REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL
“SIMÓN RODRÍGUEZ”
NÚCLEO CANOABO - DR. “FÉLIX ADAM”
TOPARQUÍA
AUTOR:
TUTOR:
Msc. Wilmer Moreno
Dra. María Magdalena Manríque
Abril, 2023.
La Revolución Bolivariana se abrió paso en la sociedad venezolana desde una
declaración refrendada por vía del voto popular en 1999: “Venezuela se constituye
en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como
valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la
libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad
social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el
pluralismo político”, reza el Artículo 2 de la Constitución que refunda a la
República y que la define como “bolivariana”. Esta declaración inicia una
“transición” para proponer en el terreno de lo concreto estos conceptos
elementales del contrato social constitucional.
Para el presidente Hugo Chávez, el largo tránsito del dicho al hecho implicaba el
desarrollo de una importante y compleja remodelación del país. Las bases
jurídicas, pero también las bases materiales y existenciales de Venezuela debían
cambiar para alcanzar un estadio de sociedad más plural, más democrático, más
responsable, más justo y más libre. En 2006 fue aprobada la primera ley de
Consejos Comunales, una primera experiencia que dio cuerpo jurídico, a modo de
prototipo, a los vínculos naturales que la organización popular venía desarrollando
con las instituciones del Estado venezolano en un proceso de redimensionamiento
y apertura de estas a los frentes de gestión social, por orden y acción del Ejecutivo
Nacional. Aquella experiencia legislativa, que hoy consideramos incipiente,
intentaba darle cualidad de estructura y organización a las formas anteriores de
asociación, desde las Asociaciones de Vecinos hasta las organizaciones no
formales cimentadas en la vida comunitaria, la tradición, las necesidades sentidas,
las demandas poblacionales, la cultura y la ideología.
La idea de los Consejos Comunales fue profundamente inclusiva desde sus
inicios: todo integrante de una comunidad es parte del Consejo Comunal, pero
también hay entre ellos quienes asumen el rol activo de conformar alguno de los
órganos o comisiones de la organización. Al mismo tiempo, el Consejo Comunal
agrupa a todas las organizaciones en el territorio delimitado de la comunidad, que
es el ámbito de acción de ese Consejo y, con ello, también conjuga sus
aspiraciones y acciones por el bien común. La declaración política de estas
instancias nucleares de la organización social era un principio y una consigna,
ejercer, léase bien esa palabra, la democracia participativa y protagónica. El
concepto desplazó la creencia practicada de la democracia representativa, anterior
al chavismo, activa solo a través del voto, pasiva en los demás aspectos de la vida
de la comunidad y del país. Aquel esquema era por defecto un ejercicio de la
política delegada, aupada desde las bases materiales y subjetivas del
neoliberalismo, la atomización y el individualismo, propia del país varias veces
avasallado y mutilado que, en gran medida, estaba impedido para el auto-
reconocimiento y el encuentro. Chávez proponía a cambio, acudir al ejercicio de
un poder logrado por el pueblo de manera concreta a través de la Constitución,
pero también por ser, por vía de derecho, depositario del poder constituyente. La
propuesta era ejercer la democracia participativa y protagónica, cuestión para la
cual era obligación de los llamados “poderes constituidos” crear los mecanismos
para hacerla posible.
La evolución del impulso de las Comunas en Venezuela, admitámoslo sin tapujos,
entre voluntarismo, avances, regresiones, desvaríos y pequeñas victorias en el
espacio político de lo cotidiano, tiene como elemento transversal la disputa por la
construcción de lo nuevo frente a toda la “tradición” de fragmentación social y
disgregación de las aspiraciones sociales luego de la “tierra arrasada” varias
veces, la mutación del rentismo y la consolidación del modelo de relaciones
sociales y ocupación del territorio. La propuesta de las Comunas en construcción
va precisamente en empujar a un cambio de reglas, entiéndase, de las relaciones
sociales en el territorio que puedan concretarse mediante la modificación de las
pautas de organización político-administrativa, las relaciones económicas y, más
allá, la convivencia, la cultura, los imaginarios. La aspiración es profunda. Es un
proceso delineado por contradicciones y obstáculos. Adicionalmente a los factores
que han intervenido en este devenir y que recién fueron superficialmente
explicados, sobre las causas más sobresalientes de esas contradicciones que
confluyen en la construcción de las Comunas, es particularmente importante
detenernos en el aspecto subjetivo o existencial, el que refiere a los “sujetos”.
Rodríguez creía en la educación como vehículo para la liberación, lo cual era para
él un acto político. En otras palabras, la formación era un vehículo para formar
seres políticos que pudieran pensar la república desde las toparquías, desde los
propios adentros del país en un ejercicio de liberación pregonado y practicado
desde la infancia y para la vida en todos los órdenes. En efecto, la llamada Carta
de la Toparquía, que ya reseñamos en la primera parte de estas reflexiones, es una
carta al Coronel Anselmo Pineda escrita en Túquerres el 2 de febrero de 1847.
