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Introducción a la Ecología y Derecho

1) La ecología estudia las relaciones entre los seres vivos y su hábitat, considerando conceptos globales como biocenosis, biotopo, ecosistema y biosfera. 2) La ecología se caracteriza por la globalidad, la complejidad de las escalas espacio-temporales, y la "procedimentalidad" de los constantes cambios en los ecosistemas. 3) El derecho ambiental enfrenta los desafíos de integrar esta visión global y compleja de la ecología en normas claras, al tiempo que aumenta su flexibilidad para
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Introducción a la Ecología y Derecho

1) La ecología estudia las relaciones entre los seres vivos y su hábitat, considerando conceptos globales como biocenosis, biotopo, ecosistema y biosfera. 2) La ecología se caracteriza por la globalidad, la complejidad de las escalas espacio-temporales, y la "procedimentalidad" de los constantes cambios en los ecosistemas. 3) El derecho ambiental enfrenta los desafíos de integrar esta visión global y compleja de la ecología en normas claras, al tiempo que aumenta su flexibilidad para
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UNIDAD 1: Conceptos básicos.

Ecología, ciencia de lo global y lo complejo. Ecología y Derecho.


En 1866, el zoólogo y biólogo Ernst Haeckel se refirió a la importancia de la relación del animal con su medio,
tanto orgánico, como inorgánico introduciendo por primera vez el término “ecología” en su trabajo “Morfología
General del Organismo”. Desde el punto de vista etimológico Ökologie (alemán), proviene del griego, oikos: casa o
lugar para vivir y logos: ciencia. La ecología es por lo tanto, la ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre
sí y con su hábitat.
De esta manera, Haeckel la define como “la ciencia de las relaciones de los organismos con el mundo exterior,
en el cual nos podemos reconocer como factores de lucha por la existencia”. Entre estos factores, son incluidas las
características físicas y químicas del hábitat, el clima, la calidad del agua, la naturaleza del suelo, así como el conjunto
de las relaciones favorables o desfavorables de unos organismos para con otros.
Como sucede con toda ciencia, el desarrollo de la ecología se da a veces de modo resplandeciente, y otras
dubitativo y caótico. Por ello no podemos estudiarla idealizándola como un saber lineal, infalible e imparcial. Aunque
también es cierto que, a través de sus dudas y sus errores, la ecología fue progresivamente imponiendo una visión
integrada y dinámica de las relaciones entre las especies, incluyendo la especie humana y el ambiente. Se destacan así
dos ideas esenciales: la globalidad y la “procedimentalidad”.
1. Globalidad
La ecología utiliza conceptos que se caracterizan por ser fundamentalmente “englobantes”, abarcativos:
● BIOCENOSIS: una comunidad de vida, vegetal y animal que prospera, se reproduce y auto genera en un
espacio determinado (generalmente un área restringida);
● BIOTOPO: ambiente abiótico de la comunidad de vida, es decir la luz, la atmósfera y el agua.
● ECOSISTEMA: sistema funcional formado por la interacción de la biocenosis con su biotopo.
● BIOSFERA: subiendo un grado de generalidad más, este concepto trata de conceptuar toda la vida terrestre
como una única y misma totalidad.
En definitiva, podemos afirmar que la globalidad constituye un eje central y lo vemos, por ejemplo, en la
definición del concepto de clima que brinda la Convención de Río sobre Cambio Climático: “Por "sistema climático" se
entiende la totalidad de la atmósfera, la hidrosfera, la biosfera y la geosfera, y sus interacciones”.
La ecología se caracteriza por un complejo ajuste de las escalas de tiempo y espacio, lo que no facilita el
trabajo del jurista: el tiempo extremadamente largo de las formaciones geológicas y gaseosas (la capa de ozono que
protege el planeta de los rayos ultravioletas se formó en dos billones de años, los combustibles fósiles son producto
de centenas de millones de años de actividad fotosintética) convive con regulaciones espontáneas, en cuanto que las
proyecciones planetarias se combinan con acciones puramente locales.
2. Procedimentalidad
Esta idea se refiere a las innumerables transformaciones físicas, químicas, energéticas y biológicas que tienen
lugar en los ecosistemas y entre éstos, con el fin de mantener su integridad, su diversidad y su potencial evolutivo.
En el plano normativo esta idea ha sido receptada, por ejemplo, en la definición del concepto de diversidad
biológica que brinda la Convención de Río en la materia, ratificada por Ley N° 24.375, a saber: “la variabilidad de
organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y otros
ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada
especie, entre las especies y de los ecosistemas ”.
De esta representación dinámica de los fenómenos naturales se derivan las ideas de ciclo, de reversibilidad,
de equilibrio, etc. Las representaciones cíclicas de los cambios naturales ilustran todos los manuales de ecología: el
ciclo del agua, del carbono, la fotosíntesis, etc. Toda la naturaleza parece funcionar como una inmensa fábrica de
reciclaje y tratamiento de la energía y de materia.
Esta certeza sugiere la imagen tranquilizadora de la reversibilidad: va a volver siempre a lo mismo. Y se piensa
que la misma intervención humana se inscribe también en esta lógica y por ello no debería preocuparnos.

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Sin embargo hoy percibimos cuánto de engaño tiene esta imagen: las intervenciones humanas, cada vez más
fuertes y concentradas en el tiempo, interrumpen los ciclos naturales y por sus efectos acumulativos, nos aproximan a
los límites de la irreversibilidad.
Incluso sin tener en cuenta las intervenciones humanas, la ciencia ecológica está más consciente que nunca
de la irreversibilidad a largo plazo de la naturaleza. Podemos decir sin temor a equivocarnos que la naturaleza, al igual
que la historia, nunca se repite; es apenas al nivel de la percepción humana que se forma esa impresión de retorno a
lo mismo.
Y si estamos de acuerdo en que hay irreversibilidad en la naturaleza, también la idea de equilibrio debe ser
cuestionada. Durante mucho tiempo, los procesos naturales fueron pensados según un modelo de equilibrio. Se
consideraba que por autorregulación los diferentes componentes de los ecosistemas se ajustaban recíprocamente
hasta alcanzar un punto ideal de estabilización. Esta teoría, sin duda demasiado irónica y estática, es hoy nuevamente
cuestionada.

Globalidad, procedimentalidad, complejidad, irreversibilidad, incerteza… ¿Cómo podrá el Derecho apropiarse


de todos estos trazos de la ecología?
Lo que este interrogante plantea es la cuestión de la traducción del lenguaje científico de la ecología, al
lenguaje normativo de los juristas. Para marcar el límite entre lo permitido y lo prohibido, asignar responsabilidades,
identificar responsables y determinar campos de aplicación de las reglas en tiempo y espacio, el Derecho necesita
definiciones con contornos nítidos y criterios estables. Mientras, la ecología reclama conceptos englobantes y
condiciones evolutivas.
Veamos cómo integrar estas ideas de globalidad y procedimentalidad a la complejidad del funcionamiento del
derecho. Deberemos superar dos desafíos:
El primer desafío es el que plantea la “globalización”. Este es claramente resentido por el legislador, quien
ante la explosión de diferentes regímenes normativos (relativos a la protección de la naturaleza, al agua, al ruido, a la
contaminación ambiental), opone intentos de codificación del Derecho Ambiental –o, al menos, una progresiva
definición de principios generales que puedan inspirar un poco de coherencia en la materia– o bien ante el trazado
nacional de los esfuerzos de protección de los medios naturales, procura sobreponer una vocación supranacional.
Si pensamos que desde una posición estrictamente antropocéntrica se ha pasado a una mayor toma de
conciencia de la lógica natural en sí misma, la evolución ha sido bastante significativa. Evolución que va también desde
el punto de vista local al punto de vista planetario y desde el punto de vista concreto y particular (tal flor, tal animal) a
la exigencia abstracta y global (detrás de tal flor o animal, el patrimonio genético).
El segundo desafío que enfrenta el Derecho Ambiental es el de la “complejidad”. El paradigma ecológico se
caracteriza por la procedimentalidad compleja, la cual inevitablemente engendra incerteza. Es una tarea del Derecho
transformar esta “incerteza ecológica” en “certeza social”, sin embargo no lo conseguirá mientras no aumente su
propia flexibilidad.
La alternativa es continuar siendo un derecho rígido y estable que se verá siempre desbordado por la realidad,
o bien transformarse en un derecho blando puramente simbólico y desprovisto de todo efecto coercitivo. Pero los
principios de legalidad y seguridad jurídica no podrán salir indemnes de este emblandecimiento de la norma.
Los ejemplos de este Derecho Ambiental casi experimental abundan:
1) El concepto de estado de conservación: los instrumentos jurídicos relativos a la salvaguarda de la vida salvaje
suelen estar acompañados de listas de las especies a proteger y, para atenuar la rigidez de este recurso, se
suele subordinar la protección jurídica al “estado de conservación” de la especie. Este estado del cual
depende la intensidad de la intervención jurídica también es definido en base a criterios ecológicos: la
dinámica de las poblaciones controladas, la fluctuación del área de repartición de la especie y la estabilidad
de los hábitats naturales indispensables para su supervivencia.
2) Los estudios de impacto ambiental: destinados a evaluar los potenciales impactos negativos de proyectos o
actividades que, en un sentido amplio, no se limitan solo al examen previo del proyecto.
3) La reparación de los daños ambientales: como sabemos, el autor de un perjuicio debe pagar una
indemnización por las pérdidas y daños ocasionados a las víctimas siempre que se reúnan tres condiciones: un
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acto u omisión negligente, un prejuicio actual o futuro aunque siempre cierto y un vínculo de causalidad entre
la falta y el daño. Ninguna de estas tres condiciones se configura fácilmente en materia de daño ambiental.
Todo esto conduce a una cierta “ecologización del derecho”. Una ecologización bienvenida en tanto significa
que las soluciones jurídicas estarán más adaptadas a las especificidades de los medios a proteger que son globales,
complejos y dinámicos, aunque de ninguna manera es bueno que el Derecho renuncie a su propia especificidad.
Entonces, hay que luchar también por una cierta “juridización de la ecología”: por ella entendemos la imposición en
este dominio, como en cualquier otro abordado por el Derecho, de los valores y garantías que corresponde promover,
el respeto a los procedimientos y a las reglas preestablecidas, a la publicidad y a la transparencia de las decisiones.
El ambiente, que sin duda es un objeto de la ciencia, es antes que nada y sobre todo una cuestión
democrática. Y el jurista está ahí para recordarlo.

Medio Ambiente, Ambiente Urbano, Ambiente Natural, Ambiente Rural.


Podríamos decir que hablar de medio ambiente, es una redundancia, ya que el concepto “ambiente” integra
la definición de “medio”. En efecto, si seguimos a Enrique Leff podemos decir que entendemos que “El ambiente no es
la ecología, sino la complejidad del mundo” y consecuentemente incluye al medio, entendiendo a este como es el
sustrato donde se desarrollan los seres vivos.
El ambiente es uno solo, complejo, sistema dinámico e integrado que tiene un punto natural de equilibrio (no
es una mera acumulación de elementos). Condicionado por factores:
1. el medio,
2. abióticos (agua, aire, luz, temperatura),
3. flora,
4. fauna,
5. hombre (individual y/o colectivamente), con todas las actividades que desarrolla, las recursos naturales que
utiliza, los productos que elabora, los desechos que genera a lo largo de la cadena productiva, etc.
Podemos encontrar muchos conceptos de ambiente, si acudimos a la Real Académica Española diremos que
es el conjunto de factores o elementos físicos (tierra, agua, aire, clima..), biológicos (flora, fauna, suelo…) y
socioculturales (asentamientos y actividades humanas, uso y disfrute del territorio, formas de vida, patrimonio
artístico y cultural, salud de las personas…) así como la interacción entre los factores o elementos indicados, que
integran el entorno donde se desarrolla la vida del ser humano y de la sociedad.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente en Estocolmo (1972) lo define como: “Medio
ambiente es el conjunto de componentes físicos, químicos, biológicos y sociales capaces de causar efectos directos o
indirectos, en un plazo corto o largo, sobre los seres vivos y las actividades humanas”
Por su parte la Corte Internacional de Justicia en su opinión consultiva sobre la legalidad de la amenaza o el
empleo de armas nucleares ha dicho “el medio ambiente no es una abstracción sino el espacio en el que viven los
seres humanos y del que depende la calidad de su vida y su salud, inclusive de las generaciones futuras”. Se reconoció
que el medio ambiente está sujeto a amenazas cotidianas y que el empleo de armas nucleares podría constituir una
catástrofe para el medio ambiente. La Corte reconoce, también, que el medio ambiente no es un concepto abstracto,
sino que representa el espacio viviente, la calidad de vida y la salud misma de los seres humanos, en particular, de las
generaciones venideras. La existencia de la obligación general de que los Estados velen por que las actividades
realizadas dentro de su jurisdicción o bajo su control no dañen el medio ambiente de otros Estados o zonas que estén
fuera de su jurisdicción nacional forma parte ya del corpus de normas internacionales en materia de medio ambiente.
En el siguiente cuadro esquemarizaremos esas dimensiones:
- Ambiente urbano: es aquel referido a una forma particular de ocupación del espacio por una población, es
decir, la aglomeración resultante de una fuerte concentración y de una densidad relativamente elevada,
tendría como correlato previsible, una diferenciación funcional y social cada vez mayor. El mismo incluye:
- el ambiente natural-elementos físicos de la naturaleza (relieve, clima, aire, suelo, agua, etc).
- el ambiente construido-formado por la estructura del espacio que son resultantes de la dinámica
social sobre el territorio urbano (casas, comercios, rutas, aeropuertos,etc).

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- la sociedad que habia en ese conglomerado, con sus productos culturales (nivel de ingreso, acceso a
la educación, acceso a alos servicios de salud, impacto de la contaminación de la salud, etc)
- Ambiente rural: Es el ambiente donde predominan las actividades primarias (agricultura, ganadería,
minería). Son ambientes modificados, ya que su evolución o variación ha sido producto de la actividad
humana.

Elementos y recursos naturales.


Los elementos naturales están dispuestos en el universo sin que el hombre haya hecho nada para ello. Entre
estos elementos podemos destacar el agua, el aire, la flora, la fauna, el suelo, las fuerzas de la energía.
Ahora bien, cuando estos elementos son aprovechados por el hombre para la satisfacción de sus necesidades,
se convierten en recursos y de su uso adecuado dependerá mantener o no el potencial productivo para las futuras
generaciones.
En síntesis: para que un elemento natural se convierta en recurso, será necesario que sus cualidades para
satisfacer necesidades sean reconocidas. Sólo a partir de ello podrá haber un aprovechamiento en el que, sin lugar a
dudas, tendrá un rol preponderante el uso de la tecnología y así introducirse en el mercado.
Muchas son las clasificaciones que podemos efectuar respecto de los recursos naturales, según optemos por
su origen, por su disponibilidad, etc. En este momento y tendiendo a demostrar la necesidad que tiene el ser humano
de estos elementos para su vida diaria, hacemos la siguiente:
1. Perpetuos, básicos o permanentes: son aquellos utilizados por la sociedad, cuya cantidad es tan grande y su
renovación tan constante que en la práctica son inagotables. Por ejemplo: luz solar, la radiación de la tierra, el
agua en sus distintas formas, el aire, el viento. Se denominan básicos porque, además de ser perpetuos (pero
no inmutables, como el agua), son indispensables para vida misma del hombre.
2. No renovables o recursos de existencia fija: son aquellos que tienen su origen en procesos de tipo geológicos,
su formación se realiza en un tiempo muy diferente al que le lleva a la sociedad utilizarlos (minerales de tipo
metalíferos, carbón, petróleo).
3. Los renovables (o de flujo): son aquellos de origen biológico y que son capaces de reproducirse en un tiempo
socialmente aceptable. Están en constante renovación, sean o no utilizados por el hombre, aunque la
renovación natural es mucho más rápida si éste no interviene (bosques, fauna ictícola).
4. Los potenciales: son elementos naturales que teniendo en cuenta el avance tecnológico pueden llegar a
transformarse en recurso en algún momento, por ejemplo el uranio, el petróleo.

Paradigma ambiental.
El estudio del derecho tradicionalmente estuvo signado por la protección de las personas y sus bienes. Tal
como lo sostiene Martine Rèmond-Gouilloud, si uno sigue la tradición del Derecho Francés, del que abreva nuestro
Derecho Civil, habremos de concluir que desde ese punto de vista, los recursos están destinados a ser destruidos.
Usus, factus abusus, las tres patas de la trilogía clásica del derecho máximo de la sociedad capitalista,
justifican que un dueño pueda degollar un animal, envenenar un estanque, destruir un bosque: desde este punto de
vista “poco importa la manera, poco importa la razón: tiene el derecho a destruir”.
Se podrá decir que el Derecho Privado ha puesto cierta cota a este modo de ejercer el derecho de propiedad
desde hace más de cincuenta años, tratando de que ese uso no afecte el bienestar inmediato de la sociedad. Pero el
Derecho Ambiental va mucho más allá: implica un cambio de actitud ya que “lo que está en juego ya nos es solamente
la preservación de los intereses corporales o materiales de los seres humano afectados por la degradación del medio
natural, sino la preservación del medio en sí mismo, aunque ningún interés humano esté directamente en juego”.
Lorenzetti indica el recorrido desde una etapa utópica, ideales a cumplir hasta el hoy. Actualmente se habla de
desarrollo sustentable. También menciona una etapa llamada analítica, relacionado con las ciencias, la astronomía,
estudios conceptuales, que daban a entender que la naturaleza estaba en peligro. En el derecho también se menciona
una etapa analítica donde se crearon distintas leyes ambientales: la Ley General del Ambiente de Argentina, la de
Brasil. Las instituciones aprendieron a reconocer este derecho, junto con los tratados internacionales. Últimos 30
años.
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Sigue siendo un estudio muy específico. Ha habido un cambio de paradigma, un cambio del modo de ver la
economía, la filosofía, las ciencias exactas, entre otras. Se dice que hay un cambio de paradigma, la manera en que
miramos los hechos y los entendemos. Hoy vemos todo de una manera ambiental, a modo de sistema.
La naturaleza se volvió un recurso escaso. Empezaron a desarrollarse las industrias para el desarrollo después
de la Revolución Industrial, lo que llevó a entender que la fuerza humana puede destruir la naturaleza. Antes había
una cierta previsibilidad de lo que sucedía, en la época postglacial. Hoy se habla de una época humana, el
antropoceno, donde la capacidad humana es tan fuerte sobre el mundo natural que puede transformarlo
radicalmente. La naturaleza era algo poderoso y ahora es algo débil. Indubio pro natura. En caso de duda hay que
proteger la naturaleza porque es débil.
Cuando hay recursos escasos, deviene en conflictos. ¿Hay que actuar siempre de manera irrevocable entre el
cuidado del ambiente o el desarrollo? Hoy en día hay muchísimas opciones viables.
En esta conferencia Lorenzetti nos habla de una nueva categoría de bienes, los BIENES COLECTIVOS, categoría
que fue constitucionalmente introducida con la reforma de 1994 y que coexiste con la de los tradicionales bienes
individuales. Ahora bien: el disfrute de estos dos tipos de bienes sin lugar a dudas puede llevar a tensiones y
conflictos. Compatibilizar este tipo de intereses es posible y es una función del derecho, y el nuevo Código Civil y
Comercial se ha encargado de articular un mecanismo de gobernanza de estos intereses en juego.
Vivimos una era de verdades implacables en la que la naturaleza está mostrando sus límites, y en la que nos
acercamos a las fronteras de los modelos que han sido la base de nuestro desarrollo.
Es por esta razón que, en este trabajo presentamos un abordaje sobre la cuestión cultural que presentan los
estudios sobre el ambiente. En este campo es posible presentar un esquema explicativo sobre tres etapas: La primera
fue "retórica", puesto que, en los años setenta, el movimiento ambientalista sembró las primeras palabras nuevas,
símbolos y utopías, poco conocidas hasta entonces.
La segunda fue "analítica", en el sentido de que identificaron problemas, se los estudió, y se fueron
elaborando modelos para tratarlos. En el área jurídica esto significó un impresionante movimiento de calificación de
nuevos supuestos de regulación, leyes de todo tipo en los Estados, Constituciones "verdes", y tratados internacionales
de amplio contenido.
La tercera es, en nuestra opinión, "paradigmática", en cuanto a que lo que está cambiando es el modo de ver
los problemas y las soluciones proporcionadas por nuestra cultura. No es sólo una nueva disciplina, como se suponía
con las etapas anteriores, puesto que estamos ante una cuestión que incide en la etapa de planteamiento de las
hipótesis, y es, fundamentalmente una mudanza epistemológica.
Surge un problema descodificante porque impacta sobre el orden existente, planteando uno distinto, sujeto a
sus propias necesidades y es, por ello, profundamente herético. Se trata de problemas que convocan a todas las
ciencias a una nueva fiesta, exigiendoles un vestido nuevo. En el caso del Derecho, la invitación es amplia: abarca lo
público y lo privado, lo penal y lo civil, lo administrativo y lo procesal, sin excluir a nadie. La primera cuestión es
entonces analizar porqué está cambiando el paradigma.
Lo novedoso es que la "naturaleza", como totalidad, y no sólo sus partes, es lo que ahora aparece como
escaso lo que presenta un escenario conflictual diferente a los que conocemos. La diferencia sustancial reside en el
cambio de escenario, puesto que no se habla solamente de conflictos interindividuales, sino entre individuos y lo
colectivo; ya no hay solamente derechos, sino también deberes.

Bien colectivo situado en la esfera social (Elemento del paradigma ambiental).


