Tema de Introducción a la Comunicación. E. INFANTIL.
LA COMUNICACION
1. IMPOSIBILIDAD DE LA NO COMUNICACION
Comenzaremos por afirmar que la comunicación no es una tarea opcional por la
que el ser humano pueda decantarse o no libremente, puesto que su misma
naturaleza social le impulsa necesariamente a ella. Ser es, por tanto, comunicarse
y, precisamente, esta realidad deberá constituir la base y punto de partida de
nuestro trabajo.
El primer principio, por estos autores propuesto, considera que las personas se
comunican, porque esa comunicación es totalmente necesaria para su bienestar
psicológico. Su segundo principio, va un poco más lejos, afirmando que la
comunicación no es solo una necesidad humana, sino el medio de satisfacer otras
muchas. Finalmente, en el tercer principio, se afirma que la capacidad de
comunicación interpersonal, no debe medirse exclusivamente por el grado en que
la conducta comunicativa ayuda a satisfacer las propias necesidades, sino
también por el grado en que facilita a los otros la satisfacción de las suyas.
La vida del ser humano está enmarcada en una comunicación que, de alguna
manera, se convierte en un instrumento de satisfacción de sus propias
necesidades. Imaginemos por un momento las múltiples formas de
comunicación a las que deberá recurrir una persona en un día cualquiera de
su vida. Por la mañana, mientras desayuna, intercambia saludos con su esposa e
hijos, al mismo tiempo que les indica que no va a venir a comer por tener una
comida de negocios (comunicación oral). Acompaña luego a sus hijos al colegio
en el coche aconsejándoles que estudien y que se porten bien (comunicación
oral), al mismo tiempo que escucha las respuestas, más o menos entusiastas, de
todos ellos.
De camino al trabajo permanece ensimismado en sus pensamientos, mientras
conduce, pensando en las entrevistas que deberá realizar y en las dificultades que
dichas entrevistas podrán entrañar (comunicación consigo mismo). Una vez en su
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trabajo contesta al saludo de su secretaria (comunicación oral), revisa la
correspondencia (comunicación escrita) y se entrevista con el jefe de ventas de la
empresa (comunicación oral) realizando después diversas llamadas telefónicas,
etc.
No será necesario describir la jornada de nuestro imaginario personaje con más
detalle para convencernos, no solamente de la necesidad de nuestra formas de
comunicación, sino también de que más del 75% de nuestro tiempo de vigilia
transcurre en actividades de comunicación de uno u otro signo. No será, por tanto,
algo superfluo, el que tratemos de clarificar los elementos integrantes de esa tarea
en la que pasamos tanto tiempo.
Con mayor razón aún, este axioma puede comprobarse en las relaciones
interpersonales, puesto que nuestra presencia, disposición o conducta, impacta a
las otras personas a través de mensajes, implícitos o explícitos, que, a su vez,
provocan diversas conductas transmisoras de otros mensajes. Toda conducta es,
por tanto, comunicación y como tal debe considerarse.
Hemos, sin embargo, de apresurarnos a afirmar, que si bien la imposibilidad de la
no comunicación es clara, también lo es que el ser humano, como emisor
comunicativo, puede elegir el modo concreto de hacerlo, mediante un amplio y
surtido abanico de medios y modos puestos a su alcance.
No puede, por tanto, dudarse de la frase de J. Lacan al manifestar:
"cuando hay dos el silencio es comunicación".
2. LA COMUNICACION OBJETAL Y PERSONAL
Consideramos, que el mejor modo para comprender lo que hace a la
comunicación humana verdaderamente interpersonal, es centrarnos,
precisamente, en la explicación más detallada de los elementos constitutivos de la
comunicación a la persona, en contraposición a la comunicación al objeto o a la
persona considerada como tal.
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En nuestra comunicación cotidiana, tendemos a tratar a los seres humanos
primariamente como objetos o como personas. Solamente en este último caso
tendrá lugar la comunicación interpersonal propiamente dicha.
