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Camino a la Santidad en la Fe Cristiana

Este documento presenta un proyecto llamado "Proyecto Fiat" que busca promover el crecimiento personal a través de la reflexión. Incluye poemas y citas que aluden a temas como la búsqueda de la felicidad, la santidad vivida en la familia marianista, y una discusión sobre los malentendidos en torno a la noción de santidad. Finalmente, anima al lector a avanzar en su propio camino hacia la santidad.
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Camino a la Santidad en la Fe Cristiana

Este documento presenta un proyecto llamado "Proyecto Fiat" que busca promover el crecimiento personal a través de la reflexión. Incluye poemas y citas que aluden a temas como la búsqueda de la felicidad, la santidad vivida en la familia marianista, y una discusión sobre los malentendidos en torno a la noción de santidad. Finalmente, anima al lector a avanzar en su propio camino hacia la santidad.
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PROYECTO FIAT

Las cosas del creer


A su imagen
Aliados con María
Un solo corazón, una sola alma
Anunciaremos tu Reino
Una nube de testigos nos rodea

Ahora te toca a ti

SE207426
PROYECTO FIAT

Ahora
te toca a ti
Cuaderno de crecimiento personal
PUNTO DE PARTIDA

Uno de mi calle
Uno de mi calle me ha dicho que tiene un amigo que dice
conocer a un tipo que un día fue feliz.
Y me han dicho que dicen que dijo que se tropezó en la calle
con un sueño y se entretuvo y desde entonces no estuvo
para nada ni para nadie…
[…]
Y me han dicho que dicen que dijo que recreándose en la suerte
de ese sueño que atrapó, pegó un grito y se escuchó
por primera vez.
Era un hombre como cualquiera,
ignorado, desorientado, contaminado como cualquiera,
aburrido, desconocido y poco atrevido donde lo hubiera.
Y dicen que creció de tal modo que llegó a alcanzar las estrellas,
que se sonrío con razón como lo hacen los bobos sin ella.
Y uno de mi calle me ha dicho que han dicho las autoridades,
que pasó el peligro, que todo está bajo control,
que se trataba de un caso aislado,
pero no obstante recomiendan
que se tomen precauciones,
que quien lo prueba una vez
sueña con reincidir…

www.e-sm.net/207426_09

2
Con mucha ironía y sentido del humor y usando el tono de un chismorreo de
barrio, Joan Manuel Serrat alude en esta canción de su álbum En tránsito (1981)
a la búsqueda de la felicidad, tan central en el mundo actual (y el de siempre) y
a la vez tan frustrante… Sin duda alguna, cuando se le pregunta a la gran mayo-
ría de las personas si quieren ser felices, claramente dirán que sí. Pero las cifras
crecientes de suicidios (sobre todo entre los jóvenes) y la extensión de la depre-
sión (que es más pandemia del siglo xxi que el reciente Covid-19) nos hace ver
lo frágil que es la felicidad que podemos llegar a alcanzar.
Los cristianos hemos recibido del mismo Jesús su camino a la felicidad, es decir,
a vivir una vida plena y armónica como hijos de Dios. Se trata de las bienaventu-
ranzas, que no son mandamientos que hay que cumplir, sino promesas de felici-
dad llenas de paradoja: ¿Cómo y por qué pueden ser felices los pobres, los que
tienen hambre y sed de la justicia, los mansos? (ver Mt 5,3-12; Lc 6,20-23).
En latín dichoso o bienaventurado se dice beatus, una palabra tradicio-
nal para referirse a lo que llamamos santos, estén oficialmente cano-
nizados o no.
Desde finales del siglo xx contamos con varios miembros de la
Familia Marianista beatificados, es decir, oficial y públicamente
reconocidos como felices en Cristo, como Cristo y por Cristo.
Eso quiere decir que el carisma marianista es también un camino
de santidad y felicidad. El mismo beato Guillermo José insistía
una y otra vez en que su deseo era que la Familia de María diera
al mundo “el espectáculo de un pueblo de santos”.

Vamos a reflexionar cómo se concreta esta llamada a la


santidad en la Familia Marianista y a presentar algunos
ejemplos luminosos y concretos en la vida de un puñado de
hermanos y hermanas que forman parte de esa gran nube
de testigos que nos rodean (ver Heb 2,11). ¿Testigos de qué?
Testigos del amor de Dios y de su plan de salvación, capaces
de colmar una vida de una felicidad que nada del mundo
podría dar. Te animo a avanzar en la aventura de la santidad…

3
LEE Y REFLEXIONA

LA SANTIDAD:
ACLARANDO MALENTENDIDOS
Si preguntamos a mucha gente de la calle qué imagen tienen de un “santo” es
muy probable que tengan la referencia de alguien con una bondad excepcional
y heroica, un benefactor de la humanidad. Pero es posible también que ense-
guida se piense en una persona muy espiritual y rarita: tiene visiones, hace
milagros o le salen los estigmas de la pasión…

EN REALIDAD, LA EXPERIENCIA BÍBLICA


VA POR OTRO LADO. PARA EL ANTIGUO
TESTAMENTO, LA SANTIDAD, ANTE TODO,
ES UNA CARACTERÍSTICA PROPIA DE DIOS
Y EXPRESA SU ABSOLUTA TRASCENDENCIA.

Solo YHWH es santo, es decir, no manejable por el hombre, pero volcado por
amor hacia Israel, su pueblo elegido (ver Is 6,1-3; Sal 99 [98], 3.5.9). Por eso mismo,
porque elige de forma gratuita a Abrahán y su descendencia como pueblo exclu-
sivo suyo, la santidad de Dios se extiende al pueblo (ver Lv 11,45; 19,2):
“Seréis santos porque yo, vuestro Dios, soy santo”.
En la mentalidad primitiva de Israel esta santidad tiene mucho que ver con la
pureza ritual (no comer ciertos alimentos, evitar el contacto con la sangre u
objetos sagrados…), pero en los profetas, la santidad exigida al pueblo tiene una
fuerte carga ética: ser santo como el Dios de la alianza significa ser justo, evitar
las desigualdades sociales entre enriquecidos y empobrecidos, ser compasivo
y misericordioso (ver Is 1,3-4; 5,20-23; 31,1-3).
En época de Jesús estaba vigente una visión reductiva debida a los fariseos:
la santidad se entendía como el cumplimiento meticuloso de los mandamientos

4
de la Torá, entendida como
máxima expresión de la volun-
tad de YHWH y señal de elec-
ción de Israel como el (único)
pueblo santo de Dios.
Jesús, que se salta una y otra
vez la Ley de Moisés y desafía
al templo y la sinagoga, es sin
embargo confesado (¡por los
mismos demonios!) como el
Santo de Dios y también los
discípulos llegan a esa conclu-
sión tras ver sus signos y escu-
char sus palabras (ver Mc 1,24
y Jn 6,68). En Jesús, la santi-
dad no se identifica con cum-
plimiento de normas y rectitud
moral y de hecho; él reformula
el mandamiento del Antiguo
Testamento con la clave de la
compasión-misericordia (ver
Mt 5,48; Mc 4,24; Lc 6,36):
“Sed misericordiosos como
vuestro Padre celestial”.

PARA JESÚS, LA SANTIDAD NO ES PERFECCIÓN


MORAL NI CUMPLIMIENTO ESCRUPULOSO
DE NORMAS, SINO MISERICORDIA
Y COMPASIÓN COMO GUÍAS DE UNA VIDA
QUE SE ENTREGA POR AMOR.

Los primeros cristianos lo entendieron así. Pablo nos recuerda que Dios nos ha
llamado a ser, por medio de Cristo, santos e intachables en el amor y el autor de
la primera Carta de Pedro es así como relee la antigua llamada a la santidad (ver
Ef 1,4 y 1 Pe 1,13-16). Para el autor del Apocalipsis, santos son todos los seguido-
res del Cordero, que han sido marcados por Cristo en el bautismo. En la Iglesia
primitiva los santos no eran una élite de privilegiados, sino la vocación común de
todo bautizado (ver Ap 7,9-17; Col 1,2; Fil 1,1; Ef 1,1; 2 Cor 1,1).

5
LEE Y REFLEXIONA

La evolución posterior del concepto de santidad en el mundo cristiano ha sido


contradictoria. En un mundo de idolatría y culto al poder imperial, los primeros
cristianos considerados como ejemplos de santidad fueron los mártires, que
dan su vida violentamente, como Jesús mismo, por fidelidad al Reino de Dios.
A partir del siglo iv, en el que el Estado asume el cristianismo como religión
imperial, el modelo de santidad se traslada a confesores (sacerdotes y obispos),
doctores (teólogos y pensadores que ayudan a defender la fe verdadera frente
a las crecientes herejías) y monjes y monjas que renuncian a todo para entre-
garse a Dios en castidad, pobreza y obediencia como Jesús.
Se multiplican las hagiografías o vidas de santos que inciden en lo especta-
cular y excepcional de la presencia de Dios en estos hombres y mujeres. Es
curioso que en sus escritos autobiográficos, muchos de estos santos se entien-
den a sí mismos como pobres pecadores y de hecho algunos de ellos (Agustín
de Hipona es quizás el más conocido) llevaron gran parte de su vida un estilo
de vida inmoral, claramente pecaminoso e irregular.
Hasta el final de la Edad media no surge un proceso canónico para reconocer
a un determinado cristiano como santo. Francisco de Asís (muerto en 1226) fue
prácticamente canonizado por aclamación popular en 1230, por el impacto que
su vida de pobreza y fraternidad causó en la sociedad. El culto a los santos llegó
a tal abuso (tráfico de reliquias verdaderas o falsas, fanatismo y superstición)
que Lutero y muchos de los reformadores del siglo xvi rechazaron dar culto a
cristianos que, como todos, habían sido redimidos por el único Santo que es
Cristo. Este rechazo llegó incluso hasta María, la Virgen Madre de Jesús. Como
reacción del catolicismo a la defensiva, el Concilio de Trento (1545-1563), pro-
movió el culto a los santos y dio impulso a beatificaciones y canonizaciones para
dar al mundo del Barroco ejemplos apabullantes de santidad (Ignacio de Loyola,
Felipe Neri, Teresa de Jesús). Lo que mucha gente no sabe es que también
Trento impulsó un grupo de expertos jesuitas (los bolandistas) que, desde el
siglo xvii, han revisado el santoral, expurgando muchos santos que o no existie-
ron de verdad o cuya historia ha sido deformada con leyendas llenas de fanta-
sía y exageraciones.
Llama la atención que la gran mayoría de los santos oficiales cuya fiesta cele-
bramos en el calendario sean clérigos (papas, obispos, sacerdotes), religiosos y
religiosas. Eso ha generado un difuso convencimiento de que la vida seglar no es
un buen camino para la santidad. Pensar así es claramente falso. Muchos de los
antiguos mártires eran seglares casados y con hijos. Isidro y María de la Cabeza
en Madrid, Fernando de Castilla, Luis de Francia, Isabel de Hungría, Tomás Moro…
eran seglares casados y algunos de ellos en altas posiciones sociales. Uno de los

