Compraventa: Aspectos Legales en Argentina
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5. EXTINCIÓN DEL MANDATO El contrato de mandato puede cesar por diversas causas
previstas por las partes o dispuestas por la ley. Dentro de las previsiones legales
cabe mencionar lo que dispone al respecto el art. 1329 CCyCN. El primer inciso de la
norma incluye dos alternativas que hacen a lo estipulado por las partes de acuerdo a
la voluntad común, cuando incorporaron al contrato alguna modalidad especial,
como ser un plazo o una condición resolutoria. El transcurso del plazo produce ipso
iure su extinción, sin necesidad de declaración alguna de las partes; finalmente, el
acaecimiento del hecho condicionante al que se subordinó el mandato produce la
disolución del contrato sin efecto retroactivo, salvo pacto en contrario, tal como
lo dispone el CCyCN (art. 346).
6. Gestion de negocios
El código civil de vélez sarsfield no reguló autónomamente, como fuente específica
de obligaciones, al cuasicontrato. Sin embargo reguló la gestión de negocios y el
empleo útil. El nuevo ccc siguió el criterio adoptado por la moderna doctrina y el
derecho comparado. En los fundamentos del nuevo ordenamiento se señala, en tal
sentido, que “la tradición histórica, basada en el derecho romano, y luego francés,
admitió una clasificación cuatripartita de las obligaciones: el contrato,
cuasicontrato, delito y el cuasidelito. En este contexto, la gestión de negocios
ajenos y la repetición del pago de lo indebido fueron consideradas cuasicontratos y
así se enseña en muchas de las facultades de derechos del país. Sin embargo, la
mayoría de la doctrina actual considera innecesarias las categorías híbridas del
cuasicontrato y cuasidelito y se propone regular la gestión de negocios como una
fuente autónoma y la repetición del pago de lo indebido como una especie del
enriquecimiento sin causa. Esta es la tesis predominante, adoptada en el proyecto de
1998 y que seguimos en este anteproyecto”. Se coincide en sostener que la gestión de
negocios nace en el ámbito procesal, para representar al ausente citado en juicio.
Incluso, los ordenamientos procesales modernos han receptado el instituto,
confiriendo regulación expresa al gestor procesal (así art. 48 c.proc. Civ. Y com de la
nación). La gestión de negocios incide en dos reglas centrales del derecho privado
patrimonial cual es la ilicitud implicada en toda actuación en los negocios de otro –
de allí las cuestiones involucradas en la llamada “lesión al derecho de crédito”- como
la irrelevancia jurídica de todo lo actuado sobre la esfera ajena. No obstante, los
ordenamientos coinciden en admitir la figura con sustento en el principio de
solidaridad aunque sometiéndola a recaudos estrictos de procedencia. Se da
entonces prevalencia, en necesario equilibrio con la regla de no injerencia, al ánimo
altruista de prestar un servicio a otro, fundamento moral de la gestión de negocios
ajenos. Constituyen ejemplos clásicos de gestión de negocios el pago de una deuda
ajena, el ingreso a la casa de un vecino ausente para arreglar una cañería que se ha
roto y produce peligro de daños mayores, el alimentar a animales de otro.
2. Gestión de negocios. Caracterización. Requisitos. El art. 1781 dispone que “hay
gestión de negocios cuando una persona asume oficiosamente la gestión de un
negocio ajeno por un motivo razonable, sin intención de hacer una liberalidad y sin
estar autorizada ni obligada, convencional o legalmente”. Requisitos de procedencia:
A) realización de un negocio lícito ajeno: Los actos que lleva adelante el gestor
pueden ser tanto jurídicos como materiales, radicando allí una diferencia con el
mandato A su vez, los negocios o asuntos pueden ser singulares o múltiples.
B) ausencia de una liberalidad: Si bien el instituto de la gestión de negocios está
inspirado en un principio de solidaridad, lo que conlleva un cierto ánimo de beneficiar
al dueño, evidenciado en la falta de derecho a reclamar retribución. La actuación del
gestor sin intención de reclamar el reembolso de los gastos obsta al ejercicio por
éste de la acción contraria. Es en ese sentido que no debe confundirse gratuidad con
liberalidad: la actuación del gestor es siempre gratuita, pues como regla no tiene
derecho a retribución, pero sin ánimo liberal, lo cual refiere al derecho a exigir el
reembolso de los gastos al dueño.
C) falta de autorización, mandato o representación legal. La inexistencia de mandato
–o más genéricamente de toda relación obligatoria- es condición –negativa- de
admisibilidad de la gestión
D) motivación razonable. Se sostenía, por alguna doctrina, que ese requisito debía
exigirse en la gestión de negocios pues ella implica la intromisión en un patrimonio
ajeno, sin la conformidad de su titular.
E) falta de prohibición del dueño del negocio o gestionado. Según el art 1783 ccc,
ante la prohibición del dueño de seguir adelante, la gestión concluye. Ello es así en
razón de que si bien el ordenamiento admite la injerencia del gestor, no lo exime de
respetar el patrimonio y los derechos ajenos cuando el dueño se ha opuesto a dicha
intervención. De haber mediado oposición, la continuidad de la intervención del
gestor constituye o un supuesto de ilicitud.
F) utilidad de la gestión. Si bien el concepto de utilidad es de difícil determinación, es
gracias a su existencia que el dueño del negocio estará obligado respecto del gestor,
en caso de darse los restantes requisitos. Mediante el reconocimiento del requisito
de la utilidad es que se puede compatibilizar la necesaria protección de la esfera
privada del dueño, por una parte, con el fomento de las actitudes solidarias, por la
otra. En cuanto a los criterios para establecer el requisito de la utilidad deben
formularse las siguientes distinciones:
A) tradicionalmente se distingue entre la utilidad inicial –“utiliter coeptum” y utilidad
final -“utiliter gestum”-. La primera supone un juicio de conveniencia en función de las
circunstancias existentes al comienzo de la gestión, mientras que a tenor del segundo
criterio enunciado, se valora el resultado. El ccc ha optado por el criterio de la
utilidad inicial
B) la utilidad debe apreciarse acudiendo a moldes abstractos, tomando como
parámetro no al dueño en concreto, sino en base criterios objetivos como el de buen
padre de familia o buen hombre de negocios.
3. Obligaciones del gestor.
A) avisar sin demora al dueño del negocio que asumió la gestión, y aguardar su
respuesta, Siempre que esperarla no resulte perjudicial. Se requiere la comunicación
sin demora al interesado sobre el inicio de la gestión y la espera de su respuesta, salvo
supuestos de urgencia.
B) actuar conforme a la conveniencia y a la intención, real o presunta, del dueño del
negocio El gestor tiene la obligación de actuar como presumiblemente lo haría el
interesado, cuya ausencia se ha propuesto espontáneamente suplir. Este deber está
ratificado por el art. 1786 que hace responsable al gestor por el daño causado por
su culpa.
C) continuar la gestión hasta que el dueño del negocio tenga posibilidad de asumirla
por sí Mismo o, en su caso, hasta concluirla La intervención del gestor en los
negocios del dueño ha sido voluntaria y espontánea, inspirada en el principio de
solidaridad. Como derivación necesaria de ello, no puede abandonar la gestión
arbitraria o caprichosamente, como si lo puede hacer el mandatario, renunciando al
mandato, en cualquier momento. La gestión tiene tres etapas: iniciación, continuación
y conclusión, siendo el primer producto del obrar espontaneo del gestor, mientras
que en las dos siguientes la ley le ha impuesto el deber jurídico de no abandonar los
intereses hasta que el dueño o sus herederos puedan gestionarlo.
D) proporcionar al dueño del negocio información adecuada respecto de la gestión
Esta es una obligación genérica de información que debe ser objetiva, veraz, completa
y accesible, Características que se derivan de la exigencia impuesta expresamente de
brindar información “adecuada”.
E) una vez concluida la gestión, rendir cuentas al dueño del negocio Tal carga es
impuesta por la ley a todo administrador de bienes ajenos y resulta por ende de
Aplicación al gestor, máxime que a su respecto no ha mediado comisión o encargo del
dominus. Para dar por concluida la gestión no basta con que las cuentas sean
presentadas sino que se requiere su aprobación, privada o judicial.
4. Obligaciones del dueño del negocio
A) obligación de reembolsar al gestor el valor de los gastos necesarios y útiles, con
los intereses Legales desde el día en que fueron hechos. Los voluntarios en principio
no deben ser restituidos, salvo que el dueño se hubiere beneficiado (salvat – acuña
anzorena). El curso de los intereses debidos por el dueño respecto a los gastos
incurridos por el gestor se devenga “desde el día en fueron hechos”. Se trata de un
supuesto de mora automática de origen legal, no requerido de interpelación.
B) obligación de liberar al gestor de las obligaciones personales que haya contraído
a causa de la Gestión
C) obligación de reparar los daños que, por causas ajenas a su responsabilidad, haya
sufrido el Gestor en el ejercicio de la gestión.
D) obligación de remunerar al gestor si la gestión corresponde al ejercicio de su
actividad Profesional, o si es equitativo en las circunstancias del caso. La solución
adoptada por el nuevo ccc en realidad mantiene, como regla general, el carácter
gratuito de la actividad del gestor si bien se establecen ahora dos excepciones que
flexibilizan notoriamente aquella regla. En ese sentido el inc. D) del art. 1785
reconoce, en primer lugar, derecho a retribución si la gestión corresponde al
ejercicio de la actividad profesional del gestor. Al respecto, ya borda sostenía en el
régimen derogado que si el gestor contrata con un tercero el mismo servicio que él
presta, tendría derecho a la restitución a título de gasto, y en cambio se le niega tal
derecho cuando es el propio gestor quien presta dicho servicio, lo que es
manifiestamente injusto. La segundo excepción que se consagra es cuando, en función
de las circunstancias del caso, se considere equitativo remunerar la gestión.
5. Responsabilidad del gestor.
A) responsabilidad por culpa. Según el art. 1786 ccc “el gestor es responsable ante
el dueño del negocio por el daño que le haya Causado por su culpa. Su diligencia se
aprecia con referencia concreta a su actuación en los asuntos Propios; son pautas a
considerar, entre otras, si se trata de una gestión urgente, si procura librar al dueño
Del negocio de un perjuicio, y si actúa por motivos de amistad o de afección”. El art.
1786 se encarga de precisar las pautas o criterios a adoptar a los fines de apreciar
la culpa del gestor. En ese sentido se señalan los siguientes:
a) la diligencia con la que actúa el gestor en sus asuntos propios.
b) el carácter urgente de la gestión.
c) si procura librar al dueño del negocio de un perjuicio
d) si actúa por motivos de amistad o afección.
B) responsabilidad por caso fortuito. Se trata, en términos generales, de Hipótesis de
culpa o incluso de dolo, circunstancias que por sí misma justifican la responsabilidad
atribuida Por la ley. En ese sentido el art. 1787 ccc se encarga de precisar los
supuestos en que, excepcionalmente, el gestor responderá aún por el caso fortuito.
Son los siguientes:
a) cuando el gestor actúa contra la voluntad expresa del dueño
b) si el gestor emprende actividades arriesgadas, ajenas a las habituales del dueño del
negocio Se trata de los llamados “nova et insolita negocia”. Para que pueda
responsabilizarse al gestor por el caso fortuito deben concurrir dos requisitos: uno
positivo o de inclusión, de acuerdo al cual la operación ha de ser arriesgada y otro,
negativo o de exclusión, consistente en que el dueño no tuviera costumbre de realizar
tal tipo de operaciones.
c) si el gestor pospone el interés del dueño del negocio frente al suyo Se da acá una
actuación con el propósito de obtener un lucro o en interés personal que debe ser
calificada como dolosa.
d) si el gestor no tiene las aptitudes necesarias para el negocio Quien decide –sin
mandato- realizar un negocio ajeno para recibir protección legal debe contar con las
habilidades y aptitudes necesarias para llevar adelante la gestión. Si carece de ellas,
por una razón elemental de prudencia y buena fe, debe abstenerse de hacerlo.
e) si la intervención del gestor impide la de otra persona más idónea.
6. Pluralidad de gestores y de dueños. Solidaridad. Según el art. 1788 son
solidariamente responsables los gestores que asumen conjuntamente el Negocio
ajeno y los varios dueños del negocio, frente al gestor.
7. Responsabilidad de dueño del negocio frente a terceros. Ratificación de la Gestión.
Según el art. 1784 el gestor queda personalmente obligado frente a terceros y sólo
se libera si el dueño del negocio ratifica su gestión, o asume sus obligaciones; y
siempre que ello no afecte a terceros de buena fe. A su vez, según el art. 1789 el dueño
del negocio queda obligado frente a los terceros por los actos cumplidos en su
nombre, si ratifica la gestión, si asume las obligaciones del gestor o si la gestión es
útilmente conducida. Según el art. 1790 si el dueño del negocio ratifica la gestión se
producen los efectos del mandato, entre partes y respecto de terceros, desde el día
en que aquélla comenzó. La conversión de la gestión en mandato que se deriva de la
ratificación por el dueño implica que, en tal caso, no serían de aplicación ni las reglas
del enriquecimiento sin causa, ni las de la gestión sino las propias del mandato
representativo. Por lo tanto el gestor quedará desobligado frente a los terceros
con quienes hubiera contratado, tendrá derecho a retribución y al resarcimiento de
todos los daños y perjuicios que hubiera sufrido a consecuencia de su intervención,
aun cuando la gestión no hubiera sido útilmente iniciada.
Empleo util
1. Caracterización Hay empleo útil cuando alguien sin ser mandatario, ni gestor de
negocios ajenos, y sin obligación Legal hace inversiones que aumentan el patrimonio
de otro o se impide su disminución. En la gestión, el gestor recupera todos los gastos
que ha efectuado con sus intereses desde la fecha en que los hizo, en tanto en el
empleo útil el crédito no excede el monto de la inversión hecha y de la utilidad
obtenida inicialmente por el beneficiario de la misma. A su vez se diferencia de la regla
normal de la actio in rem verso porque la utilidad se mide inicialmente, y no al tiempo
de promoción de la demanda. Al igual de lo previsto respecto a la gestión de negocios
(art. 1785, inciso a), los gastos incurridos en el empleo útil deben adicionarse los
intereses desde la fecha del pago. O sea una mora automática, de carácter legal, que
no requiere interpelación previa.
2. Los gastos funerarios Los gastos que se entienden incluidos en la norma que se
comenta son los de entierro, velatorio, coche fúnebre, sepultura, acompañamiento,
avisos, gastos municipales, responsos, compra de un sepulcro o gastos por oficios
religiosos para el sepelio. Deben considerarse excluidos, en cambio, los gastos
posteriores al sepelio, como así también los derivados del luto de la familia, las
ofrendas florales y los que se hagan en bien del alma del difunto, tales como misas y
funerales. En cuanto a la relevancia y razonabilidad de los gastos, para su estimación
deben tenerse en cuenta los usos del lugar, incluyéndose en el concepto a los usos
relativos a la religión del difunto y a sus condiciones socio- económicas. También debe
considerarse para el cálculo la fortuna del causante, su posición social y su
actuación pública.
3. Obligados al reembolso. El art. 1793 dispone que el acreedor tiene derecho a
demandar el reembolso de los siguientes sujetos:
A) a quien recibe la utilidad: o sea, el beneficiario de la erogación o quien obtuvo
provecho de ella.
B) a los herederos del difunto, en el caso de gastos funerarios: es un supuesto
aplicable exclusivamente a la hipótesis de empleo útil prevista en el art. 1792.
C) al tercero adquirente a título gratuito del bien que recibe la utilidad, pero sólo
hasta el valor de ella al tiempo de la adquisición.
1. DEPÓSITO El art. 1356 define el contrato de depósito aquel donde una parte se
obliga a recibir de otra una cosa con la obligación de custodiarla y restituirla con
sus frutos. En el contrato de depósito la obligación principal y tipificante –asumida
por el depositario- está constituida por la guarda y custodia de la cosa. La obligación
de restitución –sobrevalorada en el contexto histórico de su regulación como
contrato real- es común a otros contratos que implican la tenencia o el uso de una
cosa ajena y constituye el modo normal de extinguir la relación obligatoria. Por ello
el contrato de depósito presenta ahora los siguientes caracteres: Oneroso, Tal es la
regulación supletoria del respectivo contrato y la gratuidad debe derivar de
convención expresa; No formal, con excepción del recibo que deben otorgar las
empresas de depósito según el art. 1377, inciso a); Bilateral; De duración, El depósito
es un contrato de duración en tanto su objeto no puede cumplirse sino a través de su
prolongación temporal y de su cumplimiento continuo; De consumo (según el caso).
METODOLOGÍA Un aspecto a destacar (y que coincide con el tratamiento brindado al
resto de las figuras contractuales en el nuevo ordenamiento unificado) es la
eliminación de las pautas generales que se encuentran incluidas en las "disposiciones
generales de los contratos" (v.gr. capacidad de las partes, incumplimiento y
resolución, etc.) e incluso, en la "parte general" (v.gr. régimen de nulidades) del
CCyCN y que, por ende, resultan aplicables a todos los contratos. Como novedad
metodológica cabe observar también que se han incluido relaciones jurídicas que,
habitualmente, la doctrina y jurisprudencia consideraba regidas, vía analogía, por las
reglas de este contrato.
LA OBLIGACION DE GUARDA COMO FINALIDAD ESENCIAL Y TIPIFICANTE. La guarda y
conservación de una cosa ajena integra el plexo obligacional de diversos contratos
y su incumplimiento puede, incluso, generar una responsabilidad de índole
extracontractual.
OBLIGACIONES DE LAS PARTES El art. 1358 determina las obligaciones del
depositario y en ese sentido prescribe que debe poner en la guarda de la cosa la
diligencia que usa para sus cosas o la que corresponda a su profesión. No puede usar
las cosas y debe restituirlas, con sus frutos, cuando le sea requerido. Las
obligaciones del depositante no están específicamente precisadas pero se derivan del
conjunto de la regulación legal del contrato, en el contexto de un contrato de
depósito ahora regulado como consensual y bilateral. La obligación de recibir la
cosa hace a la ejecución del contrato, no a su perfeccionamiento
OBLIGACION DE CUSTODIA Las partes pueden convenir en el depósito la forma en que
debe prestarse la prestación principal –la guarda y custodia de la cosa-
estableciendo así lo que el art. 1362 llama “modos específicos” de cumplir tal
obligación. El art. 1362 preceptúa también que si se producen circunstancias
sobrevinientes que exigen modificar las modalidades del depósito, el depositario debe
dar aviso de inmediato al depositante. La norma alude a la necesidad en que se
encuentra el depositario, derivada de circunstancias sobrevinientes, de modificar el
régimen originariamente acordado. En ese sentido se trata de una valoración que hace
exclusivamente el depositario, a su cuenta y riesgo, en el sentido que la adopción de
las modificaciones que hará respecto a las modalidades acordadas serán en beneficio
del depositante y para un mejor cumplimento de la obligación de guarda y custodia.
LA DILIGENCIA DEBIDA POR EL DEPOSITARIO Según el art. 1358 el depositario debe
poner en la guarda de la cosa la diligencia que usa para sus cosas o la que
corresponda a su profesión. No puede usar las cosas y debe restituirlas, con sus
frutos, cuando le sea requerido. El art. 1358 determina la prohibición de usar la cosa
impuesta al depositario. Ésta debe ser ahora la directiva general, en tanto no se han
previsto excepciones ni se ha contemplado la posibilidad de una autorización expresa
del uso por el depositante, tal como acontecía con el régimen legal anterior (arts.
2183 y 2208). La prohibición rige tanto para el depósito gratuito como oneroso.
Respecto al depósito irregular las reglas son distintas, acorde se verá al analizar el
art. 1367. El art. 1364 prescribe que si la cosa depositada perece sin culpa del
depositario, la pérdida debe ser soportada por el depositante. La norma debe ser
referenciada a la regla general del art. 1358, ya analizado, que fija los parámetros
en función de los cuales debe apreciarse la diligencia exigible al depositario.
RESTITUCIÓN DE LA COSA DEPOSITADA (PLAZO Y FRUTOS) El art. 1358 ratifica la
regla contenida en la caracterización del art. 1356 y determina, como otra de las
obligaciones del depositario, la de restituir la cosa. Esto implica el modo normal de
concluir el contrato y es de la naturaleza de cualquier tipo de depósito, ya sea que se
trate del “idem” (la misma cosa) –en el depósito regular- como del “tantundem” (cosa
de la misma especie y calidad)- en el irregular. En tanto el depositario es un simple
tenedor carece de título para beneficiarse de los frutos. Inversamente, el depositario
sólo debe los frutos percibidos pues en su calidad de simple custodio no está
obligado a cultivar la cosa. Respecto al plazo del depósito y de la consecuente
obligación de restituir, corresponden hacer el siguiente distingo:
i) Restitución anticipada por el depositante. art. 351. El contrato de depósito –por su
propia estructura típica y su función económica- constituye un supuesto donde el
plazo se considera fijado a favor del acreedor (en este caso, de la obligación de
restituir) o sea el depositario. La facultad de restitución anticipada, conferida siempre
al depositante –sea el depósito gratuito u oneroso- aparece referenciada
incidentalmente en el art. 1358, al delimitar las obligaciones del depositario y, más
precisamente, en el art. 1359, al disponer en relación al plazo del contrato. Se le
confiere al depositante una facultad de restitución discrecional, no requerida de
invocación de justa causa ni susceptible de generar, como regla, responsabilidad a
quien la ejercita.
ii) Restitución anticipada por el depositario. art. 1359 confiriendo también al
depositario, en su modalidad gratuita, el derecho a restituir anticipadamente la cosa,
si bien no se lo somete a la invocación o acreditación de circunstancia justificativa
alguna.
iii) Depósito sin plazo. Aun cuando el CCC no lo determina, si el contrato no fija plazo
para la restitución, debe entenderse que cualquiera de las partes puede ponerle fin
cuando quiera.
EL ACREEDOR DE LA OBLIGACIÓN DE RESTITUIR El art. 1363 preceptúa que “la
restitución debe hacerse al depositante o a quien éste indique. Si la cosa se deposita
también en interés de un tercero, el depositario no puede restituirla sin su
consentimiento”. Al configurar el depósito una relación de carácter obligacional –
contractual- que se entabla exclusivamente entre depositante y depositario sus
efectos sólo alcanzan, como regla, a las partes del contrato. En su mérito, el
legitimado para reclamar y recibir la cosa depositada, a la finalización del vínculo, es
la persona del depositante. El art. 1363 determina que la restitución también podrá
hacerse a quien el depositario indique. La individualización de este tercero habilitado
para recibir la cosa puede estar prevista en el propio contrato de depósito o resultar
de una manifestación unilateral del depositante, hecha conocer al depositario al
momento de la entrega. La segunda hipótesis contemplada por el art. 1363 –depósito
realizado en interés de un tercero- configura ciertamente una estipulación a favor de
terceros con los alcances contemplados por 1027 y 1028 del Código.
CLASES DE DEPÓSITO
I) DEPÓSITO VOLUNTARIO Si bien no se enuncia en el CCyCN lo que se denomina
"depósito voluntario" está claro que, como lo establecía el régimen derogado, es
aquel en el cual la elección del depositario depende de la voluntad del depositante
(así lo caracterizaba el art. 2187 Código de Vélez). al mismo se aplicarán las
disposiciones generales de los arts. 1356 a 1366
II) DEPÓSITO NECESARIO Según el art. 1368 “es depósito necesario aquél en que el
depositante no puede elegir la persona del depositario por un acontecimiento que lo
somete a una necesidad imperiosa, y el de los efectos introducidos en los hoteles por
los viajeros”. El depósito necesario definido en el art. 1368 supone, según la propia
caracterización legal, un depositante que no puede elegir la persona del depositario
en razón de un acontecimiento que lo somete a una necesidad imperiosa. O sea que el
depósito necesario aparece ahora precisado, en su acepción genérica, determinando
los supuestos incluidos en esta modalidad, donde la voluntariedad aparece
condicionada, sin perjuicio del reconocimiento de la índole contractual del vínculo.
