Trauma Raquimedular y Lesiones Eléctricas
Trauma Raquimedular y Lesiones Eléctricas
Objetivos 1
Introducción 1
Mecanismos lesionales 2
Sospecha de lesiones de columna 3
• Columna cervical 3
Atención prehospitalaria y traslado 4
• Restricción de la movilidad espinal 5
- Autoextracción o autoextricación 8
• Restricción de la movilidad espinal: un concepto que se está imponiendo 8
- Restricción de la movilidad en tabla espinal larga 14
- Retirada de un casco de moto 15
Anatomía funcional 15
ABC y resucitación inicial a nivel hospitalario 17
• Evaluación inicial 18
- A: vía aérea con control de la columna cervical 18
- B: ventilación y respiración 19
- C: circulación y control de la hemorragia externa 20
- D: déficit neurológico y pupilas 21
- E: Exposición con control de la temperatura 21
• Diagnóstico clínico 21
- Escala de discapacidad ASIA 25
• Examen neurológico 26
- Síndrome espinal anterior 27
- Síndrome espinal central 27
- Síndrome de Brown Séquard 28
- Lesión medular completa 28
INTRODUCCIÓN
Es necesario comenzar esta clase señalando la magnitud del problema del trauma raquimedular, siendo la conse-
cuencia mayor el gran impacto económico, psicológico y emocional que genera en la víctima y sus familias.
El trauma raquimedular es el conjunto de lesiones que afectan a la columna ósea o a la médula espinal causadas
por un trauma contuso o penetrante.
La lesión medular traumática puede dar lugar a un espectro de problemas neurológicos, incluyendo la pérdida de la
función motora y sensorial, intestinal y divesical, espasticidad, dolor neuropático y disreflexia autonómica.
La incidencia mundial de la lesión medular traumática es muy variable; aunque en el 2007 se calculó una inciden-
cia global de 2,3 casos/100.000 habitantes, existe un amplio rango en la literatura publicada. En España las cifras
globales oscilan entre 0,8 y 2,3 casos/100.000 habitantes. En Estados Unidos hay 12.000 nuevos casos de trauma
raquimedular por año. Viven allí entre 250.000 y 400.000 personas con lesiones medulares y alrededor de la mitad
tienen entre 16 y 30 años de edad.
La incidencia de lesión medular cervical se incrementa con la edad como así también las lesiones raquimedulares
predisponen a otras complicaciones secundarias. Si un traumatismo de columna no se reconoce y se trata adecua-
damente sobre el terreno, posteriormente, puede desembocar en un daño medular irreparable y dejar al paciente
paralizado de por vida.1 Menos del 1% tienen recuperación neurológica al alta hospitalaria.3
La lesión medular puede ser inmediata al traumatismo o posterior a ella, como consecuencia de una lesión de la
columna vertebral que por su movilidad daña secundariamente a la médula espinal: es de vital importancia la res-
tricción de la movilidad adecuada de la columna vertebral cuando está indicada1. Al menos un 5% de los pacientes
con daño medular, presentan o empeoran sus síntomas neurológicos en el servicio de emergencia.
Las lesiones vertebrales pueden afectar distintos sectores (algunos son más vulnerables que otros), se distribuyen
de la siguiente manera:
• 55%: columna cervical
• 15%: columna torácica o dorsal
• 15%: columna dorsolumbar
En mayores de 70 años, la caída de su propia altura representa un politraumatismo y tienen gran incidencia de
fracturas vertebrales asociadas. Un 10% de los pacientes con fractura en columna cervical tienen una segunda
fractura no contigua.
MECANISMOS LESIONALES
La inestabilidad espinal ocurre cuando la integridad de la columna vertebral está comprometida por fracturas o
luxaciones de las articulaciones de modo que ya no puede mantener su configuración de protección en condiciones
de carga fisiológica normales, predisponiendo a una lesión adicional.
Cuando la columna o su contenido son sometidas a cargas patológicas se produce una disrupción de sus estructu-
ras anatómicas. Los mecanismos traumáticos involucrados son:
• Hiperflexión
• Inclinación lateral brusca o excesiva
• Hiperextensión
• Distracción o alargamiento o elongación excesiva
• Compresión vertical (carga axial)
• Rotación
La lesión medular traumática aguda implica mecanismos primarios y secundarios de lesión. El mecanismo primario
está relacionado con el daño mecánico inicial, debido a la deformación local y la transformación de energía que
ocurre en la médula espinal en el momento de la lesión, y esta lesión es irreversible. Los mecanismos secundarios
ocurren después del evento traumático inicial y conducen a la destrucción tisular durante las primeras horas tras
la lesión. Los mismos incluyen procesos tales como isquemia, degeneración axonal, disfunción vascular, estrés
oxidativo, excitotoxicidad, desmielinización e inflamación que conducen a muerte celular, y son potencialmente
prevenibles o reversibles.
En el 5-10% de los traumatismos encéfalo-craneanos o traumas faciales hay lesión de columna cervical asociada.
El 25 % de los pacientes con lesiones en columna tienen un trauma encéfalo-craneano asociado. En los pacientes
con trauma contuso el 1-6 % tienen lesión cervical.
Las contusiones escapulares sugieren lesiones de columna torácica por rotación o flexión. Las excoriaciones en
cuello, tórax, abdomen por cinturón de seguridad sugieren lesiones en columna cervical, torácica y lumbar respec-
tivamente
Las caídas de considerable altura, lesiones en región glútea, fractura del calcáneo o fracturas severas de tobillo su-
gieren fracturas por compresión de la columna. En el 20-57 % de los casos se asocia a traumatismo encéfalo-cra-
neano o trauma del tórax. La lesión de columna aislada sólo se observa en el 20% de los casos.4
Columna cervical
La lesión predomina en la población joven (el 50% entre 16-30 años) y en el sexo masculino (82%), un 48% relacio-
nado a incidentes de tránsito con los siguientes factores de riesgo:
• Velocidad
• Alcohol
• No uso de cinturón de seguridad
• 21% por caídas
• 15% por lesiones penetrantes
A la altura de la tercera vértebra cervical (C3), la médula espinal ocupa el 95% del canal medular (la médula ocupa
el 6% del área del canal en la región lumbar) y sólo quedan 3 mm de espacio libre entre la médula y la pared del
canal. Una pequeña luxación a este nivel puede producir lesión medular.