6
empeños de san Juan Pablo II fue beatificar y canonizar a cristianos que dieron
el mayor testimonio de fe desde su entrega en el matrimonio o el trabajo. Médi-
cos como Giuseppe Moscati o Gianna Beretta Molla, políticos como el peruano
Manuel Morales o el indígena mejicano Juan Diego llegaron a los altares sin haber
sido religiosos ni sacerdotes. Tanto Benedicto XVI como Francisco han seguido
en esta línea, incluso proponiendo como modelos de santidad a jóvenes y ado-
lescentes como el universitario Pier Giorgio Frassati, el quinceañero Carlo Acutis
(ver en foto superior) o el mártir mejicano de 14 años José Sánchez del Río.
De hecho, la llamada universal a la santidad fue solemnemente proclamada en
el Concilio Vaticano II dedicándole todo el capítulo V de la constitución dogmática
sobre la Iglesia Lumen gentium (LG 39-42). La santidad no es el resultado de un
perfeccionamiento moral exigente y voluntarista (¡cuánta autorreferencialidad y
narcisismo puede esconder esta actitud!), sino de la acogida de la gracia de Dios,
que va llevando a cada creyente, a menudo por caminos tortuosos o sorpren-
dentes, a la entrega de la propia vida por amor. La vita beata de los santos y la
nuestra no se diferencian: es la vida ordinaria vivida desde el amor extraordinario
de Dios. Por eso los santos, canonizados o no, son tan distintos: grandes sabios
y campesinos casi analfabetos, reinas y amas de casa, mártires y religiosos de
clausura, personajes muy mediáticos y ciudadanos casi desconocidos… En todo
cristiano puede prender el fuego del doble amor al prójimo y a Dios, fuego que
se encendió en la vela de nuestro Bautismo…

7
LEE Y REFLEXIONA

LOS SANTOS
DE LA PUERTA DE AL LADO
Todos los años hay una fiesta fascinante actualmente semioculta tras la para-
fernalia pagana del Halloween anglosajón: “Todos los Santos”. Cada 1 de noviem-
bre y con gran acierto, la Iglesia festeja y se alegra por los innumerables testi-
monios de santidad de vida a lo largo de los más de 2000 años de camino… y
en el mundo actual.
Al religioso José María Salaverri, él mismo un modelo de santidad en la Fami-
lia Marianista, era una fiesta que entusiasmaba particularmente porque le
recordaba el deseo de Chaminade de “ofrecer al mundo el espectáculo de un
pueblo de santos”. Lo contrario de esa santidad del 1 noviembre no es el pecado
(muchos santos han sido y se han considerado imperfectos, falibles y pecado-
res), sino la mediocridad, el quedarse a medias, por cobardía, falta de genero-
sidad, conformismo o comodidad, en el exigente camino del amor cristiano.
Chaminade se lo decía claramente a Adela de Trenquélleon (Carta 98, 10 junio
1818):
“Siempre vuelvo al principio fundamental:
que la comunidad marche bien, que las religiosas se formen,
maduren, se santifiquen.
Con religiosas santas conseguiremos todo,
con religiosas corrientes, imperfectas, casi nada”.
Hay una profunda coincidencia entre el punto de vista chaminadiano sobre
la santidad y las intuiciones que ha presentado el papa Francisco en la exhor-
tación apostólica Gaudete et exsultate sobre la llamada a la santidad en el
mundo actual (19 marzo 2018).
Invito al lector a leer y disfrutar esta pequeña joya del papa argentino y me
limito aquí a señalar algunas ideas importantes:

CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN
Tanto Chaminade como Francisco formulan la santidad como algo
posible siendo contemplativos en la acción. Un deseo de santidad que
nos retire de la acción misionera puede ser engañoso y falso (ver GE
25-26), pero un elemento central de la santidad es la dedicación humilde
y perseverante a la oración en todas sus variantes, desde la intercesión
hasta el silencio contemplativo (ver GE 147-157).

8
LA SANTIDAD ARRAIGADA EN EL CORAZÓN DEL EVANGELIO,
LAS BIENAVENTURANZAS
Francisco las va desgranando en GE 65-112 y va construyendo una
especie de letanía:
“Ser pobre en el corazón, esto es santidad; reaccionar con humilde
mansedumbre, esto es santidad; saber llorar con los demás, esto es
santidad; buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad; mirar
y actuar con misericordia, esto es santidad; mantener el corazón lim-
pio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad; sembrar paz a
nuestro alrededor, esto es santidad; aceptar cada día el camino del
Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad”.

DOS PELIGROS
Con gran finura espiritual, Francisco alerta ante dos enemigos actuales
de la santidad, que no son precisamente la inmoralidad o la lujuria. El
gnosticismo entiende la perfección cristiana como una adquisición
intelectual reservada a los más dotados o inteligentes. El pelagianismo
la entiende como fruto del esfuerzo de la voluntad. Ni una ni otra ten-
tación captan la dinámica del don. La santidad es la humilde respuesta
al don de la gracia en la que el creyente pierde su vida para ganarla con
los ojos fijos en Jesús y solo en él (ver GE 36-64).

CARACTERÍSTICAS TÍPICAS DE LA SANTIDAD


DEL SIGLO XXI
Aguante y paciencia, sentido del humor, audacia, vivencia comunitaria
y constancia en la oración (ver GE 112-157). Chaminade y la primera
generación marianista de seglares y religiosos las asumirían al 100 %.

EL DISCERNIMIENTO
El papa Bergoglio es jesuita y, como buen hijo de san Ignacio, incluye
como un factor decisivo del camino de santidad el discernimiento (ver
GE 166-177), entendido más como un don espiritual que como una
técnica. Chaminade, a quien lo ignaciano le llega por su hermano
Jean-Baptiste, se mueve en esa misma órbita y hace de la paciente y
lenta búsqueda de la voluntad de Dios un medio de santificación para
sí mismo y para los demás.

9
LEE Y REFLEXIONA

Quizá la expresión que más ha calado en las redes sociales de toda la exhor-
tación apostólica es la vívida descripción de lo que Francisco llama “la santidad
de la puerta de al lado” (GE 7), esa santidad cotidiana del 1 de noviembre. Merece
la pena citar textualmente un párrafo que no tiene desperdicio (GE 16):
“Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo
con pequeños gestos. Por ejemplo: una señora va al mercado
a hacer las compras, encuentra a una vecina y comienza a hablar,
y vienen las críticas. Pero esta mujer dice en su interior:
«No, no hablaré mal de nadie». Este es un paso en la santidad.
Luego, en casa, su hijo le pide conversar acerca de sus fantasías,
y aunque esté cansada se sienta a su lado y escucha
con paciencia y afecto. Esa es otra ofrenda que santifica.
Luego vive un momento de angustia, pero recuerda
el amor de la Virgen María, toma el rosario y reza con fe.
Ese es otro camino de santidad. Luego va por la calle,
encuentra a un pobre y se detiene a conversar con él
con cariño. Ese es otro paso”.
Es ese el tipo de santidad a la que invita Chaminade y la espiritualidad maria-
nista. Una santidad de lo cotidiano, aunque no faltan en nuestra familia ejemplos
de radicalidad cristiana llevada hasta el heroísmo.

PAUTAS PARA REFLEXIONAR

¿ Te sientes invitado a vivir así? ¿Entiendes la santidad como perfección moral


(“ser muy bueno”) o puro perfeccionismo voluntarista?
¿Captas a tu alrededor, incluso dentro de la Iglesia, manifestaciones de ese
gnosticismo y ese pelagianismo del que habla el papa Francisco?
¿Cuál de las bienaventuranzas de Jesús tocan más tu corazón?
¿Por qué?
¿Crees que vives con felicidad tu proyecto cristiano?
¿Qué es lo que más te ayuda?
¿Te atrae la vida y el ejemplo de algún santo del pasado o del presente?
¿Por qué?
¿Tienes a tu alrededor algún ejemplo de esa “santidad de la puerta de al lado”?

10
MODELOS MARIANISTAS
DE SANTIDAD: FUNDADORES
Hubo que esperar a 1995 para que la Iglesia reconociera oficialmente como
beatos a los primeros miembros de la Familia Marianista. Eso no significa, ni
mucho menos, que antes de esa fecha no hubiera mucha santidad en nuestra
familia. Al hacerlo de forma oficial y pública, la Iglesia certifica de forma solemne
que la espiritualidad marianista es un camino de santidad como lo es la ignaciana,
la carmelitana o la benedictina. Hay tantas formas de vivir el camino marianista
como miembros ha habido, hay y habrá en nuestra familia, pero podemos dis-
tinguir diversos carismas que crean tres o cuatro grandes grupos de santos (o
en camino de la proclamación de santidad).