Este texto es emblemático dado que una de las grandes dificultades nuestras en
este tiempo ha sido interpretar a Rodríguez debido a que no escribió de forma
estructurada y lineal. Esta carta, que en gran medida es anecdótica, apenas
propone algunas frases que sintetizan el tamaño de su visión sobre la educación, la
política y los autogobiernos. Sobre la cohesión de la nación y el ejercicio del
poder afirmó:
“Los gobiernos republicanos no han de ser Tragaldabas, como los monárquicos.
Los vastos dominios se gobiernan mal, porque la dominación degenera en tiranía,
al paso que se aleja del centro. La influencia moral es al revés de la influencia
física; en esta se ve que los cuerpos inmediatos a un foco, se abrasan, mientras que
los distantes están fríos; por el contrario, la Administración más moderada es
despótica a lo lejos, por el abuso que los empleados hacen de sus facultades, al
favor de la distancia“.[22]
Para Robinson, las relaciones del ejercicio de poder necesario yacen en el lugar y
no desde la distancia. Una reflexión que en su tiempo era fácilmente susceptible
de interpretarse como un desvarío debido al pensamiento modernizante de esa
época y las propias realidades de los países sudamericanos arrasados por las
guerras de independencia lo imponían; Las repúblicas nacían cohesionadas desde
sus capitales hasta las tierras más inhóspitas en el ejercicio del poder centralizado
y vertical. Robinson proponía a cambio el ejercicio del poder local y con su
peculiar estilo de redacción llegó a mofarse con ironía de las trivialidades del
ejercicio de poder centralizado, pero al mismo tiempo exponiendo su
inconformidad: “El mejor gobierno, a larga distancia, es malo, y con las quejas
sucede al contrario. Salen vivas de la boca del quejoso, en el camino se
desvanecen, y llegan moribundas (si es que llegan) a los oídos del gobernante”.
[23]
La educación, la formación, entendida y practicada como un componente de por
vida para la vida, transversal para la organización y la liberación como acto
político, es también un vehículo para resolver las cuestiones de la vida cotidiana.
En esta carta, aunque Robinson declara sobre cuestiones para la enseñanza,
mediante quejas e inquietudes para consolidar su propuesta educativa en
Túquerres, su inquietud de fondo como tantas veces iba en la preocupación por las
cuestiones de lo cotidiano, el hambre, la pobreza. Extraer de su pensamiento
elementos aplicables a la realidad venezolana del siglo XXI implica nuevas
incertidumbres y una de ellas es el “cómo”. Considerando que la Venezuela del
año 2021 propone consolidar 200 ciudades comunales y afianzar las Comunas y
sus dinámicas territoriales, es necesario reconocer en este complejo proceso que
gran parte de la sociedad venezolana continúa ajena a construir estas iniciativas de
organización. Es, por razones de fuerza y cohesión política, solo una parte del
chavismo la que está proponiendo y emprendiendo ello, mientras una gran
mayoría permanece en la apatía, desconocimiento o indiferencia.
Consideremos que la sociedad venezolana, ha acumulado muchas causas para una
sedimentación del tejido político-social, a saber, el arrase continuo del territorio,
el advenimiento del rentismo como fuerza moduladora de la Venezuela moderna,
la penetración de la cultura neoliberal, sus fuerzas separadoras y desintegradoras
de los intereses sociales y su pregona del individualismo y de los sujetos
ensimismados, que son causas estructurales con implicaciones materiales
ineludibles y enormemente subjetivas. Por otro lado, los embates ya reseñados
que ha sufrido el chavismo (y el pueblo) por los nuevos desgarramientos a la
política y la economía del país, agravados por el bloqueo económico, la pérdida de
gran parte de la base financiera y material del Estado, a lo que ahora se suma la
pandemia y la necesidad de aplicación de medidas de distanciamiento social que
han impactado en la movilidad de buena parte del chavismo y, por ende, ha
acrecentado el alejamiento que se cristaliza en expresiones de desencanto,
despolitización y desafiliación política que causan una pérdida del empuje y
cohesión que hubo en años anteriores. En este marco de realidades, lo único que
persiste y que de hecho se ha acrecentado son las llamadas “demandas
poblacionales” y “necesidades sentidas” de la población en lo cotidiano. La
pregunta a resolver en esta trama es “cómo” dar el salto político para que la
construcción de las Comunas sea posible prevaleciendo en ella la suma de más y
nuevas voluntades para que estas fuerzas de lo popular hagan uso de las demandas
y necesidades como elemento de cohesión política y social, en un proceso de
amplitud, formativo, persistente, de incorporación de los sujetos para que “se
interesen en su suelo”. Las respuestas están en la ruptura de las segmentaciones
político-partidistas para que prevalezca el bien común como interés, como una
respuesta política y eficaz frente a las necesidades.
