Mandela: Lucha y Liderazgo
Mandela: Lucha y Liderazgo
(Nelson Rolihlahla Mandela; Mvezo, Transkei, 1918 - Johannesburgo, 2013) Activista y político sudafricano que lideró
los movimientos contra el apartheid y que, tras una larga lucha y 27 años de cárcel, presidió en 1994 el primer gobierno
que ponía fin al régimen racista. El siglo XX dejó dos guerras mundiales, los campos de exterminio y el terror atómico,
pero también grandes campeones de la lucha contra la injusticia, como Mahatma Gandhi o Martin Luther King. El último y
más carismático de ellos fue Nelson Mandela.
Como la de cualquier niño africano en las zonas rurales, la infancia de Nelson Mandela transcurrió entre juegos y en
estrecho contacto con las tradiciones de su pueblo. Hijo del jefe de una tribu, se le puso de nombre Rolihlahla, que
significa revoltoso, pero a los siete años, con el fin de que pudiera asistir a la escuela metodista, fue bautizado con el
nombre de Nelson en la iglesia de Transkei; ya famoso, sus compatriotas lo llamarían Madiba, por el nombre de su clan.
Dos años después, a causa del fallecimiento de su padre, el pequeño Nelson quedó al cuidado de un primo suyo, el
gran jefe Jongintaba; con él que se aficionó a escuchar a los jefes tribales y tomó conciencia del sentido de la justicia.
Cumplidos los dieciséis años, pasó a formar parte del consejo tribal; tres años después, en 1937, ingresó en el internado
para negros de Ford Hare para cursar estudios superiores.
Pero cuando en 1941 supo que el jefe Jongintaba había concertado para él un matrimonio, Mandela resolvió abandonar
su aldea y partió a Johannesburgo. Pobremente establecido en el superpoblado suburbio de Alexandra, al poco de llegar
conoció a Walter Sisulu, con quien trabó una amistad que sería determinante en todos los ámbitos: influyó en sus ideas
políticas, le ayudó a conseguir trabajo y a finalizar sus estudios de derecho y le presentó a su prima Evelyn Mase, con
la que contraería matrimonio en 1944.
Un líder nato
Tanto Walter Sisulu como la infinidad de personas que tuvieron contacto con Mandela a lo largo de su vida coinciden
en señalar su extraordinaria personalidad. El poder de seducción, la confianza en sí mismo, la capacidad de trabajo, la
valentía y la integridad figuran entre las virtudes por las que brillaba allá donde fuese. Sisulu captó de inmediato sus
innatas dotes de líder y lo introdujo en el Congreso Nacional Africano (ANC), un movimiento de lucha contra la opresión
que desde hacía décadas venían padeciendo los negros sudafricanos. Pronto sus cualidades lo situarían en puestos
prominentes de la organización. En 1944, Mandela fue uno de los líderes fundadores de la Liga de la Juventud del
Congreso, que llegaría a constituir el grupo dominante del Congreso Nacional Africano; su ideología era un socialismo
africano: nacionalista, antirracista y antiimperialista.
En 1948 llegó al poder en Sudáfrica el Partido Nacional, que institucionalizó la segregación racial creando el régimen
del apartheid. En realidad, el racismo institucional se remontaba en Sudáfrica al menos a 1911, fecha de una disposición
discriminatoria que prohibía a los negros ocupar puestos de trabajo cualificados. Numerosas medidas promulgadas en
las décadas siguientes (treinta y seis en total) habían llevado ya, por poner un solo ejemplo, a la exclusión de negros
y mestizos del censo electoral.
El triunfo del Partido Nacional de los Afrikaaners (blancos descendientes de los boers holandeses que colonizaron el país)
vino a corroborar y a ampliar sin eufemismos lo ya existente: el gobierno de Daniel Malan (1948-1954) puso en pie un
sistema completo de segregación y discriminación social, económica, cultural, política y territorial en perjuicio de la
mayoría negra; era el llamado apartheid o "desarrollo separado de cada raza en la zona geográfica que le es asignada",
según la definición oficial. Los gobiernos siguientes, presididos por Strijdom y Verwoerd, continuaron idéntica política.
Un decreto de 1949 prohibió los matrimonios mixtos; otras leyes y reglamentos posteriores acabaron de configurar el
sistema segregacionista: reconocimiento oficial de las razas, segregación a la hora de utilizar servicios (incluso el
espacio de las playas) y separación en las fábricas y en los transportes públicos.
Bajo la inspiración de Gandhi, el Congreso Nacional Africano propugnaba métodos de lucha no violentos: la Liga de la
Juventud del Congreso (presidida por Mandela en 1951-1952) organizó campañas de desobediencia civil contra las
leyes segregacionistas. En 1952 Mandela pasó a presidir la federación del Congreso Nacional Africano de la provincia
sudafricana de Transvaal, al tiempo que dirigía a los voluntarios que desafiaban al régimen; se había convertido en el
líder de hecho del movimiento.
