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Revista Rinoceronte: Encuentros Literarios

El documento presenta dos relatos sobre encuentros o desencuentros entre personas. El cuento "Florencio" de Juan Pablo Bertazza cuenta sobre la primera cita de su actual esposa en un museo de Praga, donde se encontró con algo inesperado. También incluye el relato "La cita" de Omar Moreno sobre un posible encuentro que no funciona debido a la falta de conexión entre las personas.

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Revista Rinoceronte: Encuentros Literarios

El documento presenta dos relatos sobre encuentros o desencuentros entre personas. El cuento "Florencio" de Juan Pablo Bertazza cuenta sobre la primera cita de su actual esposa en un museo de Praga, donde se encontró con algo inesperado. También incluye el relato "La cita" de Omar Moreno sobre un posible encuentro que no funciona debido a la falta de conexión entre las personas.

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quiénes somos ‧ contacto

p a r t i r

c o n t i n u a r

c o n t a r

e n s a y a r
Obra: Omar Moreno, Anima fragile 2

c e l e b r a r
su-
ma-
Contar Ensayar
Juan Pawlow Daniel Ripesi
Florencio Diálogo de poetas contrariados
de Juan Pablo Bertazza Anfitrión de esta fantasía

rio
La Cita
de Omar Moreno Celebrar
Imborrables
Partir Conversamos con Paula Ripesi
Gabriela Cuomo
Ese gran simulacro La yapa
de M. Benedetti La Yapa 1:
Diseño Paula Ripesi
Axolotl, cuento de Julio Cortazar
[Link]
Continuar La Yapa 2:
Ilustraciones del número 4: Agradecemos la colaboración de Patricia Martínez Bin Almudena, novela de Juan Pawlow.
Omar Moreno, Maestro en Artes Plásticas y Visuales. Almudena
Especialista en grabado de la Universidad Nacional de Colombia. de Juan Pawlow
@nicanor_schiaffini
Editorial
La vida de una mosca La mosca del rinoceronte es la especie de mosca más grande co-
nocida en África. No podría existir sin el rinoceronte blanco y ne-
gro, ya que depende de él para reproducirse.
depende de un rinoceronte Los rinocerontes tienen fama de ser animales tímidos y solitarios,
muy territoriales, sin embargo, observadores nocturnos de los po-
zos de agua desmienten este mito, ya que han descubierto que
los rinos se dan cita a menudo, se juntan a la luz de la luna a beber
“la memoria del hombre no es una suma, es un juntos.
desorden de posibilidades indefinidas”
Las moscas por su parte, sobre todo las hispánicas no solo han
[Link] frecuentado el Siglo de Oro, a veces se hacen cargo de la función
cómica y les toca representar los vicios de la humanidad, cuando
no cumplen papeles moralizantes, o se vuelven poema, pequeñi-
tas, revoltosas y evocadoras
Por nuestros pagos las moscas sobrevuelan en El matadero de encuentros y desencuentros, citas fallidas o logradas, sonido que
Mansilla, no están ausentes de las páginas de Arlt, y además del vuela, livianas a veces, molestas también.
famoso poema de Machado, por aquí se posaron en los versos
de Zelarayán: “Piedad por esas imbéciles moscas”, mientras que Hace un año publicamos la embestida del rinoceronte, inaugura-
para Lamborghini “los chicos mueren como moscas” allá por el mos un territorio compartido de poemas, cuentos, ensayos, nove-
año 1972; mismo año qué, en un congreso organizado por Oscar las, textos propios, textos que nos gustan, de otros, de varios. En
Massota, él pronuncia la frase “Esas imbéciles moscas” que así le la primera editorial advertimos
ayudan a criticar el progresismo político de la época.
Ni cero, ni uno, ni punto de partida o inaugural, simple embestida,
Podemos suponer que Arlt, Zelarayán, Masotta y Lamborghini ha- así de inevitable, ciega, imparable, sin propósito o destino fijado de
bían leído a Gombrowicz que se quejaba en Ferdydurke: “Basta el antemano.
vuelo de una mosca para que el lector se distraiga”
…revista rinoceronte, tan inútil como quería Leopardi, por el placer
Distraídos o no, lo cual es una forma de leer, “Cada escritor tiene de leer, de escribir…
una mosca revoloteando alrededor de su cabeza” como decía Ca- empecinados
netti en El suplicio de las moscas. gira que gira, alrededor de alguna letra por nada, por que sí.