11
LEE Y REFLEXIONA

El primer gran modelo (aunque cronológicamente no fueron las primeras


beatificaciones) corresponde a los fundadores. El carisma de un fundador de
una familia espiritual es un carisma de liderazgo espiritual, de discernimiento y
de contagio a un primer grupo de seguidores. Nuestros fundadores, como en
otras familias eclesiales son padres y madres espirituales que encarnan en
primera persona un estilo particular de vivir el seguimiento de Cristo, de servir
a la humanidad y de construir el Reino. Con respecto a cada miembro de la
Familia Marianista podrían decir lo mismo que Pablo decía a los cristianos de
Corintio o Tesalónica (ver 1 Cor 4,15 o 1 Tes 2,5-12):
“Por medio del evangelio soy yo quien os ha engendrado para Cristo
Jesús… Lo mismo que un padre a sus hijos, os exhortábamos […]
a llevar una vida digna de Dios que os ha llamado”.
Viviendo esta paternidad/maternidad espiritual, los fundadores marianistas
(cada uno a su manera) han vivido la plenitud del amor, han recorrido el camino
de las bienaventuranzas y han dejado un testimonio imperecedero del valor del
carisma marianista. No es este lugar de hacer biografías detalladas de cada uno
(ver pp. 44-45), sino de esbozar algunos rasgos de su camino de santidad.

PROFETA EN TIEMPOS DE CAMBIO:


BEATO GUILLERMO JOSÉ CHAMINADE
El 3 de septiembre de 2000, en el incomparable contexto del Jubileo, el papa
Juan Pablo II beatificó a Guillermo José Chaminade (Perigeux 1761-Burdeos
1850). Merece la pena transcribir las palabras de la homilía dedicadas al iniciador
de la Familia Marianista:
La beatificación, durante el Año jubilar, de Guillermo José Chaminade,
fundador de los Marianistas, recuerda a los fieles que deben inventar
sin cesar modos nuevos de ser testigos de la fe, sobre todo para llegar
a quienes se hallan alejados de la Iglesia y carecen de los medios
habituales para conocer a Cristo. Guillermo José Chaminade invita
a cada cristiano a arraigarse en su Bautismo, que lo conforma al Señor
Jesús y le comunica el Espíritu Santo.
El amor del padre Chaminade a Cristo, que se inscribe en
la espiritualidad de la escuela francesa, lo impulsó a proseguir
incansablemente su obra mediante la fundación de familias espirituales,
en un periodo agitado de la historia religiosa de Francia. Su devoción
filial a María le ayudó a mantener la paz interior en todas
las circunstancias y a cumplir la voluntad de Cristo. Su solicitud por

12
la educación humana, moral y religiosa es una invitación
a toda la Iglesia a prestar una atención renovada
a la juventud, que necesita a la vez educadores
y testigos para volverse al Señor y participar en la misión
de la Iglesia. [Texto completo en QR]. www.e-sm.net/207426_10
Hace unos años, un folleto de “Con Él” dedicado a Chaminade y escrito por
Enrique Aguilera SM lo llamaba “Profeta en tiempos de cambio”. Otro folleto
más reciente de Joseph Stefanelli SM lo titula “Soñador de futuros”. Profeta y
soñador son epítetos que casan muy bien a un gran hombre de fe, que en medio
de un cambio histórico sin precedentes, supo captar los aires nuevos del Espí-
ritu y conectar con los núcleos fuertes del Evangelio (interioridad, comunidad,
sentido misionero, inspiración mariana) para presentar una propuesta de ree-
vangelización de Francia y el mundo entero.

13
LEE Y REFLEXIONA

Probablemente, Chaminade no hubiera pasado de ser un piadoso sacerdote


del Antiguo régimen sin el impacto de la Revolución francesa. Desde 1790 (Cons-
titución civil del Clero), Chaminade toma partido por la fidelidad a la Iglesia de
Roma y desarrolla un valiente ministerio clandestino en el que muchas veces se
jugó la vida. El destierro en Zaragoza, entre 1797 y 1800, es ocasión providencial
para encontrarse con María en el santuario del Pilar y, bajo su amparo y protec-
ción, pergeñar y soñar un proyecto de evangelización con medios y protagonis-
tas nuevos. Al volver de Francia, solicita el título pontificio de Misionero Apos-
tólico y en 1800 pone en marcha en Burdeos la Congregación de la Inmaculada,
movimiento de jóvenes que se reúnen en comunidades fervientes, misioneras y
consagradas a María. Pronto el movimiento congregacional se expande por todo
el Midi francés y se extiende a hombres y mujeres adultos e incluso a sacerdotes.
Renunciando a la parroquia como centro evangelizador, Chaminade convierte
la pequeña capilla de la Madeleine (ver foto superior), en un poderoso y atrac-
tivo centro de evangelización y misión que atrajo las envidias del clero diocesano
o las suspicacias del Imperio de Napoleón.

14
CADA CONTRATIEMPO ES PARA CHAMINADE
UN KAIRÓS, UNA OPORTUNIDAD DADA
POR EL ESPÍRITU PARA CRECER.

Cuando Napoleón disuelve las congregaciones, algunos congregantes se


consagran en secreto al Señor y a María por votos privados. El Estado que surge
es un anticipo de los institutos seculares del siglo xx. Uno de los congregantes
más activos Hyacinthe Lafon, pone en contacto a Chaminade con la jovencísima
Adela de Trenquelléon, que en la zona de Agen ha creado una red de comuni-
dades llamadas la Pequeña Asociación. Este encuentro va a ser decisivo en la
vida de ambos.
Pronto Adela toma a Chaminade como guía espiritual y en 1814 le confía “su
querido proyecto”: consagrarse a Dios en la vida religiosa. Chaminade ve de
nuevo un movimiento del Espíritu y en mayo de 1816 pone en marcha con Adela
y un pequeño grupo de amigas la primera congregación religiosa marianista:
las Hijas de María.
Mientras tanto, un nuevo impulso del espíritu mueve a Chaminade al siguiente
paso. Como consecuencia de la Misión diocesana de Burdeos, el joven estudiante
de medicina Jean Baptiste Lalanne se ofrece a comienzos de mayo de 1817 a
Chaminade para ser “el hombre que no muera”, consagrado de forma estable
y pública a la misión de María a ejemplo del fundador.
Junto con otros miembros de la congregación y el Estado en octubre 1817
se reúne la primera comunidad de la Compañía de María en Burdeos.
Entre 1817 y 1840, tanto las Hijas de María como la Compañía crecen de forma
exponencial. Desde el comienzo se afirma la universalidad de la misión, pero pronto
se decantan dos grandes áreas misioneras: la animación de congregaciones de
seglares (permitidas de nuevo en la restauración borbónica) y la educación, como
medio de regenerar el tejido católico de Francia. Son años de maduración y
estructuración de los institutos religiosos en los que Chaminade ejerce su pater-
nidad espiritual tanto con numerosos textos normativos (Constituciones, Regla-
mentos…) como con una intensa correspondencia con muchos de sus hijos e hijas
que reconocen en él un auténtico “hombre de Dios”. Un fruto maduro de esta
época será la insuperable “Carta a los Predicadores de Retiros” (24 agosto 1839),
quizá la expresión más depurada de la espiritualidad marianista.
Desde 1840 hasta su muerte, al anciano Chaminade le toca recorrer de nuevo
el camino de la cruz. En un acto de prudencia, dimite como Superior General
de la Compañía para facilitar unos litigios. Algunos de sus colaboradores, con

15
LEE Y REFLEXIONA

Narcise Roussel a la cabeza, aprovechan para quitarlo de en medio y le acusan


de obstruccionismo, deslealtad a los obispos e incapacidad de gobierno, lle-
gando al arresto domiciliario en la Magdalena y el aislamiento con respecto a
los religiosos y religiosas marianistas.
Vejado, despreciado y calumniado, Chaminade no cede en reclamar sus dere-
chos como fundador ante obispos y papas y sobre todo no deja de dar testi-
monio profético de coherencia, fidelidad y entrega. En ese tira y afloja le sobre-
viene la muerte el 22 de enero de 1850. Monseñor Donnet, arzobispo de Burdeos
exclama cuando le llega la noticia: “Ha muerto un santo”. La ruptura con sus
hijos marianistas se hace patente en su tumba: es enterrado como Canónigo
honorario de la catedral de Burdeos en el cementerio de la Cartuja y no en un
panteón de la Compañía. Pronto su tumba empieza a recibir homenajes y ora-
ciones de la gente sencilla.
Hay que esperar a 1870 para que Joseph Simler SM y Charles Klobb SM hagan
la primera investigación histórica sobre Chaminade cara a su proceso de bea-
tificación, que desemboca en la primera biografía oficial (1901). Sin embargo, la
presentación que Simler hace de los últimos años del fundador, tergiversada y
manipulada por Roussel y Caillet, levanta suspicacias en Roma, que paraliza el
proceso. Será la publicación del monumental trabajo de Vincent Vasey sobre
los últimos años de Chaminade (1967) la que desbloquee el proceso. Pablo VI
lo declara venerable en 1973 y, como hemos visto, Juan Pablo II lo beatifica en
2000.

SU FUERTE IMPULSO MISIONERO le llevó a nuevas formas


de evangelización movido por un ardiente deseo de que Jesús
EN EL y María fueran conocidos, amados y servidos.
CAMINO DE
UN FUERTE AMOR A LA IGLESIA le lleva a querer renovarla
SANTIDAD DE
con comunidades de fe fraternales e igualitarias.
CHAMINADE
UNA PROFUNDA FE DEL CORAZÓN le lleva a contagiar la fe
DESTACAN
con palabras y obras.
VARIAS
NOTAS: UNA RENOVADA VISIÓN DE MARÍA le lleva a vivir y proponer
la Alianza misionera con la Madre como culmen y expresión de
la consagración bautismal.
MAESTRO DE ORACIÓN en un tiempo de racionalismo, nos sigue
enseñando hoy que “lo esencial es lo interior”.

