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Jurisdicción y Competencia Civil 2023

Este documento presenta una lección sobre la jurisdicción y competencia de los tribunales civiles en España. Explica los diferentes tipos de competencia como la objetiva, funcional y territorial. También describe los criterios para determinar la competencia como la materia, la cuantía y la persona. Finalmente, analiza los diferentes tribunales como los juzgados de paz, de primera instancia y especializados; y cuestiona la creación de juzgados especializados solo por acuerdo administrativo.
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Jurisdicción y Competencia Civil 2023

Este documento presenta una lección sobre la jurisdicción y competencia de los tribunales civiles en España. Explica los diferentes tipos de competencia como la objetiva, funcional y territorial. También describe los criterios para determinar la competencia como la materia, la cuantía y la persona. Finalmente, analiza los diferentes tribunales como los juzgados de paz, de primera instancia y especializados; y cuestiona la creación de juzgados especializados solo por acuerdo administrativo.
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Materiales Docentes de Derecho Procesal I

(Curso 2023-2024)
© Prof. José María Ruiz Moreno

Lección 9ª. JURISDICCIÓN Y COMPETENCIA DE LOS


TRIBUNALES CIVILES (II)
1. Las reglas de competencia. Introducción.- 2. La competencia objetiva.- 3. La competencia funcional.- 4.
La competencia territorial.- 5. La competencia homogénea o por reparto. 6. Las cuestiones prejudiciales.-

1. Las reglas de competencia. Introducción


Teniendo en cuenta que dentro del orden jurisdiccional civil contamos con la
existencia de varios tipos de órganos jurisdiccionales (vgr. Juzgados de Paz, de Primera
Instancia, de lo Mercantil…, etc.); de la existencia de órganos del mismo tipo o
denominación distribuidos geográficamente por el territorio nacional (vgr. Juzgados de
Primera Instancia de Jaén, de Zamora, etc); e, inclusive, la existencia de varios grados
jurisdiccionales y funciones a realizar por los tribunales civiles (vgr. primera instancia,
segunda instancia/apelación y casación); y además teniendo en cuenta que la
determinación del juez ordinario predeterminado por la ley (arts. 24.2 CE; 5.2 LEC)
está sustraído al ámbito de autonomía de las partes, es por lo que la LEC ha diseñado
una seria de normas o reglas de competencia que permiten determinar el órgano
jurisdiccional encargado de conocer del asunto concreto. Dichas reglas de competencia
toman en consideración factores de muy distinta naturaleza (vgr. la materia; la cuantía;
el domicilio del demandado), pero en todo caso todas estas reglas participan de la
característica común de que son presupuestos procesales o de la resolución de fondo.
Es por ello que la demanda o escrito deberá interponerse, ante un órgano
jurisdiccional civil —por razón del territorio y de la materia 1—y, además con
competencia objetiva y territorial (o si fuese necesario, con competencia
funcional), puesto que de no cumplirse tales requisitos, el tribunal al que ha acudido el
actor en solicitud de tutela judicial efectiva, no podrá dictar sentencia sobre el asunto
planteado en la demanda y que por lo tanto va a quedar, sin resolver.

2. La competencia objetiva
Las normas de competencia objetiva sirven para determinar cuál es el Juzgado,
Sala o Sección del orden civil que debe conocer por primera vez 2 de la tutela declarativa,
de la tutela ejecutiva o de la tutela cautelar solicitada. A su vez, la competencia objetiva
asigna a un órgano jurisdiccional el conocimiento de un asunto o causa, mediante los
siguientes criterios:
1. La persona. La calidad o condición personal (cargo público que desempeña)
determina la competencia objetiva de los Tribunales superiores, con derogación expresa
de la competencia que se obtendría por razón de la materia o cuantía.
2. La materia. La materia hace referencia al objeto litigioso —desde un punto de vista
cualitativo—, al acto o relación jurídica que lo integra en función de la tutela
jurisdiccional invocada ante el Juzgado o Tribunal. La materia es criterio de aplicación
preferente, de tal manera que cuando haya una norma que atribuya competencia objetiva

1
Tal y como hemos tenido oportunidad de analizar en el tema 8.
2
Esto es, en primera instancia, o en su caso en primera y única instancia.
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a un determinado tribunal por razón de la materia, no se tomará en consideración en tal


caso el criterio de la cuantía.
3. La cuantía. La cuantía es el valor de la materia u objeto litigioso desde un punto de
vista económico, y apenas tiene trascendencia salvo para distinguir entre la competencia
de los Juzgados de Paz y los JII.