Palabras que zumban gracias al rinoceronte que permite con sus Pasó un año y aquí estamos.
tripas que se reproduzcan.
Rinoceronte que sale de paseo encuentra con quienes beber en la
Palabras que huyen como moscas o insisten en posarse un rato noche, los que se acercan al pozo, estamos agradecidos por eso.
en la página, ajenas a las reglas de gramática.
En este número contamos con la colaboración que nos han ofre-
Si de rinocerontes y moscas se trata las palabras andarán entre tri- cido: Omar Moreno, desde Colombia, y desde Praga Juan Pablo
pa y viento, o entre carne y letra, casi al borde de la extinción como Bertazza que vuelve a acompañarnos con un cuento.
las especies que nos nombran, a veces susurro, a veces memoria,
Citamos a Borges porque nos gusta, nos acercamos al poema, a Y aquí seguiremos “inventando presente”.
la memoria, a lo que teje y desteje, recordamos a Benedetti.
Almudena nos conquistó, la novela la compartiremos por capítu-
los todos los domingos. Patricia Martínez Bin

Y vamos ensayando: “Entre las palabras y nosotros hay un secreto


que disimulamos bastante mal: y es que son ellas las que nos pro-
nuncian más que nosotros a ellas”

Otra vez, tan inútil como siempre, tan necesaria cada vez, Rinoce-
ronte Revista presenta su número 4.

Celebramos a Imborrables- Álbum ilustrado de personajes y te-


mas de la literatura del Río de la Plata, de Luis Gusmán y Salvador
Gargiulo (eds) y conversamos con Paula Ripesi que nos habla de
su experiencia en el Diseño de Imborrables.

No hay Rino que no nos deje su Yapa, está vez doble: Un cuento
de Córtazar y el Pdf de Almudena, para quienes no pueden esperar
cada domingo para seguir leyendo.
Contar
Juan Pawlow

La cita: el primer encuentro con el otro siempre está teñido por Tal vez si la deriva de la charla hubiese sido otra, si otras hubie-
alguna agitación interior. “Ansiedad”, es un nombre de la época al sen sido esas palabras, si hubiese habido en el oído de cada uno
que se acude para llamar un estado que acompaña muchos actos cierta disposición a dejarse embelesar, tal vez, solo tal vez, la cosa
cotidianos; “ansiedad” puede ser también una palabra justa para podría haber tomado otro rumbo.
definir la expectativa anterior a una cita.
Presentamos en este número de Rinoceronte dos relatos sobre la
Una cita puede despertar fantasías, ¿y cómo no hacerlo? Puede posibilidad de algún encuentro, -o la deriva de un desencuentro-.
generar ilusiones, sueños. Incluso puede ser enteramente onírica: Juan Pablo Bertazza nos envía desde Praga su cuento “Florencio”.
la cita que soñamos. Mientras que Omar Moreno desde Bogotá nos mandó un relato
titulado justamente “La cita”.
La cita siempre es una promesa. Aunque el encuentro pueda de-
venir en un rápido desencuentro. ¿Por qué falla un encuentro que Les agradecemos a ambos la generosidad y el deseo de participar
promete? Por azar. Porque no hubo ese azar que despertara una en nuestro Rinoceronte.
sonrisa cómplice. Porque no se cruzó una mirada deseante. Por-
que las palabras utilizadas no tocaron ninguna fibra sensible en el
otro:
Decir que andaba sin buscarlo parece un chiste pero es absoluta-

Florencio
mente cierto. Sucedió durante la primera cita con mi actual esposa,
una periodista de la televisión checa, en el Museo Nacional. A pe-
sar de las recomendaciones, recién me había decidido a conocerlo
Juan Pablo Bertazza cuando llevaba más de tres años viviendo en Praga, quizás porque
el aspecto de ese inmueble que corona la Plaza Wenceslao me ha-
cía pensar más en un edificio gubernamental que en un museo.

Luego de una serie de posibles actividades que pensamos con mu-


chas ganas pero pocas ideas, ella propuso sin demasiada convic-
ción esa salida y a mí me pareció perfecto. Como toda primera cita,
el comienzo no fue nada fácil: el exceso de calefacción, los empujo-
nes de la gente y algunas incompatibilidades en nuestros intereses
amenazaban con destruir para siempre aquello que intentábamos
armar. El momento más crítico fue cuando le mostré emocionado
los restos de un meteorito que cayó en Argentina y, más precisa-
mente, en la provincia de Chaco, donde casualmente se estableció
una importante comunidad checoslovaca. Ella ni siquiera pareció
inmutarse, como si solo tuviera ojos para los ejemplares de molda-
vita, esa especie de kryptonita checa a la que no dejaba de sacarle
fotos y todo lo que fuera más allá de las fronteras nacionales estu-
viera de más.

