Camino a la Santidad en la Fe Cristiana
Camino a la Santidad en la Fe Cristiana
Ahora te toca a ti
SE207426
PROYECTO FIAT
Ahora
te toca a ti
Cuaderno de crecimiento personal
PUNTO DE PARTIDA
Uno de mi calle
Uno de mi calle me ha dicho que tiene un amigo que dice
conocer a un tipo que un día fue feliz.
Y me han dicho que dicen que dijo que se tropezó en la calle
con un sueño y se entretuvo y desde entonces no estuvo
para nada ni para nadie…
[…]
Y me han dicho que dicen que dijo que recreándose en la suerte
de ese sueño que atrapó, pegó un grito y se escuchó
por primera vez.
Era un hombre como cualquiera,
ignorado, desorientado, contaminado como cualquiera,
aburrido, desconocido y poco atrevido donde lo hubiera.
Y dicen que creció de tal modo que llegó a alcanzar las estrellas,
que se sonrío con razón como lo hacen los bobos sin ella.
Y uno de mi calle me ha dicho que han dicho las autoridades,
que pasó el peligro, que todo está bajo control,
que se trataba de un caso aislado,
pero no obstante recomiendan
que se tomen precauciones,
que quien lo prueba una vez
sueña con reincidir…
www.e-sm.net/207426_09
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Con mucha ironía y sentido del humor y usando el tono de un chismorreo de
barrio, Joan Manuel Serrat alude en esta canción de su álbum En tránsito (1981)
a la búsqueda de la felicidad, tan central en el mundo actual (y el de siempre) y
a la vez tan frustrante… Sin duda alguna, cuando se le pregunta a la gran mayo-
ría de las personas si quieren ser felices, claramente dirán que sí. Pero las cifras
crecientes de suicidios (sobre todo entre los jóvenes) y la extensión de la depre-
sión (que es más pandemia del siglo xxi que el reciente Covid-19) nos hace ver
lo frágil que es la felicidad que podemos llegar a alcanzar.
Los cristianos hemos recibido del mismo Jesús su camino a la felicidad, es decir,
a vivir una vida plena y armónica como hijos de Dios. Se trata de las bienaventu-
ranzas, que no son mandamientos que hay que cumplir, sino promesas de felici-
dad llenas de paradoja: ¿Cómo y por qué pueden ser felices los pobres, los que
tienen hambre y sed de la justicia, los mansos? (ver Mt 5,3-12; Lc 6,20-23).
En latín dichoso o bienaventurado se dice beatus, una palabra tradicio-
nal para referirse a lo que llamamos santos, estén oficialmente cano-
nizados o no.
Desde finales del siglo xx contamos con varios miembros de la
Familia Marianista beatificados, es decir, oficial y públicamente
reconocidos como felices en Cristo, como Cristo y por Cristo.
Eso quiere decir que el carisma marianista es también un camino
de santidad y felicidad. El mismo beato Guillermo José insistía
una y otra vez en que su deseo era que la Familia de María diera
al mundo “el espectáculo de un pueblo de santos”.
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LEE Y REFLEXIONA
LA SANTIDAD:
ACLARANDO MALENTENDIDOS
Si preguntamos a mucha gente de la calle qué imagen tienen de un “santo” es
muy probable que tengan la referencia de alguien con una bondad excepcional
y heroica, un benefactor de la humanidad. Pero es posible también que ense-
guida se piense en una persona muy espiritual y rarita: tiene visiones, hace
milagros o le salen los estigmas de la pasión…
Solo YHWH es santo, es decir, no manejable por el hombre, pero volcado por
amor hacia Israel, su pueblo elegido (ver Is 6,1-3; Sal 99 [98], 3.5.9). Por eso mismo,
porque elige de forma gratuita a Abrahán y su descendencia como pueblo exclu-
sivo suyo, la santidad de Dios se extiende al pueblo (ver Lv 11,45; 19,2):
“Seréis santos porque yo, vuestro Dios, soy santo”.
En la mentalidad primitiva de Israel esta santidad tiene mucho que ver con la
pureza ritual (no comer ciertos alimentos, evitar el contacto con la sangre u
objetos sagrados…), pero en los profetas, la santidad exigida al pueblo tiene una
fuerte carga ética: ser santo como el Dios de la alianza significa ser justo, evitar
las desigualdades sociales entre enriquecidos y empobrecidos, ser compasivo
y misericordioso (ver Is 1,3-4; 5,20-23; 31,1-3).
En época de Jesús estaba vigente una visión reductiva debida a los fariseos:
la santidad se entendía como el cumplimiento meticuloso de los mandamientos
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de la Torá, entendida como
máxima expresión de la volun-
tad de YHWH y señal de elec-
ción de Israel como el (único)
pueblo santo de Dios.
Jesús, que se salta una y otra
vez la Ley de Moisés y desafía
al templo y la sinagoga, es sin
embargo confesado (¡por los
mismos demonios!) como el
Santo de Dios y también los
discípulos llegan a esa conclu-
sión tras ver sus signos y escu-
char sus palabras (ver Mc 1,24
y Jn 6,68). En Jesús, la santi-
dad no se identifica con cum-
plimiento de normas y rectitud
moral y de hecho; él reformula
el mandamiento del Antiguo
Testamento con la clave de la
compasión-misericordia (ver
Mt 5,48; Mc 4,24; Lc 6,36):
“Sed misericordiosos como
vuestro Padre celestial”.
