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Protección Internacional de DD.HH.

El documento describe los dos sistemas internacionales de protección de derechos humanos: el sistema universal de la ONU y el sistema regional de la OEA. Explica que el sistema de la ONU incluye órganos como la Comisión de Derechos Humanos y la Subcomisión, así como los comités creados por tratados de derechos humanos. También describe los cambios introducidos en 2006, cuando se creó el Consejo de Derechos Humanos para unificar la protección, con procedimientos geográficos, temáticos y de exam
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Protección Internacional de DD.HH.

El documento describe los dos sistemas internacionales de protección de derechos humanos: el sistema universal de la ONU y el sistema regional de la OEA. Explica que el sistema de la ONU incluye órganos como la Comisión de Derechos Humanos y la Subcomisión, así como los comités creados por tratados de derechos humanos. También describe los cambios introducidos en 2006, cuando se creó el Consejo de Derechos Humanos para unificar la protección, con procedimientos geográficos, temáticos y de exam
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Manual Crítico de Derechos Humanos - 2da. Edición Act.

MODULO XII

El Sistema Internacional de Protección de los Derechos Humanos


Existen dos sistemas de protección internacional de los Derechos Humanos, coincidentes
con los dos grandes sistemas internacionales de relación entre Estados, de los cuales la
Argentina forma parte. El sistema universal (ONU) que se corresponde con la organización
de Naciones Unidas, y un sistema regional, coincidente con el de la Organización de
Estados Americanos (OEA). Dichos sistemas de protección son complementarios o
caodyuvantes, de los sistemas nacionales de protección, sobre todo en los casos en que es
posible la presentación de denuncias individuales o eventualmente, que el caso ingrese al
conocimiento de un órgano jurisdiccional internacional, con competencia en materia de
Derechos Humanos.
A su vez, desde cada uno de estos sistemas de protección han surgido las declaraciones
y tratados jerarquizados constitucionalmente. (Nos remitimos al respecto a lo expuesto en
Módulo III, última parte).
Por último, recordar aquí todo lo que hemos desarrollado en torno de la responsabilidad
individual y estatal, de carácter internacional, y la visión de los derechos humanos, que
hemos desarrollado en el Módulo II, Delitos de lesa Humanidad y Módulo IV,
Responsabilidad individual y Estatal Internacional y El problema de la Impunidad.

El sistema de protección desarrollado por la Organización de Naciones Unidas


Para ello dividiremos la exposición en dos partes, la primera en relación al sistema de
protección a través de los órganos de carácter permanente de la organización, y una
segunda, cumplida por los Comités creados por los Tratados Internacionales de Derechos
Humanos de Naciones Unidas, jerarquizados constitucionalmente.
Hasta el año 2006: El órgano permanente de Naciones Unidas, con competencia en
materia de Derechos Humanos, es el Consejo Económico y Social. Conforme el art. 68 de la
Carta de la ONU, el Consejo Económico y Social establecerá Comisiones de orden
económico y social y para la promoción de los derechos humanos, así como las demás
comisiones necesarias para el desempeño de sus funciones.
El Consejo Económico y Social creó la Comisión de Derechos Humanos, y este último dio
origen a la Subcomisión de Derechos Humanos (inicialmente denominada Subcomisión
para la Protección de las Minorías y la Sanción de la Discriminación). El Consejo Económico
y Social está integrado por cincuenta y cuatro miembros de la ONU; la Comisión está
integrada por 53 miembros distribuida en representantes de estados correspondientes a los
distintos grupos regionales. La Subcomisión está integrada por expertos elegidos a título
personal a propuesta de los Estados. Los Organismos no Gubernamentales, tienen vos y no
tienen voto, tanto en la Reunión Anual de la Comisión (que se realiza en Ginebra, entre
febrero y marzo de cada año) y la Reunión Anual de la Subcomisión (que se desarrolla
anualmente en Ginebra, entre agosto y septiembre de cada año), para lo cual deben tener
el carácter de órgano consultivo del Consejo Económico y Social.
Ahora bien, cómo desarrollan su actividad. En primer lugar, tanto la Comisión como la
Subcomisión son ámbitos de discusión, vinculados con el tratamiento de nuevos tratados
sobre derechos humanos ; ya que, si trata de Protocolos Facultativos de los ya existentes,
éstos se discuten en el ámbito del Comité propio del tratado de que se trate. Además la
agenda anual de ambas, insiste sobre el tratamiento de los derechos humanos, por países o
por temas. Y por último, la designación de Relatores Especiales , que estudian y desarrollan
alguna temática en particular (Deuda Externa - Distribución del Ingreso - Judiciabilidad de
los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, etc.).
Por otra parte el Consejo Económico y Social, también supervisa la situación de los
Derechos Humanos, a partir de la creación de Grupos de Trabajo (como el de desaparición
forzada e involuntaria de personas) que han tenido la tarea de recibir y sistematizar los
casos de desaparición forzada en el mundo, y que a su vez, el Consejo le otorgó luego, la
función de fiscalizar el cumplimiento de la Declaración de Naciones Unidas sobre la
Desaparición Forzada e Involuntaria de Personas.
Mediante Resolución E/1235 de 1967 se autorizó a la Comisión de Derechos Humanos a
examinar la información pertinente vinculada con violaciones a los derechos humanos y las
libertades fundamentales de carácter notorio y persistente, en general, y en particular, las
vinculadas con la política de Apartheid en Sudáfrica y en África sudoccidental y la
discriminación racial practicada en Rhodesia del Sur, cuyo procedimiento es público. A su
vez, por Resolución E/1503 del año 1970, se faculta a la Subcomisión para la designación
de un grupo de trabajo, a fin de dar tratamiento a las comunicaciones que puedan revelar
un cuadro persistente de violaciones a los derechos humanos y las libertades
fundamentales, las que pueden ser presentadas por personas, grupo de personas u
organismo no gubernamentales de derechos humanos. Su procedimiento es inicialmente
secreto. Como culminación de este procedimiento, la Comisión de Derechos Humanos,
entre diversas alternativas, tiene la posibilidad de transformarlo, en los términos de la
Resolución 1235, y tornarlo público.
Si bien son organismos altamente burocráticos, si pensamos, por ejemplo, que entre la
Declaración de los Derechos del Niño (1959) y la Convención sobre los Derechos del Niño
(1989), transcurrieron treinta años, y que entre la aprobación de la Declaración Universal de
los Derechos Humanos (1948), y la aprobación de los dos Pactos internacionales sobre
Derechos Civiles y políticos y Económicos, Sociales y Culturales (1966), transcurrieron casi
veinte años, y entre la Declaración de la ONU contra la tortura (1975) y la Convención de
N.U. contra la Tortura (1984) transcurrieron once años, lo cierto es que su avance se ha ido
consolidando, reafirmando la protección internacional de los derechos humanos, de todo
habitante de un Estado Parte, a partir de la decisión de los propios Estados miembros de la
ONU, en la Asamblea General, donde se les da aprobación para luego poder ser ratificados.
A partir del año 2006: Comienza un proceso de modificación del sistema de protección de
los Derechos Humanos, a través de órganos permanentes de las Naciones Unidas. Dicho
cambio cabe contextualizarlo, en lo general, con la crisis sufrida por la organización como
consecuencia de la invasión a Irak liderada por [Link] e Inglaterra, y con la participación de
fuerzas armadas de otros países europeos como España, Italia y República Checa, por
ejemplo, y que desairó a la organización como garante de la paz, ante el ultimátum lanzado
por las fuerzas invasoras intimando a los expertos de Naciones Unidas a hacer abandono
del Irak. Y en lo particular, al carácter altamente politizado y selectivo que tenía el
funcionamiento del sistema institucionalizado de protección, con condenas permanentes a
determinados países (Cuba, Países árabes, por ejemplo) y la ausencia de toda crítica con
respecto a otros (por ejemplo Israel), y a su fuerte burocratización, conforme ya se señaló.
Se unifica la actividad de protección en un solo órgano especializado el Consejo de
Derechos Humanos. El mismo depende de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Está integrado por los representantes de 47 países; con un mandato de tres años, sin
reelección inmediata, y con una distribución equitativa de los mismos por regiones, siendo
los países integrantes de cada región los que eligen a los que los representarán ante el
Consejo. Se reúne periódicamente, tres veces al añ o, por un período total de diez
semanas.
Constituyen temas permanentes de preocupación del organismo las violaciones graves y
sistemáticas de los derechos humanos; el desarrollo del sistema internacional de protección
y un foro mundial de discusión de los Derechos Humanos.
A fin de cumplir su mandato de protección de los Derechos Humanos en el ámbito
universal, el Consejo lleva adelante tres tipos de procedimientos .
Procedimientos geográficos : El que puede ser abordado por regiones o por países. Su
tratamiento queda abierto a la recepción de informes provenientes de la Sociedad Civil.
Concluye con la elaboración de un informe a cargo del Consejo. El procedimiento, ya sea en
relación a una región o a un país, se adopta por el término de un año y puede ser renovado.
Procedimientos temáticos : Se incorpora el tratamiento de temáticas específicas (p. ej.
independencia de los jueces, desapariciones forzadas, estados de excepción institucional,
nuevas formas de esclavitud y servidumbre, distribución del ingreso). Dichas temáticas
pueden ser abordadas a través de la designación de relatores especiales, Grupos de
Trabajo, informes especiales por países, llamamientos urgentes. Los mandatos, por ejemplo
para relatores especiales, se fijan por el plazo de tres años, renovables una sola vez. Los
responsables temáticos general informes de avance y definitivos, que son puestos a
consideración del Consejo para su resolución final.
Examen periódico universal : La totalidad de los países integrantes de las Naciones
Unidas deben presentar, periódicamente, un informe estatal documentado de la situación de
los derechos humanos, el que es cotejado con informes alternativos provenientes de la
sociedad civil, y que incluyen la posibilidad de su formulación desde unidades académicas
(con una extensión máxima de cinco páginas). Ello concluye con la elaboración de un
informe final por parte del Consejo, y dicha tarea se reafirma con el compromiso de los
Estados con el ejecución y cumplimiento de las recomendaciones formuladas, con lo que se
pretende fortalecer este sistema de protección.
Con la forma de integración del Consejo, y la incorporación del examen periódico
universal, se pretende neutralizar la politización y selectividad que tuvo el sistema en el
pasado.
Por otra parte, el sistema de protección de los derechos humanos, en el contexto de
Naciones Unidas, se complementa con la tarea de los Comités de Expertos, que actúan a
título personal, y que para su designación deben respetarse tanto la diversidad geográfica,
como de sistemas jurídicos, creados por los tratados sobre derechos humanos del sistema
universal, que salvo el correspondiente al PIDCP que se denomina Comité de Derechos
Humanos, los restantes toman el nombre del tratado de que se trate.
La labor de control se realiza por parte de estos Comités de dos maneras posibles: A
través de la recepción de Informes Periódicos a cargo de los Estados Partes, sobre la
situación de los derechos humanos correspondientes al tratado específico, el que es
complementado con informes aportados por organismos no gubernamentales. Ello permite
al Comité, por una parte, contrastar información y a partir de ella, extraer conclusiones; por
otro, hacer un seguimiento de determinadas temáticas a lo largo del tiempo en un Estado
Parte y formular recomendaciones a estos, reconociendo los avances y señalando los
ámbitos en los cuales deben continuar haciéndose esfuerzos, o donde la conducta estatal
es francamente violatoria de las obligaciones convencionales o representan un claro
retroceso, y se requiere su modificación. Por otra parte, algunos tratados admiten la
presentación de denuncias individuales (Protocolo Facultativo del PIDCP, el Tratado contra
la Tortura y otros Tratos Crueles, Inhumanos y Degradantes; el Protocolo Facultativo del
Pacto internacional para la eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer; el
Tratado para la Eliminación de toda forma de Discriminación Racial) las que están sujetas a
condiciones de admisibilidad y a un sistema controvertido de sustanciación (el que
analizaremos en particular al referirnos a la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos con el que guarda homología), el conociendo o no de la existencia de la violación,
y en su caso, formulando recomendaciones a ese respecto. El sistema universal carece de
un tribunal permanente en materia de derechos humanos. Finalmente, los referidos Comités
formulan Observaciones Generales (algunas de las cuales hemos analizado al referirnos a
los principios generales aplicables - Módulo II) que tienden a precisar las obligaciones a
cargo de los Estados Partes, emergentes del articulado de la Convención y por último,
trabajan con el objeto de perfeccionar el sistema de protección, a través de la elaboración,
discusión y aprobación de Protocolos Facultativos a los respectivos Tratados, que tienden a
dicho fin.
Entendemos que las resoluciones, recomendaciones y comentarios generales de tales
Comités, por provenir de organismos cuyo reconocimiento constitucional emerge de su
jerarquización, en los términos de art. 75 inc. 22 de la C.N., deben ser fuente de primer
nivel, para interpretar los alcances de tales Tratados y las obligaciones emergentes de los
mismos, en las "condiciones de su vigencia" a fin de su aplicación en el derecho interno
nacional.
La jurisprudencia nacional ha comenzado a incorporar tales observaciones generales a
los fines de interpretar el alcance de las obligaciones a cargo del Estado Parte del tratado
respectivo (p. ej. Juzgado Contencioso Administrativo Nº 1 Departamento Judicial de La
Plata, Expte. 10084-2005-E. CE c. Min. de Infraestructura, Viv. y Serv. Púb. y otros s/
Amparo, 11-10-2005, Considerando 4.3).

