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"Reflexiones de un Asesino en Tratamiento"

El documento narra la historia de un hombre llamado Sr. Nimio que se encuentra internado en un hospital psiquiátrico. Relata los eventos que lo llevaron allí, incluyendo el asesinato de su esposa e hijo en un momento de desesperación financiera. En sus delirios, cree que puede reunirse con ellos nuevamente si logra la pena de muerte. El doctor a cargo de su caso se niega a esto y busca continuar su tratamiento psiquiátrico para estabilizar su estado mental.

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"Reflexiones de un Asesino en Tratamiento"

El documento narra la historia de un hombre llamado Sr. Nimio que se encuentra internado en un hospital psiquiátrico. Relata los eventos que lo llevaron allí, incluyendo el asesinato de su esposa e hijo en un momento de desesperación financiera. En sus delirios, cree que puede reunirse con ellos nuevamente si logra la pena de muerte. El doctor a cargo de su caso se niega a esto y busca continuar su tratamiento psiquiátrico para estabilizar su estado mental.

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Kevin Vazquez

Filete

Lo apuñale en la manzana de Adán pero gritaba con fuerza y el cuchillo no tenía sangre,
jamás vi sangre, no me detuve hasta que se callo. Los policías no me entienden, ¡Claro!,
despertaré por la mañana, escucharé las quejas de mi esposa, esperaré a que nadie se
hospede en el ruinoso hotel y la llegada del representante del banco con nuestras
maletas listas para ir a Nueva York donde nos recibirá nuestro hijo, hace 10 años no lo
vemos. Alguien de vestimenta blanca se me acerca, estoy somnoliento pero veo la luz.
Está no es mi casa, el cuarto es blanco al igual que mi vestimenta, no hay ventana, la
cama es incómoda como la del viejo hospital del pueblo, no imaginaba que fuese así de
raro pero no importa iré a buscarlo y le pediré perdón, seguro me entenderá en algún
momento, tengo una eternidad para convencerlo. Mostraré mi mejor cara, escucho pasos
y el sonido de una puerta vieja, una persona vestida de blanco está entrando, «¿Cómo se
encuentra Sr. Nimio?» ¿Qué hace él aquí?, ¡Mierda!, Aún no podré pedirte perdón, ¡No
tiene que estar aquí!, «no me levanten, ¡Suéltenme!» se está acercando «todavía no lo
suelten, esperen a qué comience el efecto» Mis ojos están húmedos, son muy pesados.
No sé si es de noche solo escucho relámpagos repentinos, apenas se distingue el ruido
de la lluvia, me siento somnoliento, el molesto sonido de la puerta al abrir es
acompañado del llamado del enfermero diciendo que es hora de que vaya a la oficina
del doctor Paz, nunca confíe en su negocio de locos pero fue buen cliente antes de que
muriera su esposa. El camino es eterno, me cuesta sostenerme tanto como ver algo en
un pasillo tan oscuro aunque parece estamos cerca o eso dice el enfermero, ¿Qué espera
de mi?, yo espero una hora de persuasión barata o mejor ,quizás, silencio. Por fin llegué.

— Tome asiento señor Nimio –dijo el Dr. Paz– lo veo más tranquilo.
— No podría ser de otra forma.
— ¿Cómo se siente?.
— Somnoliento.
— Se acostumbrará al efecto. Y dígame ¿Cómo se siente?.

Espera a qué hablé una hora, ¿Ése es el gran método?, Solo mira su libreta, escribe y a
ratos me observa, es tan estúpido como lo pensé. Esas lapiceras parecen tener buen filo,
tal vez mi salida, tal vez si corro hacia la ventana tendré la suerte de que esté sea un piso
alto, puede funcionar, el doctor se ve apretado en su escritorio seguro tardará en
reaccionar, es arriesgado si no es un piso alto.

— Sr. Nimio su silencio alarga su tratamiento, necesito de su ayuda para


que pueda salir de aquí.
— No sé que contestar, siempre amé a mí esposa y a mi hijo, es evidente
que me siento en la basura, los extraño.
— Continué.

Estamos en un piso bajo por lo que veo, los robles se ven a lo lejos. Es inútil que este
aquí, no quiero responder más, tengo que salir rápido de aquí.

— Se nos termino el tiempo, le darán papel y pluma para que escriba lo que
siente o piensa bajo supervisión, a las 4:00 PM, aunque si así lo quiere
puede pedírselos cuando guste y sea pertinente, necesito que coopere
para terminar su tratamiento lo más pronto posible.
— Claro.
— Nos vemos la próxima semana.