Nuestras comunicaciones objetales suelen ser no solamente frecuentes, sino, en
ocasiones, muy útiles, enmarcando sus características de una u otra manera.
Piénsese cuando en una cafetería nos dirigimos a una camarera solicitando un
café. Evidentemente existirá una comunicación, aunque difícilmente podrá ésta
considerarse interpersonal. Probablemente te dirigirás a ella respetuosamente,
pero no considerándola como ser humano único, con determinados sentimientos,
valores y creencias. Su conducta, como respuesta a tu demanda del café, será,
casi con seguridad, previsible. En realidad, tu relación con ella podría ser la
misma, salvando las distancias, que la que pudiera establecerse con una máquina
que ejerciera ese mismo servicio.
Muy distinta sería la comunicación establecida con un amigo o con una persona a
la que se aprecia. Se percibirían, entonces, sus sentimientos, sus valores, sus
circunstancias particulares. Seria algo único en el sentido en que estaría
plenamente diferenciado.
Podemos afirmar: "La calidad de nuestras relaciones interpersonales determina
quiénes hemos de llegar a ser como personas".
Es cierto que muchas de nuestra relaciones a lo largo de nuestra vida tendrán que
tener el carácter objetal expuesto más arriba, porque no es, ciertamente, posible
establecer una relación recíproca y personalizada con todo el mundo; pero
también hemos de afirmar con la misma seguridad, que una persona carente de
unas relaciones personales, como las descritas, estará condenada a un
aislamiento, que, a la larga, amenazará su propia calidad de persona. Estamos,
por tanto, convencidos de que nuestra calidad de vida podría mejorarse
notablemente, si nuestras relaciones tuvieran un carácter más personal y menos
objetal. La consecución de este objetivo será la principal finalidad.
3. CONCEPTO DE COMUNICACION INTERPERSONAL.
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Como punto de partida definiremos la comunicación como el proceso
interpersonal en el que los participantes expresan algo de sí mismos, a
través de signos verbales o no verbales, con la intención de influir de algún
modo en la conducta del otro.
La comunicación interpersonal no puede, por tanto, estar representada por un
proceso lineal, sino, más bien lo estará, por un proceso circular, de mutua
interacción e influencia, en donde los polos de Emisor y Receptor existen
simultáneamente en cada una de las partes comunicativas. Sólo así podrá
comprenderse la complejidad del proceso comunicativo.
4. PROCESOS BASICOS DEL EMISOR Y RECEPTOR
Establecida la mutua interdependencia entre Emisor y Receptor, nuestro
siguiente paso será establecer los complejos procesos existentes en ambos, que
hacen posible el conocimiento y la comunicación. Comenzaremos por el Emisor.
El camino que debe recorrer un estímulo, externo o interno impactante en nuestros
sentidos, hasta su cristalización en una conducta comunicativa, es un camino
complicado y complejo, aunque, tal vez, pueda realizarse en un corto espacio de
tiempo. Esta complejidad está condicionada por dos procesos esenciales,
integradores, a su vez, de otros muchos más elementales, a saber: la elaboración
del modelo cognitivo, y la elaboración de la conducta comunicativa o
proceso de codificación. Los estudiaremos por separado.
La persona humana tiene grandes posibilidades de comunicación, indudablemente
potenciadas por el desarrollo del lenguaje verbal, pero tiene también una serie de
limitaciones, que pueden coartar o distorsionar el mensaje comunicativo. Algunas
de estas dificultades están íntimamente ligadas al proceso cognoscitivo del
ser humano, puesto que éste no tiene acceso directo a la realidad, ni puede
captarla tal como es, sino a través de determinados filtros, que, si bien
facilitan el conocimiento de esa misma realidad, también distorsionan
parcialmente nuestra representación de ella.
La primera categoría de estos filtros está constituida por los filtros neurológicos.