Los denominados "bienes colectivos" han adquirido relevancia normativa tanto a nivel constitucional como en
la legislación especial. Es tradicional que los Códigos Civiles regulen los bienes por su pertenencia al dominio público o
privado. En los últimos años ha surgido una categoría de bienes que no pertenecen al Estado ni a los particulares en
forma exclusiva, y que no son susceptibles de ser divididos en partes que permitan afirmar sobre ellas la titularidad
individual de un derecho dominial.
El bien colectivo presenta las siguientes características:
1. Indivisibilidad de los beneficios: el bien no es divisible entre quienes lo utilizan. Este "carácter no distributivo"
impide la concesión de derechos subjetivos, ya que éstos presuponen que la titularidad se ejerce sobre una
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porción identificable o claramente delimitada. No hay derecho de propiedad ni posesión individual que
permita adquirirla, y sólo se conceden derechos de actuación bajo la forma de la legitimación para obrar
difusa o colectiva. En el mismo sentido, la transacción es limitada, porque nadie puede disponer, renunciar o
efectuar reconocimientos sobre un bien del que no puede disponer.
2. Uso común sustentable: el bien puede ser usado por todos los ciudadanos. Este uso común produce lo que se
denomina la "tragedia de los comunes", es decir, la ausencia de incentivos individuales para protegerlos y
evitar el sobreuso. La masividad en el uso de bienes colectivos frecuentemente lleva a su agotamiento o
destrucción, por lo que se requieren reglas limitativas que definan el uso sustentable. Ello significa que el uso
del bien debe ser hecho de tal modo que no comprometa las posibilidades de otros individuos y de las
generaciones futuras.
3. No exclusión de beneficiarios: todos los individuos tienen derecho al uso y por lo tanto no pueden ser
excluidos. Ello constituye una diferencia muy importante respecto de los bienes individuales que admiten
derechos subjetivos oponibles "erga omnes". El titular de un derecho de propiedad puede excluir a terceros
que pretendan apropiarse del bien sobre el cual se asienta el derecho; en cambio, los bienes colectivos no
otorgan esas facultades. No siendo posible la exclusión, la carga argumentativa pesa sobre quien decida
limitar su acceso. Por ejemplo, puede haber un interés público, pero debe ser fundado sobre razones
legítimas.
4. Estatus normativo: el bien colectivo tiene reconocimiento legal. En nuestra opinión, es necesario que sea
calificado como un bien, es decir, un interés genérico merecedor de tutela, ya que puede haber "males
colectivos" como la alta tasa de inflación o de criminalidad que no son protegidos. La existencia jurídica de un
bien colectivo se identifica entonces por su reconocimiento deontológico, en el sentido de que su protección
debe estar ordenada." Una vez que se admite que el derecho puede discriminar entre bienes y males
colectivos, corresponderá determinar si es necesario que el bien esté reconocido por ley para que exista como
tal, o bien puede surgir de la mera costumbre. Ello permite distinguir entre bienes colectivos típicos
(reconocidos por ley) y atípicos (que podrían surgir de la costumbre). En materia ambiental existen tratados
internacionales y leyes nacionales que reconocen toda clase de bienes, de manera que el problema no es tan
importante como pareciera desde el punto de vista teórico. La admisión de bienes atípicos puede generar
dificultades jurídicas porque pueden ser diferentes de los que el legislador identifica, o no coincidir
totalmente, con lo cual habría una fragmentación que dañaría la eficacia de la tutela ambiental. Por estas dos
razones nos inclinamos por el reconocimiento legal.
5. Calificación objetiva: la calificación de un bien como colectivo surge de una designación normativa objetiva y
no subjetiva. De modo complementario con el elemento definido en el punto anterior, cabe señalar que un
bien no es colectivo el sólo hecho de que a una persona le impresione como tal (calificación subjetiva), porque
debe trascender la mera subjetividad de cada ciudadano. Como todos los datos normativos, debe ser
susceptible de una manifestación exterior. También corresponde diferenciar los bienes colectivos de los
fenómenos de cotitularidad subjetiva. Un bien puede pertenecer a varias personas, como ocurre con el
condominio sobre inmuebles, o propiedades coparticipables, o una sociedad de múltiples socios, o un
fideicomiso, y en todos estos casos el individuo puede identificar la proporción que le corresponde porque no
se disuelve en la totalidad. En cambio, en los bienes colectivos el individuo no puede identificar su parte,
porque no le pertenece.
6. Legitimación para obrar difusa o colectiva: estos bienes son protegidos mediante una amplia legitimación para
obrar. La protección de estos bienes no se deja en manos exclusivas del Estado, como ocurría en el pasado.
Esta concentración no dio los resultados esperados ya sea por falta de acción pública, o por influencia excesiva
de los grupos de presión, o porque los bienes trascienden las esferas nacionales. Por esta razón el espectro de
sujetos legitimados incluye siempre a un representante del sector público, como el defensor del pueblo, pero
no es exclusivo, ya que se amplía a las organizaciones no gubernamentales que representan un interés
colectivo, y a los afectados, que invocan un interés difuso.
7. Precedencia de la tutela preventiva: para proteger estos bienes la prevención-precaución deben aplicarse de
modo prioritario a la reparación. El bien de incidencia colectiva puede ser lesionado, restringido, alterado o
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amenazado. Esta acción debe ser antijurídica, ya que debe existir "arbitrariedad o ilegalidad" de un acto
emanado de una autoridad pública o particular (art, 43). En general, el legislador establece la precedencia de
la tutela preventiva, es decir, primero prevenir, luego restituir y finalmente, si no quedan opciones, reparar el
daño causado. Esta secuencia es imperativa, a diferencia de lo que no ocurre con la mayoría de los bienes
individuales, sobre los cuales el titular tiene la opción voluntaria entre la restitución in natura y el
resarcimiento. Esta regla obedece no sólo a una opción valorativa, sino también a una razón económica, ya
que son de difícil apreciación económica (no son monetizables).
8. Resarcimiento a través de patrimonios de afectación: cuando hay resarcimiento, no hay una indemnización
que se traslade al patrimonio de una persona, aunque ella sea titular de la legitimación procesal. La suma de
dinero que se otorgue, o los bienes sustitutivos, son gestionados por alguien al que se le adjudica esa función,
pero al igual al bien al que subrogan, estos montos no tienen un dueño particular.
9. Ubicación en la esfera social: estos bienes pertenecen a la esfera social de tutela. Los derechos humanos
dieron origen a la protección de la persona mediante obligaciones de no hacer que son parte.

UNIDAD 2: El Hombre y el Ambiente.

La relación entre la Economía y el Ambiente, la constante tensión entre las dos OIKOS, el crecimiento
económico frente a la finitud de los recursos naturales.
Ecología y Economía tienen una raíz en común que es la palabra griega “Oikos” que significa casa. Mientras la
primera de estas ciencias estudian la casa del hombre, la segunda la administra. Su relación debería ser pacífica y
sincrónica, pero no lo es.
Según la visión tradicional, y hasta romántica, en un estado de naturaleza todo circula continuamente,
generando un EQUILIBRIO ECOLÓGICO.

Así, los procesos naturales los podemos graficar como procesos circulares, en tanto en la mayoría de los
procesos industriales la esquematización se da de forma lineal, pues en una punta tendríamos los insumos (en
muchos casos recursos naturales), en el centro los sistemas de producción y los productos y en el otro extremo los
residuos.- Desde esta perspectiva los objetivos de las dos ECOS, la preservación del ambiente y el desarrollo
económico, parecen inconciliables, y el objetivo de esta clase es determinar si esto es realmente así, o si existen
intereses y herramientas que permitan la simbiosis referida.
Conceptos básicos para comprender mejor él video:
- TASA DE RENOVABILIDAD: es la velocidad con la que un recurso natural renovable es capaz de regenerarse en
un hábitat determinado.
- TASA DE EXPLOTACIÓN: es la cantidad de recursos consumidos en un tiempo determinado.

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- PBI: es el indicador que mide el valor que agrega cada sector de la economía a lo que produjo la anterior en
un territorio determinado en el término de un año.
- IWI (Inclusive Wealth Index o Índice de Enriquecimiento inclusivo) es el indicador que mide la riqueza de los
países teniendo en cuenta no solo su capital económico, sino también el natural y el humano. También se lo
conoce como el PBI Verde.

VIDEO Sanchez Izquierdo- Economía y Ecología


Siempre existieron disputas entre ecologistas y los grandes empresarios. A esto se le suma la sociedad, los
cuales pujan ante el Estado para evitar/regular ciertas situaciones perjudiciales para ella. Por ej: los productos
consumibles con alta cantidad de cloro. ETC. ES LO MISMO QUE YA DICEN LOS TEXTOS.

Para ello leeremos el texto “La economía ambiental” de Mang Yu Chang:


La economía ambiental se basa en los mismos conceptos y presupuestos básicos de la teoría neoclásica, que
concentra el análisis sobre la escasez, y donde los bienes son valorados según su abundancia-rareza, de tal manera
que cuando se trata de bienes escasos, éstos son considerados bienes económicos, mientras que cuando son bienes
abundantes, no son económicos. El medio ambiente viene adquiriendo estatus de bien económico porque muchos
recursos naturales, como el agua y algunas fuentes de energía no renovables, comienzan a escasear y presentan
horizontes de agotamiento previsibles. Al mismo tiempo, estos bienes naturales, aun cuando sean insumos
indispensables del proceso productivo, presentan características de bienes no económicos, por no poseer precio, ni
dueño. La incorporación del medio ambiente al mercado se daría mediante el procedimiento de internalización de
esas externalidades, adjudicándoles un precio. Por eso, la economía ambiental se ocupa principalmente de la
valoración monetaria del medio ambiente. Una vez internalizado, el medio ambiente pasa a tener las características
de un bien económico, o sea, pasa a tener precio y/o derecho de propiedad.
La evolución de la problemática ambiental en el contexto del pensamiento económico. A mediados del siglo
XVIII, los formuladores de la historia natural reconocían que, aunque el hombre domine sobre el orden natural,
pertenece al mismo. El hombre tiene su lugar en la gran cadena de los seres vivos, y también se somete a las leyes de
la naturaleza. De esa forma, la economía humana tiene la posibilidad de desarrollarse y enriquecerse, pero también
debe permanecer sintonizada con la economía natural. En otras palabras, la naturaleza pasa a ser digna de atención
del hombre, justamente porque le es útil.
Los fisiócratas consideraban que la fuente de todas las riquezas del Estado y de los ciudadanos era la
agricultura, porque sólo ella restituía al hombre más valor del que fue invertido. Del encuentro de la fisiocracia, el
saber natural, la teología y el romanticismo, nacieron las primeras manifestaciones de protección al medio ambiente.
A finales del siglo XVIII, por primera vez en forma explícita, los economistas clásicos inauguraron la época del “mundo
finito”.
En el siglo XIX, la Revolución Industrial, basada en la termodinámica marca una ruptura en la cuestión
ecológica. Con la revolución técnico-científica aplicada a la producción, la problemática ambiental se extiende a una
escala geográfica cada vez mayor.
En el periodo de posguerra, la economía mundial experimenta un crecimiento vertiginoso de la producción,
con tasas de productividad de la mano de obra elevada y continua, impulsadas por una nueva etapa tecnológica
basada en la electrónica y los nuevos químicos. El optimismo frente al crecimiento de la producción material era tal
que la llamaron “edad de oro” (golden age) y la discusión sobre la cuestión ambiental toma fuerza, volviéndose cada
vez más evidente que el aumento de la producción va acompañado de una intensificación de la degradación
ambiental, que pasa a adquirir dimensiones globales. Al mismo tiempo, algunos de los problemas ambientales más
graves se vuelven cada vez menos perceptibles a los ojos humanos, como lo son la pérdida de la biodiversidad, el
agujero de la capa de ozono, o los cambios climáticos.
La economía ambiental se constituye como disciplina en los años setenta, como una respuesta de los
economistas neoclásicos a la problemática ambiental contemporánea. Esta escuela vuelve a enfatizar la finitud de los
recursos naturales en las propuestas de política de gestión ambiental.

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Economía ambiental: principios y aplicaciones. Los fundamentos básicos:
La economía neoclásica privilegia el análisis del mercado y no el del proceso productivo. Un mercado sólo se
forma cuando los bienes son escasos. Se presupone que el comportamiento de los agentes económicos –productores
y consumidores– está guiado por una racionalidad que los lleva, siempre, a maximizar la satisfacción individual, dentro
de sus preferencias, y frente a sus estructuras restrictivas como, por ejemplo, el ingreso. La actividad económica –la
producción y consumo de bienes– sólo se realiza en el precio de equilibrio. Esto es, cuando el precio que los
productores están dispuestos a ofrecer el bien sea igual al precio que los consumidores están dispuestos a pagar por
dicho bien. El valor de un bien deja de considerarse algo objetivo, para ser considerado subjetivo, que depende de la
valoración individual. Como resultado, el comportamiento racional individual es deseable y la intervención
gubernamental debe ser la menor posible. Esta se prevé sólo para cuando hay fallas en el mercado, o sea, cuando el
mercado no está maximizando el bienestar colectivo y a los efectos de corregirlo.
Internalización de las externalidades.
La economía ambiental trata de crear las condiciones para que se pueda establecer el intercambio mercantil,
allí donde no ocurre. Es lo que llaman internalizar las externalidades. Hay dos formas de hacerlo, siguiendo a Pigou, o
siguiendo a Coase.
-Pigou definía, por primera vez, el concepto de internalización de las externalidades. Pigou, profesor de
Keynes, fue el precursor de la teoría sobre la necesidad de la presencia del Estado en la economía para reglamentar y
disciplinar los efectos externos. Todos los efectos involuntarios en el bienestar de las personas y empresas son
denominados “externalidades”: positivas, cuando benefician a otros, y negativas cuando los perjudican.
Externalidades son, entonces, costos privados pasados a la sociedad que indican una falta de adecuación con los
sociales.
Es necesario internalizar estos costos individuales que quedaron fuera del mercado. La tradición pigouviana
preconiza la intervención del Estado, en forma de un impuesto que corresponda con el valor del costo social infringido
a la colectividad. Este procedimiento se efectúa, en materia ambiental, según el principio del
“Contaminador-pagador”. Con el impuesto, el costo de producción de la empresa contaminadora pasa a ser mayor, al
mismo tiempo que el beneficio disminuye en la misma medida. Salvo cuando el nivel de la competencia permite pasar
el valor del impuesto al consumidor, el precio final del producto, aumenta. De esa manera, los efectos externos son
internalizados y el medio ambiente es incorporado al mercado.
-Coase. En 1960 se adhirió a la reacción ultraliberal que pretendía revertir las doctrinas y políticas de
intervención del Estado defendidas por Keynes. Coase procuró desmontar la teoría pigouviana. Demuestra que un
efecto externo no enfrenta un interés privado a un interés público, sino un interés privado frente a otro interés
privado. Con esta propuesta se revierte el sentido moral de que el contaminador es el que hace el mal y que, por
tanto, tiene que pagar.
Según Coase, para la sociedad como un todo no interesa quién paga: al final de cuentas, sea el contaminador
o el contaminado, resulta igual. Hay una neutralidad en la solución. Si el contaminado es el propietario del recurso,
quien paga es el contaminador, para compensar la contaminación causada. Si el contaminador es el propietario, quien
paga es el contaminado, para que el contaminador acepte reducir sus beneficios, con la reducción o interrupción de la
producción. Para él, las partes pueden ser un individuo o una colectividad. Lo importante es tener claro el derecho de
propiedad sobre el recurso en cuestión; después, siempre se llega a una solución negociada.
Para Coase, el criterio pertinente para resolver una externalidad es la maximización del producto colectivo.
Así, lo que importa es la eficiencia de la solución, no la justicia. Coase defiende la propiedad privada, ya que
solamente ésta es exclusiva y transmisible, lo que acaba con los impasses, volviéndose pasible de negociación. Así, la
escuela coasiana sugiere la privatización extrema del medio ambiente, dando lugar a una “ecología de mercado”.
Limitaciones de los modelos de Pigou y Coase. La principal limitación de los dos modelos reside en la falta de
información. Además, se presenta la dificultad y el carácter subjetivo de atribuir un valor monetario para un costo
social.
En el modelo de Coase puede señalarse, además, la imposibilidad de definir claramente el derecho de
propiedad de muchos bienes ambientales. Y, por fin, la negociación privada suele ser desequilibrada, por darse entre

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partes cuya correlación de fuerzas es muy desigual. Estas limitaciones acaban por hacer que ambos modelos sean
poco útiles e ineficaces.
• Es muy difícil definir el costo social de las externalidades, y hasta dónde van sus impactos. Hay pocas
informaciones sobre las repercusiones sociales y alteraciones en el medio ambiente.
• Para poder entrar en una negociación, los contaminados tienen que estar conscientes de que están
sufriendo de contaminación; aún más, se entiende que no hay externalidad sin la conciencia del efecto negativo.
• Existe también el presupuesto de que la identificación de quién es el contaminador es clara, lo que muchas
veces no es así.
• Las informaciones técnicas para comprobar una externalidad son muy caras: requieren la constitución de
equipos de especialistas, principalmente en las áreas naturales, como físicos, químicos, geólogos, ingenieros y
biólogos.
• Para establecer una negociación entre privado y privado, es necesario que el derecho de propiedad esté
muy claro. En el caso de los bienes públicos puros y de libre acceso, como la atmósfera, la biodiversidad o el
patrimonio cultural, etcétera, no es posible establecer esa negociación.
• Cuando las partes en juego presentan una correlación de fuerzas muy desigual, la negociación directa es
ineficaz para proteger los derechos de los perjudicados.
• Y, por fin, aun después de identificar el costo social, es muy difícil darle un valor monetario.
Valoración del medio ambiente.
-Las categorías de valor del medio ambiente: En la concepción utilitarista, el medio ambiente tiene valor
porque tiene un valor de uso para los individuos. Al revés, en la concepción conservacionista, el medio ambiente tiene
un valor de no uso, un valor pasivo. El valor pasivo es un valor intrínseco a la naturaleza. Algunos ecologistas lo llaman
valor de existencia. Se trata de preservar la naturaleza viva o inerte independiente de cualquier utilidad. El valor de
uso puede ser directo o indirecto. El más común es el valor de uso directo, como la caza, la pesca, el descanso,
etcétera. Valor de uso indirecto es un valor que beneficia a los individuos sin que éstos tengan conciencia.
¿cuándo el medio ambiente es un valor? se plantea la cuestión de la temporalidad del valor. Los economistas
neoclásicos llaman a eso valor de opción, que refiere a la posibilidad que los individuos tienen de decidir usar el
medio ambiente ahora, o más tarde. Cuando se reserva un bien natural para ser utilizado en el futuro, se llama valor
de casi-opción.
¿valor para quién? En este punto la teoría neoclásica se basa en individuos egoístas, que solamente piensan
en sí, en los bienes para usufructo propio. Al incorporar el medio ambiente y, por tanto, la conservación de la utilidad
a largo plazo, se pasa a incluir el valor para quienes vinieran después, para el usufructo de las futuras generaciones. Es
lo que se llama equidad intergeneracional.
Todos los métodos de valoración del medio ambiente se basan en la propensión a pagar de los individuos para
tener, usar y mantener, o en la propensión a recibir para perder o sustituir. Estos métodos miden el valor en el
mercado por sustitución, o en el mercado por experimentación.
Mercado por sustitución. Método de costo de viaje. El valor de un bien ambiental es estimado por el valor del
tiempo utilizado en el desplazamiento y en la permanencia en el local (horas de trabajo perdidas o rendimientos no
obtenidos), más los gastos del viaje, y el costo de la entrada y la estadía. Es como si la suma de los costos que los
visitantes están dispuestos a pagar para disfrutar de cierto espacio ambiental, representase el valor de ese bien.
Método de costos preventivos. El valor del bien ambiental es estimado por lo que se paga para protegerlo
contra degradaciones previsibles. Cuando la utilidad de un bien natural es su preservación en sí, entonces su valor
equivaldría a los costos preventivos para preservarlo.
Método de precio implícito. También conocido como método de valor hedónico (que da placer). Un servicio
que cause daños a la salud tiene que pagar un salario adicional a los operarios, aumento que corresponde con el valor
ambiental negativo incorporado. El valor ambiental en este método es estimado a través de las diferencias de precios
de los bienes con características ambientales positivas o negativas con relación a otro bien semejante, sin dichas
características.
Método de precio líquido. El valor de un recurso natural se obtiene por su precio líquido de mercado
(deducidos, por lo tanto, los costos de extracción), multiplicado por las unidades físicas que se quieran calcular.
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Método de costos de recuperación. El valor de un recurso ambiental es valorado por los gastos necesarios para
recuperar su capacidad productiva. Los costos, por ejemplo, para recuperar la fertilidad del suelo degradado a través
de la reposición de macronutrientes como urea, materia orgánica, calcáreo, fertilizantes y mano de obra.
Método de cambio de productividad. El valor de algunas cualidades ambientales puede ser valorado a través
de la diferencia de producción física, multiplicada por el valor de mercado del producto de los recursos con y sin tal
cualidad ambiental. El valor de un suelo conservado es estimado a través de la comparación entre las producciones
agrícolas de ese y de un suelo erosionado.
Método de valor de la vida humana. En la concepción de que el ser humano es parte de la naturaleza, el valor
de la vida es establecido para fines de su internalización. Este método sirve para calcular el costo de la vida humana
cuando un trabajador resulta incapacitado por accidentes. Hay varias maneras de calcular el valor de la vida. La más
simple es asumir el valor que el mismo individuo se atribuye a través de un seguro. Otra forma es calcular el ingreso
que una persona deja de recibir desde el momento de la invalidez o la muerte hasta el final de su vida activa
esperada.
Mercado experimental. Método de valoración contingente. Este método no considera lo que efectivamente
sucede, sino lo que los individuos dicen que harían. Por eso el mercado es experimental y no de sustitución. Sirve para
dar indicativos de las propensiones de los individuos, tanto a pagar por un beneficio, restauración o preservación de
un ambiente natural, como a recibir como compensación por la pérdida de una determinada cualidad ambiental.
Consideraciones finales. Constituye un avance el hecho de que la teoría neoclásica reconozca que la “mano
invisible” no siempre consigue regular el mercado de forma de hacer coincidir los costos y beneficios privados con los
costos y beneficios sociales. Consideran eso como fallas del mercado, y las llaman externalidades. Para internalizarlas,
desarrollan métodos de valoración que atribuyen un valor monetario a dichos efectos externos. Las externalidades,
lejos de ser excepciones o fallas del mercado, representan éxitos en transferir costos a otros. Son parte de las reglas
de un mercado de competencia que fuerza a la externalización de los costos siempre que sea posible, en algunos
casos, para maximizar lucros, y en otros, para poder permanecer en el mercado.

Habiendo planteado someramente la evolución del pensamiento económico en relación a ambiente, vamos a
adentrarnos en tres líneas del pensamiento económico sobre la aplicación del medio ambiente como objeto de sus
estudios económicos. Ellas son: la Economía Ambiental, la Economía Ecológica, la Economía Verde.
1) ECONOMÍA AMBIENTAL:
Esta escuela, de raíz neoclásica, pone su foco en el principio de escasez, es decir que sostiene que las cosas
(entre ellas los bienes ambientales) tienen valor cuando son escasos y además tienen que tener un dueño, sólo así
podrán estar en el mercado. Otra idea que incorpora esta escuela es la de la internalización de las externalidades
negativas, es decir que alguien tiene que hacerse cargo en nuestro caso de las afecciones a los bienes ambientales y
ahí encontramos dos vertientes en la escuela; una la de Pigou que sostiene que ante esas situaciones de desequilibrio
en el mercado debe acudir el estado a los efectos de restablecer el equilibrio a través de políticas activas (subsidios) o
sancionatorias (impuestos).
Por el otro lado la posición de Coase que sostiene que este no es un problema entre privados y el Estado sino
que este es un conflicto entre privados. A esta línea lo que le interesa es la eficiencia en el modo de resolver la
externalidad, no la justicia.
2) ECONOMÍA ECOLÓGICA:
Esta escuela tiene como principal característica una mirada transdisciplinar en especial con las ciencias de la
naturaleza y en particular las leyes de la termodinámica, a partir de las cuales demuestran y prevén las repercusiones
sobre el ambiente de las acciones humanas. Esta escuela se consolida hacia los años 80, cuando pretendieron dar
respuesta a los problemas ambientales que emergieron del proceso de recuperación de la economía después de la
posguerra, con un marco teórico más amplio y crítico que el propuesto por la economía ambiental.
- “la economía como un proceso abierto dentro de un sistema mayor, el ecosistema Tierra”. No podemos
analizar la dimensión económica en forma aislada, sino que debemos hacerlo de un modo sistémico, ya que
los bienes ambientales tienen otras funciones además de ser recursos para el desarrollo económico, como son
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las funciones regulatorias, de soporte y de información. En el siguiente cuadro podemos visualizar estas
funciones.

- “El ecosistema Tierra es cerrado en


materiales, aunque abierto en energía solar”, esto
implica que la economía no podrá crecer de modo
ilimitado como plantean las escuelas neoclásicas
- En virtud de estos fundamentos se
demuestra que el hombre no utiliza recursos de
forma aislada sino ecosistemas y que por ello a la
hora de determinar su escasez, su utilidad y el coste
de oportunidad de su uso, no deberá hacerse en
forma individual sino teniendo en cuanta todas sus
relaciones ecosistémicas.

3) ECONOMÍA VERDE:
“La economía verde es la que mejora el
bienestar del ser humano y la equidad social, a la
vez que reduce significativamente los riesgos
ambientales y las escaseces ecológicas”. Está anclado
sobre los pilares que sustentan el modelo de
desarrollo sustentable (el social, el económico y el
ambiental).
La Conferencia de RIO+20 adoptó este
modelo económico, reconociendo q su
implementación deberá efectuarse con el objetivo
puesto en el logro del desarrollo sostenible y la
erradicación de la pobreza:
a) La conciliación del crecimiento de la
actividad económica y comercial con la gestión sostenible de los recursos y el fortalecimiento de la protección
ambiental;
b) La inversión en tecnologías agrícolas que permitan una utilización más sostenible del suelo y de los recursos
naturales en general;
c) La reducción de las emisiones de carbono;
d) La promoción, diseminación e inversión en energías renovables;
e) El manejo ambientalmente sostenible de los residuos;
f) La adecuada gestión de los productos químicos;
g) La promoción de patrones de consumo y producción sostenibles, con los países desarrollados tomando el
liderazgo en la implementación de medidas;
h) La promoción de un hábitat social sostenible, mediante la utilización de tecnologías limpias en la construcción
y de la creación de oportunidades de empleo en la industria
La economía verde aplica 3 medidas para determinar la situación en que se encuentra un país:
- el grado de transformación económica en relación con la inversión y el crecimiento en los sectores verdes.
- el impacto del desarrollo económico en función de la extracción y el agotamiento de los recursos.
- el grado de bienestar de la sociedad según el acceso de la población a los recursos básicos, la educación, la
salud y la seguridad social.

