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Áreas Clave en un Proyecto de Inversión

Este documento describe las principales áreas que deben considerarse en un proyecto de inversión, incluyendo: 1) un estudio de mercado para determinar la demanda, costos e ingresos; 2) un estudio técnico para cuantificar las inversiones y costos de operación; 3) un estudio organizacional para definir la estructura y costos administrativos; 4) un estudio legal para considerar los aspectos legales y tributarios; y 5) un estudio financiero para sistematizar la información monetaria y evaluar la rentabilidad del proyecto.

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Áreas Clave en un Proyecto de Inversión

Este documento describe las principales áreas que deben considerarse en un proyecto de inversión, incluyendo: 1) un estudio de mercado para determinar la demanda, costos e ingresos; 2) un estudio técnico para cuantificar las inversiones y costos de operación; 3) un estudio organizacional para definir la estructura y costos administrativos; 4) un estudio legal para considerar los aspectos legales y tributarios; y 5) un estudio financiero para sistematizar la información monetaria y evaluar la rentabilidad del proyecto.

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Áreas que constituyen un Proyecto

Un proyecto de inversión generalmente incluye varias áreas claves que deben ser consideradas y
desarrolladas de manera integral. Estas áreas incluyen:

1) El estudio de mercado. - Uno de los factores más críticos en el estudio de proyectos es la


determinación de su mercado, tanto por el hecho de que aquí se define la cuantía de su
demanda e ingresos de operación como por los costos e inversiones implícitos. El estudio de
mercado es más que el análisis y la determinación de la oferta y la demanda, o de los precios
del proyecto. Muchos costos de operación pueden preverse simulando la situación futura y
especificando las políticas y los procedimientos que se utilizarán como estrategia comercial.
Pocos proyectos son los que explican, por ejemplo, la estrategia publicitaria, la cual tiene, en
muchos casos, una fuerte repercusión, tanto en la inversión inicial —cuando la estrategia de
promoción se ejecuta antes de la puesta en marcha del proyecto— como en los costos de
operación —cuando se define como un plan concreto de acción—. Ninguno de estos
elementos, que a veces son considerados secundarios, puede dejar de ser estudiado.
Decisiones como el precio de introducción, las inversiones para fortalecer una imagen, el
acondicionamiento de los locales de venta en función de los requerimientos observados en el
estudio de los clientes potenciales y las políticas de crédito recomendadas por el mismo
estudio, entre otros, pueden constituirse en variables pertinentes para el resultado de la
evaluación. Metodológicamente, los aspectos que deben estudiarse son cinco:
a) El consumidor y las demandas del mercado y del proyecto, actuales y proyectadas.
b) La competencia y las ofertas del mercado y del proyecto, actuales y proyectadas.
c) La comercialización del producto o servicio generado por el proyecto.
d) Los proveedores, así como la disponibilidad y el precio de los insumos, actuales y
proyectados.
e) El mercado externo como contexto de competencia y oportunidades.

2) El estudio técnico del proyecto. - En el análisis de la viabilidad financiera de un proyecto, el


estudio técnico tiene por objeto proveer información para cuantificar el monto de las
inversiones y de los costos de operación pertinentes a esta área.

Técnicamente existirían diversos procesos productivos opcionales, cuya jerarquización puede


diferir de la que pudiera realizarse en función de su impacto financiero. Por lo general, se
estima que deben aplicarse los procedimientos y tecnologías más modernos, solución que
puede ser óptima técnicamente pero no financieramente.

Una de las conclusiones de este estudio es que deberá definirse la función de producción que
optimice el empleo de los recursos disponibles en la producción del bien o servicio del
proyecto. De aquí podrá obtenerse la información de las necesidades de capital, mano de obra
y recursos materiales, tanto para la puesta en marcha como para la posterior operación del
proyecto.

En particular, con el estudio técnico se determinarán los requerimientos de equipos de fábrica


para la operación y el monto de la inversión correspondiente. Del análisis de las características
y especificaciones técnicas de las máquinas se precisará su disposición en la planta, la que a su
vez permitirá hacer una dimensión de las necesidades de espacio físico para su operación
normal, tomando en consideración las normas y principios de la administración de la
producción.

3) El estudio organizacional-administrativo. - El estudio organizacional y administrativo atiende


los factores propios de la actividad ejecutiva de la administración del proyecto: organización,
procedimientos administrativos y normativas legales asociadas.