Los primeros cristianos lo entendieron así. Pablo nos recuerda que Dios nos ha
llamado a ser, por medio de Cristo, santos e intachables en el amor y el autor de
la primera Carta de Pedro es así como relee la antigua llamada a la santidad (ver
Ef 1,4 y 1 Pe 1,13-16). Para el autor del Apocalipsis, santos son todos los seguido-
res del Cordero, que han sido marcados por Cristo en el bautismo. En la Iglesia
primitiva los santos no eran una élite de privilegiados, sino la vocación común de
todo bautizado (ver Ap 7,9-17; Col 1,2; Fil 1,1; Ef 1,1; 2 Cor 1,1).
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LEE Y REFLEXIONA
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empeños de san Juan Pablo II fue beatificar y canonizar a cristianos que dieron
el mayor testimonio de fe desde su entrega en el matrimonio o el trabajo. Médi-
cos como Giuseppe Moscati o Gianna Beretta Molla, políticos como el peruano
Manuel Morales o el indígena mejicano Juan Diego llegaron a los altares sin haber
sido religiosos ni sacerdotes. Tanto Benedicto XVI como Francisco han seguido
en esta línea, incluso proponiendo como modelos de santidad a jóvenes y ado-
lescentes como el universitario Pier Giorgio Frassati, el quinceañero Carlo Acutis
(ver en foto superior) o el mártir mejicano de 14 años José Sánchez del Río.
De hecho, la llamada universal a la santidad fue solemnemente proclamada en
el Concilio Vaticano II dedicándole todo el capítulo V de la constitución dogmática
sobre la Iglesia Lumen gentium (LG 39-42). La santidad no es el resultado de un
perfeccionamiento moral exigente y voluntarista (¡cuánta autorreferencialidad y
narcisismo puede esconder esta actitud!), sino de la acogida de la gracia de Dios,
que va llevando a cada creyente, a menudo por caminos tortuosos o sorpren-
dentes, a la entrega de la propia vida por amor. La vita beata de los santos y la
nuestra no se diferencian: es la vida ordinaria vivida desde el amor extraordinario
de Dios. Por eso los santos, canonizados o no, son tan distintos: grandes sabios
y campesinos casi analfabetos, reinas y amas de casa, mártires y religiosos de
clausura, personajes muy mediáticos y ciudadanos casi desconocidos… En todo
cristiano puede prender el fuego del doble amor al prójimo y a Dios, fuego que
se encendió en la vela de nuestro Bautismo…
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LOS SANTOS
DE LA PUERTA DE AL LADO
Todos los años hay una fiesta fascinante actualmente semioculta tras la para-
fernalia pagana del Halloween anglosajón: “Todos los Santos”. Cada 1 de noviem-
bre y con gran acierto, la Iglesia festeja y se alegra por los innumerables testi-
monios de santidad de vida a lo largo de los más de 2000 años de camino… y
en el mundo actual.
Al religioso José María Salaverri, él mismo un modelo de santidad en la Fami-
lia Marianista, era una fiesta que entusiasmaba particularmente porque le
recordaba el deseo de Chaminade de “ofrecer al mundo el espectáculo de un
pueblo de santos”. Lo contrario de esa santidad del 1 noviembre no es el pecado
(muchos santos han sido y se han considerado imperfectos, falibles y pecado-
res), sino la mediocridad, el quedarse a medias, por cobardía, falta de genero-
sidad, conformismo o comodidad, en el exigente camino del amor cristiano.
Chaminade se lo decía claramente a Adela de Trenquélleon (Carta 98, 10 junio
1818):
“Siempre vuelvo al principio fundamental:
que la comunidad marche bien, que las religiosas se formen,
maduren, se santifiquen.
Con religiosas santas conseguiremos todo,
con religiosas corrientes, imperfectas, casi nada”.
Hay una profunda coincidencia entre el punto de vista chaminadiano sobre
la santidad y las intuiciones que ha presentado el papa Francisco en la exhor-
tación apostólica Gaudete et exsultate sobre la llamada a la santidad en el
mundo actual (19 marzo 2018).
Invito al lector a leer y disfrutar esta pequeña joya del papa argentino y me
limito aquí a señalar algunas ideas importantes:
CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN
Tanto Chaminade como Francisco formulan la santidad como algo
posible siendo contemplativos en la acción. Un deseo de santidad que
nos retire de la acción misionera puede ser engañoso y falso (ver GE
25-26), pero un elemento central de la santidad es la dedicación humilde
y perseverante a la oración en todas sus variantes, desde la intercesión
hasta el silencio contemplativo (ver GE 147-157).
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LA SANTIDAD ARRAIGADA EN EL CORAZÓN DEL EVANGELIO,
LAS BIENAVENTURANZAS
Francisco las va desgranando en GE 65-112 y va construyendo una
especie de letanía:
“Ser pobre en el corazón, esto es santidad; reaccionar con humilde
mansedumbre, esto es santidad; saber llorar con los demás, esto es
santidad; buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad; mirar
y actuar con misericordia, esto es santidad; mantener el corazón lim-
pio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad; sembrar paz a
nuestro alrededor, esto es santidad; aceptar cada día el camino del
Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad”.