Alto comisionado de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos


Tiene el mandato de promover y proteger el goce y la plena realización, para todas las
personas, de todos los derechos contemplados en la Carta de las Naciones Unidas, y en las
leyes y tratados internacionales de derechos humanos. Dicho mandato le ha sido
encomendado por la Asamblea General de la organización mediante resolución 48/141. El
mandato incluye prevenir violaciones a los derechos humanos, promover la cooperación
internacional para la protección de tales derechos, coordinar actividades conexas en toda la
organización de Naciones Unidas, y fortalecer y hacer más eficiente el sistema de las
Naciones Unidas en la esfera de los Derechos Humanos y encabeza los esfuerzos por
integrar un enfoque de derechos humanos en todas las actividades de la organización. Fue
creado por la Asamblea General en el año 1993.
Que a su vez, en relación con el sistema de Protección internacional, frente a los delitos
de genocidio, agresión, delitos de Lesa Humanidad y Crímenes de Guerra, nos remitimos a
lo expuesto en Módulos II y IV.

El sistema de protección interamericano de derechos humanos


Si bien la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos aprobó en 1948
la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, lo cierto es que la misma
carecía de un organismo con competencia en la materia.
Ello se subsanó en la V Reunión Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, que se
llevó a cabo en Santiago de Chile, en 1959, la que adoptó una resolución mediante la cual
se creaba la Comisión Interamericana de Derechos Humanos , compuesta por siete
miembros, que actúan a título personal, con la función de promocionar el respeto de los
derechos humanos, y cuya organización definitiva quedó a cargo del Consejo de la OEA, la
que elaboró el primer Estatuto del organismo, en 1960, el que lo calificaba como órgano
autónomo de la O.E.A. En el año 1965, la Segunda Conferencia Interamericana
Especializada, requirió a la Comisión Interamericana, que preste especial atención en su
tarea de observancia de los [Link]., a los derechos enumerados en los arts. I, II, III, IV,
XVIIIXXV y XXVI de la Declaración Americana, y además la autorizó para recibir
comunicaciones que denunciaren violaciones a tales derechos y que presentara un Informe
Anual ante la Asamblea General del organismo. Finalmente la reforma de la Carta de la
OEA en 1967, que entró en vigencia en 1970, incorpora a la Comisión Interamericana en
sus arts. 51 y 112, como órgano permanente de la OEA, cuya finalidad primordial es
promover la observancia y defensa de los [Link]., y ser órgano asesor de la organización
en la materia.
En el año 1969 es aprobaba la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la que
recién se tornó operativa diez años después, que reservaba para ésta dos funciones
específicas de control de la observancia de los derechos humanos en el continente: con
relación a los Estados Miembros de la OEA, el controlar la observancia de la Declaración
Americana de Derechos y Deberes del hombre, por tales países; y en el caso de los
Estados Partes de la CADH, controlar la observancia de la misma, por éstos. Ello se debe al
doble rol institucional de la Comisión Interamericana, como órgano permanente de la OEA y
como órgano de la CADH. En este último caso, además, tratándose simultáneamente de
Estados Miembros de la OEA y Estados Partes de la CADH, la Comisión Interamericana ha
sostenido que debe prevalecer la aplicación de la Convención, por regla, y subsidiariamente
la Declaración, en relación con los derechos no previstos en la primera.
Ahora bien, la diferencia sustancial entre el Sistema de control basado en la Declaración
Americana (Estados Miembros) y la basada en la Convención Americana (Estados Partes
de la misma), es que, mientras en el primer caso, el sistema de control interamericano
fenece con la intervención de la Comisión IDH, en el segundo caso, en cambio,
actualmente, tanto la Comisión IDH como el Estado denunciado, pueden elevar el caso a
conocimiento de la CORTE IDH a fin de que ésta ejerza su competencia contenciosa.
La Comisión Interamericana, conforme los términos del art. 33 de la CADH, es uno de los
órganos de contralor del cumplimiento de las obligaciones asumidas por los Estados Partes,
en relación con la Convención Americana.
En lo que respecta a su Organización, la Convención prevé que se integrará por siete
miembros, de alta autoridad moral y de reconocida versación en materia de derechos
humanos. La Comisión representa a todos los miembros que integran la Organización de
los Estados Americanos. Son elegidos a título personal, y propuestas sus candidaturas por
los Estados Miembros de la OEA, cada uno de dichos Estados podrá proponer hasta tres
candidatos, en cuyo caso, uno de ellos debe ser de nacionalidad distinta al del país
proponente. Son elegidos por el término de cuatro años, y sólo podrán ser reelegidos una
sola vez. En el caso de vacantes que no se deban por la terminación normal del mandato,
ellas se cubrirán por el Consejo Permanente de la OEA, conforme los términos de su
Estatuto. La Comisión Interamericana elabora su Estatuto, el que debe someter a la
aprobación de la Asamblea General de la OEA, y dicta su propio Reglamento. Finalmente,
los servicios de Secretaría de la Comisión, debe ser desempeñada por una unidad funcional
especializada que forma parte de la Secretaría General de la OEA, y que debe contar con
los recursos necesarios para cumplir con sus tareas (arts. 34/40 de la CADH). La Comisión
Interamericana sesiona en pleno dos o tres veces al año, por el término de tres semanas
aproximadamente, en su sede permanente en Washington. Sin perjuicio de que pueda
trasladarse al territorio de otros Estados Miembros de la OEA.
En lo que respecta a las funciones de la Comisión Interamericana, el art. 41 dispone:
estimular la conciencia de los derechos humanos en los pueblos de América; formular
recomendaciones, cuando lo estime conveniente, a los gobiernos de los Estados Miembros,
para que adopten medidas progresivas a favor de los derechos humanos dentro del marco
de sus leyes internas y sus preceptos constitucionales; preparar los estudios y los informes
que considere convenientes para el desempeño de sus funciones; solicitar a los gobiernos
de los Estados Miembros a fin de que le rindan informes sobre las medidas que adoptan en
materia de derechos humanos; atender las consultas y prestar asesoramiento, dentro de
sus posibilidades, a requerimiento de los Estados Miembros, a través de la Secretaría
General de la OEA; actuar respecto de las peticiones y otras comunicaciones en ejercicio de
su competencia y conforme los procedimientos establecidos en la CADH (arts. 44/51) y
rendir un Informe Anual a la Asamblea General de la OEA. Dentro de estas funciones está
la elaboración de informes sobre la situación de los derechos humanos, en países
determinados, pudiendo realizar inspecciones "In loco", en caso de aceptar el Estado
interesado su presencia.
En lo que respecta a la Competencia de la Comisión IDH la misma está referida tanto a la
posibilidad de que cualquier persona, grupo de personas o entidad no gubernamental
legalmente reconocida pueda presentar a la Comisión una petición que contenga denuncias
o quejas de violaciones a esta Convención por un Estado Parte (art. 44). O para la
recepción y examen de comunicaciones en que un Estado Parte alegue que otro Estado
Parte ha incurrido en violaciones de los derechos humanos establecidos en esta
Convención, en la medida en que el Estado parte reconozca expresamente, al ratificar o
posteriormente, la competencia de la Comisión Interamericana para ello (art. 45).
Con respecto a los requisitos de admisibilidad de las peticiones individuales, el art. 46
establece las siguientes:
Agotamiento de los recursos internos: La regla general es que, previo a poder presentar
una petición individual ante la Comisión Interamericana, debió habérsele permitido, al
sistema nacional de protección, intervenir para dar solución a la violación que se denuncia.
Ello está sujeto a excepciones, algunas de las cuales contempla la propia Convención,
como ser, que no exista en la legislación interna del Estado de que se trata el debido
proceso legal para su protección o no se haya permitido al presunto lesionado el acceso a
tales recursos o su agotamiento o que haya un retardo injustificado en la decisión sobre los
referidos recursos. Por otra parte la Corte IDH ha sostenido como principio de excepción, la
situación de pobreza de la presunta víctima, que no le permita acceder efectivamente a
dichos recursos o la situación de temor generalizado, que impidan también su acceso
efectivo.
Interponer la petición dentro de los seis meses de agotados los recursos internos. Dicho
plazo, por regla, comienza a computarse a partir de la fecha en que la presunta víctima, o
sus representantes legales, son notificados de la sentencia definitiva, en el derecho interno,