16
MUJER DE DIOS Y DEL MUNDO:
BEATA ADELA DE BATZ
DE TRENQUELLÉON
Comparada con la trayectoria de santidad de Chami-
nade y su talla heroica, la de Adela de Batz de Tren-
quelleón (Trenquelleón 1789–Agen 1828) tiene un
tono más entrañable, femenino y doméstico, lleno de
detalles profundamente humanos y conmovedores.
Nacida en el seno de una familia de la aristocracia
rural del sudeste francés el mismo año que empieza la
Revolución, la infancia de Adela queda marcada por
ella.
En los vendavales revolucionarios, su padre,
militar monárquico, es exiliado a Gran Bretaña.
Tras asaltos e intentos de confiscación del
castillo familiar, Adela debe marchar al exi-
lio en 1797, primero a Tolosa en España y
más tarde a Bragança en Portugal. El
desarraigo y el exilio hacen mella en la
jovencísima Adela, que ya en San
Sebastián y con ocasión de su Pri-
mera Comunión, siente una incon-
fundible llamada a la vida religiosa
como carmelita. Son años duros
que maduran en Adela una firmeza
de carácter y un profundo espíritu
de fe inspirados en su madre, la
baronesa Ursule de Peyron-
necq.
Vuelta a Trenquelléon en
1801, la joven Adela se ini-
cia en una vida espiritual
exigente, centrada en la
oración, la Eucaristía y
la atención a los pobres
campesinos del
entorno. Siguiendo
los pasos de su

17
LEE Y REFLEXIONA

madre y con la ayuda del exsacerdote Ducourneau, preceptor de su hermano


Charles, va creciendo como mujer y sigue dándole vueltas a la vocación al Car-
melo. Con ocasión de su Confirmación en 1803 conoce a Agathe Diché y comienza
con ella y su hermana Jeanne una intensa amistad espiritual a través de nume-
rosas cartas, visitas y encuentros. El temperamento fogoso de Adela le lleva a
poner en marcha en 1804 (con solo quince años) una Asociación Cristiana para
damas jóvenes. Adela contagia entusiasmo y pronto las asociadas son varias
docenas conectadas por las frecuentes cartas de su líder. En este contexto, le
toca a Adela rechazar un ventajoso matrimonio, porque en su corazón late el
deseo de entregarlo todo por Jesús. Si no es en el Carmelo, será de otra manera.
En 1808 surge el contacto entre Adela y Chaminade, que ya lleva años diri-
giendo la Congregación en Burdeos. El contraste entre ellos es grande: Adela
es joven y entusiasta; Chaminade es un hombre maduro y reflexivo, pero en los
dos late el fuego de contagiar a otros la necesidad de una vida cristiana radical
y entregada. En 1814 Adela confía a Chaminade su “querido proyecto” de con-
sagración. Después de mil vericuetos y contratiempos, en mayo de 1816, Adela
y seis compañeras de la Asociación fundan las Hijas de María en el Refugio de
Agen. Para iniciar a Adela y las primeras marianistas en sus primeros pasos en
la vida religiosa, Chaminade las visita con frecuencia y pone a su lado a Teresa
de Lamourous.
Desde este momento hasta su temprana muerte por tuberculosis, la vida de
Adela (que toma el nombre de sor María de la Concepción) se centra en la ani-
mación y expansión de las Hijas de María, cuyas casas se sitúan tanto en el Midi
(Condom) como en el lejano Franco Condado (Arbois) e incluso Córcega. Adela
ejerce un liderazgo basado en la cercanía, la delicadeza y una confianza ilimitada
en la gracia que actúa en las hermanas.
Pronto los conventos de las Hijas de María, sin renunciar a la clausura obliga-
toria entonces, acogerán escuelas y talleres profesionales para niñas pobres y
centros de retiro y formación para damas. La preocupación por la mujer y los
pobres despierta en Adela un corazón maternal modelado a imagen del de María.
Su ardor misionero le lleva a empujar con Chaminade la creación de una rama
especial de hermanas: la Tercera Orden de las Hijas de María, que, sin hábito ni
clausura, se dedican como religiosas al servicio de los enfermos y los pobres.
Adela muere el 10 enero 1828, con apenas 39 años. Su vida deja una estela
luminosa de alegre entrega, delicadeza y amor apasionado a Cristo, a los pobres
y a María. De hecho recibe al Esposo con la exclamación: “¡Hosanna al Hijo de
David!”. Declarada venerable en 1986 por Juan Pablo II, ha sido beatificada en
el pontificado de Francisco el 20 junio de 2018 en Agen.

18
En una canción dedicada a Adela en el álbum
Nacido de Mujer (2000) el grupo de música cris-
tiana Kairoi la define como “mujer de Dios y del
mundo”. Esa doble pertenencia está muy en la
línea de esa “santidad de la puerta de al lado”. La
vida de Adela está hecha de un profundo con-
tacto con la realidad más herida (el exilio, los cam-
pesinos pobres, la situación vulnerable de la mujer)
pero siempre desde una profunda conexión con
el Dios de la misericordia y la ternura.

LA PASIÓN POR JESÚS Y LA


EUCARISTÍA LLENA EL CORAZÓN
JOVEN DE ADELA DE UN FUEGO
QUE CONTAGIA A OTRAS JÓVENES.
HAY EN ELLA UNA MEZCLA
SUBYUGANTE DE GENEROSO
IMPULSO JUVENIL Y MADUREZ
ESPIRITUAL QUE ATRAE Y SEDUCE.

El estilo directo de Adela, la importancia de la


amistad en el Señor, la palpitante vida que des-
tilan sus 737 cartas son auténticos tesoros para
la Familia Marianista y para toda la Iglesia.

FUERZA Y TERNURA:
VENERABLE TERESA DE LAMOUROUS
En la vida de Maria Teresa Carlota de Lamourous
(Barsac, 1754–Burdeos, 1836) se ve claramente
cómo la gracia de Dios, cuando es acogida con
un corazón generoso, supera las tendencias
naturales y las lleva a unas fronteras insospe-
chadas. Nacida en una familia de la nobleza rural
del Midi francés, desde su nacimiento prematuro
se hizo patente su salud precaria y enfermiza,
que siempre será para ella una gran limitación.
De un carácter simpático y expansivo, va a
sufrir la tortura durante años de los escrúpulos

19
LEE Y REFLEXIONA

de conciencia, herencia de siglos de Jansenismo en Francia. Esta auténtica cruz


encontrará un alivio cuando justo antes de la Revolución francesa encuentre a
Guillermo José Chaminade, con el que fragua una profunda amistad espiritual.
Cuando Chaminade parte al exilio en Zaragoza en 1797, Teresa se queda ais-
lada en su finca de Le Pian, donde sustituye al párroco juramentado y rechazado
por los fieles en la animación cristiana de una amplia zona rural. Una combina-
ción de fuerza y ternura hacen de Teresa una auténtica apóstol laica, aunque
por un tiempo piensa en ser carmelita. En estos tres años de ausencia, Chami-
nade le dedica unas jugosas cartas de dirección espiritual.
Cuando Chaminade regresa a Francia en 1800, encuentra en Teresa la cola-
boradora perfecta para organizar, dirigir y liderar la Congregación de la Inma-
culada para mujeres. Pero pronto la Providencia abre un camino insospechado:
en 1804 surge la necesidad de crear en Burdeos una institución que acoja,
reeduque y reintegre a la sociedad a las numerosísimas prostitutas de una
ciudad portuaria y de comerciantes como era Burdeos (cerca de 4.000 en una
ciudad de 100.000).
Chaminade piensa en Teresa, pero a ella el contacto con estas niñas y muje-
res de la calle le provoca rechazo y repugnancia… hasta que las conoce en
persona y se deja conmover por las terribles historias de abuso, violencia y dolor

20
de muchas de estas mujeres. En 1804 junto con otras amigas congregantes,
crea La casa de la Misericordia como centro de acogida para exprostitutas,
dándoles el cariño y devolviéndoles la dignidad que habían perdido.
Desde ese momento, las “chicas” (la mejor traducción del filles francés) van a
ser para Teresa y las colaboradoras el rostro sufriente de Cristo a quienes quie-
ren servir. En La Misericordia se crea una auténtica familia: las “chicas” entran
voluntariamente y reforman su vida con la vida fraternal, la oración y el trabajo
manual. Muchas salen convertidas en amas de casa y consiguen casarse.
Sin apenas ingresos, Teresa y sus compañeras van a aprender a vivir al día,
en continuas estrecheces y en una gran alegría que dejan admirados a los fun-
cionarios públicos que inspeccionan La Misericordia, que llegó a atender a 300
internas. Pronto se plantea dar un estatuto jurídico a esta obra social. Entre
Teresa y Chaminade fundan una congregación religiosa que asegure la misión:
las Hermanas de la Misericordia. Como superiora y directora, Teresa destaca
por su fuerza y su ternura, saliendo una y otra vez en defensa de sus “chicas”
ante jueces y policías, proxenetas o familiares corruptos.
Cuando en 1816 Adela de Trenquelléon ponga en marcha las Hijas de María
en Agen, Chaminade enviará allá a Teresa para ayudar a las primeras marianis-
tas en sus primeros pasos. Varios años después ayudará a que los primeros
hermanos de la Compañía de María puedan abrir en Burdeos su primera escuela:
La Pensión Estebenet.
Pronto van a surgir imitadores de Teresa y se abre La Misericordia de Laval,
animada por su discípula y amiga ,Teresa Rondeau. Agotada y enferma, Lamou-
rous pasa postrada los últimos años de su vida y muere en 1836. En 1971 las
Hermanas de la Misericordia se fusionaron con las Hermanas de José y María,
dedicadas a las prisiones y la reinserción de delincuentes.
En 1989, Juan Pablo II reconoció la heroicidad de sus virtudes con el título de
venerable.

EL CAMINO DE SANTIDAD EN TERESA DE


LAMOUROUS ESTÁ HECHO DE UNA GRAN
DOCILIDAD AL ESPÍRITU Y UN PROFUNDO
ESPÍRITU DE SERVICIO HACIA LAS MUJERES
MÁS MALTRATADAS. UNA CONFIANZA
ILIMITADA EN LA PROVIDENCIA LE HIZO
SUPERAR Y REMONTAR SU CARÁCTER
ESCRUPULOSO Y ENFERMIZO.

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LEE Y REFLEXIONA

LA GRAN LECCIÓN:
MÁRTIRES MARIANISTAS
La totalidad de los mártires marianistas fueron educadores. Podemos decir
que sus vidas entregadas para dar testimonio supremo de la fe son su última
y mayor lección: la lección de la fidelidad a Dios y a la Iglesia en tiempos de
persecución y violencia.
El signo del martirio es tan elocuente, tan cercano a la muerte de Jesús en la
cruz, que el requisito de un milagro para la beatificación se sustituye con la
demostración de que tal muerte violenta se dio por odio a la fe (propter odium
fidei) aunque a algunos mártires (por ejemplo Óscar Romero, beatificado en
2015 y canonizado en 2018) se le
ha tenido en cuenta también el
principio de defensa de la justicia y
dignidad humana (propter causam
iustitiae).
Desde siempre, los mártires reci-
bieron la admiración y el culto de
los cristianos ya desde las catacum-
bas de Roma. Los mártires maria-
nistas del siglo xx se suman a una
larguísima lista de testigos de Cristo
que han convertido al siglo pasado
en el de mayor número de mártires
de la historia.