Para cada proyecto y estrategia particular es posible definir la estructura organizativa que
mejor se adapte a los requerimientos de su posterior operación. Conocer esta estructura es
fundamental para definir las necesidades de personal calificado para la gestión y, por lo tanto,
estimar con mayor precisión los costos indirectos de la mano de obra.

Al igual que en los estudios anteriores, es preciso simular el proyecto en operación. Para ello
deberán definirse, con el detalle que sea necesario, los procedimientos administrativos que
podrían implementarse junto con el proyecto. Pueden existir diferencias sustanciales entre los
costos de llevar registros manuales o computacionales, y mientras en algunos proyectos
convenga la primera modalidad, en otros puede ser más adecuada la segunda.

La decisión de desarrollar internamente actividades que pudieran subcontratarse influye


directamente en los costos debido a la mayor cantidad de personal que pudiera necesitarse, la
mayor inversión en oficinas y equipamiento, y el mayor costo en materiales y otros insumos.
Como puede apreciarse, una decisión que pareciera ser secundaria lleva asociada una serie de
inversiones y costos que ningún estudio de proyectos podría obviar.

Bastaría un análisis muy simple para dejar de manifiesto la influencia de los procedimientos
administrativos sobre la cuantía de las inversiones y los costos del proyecto. Los sistemas y
procedimientos contable-financieros, de información, de planificación y presupuesto, de
personal, adquisiciones, crédito, cobranzas y muchos más van asociados con los costos
específicos de operación. Los costos de personal son una de las grandes definiciones que
deben efectuarse en esta etapa del estudio, en la que no solo deberá dimensionarse el
requerimiento de personal interno, que dependerá en gran medida del nivel de integración y
externalización, sino que además deberá determinarse el nivel de remuneraciones, los
mecanismos de incentivos y los beneficios por otorgar al personal.

Los sistemas y procedimientos que definen cada proyecto en particular también determinan la
inversión en estructura física. La simulación de su funcionamiento permitirá definir las
necesidades de espacio físico para oficinas, pasillos, estacionamiento, jardines, vías de acceso,
etcétera.

4) El estudio legal. - Tan importante como los aspectos anteriores es el estudio legal, pues las
relaciones internas, con proveedores, arrendatarios y trabajadores, así como las relaciones
externas, con la institucionalidad, organismos fiscalizadores, etcétera, están administradas por
un contrato, o bien, por un marco regulatorio que genera costos al proyecto, por lo que influye
sobre la cuantificación de sus desembolsos.

Los aspectos legales pueden restringir la localización y obligar a mayores costos de transporte,
o bien, pueden otorgar franquicias para incentivar el desarrollo de determinadas zonas
geográficas donde el beneficio que obtendría el proyecto superaría los mayores costos de
transporte.

Uno de los efectos más directos de los factores legales y reglamentarios tiene que ver con los
aspectos tributarios. Normalmente existen disposiciones que afectan de manera diferente a los
proyectos, dependiendo del bien o servicio que produzcan. Esto se manifiesta en el
otorgamiento de permisos y patentes, en las tasas arancelarias diferenciadas para tipos
distintos de materias primas o productos terminados, o incluso en la constitución de la
empresa que llevará a cabo el proyecto, la cual tiene exigencias impositivas distintas según el
tipo de organización que se seleccione.

Otro de los efectos lo constituye la determinación de los desembolsos que representa la


concreción de las opciones seleccionadas como las más convenientes para el proyecto; por
ejemplo, los gastos en los que se deberá incurrir por la confección de un contrato para
encargar una tecnología que debe hacerse a pedido. Asimismo, es posible identificar una serie
de otros efectos económicos vinculados con variables legales.

5) El estudio financiero

La última etapa del análisis de viabilidad financiera de un proyecto es el estudio financiero. Los
objetivos de esta etapa son ordenar y sistematizar la información de carácter monetario que
proporcionaron las etapas anteriores, elaborar los cuadros analíticos y datos adicionales para
la evaluación del proyecto y estudiar los antecedentes para determinar su rentabilidad.

La sistematización de la información financiera consiste en identificar y ordenar todos los ítems


de inversiones, costos e ingresos que puedan deducirse de los estudios previos. Sin embargo, y
debido a que no se ha proporcionado toda la información necesaria para la evaluación, en esta
etapa deben definirse todos aquellos elementos que debe suministrar el propio estudio
financiero. El caso clásico es el cálculo del monto que debe invertirse en capital de trabajo, el
valor de desecho o la tasa de descuento del proyecto.