Atendiendo a alguno de estos tres criterios enumerados, la competencia objetiva de


Juzgados, de las Salas de los Tribunales, de las Audiencias Provinciales, y de las
Secciones de unas y otras, en el orden jurisdiccional civil, es la siguiente:

• Juzgados de Paz [Vid. art. 99.1 LOPJ]


La competencia objetiva de los Juzgados de Paz en el actualidad es prácticamente
testimonial, en la medida que conocen, por razón de la cuantía, de los asuntos civiles que
no excedan de 90 euros (art. 47 LEC). Asimismo, el Juzgado de Paz tendrá competencia
objetiva para conocer de las medidas cautelares solicitadas antes de la presentación de la
demanda cuando la cuantía del proceso no supere los 90 euros.
• Juzgados de Primera Instancia (JII)
La competencia objetiva de los Juzgados de Primera Instancia, o de los Juzgados de
Primera Instancia e Instrucción que actúen como Juzgados de Primera Instancia, es una
competencia general o residual, y así: «Corresponde a los Juzgados de Primera
Instancia el conocimiento, en primera instancia, de todos los asuntos civiles que por
disposición legal expresa no se hallen atribuidos a otros tribunales» (art. 45 LEC).
Quiere decirse por lo tanto que en el ámbito de la primera instancia la competencia de
los JII es extensísima, y son con diferencia el órgano jurisdiccional civil más
importante. Buena prueba de ello es que conocen de la inmensa mayoría de los asuntos
litigiosos que se tramiten en el juicio ordinario, mientras que en el juicio verbal son
conocedores por razón de la cuantía a partir de 90 euros, y por razón de la materia
conocen siempre (con independencia del valor económico del objeto litigioso), y salvo
que la ley en uno y otro caso lo atribuya expresamente a un Juzgado de lo Mercantil o a
un JVSM.

Una mención aparte, y desde luego destacada, merecen los llamados Juzgados de Primera
Instancia especializados por vía del art. 98.1 LOPJ (vid. asimismo el art. 46 LEC). Según
El art. 98.1 LOPJ: «El Consejo General del Poder Judicial, podrá acordar, previo informe de las
Salas de Gobierno, que en aquellas circunscripciones [Partidos Judiciales] donde exista más de
un Juzgado de la misma clase, uno o varios de ellos asuman con carácter exclusivo, el
conocimiento de determinadas clases de asuntos, o de las ejecuciones propias del
orden jurisdiccional de que se trate, sin perjuicio de las labores de apoyo que puedan
prestar los servicios comunes que al efecto se constituyan».
Es decir, mediante este artículo se está facultando a un órgano administrativo (el CGPJ) para
poder crear JII especializados, que conozcan en exclusividad de determinadas materias 3, con tal
de que en un mismo Partido Judicial existan varios de esa misma clase. Como se puede fácilmente
presuponer, esa exclusividad implica que si una determinada materia (vgr. hipotecas) debe ser
conocida por alguno de estos JII especializados, el resto de JII existentes en esa circunscripción
tienen que quedar al margen de su conocimiento. En un principio, la finalidad de esta

3
Estas materias pueden referirse a capacidad y estado civil de las personas y tutelas; asuntos hipotecarios;
ejecución de resoluciones, etc.
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especialización es responder con mayor eficacia a la tramitación procesal de determinados


asuntos, cuando estos sobrepasen un determinado volumen de litigiosidad. Sin embargo llama
poderosamente la atención que, para crear estos juzgados especializados sea suficiente un
acuerdo del CGPJ (que es un órgano administrativo), algo que es claramente contrario a tres
preceptos fundamentales:
• En primer lugar, es contrario al art. 24.2 CE: el principio del juez predeterminado por
la ley. Este precepto se refiere a la ley formal, y no a la ley en sentido amplio 4.
• En segundo lugar, es contrario al art. 117.3 CE: “El ejercicio de la potestad
jurisdiccional en todo tipo de procesos, juzgando y haciendo ejecutar lo juzgado,
corresponde exclusivamente a los Juzgados y Tribunales determinados por las leyes,
según las normas de competencia y procedimiento que las mismas establezcan”.
• Y, asimismo es contrario al art. 44 LEC: “Para que los tribunales civiles tengan
competencia en cada caso se requiere que el conocimiento del pleito les este atribuido
por normas con rango de ley y anteriores a la incoación de las actuaciones de que se
trate”.

Por si fuese poco el art. 98.2 LOPJ, que se ha visto modificado por LO 7/2015, permite que
un acuerdo gubernativo del CGPJ pueda especializar órganos jurisdiccionales entre todos los
existentes del mismo orden jurisdiccional de una provincia. Esto es, para el orden civil, permite
especializar a un órgano que asume la competencia con carácter preferente y excluyente del resto
de órganos de la provincia, y aun cuando pertenezcan a distintos partidos judiciales. Precisamente
tan ladina técnica de especialización, es la que recientemente ha usado el CGPJ, para crear los
llamados Juzgados hipotecarios provinciales, es decir, la concentración en un solo juzgado de la
capital de cada provincia de todos los litigios de esa provincia relativos a la impugnación de
cláusulas de contratos de préstamo hipotecario (cláusulas suelo). Tal despropósito del CGPJ,
aparte de conculcar los preceptos anteriormente citados de la CE y de la LEC, conlleva una
inaudita vulneración del derecho de los consumidores a litigar en el Juzgado de su domicilio 5.
Respecto de los Juzgados de Familia, no dejan de ser JII especializados en esta rama del
Derecho, sin embargo la atribución de esa especialización en realidad no se hizo por la vía del art.
98 LOPJ, sino que fueron creados a raíz de la de la Ley del divorcio de 1981. En definitiva, estos
Juzgados de Familia son JII a los que se les reparte los asuntos de familia en los lugares donde se
ha dispuesto su existencia.

