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Simulacros Cortázar

La familia construye un patíbulo en el jardín de su casa para entretenerse, a pesar de las protestas de los vecinos. Trabajan juntos en levantar la plataforma, la horca y la rueda, divirtiéndose y discutiendo los detalles. Al finalizar la construcción, celebran una cena en la nueva plataforma a pesar de ser espiados por vecinos enfadados.

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La familia construye un patíbulo en el jardín de su casa para entretenerse, a pesar de las protestas de los vecinos. Trabajan juntos en levantar la plataforma, la horca y la rueda, divirtiéndose y discutiendo los detalles. Al finalizar la construcción, celebran una cena en la nueva plataforma a pesar de ser espiados por vecinos enfadados.

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1

SIMULACROS
JULIO CORTÁZAR
Somos una familia rara. En este país donde las cosas se hacen por obligación o fanfarronería, nos
gustan las ocupaciones libres, las tareas porque sí, los simulacros que no sirven para nada.
Tenemos un defecto: nos falta originalidad. Casi todo lo que decidimos hacer está inspirado –
digamos francamente, copiado– de modelos célebres. Si alguna novedad aportamos es siempre inevitable: los
anacronismos o las sorpresas, los escándalos. Mi tío el mayor dice que somos como las copias en papel
carbónico, idénticas al original salvo que en otro color, otro papel, otra finalidad. Mi hermana la tercera se
compara con el ruiseñor mecánico de Andersen; su romanticismo llega a la náusea.
Somos muchos y vivimos en la calle Humboldt.
Hacemos cosas, pero contarlo es difícil porque falta lo más importante, la ansiedad y la expectativa
de estar haciendo las cosas, las sorpresas tanto más importantes que los resultados, los fracasos en que toda la
familia cae al suelo como un castillo de naipes y durante días enteros no se oye más que deploraciones y
carcajadas. Contar lo que hacemos es apenas una manera de rellenar los huecos inevitables, porque a veces
estamos pobres o presos o enfermos, a veces se muere alguno o (me duele mencionarlo) alguno traiciona,
renuncia o entra en la Dirección Impositiva. Pero no hay que deducir de esto que nos va mal o que somos
melancólicos. Vivimos en el barrio Pacífico y hacemos las cosas cada vez que podemos. Somos muchos que
tenemos ideas y ganas de llevarlas a la práctica. Por ejemplo, el patíbulo, hasta hoy nadie se ha puesto de acuerdo
_____________________
sobre el origen de la idea, mi hermana la quinta, afirma que fue uno de mis primos carnales, que son muy filosos,
GLOSARIO pero mi tío el mayor sostiene que se le ocurrió a él después de leer una novela de capa y espada. En el fondo nos
importa poco, lo único que vale es hacer cosas, y por eso las cuento casi sin ganas, nada más que para no sentir
Fanfarronería: modo de
tan de cerca la lluvia de esta tarde vacía.
hablar de aquellos que se
La casa tiene jardín delantero, cosa rara en la calle Humboldt. No es más grande que un patio, pero
precian de algo que no son.
está tres escalones más alto que la vereda, lo que le da un vistoso aspecto de plataforma, emplazamiento, ideal
Anacronismos: error que para un patíbulo. Como la verja es de mampostería y de fierro, se puede trabajar sin que los transeúntes estén, por
consiste en confundir así decirlo, metidos en casa; pueden apostarse en la verja y quedarse horas, por eso no nos molesta.
épocas “Empezaremos con la luna llena”, mandó mi padre. De día íbamos a buscar maderas y fierros a los corralones de
la avenida Juan B. Justo, pero mis hermanas se quedaban en la sala practicando el aullido de los lobos, después
Ruiseñor mecánico de que mi tía la menor sostuvo que los patíbulos atraen a los lobos y los incitan a aullar a la luna. Por cuenta de mis
Andersen: en el cuento “El primos corría la provisión de clavos y herramientas; mi tío el mayor dibujaba los planos, discutía con mi madre y
ruiseñor” de Hans Christian mi tío segundo la variedad y calidad de los instrumentos de suplicio. Recuerdo el final de la discusión: se
Andersen el emperador
decidieron adustamente por una plataforma bastante alta, sobre la cual se alzarían una horca y una rueda, con un
recibe de regalo un ave
espacio libre destinado a dar tormento o decapitar según los casos. A mi tío el mayor le parecía mucho más pobre
mecánica de apariencia
lujosa, que simula el canto y mezquino que su idea original, pero las dimensiones del jardín delantero y es costo de los materiales restringen
de las aves reales. siempre las ambiciones de la familia.
Empezamos la construcción un domingo por la tarde, después de los ravioles. Aunque nunca nos ha
Deploraciones: lamentos. preocupado lo que puedan pensar los vecinos, era evidente que los pocos mirones suponían que íbamos a levantar
una o dos piezas ara agrandar la casa. El primero en sorprenderse fue don Cresta, el viejito de enfrente, vino a
Patíbulo: tablado o lugar preguntar para qué instalábamos semejante plataforma. Mis hermanas se reunieron en un rincón del jardín y
para ejecutar la pena de soltaron algunos aullidos de lobo. Se amontonó bastante gente, pero nosotros seguimos trabajando hasta la noche
muerte. y dejamos terminada la plataforma y las dos escalerillas (para el sacerdote y el condenado, que no deben subir
juntos).
Primos carnales: primos _____________________
hermanos. El lunes una parte de la familia se fue a sus respectivos empleos y ocupaciones, ya que de algo hay
GLOSARIO
que morir, y los demás empezamos a levantar la horca mientras mi tío el mayor consultaba dibujos antiguos para
Novela de capa y espada: la rueda. Su idea situación,
consistía en colocar la rueda lo más alto posible sobre una pértiga ligeramente irregular, por
Emplazamiento:
subgénero de la novela ejemplo,
colocaciónundetronco de álamo bien devastado. Para complacerlo mi hermano el segundo y mis primos carnales se
un lugar.
histórica, emparentada con fueron con la camioneta a buscar un álamo; entretanto mi tío el mayor y mi madre encajaban los rayos de la rueda
la novela de aventuras, en el cubo,
Suplicio: y yo físico
castigo preparaba
o un suncho de fierro. En esos momentos nos divertíamos enormemente porque se oía
donde el héroe romántico pena de muerte.
martillar en todas partes, mis hermanas aullaban en el solferino y el malva del atardecer ascendía el perfil de la
combate los valores horca y se veía a mi tío el menor a caballo en el travesaño para fijar el gancho y preparar el nudo corredizo.
negativos de una sociedad: Adustamente:A con estaseriedad
altura de las cosas la gente de la calle no podía dejar de darse cuenta de lo que estábamos
la tiranía, la soberbia, la
haciendo y un coro de protestas y amenazas nos alentó agradablemente a rematar la jornada con la erección de la
envidia. Pértiga: vara larga.
rueda. Algunos desaforados habían pretendido impedir que mi hermano el segundo y mis primos entraran en casa
el magnífico
Suncho: tronco de
abrazadera álamo que traían en la camioneta. Un conato de cinchada fue ganado de punta a punta
o anillo
por
metálico utilizado comoque, tirando disciplinadamente del tronco, lo metió en el jardín junto con una criatura de
la familia en pleno
corta edad prendida de las raíces. Mi adre en persona devolvió la criatura a sus exasperados padres, pasándola
refuerzo.
cortésmente por la verja, y mientras la atención se concentraba en estas alternativas sentimentales, mi tío el
Solferino:
mayor, color morado
ayudado por mis primos carnales, calzaba la rueda en el extremo del tronco y procedía a erigirla. La
rojizo.