Se enuncian las dos modalidades tradicionales de depósito necesario: el depositum
miserabile y el realizado en hoteles, si bien se dota de regulación autónoma
exclusivamente a la segunda modalidad.
DEPOSITO EN LOS HOTELES El art. 1369 preceptúa que “el depósito en los hoteles
tiene lugar por la introducción en ellos de los efectos de los viajeros, aunque no los
entreguen expresamente al hotelero o sus dependientes y aunque aquéllos tengan las
llaves de las habitaciones donde se hallen tales efectos”.
la singularidad del contrato de hospedaje, que poco tiene que ver con el depósito
necesario y que contiene obligaciones principales y accesorias, entre las cuales está
la del hotelero de vigilar todo lo concerniente a las cosas introducidas por el
viajero, propiciándose por ello su autonomía. Se trata de un servicio que debe ser
estudiado y regulado dentro de los contratos de consumo y específicamente dentro
del turismo teniendo además en cuenta que la hotelería actual hay una organización
que aúna hoteles, compañías de turismo, servicios de transporte, todo lo cual
conforma un conglomerado de sujetos y empresas que actúan en red, frente a un
consumidor que sólo adhiere y con un alto grado de cautividad. Los arts. 1369 a 1374
dan respuesta a sólo un aspecto de la responsabilidad del hotelero: lo referido a la
guarda de los efectos introducidos por el viajero. Tanto las específicas reglas
citadas como otras cuestiones involucradas en la compleja relación de hotelería
exigen su integración con el resto del ordenamiento, teniendo en cuenta que estamos
en presencia de un contrato atípico. Encontrándose implícita en la relación de
hotelería una obligación de seguridad respecto a las personas hospedadas y debiendo
ella ser calificada como de resultado, el factor de atribución de responsabilidad
debe ser considerado objetivo en los términos enunciados por el art. 1723, pudiendo
el responsable liberarse sólo demostrando la causa ajena (art. 1722). El vínculo de
hotelería –en tanto servicio prestado por un proveedor profesional a un consumidor-
debe también ser juzgado según las normas de la ley de defensa del consumidor, ya sea
en lo referido a las cláusulas abusivas, a la oferta al público y a su integración con
la publicidad, al daño, a la prescripción y otros aspectos de esa normativa
protectoria que deben ser integrados según las directivas de los arts. 963 y 964.
El art. 1369 reproduce la previsión anterior del art. 2299. En ese sentido se determina
que la responsabilidad comienza con la introducción de los efectos de los viajeros
en el hotel. Esta delimitación espacial y temporal debe interpretarse en
correspondencia con lo dispuesto en el art. 1370 o sea que incluye el ingreso a las
cocheras “u otros lugares adecuados puestos a disposición del viajero por el
hotelero. En definitiva, el hotelero responderá de todo daño o pérdida sufrido por
los efectos personales del pasajero desde que éstos se encuentran bajo su esfera
de control. El art. 1370 prescribe que “El hotelero responde al viajero por los
daños y pérdidas sufridos en: a) los efectos introducidos en el hotel; b) el vehículo
guardado en el establecimiento, en garajes u otros lugares adecuados puestos a
disposición del viajero por el hotelero”.
i) Efectos introducidos por el viajero. El hotelero asume una responsabilidad objetiva
por todos los efectos que introduce el viajero en las condiciones señaladas en el
art. 1369.
ii) Los vehículos guardados. El posadero responde por los vehículos que el viajero
guarde en el hotel o en los lugares que específicamente se le indiquen.
Eximentes Según el art. 1371 “El hotelero no responde si los daños o pérdidas son
causados por caso fortuito o fuerza mayor ajena a la actividad hotelera”.
Según el art. 1371 el hotelero no responde por el caso fortuito o fuerza mayor,
eximentes ahora asimiladas y tratadas unificadamente según la previsión del art. 1730.
Dicha eximente sólo puede invocarse si refiere a un hecho que no ha podido ser
previsto o que previsto no ha podido ser evitado, pero –como la propia norma lo
determina- siempre que sea “ajeno a la actividad hotelera”. Ello importa ratificar la
directiva general contenida en el art. 1733, inciso e), en el sentido que el caso
fortuito no opera como eximente de responsabilidad cuando “constituye una
contingencia propia del riesgo de la cosa o la actividad”. De ello se infiere que el
hotelero asume el riesgo que es propio del servicio que presta –o sea el que se
produce en el ámbito “interno”- y se exime, en cambio, cuando el evento es “externo” a
su actividad.
ESTABLECIMIENTOS Y LOCALES ASIMILABLES Prescribe el art. 1375 que “Las normas
de esta Sección se aplican a los hospitales, sanatorios, casas de salud y deporte,
restaurantes, garajes, lugares y playas de estacionamiento y otros establecimientos
similares que prestan sus servicios a título oneroso. La eximente prevista en la última
frase del artículo1371 no rige para los garajes, lugares y playas de estacionamiento
que prestan sus servicios a título oneroso”.
En el caso de los garajes, lugares y playas de estacionamiento, cuando lo acordado
por las partes refiere exclusivamente a esa finalidad de guarda, deberá la relación ser
calificada derechamente como depósito, si bien sometida al estatuto especial previsto
respecto a la responsabilidad de los hoteleros por los efectos introducidos por los
viajeros. Habrá otros casos, en cambio, donde la guarda de vehículos en playas de
estacionamiento o lugares similares sea un servicio anexo a otra actividad principal
(shopping center, complejos cinematográficos, tiendas, etc.).
El art. 1375 determina la aplicación de las reglas del depósito necesario a todos los
establecimientos que enuncia –y similares- en tanto presten sus servicios “a título
oneroso”. La aclaración se reitera en el segundo párrafo, al limitar los alcances de
la eximente del art. 1371, segundo párrafo. Como puede verse esa especificación,
referida a la onerosidad del servicio, no aparece incluida al regular la
responsabilidad del hotelero por los efectos introducidos por los viajeros, en tanto
esa actividad –ejercida profesionalmente- es siempre onerosa. Distinta es la situación,
en cambio en las diversas actividades contempladas en el art. 1375, en cuyo caso,
cuando se prestan en forma gratuita, no resulta justo someterlas a la
responsabilidad objetiva prevista para el depósito necesario y ella deberá, en todo
caso, ser juzgada según las reglas generales de la responsabilidad por culpa –art.
1721- o analógicamente por las normas del depósito ordinario.
CASAS DE DEPÓSITOS El 1376 determina reglas específicas de responsabilidad
respecto al propietario de casas de depósitos o sea aquellos establecimientos que se
dedican a la guarda y custodia de toda clase de mercadería u objetos. En ese sentido
ha sido señalado que cuando el servicio de depósito es prestado profesionalmente y
por empresas con ese objeto específico resulta insuficiente una noción estática del
depósito, limitada a la guarda y cuidado de la misma cosa sino que debe atenderse
también a un cuidado activo que incluye, por ejemplo, la temperatura necesaria para la
maduración o conservación de los elementos depositados. La relación jurídica se
encuentra sometida, en principio, a las reglas del depósito ordinario (arts.
1356/1366) y, en lo atinente a la responsabilidad del depositario, ésta es objetiva y de
resultado y admite, como únicas eximentes, las siguientes:
a) Daño derivado de la naturaleza de la cosa depositada : En tal caso la pérdida o
disminución son consecuencias de la propia índole de los efectos depositados, ello
siempre que el depositario no haya asumido también obligaciones específicas de
conservación y mantenimiento y su incumplimiento ha derivado en los daños
verificados.
b) Daño derivado del vicio propio de la cosa depositada : En este caso no es un
deterioro producido “naturalmente” –como en el caso anteriormente descripto- sino
de un vicio intrínseco de la cosa que ésta ya portaba antes de ser depositada.
c) Daño derivado del embalaje: En caso de que la cosa haya sido entregada en bultos,
contenedores u otras formas de embalaje y éstos sean impropios o defectuosos, los
daños que de ello se deriven son atribuibles al depositante, en tanto el
acondicionamiento de las cosas depositadas estuvo a su cargo.
d) Caso fortuito externo a la actividad: Se reproduce así y con la misma calificación,
la eximente contemplada para el depósito necesario (art. 1371).
El art. 1377 establece específicos deberes a cargo del depositario, cuando se trata
de casas de depósitos, y así, por un lado, se impone la exigencia formal contenida en su
inciso a), referida al recibo que debe otorgar cuando la mercadería le es entregada
(con las especificaciones que se enuncian) y, por el otro, permitir la inspección de las
cosas depositadas cuando lo interese el depositante, ya sea personalmente o por la
persona que indique.
DEPOSITO REGULAR E IRREGULAR (Obligaciones del depositario y el depositante)
Prescribe el art. 1367 que “Si se entrega una cantidad de cosas fungibles, que no se
encuentra en saco cerrado, se transmite el dominio de las cosas aunque el
depositante no haya autorizado su uso o lo haya prohibido. El depositario debe
restituir la misma calidad y cantidad. Si se entrega una cantidad de cosas fungibles, y
el depositario tiene la facultad de servirse de ellas, se aplican las reglas del mutuo”.
En la nueva norma el depósito irregular constituye aquella modalidad donde su
objeto consiste en cosas fungibles, no individualizadas. Como necesaria derivación de
esa calidad de la cosa, se produce la transmisión del dominio al depositario y la
obligación de restituir no será ya sobre la misma cosa –como en el depósito regular-
sino de cosas de la misma calidad y cantidad.
No resultan aplicables ni las eximentes generales –caso fortuito, hecho de un
tercero, etc- ni la específicamente establecida para el depósito regular en el art.
1363. Otras normas, como las que refieren a la prueba del dominio –art. 1365- o la
enajenación de la cosa por los herederos del depositante –art. 1366- resultan
también incompatibles con el depósito irregular.
La referencia a cantidades de cosas fungibles incluye al dinero y a todas aquellas que
se equivalen a otras de la misma especie, con el consecuente poder de sustitución
conferido al accipiens (depositario) al momento de cumplir con su deber de
restitución. Aun cuando refiera a cosas fungibles, si ellas son entregadas en “saco
cerrado” el depósito deja de ser irregular y se somete al régimen general, con la
consiguiente obligación de devolver la misma e idéntica cosa. La real razón por la que
el depósito es regular reside en que versa sobre el saco o caja que deberá ser
restituido sin abrir y sin interesar que dentro haya cosas consumibles o no
consumibles.
2. MUTUO art. 1525 que "...habrá contrato de mutuo cuando el mutuante se
compromete a entregar al mutuario en propiedad, una determinada cantidad de cosas
fungibles y éste se obligue a devolver la misma cantidad de cosas de idéntica calidad y
especie...". En cuanto a las obligaciones y derechos de las partes, se hace mención a
que el objeto del contrato debe ser una obligación de dar "determinada cantidad de
cosas fungibles", y no como en el régimen anterior que establecía la obligación de
entregar una cantidad cierta de cosas que se podían consumir, por lo que facilita el
cumplimiento de la contraprestación y colabora con la seguridad y protección
jurídica de las partes.
CARACTERES; Bilateral; Oneroso; No formal; Consensual; Nominado y tipificado; De
consumo; De ejecución diferida: Si bien las obligaciones en cabeza del mutuante son
de ejecución instantánea, ya que cumple meramente con entregar la cantidad de cosas
fungibles convenidas, no así las obligaciones que recaen en cabeza del mutuario, ya
que perdurarán aun vencido el plazo de duración del contrato, por cuanto se
establece un plazo para la devolución de la cosa en la cantidad convenida, y en su
caso la devolución de los réditos.
ELEMENTOS DE CONTRATO compromiso de entregar cantidad determinada de cosas
fungibles, obligación en cabeza del mutuante es asumir el compromiso de entregar al
mutuario (el deudor) una cantidad determinada (o determinable) de cosas fungibles, y
en contrapartida la obligación del mutuario es devolver al mutuante la misma
cantidad, calidad y especie de esas cosas fungibles, con más los intereses convenidos
si el mutuo fuera oneroso.
En principio, el objeto del mutuo será el dinero. Ahora bien, cabe preguntarse qué
sucede con el dinero que no es de curso legal. La moneda extranjera no es dinero sino
una cantidad de cosas (art. 765, CCyCN). Dicha norma prevé que "si por el acto por el
que se ha constituido la obligación, se estipuló dar moneda que no sea de curso legal
en la República, la obligación debe considerarse como de dar cantidades de cosas y el
deudor puede liberarse dando el equivalente en moneda de curso legal". Cierta
contradicción se presenta al analizar la norma del artículo siguiente que prevé que
el deudor debe entregar la cantidad correspondiente de la especie designada (art.
766). no cabe duda que en el mutuo la obligación del mutuario consiste en devolver la
misma moneda entregada –vg. dólares- pues así lo establece el art. 1527, segundo
párrafo. prevalece en la doctrina y la jurisprudencia el criterio que la norma del art.
765 no es imperativa sino supletoria de allí que podrán las partes pactar que el
contrato se cumpla en la moneda establecida, sin posibilidad de que el deudor se libere
entregando el equivalente en moneda nacional.
Ante la inexistencia en el contrato del plazo de cumplimiento, en el derogado Código
Civil no se establecía un plazo supletorio, y en materia comercial, se remitía a los usos
y costumbres. El art. 1528, CCyCN refiere al plazo y lugar de restitución. Si nada se
ha estipulado acerca del plazo y lugar para la restitución de lo prestado, el mutuario
debe restituirlo dentro de los diez días de requerirlo el mutuante, excepto lo que
surja de los usos, y en el lugar establecido en el art. 874. Ésta última norma prevé
que si el lugar de pago no ha sido designado, es el domicilio del deudor al tiempo del
nacimiento de la obligación. Si el deudor se muda, el acreedor tiene derecho a exigir el
pago en el domicilio actual o en el anterior. Igual opción corresponde al deudor,
cuando el lugar de pago sea el domicilio del acreedor.
Los intereses devengados en favor del mutuante, De acuerdo al art. 1527 si el mutuo
es en dinero, el mutuario debe los intereses compensatorios, que se deben pagar en la
misma moneda prestada. Si el mutuo es de otro tipo de cosas fungibles, los intereses
son liquidados en dinero, tomando en consideración el precio de la cantidad de cosas
prestadas en el lugar en que debe efectuarse el pago de los accesorios, el día del
comienzo del período, excepto pacto en contrario. Los intereses se deben por
trimestre vencido, o con cada amortización total o parcial de lo prestado que ocurra
antes de un trimestre, excepto estipulación distinta. Si se ha pactado la gratuidad del
mutuo, los intereses que haya pagado el mutuario voluntariamente son irrepetibles.
El recibo de intereses por un período, sin condición ni reserva, hace presumir el pago
de los anteriores.
CLASES DE INTERESES
Compensatorios no son sino el precio, en cuanto contraprestación, que se paga por
el uso del dinero. art. 767 Estos intereses son ajenos a toda idea de responsabilidad
civil, por lo que no requieren para su procedencia que medie culpa, dolo u otro factor
de atribución objetivo imputable a la conducta del deudor. regla del art. 1527.
Moratorios procuran reparar el daño que sufre el acreedor como consecuencia de
la mora del deudor. art. 768 El mutuario tiene obligación de pagarlos aunque el
préstamo hubiera sido gratuito.
Punitorios se rigen por las normas que regulan la cláusula penal. Ello así, ya que
estos intereses sancionan al deudor moroso por el incumplimiento de su obligación
por tal razón cabe tener en cuenta lo previsto en los arts. 790 y ss.
Los interese moratorios y punitorios, de origen convencional y legal, se devengan y
son exigibles a partir de la mora del deudor.
Tratándose de la obligación de pagar sumas de dinero en concepto de indemnización
de actos ilícitos corren automáticamente desde el momento en que el daño se
produce. La mora automática en este tipo de obligaciones es una consecuencia lógica
del principio de reparación plena, conforme al cual el damnificado debe ser colocado
en la misma situación en que estaría si hubiera recibido el resarcimiento al momento de
sufrir el daño.
Los intereses moratorios se devengan hasta el momento en que opera la extinción de
la deuda por capital en legal forma. También la mora creditoris detiene el
devengamiento de intereses moratorios y punitorios (o sea cuando el deudor ha
pretendido pagarlos en tiempo y forma pero el acreedor se niega injustificadamente a
recibirlos).
Anatocismo es la capitalización de los intereses que se acumulan al capital,
constituyendo una unidad productiva de nuevos intereses. Por ejemplo, en un mutuo
por 100.000 se acuerda su pago en 4 cuotas anuales de 50.000, con una tasa de interés
anual del 24%. Si se ha pactado el anatocismo, al devengarse la primer cuota de
50.000 se le adicionará el interés pactado (12.000), lo que lleva la cuota a la suma de
62.000. A partir de allí los intereses de la segunda cuota anual no se pagarán sobre
la base de 50.000 sino sobre 62.000. Como fácilmente puede inferirse el anatocismo
produce un crecimiento de la deuda, que a veces puede resultar abusivo.
El art. 770 CCyCN prevé que no se deben intereses de los intereses , excepto que:
a) El mínimo de periodicidad tiende a evitar la abusividad.
d) tal es lo que sucede en la cuenta corriente bancaria (art. 1398) y en la cuenta
corriente en general (art. 1433). En el ámbito de las tarjetas de crédito la Ley 25.065
prohíbe la capitalización de intereses punitorios. Dicha prohibición es absoluta e
incluye tanto la cláusula convencional de capitalización anticipada como la que se
produzca en el marco de un proceso judicial.
MORIGERACION JUDICIAL los jueces pueden reducir los intereses cuando la tasa
fijada o el resultado que provoque la capitalización de intereses excede, sin
justificación y desproporcionadamente, el costo medio del dinero para deudores y
operaciones similares en el lugar donde se contrajo la obligación. Los intereses
pagados en exceso se imputan al capital y, una vez extinguido éste, pueden ser
repetidos. La facultad morigeradora puede ser ejercida de oficio o a petición de parte.
Si el mutuo no fuera en dinero se deberán liquidar los intereses en dinero, a tal efecto
se tomará en consideración el precio de la cantidad de cosas prestadas en el lugar en
que debe efectuarse el pago de los accesorios, el día del comienzo del período, salvo
que se acuerde de otro modo (art. 1527 CCyCN). Por ejemplo un mutuo de semillas o
de gasoil. Una parte da en préstamo, por el plazo de un año, a otro productor x kilos
de semillas de soja o x litros de gasoil. Podría pactarse que a la finalización del plazo
se devuelva la cantidad de cosas dada en préstamo más una determinada cantidad o
porcentaje de las mismas cosas en concepto de intereses (por ejemplo, un 18%). Así, si
se prestaron 1000 litros de gasoil, deberán devolverse al año 1.180 litros y si se
prestaron 100 kilos de semilla, se devolverán 118 kilos.
Pero si nada se ha pactado y en razón de que el mutuo se presume oneroso, dispone el
art. 1527 que los intereses deben liquidarse en dinero, aplicando la tasa que se estime
pertinente (por ejemplo 18% anual) sobre el precio de las cosas prestada al día del
comienzo del préstamo
Al unificarse los contratos civiles y comerciales la regla pasó a ser la onerosidad
del mutuo. El contrato también podrá ser gratuito pero ello debe ser así pactado por
las partes pues, de lo contrario, operaría la presunción de gratuidad. Sin embargo, el
art. 1527 -5º párrafo- preceptúa que si el mutuario, en un mutuo gratuito, paga
voluntariamente intereses, estos son irrepetibles. Se consagra así una suerte de
obligación natural, aun cuando dicha categoría de obligación ha sido suprimida en el
nuevo CCC.
El recibo de intereses por un período, sin condición ni reserva, hace presumir el pago
de los anteriores (art. 1527, último párrafo). Se adopta la fórmula del antiguo
artículo 567 CC, en cuanto se considera que la extensión del recibo de pago por
intereses correspondientes a un determinado período, en el cual no se formula ni
existe condicionamiento ni reserva alguna, hace presumir el pago de los vencimientos
anteriores. El incumplimiento de tal obligación que incumbe al mutuario da lugar a que
el mutuante pueda resolver el contrato y reclamar la restitución de lo prestado con
los réditos que se devengaran hasta la efectiva devolución (art. 1529). Esta última
norma agrega que si el mutuo es gratuito, después del incumplimiento, se deben
intereses moratorios. Si el mutuo es oneroso a falta de convención sobre intereses
moratorios, rige lo dispuesto para las obligaciones de dar sumas de dinero.
LA OBLIGACIÓN DE GARANTÍA A CARGO DEL MUTUANTE Según el art. 1530 CCyCN si
la cantidad prestada no es dinero, el mutuante responde por los daños causados por
la mala calidad o el vicio de la cosa prestada; si el mutuo es gratuito, responde sólo
si conoce la mala calidad o el vicio y no advierte al mutuario.
3. COMODATO El art. 1533 CCyCN establece que "Hay comodato si una parte se obliga
a entregar a otra una cosa no fungible, mueble o inmueble, para que se sirva
gratuitamente de ella y restituya la misma cosa recibida".
elementos tipificantes del comodato, que pueden enumerarse como sigue:
a) Obligación del comodante de entregar una cosa no fungible, ya sea mueble o
inmueble.
b) Gratuidad. De modo que el pago de un precio o cualquier otro tipo de retribución a
la que se obligara el comodatario, llevará a emplazar ese acuerdo en el campo de la
locación, o en su defecto, a calificarlo como contrato atípico o innominado.
c) Transferencia al comodatario del uso de la cosa .
d) Obligación de restitución de la misma e idéntica cosa por parte del comodatario .
El contrato de comodato, expresión de una especie de préstamo, tiene como función
económica típica la transferencia gratuita del uso de una cosa inmueble o mueble no
consumible. Existe una "mercantilización" de la figura, que ha traspolado su
utilización del ámbito civil al campo de la contratación mercantil, donde
habitualmente se configura como accesoria de otros contratos onerosos, supone
también una refuncionalización del tipo legal, en tanto el esquema legal típico es
utilizado para alcanzar otras finalidades económicas surgidas del mercado, al
margen de la contemplada en el ordenamiento jurídico. Así, pese a mantener la nota de
gratuidad, la figura ha expandido sus fronteras más allá de la clásica finalidad de
beneficencia y no se desnaturaliza cuando el comodante tiene un interés en su
celebración, por fuera de fines meramente altruistas.
CARACTERES; Consensual; Unilateral/Bilateral: Para Frustagli-Arias en el
comodato ambas partes asumen obligaciones: el comodante está obligado a entregar
la cosa para posibilitar su uso durante el tiempo estipulado (art. 1540), y, el
comodatario se compromete a usarla conforme al destino convenido y a restituirla al
producirse la extinción del contrato (art. 1536). Desde esta óptica sería un contrato
bilateral. En cambio si se analizan las obligaciones al momento en que el contrato se
celebra el único obligado es el comodante (entregar la cosa) y su devolución sería
una obligación ulterior. Desde esa óptica el contrato debe ser calificado como
unilateral; Gratuito; No formal; Intuitu personae; Contrato nominado; De consumo
Las situaciones más habituales en la cuales el comodato es utilizado en el ámbito del
consumo se configuran cuando este contrato se encuentra vinculado y conexo a un
contrato principal de venta de determinados productos o de provisión de servicios
con carácter oneroso. Algunos ejemplos de estas modalidades de contratación lo
constituyen los supuestos de prestación del servicio de telefonía móvil, de televisión
por cable —digital o satelital—, de internet, en los que se incluyen en forma accesoria
a la provisión del servicio la entrega en comodato de los elementos tecnológicos
necesarios para acceder al mismo (módems, decodificadores, aparatos de telefonía
celular, antenas, etc.).