Llevo ya dos semanas aquí o eso me dicen, mi rutina es la de siempre solo en eso se
parece a antes de la llegada de este agosto tan lluvioso, me siento tan vacío y pesado ya
no por el medicamento; en dos días es mi aniversario de bodas, agosto 21. He
descartado las pocas opciones para salir de aquí; son dolorosas y lentas, no sé si es por
cobardía, solo tengo claro que le pediremos perdón, primero la encuentro a ella y
después juntos pedimos perdón. Continuando la costumbre le escribiré una carta que
año con año perdió sazón:

Hola preciosa, espero que estés bien; te fuiste repentinamente, lo comprendo, yo


también me quiero ir pero no me lo han permitido, té pido esperes a que los alcance
aunque sé que nunca te ha gustado hacerlo, prometo no tardar. Extraño tus quejas, tu
amargura con las empleadas a la mínima equivocación, tu codicia, tu exasperación ante
nuestra ruina, tus ojos llenos de irá, tu hermoso cabello castaño, tu buen gusto al vestir
arruinado por la ropa vieja que usaste siete años, adoré tu piel blanca, el lunar cerca de
tu labio, tus dientes horribles, sé que te gustaban mis celos, disfrutabas de mi
explosividad provocada por ti. La miseria era insoportable para ambos, ya viejos qué
más da hacer lo que hicimos, tranquila, si de algo sirve yo seré el culpable de todo para
no manchar tu honor ante los que viven y fueron horrorizados por nuestro acto. Egoísta,
como siempre me gustaste, aunque hoy me tiene aquí; tomaste la última salida que daba
la escopeta después de que tú mala puntería acertará un tiro de tantos en el pie del
extraño foráneo que trataba de huir. Amo lo observadora que eras, aquellos raros
foráneos, como los describiste, tenían seis mil dólares en su maletín y lo gritaste con
alegría que fue acallada cuando viste que uno de ellos no era un extraño foráneo, yo
sólo pude escuchar como escapaste, al saber lo que descubriste, sin balas en la escopeta,
no tenía fuerza para ir por un cartucho, me arrepiento. El representante del banco, un par
de horas después de tu adiós, junto con un par de policías venían a sacarnos de nuestro
hotel y al final se llevaron tres cuerpos. Imagino su sonrisa de camino al hotel, por fin lo
tendría, después de los malos tratos que le dimos sería complaciente vernos fuera pero
se desdibujó su sonrisa al ver mi chaqueta recién manchada con una rara pintura oscura,
mi camisa era más bien como llena con salsa de tomate, aunque ya seca era una mancha
de café. Al ver una rara mezcla de pequeñas lombrices, trozos de carne perfectos para
los guisados que le gustaban a los empleados, seguro el hígado lo cocinarían con
cebolla; todo esto bañado en la salsa de tomate que mancho mi camisa pero aunque
parezca delicioso el gran banquete para los empleados eran las entrañas repletas de
sangre en el vientre de nuestro hijo…

¿Por qué tuviste que volver?, ¡¿Por qué mentiste diciendo que no avisaste tu visita?!, Un
pueblo vacío, sin chiste, ruinoso, sin entretenimiento alguno, sin mujeres ni amigos,
¿Qué había aquí?, Tu vida estaba en Wall Street, ¡¿Por qué Dios mío?!, ¡Espera, te
pediré perdón!, Tú eres bueno, hiciste bien en alejarte de nosotros. Tengo que morir
pronto «¡No quiero sus putas inyecciones, suéltenme!» no lo soporto más.

Mi habitación cambio, no tengo cama solo un colchón, un enfermero me da de comer,


aumentaron la dosis de mi tratamiento aunque realmente mis ganas de morir son las que
pesan en mi cuerpo, apenas puedo articular palabras, afortunadamente pude destruir la
carta que te hice Mia, ya no me importa si no me esperas para pedirle perdón, sé que
están juntos solo les pido me reciban. Espero la visita de mañana del Dr. Paz, bajarán un
poco la dosis para poder hablar un poco. ya escucho como abre la puerta.

— Parece estar mejor Sr. Nimio.