Las inversiones del proyecto pueden clasificarse, según corresponda, en terrenos, obras físicas,
equipamiento de fábrica y oficinas, capital de trabajo, puesta en marcha y otros. Puesto que
durante la vida de operación del proyecto puede ser necesario incurrir en inversiones para
ampliaciones de las edificaciones, reposición del equipamiento o adiciones de capital de
trabajo, será preciso presentar un calendario de inversiones y reinversiones o capex, que
puede elaborarse en dos informes separados, correspondientes a la etapa previa a la puesta en
marcha y a la etapa de operación. También deberá proporcionarse información sobre el valor
residual de las inversiones.

Los ingresos de operación se deducen de la información de precios y demanda proyectada


calculados en el estudio de mercado, de las condiciones de venta, de las estimaciones de venta
de residuos y del cálculo de ingresos por venta de equipos cuyo reemplazo está previsto
durante el periodo de evaluación del proyecto, según antecedentes que pudieran derivarse de
los estudios técnico (para el equipo de fábrica), organizacional (para el equipo de oficinas) y de
mercado (para el equipo de venta).
Los costos de operación se calculan con la información de prácticamente todos los estudios
anteriores. Existe, sin embargo, un ítem de costo que debe calcularse en esta etapa: el
impuesto a las ganancias, ya que este desembolso es consecuencia directa de los resultados
contables de la empresa, que pueden ser diferentes de los resultados efectivos obtenidos de la
proyección de los estados contables de la empresa responsable del proyecto.

La evaluación del proyecto se realiza sobre la estimación del flujo de caja de los costos y
beneficios. La existencia de algunas diferencias en ciertas posiciones conceptuales, así como
también por la incidencia del financiamiento, hace que la rentabilidad del proyecto difiera de
la del inversionista. Más adelante se dedica un análisis especial al tema.

El resultado de la evaluación se mide por medio de distintos criterios que, más que optativos,
son complementarios entre sí. La imposibilidad de tener certeza acerca de la ocurrencia de los
acontecimientos considerados en la preparación del proyecto hace necesario considerar el
riesgo de invertir en él. Se han desarrollado muchos métodos para incluir el riesgo y la in
certidumbre de la ocurrencia de los beneficios que se esperan del proyecto, algunos de los
cuales incorporan directamente el efecto del riesgo en los datos del proyecto, mientras que
otros determinan la variabilidad máxima que podrían experimentar algunas de las variables
para que el proyecto siga siendo rentable. Este último criterio corresponde al análisis de
sensibilidad.

Evaluar un proyecto puede llevar a conclusiones erradas respecto del mismo. No todos los
proyectos, por rentables que sean, deben implementarse de inmediato, aun cuando existan los
recursos necesarios, si se detecta que podría maximizarse su rentabilidad postergando su
iniciación.

Siguiendo el mismo razonamiento anterior, puede concluirse que un proyecto podría ser más
rentable si se abandona antes de la fecha prevista en la evaluación. Es decir, así como debe
analizarse la postergación de la puesta en marcha, también debe considerarse el abandono
antes

de la finalización prevista. Incluso, aun cuando el proyecto haya sido evaluado, aprobado e
implementado, es posible que surja alguna alternativa de inversión que haga recomendable el
abandono de la inversión en marcha.

Por último, otra variable que complementa la información posible de proveer a quien debe
tomar una decisión se relaciona con el financiamiento. Cuando se incluye su efecto en un flujo
de caja, ya sea por la contratación de un leasing o de una deuda para financiar parte de la
inversión, deja de medirse la rentabilidad del proyecto y se determina la rentabilidad de los
recursos propios invertidos en él, la cual puede ser sustancialmente distinta a la del proyecto.
Obviamente, el inversionista tomará una decisión sobre bases más documentadas si se le
proporcionan ambas rentabilidades.

6) El estudio del impacto ambiental. - La importancia ambiental es cada vez más relevante en la
implementación de un proyecto, tanto es así que hoy se habla del concepto de triple bottom
line o triple última línea, que consiste en la rentabilidad económica, social y ambiental. Es
importante señalar que en un proceso de PEP se deben considerar las exigencias ambientales
que generen algún impacto económico en el proyecto, es decir, hay que velar por las normas
existentes, no medir su impacto. Un enfoque de la gestión ambiental y de la responsabilidad
social empresarial (RSE) sugiere introducir en la evaluación de proyectos las normas ISO 14000,
las cuales consisten en una serie de procedimientos asociados para dar un estándar
internacional de gestión ambiental, con el propósito de lograr un equilibrio entre la
rentabilidad de un proyecto y la reducción de sus impactos en el ambiente, relacionado lo
anterior con los menores costos futuros de una eventual reparación de los daños causados
sobre el medio ambiente. Estos procedimientos se diferencian de las normas ISO 9000, que
solo consideran las normas y procedimientos que garanticen a los consumidores que los
productos y servicios que provee el proyecto cumplen y seguirán cumpliendo con
determinados requisitos de calidad.