A punto de perder las esperanzas, lo vi en un frasco de formol y me


cargué de alegría y confianza. En el centro de la sección de anfibios
había un axololt que, aun congelado en su sueño de formaldehído,
me guió en la difícil tarea de derretir la férrea defensa de las mujeres
checas y pasar la prueba del primer beso, siempre bajo la mirada
bizca y albina de ese curioso animal que, tal como pasé a contarle El muchacho pareció cansarse antes de empezar a responder, y, lue-
a mi acompañante luego de nuestro categórico primer beso, había go de un movimiento fugaz de sus ojos señalando el fondo del local,
visto por primera vez no en París sino en Buenos Aires, en una ca- me dijo que lo mejor sería que hablara con el oriental.
minata por Avenida Corrientes con la que intentaba (eso no se lo
conté) despejarme un poco de ese angustiante estado de realidad Pensé que el dueño de la veterinaria era uruguayo, pero apenas enfilé
que generan los primeros chaparrones de una relación que empieza hacia la dirección que el muchacho señalaba vi a un japonés bajo y
muy bien y no para de seguir mal. robusto, canoso y con muchas manchas en la cara que esforzaba sus
finísimos ojos para poder entenderse con una vieja computadora.
También andaba sin buscarlo cuando encaré por Scalabrini Ortiz
y (el azar en este punto fue absoluto) entré casi sin querer a una Le pedí perdón por interrumpirlo y le pregunté qué había que tener en
veterinaria bastante angosta pero muy profunda con luces bajas cuenta para criar un axolotl. Luego de varios segundos durante los
y muchas peceras. Me quedé viendo un buen rato las jaulas de los cuales pensé que ni siquiera me había escuchado, el oriental decidió
conejos, los reptilarios y las peceras. Me llamó la atención un pez levantar su cabeza con absoluta parsimonia y, luego de mirarme casi
globo y, justo después, lo vi. sin ganas, volvió a prestar atención a la computadora.

No recuerdo si había uno solo porque fui corriendo a preguntarle al Ya un poco nervioso le pregunté si estaba muy ocupado. Otra vez,
primer vendedor con el que me crucé (a pesar de que el local estaba volvió a tomarse unos segundos en digerir mi intervención sin mos-
vacío abundaban los vendedores) si eso era un axolotl. Había leído quearse, como si tuviera que decodificar un mensaje muy comple-
el cuento de Cortázar, quizás más de una vez, pero nunca había vis- jo, y luego de mirarme a los ojos me contestó: “un hombre siempre
to uno. Ni siquiera en fotos. Mi conocimiento de ese extraño animal debe estar ocupado”, para volver a sumergirse una vez más en la
era absolutamente abstracto o, mejor dicho, literario. luz demodé de su computadora de escritorio.