y que puede considerarse la de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en nuestro caso.
Por supuesto que en las situaciones en que se generan excepciones a la aplicación del
requisito de agotamiento de los recursos internos, ello implica excepción al plazo de
interposición de la denuncia. Ahora bien, se ha interpretado que, el plazo riguroso no rige,
pero lo cierto es que, entre los hechos que excepcionan el cumplimiento del agotamiento de
los recursos internos, y el momento de presentación de la misma ante la Comisión, debe
prevalecer una relación de razonabilidad y proporcionalidad, que no haga presumir el
desinterés de los peticionarios sobre el sistema de protección interamericano (por ejemplo,
después de varios años).
Que la petición no est é pendiente de otro procedimiento de arreglo internacional o que
no sea reiteración de otra similar ante el mismo organismo o ante otro organismo de
contralor, que ya hayan procedido a su examen. Es decir que la petición o comunicación no
este pendiente, o ya haya sido resuelta, por otro sistema de protección internacional o por el
mismo sistema internacional de protección, ante el cual, la petición se duplica. Por ejemplo,
frente a una presunta violación de los derechos reconocidos en la CADH y en el PIDCP,
puedo optar entre formular una petición individual ante la Comisión Interamericana o ante el
Comité de Derechos Humanos (conforme el Protocolo Facultativo). Al optar por uno de
ellos, no puedo intentar simultáneamente o luego, el otro. Que dicha excepción funciona
exclusivamente frente a la reiteración o duplicación de peticiones individuales, pero no,
cuando el caso sólo está enunciado en el contexto de una denuncia global referida a la
situación de los derechos humanos en un país determinado.
Que finalmente la petición individualice al o los denunciantes, y se expongan hechos que
constituyan violaciones a derechos garantizados por la Convención. Cabe comentar aquí
que la identidad de la víctima o víctimas puede solicitarse se mantenga en reserva, por
razones de seguridad, al momento de transmitir la petición al gobierno del Estado
denunciado. Por otra parte, debe procurarse una amplia descripción de los hechos, el mayor
número de prueba posible de dichos hechos y la fundamentación jurídica respectiva, en los
términos de la CADH a fin de poder ilustrar a la Comisión sobre los antecedentes del caso.
Sin perjuicio de ello, cabe expresar aquí que si la Comisión, considera la información
insuficiente, puede solicitar su complementación, por parte del o de los denunciantes. Las
peticiones se presentan ante la Secretaría de la Comisión, y se pueden hacer llegar en
forma personal, por correo o por fax. No es obligatorio constituir un domicilio en la sede
permanente del organismo (Washington), ya que las comunicaciones se efectúan en el
domicilio de los denunciantes en su país de residencia, sin perjuicio de lo cual, la
intervención de un organismo no gubernamental, con sede en Washington, puede resultar
de interés, a los fines de seguimiento más próximo.
Teniendo en cuenta la capacidad que tiene la Corte IDH de examinar la totalidad de lo
actuado por ante la Comisión Interamericana, en el ejercicio de su función contenciosa, y en
el marco del examen de las excepciones preliminares, el Tribunal Interamericano de
Derechos Humanos ha realizado un pormenorizado análisis de los requisitos de
admisibilidad, en particular, al referido al agotamiento de los recursos internos.
La Corte IDH ha afirmado su competencia en la convicción de que la CADH se encuentra
redactada en términos amplios que implican que la Corte ejerce una jurisdicción plena sobre
todas las cuestiones relativas a un caso, lo que implican tanto pronunciarse sobre la
existencia de violaciones a derechos y libertades consagradas en la misma y adoptar las
medidas pertinentes ante ello, sino también de juzgar sobre los presupuestos procesales en
que se fundamenta su posibilidad de conocer del caso y para verificar el cumplimiento de
toda norma de procedimiento en que esté envuelta la interpretación o aplicación de la
Convención (Corte IDH, Caso Juan Humberto Sanchez vs. Honduras, sentencia del 7 de
junio de 2003, párrs. 64 y 65 y sus citas).
Así a interpretado que las normas relativas al procedimiento se deben aplicar con base
en un criterio de razonabilidad, ya que de lo contrario se generaría un desequilibrio entre las
partes y se comprometería la realización de la justicia (ídem anterior, párrs. 66).
Asimismo ha dicho que el Estado puede renunciar expresa o tácitamente a la
interposición de la excepción de no agotamiento de los recursos internos; en segundo lugar
que dicha excepción debe plantearse en la primera oportunidad antes del tratamiento de
cualquier cuestión de fondo ante la Comisión Interamericana, de no ser así, se tiene al
Estado por desistido tácitamente de su planteamiento; debiendo el Estado, en caso de
interponerla, además, señalar de que recursos se trata y probar su efectividad (Corte IDH,
Caso Herrera Ulloa vs. Costa Rica, sentencia del 2 de julio de 2004, párr. 81 y sus citas).
Probada su existencia y efectividad por el Estado, corresponde a la contraparte demostrar
su agotamiento o que el caso cae dentro de las excepciones para ello (Corte IDH,
Velásquez Rodríguez vs. Honduras, sentencia del 29 de julio de 1988, párr. 60). Entre las
excepciones admisibles la Corte ha reconocido los casos en que ya sea por la situación de
indigencia o de temor generalizado, las víctimas o sus familiares no puedan acceder a la
asistencia técnica necesaria o al uso de los recursos formalmente disponible (Opinión
Consultiva Nº 11, 10-08-1990). Asimismo ha sostenido que resulta improcedente que el
Estado plantee en el transcurso del proceso interamericano (Comisión y Corte) excepciones
que resulten contradictorias entre sí (p. ej., agotamiento de los recursos internos y luego
vencimiento del plazo de seis meses para la interposición de la denuncia). (Corte IDH, Caso
Neyra Alegría y otros vs. Perú, sentencia del 11 de diciembre de 1991, párrs. 29/30).
En ese contexto general ha afirmado que el retardo injustificado constituye una excepción
al agotamiento de los recursos internos (Corte IDH, Caso de Juan Humberto Sánchez, op.
cit., párr. 67); que a los fines de la excepción de agotamiento de los recursos internos, en el
caso de personas privadas de su libertad, el recurso a agotar es el hábeas corpus, y en
relación a los restantes derechos protegidos, es el amparo (Corte IDH, Caso Caballero
Delgado y Santana - Excepciones preliminares", sentencia del 21-01-1994, párrs. 65 y 67).
En lo que se refiere al procedimiento de la petición individual, ante la Comisión
Interamericana, cabe señalar, en primer lugar, que el art. 48 de la CADH, distingue entre
declaración de admisibilidad y resolución sobre el fondo . Interpretando los alcances de ello,
la Corte IDH ha sostenido que mientras la aceptación de la admisibilidad de la petición por
parte de la Comisión, puede formularse tácitamente, la declaración de inadmisibilidad
requiere de una resolución expresa. En estos últimos años, la práctica de la Comisión
Interamericana, ha optado por resolver, en dos etapas diferentes del proceso, el tema de la
admisibilidad y el tema del fondo de la petición.
Ahora bien, declarada admisible la petición, se da vista al gobierno de ésta, por un plazo
razonable, la que contestada, queda sometida a un trámite de réplica y dúplica. Es decir de
traslado de la petición al gobierno, del traslado del descargo del gobierno al peticionante, y
finalmente, de la contestación del peticionante al gobierno. Por su parte, si el gobierno no
contesta el traslado inicial, en general, la Comisión otorga a éste un nuevo traslado por
menos tiempo que el anterior. Finalmente, si el gobierno igualmente no contesta, el
Reglamento de la Comisión admite tener por presuntamente reconocidos los hechos
descriptos en la denuncia, por parte del Estado. Asimismo, es de hacer notar que, el
gobierno del Estado Parte denunciado, puede solicitar prórroga para contestar, lo que, en
general, la Comisión otorga.
La Comisión puede requerir la información que entienda pertinente al Estado, puede
ordenar la realización de una efectiva investigación y debe recibir las exposiciones verbales
y escritas que efectúen los interesados. A dicho respecto, resulta de interés la posibilidad
reglamentaria de efectuar una audiencia con integrantes de la Comisión y las partes, de así
requerirla alguna de ellas, con citación de la otra, u ordenarla la propia Comisión, a fin de
verificar, por ejemplo, el cumplimiento de las medidas provisionales dispuestas, por la
Comisión, o con intervención de la Corte Interamericana y que se puede desarrollar en la
sede del organismo (Washington) o en cualquier otro Estado Miembro de la OEA. Aunque
dichas audiencias puedan cumplirse, por razones operativas, sólo con algunos de los
integrantes de la Comisión, lo cierto es que se constituyen en una oportunidad de contacto