OBJETO el comodato recae sobre cosa no fungible, mueble o inmueble. Luego, se
agrega en el art. 1534 que "El préstamo de cosas fungibles sólo se rige por las
normas del comodato si el comodatario se obliga a restituir las mismas cosas".
PARTES En el contrato de comodato el comodante resulta ser la persona que se
obliga a entregar la cosa al comodatario. La otra parte del contrato de comodato
resulta ser el comodatario que es quien recibe la cosa para servirse de ella (art.
1533). El art. 1535, CCyCN, bajo el acápite de "prohibiciones", dispone que "no pueden
celebrar contrato de comodato: a) los tutores, curadores y apoyos, respecto de los
bienes de las personas incapaces o con capacidad restringida, bajo su representación;
b) los administradores de bienes ajenos, públicos o privados, respecto de los
confiados a su gestión, excepto que tengan facultades expresas para ello". el inciso
a), contempla un supuesto de incapacidad de derecho, el inc. b), refiere a la falta de
legitimación.
DURACION DEL CONTRATO. la temporalidad aparece como un elemento esencial
implícito en la estructura del comodato; esto resulta consecuencia de su propia
función económico-social como negocio trasmisivo del uso, la cual requiere se
reconozca al comodatario la facultad de utilizar de la cosa por un espacio temporal,
más o menos prolongado según los intereses y móviles que hayan conducido a
celebrarlo. Lo cierto es que, el modo del cual se hayan valido los contratantes para
establecer la duración del contrato se toma como criterio para distinguir entre
comodato a plazo determinado y comodato con plazo indeterminado, también llamado
"precario", como especies que muestran diferencias en orden a sus efectos.
particularidades de cada una de ellas.
a plazo determinado se configura cuando se ha pactado como modalidad un plazo
expreso, sea cierto o incierto, o bien existe un plazo tácito La regla en este supuesto,
en principio, es la sujeción de las partes al término convenido. Por excepción, el art.
1539. a falta de plazo determinado faculta al comodante a obtener la restitución en
cualquier tiempo.
precario e caracteriza por ser su plazo indeterminado ante la ausencia de un pacto
que estipule la duración del vínculo o indique el destino de la cosa del cual resultará
implícitamente el plazo. el reconocimiento del comodato precario se contempla al
regular la obligación de restitución, cuando el art. 1536, inc. e). Más allá del
supuesto previsto en la norma, el comodato precario puede resultar también de la
autonomía privada, cuando las partes estipularan expresamente la facultad del
comodante de solicitar la restitución en cualquier tiempo.
A) OBLIGACIONES DEL COMODANTE art. 1540 En principio, es una regulación que
actúa en subsidio de la voluntad de los contratantes.
a) Obligación de entregar la cosa en el tiempo y lugar convenidos. En orden a las
modalidades vinculadas al tiempo y lugar de ejecución habrá de estarse a lo
convenido, y a falta de convenio serán de aplicación las reglas generales que rigen
el pago (arts. 871 y 874).
b) Obligación de permitir el uso de la cosa durante el tiempo convenido. encuentra su
correlato en el derecho (acreencia) del comodatario de usarla; además, su contenido
resulta acorde a la propia función del contrato de transferir el uso.
c) Responder por los daños causados por los vicios de la cosa que oculta al
comodatario. Subyace en la regla sentada por el artículo analizado la imposición al
comodante de una obligación de informar los vicios ocultos que fueran de su
conocimiento, a fin de evitar daños al comodatario. La disposición debe ser
interpretada en conexión con el deber general de prevención del daño consagrado
en el art. 1710.
d) Obligación de reembolsar los gastos de conservación extraordinarios que el
comodatario realice. La doctrina ha fundamentado la decisión legislativa de imponer
las expensas extraordinarias en cabeza del comodante en el hecho de que la cosa
prestada permanece en su patrimonio; en consecuencia, no parece justo cargar su
pago sobre el comodatario. No obstante, se trata de un régimen supletorio, disponible
por voluntad de las partes, aunque en presencia de un contrato por adhesión o de un
contrato de consumo la eficacia de aquellas cláusulas que implican un apartamiento
del derecho supletorio queda sometido al régimen de control de inclusión y de
contenido dispuesto en los arts. 985 a 989 y concordantes. El último párrafo del art.
1538 niega al comodatario el derecho de retención, de modo que esta herramienta
compulsiva no funciona para compeler al comodante a pagar los gastos
extraordinarios de conservación.
B) OBLIGACIONES DEL COMODATARIO art. 1536
a) Obligación de usar la cosa conforme al destino convenido. Siendo el comodato un
contrato cuyo objeto inmediato consiste en una operación económica dirigida a
posibilitar el uso gratuito de una cosa, va de suyo que esa utilización ha de ajustarse,
en primer término, al destino convenido. A falta de pacto que lo individualice, en el art.
1536 En efecto, en caso de incurrir el comodatario en uso indebido de la cosa dada en
comodato, dándole un destino diverso al que correspondiere, el comodante está
facultado para "exigir la restitución de la cosa dada en comodato antes del
vencimiento del plazo" (art. 1539, inc. b). Este derecho le asiste aun cuando del uso
indebido no se siga ningún deterioro para la cosa. Además, en el supuesto que la
utilización indebida hubiere provocado daños en la cosa tendrá derecho a exigir su
reparación (conf. art. 1536, inc. d).
b) Pagar los gastos ordinarios de la cosa y los realizados para servirse de ella. Es
lógico que ellos sean puesto en cabeza del comodatario porque son erogaciones
realizadas en su propio interés, para posibilitar el uso de la cosa. Cabe mencionar
también que, en concordancia con lo reglado en el art. 1536, inc. b), el art. 1538,
primera parte, preceptúa que "el comodatario no puede solicitar el reembolso de los
gastos ordinarios realizados para servirse de la cosa".
c) Conservar la cosa con prudencia y diligencia. Así, no se conducirá con prudencia y
diligencia en la conservación de la cosa quien omitiera aquellas diligencias que
exigiere la naturaleza de la obligación, y que correspondiesen a las circunstancias de
las personas, del tiempo y del lugar. En cuanto a las personas debe tenerse presente
el patrón dispuesto por el art. 1725 del nuevo Código, que impone mayores
responsabilidades a quienes por su conocimiento o profesionalidad deben obrar con
mayor prudencia. Es sabido que la diligencia es lo contrario a la culpa. Esta última
significa que no se ha hecho lo que se debía, que se ha violado el necesario actuar o
que se ha obrado cuando la inacción era lo debido. En la diligencia, en cambio, la
actuación del sujeto se encuentra en armonía con los medios útiles, necesarios,
aconsejables y aptos para lograr el fin del contrato.
d) Responder por la pérdida y deterioro de la cosa. incluso cuando la pérdida o
deterioro se debiere al caso fortuito o fuerza mayor. La traslación al comodatario
de los riesgos del deterioro o pérdida de la cosa no se produce si aquél demuestra
que hubieran ocurrido igualmente si la cosa hubiese estado en poder del comodante
(art. 1563, inc. d, in fine). Pesa sobre el comodatario la carga de probar ese extremo, a
fin de eximirse de responsabilidad.
e) Obligación de restituir la cosa. con sus frutos y accesorios en el tiempo y lugar
convenidos. Se trata de un comportamiento debido que presupone la extinción del
contrato.
la cosa debe ser entregada en el estado de conservación que resulte de haberle dado
el uso debido y de haber empleado la prudencia y diligencia exigidas en la conservación
de la cosa; respondiendo por los deterioros o pérdida si se debieran a su culpa o aun
cuando fueren consecuencia de caso fortuito.
En cuanto a la oportunidad en que debe efectuarse la restitución, ella dependerá de
que se trate de un comodato con plazo determinado o indeterminado, como así también
de la causa que genere la extinción del vínculo. Tales cuestiones se abordarán en el
apartado siguiente. El lugar de la restitución será aquel acordado expresa o
implícitamente en el contrato (art. 873), en ausencia de ello, son de aplicación las
pautas estipuladas en el art. 874 del Código Civil y Comercial. La restitución debe
hacerla al comodante, o a sus herederos, salvo en el caso que el comodatario tomare
conocimiento que la cosa prestada es hurtada o perdida, hipótesis en la cual debe
restituirla al dueño (art. 1537), aunque la restitución al dueño exige consentimiento
del comodante o autorización judicial (conforme art. 1537, in fine).
RESTITUCION ANTICIPADA
1) Rescisión por voluntad unilateral del comodatario: La solución legal conduce a
afirmar que en el comodato el plazo se establece en beneficio del comodatario.
2) Rescisión por necesidad imprevista y urgente del comodante: El ejercicio de esta
facultad se sujeta a la concurrencia de dos condiciones en relación con la
circunstancia que torna necesario el uso del bien para el comodante.
* Debe ser imprevista, es decir, que se haya anticipado su acaecimiento.
* Debe ser urgente, o sea, imperiosa e inaplazable.
3) Rescisión por voluntad unilateral del comodante en el comodato precario.
EXTINCION DEL COMODATO art. 1541. esa enunciación no es exhaustiva y existen
otras causas de extinción.
a) Resolución por destrucción de la cosa: por imposibilidad sobrevenida en razón de
la pérdida del objeto. Aclara el art. 1541, inc. a) que no existe subrogación real ni
está obligado el comodante a prestar una cosa semejante.
b) Extinción por vencimiento del plazo: En el primer caso, plazo determinado expreso,
la mora es automática (art. 886). En caso de plazo determinado tácitamente, la mora
requiere interpelación (art. 887 inc. a), y el comodatario deberá ser intimado para la
restitución de la cosa. En concordancia con ello, el art. 1536, inc. e), señala que
concluye el comodato "cuando se haya satisfecho la finalidad para la cual se prestó
la cosa". La falta de restitución en tiempo, habilita al comodante a iniciar las acciones
tendientes a la restitución, que en el comodato de inmuebles, será la acción de
desalojo. Además, cabe la reparación de los daños derivados por el uso o la
ocupación indebida, sea la cosa mueble o inmueble.
c) Extinción por muerte del comodatario: Es decir, que se asigna al negocio carácter
de intuitu personae. A consecuencia de ello, los derechos del comodatario no se
transmiten a los herederos.
art. 1541, inc. d), en su última parte, sólo por acuerdo de partes los efectos del
comodato podrán trasmitirse a los herederos del comodatario. El otro supuesto de
excepción, se configura cuando el comodato no haya sido celebrado exclusivamente
en consideración a la persona del comodatario, extremo que deberá ser acreditado
por los herederos que invoquen la subsistencia de la relación contractual.
existen otros supuestos que emergen de otras disposiciones y que también provocan
la finalización del comodato, a las que hemos referido al tratar las obligaciones de
las partes. Así debemos citar el uso abusivo o diverso al pactado en que incurra el
comodatario (art. 1539, inc. b); y el pedido de restitución anticipada que efectúe el
comodante en los términos del art. 1539, inc. a), en que aún antes del vencimiento del
plazo puede dar por extinguido el vínculo si concurren los extremos previstos
normativamente.
DONACION Y LIBERALIDADES La liberalidad es un género al cual pertenece, como
especie principal, la donación. En ese sentido liberalidad es todo acto o negocio
jurídico cuyo contenido es una atribución o disposición de bienes a título gratuito.
pueden clasificarse del siguiente modo:
liberalidades entre vivos por actos bilaterales tenemos, en primer lugar, el contrato
de donación. También el contrato de comodato –ya estudiado- constituye una
liberalidad por acto entre vivos y por contrato.
liberalidad mortis causa por acto unilateral tenemos al testamento.
ACTOS MIXTOS A la par de donaciones con cargo hay otros negocios onerosos, en
los que una parte da más de lo que recibe y lo hace con ánimo liberal. Es lo que la
doctrina ha denominado negotium mixtum cum donatione. Nuestro Código Civil y
Comercial se ha ocupado del tema expresamente en el artículo 1544 con una solución
en la que busca hacer equilibrio entre la parte gratuita del negocio y la parte
onerosa.
El art. 1543 establece que las normas referentes a la donación se aplican
subsidiariamente a los demás actos jurídicos a título gratuito. lo que incluye no sólo
a otros contratos, como la cesión de derechos a título gratuito (art. 1614), el
comodato (art. 1533) y la constitución de usufructo gratuito, sino a actos
unilaterales, tales como la renuncia de un derecho, la condonación de un crédito,
etc.
CONTRATO DE DONACIÓN. NOCION Según el artículo 1542 hay donación cuando una
parte se obliga a transferir gratuitamente una cosa a otra, y ésta lo acepta. De esta
definición se desprenden los siguientes elementos:
a) Obliga a transferir la propiedad de una cosa. Sólo las cosas pueden ser objeto de
donación en nuestro régimen legal; si se trata de la transmisión gratuita de un
derecho, habrá cesión y no donación, aunque el régimen legal es análogo, pues el
artículo 1614 dispone que si se cede un derecho sin contraprestación, se aplicarán
las reglas de la donación en tanto no estén modificadas por las del capítulo referido
a la cesión de derechos.
b) La transferencia debe ser a título gratuito.
c) necesariamente es un acto entre vivos; los actos de última voluntad, llamados
testamentos, tienen un régimen legal distinto. En nuestro derecho no hay donaciones
para después de la muerte. Este criterio se refuerza con la imposición del deber
aceptar por parte del donatario estando en vida ambas partes (art. 1545), así como la
prohibición del artículo 1546 de que la donación esté sujeta a la condición
suspensiva de la muerte del donante.
Asimismo, la promesa gratuita de bienes, hecha con la condición de que no producirá
efectos sino después del fallecimiento del promitente, es nula (art. 1546).
CARACTERES; contrato unilateral; a título gratuito; formal En determinados
supuestos (donaciones de inmuebles, muebles registrables y rentas vitalicias o
periódicas) es formal solemne absoluto ya que la ley exige la forma –escritura
pública- para su validez, son nulos si la solemnidad no ha sido satisfecha (art. 969).:
consensual para el nuevo cuerpo normativo todos los contratos son consensuales
(arts. 957, 971, 972, 980).; nominado o típico.
Respecto a la forma impuesta al contrato de donación corresponde distinguir –en la
regulación resultante del nuevo CCC, tres supuestos:
A) Donaciones de inmuebles, de cosas muebles registrables y de prestaciones
periódicas o vitalicias: Deben ser hechas en escritura pública, bajo pena de nulidad
exigencia de carácter solemne y no de una exigencia a los meros fines de la prueba.
B) Donaciones al Estado pueden ser acreditadas con las actuaciones administrativas.
C) Donación manual Las donaciones de cosas muebles no registrables y de títulos al
portador deben hacerse por la tradición del objeto donado (art. 1554).
El art. 1554 del CCC no se contrae expresamente al supuesto a la donación verbal,
sino que de modo genérico hace referencia, en general, a la donación de cosas
muebles no registrables.
El objeto de la donación debe ser una cosa corporal; los derechos no pueden
donarse, sino cederse gratuitamente, si bien la distinción no es de mayor importancia,
porque a la cesión gratuita de derechos se aplican las reglas de la donación en lo
que no estén modificadas por reglas especiales (art. 1614). En el derecho comparado
prevalece en cambio el sistema de que tanto los derechos como las cosas corporales
pueden ser objeto de una donación. La donación debe referirse a cosas determinadas
cuyo dominio esté en poder del donante al momento de contratar (art. 1551, 1ª parte);
en razón de lo cual la donación de bienes futuros es nula. La donación de cosa ajena
es nula. La solución parece desprenderse fácilmente de la prohibición de donar cosas
futuras, pues una cosa que no está actualmente en el patrimonio del donante es para
él futura. La adquisición posterior de la cosa no convalida el negocio nulo ab initio,
del mismo modo que la adquisición posterior al acto de una cosa futura no mejora la
nulidad. En ambos casos, la solución está inspirada en un deseo de frenar la
prodigalidad. Es nula la donación de todos los bienes presentes de una persona o de
una parte sustancial de su patrimonio, a menos que el donante se reserve su usufructo
o cuente con otros medios suficientes para su subsistencia (art. 1551, 2ª parte).
Nuevamente la ley se ocupa de evitar el desamparo del donante provocado por su
prodigalidad o su irreflexión.
CONSENTIMIENTO la formación del consentimiento en la donación presenta algunas
particulares respecto a aquél régimen general. art. 1545, la aceptación puede ser
expresa o tácita, pero es de interpretación restrictiva y está sujeta a las reglas
establecidas respecto a la forma de las donaciones. Debe producirse en vida del
donante y del donatario. La aceptación debe producirse en vida del donante. En
consecuencia, si el donante muriera antes de haber el donatario aceptado en la forma
dispuesta en dicho artículo, la oferta quedará sin efecto. La norma aclara también
que la aceptación debe producirse en vida del donatario. Es claro que la regla que al
respecto prevé el CCyCN es coincidente con el art. 976 que dispone que la oferta
caduca cuando el proponente o el destinatario de ella fallecen o se incapacitan,
antes de la recepción de su aceptación. No obstante, se hubiera podido prever una
excepción a dicha regla en razón de lo afianzado que se encuentra en la práctica la
aceptación luego del fallecimiento del donante
LA OFERTA DE DONACIÓN O DONACIÓN DE ACEPTACIÓN DIFERIDA Hasta el momento
de su aceptación, la donación es un acto jurídico unilateral, que vale sólo como
promesa de donación. Para que la donación tenga efectos legales debe ser aceptada
por el donatario, expresa o tácitamente. Incluso la donación de la cosa inmueble
efectuada por escritura pero sin aceptación por el donatario, importa la promesa de
donación que hace formar el contrato de donación por mutuo consentimiento cuando
el donatario lo expresa en otra escritura. O sea que mientras no exista aceptación no
hay contrato de donación, a lo sumo oferta de donación. la aceptación se encuentra
sujeta a las reglas establecidas respecto a la forma de las donaciones. En el caso de
la donación que requiere bajo sanción de nulidad de la escritura pública, nada impide
que se realicen en escrituras distintas.
REVOCACIÓN DE LA OFERTA el contrato de donación se encuentra alcanzado por las
reglas específicas del Código Civil y Comercial sobre formación del consentimiento,
y más específicamente sobre revocación de la oferta y a las que cabe remitir al efecto.
Para el Código Civil y Comercial la oferta caduca con la muerte de quien la ha
efectuado a persona determinada (art. 976). El contrato se perfecciona si la
aceptación es recibida por el proponente durante el plazo de vigencia de la oferta, tal
como lo dispone el art. 980, inc. b) del nuevo ordenamiento.
Conforme al art. 1546 se encuentran prohibidas las donaciones hechas bajo la
condición suspensiva de producir efectos a partir del fallecimiento del donante. Si
los efectos de la donación están condicionados al acaecimiento de la muerte del
donante, esta será nula por tratarse de una donación de objeto prohibido en tanto –
según lo dispone el art. 1010- la herencia futura no puede ser objeto de los
contratos.
OFERTA CONJUNTA O PLURALIDAD DE BENEFICIARIOS El artículo 1547 establece
dos supuestos: a) cuando la donación es hecha a favor de varias personas
solidariamente; b) cuando la aceptación por algún donatario se hace imposible por su
muerte, o porque la donación ha sido revocada por el donante. En el primer caso, la
aceptación de uno o algunos de los donatarios se aplica a la donación entera; ello
es, se tiene por aceptada por todos. En el segundo caso, el porcentaje que iba a recibir
el donatario fallecido o revocado, debe repartirse entre los aceptantes, lo que
implica que la porción de éstos acrece.
DISTRACTO DE LA DONACIÓN el contrato puede ser extinguido por rescisión
bilateral. Esta extinción, excepto estipulación en contrario, sólo produce efectos
para el futuro y no afecta derechos de terceros. En principio la posibilidad del
distracto debe sostenerse en relación a cualquier clase de contratos. También se ha
afirmado que el instituto no resulta procedente en los casos en que el contrato se
ha consumado, entendiéndose por tal el completo cumplimiento de las obligaciones
correlativas. La cuestión precedentemente enunciada ha sido especialmente
planteada respecto a la posibilidad del distracto de donación, fundamentalmente
cuando el mismo aparece dirigido a bonificar una donación anterior que resulta
observable por ser susceptible de una eventual acción de reducción y de la acción
reipersecutoria que puede promoverse contra el tercer subadquirente. Así ocurre,
por ejemplo, si los padres donan el único inmueble que poseen a un hijo, lo cual lo
coloca en situación de que los restantes hermanos promuevan ulteriormente la
acción de colación. Ello implica, además, que el hijo donatario no podrá disponer del
inmueble (venderlo, hipotecarlo) pues seguramente le observarían que ha afectado la
legitima. Con el distracto se supera el problema y la cosa vuelve al dominio de los
donantes (los padres). En general la doctrina admite en tal situación el distracto
(López de Zavalía). En igual sentido se ha expedido la jurisprudencia.
CAPACIDAD De acuerdo al art. 1548 pueden donar solamente las personas que tienen
plena capacidad de disponer de sus bienes. Los menores emancipados pueden hacerlo
con la limitación del inc. b) del art. 28. el art. 689 del Código Civil y Comercial
establece que los progenitores no pueden hacer contrato alguno con el hijo que
está bajo su responsabilidad, excepto lo dispuesto para las donaciones sin cargo. Los
cónyuges, bajo el régimen de comunidad, no pueden celebrar en interés propio, ni entre
sí, ningún contrato, ya que carecen de capacidad de derecho para contratar bajo
tales circunstancias. Podrían contratar entre sí, si lo hacen en interés ajeno.
Tampoco podrían hacerlo por interpósita persona, conforme lo dispone el art. 1001
del Código Civil y Comercial. se agrega también que las dos únicas excepciones a este
principio limitativo son el contrato de mandato (arts. 459 y 1319 y ss. del Código Civil
y Comercial) y el contrato de sociedad (art. 27 Ley General de Sociedades —19.550—).
Los cónyuges casados bajo el régimen de separación pueden contratar en interés
propio y entre sí. Es la lectura a contrario sensu que surge del art. 1002, inc. d). Bajo
el régimen de separación los cónyuges cuentan con capacidad plena de derecho para
contratar. En consecuencia, podrán celebrar donaciones válidas entre ellos.
APODERADOS Con relación a la legitimación para donar, los apoderados requerirán
facultades expresas (art. 375, inc. l). Por lo tanto, bastará con que el apoderado
cuente con facultad genérica para celebrar este contrato.
2. CLASES DE DONACIONES
Las donaciones mutuas son aquellas que se hacen dos o más personas recíprocamente
en un mismo acto. En EL CCC solo se preceptúa que en las donaciones mutuas, la
nulidad de una de ellas afecta a la otra, pero la ingratitud o el incumplimiento de los
cargos sólo perjudican al donatario culpable (art. 1560). Habrá donaciones mutuas
si por ejemplo una persona dona un automóvil cero kilómetros a un sobrino y éste,
como agradecimiento por ese acto generoso, le dona un cuadro pintado por él. Cabe
agregar para aclarar el ámbito de aplicación de este tipo de donaciones que para que
las donaciones sean consideradas mutuas, debe cumplirse con un requisito esencial:
la reciprocidad, que indica la finalidad perseguida por las partes al celebrar ambos
contratos en un solo acto.