• Juzgados de lo Mercantil
Según el art. 86 ter LOPJ a los Juzgados de lo Mercantil se les encomienda el
conocimiento de la materia concursal (excepción hecha de los concursos de persona
natural que no sea empresario, que entonces se atribuyen a los JII), pero también se les
encomienda un número muy amplio de materias civiles y mercantiles como 6:
—Demandas y pretensiones sobre competencia desleal, propiedad industrial,
propiedad intelectual y publicidad.
—Sobre la normativa reguladora de las sociedades mercantiles y cooperativas.
—En materia de la aplicación del Derecho Marítimo.
—Las acciones colectivas relativas a condiciones generales de la contratación en los
casos previstos en la legislación sobre esta materia, etc.

4
En este sentido vid. a: De La Oliva.
5
En clase se darán más explicaciones sobre tan polémico tema.
6
Sobre su curiosa forma de crearlos, vid. explicación en clase.
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• Juzgados de Violencia sobre la Mujer


Los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, fueron creados mediante la LO 1/2004, de
28 de diciembre, con el propósito de abordar con mayor eficacia y especialización el
problema de la llamada violencia de género. Como puede comprenderse fácilmente, la
potencial víctima de la violencia de género, en no pocos casos se encuentra inmersa no
sólo en un proceso penal (en el que se trata de averiguar la realidad de los hechos con
apariencia delictiva), sino también en un proceso civil de separación o divorcio, o de
tutela y custodia de los hijos. Con el fin de evitar, en lo posible, que los Juzgados de
Primera Instancia o los Juzgados de Familia puedan dictar resoluciones contradictorias
con las resoluciones penales que se dicten para la protección de la mujer, es por lo que
se establece que los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, conocerán de los procesos
civiles de Derecho de familia enumerados en el artículo 87 ter, apartado 2, de la LOPJ 7
siempre que concurran simultáneamente los siguientes requisitos:
a) Que alguna de las partes del proceso civil sea víctima de los actos de violencia de
género, en los términos a que hace referencia el apartado 1 a) del 87 ter.
b) Que alguna de las partes del proceso civil sea imputado como autor, inductor o
cooperador necesario en la realización de actos de violencia de género.
c) Que se hayan iniciado ante el Juez de Violencia sobre la Mujer actuaciones penales
por delito a consecuencia de un acto de violencia sobre la mujer, o se haya adoptado una
orden de protección a una víctima de violencia de género (art. 87 ter., apartado 2, de la
LOPJ

• Audiencias Provinciales
Actualmente, las Audiencias Provinciales carecen de competencia objetiva para
conocer de demandas en las que se solicite por primera vez la tutela jurisdiccional.

• Salas de lo Civil y Penal de los Tribunales Superiores de Justicia


[actuando como Salas de lo Civil]
La Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia conocerá, como Sala de lo
Civil:
— De determinadas atribuciones relacionadas con el arbitraje, en concreto: la acción
de anulación del laudo, el reconocimiento o exeqúatur de resoluciones arbitrales
extranjeras y el nombramiento y remoción judicial de los árbitros (arts. 73.1 c) LOPJ; 8.1,
8.5 y 8.6 LA).
— En única instancia, de las demandas de responsabilidad civil, por hechos cometidos
en el ejercicio de sus respectivos cargos, dirigidas contra el Presidente y miembros del
Consejo de Gobierno de la Comunidad Autónoma y contra los miembros de la Asamblea
legislativa, cuando tal atribución no corresponda, según los Estatutos de Autonomía, al
Tribunal Supremo (art. 73.2 a) LOPJ).

7Artículo 87 ter, apartado 2 de la LOPJ: «Los Juzgados de Violencia sobre la Mujer podrán conocer en el
orden civil, en todo caso de conformidad con los procedimientos y recursos previstos en la Ley de
Enjuiciamiento Civil, de los siguientes asuntos: a) Los de filiación, maternidad y paternidad. b) Los de
nulidad del matrimonio, separación y divorcio. c) Los que versen sobre relaciones paterno-filiales. d) Los
que tengan por objeto la adopción o modificación de medidas de trascendencia familiar. e) Los que versen
exclusivamente sobre guarda y custodia de hijos e hijas menores o sobre alimentos. reclamados por un
progenitor contra el otro en nombre de los hijos e hijas menores. f) Los que versen sobre la necesidad de
asentimiento en la adopción. g) Los que tengan por objeto la oposición a las resoluciones administrativas en
materia de protección de menores.»
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— Competencia para conocer de las demandas de responsabilidad civil, por hechos


cometidos en el ejercicio de sus respectivos cargos, contra El Presidente y los miembros
del Consejo de Gobierno o de la Asamblea Legislativa de la CA 8 y contra todos o la mayor
parte de los magistrados de una AP o de cualquiera de sus Secciones de los diputados del
Parlamento de Andalucía (73.2, a) y b) LOPJ).
— Del juicio de revisión en materia de derecho civil, foral o especial, propio de la
comunidad autónoma, si el correspondiente Estatuto de Autonomía ha previsto esta
atribución (artículo 73.1 b) LOPJ; 509 LEC).