Apenas el muchacho me contestó —sin haber entendido del todo Estuve a punto de irme del negocio pero las ganas eran todavía
la pregunta— que debían quedar algunos señalándome el lugar, se un poco más fuertes y le dije, en un tono más parecido a un ruego
me ocurrió comprarlo. Traté de explicarle que ya lo había visto, que que a una queja, que estaba interesado en el axolotl, pero quería
estaba en la misma pecera que el pez globo, lo cual me parecía un saber qué tipo de cuidados necesitaban.
poco peligroso, solo quería confirmar si esa cosa era un axolotl y, en
todo caso, averiguar qué tipo de cuidados requerían.
Incluso un poco antes de que terminara mi frase, mientras me con gusanos, pececitos y larvas de moscas que, en ese momento,
mostraba una sonrisa inesperada, el oriental me contestó que el no tenían.
axolotl era un ser vivo y, como tal, necesitaba todo aquello que yo
pudiera darle. Recuerdo que miré en dirección a la puerta, quizás Noté que cada vez que yo le hacía alguna pregunta, el oriental se
para mostrarle a ese Confucio pedorro mi intención de irme, o tal retraía como si yo fuera a apestarlo, pero cuando él me hablaba a
vez para hacer que los vendedores se apiadaran un poco de mí y mí se acercaba inclinando su cara a la altura de mi boca y expo-
me ahorraran ese trámite nefasto, pero me encandilaron un poco niendo de una forma brutal sus horribles manchas faciales.
los rayos de sol que entraban de frente para desparramarse y caer
vencidos en la humedad de la veterinaria. Mientras caminaba a casa con el axolotl flotando en una bolsa
hinchada y a medio llenar, junto con todos los accesorios, pensé
Cambié de estrategia y le pregunté si vendían peceras, comida para que acababa de cometer una pequeña locura pero, a la vez, esta-
axolotl, anticloro para el agua y todo lo que hiciera falta. De repen- ba muy contento. Preparé la pecera siguiendo las indicaciones del
te, el oriental abandonó por un momento sus patéticas parábolas anticloro y cuando el ínfimo corte en la bolsa provocó una peque-
y contestó un rutilante y pragmático “por supuesto”. ña catarata a través de la cual el axolotl accedió a su nuevo hábitat
me acordé del cuento de Cortázar.
Terminó de pulsar una letra del teclado con la elegancia de un pia-
nista, antes de guardar, en una nueva carpeta contenida en una in- Fui casi corriendo a mi habitación y luego de revisar el índice en-
finidad de carpetas superpuestas, una planilla de Excel y me pidió contré el relato que lleva como título, precisamente, Axolotl.
que lo esperara unos minutos en ese mismo lugar, como si fuera
posible perderme entre las peceras. Volví al living donde había puesto la pecera, sobre una mesa negra
destinada más a un televisor que a un curioso anfibio de origen
Volvió con un tanque mediano de acrílico, una caja que parecía mexicano y se me ocurrió leernos, al axolotl y a mí, el cuento de
contener una lamparita gigante y dos frascos grandes: uno azul Cortázar. A pesar de que, como ya dije, no era la primera vez que
y blanco, el otro verde y amarillo. Luego de interminables rodeos lo hacía, sentí en esa lectura algo inaugural: un poco porque no me
que incluyeron eso de que hay que comer para vivir y no vivir para acordaba mucho del relato y otro poco porque esa lectura tenía
comer y algún otro proverbio que borré de mi mente, lo que saqué algo de rito. Cuando por fin el protagonista decide suspender su
en limpio es que ese alimento balanceado que me estaba vendien- interés por leones y leopardos y encuentra a los axolotls, lo vi al
do no estaba mal para el axolotl, pero había que complementarlo mío y me di cuenta de que la descripción del cuento coincidía de
manera absoluta con el ejemplar que tenía en casa: no solo por larvas, como dice el propio Cortázar, son también máscaras y, por
lo de su cabeza triangular y su cuerpo rosado y casi transparen- lo tanto, fantasmas. Incluso lo hace con una acotación tan brillante
te que deja entrever sus órganos internos (luego me enteraría de como cierta que, sin embargo, puede pasar desapercibida: el pareci-
que existen especies de color oscuro a los que, por alguna razón, do físico de los monos con el hombre es justamente lo que evidencia
llaman “verdes”) sino, sobre todo, por sus hipnóticos ojos dorados sus enormes distancias; mientras que las enormes diferencias físi-
con forma de pequeña hendidura que, de hecho, se roban todo cas entre axolotls y humanos no hacen más que acercarlos.
el protagonismo en el cuento de Cortázar. También me enteraría,
poco después, de que no todos los axolotls tienen los ojos así: Lo interesante es que ese misterioso puente entre personas y axolot-
esos son los albinos pero la mayoría tienen dos puntos negros ro- ls puede aplicarse también a tierras distantes, a los muertos y a los
deados por una aureola celeste. En el cuento de Cortázar, el puente que aún no nacieron.
entre el narrador y los axolotls se da precisamente a partir de esos
ojos casi ausentes que parecen succionar la mirada del humano. Cuando cerré el libro y me quedé mirando las reacciones de mi axo-
lotl decidí llamarlo Florencio, en honor al segundo y poco conocido
Interrumpía una y otra vez la lectura para digerir la enorme sorpre- nombre de Cortázar que vendría a representar un poco ese otro mun-
sa de que ese último ejemplar que había encontrado en una vete- do que siempre emerge en sus relatos para terminar por imponerse
rinaria de mala muerte fuera idéntico al que el narrador del cuento en la realidad: la escena del sacrificio indígena en “La noche boca arri-
elige entre los nueve que conviven en la pecera. Porque no era solo ba”, el universo interior de ese libro irresistible pero quizás malo que
la descripción física sino también esa inmovilidad con la que, tal se insinúa en “Continuidad de los parques” y, por supuesto, la mirada
como explica el cuento, los bichos parecen recordar un tiempo en succionadora del axolotl.
que ellos dominaban el mundo, mientras permanecen atentos al
exterior de la pecera como testigos y jueces de un secreto inescru- El hermoso clima que siempre genera Cortázar se nubló un poco
table. cuando, en medio de un nado excepcional, me di cuenta de que a
Florencio, mi axolotl, le faltaba una patita. Enseguida se me vino a
Solo pude sustraerme al asombro que me provocaban las coinciden- la cabeza la imagen del pez globo con el que Florencio había con-
cias entre ese extraño ser y las descripciones del relato para volver a vivido quién sabe cuánto tiempo en la misma pecera y casi que
pensar que Cortázar es extraordinario porque impregna de sentido sentí en carne propia el ataque del depredador.
lo que, a simple vista, parece vacío. Tiende en ese cuento un puente
fantástico entre las personas y esos enigmáticos seres que, en tanto
Se me apareció la cara manchada del oriental y su voz calórica Juan Pablo Bertazza nació en Buenos Aires en 1983. Es Licenciado en
pronunciando refranes baratos. Por un momento (lo reconozco) Letras (UBA). Publicó los libros de poesía Los que no hablan (2010), En
pensé en llevar de nuevo a mi axolotl a la veterinaria. No tanto por base doble (2013), Calle Lavalle (2015), La revolución tranquila (2015),
no aceptar su falla sino más bien para ubicarlo al Confucio de Villa La revolución de terciopelo (2017, traducido al checo como Na prahu
Prahy) y el libro de ensayos La furtiva dinamita (2014) sobre la polémi-
Crespo. Sin embargo, en un fugaz movimiento de sus branquias
ca historia del Premio Nobel de Literatura. En 2017 ganó la beca Praga
de coral (tal como las describe Cortázar) él mismo me disuadió de
Ciudad de la Literatura para escribir su primera novela Síndrome Praga
hacerlo. (Adriana Hidalgo), traducida al checo. En 2019 fue uno de los escritores
latinoamericanos invitados a la Feria del Libro Svět knihy. En 2021 pu-
Unas semanas más tarde descubrí que la pata mutilada le había blicó su segunda novela Alto en el cielo (Adriana Hidalgo). Actualmente,
vuelto a crecer y me enteré de que una de las características más trabaja en Radio Praga Internacional y realiza un doctorado de literatura
llamativas de los axolotls es, precisamente, su capacidad para re- en la Universidad Palacký de Olomouc, República Checa.
generar miembros. Pero para mí fue una verdadera sorpresa por-
que esa es una de las pocas cosas que no se dicen en el cuento
de Cortázar. Y hasta en eso vi una especie de regalo que me hacía:
una metáfora perfecta del amor, un final inesperado.
La cita
Omar Moreno