JAKOB GAPP:
UN CASO LÍMITE
Cuando se anunció la inminente
beatificación de Jakob (Santiago)
Gapp, no faltaron ancianos religio-
sos marianistas en España que se
escandalizaron: ¿beato uno que
parecía socialista y hablaba contra
Hitler en el inicio del franquismo?
¿Beato alguien que fue marginado
en la Compañía de María y de hecho

22
murió estando “fuera de comunidad”? Piedra de escándalo como Jesús, Gapp
es un caso límite y excepcional por muchas razones.
Nacido en Wattens (Austria) en 1897, pasó una juventud un tanto alejada de la
Iglesia. Combatió por el Imperio austrohúngaro en la Primera Guerra Mundial
(1914-1917) e incluso pasó un tiempo en un campo de prisioneros. En el ambiente
radicalizado de entreguerras, se deja seducir por el socialismo y su interés por la
clase obrera, pero ya con 23 años (una vocación tardía para la época) entra en el
noviciado de Greinshof. Sus primeros años como religioso los dedica a la educa-
ción en distintos colegios de Austria. Le cuesta dominar su fuerte carácter, pero
es un profesor querido y respetado. Entre 1925 y 1930 estudia filosofía y teología
en el Seminario Marianista de Friburgo (Suiza) porque ha pedido ser sacerdote.
Cuando vuelve a su patria, el ambiente de Centroeuropa está revuelto. En
Alemania, derrotada en 1917 y profundamente humillada, crece un nacionalismo
vengativo y agresivo. Entre 1925 y 1933 crece y se expansiona el Partido Nacio-
nal Socialista del exestudiante de Bellas Artes Adolf Hitler, un austriaco como
Gapp. En 1933 gana las elecciones en Alemania, liquida la agonizante república
de Weimar e instaura una férrea dictadura totalitaria militarizando el país, per-
siguiendo a los judíos y desafiando a las democracias europeas.
Desde Austria, Gapp capta pronto la peligrosa ideología nazi, racista y violenta,
opuesta frontalmente al Evangelio de Jesús. Pronto se posiciona en su contra
como educador, catequista y sacerdote, mientras el resto de Austria (incluida
una buena parte de los marianistas) cae subyugado ante la magnética dialéctica
del Führer. En 1937 divulga de forma clandestina la encíclica Mit brennender
Sorge de Pío XI contra el nazismo. Este valiente gesto le costará la vida… Gapp
se convierte en un elemento incómodo para los marianistas de Austria y tras
un breve paso por Francia, aterriza en España en 1939, justo al final de la Gue-
rra Civil.
En la España de la posguerra, Gapp es incomprendido. No se entiende que
este “padre Santiago” (así se hace llamar) hable tan mal de Hitler, aliado de
Franco. Pasa por Cádiz, San Sebastián y Valencia y en todas partes encuentra
bastante incomprensión por parte de sus hermanos. Por último solicita vivir
fuera de comunidad. Entonces interviene la terrible Gestapo, la policía nazi: lleva
siguiendo la pista de Gapp desde 1938 y le tiende una trampa. Dos agentes se
hacen pasar por judíos alemanes interesados en convertirse al cristianismo.
Gapp, inteligente, pero ingenuo, comienza a darles catequesis. Surge la posibi-
lidad de una excursión a Hendaya, en la frontera entre Francia (ocupada por
Hitler) y España. Allí se descubre la trampa y Gapp es arrestado y enviado a
juicio en Berlín. Los marianistas, desconectados por la guerra, no reaccionan.

23
LEE Y REFLEXIONA

Gracias a la precisa burocracia nazi, conocemos con todo detalle el interro-


gatorio de Gapp. Impresiona ver cómo el Tercer Reich pone en marcha toda su
maquinaria de poder para aplastar a un simple cura que daba clase. El ministro
nazi Himmler comenta: “Con hombres como Gapp el Reich tendría asegurado
el éxito”. El juicio por alta traición es prácticamente una pantomima y en agosto
de 1943 es condenado a muerte. Sus últimas dos cartas, que fueron archivadas
y nunca enviadas, impresionan por su sinceridad y claridad. Tanto al Vicario
General de la Compañía, Padre Jung, como a su hermano Joseph les repite:
“Todo pasa, solo el cielo permanece”.
El 13 de agosto es guillotinado y se hace desaparecer su cuerpo porque los
nazis temen que pueda ser considerado mártir. En noviembre de 1996 Juan
Pablo II lo beatificó como mártir de la fe católica frente al nazismo. Las únicas
reliquias que nos quedan son el anillo de oro de sus votos perpetuos y el cáliz
de su primera misa.

GAPP LLEGA A LA SANTIDAD


NO POR SU CARÁCTER NATURAL
(BASTANTE BRUSCO, INDEPENDIENTE
Y HASTA ALTANERO), SINO POR
LA RADICALIDAD DE SU OPCIÓN
POR CRISTO Y LA IGLESIA.

En un momento en que muchos católicos se doblegaron ante la propaganda


nazi, Gapp alzó la voz en protesta profética y, como Juan el Bautista, denunció
la hipocresía y la violencia. Así se suma a otros muchos testigos como el jesuita
Rupert Mayer, el carmelita Tito Brandsma o el pastor protestante Dietrich
Bonhoeffer. Un caso límite de valentía y coherencia que nos recuerda que el
Evangelio es siempre instancia crítica frente a toda cultura.

TRAS LA VIRGEN CAPITANA:


MÁRTIRES MARIANISTAS ESPAÑOLES
DE LA GUERRA CIVIL
Cuando Gapp llega a España, el país se está empezando a despertar de esa
pesadilla que fue nuestra Guerra Civil. Ni siquiera el paso de casi sesenta años
o las Leyes de Memoria histórica han cerrado aún las heridas que esta contienda
cruel y absurda ha dejado en la sociedad española. Sin entrar en polémicas,
baste decir que durante el pontificado de Pablo VI se bloquearon las causas de

24
martirio de cientos de religiosos, sacerdotes y seglares católicos para que el
régimen franquista no usara este hecho religioso como propaganda política.
Se ha escrito mucho sobre la persecución religiosa durante la Guerra Civil
española. Para entenderla hay que enmarcarla en el anticlericalismo que arranca
desde muy atrás.
El marcado posicionamiento de mucha parte de la Iglesia española a favor de
la monarquía y las propuestas políticas más reaccionarias (como el Carlismo)
fue generando un caldo de cultivo anticatólico en mucha parte del movimiento
obrero, partidos y sindicatos de izquierda y el movimiento anarquista. Ese odio
cada vez más radical ya estalla en la Semana Trágica de Barcelona en 1909 y
se agudiza en la II República (1931–1936).
En el ambiente polarizado y violento de los años 30, se descalificará a la Igle-
sia, y sobre todo su presencia educativa, como aliada de la burguesía, opuesta
al pueblo, manipuladora y enriquecida. Dos hechos despertarán en los religiosos
españoles la mística de la preparación al martirio.
Por un lado, las noticias que llegan de la persecución religiosa en México
(1910–1917) generan toda una literatura piadosa que exhorta a dar testimonio
valiente de Cristo Rey ante el
ateísmo violento de marxistas y
anarquistas.
Por otro lado, en 1934, en el
contexto de la Revolución
minera en Asturias, se produce
la matanza de los Hermanos de
La Salle en Turón, cuyo único
delito era dar clase a los hijos de
los mineros.
Muchas de estas milicias, des-
controladas y violentas, fueron
al ataque de conventos y cole-
gios religiosos, sobre todo en
País Vasco, Cataluña, Madrid y
Castilla–La Mancha. Pasarán
meses hasta que el gobierno
republicano pueda armar un
frente de batalla por escasez de
mandos, y más tiempo aún para

25
LEE Y REFLEXIONA

controlar a las milicias, que no eran soldados, sino civiles armados, fanatizados
y con muy poca disciplina. En un contexto tal, la eliminación de curas, frailes y
monjas fue un auténtico ajuste de cuentas.
No nos vamos a detener a presentar pormenorizadamente a cada uno de los
mártires marianistas ya beatificados. Para ello remitimos a los libros de Emilio
Ortega y José María Salaverri citados en la bibliografía y que destacan por su
equilibrio.
Los primeros beatos marianistas, mártires en Ciudad Real (papa san Juan
Pablo II: 1 octubre 1995) fueron personalidades muy diversas:

Carlos Eraña Jesús Hita La vida de Fidel Fuidio


(Aretxabaleta 1884 (Calahorra 1900 (Yécora 1880
Alarcos 1936), gran Carrión de Calatrava Carrión de Calatrava
profesor y director, 1936) es un hombre 1936) es intensa:
destaca tímido, acomplejado doctor en Historia
su interés por los por una tartamudez y Arqueología, se
alumnos más que le cerró el camino carteó en los años 10
desfavorecidos y las al sacerdocio, pero con y 20 con los mejores
familias más pobres. un ardiente corazón arqueólogos europeos.
de evangelizador, De natural alegre
especialista en y expansivo, sabía
catequesis para los hacer disfrutar a sus
niños pequeños. alumnos en clase por
su simpatía

TRES CAMINOS MUY DISTINTOS


QUE DESEMBOCAN
EN LA ENTREGA DE LA VIDA
POR FIDELIDAD A CRISTO Y A MARÍA.