• Sala Primera (o Sala de lo Civil) del Tribunal Supremo


Esta Sala conocerá:
— De las demandas de responsabilidad civil por hechos realizados en el ejercicio de
su cargo, dirigidas contra altos cargos del Estado, y de la Comunidad Autónoma, en su
caso. Según el artículo 118.5 de la LO 2/2007, de reforma del Estatuto de Autonomía de
Andalucía, la competencia para conocer de las demandas de responsabilidad civil del
Presidente de la Junta corresponderá a la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo.
— Del juicio de revisión contra sentencias firmes (art. 509 LEC). Del juicio de revisión
contra una sentencia firme conocerá la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo (arts. 56.1
1º LOPJ, 509 LEC) o la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia,
conforme a lo dispuesto en la LOPJ (art. 509 LEC). Que el juicio de revisión sea conocido
por una u otra Sala se hace depender de la materia jurídica -de Derecho Civil, Foral o
Especial, propio de la Comunidad Autónoma, si el correspondiente Estatuto de
Autonomía ha previsto esta atribución (arts. 73.1 b) LOPJ)- sobre la que se puede haber
cometido la infracción.

Estudio aparte merece el tratamiento procesal de la competencia objetiva:


Como quiera que la competencia objetiva es un presupuesto procesal de orden
público, su tratamiento procesal se hace a un doble nivel: de oficio y a instancia de parte.
De oficio por el tribunal tan pronto como se advierta (art. 48.2 LEC), pero en todo caso
antes de que este resuelva. El tribunal tomará una decisión, previa audiencia de las partes
y del MF (art. 48.3 LEC), pronunciándose mediante auto. Si estima la falta de
competencia para conocer, deberá indicar la clase de tribunal al que corresponde el
asunto (art. 48.4 LEC). Entonces el demandado debería interponer la demanda ante el
tribunal señalado y, en caso de que este también se considere incompetente, se plantea
una cuestión de competencia (negativa). En todo caso, si el tribunal no aprecia de oficio
la falta de competencia objetiva, el demandado tiene la posibilidad de denunciar este
extremo mediante la declinatoria, y que será tratada al analizar la competencia
territorial.

3. La competencia funcional
Realmente la competencia funcional solo tiene sentido cuando el proceso civil ya está
iniciado y hay un tribunal que está conociendo, o bien ya ha conocido, sobre la cuestión

8
El conocimiento de demandas de responsabilidad civil contra el Presidente de la Junta de Andalucía
corresponde a la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, como se verá en el apartado que se refiere al
Tribunal Supremo.
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principal9; lo que sucede ahora es que conforme ese proceso va avanzando es necesario
ir conociendo de una serie de cuestiones secundarias o incidencias, como pueden ser: las
medidas cautelares; la abstención y recusación; la ejecución; los recursos; las tercerías;
la reconvención, etc, que si bien son distintas de la cuestión principal, deben ser
igualmente resueltas por un tribunal. Los arts. 61 y 62 de la LEC tratan sobre la
competencia funcional, aun cuando su regulación también la podemos encontrar en
otros preceptos, incluso fuera de la propia LEC. Las normas sobre competencia funcional
son igualmente de contenido imperativo (por tanto, indisponibles); del mismo modo es
conveniente aclarar que su utilización no siempre tiene lugar en el proceso civil, puesto
que, si no se recurre, si no se solicita la ejecución o medida cautelar, etc., es
absolutamente claro que su utilización entonces está fuera de lugar.
En el ámbito de la competencia funcional, la regla general la ofrece el art. 61 LEC
al señalar que: “Salvo disposición legal en otro sentido, el tribunal que tenga
competencia para conocer de un pleito, la tendrá también para resolver sobre sus
incidencias, para llevar a efecto las providencias y autos que dictare, y para la
ejecución de la sentencia o convenios y transacciones que aprobare”. Mediante esta
regla general la LEC ha pretendido obtener del proceso su máxima eficiencia, de tal
manera que sea el tribunal que está conociendo o ya ha conocido de la cuestión principal,
y que obviamente tiene un más cercano conocimiento de la misma, el que conozca
asimismo de sus posibles incidencias. Ahora bien, tal regla tiene una importante
excepción, recogida asimismo en el precepto, en aquellos supuestos donde esto no sea
posible, y como sucede en el caso de: los recursos devolutivos (apelación y casación 10);
de la resolución sobre la recusación de un juez o magistrado; y de una cuestión de
competencia.
En cuanto al tratamiento procesal de la competencia funcional: Si se trata del
examen o control de oficio, al tratarse de una norma imperativa, cuando el tribunal
advierta que carece de competencia funcional, deben abstenerse de conocer. Y así lo
prevé el art. 62.1 LEC al referirse específicamente a los recursos, pero que también se
extiende a toda clase de incidencias en relación con la misma. Cuando esto suceda, el
tribunal también debe dar previa audiencia a las partes, sin embargo, curiosamente aquí
la LEC, no exige que se oiga al MF.
Respecto al control a instancia de parte, se hará mediante declinatoria 11. Sin embargo,
su utilización aquí no está exenta de problemas prácticos, puesto que en realidad cuando
se advierte un error sobre competencia funcional, normalmente, ya hace mucho tiempo
que ha transcurrido el plazo para utilizar la declinatoria. Esto es, en la LEC su utilización
se ha previsto al comienzo mismo del proceso (luego lo veremos), cuando todavía no han
surgido las cuestiones procesales que tienen que ver con la misma. Por tanto, ante la
imposibilidad temporal de utilizar la declinatoria, los vicios que tengan que ver con la
competencia funcional es más apropiado denunciarlos vía recurso apelación (art. 459
LEC) y el extraordinario por infracción procesal (art. 469.1.1º LEC). Del mismo modo,

