial del problema en forma muy concisa. La lógica
aristotélica del silogismo simple parte de la premisa de que "A es igual a A". Este postulado
se acepta como axioma para una cantidad de acciones humanas prácticas y de
generalizaciones elementales. Pero en realidad "A no es igual a A". Esto es fácil de
demostrar si observamos estas dos letras bajo una lente: son completamente diferentes.
Pero, se podrá objetar, no se trata del tamaño o de la forma de las letras, dado que ellas son
solamente símbolos de cantidades iguales, por ejemplo de una libra de azúcar. La objeción
no es valedera; en realidad, una libra de azúcar nunca es igual a una libra de azúcar: una
balanza de precisión descubriría siempre la diferencia. Nuevamente se podría objetar: sin
embargo una libra de azúcar es igual a sí misma. Tampoco esto es verdad: todos los
cuerpos cambian constantemente de peso, color, etc. Nunca son iguales a sí mismos. Un
sofista contestará que una libra de azúcar es igual a sí misma un momento dado". Fuera del
valor práctico extremadamente dudoso de este "axioma", tampoco soporta una crítica
teórica. ¿Cómo concebimos realmente la palabra "momento"? Si se trata de un intervalo
infinitesimal de tiempo, entonces una libra de azúcar está sometida durante el transcurso de
ese "momento" a cambios inevitables. ¿O ese "momento" es una abstracción puramente
matemática, es decir, un tiempo cero? Pero todo existe en el tiempo y la existencia misma
es un proceso ininterrumpido de transformación; el tiempo es, en consecuencia, un
elemento fundamental de la existencia. De este modo, el axioma "A es igual a A" significa
que una cosa es igual a sí misma si no cambia, es decir, si no existe.
A primera vista, podría parecer que estas "sutilezas" son inútiles. En realidad, tienen
decisiva importancia. El axioma "A es igual a A" es a un mismo tiempo punto de partida de
todos nuestros conocimientos y punto de partida de todos los errores de nuestro
conocimiento. Sólo dentro de ciertos límites se lo puede utilizar con uniformidad. Si los
cambios cuantitativos que se producen en A carecen de importancia para la cuestión que
tenemos entre manos, entonces podemos presumir que "A es igual a A". Este es, por
ejemplo, el modo con que vendedor y comprador consideran una libra de azúcar. De la
misma manera consideramos la temperatura del Sol. Hasta hace poco considerábamos de la
misma manera el valor adquisitivo del dólar. Pero cuando los cambios cuantitativos
sobrepasan ciertos límites se convierten en cambios cualitativos. Una libra de azúcar
sometida a la acción del agua o del queroseno deja de ser una libra de azúcar. Un dólar en
manos de un presidente deja de ser un dólar. Determinar en el momento preciso el punto
crítico en el que la cantidad se trasforma en calidad, es una de las tareas más difíciles o
importantes en todas las esferas del conocimiento, incluida la sociología (...) Con respecto
al pensamiento vulgar, el pensamiento dialéctico está en la misma relación que una película
cinematográfica con una fotografía inmóvil. La película no invalida la fotografía inmóvil,
sino que combina una serie de ellas de acuerdo a las leyes del movimiento. La dialéctica no
niega el silogismo, sino que nos enseña a combinar los silogismos en forma tal que nos
lleve a una comprensión más certera de la realidad eternamente cambiante. Hegel, en su
Lógica, estableció una serie de leyes: cambio de cantidad en calidad, desarrollo a través de
las contradicciones, conflictos entre el contenido y la forma, interrupción de la continuidad,
cambio de posibilidad en inevitabilidad, etc., que son tan importantes para el pensamiento
teórico como el silogismo simple para las tareas más elementales".14
Lo mismo sucede con la ley del medio excluido, que plantea que es necesario afirmar o
negar, que una cosa tiene que ser blanca o negra, que tiene que estar viva o muerta, que
tiene que ser A o B. No puede ser dos cosas al mismo tiempo. En la vida cotidiana podemos
darla por buena. De hecho, sin esta afirmación, el pensamiento claro y consistente sería
imposible. Sin embargo, lo que parecen errores insignificantes en la teoría, más pronto o
más tarde se manifestarán en la práctica, a menudo con resultados desastrosos. De la misma
manera, una grieta del tamaño de un pelo en el ala de un avión puede parecer insignificante
y, de hecho, a pequeñas velocidades puede pasar inadvertida. Pero a gran des velocidades,
ese pequeño defecto puede provocar una catástrofe. En el Anti -Dühring, Engels explica las
deficiencias de la llamada ley del medio excluido:
"Para el metafísico, las cosas y sus imágenes mentales, los conceptos, son objetos de
investigación dados de una vez para siempre, aislados, uno tras otro y sin necesidad de
contemplar el otro, firmes, fijos y rígidos. El metafísico piensa según rudas