Son donaciones remuneratorias las realizadas en recompensa de servicios prestados
al donante por el donatario, apreciables en dinero y por los cuales el segundo podría
exigir judicialmente el pago. La donación se juzga gratuita si no consta en el
instrumento lo que se tiene en mira remunerar (art. 1561). se configura cuando se
presta el servicio y teniendo acción no se quiere cobrar, implica una retribución pero
no a título de pago sino de agradecimiento (MOSSET ITURRASPE) Según el art. 1561
deben concurrir los siguientes requisitos para que se configure una donación
remuneratoria:
1. Recompensa de servicios: No se requiere identidad cuantitativa entre el valor de la
donación y los servicios que se pretenden recompensar. Siempre será relevante la
presencia de animus domini como elemento esencial del acto que lo identificará y
calificará.
2. Servicios apreciables en dinero: La determinación o valoración económica de los
servicios prestados resultará siempre esencial para fijar la proporción de
onerosidad que alcanzará la donación.
3. Posibilidad de exigir judicialmente el pago : Si la obligación del donante, que se
cancela con la donación, no fuera tal (y por consiguiente no se pudiera reclamar
judicialmente) y sólo se limitara a una recompensa por un deber moral, entonces la
donación sería enteramente gratuita.
4. Mención expresa: La calidad remuneratoria, con indicación de qué servicios se están
recompensando, debe constar expresamente en el instrumento.
De acuerdo a la norma del art. 1562 del Código Civil y Comercial, en las donaciones
se pueden imponer cargos a favor del donante o de un tercero, sean ellos relativos
al empleo o al destino de la cosa donada, o que consistan en una o más prestaciones.
Si el cargo se ha estipulado en favor de un tercero, éste, el donante y sus herederos
pueden demandar su ejecución; pero sólo el donante y sus herederos pueden revocar
la donación por inejecución del cargo El cargo es una obligación accesoria impuesta
al adquirente de un derecho. El cargo implica una obligación accesoria cuyo
cumplimiento es exigible, en el caso, por el donante y sus herederos. Si se ha estipulado
a favor de un tercero, éste también se encuentra legitimado a exigir su cumplimiento.
Como lo indica el art. 1562, primer párrafo, los cargos pueden ser “relativos al
empleo o al destino de la cosa donada o pueden consistir en una o más prestaciones”.
La doctrina proporciona una variedad de ejemplos al respecto:
* Donar un inmueble a una asociación civil u ONG con la obligación de afectarlo a una
finalidad determinada (atender a enfermos de cáncer o de HIV)
* Donar un importante inmueble rural con el cargo de construir una escuela en un
lugar determinado del mismo y luego donarla al municipio.
El segundo párrafo de la norma del art. 1562 regula los efectos y la legitimación de
las partes para exigir el cumplimiento del cargo impuesto.
En síntesis, el donatario queda obligado al cumplimiento del cargo y si paga su
obligación, perfecciona su dominio. Caso contrario se generan dos acciones posibles:
(i) la acción de cumplimiento del cargo (que reconoce como legitimados activos al
tercero beneficiario, al donante y sus herederos)
(ii) la acción de revocación de la donación (que reconoce como sus legitimados activos
solo al donante y sus herederos —art. 1562—).
Exigible el cargo, conforme los distintos supuestos mencionados, resulta expedita la
acción de cumplimiento del cargo (art. 2554) y, paralelamente, la acción de
revocación de la donación. A ambas hipótesis corresponde aplicar el plazo
quinquenal del art. 2560 del Código Civil y Comercial.
De acuerdo al art. 1565 se considera inoficiosa la donación cuyo valor excede la
parte disponible del patrimonio del donante. A este respecto, se aplican los preceptos
de este Código sobre la porción legítima. En consecuencia, el tratamiento de la acción
de reducción queda exclusivamente dispuesto por lo prescripto en los arts. 2453 a
2460 del nuevo ordenamiento normas que se analizarán específicamente en la
asignatura “Sucesiones”. de cualquier modo hay que tener en cuenta que solo a la
muerte del causante se puede determinar si una donación es o no inoficiosa en razón
del carácter fluctuante del patrimonio. El objetivo de la acción es adicionar a la masa
de partición el valor colacionable para luego imputarlo en su propia porción. La
acción de reducción, en cambio, opera frente a disposiciones testamentarias que
afectan la legítima de los legitimarios y frente a las donaciones inoficiosas, porque
exceden la parte que el donante puede disponer, los legitimarios podrán exigir la
reducción a los términos debidos, sin llegar a las donaciones mientras pueda cubrirse
la legítima reduciendo a prorrata o dejando sin efecto, si fuera necesario, las
disposiciones testamentarias. La donación inoficiosa habilita la reducción, y ésta
resolverá el dominio en la medida necesaria para cubrir la legítima. La acción de
reducción se propone defender la legítima de los herederos forzosos. La acción de
colación funciona aunque la legítima no haya sido afectada y tiende a mantener la
igualdad entre los herederos forzosos. Por una razón de orden público, la acción de
reducción puede hacerse valer aun contra la voluntad expresa del causante; mientras
que la colación sólo procede en caso de silencio del difunto, pues es interpretativa
de su voluntad.
3. EFECTOS DE LA DONACIÓN El donante debe entregar la cosa desde que ha sido
constituido en mora. En caso de incumplimiento o mora, sólo responde por dolo (art.
1555). Ahora bien, cabe preguntarse qué significa que el donante deba entregar la
cosa "desde que ha sido constituido en mora". Se podría suponer que es requisito para
que se configure la obligación de entregar por parte del donante la previa
constitución en mora del deudor, de modo tal que hasta tanto el donatario no
"interpele" al donante, este último no estaría obligado a hacer entrega de la cosa. Tal
lectura merecería algunas aclaraciones. Es importante no confundir la interpelación
con la constitución en mora. La constitución en mora puede operar de distinta manera:
(i) por un acto del acreedor (interpelación) o (ii) automáticamente, por el mero
transcurso del tiempo. Y se observa que es habitual que se asigne a la expresión
interpelación un significado equivalente al de constitución en mora, sin embargo la
interpelación no es la única vía para constituir en mora al deudor, ni, por cierto, la
más importante. En consecuencia, la norma del art. 1555 CCyCN induce a confusión
por haber conservado una expresión que no resulta útil. El donante debe entregar la
cosa, esa es su obligación central. Debe hacerlo, tan pronto ello es exigible.
Garantía de evicción Según el art. 1556 el donante sólo responde por evicción en los
siguientes casos:
a) si expresamente ha asumido esa obligación;
b) si la donación se ha hecho de mala fe, sabiendo el donante que la cosa donada no
era suya e ignorándolo el donatario;
c) si la evicción se produce por causa del donante;
d) si las donaciones son mutuas, remuneratorias o con cargo
alcances de la responsabilidad por evicción, diferentes supuestos:
a) Si la donación es puramente gratuita, el donatario sólo debe indemnizar los gastos
en los que incurrió el donatario en razón del contrato de donación.
b) Si la donación es parcialmente onerosa, además de los gastos antes referidos, debe:
(i) reembolsar el valor de la cosa por él recibida, si la donación es mutua;
(ii) abonar los gastos incurridos en el cumplimiento del cargo si se tratare de una
donación con cargo; o
(iii) pagar los servicios recibidos en el caso de las donaciones remuneratorias.
Vicios ocultos El artículo 1558 establece claramente que el donante sólo responde
por los vicios ocultos de la cosa donada si hubo dolo de su parte, caso en el cual
debe reparar al donatario los daños ocasionados.
OBLIGACIÓN ALIMENTARIA El art. 1559 establece que excepto que la donación sea
onerosa, el donatario debe prestar alimentos al donante que no tenga medios de
subsistencia. Puede liberarse de esa obligación restituyendo las cosas donadas o su
valor si las ha enajenado.
4. REVERSION Y REVOCACION Las transferencias operadas en virtud de donaciones
son, en principio, firmes y definitivas. Dicha regla no es absoluta, sino que presenta
importantes excepciones.
I. REVERSIÓN Concepto En la donación se puede convenir la reversión de las cosas
donadas, sujetando el contrato a la condición resolutoria de que el donatario, o el
donatario, su cónyuge y sus descendientes, o el donatario sin hijos, fallezcan antes
que el donante. De acuerdo al art. 1567, una vez cumplida la condición prevista para
la reversión, el donante puede exigir la restitución de las cosas transferidas
conforme a las reglas del dominio revocable. Esta norma proporciona dos
definiciones relevantes en lo referente a los efectos que se producen cuando opera
la condición resolutoria pactada. Establece el derecho del donante a exigir la
restitución de las cosas transferidas y, además, remite para ello a las normas que
regulan el dominio revocable. Ahora bien, el art. 1566 alude a que el contrato se
sujeta a condición resolutoria, en tanto que el art. 1567 remite a la aplicación del
régimen del dominio revocable una vez cumplida la condición prevista.
Modalidades Dentro de las condiciones resolutorias que suelen imponerse en las
donaciones, una de las más frecuentes e importantes, es la reversión por premuerte
del donatario (art. 1566). De acuerdo con esta cláusula, los bienes donados retornan
al patrimonio del donante si el donatario fallece antes que aquél. La legitimidad y aun
la utilidad de esta cláusula, son evidentes. La donación es un acto intuitu personae.
La cláusula puede también disponer la reversión para el caso de que fallezcan, antes
que el donante, "el donatario, su cónyuge y sus descendientes" (art. 1566). El
fundamento que tiene la norma es el eventual interés que puede tener el donante en
que el bien no salga de la familia del donatario. los alcances de la cláusula de
reversión deben ser considerados en relación a diferentes modalidades que ella
puede asumir:
a) Cuando el derecho de reversión ha sido estipulado para el caso de que la muerte
del donatario preceda a la del donante, la reversión tiene lugar desde la muerte del
donatario, aunque le sobrevivan sus hijos.
b) Cuando el derecho de reversión ha sido reservado para el caso de muerte del
donatario, su cónyuge y sus descendientes, la reserva no principia para el donante
sino por la muerte del cónyuge y de todos los descendientes del donatario.
c) Cuando el derecho de reversión se hubiera establecido para el caso de muerte del
donatario sin hijos, la existencia de hijos a la muerte del donatario extingue el
derecho, que no revive ni aun en caso de la muerte de estos hijos antes de la del
donante (art. 1566, párr. 3º).
Efectos La cláusula de reversión es una condición resolutoria; sus efectos se
producen ipso iure, sin necesidad de demanda y son los propios de estas condiciones.
a) Reversión pendiente: Cuando todavía no se ha cumplido el hecho del que depende la
reversión, el donatario se encuentra en la condición de un propietario puro y simple.
Sus acreedores podrán embargar y ejecutar los bienes donados, sin perjuicio de los
efectos que luego tendrá sobre el dominio el cumplimiento de la condición. El
donante, por su parte, está autorizado para ejercer las medidas conservatorias
necesarias para la protección de su derecho eventual.
b) Condición cumplida: La reversión de los bienes tiene efectos retroactivos, al menos
si se trata de bienes registrables, pues el donante puede exigir la restitución de las
cosas transferidas conforme a las reglas del dominio revocable (art. 1567). La
retroactividad está establecida como regla por el artículo 1967, primer párrafo. En
consecuencia, la enajenación de los bienes donados por el donatario queda sin ningún
efecto y vuelven al patrimonio del donante, libres de toda carga o hipoteca. Sin
embargo, tratándose de cosas no registrables, la revocación no tendrá efectos
contra terceros, sino en cuanto ellos, por razón de su mala fe, tengan una obligación
personal de restituir la cosa (art. 1967, párr. 2º). Por lo tanto, en este caso, el
adquirente de buena fe y a justo título podrá defenderse contra la acción
reivindicatoria del donante.
c) Certeza de que la condición no podrá cumplirse : Desde el momento en que el
donante ha fallecido antes que el donatario, la condición de la que depende la
reversión se hace de cumplimiento imposible y el dominio queda definitivamente
consolidado en la cabeza del donatario o de quien hubiera adquirido de él los bienes
donados. Pero si el donatario fuere causante voluntario de la muerte del donante, la
condición se reputa cumplida y los bienes revierten al patrimonio de los herederos del
donante, pues no sería concebible que alguien resultara beneficiado por su propio
dolo; el homicidio simplemente culpable y no intencional, no perjudica al donatario.
Renuncia Puesto que la reversión es un derecho de carácter patrimonial, nada impide
que sea renunciado por el donante. La renuncia puede ser expresa o tácita.
II. REVOCACIÓN La ley sólo admite la revocación en estos supuestos: a) cuando el
donatario no ha ejecutado los cargos impuestos; b) cuando ha incurrido en ingratitud
hacia el donante; c) cuando después de la donación han nacido hijos al donante y esta
causa de revocación se hubiera previsto en el contrato (art. 1569, párr. 1º). Las
donaciones onerosas (donaciones con cargo y remuneratorias) pueden ser revocadas
pero el donante debe reembolsar el valor de los cargos satisfechos o de los
servicios prestados por el donatario (art. 1569, párr. 2º).
A) Revocación por inejecución de los cargos El incumplimiento no origina una pérdida
ipso iure del derecho a los bienes donados; es preciso un acto de voluntad del
donante. No interesa que el cargo haya sido impuesto en interés del donante o de un
tercero; en cualquier caso la acción de revocación queda abierta. También es
indiferente a los efectos del ejercicio del derecho de revocación, la naturaleza del
cargo, que puede tener un contenido económico o extrapatrimonial. el derecho sólo
corresponde al donante y sus herederos.
Efectos de la revocación
i) Respecto de las partes
La revocación por incumplimiento de los cargos obra como condición resolutoria; el
dominio de los bienes donados queda revertido retroactivamente al patrimonio del
donante (art. 1969), lo que implica que el donatario pierde el valor de las mejoras que
pudiera haber introducido.
ii) Respecto de terceros
Los terceros a quienes el donatario transmite bienes gravados con cargos sólo
deben restituirlos al donante, al revocarse la donación, si son de mala fe (art. 1570,
párr. 3º). De la norma se desprende que si el tercero es de buena fe, la que se presume,
no verá afectado su derecho. Si las cosas donadas son muebles no registrables, los
terceros adquirentes de ellos de buena fe, no son alcanzados por la acción de
revocación por imperio de lo dispuesto por el artículo 1895, según el cual la posesión
de buena fe de una cosa mueble, no hurtada ni perdida, es suficiente para adquirir los
derechos reales principales (dominio), lo que permite repeler la acción de
reivindicación.
iii) Respecto del beneficiario del cargo Puede ocurrir que el cargo cuyo
incumplimiento ha dado origen a la revocación sea en beneficio de un tercero.
Límites de la responsabilidad del donatario. El donatario sólo responde del
cumplimiento de los cargos con la cosa donada y hasta su valor si la ha enajenado o
ha perecido por un hecho suyo (art. 1563, párr. 1º).
B) Revocación por ingratitud El donatario tiene un deber de gratitud hacia el donante.
En el plano moral, este deber se manifestará sobre todo por hechos positivos; en
derecho, en cambio, se satisface con una conducta pasiva. Lo que se sanciona son los
actos que revelan ingratitud. En un solo caso se exige un hecho positivo: la prestación
de alimentos al donante que carece de medios de subsistencia. Cuando el donatario ha
faltado al deber de gratitud, la ley le permite al donante revocar la donación.
Cualquier donación puede ser revocada por ingratitud, aun las remuneratorias y las
hechas con cargo; pero en estos casos, sólo pueden ser revocadas en la parte que
excede el valor del cargo cumplido o del servicio prestado; esto es, por la parte que
sea gratuita. La ley ha querido dar firmeza al acto de donación; se la puede dejar sin
efecto sólo por causas graves, que el Código enumera taxativamente: Para que estos
hechos den lugar a la revocación es preciso que sean imputables al donatario, sin
necesidad de que exista condena penal (art. 1571, in fine).
a) Atentado contra la vida o la persona. Para que la revocación pueda demandarse es
innecesario que los hechos presenten los presupuestos exigidos en el derecho
criminal para la tentativa de homicidio; por lo tanto, la justicia civil puede admitir una
acción de revocación aunque la penal haya absuelto al donatario.
b) Injurias graves. Las injurias deben ser graves; La apreciación de la gravedad queda
librada al prudente criterio judicial. Tampoco en este caso la noción de injurias se
vincula con el delito criminal del mismo nombre; en las injurias que ahora
consideramos pueden consistir en un ataque contra la persona, o su libertad, o su
honor.
c) Privación injusta de los bienes . El ataque a los bienes del donante, su cónyuge o
conviviente, sus descendientes o ascendientes, su destrucción, robo o hurto,
constituyen causal de ingratitud, y habilitan al donante a revocar la donación. Desde
luego, la privación debe ser injusta, esto es, ilegítima, y debe recaer sobre bienes
materiales o inmateriales, pero no se extiende el concepto a meras chances o
expectativas.
d) Negación de alimentos. También hay lugar a la revocación cuando el donatario
rehúsa pasar alimentos al donante que los necesita para su subsistencia. Pero la
obligación alimentaria del donante tiene carácter subsidiario; la revocación sólo es
procedente cuando el donante no puede obtenerlos de las personas obligadas por
las relaciones de familia (art. 1572). No habrá lugar a la revocación si el donatario
ignoraba la necesidad del donante, porque no se le puede imputar ingratitud.
La acción de revocación es personal; sólo puede ser ejercida por el donante (art.
1573). No puede serlo por los acreedores por vía subrogatoria ni puede tampoco ser
cedida. Se explica que así sea porque la facultad de perdón es personalísima e
incesible. Tampoco puede ser ejercida por los herederos del donante; sin embargo,
podrá ser continuada por ellos si el donante la hubiera iniciado (art. 1573). El perdón
por el donante, con conocimiento de causa (art. 1573, párr. 2º), constituye una
renuncia tácita de la acción que provoca su extinción. Si hubo perdón, el donante no
podrá más tarde iniciarla. La acción de revocación sólo puede intentarse contra el
donatario y no contra sus herederos o sucesores; pero intentada contra el primero,
puede seguirse a su fallecimiento contra los herederos (art. 1573).
Efectos de la revocación
i) Entre las partes, la revocación obra como condición resolutoria con efectos
retroactivos. Es de aplicación lo que dijéramos sobre revocación por inejecución de
los cargos.
ii) Respecto de terceros en nuestro caso la revocación no puede tener efectos
retroactivos. Si la revocación tuviera efectos retroactivos, se cerniría un
permanente peligro sobre el derecho a los bienes donados, creando así una
inseguridad inconveniente desde el punto de vista económico social.
GARANTIAS Garantía el medio jurídico de asegurar el pago de un crédito. La garantía
muestra un doble interés: un acreedor que se beneficia con ella está mejor protegido
contra la insolvencia de su deudor, está más seguro de ser pagado. Al mismo tiempo un
deudor no encontrará crédito, confianza, frente a eventuales contratantes si éstos
no están convencidos de que serán pagados al llegar al vencimiento.
Las garantías pueden clasificarse en legales y convencionales y ésta últimas, a su vez,
pueden subclasificarse en personales y reales.
Se dice que la garantía es legal cuando funciona de pleno derecho en seguridad de un
crédito. Las garantías convencionales tienen origen en la voluntad de las partes.
Pueden ser personales o reales. En las garantías personales –la fianza es su ejemplo
más relevante- se produce la agregación de uno o más deudores, se extiende la
responsabilidad derivada del contrato a otras personas. Las garantías reales son
aquellas donde se afecta uno o más bienes al pago de una deuda (hipotecar, prenda,
anticresis, warrants). Las garantías reales confieren al acreedor dos derechos:
* Derecho de persecución (ius persequendi): como consecuencia de la inherencia del
derecho real de hipoteca o prenda el acreedor puede ejecutar la garantía respecto a
quien sea titular del bien.
* Derecho de preferencia o prelación (ius preferendi): consiste en el derecho del
acreedor de cobrar con preferencia a otros acreedores, en particular los
quirografarios.
Las garantías personales –en particular la fianza- son reguladas en principio como
contratos, o sea como un acto jurídico bilateral cuyas partes son el fiador y el
acreedor. Sin embargo en el derecho comparado se admiten desde hace un tiempo
garantías unilaterales, o sea que emanan no de un contrato sino de un acto jurídico
unilateral del garante. Son las llamadas garantías a primera demanda o a primer
requerimiento. Bajo el CC derogado no estaban previstas pero sin embargo eran
admitidas como negocios innominados o atípicos. El CCC procedió a regularlas en los
arts. 1810/1814, instituto que se analizará en el Punto 7 de esta Unidad.
GARANTIAS UNILATERALES (A PRIMERA DEMANDA O A PRIMER REQUERIMIENTO):
constituye una obligación de pagar cierta cantidad, asumida por un banco u otra
entidad habilitada (denominado garante) a solicitud de un cliente suyo (denominado
ordenante o deudor) que necesita de ella por exigencia del beneficiario. En este tipo
de garantía no pueden ser invocados medios de defensa o excepciones basadas en el
contrato que motivó la operación. Por eso se las llama “a primera demanda” o “a
primera solicitud” pues ante el mero requerimiento o comunicación del beneficiario en
el sentido que no le ha sido pagada la deuda garantizada la garantía debe ser pagada
por el otorgante, sin que sea necesario acreditar ningún otro extremo. La garantía a
primera demanda es abstracta y autónoma y está desvinculada del contrato
fundamental. El efecto práctico de esa desvinculación es la cobranza automática de
la obligación a primera demanda, sin necesidad de invocar la relación de causalidad
que la justifica. En virtud de una presunción iuris tantum creada por propia voluntad
de las partes, la garantía es exigible, sin que el acreedor tenga que justificar su causa,
valiendo por sí misma, como una especie de título autoejecutivo. A partir del artículo
1810, el nuevo CCC regula las garantías "unilaterales", también llamadas "garantías
de cumplimiento a primera demanda" o "a primer requerimiento"; definiéndolas como
aquéllas garantías en las cuales se establece que el emisor garantiza el cumplimiento
de las obligaciones de otro y se obliga a pagarlas, o a pagar una suma de dinero u otra
prestación determinada, independientemente de las excepciones o defensas que el
ordenante pueda tener, aunque mantenga el derecho de repetición contra el
beneficiario, el ordenante o ambos. Como puede comprobarse, se ha optado por
tipificar y regular este tipo de garantías –ya instaladas en el mercado- pero también se
han establecido directivas legales dirigidas a impedir su uso abusivo, lo que así ocurre
con las limitaciones fijadas respecto a los sujetos que pueden constituirse en
garantes (art. 1811) y con los derechos conferidos al ordenante o al garante de
exigir caución adecuada en caso de fraude o abuso manifiesto del beneficiario (art.
1810, último párrafo).
DIFERENCIAS CON LA FIANZA. La garantía unilateral o a primera demanda se diferencia
sustancialmente de la fianza en su estructura típica, porque no es un contrato y por
su abstracción respecto de la causa que le da origen. Si bien es una garantía, es
profundamente atípica en su concepción ya que prescinde totalmente del beneficio de
excusión y de división, e impide la oponibilidad de defensas basadas en la obligación
afianzada. O sea que no se encuentra en absoluto presente el principio de
accesoriedad que es esencial en el contrato de fianza, según el cual las vicisitudes
que afectan a la obligación principal garantizada se extienden a la garantía. En su
configuración se asemeja a un seguro de caución porque una vez producido el
“siniestro” surge automáticamente la obligación indemnizatoria. Sin embargo difiere
sustancialmente del contrato de seguro porque la garantía a primera demanda es
unilateral.
