TEMA 1: EL SISTEMA ESPAÑOL DE SEGURIDAD SOCIAL.
CONCEPTO Y ANTECEDENTES NORMATIVOS.
Introducción.
Es ya tradicional incluir el Derecho de la Seguridad Social dentro
del ámbito de estudio normativo, institucional y académico del Derecho
del Trabajo. De hecho, el área del conocimiento científico en el que se
inserta su estudio tiene la denominación de “Derecho del Trabajo y de la
Seguridad Social”.
Diversas razones avalan ese estudio unitario de esta materia:
En primer lugar, razones históricas. Como se sabe,
originariamente, las normas de Derecho del Trabajo y las de Seguridad
Social se dirigían fundamentalmente a la protección de un mismo
colectivo: los trabajadores económicamente más débiles, esto es, los
trabajadores dependientes de la industria.
En segundo lugar, por razones jurisdiccionales. Y es que, en
nuestro país, unos mismos órganos jurisdiccionales (los Juzgados de lo
Social, las Salas de lo Social de los Tribunales Superiores de Justicia, la
Sala de lo Social de la Audiencia Nacional y la Sala de lo Social del
Tribunal Supremo) conocen unitariamente de las cuestiones jurídico-
laborales y de Seguridad Social. Asimismo, una misma ley procesal (la
Ley Reguladora de la Jurisdicción Social, Ley 36/2011, de 10 de
octubre) es la que regula la resolución judicial de conflictos en materia
laboral y en materia de Seguridad Social (art. 2 a y b LRJS).
Por último, por razones de índole administrativa, hasta la
actualidad, un mismo Ministerio se ha ocupado de la gestión
administrativa de unas y otras cuestiones. Actualmente se ocupan los
Ministerios de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y de Trabajo y
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Economía Social pero sigue siendo unitario el órgano de control de
ambas cuestiones, laborales y de seguridad social: el cuerpo de
Inspectores de Trabajo y Seguridad Social y los Controladores
Laborales.
Junto a esos puntos de encuentro entre el Derecho del Trabajo y
el Derecho de la Seguridad Social, al mismo tiempo no se puede
desconocer que, hoy por hoy, éste último sector del ordenamiento
jurídico es la parte del Derecho del Trabajo con mayores pretensiones
de autonomía científica. Téngase en cuenta que el Derecho de la
Seguridad Social, además de proteger a los trabajadores dependientes y
por cuenta ajena, actualmente extiende su acción protectora a sujetos
que no lo son en sentido estricto: trabajadores autónomos, funcionarios
públicos, becarios de investigación, estudiantes, religiosos, diputados,
etc.
Seguramente por este motivo en España y en otros países de
nuestro entorno se viene hablando sin rodeos de la autonomía
normativa, institucional y académica del Derecho de la Seguridad
Social.
Y ello es cierto, aunque también lo sea el hecho de que una parte
importante del Derecho de la Seguridad Social (la que protege a los
trabajadores dependientes y por cuenta ajena) sigue siendo concebida
por la doctrina como parte integrante del Derecho del Trabajo.
I. Concepto de Seguridad Social.
El concepto de Seguridad Social es uno de los conceptos que más
se resisten a su concreción: por su propio contenido jurídico, mutable
por la evolución de las circunstancias y los sistemas de organización
social, y, sobre todo, por la diferente perspectiva, política y jurídica,
desde la que se observa la Seguridad Social.
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El concepto de necesidad social o económica objeto del Derecho
de la Seguridad Social se caracteriza por una gran indeterminación y
por ser el resultado de una evolución histórica, y está inevitablemente
limitado por lo que el propio sistema de Seguridad Social decida incluir
en él y proteger.
Desde un punto de vista político, puede definirse la Seguridad
Social como “el conjunto de de medidas para la prevención y remedio de
riesgos de concreción individual económicamente valuables,
consistentes en defectos de renta con que atender las necesidades
usuales y habituales”.