9
Es decir, ya hay por lo tanto un tribunal con competencia objetiva.
10
Que se resuelven por las distintas AP y la Sala Primera del TS, respectivamente. Y de ahí, se entenderá
mejor ahora, que las AP solo ostenten competencia funcional.
11
Vid. el art. 63.1 LEC que se refiere a que la declinatoria se utilizará para denunciar la falta de
competencia de todo tipo.
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otra posibilidad, es acudir al contenido del art. 240.2 LOPJ, y a cuyo tenor “el juez o
tribunal, podrá de oficio o a instancia de parte (…) declarar la nulidad de las
actuaciones”. En efecto, recordemos que el art. 240.1 LOPJ establece la nulidad de pleno
derecho cuando el proceso carece de los requisitos o presupuestos esenciales, y la
competencia es uno de ellos.

4. La competencia territorial
A pesar de la existencia de las reglas sobre competencia objetiva, hay muchas
ocasiones en que las mismas no logran precisar de manera exacta el juez predeterminado
legalmente, sobre todo cuando nos encontramos con la existencia de tribunales civiles
de idéntico grado y clase, pero que pertenecen a distintas circunscripciones o partidos
judiciales. Pensemos en supuestos donde la competencia objetiva corresponde a un JII,
pero se duda sobre el partido judicial en concreto. Por ejemplo, cuando el objeto litigioso
radica en uno distinto al del domicilio del actor y/o demandado; o cuando en un proceso
de divorcio consta que el matrimonio se celebró en un partido judicial, pero los
contrayentes tenían su domicilio o residencia en otro/s; etc. Del mismo modo se debe
señalar que las reglas sobre competencia territorial son una excepción al criterio legal de
que las normas sobre competencia son improrrogables, y por tanto el legislador en la
LEC ha permitido cierto margen a la autonomía de la voluntad; sucede sin embargo que
las últimas reformas legales, han reducido notablemente el margen de actuación de esa
autonomía, por lo que en la actualidad se ha convertido en algo totalmente excepcional.
Los criterios que se utilizan para fijar las reglas de competencia territorial se
denominan fueros. Estos fueros pueden guardar relación con el objeto litigioso, con el
lugar de la prestación de los servicios o con el lugar de celebración del contrato, con el
domicilio del actor o con el domicilio del demandado, con el lugar donde el empresario
desarrolla su actividad o donde se encuentra el bien inmueble, el lugar donde se han
ocasionado los daños, etc.
Los fueros pueden ser imperativos o convencionales. Son imperativos cuando se
imponen directamente por la ley sin margen de libertad (supuestos del art. 52 LEC); son
convencionales, cuando la ley permite que las partes pueden, eventualmente y de
común acuerdo, manifestar su preferencia por litigar ante otro juzgado y someterse a él
expresa o tácitamente (arts. 50 y 51 LEC); generales (se aplican supletoriamente. Cfr.
arts. 50, 51 LEC) o especiales (establecidos para casos concretos), exclusivos (hay un sólo
fuero) o concurrentes (la ley establece varios fueros) y sucesivos (se puede optar por uno
en defecto de otro) o electivos (se designa cualquiera de ellos indistintamente).
Atendiendo a estas reglas o fueros la LEC distingue dos clases de competencia
territorial, una de carácter imperativo y otra de carácter dispositivo.
A) Competencia territorial imperativa
La competencia territorial imperativa (inderogable) se asemeja a la competencia
objetiva y a la funcional, porque no se permite el libre juego de la voluntad de las partes,
es decir, no será válida la sumisión expresa ni la sumisión tácita a los tribunales de una
determinada circunscripción. Son imperativas las reglas legales atributivas de la
competencia territorial establecidas en i) los números 1º y 4º a 15º del apartado 1 y el
apartado 2 del artículo 52 LEC, ii) los asuntos que deban decidirse por el juicio verbal y
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iii) las demás a las que esta u otra Ley atribuya expresamente carácter imperativo (arts.
54.1; 54.2; 52 LEC).
La regla establecida en el artículo 54, apartado 2, de la LEC, para los contratos de
adhesión o que contengan condiciones generales impuestas por una de las partes, o que
se hayan celebrado con consumidores o usuarios es una regla imperativa a medias, pues
no se admite la validez de la sumisión expresa pero no se menciona la invalidez de la
sumisión tácita. En la práctica se admite, cuando no se debería, la sumisión tácita.
El artículo 90 (Cláusulas abusivas sobre competencia y derecho aplicable), apartado
2, del RD Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, por el que se aprueba el texto
refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes,
determina que es abusiva «la previsión de pactos de sumisión expresa a Juez o Tribunal
distinto del que corresponda al domicilio del consumidor y usuario, al lugar del
cumplimiento de la obligación o aquél en que se encuentre el bien si éste fuera
inmueble».
B) Competencia territorial dispositiva
La voluntad conforme de las partes puede cambiar el órgano jurisdiccional
territorialmente competente pero no puede modificar la competencia objetiva,