directo con sus miembros, a fin de testear su predisposición y sus dudas, respecto al caso,
y a fin de que tomen declaraciones a testigos, en forma directa.
Finalmente, la Comisión debe ponerse a disposición de las partes a los fines de arribar a
una solución amistosa del asunto, fundada en el respeto de los derechos humanos
reconocidos en la Convención. Cabe acotar lo siguiente: el ofrecimiento de la Comisión
debe efectuarse en los casos en que, por la naturaleza misma de la denuncia, ello sea
posible, es decir, que admita una recomposición de los intereses en juego. (Si lo que se
denuncia es la desaparición forzada de una persona o su encarcelamiento ilegal o arbitrario,
por ejemplo, ello no admite tal solución, ya que sólo se puede subsanar con la aparición de
la persona desaparecida o con la libertad de la persona encarcelada ilegal o
arbitrariamente). En segundo lugar, el ofrecimiento de la Comisión debe ser aceptado por
ambas partes en la petición (Estado denunciado y personas u organismos denunciantes),
para su viabilidad. Si se abre una instancia de solución amistosa, ésta puede concluir con
un acuerdo celebrado por las partes, y aprobado por la Comisión, en la medida en que
entienda que éste representa un adecuado reconocimiento de los derechos consagrados en
la Convención. En tal caso, procederá a la elaboración de un Informe que se trasmitirá al
peticionario y a los Estados Partes en la Convención, y luego se comunicará al Secretario
General de la OEA, a los fines de su publicación (art. 49 CADH). Si la Comisión concluye
que ello no es así, puede negar la aprobación del acuerdo y seguir adelante con el caso.
Por otra parte, si las partes no arriban a ningún acuerdo, cualquiera de ellas puede dar por
terminada la etapa de solución amistosa, y requerir que el caso continúe su tramitación,
según su estado.
Que sin perjuicio de todo ello, en los casos graves y urgentes, y sin consentimiento del
Estado Parte denunciado, puede ordenar una investigación preliminar, con la sola recepción
de una petición que reúna los requisitos de admisibilidad (art. 48.2 CADH). En este contexto
se inscribe la facultad de la Comisión Interamericana de dictar medidas provisionales a fin
de garantizar la vida, la seguridad, y la integridad física, psíquica y moral de las personas, y
evitar así daños mayores. Y proceder al seguimiento de las mismas. Sin embargo, si tales
medidas provisionales no producen el efecto deseado por la Comisión, ante su
inobservancia por parte del Estado parte denunciado, ésta puede recurrir, aun en los casos
que aún no están en conocimiento de la Corte Interamericana, a ésta, a fin de que sea ella,
como órgano jurisdiccional interamericano, quien las ordene y participe de su fiscalización
(art. 63.2 CADH).
Agotado el procedimiento ante la Comisión de una petición, y no habiéndose arribado a
una solución amistosa, le corresponde a ésta redactar un informe preliminar, en los términos
del art. 50.1 de la CADH. En dicho informe expondrá los hechos, y sus conclusiones. Si
dicho informe no refleja la opinión unánime de sus integrantes, estos podrán hacer conocer
sus votos por separado. El referido informe, en el caso de encontrar responsable al Estado
Parte denunciado, de violaciones a los derechos reconocidos en la Convención, formulará
además las recomendaciones que considere pertinentes, para que éste subsane las
consecuencias de tal o tales violaciones, y determinará el plazo, que el Estado Parte
denunciado tiene para cumplir con ellas. Tal informe se notificará exclusivamente al Estado
Parte denunciado, el que no puede publicarlo. A partir de tal notificación, además, comienza
a correr el plazo de tres meses que tiene la Comisión o el Estado interesado, para elevar el
caso a conocimiento de la Corte Interamericana. Al respecto algunos breves comentarios.
Como puede advertirse, en la actualidad, los peticionarios no tienen derecho a poner el
caso en conocimiento de la Corte Interamericana. Por otra parte, la Corte IDH, ha
interpretado tal normativa, en el sentido de que, si en el transcurso de dicho lapso (tres
meses) el Estado interesado requiere de una prórroga para dar cumplimiento con las
recomendaciones de la Comisión, y ésta se lo concede, ello suspende el plazo de
interposición del caso ante la Corte, al menos, por la duración total de la misma o a
presentar la demanda en el transcurso de la misma (Corte IDH, Caso Neyra Alegría y otros -
Excepciones preliminares, párrs. 32/35). También la Corte ha dicho que si bien los plazos
fijados en la Convención, tienen un grado de elasticidad, a fin de no frustrar el fin último del
sistema, que es la efectiva protección de los Derechos Humanos, ello no autoriza a la
Comisión a interponer la denuncia ante la Corte, vencido largamente el plazo
convencionalmente estipulado en el caso concreto y conforme sus antecedentes (Corte
IDH, Caso Cayara - Excepciones preliminares, sentencia del 3 de febrero de 1993, párrs.
60/63).
Si el caso no fue sometido al conocimiento de la Corte IDH, ni fue solucionado, la
Comisión IDH procederá a redactar un informe definitivo,en el que expondrá los hechos,
formulará sus conclusiones y, en su caso, las recomendaciones que considere pertinentes
fijando un plazo para su cumplimiento. Dicho informe se emite por el voto de la mayoría
absoluta de sus miembros. Vencido dicho plazo, la Comisión por igual mayoría, decidirá si
el gobierno ha dado cumplimiento con las recomendaciones emitidas, y si procede a
publicar dicho informe final (art. 51 CADH). Debe aclararse que, con relación a los trámites
ante la Comisión IDH, por violación a la Declaración Americana, y en relación
exclusivamente, a países miembros de la OEA, dicha tramitación concluye con el informe
final y su publicación, ya que no existe posibilidad de remitir los antecedentes a la Corte
IDH.
Respecto a la obligatoriedad de las recomendaciones formuladas por la Comisión ,
inicialmente la Corte IDH mantuvo una posición intermedia, mediante la cual afirmaba, por
un lado, que al tratarse de recomendaciones éstas no podían ser exigidas coactivamente,
es decir no son obligatorias ni generan responsabilidad internacional (Corte IDH, Caso
Caballero Delgado y Santana, sentencia del 8 de diciembre de 1995, párr. 67); pero por
otro, que habiendo el Estado Parte aceptado el sistema de protección instrumentado por la
CADH, tampoco podía mantenerse ante ellas con una actitud de indiferencia, debiendo
realizar los mejores esfuerzos para su cumplimiento (Corte IDH, Caso Loayza Tamayo,
sentencia del 17 de septiembre de 1997, párr. 80). Más recientemente la Corte IDH ha
sostenido que no le corresponde pronunciarse sobre ello, en la medida en que, en los casos
contenciosos, el informe del art. 51.2 de la Convención no se elabora (Corte IDH, Caso
Castillo Petruzzi y otros, sentencia del 30 de mayo de 1999, párr. 213).
Por otra parte, es de señalar que también, el propio activismo de la Comisión , en
relación con el cumplimiento de sus recomendaciones, es de vital importancia para ello,
porque de por sí, su interés actual sobre su cumplimiento resulta totalmente legítimo. Un
caso paradigmático de ello, en relación a la Argentina, fue el activismo desplegado por la
CIDH al momento de la huelga de hambre de los condenados por el ataque al Regimiento
militar de La Tablada, a fin de que el país diera cumplimiento con la recomendación que
establecía la revisión de las condenadas dictadas a tenor de la violación del art. 8.2.h de la
CADH, y que finalmente, se resolvió con una conmutación de penas a cargo del presidente
de la República a fin de que pudieran obtener la libertad condicional, ante el fracaso de
intentos legislativos y judiciales previos.
Finalmente cabe señalar que la Corte Interamericanaha distinguido claramenteel informe
preliminar del art. 50 de la CADH, que sólo se notifica al Estado, y que su notificación da pie
al cómputo del plazo para elevar el caso a conocimiento de la Corte Interamericana, del
informe definitivo del art. 51 de la misma Convención, que se notifica a ambas partes y que
puede resolverse su publicación (Opinión Consultiva Nº 13, 16-07-1993, párrs. 48/52).
Por su parte, la Comisión Interamericana ha incorporado la figura de Relatores
Especiales para el abordaje de temáticas particularmente sensibles, con el fin de
profundizar la función de promoción y protección de los mismos (p. ej., sobre libertad de
expresión o en relación a los derechos de las personas privadas de libertad).
La Corte Interamericana de Derechos Humanos
La Corte Interamericana es un órgano jurisdiccional interamericano, de carácter
autónomo, con competencia en materia de derechos humanos, creado por la Convención
Americana sobre Derechos Humanos (1969).
Su sede permanente es en San José (Costa Rica), a partir de un convenio celebrado por
la propia Corte con el Gobierno de Costa Rica.
Su puesta en funciones se verificó al momento en que la Convención Americana logró el
mínimo de ratificaciones necesarias para su operatividad (1979).