Desde un punto de vista jurídico, el Derecho de la Seguridad
Social es el conjunto de normas jurídicas que tienen como objeto
normativo las medidas políticas y el cuerpo de doctrina elaborado en
torno a los mismos”. La Seguridad Social es un sistema técnico-jurídico,
es decir, regulado por el Derecho.
La Organización Internacional del Trabajo define la Seguridad
Social como “la protección que la sociedad proporciona a sus miembros,
mediante una serie de medidas públicas, contra las privaciones
económicas y sociales que, de no ser así, ocasionarían la desaparición o
una fuerte reducción de los ingresos por causa de enfermedad,
maternidad, accidente de trabajo, o enfermedad laboral, desempleo,
invalidez, vejez y muerte; y también la protección en forma de asistencia
médica y de ayuda a las familias con hijos”.
El marco legal básico de la Seguridad Social Española, que no es
otro que el proporcionado por el Real Decreto-Legislativo 8/2015, de 30
de octubre (vigente desde el 2 de enero de 2016, hasta entonces
TRLGSS Real Decreto Legislativo 1/1994, de 20 de junio), por el que se
aprueba el TRLGSS, nos ofrece una noción de Seguridad Social en los
siguientes términos: “El Estado, por medio de la Seguridad Social,
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garantiza a las personas comprendidas en el campo de aplicación de
esta, por cumplir los requisitos exigidos en las modalidades contributiva
o no contributiva, así como a los familiares o asimilados que estuvieran
a su cargo, la protección adecuada frente a las contingencias y en las
situaciones que se contemplan en esta Ley” (art.2.2 TRLGSS).
Este precepto deja en interrogante quienes son los sujetos
titulares de la Seguridad Social, el tipo de protección que dispensa, ante
qué contingencias o situaciones de necesidad y bajo qué requisitos, no
obstante ofrece dos aclaraciones importantes sobre el particular:
1) En relación con el ámbito subjetivo de la Seguridad Social,
considera también beneficiarios de la misma no sólo a los
sujetos causantes, sino también a los familiares y asimilados a
cargo de aquellos.
2) Respecto al ámbito objetivo, la protección se articula en torno
a las denominadas modalidades contributiva y no contributiva
de la Seguridad Social, atendiendo al hecho de si la protección
se otorga de conformidad con las cotizaciones efectuadas en el
marco de una actividad profesional (Seguridad Social
contributiva o profesional), o al margen de la cotización y del
ejercicio de una profesión determinada (Seguridad Social no
contributiva o asistencial).
3) Cabe añadir que la protección dispensada por la Seguridad
Social consiste en la atribución de unas prestaciones que
pueden ser económicas o técnicas, tendentes a paliar o a
hacer frente a ciertas contingencias o situaciones de
necesidad: el exceso de gastos, la disminución de ingresos o la
insuficiencia de recursos económicos para subsistir.
II.- La formación histórica de la Seguridad Social en Europa y en
España.
El proceso de formación de la Seguridad Social corre parejo al
proceso de formación del Derecho del Trabajo mismo.
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El actual modelo de Seguridad Social debe su existencia a un
largo proceso de evolución histórica de diversas técnicas de protección
de los trabajadores frente a los riesgos sociales. A efectos sistemáticos,
se puede decir que la conformación histórica de la Seguridad Social
como sistema unitario de protección atravesó por la siguientes tres
grandes etapas:
1) Desarrollo inicial de la revolución industrial: inexistencia de sistema
unitario de protección.
En un primer estadio evolutivo, coincidente con el desarrollo
inicial de la revolución industrial y burguesa que tiene lugar en Europa
entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, y el crecimiento de la
población obrera, no existía un sistema unitario de protección de los
riesgos que afectaban a los trabajadores de la industria. Por ello, las
técnicas de protección se reducían al ahorro individual voluntario, la
beneficencia, la mutualidad y el seguro voluntario. Veamos cada una de
ellas brevemente:
1) Como se sabe, el ahorro individual es una técnica de previsión
consistente en que el individuo renuncia a un consumo actual con
vistas a poder hacer frente a gastos futuros. Esta técnica fue harto
insuficiente para la cobertura de la multitud de riesgos sociales posibles
(pérdida de empleo, jubilación, invalidez, etc) dado que la capacidad de
ahorro entre las capas sociales más débiles era muy escasa. Téngase en
cuenta que los salarios en la industria eran los justos para la
subsistencia y que la estabilidad en el empleo era escasísima pues se
contrataba por jornada y sólo parte de la población obrera conseguía
entrar diariamente en las fábricas. A ello se le unía el efecto negativo de
la depreciación monetaria. Dicho en otras palabras, quien podía ahorrar
no lo necesitaba y quien lo necesitaba no podía ahorrar.