Recordemos que la columna cervical conecta la cabeza que pesa alrededor de 7 a 10 kilogramos con el tronco,
siendo una zona vulnerable a las lesiones.
Tenemos que tener en cuenta que puede haber lesión de médula espinal sin fractura y puede haber fractura en la
columna cervical sin compromiso medular. La ausencia de un déficit neurológico no descarta una lesión ósea o
ligamentosa de la columna ni otros problemas que supongan una sobrecarga para la médula espinal hasta el límite
de su tolerancia. El deterioro neurológico tardío en horas o días posteriores a la lesión puede ocurrir en el 1,8-10%
de los casos.
Las lesiones en la columna y en la médula se asocian con traumatismos de alta energía como incidentes de tránsito
o caídas de altura, pero en personas mayores o con enfermedades previas en la columna se puede producir una
lesión medular con traumatismos menores.
La valoración inicial en la escena del incidente se realizará siguiendo la secuencia habitual de ABCDE. La protec-
ción de la columna es importante, pero no más que el manejo de la vía aérea, el control de la hemorragia y otros
cuidados críticos. Una exploración neurológica básica, observando la capacidad para movilizar las 4 extremidades
(incluyendo las manos y los pies), ayuda al diagnóstico, sobre todo si el paciente requiere una intubación precoz.
La utilización de un collar no limita completamente la movilidad en la columna cervical. Cuando se sospecha una
lesión vertebral toda la columna debe ser restringida en su movilidad, ya que la presencia de otra lesión vertebral
no contigua se produce hasta en el 20% de los pacientes.
La recomendación de restricción de la movilidad espinal de los pacientes con sospecha de lesión vertebro-medular
se basa en consideraciones anatómicas, mecánicas y clínicas, más que en evidencias de su beneficio, y se hace
en un intento de prevenir el desarrollo o el agravamiento de la lesión medular en presencia de una lesión vertebral
inestable.
En los pacientes con trauma penetrante, sin síntomas neurológicos, la inmovilización no está indicada. Para los
pacientes con traumatismo cerrado se han desarrollado algoritmos con la intención de evitar la restricción de la
movilidad cervical indiscriminada.
Los criterios más utilizados en la emergencia prehospitalaria son los propuestos por el National Emergency X-Ra-
diography Utilization Study (NEXUS) y la Canadian C-Spine Rule (CCSR).
El NEXUS establece 5 criterios de bajo riesgo que, si se cumplen, podrían excluir lesión cervical:
• Ausencia de:
- Dolor en la línea media
- Déficit neurológico focal
- Intoxicación
- Lesión dolorosa que causa distracción
• Estado de alerta normal.
El CCSR combina criterios de alto y bajo riesgo y la capacidad para rotar la cabeza 45°; el paciente está exento de
riesgo y, por tanto, no requerirá inmovilización si presenta un criterio de bajo riesgo y además es capaz de rotar la
cabeza voluntariamente.
Aspectos discutidos en la literatura son la inclusión del mecanismo de lesión como criterio de riesgo, si deben
aplicarse algoritmos diferentes en pacientes conscientes e inconscientes, y qué pacientes pueden auto rescatar-
se. Existen nuevas guías tomando estas consideraciones, aquí presentamos el flujograma de la Guía Noruega del
manejo del trauma espinal en la que se incorpora las nuevas evidencias para su manejo.
Por lo antes mencionado se recomienda un enfoque selectivo para el uso de collar rígido. Mientras que los collares
son seguros de usar en la mayoría de los pacientes, deben usarse selectivamente en pacientes con lesión cerebral
traumática, compromiso de la vía aérea, espondilitis anquilosante o agitación. En tales casos, el collar puede ser
retenido o usado intermitentemente.
El collar puede proporcionar soporte durante ciertas maniobras, como en transferencias en camilla o durante la
evacuación desde un vehículo, después de lo cual se puede abrir el collar o ser eliminado. Con la estabilización
manual adecuada esto se puede lograr con un desplazamiento espinal mínimo. En el transporte se puede continuar
usando solo la estabilización manual o bloques de cabeza.
En pacientes con una columna cifótica como en la espondilitis anquilosante, debe estabilizarse en una posición
similar a su curvatura espinal habitual. La transferencia desde el suelo o entre sistemas de camillas se debe lograr
usando una camilla de cuchara. Esta evita el movimiento en giro en bloque que puede producir dolor y lesión pél-
vica y mayor movilidad espinal. La estabilización y confort ha sido demostrado ser comparable o mejor que el de
la tabla espinal clásica.
Los pacientes con potencial lesión espinal se deben transportar fijados en posición supina en un colchón de vacío
o en una camilla de ambulancia. Los sistemas de camilla de superficie dura se pueden usar solo para transportes
de menor duración. Los pacientes en algunas circunstancias deben ser invitados a autoexcluirse o autoextricarse
de los vehículos.
Autoextracción o autoextricación
Esto resulta en una extricación de tiempo prolongado y complicaciones evitables relacionadas con la estabilización
de la columna vertebral. Se ha argumentado que el movimiento espinal dentro del rango normal de movimiento re-
quiere energía a las magnitudes menores que la energía en el impacto inicial, que es muy poco probable que cause
más lesión. Además, la propia víctima alerta tiene el tono suficiente para proteger la columna vertebral de más
lesiones.
En 2013, la Facultad Británica de atención prehospitalaria reconoció esto en una declaración que recomienda que el
paciente completamente alerta con una posible lesión espinal que esté sin lesiones de distracción, debe permitirse
auto extraerse sin estabilización externa. Desafortunadamente, tal posición es respaldada por muy pocos estudios.
A pesar de la escasa evidencia, la guía recomienda la autoextracción en algunas circunstancias. Siempre y cuando
los pacientes con espalda o dolor de cuello no estén obnubilados, ni bajo la influencia de ninguna droga, y sin una
lesión importante por distracción, deberían ser invitados a autoexcluirse a un sistema de camilla cercano. El requi-
sito previo para la autoextracción es que se realice en condiciones de seguridad.
Si hay dudas sobre la seguridad, entonces la estrategia vuelve a las técnicas tradicionales de extracción. Los pa-
cientes deberían, después de acostarse en un sistema de camilla, tener una estabilización externa completa para
la evacuación final y transporte, ya que pueden estar sujetos a la fuerza externa que puede superar a su protección
muscular.