DOS PELIGROS
Con gran finura espiritual, Francisco alerta ante dos enemigos actuales
de la santidad, que no son precisamente la inmoralidad o la lujuria. El
gnosticismo entiende la perfección cristiana como una adquisición
intelectual reservada a los más dotados o inteligentes. El pelagianismo
la entiende como fruto del esfuerzo de la voluntad. Ni una ni otra ten-
tación captan la dinámica del don. La santidad es la humilde respuesta
al don de la gracia en la que el creyente pierde su vida para ganarla con
los ojos fijos en Jesús y solo en él (ver GE 36-64).
EL DISCERNIMIENTO
El papa Bergoglio es jesuita y, como buen hijo de san Ignacio, incluye
como un factor decisivo del camino de santidad el discernimiento (ver
GE 166-177), entendido más como un don espiritual que como una
técnica. Chaminade, a quien lo ignaciano le llega por su hermano
Jean-Baptiste, se mueve en esa misma órbita y hace de la paciente y
lenta búsqueda de la voluntad de Dios un medio de santificación para
sí mismo y para los demás.
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Quizá la expresión que más ha calado en las redes sociales de toda la exhor-
tación apostólica es la vívida descripción de lo que Francisco llama “la santidad
de la puerta de al lado” (GE 7), esa santidad cotidiana del 1 de noviembre. Merece
la pena citar textualmente un párrafo que no tiene desperdicio (GE 16):
“Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo
con pequeños gestos. Por ejemplo: una señora va al mercado
a hacer las compras, encuentra a una vecina y comienza a hablar,
y vienen las críticas. Pero esta mujer dice en su interior:
«No, no hablaré mal de nadie». Este es un paso en la santidad.
Luego, en casa, su hijo le pide conversar acerca de sus fantasías,
y aunque esté cansada se sienta a su lado y escucha
con paciencia y afecto. Esa es otra ofrenda que santifica.
Luego vive un momento de angustia, pero recuerda
el amor de la Virgen María, toma el rosario y reza con fe.
Ese es otro camino de santidad. Luego va por la calle,
encuentra a un pobre y se detiene a conversar con él
con cariño. Ese es otro paso”.
Es ese el tipo de santidad a la que invita Chaminade y la espiritualidad maria-
nista. Una santidad de lo cotidiano, aunque no faltan en nuestra familia ejemplos
de radicalidad cristiana llevada hasta el heroísmo.
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MODELOS MARIANISTAS
DE SANTIDAD: FUNDADORES
Hubo que esperar a 1995 para que la Iglesia reconociera oficialmente como
beatos a los primeros miembros de la Familia Marianista. Eso no significa, ni
mucho menos, que antes de esa fecha no hubiera mucha santidad en nuestra
familia. Al hacerlo de forma oficial y pública, la Iglesia certifica de forma solemne
que la espiritualidad marianista es un camino de santidad como lo es la ignaciana,
la carmelitana o la benedictina. Hay tantas formas de vivir el camino marianista
como miembros ha habido, hay y habrá en nuestra familia, pero podemos dis-
tinguir diversos carismas que crean tres o cuatro grandes grupos de santos (o
en camino de la proclamación de santidad).
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la educación humana, moral y religiosa es una invitación
a toda la Iglesia a prestar una atención renovada
a la juventud, que necesita a la vez educadores
y testigos para volverse al Señor y participar en la misión
de la Iglesia. [Texto completo en QR]. www.e-sm.net/207426_10
Hace unos años, un folleto de “Con Él” dedicado a Chaminade y escrito por
Enrique Aguilera SM lo llamaba “Profeta en tiempos de cambio”. Otro folleto
más reciente de Joseph Stefanelli SM lo titula “Soñador de futuros”. Profeta y
soñador son epítetos que casan muy bien a un gran hombre de fe, que en medio
de un cambio histórico sin precedentes, supo captar los aires nuevos del Espí-
ritu y conectar con los núcleos fuertes del Evangelio (interioridad, comunidad,
sentido misionero, inspiración mariana) para presentar una propuesta de ree-
vangelización de Francia y el mundo entero.
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CADA CONTRATIEMPO ES PARA CHAMINADE
UN KAIRÓS, UNA OPORTUNIDAD DADA
POR EL ESPÍRITU PARA CRECER.
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MUJER DE DIOS Y DEL MUNDO:
BEATA ADELA DE BATZ
DE TRENQUELLÉON
Comparada con la trayectoria de santidad de Chami-
nade y su talla heroica, la de Adela de Batz de Tren-
quelleón (Trenquelleón 1789–Agen 1828) tiene un
tono más entrañable, femenino y doméstico, lleno de
detalles profundamente humanos y conmovedores.
Nacida en el seno de una familia de la aristocracia
rural del sudeste francés el mismo año que empieza la
Revolución, la infancia de Adela queda marcada por
ella.
En los vendavales revolucionarios, su padre,
militar monárquico, es exiliado a Gran Bretaña.