Así como en la gestión de calidad se exige a los proveedores un insumo de calidad para
elaborar a su vez un producto final que cumpla con los propios estándares de calidad definidos
por la empresa, en la gestión del impacto ambiental se tiende a la búsqueda de un proceso
continuo de mejoramiento ambiental de toda la cadena de producción, desde el proveedor
hasta el distribuidor final que lo entrega al cliente. Es decir, el evaluador de proyectos debe
preocuparse cada vez más del ciclo de producción completo que generará la inversión,
determinando el impacto ambiental que ocasionará tanto el proveedor de los insumos por la
extracción, producción, transporte o embalaje de la materia prima, como el sistema de
distribución y comercialización del producto en su embalaje, transporte, uso y desecho final.

También es posible anticipar eventuales costos futuros mayores derivados de variables


ambientales en evolución, como la pertenencia de la empresa a un sector industrial con mala
imagen ambiental, lo que haría esperar mayores costos y menor competitividad por tener que
cumplir con normas ambientales más estrictas; la determinación de la mejor ubicación
económica en un sector de creciente valor ecológico o recreativo que podría, en el mediano o
largo plazo, determinar su traslado por presiones de la comunidad, y la pertenencia a un sector
industrial en el que los consumidores hacen cada vez mayores exigencias ambientales (fábricas
de cemento, molinos, etcétera), entre otros.

Si bien es posible afirmar que el desarrollo y los efectos ambientales negativos coexisten,
también lo es conocer que la prevención y el control oportuno de estos permitirán un
crecimiento

económico sostenible. Esto no debe interpretarse como la conservación absoluta del medio
ambiente que impida la identificación de proyectos de inversión que pudieran generar
beneficios y calidad de vida de la población superiores al costo que se asume respecto del
medio ambiente.

Los proyectos pueden generar externalidades muy positivas aun cuando también provoquen
externalidades negativas imposibles de evitar, ante la necesidad de avanzar y mejorar, en
definitiva, la calidad de vida de la población.

El estudio del impacto ambiental (EIA) como parte de la evaluación económica de un proyecto
no ha sido lo suficientemente tratado, aunque se observan avances sustanciales en el último
tiempo. Una tipología de estudios de impacto ambiental permite identificar tres tipos:
cualitativos, cualitativo-numéricos y cuantitativos.
Como se mencionó en el capítulo anterior, cuando se evalúa socialmente un proyecto, lo que
se busca es medir los costos que ocasiona y los beneficios que recibe la sociedad considerada
como un todo, por la realización de un proyecto.

Una de las principales diferencias que tiene respecto de la evaluación privada es que considera
las externalidades, tanto positivas como negativas, que genera la inversión. Mientras las
externalidades positivas corresponden a los beneficios generados por un proyecto y percibidos
por agentes económicos distintos a los que pagan por los bienes y servicios que el proyecto
ofrece, las externalidades negativas son los costos que asumen miembros de la sociedad
distintos a los que se benefician de dichos bienes y servicios. Un análisis más detallado de este
tema se desarrolla en el capítulo final de este libro.

El impacto ambiental en muchas decisiones de inversión es un claro ejemplo de las


externalidades que puede producir un proyecto al afectar el bienestar de la población. Si bien
muchas externalidades no tienen el carácter de económicas, pueden afectar la calidad de vida
de la comunidad; por ejemplo, la contaminación de un lago cuyo entorno sea utilizado con
fines recreativos. Por otra parte, externalidades que no tienen carácter económico se asocian
con un costo cuando se busca subsanar el daño ocasionado.

Desde la perspectiva de la medición de la rentabilidad social de un proyecto, el evaluador debe


cuantificar los beneficios y costos ambientales que la inversión ocasionará. Para ello, puede
recurrir a distintos métodos que permiten incorporar el factor monetario al efecto ambiental,
como los métodos de valoración contingente, de costo evitado o de precios hedónicos.1

Desde la perspectiva de la evaluación privada de proyectos, lo que interesa es medir los costos
y beneficios que con mayor probabilidad enfrentará el inversionista. Si el proyecto puede
afrontar la posibilidad de un desembolso futuro para compensar el daño causado, este valor
deberá incorporarse en el proyecto.