El 13 de diciembre de 2010 se firmó la Ley Orgánica de la Comunas con la
finalidad de activar esta entidad local para que las ciudadanas y los ciudadanos en
el ejercicio del poder popular ejerzan el pleno derecho de la soberanía y
desarrollen la participación protagónica mediante formas de autogobierno para la
edificación del Estado comunal, en contrapartida del Estado liberal burgués. Este
instrumento jurídico define el Estado comunal como: “… la forma de
organización político-social, fundada en el Estado democrático y social de
derecho y de justicia establecido en la Constitución de la República, en la cual el
poder es ejercido directamente por el pueblo, a través de los autogobiernos
comunales, con un modelo económico de propiedad social y de desarrollo
endógeno y sustentable, que permita alcanzar la suprema felicidad social de los
venezolanas y venezolanos en la sociedad socialista”.
La fórmula del Estado Comunal es la fracción formada por la suma de una
economía social más una educación popular, ambas sobre un Gobierno popular,
elevada al exponente cultura.
Para la construcción colectiva del Estado comunal se requiere un gobierno popular
descolonizador que haga de la educación popular fundamento de su praxis
revolucionaria para formar esas ciudadanas y ciudadanos que, a través de la
economía social, tomen las riendas de los medios de producción.
Para Simón Rodríguez el mejor Gobierno es una confederación de toparquías,
entendiendo estas como el poder de la gente de cada lugar que se plantea resolver
necesidades concretas a partir de las potencialidades de cada espacio preciso. Para
el autor de Luces y virtudes sociales “el producto de la tierra es la mejor
hipoteca”.
Desde que el comandante Hugo Chávez crea el 12 de septiembre de 2004 el
Ministerio del Poder Popular para la Economía Comunal -que pasa a llamarse el 3
de marzo de 2009 Ministerio del Poder Popular para las Comunas y Movimientos
Sociales y asume algunas funciones del desaparecido Ministerio del Poder
Popular para la Participación y Protección Social creado el 12 de julio de 2005-
las comunas han tenido mayor eficiencia en las zonas rurales.
La explicación de esto la da Simón Rodríguez: “… si los americanos quieren que
la revolución política que el curso de las cosas ha hecho, y que las circunstancias
han protegido les traiga verdaderos bienes, hagan una revolución económica y
empiécenla por los campos -de ellos pasarán a los talleres de las pocas artes que
tienen- y diariamente notarán mejoras, que nunca habrían conseguido empezando
por las ciudades…”.
Finalmente, la construcción del socialismo en la comunidad, en el territorio,
Simón Rodríguez lo trató de explicar por medio de la Toparquía, cómo se
gobierna en el territorio. “Ustedes son constructores del socialismo en lo
territorial, llevando a cabo la tarea más estratégica y estructural de la Revolución
Bolivariana. Lo que nos diferencia de cualquier proceso revolucionario,
progresista, de izquierda en el mundo, es la construcción del socialismo en lo
territorial y eso sólo lo podemos hacer por la vía de los Consejos Comunales, las
Comunas y los demás actores sumados a ese proyecto. Si el legado del
comandante Chávez fuese un cuerpo físico, ustedes, comuneras y comuneros,
serían el corazón, por eso es tan importante que lo llevemos con la mayor de las
pasiones y vigor”.
Referencias:
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, Artículo 2.
http://www.oas.org/dil/esp/constitucion_venezuela.pdf
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Artículo 347
En 2006, se promulga la Ley de los Consejos Comunales con la cual se busca
institucionalizar el vínculo de las formas organizativas de base con el
Estado, para promover la participación en el espacio local del poder popular
«en gestación», reafirmando su virtud en tanto su «proximidad» con las
esferas de acción reivindicativa de la población. En ese devenir, donde se
suman antagonismos políticos y esfuerzos de implementación de cambios
institucionales, el repertorio de las actuaciones públicas de los sectores
populares, definido por la lucha entre la lógica de sobrevivencia y la lógica
de reconocimiento, ha reforzado su afiliación comunitaria, localista, con
contenidos en el terreno material y simbólico.” Fernández Cabrera, Beatriz.
(2011). Los consejos comunales: continuidades y rupturas. Cuadernos del
Cendes Año 28. N° 78. Disponible en:
https://www.redalyc.org/pdf/403/40322698003.pdf
Ley Orgánica del Poder Popular. Asamblea Nacional de la República Bolivariana
de Venezuela. (2010). Disponible en:
http://www.superior.consejos.usb.ve/sites/default/files/LEY_ORGANICA_
DEL_PODER_POPULAR_09_12_10.pdf