Tras asaltos e intentos de confiscación del
castillo familiar, Adela debe marchar al exi-
lio en 1797, primero a Tolosa en España y
más tarde a Bragança en Portugal. El
desarraigo y el exilio hacen mella en la
jovencísima Adela, que ya en San
Sebastián y con ocasión de su Pri-
mera Comunión, siente una incon-
fundible llamada a la vida religiosa
como carmelita. Son años duros
que maduran en Adela una firmeza
de carácter y un profundo espíritu
de fe inspirados en su madre, la
baronesa Ursule de Peyron-
necq.
Vuelta a Trenquelléon en
1801, la joven Adela se ini-
cia en una vida espiritual
exigente, centrada en la
oración, la Eucaristía y
la atención a los pobres
campesinos del
entorno. Siguiendo
los pasos de su
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LEE Y REFLEXIONA
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En una canción dedicada a Adela en el álbum
Nacido de Mujer (2000) el grupo de música cris-
tiana Kairoi la define como “mujer de Dios y del
mundo”. Esa doble pertenencia está muy en la
línea de esa “santidad de la puerta de al lado”. La
vida de Adela está hecha de un profundo con-
tacto con la realidad más herida (el exilio, los cam-
pesinos pobres, la situación vulnerable de la mujer)
pero siempre desde una profunda conexión con
el Dios de la misericordia y la ternura.
FUERZA Y TERNURA:
VENERABLE TERESA DE LAMOUROUS
En la vida de Maria Teresa Carlota de Lamourous
(Barsac, 1754–Burdeos, 1836) se ve claramente
cómo la gracia de Dios, cuando es acogida con
un corazón generoso, supera las tendencias
naturales y las lleva a unas fronteras insospe-
chadas. Nacida en una familia de la nobleza rural
del Midi francés, desde su nacimiento prematuro
se hizo patente su salud precaria y enfermiza,
que siempre será para ella una gran limitación.
De un carácter simpático y expansivo, va a
sufrir la tortura durante años de los escrúpulos
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de muchas de estas mujeres. En 1804 junto con otras amigas congregantes,
crea La casa de la Misericordia como centro de acogida para exprostitutas,
dándoles el cariño y devolviéndoles la dignidad que habían perdido.
Desde ese momento, las “chicas” (la mejor traducción del filles francés) van a
ser para Teresa y las colaboradoras el rostro sufriente de Cristo a quienes quie-
ren servir. En La Misericordia se crea una auténtica familia: las “chicas” entran
voluntariamente y reforman su vida con la vida fraternal, la oración y el trabajo
manual. Muchas salen convertidas en amas de casa y consiguen casarse.
Sin apenas ingresos, Teresa y sus compañeras van a aprender a vivir al día,
en continuas estrecheces y en una gran alegría que dejan admirados a los fun-
cionarios públicos que inspeccionan La Misericordia, que llegó a atender a 300
internas. Pronto se plantea dar un estatuto jurídico a esta obra social. Entre
Teresa y Chaminade fundan una congregación religiosa que asegure la misión:
las Hermanas de la Misericordia. Como superiora y directora, Teresa destaca
por su fuerza y su ternura, saliendo una y otra vez en defensa de sus “chicas”
ante jueces y policías, proxenetas o familiares corruptos.
Cuando en 1816 Adela de Trenquelléon ponga en marcha las Hijas de María
en Agen, Chaminade enviará allá a Teresa para ayudar a las primeras marianis-
tas en sus primeros pasos. Varios años después ayudará a que los primeros
hermanos de la Compañía de María puedan abrir en Burdeos su primera escuela:
La Pensión Estebenet.
Pronto van a surgir imitadores de Teresa y se abre La Misericordia de Laval,
animada por su discípula y amiga ,Teresa Rondeau. Agotada y enferma, Lamou-
rous pasa postrada los últimos años de su vida y muere en 1836. En 1971 las
Hermanas de la Misericordia se fusionaron con las Hermanas de José y María,
dedicadas a las prisiones y la reinserción de delincuentes.
En 1989, Juan Pablo II reconoció la heroicidad de sus virtudes con el título de
venerable.
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LA GRAN LECCIÓN:
MÁRTIRES MARIANISTAS
La totalidad de los mártires marianistas fueron educadores. Podemos decir
que sus vidas entregadas para dar testimonio supremo de la fe son su última
y mayor lección: la lección de la fidelidad a Dios y a la Iglesia en tiempos de
persecución y violencia.
El signo del martirio es tan elocuente, tan cercano a la muerte de Jesús en la
cruz, que el requisito de un milagro para la beatificación se sustituye con la
demostración de que tal muerte violenta se dio por odio a la fe (propter odium
fidei) aunque a algunos mártires (por ejemplo Óscar Romero, beatificado en
2015 y canonizado en 2018) se le
ha tenido en cuenta también el
principio de defensa de la justicia y
dignidad humana (propter causam
iustitiae).
Desde siempre, los mártires reci-
bieron la admiración y el culto de
los cristianos ya desde las catacum-
bas de Roma. Los mártires maria-
nistas del siglo xx se suman a una
larguísima lista de testigos de Cristo
que han convertido al siglo pasado
en el de mayor número de mártires
de la historia.