La represión produjo 8.000 detenciones, incluyendo la de Mandela, que fue confinado en Johannesburgo. Allí estableció
el primer bufete de abogados negros de Sudáfrica. Paulatinamente había ido abandonando su postura africanista y
adoptado la ideología del humanismo internacionalista que sostendría durante toda su vida. En 1955, cumplidas sus
condenas, reapareció en público, promoviendo la aprobación de una Carta de la Libertad, en la que se plasmaba la
aspiración de un Estado multirracial, igualitario y democrático, una reforma agraria y una política de justicia social en
el reparto de la riqueza. Por aquellos años otra mujer irrumpió con fuerza en su vida: la asistente social Nomzano
Winnie Madikizela, más conocida como Winnie Mandela, con la que se casó en 1958.
La exacerbación del apartheid
El endurecimiento del régimen racista llegó a su culminación en 1956, con el plan del gobierno de crear siete reservas
o bantustanes, territorios marginales supuestamente independientes en los que se pretendía confinar a la mayoría negra,
que representaba más del setenta por ciento de la población. Tal medida conllevaba condenar a los negros no sólo a la
marginación, sino también a la miseria: aquellas tierras no podían ofrecer un medio de vida porque estarían demasiado
pobladas como para que su agricultura los pudiese alimentar, o para que sus industrias diesen trabajo a todos. Por lo
demás, el poder blanco nunca estaría interesado en crear ninguna industria importante en tales reservas por el peligro
de que fuesen competitivas respecto a las de las áreas blancas de la República.
El Congreso Nacional Africano respondió con manifestaciones y boicoteos que condujeron a la detención de la mayor
parte de sus dirigentes; Mandela fue acusado de alta traición, juzgado y liberado por falta de pruebas en 1961. Durante
el largo juicio tuvo lugar la matanza de Sharpeville, en la que la policía abrió fuego contra una multitud desarmada que
protestaba contra las leyes racistas, matando a 69 manifestantes (1960). La matanza aconsejó al gobierno declarar el
estado de emergencia, en virtud del cual arrestó a los líderes de la oposición negra: Mandela permaneció detenido
varios meses sin juicio.
Aquellos hechos terminaron de convencer a los líderes del Congreso Nacional Africano de la imposibilidad de seguir
luchando por métodos no violentos, que no debilitaban al régimen y que provocaban una represión igualmente
sangrienta. En 1961 Mandela fue elegido secretario honorario del Congreso de Acción Nacional de Toda África, un nuevo
movimiento clandestino que adoptó el sabotaje como medio de lucha contra el régimen de la recién proclamada
República Sudafricana; se encargó asimismo de dirigir el brazo armado del Congreso Nacional Africano (la Lanza de la
Nación). Su estrategia se centró en atacar instalaciones de importancia económica o de valor simbólico, excluyendo
atentar contra vidas humanas.
En 1962 viajó por diversos países africanos recaudando fondos, recibiendo instrucción militar y haciendo propaganda
de la causa sudafricana; a su regreso, Mandela fue detenido y condenado a cinco años de cárcel. Mientras aún estaba
en prisión, fue uno de los ocho dirigentes de la Lanza de la Nación declarados culpables de sabotaje, traición y
conspiración violenta para derrocar al gobierno en el juicio de Rivonia (1963-1964), a cuyo término dirigió a los jueces
un célebre alegato final, lleno de firmeza y dramatismo, que no impidió que fuese condenado a cadena perpetua. Pese
a hallarse en cautiverio, ese mismo año fue nombrado presidente del Congreso Nacional Africano.
De la cárcel a la presidencia
Prisionero durante 27 años (1963-1990) en penosas condiciones, el gobierno de Sudáfrica rechazó todas las peticiones
de que fuera puesto en libertad. Nelson Mandela se convirtió en un símbolo de la lucha contra el apartheid dentro y fuera
del país, en una figura legendaria que representaba el sufrimiento y la falta de libertad de todos los negros sudafricanos.
En 1984 el gobierno intentó acabar con tan incómodo mito, ofreciéndole la libertad si aceptaba establecerse en uno de
los bantustanes a los que el régimen había concedido una ficción de independencia; Mandela rechazó el ofrecimiento.
Durante aquellos años su esposa Winnie simbolizó la continuidad de la lucha, alcanzando importantes posiciones en el
Congreso Nacional Africano. El ferviente activismo de Winnie no estuvo exento de escándalos; años después, ya en los
90, se vería envuelta en un polémico juicio en el que fue acusada de asesinato, si bien salió absuelta.
Finalmente, Frederik De Klerk, presidente de la República por el Partido Nacional, hubo de ceder ante la evidencia y abrir
el camino para desmontar la segregación racial. En febrero de 1990 legalizó el Congreso Nacional Africano y liberó a
Mandela, que se convirtió en su principal interlocutor para negociar el desmantelamiento del apartheid y la transición a
una democracia multirracial; pese a la complejidad del proceso, ambos supieron culminar exitosamente las
negociaciones. Mandela y De Klerk compartieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.