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Estamos rodeados y bombardeados por una inmensa masa de estímulos y de
conocimientos en un sentido amplio, que nos abrumarían y aplastarían si no
pudiéramos filtrarlos y seleccionarlos. Nuestros sentidos se encargan de esta
función no permitiéndonos acceder a todos los fenómenos físicos de la naturaleza.
Nuestro oído, por ejemplo, no puede oír ondas sonoras por debajo de los 20
ciclos/segundo, ni por encima de los 20.500. Otro tanto puede decirse del sistema
visual y de los demás sentidos.
Nuestro mismo sistema nervioso distorsiona y elimina aspectos del mundo real,
introduciendo de este modo diferencias entre la realidad y nuestra percepción de
ella. La consecuencia de ello es una representación de esa misma realidad más
limitada y pobre, pero hecha a la medida del ser humano y, por tanto, posible de
manejar y adaptar a las propias necesidades e intereses.
los filtros culturales o sociogenéticos están constituidos por las pautas a las
cuales estamos sujetos como integrantes de un grupo social determinado, y al ser
éstas distintas en cuanto a costumbres, valores, normas sociales, etc., los filtros
serán indudablemente distintos para un grupo que para otro. El concepto de
familia, por ejemplo, será distinto en América que en la sociedad europea blanca,
de la misma manera que el sentido de la vida, la actitud hacia la sexualidad, etc.,
pueden ser notablemente diferentes. La principal característica de estos filtros
sociogenéticos es su efecto contaminante, que hace al individuo ignorante de su
carácter eminentemente subjetivo y, por el contrario, le afirma en la objetividad de
unas conclusiones que a él le parecen claras, e incluso de sentido común.
Si los filtros sociogenéticos hacen referencia al grupo social, los filtros
individuales hacen referencia a las representaciones que el ser humano realiza
basado en su propia historia individual. Cada persona vive y se desarrolla en un
contexto distinto y pasa por circunstancias peculiares que van esculpiendo su
propia historia y su modelo representacional propio.
Como conclusión, podemos afirmar que los filtros no solamente crean diferencias
entre el modelo representacional de la realidad y la realidad misma, sino que
también crean diferencias significativas en los seres humanos a través del carácter
individual de esos mismos modelos representativos.
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Nos encontramos, por tanto, con una representación de la realidad, que no se
adapta totalmente a ella, como consecuencia de nuestros filtros. El problema se
presenta, sin embargo, cuando nuestro modelo representacional se hace tan
subjetivo, tan inadecuado a esa misma realidad, que la consiguiente distorsión
imposibilita su utilización. Se hace, por tanto, necesario que nuestro mapa o guía
representacional lo sea auténticamente .
5. CODIFICACION Y DESCODIFICACION
La estructura profunda del lenguaje se centra en lo que antes hemos
denominado aspecto representacional del lenguaje, es decir, la representación de
las vivencias y experiencias que el sujeto ha ido teniendo en contacto con la
realidad, aquello que la persona cree conscientemente y piensa , mas intima y
profundamente, normalmente muy relacionado con su propio sistema de valores.
Esta estructura será tanto más rica y completa, en cuanto tienda a representar la
suma total de referencias que el sujeto tenga del mundo, y no solamente una parte
reducida de ellas, lo que le convertiría en algo muy empobrecido y unidimensional
Además de esta estructura profunda existe otra la estructura superficial,
representando los aspectos comunicacionales del lenguaje. Esta estructura
superficial se manifestará a través de lo que decimos", y será tanto más perfecta,
cuanto más adecuadamente exprese en términos concretos y específicos la
estructura profunda del mensaje, que es la que realmente le suministra los
contenidos, que se deben codificar.
La relación entre ambas estructuras es, en ocasiones, muy compleja, puesto que
varias estructuras superficiales pueden corresponder a una misma estructura
profunda, y, a la inversa, una misma estructura de superficie puede corresponder
a distintas estructuras profundas. La situación puede todavía complicarse más si
consideramos que la estructura de superficie, puede también expresarse a través
de acciones, no solamente con palabras, que, de alguna manera, intentarían ser
un reflejo representacional de las intenciones existentes en la estructura profunda.