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2) La beneficencia es una técnica de reparación de las situaciones
de necesidad basada en el altruismo. Esta función venía siendo
desempeñada por sujetos privados y más típicamente por instituciones
públicas, civiles o religiosas. Sin embargo, debido precisamente al
carácter graciable de las ayudas concedidas por el benefactor, esta
técnica también resultó harto insuficiente para hacer frente a los
riesgos sociales.
3) Por su parte, la mutualidad o previsión mutualista es una
técnica de protección basada en la idea de solidaridad de los sujetos
expuestos al riesgo: un grupo social homogéneo decide poner en común
parte de sus ahorros para hacer frente a las situaciones de necesidad
derivadas de los riesgos que puede experimentar cualquiera de sus
individuos. Esta técnica surgió en la edad media como sistema utilizado
por los gremios de profesionales para proteger a las personas que los
integraban.
Con el desarrollo de la Revolución Industrial y de sus nefastas
consecuencias en las condiciones de vida y trabajo de los obreros,
aparecen las primeras manifestaciones del mutualismo obrero: las
llamadas “Sociedades de Socorros Mutuos”. Los propios obreros deciden
aunar esfuerzos frente al infortunio con este tipo de sociedades. Sin
embargo, este mutualismo obrero tuvo un escaso alcance debido a la
parca capacidad de la clase obrera para organizarse colectivamente, a
su escasa capacidad de ahorro y a la represión ejercida por el poder
político sobre este tipo de iniciativas, prohibidas por los Estados
liberales de la época que perseguían toda forma de organización
colectiva de los trabajadores. Recuérdese, en este sentido, que
constituir un sindicato o una organización de trabajadores semejante se
tipificaba como delito, que llegó en España a recibir la denominación de
“delito de maquinaciones para alterar el precio de la mano de obra”.
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4) El seguro voluntario constituía una técnica de previsión mucho
más conocida y extendida, cuyos orígenes se remontan al siglo XV, en
Italia, cuando los mercaderes sienten la necesidad de contratar con
banqueros el aseguramiento del valor de sus mercancías frente a
riesgos tales como el saqueo, el naufragio, el incendio, etc, que
soportaban durante el transporte. Con el tiempo, el contrato de seguro
fue diversificando su función, permitiendo la cobertura de todo tipo de
riesgos. Sin embargo, tampoco constituyó una técnica eficaz para la
cobertura de los riesgos sociales, en tanto una cobertura adecuada y
suficiente exigía el pago de una prima cuya cuantía no podía permitirse
la población obrera.
La insuficiencia de estas técnicas de protección para hacer frente
a los riesgos sociales creados por la Revolución industrial se hizo pronto
notoria debido a su carácter voluntario, a la escasez de personas
protegidas y a los efectos negativos de la inflación sobre el ahorro
individual.
2) Finales del siglo XIX: primeros seguros sociales.
La mayoría de los Estados europeos de finales del siglo XIX y
principios del XX, además de dictar las primeras normas protectoras de
los trabajadores asalariados de la industria, desarrollan medidas
normativas de protección social. Destacan, en este sentido, los llamados
“seguros sociales”, que se diseñaron legalmente para la cobertura de los
riesgos profesionales de esos mismos asalariados.