Las elecciones de 1994 convirtieron a Mandela en el primer presidente negro de Sudáfrica (1994-1999); desde ese
cargo puso en marcha una política de reconciliación nacional, manteniendo a De Klerk como vicepresidente y tratando
de atraer hacia la participación democrática al díscolo partido Inkhata de mayoría zulú. Una película del cineasta
estadounidense Clint Eastwood, Invictus (2009), reflejaría con bastante fidelidad el Mandela de aquellos años; su apoyo a
una selección nacional formada por blancos durante la Copa Mundial de Rugby de 1995, celebrada en Sudáfrica, muestra
su empeño en integrar la minoría blanca y la mayoría negra sirviéndose de aquel acontecimiento deportivo y su firme
voluntad de construir una nación para todos los sudafricanos, sin distinción de raza.
Mandela inició el Plan de Reconstrucción y Desarrollo, que destinó grandes cantidades de dinero a mejorar el nivel de
vida de los sudafricanos negros en cuestiones como la educación, la vivienda, la sanidad o el empleo, e impulsó
asimismo la redacción de una nueva constitución para el país, que fue finalmente aprobada por el parlamento en 1996.
Un año después cedió la dirección del Congreso Nacional Africano a Thabo Mbeki, destinado a convertirse en su sucesor
en la presidencia. En 1998, dos años después de haberse divorciado de Winnie, contrajo matrimonio con Graça Machel,
viuda del antiguo presidente de Mozambique, Samora Machel.
Junto con el arzobispo Desmond Tutu, que presidía la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, Nelson Mandela presentó
en junio de 1998 el informe con las conclusiones de la Comisión. La talla del dirigente africano quedó patente una vez
más cuando, frente al parecer del Congreso Nacional Africano, avaló las conclusiones del informe, que señalaban no
solamente los abusos y crímenes del régimen segregacionista, sino también los cometidos por los diversos grupos de
los movimientos de liberación, incluido el Congreso Nacional Africano. Tres meses antes de finalizar su mandato,
Mandela anunció que no pensaba presentarse a la reelección. Le sucedió en la presidencia Thabo Mbeki, vencedor en
las elecciones de junio de 1999.
Apartado de la vida política desde ese año, recibió múltiples reconocimientos, si bien sus problemas de salud hicieron
cada vez más esporádicas sus apariciones públicas. Pese a su retirada, el fervor que Mandela despertaba en sus
compatriotas siguió vivo: en 2010 estuvo presente en las ceremonias del Mundial de Fútbol de Sudáfrica, y recibió el
caluroso apoyo de la multitud; en julio de 2013, estando el líder gravemente enfermo, la población sudafricana se lanzó
a las calles para celebrar su 95º aniversario. Elevado a la categoría de uno de los personajes más carismáticos e
influyentes del siglo XX, su figura ha entrado en la historia como encarnación de la lucha por la libertad y la justicia y
como símbolo de toda una nación.
Mahatma Gandhi
(Mohandas Karamchand Gandhi; Porbandar, 1869 - Delhi, 1948) Pensador y líder del nacionalismo indio. Principal
artífice de la independencia de su país (1947), fue la figura más relevante de la escena política y social de la India
durante la primera mitad del siglo XX y una de las personalidades más influyentes de la historia contemporánea.
Gandhi pasó la infancia en un ambiente familiar ordenado y recogido que dejó en él una huella indeleble. Su padre era
funcionario estatal de grado elevado y su madre conservaba una fe religiosa apasionada y operante que se remontaba
a las antiguas y sagradas tradiciones brahmánicas e hindúes. Después de haber seguido en su patria un curso regular
de estudios y cuando tenía cerca de veinte años, mantuvo durante tres años un primer contacto directo con la cultura
occidental, viviendo en Londres, donde esperaba perfeccionarse en los estudios jurídicos.
Regresó después a la India; pero no permaneció allí mucho tiempo. Los ideales que guiaron toda su vida, y que se
identifican con un ardiente amor a la India (cuya antigua civilización y algunas épocas gloriosas de su historia
trimilenaria se le aparecían como firmes bases para la deseada unión nacional) y con una necesidad innata de llevar a
cabo la difícil misión con un espíritu de amor y caridad hacia la humanidad entera, comenzaron a revelarse públicamente
con el generoso impulso con que Gandhi (habiéndose trasladado en 1893 a Sudáfrica) se dedicó a realizar la obra de
redención y de elevación moral y social de muchos millares de indios allí residentes.
Numerosas y variadas fueron sus iniciativas humanitarias; instituyó colonias agrícolas y hospitales, y, sobre todo desde
entonces, trató de eliminar las castas y religiones que dividían a su pueblo. En sus relaciones y en sus inevitables
choques con las autoridades gubernativas de Sudáfrica inauguró un método de lucha, o mejor de resistencia, que
mantenía el respeto a la persona humana y evitaba la revuelta armada: ya en Sudáfrica, en 1906, subrayó el valor de
la «satyagraha» («fuerza de la verdad») como fundamento y energía de las acciones que en Occidente recibieron el
nombre de «resistencia pasiva».
Regresó a finales de 1914 a la India, donde llevó una vida retirada hasta 1918, término de la Primera Guerra Mundial. A
partir de este año Gandhi fue prácticamente el jefe del movimiento nacionalista. Su bandera, al principio una simple
autonomía que tomaba su base de la autonomía económica, a la que había de llegarse mediante la «no colaboración»
y después con la desobediencia civil, pasaría finalmente a ser el símbolo de la independencia nacional («svaraj»).