El método habitual de restricción de la movilidad consiste en la utilización de una tabla espinal con correas y fijación
de la cabeza junto con el collar cervical. Sin embargo esta práctica, está cambiando. Los métodos de estabilización
pueden ser diferentes durante el rescate, la recogida y el transporte, y pueden ser modificados según la situación
clínica del paciente, dando prioridad al ABC.
En la atención al paciente traumático, maniobras de estabilización de la columna deben ser la guía hasta que pueda
realizarse una evaluación clínica.
Los dispositivos de restricción de la movilidad pueden ser difíciles de colocar en personas con determinadas carac-
El método High Arm In Endangered Spine (HAINES), o el HAINES modificado, es más recomendado en la actuali-
dad que el clásico «log-roll» (girar o rodar en bloque), ya que ocasiona menos movilidad en la columna. Este mé-
todo ofrece una alternativa aún mejor para la protección de la vía aérea y de la columna vertebral para la víctima
inconsciente, con presunta lesión espinal. Esta posición clínicamente investigada no solo protege la vía aérea de
la víctima, sino que también reduce significativamente la cantidad de movimientos laterales (flexión lateral) de la
cabeza y el cuello.
La tabla espinal larga, el dispositivo de rescate de Kendricks y la camilla de tijera pueden también ser utilizados
durante el rescate. La National Association of EMS Physicians y el American College of Surgeons Committee on
Trauma limitan la utilización de la tabla espinal a determinadas situaciones, y es considerado como un dispositivo
de rescate, no de transporte.
Para el transporte, el colchón de vacío en combinación con el collar proporciona una inmovilización similar o su-
perior a la tabla espinal y es más confortable. El transporte también puede realizarse con seguridad en la camilla
de la ambulancia, fijando correctamente al paciente con correas junto con el collar cervical. En niños, debido a la
desproporción de la cabeza con el cuerpo, y en personas con deformidad en cifosis de la columna, puede ser nece-
sario añadir un almohadillado para respetar su postura y evitar deterioro neurológico. Las movilizaciones y transfe-
rencias se limitarán en la medida de lo posible, por lo que es importante disponer de material de inmovilización de
intercambio entre el medio prehospitalario y el hospitalario.
Alineación de la cabeza:
• Se realiza tracción, alineación y colocación en posición neutral (fig. 3).
• En el adulto puede ser necesario para lograr la posición neutra colocar un elemento supletorio a nivel occipital
(figs. 4 y 5).
• En la población pediátrica se debe colocar elemento supletorio en la espalda.
La colocación del collar cervical (fig. 6) se realiza si está indicada luego de la evaluación primaria o inicial en el
prehospitalario.
Se debe realiza la alineación manual en posición neutra, se coloca, primero la valva posterior y luego la valva ante-
rior y luego se fijan (figs. 7, 8, 9 y 10).
Figura 7. Alineación
Respecto al uso de la tabla larga de raquis o espinal, es ideal que tenga 9 pares de cintas:
• A la altura de:
- Escápula
- Pelvis
- Tobillos
- Muslos
- Piernas
El tronco debe inmovilizarse a la tabla larga (para evitar que se mueva a la derecha e izquierda, arriba y abajo) antes
de inmovilizar la cabeza con los inmovilizadores laterales, quedando el paciente “empaquetado para su moviliza-
ción” (fig. 11).
Hay situaciones en las que no se puede realizar una extricación del paciente con tiempo y se debe realizar una ex-
tricación rápida, es decir, estabilizar manualmente a un paciente con lesiones graves antes y durante el movimiento
desde una posición de sedestación. Puede suceder también con un paciente estable pero la situación se vuelve
insegura en la escena.
Otro elemento que podemos utilizar la para la extricación en bidipestación es con el uso de la boa de extricación
que permite realizar la maniobra de manera más rápida que con el chaleco.
ANATOMÍA FUNCIONAL
La columna cervical está compuesta por siete vértebras separadas una de otra por el disco intervertebral y conte-
nida por un complejo y fuerte aparato ligamentario. Juntos aseguran la estabilidad y protegen el contenido del ca-
nal medular y de las raíces nerviosas en condiciones de carga normal. Para su mejor visualización la región puede
ser dividida en dos columnas: anterior y posterior.
La columna anterior está formada por el cuerpo vertebral y el disco intervertebral y se encuentra alineada por el
ligamento espinal anterior y posterior. La columna posterior contiene el canal espinal y está formado por los pedí-
culos, procesos tranversos, facetas articulares, lámina y apófisis espinosa. Se encuentra alineada por el complejo
ligamentario nucal, ligamento capsular y ligamento amarillo.
Si ambas columnas se rompen, la columna cervical podría moverse como dos piezas separadas poniendo en peligro
la integridad del cordón espinal, con la segura lesión medular. Por el contrario, si solamente una columna se rompe,
la restante columna resistirá mayores movimientos y la probabilidad de una lesión del canal espinal será menor. La
arteria vertebral recorre longitudinalmente la columna cervical a través del foramen transverso.
Las vértebras cervicales tienen similar morfología salvo la primera y segunda (figs. 13 y 14).
Otro aspecto importante a señalar es que las arterias vertebrales trascurren a través de las vértebras cervicales de
c7 a c1 antes de ingresar al cráneo y que una lesión ósea a dicho nivel puede provocar graves lesiones vasculares.
La columna dorsal está conformada por doce vértebras y la lumbar por cinco vértebras. A nivel dorsolumbar se
distingue la columna anterior formada por el ligamento común anterior, mitad anterior del cuerpo vertebral y mitad
anterior del disco, la columna media formada por el ligamento común posterior, mitad posterior de cuerpo verte-
bral, mitad posterior de disco y por último la columna posterior formada por el arco posterior de la vértebra, face-
tas, espinosas y ligamento interespinoso.
En el entorno hospitalario deben continuarse las medidas de restricción de la movilidad si están indicadas, de apo-
yo vital y se realizarán los estudios radiológicos y los tratamientos específicos.
El tratamiento de situaciones con riesgo vital es prioritario sobre cualquier estudio radiológico.
Como en todo paciente traumatizado, el manejo agudo de un paciente con lesión medular aguda requiere asegurar
la vía aérea, la respiración y la circulación. En la siguiente figura se muestra cómo llega a la evaluación hospitalaria
el paciente que recibimos empaquetado.
Evaluación inicial
La técnica de intubación de urgencia ante una lesión sospechada o conocida de la columna cervical debe realizar-
se con una secuencia de inducción rápida (para reducir la tos y los movimientos espontáneos) con estabilización
de la columna con tracción manual en línea. La tracción debe ser cuidadosa para evitar distracción, sobre todo en
lesiones de la unión occipitocervical (fig. 17).