La Corte IDH está integrada por un total de siete jueces, propuestos y elegidos por los
Estados Partes de la Convención. Duran en sus funciones un total de seis años, con la
posibilidad de ser reelegidos por una sola vez. Son elegidos a título personal entre los
juristas de más alta autoridad moral y de reconocida competencia en materia de derechos
humanos y reúnan las condiciones requeridas por ley para el ejercicio de las más altas
magistraturas, ya sea la ley correspondiente a la nacionalidad del candidato o a la del
Estado proponente. La Corte designa su secretario, y la secretaría funcionará bajo su
dirección, en la sede de la Corte. La Corte IDH efectúa sesiones ordinarias y extraordinarias
durante el año, las que en general se materializan en tres encuentros anuales, de alrededor
de tres semanas cada uno, pero no sesiona con carácter permanente durante todo el año.
Por su parte la Convención (art. 54) prevé que en caso de reemplazo de un juez que no
ha concluido con su mandato (por fallecimiento, o renuncia, por ejemplo), quien lo
reemplace lo hará por el tiempo pendiente de cumplimiento. Por otra parte, en el caso de
jueces que cesan en sus funciones por el vencimiento del término de su designación,
igualmente seguirán conociendo en los casos pendientes que estén en estado de sentencia.
La Corte IDH ha interpretado la norma de referencia en el sentido de que si el juez que cesa
en su mandato, ha conocido sobre el fondo de la cuestión, debe seguir interviniendo, en
cambio, si sólo ha intervenido en la etapa de excepciones preliminares, el nuevo juez
seguirá conociendo sobre el fondo del caso. Y en cambio, si el juez que cesa en sus
funciones, al momento de resolver las excepciones preliminares, difirió su tratamiento a la
cuestión de fondo, entendió que ya comenzó a entender al respecto, y que, por
consiguiente, el juez que ha cesado en su mandato debe seguir conociendo en el caso
(Corte IDH, Caso Neyra Alegría y otros, resolución del 29 de junio de 1992, párr. 27).
Por otra parte la Convención ADH (art. 55) faculta a la designación de jueces ad hoc en
los casos en que uno de los jueces llamados a conocer del caso fuera de la nacionalidad de
uno de los Estados Partes, otro Estado Parte en el caso podrá designar a una persona de
su elección para que integre la Corte en tal carácter, debiendo reunir para ello las mismas
condiciones exigidas por ser juez permanente de la misma. La Corte ha reconocido que la
naturaleza del juez Ad-Hoc es la misma que la de los demás jueces y por ende no puede
ser sustituido el mismo por la sola voluntad del Estado proponente, después de haber
prestado juramente y haberse incorporado a la actividad de la Corte en el caso concreto.
(Corte IDH, Caso Paniagua Morales y otros, resolución del 11 de septiembre de 1995,
Considerandos 1 y 3).
La Corte prepara su Estatuto, el que debe ser aprobado por la Asamblea General de la
OEA y dicta su Reglamento. Además presenta un informe anual de su gestión y labor del
año anterior, ante la Asamblea General de la OEA.
La competencia contenciosa
La competencia contenciosa de la Corte IDH debe ser expresamente reconocida por el
Estado, al momento de ratificar el tratado o posteriormente. Dicha ratificación de
competencia puede efectuarse para el caso concreto, puede hacerse por un tiempo
determinado o en forma incondicionada.
Frente a la decisión de un Estado parte de retirar la ratificación de la competencia
contenciosa de la Corte Interamericana , ésta sostuvo, sobre la base del carácter integral de
la obligación asumida por el Estado frente a la Convención como un todo (argts. arts. 44.1
de la Convención de Viena), que la denuncia exclusivamente de la competencia
contenciosa es improcedente (Corte IDH, Caso Ivcher Bronstein - Competencia, sentencia
del 24 de septiembre de 1999, párrs. 50/51).
Asimismo, y en relación a la ratificación de la competencia contenciosa y la consecuente
competencia ratione temporis del tribunal, éste ha sostenido que la privación de libertad y la
muerte de la víctima acaecida con anterioridad a tal ratificación por parte del Estado escapa
a la competencia del tribunal interamericano, pero que, la desaparición forzada de éste (en
la medida en que la familia fue anoticiada de tal fallecimiento muchos años después, y ya
cuando la competencia contenciosa había sido ratificada por el Estado Parte) y las
violaciones consiguientes con ello, atento su carácter continuado, si podía ser objeto de
conocimiento del Tribunal (Corte IDH, Caso Blacke vs. Guatemala - Excepciones
preliminares, sentencia del 2 de julio de 1996, párrs. 33/35; 39/40). Del mismo modo ha
sostenido que si bien la resolución negativa de inscripción tardía de nacimiento se produjo
por resolución anterior al reconocimiento de la competencia contenciosa de la Corte
Interamericana, la privación de la nacionalidad consecuente se extendió más allá de la
fecha de reconocimiento de tal competencia (Corte IDH, Caso de las niñas Yean y Bosico
vs. República Dominicana, sentencia del 8 de septiembre de 2005, párr. 132).
El Tribunal interamericano ha marcando claramente el ámbito de su competencia como
Tribunal jurisdiccional en materia de derechos humanos , a fin de la determinación de
responsabilidad de los Estados Partes en la Convención Americana, lo que excluye su
capacidad de juzgar y pronunciarse sobre la responsabilidad individual de los presunto
implicados o participes, ya se trate de agentes del Estado o de las propias víctimas (Corte
IDH, Caso Castillo Petruzzi y otros, sentencia del 30 de mayo de 1999, párr. 90 y sus citas).
Como ya dijimos, la competencia contenciosa de la Corte, puede ser habilitada, tan sólo
por la Comisión IDH o por el Estado interesado y una vez agotados los procedimientos
previstos en los arts. 48 a 50 de la Convención, es decir, previo trámite del caso ante la
Comisión Interamericana. Respecto a esto último, la Corte IDH ha reivindicado su derecho
de analizar "in toto" lo actuado por las partes ante la Comisión. (Remisión a lo ya expresado
en materia de excepciones preliminares).
Sin perjuicio de ello, el actual Reglamento de la Corte (2001) admite la intervención de
los representantes de las víctimas y de éstas y/o sus familiares, durante todo el proceso
contencioso , una vez iniciado el mismo por la Comisión o el Estado interesado, a fin de que
hagan valer sus puntos de vista en forma autónoma. (Remisión al Módulo IV.
Reparaciones).
Existen, al menos, dos etapas bien diferenciadas durante el proceso contencioso, la
etapa de excepciones preliminares, y la referida al tratamiento de la cuestión de fondo.
Aunque, conforme su complejidad, puede habilitarse una tercera etapa, correspondiente a la
determinación de los daños y perjuicios, la que a veces puede resolverse conjuntamente
con el fondo de la contienda. Actualmente, entiendo que a tenor de la mayor intensidad de
su actividad, la Corte Interamericana a optado por tratar y resolver en forma conjunta y en
una sola sentencia, las tres cuestiones (Excepciones preliminares - Fondo - Reparaciones).
Cada una de estas etapas está caracterizada, como regla general, por una parte del
procedimiento, de carácter escrito, la demanda, la contestación de la demanda y la prueba
ofrecida correspondiente al fondo. Y el planteo de excepciones preliminares, su
contestación y la prueba correspondiente a tales excepciones. Al igual que la referida al
reclamo y prueba de las reparaciones. Y otra parte del proceso de carácter oral, a través de
la celebración de audiencias destinadas a producir la declaración de testigos y peritos y
formular los alegatos finales de las partes, vinculados con tales cuestiones litigiosas. Sin
embargo, la Corte Interamericana, por ejemplo, ha admitido la recepción protocolizada de
testimonios.
En el contexto del procedimiento contencioso la Corte Interamericana ha decidido :
Valoración de la prueba : Admite la prueba documental agregada oportunamente,
consentida por las partes, y no controvertida en su autenticidad. Igual tratamiento dispensa
a otra prueba similar, como el agregado de videos o declaraciones obrantes en páginas
web. Que a los fines de la incorporación de prueba al acervo no son de aplicación los
criterios propios del derecho interno, teniéndose en cuenta para ello las circunstancias del
caso concreto, y teniendo presente los límites que imponen la seguridad jurídica y el
equilibrio procesal de las partes. Con respecto a la incorporación de la prueba testimonial y
pericial, en principio, la Corte prioriza aquella que fue introducida en la etapa procesal
oportuna, la que será valorada teniendo en cuenta las observaciones formuladas por las
partes a su respecto, además tales testimonios y dictámenes periciales serán analizados en
cuanto se ajusten al objeto del litigio. Del mismo modo, frente a la oposición a la
incorporación de determinada prueba documental al acervo, en general, la Corte opta a su
incorporación, teniendo en cuenta, al momento de su valoración, las observaciones