Dedos fríos tamborileaban en los tejados que dan a la Plaza de Bo-


lívar; algunas palomas y tres fotógrafos se guarecían de la lluvia en
las escalinatas de la Catedral.

Repasó el recorte del empleo, estaba a una cuadra. Por esos días
aparecieron los sueños. Había uno con un río y un tigre que se ba-
ñaba y un cazador musculoso que la arrebataba de la fiera como si
fuera Indiana Jones, y le tapaba los ojos. Ella se reía tanto que se
orinaba en el sueño. Avergonzada, se secaba en el baño.

Pero ella no quería saber nada de hombres; estaba harta de sus


mentiras. A todos los que conoció a través de la revista Los cora-
zones solitarios, a todos los terminó odiando. Encabezaba la lista
Javier Solís; seguía Jaime Izquierdo, que para colmo de males era
zurdo, y la terminaba Luis Flórez, sucio y misógino. “Javier Solís” era
el seudónimo con el que firmaba sus cartas. “Tuyo para siempre.
JAVIER SOLÍS”. Con su nombre siempre en mayúscula. Lo imagina-
ba alto, mono, zarco, como los actores de las películas gringas. Por
diciembre, si no recuerda mal, le envió tres fotos: en una aparecía él;
tenía cejas espesas y un mostacho salvaje bajo una nariz aguileña.
Trabajaba de acomodador en un cine, en Tunja, y escuchaba bole- —Te vas a casar. De modo que ya lo decidiste.
ros —para respaldarlo le enviaba dos fotos con una cerveza, junto a —Sí.
una rocola. —¿Cuántos años tiene? —murmuró el abuelo desde la Singer.
—Cuarenta y cinco.
A los pocos días tuvo un sueño premonitorio: caminaba por el barrio —Está muy viejo. ¿Le dijiste tu edad?
Las Aguas, angustiada, por entre los carros. Entraba al café Hispania; —…Lo que te he contado es hermoso; es amor, pero tengo miedo de
se sentaban y tomaban dos tintos. De pronto, Javier le arrebataba el que se venga abajo, de que él me rechace. Yo puedo vestirme mejor,
paquete de cartas, corría hacía la carrera Décima y desaparecía por más a la moda… Debí cuidarme, seguir esas dietas que anuncian las
los vericuetos de San Victorino, entre payasos pérfidos y ancianas revistas, debí seguir el consejo de Laura Acuña. Hacer ejercicio…, no
libidinosas. sabes lo que es la soledad, no sabes qué es vivir cómo estoy vivien-
do, estoy muerta… Y ahora no encuentro la carta con el bendito
Siete años después, don Nicanor tuvo que arreglar la máquina de teléfono.
coser, y encontró las fotos de Javier. Tenían las esquinas comidas
por la humedad, y el sello de Fotografía Hispania. Era él, con su son- Empujó el paquete de cartas en las que le contaba sobre sus sue-
risa dulce y sus ojos despistados; sentado ante la misma rocola ños, abandonado en lo alto de la biblioteca. Tosió. Se ahogaba por
agarrando la misma cerveza con su mano bífida. el polvo. Tosió. Se moría de pena, sin el brazo de Javier, sin sus pa-
labras tan pensadas: En el fondo no hay más que amor. Cualquiera
Ella sintió un escalofrío, pero decidió buscarlo. Vendedores de sán- que sea.
dalo, de medias, de boleros lacrimosos, de CD piratas, de calzones
amarillos, rosados, verdes, todo a mil, todo a mil, cruzaban por la Caminó hacia su pieza; se untó agua de colonia; buscó entre el ar-
ventanilla del bus que la llevaba al Centro. Entró empapada al local; mario.
un negocio vetusto atendido por los nietos de los dueños. Les mos-
tró las fotos. Cuatro…, once…, quince… ¡Dios mío, qué…! Me sabía el número, me
lo aprendí de memoria en el almacén… ¿Cuál es su teléfono? Es dos,
quince…, quince…
—Creo que es mejor llamarlo mañana. Podría decir que viene inme- Omar Moreno. Bogotano. Maestro en Artes Plásticas y Visuales de la
diatamente y tengo los ojos tan irritados… No quiero que vea las Universidad Nacional de Colombia. Grabador. Cuentista. Aborda desde
fotos de Jaime. Además, quisiera comprarme un vestido de flores, la escritura expandida, historias en torno al deterioro, el abandono, la
cambiar las gafas, quitarme el bigote, bañarme… ¿Ahora me com- soledad; en espacios no convencionales, como plazas de mercado y ta-
lleres de mecánica. Entre las que destacan las narraciones en torno a la
prendes?
plaza de mercado Las Ferias, en la que instaló poemas-objeto con graba-
ciones de pájaros; así como el laboratorio de gráfica y escritura expandi-
Lo abrazó y salió. da “Descubriendo la ciudad invisible”, en el barrio bogotano La Reliquia,
donde se calibraron, alinearon imágenes y textos de los asistentes.