B: ventilación y respiración
Respecto a la ventilación y respiración:
• El diafragma está inervado por el nervio frénico cuyo nivel es C3-C5.
• El esternocleidomastoideo está inervado por ramas C1-C2.
• Los músculos escalenos por ramas de C4-C8.
• Los músculos intercostales están inervados por nervios de cada nivel torácico.
• Anormalidades respiratorias pueden expresar lesión medular.
En las lesiones de C1-C2 no hay musculatura respiratoria eficaz. Las lesiones de C3-C4 producen parálisis frénica
bilateral y la ventilación es dependiente de los músculos accesorios. Por tanto, los pacientes con lesión motora
completa por encima de C5, casi invariablemente necesitarán soporte ventilatorio. Los pacientes tetrapléjicos con
adecuada ventilación a costa de un importante trabajo respiratorio deben ser intubados y conectados a ventilación
mecánica sin demora.
Las lesiones por debajo de C5 producen parálisis de la musculatura intercostal y abdominal, y la mayoría necesita-
rán soporte respiratorio.
La pérdida de la capacidad respiratoria ocurre por agotamiento de la musculatura implicada en el proceso venti-
latorio, hemorragia o edema medular ascendente, acúmulo de secreciones, atelectasias, otros traumas asociados
u otras condiciones del paciente. Lesiones inferiores a T5 no suelen producir insuficiencia respiratoria de origen
neuromuscular.
El edema pulmonar secundario a una lesión medular traumática puede ser cardiogénico o no cardiogénico. El trom-
boembolismo pulmonar y las neumonías pueden ser complicaciones que suelen presentarse después de las prime-
ras 24 horas.
En términos generales, la PImax estima la fuerza de los músculos inspiratorios (diafragma), se consigue a volumen
residual y con el mayor esfuerzo inspiratorio. El fallo ventilatorio ocurre con más frecuencia tras el cuarto día de la
lesión, y esto es relevante de cara a la monitorización y a la consideración de mantener la intubación posoperatoria
en pacientes con intervención quirúrgica precoz, especialmente en aquellos en los que se realizan procedimientos
quirúrgicos cervicales.
La resucitación adecuada y precoz con fluidos es prioritaria en el tratamiento de la hipotensión, con el objetivo de
mantener una perfusión adecuada y evitar el daño secundario del sistema nervioso central.
- Shock neurogénico
Fenómeno neuro-cardiovascular por deterioro de la vía simpática descendente en la médula con caída de resisten-
cias vasculares sistémicas con vasodilatación, hipotensión, arritmias y shock. Inhibición del tono simpático vaso-
motor, imposibilita incremento de la frecuencia cardíaca.
El shock neurogénico es secundario a la denervación simpática que conduce a la vasodilatación arterial y el se-
cuestro de sangre en el compartimento venoso, y la interrupción de la inervación simpática cardíaca (T1-T4) con
una actividad vagal sin oposición que promueve la bradicardia y reduce la contractilidad cardíaca.
Por tanto, se caracteriza por una caída de la presión arterial y de las resistencias vasculares sistémicas con una
respuesta de la frecuencia cardíaca variable. En todo politraumatizado con hipotensión y bradicardia se debe sos-
pechar LM por encima de T6, especialmente si no hay signos de vasoconstricción periférica.
Respecto al tratamiento:
• El objetivo del tratamiento es PAM 85-90 mmHg por 7 días luego del daño.
• Volumen sin sobrecargar (evitar ICC-edema de pulmón).
Los efectos inmediatos de una lesión medular completa incluyen pérdida de movimiento y sensibilidad por debajo
del nivel de lesión. Además, se puede producir shock neurogénico, parálisis flácida de vejiga e intestino con reten-
ción urinaria e íleo paralítico, y afectación de todos los sistemas por debajo del nivel.
También se produce, en su fase inicial, shock espinal, caracterizado por pérdida de la actividad refleja y flacidez
infralesional; este periodo suele durar días o semanas; una vez superada esta fase, aparecerá la espasticidad.
Diagnóstico clínico
El diagnóstico clínico comienza con el examen neurológico básico. Se debe evaluar, en la medida de lo posible, la
pérdida de conciencia y el mecanismo de lesión. Si el paciente está consciente, es necesario realizar una valora-
ción motora y sensitiva detallada. Sin embargo, tal valoración con frecuencia no es posible en un paciente politrau-
matizado, que además puede estar sedado o intubado. Por ello, es aconsejable ante estas circunstancias tratar al
paciente como si tuviese una lesión vertebro-medular.
El examen neurológico se realiza de acuerdo con los estándares internacionales para la Clasificación Neurológica
de la Lesión Medular Espinal de la American Spinal Injury Association (ASIA) (cuadro 2) y de la International Spinal
Cord Society (fig. 18). Este sistema describe el nivel y la extensión de la lesión basándose en una exploración siste-
mática de las funciones sensitiva y motora. Además de tener valor pronóstico, esta exploración mediante la escala
ASIA sirve para la monitorización de la evolución neurológica. Así, podemos realizar esta exploración al ingreso, a
las 72 horas, al mes y al alta, y también ante determinadas situaciones ante las que se pueda sospechar un deterio-
ro de la lesión medular.
Para el examen sensitivo se exploran 28 dermatomas (fig. 19) (cuadro 3) en cada hemicuerpo (C2 a S4-S5, conside-
rando este como un único dermatoma). En cada uno se valora la sensibilidad algésica (pinchazo de aguja) y táctil
superficial (roce de algodón) según una escala de 3 puntos:
• 0 = ausente
• 1 = deterioro
• 2 = normal
Además se valora la sensación anal profunda mediante tacto rectal, registrándola como presente o ausente.
Se explora el balance muscular en 5 grupos musculares llave en el miembro superior y en 5 en el miembro inferior,
en cada hemicuerpo. Se valora en una escala de 0 a 5, de acuerdo a la graduación del Medical Research Council
(cuadro 4).
En el miembro superior se valora: flexión de codo (C5), extensión de carpo (C6), extensión de codo (C7), flexión de
dedos (C8) y abductores del 5, dedo (T1). En el miembro inferior se incluyen: flexión de cadera (L2), extensión de
rodilla (L3), dorsiflexión de tobillo (L4), extensión de 1° dedo (L5) y flexión plantar de tobillo (S1).