Los seguros sociales surgen por vez primera en Alemania, de la
mano del canciller Otto von Bismarck que puso en marcha un programa
sucesivo de mejoras sociales cuyos hitos más importantes fueron, en
1883, la ley del Seguro de Enfermedad; en 1884, la Ley de Seguro de
Accidentes de Trabajo en la Industria, en 1889, la ley del Seguro Social
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de Vejez e Invalidez y, en 1911, la ley del Seguro de supervivencia.
Todos ellos se recopilaron en el Código de Seguros Sociales de 1911.
Estos seguros sociales fueron extendiéndose paulatinamente a
todos los países europeos industrializados, incluido España que
necesitó más tiempo para ello por distintos motivos (retraso de la
industrialización española, guerra civil etc). Fue durante la dictadura
franquista cuando se perfeccionó el elenco de los seguros sociales:
enfermedad, SOE (1942), vejez-invalidez, SOVI (1947), modificación de
la normativa de accidentes de trabajo (1956) o desempleo (1961).
El sistema público de seguros sociales de inspiración
bismarkiana, que se extendió a otros países europeos, se caracterizó por
los siguientes rasgos:
1) Se trataba de un régimen de protección laboral, en relación
con los trabajadores por cuenta ajena de la industria, que irá
extendiendo paulatinamente su ámbito a otras profesiones.
2) Era un sistema de seguros múltiples e independientes: seguro
de enfermedad, seguro de accidentes de trabajo, seguro de vejez e
invalidez y seguro de supervivencia. Además existían dos grandes
ramas, los riesgos profesionales y los riesgos comunes, con importantes
diferencias de régimen jurídico que afectan al aseguramiento y
cotización, a la gestión y a la acción protectora. La Seguridad Social
Española participa todavía de esta dicotomía. La gestión correspondía
al Estado, bien directamente, bien a través de organismos
instrumentales. Además eran obligatorios pues el aseguramiento venía
impuesto por la Ley.
3) Subjetivamente extendía su protección a las capas sociales más
débiles: a los trabajadores de la industria con salarios más bajos pero
con una mínima capacidad económica para hacer frente al pago de las
cuotas del seguro. Posteriormente extendieron su ámbito protector al
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conjunto de la clase obrera industrial y, más tarde, a otros trabajadores
por cuenta ajena (de la agricultura, servicios, etc).
4) Financieramente se sostenía con las aportaciones de patronos
y obreros y con aportaciones estatales (financiación tripartita). Sin
embargo, en el seguro de accidentes de trabajo la financiación recaía
exclusivamente sobre los empresarios y el Estado (se excluía a los
trabajadores). La cuantía de las cotizaciones de cada trabajador y
empresario no eran uniformes, sino que dependía del salario y, en
consecuencia, la cuantía de las prestaciones tampoco era uniforme (ya
que se vinculaba a las cotizaciones efectuadas).
Pese al indudable avance que supuso su aparición, los seguros
sociales presentaban limitaciones de tipo subjetivo (en atención a su
carácter eminentemente profesional), lo que impedía hablar de la
existencia de un auténtico sistema de Seguridad Social.
3) Siglo XX: Sistema de Seguridad Social.
Ya en el siglo XX, y en vísperas de la II Guerra Mundial, se atisba
la evolución del sistema de seguros sociales hacia un sistema de
Seguridad Social.
El sistema de Seguridad Social arranca en Inglaterra al crear su
Gobierno, en 1941, una Comisión presidida por William Beveridge, para
el estudio de un nuevo sistema de previsión. Del concepto de “seguro
social” se pasa al más ambicioso y sistemático de “Seguridad Social”.
Esta nueva terminología se adopta en la Declaración de los Derechos
Humanos de la ONU y en las Constituciones de la postguerra. Su
objetivo ya no es sólo atender los riesgos de la sociedad industrial para
los que lleven a cabo una actividad profesional, sino suplir las carencias
del sistema contributivo, la falta de protección por no reunir requisitos
asegurativos y así conseguir el objetivo social de una cierta
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redistribución de la renta hacia los sectores no protegidos por el
sistema ( inválidos que no hayan realizado ninguna actividad
profesional o no hayan trabajado nunca, ancianos o inválidos sin
derecho a pensión, viudas sin recursos económicos, etc.).