Segundo lugar, en el 2011, concurso Grandes contadores de historias,


Fundalectura. Seleccionado por Idartes y Taller Virtual de Escritores para
la antología Letras Emergentes, en el 2021. Formó parte de la publicación
cartonera Palabra, pluma, papel. Escritores de Engativá, en el 2022. Es-
cogido para integrar la antología internacional de microrrelatos 2023, La
minúscula cuerda floja, editada por la revista chilena Brevilla; así como
para la publicaciones El Narratorio y Plesiosaurio.
Partir
Gabriela Cuomo

Somos soledades en convivencia dijo una vez la filósofa y ensa-


yista española María Zambrano.¹ Nos guarecemos de la soledad
en esa narración de la convivencia que llamamos historia. Y for-
jamos entonces ese extraño objeto que es la memoria. Un objeto
que podemos cuidar, o denostar, estrujar y dejar en desuso. Pero
entonces nos volvemos autómatas, condenados a lo idéntico; por-
que sólo el caleidoscopio de la memoria nos permite inventar el
presente, soñar el futuro; extrayendo del pasado (ese tiempo que
se cierra para ya no ser) rastros, profecías, maldiciones, y también
posibilidades por-venir.

Dejemos que Benedetti nos lleve por esa vía en El olvido está lleno
de memoria,² con su poema Ese gran simulacro:

(1) Zambrano, M., Persona y democracia, Alianza Editorial, Madrid, 2019.


(2) Benedetti, M., El olvido está lleno de memoria, Visor, Madrid, 1995.
Ese gran
simulacro
Mario Benedetti
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro
el olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las remembranzas
Cada vez que nos dan clases de amnesia y hay que tirar rencores por la borda
como si nunca hubieran existido en el fondo el olvido es un gran simulacro
los combustibles ojos del alma nadie sabe ni puede/ aunque quiera/ olvidar
o los labios de la pena huérfana un gran simulacro repleto de fantasmas
cada vez que nos dan clases de amnesia esos romeros que peregrinaran por el olvido
y nos conminan a borrar como si fuese El Camino de Santiago
la ebriedad del sufrimiento el día o la noche en que el olvido estalle
me convenzo de que mi región salte en pedazos o crepite/
no es la farándula de otros los recuerdos atroces y los de maravilla
en mi región hay calvarios de ausencia quebrará los barrotes de fuego
muñones de porvenir/arrabales de duelo arrastrarán por fin la verdad por el mundo
pero también candores de mosqueta y esa verdad será que no hay olvido.
Continuar
Patricia Martínez Bin

Rinoceronte presenta una nueva novela inédita: Almudena, de


Juan Pawlow. Hoy compartimos el primer capítulo y continuará
cada domingo.

También anunciamos que nuestra página tendrá una nueva sec-


ción: La biblioteca. Una biblioteca no puede faltar jamás, noso-
tros iremos armando nuestra biblioteca con las novelas inéditas
que vamos publicando, para que queden ahí, a la mano de quién
guste curiosear y tal vez, por qué no zambullirse en la lectura.

