1.
LOS TRES CERDITOS pie de la chimenea, a la espera de lo que suponían que iba a
ocurrir. Así, cuando el lobo se arrojó, cayó de lleno a la olla.
Había una vez tres chanchitos que se fueron a vivir solos al
bosque, luego de que su madre les planteara que ya eran Desesperado, el lobo huyó a los gritos de la casa.
demasiado grandes para seguir viviendo en casa de sus padres
y que había llegado la hora de conocer el mundo.
Los dos hermanos más pequeños abrazaron al chanchito mayor
y le agradecieron haber construido una casita tan firme donde
Así fue que, luego de caminar varias horas, los tres hermanos se pudieron refugiar. Pusieron manos a la obra y construyeron
encontraron un espacio lo suficientemente despejado como sus propias casas, a base de ladrillos.
para que cada uno pudiera construir su propia casa. El primero
la hizo de paja: estaba apurado por terminarla y salir a jugar. El
segundo chanchito tampoco le puso demasiado empeño, armó Según cuentan los que habitan ese bosque, el lobo nunca más
la suya con unas maderas que encontró y se fue a jugar con su quiso cazar un chanchito.
hermano. El tercero era el más trabajador y responsable.
Levantó su casa con ladrillos y cemento. LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO
Una vez que el hermano más responsable terminó su casa, se Había una vez una pareja de campesinos que fue de visita al
puso a jugar con sus hermanos en el bosque. Los cerditos no mercado. Entre todos los productos y animales que se vendían
notaron la presencia de un lobo que, luego de espiarlos detrás allí, hubo uno que les llamó la atención: una gallina de gran
de un árbol, aprovechó el momento en el que el más pequeño tamaño. Luego de debatir un rato, el matrimonio decidió que
se alejó del resto para cazarlo. esa sería la compra de la jornada: una gallina para el gallinero.
Pero éste, apenas lo vio, huyó para esconderse en su casita de A la mañana siguiente, cuando el señor granjero entró al
paja. Con apenas soplar, el lobo la derrumbó. A toda velocidad, gallinero para alimentar a los animales y a recolectar sus
el chanchito huyó hasta esconderse junto con su hermano en la huevos, hubo algo que le llamó la atención: la flamante gallina
casa de madera. Pero, luego de darle algunas patadas, el lobo había puesto ¡un huevo de oro!
también logró derrumbar esta casa.
Con las manos temblorosas, el campesino recogió el huevo y
Desesperados, los dos escaparon de las garras del lobo y se corrió hasta la cocina de su casa, para mostrárselo a su
refugiaron en la casa de ladrillos, junto con su hermano mayor. esposa.
El lobo intentó derribarla, pero no tuvo la misma suerte que
antes. La casa se mantuvo intacta pese a los golpes y soplidos Esa situación se repitió cada mañana.
que el lobo le dedicó.
El matrimonio comenzó a obsesionarse con la gallina de los
Harto de estos intentos fallidos, el lobo decidió trepar hasta el huevos de oro. Su ambición fue tal que decidieron idear un plan
techo y meterse a la casa por la chimenea. Los hermanos, para hacerse de la mayor cantidad de huevos en el menor
atentos a los ruidos, hirvieron agua en una olla y la dejaron al tiempo posible. Luego de barajar distintas opciones, decidieron
matar a la gallina. “Seguro que en su interior están albergados Al escuchar el pedido desesperado de la cigarra, la hormiga se
todos los huevos”, concluyeron los granjeros. negó y le recordó lo holgazana que había sido durante todo el
verano. Y rápidamente le cerró la puerta en la cara.
Al día siguiente, decidida, la pareja mató a la gallina.
Ese fue el último invierno en que la cigarra pasó frío. El verano
Pero, al abrirla, se encontraron con que no había nada en su siguiente, la se dedicó a armar un refugio y a recolectar
interior, ni siquiera el huevo que correspondía a esa jornada. alimentos. Además, aprendió la lección y dejó de burlarse de
Así, los campesinos se quedaron sin la gallina y sin los huevos los demás.
de oro. Y aprendieron que la ambición no es una buena
consejera y que la fortuna puede ser pasajera.
1. LA CIGARRA Y LA HORMIGA
Érase un caluroso verano, cuando la cigarra cantaba sin parar
debajo de un árbol. Echada sin nada que hacer más que
descansar, veía cómo su vecina, la hormiga, trabajaba sin cesar
llevando a cuestas un enorme grano de trigo.
Con tono de burla, la cigarra le preguntó qué hacía trabajando
con el bello día que hacía. Además, entre risas, le reprochó que
no sabía divertirse.
La hormiga ni siquiera se detuvo a responderle y siguió
trabajando. La escena de la hormiga trabajando y la cigarra
burlándose se repitió durante todo el verano.
Un buen día, llegó el invierno. Ese día, la hormiguita laboriosa
se metió en su hormiguero, calentito y repleto de la comida que
había ido almacenando durante todo el verano.
La cigarra, en cambio, muerta de hambre y de frío, no tenía a
dónde ir. Se le vino a la mente la imagen de la hormiguita
trabajadora y fue corriendo a tocarle la puerta de su hormiguero
para pedirle asilo y comida.