El objetivo de este nivel de Seguridad Social es la garantía y extensión
de una renta mínima a todos los ciudadanos, mediante una
universalización subjetiva por el mero hecho de ser ciudadanos,
mínimo vital financiado a cargo de los presupuestos del Estado, para
los no beneficiarios del seguro, por no estar incluidos o por no alcanzar
derecho por la vía asegurativa.
Este nuevo modelo de protección frente a los riesgos sociales
introducido por estas medidas legislativas difiere del sistema de seguros
sociales por las siguientes características:
1) Se trataba de un sistema unitario que unificaba los seguros
sociales existentes y que era gestionado por el Estado a través de un
Ministerio con competencias específicas en la materia (el equivalente al
actual Ministerio de Empleo y seguridad Social).
2) Subjetivamente dispensaba una protección universal: extendía
su ámbito de protección a toda la población y no exclusivamente al
colectivo de trabajadores por cuenta ajena . Se trataba, en definitiva, de
una “universalización subjetiva” del sistema: garantizar una renta
mínima a todos los ciudadanos en situación de necesidad por el mero
hecho de serlo. Por ese motivo, la protección era igualitaria para todos
los ciudadanos y no se distinguía el origen profesional o no del riesgo
sino exclusivamente a la situación de necesidad de las personas.
3) Financieramente se sostenía con las cuotas de empresarios y
trabajadores, pero cada vez tuvo más entidad la aportación estatal a
través de los impuestos que recauda el Estado. Debido a la importancia
de la financiación estatal, la cuantía de las prestaciones era uniforme
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para todos los ciudadanos y no se supeditaba al nivel de las
cotizaciones efectuadas por el trabajador.
Las ideas de Beveridge, fueron implantadas en Inglaterra en 1945
y fueron paulatinamente adoptadas con mayores o menores
modificaciones en otros muchos Estados. Se inició así la evolución de
los seguros sociales hacia un auténtico sistema de Seguridad Social.
- Etapa de los seguros sociales y del Mutualismo Laboral en
España –
En nuestro país la evolución de la Seguridad Social sigue los pasos
de los países europeos, estructurándose en una primera fase a través de
la previsión social, como conjunto de seguros sociales, siguiendo el
sistema de Bismarck.
El verdadero antecedente de la Seguridad Social en España lo
constituye la Ley de 30 de enero de 1900, de Accidentes de Trabajo en
la Industria (conocida como Ley DATO), que afirma la responsabilidad
empresarial de las resultas del accidente de trabajo.
La Ley de 27 de febrero de 1908 creó el Instituto Nacional de
Previsión, para gestionar los diferentes seguros sociales que se irían
creando, convirtiéndose en el organismo que gestionó y desarrolló toda
la acción jurídica aseguradora en España, tanto en un sistema de
previsión social, como en el posterior sistema de Seguridad Social.
De la etapa de los seguros sociales podemos citar, entre los más
representativos, los siguientes:
- “Régimen del Retiro Obrero Obligatorio “, creado en 1919, fue el
primer seguro social obligatorio para la protección de la vejez.
- El seguro de protección familiar, creado en 1938.
- En 1939 se sustituye el Retiro Obrero por el Seguro de Vejez,
que posteriormente dará lugar al Seguro de Vejez e Invalidez
(SOVI) por Decreto de 1947.
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- El seguro de enfermedad creado en 1942.
- El seguro de accidentes de trabajo regulado por Ley de 22-12-
1955, que unifica la protección de accidentes en la agricultura y
en la industria.
- El seguro de paro o desempleo que se establece por la Ley de
22-7-1961.
El Mutualismo Laboral nació a finales de los años 1940 entre los
trabajadores en denuncia de la insuficiencia de los seguros sociales,
cuyas prestaciones económicas, de cuantía fija, fueron descendiendo
con la carestía de la vida en su valor adquisitivo. El resultado fue la
aparición de un sistema de prestaciones complementarias dentro de
cada rama profesional (Banca, Comercio…), de constitución
obligatoria cuya gestión se confió a las Mutualidades Laborales.