FIANZA. hay contrato de fianza cuando una persona se obliga accesoriamente por
otra a satisfacer una prestación para el caso de incumplimiento. El contrato de fianza
tiene los siguientes caracteres:
a) Accesorio: Depende jurídicamente de otro contrato o bien de una obligación no
contractual (así se puede afianzar la obligación de pagar una indemnización por un
accidente de tránsito).
b) Unilateral: Nacen obligaciones solo para el fiador (pagar la deuda afianzada si no
lo hace el deudor principal).
c) Gratuito: Constituye un deber típico de amistad.
d) Formal: De exige que el contrato se celebre por instrumento escrito (art. 1579).
e) Conmutativo: En principio la fianza es un contrato conmutativo pues las partes
conocer desde su formación las ventajas que se derivan del contrato.
f) Genera una obligación subsidiaria , que sólo puede hacerse efectiva cuando se ha
hecho infructuosamente excusión de los bienes del deudor principal, salvo que se
trate de una fianza solidaria o de una fianza principal pagador. No debe confundirse
esta subsidiariedad con la accesoriedad; esta última existe siempre, aun cuando el
fiador se haya obligado como principal pagador o solidariamente con el deudor
principal.
g) Es nominado, ya que está expresamente regulado por la ley.
h) De consumo (según el caso).
Como todo contrato, la fianza se perfecciona con el consentimiento válido de ambas
partes. De modo tal que mientras el acreedor no acepte la propuesta de fianza
(oferta), el fiador (que, obviamente no ha asumido tal carácter) podría retractarla, ya
que la oferta dirigida a una persona determinada puede ser retractada si la
comunicación de su retiro es recibida por el destinatario antes o al mismo tiempo que
la oferta (art. 975). Por ello mismo, nada impide que se apliquen al caso las reglas de
los contratos entre ausentes, en cuyo caso la aceptación perfecciona el contrato si
es recibida por el proponente durante el plazo de vigencia de la oferta (art. 980, inc.
b).
CAPACIDAD: Facultades del representante Se exigen facultades expresas a favor del
representante que pretende constituir en fiador al representado (art. 375 inc. m).
Inhabilidades En materia de inhabilidades para contratar no pueden celebrar el
contrato de fianza los emancipados (art. 28 inc. c); tampoco pueden los padres
constituir a sus hijos bajo responsabilidad parental en fiadores de ellos o de
terceros (art. 689) prohibición que se extiende a los tutores (art. 120) y curadores
(art. 138). Los cónyuges pueden ser fiadores, uno del otro, cualquiera sea el régimen
patrimonial escogido. En este caso ocurre que no celebran entre ellos contrato
alguno; ambos han contratado con un tercero, uno la obligación principal, el otro la
fianza. En cambio, dentro del régimen de comunidad, uno de los cónyuges no puede
afianzar al tercero que contrata con su propio cónyuge, porque esto implicaría
admitir un contrato gratuito entre cónyuges (ante el incumplimiento del tercero), que
podría afectar los intereses de otros terceros y que está vedado por el artículo
1002, inciso d).
Deudor incapaz El fiador no puede excusar su responsabilidad en la incapacidad del
deudor (art. 1576).
FORMA Y PRUEBA En el art. 1579 CCC, en cambio, la forma impuesta (escrita) lo es sin
otro aditamento y sin aclaración acerca de si lo es bajo pena de nulidad (lo que los
convertiría en contratos solemnes absolutos), ni para la prueba, como ocurría en las
normas derogadas. Sin embargo, tratándose de un contrato que es de uso
instrumentar y atento que importa para el fiador asumir obligaciones de un tercero,
resultará difícil sino imposible acreditar una fianza solo por testigos o por otro
medio probatorio, que no sea el instrumento escrito.
CLASES DE FIANZAS
A) FIANZA SIMPLE como regla, la fianza debe ser calificada como simple, gozando por
ende el fiador de los beneficios de excusión y división. De conformidad al primero el
fiador no puede ser compelido a pagar la deuda afianzada sin que previamente el
acreedor no haya ejecutado los bienes del deudor. A su vez, el beneficio de división
posibilita que, en caso de existir cofiadores, la deuda afianzada sea dividida entre
ellos. la solidaridad es excepcional y debe ser pactada.
B) FIANZA SOLIDARIA En esta modalidad el fiador no goza de los beneficios de
excusión y de división. Esta es su única diferencia con la fianza simple, En lo demás, la
fianza solidaria continúa participando de la misma naturaleza y de los caracteres de
la fianza simple. O sea que el pactar una fianza como solidaria no le quita su carácter
de obligación accesoria La fianza comercial, la fianza será solidaria en los siguientes
casos (art. 1584)
C) CALIDAD DE PRINCIPAL PAGADOR Según la norma del art. 1591 CCC, cuando
alguien se obliga como principal pagador, aunque sea con la calificación de fiador, es
considerado deudor solidario y su obligación se rige por las disposiciones aplicables
a las obligaciones solidarias. se sustentaron básicamente dos posiciones, que pueden
considerarse igualmente aplicables al nuevo texto del art. 1591:
i) Doctrina de la solidaridad: Para la tesis prevaleciente el principal pagador debe ser
directamente reputado como codeudor solidario, quedando por ende sometido a las
reglas propias de esta especie de obligaciones. Como consecuencia de ello, la
asunción de la aludida calidad implica excluir al obligado de las reglas del contrato
de fianza. En definitiva se excluyen todas las normas propias de la fianza y se le aplican
las que corresponden a las obligaciones solidarias (art. 827 y ss CCC)
ii) Doctrina de la fianza: considera que cuando se asume la calidad de principal
pagador la voluntad de las partes es celebrar un contrato de fianza, es cierto que en
términos más rigurosos que en la fianza simple e incluso en la solidaria. Pero esas
mayores exigencias no pueden conducir a privar al contrato de su naturaleza (fianza).
Cabe señalar que la “doctrina de la fianza” (punto ii) ha sido en alguna medida acogida
por la incorporación del art. 1582 bis del Cód. Civil mediante Ley 25.628, reproducida
en el art. 1225 CCC. Dicha norma regula la situación de la fianza en la locación de
cosas, haciendo cesar la obligación del fiador al vencimiento del término del
contrato y expresamente se señala que se aplica a cualquier tipo de fianza, sea simple,
solidaria o “como codeudor o principal pagador”.
FIANZAS LEGALES O JUDICIALES Corresponderá a los Códigos procesales o a la
valoración judicial en ausencia de previsión normativa, determinar las condiciones de
solvencia del fiador judicial. La única referencia a la fianza judicial es la contenida
en el art. 1584, inc. b), según el cual en la fianza judicial no puede oponerse el
beneficio de excusión.
SUPUESTOS ESPECIALES QUE NO CONSTITUYEN FIANZA Las cartas denominadas de
recomendación, patrocinio o de cualquier otra manera similar, por las que se asegure
la solvencia, probidad u otro hecho relativo a quien procura créditos o una
contratación, no obligan a su otorgante, excepto que hayan sido dadas de mala fe o
con negligencia, supuesto en que debe indemnizar los daños sufridos por aquel que da
crédito o contrata confiando en tales manifestaciones (art. 1581). De acuerdo al art.
1582, el compromiso de mantener o generar una determinada situación de hecho o de
derecho no es considerado fianza, pero su incumplimiento genera responsabilidad del
obligado.
OBJETO Y EXTENSIÓN DE LA FIANZA. OBLIGACIONES QUE PUEDEN SER AFIANZADAS
Puede ser afianzada toda obligación actual o futura, incluso la de otro fiador (art.
1577). Con relación a las obligaciones futuras, podrían ser obligaciones que se
producirán en un futuro pero que encuentran su causa en un contrato ya existente o,
podría tratarse de obligaciones que tengan su causa en un contrato que se celebrará
en el futuro. obligaciones nacidas de hechos ilícitos ya ocurridos (v.gr. deudor
condenado judicialmente por un accidente de tránsito). Distinta es la hipótesis
cuando se pretende afianzar la obligación futura proveniente de un hecho ilícito, si es
derivado de un delito, entonces el contrato de fianza será nulo, pero no si deriva de
un cuasidelito, porque así como se permite el seguro de responsabilidad civil (o sea
asegurar un cuasidelito futuro) no habría ningún inconveniente en permitir una fianza
con similares alcances).
1578 CCyCN es válida la fianza general que comprenda obligaciones actuales o
futuras, incluso indeterminadas; en todos los casos debe precisarse el monto máximo
al cual se obliga el fiador. Esta fianza no se extiende a las nuevas obligaciones
contraídas por el afianzado después de los cinco años de otorgada. La fianza
indeterminada en el tiempo puede ser retractada, caso en el cual no se aplica a las
obligaciones contraídas por el afianzado después que la retractación sea notificada
al acreedor. La fianza general, global u ómnibus es empleada sobre todo en
operaciones bancarias a fin de no recurrir a otras garantías (v.gr. reales) que
encarecen el crédito. En este tipo de fianza, el fiador se compromete a asegurar el
cumplimiento de todas las obligaciones presentes o futuras, directas o indirectas,
dependientes de las operaciones o contrato que concluya el deudor con una
institución de crédito, de la cual el obligado es cliente. Se establecen reglas
limitativas para la fianza general con el fin de tutelar la situación del fiador, en
cuanto contratante que se presupone más débil en la relación con el acreedor
teniendo en cuenta que se trata de una modalidad de fianza de práctica en los
contratos bancarios. Los limites finados por el art. 1578 son los siguientes:
i) Se exige precisar un importe máximo por capital al cual se obliga el fiador.
ii) Además, se dispone en la norma del art. 1578 que esta fianza no se extiende a las
nuevas obligaciones contraídas por el afianzado después de los cinco años de
otorgada.
iii) Por último, se prevé que la fianza indeterminada puede ser retractada.
EXTENSIÓN DE LAS OBLIGACIONES DEL FIADOR La prestación a cargo del fiador debe
ser equivalente a la del deudor principal, o menor que ella, y no puede sujetarse a
estipulaciones que la hagan más onerosa. La inobservancia de la regla precedente no
invalida la fianza, pero autoriza su reducción a los límites de la obligación principal.
El fiador puede constituir garantías en seguridad de su fianza (art. 1575). El Código
Civil y Comercial, siguiendo la línea jurisprudencial, incorpora los gastos que
demande el cobro e incluye expresamente a las costas. En consecuencia, la fianza se
extiende no sólo a los intereses sino también a los gastos extrajudiciales o judiciales,
si no ha sido previsto lo contrario por las partes. La norma del art. 1580 es un
complemento de lo establecido en el art. 1575 y si bien por aplicación del principio de
la libertad de contratación, las partes pueden convenir de otra manera la extensión
de la fianza, la misma comprende ahora todos los accesorios, vale decir, tanto los
intereses generados por la obligación principal como los gastos que demande la
percepción de la acreencia, sean judiciales o extrajudiciales. Ahora bien, la norma
agrega un término que generará, sin dudas, controversias y posiciones encontradas
que será menester definir en cada caso concreto: la "razonabilidad" de dichos gastos.
La norma es ambigua, ya que si la ejecución forzada exige mayores erogaciones no se
entiende qué gastos resultarían irrazonables. Si el deudor principal no pagó es
indudable que todos los gastos erogados a fin de satisfacer el interés del acreedor
deberían ser soportados por el fiador (carta documento, informe de dominio; etc.).
EFECTOS DE LA FIANZA
A) EFECTOS ENTRE FIADOR Y ACREEDOR El fiador es el garante del deudor principal
y si éste último no cumple, el fiador deberá hacerlo. el fiador cuenta con una serie de
derechos.
Beneficio de excusión En la fianza simple es relevante el derecho que se concede al
fiador de negarse a efectivizar la obligación afianzada, hasta tanto el acreedor haga
ejecución de todos los bienes del deudor. El beneficio de excusión es el derecho que
tiene el fiador de oponerse a la ejecución de sus bienes hasta tanto se hayan
ejecutado todos los bienes del deudor o éste caiga en insolvencia. El fiador que
opone dicha excepción no debe acreditar la existencia de bienes del deudor
susceptibles de ser embargados, sino que será el acreedor quien deberá probar que
ha cumplido con los procedimientos e instancias pertinentes a efectos de ejecutar
los bienes del deudor principal con resultado, total o parcialmente, infructuoso. el
fiador no puede invocar el beneficio de excusión si: a) el deudor principal se ha
presentado en concurso preventivo o ha sido declarada su quiebra; b) el deudor
principal no puede ser demandado judicialmente en el territorio nacional o carece de
bienes en la República; c) la fianza es judicial; d) el fiador ha renunciado al beneficio.
El fiador puede oponer todas las excepciones y defensas propias y las que
correspondan al deudor principal, aun cuando éste las haya renunciado (art. 1587).
Esto implica que podría plantear el fiador todos los cuestionamientos sobre el
negocio afianzado que refieran a su validez o extinción. Queda exceptuada únicamente
la posibilidad de invocar la incapacidad del deudor (art. 1576).
Efectos de la sentencia No es oponible al fiador la sentencia relativa a la validez, o
exigibilidad de la deuda principal dictada en juicio al que no haya sido oportunamente
citado a intervenir (art. 1588). El deudor no representa al fiador ante el acreedor, y
por consiguiente si el fiador no es citado al juicio que se trabe entre el deudor y el
acreedor, la sentencia que allí se dicte le será inoponible. El fiador debe ser citado
como tercero en todo proceso que se refiera a la obligación afianzada para que la
sentencia surta efecto de cosa juzgada frente a él.
Beneficio de división Si hay más de un fiador, cada uno responde por la cuota a que se
ha obligado. Si nada se ha estipulado, responden por partes iguales. El beneficio de
división es renunciable (art. 1589) y, por supuesto, nada impide que los fiadores
convengan con el acreedor una proporción distinta de la manera en que habrán de
responder.
B) EFECTOS ENTRE EL FIADOR Y EL DEUDOR
Subrogación El fiador que cumple con su prestación queda subrogado en los
derechos del acreedor y puede exigir el reembolso de lo que ha pagado, con sus
intereses desde el día del pago y los daños que haya sufrido como consecuencia de la
fianza (art. 1592). La norma refiere también a la acción de reembolso del capital
abonado. La subrogación se deberá realizar por el monto de la suma cancelada. Si el
fiador sólo pagó una parte, quedará subrogado en la proporción correspondiente.
Pueden existir intereses devengados a favor del acreedor o a favor del fiador. Los
primeros, constituyen un accesorio del crédito, por lo que deben ser pagados junto
con el capital. En el caso de los segundos, las sumas pagadas por el fiador se
capitalizan a la fecha de su pago. En la última parte de la norma se confiere el derecho
de reclamar la reparación de los daños ocasionados a causa de la fianza.
Corresponde al deudor indemnizar los perjuicios originados con motivo de la fianza,
cuestión que limita el alcance de las consecuencias imputables.
Aviso El fiador debe dar aviso al deudor principal del pago que ha hecho. El deudor
puede oponer al fiador que paga sin su consentimiento todas las defensas que tenía
contra el acreedor; y si el deudor ha pagado al acreedor antes de tener conocimiento
del pago hecho por el fiador, éste sólo puede repetir contra el acreedor (art. 1593).
Derechos del fiador En el art. 1594 se establece que el fiador tendrá derecho a
obtener el embargo de los bienes del deudor u otras garantías suficientes. El fiador
tiene derecho a obtener el embargo de los bienes del deudor u otras garantías
suficientes si: a) le es demandado judicialmente el pago; b) vencida la obligación, el
deudor no la cumple; c) el deudor se ha obligado a liberarlo en un tiempo determinado
y no lo hace; d) han transcurrido cinco años desde el otorgamiento de la fianza,
excepto que la obligación afianzada tenga un plazo más extenso; e) el deudor asume
riesgos distintos a los propios del giro de sus negocios, disipa sus bienes o los da en
seguridad de otras operaciones; f) el deudor pretende ausentarse del país sin dejar
bienes suficientes para el pago de la deuda afianzada (art. 1594).
C) EFECTOS ENTRE LOS COFIADORES el cofiador que cumple la obligación accesoria
en exceso de la parte que le corresponde, queda subrogado en los derechos del
acreedor contra los otros cofiadores. Si uno de ellos resulta insolvente, la pérdida
es soportada por todos los cofiadores. Con respecto a la segunda parte de la norma,
es relevante diferenciar según se trate de cofiadores solidarios o simplemente
mancomunados. La solución de la norma es correcta en el primer caso pero en el
segundo, los cofiadores sólo están obligados a pagar su parte correspondiente,
debiendo el acreedor absorber la insolvencia del cofiador.
EXTINCIÓN DE LA FIANZA La fianza se extingue por vía directa, por los medios previstos
para el régimen de las obligaciones en general, y, por vía indirecta (o por vía de
consecuencia), cuando se extingue la obligación principal. El art. 1596 establece que
la fianza se extingue por las siguientes causales especiales: a) si por hecho del
acreedor no puede hacerse efectiva la subrogación del fiador en las garantías reales
o privilegios que accedían al crédito al tiempo de la constitución de la fianza; b) si se
prorroga el plazo para el cumplimiento de la obligación garantizada, sin
consentimiento del fiador; c) si transcurren cinco años desde el otorgamiento de la
fianza general en garantía de obligaciones futuras y éstas no han nacido; d) si el
acreedor no inicia acción judicial contra el deudor dentro de los sesenta días de
requerido por el fiador o deja perimir la instancia. Uno de los modos habituales de
extinción de la fianza es la extinción de la obligación principal garantizada por
cualquiera de los medios extintivos posibles (v.gr. pago, prescripción, renuncia del
acreedor, rescisión o nulidad de la fuente de la obligación principal, confusión, etc.).
Ahora, si bien a diferencia de lo que ocurría en el Código Civil derogado no se
consagra en el Código Civil y Comercial la regla general que establece que la fianza
se extingue por la extinción de la obligación principal, es indudable que se trata de una
regla implícita en el carácter accesorio de la fianza respecto de la obligación
principal. Se enumeran los supuestos que son habitualmente designados como
causales de extinción de la fianza por vía principal, es decir, situaciones que sin
perjuicio de que pueda subsistir la obligación principal, acarrean como consecuencia
la extinción de la fianza. son:
1. Frustración de la subrogación cuando por un hecho del acreedor se frustra la
posibilidad de hacer efectiva la subrogación del fiador en las garantías y privilegios
del crédito.
2. Prórroga del plazo de la obligación originaria sin consentimiento del fiador
extingue la fianza. Esto supondría dejar a expensas al fiador de los acuerdos que
puedan celebrar acreedor y deudor. Un pacto de este tipo genera la extinción de la
fianza subsistiendo la obligación principal. Se resguarda el principio de la autonomía
privada, en este caso la voluntad del fiador que se obligó sólo por un período
determinado de tiempo y no por uno mayor.
3. El transcurso de cinco años desde el otorgamiento de la fianza general en garantía
de obligaciones futuras. Esta solución es un avance notable en materia de
delimitación del alcance de la responsabilidad del fiador en cuanto a fianzas
generales de obligaciones futuras, ya nos hemos referido al punto anteriormente y
concuerda con la limitación temporal de cobertura que también surge del art. 1578
CCyCN.
4. Requerimiento al acreedor para el inicio de acciones legales contra el deudor y no
lo haga en el término de sesenta días se extingue la fianza. Con esta norma se procura
que el acreedor inicie las acciones judiciales de manera diligente, sin dejar que
transcurra el tiempo a fin de excutir los bienes del deudor principal (y evitar su
eventual insolvencia). El plazo de sesenta días se computa desde la interpelación
efectuada por el fiador.
5. Novación Se prevé una solución específica en materia de novación. El acuerdo
novatorio que modifica el contenido de la obligación principal o sus sujetos, opera
como efecto la extinción de la fianza (art. 1597).
1. LOS CONTRATOS ALEATORIOS Son aleatorios, cuando las ventajas o las pérdidas,
para uno de ellos o para todos, dependen de un acontecimiento incierto. Lo propio de
la categoría “contrato aleatorio” radica en la imposibilidad de conocer, al momento
de la celebración del contrato, las ventajas o pérdidas que de él se derivarán para
las partes, lo cual se supedita a un acontecimiento calificado como incierto. Tal
evento es incierto tanto cuando no se sabe si acaecerá –incertus an– como si se
ignora el momento en el cual ha de verificarse –incertus quando–.
en el contrato aleatorio, en sentido estricto, lo que resulta incierto son los efectos
patrimoniales definitivos del negocio, las ventajas o pérdidas que éste directamente
ha de procurar a los interesados, con total prescindencia de las posibles
oscilaciones de los valores económicos, atribuibles a otras causas. Mientras el alea
es incertidumbre, el riesgo consiste en la posibilidad de sufrir un perjuicio económico.
En los contratos aleatorios el alea constituye un elemento esencial de la categoría.
El alea es un dato que proporciona incertidumbre, la posibilidad de mayor ganancia, la
posibilidad de más pérdidas.
Debe diferenciarse el contrato aleatorio del contrato condicional, es decir aquel
negocio que en su integridad se encuentra sujeto a una condición; por ejemplo, se
compra un terreno sujeto a la condición de que sea sancionada una ordenanza que
declare la zona como ecológica. La condición, en tanto acontecimiento futuro e
incierto que puede o no llegar a suceder, afecta la eficacia integral del negocio. Si
ésta se cumple y la condición es resolutoria, el acto se extingue retroactivamente, y
si es suspensiva, el negocio no ha de producir efecto alguno. En el contrato aleatorio
la incertidumbre no recae sobre el contrato mismo, el cual ha de producir siempre
efectos patrimoniales y sólo incide en sus efectos, en la medida y extensión de las
ventajas finalmente obtenidas. O sea que mientras el contrato condicional afecta la
eficacia del contrato, el aleatorio sólo incide en el equilibrio de las prestaciones.
Otro matiz distintivo radica en que, en los contratos condicionales, el
acontecimiento incierto debe ser necesariamente futuro (art. 343 CCC) mientras que,
según ya fuera señalado, el alea propio de los contratos aleatorios puede referir
también a hechos presentes e incluso pasados, en tanto sean desconocidos para las
partes.
Los contratos aleatorios, según la fuente de la aleatoriedad, se clasifican en
“legales o por su naturaleza” y “convencionales o por voluntad de las partes”. Serán
aleatorios legales o por su naturaleza el juego, la apuesta y la renta vitalicia. Entre
los aleatorios convencionales o por voluntad de las partes se menciona la venta de
la esperanza y de la cosa sometida a riesgo (arts. 1130 y 1131) y la compraventa a todo
riesgo, con renuncia a la garantía de evicción y por vicios redhibitorios (art. 1036).
1) Contratos aleatorios de recreación. El juego, la apuesta, la rifa, la lotería tienen
inicialmente una finalidad recreativa, puesto que las partes se introducen en estas
actividades con una finalidad de diversión. Estos juegos están reglamentados en el
nuevo CCC en los arts. 1609 a 1613 distinguiendo juegos de azar de los de destreza
física y reconociendo acción sólo a los segundos.
2) Contratos aleatorios de previsión. En estos el ánimo no es jugar sino el temor al
desempleo, a la viudez, en cuanto imposibiliten la obtención de una renta, lo que motiva
este contrato. Atendiendo a la finalidad económica perseguida por las partes, es en
realidad un contrato de previsión. Las partes desean prevenir un riesgo futuro para sí
mismos o para terceros, consistente en la necesidad de dinero en forma de renta. En
esta categoría corresponde ubicar al contrato de renta vitalicia.
2. CONTRATO ONEROSO DE RENTA VITALICIA El art. 1599 del CCC caracteriza el
contrato oneroso de renta vitalicia a partir de la enunciación de las obligaciones
principales –entrega del capital y pago de la renta periódica- y supedita su duración al
componente aleatorio de la figura, constituido por la vida de la persona fijada como
cabeza de renta. La norma lo define como el contrato “por el cual alguien, a cambio
de un capital o de otra prestación mensurable en dinero, se obliga a pagar una renta
en forma periódica a otro, durante la vida de una o más personas humanas ya
existentes, designadas en el contrato”.