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En su evolución el 16 de julio de 2019 en el Foro de Alto Nivel de la ONU sobre Desarrollo Sostenible
desarrollado en Nueva York, se presentó el documento "Principios, prioridades y caminos para economías verdes
inclusivas" , estableciendo como tales a los siguientes:
1) El principio de bienestar porque permite a todas las personas crear y disfrutar de la prosperidad.
2) El principio de justicia ya que promueve la equidad dentro y entre generaciones.
3) El principio de los límites planetarios: protege, restaura e invierte en la naturaleza.
4) El principio de eficiencia y suficiencia por estar orientada a apoyar el consumo sostenible y la producción
sostenible.
5) El principio de buen gobierno: está guiada por instituciones integradas, responsables y resistentes.
Estos principios son concordantes y conducentes a la consecución de los 17 ODS (Objetivos del Desarrollo
Sustentable) planteados por la ONU en la Agenda 20303 para el Desarrollo Sostenible .

Empresas B
En esta línea de conciliación de intereses económicos, con tutela ambiental, compromiso social y
transparencia, nacen las denominadas EMPRESAS B, que pretenden ser las mejores empresas para el mundo y no sólo
del mundo. Tienen un perfil diferente al de las empresas tradicionales, el ánimo de lucro no constituye un fin sino un
medio, buscando transformarse en agentes que contribuyan a la preservación del ambiente y la inclusión social a
largo. En el desarrollo de sus act establecen ecosistemas empresariales y basan su confianza en esquemas
internacionales de certificación de calidad.
Hoy la República Argentina cuenta con más de 110 empresas certificadas como “Empresas B” en distintas
áreas de la producción y los servicios.

Filosofía y Medio Ambiente. La vinculación del Hombre y su entorno en las distintas épocas
históricas, del antropocentrismo al geocentrismo. La visión de las diferentes escuelas filosóficas.
El planeta Tierra hasta el momento es el único que cuenta con la capacidad de sustentar la vida gracias a sus
océanos, su atmósfera rica en oxígeno, sus condiciones de temperatura, etc. El ser humano es la especie más reciente
en la historia evolutiva de la Tierra. La forma en la que hemos enfrentado la vida tiene una estrecha relación de cómo
nos hemos comportado/relacionado con la naturaleza, lo cual ha sido muy cambiante a lo largo de nuestra historia.
La visión del universo y de nosotros mismos dentro de cada etapa de la historia nos ha permitido realizar
trascendentes saltos evolutivos.
Etapa prehistórica: “La vida, este milagro del universo, empezó aproximadamente hace cuatro mil (4000)
millones de años, y nosotros los hombres sólo existimos hace doscientos mil (200.000) años, sin embargo, hemos
logrado trastornar este equilibrio tan esencial para la vida”.
Prehistoria: del Paleolítico (10.000 ac) al Neolítico. En el Paleolítico, el hombre y la naturaleza no estaban
disociados. Para subsistir, la vida era nómade, caracterizada por la caza, la pesca y la recolección de frutos tenía un
impacto muy bajo sobre el ambiente. Entre el 10.000 y el 8.000 a.C. los seres humanos responden mediante la
alimentación de amplio espectro, esto es, un aprovechamiento total de los recursos del medio. Esta respuesta provoca
una nueva reducción de los recursos lo que, unido a un aumento demográfico que no se detiene, lleva a un callejón
sin salida dentro de las posibilidades de la caza-recolección.
El conocimiento que los grupos humanos tienen del medio posibilita la domesticación de plantas y animales,
dando nacimiento a la agricultura y la ganadería, que conllevan más esfuerzo pero permiten mantener poblaciones
más numerosas. La aparición de la agricultura fue un salto evolutivo de suma trascendencia para nuestra especie.

La visión del universo y la relación con la naturaleza en algunos momentos de la historia.


El conocimiento del entorno, permitió acceder a nuevas formas de organización humana y también de
dominio del resto de las especies del planeta. Si nos ubicamos entre los S. VI y V a.c en la Antigua Grecia, la naturaleza
y todos los aspectos de la vida era contemplada desde la razón pura como el único medio para alcanzar a conocer el
mundo real.

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Especialmente la base del pensamiento occidental/racionalista tiene su base en la Antigua Grecia, pero
sumado la Antigua Roma, los pueblos germánicos, celtas y eslavos han tenido una influencia decisiva en la
configuración de la cultura occidental. Con el cristianismo, a fines del S. XIII, podemos observar una especie de
jerarquización de todos los seres creados por Dios. Santo Tomas de Aquino así lo representaba
Dios
Ángeles
hombres- mujeres-niños
animales- plantas
elementos inanimados

S. XVI y XVII --- Concepción racionalista; un nuevo paradigma.


Los aprendizajes culturales de la humanidad especialmente, la cultura occidental, son producto de la visión
del Universo desde un paradigma newtoniano/cartesiano/mecanicista o lineal. El planteamiento filosófico de René
Descartes, en su “pienso, luego existo” se convirtió en el elemento fundamental del racionalismo occidental, la razón
como único medio para la adquisición del conocimiento.
La idea newtoniana que resulta del universo se representa en una gigantesca máquina compuesta por
múltiples piezas separadas con un flujo uniforme cada una de éstas piezas de existencia propia e independiente. Las
ciencias en general, adoptaron este encuadre como la descripción de la realidad y modelaron sus propias teorías de
acuerdo a ello.
Desde este modelo, cada parte es independiente, tiene ser propio y es el ladrillo elemental de la realidad. En
la medida que cada individuo se considera a sí mismo como un ser separado y desconectado de los demás, surge
inevitablemente la idea de la vida como una batalla, una lucha para sobrevivir, “el sálvese quien pueda” y la
consiguiente forma de actuar: vencer, dominar, acumular, poseer y sus propias angustias: la exclusión, la inseguridad,
el miedo. El Dr. Stanislav Grof define esta perspectiva con el término HILOTROPICO y describe este nivel como aquel
plano de conciencia desde donde el individuo se percibe en su condición de unidad separada.
En el S. XVIII, el Movimiento romántico moderno, critica la moderna civilización capitalista occidental en
nombre de ciertos valores sociales, morales o culturales del pasado. El romanticismo protesta contra la mecanización,
la racionalización abstracta, la disolución de los lazos comunitarios y la cuantificación de las relaciones sociales. A
Fines del S. XIX, se conocen varios ensayos que critican la sociedad industrial de la época y sus efectos. Thomas
Malthus, John Stuart Mill y Henry Thoreau han sido algunas de aquellas voces.
Caso en Estados Unidos referido a dos situaciones puntuales:
MOVIMIENTO OBJETIVO REFERENTE

Conservacionismo para el desarrollo Protección de los bosques como una Gifford Pinchot, Jefe del Servicio
“Construcción de hogares prósperos” Forestal

Preservación“del” desarrollo La preservación de la naturaleza por John Muir, padre de los parques
medio de la creación de Parques nacionales (fundador de la ONG
Nacionales Sierra Club)

En la 1era mitad del S. XX continúan observándose bifurcaciones respecto a la conservación, protección y/o
preservación de la naturaleza. Algunos autores la mencionan como la etapa sectorial del Derecho Ambiental, ya que
comienza a protegerse los recursos naturales por sector (derecho forestal, derecho de la minería, etc.)
Nuevos aportes filosóficos son conocidos como la Escuela de Frankfurt que desarrolla toda una crítica al
eficienticismo, a la civilización industrial (tecnologías contaminantes + burocracia parasitaria). En la 2da mitad del S.
XX luego de la 2da Guerra mundial y especialmente en la década del ´60 y ´70 aparecen numerosos estudios
científicos que comienzan a cuestionar los paradigmas teóricos que habían legitimado el crecimiento económico que

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negaba a la naturaleza. Enfocan su atención sobre el agotamiento de los recursos naturales, la contaminación, el
crecimiento demográfico, riesgos tecnológicos (plantas nucleares), etc.
- Comienza a cuestionarse la economía de mercado y avances científicos- tecnológicos
- Critica al paradigma cartesiano - individualista
- Desde la física cuántica relativista surge un nuevo modelo Paradigma de Complejidad/ de Sistemas:
- Crítica al modelo de consumo, al consumidor solitario (Mary Douglas)
- Estudios científicos comienzan a hablar de crisis ambiental.
- La polución natural no es simplemente una cuestión de la naturaleza, existen causas antropocéntricas y un
modelo de producción y consumo que la genera

Cambio de paradigmas: Paradigma de Complejidad/ Sistémico.


PARADIGMA LINEAL
MECANICISTA
NEWTONIANO-CARTESIANO
Maquinaria de relojería

PARADIGMA SISTÉMICO
Física cuántica relativista
Teoría sistémica
Paradigma de complejidad
Paradigma Ambiental

La Física fue uno de los soportes teóricos más fuertes del modelo Paradigma Newtoniano/Cartesiano. Las
investigaciones del universo subatómico demostraron que las partículas más pequeñas no son objetos sólidos,
aislados e independientes sino que aparecen como una complicada trama de relaciones entre las partes de un todo
unificado. Es decir, las partículas subatómicas no son “cosas” sino conexiones entre “cosas” que son, a su vez,
conexiones entre otras “cosas” y así sucesivamente. Este modelo propone como realidad última la existencia de una
red de sucesos interconectados que subyace y trasciende a cada individualidad.
Se llega con este modelo de pensamiento a un nuevo concepto de “inquebrantable totalidad” que niega la
idea clásica del mundo constituido por partes existentes en forma separada e independiente; “el todo, es mucho más,
que la suma de las partes”.
El Dr. Stanislav Grof define esta perspectiva con el término HOLOTROPICO y describe este nivel como aquel
que registra el individuo como nudo de una red, que lo constituye y trasciende. Es decir, que se reconoce atravesado y
constituido por todo aquello que existe y percibe afuera.

Contexto internacional post 2da guerra. El nacimiento de los “movimientos verdes”.


El contexto internacional a partir de la década de 1960, se sumerge a numerosos replanteos de los modelos
económicos, científicos, sociales, etc. Las distintas miradas sobre el ambiente desde los países industriales pasaron
por tres fases características:
La primera fase llamada de PARTICIPACIÓN, es decir, la crisis de participación/decisión y aceptación de los
riesgos tecnológicos ¿quien participa en el proceso de toma de decisión? La teoría sociológica de Ulrich Beck y
Anthony Guiddens afirma que las sociedades industriales, las sociedades modernas son sociedades de riesgos, esta
transición que se consuma como “no deseada”, no pretendida, produce ciertos efectos que conllevan a riesgos,
contingencias, peligros para la existencia individual y planetaria.
La segunda fase denominada de SUPERVIVENCIA apunta a los Límites naturales y humanos. En el informe
encargado al Massachusetts Institute of Technology “Los límites del crecimiento” pone el foco de preocupación sobre
la finitud de los recursos naturales, la contaminación descontrolada en un planeta finito y el crecimiento exponencial
de la población. Corriente “Ecologista Conservacionista”.
Estos problemas son llevados a la primera conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano,
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en Estocolmo (Suecia), dando nacimiento al Derecho Ambiental Internacional. Corriente del Ambientalismo
Moderado.
La tercera fase es conocida como de EMANCIPACIÓN. Repiensa la crisis ambiental como una catástrofe o una
oportunidad para diseñar una nueva sociedad, una nueva ciencia, escuchar nuevas voces. Entender y atender a
nuevos modelos de desarrollo, nuevos paradigmas; el Paradigma Ambiental. Corriente: Humanismo Crítico.
Edgar Morin, nos habla de una nueva ciencia, un nuevo saber global, apoyado en una nueva conciencia:
Consciencia Ecológica, la cual reintegra el ambiente, la complejización de la naturaleza a la consciencia antropológica.

Diversas corrientes filosóficas frente a la relación humana- naturaleza:


Tenemos muchas líneas de pensamiento de dan referencia del Hombre con la Naturaleza entre las que podemos
resaltar.
- Conservación de los recursos (Barry Commer), Preservacionismo (John Muir), Liberación de los animales
(Jeramy Benthan), Bio-regionalismo (Peter Berg), Etica Autopoiética (Warwick Fox), Ecocentrismo (Deep
Ecology), Ecología Transpersonal (Arne Naess), Gaiaismo (James Lovelock, Lynn Margulis, Elisabeth Sahtouris),
Eco - Marxismo (Donald Lee) Post-Marxistas (Murray Bookchin, Teodoro Roszak), Ecocomunalismo (Robert
Nisbet), Ecosocialismo (André Gorz), Ecofeminismo (Elizabeth Dodson), Derecho de la Naturaleza o Buen vivir
(Sumak Kawsay / Suma Qamaña).

En este curso le proponemos profundizar en el Ecocentrismo y para ello los invitamos a leer el Texto de
Andrea Speranza “Ecologia Profunda y Autorealización” (pág 23 a 34).
l. Ecocentrismo y antropocentrismo. Existe un discurso ecológico-ambiental contemporáneo que puede ser
separado en dos grandes vertientes contrapuestas: la antropocéntrica y la ecocéntrica. El antropocentrismo sostiene
que la especie humana es el centro y la finalidad última de la creación o está por encima del resto de los otros seres.
La perspectiva ecocéntrica concibe al hombre como un integrante más de la naturaleza y cuestiona la desmesurada
violencia que éste ejerce sobre otros seres en nombre de una presunta superioridad autodeclarada.
Actualmente algunos autores identifican el antropocentrismo con los denominados movimientos
ambientalistas y el ecocentrismo, con los ecologistas. El primero estaría interesado en implementar políticas y nuevas
tecnologías para reducir las consecuencias negativas que la explotación de recursos naturales genera sobre la vida
humana exclusivamente. El ecologismo, por su parte, iría mucho más lejos, ya que cuestiona las estructuras
tecnoeconómicas contemporáneas que provocan el actual desequilibrio ecológico buscando recuperar, a través de
modelos socioeconómicos alternativos, la armonía planetaria.
3. Ecología profunda versus ecología superficial. Es conveniente comenzar distinguiendo en la ecología
profunda el aspecto teórico del movimiento ecologista. Mientras el primero puede ser entendido como el soporte
teórico-conceptual legitimador o condenatorio de ciertas prácticas, la ecología profunda como movimiento consiste
en una corriente social que promueve pautas y prácticas ecológicamente sostenibles en clara oposición al criterio
socioeconómico imperante. Como alternativa, este movimiento propone un estilo de vida en armonía con el resto de
los seres vivientes. Su modo de operar demanda tanto del compromiso individual como de cambios estructurales en
el campo político-económico.t". El movimiento se articula sobre la base de una plataforma conformada por ocho
puntos programáticos que Naess elaboró junto con George Sessions en la primavera de 1984. Estos puntos son:
1) El bienestar y el florecimiento de la vida humana y no humana en la Tierra son valores en sí mismos
(sinónimos: valores intrínsecos, valores inherentes). El valor de las formas de vida no humanas es independiente de la
utilidad que éstas pueden tener para los propósitos humanos.
2) La riqueza y la diversidad de las formas de vida tienen un valor en sí mismas y contribuyen al florecimiento
de la vida humana y no humana en la Tierra.
3) Los seres humanos no tienen ningún derecho a reducir esta riqueza y esta diversidad, salvo que sea para
satisfacer necesidades vitales.
4) La actual intervención humana en el mundo no humano es excesiva y esta situación empeora rápidamente.
5) El florecimiento de la vida y de la cultura humanas es compatible con la reducción sustancial de la
población humana. El florecimiento de la vida no humana requiere una reducción de esa índole.
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6) Los cambios significativos para mejorar las condiciones de vida requieren cambios de políticas. Éstas
afectan las estructuras económicas, tecnológicas e ideológicas.
7) El cambio ideológico consiste principalmente en valorar la calidad de vida (vivir en situaciones de valor
intrínseco) más que adherir a un alto estándar de vida. Tendrá que producirse una toma de conciencia profunda.
8) Quienes suscriben a los puntos enunciados tienen la obligación directa o indirecta de tratar de implementar
los cambios necesarios.
Naess vuelve a recoger la bifurcación entre ecologismo y ambientalismo introduciendo una nueva distinción
ya mencionada: ecología profunda y ecología superficial. Las principales diferencias que separan a una de otra pueden
ser sintetizadas en tres puntos fundamentales.
-la ecología superficial tiene una visión del "hombre en el ambiente", mientras que la ecología profunda
sostiene una concepción relacional que no concibe al hombre separado de su medio, como si se tratara de dos
entidades diferentes, sino que todo mantiene una profunda interacción.
-los representantes de la ecología superficial están interesados en resguardar sólo las especies animales y
vegetales que constituyan recursos y reservas para el hombre, mientras que la ecología profunda está interesada en
proteger a todos los seres vivientes, por el valor intrínseco que ellos poseen.
-El propósito principal que persigue la ecología superficial es evitar que la especie humana corra peligro, en
cambio la ecología profunda se preocupa por el peligro que corre la vida del planeta en su totalidad. La ecología
profunda no constituye un movimiento social de corto plazo cuyo objetivo central sea solamente resolver problemas
específicos generados por la crisis ecológica sino también cuestiona los modelos de pensamiento convencionales del
Occidente moderno. En consecuencia, la ecología profunda no sólo aborda asuntos vinculados con la contaminación
ambiental o con la extinción de especies; más bien apunta a un cuestionamiento crítico de los supuestos ontológicos
hasta ahora dominantes. Ello no significa que no esté preocupada por los problemas señalados en primer término;
por el contrario, además de reconocerlos quiere darles el marco adecuado para su comprensión y solución global: La
ecología profunda, entonces, es una visión fundamental del mundo, pero al mismo tiempo llama a la acción
inmediata.

La crisis ambiental: La era del Antropoceno. Nueva ciencia: el Saber Ambiental.


La crisis ambiental es el signo de la nueva era histórica. En este contexto, algunos autores señalan que nos
encontramos frente a un verdadero cambio de Era a la que denominan: Antropoceno. Los impactos que la acción
humana global están generando en nuestro planeta, no tiene precedente alguno: el aumento de emisiones de gases
de efecto invernadero, la degeneración del tejido de la vida de la Tierra y sobre todo la pérdida de biodiversidad, los
cambios en los ciclos biogeoquímicos del agua, nitrógeno y del fósforo, el aumento de población y consumo, etc.
En la última Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, conocida como Rio + 20 (2012) se
presentaron los siguientes interrogantes:
- Respecto al modelo económico: ¿Qué tipo de economía se propone para resolver la pobreza en el mundo?
- Respecto del modelo político: ¿Qué tipo de organización necesitamos para una nueva gobernanza mundial?
- Respecto del modelo ético: ¿Qué tipo de humanidad queremos? ¿Sobre la base de que valores, que bases
éticas fundamos el desarrollo de nuevos modelos de vida?
La crisis ambiental es una crisis del pensamiento, del entendimiento, de la ontología y de la epistemología que
nos lleva a repensar la realidad a un “reposicionamiento del ser a través del saber”. La complejidad ambiental remite a
la reflexión del conocimiento sobre lo real, lo que lleva a objetivar a la naturaleza y a intervenirla; a un saber sobre las
formas de apropiación del mundo y de la naturaleza, a través de las relaciones de poder, que se han inscrito en las
formas dominantes de conocimiento.
La ciencia clásica caracterizada por las leyes, la certeza, la causalidad se ve trastocada frente a una nueva
ciencia caracterizada por los eventos, probabilidades, inter y transdisciplina, complejidad, caos, etc. Nos encontramos
frente a una nueva racionalidad ambiental: el Saber Ambiental abre una nueva comprensión del mundo que:
- Incorpora el límite de lo real, la incompletitud del ser y la la imposible totalización del conocimiento
- Asume la incertidumbre, el caos, el riesgo, la irracionalidad, la indeterminación, la impredictibilidad, la
multicausalidad de procesos.
17
Ello no remite a un todo, ni a un pensamiento holístico, ni a la conjunción y convergencia de miradas
multidimensionales y/o pluralidad de perspectivas legítimas, va mucho más lejos, ya que se abre hacia un diálogo de
saberes, diálogo interactivo.
En tal sentido el profesor Vicente Speranza nos enseña; la filosofía ambiental consiste en “Entender para
Atender” en “PENSAMIENTO +ACCIÓN”

UNIDAD 4: Hacia el nacimiento de un nuevo Derecho

● La metamorfosis del Estado. La cuestión ambiental como problema sociopolítico. El rol de las Organizaciones No
Gubernamentales.
● Caracteres del Derecho Ambiental. Su vinculación con otras ramas del derecho.
● La incorporación de la dimensión ambiental en el Derecho Privado Argentino.
● El rol de los principios en el Derecho, las particularidades en el Derecho Ambiental. Principios Ius Ambientales.

La metamorfosis del Estado. La cuestión ambiental como problema sociopolítico. El rol de las Organizaciones No
Gubernamentales.

Con la finalización de la segunda guerra mundial asistimos a una modificación del modo de relacionarse los estados entre sí, así
como el del papel de las mismas fronteras adentro, en especial en la definición de sus funciones.

Así, en el ámbito internacional, asistimos al nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945; y de la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en el mismo año, que guardan relación estrecha con la protección del ambiente, del
patrimonio cultural, etc.

En el ámbito interno, especialmente los estados occidentales desarrollados, experimentaron un cambio muy importante -que se
había comenzado a gestar luego de la crisis económica de los años 30 del siglo pasado-, pasando de sólo atender las funciones
clásicas de Estado de Derecho (salud, justicia, seguridad y educación básica) a incorporar nuevas misiones que implicaban la
presencia activa del estado en el desarrollo de las actividades económicas (también denominado Estado-Providencia o Welfare
State, Estado compensador, Estado incitador, etc).

En este nuevo contexto el Estado, saliendo de su reserva, pretende conducir un cambio social en cada una de sus dimensiones:
explotación de los recursos estratégicos, agricultura, industria, empleo, transportes, finanzas, salud, educación, cultura, etc.

El primer y principal efecto de este cambio fue que el Estado, transformado él mismo en industrial, en agricultor, en
transportista, en comerciante y hasta en banquero, movilizó todos sus recursos (financieros y normativos) para garantizar el
indiscutible objetivo del “crecimiento”.

La suba del producto bruto interno y el pleno empleo se imponían como normas supremas de la acción colectiva. Todo parecía
tener que ceder ante la ley del progreso entendido esto desde una perspectiva occidental.

De este cambio de roles del Estado, éste pasa, en gran medida, a agravar la alteración de los ecosistemas.

Así, irónicamente, el primer factor explicativo de la emergencia de un Derecho Administrativo Ambiental es la transformación
del Estado, convirtiéndose simultáneamente en contaminador y en el encargado de luchar contra los atentados al ambiente.

Concomitantemente con ello en 1948 se creó en Francia la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza),
cuya sede se encuentra en la actualidad en Gland, en las proximidades de Ginebra, Suiza, y que desde horas tempranas ha
cumplido una importante tarea en materia de conservación de los recursos naturales.

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Por esos años el mundo académico también comienza a dar cuenta de los problemas que acarreaba este modelo de producción
y consumo. Ya en 1949 Henry Fairfield Osborn Jr. (Pte. de la Sociedad Zoológica de N.Y) alertaba sobre los riesgos creado por la
humanidad en “Le planete au pillage”.

El replanteo filosófico producido a nivel mundial en la década del ´60 del Siglo XX, que tuvo tuvo un gran impacto en materia
política y social, tuvo dos claros exponentes en el Mayo francés y el Movimiento hippie en los Estados Unidos, los que -entre
otros movimientos sociales- comenzaron a cuestionar fuertemente el modelo de la sociedad de consumo capitalista que
imperaba en occidente, al tiempo que remarcaron la necesidad de redefinir los conceptos de “crecimiento” y “desarrollo”.

De igual modo se produjo una reacción en el ámbito de la comunidad científica internacional –que no estuvo exenta de críticas y
controversias– orientada a despertar la conciencia de las personas sobre los problemas ambientales cada vez más acuciantes
que afectaban a la humanidad.

En efecto, a partir de 1960 varios estudios científicos comenzaron a advertir sobre la finitud y el agotamiento de los recursos
naturales, la contaminación, los riesgos deparados por el desarrollo desmedido de la tecnología y las consecuencias negativas
que el veloz crecimiento demográfico, sobre todo en algunas regiones del mundo, estaban teniendo sobre el ambiente. Uno de
los más significativos -y que ya hemos referido al estudiar Filosofía en la Unidad 2- fue la obra de la bióloga norteamericana
llamada Rachel Carson, denominada Silent spring en la cual refería los efectos ambientales negativos que estaba demostrando el
uso de los agroquímicos en la agricultura.