1920 señala una fecha importante en la vida de Gandhi, porque fue precisamente en este año, en ocasión de la sesión
extraordinaria del Congreso Nacional Indio en Calcuta y en la ordinaria celebrada poco después en Nagpur, cuando
Gandhi obtuvo un gran éxito personal: en la primera sesión fue aprobada, y en la segunda ratificada, la puesta en
práctica de una gradual resistencia pasiva, deseada y ardientemente propugnada por Gandhi como método de lucha
contra la opresión colonial. Aunque la no violencia es un concepto común en el hinduismo y en la cultura oriental
(«ahimsa»), Gandhi la reivindicó como un imperativo ético universal, subyacente en todas las religiones (el budismo, el
cristianismo, el islam). Su pensamiento entroncaba también con eximios representantes de la espiritualidad en Occidente
(desde Jesucristo hasta León Tolstói) y con teóricos de la política y la economía como Henry David Thoreau, formulador de la
doctrina de la desobediencia civil.
Se convirtió entonces en primerísima figura, no sólo en el seno del Congreso, sino en toda la India. A este año se
remonta el título de «Mahatma» que el mismo pueblo le confirió en un impulso espontáneo de entusiasmo y de devoción;
Gandhi pasaría a la posteridad con dicho apelativo, que significa literalmente «el magnánimo» y alude a sus dotes de
profeta y de santo que las masas le reconocían. Su influencia, sin embargo, estaba destinada a sobrepasar con mucho
los límites de su vida y de su país, y tanto su doctrina como su personalidad se convertirían en modelos inspiradores
de líderes y activistas como el estadounidense Martin Luther King y el sudafricano Nelson Mandela, por citar solamente los
dos ejemplos más célebres.
Los períodos sucesivos de la vida de Gandhi muestran una ininterrumpida serie de episodios durante los cuales continuó
su actividad política, con pausas más o menos largas pasadas en duras prisiones. De 1930 es una vigorosa llamada
directa al pueblo, redactada por entero por Gandhi y sancionada por el Congreso, en la que se siente vibrar toda la
pasión y todo el amor de Gandhi por su tierra madre y su anhelo por liberarla de la dominación extranjera. De aquel
mismo año es su valerosa actuación contra las leyes del monopolio de la sal y su memorable marcha de tres semanas,
osada y simbólica al mismo tiempo, realizada en medio del entusiasmo irrefrenable de las muchedumbres a lo largo del
recorrido que separa la ciudad de Ahmedabad de la pequeña localidad costera de Dandi.
A finales de 1931 participó en Londres en la segunda conferencia de la Mesa Redonda para el establecimiento en el país
de un gobierno constitucional, pero la conferencia marcó un fracaso para la causa india. Vuelto a su patria, Gandhi vivió
durante algunos años apartado de la política oficial, pero dedicado a su apasionada atención a los problemas sociales,
especialmente al concerniente a la marginada casta de los «intocables». Reapareció en la escena política en 1940,
durante la Segunda Guerra Mundial, y con indómita constancia continuó luchando (siempre inerme) por aquellos ideales de
cuya fe nunca se apartó, y mantuvo una esperanza inquebrantable hasta el día de su asesinato.
Jefe y maestro de su pueblo, Gandhi lo guió a la consecución de la meta que había soñado ardientemente; un año antes
de su muerte, la independencia de la India se hizo realidad, pero no su deseo de fundir hindúes y musulmanes en
unitaria convivencia. Y, ciertamente, ello constituyó una espina, a la que se añadieron las amargas desilusiones y
dolores por las violencias y los estragos que acompañaron el nacimiento de la Unión India y del Pakistán.
Extraordinaria figura de asceta indio, Gandhi no pasó su existencia en el tradicional eremitorio solitario, sino que fue
impulsado por el amor a su tierra madre y a sus hermanos a vivir (excepto durante algunos breves paréntesis) en
medio del mundo, y a practicar y mantener sus virtudes ascéticas entre el poco edificante contacto con los gobernantes
y métodos políticos del siglo XX. El sentimiento de bondad y de afectuosa dulzura que es la nota dominante del
visnuismo se refleja incluso en la que fue su arma política, la no violencia («ahimsa»).
Sus repetidos y dolorosos ayunos (realizó dieciséis, el último de ellos pocos días antes de su fin en un intento de
conseguir la paz religiosa de toda la India) eran la prueba de una completa entrega a su causa y consiguieron la
devoción de las masas; su palabra apasionada las entusiasmaba, sus plegarias y sus invocaciones al dios Raro, recitadas
en público, conmovían y arrebataban al auditorio. Gandhi actuó políticamente siguiendo medios que estaban en neto
contraste con la práctica dominante, y consideró despreciable el principio según el cual el fin justifica los medios,
principio que un maestro indio de política, Kautilya, había exaltado y puesto en práctica con un realismo sin escrúpulos
muchos siglos antes.