formuladas por la parte, a su respecto. Con relación a los documentos de prensa, los valora
cuando los mismos refieren a hechos públicos o notorios, o cuando recogen declaraciones
de funcionarios del Estado o cuando corroboran hechos vinculados con el caso y probados
también por otros medios. Finalmente en relación con la declaración testimonial de las
presuntas víctimas, a tenor de su interés directo en el caso, sus declaraciones no pueden
ser valoradas aisladamente, sino dentro del conjunto de las pruebas del proceso, si bien son
útiles en la medida en que pueden aportar mayor información sobre las violaciones y sus
consecuencias (Corte IDH, Caso Perozo y otros vs. Venezuela, sentencia del 29 de enero
de 2009, párrs. 94, 95, 98, 101, 102, 103, 107, 108, 109 y sus citas).
No contestación de la demanda . Que si bien la Corte, en los casos en que no se ha
contestado la demanda, ni formulado alegatos finales, tiene la potestad de tener por
aceptados los hechos no controvertidos (art. 38.2 de su Reglamento), no tiene la obligación
de hacerlo en todos los casos en que se presenta una situación similar. Por ello en ejercicio
de su responsabilidad de protección de los derechos humanos, la Corte podrá determinar,
en cada caso, la necesidad de establecer los hechos, tal cual fueron presentados por las
partes, o tomando en cuenta otros elementos del acervo probatorio (Corte IDH, Caso
Acosta Calderon vs. Ecuador, sentencia del 24 de junio del 2005, párr. 37 y su cita).
Rol del agente del Estado y su posterior revocación. Efectos jurídicos . La Corte ha
señalado que en la medida en que el Agente del Estado fue designado representante por
éste, sin limitaciones en su mandato, la totalidad de lo actuado, hasta el momento de la
revocación de su designación por el Estado parte, genera plenos efectos jurídicos en el
proceso contencioso en que ha participado. (En el caso reconocimiento de responsabilidad
y posterior acuerdo amistoso para la determinación de las reparaciones y su forma de
cumplimiento). Impidiéndole la aplicación del principio del Estoppel asumir conductas
contradictorias, con seria afectación a la seguridad jurídica de las víctimas y sus familiares
(Corte IDH, Caso Huilca Tecse vs. Perú, sentencia del 3 de marzo de 2005, párrs. 52, 53,
55/58).
La responsabilidad estatal. La Corte Interamericana ha señalado reiteradamente el
carácter especial de la Convención Americana en el marco del Derecho internacional de los
Derechos Humanos, sosteniendo que la misma está inspirada en valores comunes
superiores, centrados en la protección de los derechos humanos; dotado de mecanismos
específicos de supervisión; se aplican de conformidad con la noción de garantía colectiva;
consagran obligaciones de carácter esencialmente objetivo; y tienen una naturaleza
especial que los distingue de aquellos tratados que regulan relaciones y obligaciones entre
Estados Partes (Corte IDH, Caso Masacre de Mapiripan vs. Colombia, sentencia del 15 de
septiembre de 2005, párr. 104 y su cita).
La Corte IDH, en el marco de las obligaciones de los Estados Partes, de respetar y
garantizar los derechos reconocidos en la Convención (art. 1.1) ha sostenido que la
obligación de respetar es de carácter negativo, en la medida en que impone a los Agentes
del Estado no vulnerar los derechos reconocidos, de tal modo que toda forma de ejercicio
del poder público que viole los derechos reconocidos por la Convención es ilícita, no
importando ni la jerarquía del órgano, ni si se han vulnerado o no normas del derecho
interno o desbordado el ámbito de su competencia específica (Corte IDH, Caso de la
Masacre de Mapiripan, ob. cit., párr. 108 y su cita).
Estos actos pueden ser de acción u omisión y aun cabe dicha responsabilidad del Estado
Parte frente a actos de particulares, si se ha demostrado que ha existido apoyo o tolerancia
de los poderes públicos frente a las infracciones u omisiones que hayan permitido la
perpetración de tales violaciones (Corte IDH, ídem ant., párr. 110 y sus citas). Las
obligaciones a cargo del Estado Parte son erga omnes (Corte IDH, Caso de la Masacre de
Mapiripan, ob. cit., párr. 123). Asimismo ha establecido que determinadas obligaciones,
como las vinculadas con la protección de la vida o la prohibición de la tortura o la prohibición
de los delitos de lesa humanidad y su sanción, por ejemplo, son de ius cogens, es decir,
impuestas ya por la costumbre internacional (Corte IDH, Caso Almonacid Arellano vs. Chile,
sentencia del 26 de septiembre de 2006, párr. 99).
De igual modo existe responsabilidad estatal en la medida en que éste se encuentra
obligado a controlar la prestación de servicios, de titularidad pública, pero ejercida por
particulares, como las referidas a la prestación del servicio de salud (Corte IDH, Caso
Ximennes Lopes vs. Brasil, sentencia del 4 de julio de 2006, párrs. 87 y 89).
En cambio,la obligación de garantizar ha sido calificada como positiva, en la medida en
que el Estado parte deben adoptar todas las medidas que sean apropiadas para proteger y
preservar los derechos reconocidos en la Convención, eliminando los obstáculos existentes,
a fin de que todas las personas puedan gozar efectivamente de tales derechos (Corte IDH,
Caso Comunidad indígena Sawhoyanaxa vs. Paraguay, sentencia del 29 de marzo de 2006,
párrs. 151 y 152 y sus citas).
Por otra parte la Corte Interamericana ha reafirmado el carácter especial de estas
obligaciones frente a la existencia de grupos vulnerables, como mujeres, niños y niñas,
mujeres embarazadas, personas privadas de libertad, tanto en sistemas penitenciarios
como de salud, o comunidades indígenas (Corte IDH, Caso Ximenes Lopes, ant. cit., párr.
88 y su cita).
Respecto a las obligaciones emergentes por lo dispuesto en el art. 2 de la CADH la Corte
IDH ha dicho: Implica la adopción de medidas en dos vertientes: por una parte la supresión
de las normas y prácticas de cualquier naturaleza que entrañen violación a las garantías
previstas en la Convención Americana. Por la otra la expedición de normas y el desarrollo
de prácticas conducentes a la efectiva observancia de tales garantías (Corte IDH, Caso
Masacre de Mapiripan, ant. cit., párr. 109 y su cita).
Además a tenor de lo anterior ha establecido la obligación, a cargo del Poder Judicial, de
ejercer un control de oficio de convencionalidad, a fin de determinar la compatibilidad de la
norma de derecho interno a aplicar para la resolución del caso concreto con el texto de la
Convención Americana y la forma en que la misma ha sido interpretada por la Corte
Interamericana, último intérprete de la misma (Corte IDH, Caso Almonacid Arellano y otros
vs. Chile, sentencia del 26 de septiembre de 2006, párr. 124).
A los fines de fijar los alcances de las obligaciones a cargo del Estado la Corte
Interamericana ha decidido que las mismas deben ser interpretadas en el marco de un
amplio Corpus Iuris Internacional . En ese contexto, y por aplicación del art. 29.b de la
CADH, ha expresado que si bien no le cabe determinar responsabilidad internacional por la
violación al derecho humanitario, sí cabe su consideración a fin de determinar los alcances
de las obligaciones a cargo del Estado Parte, en el marco de la CADH (Corte IDH, Caso
Masacre de Mapiripan, párr. 115 y sus citas). Como también ha resuelto que a los fines de
determinar las obligaciones a cargo del Estado Parte en los términos del art. 19 de la CADH
cabe considerar lo dispuesto en otros tratados ratificados por el Estado, como la
Convención sobre los Derechos del Niño o el Protocolo Facultativo sobre Derechos
Económicos, Sociales y Culturales (Pacto de San Salvador) (Corte IDH, Caso del Instituto
de Reeducación del menor vs. Paraguay, sentencia del 2 de septiembre de 2004, párr. 172).
Reconocimiento de responsabilidad por parte del Estado demandado . Una práctica que
se ha acentuado en los últimos años es que los propios Estados demandados reconozcan,
total o parcialmente su responsabilidad internacional. Ante ello la Corte Interamericana ha
desarrollado las siguientes pautas:
El Estado demandado no puede plantear excepciones a su responsabilidad que
contradigan o vacíen de contenido el reconocimiento oportunamente efectuado (Corte IDH,
Caso de la Masacre de Mapiripan, ob. cit., párr. 122).
La Corte, en el ejercicio de sus poderes de tutela judicial internacional, podrá determinar
si un reconocimiento de responsabilidad efectuado por un Estado demandado ofrece una
base suficiente, en los términos de la Convención Americana, para continuar o no con el
conocimiento del fondo y la determinación de las eventuales reparaciones y costas. Para
estos efectos el Tribunal analizará la situación planteada en cada caso concreto (Corte IDH,
Caso Baldeón García vs. Perú, sentencia del 6 de abril de 2006, párr. 38 y su cita).
La Corte tiene la facultad de considerar aceptados los hechos que no hayan sido
expresamente negados y las pretensiones que no hayan sido expresamente controvertidas