Entre otros trabajos de estos años podemos señalar “Science and Survival” del biólogo norteamericano Barry Commoner; “The
economics for the Comming Spaceship Earth” de Kenneth Bouling, “The population bomb” de la Academia Nacional de Ciencias
de EEUU, en el que se hace referencia al agotamiento de los recursos y explosión demográfica, “Population, Resources, and
Enviroment” de Paul y Anne Ehrlich sobre el crecimiento demográfico y su impacto en el ambiente y “Only one earth” de René
Dubois y Barbara Ward.

Es de destacar en esta etapa el nacimiento de dos grandes ONGs destinadas a la protección del ambiente, la WWF3 en Morgés
(Suiza) en 1961 y Greenpeace4 en Vancouver (Canadá) en 1971.

El campo institucional tampoco estuvo ausente de esta ola contestataria. Uno de los principales propulsores del cambio de
paradigma en el modelo de relacionarse el hombre con la naturaleza fue el Club de Roma5, una organización constituida hacia
1968 por un grupo de personalidades destacadas del quehacer científico, académico, político, etc. a nivel mundial, que
promovían y financiaban investigaciones encaminadas a demostrar las consecuencias negativas que traería al planeta el
desarrollo desmedido que se observaba, entre las cuales sobresalía -por cierto- las que se verificaban en materia ambiental.

En 1970 el Club de Roma encargó al Massachussetts Institute of Technology (MIT) la realización de un estudio sobre las
tendencias y los problemas económicos que afectaban al mundo. Dicho informe fue publicado en 1972 bajo el título Los límites
del crecimiento, aunque también fue conocido con el nombre de Informe Meadows, en honor al Director del equipo que había
llevado adelante la investigación, Profesor Dennis Meadows.

Para la realización de la investigación se utilizaron las técnicas de análisis de dinámica de sistemas más avanzadas de la época. El
estudio, en sí, consistió en la combinación entre sí de una serie de variables (producción, recursos naturales existentes,
crecimiento demográfico, contaminación, etc.) con el objeto de calcular tendencias a futuro, para lo cual se introdujeron dichos
criterios y datos estadísticos en un ordenador y se utilizó un programa de última tecnología.

El resultado fue ciertamente desalentador: si los niveles de consumo, reservas naturales, contaminación y crecimiento
poblacional se mantenían, auguraba una grave crisis en materia de producción (y, por ende, alimentaria) hacia el año 2000, que
invertiría el proceso de crecimiento de la población.

Algunas modificaciones y variantes que se introdujeron luego en los criterios de análisis, poco y nada alteraron los resultados
finales, que resultaban poco menos que apocalípticos.

Una de las conclusiones más importantes del Informe, rezaba: “Si la industrialización, la contaminación ambiental, la producción
de alimentos y el agotamiento de los recursos mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, este
19
planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e
incontrolable descenso, tanto de la población como de la capacidad industrial…”

Si bien la publicación de este Informe implicó una alerta para la comunidad internacional y auspició un replanteo conceptual en
muchos órdenes, sus conclusiones fueron también objeto de crítica.

Más allá de este informe, el balance de la salud del planeta en los inicios de los años ´70 se revelaba tan catastrófico que ya no
era posible esconder el hecho a la población. Por todos lados aparecían las del calentamiento del clima como consecuencia de
aumento vertiginosos de la producción de gases con efecto invernadero, como el famoso CO2; la pérdida de la calidad de la
atmósfera, atacada por los CFC y otros compuestos clorados produciéndose un debilitamiento de la capa de ozono; la perdida de
la calidad de la tierra como causa de la dolencias deforestación indiscriminada la que produce desertificación y reducción
vertiginosa de la biodiversidad; el envenenamiento del aire, del agua, y de la tierra por los residuos tóxicos y sofocamiento bajo
montañas de basura.

Ante estas circunstancias el Estado es intimado a reaccionar y la reacción llega, a principio de los años setenta, al mismo tiempo
que aparecen las primeras crisis del Estado providencia (el primer choque petrolífero data de esta época).

Todo está así preparado, en un marco de tensión entre países desarrollados y países en vías de desarrollo, para la aparición de
una nueva rama del Derecho, en el marco de la la Primera Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente.

Como explica Gonzalo Sozzo, “el surgimiento de la conciencia acerca del problema ambiental y de la existencia de una ‘crisis
ambiental’, tiene diferentes vertientes –muy heterogéneas– para concebirla y que postulan distintos medios para hacerla
efectiva. En el plano jurídico institucional la reacción tomó mayormente la fisonomía de una rama del Derecho, el Derecho
Internacional Ambiental, que se encarga de regular el problema ambiental –principalmente el origen, la cuestión de la
contaminación y la administración de los recursos naturales– empleando para ello los conocimientos de una nueva disciplina
científica emergente la ecología.”

Caracteres del Derecho Ambiental. Su vinculación con otras ramas del derecho. VIDEO.

Michel Prieur: (del Derecho Ambiental) “No es una rama jurídica neutra, sino que trae consigo una obligación de resultados”.

Ricardo Lorenzetti: “El derecho ambiental es descodificante, herético, mutante”. Normas aplicadas a problemas actuales, que
tienen una vigencia inextensa, lo que dificulta su codificación.

Antonio Benjamin: “porta caracteres de transmutante, invasor, abarcativo”.

Ramón Ojeda Mestre: “metamorfosis continua, doble dimensión de temporalidad, solidario e interdependiente.” Esta doble
dimensión temporal alude a que es un derecho que se dirige a daños que llevan ocurriendo quizás desde hace siglos. Es un
derecho interdependiente porque no se aplica solo.

Mario Valls: “correctivo del sistema jurídico común, evolutivo y dialéctico; conciliador y transaccional instrumento de política
ambiental”.

Silvia Jaquenod: “protector de intereses colectivos, de carácter esencialmente preventivo y trasnacional”.

Nestor Cafferatta: “es un derecho bifronte”. Sostiene que lo es en la dimensión de tiempo y en la dimensión de espacio; porque
puede tener problemas que lo sean en un lugar en particular y a su vez globalmente. También es bifronte su daño: puede dañar
en particular un bien y a su vez dañar a un bien colectivo.

En el derecho ambiental existe una multiplicidad de fuentes internas e internacionales, con una diversidad de ámbitos
territoriales de aplicación. Tiene gran relación con el Derecho Constitucional.

“El derecho ambiental trata de problemas que convocan a todas las ciencias a una nueva fiesta, exigiéndole un nuevo vestido. En
el caso del Derecho es amplio, abarca lo público y lo privado, lo penal y lo civil, lo administrativo y lo procesal, sin excluir a nadie,
con la condición de que adopten nuevas características.” – Lorenzetti.

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La incorporación de la dimensión ambiental en el Derecho Privado Argentino.

En el apartado anterior analizamos los caracteres del Derecho Ambiental y, siguiendo a diferentes autores de distintas latitudes,
lo catalogamos como invasor, abarcativo, mutante, herético y descodificante.

Y bien podríamos afirmar que el Derecho Privado Argentino ha dado clara cuenta de ello.

En efecto, el Derecho Ambiental se ha introducido en la médula del Derecho Privado Argentino, a través del denominado
proceso de constitucionalización del derecho privado, y ello ha provocado también la introducción de la visión paradigmática del
derecho, en la que la interpretación de la letra de la norma debe ser integrada de forma armónica con los Tratados
Internacionales de Derechos Humano y los principios y los valores jurídicos.

Además, esta “invasión” ha desplazado el eje clásico de regulación del Derecho de los códigos decimonónico –es decir, la
persona y sus bienes– introduciendo los bienes colectivos y la ponderación de la satisfacción de estos por sobre los individuales
en los casos en que estén en colisión.

Asimismo, se produce una ampliación de la teoría del abuso del derecho y se condiciona el ejercicio de los derechos
individuales, inclusive el de propiedad, generándose una función ecológica de la propiedad.

También se introduce el microsistema de los consumidores, a partir de art. 1094 y el concepto de consumo sustentable.

Por su parte, el instituto de la responsabilidad civil tampoco ha quedado indemne, al introducirse la “función preventiva”. Para
hacerla operativa y recordando el apotegma de que “no hay derecho sin acción”, se establece la acción de prevención.

Finalmente, y como una muestra más de las huellas que ha marcado este novel derecho en el nuevo Código Civil y Comercial,
podemos remarcar la incorporación del esquema de las cargas dinámicas de las pruebas -instrumento propio del derecho
procesal que encuentra fecundo campo de aplicación en herramienta como la Evaluación de Impacto Ambiental- y la aplicación
del Principio Precautorio.

Néstor Cafferatta:

El CCC representa un enorme aporte al Derecho Ambiental, en especial sus artículos 240 y 241, junto con los artículos 9, 14,
1710, 1711, 1712, 1713, 1094, 1737.

¿Qué modificaciones se introducen en la “Teoría del Abuso del Derecho” en el Nuevo Código Civil y Comercial de la Nación
(CCCN)? à La ley no ampara el abuso del Derecho cuando afecte al ambiente o a Derechos de incidencia colectiva.

¿Qué relación se establece entre los derechos individuales sobre los bienes y los derechos de incidencia colectiva? Artículo 240.
Límites al ejercicio de los derechos individuales sobre los bienes. El ejercicio de los derechos individuales sobre los bienes
mencionados en las Secciones 1ª y 2ª debe ser compatible con los derechos de incidencia colectiva. Debe conformarse a las
normas del derecho administrativo nacional y local dictadas en el interés público y no debe afectar el funcionamiento ni la
sustentabilidad de los ecosistemas de la flora, la fauna, la biodiversidad, el agua, los valores culturales, el paisaje, entre otros,
según los criterios previstos en la ley especial.

¿Las Leyes de Presupuestos Mínimos tienen alguna consideración especial en la aplicación del CCCN? En su caso, ¿cuál? Artículo
241. Jurisdicción. Cualquiera sea la jurisdicción en que se ejerzan los derechos, debe respetarse la normativa sobre presupuestos
mínimos que resulte aplicable.

¿En qué consiste la función preventiva de la responsabilidad y qué herramientas procesales se introducen a los efectos de
hacerla efectiva? El derecho ambiental es un derecho eminentemente preventivo. ARTICULO 1710.-Deber de prevención del
daño. Toda persona tiene el deber, en cuanto de ella dependa, de:

a) evitar causar un daño no justificado;

b) adoptar, de buena fe y conforme a las circunstancias, las medidas razonables para evitar que se produzca un daño,
o disminuir su magnitud; si tales medidas evitan o disminuyen la magnitud de un daño del cual un tercero sería

21
responsable, tiene derecho a que éste le reembolse el valor de los gastos en que incurrió, conforme a las reglas del
enriquecimiento sin causa;

c) no agravar el daño, si ya se produjo.

ARTICULO 1713.-Sentencia. La sentencia que admite la acción preventiva debe disponer, a pedido de parte o de oficio,
en forma definitiva o provisoria, obligaciones de dar, hacer o no hacer, según corresponda; debe ponderar los
criterios de menor restricción posible y de medio más idóneo para asegurar la eficacia en la obtención de la
finalidad.

¿A qué nos referimos cuándo hablamos de consumo sustentable? El consumo sostenible propicia el uso de productos y servicios
que minimizan la utilización de los recursos naturales, la generación de materiales tóxicos y residuos, e involucra la adopción de
tendencias y estilos de vida con menor impacto ambiental. Esta perspectiva está vinculada a la producción sostenible y tiene
como objetivo armonizar las necesidades de bienes y servicios de la sociedad con el desarrollo sostenible.

El rol de los principios en el Derecho, las particularidades en el Derecho Ambiental.

Introducción.

El derecho está compuesto por un conjunto de normas, que se integran con reglas y principios.

Joseph Esser encuentra en los principios de derecho, razones, criterios o justificaciones de una directiva del obrar humano ante
una situación determinada.

Ahora bien debieramos en primer lugar determinar que entendemos por principios. Ricardo Lorenzetti9 señala que la voz
"principio" puede tener muchos usos "tienen una función evocativa de los valores fundantes de un ordenamiento jurídico,
también alude al inicio de algo que comienza, a las nociones básicas de una ciencia (principios de ética o de matemática), a los
caracteres esenciales de un ordenamiento que representan su 'espíritu'. En la jurisprudencia el principio es concebido como una
regla general y abstracta que se obtiene inductivamente extrayendo lo esencial de las normas particulares o bien como una regla
general preexistente. Para algunos son normas jurídicas para otros reglas del pensamiento, para algunos son interiores al
ordenamiento mientras que para otros son anteriores o superiores al ordenamiento".

En cuanto a la obligatoriedad de los principios se ha señalado que cuando decimos que un determinado principio es un principio
de nuestro derecho, lo que eso quiere decir, es que los funcionarios deben tenerlo en cuenta como criterio que lo determine a
inclinarse en uno u otro sentido. También se ha sostenido que la juridicidad (obligatoriedad) de los principios viene de su
intrínseca razonabilidad. Los operadores del derecho (jueces, legisladores, abogados), recurren constantemente a ellos por su
capacidad para guiar racionalmente su actividad.

Funciones de los principios. Entre las múltiples funciones que cumplen, se pueden citar:

- Sirven como criterio orientador del derecho para el operador jurídico:

- Son el fundamento o razón fundamental del sistema jurídico ambiental;

- Se erigen con el soporte básico del ordenamiento, prestando a este su verdadera significación;

- Orientan al legislador para que las leyes que se dicten se ajusten a ellos;

- Tienen una función interpretadora, operando como criterio orientador del juez o del intérprete;

- Sirven de filtro o purificador, cuando existe una contradicción entre estos principios y determinadas normas que,
quieran aplicarse a la rama específica;

- También suelen servir como "diques de contención", ante el avance disfuncional de disposiciones legales
correspondientes a otras ramas del derecho.

22
En resumen, de las funciones que cumplen los principios podemos destacar las siguientes: a) función de información; b) función
de interpretación; c) los principios como filtros; d) los principios como diques; e) los principios como integradores del derecho.

En el caso del Derecho Ambiental Silvia Jaquenod de Szögön nos dice que son principios rectores “los postulados fundamentales
y universales que la razón especula, generalizando por medio de la abstracción las soluciones particulares que se obtienen
partiendo de la justicia y la equidad social” y agrega “son principios rectores generales por su naturaleza y subsidiarios por su
función, porque suplen las lagunas de las fuentes formales del derecho”.

En tanto Eduardo Pigretti sostiene que “el Derecho Ambiental constituye a su vez, un nuevo ámbito de responsabilidad, con
criterios, principios e instituciones singulares “

¿Cómo se aplican los principios?

Atendiendo a las diferentes funciones de los principios, su modo de aplicación no es unívoco como lo es en el caso del derecho
reglado en el cual acudimos a la subsunción, por el contrario, en ante la colisión entre principios encontraremos multiples forma
de resolución y para ellas deberemos acudir a los juicios de ponderación.

El Tribunal debe resolver esta colisión, estableciendo una precedencia entre los dos principios relevantes, condicionada a las
circunstancias del caso concreto. Resolver un caso mediante la ponderación significa decidirlo por medio de una regla teniendo
en cuenta los principios que juegan en sentido contrario (principio de proporcionalidad).

El juicio de ponderación lleva al intérprete a identificar campos de tensión, buscar la alternativa más económica y el punto
óptimo de equilibrio. Conlleva la necesidad de ponderar valores en juego. Cumplir con el principio aplicable en forma prevalente
o preponderante, sin que ello implique sacrificar o afectar otros principios en juego, pues se trata de bienes valores
equivalentes, que se complementan, en los que no existe una competencia excluyente o agresiva.

Juan C. Cassagne, apunta la siguiente diferencia entre normas o reglas y los principios, "mientras las normas responden a cierta
estructura lógica, donde tanto la proposición jurídica constituida por el supuesto que ella determina, como su consecuencia se
encuentran formulada 'con similar propósito de precisión', los principios aparecen con un margen de indeterminación y
abstracción que los lleva a requerir siempre de un acto posterior que los precise en una formulación más detallada, ya sea en su
incorporación al derecho positivo o a falta de este, en su aplicación al caso concreto. Los principios carecen de supuestos de
hechos, los que deben ser cubiertos, en principio, por los legisladores o jueces, dadas las restricciones que pesan sobre la
Administración para determinar su propia competencia".

La colisión entre principios y valores, destaca Lorenzetti, "no produce el efecto de exclusión, ya que la aplicación de un principio
no desplaza al otro, sino que lo precede en el caso concreto. Los principios tienen diferente peso en el caso concreto, pero no
son inválidos. La contradicción no puede resolverse señalando que uno de los principios carece de validez y eliminándolo del
sistema, ni tampoco consagrando una excepción de validez permanente en el futuro. No se trata de antinomia en el sentido
tradicional, sino de un campo de tensión. El conflicto entre principios se soluciona mediante un juicio de ponderación de
intereses opuestos. La decisión no consiste en una opción, sino en un juicio de ponderación".

Un principio sólo muestra la dirección (la dimensión) en que debería buscarse la decisión. A su vez, cuando existe un conflicto
entre principios, la dimensión significa que el principio con mayor peso desplaza al menos importante.

Así, los principios son mandatos de optimización; ello significa que su aplicación nunca es absoluta, sino que deben ser
entendidos como una aspiración a lograr su máxima satisfacción posible en el caso.

Señala Lorenzetti que en la aplicación del juicio de ponderación hay que realizar distintos pasos lógicos:

1. identificar un campo de tensión entre principios contrapuestos;

2. buscar la alternativa más económica, si se puede encontrar una solución que permita el cumplimiento de un
principio sin afectar al otro;

23
3. inaplicabilidad del juicio de ponderación: se advierte no obstante, que en algunos casos en los que el derecho ha
prohibido algunos principios o hay un conflicto entre bienes no comparables o se trata de bienes que gozan de una
protección máxima, no susceptible de restricciones;

4. en los casos de principios competitivos hay que dar a cada uno lo suyo, de allí que el juez deba considerar cuál es el
punto de equilibrio entre lo que se da a unos y se saca a otros y cómo ponderar los valores en juego.

Los principios y los valores.

Los valores son los fines del derecho ambiental. Los principios el fundamento mismo, su espíritu e identidad, pero al mismo
tiempo señalan un camino.

Los valores son como el canto de la sirena, nos llaman o atraen, dando un sentido a lo que hacemos, marcan una dimensión
axiológica, una orientación a las razones técnicas.

Los "valores ambientales" son portadores de la ética ambiental13 y se levantan como la dimensión axiológica de nuestra
disciplina.

La Ley General del Ambiente N° 25.67514 contiene los fines o metas de la especialidad o valores jurídicos en su artículo 2 y los
principios jurídicos (artículos 4º y 5º), que constituyen la base misma de esta novísima disciplina jurídica.

En cuanto al valor, la Corte Suprema, dijo que el ambiente es un "bien colectivo"15 y como tal de naturaleza indivisible,
supraindividual, de pertenencia comunitaria, y que se ubica en la esfera social de los individuos, pero también puso de
manifiesto el deber de preservar.

Así, la tutela del ambiente requiere decisiones complejas en el plano de los valores jurídicos.

En ese sentido, cabe destacar que el artículo 1º - Fuentes y Aplicación del Código Civil y Comercial-, establece como regla que la
interpretación "debe ser conforme con la Constitución Nacional" (fórmula del derecho privado constitucional). Aunque sabido,
se recuerda especialmente, que, a partir de la reforma de 1994, el Derecho Ambiental es un derecho constitucional. De manera
que la Autoridad de Aplicación de la norma (la administración o el juez), deberá ponderar el juicio, a luz de las reglas y los
principios constitucionales de derecho ambiental.

Además, el artículo 2º- Interpretación del Código Civil y Comercial, dispone que "la ley debe ser interpretada teniendo en cuenta
los principios y los valores jurídicos".

Desde la doctrina, se han ensayado diversas denominaciones, tales como "principios rectores" de derecho ambiental o
"principios generales del derecho ambiental" o "principios jurídicos del nuevo derecho de la sustentabilidad". O como lo prefiere
denominar la ley 25.675, "Principios rectores de las políticas medioambientales".

Regla, valor y principios se complementan (e integran). Su interpretación.

Desde el punto de vista de la especialidad, es importante que el Código unificado, incluya en el Título Preliminar, artículo 1º, la
interpretación de las leyes "conforme con la Constitución Nacional" y artículo 2º, "Interpretación", "los principios y valores
jurídicos", porque nuestro derecho ambiental es un derecho constitucional, con todo lo que ello significa en la labor de
aplicación normativa y porque los principios y valores cumplen un papel relevante en la función de defensa del ambiente.

Ello, sumado a lo dispuesto en los artículos 14 (abuso del derecho en su versión colectiva), 240 (derechos individuales y de
incidencia colectiva) y 241 (normas de presupuestos mínimos) de esta misma ley 26.99416 introduce el derecho ambiental en el
derecho privado, que regula la vida civil y comercial del país. La sociabilidad en el ejercicio de los derechos individuales, es
contraria al ejercicio ilimitado de los mismos, los que deberán articularse con el ejercicio de los derechos de incidencia colectiva
(en especial el derecho ambiental), lo que pretende hacer realidad el orden público ambiental, basado en la idea de
coordinación.

24
Una reflexión final en esta introducción a la temática de los principios de derecho ambiental, no debemos olvidar que toda esta
disciplina jurídica es portadora del "paradigma ambiental".

Este paradigma ambiental es un modelo de pre-comprensión de los problemas o cuestiones jurídicas, pero que presenta
características de un principio estructural u organizativo, un meta valor, con pretensiones de regulación continua y de ajuste o
'coherencia a posteriori, todo lo cual adelanta la complejidad de la labor interpretativa, porque constituye una novedad
sistémica, de carácter revolucionario en el derecho en general.

Lorenzetti advierte de "la concepción expansiva del paradigma" (ambiental) "fundada en la idea de armonizar el derecho con la
naturaleza", para destacar que: "no estamos en presencia de una nueva especialidad, sino de un sistema jurídico que incorpora
la cuestión ambiental en todos sus aspectos. Por esta razón se introducen principios jurídicos, valores y objetivos con capacidad
para dar una nueva estructura al sistema legal. El pluralismo de fuentes y la regla de precedencia que da prioridad a la tutela
ambiental también contribuyen para dar un 'color verde' al derecho".

De lo expuesto surge que el "diálogo de fuentes" que se impone al operador jurídico, en especial al Juez, constituye una
fortaleza del derecho ambiental, en ámbitos del derecho privado. El llamado Diálogo de Fuentes “implica la necesidad de
armonizar o coordinar, mediante la prioridad conceptual, basada en principios. La vigencia del principio tal como el principio
protectorio, en casos de vulnerabilidad o debilidad, propio del derecho ambiental, ya que uno de los primeros problemas que
encuentra el operador jurídico, cada vez que le toca resolver un caso ambiental, es la pluralidad de fuentes, que lo conduce a la
implementación de un diálogo entre ellas. Se trata entonces de construir una decisión razonablemente fundada. Un nuevo
modelo de decisión judicial, basada en textos conjugados.”

Agrega Ricardo Lorenzetti que el anclaje de determinación del derecho ambiental son los bienes y valores colectivos, al mismo
tiempo que el derecho ambiental se nutre de principios.

El derecho ambiental no es un derecho neutral (contiene una obligación de resultado). En ese sentido, se recuerda que el
"paradigma ambiental", es "valorista" es decir, establece una orientación a la razón técnica. La existencia de un valor permite
señalar una finalidad a la acción. El ambientalismo introdujo nuevos valores que han ingresado en los textos constitucionales, y
que cumplen una función material para la legislación.

Principios Ius Ambientales.

Nuestra legislación nacional ha establecido diez principios, los que podemos clasificar en aquellos vinculados al accionar de los
distintos niveles del estado, los relacionados al modelo de desarrollo sustentable y la equidad intergeneracional, la trilogía
prevención-precaución-responsabilidad y los de referidos a la implementación.

PRINCIPIO DE CONGRUENCIA: Este principio pone de relieve la necesidad de una interpretación armónica de las normas
estableciendo la preponderancia de la Ley General del Ambiente (LGA) sobre el resto del marco jurídico infraconstitucional.

Como abordaremos en profundad al tratar el constitucionalismo ambiental, sobre la materia en ciernes tienen competencia
legisferante los diferentes niveles del estado (nación, provincias y municipios) y, a su vez, tenemos normas generales y especiales
y, además, principios iusambientales17. Ante ello podemos encontrarnos frente a una colisión de normas y entonces debemos
determinar cuál es la que predomina, es decir, aquella a partir de la cual debe estructurarse el sistema normativo.