presupuesto de la competencia territorial: «La sumisión de las partes sólo será válida y
eficaz cuando se haga a tribunales con competencia objetiva para conocer del asunto de
que se trate» (art. 54.3 LEC).
a) La sumisión tácita
Se entenderán sometidos tácitamente (art. 56 LEC): El demandante, por el mero
hecho de acudir a los tribunales de una determinada circunscripción interponiendo la
demanda o formulando petición o solicitud que haya de presentarse ante el tribunal
competente para conocer de la demanda. El demandado, por el hecho de hacer,
después de personado en el juicio tras la interposición de la demanda, cualquier gestión
que no sea la de proponer en forma la declinatoria. También se considerará tácitamente
sometido al demandado que, emplazado o citado en forma, no comparezca en juicio o lo
haga cuando haya precluido la facultad de proponer la declinatoria. De acuerdo con este
último párrafo, añadido por el artículo decimoquinto número veintitrés de la Ley
13/2009, el demandado rebelde estará tácitamente sometido al tribunal que conoce de
la demanda.
Por otro lado, la sumisión tácita es un acuerdo tácito de las partes (manifestaciones
de voluntad o comportamientos coincidentes) que deja sin efecto el posible pacto de
sumisión expresa celebrado entre las mismas.
b) La sumisión expresa
Se entenderá por sumisión expresa la pactada por los interesados designando con
precisión la circunscripción a cuyos tribunales se sometieren (art. 55 LEC).
«La sumisión expresa de las partes determinará la [sede y] circunscripción
cuyos [de los] tribunales [que] hayan de conocer del asunto». Si en dicha sede y
territorio existieren varios tribunales con idéntica competencia, las partes no podrán
«someterse a un determinado tribunal con exclusión de los otros», de forma que el
tribunal competente («a cuál de ellos corresponde conocer del asunto») se determinará
conforme a la competencia homogénea o reparto de asuntos (cfr. art. 57 LEC).
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c) Fueros generales y especiales


En defecto de sumisión tácita o de sumisión expresa, (y lógicamente ante la
inexistencia de un fuero imperativo, que sera preferente) el órgano territorialmente
competente se determinará con la aplicación de los fueros especiales aplicables al objeto
del proceso y en su defecto con los fueros generales
1. Especiales: los núms. 2º, 3º y 16º del art. 52, apartado 1 LEC.
2. Generales: el domicilio del demandado.
— Personas físicas: la competencia territorial corresponderá al tribunal del domicilio
del demandado y si no lo tuviere en el territorio nacional, el de su residencia en España,
y en su defecto, en el lugar en que se encuentren dentro del territorio nacional o en el de
su última residencia en éste y, si tampoco pudiera determinarse así la competencia, en el
lugar del domicilio del actor (art. 50.1 y 2 LEC)
— Los empresarios y profesionales, en los litigios derivados de su actividad
empresarial o profesional, también podrán ser demandados en el lugar donde se
desarrolle dicha actividad y, si tuvieren establecimientos a su cargo en diferentes lugares,
en cualquiera de ellos a elección del actor (art. 50.3).
— Personas jurídicas: serán demandadas en el lugar de su domicilio o en el lugar
donde la situación o relación jurídica a que se refiera el litigio haya nacido o deba surtir
efectos, siempre que en dicho lugar tengan establecimiento abierto al público o
representante autorizado para actuar en nombre de la entidad (51.1)
— Entes sin personalidad: en el domicilio de sus gestores o en cualquier lugar en que
desarrollen su actividad.
En cuanto al tratamiento procesal de la competencia territorial, es posible su
control de oficio o bien a instancia de parte. El control de la competencia territorial por
el tribunal ex officio, solo es posible cuando se trata de normas o fueros imperativos,
pero NO cuando son de contenido convencional (vid. art. 58 LEC, interpretado sensu
contrario). Sobre el procedimiento a seguir para ese control de oficio, vid. asimismo el
art. 58 12. Igualmente cabe instar el control a instancia de parte (demandado), tanto si
son fueros convencionales como imperativos, y por medio de la declinatoria. A
continuación, paso a describir su funcionamiento, sin perjuicio de las explicaciones
prácticas que se darán en clase.
La declinatoria que se regula en los arts. 63 a 65 LEC, consiste en un mecanismo
procesal que se pone en manos del demandado para denunciar, ante el tribunal que se
ha interpuesto la demanda, la falta de un presupuesto procesal relativo al órgano
judicial, que de no quedar subsanado impide el pronunciamiento de fondo o con valor
de cosa juzgada. Aun cuando sobre este particular ya he hablado con anterioridad, vuelvo
a insistir en la importancia que tiene este control que el legislador ha querido ubicar
prácticamente cuando el proceso acaba de comenzar (antes incluso de que se conteste a
la demanda), a fin de evitar un proceso inútil que no va a servir para nada. También es
importante mencionar, que a la declinatoria se traen presupuestos procesales
exclusivamente en relación al órgano judicial. Es por ello que los presupuestos procesales

