La Agenda 2030 propone crear un nuevo contrato social que promueva la
renovación de las estructuras de gobierno que rigen el mundo. Es lo que se
denomina nueva alianza global para el desarrollo sostenible. Ahora bien, su
lógica entusiasta no puede ocultar las contradicciones y desafíos en un entorno
dominado por los poderes hegemónicos.
El desarrollo que se está produciendo es insostenible: la desigualdad crece a pasos
agigantados; los conflictos se enquistan fomentados por intereses internacionales y un
comercio de armas al alza; los alimentos cotizan en bolsa y el 60% del mercado
alimentario mundial está dominado por cinco grandes corporaciones. Los derechos
humanos y medioambientales caen en saco roto frente a los intereses de las
corporaciones y así, por ejemplo, Ecuador se ve obligado a indemnizar a Chevron por los
costes del juicio por derrame de millones de litros de crudo en la Amazonia. En Bruselas,
los grandes fondos de inversión y la banca tienen a su servicio a 1.700 lobistas que
dictan leyes y normas a su antojo. Los paraísos fiscales esconden 30 billones de dólares,
mientras se recortan las políticas sociales en todo el mundo.
Las estructuras de gobierno clásicas tienen dificultades para garantizar los derechos
humanos y medioambientales en áreas tan estratégicas como las finanzas, el comercio,
la tecnología o la seguridad humana. En el ámbito de desarrollo, han entrado en escena
nuevos actores: entidades supranacionales, como la UE; grupos empresariales; actores
locales; organizaciones de la sociedad civil. Una nueva realidad que exige alianzas que
reflejen y aprovechen la diversidad actual.
¿Cómo enfrentar colectivamente la regresión democrática, el recorte de libertades y el
cierre del espacio cívico? ¿Cómo actuar colectivamente a favor de los derechos
humanos y la protección del planeta? ¿Cómo promover un desarrollo sostenible –en sus
dimensiones social, económica, ambiental y democrática– que empape las políticas
públicas globales? ¿Qué tipo de alianzas son necesarias para cambiar el rumbo? En este
encuentro te daremos algunas claves.
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es una hoja de ruta para el desarrollo firmada por los
Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas en 2015. Involucra a toda la comunidad
internacional, incluyendo a la propia ONU y sus agencias, así como otras entidades públicas y privadas como
empresas, universidades o Gobiernos municipales y regionales.
De los ODM a la Agenda 2030
La Agenda 2030 es la sucesora de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), firmados en 2000 también en el
marco de la ONU y centrados en combatir la pobreza en los países en vías de desarrollo. Sin embargo, los ODM
tenían una vigencia de quince años, por lo que se hizo necesaria una actualización de cara a 2015. Esta nueva
agenda, la Agenda 2030, se negoció entre países pero también incluyó consultas a actores sociales, académicos y
ciudadanos anónimos. Además, amplió los horizontes de los antiguos ODM: combinó su enfoque en erradicar
la pobreza con la preocupación por el medioambiente, y se diseñó como una agenda universal, y no solo para países
en desarrollo, bajo el lema “no dejar a nadie atrás”.
La nueva hoja de ruta se estructuró en diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) desgranados en 169
metas concretas y cuantificados a través de 232 indicadores. Por ejemplo, dentro del ODS1, “Fin de la pobreza”, la
primera meta es erradicar la pobreza extrema, cuantificada en la proporción de población mundial que vive por
debajo del umbral de pobreza desglosada por sexo, edad, situación laboral y ubicación geográfica. Por último, la
Agenda 2030 incluye entre sus objetivos impulsar la cooperación internacional para lograr el resto de metas.
Además, el secretario general de la ONU impulsó en 2019 una ambiciosa reforma de la organización para adecuarla
a los retos de la Agenda 2030, priorizando apoyar a los países en desarrollo para lograr los ODS.