El principio de desarrollamos plantea la subsunción de toda norma a la LGA y a sus principios y disposiciones, condicionando a
ello su aplicación.

El Dr. Néstor CAFFERATTA asocia este principio al de “regulación jurídica integral”, sosteniendo que exige del legislador en primer
término y del intérprete en la fase de aplicación, tener una perspectiva “macroscópica e integradora”.

Desde inicios de la aplicación de la LGA la jurisprudencia ha dado cuenta de la aplicación de este principio y lo vemos en los
siguientes ejemplos:

“Partiendo del derecho instituido por el artículo 41 de la CN, la materia ambiental debe regirse en principio por la Ley 25675, en
virtud de la cual la legislación provincial y municipal referida a lo ambiental deberá ser adecuada a los PRINCIPIOS y normas
25
establecidas en la presente ley; en caso que así no fuere, éste prevalecerá sobre toda otra norma que se le oponga y por el
marco normativo provincial que se compone con la Ley General del Ambiente N.º 5961 y las normas de contenido particular
para situaciones especiales”19.

“En materia ambiental rige el denominado PRINCIPIO DE CONGRUENCIA, reglado por la Ley General del Ambiente 25675,
extremo éste oportunamente consagrado, en el ámbito Regional, en el artículo 1 del Tratado de Asunción del MERCOSUR, Ley
23981. Allí se describe estableciendo la necesidad que la legislación provincial y municipal referida a lo ambiental deberá ser
adecuada a los principios y normas fijadas en la presente ley, en caso que así no fuere, éste prevalecerá sobre toda otra norma
que se oponga”20.

PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD: El derecho humano a un ambiente sano comparte las particularidades de los DDHH de tercera
generación, es decir que es un derecho-deber y consecuentemente está en todos y cada uno de nosotros la obligación primaria
de trabajar en su defensa.

Ello quiere decir que el Estado no es quien tiene la responsabilidad principal de la defensa del ambiente, sino que la tenemos
todos los que habitamos este planeta, este país, esta ciudad. El Estado en este caso tiene una función subsidiaria (lo que le da
nombre al principio).

Tal como lo señala la doctrina, este principio en relación al Estado tiene dos caras, una positiva y otra negativa. La primera radica
en que el Estado debe acudir ante la necesidad, la negativa reside en que la autoridad debe abstenerse de asumir funciones que
pueden ser cumplidas eficientemente por los particulares. Es decir que la participación del Estado es concurrente y residual.

Este principio se basa en la idea de que un nivel superior no puede asumir actividades que un nivel inferior puede cumplir
eficazmente. En ese sentido, el Estado nunca debe allanar, absorber ni asumir las competencias propias que los particulares,
individual o asociativamente, pueden ejercer con eficiencia.

El maestro Germán Bidart Campos, sobre el particular expresa que "El Estado no debe hacer lo que pueden hacer los
particulares con eficacia, porque el Estado debe ayudarlos, pero no destruirlos o absorberlos".

PRINCIPIOS DE SOLIDARIDAD y DE COOPERACIÓN: Ambos principios ponen su foco en los sistemas ecológicos compartidos.

El primero de los principios –el de Solidaridad- es recogido de las Declaraciones Internacionales, cobra un valor especial a la luz
de los Objetivos del Desarrollo Sustentable (ODS) e incorpora una visión bifronte en cuanto la solidaridad intra e
intergeneracional.

Silvia Jaquenod de Zsögn, sostiene que este es uno de los Principios Rectores del Derecho Ambiental por los caracteres
sistémicos, las dimensiones espaciales indeterminadas y la preeminencia de los intereses colectivos.

En el carácter de Principio Rector y ante la eventualidad de ocurrencia de un daño transfronterizo, hace concurrir otros
principios:

1. de información, en sus dimensiones Estado a Estado, Administración a Administración e Información ciudadana.

2. de buena vecindad

3. de cooperación

4. de patrimonio universal: se ha dicho en el apartado II pto, 11 de la Declaración de Vancouver sobre Asentamientos


Humanos de 197625 que “el medio ambiente es patrimonio común de la humanidad y su protección incumbe a toda
la comunidad internacional”.

La formulación de la LGA pone el foco en la responsabilidad de los diferentes niveles del Estado en la prevención y mitigación de
los efectos ambientales transfronterizos adversos de su propio accionar, así como de la minimización de los riesgos.

26
El segundo de los principios -el de Cooperación- sienta sus bases en la necesidad de hacer un aprovechamiento racional y
equitativo de los recursos naturales compartidos, por una parte, y por la otra parte en el no reconocimiento de los límites
políticos de las afecciones al ambiente, lo que torna vano cualquier esfuerzo individual.

La Declaración de Río de Janeiro´92 resalta este principio en las palabras iniciales al expresar que su objetivo es el de “establecer
una alianza mundial nueva y equitativa mediante la creación de nuevos niveles de cooperación entre los Estados, los sectores
claves de las sociedades y las personas”.

Todos conocemos la finitud de los recursos naturales, así como el interés de cada estado de aprovechar de esos recursos. A nivel
internacional este principio suele entrar en colisión con el Principio de Soberanía de los Estados respecto de sus recursos
naturales, mas esa tensión no existe en el ámbito interno, aunque sí los conflictos por la utilización de los recursos compartidos,
claro ejemplo de ello son los conflictos por el uso del agua y la gestión de las cuencas hídricas entre distintas provincias
argentinas.

Esta gestión cooperativa en el uso racional de los recursos y en la mitigación de los daños, como lo señala Raúl Estrada Oyuela,
“no es otra cosa que una necesidad biológica y de subsistencia”26.

Principios vinculados al modelo de desarrollo sustentable y la equidad intergeneracional. VIDEO

El derecho ambiental, con su principio de desarrollo sustentable intenta conjugar el desarrollo y el ambiente. Este principio es
una conjunción de dos principios: equidad intergeneracional y sustentabilidad.

En el informe Brundtland, de Naciones Unidad, el modelo de desarrollo sustentable había sido definido como aquel modelo de
desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad futura de satisfacción de necesidades. Este
concepto fue tomado por otros instrumentos internacionales, y también por nuestra Constitución Nacional, que lo consagró en
su artículo 41:

Artículo 41.- Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para
que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el
deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley. Las
autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del
patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales. Corresponde a la Nación
dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para
complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales. Se prohíbe le ingreso al territorio nacional de residuos
actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos.

La trilogía prevención-precaución-responsabilidad

Lo primero es prevenir y si no obstante ocurre el daño, lo siguiente recomponer, y por último será indemnizar (resarcir) o en el
caso del daño ambiental colectivo compensar ambientalmente.

La Prevención y la Precaución constituyen la Regla de oro del Derecho Ambiental

PRINCIPIO DE PREVENCIÓN:

Desde la óptica de la especialidad, todo el instrumental jurídico ambiental está orientado para evitar la consumación del daño.
Cuando se actúa después que ocurrió el hecho dañoso la solución tardía es inútil, porque el daño ambiental es expansivo,
multiplicador, continuo o permanente

El ingreso del principio de prevención al Código Civil y Comercial, fortalece la postura de defensa del ambiente. Adoptar medidas
que eviten o disminuyan la magnitud de un daño, o no agravar el daño si ya se produjo, es una fórmula perfecta para el derecho
ambiental.

El énfasis "preventivo" (frente al riesgo cierto) o "precautorio" (en situaciones de peligro de daño grave o irreversible aun
cuando hubiera ausencia de información o de certeza científica), son características salientes del derecho ambiental.

27
Dice el artículo 41 de la Constitución Nacional que “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado,
apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las
de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo…”.

Al respecto, y con relación se recuerda que la Corte Suprema de Justicia de la Nación, ha expresado: "La tutela del ambiente
importa el cumplimiento de los deberes que cada uno de los ciudadanos tienen respecto del cuidado de los ríos, de la diversidad
de la flora y la fauna, de los suelos colindantes, de la atmósfera. Estos deberes son el correlato que esos mismos ciudadanos
tienen a disfrutar de un ambiente sano, para sí y para las generaciones futuras, porque el daño que un individuo causa al bien
colectivo se lo está causando a sí mismo. La mejora o degradación del ambiente beneficia o perjudica a toda la población,
porque es un bien que pertenece a la esfera social y transindividual, y de allí deriva la particular energía con que los jueces
deben actuar para hacer efectivos estos mandatos constitucionales".

La ley General del Ambiente en su artículo 4 (principios) establece que “Las causas y las fuentes de los problemas ambientales se
atenderán en forma PRIORITARIA E INTEGRADA, tratando de prevenir los efectos negativos que sobre el ambiente se pueden
producir” este principio es conocido también como el Principio de corrección en la fuente.

Como lo analizaramos en el punto de la incorporación de la dimensión ambiental en el Derecho Privado Argentino, la


incorporación de la función preventiva a la responsabilidad civil ha sido uno de los mayores aportes en la preservación del
ambiente.

PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN: Mucho se ha discutido en el último tiempo sobre el principio precautorio o de precaución en el
derecho ambiental

El avance de la industria en pos del desarrollo y el bienestar, entendido como el acceso a mayores y mejores bienes y servicios
para la mejora en nuestra calidad de vida, ha provocado y continúa provocando contextos y situaciones inciertas hacia el futuro.
Tal situación nos coloca frente a contextos desconocidos de los cuales muchas veces no tenemos certeza de sus futuras
consecuencias. El propio avance de la ciencia y la tecnología, si bien nos permite un progreso (inmediato) en nuestra calidad de
vida, en muchas ocasiones nos posiciona ante riesgos inesperados que no podemos visualizar o prever y mucho menos prevenir.

Es en este sentido que el principio precautorio es uno de los pilares fundamentales del derecho ambiental y una herramienta de
vital importancia para dirimir aquellas circunstancias en que el regulador se enfrenta a un posible daño ambiental (grave o
irreversible) y que en virtud de la incertidumbre o la falta de información se torna dificultosa una decisión.

Lorenzetti enseña que el principio precautorio es relativamente reciente en el campo ambiental, pero se ha expandido con
rapidez inusitada. Se trata de un principio de derecho y como tal, vinculante u obligatorio, que produce como lo sostiene la CSJN,
una "obligación de previsión anticipada y extendida en cabeza del funcionario público", pero que alcanza en primer lugar, a los
particulares, o titulares del emprendimiento (obra o actividad) que introduce semejante riesgo en la comunidad. Es por lo
expuesto, un principio sustantivo o estructural del derecho ambiental.

Se inscribe dentro de los instrumentos de política y gestión ambiental, que se ubican en la etapa ex ante o de pre-daño y
conduce a la necesidad de adoptar medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del ambiente.

El principio precautorio, dice Lorenzetti28, “genera una obligación de previsión extendida y anticipatoria. Se trata de un principio
proactivo en la adopción de decisiones, es un concepto jurídico indeterminado, es una norma jurídica, no una mera declaración
y la incerteza debe existir al momento de adoptar las decisiones”.

Este principio parte de la base de la “incerteza”, duda o incertidumbre. Se debe observar que, por el contrario, cuando se habla
de “daño”, de “daño jurídico” o de “daño reparable” se parte del concepto de “certeza”. El daño ambiental es muchas veces
incierto, impersonal, indiferenciado y en ocasiones se presenta como un daño futuro incierto, de manera que encontramos una
especie de derecho de daño —el daño ambiental— que curiosa o paradójicamente no cumple con ninguno de los requisitos
clásicos del derecho de daño.

Por ello Ricardo L. Lorenzetti apunta los siguientes requisitos:

28
- Amenaza de daño grave o irreversible: Identificación de un producto, actividad o sustancia. Identificación de un daño
futuro. Debe tratarse de un daño grave (casos extremos).

- Incertidumbre científica; La evaluación científica no permite evaluar el riesgo con suficiente exactitud para actuar.

Siguiendo a este autor sostenemos que en la aplicación de principio precautorio deberá tenerse en cuenta que:

1. Se aplica con un criterio caso por caso, no se aplica de manera absoluta sino con un criterio relativo, dependiendo
de las circunstancias del caso en particular.

2. Deberán agotarse las posibilidades de reducir la incertidumbre, aunque uno de los presupuestos del principio
precautorio es justamente la incertidumbre.

3. La aplicación es dinámica y adaptativa.

4. Es equitativa.

5. Produce el traslado del riesgo, del riesgo de la duda, de la demora, probatorio la inversión de la carga de la prueba y
del desarrollo.

En una situación de incertidumbre, el principio precautorio se basa en un factor de atribución de responsabilidad de riesgo, es
decir, el factor de atribución de responsabilidad del principio precautorio, es el riesgo, es el peligro o es la amenaza. “Peligro de
daño grave o irreversible” y “falta de certeza científica absoluta”.

Como lo expresáramos la ausencia de información o certeza científica es una particularidad muy característica en la política
regulatoria ambiental y el derecho ambiental en general.

Es indiscutible que la gran mayoría de los problemas o conflictos ambientales trae aparejado cuestiones de índole científica y
económica de muy compleja resolución.

Es normal que los reguladores o las autoridades se encuentren en situaciones de desconocimiento o incertidumbre frente a
actividades antrópicas que puedan provocar posibles reacciones adversas en el ambiente. Por supuesto que se pueden prever
ciertas reacciones o consecuencias frente a determinadas actividades, pero no siempre tales previsiones son factibles, sea por
falta de información, desconocimiento o simplemente imposibilidad científica. También es muy cierto que en muchas ocasiones
la “certeza” puede llegar muy tarde cuando el daño ambiental ha ocurrido y su recomposición o restablecimiento es de difícil o
imposible cumplimiento.

Frente a esta circunstancia no queda más remedio que priorizar el desarrollo de mayor y mejor información.

Es en dicho contexto que podemos argüir que el principio precautorio pretende tener carácter proactivo a diferencia de las
tradicionales estrategias regulatorias reactivas (recomposición) aplicadas a riesgos individuales o particulares.

Ante esta incerteza, la evaluación científica del riesgo de producción del daño es un elemento central en la aplicación del
principio precautorio.

Es en esta instancia en que se encuentra (el legislador o el regulador) frente a un contexto de muy difícil análisis ya que no existe
una elemento cierto o concreto para anticipar la existencia de un riesgo. El agente encargado de efectuar dicha evaluación no
cuenta con elementos concretos que pueda sopesar a efectos de mensurar un posible daño.

A diferencia del principio preventivo (artículo 4º de la Ley 25.675), el cual también tiende a evitar un daño futuro pero cierto y
mensurable, en el caso del principio precautorio, la evaluación del riesgo del daño es mucho más compleja dada la falta de
certeza de su producción.

Roberto Andorno afirma que “en el caso de la “prevención”, la peligrosidad de la cosa o de la actividad es bien conocida, y lo
único que se ignora es si el daño va a producirse en un caso concreto. En cambio, en el caso de la “precaución”, la incertidumbre
recae sobre la peligrosidad misma de la cosa, dado que los conocimientos científicos son todavía insuficientes para dar respuesta
acabada al respecto”.
29
Es decir que, pese a la existencia de un peligro o amenaza de ocurrencia de un daño, es de extrema dificultad prever que ocurra
y qué daños ocasionará.

Ahora bien, no cualquier daño es capaz de despertar la aplicación del principio precautorio. La Ley General de Ambiente
establece la necesidad de que exista una amenaza de daño grave o irreversible, lo cual genera, a criterio de Ricardo Lorenzetti
dos objeciones:

· No se especifica cuan grave debe ser el daño para comenzar a actuar y;

· Es contradictorio exigir un hecho comprobable (amenaza de daño grave) que al mismo tiempo debe ser incierto
para que se aplicable la precaución.

Como primera medida debemos decir que la necesidad a la cual apunta el principio precautorio de que el daño sea grave o
irreversible, implica imponer un marco de razonabilidad en la aplicación del mismo, lo cual significa que no pueda ser aplicado a
cualquier tipo de situación, sino que más bien sea aplicable a casos de daños de extrema gravedad y que a priori sean
irreversibles.

Por último, la aplicación de este principio nos lleva a una modificación importante del esquema de la carga probatoria. Sin
entrar en mayores profundidades respecto al proceso ambiental, es importante aclarar que, a raíz de la incorporación de los
principios de prevención y precaución al esquema regulatorio ambiental nacional, existe una inversión de la carga probatoria
dado que no estamos frente al principio de quien alega un hecho (en este caso un potencial daño) debe probarlo, sino que es el
promotor de la actividad potencialmente dañosa quien debe probar la inexistencia de esa amenaza o peligro de daño.

En palabras del Dr. Antonio Benjamin, “...ya no cabe a los titulares de los derechos ambientales probar los efectos negativos
(ofensividad) de emprendimientos llevados a la apreciación del bien público, como es el caso de los instrumentos afiliados al
régimen de simple prevención, por ejemplo, el estudio de impacto ambiental, (sino que) se impone a los degradadores
potenciales la carga de probar la inofensividad de la actividad propuesta.”

Se advierte una tendencia jurisprudencial, en casos que alojan situaciones de riesgo dudosas, que nuestros tribunales, movidos
por motivos de prudencia, recurren a este principio, aunque en ocasiones para fortalecer la aplicación del principio de
prevención. Ello ha llevado a una más enérgica actuación de la Justicia, en etapas previas a la consumación del daño. Ejemplo de
ello es el caso "Salas, Dino c. Provincia de Salta y otros” (CSJN del año 2009) en el que la CSJN, en su pronunciamiento del 29 de
diciembre de 2008, dispuso el cese provisional de los desmontes y talas de bosques nativos en los departamentos de San
Martín, Orán, Rivadavia y Santa Victoria, autorizados por la Provincia de Salta durante el último trimestre del año 2007.

Dice Lorenzetti que “somos conscientes desde el punto de vista jurídico, que este novedoso e "inescrutable" principio
precautorio, despierta esperanzas (en la mayoría de los ambientalistas), y desconfianza (principalmente, en sectores ligados a la
actividad productiva o de riesgo).

Esperanza, porque partiendo del presupuesto de hecho que se trata de adoptar medidas de seguridad cuando se desarrolla
actividades de riesgo (peligro, amenaza) de daño grave o irreversible, aun en frente a la duda técnica (ausencia de información o
falta de certeza científica), por lo que se debe exigir la adopción de medidas eficaces en función de los costos, para impedir la
degradación del ambiente. Desconfianza, porque asusta la potencialidad de este instrumento de defensa ambiental, que, según
esta versión, transformaría a la misma, en un valor absoluto, contrariando el riesgo del desarrollo o poniendo rápido freno sin
mayores justificativos, a toda alteración del ambiente.”

Diferencias entre prevención y precaución.

El principio precautorio es el principio básico, esencial del Derecho ambiental. Dicho principio, al igual que el de
prevención, opera sobre las causas y las fuentes de los problemas, de manera integral, holística, totalizadora.

La diferencia es que el principio de prevención se encarga del riesgo sabido, conocido, verificado, comprobado, real, en tanto
que el de precaución interviene sobre el riesgo hipotético, sospechado, el posible.

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La diferencia es de grados, es una diferencia de visión, ya que la prevención no escapa de la lógica jurídica clásica. La lógica
jurídica clásica se basa en el concepto de la certeza y la prevención opera sobre el riesgo cierto, en tanto que la precaución lo
hace sobre el riesgo incierto.

PRINCIPIO DE RESPONSABILIDAD: Este principio que no es otro que el denominado “principio contaminador pagador”, en virtud
del cual, quien introduce el riesgo en la comunidad (riesgo ambiental) o quien produce daño ambiental, debe hacerse cargo de
los costos económicos, de la prevención y de la reparación o de la recomposición del daño ambiental.

Tal como aparece enunciado en la ley 25.675 apunta a reforzar la idea de internalización de costos ambientales sobre todo en
cabeza del generador degradante del ambiente, conforme el principio 16 en la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y
Desarrollo, ONU, 1992: "Las autoridades nacionales deberían procurar fomentar la internalización de los costos ambientales y el
uso de instrumentos económicos, teniendo en cuenta el criterio de que el contamina debería, en principio, cargar los costos de
la contaminación, teniendo debidamente en cuenta el interés público y sin distorsionar el comercio ni las inversiones
internacionales".

Asimismo, sienta las bases para desarrollar un sistema de legislación nacional relativa a la responsabilidad y la indemnización
respecto de las víctimas de la contaminación y otros daños ambientales (principio 13) de la misma Declaración de Río: "Los
Estados deberán desarrollar la legislación nacional relativa a la responsabilidad y la indemnización respecto de las víctimas de la
contaminación y otros daños ambientales. Los Estados deberán cooperar, asimismo de manera expedita y más decidida en la
elaboración de nuevas leyes internacionales sobre responsabilidad e indemnizaciones por los efectos adversos de los daños
ambientales causados por las actividades realizadas dentro de su jurisdicción, o bajo su control, en zonas situadas fuera de su
jurisdicción".

La Constitución en el artículo 41 prevé que “…el daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer…” Se
enfatiza que la norma constitucional establece que el Estado proveerá a la protección de ese derecho, incluyendo el patrimonio
natural y cultural.

Dice el artículo 4 de la Ley General del Ambiente con respecto a este principio que “El generador de efectos degradantes del
ambiente, actuales o futuros, es responsable de los costos de las acciones preventivas y correctivas de recomposición, sin
perjuicio de la vigencia de los sistemas de responsabilidad ambiental que correspondan.”

En la actualidad existe un consenso prácticamente generalizado en cuanto a que la responsabilidad civil entendida sólo como un
mecanismo tendiente al resarcimiento de daños ya acaecidos es insuficiente. Por el contrario, se propicia la introducción de
mecanismos y técnicas que, desde el Derecho de Daños -con todo lo que ello implica-, vayan dirigidas concretamente a la
evitación de perjuicios probables o previsibles y también a la sanción de aquellos agentes que actúen a través de conductas cuya
gravedad merezca una reacción adicional.

Es ésta la línea que han seguido los autores del nuevo Código al incluir dentro de la sección dedicada a regular las disposiciones
generales sobre la responsabilidad civil, la normativa contenida en el artículo 1.708: “Funciones de la responsabilidad. Las
disposiciones de este Título son aplicables a la prevención del daño, a su reparación, y a los supuestos en que sea admisible la
sanción pecuniaria disuasiva”

Con respecto a la función preventiva, sostiene la jurisprudencia que “Se deben instrumentar las herramientas que en una clara
actitud de "evitación" sean capaces de lograr que se obtenga el objetivo apuntado en el artículo 41 C.N. "El derecho ambiental
debe tener un carácter eminentemente preventivo por motivos funcionales y teleológicos" y "desde el punto de vista del análisis
económico del derecho, la preferencia por los instrumentos de actuación "ex ante", frente a los instrumentos "ex post", origina
dudas serias sobre la utilidad del instituto de la responsabilidad"

Por último, veremos los principios vinculados a la implementación del Derecho Ambiental.

PRINCIPIO DE PROGRESIVIDAD: En los últimos años hemos asistido y seguimos asistiendo a un intenso proceso de regulación
ambiental, pero en muchos casos esta regulación no tiene en cuenta la denominada línea de base ni las posibilidades reales de
aplicación inmediata, o las consecuencias socio-económicas que traería aparejada.

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Por su parte muchas veces nos vemos expuestos a una debilidad de la dimensión ambiental frente a las dimensiones económicas
y sociales. Un ejemplo que se da recurrentemente es el de poblaciones que reaccionan contra las acciones de clausura de
fábricas que contaminan, porque generan el despido de trabajadores.

A la luz del artículo 41 de la Constitución Nacional es menester que el operador ambiental (legislador, gestor, juez, etc.) tenga
presente las tres dimensiones del modelo de Desarrollo Sustentable de las que diéramos cuenta en el Principio de
Sustentablidad en un pie de equilibrio, y para ello las soluciones no podrán encontrarse de la noche a la mañana ya que son
múltiples los intereses a considerar.

Tal como lo expresan Natalia Giacosa y Juan Sebastián Lloret “El principio de progresividad permite la armonización del derecho
colectivo ambiental y los derechos individuales patrimoniales en conflicto con aquél. Éste es el fundamento del principio. Por
ello, si bien el Estado debe ser realista a la hora de proyectar metas ambientales (principio de realidad), debe utilizar el principio
de progresividad para que los cambios exigidos a los administrados sean paulatinos, y no para justificar sus falencias de gestión”.

En el ámbito normativo la Provincia de Salta ha sido pionera en la institución del gradualismo al establecer que “se reconoce que
dadas las condiciones económicas y culturales de la Provincia, la degradación de la calidad ambiental, no puede ser superada de
un día para el otro, por lo tanto la autoridad pública y la sociedad civil deberán cooperar con las empresas públicas y privadas
para implementarlas medidas de control, contención y prevención del daño ambiental. El cambio debe ser incremental para
permitir un gerenciamiento y manejos adaptativos”.