El nivel sensitivo es el dermatoma intacto más caudal para ambas sensibilidades (tacto y dolor). El nivel motor se
define por el músculo llave más caudal con un grado muscular de al menos 3, intacto (grado muscular 5); en las re-
giones donde no hay miotoma para valorar, el nivel motor se considera el mismo que el sensitivo.
El nivel neurológico de la lesión se refiere al segmento más caudal de la médula en el que las funciones sensitiva y
motora son normales en ambos lados. Es el más cefálico de los niveles sensitivo y motor.
La escala ASIA consta de 5 grados (cuadro 5). El grado A corresponde a una lesión medular completa; los grados
B, C y D son lesiones incompletas de diferentes grados, y el grado E indica una función sensitiva y motora normales
(este grado se aplica siempre y cuando el paciente haya tenido algún grado de afectación medular que se ha recu-
perado).
Examen neurológico
En paciente lúcido e interactivo:
• Sensibilidad (dermatomas) para localizar nivel.
• Sensibilidad al dolor.
• Sensibilidad propioceptiva y vibratoria.
• Función motora (0–5).
• Reflejos osteotendinosos.
• Tono esfínter rectal, función vesical y sensibilidad sacra.
• Priapismo en el hombre.
El nivel neurológico es el segmento más caudal de la médula espinal con función sensitiva y motora en ambos lados
del cuerpo. El nivel sensitivo, por su parte, es el segmento más caudal de la médula espinal con función sensitiva
normal. Por último el nivel motor es el segmento más caudal de la médula espinal con función motora normal (míni-
mo 3/5 de la fuerza muscular). El nivel hay que determinarlo de ambos lados.
Las lesiones neurológicas por encima de T1 (C1-C8) ocasionan cuadriplejia y las que se encuentran debajo de T1
ocasionan paraplejia. El nivel óseo de la lesión es la vértebra en el cual el hueso está dañado, causando la lesión
espinal. Suele haber discrepancia entre el nivel óseo y el nivel neurológico (mayor a más caudal).
- Lesiones neurológicas:
• Cuadriplejia incompleta: 41%
• Cuadriplejia completa: 16%
• Paraplejia completa: 22%
• Paraplejia incompleta: 21%
Si hay lesión a nivel cervical, se puede afectar el sistema simpático con shock neurogénico. Si hay lesión a nivel
C3-C5 hay compromiso de los nervios frénicos y parálisis diafragmática. Tiene mal pronóstico.
Existen protocolos clínicos, que permiten descartar lesiones de columna cervical en pacientes asintomáticos sin
necesidad de realizar estudios de imagen. Los criterios NEXUS y CCSR son muy sensibles para descartar lesiones
cervicales significativas sin realizar estudios radiológicos. Los pacientes con dolor en columna, síntomas neuroló-
gicos y pacientes traumatizados inconscientes requieren evaluación radiológica.
En los casos con lesiones asociadas encubridoras o alteración de conciencia de corta duración se puede optar por
medidas de protección espinal hasta que se realice el tratamiento de estas lesiones o la recuperación del nivel de
conciencia permita una valoración clínica adecuada, pero si la urgencia lo impone han de ser evaluados bajo los
mismos criterios que el paciente politraumatizado inconsciente.
En pacientes que precisan estudios radiológicos se recomienda estudio radiológico de toda la columna, ya que la
incidencia de fracturas vertebrales múltiples se aproxima al 20%.
La TAC helicoidal, es más sensible y específica que la radiología convencional: permite la identificación más fácil
de fracturas que pueden pasar desapercibidas en la radiología simple, visualiza correctamente las uniones occipi-
tocervical y cervicotorácica, proporciona una visualización completa de toda la columna con reconstrucciones que
permiten caracterizar mejor la invasión de canal, y facilita información con vistas al tratamiento quirúrgico.
Los estudios en flexión y extensión de radiografía simple son útiles para valorar inestabilidad secundaria a lesión
ligamentosa, pero deben evitarse en la fase aguda de pacientes con déficit neurológico.
En el politraumatizado agudo habitualmente es difícil realizar una resonancia magnética (RM) de urgencia. La RM
urgente está indicada en la lesión medular traumática en la que los déficits neurológicos no se explican por los
hallazgos radiológicos, o cuando se produce un deterioro neurológico para descartar la presencia de hematoma
epidural u otra causa subsidiaria de tratamiento quirúrgico urgente.
En el momento en que la situación clínica lo permita, se debe realizar una RM, porque es la prueba que puede de-
tectar lesiones de tejidos blandos y ligamentos en el seno de la lesión neurológica, y además puede caracterizar
adecuadamente el tipo de lesión medular (contusión, edema, hemorragia, sección medular); complementando dicha
información con la evaluación clínica del ASIA para poder establecer el pronóstico de la lesión medular.
En pacientes con sección medular o hemorragia intramedular la recuperación neurológica generalmente será es-
casa o nula, y en aquellos con contusión o edema medular la recuperación puede ser mayor. Además, la RM permite
evaluar el compromiso del canal, el grado de compresión medular y la longitud de la lesión, siendo factores también
importantes para predecir la severidad del daño y la recuperación.
En los pacientes que por NEXUS no tendría indicación de realizar radiografía de columna cervical se deben realizar
las maniobras que se detallan a continuación:
• Paciente en posición supina: se le retira el collar cervical, y se palpa la columna.
• Si no hay dolor:
- Se le pide que mueva el cuello de un lado al otro
- Se le pide que flexione y extienda el cuello
- Las radiografías de columna cervical no son necesarias
En el caso de pacientes sintomáticos lúcidos, si se dispone de TAC de alta calidad no hay necesidad de realizar
radiografías. Sólo si no se dispone de TAC, se debe realiza radiografía de columna cervical (frente, perfil y transoral
con vista de odontoides).
En pacientes sintomáticos lúcidos si hay TAC de alta calidad o radiografías sin lesiones y presenta dolor o sensibi-
lidad en cuello hay varias opciones, a saber:
• Continuar la inmovilización hasta que esté asintomático.
• Realizar estudios complementarios (RMN o radiografía en flexo-extensión bajo control) y si son normales eva-
luar discontinuar el uso del collar o continuar hasta que desaparezcan los síntomas.
• Discontinuar la inmovilización según criterio de la evaluación clínica.