En conclusión, debemos deducir, que para que el Emisor realice correctamente
su función de cara a la comunicación humana, deberá elaborar una estructura
profunda correcta, lograda a través de la conciencia y atenuación de sus filtros
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culturales e individuales, y una estructura de superficie que traduzca lo más fiel y
concretamente posible la estructura profunda.
Expuesto ya el contenido de la comunicación, damos otro paso adelante, para
enfrentarnos a otra de las variables de nuestra ecuación, es decir, el canal a
través del cual dicho contenido se hace patente.
Nuestra cultura considera el lenguaje verbal, como el canal casi exclusivo de
comunicación, de ahí que se haya estudiado más profundamente. De ello
deducimos que al analizar los impactos de la conducta comunicativa, sólo el 7%
se debe al contenido expresado por la palabra hablada o escrita, mientras
que el 55% de la totalidad de ese impacto está relacionado con la expresión
de1 rostro, debiéndose el 38% restante a la voz. del comunicante.
El lenguaje no verbal, en cambio, tiene un carácter analógico, es decir, está
constituido por signos, visuales, gestuales, auditivos, etc., que guardan una cierta
relación o semejanza con el objeto que representan. Las expresiones del rostro,
los gestos, e incluso la posición del cuerpo o la distancia entre los diversos
interlocutores, pueden indicarnos con más fiabilidad que las mismas palabras,
diversos estados anímicos de alegría, rabia, tristeza, frustración, etc
La captación o comprensión de un mensaje no puede restringirse, por tanto, a la
mera percepción de su contenido verbal, sino que deberá extenderse a toda la
parafernalia no verbal, que constituirá su obligado acompañamiento. Sólo así
seremos capaces de captar el auténtico contenido del mensaje, que, en
ocasiones, diferirá notablemente del expresado verbalmente. En definitiva, el ser
humano se expresa con todo su cuerpo y esa expresión total debe constituir
la meta de nuestra percepción.
6. PROCESOS DE DESCODIFICACIÓN Y EMPATÍA
Nos queda aún por tratar los procesos del Receptor y más concretamente
del proceso de descodificación, que constituye su tarea más importante y
característica como tal.
La subjetividad y limitada percepción de la realidad, que caracterizan nuestros
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procesos de Codificación y descodificación, son los pilares en los que se asienta el
conocido vacío interpersonal, y hasta cierto punto existencial, acompañamiento
inevitable de múltiples soledades e incomprensiones.
Es, por tanto, claro que cuando interaccionamos cada uno de nosotros lo hacemos
viendo las acciones propias y las de los demás, según un distinto ángulo de
referencia. Cada uno ve sus propias acciones a la luz de sus propias intenciones;
pero vemos las de los demás a la luz del efecto que ellas producen en nosotros. El
reducir el vacío interpersonal supone hacerse conscientes de la auténtica
intencionalidad de las personas que interactúan.
A la luz de la conclusión extraída en el párrafo anterior se ve la conveniencia de la
actitud de empatía, propugnada por Rogers, para lograr una descodificación que
desemboque en una comprensión adecuada del mensaje del Emisor y por
consiguiente en la reducción del vacío interpersonal.
Esta actitud consiste, básicamente, en la capacidad para ponerse en lugar de
la otra persona, en ser capaz de penetrar en su mundo perceptual, captando
la situación tal como ella la vive y percibe, no como nosotros, con nuestra
propia personalidad o sistema de valores. res y creencias, la viviríamos o
percibiríamos.
C. Rogers (1981) define precisamente esta actitud:
'La manera de estar en relación con otra persona, relación que denominamos
empática, tiene varías facetas. Significa penetrar en el mundo de las percepciones
de otra persona y sentirse total mente a gusto en él. Requiere una sensibilidad
constante hacía: los cambios que se producen en la persona en relación a los
significados que percibe, al miedo, a la rabia, a la ternura, a la perplejidad o a lo
que en ese momento constituya una vivencia para él o ella, sea lo que sea.