A juicio de Cafferatta, del principio de progresividad derivan dos sub principios:

· Proporcionalidad, referido a la razonabilidad en los tiempos que insumen los cambios impuestos por la normativa,
el equilibrio de medios y fines, la equidad, en suma, la viabilidad en el cumplimiento de las exigencias;

· Gradualidad, que también se extrae del Protocolo adicional al Tratado de Asunción sobre Medio Ambiente.

De no adoptarse este principio es muy probable que las políticas públicas estén destinadas directamente al fracaso, ya que no
contarán con la apropiación de la ciudadanía sino, por el contrario, recibirán su rechazo. En materia ambiental resulta imposible
mejorar las condiciones de un día para el otro, lo imperdonable es no iniciar nunca el proceso para lograrlo.

La Corte Suprema de la Nación ha recogido reiteradamente este principio. Un ejemplo de ello es el conocido caso Mendoza o LA
CAUSA DEL RIACHUELO, cuando dispuso:

“Requerir al Estado Nacional, a la Provincia de Buenos Aires, a la Ciudad de Buenos Aires y al COFEMA para que en el plazo de 30
días y en los términos de la Ley 25675: Presenten un plan integrado (artículo 5: Los distintos niveles de gobierno integrarán en
todas sus decisiones y actividades previsiones de carácter ambiental, tendientes a asegurar el cumplimiento de los PRINCIPIOS
enunciados en la presente ley), basado en el PRINCIPIO DE PROGRESIVIDAD (art. 4) el que prevé que los objetivos ambientales
deberán ser logrados en forma GRADUAL, a través de metas interinas y finales proyectadas en un cronograma temporal”.

PRINCIPIO DE NO REGRESIÓN: tanto en el ámbito internacional como en el nacional aparece en escena un nuevo principio, el
de NO REGRESIÓN, que aparece como una consecuencia, continuación o contracara del principio de progresividad. El Principio
de No regresión aún no ha logrado ser incorporado en el derecho positivo.

Muchas veces vemos cómo con el objetivo de mejorar la competitividad en momentos de crisis económica los países acuden al
reblandecimiento de la tutela al ambiente y el repertorio de regresiones posibles es múltiple, no sólo en el ámbito legislativo
sino, también, en el diseño y la ejecución de políticas públicas y judiciales que convalidan este tipo de políticas.

Ejemplos de estos retrocesos encontramos en el retiro de compromisos internacionales, la desclasificación o reducción de áreas
naturales protegidas, la elevación de mínimos de tolerancia o variación de estándares fijados por diferentes leyes sectoriales, lo
cual, además, pone de relieve la injerencia experta en torno a la determinación de los cánones protectorios y sus
modificaciones.

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Ante ello nace la idea de NO REGRESIÓN que, como nos dice José Esaín, es una de las manifestaciones de la progresividad que
radica en que “el esfuerzo hecho por el Estado en cuanto a la protección del ambiente no puede disminuir, sino que debe ser
cada vez mayor, sobre todo a la sazón de las reglas derivadas de los instrumentos internacionales de derechos humanos”.

En consecuencia, podemos decir que a través del Principio de Progresividad el Estado se ve obligado a implementar de modo
gradual, constante, sostenido medidas de carácter legislativo, administrativo y judicial, que tengan como finalidad el incremento
de la protección ambiental. Ahora bien, a través del Principio de No Regresión cada Estado debe adoptar todas las medidas
necesarias para asegurarse de no abolir los derechos alcanzados, ni retrotraer su protección.

El Profesor Michel PRIEUR nos plantea tres modos diferentes de los estados de expresar la no regresión:

A través de una proclama expresa,

- A través de una exigencia de protección del ambiente mediante medidas nacionales a un nivel que sea como mínimo,
igual al nivel de protección internacional,

- A través de cláusulas de incompatibilidad con otros acuerdos, o en caso de competencia o diferencia entre varios
convenios, confirmar la superioridad o preeminencia del tratado que propone mayor protección al ambiente.

El Parlamento Europeo a través de la resolución del 29 septiembre del 2011, sobre la elaboración de una posición común de la
Unión Europea en vistas a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sustentable (Rio+20), demandó la
introducción del principio de no regresión como principio autónomo.

Se puede decir que esta conferencia internacional, en este aspecto, fue un éxito a medias porque si bien no acató el principio en
forma expresa, en uno de los párrafos del documento final llamado “El futuro que queremos” se plasmó la expresión “no dar
marcha atrás” en relación a los compromisos asumidos en 1992, expresión que engloba la idea principal de la no regresión.

En este contexto, la construcción de un principio de no regresión aplicable al ambiente se constituye como una lucha contra
tales retrocesos actuales o eventuales y una herramienta vital para cumplir con el Principio de Equidad Intergeneracional.

Este principio ya empieza a ser recogido por la Jurisprudencia al sostener que “al entrar en el análisis del principio de
progresividad aparece la interdicción de retroceso. En tal sentido se afirma que "...exige un involucramiento incremental que -si
bien responde a una idea de temporalidad- lo es en una dirección unívoca, ya que -en virtud de este principio- cuando se toma la
decisión de avanzar gradualmente en una mejor calidad de vida, no debe retrocederse".

En el mismo sentido respecto del ordenamiento territorial se ha planteado: "....Desentenderse de los efectos que sobre el
ambiente urbano y el patrimonio cultural pueda provocar la iniciativa de reformas normativas estaría reñido con el principio de
progresividad vigente en esta materia (art. 4, ley 25675; C.S.J.N. Fallos 329:2316) que, al tiempo que procura la mejora gradual
de los bienes ambientales, supone que los estándares de protección vigentes o actualmente logrados no sean sustituidos por
otros, inferiores u ostensiblemente ineficaces…"

UNIDAD 5 - Derecho Ambiental Internacional


- Introducción a la problemática ambiental internacional.

- Las Conferencias Mundiales sobre Medio Ambiente: Estocolmo ’72, Río ’92, Johannesburgo 2002 y Río+20.

- Los Principios del Derecho Ambiental Internacional

- El daño ambiental transfronterizo.

- Introducción a la problemática ambiental internacional. Principales características del Derecho Internacional


Ambiental

VIDEO

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La problemática ambiental tiene un carácter global, por lo que el análisis debe realizarse también a partir del Derecho
Ambiental Internacional. El derecho interno se va a servir del derecho internacional para establecerse en cada localidad.

Las Conferencias Mundiales sobre Medio Ambiente

El estudio del Derecho Internacional Ambiental muestra una evolución sumamente interesante. Desde una primera etapa –en la
cual la tutela del ambiente fue netamente sectorial (pues se preservaban determinadas especies o recursos en forma aislada e,
incluso, no por el valor que tuvieran en sí mismos si no por la utilidad que le brindaban al hombre para otras actividades)– hasta
la actualidad, en que la protección es claramente ecosistémica y existe un nutrido número de normas, principios e instrumentos
elaborados a partir de los Tratados, Acuerdos, Convenios, etc. que han tenido lugar, ha transcurrido solamente algo más de un
siglo. Y este desarrollo ha estado condicionados por factores políticos, económicos y hasta ideológicos. Estas cuestiones ya las
hemos analizado con detenimiento en la Unidad anterior.

Indagaremos ahora cómo ha sido la evolución del Derecho Internacional Ambiental desde su nacimiento formal, que se produce
con la Primera Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente que tuvo lugar en Estocolmo, Suecia, en 1972. A partir de ese
momento la expansión del Derecho Internacional Ambiental resultó notable, sobre todo en materia institucional y normativa.

El nacimiento formal del Derecho Internacional Ambiental. La Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente de Estocolmo de
1972.

La Primera Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente tuvo lugar en Estocolmo, Suecia, entre el 5 y el 16 de Junio de 1972, y
puede afirmarse que constituye el Acta de Nacimiento del moderno Derecho Internacional Ambiental. Había sido convocada
hacia fines de 1968 por Naciones Unidas y en ella participaron 113 países y una importante cantidad de entidades
gubernamentales y de organizaciones no gubernamentales a nivel mundial.

Los instrumentos que emanaron de la Conferencia no tienen carácter vinculante (aquí radica la principal crítica de la que ha sido
objeto) sino meramente declarativo. Afirma Juste Ruiz que ello obedeció a que se trataba de un momento más apropiado para el
diagnóstico y la adopción de directrices políticas, que para la regulación específica de cuestiones que todavía requerían de una
cierta maduración2. Con todo, lo cierto es que indudablemente constituyeron el punto de partida de todo el desarrollo jurídico
posterior en materia de tutela del ambiente.

La Conferencia tuvo el mérito de generar un compromiso ético universal a los fines de la protección del ambiente que, aun
cuando con altibajos, ya no será abandonado en lo sucesivo. También es deuda que tenemos con la Conferencia el haber
introducido de modo definitivo la necesidad de conjugar las variables desarrollo y ambiente como método insustituible para
afrontar los desafíos que impone la problemática ambiental.

En materia institucional se adoptó la decisión de crear el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA),
plasmada mediante una Resolución de la Asamblea General de la Naciones Unidas de fines de 1972. Su sede se encuentra en
Nairobi (Kenia) y su Consejo de Administración está integrado por 58 estados nacionales. Todos los años presenta ante la
Asamblea General de Naciones Unidas un informe sobre el estado del ambiente en el mundo. La agenda del PNUMA es amplia e
incluye temas como el cambio climático, los conflictos ambientales, la pérdida de la biodiversidad y el desarrollo del Derecho
Ambiental, ámbito en el cual ha tenido un papel elogiable.

La Conferencia de Estocolmo adoptó también un Plan de Acción para el Medio Humano que consta de 109 Declaraciones
relativas a los más variados temas ambientales, sobre los que efectuó un certero diagnóstico y propuso una serie de directrices
de acción.

Pero sin dudas el instrumento más importante emanado de la Conferencia fue la Declaración de Principios, conocida también
como Declaración de Estocolmo de 1972. Contiene un Preámbulo y 26 Principios que forman el basamento sobre el que se
estructuró todo el Derecho Ambiental posterior a esos años. Y el tiempo demostró que dichos principios, a pesar de haber
nacido como simples declaraciones y carecer de efecto vinculante, pronto alcanzaron el status de derecho positivo. Ellos aluden
a normas, instituciones e instrumentos que luego alcanzarían gran desarrollo. En breve analizaremos algunos de ellos.

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Todos los años, el 05 de Junio, se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente. Es una conmemoración a la fecha en que, en 1972,
se dio inicio a las sesiones de la Conferencia.

Con posterioridad a la misma la expansión del Derecho Internacional Ambiental resultó notable, sobre todo en materia
institucional y normativa. Se fortalecieron las Organizaciones Gubernamentales y No gubernamentales destinadas al estudio y
análisis de la conflictividad ambiental, al tiempo que comenzaron a producirse avances cada vez más significativos en relación a
la incorporación en los derechos internos y a las agendas de los Estados nacionales, de las orientaciones políticas y jurídicas que
se venían gestando. En simultáneo se suscribieron una importante cantidad de Convenios y Tratados destinados a dar respuesta
a algunos de los problemas ambientales que ya se vislumbraban, como la pérdida de biodiversidad, la contaminación o la
proliferación de residuos y deshechos peligros, como así también a la protección de distintos elementos y recursos naturales, en
particular, los mares y océanos y las aguas dulces.

Entre ellos ocupa un lugar de privilegio la Carta Mundial de la Naturaleza3, aprobada en 1982 mediante una Resolución de la
Organización de Naciones Unidas, que contó con el único voto en contra de los Estados Unidos. A pesar del contexto poco
propicio que la rodeó, tuvo el valor de ratificar las reglas axiológicas de Estocolmo y establecer nuevos principios e instrumentos
realmente innovadores, como la necesidad de implementar un procedimiento de evaluación de impacto ambiental previo a las
actividades que tengan la aptitud de provocar impactos negativos relevantes en la naturaleza o en sus elementos.

Pocos años más tarde, en 1987, se publicó un Informe que fue el resultado de un trabajo de investigación llevado a delante por
la Comisión de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo. El Informe se denominó Our Common Future (Nuestro
Futuro Común) aunque fue más conocido como Informe Brundtland, en reconocimiento a quien era por entonces la Presidenta
de la Comisión, la Primera Ministro noruega Gro Harlem Brundtland.

El Informe Brundtland tuvo el mérito de ser el documento en el que se definió por primera vez al modelo de desarrollo
sustentable, expresando que se trata del “modelo de desarrollo que satisface las necesidades de las generaciones presentes, sin
comprometer la capacidad para que las futuras generaciones puedan satisfacer sus propias necesidades”.

Como se aprecia, el concepto –de neto corte antropocentrista– pone el acento en la satisfacción de las necesidades básicas de
los seres humanos como meta fundamental y fin último del modelo, al tiempo que deja entrever las limitaciones que posee el
ambiente en tal sentido y la necesidad de preservarlo para las generaciones venideras. Aquí está la semilla de los principios de
sustentabilidad y equidad intergeneracional.

La Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Río ’92.

En la Cumbre para la Tierra, como también se conoce a la Conferencia de Río, el número de estados y organizaciones estatales y
no estatales participantes creció notablemente en relación a la Conferencia de Estocolmo. A tal punto que se trató de la reunión
de mayor convocatoria mundial celebrada hasta ese entonces.

No es exagerado afirmar que la Cumbre de Río ha marcado un antes y un después no sólo en cuanto a la evolución e
implementación de los mecanismos de protección del ambiente –y, por ende, en el desarrollo del Derecho Ambiental–, sino
también porque su espíritu ha despertado la conciencia e inculcado de modo definitivo la convicción sobre la importancia de
ello a toda la humanidad.

El legado de Río es monumental. Para comenzar, la Declaración de Río sobre el Medioambiente y el Desarrollo, con sus 27
Principios, resulta ser un verdadero glosario de los temas de mayor importancia, imprescindibles para un abordaje integral de la
materia.

Algunos de los Principios ya existentes cobraron carta de ciudadanía definitiva y otros, como el Precautorio, hicieron su aparición
revolucionando todo el campo de las ciencias, incluida la jurídica. En el fondo, la Declaración de Principios comporta un
compendio de los derechos y obligaciones que tienen los Estados en relación al ambiente. Entre ellos se destacan los siguientes:
el derecho soberano de los Estados de aprovechar sus recursos naturales pero velando que sus actividades no causen daño al
ambiente de otros Estados (Principio 2); el desarrollo sustentable que, sobre la base conceptual establecida en el Informe
Brundtland y a partir de la idea de generaciones futuras, instituyó la impostergable necesidad de armonizar las ideas de

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desarrollo y tutela del ambiente (Principios 3, 4, y 12, entre otros); la erradicación de la pobreza como condición del desarrollo
sustentable (Principio 5); los principios de cooperación y de responsabilidades comunes pero diferenciadas (Principios 6 y 7); la
necesidad de promover el consumo sustentable (Principio 8) y la transferencia de tecnología entre los estados (Principio 9); el
libre acceso a la participación, información y a la justicia en temas ambientales (Principios 10); la responsabilidad de los Estados
por los daños causados a las víctimas de la contaminación (Principio 13); el Principio Precautorio, como modo de evitar la
causación de daños graves e irreversibles aún ante la falta de certeza sobre la ocurrencia de los mismos (Principio 15); el
principio del contaminador-pagador (Principio 16); la obligatoriedad de la Evaluación de Impacto Ambiental (Principio 17); el
deber de información de los estados ante los riesgos ambientales (Principios 18 y 19); el importante rol que cumplen las
mujeres, los jóvenes y los pueblos originarios en la ordenación del ambiente y la promoción del desarrollo sustentable
(Principios 20, 21 y 22); y el papel fundamental que juega la paz en la protección del ambiente, como elemento de convivencia y
de resolución de conflictos (Principios 24, 25 y 26)4.

Además de la Declaración de Principios se Aprobó la Agenda XXI, un amplio Programa de acción con visión de futuro en el cual
se abordan un sinnúmero de temas de interés directamente relacionados con la protección del ambiente.

En ella se destaca el importante papel que debe asignarse en el logro del desarrollo sustentable a ciertos sectores de la sociedad
(las ONG, las mujeres, los jóvenes, los sindicatos, los pueblos originarios, etc.) que históricamente estuvieron postergados en la
participación y toma de decisión de muchos aspectos de la realidad, incluido el ambiental.

También surgió de la Conferencia de Río una Declaración de Principios para el ordenamiento sostenible de los bosques que, si
bien no consiguió tener fuerza vinculante e incluso fue señalada por su endeblez y carencia de un compromiso serio, implicó el
primer avance importante sobre la materia hasta ese momento. Puso énfasis en la mayor responsabilidad de los Estados
desarrollados en la conservación forestal y en la tarea de reforestación (con la consecuente ayuda financiera que ello supone a
los países en desarrollo) al tiempo que reafirmó el derecho de estos últimos de explotar sus bosques nativos de acuerdo a sus
realidades económicas.

En el terreno institucional, se creó en el ámbito de Naciones Unidas la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible, un organismo
encargado de coordinar y supervisar las acciones necesarias tendientes al cumplimiento de los acuerdos alcanzados en Río, en
particular las directrices que surgen del Programa XXI. La Comisión se reúne todos los años en la ciudad de Nueva York y está
conformada por un número determinado de Estados que van rotando manteniendo una representación geográfica equitativa.

En paralelo a la realización de la Conferencia de Río’92, se abrieron a la firma dos instrumentos con carácter vinculante relativos
a dos grandes conflictos ambientales.

El primero de ellos es el Convenio sobre la Diversidad Biológica. Sus propósitos son la conservación de la diversidad biológica, la
utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización
de los recursos genéticos. La meta principal es promover medidas que conduzcan a un futuro sostenible. El Convenio sobre
Diversidad Biológica fue incorporado en nuestro derecho interno mediante la Ley 24.3755, del año 1993, el mismo año en el que
entró en vigencia.

El segundo es la Convención Marco sobre Cambio Climático, cuyo principal objetivo es lograr la estabilización de las
concentraciones de gases de efecto invernadero que se liberan a la atmósfera a un nivel que razonablemente detenga el
calentamiento global de la tierra. Esta Convención también fue aprobada por nuestro país por Ley N° 24.2956, sancionada y
promulgada en diciembre de 1993. Al año siguiente, conseguidas las ratificaciones necesarias, entró en vigor.

La Conferencia de Río representó, por la cantidad de consensos alcanzados y por la fuerza obligatoria de sus instrumentos, el
avance más extraordinario logrado hasta el momento en materia de tutela ambiental, y en materia jurídica rápidamente en
convirtió en la fuente inspiradora del derecho interno de la mayor parte de los países del mundo, incluido el nuestro.

El Protocolo de Kioto.

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Debido a la importancia que tuvo en su momento y a que sentó las bases de compromisos que se fueron gestando con
posterioridad en la materia, el Protocolo de Kioto7 ocupa un lugar de preponderancia en la evolución del Derecho Internacional
Ambiental.

En el año 1997, en el marco de la Convención sobre Cambio Climático adoptada cinco años antes, se llevó a cabo la Tercera
Conferencia de las Partes de dicha Convención. En ella se elaboró y suscribió el Protocolo de Kioto, que buscaba comprometer a
los países que lo ratificaran a reducir la emisión de los principales gases conocidos como GEI (gases de efecto invernadero), que
son el Dióxido de carbono (CO2), el Óxido nitroso (N2O), el Metano (CH4), los Hidrofluorcarbonos (HFCs), los Perfluorcarbonos
(PFC) y el Hexafluoruro de azufre (SF6). Dicha reducción debía tomar como referencia los niveles de emisión generados en el año
1990.

El Protocolo preveía que su entrada en vigencia se produjera con posterioridad a su ratificación por 55 países que concentraran,
a su vez, el 55 % de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial. Durante varios años el número de países
ratificantes se mantuvo en 54 hasta que finalmente, y de modo sorpresivo, Rusia lo ratificó a fines de 2004 y el Protocolo entró
en vigencia al año siguiente.

El aporte principal del Protocolo radicó en la regulación de una serie de mecanismos flexibles para lograr la reducción de gases
que favorecen el calentamiento global: el desarrollo limpio (MDL), la Comercialización de Emisiones y la Aplicación conjunta.

El Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) permite a los gobiernos de los países industrializados (mencionados en el Anexo del
Protocolo) y a las empresas, suscribir acuerdos para cumplir con las metas de reducción impuestas, invirtiendo en proyectos de
reducción de emisiones en países en desarrollo (no incluidos en el Anexo) como alternativa para adquirir reducciones
certificadas de emisiones (RCE).

El Comercio de Derechos de Emisión implica que los países industrializados (contenidos en el Anexo) pueden comprar o vender
una parte de sus derechos de emisión a otros países también industrializados. Los países que reduzcan sus emisiones más de lo
estipulado, superando así el compromiso asumido, podrán vender ese “crédito” excedente a aquéllos países cuyas metas sean
más difíciles de alcanzar. Es lo que se ha conocido como el comercio de “bonos de carbono”.

El último instrumento es la Aplicación Conjunta (AC), que sirve para regular proyectos de cooperación entre países obligados a
contener o reducir sus emisiones, de manera que la cantidad de ahorro gracias a nuevas tecnologías, se comparte entre los
participantes de los proyectos.

La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible de Johannesburgo de 2002.

El mismo año en que tuvo lugar el Protocolo de Kioto, la Asamblea General de las Naciones Unidas convocó a una nueva Cumbre
Mundial, que se desarrolló finalmente entre el 26 de agosto y el 04 de septiembre de 2002 en la ciudad de Johannesburgo,
Sudáfrica.

En contraste con lo ocurrido diez años antes, los resultados fueron bastante magros y apenas si se pudieron mantener los
compromisos ya asumidos, siendo escasos los avances que pudieron obtenerse a través de los dos instrumentos que resultaron
aprobados: la Declaración Política y el Plan de Aplicación de las Decisiones de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible.

En cuanto a la Declaración Política, la misma hizo hincapié en la necesidad del fortalecimiento del desarrollo sustentable,
poniendo especial atención en la dimensión social del mismo. Los temas abordados giran en torno a la necesidad de eliminación
de la pobreza, de la promoción de estándares de consumo sustentable y del aprovechamiento racional de los recursos para
alcanzar un desarrollo social y económico equitativo.

La Declaración admite que el deterioro del ambiente no ha logrado detenerse, pues continúa la pérdida de biodiversidad, se
siguen agotando las poblaciones de peces; la desertificación avanza y los efectos adversos del cambio climático son cada vez más
evidentes. Para peor, agrega, la globalización confiere a estos problemas una dimensión compleja, pues los mayores costos de
esta conflictividad socio ambiental los soportan mayormente los países en desarrollo.

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Frente a ello propone el multilateralismo como alternativa para superar la situación descripta, a través de la acción de
instituciones internacionales y multilaterales más eficaces, democráticas y responsables de sus actos y no sólo mediante la
adopción de decisiones sobre objetivos y calendarios sino también mediante asociaciones de colaboración.

También la Declaración pone el acento en el rol que corresponde al sector empresario, destacando que las empresas privadas
deben asumir la plena responsabilidad de sus actos en un entorno regulatorio transparente y estable.

A su turno, el Plan de Aplicación de las Decisiones de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible9 menciona y desarrolla
estrategias concretas para el abordaje de los problemas mencionados con anterioridad, entre los que se sobresalen la
erradicación de la pobreza, la modificación de las modalidades insostenibles de consumo y producción, la protección y gestión
de la base de recursos naturales del desarrollo económico y social, el desarrollo sostenible en un mundo en vías de globalización,
la salud y el desarrollo sostenible, el desarrollo sostenible de los pequeños Estados insulares en desarrollo, el desarrollo
sostenible para África, y otras iniciativas regionales referentes al desarrollo sostenible para las regiones de América Latina y el
Caribe, Asia y el Pacífico, Asia occidental y la Comisión Económica para Europa; incluyéndose un capítulo sobre los Medios de
Ejecución y otro sobre el Marco Institucional.

La Conferencia Río + 20.

La Conferencia de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas de 2012, también llamada Conferencia Río+20, se desarrolló
nuevamente en la ciudad de Río de Janeiro entre el 20 y el 22 de junio de 2012 y contó con la participación de delegaciones de
193 países, en muchos casos representados por sus propios Jefes de Estado.