- El nacimiento y desarrollo de la Seguridad Social –
La necesidad, mundialmente sentida, de sustituir los seguros
sociales por un completo sistema de Seguridad Social es recogida
igualmente en nuestro país, y se formula un “Plan Nacional de
Seguridad Social” a partir del Decreto del 14-1-1957, que lleva a un
proyecto de Ley de Bases, que es aprobado por las Cortes el 28-12-
1963, como “Ley de Bases de Seguridad Social”, que representa el
inicio de un moderno sistema de Seguridad Social inspirado en los
siguientes principios:
- Tendencia a la unidad, poniendo así fin a la complejidad del
sistema de previsión social vigente.
- La nueva Seguridad Social delimita en su acción protectora las
diversas contingencias protegidas, para la consideración
conjunta de las mismas, superando así la tendencia de atender
a riesgos singulares.
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- Financiación de la Seguridad Social por el sistema de reparto y
no el de capitalización.
- En cuanto a la gestión se mantiene su carácter público y la
ausencia de ánimo de lucro.
En el desarrollo de la Seguridad Social destacan las siguientes
disposiciones:
- La Ley Articulada de Seguridad Social aprobada por Decreto de
21-4-66 y su Reglamento por Decreto de 23-12-66. Esta nueva
normativa se aprobó en cumplimiento de lo dispuesto en la Ley
de Bases de Seguridad Social y entró en vigor el 1 de enero de
1967, fecha a partir de la cual puede hablarse en nuestro país
de Seguridad Social aplicada a los ciudadanos.
- El Texto Refundido de la Ley General de la Seguridad Social de
30 de mayo de 1974.
El sistema de Seguridad Social que evolucionaba con el Decreto
de 1974 se caracterizó por:
a) El campo de aplicación es eminentemente profesional.
b) La financiación del sistema se efectúa por las aplicaciones
progresivas del Estado consignadas en los Presupuestos
Generales, por las cotizaciones de las personas obligadas y
por los frutos, rentas e intereses derivados del patrimonio de
la Seguridad Social.
c) La acción protectora es causal, se distingue entre riesgos y
contingencias profesionales (accidente de trabajo y
enfermedad profesional) y contingencias comunes (accidente
no laboral y enfermedad común).
d) En la gestión se mantiene la estructura organizativa de los
seguros sociales, llevándose a cabo a través del Instituto
Nacional de Previsión y las Mutualidades Laborales, con la
participación de las entonces Mutuas Patronales de
Accidentes de Trabajo y la colaboración voluntaria y
obligatoria por parte de las empresas.
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- El Real Decreto-Ley 36/1978, de 16 de noviembre, de Gestión
Institucional de la Seguridad Social, la Salud y el Empleo
abordó, en plena transición hacia la democracia, una reforma
necesaria del sistema y, con sujeción a los principios de
solidaridad financiera y unidad de caja, se crearon las
siguientes entidades gestoras de la Seguridad Social:
a) El Instituto Nacional de la Seguridad Social, para la gestión y
administración de las prestaciones económicas contributivas de
la Seguridad Social.
b) El Instituto Nacional de la Salud, para la administración y
gestión de los servicios sanitarios, denominado en la actualidad
Instituto Nacional de Gestión Sanitaria.
c) El Instituto Nacional de Servicios Sociales, para la gestión de los
servicios complementarios de las prestaciones del sistema de la
Seguridad Social, denominado hoy en día Instituto de Mayores y
Servicios Sociales.
Con anterioridad ya existía el Instituto Social de la Marina para
la gestión del Régimen Especial de los Trabajadores del Mar, y
que se mantiene en la actualidad.
En virtud de este Real Decreto también se crearon el Instituto
Nacional de Empleo (hoy en día depende del Ministerio de
Empleo y Seguridad Social y desde 2003 se denomina Servicio
Público de Empleo Estatal) y el Instituto Nacional de Higiene y
Seguridad en el Trabajo, dependiente del Ministerio de Empleo y
Seguridad Social.