Resultados evaluados y con críticas
La implementación de la Agenda 2030 se comprueba con exámenes nacionales voluntarios, autoevaluaciones
que cada país elige si quiere hacer y cuándo. La gran mayoría ya lo han hecho: 171 entre 2016 y 2020, algunos en dos
o tres ocasiones. Entre los pocos que no han realizado estas evaluaciones están Estados Unidos, Irán, Corea del
Norte o Bolivia, aunque estos dos últimos se han comprometido a hacerlo en 2021. Los exámenes nacionales
voluntarios se presentan anualmente ante el Foro Político de Alto Nivel sobre Desarrollo Sostenible, el órgano
encargado de monitorizar el progreso de la Agenda 2030.
Redactar la Agenda fue complicado: mientras los países en desarrollo demandaban medidas orientadas al desarrollo
socioeconómico, los más desarrollados ponían el énfasis en la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático. El
ODS7, centrado en la energía, protagonizó una de esas disputas: los países desarrollados reclamaban el fin de los
subsidios a energías contaminantes, pero los países pobres entendían que eliminarlos dificultaba acabar con
la pobreza. Otro asunto polémico fue los derechos sexuales y reproductivos, que países como Arabia Saudí o Nigeria
veían con recelo. Finalmente, después de intensas negociaciones durante dos años, se logró un acuerdo histórico
que incluía a todos los países.
Con todo, la Agenda 2030 no ha estado libre de críticas. Se ha apuntado a que su redacción no fue tan
participativa o que en esta influyeron mucho más las empresas que la sociedad civil. Además, las medidas no se
están implantando a la velocidad prevista y su puesta en marcha ha dado lugar a incoherencias. Ante este
panorama, el secretario general de la ONU apeló en septiembre de 2019 al esfuerzo de todos los países en
una “década de acción” para lograr los ODS en el plazo acordado.
La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aprobada en septiembre de 2015 por la Asamblea General de las
Naciones Unidas, establece una visión transformadora hacia la sostenibilidad económica, social y ambiental de los 193
Estados miembros de las Naciones Unidas que la suscribieron y es la guía de referencia para el trabajo de la comunidad
internacional hasta el año 2030. La Agenda 2030 presenta una oportunidad histórica para América Latina y el Caribe,
ya que incluye temas altamente prioritarios para la región, como la erradicación de la pobreza extrema, la reducción de
la desigualdad en todas sus dimensiones, un crecimiento económico inclusivo con trabajo decente para todos, ciudades
sostenibles y cambio climático, entre otros.
Es una agenda civilizatoria, que pone la dignidad y la igualdad de las personas en el centro y llama a cambiar nuestro
estilo de desarrollo. Es un compromiso universal adquirido tanto por países desarrollados como en desarrollo, en el
marco de una alianza mundial reforzada, que toma en cuenta los medios de implementación para realizar el cambio y la
prevención de desastres por eventos naturales extremos, así como la mitigación y adaptación al cambio climático.
La Agenda 2030 es el resultado del proceso de consultas más amplio y participativo de la historia de las Naciones Unidas
y representa el consenso emergente multilateral entre gobiernos y actores diversos, como la sociedad civil, el sector
privado y la academia. Asimismo, las bases normativas de esta agenda multilateral parten desde la carta de las Naciones
Unidas de 1945 hasta las más de 40 referencias de conferencias y convenciones de la ONU aprobadas a la fecha.
La Agenda 2030 representa entonces un consenso multilateral entre gobiernos y actores diversos, capaz de tornar
compatibles las políticas nacionales a favor del empleo con derechos y el desarrollo con la expansión del comercio
internacional y la prevención de conflictos. Representa los compromisos que reconocen a las personas, la paz, la
prosperidad compartida, al planeta y las alianzas como los principales rectores, compartidos y universales, en los que se
debe basar una nueva batería de estrategias y políticas globales, regionales y nacionales, cuyo objetivo prioritario es
caminar conjuntamente hacia una sociedad más igualitaria.