Frente al fracaso que para muchos supuso la Cumbre de Johannesburgo, la convocatoria en Río representó una nostálgica y, a la
vez, esperanzada estrategia para renovar los logros alcanzados veinte años atrás.

Pero nuevamente la decepción fue el sentimiento predominante luego de concluido el encuentro. Una vez más un contexto
mundial negativo en materia económica (la mayor parte de las regiones del mundo se encontraban intentando salir de la
profunda crisis desatada entre los años 2008 y 2009) sirvió de marco para el logro de escasos consensos y la elaboración de un
muy extenso documento, El futuro que queremos10, que demuestra la dificultad que hubo en arribar a un texto claro, conciso y,
sobre todo, fructífero.

El documento síntesis de Río+20 no alcanzó a satisfacer las expectativas previas y los numerosos movimientos sociales y
organizaciones no gubernamentales asistentes –que llegaron a organizar un encuentro paralelo denominado Cumbre de los
Pueblos para la justicia social y ambiental– expresaron rápidamente su disconformidad y alzaron la voz protestando contra
algunos de los ejes de discusión que pretendían imponerse, sobre todo la economía verde, a la que adjudicaban el papel de un
mero maquillaje ecológico de una situación de desigualdad cuya esencia, en verdad, no pretendía modificarse.

La economía verde –definida por el PNUMA como aquella que da lugar al mejoramiento del bienestar humano e igualdad social,
mientras que se reducen significativamente los riesgos ambientales y la escasez ecológica– fue una propuesta encabezada
principalmente por los países desarrollados como respuesta a los desafíos ambientales y a la necesidad de promover el
desarrollo sustentable y la erradicación de la pobreza. Sin embargo, dicha estrategia, como hemos visto, lejos estuvo de concitar
adhesiones unánimes y, por lo demás, ha sido considerada por algunos prácticamente como letra muerta, al no haberse
generado ni compromisos nuevos ni herramientas novedosas para su concreción.

El fortalecimiento del marco institucional para el desarrollo sostenible –y en esa dirección, la consolidación del PNUMA como la
máxima autoridad mundial en materia ambiental- fue otro de los ejes sobre el que giró la discusión, pero sobre el cual tampoco
se obtuvieron innovaciones significativas. Aquí, la falta de acuerdo sobre el modo de financiamiento del proyecto, constituyó el
principal escollo.

También intentó poner el acento en la igualdad de género y en el rol de la mujer como actor fundamental en la búsqueda del
desarrollo sostenible, aunque se reconoce que aún falta mucho para que esa igualdad se materialice. Y sobre esta cuestión
también llovieron críticas, pues los textos emplean un lenguaje absolutamente voluntarista y declarativo, muy lejos de algunos
de los borradores previos a la Conferencia, que establecían medidas y directrices concretas para eliminar esas inequidades.

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En síntesis: las expectativas fueron muy altas al comienzo, pero los resultados fueron escasos al final.

El Acuerdo de Paris de 2016.

El último eslabón en este desarrollo, en este caso en materia de cambio climático, es el Acuerdo de Paris11, suscripto en 2015 y
cuya entrada en vigencia se produjo al año siguiente.

El Acuerdo de Paris resulta un complemento y una continuidad del Protocolo de Kioto de 1997. Logrado en el marco de la XXI
Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP21) implica un importantísimo avance, en contraste con lo
ocurrido en los años anteriores, en la lucha contra esta problemática, habiendo sido ratificado ya por alrededor de 190 países, lo
que lo convierte en un instrumento prácticamente unánime a nivel mundial.

Entre sus logros más importantes hay que destacar su decisión de fortalecer la respuesta mundial al cambio climático,
reafirmando un objetivo final de limitar el aumento de la temperatura mundial muy por debajo de los 2 grados centígrados
–manteniendo los esfuerzos para limitarlo a 1,5 grados– tomando como referencia los niveles pre-industriales.

Para ello establece que los Estados parte deben alcanzar cuanto antes el punto máximo de las emisiones de gases de efecto
invernadero (GEI) a nivel mundial, al tiempo que acepta que ese punto máximo llevará más tiempo a los países en desarrollo.

Incluye, asimismo, compromisos vinculantes de todas las Partes para preparar, comunicar y mantener una contribución
determinada a nivel nacional y aplicar medidas nacionales para lograrlos. Obliga a los Estados parte a comunicar sus
contribuciones determinadas a nivel nacional cada cinco años (que deberá suponer siempre una progresión con respecto a la
anterior) y a proporcionar información transparente. En este sentido diferencia los compromisos y las contribuciones según se
trate de países desarrollados o en desarrollo.

Otro de los aspectos importantes es el propósito que se fija en relación a aumentar la capacidad de adaptación de los países, el
fortalecimiento de la resiliencia y la reducción de la vulnerabilidad al cambio climático, en el contexto del objetivo de mantener
temperatura del Acuerdo. Su propósito es fortalecer significativamente los esfuerzos nacionales de adaptación, incluso mediante
el apoyo y la cooperación internacional.

En referencia a la responsabilidad, el Acuerdo de París reconoce la importancia de evitar, reducir al mínimo y hacer frente a las
pérdidas y a los daños relacionados con los efectos adversos del cambio climático, incluidos los fenómenos meteorológicos
extremos y los fenómenos de evolución lenta, y la contribución del desarrollo sostenible a la reducción del riesgo de pérdidas y
daños.

En línea con tal propósito, se reafirman las obligaciones de los países desarrollados de apoyar los esfuerzos de los países en
desarrollo para construir un futuro limpio y resistente al clima, al tiempo que se alienta por primera vez a otras Partes a que
presten o sigan prestando ese apoyo de manera voluntaria. En tal sentido se establecen mecanismos concretos, como la
creación del Mecanismo Financiero de la Convención, incluido el Fondo Verde del Clima (GCF) y la implementación de un marco
tecnológico –en el contexto del Acuerdo– para fortalecer las actividades de fomento de la capacidad mediante, entre otras
cosas, un mayor apoyo a las medidas de fomento de la capacidad en los países en desarrollo y los acuerdos institucionales
necesarios.

El Acuerdo también impulsa la educación, la formación, la sensibilización, la participación ciudadana y el acceso público a la
información sobre el cambio climático, como mecanismos de lucha contra el mismo.

Finalmente, impone la obligación de efectuar un “balance mundial” hacia 2023 y cada cinco años a partir de entonces,
evaluando el progreso colectivo hacia el logro de los objetivos del Acuerdo de una manera global y facilitadora. Dicho balance se
basará en la mejor ciencia disponible y en su objetivo mundial a largo plazo. Su resultado servirá de base para que las Partes
actualicen y mejoren sus medidas y apoyen y aumenten la cooperación internacional en la lucha contra el cambio climático.

Ver al final resumen textos: La evolución del Derecho Internacional del Medio Ambiente y El Acuerdo de París sobre el Cambio
Climático: sus aportaciones al desarrollo progresivo del Derecho Internacional y las consecuencias de la retirada de los Estados
Unidos.

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Los principios del Derecho Ambiental Internacional

Afirma la Dra. Zlata Drnas de Clément que “Los principios generales del Derecho Internacional Ambiental constituyen normas
consuetudinarias del Derecho internacional, que pueden estar expresadas en normas convencionales y estar conectadas en su
raíz a principios generales del derecho”12.

En efecto, los Principios Generales son modelos, estándares de actuación, reglas de tipo axiológico que determinan los derechos
y obligaciones que tiene el conjunto de los Estados y los demás sujetos que intervienen en el Derecho Internacional, relativos al
modo de tutelar el ambiente y los elementos y recursos que lo componen.

Esos principios algunas veces han nacido de la costumbre, otras veces han sido instituidos por la jurisprudencia, generalmente
están expresados en los instrumentos internacionales cuyo objeto es la regulación ambiental y conforman uno de los puntos de
partida para interpretar y aplicar todo el ordenamiento jurídico tendiente a la protección del ambiente en el plano global.

La doctrina no es del todo unánime en la enumeración y caracterización de los principios, no obstante, lo cual nosotros
enunciaremos y caracterizaremos brevemente a los siguientes, difiriendo su estudio más detallado a la bibliografía que
indicamos al final:

Principio de cooperación

Resulta indudable que desde hace ya bastante tiempo –quizá dicho punto de partida señale, al menos en forma figurada, el
nacimiento mismo del Derecho Internacional Ambiental– los Estados han comprendido que los grandes problemas y conflictos
ambientales que afectan al planeta (de los que ya hemos dado cuenta) precisan de una colaboración mutua y común entre los
mismos para poder encarar con algún tipo de proyección auspiciosa respuestas eficaces a dichos desafíos.

No es exagerado afirmar que buena parte de los cimientos propios de la normatividad internacional en materia ambiental se
edifican, directa o indirectamente, sobre la base de la cooperación a escala mundial que requiere la búsqueda de aquéllas
soluciones. Tanto es así que los principales instrumentos jurídicos de carácter internacional, vinculantes o no, invariablemente
refieren o remiten a este principio.

En tal sentido, es oportuno destacar la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo, elaborada en el marco de la
Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente desarrollada en Río de Janeiro en 1992, cuyo Principio N° 7 afirma, en términos
generales, que “Los Estados deberán cooperar con espíritu de solidaridad mundial para conservar, proteger y restablecer la salud
y la integridad del ecosistema de la Tierra…”. Complementariamente, el Principio 5 enuncia que “Todos los estados y todas las
personas deberán cooperar en la tarea esencial de erradicar la pobreza como requisito indispensable para el desarrollo
sustentable…”, al tiempo que están obligados a “aumentar el saber científico mediante el intercambio de conocimientos
científicos y tecnológicos, e intensificando el desarrollo, la adaptación difusión y la transferencia de nuevas tecnologías…”
(Principio N° 9), entre otros deberes de cooperación que impone dicha Declaración.

Ya la Declaración de Principios de Estocolmo de 1972 había afirmado la existencia del deber de cooperación en los Principios N°
13, 22 y 24.

Este principio de cooperación ha tenido un particular desarrollo en materia de prevención de la contaminación ambiental
transfronteriza, es decir, aquella que tiene origen en uno (o más) Estados, pero proyecta sus efectos más allá del mismo.

Principio de soberanía estatal

No resulta la contracara del principio de cooperación, pero sí en ocasiones representa un límite importante a la expansión del
mismo.

También mencionado en la mayoría de los convenios y tratados existentes sobre la materia, reconoce su origen en la
preexistencia (y, por qué no, también preponderancia) de los estados nacionales por sobre la formación de bloques o acuerdos
regionales y de instituciones de carácter internacional.

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Conforme al principio de soberanía “los estados tienen el derecho soberano de aprovechar sus recursos según sus propias
políticas ambientales y de desarrollo…” (Principio N° 2 de la Declaración de Río), que de inmediato agrega “… y la
responsabilidad de velar por que las actividades realizadas dentro de su jurisdicción y bajo su control no causen daños al medio
ambiente de otros Estados o de zonas que estén fuera de los límites de la jurisdicción nacional”

La segunda parte del enunciado importa una especie de contrapeso o, si se prefiere, un valladar al ejercicio de esta prerrogativa
por parte de los Estados nacionales que, inclusive, podría verse como un principio autónomo o una suerte de sub principio,
ubicado dentro del de soberanía. Al respecto señala la Dra. Drnas de Clement que “este principio es complementario del
principio de soberanía en tanto implica el deber de respetar idéntico derecho de soberanía de otros Estados…”13 siendo
evidente la interrelación existente entre ambos.

Un aspecto importante por destacar es que el principio de soberanía (o, más bien, el pleno ejercicio y defensa que efectúan los
Estados de sus soberanías), está bastante atado a los vaivenes que experimenta la economía mundial, de suerte que suele ceder
espacio en tiempos de “bonanza” económica –permitiendo de tal modo el avance de la idea de cooperación y el logro de metas
en tal sentido– y agigantando su figura en épocas de crisis, en resguardo de la situación política y económica propia de cada
Estado.

Principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas

Una de las principales dificultades que se presenta a la hora de aunar esfuerzos en pos de la búsqueda de soluciones a las
problemáticas ambientales, está dada por la disparidad existente entre la situación general de aquellos estados que han
alcanzado un nivel aceptable (o incluso superlativo) de desarrollo y aquéllos que aún no lo han podido hacer.

La tesis central sobre la que parece haberse arribado a un consenso más o menos general ha sido recogida, una vez más, en la
Declaración de Principios de Río ‘92: “… En vista de que han contribuido en distinta medida a la degradación del medio
ambiente mundial, los Estados tienen responsabilidades comunes pero diferenciadas. Los países desarrollados reconocen la
responsabilidad que les cabe en la búsqueda internacional del desarrollo sostenible, en vista de las presiones que sus sociedades
ejercen en el medio ambiente mundial y de las tecnologías y recursos financieros de que disponen” (Principio N° 7). El principio
de las responsabilidades comunes pero diferenciadas de los Estados resulta, así, un complemento y, por qué no, un elemento de
interpretación del principio de cooperación.

El nivel de desarrollo alcanzado por ciertos países se ha sustentado, en buena medida, en la explotación y sobre explotación que
han efectuado de los recursos naturales y en la contaminación y el calentamiento global que han generado en el planeta, razón
por la cual les corresponde ahora un mayor grado de compromiso en la búsqueda de la mitigación de los impactos ocasionados
y, al mismo tiempo, les genera la obligación de contribuir con aquellas regiones que aún no han podido alcanzar estándares de
calidad de vida siquiera mínimos.

La aplicación práctica (o el logro de eficacia) del principio no resulta tarea sencilla, sobre todo en virtud de las diferentes
interpretaciones que tiene el alcance del mismo –según el país de que se trate– que dista mucho de ser uniforme. Una notable
excepción a ello tuvo ocasión de producirse, en materia de cambio climático, en el Protocolo de Kioto. Allí los países
desarrollados asumieron obligaciones claramente más gravosas que los demás en materia de reducción de emisiones de gases
de efecto invernadero, conforme ha sido su contribución en materia de emisiones.

El principio de precaución

La formulación de este principio fue efectuada de modo amplio en la Declaración de Río ’92. Allí, el principio 15 enuncia que
“Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus
capacidades. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como
razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente”.

Cierto es que dicho enunciado no ha estado exento de críticas. En tal sentido se ha percibido negativamente el descenso a la
categoría de “criterio” en detrimento de la de “principio”, que en términos jurídicos resulta mucho más amplio y general. De

41
igual modo la alusión a los “costos” y a cómo ello puede impregnar de cierta “relatividad” al principio, ha sido juzgada como un
dato disvalioso.

No obstante, ello, es un aserto indiscutible que el principio de precaución ocupa un lugar de preponderancia en el moderno
Derecho Internacional, extendiendo incluso sus alcances e influencia más allá de lo ambiental.

La clave del mismo está en el rol que juega en él la incertidumbre, que es lo que lo diferencia del principio de prevención,
porque en el Principio de Precaución opera una suerte de prescindencia del ámbito científico a la hora de adoptar las medidas
conducentes para una adecuada tutela del ambiente.

En la conceptualización brindada por el art. 4 de nuestra Ley General del Ambiente se menciona, además de la falta de certeza
científica, a la ausencia de información como pretexto que no puede ser utilizado para evitar adoptar las medidas necesarias
para que el daño ambiental no se produzca, siendo esta la diferencia con la redacción de Río.

El principio del contaminador-pagador

Ya desde la década del ’70 del siglo pasado comenzó a ser mencionado como una regla de aristas fundamentalmente
económicas, pero su consagración definitiva llegó en 1992, en el Principio 16 de la Declaración de Río de Janeiro: “Las
autoridades nacionales deberían procurar fomentar la internalización de los costos ambientales y el uso de instrumentos
económicos, teniendo en cuenta el criterio de que el que contamina debe, en principio, cargar con los costos de la
contaminación, teniendo debidamente en cuenta el interés público y sin distorsionar el comercio ni las inversiones
internacionales.”

La idea del “contaminador-pagador” también fue objeto, a su turno, de marcada desconfianza, pues se advertía en ella un
salvoconducto para que las empresas pudieran continuar contaminando en el curso de sus procesos productivos, a condición de
que luego repararan económicamente el daño ocasionado.

Sin embargo, no es ese el enfoque correcto de la cuestión. Así, se ha dicho que “… en rigor el principio ‘quien contamina paga’
persigue sobre todo que el causante de la contaminación asuma el coste de las medidas de prevención y lucha contra la misma,
sin recibir en principio ningún tipo de ayuda financiera compensatoria. Se trata de un principio de ‘internali­zación’ de los costes
que conlleva el saneamiento de los efectos negativos de la contaminación sobre el medio ambiente, que deben ser soportados
por quien está en el origen de aquella. El principio busca de este modo invertir la tendencia a la ‘externalización’ de los costes en
cuestión, evitando su transferencia hacia terce­ros que, sin ser causantes de la contaminación, tendrían sin embargo que pagar
por ella”.

En razón de lo expuesto y contrariamente a lo que podría desprenderse de una lectura lineal del principio, la prevención juega
en él un rol fundamental pues siempre los costos de la misma son sensiblemente menores que los ocasionados por la
recomposición o por la reparación económica. Incluso si se acepta la posibilidad de adjudicar a este principio también una
función punitiva –es decir, de aplicar por su virtud sanciones, administrativas o penales, a quienes hayan realizado un daño
ambiental–, los costos de la misma también serán seguramente superiores a los preventivos.

Igualmente es importante entender que el término “contaminación” debe entenderse en sentido amplio, es decir, comprensivo
de toda alteración relevante que modifique negativamente el ambiente, sus elementos y recursos, el equilibrio de los
ecosistemas o los bienes o valores colectivos.

El principio de responsabilidad (o de reparación de los daños ambientales)

Tanto en la Declaración de Principios de Estocolmo de 1972 como en la de Río ’92, la formulación carece prácticamente de todo
tono vinculante, limitándose a ser una mera directriz de acción o, más bien, una recomendación. Dice el Principio 13 de Río: “Los
Estados deberán desarrollar la legislación nacional relativa a la responsabilidad y la indemnización respecto de las víctimas de la
contaminación y otros daños ambientales. Los Estados deberán cooperar asimismo de manera expedita y más decidida en la
elaboración de nuevas leyes internacionales sobre responsabilidad e indemnización por los efectos adversos de los daños
ambientales causados por las actividades realizadas dentro de su jurisdicción, o bajo su control, en zonas situadas fuera de su
jurisdicción.”
42
Como se visualiza, el planteo apunta a instruir a los Estados para que generen normatividad respecto de la indemnización debida
a quienes resultan damnificados por los procesos de degradación ambiental, pero sin establecer pautas orientadoras claras en
torno a cómo debe ser esa indemnización, quién debe hacer frente a la misma, bajo qué modalidades, etc.

Ello ha tenido como efecto el logro de mecanismos flexibles y endebles que, en la praxis, están marcados por el progresivo
abandono del terreno de la responsa­bilidad de los Estados en beneficio de los mecanismos de responsabilidad civil de los
particulares16.

Evaluación de Impacto Ambiental

Ya desde la Carta de la Naturaleza de 1982 ha adquirido condición de Principio autónomo, existiendo incluso instrumentos
jurídicos de carácter internacional dedicados exclusivamente a su tratamiento, como ocurre con el Convenio de la Comisión
Económica para Europa de las Naciones Unidas sobre la evaluación del impacto ambiental en un contexto transfronterizo,
suscripta en Espoo, Finlandia, en 1991.

A su tiempo, la Declaración de Río también consagró esta valiosa herramienta con tono imperativo, estableciendo en el Principio
N° 17 que “Deberá emprenderse una evaluación del impacto ambiental, en calidad de instrumento nacional, respecto de
cualquier actividad propuesta que probablemente haya de producir un impacto negativo considerable en el medio ambiente y
que esté sujeta a la decisión de una autoridad nacional competente”.

Participación ciudadana

Adquirió definitivamente carácter de Principio a partir de su consagración en la Declaración de Río de 1992, cuyo conocido
Principio N° 10 reza: “El mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos los ciudadanos
interesados, en el nivel que corresponda. En el plano nacional, toda persona deberá tener acceso adecuado a la información
sobre el medio ambiente de que dispongan las autoridades públicas, incluida la información sobre los materiales y las
actividades que encierran peligro en sus comunidades, así como la oportunidad de participar en los procesos de adopción de
decisiones. Los Estados deberán facilitar y fomentar la sensibilización y la participación de la población poniendo la información
a disposición de todos. Deberá proporcionarse acceso efectivo a los procedimientos judiciales y administrativos, entre éstos el
resarcimiento de daños y los recursos pertinentes”.

Desarrollo Sustentable

Es un modelo de desarrollo, pero, a la vez, también configura un principio del Derecho Internacional Ambiental, seguramente
uno de los más importantes.

El estudio en detalle de este Principio y de los de Evaluación de Impacto Ambiental y de Participación ciudadana será efectuada
minuciosamente en la Unidad IX.

Ver final para resumen del texto: Principios Generales del Derecho Internacional Ambiental como fuente normativa. El Principio
de Precaución.

El Daño Ambiental Transfronterizo

Un apartado especial en el estudio del Derecho Internacional del Medio Ambiente está reservado al análisis de lo que hace
algunos años se conocía como contaminación ambiental transfronteriza y que ahora se denomina lisa y llanamente daño
ambiental transfronterizo.

El daño ambiental transfronterizo es el impacto ambiental negativo producido o generado en un Estado pero cuyas
consecuencias se proyectan y extienden a otros Estados o regiones (aledañas o no). Este fenómeno seguramente fue uno de los
disparadores del comienzo de la preocupación de la humanidad por dar respuestas a la conflictividad ambiental.

En otros términos: el desarrollo de un Derecho Internacional del Medio Ambiente, es decir, de un conjunto de normas,
principios, valores e instituciones destinados a la tutela del ambiente y de sus recursos en el ámbito global y a regular las
relaciones jurídicas existentes entre los sujetos que interactúan en este sentido, en buena medida reconoce como antecedente

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inmediato la comprobación por parte de la comunidad mundial de este fenómeno, que seguramente se ha producido a lo largo
de la historia de la humanidad, pero cuya intensidad ha crecido en términos exponenciales a partir de mediados del Siglo XX.

El daño ambiental transfronterizo reconoce varias manifestaciones: a veces los conflictos se producen en un acotado espectro de
vecindad entre los estados, aunque luego dichos efectos comiencen a extenderse más allá de dichas fronteras (es lo que ocurre,
por ejemplo, con la contaminación atmosférica).

Otras veces se produce lo que en la actualidad algunos autores denominan “la exportación de los riesgos (o de las fuentes) de la
contaminación”.

Se alude con ello a ciertas prácticas muy usuales en el mundo contemporáneo. Algunas devienen inevitables como producto del
desarrollo de la ciencia, la tecnología, los medios de transporte, etc. y que, en cierto modo, no distinguen el “destinatario” de las
consecuencias negativas (que puede ser bien un estado, una región o incluso un espacio internacional sin dueño como por
ejemplo un océano): nos referimos a ciertas actividades, por ejemplo el transporte de sustancias peligrosas (petróleo, residuos
peligrosos o radioactivos, etc.) que no pocas veces ocasiona accidentes que traen aparejado un impacto ambiental inmenso.

Otras veces, en cambio, la exportación de los riesgos es un ejercicio premeditado, por ejemplo la práctica de muchos países
“desarrollados” que ubican las instalaciones contaminantes o peligrosas de sus empresas e industrias en paí­ses que se presentan
como “paraísos de la contaminación” (generalmente necesitados de inversión), exportando así los riesgos inherentes a dichas
actividades.

El cambio climático –sin dudas el desafío más grave que enfrenta la humanidad en términos ambientales– es también una
elocuente muestra de cómo la globalización, que en infinidad de dimensiones resulta signo inequívoco de nuestros tiempos,
también ha cobrado singular magnitud en materia ambiental, demostrando que los efectos negativos de las actividades
económicas, industriales, comerciales, etc. que se desarrollan en algunos sectores del planeta, rápidamente tienen incidencia en
otros tan distantes espacialmente, como en materia de desarrollo.

El estudio de este tema se complementa con el examen de algunos precedentes que registra la jurisprudencia internacional a lo
largo del último siglo y que resultan útiles para ver la orientación que han tenido los distintos estados u organismos
internacionales a la hora de dirimir dichos conflictos.

Sobresalen entre esos antecedentes los casos de la Fundición de Trail (1941), del Estrecho de Corfú (1949) y del Lago Lanoux
(1956). Ver final para el resumen del texto: “Responsabilidad internacional por daños transfronterizos”.