contraposiciones sin mediación: su lenguaje es "sí, sí" y "no, no", que todo lo que pasa de
eso del mal espíritu procede. Para él, toda cosa existe o no existe: una cosa no puede ser al
mismo tiempo ella misma y algo diverso. Lo positivo y lo negativo se excluyen lo uno a lo
otro de un modo absoluto; la causa y el efecto se encuentran del mismo modo en rígida
contraposición. Este modo de pensar nos resulta a primera vista muy plausible porque es el
del llamado sano sentido común. Pero el sano sentido común, por apreciable compañero
que sea en el doméstico dominio de sus cuatro paredes, experimenta asombrosas aventuras
en cuanto se arriesga por el ancho mundo de la investigación, y el modo metafísico de
pensar, aunque también está justificado y es hasta necesario en esos anchos territorios, de
diversa extensión según la naturaleza de la cosa, tropieza sin embargo siempre, antes o
después, con una barrera más allá de la cual se hace unilateral, limitado, abstracto, y se
pierde en irresolubles contradicciones, porque atendiendo a las cosas pierde su conexión,
atendiendo a su ser pierde su de venir y su perecer, atendiendo a su reposo se olvida de su
movimiento: porque los árboles no le dejan ver el bosque. Para casos cotidianos sabemos,
por ejemplo, y podemos decir con seguridad si un animal existe o no existe; pero si
llevamos a cabo una investigación más detallada, nos damos cuenta de que un asunto así es
a veces sumamente complicado, como saben muy bien, por ejemplo, los juristas que en
vano se han devanado los sesos por descubrir un límite racional a partir del cual la muerte
dada al niño en el seno materno sea homicidio; no menos imposible es precisar el momento
de la muerte, pues la fisiología enseña que la muerte no es un acaecimiento instantáneo y
dado de una vez, sino un proceso de mucha duración.
Del mismo modo es todo ser orgánico en cada momento el mismo y no lo es; en cada
momento está elaborando sustancia tomada de fuera y eliminando otra; en todo momento
mueren células de su cuerpo y se forman otras nuevas; tras un tiempo más o menos largo, la
materia de ese cuerpo se ha quedado completamente renovada, sustituida por otros átomos
de materia, de modo que todo ser organizado es al mismo tiempo él mismo y otro
diverso".15
La relación entre la dialéctica y la lógica formal se puede comparar con la relación entre las
mecánicas cuántica y clásica. No se contradicen, sino que se complementan. Las leyes de la
mecánica clásica siguen siendo válidas para una gran cantidad de operaciones, pero no
sirven para el mundo subatómico, con cantidades infinitesimalmente pequeñas y
velocidades tremendas. De manera parecida, Einstein no sustituyó a Newton, simplemente
puso al descubierto los límites más allá de los cuales no se podía aplicar el sistema
newtoniano.
La lógica y el mundo subatómico Otros filósofos que están muy lejos del punto de vista
dialéctico han compren dido las deficiencias de la lógica formal. La ciencia necesita un
marco filosófico que le permita valorar sus resultados y que guíe sus pasos a través de la
masa confusa de hechos y estadísticas, como el hilo de Ariadna en el Laberinto. Los
simples llamamientos al "sentido común" o a los "hechos" no son suficientes.
"No sabemos nada del mundo excepto lo que se nos da a través de la experiencia. Esto es
correcto si no se entiende la experiencia en el sentido de testimonio directo de nuestros
cinco sentidos individuales. Si reducimos la cuestión a la experiencia en el estrecho sentido
empírico, entonces nos es imposible llegar a ningún juicio sobre el origen de las especies o,
menos aún, sobre la formación de la corteza terrestre. Decir que la base de todo es la
experiencia significa decir mucho o no decir absolutamente nada. La experiencia es la
interrelación activa entre el sujeto y el objeto. Analizarla fuera de esta categoría, es decir,
fuera del medio material objetivo del investigador, que se le contrapone y que desde otro
punto de vista es parte de este medio, significa disolver la experiencia en una unidad
informe donde no hay ni objeto ni sujeto, sino sólo la mística fórmula de la experiencia. Un
"experimento" o "experiencia" de este tipo es propio sólo de un bebé en el útero de su
madre, pero desgraciadamente ese bebé no tiene la oportunidad de compartir las
conclusiones científicas de su experimento".16
Así, dos milenios y medio más tarde, el principio de Heráclito de que "todo fluye" resulta
ser cierto... literalmente. Aquí tenemos no sólo un estado de cambio y movimiento
incesantes, sino también un proceso de interconexión universal y la unidad y lucha de
contrarios. No sólo los electrones se condicionan los unos a los otros, sino que en realidad
se convierten los unos en los otros. ¡Qué lejos del universo idealista estático e inmutable de
Platón! ¿Cómo se fija la posición de un electrón? Observándolo.