En pacientes sintomáticos confusos o no evaluables, si se dispone de TAC de alta calidad o radiografías sin lesio-
nes y presenta dolor o sensibilidad en cuello, existen las siguientes opciones:
• Continuar la inmovilización hasta que el paciente se encuentre asintomático.
• Realizar estudios complementarios (RMN) y evaluar discontinuar la inmovilización en forma individual.
• Discontinuar la inmovilización según el criterio de la evaluación clínica.
El área prevertebral (espacio retrofaríngeo) de C1 a C4 no debe exceder los 7 mm, de C5 a T1 los 22 mm. El espacio
predental no debe exceder 3mm.
En la detección de fracturas, la TAC comparada con la radiografía arroja los siguientes resultados: 98-100 frente a
53-70%. Permite identificar fragmentos óseos, herniación discal, cuerpos extraños, hematomas para espinales y
extramedulares. En muchos centros que cuentan con TAC, no se realizan radiografías de columna salvo en pacien-
tes de muy bajo riesgo.
No es raro que el examen de un paciente lesionado sugiera un déficit neurológico sin ningún hallazgo radiográfico
de soporte obvio. Estos pacientes con lesiones medulares sin anormalidades radiológicas (SCIWORA) representan
un grupo desafiante porque la evidencia es limitada para su manejo.
El último resultado neurológico en pacientes con SCIWORA aparece correlacionado con los déficits iniciales en el
examen similar a los pacientes con anomalías radiográficas y déficit neurológicos. La resonancia magnética pare-
ce ser particularmente útil para identificar sutiles anormalidades intraneurales y extraneurales que pueden estar
asociadas con los déficits neurológicos y correlacionarse con resultados La atención es similar a la descrita para
los pacientes con lesión neurológica y anomalías radiográficas.
- Axis
Podemos distinguir dos tipos de fracturas: de la apófisis odontoides y “fractura del ahorcado”. La primera repre-
senta el 14% de las lesiones cervicales. Pueden ser del extremo, de la base o del cuerpo. En su mayoría pueden
tratarse incruentamente con ortesis o collar.
Lesiones bajas
Existen diferentes tipos de lesiones bajas.
- Luxaciones uni o bifacetarias
Debemos considerarlas como emergencias. Con lesión por compresión neurológica de raíz nerviosa, dadas por
flexión extrema. Son inestables y requieren reducción quirúrgica.
- Fracturas espinosas
Este tipo de fracturas son estables.
Trauma toraco-lumbar
El 75% entre se da a nivel T 10 y L2, zonas más desprotegida.
La radiografía tiene una sensibilidad del 87% y la TAC helicoidal una sensibilidad del 99%.
Los pacientes que tienen déficit neurológico (paraplejia o cuadriplejia) deben ser evaluados rápidamente y retira-
dos de la tabla espinal tan pronto como sea posible. Si permanece sobre una tabla más de 2 horas presenta alto
riesgo de desarrollar úlceras por presión.
- Tratamiento médico
Respecto al tratamiento médico:
• Evitar la hipoxemia.
• Evitar la hipotensión arterial con una TAM 85-90 mmHg («hipertensión permisiva» por 7 días) con fluidos o vaso-
presores.
• Rol de los corticoides en trauma contuso de médula espinal: fue de uso controvertido por muchos años, no está
indicado por falta de beneficio y alto riesgo de complicaciones. Tampoco está indicado en el trauma penetrante.
Ante la sospecha o confirmación de lesión raquimedular se debe realizar una consulta con traumatología de colum-
na o neurocirugía.
- Tratamiento quirúrgico
Hay solo unas pocas indicaciones absolutas para la cirugía, a saber:
• Déficit neurológico progresivo en presencia de compresión cordonal.
• Lesión del tipo de luxación de la columna vertebral.
Ambas situaciones justifican descompresión + estabilización. Todas las demás indicaciones de cirugía son relati-
vas y deben ser consideradas cuidadosamente, a saber:
• Descompresión medular con corrección de la deformidad.
• Reducción de fracturas.
• Fijación y fusión.
• La descompresión temprana (< 24 horas tiene mejor evolución neurológica y menores complicaciones sin cam-
bios en mortalidad).
Las lesiones tipo III se subdividen en (A) lesión espinal no asociada con perforación abdominal vísceras o (B) lesión
con perforación de órganos abdominales.
En la mayoría casos de heridas de bala, la lesión es transfixiante, y solo pequeños fragmentos (en total, 50% del
proyectil) permanecen en el canal espinal. En el segundo lugar son los casos en que el proyectil se aloja dentro del
canal, que comprende el 20,4% de los casos.
El paciente debe ser desvestido y movido cuidadosamente en busca de orificios de bala. El examen físico de la co-
lumna vertebral debe seguir, como en otros tipos de trauma en esta región, con la palpación de todas las apófisis
espinosas en búsqueda de crepitaciones, depresiones y puntos de dolor y con una completa examinación neuroló-
gica (fig 22).
- Gastrointestinal:
• Dismotilidad gástrica
• Íleo adinámico
• Gastritis y ulcera gástrica
• Pancreatitis
- Neurológicas:
• Shock neuro-ogénico
• Depresión
• Estrés postraumático
• Ansiedad
• Disautonomía refleja
- Genitourinario:
• Disfunción vesical
• Infecciones urinarias
• Priapismo
- Piel:
• Úlceras por presión
CLASE DE ELECTROCUCIÓN
Epidemiología
En Estados Unidos, 10.000 pacientes reciben tratamiento de emergencia por año y hay 1.000 muertes por trauma
eléctrico por año. La mayoría de las muertes son por trauma de alto voltaje (> 1.000 voltios). Se produce amputación
de miembros en el 60% y la admisión a unidades de quemados es del 2-7%.13
Hay una distribución bimodal de prevalencia con el primer pico en incidentes domésticos en niños menores de 6
años y el segundo pico en adultos jóvenes (doméstico, trabajadores eléctricos y de la construcción).
Clasificación de lesiones
A continuación se presenta la clasificación de las lesiones:
• Trauma directo por el contacto eléctrico y el recorrido de la corriente a través del cuerpo.
• Trauma por conversión de la energía eléctrica en energía térmica ocasionando quemaduras.
• Efectos mecánicos de la corriente eléctrica, incluyendo contracciones musculares violentas y traumatismo por
caídas.