Si existen normas concretas que restrinjan la formulación del proyecto, por ejemplo, el
impedimento de construir un edificio para arriendo de estacionamientos por el impacto vial
que ocasiona sobre la calle, el evaluador deberá investigar la existencia de otras opciones. Si la
demanda hace recomendable, desde el punto de vista de la rentabilidad privada, la
construcción de 800 estacionamientos y existe una restricción establecida al tamaño por el
impacto vial negativo que este proyecto ocasionará, deberá estudiarse la conveniencia de un
tamaño inferior, con salidas a distintas calles, pero que cumpla con la norma, o el traslado de la
ubicación a otro lugar.

Entre otros efectos ambientales directos, la evaluación privada deberá incluir los siguientes
costos: para cumplir con las normas de control de las emanaciones de gases o contaminación
de aguas; para eliminar, reciclar o biodegradar residuos sólidos que no puedan ser depositados
en lugares bajo control y autorizados para tales fines; para acceder a materias primas que
cumplan con las normas ambientales en cuanto a los residuos de embalaje o transporte; para
cumplir con las normas ambientales vinculadas con la comercialización del producto elaborado
por el proyecto, como las restricciones de algunos países a la importación de productos en
embalajes no reciclables, no reutilizables o no biodegradables, etcétera.
Con un adecuado EIA se confeccionará un documento que describa pormenorizadamente las
características de un proyecto o actividad que pretenda llevarse a cabo, o su modificación.

Dicho documento debe proporcionar antecedentes fundados para la predicción, identificación


e interpretación de su impacto ambiental, y describir la o las acciones que se ejecutarán para
impedir o minimizar sus efectos significativamente adversos.

Junto con lo anterior, deberá considerarse una Declaración de Impacto Ambiental (DIA), la cual
es un documento descriptivo de una actividad o proyecto que pretende realizarse, o de las
modificaciones que se introducirán, otorgado bajo juramento por el respectivo titular, cuyo
contenido permita al organismo competente evaluar si su impacto ambiental se ajusta a las
normas ambientales vigentes.

Para implementar un proyecto, deberá contarse con una Resolución de Calificación Ambiental
(RCA), documento que contiene disposiciones de los organismos gubernamentales de control
ambiental.

Los objetivos del EIA consisten en definir mecanismos y responsabilidades que aseguren las
siguientes acciones:

a) La identificación preventiva de los peligros, la evaluación de los riesgos, las medidas de


control y la verificación del cumplimiento oportuno de todas las situaciones susceptibles de
provocar daño a las personas, al medio ambiente, a la comunidad del entorno y a los bienes
físicos durante todo el ciclo de vida de los proyectos.

b) La identificación, aplicación y verificación del cumplimiento del marco regulatorio aplicable,


obligatorio y voluntario, interno y externo según los distintos países en los que se produce o
exporta. Por ejemplo, al exportar salmones de Chile a Europa se requiere cumplir con las
normas ambientales tanto de Chile (interno) como de Europa (externo). En este sentido, los
Tratados de Libre Comercio (TLC) han generado condiciones de reciprocidad en cuanto al
cumplimiento de normas medioambientales mutuamente exigibles.

c) La protección de las personas, del medio ambiente, de la comunidad del entorno y de los
bienes físicos durante el desarrollo de los proyectos, su construcción, montaje, puesta en
marcha y operación.

El reconocimiento oportuno de los peligros y la evaluación de los riesgos e impacto a que se


exponen las personas, el medio ambiente, la comunidad del entorno y los bienes físicos a
causa de los proyectos que se desarrollan, y la adopción, en consecuencia, de medidas
preventivas que tengan como finalidad el control de estos riesgos, entregan un importante
valor al proyecto, que con esto da cumplimiento a la legislación vigente y evita destinar
recursos para mitigar daños ya causados, además de fortalecer su imagen corporativa y
mantener la certificación de los sistemas de gestión.