12
De mismo modo, y al igual que sucede con el control de oficio de la competencia objetiva, también
aquí se exige previa audiencia del Ministerio Fiscal y de las partes personadas.
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que se refieren a las partes (vgr. capacidad, representación, etc), tienen que controlarse
por otra vía diferente.

IMPORTANTE: ¿Cuáles son los presupuestos procesales que se pueden


denunciar por medio de la declinatoria? A tenor del art. 63 LEC, son los siguientes:
• La falta de jurisdicción del tribunal ante el que se ha interpuesto la demanda, por
corresponder el conocimiento de ésta a tribunales extranjeros (esto es, la
competencia judicial internacional).
• La falta de jurisdicción del tribunal por corresponder el conocimiento a órganos de
otro orden jurisdiccional (esto es, la jurisdicción por razón de la materia)
• La falta de competencia al corresponder el conocimiento a árbitros o a mediadores
(esto es, la sumisión de la cuestión litigiosa al arbitraje o a la mediación) 13.

• Y la falta de competencia de todo tipo (esto es, la competencia objetiva,


territorial y funcional) 14.
En cuanto a su procedimiento, la declinatoria la solicita el demandado por medio de un escrito
dirigido al órgano judicial que ha admitido la demanda 15, solicitando que decline el conocimiento
del asunto, y en consecuencia se abstenga del mismo. A través de ese escrito el demandado-
solicitante debe limitarse a ofrecer los argumentos según los cuáles el órgano designado por el
actor no es competente; asimismo debe recoger el tribunal u órgano que considera competente.
Según el art. 64 LEC, “la declinatoria se habrá de proponer dentro de los diez primeros días del
plazo para contestar a la demanda 16, y surtirá el efecto de suspender, hasta que sea resuelta, el
plazo para contestar y el curso del procedimiento principal, suspensión que declarará el
secretario judicial”. Es pues ahora cuando puede comprenderse, la dificultad de utilizar la
declinatoria en el ámbito de la competencia funcional. Por otra parte, en su escrito de declinatoria,
el demandado debe acompañar los documentos imprescindibles que sirvan para justificar o
apoyar la solicitud que le hace al juez para que se aparte de conocer 17, y que variaran en función
de la causa alegada (vgr., si se alega la sumisión de la cuestión litigiosa al arbitraje, lo normal
entonces será aportar el convenio arbitral). A la vista de lo alegado por el demandado, el órgano
judicial decidirá a través de auto. Su contenido será diferente dependiendo de cuál haya sido el
resultado.
 Si se desestima la declinatoria, entonces el juez ordena que continúen las actuaciones
y contra dicha decisión solo cabe recurrir en reposición, sin perjuicio de que cuando
se dicte sentencia definitiva, el demandado pueda impugnarla alegando de nuevo la
falta del presupuesto procesal que ya había alegado (art. 66.2 LEC).