Significa vivir temporalmente en su vida, moverse delicadamente dentro de ella,
sin emitir juicios, percibir los significados que él o ella casi no percibe, todo ello sin
tratar de revelar sentimientos de los que la persona no tiene consciencia, pues
esto podría representar una gran amenaza. Supone transmitir la manera como uno
siente el mundo de él o ella, a medida que examina sin influencias externas y sin
miedo los aspectos que la persona teme…
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Estar con la otra persona de esta manera significa dejar de lado en esos
momentos nuestros puntos de vista y valores propios, para entrar en el mundo del
otro sin ideas preconcebidas. En cierto sentido significa apartar nuestro propio yo,
lo que sólo puede hacer una persona que esté segura de que no se perderá en el
mundo, posiblemente extraño, del otro y podrá volver sin dificultades a su propio
mundo en cuanto lo desee".
[Link] COMUNICACION INTRAPERSONAL.
La comunicación intrapersonal, en ese diálogo que continuamente
sostenemos con nosotros mismos. Para poder comunicar algo de mi mismo
necesito conocerme, si no sé quien soy realmente, si no sé lo que siento o lo que
me pasa por dentro, no seré capaz de expresarme con autenticidad, ni de entablar
relaciones profundas con los demás.
En la medida en que soy sensible y percibo mis propios sentimientos, en esa
misma medida seré sensible a los sentimientos del otro.
Si toda comunicación supone un darse, un manifestarse como elemento integrante
del yo-emisor, también es cierto que supone una aceptación por parte del tu-
receptor. Es esencial aceptar lo que somos, cómo somos y cómo estamos en
un momento concreto. Por esta razón la intracomunicación deberá estar
basada en una autoaceptación real y no fingida de lo que realmente somos.
Esta identidad propia llega, en ocasiones, a encubrirse o distorsionarse
gravemente, por estar demasiado pendiente del pensamiento u opinión del
entorno ambiental que roza a las personas. Se vive tan pendiente de los demás,
que no se encuentran espacios para reflexionar sobre uno mismo. Se busca tanto
la aceptación y aprobación de los demás, que ésta llega a ser la única guía de la
propia actuación, hasta el punto de que la propia identidad queda borrada y como
en segundo plano, mientras que la imagen pretendida pasa a primer plano,
constituyendo una falsa identidad, de la que rara vez se es consciente.
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8. LA REPRESENTACION GRAFICA DEL PSIQUISMO: LA
VENTANA DE JOHARI
El mundo de las comunicaciones personales y su repercusión en nuestro
psiquismo ha tenido una adecuada representación gráfica muy asequible, a
través de la ya famosa "ventana de JOHARY". Su descripción y ulterior
explicación pueden facilitar nuestro propio análisis, al mismo tiempo que
servirnos de base para un mayor esclarecimiento de nuestras relaciones
interpersonales, así como una eficaz calidad asistencial en la comunicación
profesional.
El hombre es, indudablemente, un todo, y como un todo funciona en sus
diversas relaciones. Podemos, sin embargo, considerar al hombre como
dividido en cuatro partes o cuadrantes, en orden a una mayor facilidad de
análisis. La ventana de Johari, llamada así por la conjunción del nombre de
sus creadores, Joe Luft y Harry Ingman, concibe así precisamente al hombre,
es decir, como dividido en cuatro áreas o partes, dotada cada una de ellas de
determinadas características. He aquí su representación gráfica.