JAKOB GAPP:
UN CASO LÍMITE
Cuando se anunció la inminente
beatificación de Jakob (Santiago)
Gapp, no faltaron ancianos religio-
sos marianistas en España que se
escandalizaron: ¿beato uno que
parecía socialista y hablaba contra
Hitler en el inicio del franquismo?
¿Beato alguien que fue marginado
en la Compañía de María y de hecho
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murió estando “fuera de comunidad”? Piedra de escándalo como Jesús, Gapp
es un caso límite y excepcional por muchas razones.
Nacido en Wattens (Austria) en 1897, pasó una juventud un tanto alejada de la
Iglesia. Combatió por el Imperio austrohúngaro en la Primera Guerra Mundial
(1914-1917) e incluso pasó un tiempo en un campo de prisioneros. En el ambiente
radicalizado de entreguerras, se deja seducir por el socialismo y su interés por la
clase obrera, pero ya con 23 años (una vocación tardía para la época) entra en el
noviciado de Greinshof. Sus primeros años como religioso los dedica a la educa-
ción en distintos colegios de Austria. Le cuesta dominar su fuerte carácter, pero
es un profesor querido y respetado. Entre 1925 y 1930 estudia filosofía y teología
en el Seminario Marianista de Friburgo (Suiza) porque ha pedido ser sacerdote.
Cuando vuelve a su patria, el ambiente de Centroeuropa está revuelto. En
Alemania, derrotada en 1917 y profundamente humillada, crece un nacionalismo
vengativo y agresivo. Entre 1925 y 1933 crece y se expansiona el Partido Nacio-
nal Socialista del exestudiante de Bellas Artes Adolf Hitler, un austriaco como
Gapp. En 1933 gana las elecciones en Alemania, liquida la agonizante república
de Weimar e instaura una férrea dictadura totalitaria militarizando el país, per-
siguiendo a los judíos y desafiando a las democracias europeas.
Desde Austria, Gapp capta pronto la peligrosa ideología nazi, racista y violenta,
opuesta frontalmente al Evangelio de Jesús. Pronto se posiciona en su contra
como educador, catequista y sacerdote, mientras el resto de Austria (incluida
una buena parte de los marianistas) cae subyugado ante la magnética dialéctica
del Führer. En 1937 divulga de forma clandestina la encíclica Mit brennender
Sorge de Pío XI contra el nazismo. Este valiente gesto le costará la vida… Gapp
se convierte en un elemento incómodo para los marianistas de Austria y tras
un breve paso por Francia, aterriza en España en 1939, justo al final de la Gue-
rra Civil.
En la España de la posguerra, Gapp es incomprendido. No se entiende que
este “padre Santiago” (así se hace llamar) hable tan mal de Hitler, aliado de
Franco. Pasa por Cádiz, San Sebastián y Valencia y en todas partes encuentra
bastante incomprensión por parte de sus hermanos. Por último solicita vivir
fuera de comunidad. Entonces interviene la terrible Gestapo, la policía nazi: lleva
siguiendo la pista de Gapp desde 1938 y le tiende una trampa. Dos agentes se
hacen pasar por judíos alemanes interesados en convertirse al cristianismo.
Gapp, inteligente, pero ingenuo, comienza a darles catequesis. Surge la posibi-
lidad de una excursión a Hendaya, en la frontera entre Francia (ocupada por
Hitler) y España. Allí se descubre la trampa y Gapp es arrestado y enviado a
juicio en Berlín. Los marianistas, desconectados por la guerra, no reaccionan.
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LEE Y REFLEXIONA
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martirio de cientos de religiosos, sacerdotes y seglares católicos para que el
régimen franquista no usara este hecho religioso como propaganda política.
Se ha escrito mucho sobre la persecución religiosa durante la Guerra Civil
española. Para entenderla hay que enmarcarla en el anticlericalismo que arranca
desde muy atrás.
El marcado posicionamiento de mucha parte de la Iglesia española a favor de
la monarquía y las propuestas políticas más reaccionarias (como el Carlismo)
fue generando un caldo de cultivo anticatólico en mucha parte del movimiento
obrero, partidos y sindicatos de izquierda y el movimiento anarquista. Ese odio
cada vez más radical ya estalla en la Semana Trágica de Barcelona en 1909 y
se agudiza en la II República (1931–1936).
En el ambiente polarizado y violento de los años 30, se descalificará a la Igle-
sia, y sobre todo su presencia educativa, como aliada de la burguesía, opuesta
al pueblo, manipuladora y enriquecida. Dos hechos despertarán en los religiosos
españoles la mística de la preparación al martirio.
Por un lado, las noticias que llegan de la persecución religiosa en México
(1910–1917) generan toda una literatura piadosa que exhorta a dar testimonio
valiente de Cristo Rey ante el
ateísmo violento de marxistas y
anarquistas.
Por otro lado, en 1934, en el
contexto de la Revolución
minera en Asturias, se produce
la matanza de los Hermanos de
La Salle en Turón, cuyo único
delito era dar clase a los hijos de
los mineros.