Partes y sujetos intervinientes. Variantes. las particularidades que presenta su
posible regulación por la partes, posibilita la intervención de otros sujetos, a lo cual
se llega, ya sea acordando que la vida tomada como parámetro de duración del
contrato sea la de una tercera persona, ajena a las partes, o por la estipulación a
favor de un tercero, cuando se instituye un beneficiario no contratante. En el aspecto
estrictamente obligacional –pues la fijación de un cabeza de renta que no es
constituyente, ni deudor ni beneficiario, no genera ningún efecto a su respecto- se
distingue una estructura contractual directa –donde el constituyente de la renta es
a la vez beneficiario- de otra indirecta, donde el beneficiario es un tercero, supuesto
sometido al régimen de los actuales arts. 1027 y 1028. La caracterización que
prevalece y que parece la más adecuada, es la que llama “constituyente” al que
entrega el capital y simplemente “deudor” al que lo recibe y se obliga a pagar la renta.
En su estructura contractual indirecta, recurriendo a la denominación usual en el
ámbito del contrato a favor de tercero, tendríamos al “tercero beneficiario”, acorde
lo designa el nuevo art. 1605.
Los caracteres del contrato de renta vitalicia han cambiado singularmente en el
contexto del nuevo CCC. Bilateral en tanto ambas partes quedan recíprocamente
obligadas al momento de celebrarse el contrato, una a entregar el capital y la otra a
pagar la renta periódica; Oneroso; Aleatorio; Formal, Según el art. 1601 según “el
contrato oneroso de renta vitalicia debe celebrarse en escritura pública”. La falta
de referencia a la sanción de nulidad implica que estamos, claramente, ante una
formalidad solo relativa; De tracto sucesivo.
DIFERENCIAS CON OTRAS FIGURAS
Con el contrato de donación con cargo La donación es un contrato gratuito (más
allá de las particularidades que asuma en cada caso), en contraste con el carácter
oneroso de la renta vitalicia que aquí tratamos. No obstante, hay situaciones que se
pueden presentar con una distinción sumamente tenue, como sucede en el caso de la
entrega de un inmueble en donación pero con la condición de que el donatario le
entregue al donante una renta de por vida, supuesto en el cual se entiende que si la
renta es superior al producido normal de la explotación del inmueble se trata de una
renta vitalicia, en tanto que si no lo fuera, sería una donación con cargo por la
sencilla razón de que la persona que recibe el inmueble no asume alea alguna.
Finalmente si la renta (del caso aludido) es similar al producto de la explotación del
inmueble, habrá que indagar la voluntad de las partes Importa distinguir la renta
vitalicia de la donación con cargo, en primer lugar, porque en la donación de
inmuebles la formalidad –escritura pública- está impuesta para su validez, lo que no
ocurre con la renta vitalicia. Además la revocación por ingratitud y las acciones de
colación y reducción operan en el contrato de donación más no en la renta vitalicia.
2. Contrato de seguro Ambos son contratos aleatorios y de previsión. La diferencia
radica en que el acontecimiento futuro e incierto –el alea- juega un rol distinto en
uno y otro contrato. En el seguro el alea (la muerte de la persona que contrató el
seguro) hace nacer el derecho del beneficiario a percibirlo. En la renta vitalicia la
muerte del que ha sido constituido como cabeza de renta hace cesar el derecho del
beneficiario a percibirla. O sea que en el seguro la muerte es un plazo suspensivo y en
la renta un plazo resolutorio. Asimismo, mientras que en el contrato de seguro se
entregan primas para recibir un capital, en el contrato oneroso de renta vitalicia
sucede lo contrario, se entrega un capital para recibir rentas.
SUJETOS DEL CONTRATO
1. Constituyente El constituyente de la renta es quien se obliga a entregar el capital
o prestación mensurable en dinero convenida.
2. Deudor de la renta Es quien recibe el capital y se obliga a pagar una renta periódica
y vitalicia a la persona estipulada como beneficiario.
3. Cabeza de renta La persona cabeza de renta es la persona humana (no persona
jurídica) cuya vida es tomada como parámetro temporal durante el cual el deudor
estará obligado al pago de la renta. Al decir del art. 1606 CCC, es la persona cuya
vida se toma en consideración para la duración del contrato.
4. Beneficiario Lo regular es que la renta sea acordada en beneficio del propio
constituyente. No obstante, nada impide que se instituya beneficiario a una tercera
persona, conformándose una estipulación a favor de terceros, con los alcances y
efectos previstos en los arts. 1027 y 1028 del Código.
ELEMENTOS DEL CONTRATO
EL CAPITAL Respecto al capital entregado por el constituyente al deudor, el CCC
adopta un amplio pues el1599 alude genéricamente a la entrega “de un capital o de
otra prestación mensurable en dinero”.
LA RENTA i) Renta en dinero. Conversión de la renta no dineraria. El art. 1602, primer
párrafo, determina que el contenido de la prestación periódica –la renta- debe
consistir en dinero.
ii) Pago de la renta. Periodicidad. El art. 1602 dispone que debe pagarse “una renta en
forma periódica”. La señalada periodicidad queda librada a lo que acuerden las partes
al respecto se puede convenir en que le sea en forma mensual, trimestral, bianual, etc.
De cualquier modo, si nada se ha convenido al respecto, debe considerarse que las
cuotas son de igual valor entre sí (art. 1602, segundo párrafo). La obligación
principal que asume el deudor es la de pagar la renta en las épocas determinadas en el
contrato. Si tal determinación no se ha realizado, deberá entenderse que la renta
deberá pagarse por período vencido, según lo determina en modo expreso el art. 1602,
último párrafo.
iii) Momento en que se adquiere la renta.El art. 1602 fija la oportunidad en que el
acreedor o beneficiario adquiere la renta.
iv) Régimen de la prestación dineraria. Moneda extranjera. En tanto la renta debe ser
en dinero se encuentra sometida al régimen legal de las obligaciones de esa especie,
sea en lo atinente al sistema nominalista adoptado por nuestro ordenamiento, como a
los intereses y demás normas aplicables.
EFECTOS ENTRE LOS SUJETOS DEL CONTRATO
1. Obligaciones y derechos del constituyente queda en cabeza de constituyente el
deber de entregar el capital. Además, pesan sobre el constituyente las obligaciones
de saneamiento En lo que hace a derechos, se destaca la facultad de quien entrega el
capital (constituyente), o sus herederos, de demandar la resolución del contrato por
falta de pago del deudor y la restitución del capital (art. 1604 CCyCN). Lo propio si
el deudor de la renta no otorga la garantía a la que se obliga, o si la dada disminuye,
en cuyo caso tanto el constituyente como sus herederos pueden demandar la
resolución del contrato debiendo restituirse sólo el capital (art. 1608 CCyCN).
2. Obligaciones y derechos del deudor El deudor debe las garantías a que se hubiese
comprometido (art. 1607 CCyCN).
3. Derechos y cargas del beneficiario El principal derecho del beneficiario es el
cobro de la renta, en tanto y en cuanto hubiese aceptado la liberalidad cuando el
beneficiario no sea el propio constituyente. se encuentra facultado para proceder a
reclamar de manera directa al deudor (art. 1605 CCyCN) por un capital suficiente que
le asegure la renta de la que es acreedor.
EFECTOS FRENTE A TERCEROS Los acreedores del acreedor de la renta disponen de
la acción subrogatoria (art. 739 CCyCN) y podrían proceder a embargar la renta, en
tanto ella no fuera de carácter alimentario.
EXTINCIÓN DE LA RENTA
i) Duración del contrato. Alternativas. La extensión temporal de la obligación de
pagar la renta está sujeta a la duración de la vida de la persona humana tomada en
cuenta a esos fines por las partes.
ii) Fallecimiento de la persona designada cabeza de renta. Sustitución. Prohibición. El
nacimiento de la obligación de pagar la renta está determinado por la muerte de la
persona contemplada como cabeza de renta. Sólo el deceso de ésta produce la
extinción de la renta pues el fallecimiento de los demás sujetos (el acreedor, el
deudor, el constituyente o el beneficiario), si no invisten al mismo tiempo la condición
de cabeza de renta, exige estar a la regla general de transmisión de los efectos
activos y pasivo del contrato a los herederos o sucesores universales (art. 1024).
iii) Muerte del cabeza de renta por acción dolosa del deudor. En el marco del nuevo
Código debe destacarse la referencia contenida en el art. 1606, primer párrafo, en el
sentido que el derecho a la renta se extingue por el fallecimiento de la persona cuya
vida fue tenida en consideración “por cualquier causa que sea”.
iv) Suicidio del deudor cabeza de renta. El suicidio sólo resulta previsto, como
supuesto de resolución, en el art. 1521 pero cuando se produzca dentro de los
treinta días del contrato y el cabeza de renta no fuera el deudor.
v) Prueba del fallecimiento. Según el art. 1606 la prueba del fallecimiento de la
persona establecida como cabeza incumbe al deudor de la renta. El fallecimiento de
la persona designada como cabeza de renta se acredita con las partidas del Registro
Civil (art. 96, segundo párrafo)
vi) Pluralidad de personas contempladas como cabeza de renta. Según el art. 1606 si
son varias las personas establecidas como cabeza de renta, ésta se extingue “por el
fallecimiento de la última; hasta que ello ocurre, la renta se devenga en su totalidad
Aunque la norma no lo aclara, se entiende que las partes pueden estipular lo
contrario, por tratarse de un punto que sólo compromete su interés privado.
v) Inexistencia del cabeza de renta al momento de la celebración del contrato. la
norma que caracteriza el contrato –el art. 1599- subraya especialmente que la renta
periódica debe pagarse durante la vida de una o más personas “ya existentes”. A los
fines expuestos resulta irrelevante que las partes conocieran o ignoraran el
fallecimiento de la persona contemplada.
vi) Resolución por suicidio y enfermedad coetánea a la celebración del contrato. El
art. 1608 dispone que el contrato de renta vitalicia se resuelve de pleno derecho si
la persona fijada como cabeza de renta –cuando no es el deudor- fallece, dentro de
los treinta días, por propia mano o por una enfermedad que padecía al momento del
contrato. La ineficacia allí prevista está supeditada la presencia, concurrente e
inexcusable, de tres requisitos:
a) que la enfermedad exista al momento del contrato;
b) que la muerte se haya producido a consecuencia de esa enfermedad;
c) que ello ocurra dentro de los treinta días siguientes a la celebración del
contrato.
Esto implica que una enfermedad sobrevenida a la celebración del contrato o un
deceso derivado de otra causa que no sea la enfermedad, o producido luego de
fenecido el plazo legal, no afectan la eficacia del contrato.
3. CONTRATO DE JUEGO Y APUESTA En todo el mundo, juego y apuesta tienen un
régimen jurídico común, están sujetos a idénticas normas legales. Y jurídicamente
sólo merecen ser considerados como conceptos distintos los que se hallen
enlazados a efectos diferentes. No hay, pues, interés en precisar una diferencia que
no tiene contenido ni vigencia efectiva. Este último concepto es el que ha recogido el
Código Civil y Comercial en el artículo 1609, dando solamente la definición de
"juego" (hay contrato de juego si dos o más partes compiten en una actividad de
destreza física o intelectual, aunque sea sólo parcialmente, obligándose a pagar un
bien mensurable en dinero a la que gane), pero regulando en las sucesivas normas los
mismos efectos y consecuencias, tanto para el "juego", como para la "apuesta".
Caracteres: Nominado y tipificado; Bilateral; Consensual; Oneroso; Aleatorio; No
formal; De consumo.
El juego y su tratamiento legislativo El problema legislativo que plantea el juego, es
uno de los más complejos. En sí mismo, jugar por dinero no es malo; es un medio
frecuentísimo de distracción, de entretenimiento, que lejos de ser dañoso, importa
descanso, hace olvidar otras preocupaciones y, en tal sentido, es útil. Es claro que
convertido en pasión, es de los más nocivos. Es una cuestión de medida; y esto es
precisamente lo que hace difícil la solución legislativa. La ley sigue respecto del
juego una política compleja, cuando no contradictoria, que exige hacer jugar las
normas del Código Civil y Comercial y las dictadas con carácter local por las
legislaturas provinciales.
a) Cierto tipo de apuestas (juegos tutelados) originan obligaciones similares a las
nacidas de cualquier otro contrato; el vencedor puede demandar judicialmente el
pago de la apuesta.
b) Otras, en cambio, no confieren acción al vencedor, pero pagada la apuesta, como
regla, no se puede demandar su repetición (juegos no prohibidos).
c) Finalmente, la ley guarda una especial severidad para los llamados juegos de azar
no autorizados por la ley. Así, en la ciudad de Buenos Aires, son castigados con multa
o pena de prisión los dueños, banqueros y empleados de casas de juego, extendiendo
la pena inclusive a los mismos jugadores que sean sorprendidos en ellas (arts. 3, 4 y
5, dec.-ley 6618/57), mientras que los organizadores y explotadores de juegos no
autorizados pueden ser arrestados (art. 116, ley 1472, de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires). Pero el Estado que, fundado en razones de moral, prohíbe estas
actividades y hace recaer sobre quienes las explotan el rigor de la ley penal, no vacila
en explotar él mismo el juego, abriendo casinos donde banca ruletas y juegos de
cartas, organizando loterías, quinielas y carreras de caballos. Es una
inconsecuencia difícil de justificar.
El juego y las apuestas en el Código Civil y Comercial Hay juegos que hacen nacer
obligaciones exigibles o no exigibles. En efecto, el Código Civil y Comercial distingue
entre las apuestas (o juegos) que brindan acción civil al vencedor para lograr su
pago, y apuestas (o juegos de puro azar) que no brindan tal acción. Estas últimas
pueden estar o no prohibidas por la ley, y en ambos casos el Código prohíbe acoger la
demanda por cobro de la apuesta (art. 1611, párr. 1º); pero si la deuda se ha pagado
espontáneamente, y se trataba de un contrato no prohibido, el pago es válido y el
pagador no puede accionar por repetición, excepto que se trate de una persona
incapaz, con capacidad restringida o inhabilitada (art. 1611, párr. 2º). Al margen del
Código Civil y Comercial, debe admitirse también una categoría de juegos prohibidos
por la ley penal. El peligro social de la difusión de los juegos de azar obliga a
prohibirlos bajo sanciones penales. Esta figura delictiva se proyecta en el campo del
derecho civil con los efectos que más adelante se verán.
Distinción entre los juegos que originan una obligación civil (tutelados) y los que dan
nacimiento a una obligación civil no exigible (no prohibidos) La norma del Código Civil
y Comercial, se limita a señalar que carecen de acción de cobro sobre la prestación
prometida en un juego de azar puro; por lo que una interpretación a contrario sensu
indicaría que los juegos o apuestas donde intervengan de alguna forma los
participantes, ya sea mediante el uso de la fuerza o del intelecto, sí tendrán el derecho
a perseguir el cobro en sede judicial. sólo deben considerarse comprendidos en esta
categoría los juegos en los que participan los propios apostadores; en cambio,
quedan fuera de ella y por consiguiente, no dan lugar a una acción civil, las apuestas
hechas sobre las competiciones de terceros, que aunque dependen en buena medida de
la habilidad personal de los jugadores, no benefician a los competidores.
Juegos organizados por el Estado Merecen una consideración especial las deudas
nacidas en juegos de azar organizados por el Estado (ruleta, loterías) o por
concesionarios de una autorización estatal (carreras de caballos). No cabe duda de
que en este caso las partes tienen acción recíproca para el cobro de sus créditos,
pues sería escandaloso que el Estado (o el concesionario) que se benefician con este
singular privilegio, pudieran negarse a pagar el premio; en cuanto a los apostadores,
ellos pagan la apuesta por anticipado. Ahora bien, de todos modos de tenerse
presente que el artículo 1613 dispone que los juegos, apuestas y sorteos
reglamentados por el Estado (nacional, provincial o municipal) se rigen por las
normas administrativas que los autoricen, y que son inaplicables las normas previstas
en el capítulo referido a juegos y apuestas en el Código Civil y Comercial.
EFECTOS
1. Apuestas que confieren acción (juegos tutelados) Hemos dicho ya que los juegos o
apuestas en la que participan las partes mediante la contienda de la fuerza o de la
inteligencia, dan lugar al ejercicio de la consiguiente acción contra el que no paga su
deuda, como cualquier otra obligación civil.
2. Apuestas que no confieren acción (juegos no prohibidos) Hemos dicho ya que salvo
las hipótesis de excepción contempladas en el número anterior, las deudas de juego o
apuestas no confieren acción para su cobro judicial; pero pagadas, el que lo hizo no
tiene derecho a repetición (art. 1611). Para que la acción de repetición quede
paralizada, es menester que se trate de un pago voluntario hecho por persona
plenamente capaz (art. 1611); pero el pago voluntario no obsta a la repetición si hubo
dolo o fraude del que ganó en el juego, en tanto, nadie puede beneficiarse de su dolo
o fraude.
3. Juegos prohibidos Nuestra ley no ha reglamentado especialmente los efectos
legales de estos juegos, los únicos realmente prohibidos por la ley. Debemos
atenernos, por tanto, a los principios generales de nuestra legislación y muy
particularmente al artículo 1611, según el cual no puede perseguirse el cobro de los
juegos de azar, independientemente de su prohibición o no. Ahora, en los juegos de
destreza física o intelectual que estén prohibidos, entendemos que tampoco puede
haber acción de cobro; en tanto, se otorgaría acción para obtener el rédito de un
hecho que la norma prohíbe, generándose un contrasentido. Lo curioso, sin embargo,
respecto de los juegos prohibidos es que los textos de los artículos 1611, 2º
párrafo, y 1796, inciso d), habilitan a la repetición de lo pagado por el deudor en
concepto de deuda de juego prohibido.
1. CESIÓN DE DERECHOS El Código Civil y Comercial establece en su art. 1614 que
"hay contrato de cesión cuando una de las partes transfiere a la otra un derecho. Se
aplican a la cesión de derechos las reglas de la compraventa, de la permuta o de la
donación, según que se haya realizado con la contraprestación de un precio en dinero,
de la transmisión de la propiedad de un bien, o sin contraprestación, respectivamente,
en tanto no estén modificadas por las normas especiales del capítulo referido". el
nuevo ordenamiento define al contrato de cesión de derechos con criterio amplio:
cualquier derecho puede ser cedido, con excepción de aquellos que resulten
contrarios a la ley, las convenciones que lo originan y la naturaleza propia del
derecho sometido a cesión.
METODOLOGÍA En el análisis del Derecho Comparado se observa que la mayoría de
los códigos civiles derivados del sistema jurídico romanista reconocen la cesión de
derechos aunque con diferencias metodológicas. Algunos regulan la transmisión de
derechos dentro de las normas reguladoras de la compraventa, no reconociendo a
la cesión el carácter de contrato autónomo. Otros ordenamientos tratan la cesión
dentro de la teoría de las obligaciones. Cabe destacar que en la estructuración del
tipo contractual de la cesión, el Código Civil y Comercial adopta una nueva
metodología ya que incorpora normas relativas a la cesión de derechos en general y
luego regula, de manera específica, subtipos especiales en función de las
particularidades del negocio o de
los derechos cedidos, a saber:
a) transmisión de créditos (arts. 1614 a 1631);
b) de deudas (arts. 1632 a 1635);
c) de posición contractual (arts. 1636 a 1640);
d) de herencia (art. 2302 a 2309)
REGLAS APLICABLES el contrato de cesión requiere la transferencia de un derecho,
del cedente al cesionario, y de dicho enunciado normativo se desprende que la
contraprestación de dicha transferencia puede consistir en un precio en dinero, una
transmisión en propiedad de un bien, o incluso puede ser efectuada sin
contraprestación. Por lo tanto, si la contraprestación consiste en el pago de un
precio en dinero, el contrato se integra con las normas correspondientes a la
compraventa (arts. 1123 y ss.); siendo la contraprestación la entrega en propiedad de
una cosa se remite a las normas de la permuta (arts. 1172 y ss.); y por último, si la
contratación es a título gratuito el negocio se integrará con las normas de la
donación (arts. 1542 y ss.).
El contrato de cesión de derechos presenta los siguientes caracteres: es bilateral;
puede ser oneroso o gratuito dependiendo de la existencia de contraprestación;
consensual; Conmutativo o aleatorio; nominado y típico; formal El contrato de
cesión de derechos es de carácter formal en tanto el art. 1618 establece la
necesidad de forma escrita.
FORMA El Código Civil y Comercial ha establecido como principio general para la
forma de la cesión de derechos, que ésta debe ser hecha por escrito (art. 1618). La
forma escrita es indispensable aunque la obligación originaria no la tuviere, como
puede ocurrir con una deuda asumida verbalmente. No obstante, la ausencia de forma
escrita, en modo alguno genera la ineficacia del acto, ya que podrá probarse el mismo
por cual medio apto para llegar a una razonable convicción de su existencia según las
reglas de la sana crítica, con la limitación de que no puede ser exclusivamente
probado por testigos (art. 1019).
Supuestos de mayor exigencia formal: requiere expresamente la escritura pública en
los siguientes casos:
(i) En la cesión de derechos hereditarios (art. 1618, párr. 2º, inc. a).
(ii) Cuando se trata de la cesión de derechos litigiosos (art. 1618, párr. 2º, inc. b). Por
derechos litigiosos, debe entenderse todo derecho que está sujeto a controversia
judicial, sea respecto de su existencia, posibilidad de hacerlo valer en juicio,
extensión, cantidad, etcétera; pero no basta que se trate de un derecho dudoso,
mientras no haya acción iniciada, pues aquí no hay litigio.
(iii) La cesión de derechos derivadas de un acto instrumentado por escritura pública
(art. 1618, párr. 2º, inc. c).
Supuestos de menor exigencia formal: El artículo 1618, primer párrafo, segunda
parte, exime la forma escrita para los casos de transmisión de títulos por endoso o
por entrega manual. Así los títulos al portador pueden ser cedidos o transferidos
por la simple tradición de ellos (art. 1837). Los títulos a la orden no requieren de un
instrumento formal por escrito, bastando para su transferencia su endoso (art.
1838, párr. 1º).
OBJETO El art. 1616 CCyCN establece la regla general de que "todo derecho puede
ser cedido, excepto que lo contrario resulte de la ley, de la convención que lo origina
o de la naturaleza del derecho. En definitiva, no se ceden los derechos limitados o
restringidos por la ley, o por la voluntad de las partes, y finalmente aquellos que,
independientemente de su legalidad o voluntariedad, no pueden transmitirse porque
su propia naturaleza no lo permite. el art. 1617 establece un supuesto específico
como es el referido a los derechos inherentes a la persona humana cuya regla es la
prohibición de cesión. Esta norma en rigor podría resultar superflua toda vez que los
derechos inherentes a la persona humana no pueden ser objeto de contratos (arts.
17, 56 y 1004). Sin embargo, es necesario tener en cuenta que más allá de la solución
prescripta por el precitado art. 1617, el mismo debe ser armonizado con las
disposiciones referidas a derechos y actos personalísimos de los art. 51 a 61 del
Código Civil y Comercial.