Se extinguieron los siguientes organismos: el Instituto Nacional
de Previsión, el Servicio de Mutualismo Laboral, las
Mutualidades Laborales y demás entidades gestoras de
estructura mutualista.
- La Ley de las Prestaciones no contributivas, Ley 26/1990, de 20
de diciembre, que establece prestaciones en la modalidad no
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contributiva, concretamente jubilación, invalidez y prestaciones
por hijo a cargo. Supone introducir un elemento de
universalización en línea con lo predicado en el art. 41 de la
Constitución Española en un sistema eminentemente
contributivo o profesionalizado.
- Real Decreto Legislativo 1/1994, de 20 de junio, que aprueba el
nuevo Texto Refundido de la Ley General de la Seguridad Social
(LGSS). -
La proliferación de normas existentes aconsejaba la elaboración de
un nuevo Texto Refundido de la Seguridad Social que permitiese la
ordenación y aclaración de tantas disposiciones legales. El Gobierno
aprobó el Real Decreto Legislativo 1/1994, de 20 de junio, Texto
Refundido de la LGSS, vigente desde el día 1 de septiembre de 1994
hasta el 2 de enero de 2016. Al tratarse de una refundición de leyes
anteriores, no puede propiamente hablarse de “novedades
legislativas”, sin embargo, como caracteres más significativos del
nuevo texto refundido, destacan:
- Determina el derecho de los españoles a la Seguridad Social.
- El sistema de Seguridad Social se fundamenta en los principios
de universalidad, unidad, solidaridad e igualdad.
- Separación entre un Régimen General y varios Regímenes
Especiales.
- En orden a las prestaciones, el Estado garantiza a las personas
comprendidas en el campo de aplicación de la Seguridad Social,
así como a los familiares o asimilados que tuvieran a su cargo,
la protección adecuada frente a las contingencias y en las
situaciones que se contemplan en la LGSS. Sigue
distinguiéndose entre contingencias profesionales y
contingencias comunes.
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- La base fundamental de la financiación de la Seguridad Social
es doble: la aportación estatal (sistema fiscal) y la aportación
mediante cotización de los particulares directamente
interesados (sistema contributivo).
En los sistemas contemporáneos de protección social, incluido el
español, ha imperado un modelo mixto de inspiración “bismarckiana” y
“beveridgeana”.
Ello explica que en los actuales sistemas de protección social, ,
determinadas prestaciones, que se financian exclusivamente por el
Estado, vía impuestos, se otorguen por igual cuantía a todos los
ciudadanos, por el hecho de serlo (ej. pensiones no contributivas,
asistencia sanitaria). En cambio, otras prestaciones, que se financian
exclusivamente por las cotizaciones de empresarios y trabajadores, se
reconocen solamente a los trabajadores y en diferente cuantía según
cuál sea el nivel de dichas cotizaciones (ej. pensiones contributivas de
jubilación).
La actual preponderancia en Europa de este “modelo mixto” es la
que explica la coexistencia en los modernos sistemas de protección
social de dos niveles de protección:
1) Un nivel contributivo: Dirigido a proteger fundamentalmente a
los trabajadores. Un nivel financiado en gran parte por cotizaciones
sociales de los trabajadores y de los empleadores, siguiendo a grandes
rasgos el esquema del seguro y en el que la cuantía de las prestaciones
se supedita al tiempo y volumen de lo cotizado.
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2) Otro nivel no contributivo: Dirigido a proteger a los ciudadanos
carentes de rentas y en situación de necesidad, a través de la concesión
de una renta mínima. Su financiación es vía impuestos estatales.
El vigente Sistema de Seguridad Social español, y el de la mayor
parte de países europeos, se compone de estos dos niveles. Sin
embargo, fuera ya de estos niveles públicos de protección y fuera
también, por tanto, de la Seguridad Social, existe un nivel
complementario de carácter privado.