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PAX JOACHIM
TECUM IN DEO
JESUS VIVAS

FIDELIS SABINUS
FAMULUS CUM
DEI PACE

FLORENTIO CAROLUS
IN PACE GAUDIAS
CHRISTI IN JESU

MICHAELI PRESBITERO
REFRIGERERE DORMITIO
TUA IN PACE DEI

27
LEE Y REFLEXIONA

Miguel Léibar Joaquín Ochoa

Sabino Ayastuy Florencio Arnáiz

Los mártires marianistas del segundo grupo fueron apresados y ajusticiados


en Madrid, cuyo Colegio del Pilar se convirtió en el punto de mira del odio anti-
clerical en una ciudad invadida de checas y tribunales populares sin control
gubernamental. Este grupo es heterogéneo (Benedicto XVI: 27 octubre 2007).
Destaca Miguel Léibar (Aretxabaleta, 1885–Madrid 1936), capellán y superior
de la comunidad del Pilar tras la muerte en 1935 de Domingo Lázaro. Inquieto
y afable, destaca por su profunda bondad y preocupación por los hermanos y
su protección al comienzo de la guerra.
Sus compañeros destacan por su juventud: Joaquín Ochoa (Villanueva de
Valdegovia, 1910–Madrid, 1936), Sabino Ayastuy (Aretxabaleta, 1910–Madrid,
1936) y Florencio Arnáiz (Espinosa del Cerrato, 1909–Madrid, 1936).

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Dice un refrán detestable que “la letra con sangre entra”, pero en realidad,
con su sangre derramada simplemente por ser religiosos educadores, estos
siete beatos nos dan la lección de la coherencia, la integridad y la valentía de la
fe en un momento de odio al cristianismo.
Murieron no siguiendo a ningún ejército, sino tras la Virgen Capitana, nuestra
madre del Pilar, como reza un conocido himno marianista. Están llamados a ser
intercesores de reconciliación en la España del siglo xxi.

VIVIR (Y MORIR) CON VERRAQUERA:


MICHEL QUIROGA
La Compañía de María llegó a Colombia en la efervescencia del posconcilio
(1965) y pronto se implantó en Bogotá, Medellín, Guática, Risaralda…
En 1992 hacen la profesión perpetua los primeros marianistas colombianos,
una señal de una expansión llena de vida y esperanza. Desde 1990 los maria-
nistas se habían hecho presentes en la región de Chocó, zona subtropical de
población negra descendientes de antiguos esclavos.
Allí asumen la parroquia La Inmaculada de Lloró conectada a una amplia red
de comunidades cristianas o capillas esparcidas por la red fluvial del río Aratro.
Allí encontrará la muerte vio-
lenta un mártir marianista de
última hora. Miguel Ángel, Michel
Quiroga. Nacido en una familia
pobre de Bogotá en 1971, en 1992
realizó su primera profesión como
marianista. Serio y a la vez simpá-
tico, de temperamento artístico y
gran creatividad, trabajó como
educador hasta que en enero de
1998 fue destinado a Lloró.
El 18 de septiembre de ese año,
se disponía a recorrer el río en compañía de otro marianista y unos campesinos
para visitar una de las comunidades. Interceptan la barca una tropilla de para-
militares, que de forma ruda y violenta zarandean a los campesinos.
Michel, indignado, sale en su defensa e inmediatamente es asesinado con un
tiro en la cabeza. En un claro de la selva cerca del río, una sencilla cruz blanca
recuerda la entrega de Michel.

29
LEE Y REFLEXIONA

Una de sus frases favoritas, en pura jerga colombiana era: “la vida con verra-
quera”, es decir, con pasión, entrega e intensidad. La muerte martirial de Michel
(se están actualmente dando los primeros pasos en su causa de beatificación)
enlaza muy bien con la opción preferencial por los pobres que han hecho suya
tantos religiosos de América Latina.
Michel, que no llegó a hacer sus votos perpetuos como marianista, refrendó
con su sangre su entrega a Jesús y a María. En junio de 1990 escribía:
“He descubierto que Dios me llama a que una mi vida a la de Jesús,
trabajando generosamente por los pobres”.
Eso es verraquera… y santidad.

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CONFESORES Y DOCTORES
EN LA FAMILIA MARIANISTA
Tras los mártires, fueron los confesores los santos más venerados en la Iglesia
primitiva. Un confesor (normalmente sacerdote, obispo o papa) es alguien que
camina en la santidad haciendo de su vida una confessio fidei et amoris, un
testimonio intenso y explícito de fe en Cristo y amor entregado a los hermanos.
No fue necesario derramar su sangre para hacer real su entrega. En estos san-
tos confesores los detalles del radicalismo evangélico se entremezclan con la
normalidad de la vida cotidiana.
Ejemplos de ellos abundan en la vida marianista, pero hemos seleccionado
los que han comenzado ya el camino oficial a la santidad. Por su parte, la Iglesia
venera como doctores y doctoras de la Iglesia a hombres y mujeres que han
hecho camino de santidad desde su dedicación al estudio, el pensamiento y la
teología. Son hombres y mujeres que han legado un luminoso camino de ense-
ñanza refrendado con la coherencia de su vida hecha de entrega, profunda
oración y dirección espiritual para con otros. De modo analógico y amplio,
podemos reconocer ejemplos de confesores y doctores entre los candidatos a
la santidad oficial en la Familia Marianista.

DE CUATRO CUARTERONES:
DOMINGO LÁZARO
Posiblemente la expresión tan difundida marianista “de cuatro cuarterones”
(no mediocre, sino cabal, íntegro y coherente) se remonte al mismo Chaminade.
Si le cuadra a alguien de forma casi milimétrica es el Padre Domingo Lázaro
(San Adrián de Juarros, 1877–Madrid, 1935). El paso del tiempo no ha hecho
más que engrandecer la talla humana, religiosa y pedagógica de este sacerdote
marianista, cuya “heroicidad de virtudes” (primer paso a la beatificación) ha sido
reconocida por el papa Francisco en mayo del 2019. Es, por tanto, venerable.
Una primera aproximación a Domingo Lázaro puede resultar un poco anti-
pática. Su seriedad y reconcentración ya desde muy joven, mezcla de timidez,
rigidez y un adusto carácter castellano es solo la cáscara que envuelve un cora-
zón sensible y ardiente, profundamente atraído por Cristo, María y la verdad.
Desde sus primeros pasos en la vida religiosa (postulantado en Vitoria, noviciado
en Pontacq, Francia, escolasticado en Besançon, Cannes y Vitoria entre 1889–
1895) llama la atención por su inteligencia y curiosidad intelectual, su entrega
a la oración y su empeño en el trabajo.

31
LEE Y REFLEXIONA

Pronto destaca como educador exi-


gente, serio y a la vez muy cercano a
sus estudiantes. Prueba de su madurez
es que siendo aún un joven de 20 años
le encargan predicar ejercicios espiri-
tuales a los hermanos. En 1898, año del
final del imperio colonial español, hace
sus votos perpetuos y es destinado al
sacerdocio.
En 1903 es destinado al Seminario en
Friburgo y en 1905 su primer destino
como sacerdote será el Colegio Católico
de Santa María en San Sebastián, Alda-
peta, primera obra marianista en
España (1887). Allí es nombrado direc-
tor y destaca por su preocupación per-
sonal por cada alumno y una mezcla
muy suya entre exigente rigor y son-
riente benevolencia.
Desde entonces, cultiva un enorme
interés por la pedagogía contactando
con innovadores como el Padre Andrés
Manjón, fundador de las Escuelas del
Ave María. Sigue con preocupación la
evolución política de un país que va
hacia la disolución del sistema cano-
vista…
A pesar de sus frecuentes dolencias
(úlcera de estómago, entre otras cosas)
el joven director de Aldapeta multiplica

32
sus actividades hasta el agotamiento. En 1915 publica “Doctrina y vida cristianas”,
manual escolar de religión que será reimprimido muchas veces.
En agosto de 1916 se convierte en el primer provincial español de los maria-
nistas de España. Se traslada a Madrid. Se toma su empeño de forma volunta-
rista, eficaz y concienzuda, como todo lo que hace. Hay que entrar en su epis-
tolario para captar la finura y el cariño con que dirige a cada uno de los 250
religiosos que tiene a su cargo.

SOLO EN SU DIARIO ÍNTIMO AFLORA


LA CARA OCULTA DEL HOMBRE DE GOBIERNO:
AHÍ APARECE UN DOMINGO LÁZARO
CASI MÍSTICO, CON TIERNAS PALABRAS
HACIA MARÍA Y CRISTO EN LA EUCARISTÍA.

En estos años, marcados por la sangrante Guerra de Marruecos, batalla con


el gobierno para que los jóvenes religiosos queden exentos del servicio militar.
Uno de los grandes logros de su provincialato es la reubicación del Colegio del
Pilar de Madrid en un fastuoso inmueble neogótico construido años antes por
Manuel Aníbal Álvarez. Tanto el Padre Domingo como muchos marianistas
consideraron este inmueble (comprado ya totalmente equipado y terminado)
como un auténtico regalo de la Virgen.
Terminados los diez años de provincial, en 1926 es nombrado director y supe-
rior en El Pilar de Madrid. Muy preocupado por el avance del anticlericalismo y
sus propuestas pedagógicas (Institución Libre de Enseñanza de Ginés de los
Ríos), tratará de movilizar en vano a los obispos para defender la enseñanza
católica.
Para ello, organiza charlas y semanas pedagógicas. Todo este interés desem-
boca en dos grandes realizaciones: la aparición de la Federación de Amigos de
la Enseñanza (FAE) en 1930, en donde Domingo trabajará codo a codo con
Pedro Poveda (fundador de la Institución Teresiana y futuro mártir) y el jesuita
Enrique Herrera. Ese mismo año se funda “Atenas”, revista de pensamiento
educativo cristiano, que contará con numerosos artículos suyos que aun hoy
sorprenden por su actualidad. Desbordado de actividad pedagógica, Domingo
Lázaro entrega su vida al Señor el 22 de marzo de 1935. En el horizonte más
cercano se avecina la Guerra Civil española y el enfrentamiento entre dos con-
ceptos de España que el Padre Domingo, con clarividencia de profeta, supo ver
y percibir.

33
LEE Y REFLEXIONA

Podemos considerar que Domingo Lázaro es un doctor de la Iglesia marianista.


Su buen hacer como apóstol y misionero en la educación, su magisterio hecho
más de testimonio que de doctrina y su entrega honrada y total a Cristo y a
María no han hecho más que aumentar su fama de santidad. Detrás de una
apariencia ascética y hasta severa, descubrimos la pasión por el Evangelio y la
Iglesia, la pasión por educar.
La actual Escuelas Católicas (antigua FERE) lo reconoce como fundador y
desde 2001 una fundación con su nombre agrupa y coordina a todos los cole-
gios marianistas (SM y FMI) de España y Brasil.