Muchas de estas milicias, des-
controladas y violentas, fueron
al ataque de conventos y cole-
gios religiosos, sobre todo en
País Vasco, Cataluña, Madrid y
Castilla–La Mancha. Pasarán
meses hasta que el gobierno
republicano pueda armar un
frente de batalla por escasez de
mandos, y más tiempo aún para
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controlar a las milicias, que no eran soldados, sino civiles armados, fanatizados
y con muy poca disciplina. En un contexto tal, la eliminación de curas, frailes y
monjas fue un auténtico ajuste de cuentas.
No nos vamos a detener a presentar pormenorizadamente a cada uno de los
mártires marianistas ya beatificados. Para ello remitimos a los libros de Emilio
Ortega y José María Salaverri citados en la bibliografía y que destacan por su
equilibrio.
Los primeros beatos marianistas, mártires en Ciudad Real (papa san Juan
Pablo II: 1 octubre 1995) fueron personalidades muy diversas:
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PAX JOACHIM
TECUM IN DEO
JESUS VIVAS
FIDELIS SABINUS
FAMULUS CUM
DEI PACE
FLORENTIO CAROLUS
IN PACE GAUDIAS
CHRISTI IN JESU
MICHAELI PRESBITERO
REFRIGERERE DORMITIO
TUA IN PACE DEI
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LEE Y REFLEXIONA
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Dice un refrán detestable que “la letra con sangre entra”, pero en realidad,
con su sangre derramada simplemente por ser religiosos educadores, estos
siete beatos nos dan la lección de la coherencia, la integridad y la valentía de la
fe en un momento de odio al cristianismo.
Murieron no siguiendo a ningún ejército, sino tras la Virgen Capitana, nuestra
madre del Pilar, como reza un conocido himno marianista. Están llamados a ser
intercesores de reconciliación en la España del siglo xxi.
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LEE Y REFLEXIONA
Una de sus frases favoritas, en pura jerga colombiana era: “la vida con verra-
quera”, es decir, con pasión, entrega e intensidad. La muerte martirial de Michel
(se están actualmente dando los primeros pasos en su causa de beatificación)
enlaza muy bien con la opción preferencial por los pobres que han hecho suya
tantos religiosos de América Latina.
Michel, que no llegó a hacer sus votos perpetuos como marianista, refrendó
con su sangre su entrega a Jesús y a María. En junio de 1990 escribía:
“He descubierto que Dios me llama a que una mi vida a la de Jesús,
trabajando generosamente por los pobres”.
Eso es verraquera… y santidad.
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CONFESORES Y DOCTORES
EN LA FAMILIA MARIANISTA
Tras los mártires, fueron los confesores los santos más venerados en la Iglesia
primitiva. Un confesor (normalmente sacerdote, obispo o papa) es alguien que
camina en la santidad haciendo de su vida una confessio fidei et amoris, un
testimonio intenso y explícito de fe en Cristo y amor entregado a los hermanos.
No fue necesario derramar su sangre para hacer real su entrega. En estos san-
tos confesores los detalles del radicalismo evangélico se entremezclan con la
normalidad de la vida cotidiana.
Ejemplos de ellos abundan en la vida marianista, pero hemos seleccionado
los que han comenzado ya el camino oficial a la santidad. Por su parte, la Iglesia
venera como doctores y doctoras de la Iglesia a hombres y mujeres que han
hecho camino de santidad desde su dedicación al estudio, el pensamiento y la
teología. Son hombres y mujeres que han legado un luminoso camino de ense-
ñanza refrendado con la coherencia de su vida hecha de entrega, profunda
oración y dirección espiritual para con otros. De modo analógico y amplio,
podemos reconocer ejemplos de confesores y doctores entre los candidatos a
la santidad oficial en la Familia Marianista.
DE CUATRO CUARTERONES:
DOMINGO LÁZARO
Posiblemente la expresión tan difundida marianista “de cuatro cuarterones”
(no mediocre, sino cabal, íntegro y coherente) se remonte al mismo Chaminade.
Si le cuadra a alguien de forma casi milimétrica es el Padre Domingo Lázaro
(San Adrián de Juarros, 1877–Madrid, 1935). El paso del tiempo no ha hecho
más que engrandecer la talla humana, religiosa y pedagógica de este sacerdote
marianista, cuya “heroicidad de virtudes” (primer paso a la beatificación) ha sido
reconocida por el papa Francisco en mayo del 2019. Es, por tanto, venerable.
Una primera aproximación a Domingo Lázaro puede resultar un poco anti-
pática. Su seriedad y reconcentración ya desde muy joven, mezcla de timidez,
rigidez y un adusto carácter castellano es solo la cáscara que envuelve un cora-
zón sensible y ardiente, profundamente atraído por Cristo, María y la verdad.
Desde sus primeros pasos en la vida religiosa (postulantado en Vitoria, noviciado
en Pontacq, Francia, escolasticado en Besançon, Cannes y Vitoria entre 1889–
1895) llama la atención por su inteligencia y curiosidad intelectual, su entrega
a la oración y su empeño en el trabajo.
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LEE Y REFLEXIONA
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sus actividades hasta el agotamiento. En 1915 publica “Doctrina y vida cristianas”,
manual escolar de religión que será reimprimido muchas veces.
En agosto de 1916 se convierte en el primer provincial español de los maria-
nistas de España. Se traslada a Madrid. Se toma su empeño de forma volunta-
rista, eficaz y concienzuda, como todo lo que hace. Hay que entrar en su epis-
tolario para captar la finura y el cariño con que dirige a cada uno de los 250
religiosos que tiene a su cargo.