Este nivel privado complementario es el representado por las
mejoras voluntarias de prestaciones que se pueden establecer por
convenio colectivo y contrato individual, los Planes y Fondos de
Pensiones (pueden ser promovidos por las empresas y constituidos en el
convenio colectivo) y las Mutualidades de Previsión Social (entidades
aseguradoras sin ánimo de lucro que pueden dispensar prestaciones
sociales a sus asegurados. Ej. Mutualidad General de la Abogacía).
- Real Decreto Legislativo 8/2015, de 30 de octubre, que
aprueba el nuevo Texto Refundido de la Ley General de la
Seguridad Social (LGSS).- Norma en vigor –
El artículo uno. c) de la Ley 20/2014, de 29 de octubre, por la que se
delega en el Gobierno la potestad de dictar diversos textos refundidos,
en virtud de lo establecido en el artículo 82 y siguientes de la
Constitución Española, autorizó al Gobierno para aprobar un texto
refundido en el que se integrasen, debidamente regularizadas,
aclaradas y armonizadas, el texto refundido de la Ley General de la
Seguridad Social, aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/1994, de
20 de junio, y todas las disposiciones legales relacionadas, así como las
normas con rango de ley que las hubieren modificado. El plazo para la
realización de dicho texto se fijó en doce meses a partir de la entrada en
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vigor de la citada Ley 20/2014, de 29 de octubre, que tuvo lugar el 31
de octubre de 2014.
Este real decreto legislativo ha sido sometido a consulta de las
organizaciones sindicales y empresariales más representativas. Además,
ha sido informado por el Consejo Económico y Social.
Entre las novedades más significativas del nuevo texto refundido
destacan las siguientes:
Si en el anterior texto refundido, además de las disposiciones de general
aplicación en el sistema (Título I) y de la protección por desempleo
(Título III), el núcleo básico de la regulación lo constituía el Régimen
General (Título II), el nuevo texto tiene un contenido más amplio, ya
que no se limita a dicho Régimen, sino que incorpora también la
regulación legal de los Regímenes Especiales regulados por Ley (salvo el
Régimen Especial de Trabajadores del Mar –RETMAR- que cuenta con
su normativa específica), como es el Régimen Especial de los
Trabajadores por Cuenta Propia o Autónomos (RETA), al tiempo que se
incorpora también la regulación de los sistemas especiales de los
trabajadores por cuenta ajena agrarios y de los empleados de hogar.
Para mejorar la sistemática y la seguridad jurídica, se lleva al
articulado el contenido de la mayor parte de las disposiciones
adicionales del texto anterior, así como otras disposiciones
complementarias recogidas en leyes diferenciadas.
Dentro de las disposiciones de general aplicación en el Sistema (Título I)
se incorpora un Capítulo específico dedicado a la regulación de los
procedimientos y notificaciones en materia de la Seguridad Social.
En la regulación del Régimen General (Título II), las novedades de
mayor significación son:
En el Capítulo relativo a la jubilación en su modalidad contributiva,
se integran las modificaciones llevadas a cabo por la Ley 23/2013,
de 23 de diciembre, reguladora del Factor de Sostenibilidad, y por el
Real Decreto-Ley 5/2013, de 15 de marzo, de medidas para favorecer
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la continuidad de la vida laboral de los trabajadores de mayor edad y
promover el envejecimiento activo.
A su vez, se incorporan dos Capítulos diferenciados para regular, en
uno, las particularidades aplicables a los trabajadores a tiempo
parcial y a los trabajadores contratados para la formación y
aprendizaje, y, en el otro, las especificidades aplicables a los
trabajadores por cuenta ajena de los sistemas especiales agrario y
empleados de hogar.
Como se ha indicado, se incorpora un nuevo Título IV dedicado a la
regulación del RETA, considerando la existencia de numerosas
disposiciones adicionales y complementarias con rango legal relativas a
autónomos, circunstancia que venía generando una gran dispersión
normativa.
Por último, y frente al texto anterior en el que las modalidades
contributivas y no contributivas se regulaban dentro de las mismas
prestaciones a las que se hacía referencia, se crea un Título específico
para regular de forma conjunta todas las prestaciones no
contributivas.
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