Pero el método, que podría calificarse de evangélico, predicado y llevado a la práctica por Gandhi consiguió el deseado
triunfo. El desconsolado anuncio hecho a las gentes de que el padre («bap») había sido asesinado, el subsiguiente dolor
del pueblo impresionado por la noticia del trágico fin y la consagración de sus cenizas, sumergidas religiosamente en
numerosos ríos sagrados del inmenso país, revelaron al mundo que la India había perdido a su más grande santo de la
edad moderna.
Como valioso legado de su actividad encaminada al bien de sus compatriotas y a la independencia de su país en el
marco de una extraordinaria concepción filantrópica y humanitaria ha quedado su obra titulada Historia de mis experiencias
con la verdad (que en su primera redacción data de unos veinte años antes de su muerte), además de una mole ingente
y varia de artículos publicados en revistas y periódicos, numerosos discursos oficiales pronunciados en la India y en
Inglaterra y las abundantes alocuciones de carácter familiar y paternal dirigidas al pueblo y cuyo vivo y religioso
recuerdo se mantiene todavía.
Su acción no violenta, inspirada en el ejemplo de Gandhi, movilizó a una porción creciente de la comunidad
afroamericana hasta culminar en el verano de 1963 en la histórica marcha sobre Washington, que congregó a 250.000
manifestantes. Allí, al pie del Lincoln Memorial, Martin Luther King pronunció el más célebre y conmovedor de sus
espléndidos discursos, conocido por la fórmula que encabezaba la visión de un mundo justo: I have a dream (Tengo un
sueño).
Pese a las detenciones y agresiones policiales o racistas, el movimiento por la igualdad civil fue arrancando sentencias
judiciales y decisiones legislativas contra la segregación racial, y obtuvo el aval del premio Nobel de la Paz concedido a
King en 1964. Lamentablemente, un destino funesto parece arrastrar a los apóstoles de la no violencia: al igual que su
maestro Gandhi, Martin Luther King cayó asesinado cuatro años después.
Biografía
Hijo de un ministro baptista, Martin Luther King estudió teología en la Universidad de Boston. Desde joven tomó
conciencia de la situación de segregación social y racial en que vivían los negros de su país, y en especial los de los
estados sureños. Convertido en pastor baptista, en 1954 se hizo cargo de una iglesia en la ciudad de Montgomery,
Alabama.
Muy pronto dio muestras de su carisma y de su firme decisión de luchar por la defensa de los derechos civiles con
métodos pacíficos, inspirándose en la figura de Mahatma Gandhi y en la teoría de la desobediencia civil de Henry David
Thoreau, las mismas fuentes que por aquellos mismos años inspiraban la lucha de Nelson Mandela contra el apartheid en
Sudáfrica. En agosto de 1955 una humilde modista negra, Rosa Parks, fue detenida y multada por sentarse en la sección
reservada para blancos de un autobús; King dirigió un masivo boicot de más de un año contra la segregación en los
autobuses municipales.
La fama de Martin Luther King se extendió rápidamente por todo el país y enseguida asumió la dirección del movimiento
pacifista estadounidense, primero a través de la Southern Cristian Leadership Conference y más tarde del Congress of
Racial Equality. Asimismo, como miembro de la Asociación para el Progreso de la Gente de Color, abrió otro frente para
lograr mejoras en sus condiciones de vida.
En 1960 aprovechó una sentada espontánea de estudiantes negros en Birmingham, Alabama, para iniciar una campaña
de alcance nacional. En esta ocasión, Martin Luther King fue encarcelado y posteriormente liberado por la intercesión
de John Fitgerald Kennedy, entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, pero logró para los negros la
igualdad de acceso a las bibliotecas, los comedores y los estacionamientos.
En el verano de 1963, su lucha alcanzó uno de sus momentos culminantes al encabezar una gigantesca marcha sobre
Washington en la que participaron unas 250.000 personas, ante las cuales pronunció el discurso hoy titulado I have a
dream (Tengo un sueño), una bellísima alocución en favor de la paz y la igualdad entre los seres humanos. King y otros
representantes de organizaciones antirracistas fueron recibidos por el presidente John F. Kennedy, quien se comprometió
a agilizar su política contra el segregacionismo en las escuelas y en la cuestión del desempleo, que afectaba de modo
especial a la comunidad negra.
No obstante, ni las buenas intenciones del presidente, quien moriría asesinado meses más tarde, ni el vigor ético del
mensaje de Martin Luther King, premio Nobel de la Paz en 1964, parecían suficientes para contener el avance de los
grupos nacionalistas de color contrarios a la integración y favorables a la violencia, como Poder Negro, Panteras Negras
y Musulmanes Negros. La permeabilidad de los colectivos de color (sobre todo de los que vivían en los guetos de Nueva
York y de otros estados del norte) a la influencia de estos grupos violentos ponía en peligro el núcleo del mensaje de
King, el pacifismo.