FIGURA Nº 4
La Ventana de Johari
Yo conozco Yo desconozco
Otros conocen Yo abierto(I) Yo ciego(III)
Otros desconocen Yo oculto(II) Yo desconocido (IV)
Hay, por tanto, zonas que nosotros conocemos (1 y II), y zonas que
desconocemos (III y IV). De la misma manera que hay zonas que otros
conocen (1 y III) y otros desconocen (II y IV). La zona 1 es, por tanto,
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conocida por mí y por el otro. La II solamente la conozco yo. La III solamente
la conocen los demás y la IV es desconocida tanto para mí como para los
demás. Como es natural, estas áreas o cuadrantes no son inamovibles sino
flexibles, de manera que su forma y tamaño dependa de mi comunicación a los
otros y de los otros a mí. Si la 1 aumenta de tamaño, disminuye la II, y,
probablemente, se creará un clima que me permitirá conocer algo de la III, con
lo que ésta disminuirá de tamaño. Cuanto más pequeña sea el área 1, a
expensas de las otras, más nos conoceremos menos barreras tendremos y la
relación interpersonal será más madura y fluida. Un grupo formado por
personas con un área 1 amplia, estará, por tanto, abierto a la información sin
prejuicios, aceptará el intercambio de ideas, y habrá recorrido un buen trecho
en el camino de la resolución de la tarea encomendada.
Descripción de las Áreas:
AREA 1. Yo abierto o área de libre actividad. Aquí se incluye todo, tanto lo
que yo conozco como lo que los demás conocen. Es nuestro yo público.
Básicamente están ahí mis opiniones, mis teorías, todo aquello que yo
comunico sin especial problema. Los demás lo conocen porque es obvio
(sexo, raza, ideas generalizadas, etc.), o porque yo lo he comunicado en
cualquier conversación. Todo lo que entra dentro de esta área se puede
compartir sin vacilación. No excede mucho de lugares comunes y de
circunstancias externas de la persona.
AREA II. Yo oculto. Fundamentalmente comprende el mundo de los
sentimientos, y experiencias íntimas. Es algo que nosotros conocemos y que
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comunicamos con dificultad. Los contenidos de este área pueden pasar al área
1 pero no todos con la misma facilidad. En general puede decirse que
comunicamos con más dificultad los sentimientos concretos del "aquí y ahora"
que los sentimientos pasados. Es más fácil hablar del amor, que confesarlo y
expresarlo, sobre todo relacionándolo con una persona presente. La
dificultad de apertura de esta área hace que con frecuencia los grupos teoricen
en exceso, o busquen su escape en experiencias pasadas, en lugar de
entregarse a la ardua tarea de comunicar los conflictos creados por
sentimientos presentes.
AREA III. Yo ciego. Aquí está lo que los demás ven en nosotros y nosotros
no vemos. Es la "impresión" que causamos en los demás. Lo comunicamos
muchas veces a través de una expresión no verbal o de una actitud que se
trasluce. Aquí se encuentran, generalmente, nuestros sentimientos de
inferioridad, incompetencia, miedo al fracaso, al rechazo, a la depresión o
también la necesidad de poder, de control, de manipulación, etc. Todo este
contenido es algo que nosotros no vemos o no queremos ver, porque no está
de acuerdo con nuestra propia imagen. Se llama también, yo desconcertante
porque cuando nos lo dicen, nos sorprendemos y tendemos, generalmente, a
defendernos. Nuestros mecanismos de defensa juegan aquí un papel muy
importante al defender nuestra propia imagen o autoconcepto, cerrándonos a
realidades que se encuentren en nosotros, pero que nos negamos a admitir.
Tienen aquí cabida muchas de nuestras continuas racionalizaciones (yo no soy
un vago, lo que pasa es que no quiero que se enriquezcan con mi trabajo, etc.).
La verdad es que, aunque no reconozcamos el contenido de esta área, otros si
lo perciben en nosotros.
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AREA IV: Yo desconocido. Aquí está lo que pudiéramos llamar "el mundo
de Freud", experiencias y motivaciones reprimidas, negadas u olvidadas, más
profundamente que los contenidos del Yo ciego, instintos inconscientes, etc.
Generalmente todo este contenido es desconocido, tanto para nosotros como
para los demás, sin embargo está ahí, y en determinadas ocasiones puede
aflorar al nivel de la conciencia.
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