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LEE Y REFLEXIONA
SIEMPRE SÍ A DIOS:
FAUSTINO PÉREZ-MANGLANO
El día (esperemos que próximo) en que sea beatificado el joven Faustino
Pérez-Manglano (Valencia, 1946–1963) sería muy adecuado que su iconografía
incluyera tres rasgos: su sonrisa, el rosario y un balón de fútbol. Si Domingo
Lázaro nos deslumbra por su altura intelectual, Faustino seduce por su sencillez,
cercanía y normalidad.
La suya es “una santidad de la puerta de al lado” casi en estado puro. La bio-
grafía “Tal vez me hable Dios” escrita por su confesor y acompañante José M.
Salaverri SM es, probablemente, uno de los libros marianistas más editados y
traducidos por todo el mundo.
Hay muy pocas cosas “importantes” que contar en la vida de este adolescente
que muere con 17 años a punto de abandonar el Colegio del Pilar de Valencia,
donde entró en contacto con la vida marianista. Juguetón y cariñoso, Faustino
es un niño un tanto bajito, sensible y entusiasta del cine y del Valencia CF. Desde
1960 hasta poco antes de morir escribe un diario personal que es una auténtica
delicia.
Ahí aparece una y otra vez el fútbol… y el rosario, oración favorita de Faustino
que reza todos los días (aunque a veces se le olvida y lo anota). Son muy inte-
resantes también sus notas de ejercicios espirituales en que podemos rastrear
cómo Cristo y María tocan el corazón de este adolescente. Desde finales de
1961 se advierte una mayor madurez y desde unos ejercicios en Alacuás (octu-
bre 1960) descubre en su corazón la llamada de Jesús para ser religioso maria-
nista, educador y más tarde misionero. Esa llamada le encandila y enamora…
Y sin embargo, aparece la enfermedad. En febrero de 1961 le diagnostican
linfogranulomatosis maligna. En el escaso año y medio que le queda a Faustino
de vida, recorre un intenso camino espiritual en que no solo dice “Sí” a Dios, sino
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LEE Y REFLEXIONA
también a una enfermedad cruel que siega su vida. En este camino se acentúa
su cuidado de los demás (es significativa la ayuda que consigue, casi desde la
cama, para un chico pobre de su edad), el agradecimiento a los suyos y el amor
a María.
Entra en la Congregación Mariana del Colegio en junio de 1961. Después de
un campamento por Francia y Suiza en que destaca por su servicialidad, empieza
en septiembre 1962 su curso de preuniversitario. En enero de 1963 su último
acto colegial son los ejercicios espirituales, en donde estremece leer sus notas:
“Bienvenida sea nuestra hermana la muerte”. Esta llega pronto, demasiado
pronto: el 3 de marzo del 1963, un día antes de hacer sus votos privados como
religioso marianista, Faustino fue con su sonrisa al encuentro con Jesús.
Es difícil de entender el impacto que Faustino ha tenido en miles de personas
por todo el mundo. El suyo es un camino de santidad absolutamente normal,
sin estridencias ni aspectos espectaculares. Quizá el secreto de Faustino sea
ese: confesar el amor por Cristo y María en lo cotidiano de la vida. En enero de
2011 el papa Benedicto XVI aprobó la heroicidad de sus virtudes y ya es vene-
rable, con apenas 17 años. Los caminos de Dios no son nuestros caminos.
100 % CONFESOR:
EL PADRE VICENTE LÓPEZ DE URALDE
Si a Faustino lo representaran con sonrisa, rosario y pelota de fútbol, al Padre
Vicente López de Uralde (Vitoria, 1894–Cádiz, 1990) habría que presentarlo sen-
tado en su confesionario, que se conserva con cariño en el colegio marianista San
Felipe Neri de Cádiz. Corría por la Tacita de Plata el dicho de que el padre Vicente
había confesado a media ciudad… ¡porque la otra mitad nunca se confesaba!
Desde 1928 el centro de la vida del alavés Vicente, después de pasar por el
Pilar de Madrid, fue la ciudad de Cádiz, donde fue profesor bonachón y lleno
de comprensión en las dos sedes del Colegio San Felipe Neri (el Oratorio his-
tórico y el Nuevo Colegio de Puerta Tierra) pero sobre todo desarrolló un impre-
sionante y humilde servicio en el Oratorio, mediante la catequesis a niños, la
atención a enfermos y sobre todo el ministerio de la Reconciliación, dedicando
hasta ocho horas diarias a repartir el perdón de Jesús.
Sin ser una lumbrera intelectual y con problemas de autoridad en clase, el
Padre Vicente fue confesor en el sentido teologal y literal. Miles de personas
encontraron en él paz y acogida, y la prueba son las filas de penitentes que lo
buscaban. Afectuoso, paciente y comprensivo, supo ser a la perfección la ima-
gen del Buen Pastor que va en busca de las ovejas descarriadas.