Conversando con Juan sobre Almudena, me pregunta- qué te pa-


reció lo que responde en el reportaje- y nos pusimos a hablar de
Almudena cómo hablan dos amigos de una conocida en común,
así es Almudena, llegó para quedarse entre nosotros.
Capítulo I loca intuición, o más bien el aferrarse a una esperanza, el poder
sostener una pequeña llama de ilusión. No cedería, no cedería, ya
estaba allí. La espera fue corta, lo que contribuyó a interrumpir
Su determinación debía imponerse sobre sus dudas. Ese era su la incertidumbre acerca de su acción, entonces se abrió la puer-
propósito. La realidad se presentaba de otra manera. Siempre su- ta y se detuvo el avance de los nubarrones; atravesó el umbral.
cedía lo mismo, tras un primer momento de certeza, de confian- Al menos por un rato la tormenta se disiparía. Ya estaba allí. Su
za ciega en el acto que estaba a punto de realizar -aún cuando, apuesta desesperada -porque la consideraba perdida de antema-
como en este caso, no fuera más que el producto de una corazo- no- comenzaba a jugarse. ¿Con qué resultados? No lo sabía. No
nada-, seguía una gran desazón, que comenzaba -ya tenía prác- esperaba nada aunque esperase todo.
ticamente estudiado el proceso con un leve desgano, con un tin-
te de malhumor, entonces aquella que parecía una idea tersa y
suave, indubitable, comenzaba a mostrar sus rugosidades. Y ya
la seguridad no era inconmovible. Estaba en eso, las primeras nu-
bes aparecían a lo lejos, y lo sabía bien, muy pronto serían negros … Continúa cada domingo un
nubarrones, una auténtica tormenta amenazaría en el horizonte, nuevo capítulo en novelas inéditas por entregas.
hasta que al fin se desataría dentro de su cabeza. La duda era un
estado tan arraigado en él, que fuera el hecho que fuera, -tanto En la Yapa la novela completa en PDF.
algo intrascendente como algo importante- llegado el momento
se presentaba. Vacilaba; aunque su decisión debía prevalecer, en
ello cifraba su esperanza, tenía que mantener la firmeza del pri-
mer movimiento y no ceder. Porque ya había comenzado a dudar
y ya estaba reconsiderando su idea original se preguntó qué ha-
cía allí, en un segundo la indecisión lo tomó por entero. No tenía
que ceder, se empujaba a sí mismo y a sí mismo se detenía. Y no
cedió, aunque más no fuera por la propia inercia con que venía
que llevó a su dedo a oprimir el timbre buscado. Lo llevaba allí una
Ensayar
Daniel Ripesi

Diálogo de poetas
contrariados
Anfitrión de esta
fantasía
Hay un juego que las palabras sólo juegan a cierta distancia de las cosas que hablan con ellas mismas en su lenguaje de cosas,
nuestras intenciones: el de la creación. Entonces ellas dicen sus el lenguaje no habla de las cosas ni del mundo: habla de sí mismo
novedades, entonan alegrías o murmuran tristezas. Como sea, consigo mismo” ²; Adélia, ³ por su parte, le ofreció estos versos –
incrementan el territorio vasto del lenguaje, generan sorpresas, dichos con piadosa feminidad-:
inventan sentido. Sin embargo, cuando esa frágil posesión que
tenemos de las palabras empieza a esbozar –por más tímido que Lo que existen son las cosas,
esto sea- un intento de dominio, las veremos tornarse rebeldes, no las palabras. Por eso
indóciles, a veces dañinas y extremadamente hostiles. Nosotros, te escucharé sin cansarme recitar en búlgaro
apenados y ofendidos, viéndolas escapar así de nuestras certe- como podría mirar durante horas montañas o
zas, argumentamos una justificación que no hace otra cosa que nuves.
aumentar el bochorno: “-nos decimos- Hoy están imprecisas...”. Señales valen palabras,
palabras valen cosas,
Lo decimos –y ellas nos perdonan- porque les apena vernos tan cosas no valen nada.4
tontos. Entre las palabras y nosotros hay un secreto que disimula-
mos bastante mal: y es que son ellas las que nos pronuncian más
que nosotros a ellas... Las palabras son misteriosas y nosotros,
sus meros locutores, demasiado previsibles. Hace unos días Oc-
tavio Paz ¹ se cruzó con Adélia Prado y pude escuchar el siguiente
diálogo que quizás ofrezca alguna luz al enigmático tema de las De pronto apareció Paulo Leminski 5 que los había escuchado a
palabras: Dijo Octavio Paz, no sin imponer a las inflexiones de su la distancia y se cruzó interesado y dispuesto a opinar. Se peinó
voz cierta cadencia seductora, como quien habla queriendo atra- los bigotes un largo rato y, todavía con ese aire de extranjero ex-
par algo con las palabras: travagante que lo caracterizaba, aportó su propia experiencia de
poeta: Miren –dijo- un día...
“Quizás las cosas no son cosas sino palabras: metáforas, palabras
de otras cosas ¿Con quién y de qué hablan las cosas-palabras. Ordené a la palabra rimar,
(Esta página es un saco de palabras-cosas) Tal vez, a la manera de ella no obedeció.
Habló en mar, en cielo, en rosa, (1) Octavio Irineo Paz Lozano[2]​(Ciudad de México, 31 de marzo de 1914-ibi-
en griego, en silencio, en prosa. dem, 19 de abril de 1998) fue un poeta, ensayista y diplomático mexicano, co-
nocido por ganar el Premio Nobel de Literatura en 1990 y el Premio Cervantes
Fuera de sí parecía, en 1981. Se le considera uno de los más influyentes autores del siglo xx y uno
la sílaba silenciosa. de los más grandes poetas de todos los tiempos.
(2) O. Paz El mono gramático, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1974.
Le ordené a la frase soñar, (3) Adélia Luzia Prado Freitas (Divinópolis, 13 de diciembre de 1935), más co-
y ella se transformó en laberinto. nocida como Adélia Prado, es una escritora, poetisa y profesora brasileña.
(4) El nacimiento del poema –fragmento- Adélia Prado, O pelicano, Ed. Rocco,
Al hacer poesía casi puedo sentir eso. Rio de Janeiro, 198.
Dar órdenes a un ejército, (5) Paulo Filho Leminski (Curitiba, Paraná, 24 de agosto de 1944 - Ib., 7 de junio
para conquistar un imperio extinto. 6 de 1989) fue un poeta, novelista, traductor y biógrafo, uno de los poetas más
influyentes en la poesía de Brasil desde los años ochenta hasta hoy.
Adélia se alejó sin agregar nada más, y con graciosa marcha se (6) Desencontrarios, en Distraídos venceremos, Ed. Brasiliense, São Paulo, 1999
perdió por la esquina, Octavio Paz fulminó a Leminski con una mi-
rada llena de reproche por su inoportuna intromisión y Leminski
creyó haber soñado aquella escena cuando más tarde pudo re-
cordarla. Yo me quedé tomando unos mates más en la puerta de
calle, después me fui para adentro silbando bajito.
Celebrar
IMBORRABLES
Paula Ripesi