En marzo de 1965 encabezó una manifestación de miles de defensores de los derechos civiles que recorrieron casi un
centenar de kilómetros, desde Selma, donde se habían producido actos de violencia racial, hasta Montgomery. La lucha
de Martin Luther King tuvo un final trágico: el 4 de abril de 1968 fue asesinado en Memphis por James Earl Ray, un
delincuente común de raza blanca. Mientras se celebraban sus funerales en la iglesia Edenhaëser de Atlanta, una ola
de violencia se extendió por todo el país. Ray, detenido por la policía, se reconoció autor del asesinato y fue condenado
con pruebas circunstanciales. Años más tarde se retractó de su declaración y, con el apoyo de la familia King, pidió la
reapertura del caso y la vista de un nuevo juicio.
Obra e ideario
Martin Luther King entendió como una condición esencial de la dignidad humana la igualdad racial, la cual se hallaba
por otra parte legitimada, en el plano político, por los principios de la democracia (de la cual siempre se declaró partidario),
y en el plano moral, por los principios religiosos. En consecuencia, la acción destinada a la conquista de los propios
derechos no debía ser considerada jamás como subversiva ni revolucionaria. King no proclamaba la violación de la ley,
sino que sostenía que no pueden obedecerse leyes injustas, porque éstas se oponen a la ley moral. Señalaba el camino
del amor en contraposición a la inactividad de los negros pasivos y al odio exasperado de los nacionalistas. Y se dolía
de no haber sido ayudado y comprendido por la iglesia blanca.
En este sentido, King adaptó y desarrolló el concepto de Gandhi de la no violencia, que supo aplicar de forma creativa
en una serie de campañas antisegregacionistas que le convirtieron en el líder más prestigioso del movimiento americano
para los derechos civiles, le valieron la concesión en 1964 del premio Nobel de la Paz y provocaron su asesinato a
manos de un racista fanático en 1968. Tras su fallecimiento, el movimiento negro estadounidense emprendió un camino
más abiertamente revolucionario y violento, alejado de la inspiración cristiana y liberal de King, cuya memoria, a pesar
de todo, sigue siendo venerada y amada por las masas de desheredados de su raza.
El mismo año del Nobel, el presidente Lyndon Johnson, sucesor de Kennedy tras el magnicidio, promulgó la ley de derechos
civiles, que consagraba la igualdad de todos los ciudadanos. Según King, los negros tenían que abandonar su abstracta
neutralidad política para estrechar alianzas electorales y apoyar a los candidatos dignos de confianza, porque "la
influencia de los negros en el poder político es importante". Solamente entonces se alcanzaría la verdadera meta de la
libertad, porque el destino de los negros está unido al de toda América.
Sus principios quedaron expresados, además de en la célebre Carta desde la prisión de Birmingham (1963, publicada por la
revista francesa Esprit en 1964), en numerosas obras entre las que destacan La fuerza de amar (Strength to Love, 1965) y El
clarín de la conciencia (The Trumpet of Conscience, 1968), en las que a menudo su prosa, inspirada en la tradición bíblica del
protestantismo anglosajón, alcanza momentos de altísima emoción y humanidad.
Mención aparte merece Por qué no podemos esperar (Why We Can't Wait, 1964), en la medida en que la exposición de su credo
político se alterna en esta obra con una apasionada evocación de los hechos del verano de 1963 (vividos por el propio
autor como protagonista) de gran valor como testimonio histórico. El libro es la historia de la liberación de un pueblo,
obtenida mediante el empleo de "un arma potente y justa... que corta sin herir y ennoblece al hombre que la empuña":
la no violencia.
I have a dream
Pese al valor de su obra escrita, ninguno de sus textos despertó la universal admiración del más famoso de sus
discursos: el que pronunció el 28 de agosto de 1963 ante los 250.000 integrantes de la marcha sobre Washington, al
pie del Monumento a Abraham Lincoln, el presidente que, un siglo antes, había abolido la esclavitud: "Hace cien años, un
gran americano, bajo cuya sombra simbólica nos encontramos hoy, firmó la Proclamación de la Emancipación. Este
trascendental decreto apareció como un gran fanal de esperanza para millones de esclavos que habían sido marcados
con el fuego de una flagrante injusticia. Llegó como el amanecer jubiloso de la larga noche de su cautividad. Pero cien
años después, la América de color sigue sin ser libre."
Considerado una obra maestra de la oratoria, el nombre con que este discurso es conocido procede de su parte central,
en la que reiterando la fórmula I have a dream (Tengo un sueño), Martin Luther King eleva a la condición de ideal la simple
materialización de la igualdad: "Sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán algún día en una nación donde no se les
juzgará por el color de su piel sino por las cualidades de su carácter". Valioso tanto como condensada expresión de sus
principios como por su impresionante altura emotiva, su vigencia sigue conmoviendo más de medio siglo después.
Desmond Tutu
(Klerksdorp, actual República Sudafricana, 1931 - Ciudad del Cabo, 2021) Eclesiástico y político sudafricano cuya labor
en defensa de los derechos humanos fue premiada en 1984 con el Premio Nobel de la Paz. Hijo de un maestro de escuela,
quiso estudiar medicina, pero las dificultades económicas se lo impidieron. En 1961 fue ordenado sacerdote anglicano
y, durante los siguientes años, fue profesor de teología en Johannesburgo. A finales de la década de los sesenta se
trasladó a Londres, donde cursó estudios en el King’s College y, entre 1971 y 1975, trabajó en el Consejo Mundial de
las Iglesias.