La evolución del Derecho Internacional del Medio Ambiente – José Juste Ruíz.

La dimensión planetaria del problema y la necesaria cooperación a escala mundial para abordar soluciones operativas, ha dado
lugar en los últimos años a una tupida red de normas e instituciones que configurar el Derecho Internacional del Medio
Ambiente.

Como rasgos señalados como constitutivos del derecho internacional del medio ambiente podemos mencionar: funcionalismo,
multidimensionalidad, confluencia de órdenes normativos distintos, antinomia entre la flexibilidad que constituye su
denominador común y el rigor apuntado en ciertas esferas. Pero sin duda el rasgo estructural más permanente de este derecho
es su extremada evolutividad, su constante adaptación a una realidad siempre cambiante, su incesante transformación,
normativa e institucional para la consecución de un objetivo que se escapa inevitablemente hacia el futuro. El Derecho
Ambiental presenta efectivamente una dependencia temporal más acusada que otras ramas del ordenamiento internacional.

Caracteres originarios del Derecho Internacional del medio ambiente

Tiene una cierta condición minimalista, es decir, una particular falta de rigidez; orientación eminentemente preventiva,
flexibilidad normativa e institucional, predominio de las normas de soft law. También posee otras limitaciones iniciales:

1. Limitaciones objetivas: tendencia a la sectorialización; al responder con urgencia su nacimiento a procesos de


degradación ambiental percibidos con cierto retraso histórico, las reglas protectoras internacionales se han ido
ordenando en torno de los cuatro sectores básicos de la biosfera: mar, aguas dulces, atmósfera, flora y fauna. Pese a
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su lógica, limita el concepto de ambiente y disminuye la eficacia operativa de estas reglas sectoriales por la
interacción natural entre esos elementos básicos. Constituye otra limitación objetiva el carácter geográfico de
algunas normas, que se limitan a espacios sometidos a soberanía/jurisdicción de los estados.

2. Limitaciones subjetivas: estados abordaron inicialmente la cuestión ejerciendo un protagonismo absoluto, dejando
escaso margen a la participación de los individuos.

3. Limitaciones normativas e institucionales: predominio de la fuente convencional, con compromisos jurídicos


establecidos en términos poco contundentes, acompañados de matizaciones reduccionistas y de prescripciones
condicionales, o, en ocasiones, abiertamente potestativas. En el plano institucional, no se ha creado a escala
mundial ningún organismo especializado, como la UNESCO, sino un simple Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente (eficaz pese a su modestia estructural).

4. Limitaciones de Responsabilidad Internacional: ausencia de todo recurso a los mecanismos de la responsabilidad


internacional.

Caracteres innovadores de derecho internacional del medio ambiente

Adquirió con el paso del tiempo una dimensión expansiva que le ha llevado al desbordamiento progresivo de sus
limitaciones iniciales.

● Expansión objetiva: agua, tierra, aire, flora y fauna constituyen un continuum cuyo mantenimiento y protección no
cabe realizar separadamente. Por ello se ha hecho progresivamente patente la necesidad de establecer reglas
transectoriales, centradas en la regulación de los agentes susceptibles de producir un daño medioambiental con
relativa independencia de los sectores afectados. Así, ha surgido una reglamentación cada vez más extensa en
relación a agentes contaminantes, desechos, substancias tóxicas y peligrosas, etc., dotadas por su propia naturaleza
de una dimensión transectorial. Por lo demás, el proceso de expansión de la normativa medioambiental
internacional se ha incrementado hasta alcanzar en algunos casos una dimensión verdaderamente global o
universal. Con ello se ha manifestado una nueva evidencia de que el medio ambiente constituye un patrimonio
mundial cuyo mantenimiento afecta a toda la humanidad.
● Expansión subjetiva: se deriva de su progresiva vinculación a la teoría de los Derechos Humanos. Se ha afirmado
así progresivamente el tránsito de la idea del Derecho del medio ambiente al derecho al medio ambiente, es decir,
la configuración del derecho a un medio ambiente saludable como uno de los DDHH de los ciudadanos del mundo.
Asimismo, se ha abierto camino progresivamente la idea de “participación del público” en los procesos de
elaboración y aplicación de las normas de carácter medioambiental, principalmente por la afirmación del derecho a
la información. La presencia del individuo se ha ampliado también en una dimensión temporal mediante la
progresiva toma en consideración no solamente de los intereses de las generaciones presentes sino también de los
de las generaciones futuras.
● Desarrollo normativo e institucional: asentamiento de los viejos principios y al afloramiento de otros nuevos. La
figura de la evaluación de impacto ambiental que ha pasado de ser una mera técnica de derecho interno a
configurar un principio inspirador de la acción protectoria internacional. Entre los principios que han interrumpido
con fuerza en los últimos tiempos está el “quien contamina paga” (polluer payeur) y el principio de precaución
(precautionnary principle). Estas transformaciones normativas se han visto llamadas a producir un impacto paralelo
en el plano institucional.
● Expansión de la Responsabilidad internacional: se ha perfilado así progresivamente la noción de responsabilidad
internacional de los Estados por las consecuencias perjudiciales de actos no prohibidos por el Derecho
Internacional, principalmente en el campo medioambiental. Por otra parte, en el terreno de la imputación, se ha
producido también una tendencia a la ampliación de los supuestos en los que el Estado se debe atribuir la
conducta originaria de una violación de una obligación medioambiental internacional; es decir, que deben asumir
autoría mediata de aquellos daños medioambientales de carácter internacional que resulten de acciones de
particulares que actúen con su autorización, dentro de su jurisdicción o bajo su control.

45
Conclusión: sin que pueda hablarse de un derecho de injerencia, cabe señalar también que mediante convenios se han
establecido mecanismos que suponen una cierta cantidad de control institucional de la conducta de los Estados, para
garantizar el cumplimiento de las obligaciones medioambientales asumidas.

PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO INTERNACIONAL AMBIENTAL COMO FUENTE


NORMATIVA. EL PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN. Zlata Drnas de Clément.
Los principios generales del Derecho internacional ambiental constituyen normas consuetudinarias del Derecho
internacional, que pueden estar expresadas en normas convencionales y estar conectadas en su raíz a principios generales
del derecho. Los más reconocidos principios del Derecho internacional ambiental son: prevención, precaución,
sustentabilidad, cooperación, subsidiariedad, patrimonio, multifactorialidad. Nos detendremos en el principio de
precaución, por ser el que ha dado lugar a mayores discusiones sobre su naturaleza y alcance y por ser uno de los más
críticos a la luz de los cambios globales de nuestro tiempo; punto de inflexión de la más alta sensibilidad a la hora de definir
los límites de los desarrollos científicos y tecnológicos y la relación entre comercio y ambiente; eje del desarrollo
sostenible.
Los principios generales del derecho internacional ambiental como fuente normativa. Las fuentes formales tienen
un proceso creativo, formativo, si bien, frecuentemente, en la doctrina se ha confundido el proceso/procedimiento de
formación de la norma con el resultado del proceso: la norma en sí. Es de observar que el Art. 38 del Estatuto de la Corte
Internacional de Justicia (ECIJ) -al que suele tomarse como base para el estudio de las fuentes del Derecho internacional-
hace referencia a las fuentes como normas en estado de aplicabilidad y no al procedimiento de formación de las mismas,
más allá de que al definir las mismas haga referencia al proceso.
Hemos señalado al inicio que los principios generales del Derecho internacional ambiental constituyen normas
consuetudinarias. La costumbre, que es fuente de derecho incontestable en la doctrina, tiene un rol de esencial
importancia para el funcionamiento general del Derecho internacional dadas las imperfecciones que presenta el sistema.
Constituye el único medio de formación de las normas (reglas) generales, aplicables al conjunto de los sujetos de derecho
internacional. Ello no impide que puedan formarse costumbres regionales, locales o institucionales.
Frecuentemente, se ha señalado que buena parte de los acuerdos ambientales multilaterales constituye soft law
(derecho blando, derecho en agraz, droit douce, droit vert, lege ferenda), de fuerza jurídica similar a las meras
declaraciones o a las resoluciones recomendatorias de organizaciones internacionales, con más fuerza estimulativa que
legal. Sin embargo, ello no impide que estos actos enuncien o devengan normas consuetudinarias (hard law, droit dur, droit
mur, derecho en sentido estricto, lege lata).
El alto número de Estados Partes de numerosos acuerdos ambientales multilaterales que disponen sobre
principios generales del derecho internacional ambiental lleva a cuestionarse sobre el valor jurídico de los mismos,
más allá de que un Estado sea parte o no de él, es decir, como manifestación de norma consuetudinaria. Se podrá
objetar que por alto que sea el número de Estados Partes en los acuerdos ambientales multilaterales, ese número no
conforma una generalidad, la “comunidad internacional en su conjunto”.
Principio de precaución. La primera aplicación del principio cautelar se estima que fue la disposición
gubernamental londinense de quitar la manija de la bomba de agua de la calle Broad (Saint James-Londres), a
recomendación del médico-investigador John Snow (1854), por relacionar (sin probar relación causal) el alto número
de contagiados por el cólera (500 muertos en 10 días) en un área definida de la ciudad con la calidad del agua potable
de la bomba ubicada en el sector. Snow hizo presente que el costo potencial de estar equivocado al removerla era
menor que el de ignorar la duda.
La diferencia sustancial entre el principio de precaución y el de prevención radica en la certeza del riesgo que
importa determinada acción u omisión. La precaución constituye un comportamiento de “buen gobierno”, en
principio, de carácter voluntario, llevado adelante en ejercicio del derecho de soberanía e imperio de un Estado u otro
sujeto de derecho, el que, en su gestión, ante la duda de que una actividad pueda ser riesgosa para el medio
ambiente, prefiere limitarla o prohibirla, privilegiando las seguridades de lo conocido. A diferencia de la precaución, la
prevención (“diligencia debida”), es un deber de los Estados, verdadero eje de articulación entre el lícito y el ilícito
internacional, dada la certeza del riesgo que ciertas actividades importan. En expresión resumida, podemos afirmar
que la precaución basa su acción en el riesgo dudoso en tanto la prevención en el riesgo cierto (daño dudoso).
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En el plano internacional, los primeros documentos que han considerado el comportamiento precautorio han
sido: la Carta Mundial de la Naturaleza y las Conferencias sobre Protección del Mar del Norte. Numerosos otros
instrumentos internacionales, de modo expreso o tácito, se han ocupado del PP. Entre ellos se destacan: El Convenio
de Viena para la Protección de la Capa de Ozono (1985), La Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo
(1992), La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (1992), La Convención sobre la
Diversidad Biológica (1992).

EL ACUERDO DE PARÍS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO: SUS APORTACIONES AL DESARROLLO


PROGRESIVO DEL DERECHO INTERNACIONAL Y LAS CONSECUENCIAS DE LA RETIRADA DE LOS
ESTADOS UNIDOS. Teresa Fajardo del Castillo.
Las negociaciones que desembocaron en su adopción barajaron hasta el último momento cuál sería la forma
jurídica que debía adoptar el instrumento internacional que diera continuidad a los compromisos de la Convención
Marco y sustituyera al Protocolo de Kyoto. La fórmula finalmente elegida, para sorpresa de todos los que siguieron las
negociaciones en los últimos años 4, fue la de un tratado internacional que, no obstante, se caracteriza por tener
grandes zonas de penumbra 5 en las que es difícil distinguir el carácter normativo de sus disposiciones. El carácter soft
de gran parte de ellas es lo que hizo posible inicialmente que Estados Unidos se convirtiera en uno de sus Estados
parte, ya que como afirmara el entonces Secretario de Estado norteamericano John Kerry, el Acuerdo carecía de valor
vinculante en sí mismo y las obligaciones asumidas traían su fuente de la Convención Marco sobre el cambio climático
(Convención Marco). La decisión de Estados Unidos de abandonar el Acuerdo tras la elección del Presidente Trump,
abre un periodo de incertidumbre sobre su futuro, su naturaleza jurídica y su eficacia. Mientras tanto, la presencia de
Estados Unidos en las instituciones vinculadas a la Convención Marco y al Acuerdo de París puede ser nociva y truncar
el desarrollo de los objetivos acordados en París.
Una década más tarde, Estados Unidos y China y las nuevas potencias emergentes son los principales
responsables de las emisiones mundiales de CO2 y los que en última instancia podrían encontrar una solución a este
problema mundial, que solo podrá ser revertido si ellos asumen los necesarios compromisos de mitigación,
reduciendo sus emisiones. El cambio de responsables supuso inicialmente un cambio de enfoque normativo del
problema.
Estados Unidos frente al Acuerdo de París: quien puede lo más puede lo menos —o no— de conformidad con
el art. 4.11 del Acuerdo de París. Los negociadores del Presidente Obama, partidarios de la permanencia, han llevado
a cabo una interpretación del art. 4.11 que permitiría a los Estados Unidos modificar a la baja el compromiso de
reducir las emisiones del 26-28 por 100 por debajo de los niveles de 2005 para 2025 sin tener que abandonar el
Acuerdo. Esta interpretación también legitimaría políticamente la batería de medidas adoptadas por el Presidente
Trump para cumplir con su compromiso electoral de revertir la política climática del Presidente Obama, y que han
tenido por objeto suprimir o debilitar las medidas más importantes en materia de reducción de emisiones. No
obstante, lo más relevante de esta interpretación es que sería un freno para cualquier tipo de acusación internacional
o doméstica sobre la ilegalidad de dichas medidas.
La responsabilidad internacional por los daños medioambientales causados por el cambio climático. Para
evitar el naufragio del Acuerdo de París, la Conferencia de París decidió que se excluyera expresamente la
responsabilidad, como queda reflejado en la decisión última para su adopción. Por ello, en su texto no hay una
referencia a la responsabilidad internacional pero sí se incorpora una manifestación soft a través de la confirmación
del mecanismo que había sido adoptado en la CoP de 2013 en Varsovia sobre daños y pérdidas. Sin embargo, esta
solución final de compromiso no impedirá que en el futuro las Partes puedan subsanar esta omisión o adoptar una
enmienda al art. 8 del Acuerdo de París para incorporar la responsabilidad.
A pesar del relativo éxito alcanzado por los Estados insulares con la adopción del Mecanismo de Varsovia,
estos no han renunciado por ello a sus reivindicaciones relativas a la responsabilidad internacional. Así, en las
declaraciones individuales realizadas por los Estados insulares en el momento de la firma del Acuerdo de París y que
reiteraron luego en el momento de su ratificación, han puesto en evidencia esta gran carencia del Acuerdo y la falta de

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voluntad que han encontrado por parte de los Estados desarrollados a la hora de asumir —cualquiera que esta sea—
su responsabilidad por este tipo de daños, ya sean presentes o futuros en el marco del acuerdo vinculante.

Texto “Responsabilidad internacional por daños transfronterizos”.

Jurisprudencia internacional por daños transfronterizos


En el presente capítulo nos hemos propuesto llevar a cabo el análisis de algunos de los casos más significativos para la
comprensión de la responsabilidad que pueda llegar a generarse por la producción de daños transfronterizos en
derecho internacional.
Solo el estudio cuidadoso de la jurisprudencia internacional y de la práctica diplomática nos puede permitir una
evaluación real del alcance y del contenido de la posible inserción en derecho internacional de un principio de
responsabilidad aplicable al caso de víctimas de daños transnacionales fuera de los marcos clásicos de imputabilidad
por hecho ilícito.
El problema que sigue aún sin resolver en forma definitiva en el derecho internacional positivo es aquel de saber si un
Estado será responsable de todo daño ocurrido en el ámbito de su jurisdicción, y que produce consecuencias
perjudiciales fuera del mismo, o bien si el deber de la debida diligencia sigue siendo la medida y criterio para la
evaluación de sus derechos y obligaciones.
Importancia del caso Trail Smelter
El precedente sentado por el arbitraje de Trail Smelter entre Estados Unidos y Canadá ha sido considerado por la
doctrina como el locus classicus de los principios jurídicos aplicables a la contaminación transfronteriza, afirmándose
que toda discusión sobre el derecho internacional general relativo a la contaminación debe comenzar y forzosamente
terminar con el examen y mención de dicho arbitraje.
Para comenzar el acuerdo de arbitraje es en sí de gran relevancia, en la medida en que ya se consagra en el
instrumento mismo la responsabilidad del Estado por actos de contaminación cuyo origen se encuentra dentro de su
propio territorio, ocasionando daños en el territorio de terceros Estados porque además es prueba de la insuficiencia
de la técnica de la responsabilidad para solucionar el diferendo, necesitándose ir más allá; esto es, hacia una
reglamentación común y una cooperación entre los Estados interesados.
Arbitraje de la Fundición de Trail
El río Columbia tiene su fuente en el dominio de Canadá. En un sitio dentro de la Columbia Británica denominado
Trail, el río pasa al lado de una fundición localizada en una garganta, y en donde se realiza la fundición de grandes
cantidades de zinc y de plomo. La distancia de Trail a la línea fronteriza es de aproximadamente once millas siguiendo
el curso del río.
En 1896 se había establecido una fundición cercana a la localidad conocida como Trail bajo el patrocinio
norteamericano. Para 1906, la empresa denominada Consolidated Mining and Smelting Company of Canada adquirió
la propiedad de la planta de fundición de Trail.
Desde esa época, la Canadian Company va a explotar sin interrupción la mencionada fundición, ampliándola en forma
periódica hasta llegar a convertirla en una de las mejores equipadas y más exitosas fundiciones de aquellos años, con
lo cual provocó una más intensa descarga en el aire de gases de bióxido de azufre en concentraciones y cantidades
cada vez mayores.
Hasta finales de 1931 se constataron daños en el estado de Washington como consecuencia de las emanaciones de
bióxido de azufre provenientes de la Fundición de Trail. Al presentar varios granjeros quejas por daños ocasionados a
sus propiedades, la compañía les comenzó a otorgar indemnización por los perjuicios argüidos.
La cuestión de las emanaciones y daños causados fue presentada a nivel oficial por vez primera por medio de una
comunicación del cónsul general de Estados Unidos en Ottawa dirigida al gobierno de Canadá, en junio de 1927. Más
tarde, en diciembre de ese mismo año, el gobierno de Estados Unidos propondría al gobierno de Canadá que los
problemas surgidos como consecuencia del funcionamiento de la Fundición Trail fueran remitidos a la Comisión
Internacional Conjunta, a fin de llevar a cabo una investigación y presentar un informe, de conformidad con el artículo
IX de la Convención entre Estados Unidos y Gran Bretaña, del 11 de enero de 1909.

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El 28 de febrero de 1931 la Comisión estableció en forma unánime que todos los daños pasados y todos los que se
ocasionaran hasta el 1ro. de enero de 1932 serían compensados con la suma de $350,000 dólares, recomendando
además que se pusieran en funcionamiento varias medidas con objeto de reducir las emanaciones de gases
perjudiciales.
Sin embargo, dos años después del rendimiento del anterior informe, el gobierno de Estados Unidos se dirigía al
gobierno de Canadá para comunicarle que las condiciones existentes eran por completo insatisfactorias y que los
daños causados a los cultivos continuaban siendo de gran envergadura, por lo cual se reanudaron con ello las
negociaciones diplomáticas.
Acuerdo Especial de Arbitraje de 1935
El anterior estado de cosas llevó a las partes interesadas a la celebración de un acuerdo internacional de arbitraje para
la solución del diferendo, firmado en la ciudad de Ottawa el 15 de abril de 1935.
El laudo arbitral del 16 de abril de 1938
En su laudo arbitral de 1938, la comisión arbitral se ocupa primeramente del estudio detallado del clima y de la
topografía de la región, y de un análisis minucioso de la dirección de los vientos y de las corrientes y sus efectos sobre
los cultivos presupuestamente afectados por la contaminación.
La comisión arbitral, después de considerar varios puntos de vista sobre la teoría del mecanismo de distribución de
gases y no considerando aquélla completamente aceptable, llega a la conclusión de que con base en la comparación y
en el estudio minucioso de los datos suministrados por ambos gobiernos, en numerosas ocasiones las emanaciones
aparecen en forma prácticamente simultánea en puntos situados a muchas millas de distancia entre sí a lo largo del
valle, constatándose esto último especialmente durante la estación de crecimiento de las tierras de labor.
Así, el tribunal es de la opinión que los humos que emanan de las chimeneas del Trail Smelter penetran en las
corrientes superiores de aire y son transportados por las mismas en un movimiento relativamente continuo a lo largo
del valle, siempre y cuando el viento prevaleciente a ese nivel se encuentre en esa dirección.
El tribunal procede después a la consideración de las diversas clases de daños invocados por Estados Unidos: daños
sobre las tierras cultivables, daños sobre las tierras no cultivables, daños sobre el ganado, daños con respecto a las
propiedades en la ciudad de Northport, daños con respecto a las empresas comerciales y daños respecto del agravio
ocasionado a los Estados Unidos por violación de su soberanía.
El tribunal examinó todos y cada uno de los diversos tipos de daños arriba mencionados, y la mayoría de ellos fueron
descartados por la Comisión como daños que dan lugar a indemnización, ya sea en virtud de que aquellos no habían
sido fehacientes comprobados, o de que se les consideraba como demasiado indirectos, remotos o inciertos.
Violación de soberanía
Sin embargo, en relación con la demanda por daños por el supuesto agravio causado a Estados Unidos por violación
de su soberanía, es importante señalar el razonamiento sobre el que se basó la comisión arbitral para desechar la
pretensión.
El tribunal manifestó que por lo que se refería a tal cuestión, no consideraba necesario decidir si los hechos probados
constituían o no una infracción o violación de la soberanía de acuerdo con el derecho internacional, en virtud que de
conformidad con el acuerdo de arbitraje, las partes contratantes sometieron ante la consideración del tribunal las
cuestiones relativas a la existencia de daños ocasionados por el Trail Smelter en el estado de Washington y a la
indemnización que se debería otorgar por los mismos, y el gobierno de Canadá asumió bajo el artículo XII el
compromiso de asegurar el debido cumplimiento del laudo arbitral.
El tribunal opina que no era intención de las partes incluir las sumas de dinero gastadas por Estados Unidos en la
investigación realizada de los problemas creados por el funcionamiento del Trail Smelter, que es lo que precisamente
el gobierno norteamericano califica en su declaración como daños basados en la “violación de soberanía”.
Obligación de abstenerse de ocasionar daños en el futuro
Es precisamente a propósito de la respuesta a la segunda cuestión del artículo III de la Convención, relativa a la
abstención por parte de la Fundición Trail de causar daños en el futuro al estado de Washington, que la comisión va a
abordar los aspectos jurídicos de la responsabilidad que han hecho célebre la sentencia dictada en ocasión de este
importante precedente.

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Los árbitros reconocen que tanto en la doctrina como en la jurisprudencia internacionales existe unanimidad de
criterio en reconocer que el Estado tiene en todo momento el deber de proteger a los demás Estados contra actos
lesivos cometidos por individuos que se encuentran bajo su jurisdicción (por lo demás esto no fue nunca cuestionado
por Canadá). Pero la verdadera dificultad residía en determinar aquello que realmente debía ser considerado como un
acto lesivo.
Inspirándose particularmente en precedentes de la Corte Suprema de Estados Unidos, el órgano arbitral llega a la
siguiente conclusión:
El tribunal, en consecuencia, considera que las decisiones arriba mencionadas, tomadas en su conjunto, constituyen
una base adecuada para sus conclusiones, a saber, que de acuerdo con los principios del derecho internacional, así
como el derecho de los Estados Unidos, ningún Estado tiene el derecho de usar o permitir el uso de su territorio de
manera tal que por emanaciones de gases se ocasionen daños dentro del territorio de otro Estado o sobre las
propiedades o personas que ahí se encuentren, cuando se trate de consecuencias graves y el daño sea determinado
mediante pruebas ciertas y concluyentes
Naturaleza de la responsabilidad
L. F. E. Goldie ha sostenido en repetidas ocasiones a través de un buen número de estudios y conferencias, que la
naturaleza de la responsabilidad que se desprende del laudo arbitral del Trail Smelter es una típica responsabilidad
objetiva, en el sentido de una responsabilidad sin culpa. Igualmente, el profesor W. Jenks parte de la idea de que el
tribunal en forma implícita sostuvo la responsabilidad de Canadá por la naturaleza de las operaciones de la fundidora,
en particular porque ninguna prueba fue aportada en relación con una supuesta negligencia por parte de Canadá.

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