Ahora bien, la incesibilidad de los derechos personalísimos no implica que no puedan
ser cedidas sus derivaciones patrimoniales. Asimismo resulta necesario aclarar la
diferencia que existe entre la cesión del derecho personalísimo, y la cesión o
autorización de su uso. Algunos supuestos de cesiones prohibidas expresamente por
la ley son los siguientes:
a) derechos sobre bienes que se encuentran fuera del comercio (art. 234);
b) derechos inherentes a la persona humana (art. 1617);
c) derecho a reclamar y a percibir alimentos futuros (art. 539). Por el contrario, las
prestaciones alimentarias devengadas y no percibidas sí pueden ser objeto de cesión a
título oneroso o gratuito (art. 540); d) el derecho de habitación (art. 2160);
e) los derechos del beneficiario emergentes de la garantías unilaterales no pueden
transmitirse separadamente del contrato o relación con la que la garantía está
funcionalmente vinculada, antes de acaecer el incumplimiento o el plazo que habilita
el reclamo contra el emisor, excepto pacto en contrario (art. 1813);
f) el uso de los bienes comunes en los conjuntos inmobiliarios (art. 2083);
g) los beneficios de la seguridad social, declarados tales por los regímenes
especiales respectivos, habida cuenta de su pertenencia a un status específico.
Además de la precitada prohibición legal, la imposibilidad de ceder un derecho puede
derivar de un convenio de partes Esta imposibilidad de ceder derivada de la "naturaleza
del derecho", parece actuar en el marco del nuevo Código como género comprensivo
de otros supuestos, tal el caso de la prohibición de ceder relativa a "derechos
inherentes a la persona", prevista en el art. 1617 CCyCN. El Código Civil y Comercial
deroga todas las disposiciones referidas a la capacidad para ser cedente o
cesionario, sin que se establezcan disposiciones específicas al respecto. Por lo tanto,
el régimen aplicable para ser cedente o cesionario estará dado para todos los casos
por las normas generales sobre capacidad para contratar. Sin perjuicio de ello, en
particular, se aplicarán por remisión las normas específicas sobre capacidad que
pudieran caber para la compraventa en la cesión-venta, para la permuta en la cesión-
permuta y para la donación en la cesión-donación.
PARTES DEL CONTRATO
A) EL CEDENTE. OBLIGACIONES El cedente es la persona que transfiere al cesionario
el derecho objeto de la cesión del cual resulta ser titular hasta el momento de
celebración del contrato. Los efectos del contrato a su respecto y sus
consecuentes obligaciones son las siguientes: La obligación principal que
compromete el cedente en el contrato de cesión de derechos resulta ser la efectiva
transmisión de los mismos al cesionario. El contrato de cesión tiene efectos
traslativos entre las partes, es decir que la transmisión de la titularidad del derecho
se produce en el momento mismo del perfeccionamiento del negocio y constituye su
efecto jurídico más relevante. Además de la transmisión de la titularidad del derecho
que se produce con la misma celebración del vínculo, el cedente se obliga a entregar
al cesionario los documentos probatorios del derecho cedido que se encuentren en
su poder (art. 1619).
Asimismo la norma reguló la hipótesis en que la transferencia del derecho no es
total, sino parcial en cuyo caso el cedente sólo deberá entregar copia certificada de
dichos documentos.
El contenido de las obligaciones secundarias del cedente estará determinado por el
carácter oneroso o gratuito de la cesión. Sólo en el primer caso, es decir cuando la
transferencia se efectúe teniendo como contraprestación el pago de un precio o la
transferencia de propiedad de un bien, el cedente será responsable por garantía de
evicción en los términos de las disposiciones específicas del contrato de cesión y de
las disposiciones especiales de la obligación de saneamiento previstas en los arts.
1033 y ss. del CCC, por expresa remisión establecida en el art. 1631.
La excepción al principio general de la responsabilidad por la existencia y legitimidad
está dada por aquellas transmisiones aleatorias en que el derecho cedido resulta ser
litigioso o es cedido como dudoso. La norma del art. 1628 es clara respecto de la
extensión de la garantía del cedente que se limita a la existencia y legitimidad del
crédito pero que en modo alguno se extiende a la solvencia del deudor cedido.
El cedente debe cumplir con la obligación de conservación del crédito. El art. 1624
establece que "antes de la notificación de la cesión, tanto el cedente como el
cesionario pueden realizar actos conservatorios del derecho". Siendo que los
efectos respecto de terceros se producen a partir de la notificación al deudor
cedido, el cedente tiene, hasta ese momento, no sólo el derecho sino el deber de
realizar actos conservatorios del crédito.
B) EL CESIONARIO La otra parte del contrato de cesión resulta ser el cesionario que
es quien recibe el derecho transferido o cedido. Las obligaciones del cesionario
dependerán de la existencia y naturaleza de la contraprestación comprometida. Si la
contraprestación es el pago de un precio en dinero tendrá las obligaciones del
comprador en el contrato de compraventa; si la contraprestación es la obligación de
transferir un bien, quedará obligado conforme disposiciones de la permuta; y
finalmente si la cesión es sin contraprestación quedará obligado en iguales
condiciones que el donatario respecto del contrato de donación (art. 1614).
C) EL DEUDOR CEDIDO la cesión tiene efectos respecto de terceros desde su
notificación al deudor cedido, por instrumento público o privado de fecha cierta, sin
perjuicio de las reglas especiales relativas a los bienes registrables. La necesaria
notificación que deberán hacer los contratantes al deudor cedido respecto del
contenido del contrato de cesión celebrado, no lo es para perfeccionar el vínculo,
sino sólo para que el mismo tenga efectos respecto del propio cedido, y también
respecto de los restantes terceros.
EFECTOS DEL CONTRATO DE CESIÓN DE DERECHOS
A) EFECTOS RESPECTO DE LAS PARTES se producen otros efectos entre cedente y
cesionario además de la entrega de los documentos, entre ellos enunciamos los que
siguen:
a) la transmisión de la titularidad del crédito al cesionario, con todos sus
accesorios;
b) la obligación del cesionario de cumplir con la prestación a su cargo, si se hubiese
pactado, es decir el pago del precio, la transferencia del dominio de una cosa o bien
la transferencia de la titularidad de un derecho. Cada una de estas obligaciones se
rige supletoriamente por las normas de la compraventa, la permuta o la misma cesión
(art. 1614);
c) la obligación del cedente de responder por la evicción y de efectuar actos
conservatorios del derecho cedido, que analizáramos en el punto anterior
B) EFECTOS RESPECTO DE TERCEROS Dentro de los terceros se encuentra el propio
cedido, y además otros terceros que tienen un interés legítimo en la cesión, como los
acreedores del cedente y otros cesionarios del mismo crédito.
1. El deudor cedido El cedido, si bien es ajeno al contrato de cesión, tiene un interés
directo en el mismo por ser quien debe cumplir con la obligación que se ha transferido
y por tal motivo se justifica la debida notificación del cambio de titularidad del
derecho de modo de comunicarle quien es el verdadero titular del mismo.
2. Efectos sobre otros terceros interesados Sobre los mismos, la notificación en
forma al deudor cedido no tiene la finalidad de evitar un pago erróneo, sino de
conocer fehacientemente el momento en que se produce la traslación del derecho,
con el consecuente impacto en el patrimonio de cedente y cesionario. Así, los
acreedores personales de las partes resultan especialmente interesados, en tanto la
celebración o no del contrato puede determinar un aumento o disminución del
patrimonio de su propio deudor, a través de la salida o incorporación de un bien. En
consecuencia, los terceros acreedores del cedente pueden solicitar embargos o
medidas precautorias sobre el derecho que, encontrándose dentro del patrimonio
del cedente, constituye garantía de su propio crédito; pero naturalmente ya no lo
podrán hacer cuando el crédito o derecho ya ha salido del patrimonio de su deudor
por vía de la cesión. Cuando sucede un conflicto por concurrencia de cesionarios, es
decir cuando el cedente cede en más de una oportunidad el derecho de que se trata
(hipótesis que puede ocurrir por error o mala fe del cedente), el art. 1622 del Código
Civil y Comercial otorga la preferencia al primero que ha notificado latransferencia
al deudor, aunque ésta sea posterior en fecha, solución que guarda coherencia con
el sistema de la notificación como acto que otorga efectos a la cesión frente a los
terceros, pues los distintos cesionarios no son más que terceros respecto de los
contratos celebrados por los otros con el cedente.
2. CESIÓN DE DEUDAS Los contratos sobre deudas han tenido una gran utilización,
lo que derivó en el paulatino reconocimiento por parte de los operadores del
derecho, que sobre la base de institutos afines aceptaron su validez. En la actualidad,
los contratos sobre cesión de deudas tienen expresa tipicidad con el nuevo Código
Civil y Comercial (arts. 1632 a 1635). El art. 1632 CCC establece que hay cesión de
deuda si el acreedor, el deudor y un tercero, acuerdan que éste debe pagar la deuda
sin que haya novación. En la cesión de deuda se produce una modificación del sujeto
pasivo de la obligación, sea a través de la sucesión a título particular, o bien por medio
de la adición de un nuevo deudor a la originaria relación que se mantiene indemne.
Según el CCC la cesión de deudas puede presentar las siguientes modalidades:
i) Cesión de deuda con liberación del deudor El art. 1634 CCC aclaró la cuestión
estableciendo que la conformidad del acreedor para la liberación del deudor (tanto
en la cesión como en la asunción de deuda que se analizará luego) debe ser expresa;
siendo además efectuada con anterioridad, simultaneidad o en época posterior a la
cesión. Ahora bien, celebrado y válido el contrato de cesión de deudas con liberación,
el efecto natural es que el deudor primitivo queda totalmente exonerado del vínculo
obligacional, siendo sustituido por el cesionario.
ii) Cesión de deuda sin liberación del deudor La otra modalidad de cesión de deuda es
la establecida sin liberación del deudor originario, en cuyo caso el acreedor tendrá
ante sí a dos deudores contra quienes podrá dirigir la acción de cumplimiento. Esta
modalidad estará configurada no sólo cuando las partes así lo hayan pactado, sino
además cuando en los términos del contrato no se prevea la expresa conformidad del
acreedor para la liberación del deudor de conformidad al art. 1634 CCC.
iii) Asunción de deuda La asunción de deuda la encontramos cuando un tercero
acuerda con el acreedor pagar la deuda de su deudor, sin que haya novación (art.
1633). Fácil es advertir que en el presente caso tenemos solo dos partes acordando
la cesión (el acreedor y el tercero que asume la deuda), mientras que en la anterior
encontramos tres partes interviniendo conjunta o sucesivamente (acreedor, deudor
y tercero que asume la deuda).
En el supuesto de asunción de deuda, el deudor sólo queda liberado si el acreedor lo
admite expresamente a través de su conformidad, que puede ser otorgada antes,
simultáneamente o después de la cesión (art. 1634). También dispone la norma que esta
conformidad será ineficaz si ha sido prestada en un contrato celebrado por adhesión,
lo que pone en situación crítica al ejemplo dado del sistema de tarjeta de crédito.
Entendemos que en este supuesto debe estarse a la prelación normativa que dispone
el artículo 963, inciso a); por lo tanto, siendo la ley nº 25.065 una ley especial y de
orden público, será una norma indisponible que prima sobre la disposición del Código
Civil y Comercial.
iv) Promesa de liberación existe promesa de liberación si un tercero se obliga frente
al deudor a cumplir con la deuda en su lugar, por lo que esta promesa sólo va a
vincular al tercero con el deudor, excepto que haya sido pactada como estipulación
a favor de tercero. El acreedor no es parte de este acuerdo en donde existe una
promesa unilateral de liberar al deudor. No obstante si la promesa de liberación fue
pactada como una estipulación a favor del tercero acreedor, el promitente (tercero
que acordó la promesa de liberación con el deudor) le confiere al tercero acreedor
el derecho de lo que ha convenido con el estipulante (deudor original de la
obligación). Puede revocar la estipulación mientras no reciba la aceptación del
tercero beneficiario; pero no puede hacerlo sin la conformidad del promitente si éste
tiene interés en que sea mantenida (arts. 1027 y 1028).
3. CESIÓN DE LA POSICIÓN CONTRACTUAL La cesión de la posición contractual
supone la posibilidad de circulación del contrato en su integridad, permite el ingreso
de un sujeto extraño a la categoría de parte contractual en reemplazo de uno de los
contratantes originarios. El art. 1636 establece que "en los contratos con
prestaciones pendientes, cualquiera de las partes pueda transmitir a un tercero su
posición contractual, si las demás partes lo consienten antes, simultáneamente o
después de la cesión". La exigencia de prestaciones recíprocas pendientes es propia de
este negocio, ya que de lo contrario no estaríamos hablando de cesión de posición
contractual, sino de cesión de derechos o de deudas.
La conformidad de las demás partes La cesión de posición contractual se configura
como un negocio jurídico bilateral en cuya celebración intervienen el cedente y el
cesionario, sin perjuicio de la necesaria conformidad de las restantes partes para la
eficacia y los efectos propios del contrato de cesión. El CCC recogió la postura
doctrinaria que exige para el perfeccionamiento de la cesión, la expresa manifestación
de voluntad del otro contratante, la que puede manifestarse en distintas etapas. Así:
i) Una alternativa es que la posibilidad de ceder la posición contractual sea pactada
en el contrato base, es decir, en forma previa a que se produzca la cesión. En estos
casos el art. 1636 in fine estableció que la cesión sólo tendrá efectos una vez
notificada a las otras partes en la forma establecida para la notificación al deudor
cedido, esto es, a través de instrumento público o privado de fecha cierta (art. 1620).
ii) Otra opción que se puede presentar es que el contratante cedido manifieste la
conformidad con posterioridad a la cesión, es decir luego de producido el contrato
entre cedente y cesionario, el que sin perjuicio de la celebración, sólo tendrá efectos
desde dicha aceptación de la cesión de la posición contractual.
iii) Finalmente el consentimiento del contratante cedido se puede dar coetáneamente
con la celebración de la cesión de posición contractual. En estos casos se trata de
un negocio trilateral o plurilateral (según la cantidad de partes contratantes) en
que intervendrán cedente, cesionario y él o los contratantes cedidos.
La cesión de posición contractual y la subcontratación son institutos que tienen
como elemento común la modificación subjetiva de una de las partes del contrato.
Pero también tienen diferencias de las que se derivan consecuentes efectos jurídicos
disímiles. En la subcontratación hay un contrato derivado unilateralmente, que surge
sustentado y relacionado con el contrato base, pero sin desplazamiento del primer
contratante. Es por eso que en la subcontratación el contratante tiene acciones
contra su propio co-contratante y asimismo acción directa contra el subcontratante
de éste, en los términos de la subcontratación (arts. 1069 a 1072 CCyCN). Por el
contrario, en la cesión se transmite la posición contractual, pasando el cesionario a
ocupar el lugar de parte que tenía el cedente, quien queda liberado del contrato.
EFECTOS DE LA CESIÓN DE POSICIÓN CONTRACTUAL:
1. Liberación del cedente y asunción del cesionario como parte contractual La regla
general es que la cesión de la posición contractual desvincula al cedente de los
derechos y obligaciones derivados del contrato, los que son asumidos en su
totalidad por el cesionario. Así, adquiriendo el cesionario el carácter de parte
contractual, el mismo podrá ejercer todos los derechos de su transmitente. Podrá
exigir el cumplimiento; ejercer la suspensión del cumplimiento; accionar por nulidad,
por resolución, por rescisión y/o por la acción que jurídicamente corresponda. El
momento en que se produce dicho efecto dependerá de la modalidad de contratación.
Si el contratante cedido manifestó su voluntad de posibilitar la cesión antes de que
esta se produzca, la liberación del cedente se producirá desde la notificación al
cedido. Si el consentimiento fue prestado simultáneamente o luego de la cesión, la
misma tendrá efectos desde dicha aceptación (art. 1637).
2. Defensas entre el contratante cedido y cesionario El art. 1638 establece que los
contratantes pueden oponer al cesionario todas las excepciones derivadas del
contrato, pero no las fundadas en otras relaciones con el cedente, excepto que
hayan hecho expresa reserva al consentir la cesión.
3. Régimen de garantías El cedente garantiza al cesionario la existencia y validez del
contrato. El pacto por el cual el cedente no garantiza la existencia y validez se tiene
por no escrito si la nulidad o la inexistencia se debe a un hecho imputable al cedente.
Si el cedente garantiza el cumplimiento de las obligaciones de los otros
contratantes, responde como fiador (art. 1639).
Como último efecto de la cesión de la posición contractual, resta analizar lo que
sucede con las garantías constituidas por terceras personas, respecto de las
obligaciones de los contratantes originarios. El art. 1640 CCC establece la regla de
que las garantías constituidas por terceras personas no pasan al cesionario sin
autorización expresa de aquellos. Siendo que las garantías son accesorias de una
obligación principal que se encuentra a cargo de un contratante, lógico resulta que
si dicho contratante cede su posición contractual, su propio garante no debe quedar
obligado, asegurando el cumplimiento de un tercero por quien no se obligó
originariamente.
CONTRATO DE FIDEICOMISO
ANTECEDENTES El fideicomiso fue incorporado a la legislación argentina mediante
la Ley 24.441 de 1995. Antes existía alguna mención en el Código de Vélez respecto al
dominio fiduciario pero la celebración de esos contratos tuvo escasa recepción en la
realidad negocial pues se trataba, en definitiva, de un contrato atípico con incidencia
en la composición del patrimonio. En ese sentido constituye un principio general de
nuestro derecho civil el que el patrimonio es único, o sea que cada sujeto de derecho
solo puede ser titular de un solo patrimonio. En general y a diferencia de otros
ordenamientos –el common law, el derecho alemán- no se concebía, como regla, la
existencia de patrimonios separados o patrimonios de afectación, en cabeza del mismo
titular. El fideicomiso innova sustancialmente en ese punto pues –como se verá- el
fiduciario es titular, básicamente, de dos patrimonios: el patrimonio personal y el
patrimonio fideicomitido (sin perjuicio de que puede ser eventualmente fiduciario en
más de un fideicomiso y en todos ellos será titular de los respectivos patrimonios). En
el derecho comparado encontramos diferentes modelos de fideicomiso. En el
derecho romano la “fiducia” descansaba en la buena fe y a través de la misma el
fiduciante transfería bienes al fiduciario para que éste los administrara y los
restituyera en el plazo pactado. Como se dijo, el contrato se basaba sólo en la
confianza entre las partes y la restitución dependía de ello, con los riesgos
consiguientes. El “trust” anglosajón, aplicable en el ámbito del common law,
reconocía dos propiedades (propietario legal y propietario en equidad), modalidad
incompatible con el modo en se organizan los derechos reales en el derecho
argentino. En ese sentido se ha señalado que Méjico ha organizado el fideicomiso con
un esquema que supera los defectos de los otros sistemas y por ello ese modelo es el
adoptado en general por los países latinoamericanos.
En la Argentina el modelo de fideicomiso regulado por la Ley 24.441 importó tipificar
un nuevo contrato, si bien a través de una ley especial (que integraba una normativa
dirigida a la promoción de la vivienda e incluía otros institutos como el leasing, las
letras hipotecarias, etc). En la ley 24.441 se reguló básicamente el fideicomiso de
origen contractual si bien también se contempló la modalidad del fideicomiso
testamentario y el fideicomiso financiero. El CCC incorporó el fideicomiso de
garantía, alternativa no contemplada en la Ley 24.441. En definitiva tenemos el
fideicomiso general, de fuente contractual (llamado fideicomiso ordinario), el
fideicomiso testamentario y el fideicomiso financiero. Estas dos últimas variantes –sin
perjuicio que se le aplican supletoriamente las reglas del fideicomiso ordinario- se
estudian específicamente en Derecho Comercial y en Sucesiones. En cuanto al
llamado fideicomiso en garantía, ahora regulado en el art. 1680, se sostiene que no
constituye una especie de FC diferenciada como los anteriormente indicados sino
como una modalidad del FC general a cuyo respecto se le aplican los principios
generales.
El FC es un instituto flexible que permite ser adaptado a diversas finalidades y
emprendimientos. En ese sentido se pueden constatar diversas modalidades de FC
según la finalidad perseguida por las partes. Al respecto pueden señalarse las
siguientes variantes, entre las muchas, que puede adoptar el FC:
a) Fideicomiso de administración: Puede ocurrir que una persona de edad avanzada es
titular de diversos bienes (inmobiliarios –rurales o urbanos-, animales, instalaciones,
monedas, etc) y decide retirarse de la actividad, pero no quiere desprenderse (vender)
de los bienes. En tal caso podría designar un administrador a fin de que le administre
sus bienes y le entregue los beneficios o rentas obtenidas. Esto implica que esa
persona sigue siendo titular –dueña- de los bienes con todos los riesgos que ello
implica. En cambio, esta persona (fiduciante) puede recurrir a la figura del FC y
transferir los bienes en propiedad a un administrador profesional (fiduciario) quien le
deberá pasar las rentas o beneficios periódicos y a la finalización del plazo pactado
o cumplida determinada condición los bienes deberán ser entregados a la persona
designada como destinatario (fideicomisario), que podrá ser el propio fiduciante o un
tercero (por ejemplo, un sobrino, una ONG, si el fiduciante es soltero y no tiene
herederos forzosos)
b) Fideicomiso de liberalidad. Disposición a título gratuito de bienes particulares en
vida del fiduciante. Se asemeja a la donación con la diferencia de que en lugar de ser
instantánea se proyecta en el tiempo. Así una persona (fiduciante) que desea beneficiar
a un menor de edad o a una persona con capacidad restringida (beneficiario), respecto
a la cual no ejerce la representación legal ni tiene obligación alimentaria. A esos
fines pone sus bienes (o parte de ellos) en un fideicomiso para que un administrador
profesional (fiduciario) los administre y afecte el producido o renta de los bienes
fideicomitidos al mantenimiento, tratamiento o a los estudios de ese menor o incapaz.
En este caso la duración del FC puede supeditarse a que el beneficiario llegue a la
mayoría de edad o tenga plena capacidad, aun cuando se supere el plazo máximo de 30
años. El destinatario final (fideicomisario) de los bienes a la finalización puede ser el
propio beneficiario, el fiduciante o un tercero.
c) Fideicomisos inmobiliarios: Los llamados fideicomisos inmobiliarios no son una
especie tipificada del género contractual “fideicomiso” del CCC sino que se pueden
celebrar en el marco genérico de FC ordinario. Se ha generalizado su constitución a
partir del boom inmobiliario de 2002 en tanto se han mostrado como un instrumento
adecuado para esos emprendimientos, llamados comúnmente “fideicomisos desde el
pozo”. No hay un esquema o patrón fijo así que los distintos FC inmobiliarios adoptan
diversas modalidades, si bien los protagonistas son los propios de todo FC: fiduciante
– fiduciario – beneficiario. El fiduciario suele ser el emprendedor inmobiliario que
organiza el negocio. Concreta el emprendimiento inmobiliario conforme pautas
fijadas en el contrato, basado en el anteproyecto y la memoria técnico descriptiva.
Fiduciantes/beneficiarios: son los inversores o adquirentes de las unidades
funcionales que se obligan a aportar la totalidad de los fondos necesarios para
comprar el inmueble y para hacer frente a los costos que demande la construcción.
En este tipo de FC también pueden ser fiduciantes los proveedores de la construcción
que canjean metros de superficie construida a cambio de materiales o insumos de la
obra. En igual sentido, el terreno puede ser aportado por uno o más fiduciantes-
beneficiarios a cambio de una participación en las utilidades de unidades funcionales
terminadas. Confluyen en el FC inmobiliario el dueño del predio, la empresa
constructora, los profesionales encargados del diseño, la coordinación y
supervisión del proyecto, los financistas y, en el centro de la estructura
contractual, el fiduciario. Éste recibe y ejerce el dominio fiduciario del terreno y de
todo cuanto se le incorpora además de la propiedad de los materiales adquiridos para
la obra, el dinero disponible para pagar compras y servicios y finalmente el derecho
de vender las unidades terminadas. El emprendimiento es transitorio por su propia
naturaleza, hasta que se cumpla una condición: la conclusión de la obra.