Tras su regreso a Sudáfrica, en 1975, se convirtió en el primer eclesiástico de color en ser nombrado deán de
Johannesburgo; dos años después, en 1977, fue nombrado obispo de Lesoto. En 1978 fue elegido secretario general
del Consejo de Iglesias de Sudáfrica, cargo en el que destacó por sus acciones y alegatos a favor de la supresión del
apartheid; algunos de sus sermones y discursos de esos años quedaron recogidos en obras como La intención divina (1982)
y Esperanza y sufrimiento (1983).
La notoriedad adquirida gracias a la concesión, en 1984, del Premio Nobel de la Paz, y el proceso aperturista del régimen
le permitieron convertirse en el primer obispo de color de Johannesburgo y, en 1986, en primer arzobispo de color de
Ciudad del Cabo, lo que lo convertía en la máxima autoridad de la Iglesia anglicana de Sudáfrica.
Tras el fin del apartheid y la llegada al poder en 1994 de Nelson Mandela, Desmond Tutu encabezó la Comisión de la
Verdad y la Reconciliación, encargada de investigar los crímenes cometidos durante la segregación racial. Las
conclusiones de los trabajos de la Comisión, que durante más de dos años tomó declaración a más de veinte mil
personas, fueron presentadas por el mismo Tutu al presidente Mandela en 1998. La ecuanimidad de la Comisión quedó
manifiesta en el hecho de que no acusó solamente a los gobiernos blancos precedentes, sino también a los movimientos
de liberación, y entre ellos el Congreso Nacional Africano (ANC), el partido del propio Mandela.
Dalai Lama
[Tenzin Giatso] Jefe espiritual del budismo tibetano, considerado por sus seguidores la reencarnación
del bodhisattva Avalokitesvara.
Los Dalai Lama
Desde 1642 hasta 1959 los Dalai Lama ostentaron, además del liderazgo espiritual, el poder temporal en el Tíbet. Al
morir cada Dalai Lama, los monjes (lamas) del Monasterio Amarillo designan a su siguiente reencarnación en un niño de
corta edad, interpretando una serie de signos con arreglo a su visión del budismo tibetano, resultado de la penetración
y evolución del budismo en el área de los Himalayas. No se trata, por tanto, de una dinastía de monarcas hereditarios,
sino de la máxima magistratura personal de un régimen teocrático. En el interregno entre la muerte de un Lama y la
mayoría de edad del siguiente, el Monasterio ejerce directamente el poder designando a un regente, al tiempo que se
ocupa de la educación del futuro jefe.
Ge-dun-grup-pa (?-1474) fue el primero, fundador de la secta budista de los monjes amarillos y del sistema sucesorio
de la reencarnación de los lamas. Sonam Gyatso, III Dalai Lama (1543-88) fue en realidad el primero que asumió el
título de Dalai (palabra mongola que significa «gran océano»). Al convertir al jefe mongol Altan Khan y a toda su tribu,
asentó definitivamente la hegemonía de la secta en el Tíbet, extendiendo su influencia sobre Mongolia, China occidental,
Bután y Sikkim.
Ngawang Gyatso, V Dalai Lama (1617-82) fue el primero en asumir el gobierno temporal del Tíbet además del liderazgo
espiritual. Dicho cambio tuvo lugar en 1642, al destronar el príncipe mongol Gusri Khan al rey del Tíbet y titularse él
mismo rey; en realidad, Gusri se limitó a ejercer un protectorado militar sobre el Dalai Lama, que era quien gobernaba
efectivamente. Al morir Gusri en 1655, el Lama pasó a controlar el poder en solitario, si bien su autoridad religiosa
estaba limitada por la de otro dignatario budista, el Panchen Lama. Fue este V Dalai Lama quien construyó el Palacio
de Potala en Lhasa, desde donde han ejercido el poder sus sucesores hasta el siglo XX.
Su sucesor Tshangyang Gyatso, VI Dalai Lama (1683-1707), desbarató el prestigio adquirido por los monjes amarillos
con su comportamiento disoluto y mujeriego. El emperador chino aprovechó la ocasión para intervenir en Tíbet,
poniendo coto a su influencia espiritual sobre Mongolia y la propia China. En 1720 los chinos invadieron el Tíbet y
sometieron al Dalai Lama a una relación de vasallaje, que perduró hasta la desaparición del Imperio Chino en 1911.
Thupten Gyatso, XIII Dalai Lama (1876-1933), fue un gobernante despótico, cuya torpeza diplomática le enfrentó con
las grandes potencias de la zona. Jugó la baza del acercamiento a Rusia, viéndose atacado por una expedición británica
que le obligó a refugiarse en China (1904); más tarde, reconciliado con los británicos, sufrió el ataque de China y hubo
de refugiarse en la India (1910). Regresó al Tíbet en 1913, al recuperar el país la independencia por la caída de la
dinastía Manchú en China (1911). Aliado ahora de los británicos -mientras el Panchen Lama representaba los intereses
chinos-, quiso emprender una política modernizadora en terrenos como la educación o la defensa, pero el
conservadurismo de los lamas frustró sus intentos de reforma.