La metodología de estudio de impacto ambiental debe aplicarse a todos los proyectos,


independientemente de su fuente de financiamiento, de sus modalidades de administración
y/o tipo de contrato, para su desarrollo y ejecución, en cualquiera de las etapas de idea, pre-
inversión, inversión y operación.
Aun cuando no existe una legislación que prevea todos los impactos negativos que un proyecto
podría generar, el comportamiento del inversionista debiera sustentarse en valores éticos y de
responsabilidad social y no tan solo en el cumplimiento de una legislación, muchas veces
insuficiente, en esta delicada materia.

Es por ello que hoy en día se habla del concepto three bottom line; es decir, la triple última
línea, refiriéndose a la medición de rentabilidad económica, social y ambiental.

El estudio debe incluir todos los peligros, riesgos e impactos asociados con las personas, el
medio ambiente, la comunidad del entorno y los bienes físicos donde se inserta el proyecto.
Los resultados deben incorporarse en los eventuales procesos de licitación y/o cotización en
los respectivos contratos de los proyectos, para ser aplicados en las etapas correspondientes.

Está fuera del alcance de este estudio el análisis de riesgos asociados con aspectos financieros,
de gestión y los propios del negocio, como cambios en la actividad económica, inflación,
política monetaria y fiscal, restricciones de comercio, cambios de costos esperados, pérdidas
de mercado y cambio de leyes, entre otros.

Transcurrido un tiempo prudente de operaciones, corresponderá realizar la posevaluación del


proyecto. Esta debe considerar la verificación del cumplimiento de los compromisos de la DIA y
del EIA, los cumplimientos de las acciones correctivas, preventivas y no conformidades
entregadas durante el proceso de traspaso de la etapa de ejecución a la etapa de operación, en
los ámbitos de las personas, el medio ambiente, la comunidad del entorno y los bienes físicos.

Por otra parte, cuando se considera el cierre de un proyecto, deberá tenerse en cuenta un plan
de mitigación de posibles efectos ambientales. Por ejemplo, en un proyecto de vertedero,
además de preocuparse durante la operación de las externalidades negativas y mitigaciones
ambientales, al término de su vida útil deberá considerarse un plan de recuperación de suelo,
a través de la entrega de áreas verdes a la comunidad, además del control de gases y líquidos.
Los costos que involucra esta iniciativa deberán considerarse en el valor de desecho del
proyecto, lo cual perfectamente podría implicar que este último valor termine siendo negativo,
es decir, que deba pagarse por salir del proyecto. Otro tanto ocurre con proyectos mineros en
los que se exige dejar el terreno en condiciones normales una vez que se haya extraído todo el
mineral.

Proceso de Preparación y Evaluación de Proyectos

El proceso de un proyecto reconoce cuatro grandes etapas secuenciales: idea, preinversión,


inversión y operación.

1) Idea

La etapa de idea puede enfrentarse sistemáticamente bajo una modalidad de gerencia de


beneficios, es decir, donde la organización está estructurada operacionalmente bajo un esquema
de búsqueda permanente de nuevas ideas de proyecto. Para ello, identifica ordenadamente
problemas que puedan resolverse y oportunidades de negocio s que puedan aprovecharse. Los
diferentes modos de solucionar un problema o de aprovechar una oportunidad constituirán las
ideas de proyecto. Por ejemplo, frente a un problema de fallas frecuentes de la maquinaria, surgen
los proyectos de reemplazar esa tecnología o de subcontratar el servicio e, incluso, de seguir con la
situación actual si fuese mejor que las otras opciones. Asimismo, podrán aprovecharse
oportunidades de negocio vendiendo materiales de desecho que podrían estar desperdiciándose o
también procesándolos para darles algún valor agregado y poder venderlos.

De aquí que pueda afirmarse que la idea de un proyecto, más que una ocurrencia afortunada de
un inversionista, generalmente representa la realización de un diagnóstico que identifica distintas
vías de solución, a la vez que identifica una oportunidad de negocio y define, al menos
preliminarmente, una estrategia y modelo de negocio por implementar.