(art. 38.2 del Reglamento) (Corte IDH, Caso Baldeón García, op. cit., párr. 53 y su cita).
Que sin perjuicio del reconocimiento formulado y aceptado por la Corte, ésta, en ejercicio
de su función de protección de los derechos humanos y conforme la naturaleza del caso,
entienda pueda corresponder el dictado de una sentencia en la cual se determine la verdad
de los hechos y todos los elementos del fondo del asunto, así como las correspondientes
consecuencias, como una forma de reparación para la víctima y sus familiares, y a la vez,
una manera de contribuir a evitar que se repitan hechos similares y en consecuencia,
considere pertinente abrir un capítulo acerca de los hechos del caso, que abarque tanto los
hechos reconocidos por el Estado como los que resulten probados del conjunto de
elementos que obran en el expediente (Corte IDH, Caso Baldeón García, op. cit., párr. 56 y
su cita y 57).
Por último, el reconocimiento de responsabilidad formulado por el Estado demandado
ante la Comisión Interamericana, genera plenos efectos jurídicos y, por aplicación del
principio del Estoppel, impide al Estado sostener ante la Corte una posición opuesta o
contraria a tal reconocimiento (Corte IDH, Caso Jaramillo Acevedo y otros vs. Perú,
sentencia del 7 de febrero de 2006, párr. 176 y sus citas).
Como consecuencia de lo antedicho, la Corte IDH, en un caso contencioso, en primer
término, dicta sentencia correspondiente a la resolución de las excepciones preliminares
planteadas. Posteriormente, sobre la cuestión de fondo, y en su caso, respecto a los daños
y perjuicios ocasionados e indemnizables (Ver a dicho respecto lo expuesto en Módulo IV,
La Reparación), o puede hacerlo en forma conjunta, como ya señalamos. El fallo debe ser
motivado y si el fallo no expresara la opinión unánime, total o parcialmente de sus
integrantes, estos podrán hacer saber su opinión disidente o individual.
Tales sentencias pueden ser objeto de interpretación por parte de la Corte ante el pedido
de alguna de las partes , ante un desacuerdo respecto al alcance o sobre el sentido del
fallo, siempre y cuando, ello se solicitara dentro de los noventa días de notificado éste. Por
el reciente reglamento la Corte excluyó a las sentencias sobre excepciones preliminares, de
poder ser objeto de pedido de interpretación, lo que queda reservado, solamente, para las
sentencias sobre el fondo y respecto a determinación de daños y perjuicios.
Al respecto la Corte IDH ha señalado que la interpretación de una sentencia implica no
sólo la precisión del texto de los puntos resolutivos del fallo, sino también la determinación
del alcance, el sentido y la finalidad de la resolución, de acuerdo con los considerandos de
la misma (Corte IDH, Caso Velásquez Rodríguez. Interpretación de la sentencia de
indemnización compensatoria, sentencia del 17 de agosto de 1990, párr. 26). También ha
señalado que no corresponde interpretar o aclarar hechos aislados o partes descriptivas o
motivaciones de la providencia sin relación alguna con el resolutivo de la misma. Es decir,
que corresponde requerir interpretación sobre un punto resolutivo del fallo o de
motivaciones directamente relacionadas con éste (Corte IDH, Caso Neira alegría y otros -
Solicitud de revisión e interpretación, resolución del 3 de julio de 1992, párr. 25/26).
El fallo de la Corte IDH es definitivo e inapelable.
La Corte IDH ha fijado el criterio general de que tan sólo las resoluciones, que no sean de
mero trámite, adoptadas por su Presidente, o las adoptadas por una Comisión de la propia
Corte, son apelables ante el pleno del tribunal. Las restantes resoluciones o sentencias son
inapelables (Corte IDH, Caso Castillo Paez, resolución del 10 de septiembre de 1996,
Considerandos 4/9). Asimismo ha afirmado la inexistencia del recurso de reconsideración
en el ámbito de la Convención Americana (Corte IDH, Caso Neira Alegría y otros, resolución
del 16 de abril de 1997, Considerando 1º).
Los Estados Partes asumen el compromiso de cumplir la decisión de la Corteen todo
caso en que sean parte y aquella que determine daños y perjuicios, será ejecutable en el
derecho interno, conforme el trámite reservado para la ejecución de las sentencias contra el
Estado. El fallo se notifica a las partes en el caso y es transmitido a los Estados Partes en la
Convención.
Al respecto ha señalado que en el caso en que la Corte Interamericana ha ordenado en
su sentencia definitiva el deber de investigar los hechos y sancionar a los responsables de
la violación de derechos humanos, su cumplimiento no puede verse impedido por ninguna
disposición o instituto del derecho interno, como la prescripción. Su fundamento estaría
dado por lo dispuesto en el art. 27 de la Convención de Viena sobre los Tratados, y el
principio general Pacta Sunt Servanda (Corte IDH, Caso de los Hermanos Gomez
Paquiyauri, sentencia del 8 de julio de 2004, párrs. 150/152 y sus citas).
La Corte se reserva el derecho de controlar el efectivo e íntegro cumplimiento de la
sentencia dictada.
Por su parte, como ya vimos la Corte IDH puededictar medidas provisionales,a pedido de
la Comisión, en casos en que, aún no están en su conocimiento, y también en los casos que
ya esta conociendo, por razones de gravedad y urgencia y cuando se haga necesario para
evitar daños irreparables a las personas.
La jurisprudencia de la Corte al respecto fue fluctuante, en algún momento exigió al
menos prueba que pudiera acreditar "prima facie" la extrema gravedad y urgencia y los
eventuales daños irreparables a las personas, particularmente cuando el caso aún no está
en conocimiento de la Corte (Corte IDH, Caso Chunimá, resolución del 15 de julio de 1991,
Considerandos 6 y 7; Corte IDH, Caso Chipoco, resolución del Presidente de la Corte IDH
del 14 de diciembre de 1992, Considerandos 4 y 5); en otra etapa, hizo fe de tal situación,
teniendo en cuenta, por ejemplo, que la misma era expuesta por la propia Comisión
Interamericana o cuando habiéndolas dictado las medidas cautelares la Comisión
Interamericana con anterioridad, en el ámbito de su competencia las mismas no son
acatadas por el Estado (Corte IDH, resolución del Presidente de la Corte Interamericana de
fecha 26 de julio de 1995, Caso Carpio Nicolle. Considerando 4; Corte IDH, Caso Vogt,
resolución del Presidente de la Corte Interamericana de fecha 12 de abril de 1996,
Considerando 5).
Por otra parte, si bien las medidas provisionales, por los términos en que se encuentran
habilitadas están dirigidos a la protección de personas (sean estas víctimas, familiares,
abogados, testigos, etc.) en ocasiones, la Corte ha requerido al Estado que garantice
también el funcionamiento de organismos de derechos humanos dentro de su ámbito
territorial, y la seguridad e integridad de sus miembros (Corte IDH, Caso Álvarez y otros.
Medidas Provisionales, resolución del 11 de noviembre de 1997, Considerando 5°).
Los Estados interesados, y en su caso la Comisión IDH, deben informar periódicamente a
la Corte, respecto al cumplimiento de las medidas provisionales ordenadas, y conforme su
resultado, la Corte podrá prorrogar su vigencia, o dejarlas sin efecto. A su vez, por razones
de urgencia, las medidas provisionales, pueden ser ordenadas por el Presidente de la
Corte, en consulta con el Comisión Permanente, y posteriormente, ratificadas por el pleno
de la Corte.
Es importante señalar que la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha sostenido
jurisprudencialmente, frente a medidas provisionales ordenadas por la Corte IDH que: "La
gravedad de la situación sucintamente descripta, y la advertencia de la Corte
Interamericana sobre las consecuencias que puede traer aparejadas el desconocimiento del
carácter obligatorio de las 'medidas provisionales' adoptadas por ella, y el consiguiente
incumplimiento... imponen a esta Corte la obligación de adoptar medidas conducentes, que
sin menoscabar las atribuciones de otros poderes, tiendan a sostener la observancia de la
Constitución Nacional" (CSJN, Lavado, Diego Jorge y otros c/ Mendoza Provincia de y otro
s/ Acción Declarativa de Certeza", Considerando 8, 06-09-2006). En el caso, aun antes de
pronunciarse respecto a su competencia originaria, la que finalmente desechó (DJ 16-05-
2007, pág. 175) sobre la base de los fundamentos descriptos decidió que "La Corte debe
requerir informes al Estado nacional y a la Provincia de Mendoza, a fin de que pongan en
conocimiento del Tribunal cuáles han sido las medidas concretas adoptadas en el marco de
las 'medidas provisionales' dispuestas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos"
(Considerando 8). Con ello la Corte Suprema Nacional ha ratificado el carácter obligatorio
de las medidas provisionales dictadas por la Corte Interamericana, y la consiguiente
generación de responsabilidad en caso de incumplimiento; y por otra, ha reafirmado la
potestad del máximo tribunal de adoptar las medidas que entienda conducentes, sin
menoscabar las correspondientes a otros poderes, y que tiendan a sostener la observancia
de la Constitución Nacional.