— Usted sabe lo que paso, ¿Por qué no estoy pidiendo mi último banquete?.
— Primero tendría que ser alguien sano, un asesino despiadado y no una
persona perturbada, no alguien que solloza en el suelo, no alguien que
necesita medicamento para ser controlado. Las leyes indican que a gente
como usted, que “no controla lo que hace”, sería injusto sentenciarles a
muerte.
— Estoy lúcido. Puedo demostrarlo.
— A nadie le interesa tener un asesino como usted en la sociedad pero tengo
que atenderlo hasta dejar satisfechas a las autoridades así como a las
organizaciones de derechos humanos que están sobre nosotros.
— Si usted quiere mostrar un acto humano deje que se me de sentencia de
muerte. Después de asesinar a mi hijo de la forma más cruel posible
necesito reunirme con él, si lo quiere ver así, yo no merezco estar aquí,
soy un peligro para la sociedad.
— Cuénteme, ¿Qué pasó aquel día?.
— Estábamos en bancarrota, un representante del banco nos visitaría junto
con dos policías pues se llevó un par de golpes de mi parte en su última
visita el mes pasado cuando nos amenazó con quitarnos el hotel. Ese
maldito lugar era lo único que nos quedaba, un viejo hotel rodeado de
robles americanos a cinco minutos de la zona central, lo hipotecamos en
el cincuenta y ocho, tras tres años de ello estábamos en la absoluta
bancarrota, era el último día de nuestra última empleada,
sorpresivamente dos sujetos de barba y cabello largo llegaron desde
Nueva York. Eran extraños pues nada atractivo había en el pueblo, la
mayoría de jóvenes se enlistaron, algunos otros fueron a disfrutar el
bullicio de las grandes ciudades que aún con la guerra cualquier cosa
superaba a este aburrido pueblo, solo había pocos viejos pues con el
pasar de los años fueron muriendo. No había ferias, no había dinero, no
había nada. Mia, ingenuamente, me comentó que quizás querían comprar
el hotel, pagaron con billetes de cien, su cambio fue todo el dinero que
teníamos, 80 dólares, sin vivienda, sin dinero y sin comida comencé a
pensar en como obtener su dinero, era ingenuo creer que un lugar como
esté fuese atractivo incluso los banqueros tendrían dificultades para
sacarle provecho. Mi estómago crujiente interrumpió, me invadió el
deseo por un filete, observé a mí esposa dormida que estaba muy flaca,
canosa y harapienta en una cama vieja, el colchón que era ya solo
alambre, el techo de madera podrida, tapicería con patrones elegantes
para los años 30 como todo el hotel; vi la foto de nuestra boda dónde
estaba bien vestida, hermosa, con mucha carne en su cuerpo e invadida
por la felicidad. Necesitaba el dinero, no me importaba como iba a
quitárselo solo pensaba en comprarle un bonito vestido a Mía y comer un
buen filete. Salí del pequeño cuarto con destino a la habitación 21 en el
que se hospedaban los extraños, una vez afuera de su puerta con la llave
de repuesto a punto de ser colocada, mi escopeta con mis últimos tiros en
la cintura pegada a mi espalda y el cuchillo más filoso que encontré en la
cocina en mi mano izquierda; entré, tratando de hacer el menor ruido
pero me fue imposible, al parecer las apuñaladas en la garganta y
corazón son bastante ruidosas o el tipo de lentes tenía un crujido natural,
su amigo salió corriendo, yo lo escuchaba gritar pidiendo ayuda pero no
sé si fue eso o el primer disparo que falle tratando de detener al otro
sujeto el que levanto a mi esposa que recibió el segundo disparo o el
tercero o el cuarto, no lo recuerdo pero un disparo fue para ella y otro
para el extraño que seguía gritando, lo apuñale en la garganta cerca de la
manzana de Adán pero el cuchillo estaba limpio, seguía gritando, lo
apuñale en el corazón, en el vientre cuanto pude pero el cuchillo siempre
salió impecable, sus gritos eran cada vez más fuertes hasta que vi la sopa
de entrañas que hice en su vientre fue que se callo. Fui a ver a mi esposa
que estaba muerta, todo era lento, ¿Cómo le diría a mi hijo que su madre
estaba muerta?, Pensé. Estaba como aturdido, fui a la habitación con
lágrimas en los ojos a ver qué fue lo que obtuve por lo perdido y
encontré el asco en mi, era irreal; entre las identificaciones de los
extraños estaba la de mi hijo, su amigo tenía dos puñaladas también un
poco desarreglados sus lentes. Jamás sentí tanta desesperación y
decepción por no encontrar un tiro. Soy demasiado cobarde para sentir el
dolor que le provoque a mi hijo. Es inhumano que esté vivo, ¡Se lo
suplico, déjeme morir!.
— Esperé el alta Señor Smith. Manténgase tranquilo.

La pesadez disminuyó un poco, tardo una semana pero mañana es mi juicio y parece
que todo es favorable, pronto moriré, creo que estoy sonriendo. La sentencia fue
favorable, confesé tres asesinatos sin arrepentimiento cometidos porque quería un filete
justo lo que será mi última cena antes de la silla eléctrica. El día está soleado no me
sentía feliz hace mucho hoy por fin me reuniré con ustedes.

El señor Smith tuvo 1 hora para disfrutar de su comida, nadie había estado tan feliz por
morir, era extraño para los guardias, ¿Qué habrá pensado?, ¿Cómo se sintió?; Murió de
asfixia, fue encontrado 40 minutos después.

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