¿Y cómo se determina su momento? Observándolo otra vez. Pero en ese lapso de tiempo,
incluso en uno infinitesimalmente pequeño, el electrón ha cambiado y ya no es lo que era.
Es otra cosa. Es a la vez una partícula (un punto, una "cosa") y una onda (un "proceso",
movimiento). Es y no es. El viejo método de blanco o negro de la lógica formal utilizado
por la mecánica clásica no puede dar resultados aquí debido al propio carácter del
fenómeno.
Lógica moderna En el siglo XIX se acometieron una serie de intentos de poner al día la
lógica (George Boyle, Ernst Schröder, Gottlob Frege, Bertrand Russell y Alfred North
Whitehead). Pero aparte de la introducción de símbolos y de una cierta puesta en orden, no
hubo un cambio real. Se han hecho afirmaciones grandilocuentes, por ejemplo por parte de
los filósofos lingüísticos, pero sin mucho fundamento. La semántica (que estudia la validez
de un argumento) se separó de la sintaxis (que estudia la deducibilidad y las conclusiones a
partir de los axiomas y premisas). Aunque supuestamente era algo nuevo, en realidad es
simplemente un pastiche de la vieja división, bien conocida por los antiguos griegos, entre
lógica y retórica. La lógica moderna se basa en las relaciones lógicas entre conjuntos de
enunciados. El centro de atención se ha desplazado desde el silogismo hacia los argumentos
hipotéticos y disyuntivos. Esto difícilmente se puede considerar un paso adelante que corte
el aliento. Se puede empezar por frases (juicios) en lugar de silogismos. Hegel lo hizo en su
Lógica. Más que una gran revolución en el pensamiento, es como volver a barajar los
naipes.
Utilizando una analogía inexacta con la física, el llamado "método atómico", desarrollado
por Russell y Wittgenstein (que más tarde lo repudió), intentaba dividir el lenguaje en
"átomos". Se supone que el átomo básico del lenguaje es la frase simple, a partir de la cual
se construyen las frases compuestas. Wittgenstein soñaba con desarrollar un "lenguaje
formal" para toda ciencia (física, biología, incluso psicología). Las frases se someten a un
"test de la verdad" basado en las viejas leyes de la identidad, la contradicción y el medio
excluido. En realidad, el método básico sigue siendo exactamente el mismo. El "valor
verdadero" es una cuestión de esto o aquello, sí o no, verdadero o falso. A la nueva lógica
se la denomina cálculo proposicional. Pero el hecho es que el sistema ni siquiera puede
tratar con argumentos que previamente podían ser estudiados por el silogismo más básico
(categórico).
a) p = p
b) p = ~p
c) pV = ~p
d) ~(p ~p)
Todo esto es muy bonito pero no es en absoluto diferente al contenido del silogismo. Es
más, la propia lógica simbólica no es una idea nueva. Alrededor de 1680, la fértil mente del
filósofo alemán Leibniz creó una lógica simbólica, aun que nunca la publicó.
La introducción de símbolos no nos hace avanzar ni un paso, por la simple razón de que,
antes o después, se tienen que transformar en palabras y conceptos. Tienen la ventaja de ser
una especie de atajo, más conveniente para cierto tipo de operaciones técnicas, ordenadores
y demás, pero el con tenido sigue siendo el mismo de antes. Todas estas florituras
matemáticas aturdidoras se acompañan de una jerga auténticamente bizantina que parece
haber sido diseñada deliberadamente para que la lógica sea inaccesible a los mortales de a
pie, de la misma manera que la casta sacerdotal en Egipto y Babilonia utilizaba palabras
secretas y símbolos ocultos para acaparar todo el conocimiento. La diferencia es que ellos
conocían cosas que valía la pena conocer, como los movimientos de los cuerpos celestes,
algo que no se puede decir de los lógicos modernos.
La triste realidad es que en el siglo XX la lógica formal ha llegado a su límite. Cada avance
de la ciencia le asesta un nuevo golpe. A pesar de todos los cambios formales, las leyes
básicas siguen siendo las mismas. Una cosa está clara. El desarrollo de la lógica formal en
los últimos cien años, primero con el cálculo proposicional, después con el cálculo
predicativo inferior, ha llevado el tema a tal punto de refinamiento que ya no es posible
seguir avanzando. Hemos llegado al sistema más completo de lógica formal, de tal manera
que cualquier nuevo añadido no aportará nada nuevo. La lógica formal ya ha dicho todo lo
que tenía que decir. A decir verdad, ya hace bastante tiempo que llegó a este punto.