¡Imposible no celebrar la aparición de un libro como Imborrables!


Singular desde la forma: Álbum ilustrado de personajes y temas de
la literatura del Río de la Plata dice en la tapa.

En NOTA DEL EDITOR Salvador Gargiulo dice: “Alguna vez tratamos


de argumentar, en ronda de amigos, qué circunstancias volvían im-
borrables a ciertos personajes;...

“Como aquellos álbumes de la infancia donde siempre faltaba una


figurita para completarlo. Pero nada impide la ilusión de seguir jun-
tando” dice Luis Gusmán en la INTRODUCCIÓN.

Coincidimos con Gargiulo cuando dice que Imborrables logra hacer


de un libro un bello objeto, máximo galardón al que puede aspirar el
papel impreso.
Entendemos que esa transformación del libro al bello objeto requie- Imborrables es la forma final (o no) de un proceso que culmina en
re de las palabras y las imágenes que lo conforman, como así tam- un libro-objeto. Álbum ilustrado de personajes y temas del Río de la
bién del modo que tienen de habitar en el papel y ese es el trabajo Plata. Estas categorías en principio no cuentan con jerarquías y me
del diseño que estuvo a cargo de nuestra compañera Paula Ripesi, hicieron pensar la estructura y formato de una manera particular.
a quién le pedimos nos cuente su paso por está experiencia imbo- Que este diálogo entre las obras de las artistas y las siluetas de los
rrable. distintos autores fuera navegado visualmente de forma panorámica
y tener la posibilidad de recorrer en simultáneo imagen/texto podía
Celebramos así a Imborrables y compartimos las palabras de Paula: aportar a la experiencia de lectura.

Me contactó Noemí Spadaro para contarme sobre el proyecto de un Fue un hermoso desafío y estoy agradecida a Luis Gusmán, Mar-
libro que estaba comenzando junto a Luis Gusmán y Marcelo Gar- celo Gargiulo, Noemí Spadaro, Marcela Motta, María Pinto y Gisela
giulo. Nos conocimos por ese entonces a través de la pantalla. Es- Fabian por hacerme partícipe de este gran proyecto editorial.
tábamos en plena pandemia pero no impidió que regularmente nos
reunamos virtualmente cada domingo para avanzar en el álbum.

El diseño de este libro fue afectado por la situación que estábamos


viviendo ese año en particular en relación al tiempo, la percepción
del mismo, las nuevas rutinas, etc.. Tuve la posibilidad de ir y venir,
de probar distintas opciones de formato y diagramación.

El proceso comienza en la escucha, en las conversaciones, en el


material y se traslada a mano alzada para la generación de una
pauta y grilla, al tiempo que una o varias ideas las atraviesan y van
modificando.
La Yapa
Axolotl, Julio Cortázar Almudena, novela de Juan Pawlow.

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nos vemos en el
número 5
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