SIEMPRE SÍ A DIOS:
FAUSTINO PÉREZ-MANGLANO
El día (esperemos que próximo) en que sea beatificado el joven Faustino
Pérez-Manglano (Valencia, 1946–1963) sería muy adecuado que su iconografía
incluyera tres rasgos: su sonrisa, el rosario y un balón de fútbol. Si Domingo
Lázaro nos deslumbra por su altura intelectual, Faustino seduce por su sencillez,
cercanía y normalidad.
La suya es “una santidad de la puerta de al lado” casi en estado puro. La bio-
grafía “Tal vez me hable Dios” escrita por su confesor y acompañante José M.
Salaverri SM es, probablemente, uno de los libros marianistas más editados y
traducidos por todo el mundo.
Hay muy pocas cosas “importantes” que contar en la vida de este adolescente
que muere con 17 años a punto de abandonar el Colegio del Pilar de Valencia,
donde entró en contacto con la vida marianista. Juguetón y cariñoso, Faustino
es un niño un tanto bajito, sensible y entusiasta del cine y del Valencia CF. Desde
1960 hasta poco antes de morir escribe un diario personal que es una auténtica
delicia.
Ahí aparece una y otra vez el fútbol… y el rosario, oración favorita de Faustino
que reza todos los días (aunque a veces se le olvida y lo anota). Son muy inte-
resantes también sus notas de ejercicios espirituales en que podemos rastrear
cómo Cristo y María tocan el corazón de este adolescente. Desde finales de
1961 se advierte una mayor madurez y desde unos ejercicios en Alacuás (octu-
bre 1960) descubre en su corazón la llamada de Jesús para ser religioso maria-
nista, educador y más tarde misionero. Esa llamada le encandila y enamora…
Y sin embargo, aparece la enfermedad. En febrero de 1961 le diagnostican
linfogranulomatosis maligna. En el escaso año y medio que le queda a Faustino
de vida, recorre un intenso camino espiritual en que no solo dice “Sí” a Dios, sino

34
35
LEE Y REFLEXIONA

también a una enfermedad cruel que siega su vida. En este camino se acentúa
su cuidado de los demás (es significativa la ayuda que consigue, casi desde la
cama, para un chico pobre de su edad), el agradecimiento a los suyos y el amor
a María.
Entra en la Congregación Mariana del Colegio en junio de 1961. Después de
un campamento por Francia y Suiza en que destaca por su servicialidad, empieza
en septiembre 1962 su curso de preuniversitario. En enero de 1963 su último
acto colegial son los ejercicios espirituales, en donde estremece leer sus notas:
“Bienvenida sea nuestra hermana la muerte”. Esta llega pronto, demasiado
pronto: el 3 de marzo del 1963, un día antes de hacer sus votos privados como
religioso marianista, Faustino fue con su sonrisa al encuentro con Jesús.
Es difícil de entender el impacto que Faustino ha tenido en miles de personas
por todo el mundo. El suyo es un camino de santidad absolutamente normal,
sin estridencias ni aspectos espectaculares. Quizá el secreto de Faustino sea
ese: confesar el amor por Cristo y María en lo cotidiano de la vida. En enero de
2011 el papa Benedicto XVI aprobó la heroicidad de sus virtudes y ya es vene-
rable, con apenas 17 años. Los caminos de Dios no son nuestros caminos.

100 % CONFESOR:
EL PADRE VICENTE LÓPEZ DE URALDE
Si a Faustino lo representaran con sonrisa, rosario y pelota de fútbol, al Padre
Vicente López de Uralde (Vitoria, 1894–Cádiz, 1990) habría que presentarlo sen-
tado en su confesionario, que se conserva con cariño en el colegio marianista San
Felipe Neri de Cádiz. Corría por la Tacita de Plata el dicho de que el padre Vicente
había confesado a media ciudad… ¡porque la otra mitad nunca se confesaba!
Desde 1928 el centro de la vida del alavés Vicente, después de pasar por el
Pilar de Madrid, fue la ciudad de Cádiz, donde fue profesor bonachón y lleno
de comprensión en las dos sedes del Colegio San Felipe Neri (el Oratorio his-
tórico y el Nuevo Colegio de Puerta Tierra) pero sobre todo desarrolló un impre-
sionante y humilde servicio en el Oratorio, mediante la catequesis a niños, la
atención a enfermos y sobre todo el ministerio de la Reconciliación, dedicando
hasta ocho horas diarias a repartir el perdón de Jesús.
Sin ser una lumbrera intelectual y con problemas de autoridad en clase, el
Padre Vicente fue confesor en el sentido teologal y literal. Miles de personas
encontraron en él paz y acogida, y la prueba son las filas de penitentes que lo
buscaban. Afectuoso, paciente y comprensivo, supo ser a la perfección la ima-
gen del Buen Pastor que va en busca de las ovejas descarriadas.

36
Una profunda infancia espiritual, hecha de inocencia, fino sentido del humor
y alegría, hizo que llegara a los 93 años con un profundo gozo y serenidad y
que asumiera los problemas de vista que le llevaron a la ceguera completa con
una paz admirable. Infatigable al servicio de todos, el Padre Vicente dejó tras
de sí una estela de profunda santidad hecha de entrega silenciosa, bondad y
misericordia. Hay quien lo compara con otros santos sacerdotes que hicieron
del confesionario el centro de su vida, como san Juan M. Vianney o el famoso
Padre Pío.
Los sesenta y dos años ininterrumpidos al servicio de la diócesis de Cádiz le
acarrearon numerosos reconocimientos públicos (Hijo adoptivo y Medalla de
oro de la ciudad) que él siempre aceptó con profunda humildad y agradecimiento.
Un intenso y cordial amor a María y un sentido de comunidad lleno de delicadeza
y amor fraternal lo convirtieron en ejemplo para muchos marianistas que vivie-
ron y trabajaron con él.
En 2008 se inició la fase diocesana de la causa de beatificación del buen padre
Vicente. En 2017 la causa ha pasado a Roma.

37
COMO MARÍA

SANTOS AL ESTILO DE MARÍA


Para cualquier marianista religioso o seglar del mundo visitar el santuario del
Pilar en Zaragoza es un momento muy especial. Podemos decir que, junto a la
capilla de la Madeleine en Burdeos, es la cuna donde todo empezó. De hecho,
muchas obras marianistas del mundo llevan el nombre de Virgen del Pilar. Que-
remos culminar esta reflexión sobre los caminos de santidad marianista a los
pies del Pilar, como Chaminade estuvo entre 1797 y 1800.
La imagen de la Pilarica llama la atención por una serie de detalles que pode-
mos entender como expresión plástica de la forma concreta de ser santa que
vive María. Ella no fue mártir, aunque la espada del dolor la atravesó con la
pasión de Jesús, no fue fundadora, aunque estuvo en Pentecostés dando ori-
gen a la Iglesia, no fue doctora, posiblemente fue una mujer analfabeta pero
que sabía meditar la palabra en el corazón.
Parece que a María le cuadra más el perfil de confesora pues su vida es autén-
tica confessio fidei et amoris, un ejemplo sin par de esa santidad sencilla y
cotidiana, oculta y “de la puerta de al lado” que seduce sin deslumbrar, atrae
sin asustar.

Te invito, querido lector, a recorrer con ojos de fe la entrañable


imagen del Pilar para descubrir en María un estilo de santidad que
tanto nos inspira a los marianistas desde hace más de 200 años.

38
PAUTAS PARA REFLEXIONAR

 o primero que llama la atención, dentro de una grandiosa basílica barroca, es el


L
diminuto tamaño de Nuestra Señora. La imagen apenas tiene unos 37 cm de
alto (como otras imágenes muy queridas: Aparecida en Brasil o Luján en
Argentina). Esa pequeñez casa muy bien con la santidad de María. Sierva y
esclava son palabras con las que ella se define (ver Lc 1,38.48). María hace
camino de santidad desde la humildad y la pequeñez. En la escena de las Bodas
de Caná “se quita de en medio” enseguida para dar el protagonismo a Jesús.
Nadie como ella ha vivido aquello de que Dios se revela a los humildes y
pequeños (ver Mt 11,25-27). El camino marianista de santidad empieza por la
reconciliación con la propia pobreza, la sencillez en el trato y el no tomarse
excesivamente en serio. Hemos aprendido estas actitudes de nuestra Madre.
Si nos fijamos en el rostro dulce y sonriente de María del Pilar, observamos
que no mira a su Hijo ni a nosotros. Tiene los ojos semicerrados, en una mirada
hacia dentro con esos sus ojos misericordiosos, como rezamos en la Salve.
María camina hacia la santidad en la meditación que es casi rumia de los
acontecimientos, que es la forma de escuchar la Palabra de Dios y ponerla en
práctica (ver Lc 2,19.51 y Lc 11,27-28). Sin ser una monja de clausura, María es la
mujer contemplativa que avanza en santidad al permanecer en una escucha
constante de la Palabra. La santidad marianista ha aprendido de María esta
intuición de que lo esencial es lo interior.
COMO MARÍA

 aría del Pilar lleva en su brazo izquierdo


M
al Hijo, que se nos presenta desnudo
y pequeño, aferrado al manto de su Madre.
El Niño Jesús lleva en su mano izquierda
un ave que podría ser el alma cristiana
o el Espíritu Santo. María no retiene a
Jesús como propiedad: lo ofrece en la
indefensión de la encarnación y la
Eucaristía. Jesús, portador del Espíritu,
es el gran don que María comparte con
sencillez con quien se acerca a ella.
Es un tesoro pequeño y frágil, pero lleno
de la fuerza arrasadora del Espíritu. María
ha hecho camino de santidad renunciando
a retener a su Hijo en Nazaret y entregándolo
una y otra vez hasta la cumbre del Calvario.
Eso es santidad: entregar a Cristo a los demás
y posibilitar que el Espíritu toque y cambie el corazón. En el siglo xii, más
o menos cuando se esculpió esta pequeña imagen, la Salve decía: “Muéstranos
a Jesús, fruto bendito de tu vientre”. Como marianistas, nuestro camino de
santidad es ofrecer y mostrar con y como María a Jesús, portador del Espíritu,
a los hombres y mujeres de hoy.
El elemento más característico de la imagen es precisamente el pilar,
una columna de mármol lisa de época romana que desde hace 2000 años
se levanta a orillas del Ebro. El pilar de María nos habla de firmeza en la fe,
seguridad en la esperanza y constancia en el amor (colecta de la Eucaristía
del 12 de octubre). Nacidos en uno de los periodos más convulsos de la historia,
los marianistas hemos aprendido de María del Pilar a ser fuertes en la fe, a
construir sobre roca y discernir entre lo que es firme y lo que es pasajero
(ver 1 Pe 5,9; Mt 5,24-27; 1 Cor 3,10-15). Queremos vivir una aventura
de santidad que sea firmeza y solidez en medio de un mundo de incertidumbre,
“pensamiento light y cultura líquida”. Con y como María queremos ser puntos
de apoyo donde muchos puedan construir
un mundo nuevo, más justo y fraterno.
¿Verdad que merece la pena esta aventura
de santidad?