La competencia consultiva
La competencia consultiva de la Corte IDH está abierta a todo Estado Miembro de la
OEA, o a los órganos enumerados en el art. 10 de la Carta de la Organización, en lo propio
de sus respectivas competencias.
En este caso la consulta podrá versar sobre la interpretación de la CADH o de otros
tratados concernientes a la protección de los derechos humanos en los Estados
Americanos. Así es el órgano jurisdiccional regional en materia de derechos humanos, con
la competencia más amplia en materia de consulta e interpretación, ya que, no sólo refiere a
la Convención, sino además a todo otro tratado, bilateral o multilateral cuyo objeto es la
protección de los derechos humanos, siempre que resulte aplicable a un Estado Americano,
aunque se encuentren suscripto por otros Estados no pertenecientes al sistema
interamericano (Corte IDH, Opinión Consultiva Nº 1, 24-09-1982). Por otra parte, por vía
interpretativa, la Corte IDH extendió esta facultad, en relación con la Declaración Americana
de los Derechos y Deberes del Hombre, teniendo en cuenta para ello la evolución de la
propia Declaración, la que, paulatinamente, fue adquiriendo determinada obligatoriedad, a
partir de las facultades de contralor a cargo de la Comisión, y también su inclusión, en la
norma de interpretación de la Convención (art. 29.d CADH). (Corte IDH, Opinión Consultiva
nº 10, 14-07-1989). El fin de la función consultiva es orientar la aplicación de la Convención
y favorecer la incorporación de nuevos Estados a la misma. Por otra parte la Corte IDH ha
resuelto que la función consultiva, si bien debe tener un interés real y concreto para quien la
formula, lo cierto es que no puede encubrir la solución de una cuestión contenciosa
concreta y determinada, ante la misma Corte o de trámite ante la Comisión, es decir, que no
puede funcionar como dictamen que pueda anticipar la solución posible, en la cuestión
contenciosa pendiente (Corte IDH, Opinión consultiva nº 12, 06-12-1991).
Finalmente también la Convención habilita a que cualquier Estado Miembro de la OEA,
pueda requerir opinión a la Corte, en relación a la compatibilidad de una norma de su
derecho interno, con los mencionados instrumentos internacionales (es decir, de aplicación
en los Estados Americanos, sean del sistema universal o regional). Dicho pedido puede
estar referido tanto en relación a una ley vigente como a un proyecto de ley. Interpretando el
concepto de ley interna con carácter amplio, es decir, incluyendo proyecto de reforma
constitucional (Corte IDH, Opinión Consultiva nº 4, 19-01-1984).
Si bien el sistema de protección interamericano, ha tenido flancos débiles, como ser, la
tardanza de la Comisión en interponer un caso contencioso ante la Corte, los intereses
políticos en juego, en los momentos de las reelecciones y renovaciones de integrantes; que
los [Link]. no forme parte del sistema de protección de la CADH; o la necesaria masividad
de ciertas violaciones, para luego si generar reacciones del sistema; lo cierto es que los
sistemas internacionales de protección, incluido el interamericano, han permitido salir de
determinados círculos de impunidad y ausencia de justicia, en los Estados Miembros.

Otras obras consultadas


PADILLA, MIGUEL M.,"Lecciones de derechos humanos y garantías", T. III. Capítulo II, Ed.
Abeledo-Perrot, 2ª edición ampliada y actualizada, Buenos Aires, 1993.
PINTO, MÓNICA,"Temas de Derechos Humanos",Editores del Puerto SRL, 2ªreimpresión,
Buenos Aires, 1999.
TRAVIESO, JUAN ANTONIO,"Derechos humanos y derecho internacional",Ed. Heliasta,
Buenos Aires, 1990.

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