Las lesiones eléctricas son generalmente clasificadas como de alto voltaje (> 1.000 V) o baja tensión (< 1.000 V). La
tensión en líneas eléctricas de alta tensión es superior a 100.000 V, mientras que la tensión típica entregada a los
hogares es de 110 V (Norteamérica) o 220 V (Argentina, Europa y Asia). En ambos tipos de corriente el contacto es
de tipo directo. El 80% de los incidentes son de bajo voltaje.
Otra modalidad es por contacto indirecto (a través del aire) y es con una línea de alta tensión que forma un arco
voltaico, si la víctima se encuentra muy cerca. De acuerdo al voltaje vamos a encontrar diferentes causas de paro
cardíaco y diferentes lesiones (cuadros 6 y 7).
Fisiopatología
El daño que provoca una corriente eléctrica depende de varios parámetros intrínsecos a ella y de la respuesta de
los diferentes tejidos a su paso.
La electricidad se define como el flujo de electrones entre los puntos de alta concentración a puntos de concen-
tración inferior (o potencial). Esta diferencia de potencial expresada en voltaje (V) representa la fuerza conductora
de electrones.
La corriente eléctrica es el volumen (o número real) de los electrones que fluyen entre estos puntos por segundo,
medida en amperaje o intensidad. Este es el factor de mayor importancia en la producción de lesión en los tejidos
profundos y en la mortalidad relacionada
Respecto a la resistencia tisular, los tejidos presentan diferentes resistencias, las corrientes de bajo voltaje tienden
a pasar por los tejidos de menor resistencia.
Los nervios, músculos y vasos sanguíneos son buenos conductores. Los tejidos que tienen alta resistencia trans-
forman la energía en calor: tendón, huesos, grasa o disipan energía en la superficie como la piel seca.
Ley de Ohm: I=V/R. La intensidad o amperaje (I) es directamente proporcional al voltaje (V) e inversamente propor-
cional a la resistencia (R) (fig. 24).
De acuerdo a la intensidad de la energía el espectro de efectos es variable desde una sensación de hormigueo
hasta la tetania, paro respiratorio y fibrilación ventricular (cuadro 8).
En una corriente alterna (CA), la dirección del flujo de electrones cambia de forma cíclica. La corriente doméstica
estándar es alterna a 60 ciclos por segundo. Con corriente continua o directa (CD), la dirección del flujo se mantie-
ne constante. La corriente continua se encuentra en las baterías, vías férreas, sistemas eléctricos de automóviles.
No produce tetania como la alterna, solo una contracción al pasaje de la corriente.
El tiempo de contacto es directamente proporcional al daño. Respecto al recorrido de la corriente a través del
cuerpo, aquellas que atraviesan el tórax o la cabeza producen severas alteraciones del sistema nervioso central y
cardíaco, con alto riesgo de fibrilación ventricular, apnea y paro cardiorrespiratorio.
El principal determinante del daño causado por efectos directos de la electricidad es la cantidad de corriente que
atraviesa el cuerpo, que puede potencialmente producir arritmias o apneas fatales.
Existen factores adicionales tales como voltaje, resistencia, tipo de recorrido y duración del contacto con la fuente
eléctrica.
Respiratorio
Se produce paro respiratorio por tetania de los músculos respiratorios, lesión del sistema nervioso central, paro
cardiorrespiratorio secundario a fibrilación ventricular o asistolia. Puede haber trauma contuso de tórax con con-
tusión pulmonar.
Cardiovascular
- Paro cardíaco
En caso de bajo voltaje con corriente alterna se genera fibrilación ventricular. Con alto voltaje con corriente con-
tinua se produce asistolia. Se observan alteraciones electrocardiográficas y arritmias en el 4-7% de los casos.
Podemos encontrar taquicardia sinusal, bloqueo de rama derecha, bloqueo auriculoventricular de 1°grado, cambios
no específicos del segmento ST, prolongación del intervalo QT y extrasístoles ventriculares.
- Disfunción autonómica
Puede genera un paro cardíaco, hipertensión arterial transitoria, sincope vasovagal, taquicardia y trastornos de la
termorregulación.
- Daño miocárdico
Elevación enzimática, disfunción miocárdica reversible o persistente, aunque el IAM por oclusión coronaria es raro.
Músculo-esquelético
Se puede producir daño muscular con edema y necrosis con la consecuente rabdomiólisis y síndrome comparti-
mental. Respecto al daño óseo, puede provocar quemadura periostal, destrucción de matriz ósea y osteonecrosis.
Por contracciones y caídas se producen fracturas y luxaciones.
Vasculares
Las lesiones vasculares son raras, tales como aneurisma o ruptura de un vaso, trombosis y oclusión.
Renal
Puede generar insuficiencia renal por mioglobinuria.
Manejo prehospitalario
Los incidentes de tipo doméstico son de bajo voltaje y con corriente alterna:
- Escenario asegurado:
• 1° Fuente eléctrica desconectada.
• 2° Separar a la víctima de la fuente eléctrica.
Si el paciente está en paro se realiza la reanimación cardiopulmonar según las normas vigentes. Se debe pensar al
paciente como un politraumatizado, con restricción de la movilidad espinal y como un quemado (lesiones pequeñas
superficiales no implican que no tengan lesiones profundas severas).
Por otra parte, estos pacientes pueden tener quemaduras y la presencia de lesiones pequeñas superficiales no
implican que no tengan lesiones profundas severas.
Manejo intrahospitalario
Se debe realizar la evaluación del paciente según las normas de reanimación del ACLS y del politraumatizado según
el ATLS. Analizar la historia del incidente, realizar el examen físico y los estudios complementarios:
- Examen físico: dentro de este punto desarrollamos algunos aspectos específicos.
• A: vía aérea y control de columna cervical.
• B: respiración y ventilación.
• C: la función cardiovascular: evaluar el ritmo cardíaco; presión arterial; examinar pulsos.
• D: disfunción neurológica y pupilas.
- Función neurológica: evaluar el estado mental, la fuerza y la función motora y sensitiva.
- Estudios complementarios:
• Electrocardiograma: a todos. Si es anormal realizar monitoreo continuo.
• Electrolitos séricos (como el potasio y el calcio).
• La CPK (para detectar lesiones musculares).
• Troponina sérica.
• Recuentos sanguíneos básicos.
• Estudios de la función renal (creatinina y urea).
• Los estudios radiográficos según sospecha.
Tratamientos
Los pacientes con quemaduras pueden requerir traslado a una unidad de tratamiento de quemados. Pueden ser
necesarias la fasciotomía en síndrome compartimental, la escarotomía, la amputación del miembro. Tratamiento
con fluidos y de la rabdomiólisis si está presente (fig. 28).