En 1956 estalló una primera rebelión antichina en dos provincias fronterizas de población tibetana, que fue reprimida
de forma sangrienta. En 1959 un levantamiento popular apoyado por el ejército se enfrentó a las tropas chinas, que
respondieron violentamente hasta la total ocupación del país.
El Dalai Lama consiguió huir a la India con unos 70.000 exiliados tibetanos, mientras Mao ponía en el gobierno del Tíbet
al Panchen Lama (al que sin embargo no consiguió manejar a su gusto y encarceló en 1964). En 1982 Deng Xiaoping invitó
a regresar al Dalai Lama, que prefirió permanecer en el exilio, dedicándose a preservar en el norte de la India, Nepal,
Bután y Sikkim la cultura tibetana destruida por las autoridades chinas en su país de origen, al tiempo que asumía
públicamente los ideales de la democracia y el pacifismo.
Desde entonces ha venido testificando en todos los foros internacionales la pérdida de la soberanía de su nación, pero
«se ha opuesto al uso de la violencia y ha propiciado soluciones basadas en la tolerancia y el respeto mutuo, con el
objetivo de preservar la herencia histórica y cultural de su pueblo». Esta última cita textual pertenece al comité del
Parlamento noruego que le concedió el premio Nobel de la Paz en 1989. En 1990 publicó su autobiografía, Freedom in
Exile.
Eleanor Roosevelt
La primera dama, escritora y trabajadora humanitaria Anna Eleanor Roosevelt nació el 11 de octubre de 1884, en la ciudad de
Nueva York. Sobrina del presidente Theodore Roosevelt, Eleanor era una niña tímida que experimentó una enorme pérdida a una
edad muy temprana: su madre murió en 1892 y su padre murió dos años más tarde, cuando ella tenía sólo 10 años de edad. Ya
adolescente, Eleanor fue enviada a una escuela en Inglaterra, experiencia que la ayudó a salir de su introversión.
En 1905, se casó con su primo lejano, Franklin D. Roosevelt, que luego se convertiría en presidente de los Estados Unidos. La pareja
tuvo seis hijos: Anna, James, Franklin (que murió cuando era bebé), Elliott, Franklin Jr. y John. A pesar de su ocupada vida en el
hogar, Eleanor trabajó activamente en el servicio público durante la Primera Guerra Mundial, colaborando con la Cruz Roja
Americana.
Después que su marido sufriera un ataque de polio en 1921, Eleanor dio un paso adelante para ayudar a Franklin con su carrera
política. Cuando su marido se convirtió en presidente en 1933, Eleanor cambió radicalmente el papel de la primera dama. No
contenta con permanecer en segundo plano y manejar los asuntos domésticos, demostró al mundo que la primera dama era una parte
importante de la política estadounidense. Dio conferencias de prensa, habló de los derechos humanos, las causas de los niños y los
problemas de las mujeres, actuando en nombre de la Liga de Mujeres Votantes. Tenía incluso su propia columna en un periódico,
llamada "Mi día." Eleanor también se concentró en ayudar a los pobres del país, se puso de pie frente a la discriminación racial y,
durante la Segunda Guerra Mundial, viajó al extranjero para visitar a las tropas estadounidenses.
Por su papel activo en la política pública, Eleanor fue duramente criticada por algunos. Pero, sin embargo fue alabada por otros y, en
la actualidad, es considerada como una líder de las mujeres y los derechos civiles, así como uno de los primeros funcionarios públicos
en dar a conocer temas importantes a través de los medios de comunicación.
Tras la muerte de su esposo, el 12 de abril de 1945, Eleanor declaró que no tenía planes para continuar en el servicio público: "La
historia ha terminado", dijo. Sin embargo, realmente sucedió lo contrario. De 1945 a 1953, fue delegada en la Asamblea General de
las Naciones Unidas. También se convirtió en presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Como miembro de esta
Comisión, ayudó a redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un esfuerzo que ella consideraba su mayor logro.
Fuera de su trabajo político, Eleanor escribió varios libros sobre su vida y experiencias, incluyendo "This Is My Story" (1937), "This I
Remember" (1949), "On My Own" (1958) y "Autobiography" (1961).
Regresó a las funciones públicas el mismo año que se publicó su autobiografía (1961), cuando el presidente John F. Kennedy la
nombró delegada en las Naciones Unidas.
Eleanor murió de anemia aplásica, tuberculosis e insuficiencia cardíaca, el 7 de noviembre de 1962, a la edad de 78 años. Fue
enterrada en la finca de la familia en el Hyde Park. Una revolucionaria primera dama, Eleanor Roosevelt fue una de las mujeres más
abiertas en vivir en la Casa Blanca. A pesar de haber tenido muchos críticos, la mayoría está de acuerdo en que fue una gran
humanista que dedicó gran parte de su vida a luchar por el cambio político y social.