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Una profunda infancia espiritual, hecha de inocencia, fino sentido del humor
y alegría, hizo que llegara a los 93 años con un profundo gozo y serenidad y
que asumiera los problemas de vista que le llevaron a la ceguera completa con
una paz admirable. Infatigable al servicio de todos, el Padre Vicente dejó tras
de sí una estela de profunda santidad hecha de entrega silenciosa, bondad y
misericordia. Hay quien lo compara con otros santos sacerdotes que hicieron
del confesionario el centro de su vida, como san Juan M. Vianney o el famoso
Padre Pío.
Los sesenta y dos años ininterrumpidos al servicio de la diócesis de Cádiz le
acarrearon numerosos reconocimientos públicos (Hijo adoptivo y Medalla de
oro de la ciudad) que él siempre aceptó con profunda humildad y agradecimiento.
Un intenso y cordial amor a María y un sentido de comunidad lleno de delicadeza
y amor fraternal lo convirtieron en ejemplo para muchos marianistas que vivie-
ron y trabajaron con él.
En 2008 se inició la fase diocesana de la causa de beatificación del buen padre
Vicente. En 2017 la causa ha pasado a Roma.
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COMO MARÍA
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PAUTAS PARA REFLEXIONAR
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ANTOLOGÍA DE TEXTOS
El alma dice a Dios: “Soy tuya” y Dios le contesta: “Soy enteramente tuyo”;
¡oh, cuánto sentido en estas dos palabras, Dios mío! Lo que en estos momentos
sucede no puede expresarse adecuadamente, se siente, se palpa por decirlo así,
se vive en una palabra, y la vida no puede expresarse en símbolos […]
¡Religioso! Y ¡Religioso de María! Es decir: soldado de María, colaborador de María,
apóstol de María: ese título le va a dar el voto de estabilidad. ¡Apóstol de María!,
posesión suya, a sus órdenes, instrumento dócil en sus manos, obediente
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ANTOLOGÍA DE TEXTOS
a su dirección. ¡Apóstol de María! Ella nos trajo a Jesús a las almas; sin ella
no haremos cosa buena; con ella triunfaremos seguramente.
Domingo Lázaro, Carta a D. Miguel García SM ,1905
Los estudios teológicos que hice durante y después del seminario me hacían
sentirme cada vez más animado y entusiasmado por la causa de Cristo y de la Iglesia
católica. […] Mi ideal sería derramar mi sangre por Cristo y por la Iglesia.
Jakob Gapp, Interrogatorio en la cárcel de Plötenzsee-Berlín, 1943
María, quiero meditar hoy contigo como guía que eres tan fenomenal.
Que tanto nos amas y nos ayudas a aproximarnos a nuestra meta que es
la santidad. He de ser un verdadero cristiano. Para eso he de ir limando todas
mis imperfecciones. Ser buen cristiano no es fácil. Es mucho más difícil
de lo que creemos. Madre, ayúdame a ser otro Cristo.
Faustino Pérez-Manglano, Diario, 23 enero 1963
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CUESTIÓNATE Y DECIDE
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PARA SEGUIR EN CAMINO
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Emilio Ortega, Con la lámpara encendida. Los beatos Carlos Eraña, Jesús
Hita y Fidel Fuidio, marianistas, SPM, Madrid 1995.
Biografía de los mártires de Ciudad Real en la Guerra Civil española. Muy
accesible.
E
milio Ortega, Por las sendas de la misericordia. María Teresa de Lamourous
(1754-1836), SPM, Madrid 2000.
Muy sencilla y amena biografía de la fundadora de La Misericordia.
F
rancisco Armentia, El Padre Vicente. Vicente López de Uralde, marianista,
SPM, Madrid 1992.
Sencilla y accesible semblanza de un marianista que podría definirse como un
hombre sencillo y bondadoso… pura santidad.
J
osé María Salaverri, Santiago Gapp. Pasión por la verdad frente al nazismo,
PPC, Madrid 1996.
Magistral y sencilla biografía del beato Gapp. Documentada, bien narrada
y profunda.
J
oseph Stefanelli, Chaminade. Soñador de futuros. SPM, Madrid 2010.
Aunque es un folleto, no un libro, es quizá la mejor síntesis biográfica
del fundador de los marianistas. Es de fácil lectura y bellísima edición. Muy
recomendable.
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PARA SEGUIR EN CAMINO
M
aría Luisa Zubiri (ed), Adela de Batz de Trenquelléon. Fundadora de las Hijas
de María Inmaculada (Marianistas), Provincia FMI España, 2015.
Tercera edición de una biografía esencial de Madre Adela, sencilla y directa.
V
incent Gizard, Chaminade. Odres nuevos para un vino nuevo, PPC, Madrid
2005.
Una presentación ágil de la biografía de Chaminade, incidiendo en la novedad
de su propuesta. Muy agradable de leer y bastante documentado.
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ÍNDICE
PUNTO DE PARTIDA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2
LEE Y REFLEXIONA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
La santidad: aclarando malentendidos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .4
Los santos de la puerta de al lado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8
Modelos marianistas de santidad: fundadores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
La gran lección: mártires marianistas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 22
Confesores y doctores en la Familia Marianista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
COMO MARÍA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 38
Santos al estilo de María . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .38
ANTOLOGÍA DE TEXTOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 41
CUESTIÓNATE Y DECIDE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
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