2) Preinversión

En la etapa de preinversión se realizan los distintos estudios de viabilidad que involucran diferentes
niveles de profundidad en cuanto a cantidad y calidad de la información disponible para la toma de
decisiones: perfil, prefactibilidad y factibilidad.

a) Perfil: El estudio inicial es el denominado perfil, el cual se elabora a partir tanto de la


información existente como del juicio común y de la opinión que da la experiencia. En
términos monetarios, solo presenta estimaciones estáticas y muy globales de las
inversiones, costos o ingresos, sin entrar en investigaciones de terreno.
En este análisis es fundamental efectuar algunas consideraciones previas acerca de la
situación “sin proyecto”; es decir, intentar proyectar qué pasará en el futuro si no se pone
en marcha el proyecto, antes de decidir si conviene o no su implementación. Por ejemplo,
podría ser muy atractiva la idea de construir un edificio de locales comerciales si en un
momento dado se detecta una gran demanda de ellos. Sin embargo, es posible que, al
investigar sobre los permisos de construcción otorgados, se descubra que la competencia
que enfrentará el proyecto al terminarse la edificación será tan alta que más vale
abandonar la idea antes de iniciar su construcción.
En el estudio de perfil, más que calcular la rentabilidad del proyecto, se busca determinar
si existe alguna razón que justifique el abandono de una idea antes de que se destinen
recursos, a veces de magnitudes importantes, para calcular la rentabilidad en niveles más
acabados de estudio, como la prefactibilidad y la factibilidad.
Por otra parte, en este nivel frecuentemente se seleccionan aquellas opciones de
proyectos que se muestran más atractivas para la solución de un problema o para el
aprovechamiento de una oportunidad.
b) Prefactibilidad: En la prefactibilidad se profundiza la investigación, principalmente en
información de fuentes secundarias para definir, con cierta aproximación, las variables
principales relativas al mercado, a las alternativas técnicas de producción y a la capacidad
financiera de los inversionistas, entre otras. En términos generales, se estiman las
inversiones probables, los costos de operación y los ingresos que demandará y generará el
proyecto, proyectándose las cifras.
Este estudio se caracteriza fundamentalmente por descartar soluciones con mayores
elementos de juicio. Para ello se profundizan los aspectos señalados preliminarmente
como críticos por el estudio de perfil , aunque sigue siendo una investigación basada en
información secundaria, no demostrativa.}
Así, por ejemplo, el cálculo de las inversiones en obras físicas puede efectuarse con costos
promedio de construcción del metro cuadrado o la determinación de la demanda de
pasajes aéreos en función de las variables relevantes que podrían explicar el
comportamiento futuro. Ambas, sin embargo, no representan la mejor manera de
medición de las variables que se desea cuantificar.
De todas maneras, se diseña un proceso de selección de alternativas. La aproximación de
las cifras hace recomendable la sensibilización de los resultados obtenidos, es decir, medir
cómo cambia la rentabilidad ante modificaciones en el comportamiento de las variables
relevantes.
Como resultado de este estudio surge la recomendación de su aprobación, su continuación
en niveles más profundos de estudio, su abandono o su postergación hasta que se
cumplan determinadas condiciones mínimas que deberán explicarse.
c) Factibilidad: El estudio más acabado, denominado de factibilidad, se elabora sobre la base
de antecedentes precisos obtenidos mayoritariamente a través de fuentes de información
primarias. Las variables cualitativas son mínimas, comparadas con las de los estudios
anteriores. El cálculo de las variables financieras y económicas debe ser lo suficientemente
demostrativo para justificar la valoración de los distintos ítems.
Este estudio constituye el paso final de la etapa de preinversión. Por tal motivo, entre las
responsabilidades del evaluador, más allá del simple estudio de viabilidad, está la de velar
por la optimación de todos aquellos aspectos que dependen de una decisión de tipo
económico como, por ejemplo, el número de unidades por producir, la tecnología por
utilizar o la localización del proyecto, entre otros.

El estudio de proyectos, cualquiera que sea la profundidad con la que se realice, distingue dos
grandes etapas: la preparación y la evaluación. La primera tiene dos objetivos: definir todas las
características que tengan algún grado de efecto en el flujo de ingresos y egresos monetarios del
proyecto, y calcular su magnitud. La segunda etapa, con metodologías muy definidas, busca
determinar la rentabilidad de la inversión en el proyecto.

En muchos casos será necesario efectuar evaluaciones previas durante la etapa de formulación y
preparación del proyecto, por ejemplo, para decidir si se compran o fabrican envases, si se
construye o arriendan oficinas o si se hace una o más plantas, entre muchas otras decisiones.

Para ello, es fundamental la definición de la estrategia y modelo de negocio con los que se va a
operar. Lo más común es realizar estudios de perfil para seleccionar la combinación de factores
que dé la configuración definitiva al proyecto, aun cuando en algunos casos se haga más
recomendable un estudio en profundidad para uno o más de las interrogantes que deberán
resolverse durante la formulación de un proyecto.