Por último presentamos el algoritmo final de manejo que integra los conceptos desarrollados (fig. 29).
Es un cuadro poco frecuente con importante sub-registro. Se estima que hay 0,2-1,7 muertes por millón de perso-
nas en el mundo. Es un evento de alta mortalidad que va del 10-30%. Hay significativa morbilidad (> 74%) a largo
plazo en la mayoría de los que sobreviven. Se describen zonas con mayor incidencia de este fenómeno climático.
Las muertes se dan en actividades deportivas en el 52% o en momento de trabajo en el 25% de los casos.
Es más frecuente en el sexo masculino y en una franja de edad de 10-29 años. La Argentina se encuentra en la se-
gunda región del mundo con mayor cantidad de tormentas eléctricas. Se producen 50 muertes por año por caída
de rayos. Las provincias con más riesgo de sufrir lesiones y muertes por rayos son Misiones, Jujuy, Córdoba, Santa
Fe y Buenos Aires. Los riesgos dependen de la frecuencia de días con tormenta eléctrica como de la cantidad de
población que se encuentre en esa zona.
Existen varios mecanismos descriptos que generan lesión a través de los rayos (cuadro 9).
El rayo es una descarga eléctrica por contacto de nubes de lluvia o entre nubes y la tierra. El rayo puede afectar
en forma directa o a través de un objeto cercano, cable o persona. Aunque el rayo caiga a 10 metros de la persona,
puede causar traumas severos.
La magnitud del trauma eléctrico depende de varios factores, a saber:
• Magnitud de energía liberada.
• Voltaje.
• Tipo de corriente.
• Resistencia al flujo de corriente.
• Duración del contacto.
• Recorrido de la corriente.
Se asocia a descarga masiva de catecolaminas (en paciente que no está en paro): hipertensión arterial, taquicar-
dia, cambios no específicos en el electrocardiograma: alteraciones del segmento ST, de la onda T y del intervalo QT.
Se debe pensar al paciente como uno que sufre un trauma contuso de alta energía. En el prehospitalario se deben
seguir las normas de atención del politrauma (PHTLS) y realizar reanimación cardiopulmonar inmediata, si está
indicada.
- Extremidades:
• Vasoespasmo severo transitorio con frialdad, cianosis, livideces, ausencia de pulso que se resuelve espontá-
neamente en pocas horas.
- Lesiones musculo-esqueléticas:
• Fracturas, luxaciones, lesiones ligamentarias.
• Rabdomiólisis: es infrecuente.
- Lesiones neurológicas:
• Lesión del sistema nervioso central:
- Inmediatas y transitorias: pérdida de conciencia: 75%; confusión, amnesia, cefalea, parestesias: 80%; debili-
dad: 80%, trastornos del sueño, parálisis de Charcot: parálisis y pérdida de sensibilidad en miembros inferiores de
1 a 6 horas (diagnóstico de exclusión, primera sospecha lesión medular).
- Inmediatas y prolongadas/permanentes: europatía isquémica hipóxica, hemorragia intracraneal (hemorragia
sub-aracnoidea e intraparenquimatosa), infarto posparto, síndromes cerebelosos.
- Síndromes neurológicos posiblemente demorados: enfermedad de motoneurona, trastornos del movimiento.
- Trauma por caída a aplastamiento: hematoma extradural, hematoma subdural, hemorragia sub-aracnoidea.
- Otras: fatiga, falta de concentración, irritabilidad, labilidad emocional, estrés postraumático (30%), trastornos
de atención, memoria y tiempo de reacción visual, depresión.
Evaluación y manejo
Como todo paciente politraumatizado se debe:
• Evaluar según las Normas ATLS.
• Evaluar lesiones concomitantes.
• Realizar electrocardiograma
• Imágenes, si sospecha de lesión neurológica.
Prevención
A continuación se mencionan medidas preventivas:
• Regla 30/30: si se ve un rayo y se escucha un trueno antes de transcurrir 30 segundos, significa que la descarga
a tierra se está produciendo a menos de 10 kilómetros: buscar un lugar seguro y protegerse durante los próxi-
mos 30 minutos.
• Cuando sienta una carga eléctrica (el cabello se erizará o sentirá un hormigueo en la piel) tírese de inmediato al
suelo.
• Manténgase alejado de ventanas y puertas abiertas, lavaderos y aparatos eléctricos que se encuentren enchu-
fados.
• No use el teléfono. Los rayos pueden alcanzar la línea.
• No retire la ropa tendida en sogas o alambres exteriores.
• No trabaje en alambrados, cercas, cañerías y estructuras de acero.
• Si está viajando, quédese adentro del auto, porque ofrecen una excelente protección.
• Evitar estar cerca de arboles u objetos altos, campos altos, agua, espacios abiertos y objetos metálicos.
CONCLUSIONES
Tal como se ha planteado en la introducción, el trauma raquimedular tiene un gran impacto económico, psicológico
y emocional tanto en la víctima como en sus familias. La lesión medular traumática puede dar lugar a un espectro de
problemas neurológicos, incluyendo la pérdida de la función motora y sensorial, intestinal y divesical, espasticidad,
dolor neuropático y disreflexia autonómica.
Por este motivo, la atención prehospitalaria como intrahospitalaria es importante para prevenir graves secuelas.
El profesional debe recordar que la valoración inicial en la escena del incidente se realizará siguiendo la secuencia
habitual de ABCDE. La protección de la columna es importante, pero no más que el manejo de la vía aérea, el con-
trol de la hemorragia y otros cuidados críticos. En el entorno hospitalario deben continuarse con las medidas de
restricción de la movilidad si están indicadas, de apoyo vital y además se realizarán los estudios radiológicos y los
tratamientos específicos.
En la escena, si el paciente está en paro se debe realizar la reanimación cardiopulmonar según las normas vigen-
tes y pensar al paciente como un politraumatizado. El manejo intrahospitalario requiere realizar la evaluación del
paciente según las normas de reanimación del ACLS y del politraumatizado según el ATLS.
Por último, cabe recordar que las lesiones por rayos pueden provocar la muerte inmediata o la misma luego de una
reanimación cardiopulmonar insatisfactoria. El manejo requiere (como todo paciente politraumatizado) la evalua-
ción según las Normas ATLS y de lesiones concomitantes, realizar electrocardiograma e imágenes, si existe sos-
pecha de una posible lesión neurológica.
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