El art. 1666 define el contrato de fideicomiso como aquel donde una parte, llamada
fiduciante, transmite o se compromete a transmitir la propiedad de bienes a otra
persona denominada fiduciario, quien se obliga a ejercerla en beneficio de otra
llamada beneficiario, que se designa en el contrato, y a transmitirla al cumplimiento
de un plazo o condición al fideicomisario.
Análisis de la definición legal: Señala el artículo: "cuando una parte (fiduciante)
transmite o se compromete a transmitir la propiedad de bienes a otra...". Se corrige
defecto de la Ley 24.441 que parecía describir el contrato como con efecto real.
Ahora queda claro su carácter consensual cuando se indica que el fiduciante «se
compromete a transmitir». O sea que el FC queda constituido como contrato desde el
consentimiento con independencia que en ese momento no hayan sido transmitido por
le fiduciante al fiduciario los bienes que constituyen su objeto.
CARACTERES
Consensual
Contrato a favor de tercero
Bilateral
Oneroso
Contrato de consumo
Formal
OBJETO Según el art. 1670 pueden ser objeto del fideicomiso todos los bienes que se
encuentran en el comercio, incluso universalidades, pero no pueden serlo las
herencias futuras. La amplitud del concepto “bienes" implican que pueden ser objeto
del FC los bienes futuros e incluso cosas ajenas, es decir que la propiedad fiduciaria
recién existiría al hacerse efectiva la transmisión del bien prometido.
FORMA. INSCRIPCION Según el art. 1669 el contrato de FC, que debe inscribirse en el
registro que corresponda, puede celebrarse por instrumento público o privado,
excepto cuando se refiere a bienes cuya trasmisión debe ser celebrada por
instrumento público. En este caso, cuando no se cumple dicha formalidad, el contrato
vale como promesa de otorgarlo. Si la incorporación de esta clase de bienes es
posterior a la celebración del contrato, es suficiente con el cumplimiento, en esa
oportunidad, de las formalidades necesarias para su transferencia, debiéndose
transcribir en el acto respectivo el contrato de fideicomiso.
La forma que debe cumplirse al constituir un fideicomiso fue materia de discusiones al
redactarse el nuevo CCC. Lo primero que se discutió fue si era necesario reformar el
régimen, imponiendo el instrumento público para la constitución de todos los
fideicomisos. La comisión redactora entendió conveniente dejar a la voluntad de los
constituyentes la forma a adoptar (salvo cuando se deban trasmitir bienes que
impongan una formalidad especial), del modo en que se regula en la Ley 24.441.
Como novedad se establece la previsión de que si se incorporan bienes que impongan
la documentación mediante instrumento público, debe transcribirse en este
instrumento el contrato de fideicomiso —aspecto que en la actualidad no se regula, y
que, en general, no se realiza—. O sea que se otorgan mayores seguridades a quienes
contratan luego sobre esos bienes pues saben –por el mismo acto- que esos bienes
están afectados a un FC y que no se corresponden al patrimonio personal del
Fiduciario.
DURACION. PLAZO Y CONDICIÓN. La duración limitada del FC constituye una
característica esencial de la figura. Por ello, según el art. 1668 el plazo máximo del
FC, al igual que en la Ley 24.441, es de 30 años. La fijación de un plazo superior –vg.
40 años- no anula contrato pero se reduce al plazo previsto. Se ha cuestionado el
plazo de 30 años pues se considera que puede no resultar apropiado para FC
constituidos con un fin general o público, especialmente de carácter cultural,
educativo, filantrópico, religioso o científico que –por su objeto y finalidad-
requieren una mayor extensión. Si el beneficiario es persona incapaz o con capacidad
restringida el FC podrá exceder el plazo legal mínimo y durar hasta que cese la
incapacidad o a la muerte del beneficiario.
POSICIONES JURÍDICAS EN EL FIDEICOMISO
El FC ordinario (contractual) tiene dos partes: el fiduciante y el fiduciario. Estas no
pueden faltar pues de lo contrario no se trataría de un contrato. Sin embargo, pueden
encontrarse otros sujetos vinculados al FC, en particular el fideicomisario y el
beneficiario. Pero estos sujetos no son esenciales para la figura de allí que, en algún
caso, podrán faltar y esos roles serán cumplidos por las propias partes del FC (el
fiduciante y el fiduciario).
A) FIDUCIANTE. Es quien transmite la propiedad fiduciaria de bienes. Puede ser
cualquier sujeto de derecho: persona humana o persona jurídica.
B) FIDUCIARIO. Es la parte a quien se transmiten los bienes que conforman el
patrimonio fiduciario y se le encarga la gestión a cumplir con ellos. Puede ser
fiduciario cualquier persona humana o jurídica, con capacidad de disposición de los
bienes recibidos. Esta amplitud con la que –en el derecho argentino- se admite la
actuación como fiduciario ha sido cuestionada por alguna doctrina (CARREGAL) y en
ese sentido se ha señalado que en el derecho comparado se exigen al fiduciario siempre
condiciones profesionales. Si bien cualquier persona puede ser fiduciario, el art.
1673 fija requisitos especiales para ofrecer al público servicios fiduciarios. Sólo
pueden realizar gestión fiduciaria bajo esta modalidad las entidades financieras que
quedan sujetas en este aspecto a la ley específica que las regula y aquellas personas
especialmente autorizadas por la autoridad de contralor de los mercados de valores,
bajo las normas que dicha autoridad determine. El último párrafo del art. 1673
resuelve una cuestión que había originado discusión bajo la Ley 24.441 cual es si el
fiduciario puede a la vez ser beneficiario . Se había sostenido que debía entenderse
prohibida la posibilidad de revestir la calidad de fiduciario-beneficiario por una misma
persona, pues existe una evidente contraposición de intereses entre ambas calidades
(administrador y beneficiario) y esa situación es incompatible con la necesaria
neutralidad que debe tener el fiduciario en la gestión de los bienes.
El nuevo CCC se inclina por admitir la posibilidad de que el fiduciario sea beneficiario
pero se determina una pauta de conducta para juzgar la corrección de la actuación
del fiduciario cuando es designado beneficiario: debe actuar evitando conflicto de
intereses con los de las otras partes del negocio, es decir evitando cualquier
beneficio propio que perjudique a los demás beneficiarios. Bajo el régimen de la Ley
24.441 se discutía la posibilidad de designar más de un fiduciario. El nuevo CCC permite
la existencia de cofiduciarios. En ese sentido según el art. 1674, en caso de designarse
a más de un fiduciario para que actúen simultáneamente, sea en forma conjunta o
indistinta, su responsabilidad es solidaria por el cumplimiento de las obligaciones
resultantes del fideicomiso. A su vez, según el art. 1688, si se nombra más de un
fiduciario se configura un condominio y los actos de disposición deben ser otorgados
por todos conjuntamente, excepto pacto en contrario, y ninguno de ellos puede
ejercer la acción de partición mientras dure el fideicomiso.
C) BENEFICIARIO El beneficiario es la persona humana o jurídica que recibe los frutos
obtenidos con la gestión fiduciaria durante la vigencia del FC. Puede revestir ese
carácter toda persona humana, capaz, incapaz o con capacidad restringida, la persona
por nacer (sujeto el beneficio al nacimiento con vida –art. 21 CCC-) y cualquier
persona jurídica, pública o privada. ¿Qué ocurre si en el contrato no se designa
beneficiario? Para alguna doctrina no habría contrato válido pues no se cumpliría la
exigencia del art. 1667, inciso d). Para la mayoría de los autores, en cambio, esa
solución es demasiado estricta y por ello, para el caso de no designación del
beneficiario, debe aplicarse la norma supletoria del art. 1671 (prevista para el caso
que el beneficiario no acepte, renuncie o no llegue a existir) y en consecuencia, si no
hay beneficiario designado, el beneficiario es el fideicomisario y si tampoco hay
fideicomisario el beneficiario será el fiduciante.
Se prevé la posibilidad de pluralidad de beneficiarios, los que –salvo disposición en
contrario- concurren en forma igual. Se puede también pactar que si alguno no acepta,
muere o no llega a existir o deja de existir, se genere el derecho de acrecer a favor de
los demás. También puede convenirse la designación de beneficiarios sustitutos.
D) FIDEICOMISARIO. Según el art. 1672 es el destinatario final de los bienes. Puede
ser una persona humana, capaz, incapaz o con capacidad restringida, persona por
nacer o cualquier persona jurídica, pública o privada. Si faltare el fideicomisario,
porque no aceptó, murió, no llegó a existir o dejó de existir, se aplican las reglas que,
para iguales supuestos, prevé el CCC respecto del beneficiario (art. 1671). O sea que
en tal caso será fideicomisario el beneficiario y en ausencia de éste, el fiduciante. Se
dispone expresamente que el fiduciario no puede ser fideicomisario.
Resumiendo, podemos individualizar a las distintas posiciones y señalar los roles que
pueden asumir y las prohibiciones existentes al respecto:
1) El FIDUCIANTE:
SI puede ser BENEFICIARIO
SI puede ser FIDEICOMISARIO
NO puede ser FIDUCIARIO (es parte, sino no sería bilateral)
2) El FIDUCIARIO:
SI puede ser BENEFICIARIO (antes discutido)
NO puede ser FIDEICOMISARIO
NO puede ser FIDUCIANTE (es parte, sino no sería bilateral)
3) EL BENEFICIARIO:
SI puede ser FIDUCIANTE
SI puede ser FIDUCIARIO
SI puede ser FIDEICOMISARIO
4) EL FIDEICOMISARIO:
SI puede ser BENEFICIARIO
SI puede ser FIDUCIANTE
NO puede ser FIDUCIARIO
EL FIDUCIARIO
A) REGLAS DE ACTUACION. DISPENSAS PROHIBIDAS. Según el art. 1674 el fiduciario
debe cumplir las obligaciones impuestas por la ley y el contrato con la prudencia y
diligencia de un buen hombre de negocios que actué sobre la base de la confianza
depositada en él. Se sigue el criterio adoptado por la Ley de Sociedades en su art. 59
para los administradores societarios. La ley impone al fiduciario una conducta
específica y agravada, pues además de exigir un estándar propio del ámbito de los
negocios –superior al de un mandatario común- agrega un deber de diligencia especial
en razón de la confianza por la cual se lo elige como gestor de los bienes. Se
establece, además, la regla de la solidaridad entre los fiduciarios plurales. A los
fines de precisar los deberes del fiduciario el art. 1676 contiene tres supuestos de
dispensa de responsabilidad que se encuentran prohibidos:
a) De la obligación de rendir cuentas
b) De la culpa o dolo en que pueda incurrir el fiduciario o sus dependientes
c) De la prohibición de adquirir para sí los bienes fideicomitidos
B) OBLIGACION DE RENDIR CUENTAS. La obligación de rendir cuentas constituye un
deber nuclear del fiduciario, inderogable por convención de las partes. Puede ser
pedida por cualquiera de las demás partes, de acuerdo a lo que se convenga en el
contrato (art. 1675). En defecto de convenio deben rendirse cuentas al menos una vez
al año. La obligación de rendir cuentas conlleva la obligación de llevar la
contabilidad en los términos del art. 320 CC. A todo evento resultan aplicables las
normas generales sobre rendición de cuentas contenidas en los arts. 858/864 del
CCC. Si el fiduciario no cumple con la obligación de rendir cuentas se produce una
causal de remoción judicial del fiduciario por incumplimiento de una de sus
obligaciones, la que procederá a pedido del fiduciante o a instancias del beneficiario
o del fideicomisario, con citación del fiduciante.
C) REEMBOLSO DE GASTOS Y RETRIBUCIÓN. El fiduciario gestiona bienes ajenos y en
interés de terceros, lo que genera gastos y prestación de servicios, en la mayoría de
los casos, con importantes deberes, cargas y responsabilidades. El art. 1677 presume
por ello que los gastos deben ser reembolsados y que la gestión debe ser
remunerada, salvo que se convenga la gratuidad. Si los honorarios no han sido
fijados en el contrato el juez procederá a fijarlos teniendo en cuenta los siguientes
parámetros: a) la índole de la encomienda; b) la importancia de los deberes a cumplir;
c) la eficacia de la gestión cumplida; d) las demás circunstancias en que actúa el
fiduciario.
D) CESE DEL FIDUCIARIO. SUSTITUCIÓN. El art. 1678 contempla las causales de cese
del fiduciario. Debe tenerse en cuenta que no se trata de la extinción del FC sino de la
cesación del fiduciario. O sea que el FC continuará con el reemplazante, lo que
guarda un paralelismo con las causales de cesación del mandato. Las causales
previstas son las siguientes:
1) Remoción judicial por incumplimiento de sus obligaciones o por hallarse
imposibilitado material o jurídicamente para el desempeño de su función, a instancia
del fiduciante; o a pedido del beneficiario o del fideicomisario, con citación del
fiduciante.
2) Incapacidad, inhabilitación y capacidad restringida judicialmente declaradas, y
muerte, si es una persona humana.
3) Disolución, si es una persona jurídica; esta causal no se aplica en casos de fusión o
absorción, sin perjuicio de la aplicación del inciso a), en su caso.
4) Quiebra o liquidación.
5) Renuncia, si en el contrato se la autoriza expresamente, o en caso de causa grave o
imposibilidad material o jurídica de desempeño de la función; la renuncia tiene efecto
después de la transferencia del patrimonio objeto del fideicomiso al fiduciario
sustituto.
LA PROPIEDAD FIDUCIARIA. La constitución del FC implica la transferencia de los
bienes a un patrimonio separado, bajo la titularidad del fiduciario. A diferencia de
otros Código –como el Código Civil de Quebec- en el que al fiduciario se le otorga el
carácter de administrador del patrimonio, el CCC optó por calificar al fiduciario
como propietario de los bienes que componen el patrimonio. Esto surge expreso del
art. 1685, primer párrafo, que establece que “los bienes fideicomitidos constituyen un
patrimonio separado del patrimonio del fiduciario, del fiduciante, del beneficiario y
del fideicomisario. O sea que estamos ante un supuesto de un patrimonio especial o
patrimonio de afectación que implica un apartamiento de un principio general de
nuestro ordenamiento –fundamentalmente bajo el régimen del Código de Vélez- para
el cual cada persona sólo es titular de un patrimonio. En este caso el fiduciario
(persona humana o jurídica) será titular de su patrimonio personal y además del
patrimonio fideicomitido. Incluso si se trata de un fiduciario profesional es muy
probable que sea titular –además de su patrimonio personal- de los varios patrimonios
fideicomitidos. El dominio fiduciario constituye una propiedad modalizada, pues
necesariamente se acotará al cumplimiento de un plazo o al acaecimiento de un hecho
que condiciona su existencia. Además el fiduciario tiene limitadas sus facultades de
disposición y administración al cumplimiento de las mandas incorporadas al contrato.
RESPONSABILIDAD CIVIL POR LOS DAÑOS CAUSADOS POR COSAS QUE INTEGRAN LA
PROPIEDAD FIDUCIARIA. Dispone el art. 1685, segundo párrafo, que “sin perjuicio de
su responsabilidad, el fiduciario tiene la obligación de contratar un seguro contra la
responsabilidad civil que cubra los daños causados por las cosas objeto del
fideicomiso. Los riesgos y montos por los que debe contratar el seguro son los que
establezca la reglamentación y, en defecto de ésta, los que sean razonables. El
fiduciario es responsable en los términos del artículo 1757 y concordantes cuando
no haya contratado seguro o cuando éste resulte irrazonable en la cobertura de
riesgos o montos”. Los bienes que integran el FC pueden ser cosas riesgosas o
peligrosas (vg. automotores) y con su intervención pueden causarse daños a terceros.
En este caso no cabe duda que el patrimonio fideicomitido en su totalidad responde
por los daños causados. El problema es si del fiduciario debe o no responder
personalmente (o sea con su patrimonio personal) por los daños derivados de la
intervención de cosas afectadas al FC. En ese sentido el art. 1685 fija al fiduciario la
obligación de contratar un seguro de responsabilidad civil que cubra los daños
causados por las cosas objeto del FC. Si no ha contratado el seguro o si no este no
es suficiente (infraseguro), responderá personalmente por los daños causados, en
los términos del art. 1757 CCC.
ACTOS DE DISPOSICIÓN Y GRAVAMENES. Según el art. 1688 el fiduciario puede
disponer o gravar los bienes fideicomitidos “cuando lo requieran los fines del
fideicomiso”, sin que sea necesario el consentimiento del fiduciante, del beneficiario
o del fideicomisario. La solución es lógica desde una visión estrictamente jurídica: al
ser propietario de los bienes, el fiduciario se encuentra legitimado para disponer de
ellos sin concurso de terceros. Constituye una cuestión problemática determinar
cuándo la enajenación se realiza de acuerdo a “los fines del fideicomiso”. Será una
cuestión de hecho que dependerá de cada FC. Sin embargo, la cuestión es central para
el adquirente, pues si la transferencia fue realizada en violación a los fines del FC, el
bien volverá al patrimonio fiduciario, frustrándose el negocio. Un primer examen
impone el conocimiento por parte del adquirente del carácter fiduciario del
transmitente. El CCC impone la registración del contrato de FC, requisito del cual
surge la necesidad del adquirente de consultar las clausulas vigentes del contrato.
Esta necesidad será ineludible si el negocio es de importancia y recae sobre bienes que
constituyen su núcleo (por ejemplo, el inmueble sobre el que se desarrollará el
negocio). O sea que para que la transmisión sea inválida debe probarse que el
adquirente sabía, o debía saber actuando diligentemente, que quien transfería era
titular fiduciario y que sabía, o debía saber, que estaba actuando fuera de los fines del
FC.
LA SEPARACIÓN DE PATRIMONIOS. Como se señalara anteriormente, el patrimonio
fiduciario constituye un patrimonio separado tanto del propio patrimonio personal
del fiduciario, como del patrimonio del fiduciante, del beneficiario y del
fideicomisario.
1) La separación respecto al patrimonio personal del fiduciario.
2) La separación respecto al patrimonio del fiduciante.
3) Los acreedores del beneficiario.
4) Los acreedores del fideicomisario.
EXTINCION DEL FIDEICOMISO. EFECTOS. Según el art. 1697 el fideicomiso se extingue
por:
a) Por el cumplimiento del plazo o la condición a que se ha sometido, o el vencimiento
del plazo máximo legal.
b) Por la revocación del fiduciante, si se ha reservado expresamente esa facultad.
c) Cualquier otra causal prevista en el contrato.
En cuanto a los efectos de la extinción del FC el art. 1698 preceptúa que “producida
la extinción del fideicomiso, el fiduciario está obligado a entregar los bienes
fideicomitidos al fideicomisario o a sus sucesores, a otorgar los instrumentos y a
contribuir a las inscripciones registrales que correspondan”. Dichos bienes no
necesariamente coincidirán con los que adquirió en su origen el fiduciario ya que
podrán ser el resultado de la transformación material o jurídica –subrogación real-
de ellos. Así en un FC inmobiliario el fiduciario entregará los departamentos que se
construyeron en el terreno originario.
INSUFICIENCIA DE LOS BIENES FIDEICOMITIDOS. LIQUIDACION JUDICIAL. El art. 1687,
último párrafo, preceptúa que “la insuficiencia de los bienes fideicomitidos para
atender a esas obligaciones, no da lugar a la declaración de su quiebra. En tal
supuesto y a falta de otros recursos provistos por el fiduciante o el beneficiario
según previsiones contractuales, procede su liquidación, la que está a cargo del juez
competente, quien debe fijar el procedimiento sobre la base de las normas previstas
para concursos y quiebras, en lo que sea pertinente”. Si los bienes del FC son
insuficientes para pagar las obligaciones exigibles del FC, el patrimonio fiduciario no
puede ser incluido en un proceso concursal. Si bien el nuevo CCC, en forma idéntica a
la Ley 24.441, expresa que no puede ser declarado en quiebra, lógicamente no podrá
presentarse en concurso preventivo pues su fracaso derivaría en la quiebra. La
expresión “insuficiencia de bienes” debe ser interpretada como estado de cesación de
pagos en los términos de la ley concursal. Ante esta situación –insuficiencia del
patrimonio fiduciario- el contrato puede prever que fiduciante o beneficiario –
incluyendo el fideicomisario- provean los recursos necesarios para zanjar la
situación de insuficiencia financiera. Si no existiera tal previsión contractual, o
fracasare ese recurso, el fiduciario deberá pedir la liquidación judicial del FC. El juez
determinará el procedimiento aplicable, en base a las normas previstas para
concursos y quiebras, en lo que sea pertinente. La clase de FC de que se trate, los
bienes involucrados, la cantidad de beneficiarios y acreedores involucrados, serán
parámetros para la definición del procedimiento que el juez aplicará para la
liquidación.
FIDEICOMISO EN GARANTÍA. La validez del FC en garantía fue objeto de discusión bajo
el régimen de la Ley 24.441. Para despejar toda duda al respecto el CCC contempla
expresamente la figura en el art. 1680 o sea que, bajo el nuevo ordenamiento, la
licitud de esa clase de FC no puede discutirse. Incluso y a los fines de posibilitar la
constitución de esa modalidad de FC el CCC –como ya viéramos- ha admitido la
posibilidad de que el fiduciario pueda ser beneficiario, alternativa en general no
admitida bajo el régimen legal anterior. Se trata de otra forma de garantía
cuasilíquida y autoejecutable, similar a las garantías a primera demanda. El FC con
fines de garantía es aquél en el cual el fiduciante transmite al fiduciario bienes
individualizados en garantía de un crédito, propio o ajeno, con el encargo de que, en
caso de incumplimiento del crédito garantizado, destine los frutos de los bienes o el
producido de la liquidación al pago del crédito. Esa modalidad está regulada en el art.
1680, norma según la cual si el fideicomiso se constituye con fines de garantía, el
fiduciario puede aplicar las sumas de dinero que ingresen al patrimonio, incluso por
cobro judicial o extrajudicial de los créditos o derechos fideicomitidos, al pago de
los créditos garantizados. Respecto de otros bienes, para ser aplicados a la garantía
el fiduciario puede disponer de ellos según lo dispuesto en el contrato y, en defecto
de convención, en forma privada o judicial, asegurando un mecanismo que procure
obtener el mayor valor posible de los bienes .
En la doctrina se han distinguido dos modalidades de FC en garantía: a) FC de garantía
puro, donde el fiduciario debe esperar que se opere el incumplimiento para liquidar los
bienes o utilizar los frutos; b) FC de garantía y pago: o sea aquel donde, durante la
vigencia del FC, los frutos son destinados al pago de la deuda.
Las posiciones jurídicas que pueden adoptarse en el FC en garantía son las siguientes:
a) Fiduciante (o constituyente): es quien garantiza una deuda propia o de terceros
b) Fiduciario: es el encargado de la administración del FC, quien puede también ser el
titular del crédito garantizado o no serlo. En el primer caso será entonces también
beneficiario.
c) Beneficiario: será el acreedor garantizado
d) Fideicomisario: será el destinatario de los bienes al extinguirse el FC (será
normalmente el deudor o el fiduciante)
El art. 1680 señala que, en defecto de convención expresa que disponga el modo de
liquidación de los bienes dados en garantía, el fiduciario podrá hacerlo a su criterio,
en forma privada o judicial, pero asegurando un mecanismo que procure obtener el
mayor valor posible de los bienes. La fórmula es amplia y permite al fiduciario buscar
el mejor modo de liquidación, según cada clase de bienes y el mercado en el cual
deberán disponerse.