En la etapa de formulación y preparación se reconocen, a su vez, dos subetapas: una que se


caracteriza por recopilar información (o crear la no existente) y otra que se encarga de sistematizar,
en términos monetarios, la información disponible. Esta sistematización se traduce en la
construcción de un flujo de caja proyectado, que servirá de base para la evaluación del proyecto.

Si bien comúnmente se habla del flujo de caja, es posible distinguir tres tipos distintos en función
del objeto de la evaluación. De esta manera, habrá un flujo de caja para medir la rentabilidad de
toda la inversión, independientemente de sus fuentes de financiamiento; otro para calcular la
rentabilidad solo de los recursos aportados por el inversionista, y otro más para medir la capacidad
de pago, es decir, si puede cumplirse con las obligaciones impuestas por las condiciones del
endeudamiento, independientemente de la rentabilidad que pudiera tener el proyecto.

Por otra parte, en la etapa de evaluación es posible distinguir tres subetapas: la medición de la
rentabilidad del proyecto, el análisis de las variables cualitativas y la sensibilización del proyecto.

Cuando se calcula la rentabilidad, se hace sobre la base de un flujo de caja que se proyecta, a su
vez, sobre la base de una serie de supuestos y que se ha definido como un escenario de trabajo
esperado, en función de la estrategia definida para el modelo de negocio específico planteado. El
análisis cualitativo complementa la evaluación realizada con todos aquellos elementos no
cuantificables que podrían incidir en la decisión de realizar o no el proyecto.

A la identificación de los aspectos más débiles del proyecto evaluado debe darse una dedicación
especial en la medida que sean relevantes; así, la última subetapa podrá abocarse a sensibilizar
solo aquellos aspectos que podrían determinar cambios importantes en la rentabilidad calculada al
tener mayores posibilidades de un comportamiento distinto al previsto.

3) Inversión

La etapa de "inversión" se produce cuando se toma la decisión de llevar a cabo el proyecto y se


asignan recursos financieros, humanos y materiales para su implementación. En esta etapa, se
realizan como la adquisición de actividades, la contratación de personal, la construcción de
instalaciones, la compra de equipos, entre otros.

La etapa de inversión es crucial para el desarrollo del proyecto, ya que implica una planificación
detallada de todas las actividades necesarias para llevar a cabo con éxito. En esta fase, se realizan
análisis exhaustivos para determinar los recursos necesarios, desde la adquisición de terrenos
hasta la contratación de personal especializado. Además, se llevan a cabo procesos de licitación y
selección de proveedores para la compra de equipos y materiales. La construcción e instalación de
infraestructuras físicas se lleva a cabo con meticulosidad, garantizando que se cumplan los
estándares de calidad y seguridad requeridos. Las pruebas y verificaciones posteriores a la
instalación se realizan para asegurar que todas las instalaciones y equipos estén listos y en pleno
funcionamiento para la próxima fase de operación.

4) Operación

La etapa de "operación" comienza una vez que el proyecto está completo y entra en
funcionamiento. Durante esta etapa, el proyecto genera ingresos y beneficios, y se lleva a cabo
actividades de producción, prestación de servicios, comercialización, distribución, entre otras. La
duración de esta etapa puede variar según el tipo de proyecto, pero generalmente representa la
fase más larga en el ciclo de vida del proyecto.

Una vez que se completa la fase de inversión y todas las infraestructuras, equipos y recursos
humanos están en su lugar, el proyecto entra en la etapa de operación. Aquí es donde la
planificación y la ejecución se ponen a prueba en condiciones reales de producción o prestación de
servicios. La puesta en marcha de sistemas y procesos marca el inicio de la producción, seguido de
un período de ajustes y optimizaciones para garantizar un rendimiento óptimo. Durante esta etapa,
la gestión de recursos se convierte en una prioridad, ya que se deben administrar eficientemente
aspectos como la mano de obra, los materiales y los costos operativos. El monitoreo y control
constante del desempeño del proyecto son fundamentales para identificar áreas de mejora y
tomar medidas correctivas oportunas. Además, se implementan programas de mantenimiento
preventivo para asegurar la continuidad operativa y prolongar la vida útil de las instalaciones y
equipos. La mejora continua de los procesos es una parte integral de la operación del proyecto, ya
que se buscan constantemente formas de aumentar la eficiencia y la rentabilidad a largo plazo. En
resumen, la etapa de operación representa el período en el que el proyecto cumple su propósito
principal, generando ingresos y creando valor para todas las partes interesadas involucradas.

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