40
ANTOLOGÍA DE TEXTOS

En esta ocasión hemos incluido textos no solo de Chaminade, sino de


otros ejemplos marianistas de santidad. Queremos, una vez más, abrir
boca para que conozcas más y mejor a la gran nube de testigos que
nos rodean…

¡Cómo deseo que avances en la práctica de las virtudes religiosas!


¡Cómo deseo que seas un santo! Hagamos sinónimos los términos santo e hijo
de María.
Chaminade, Carta 188, Al P. Louis Rothéa, 25 enero 1822

¿Cómo pagaremos al Señor las gracias con que nos ha colmado?


¿Qué podremos ofrecerle por habernos llamado de una manera tan especial
y con unas gracias tan particulares? ¿Qué podremos ofrecerle por habernos
alimentado tan a menudo con su carne y su sangre adorables? […]
¿Qué podremos ofrecerle? ¡Él nos da todo, demósle todo! Él se da por completo
a nosotras, sacrifiquémosle todo lo que somos, todo lo que tenemos.
No vivamos más que para amarlo, servirle y agradarle.
Adela de Trenquelleón, Carta 242, a Amelie de Rissan, 20 julio 1814

El alma dice a Dios: “Soy tuya” y Dios le contesta: “Soy enteramente tuyo”;
¡oh, cuánto sentido en estas dos palabras, Dios mío! Lo que en estos momentos
sucede no puede expresarse adecuadamente, se siente, se palpa por decirlo así,
se vive en una palabra, y la vida no puede expresarse en símbolos […]
¡Religioso! Y ¡Religioso de María! Es decir: soldado de María, colaborador de María,
apóstol de María: ese título le va a dar el voto de estabilidad. ¡Apóstol de María!,
posesión suya, a sus órdenes, instrumento dócil en sus manos, obediente

41
ANTOLOGÍA DE TEXTOS

a su dirección. ¡Apóstol de María! Ella nos trajo a Jesús a las almas; sin ella
no haremos cosa buena; con ella triunfaremos seguramente.
Domingo Lázaro, Carta a D. Miguel García SM ,1905

Los estudios teológicos que hice durante y después del seminario me hacían
sentirme cada vez más animado y entusiasmado por la causa de Cristo y de la Iglesia
católica. […] Mi ideal sería derramar mi sangre por Cristo y por la Iglesia.
Jakob Gapp, Interrogatorio en la cárcel de Plötenzsee-Berlín, 1943

María, quiero meditar hoy contigo como guía que eres tan fenomenal.
Que tanto nos amas y nos ayudas a aproximarnos a nuestra meta que es
la santidad. He de ser un verdadero cristiano. Para eso he de ir limando todas
mis imperfecciones. Ser buen cristiano no es fácil. Es mucho más difícil
de lo que creemos. Madre, ayúdame a ser otro Cristo.
Faustino Pérez-Manglano, Diario, 23 enero 1963

42
CUESTIÓNATE Y DECIDE

Algunas cuestiones y propuestas para plantearte, pensar, escribir


y compartir.

PREGUNTAS ¿Eres consciente de estar llamado a la santidad por tu Bautismo?


¿ Es lo mismo ser un santo que ser un héroe o un santurrón?
¿En dónde está la diferencia?
¿ Has conocido alguna persona realmente santa? ¿Qué te
ha llamado la atención de ella?
S i tu santidad fuera una sopa o un pastel, ¿qué ingredientes
esenciales tendría?
¿ Tienes devoción o relación espiritual con algún santo o santa
de ayer o actual? ¿Conoces el santo de tu nombre, del nombre
de tu pareja o hijos, de los nombres de tus amigos?
¿A qué te suena la fiesta del 1 de noviembre? ¿Cómo la vives?
¿ Cuál de los ejemplos de santidad marianista de este cuaderno
te atrae más? ¿Por qué?

PROPUESTAS  trévete a proponerte crecer en santidad durante este año.


A
Piensa y discierne medios concretos para hacerlo.
 trévete a leer
A
alguna biografía de
alguna persona destacada
por su santidad. Puedes usar
la bibliografía que viene
a continuación
 trévete a dialogar en pareja
A
(si la tienes) o con tus hijos
(si tienes) sobre el tema
de la santidad
y la mediocridad.

43
PARA SEGUIR EN CAMINO

Sobre la santidad en general se ha escrito mucho y bueno.


La presente lista es meramente indicativa:

LA SANTIDAD CRISTIANA EN GENERAL


F
 ernando Cordero, Compañeros de Jesús. Un santo para cada día, PPC,
Madrid 2014.
Magníficamente ilustrado por Ana Muñoz. Recoge 366 pequeñas biografías
de santos y beatos. Muy fácil de leer para adentrarse en las vidas de santos.

Herminio Otero, Alegraos y regocijaos. La llamada a la santidad en el mundo


actual, PPC, Madrid 2018.
Recoge el texto íntegro de Gaudete et exsultate del papa Francisco con una
muy buena guía de trabajo para reuniones por grupo.

José María Salaverri, Amigos en el Señor. Hombres y mujeres de la historia


unidos por la fe, Encuentro, Madrid 2015.
El autor presenta doce historias de amistad entre hombre y mujer en el camino
de la santidad. Muy recomendable, aunque denso.

LA SANTIDAD EN LA FAMILIA MARIANISTA


E
 duardo Benlloch, El don de la amistad. Adela de Batz de Trenquelléon, PPC,
Madrid 1999.
Biografía novelada, muy amena y fácil de leer, pero bien documentada
y profunda.

44
Emilio Ortega, Con la lámpara encendida. Los beatos Carlos Eraña, Jesús
Hita y Fidel Fuidio, marianistas, SPM, Madrid 1995.
Biografía de los mártires de Ciudad Real en la Guerra Civil española. Muy
accesible.

E
 milio Ortega, Por las sendas de la misericordia. María Teresa de Lamourous
(1754-1836), SPM, Madrid 2000.
Muy sencilla y amena biografía de la fundadora de La Misericordia.

Faustino Pérez-Manglano, Diario y otros escritos. Edición de Enrique Torres


con prólogo de Mons. Carlos Osoro, PPC, Madrid, 2010.
Edición oficial de los poquísimos escritos de Faustino, imprescindible para
conocer su camino de santidad.

F
 rancisco Armentia, El Padre Vicente. Vicente López de Uralde, marianista,
SPM, Madrid 1992.
Sencilla y accesible semblanza de un marianista que podría definirse como un
hombre sencillo y bondadoso… pura santidad.

J
 osé María Salaverri, Santiago Gapp. Pasión por la verdad frente al nazismo,
PPC, Madrid 1996.
Magistral y sencilla biografía del beato Gapp. Documentada, bien narrada
y profunda.

José María Salaverri, Domingo Lázaro (1877-1935) un educador entre dos


grandes crisis de España, PPC, Madrid 2003.
Exhaustiva y amena biografía de una gran figura.

José María Salaverri, Madrid, verano 1936. Miguel Léibar y compañeros.


Marianistas-mártires, PPC, Madrid 2007.
Magnífica presentación de los mártires de Madrid con un estudio preliminar
de Enrique Torres SM sobre la teología del martirio. Este libro es un auténtico
clásico. Muy recomendable.

J
 oseph Stefanelli, Chaminade. Soñador de futuros. SPM, Madrid 2010.
Aunque es un folleto, no un libro, es quizá la mejor síntesis biográfica
del fundador de los marianistas. Es de fácil lectura y bellísima edición. Muy
recomendable.

45
PARA SEGUIR EN CAMINO

M
 aría Luisa Zubiri (ed), Adela de Batz de Trenquelléon. Fundadora de las Hijas
de María Inmaculada (Marianistas), Provincia FMI España, 2015.
Tercera edición de una biografía esencial de Madre Adela, sencilla y directa.

Rafael Iglesias, Discernir para la misión. El discernimiento según Guillermo


José Chaminade, SPM, Madrid 2009.
Magnífico estudio, de fácil lectura.

V
 incent Gizard, Chaminade. Odres nuevos para un vino nuevo, PPC, Madrid
2005.
Una presentación ágil de la biografía de Chaminade, incidiendo en la novedad
de su propuesta. Muy agradable de leer y bastante documentado.

vv.aa., El hombre que no muere. Testimonios de la Familia Marianista (edición


de Rogelio Nuñez SM), Familia Marianista de España, Zaragoza, 2011.
Impresionante recopilación de testimonios de vida de seglares y religiosos
marianistas de España y América Latina. Imprescindible.

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ÍNDICE

PUNTO DE PARTIDA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2

LEE Y REFLEXIONA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
La santidad: aclarando malentendidos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .4
Los santos de la puerta de al lado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8
Modelos marianistas de santidad: fundadores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
La gran lección: mártires marianistas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
Confesores y doctores en la Familia Marianista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31

COMO MARÍA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 38
Santos al estilo de María . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .38

ANTOLOGÍA DE TEXTOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 41

CUESTIÓNATE Y DECIDE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43

PARA SEGUIR EN CAMINO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .44

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