Conato de cinchada: juego


2

policía llegó en momentos que la familia, reunida en la plataforma, comentaba favorablemente el buen aspecto del
patíbulo. Solo mi hermana la tercera permanecía cerca de la puerta, y le tocó dialogar con el subcomisario en
persona; no le fue difícil convencerlo de que trabajábamos dentro de nuestra propiedad, en una obra en que solo el
uso podía revestir de un carácter anticonstitucional, y que las murmuraciones del vecindario eran hijas del odio y
fruto de la envidia. La caída de la noche nos salvó de otras pérdidas de tiempo.
A la luz de una lámpara de carburo cenamos en la plataforma, espiados por un centenar de vecinos
rencorosos; jamás el lechón adobado nos pareció más exquisito, y más negro y dulce el nebiolo. Una brisa del
norte balanceaba suavemente la cuerda de la horca; una o dos veces chirrió la rueda, como si ya los cuervos se
hubieran posado para comer. Los mirones empezaron a irse, mascullando vagas amenazas; aferrados a la verja
quedaron veinte o treinta que parecían esperar alguna cosa. Después del café apagábamos la lámpara para dar
paso a la luna que subía por los balaustres de la terraza, mis hermanas aullaron y mis primos y mis tíos
recorrieron lentamente la plataforma, haciendo temblar los fundamentos con sus pasos. En el silencio que siguió,
la luna vino a ponerse a la altura del nudo corredizo y en la rueda pareció tenderse una nube de bordes plateados.
Las mirábamos tan felices que era un gusto, pero los vecinos murmuraban en la verja, como al bore de una
decepción. Encendieron cigarrillos y se fueron yendo, unos en piyama y otros más despacio. Quedó la calle, una
pitada de vigilante a lo lejos, y el colectivo 108 que pasaba cada tanto; nosotros ya nos habíamos ido a dormir y
soñábamos con fiestas, elefantes y vestidos de seda.
.

En Cuentos completos 2, Buenos Aires, Suma de letras, 2004, pp. 35-39


Julio Cortázar, 1962 y Sucesión de Julio Cortázar.

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