13
Si los contendientes pactaron la solución del litigio mediante el arbitraje (convenio), o mediante la
conciliación, y no obstante uno de ellos acude al proceso, el demandado por medio de la declinatoria podrá
denunciar la existencia del pacto anterior, al objeto de excluir el conocimiento de los tribunales.
14
Si bien a tenor del art. 63 LEC, la declinatoria sirve para denunciar la falta de competencia funcional para
conocer, ya hemos estudiado la dificultad que entraña su aplicación práctica.
15
El art. 63. 2 LEC, establece también la posibilidad de presentar el escrito de la declinatoria a través del
tribunal del domicilio del demandado, quien deberá remitirlo al órgano competente y que vaya a conocer
de la declinatoria.
16
El plazo para contestar a la demanda es de 20 días, si se trata del juicio ordinario; mientras que es de 10
días si es el juicio verbal. Como se puede comprender en este último caso, el plazo para interponer la
declinatoria y para contestar es común, y lo que puede originar algún problema práctico, tal como comentaré
en clase.
17
Estos documentos no constituyen una prueba en sentido estricto, sino un principio de prueba o semiplena
probatio. Vid. explicación en clase.
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 Si se estima la declinatoria, entonces habrá que estar a la causa concreta que la ha


originado. Concretamente, si es por falta de competencia internacional, el juez se
abstiene de conocer y sobresee el proceso, y lo mismo sucede si la declinatoria se ha
fundado en haberse sometido el asunto a mediación o a arbitraje (art. 65.2 LEC); si es
por falta de jurisdicción por razón de la materia o por falta de competencia objetiva,
el auto donde se ordene el sobreseimiento debe contener mención del orden
jurisdiccional o la clase de tribunal competente, respectivamente, ante los cuales debe
presentarse la demanda de nuevo. La decisión del juez es recurrible en apelación (art.
66.1 LEC). Asimismo, si el juez considera que carece de competencia territorial,
entonces se inhibirá a favor del órgano al que considere corresponde la competencia
y acordará remitirle los autos, con emplazamiento de las partes para que si lo estiman
oportuno comparezcan ante él en el plazo de diez días (art. 65.5 LEC). Finalmente, el
auto que decida sobre la competencia territorial es irrecurrible, por así disponerlo el
art. 67.1 LEC.

5. La competencia homogénea o por reparto


La competencia homogénea, relativa o por reparto de asuntos litigiosos, tiene su
razón de ser en la existencia de varios órganos jurisdiccionales de igual sede e idéntico
territorio y todos tienen la misma competencia objetiva, funcional y territorial. Este
supuesto tiene lugar cuando existen varias Secciones de una misma Sala o Audiencia
Provincial o bien, varios Juzgados del mismo tipo o clase (uno sólo resultaría insuficiente
para administrar justicia). El órgano que conocerá del caso planteado se determinará
conforme a la llamada competencia relativa (arts. 57, 68 a 70 LEC) integrada por reglas
de reparto o de distribución de asuntos.

Ejemplo. Si la competencia objetiva y la territorial, han permitido al actor X saber que sobre
su asunto son competentes los JII del Partido Judicial de Jaén, y teniendo en cuenta que en la
actualidad en Jaén existen 7 JII, ¿Cuál de ellos es el que conoce? Justo para ello están las normas
de reparto. Ni que decir tiene que, si en un Partido Judicial solo hay un JII, entonces no operan
las normas de reparto.

El reparto debe producirse con vistas a una equitativa distribución del trabajo, unida
a la mayor eficacia en el servicio y procurando la máxima homogeneidad en el
tratamiento de los asuntos. Los Juzgados del mismo tipo y clase (o las Secciones de una
misma Sala o Audiencia Provincial), comparten la misma competencia prevista
legalmente, que se distribuye entre ellos con criterios gubernativos y de forma
homogénea, con intervención del Juez Decano (o el Presidente del Tribunal para las
Secciones de las Salas y Audiencias Provinciales) que determinará su competencia
relativa.
Mientras que los criterios de competencia objetiva y funcional se aplican en régimen
de exclusividad y la competencia territorial es una cuestión de preferencia, la
competencia relativa es un supuesto de concurrencia: todos los Juzgados (o todas las
Secciones) comparten las competencias citadas.
En consecuencia, la LEC establece que
— Todos los asuntos civiles serán repartidos entre los Juzgados de Primera Instancia
o los Juzgados de lo Mercantil cuando haya más de uno en el partido judicial. La misma
regla se aplicará a los asuntos de los que deban entender las Audiencias Provinciales (por
razón de la competencia funcional) cuando estén divididas en Secciones [Civiles y
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Penales, actuando como Secciones Civiles, Secciones Civiles, o Secciones especializadas]


(art. 68.1 LEC).
— Una vez aplicada la correspondiente regla de reparto el asunto repartido será
remitido al Juzgado o Sección dentro de los dos días siguientes a la presentación del
escrito o solicitud de incoación de las actuaciones (art. 69 LEC).
— Mientras se procede al reparto, los Jueces Decanos y los Presidentes de Tribunales
y Audiencias podrán, a instancia de parte, adoptar las medidas urgentes en los asuntos
no repartidos cuando, de no hacerlo, pudiera quebrantarse algún derecho o producirse
algún perjuicio grave e irreparable (70 LEC; 168.1 LOPJ).
6. Las cuestiones prejudiciales (importante)
6.1. Concepto.-
Las cuestiones prejudiciales son los asuntos o cuestiones jurídicas que se plantean en
conexión directa con el objeto principal del proceso que se está resolviendo, pero que son
competencia de otro orden jurisdiccional distinto del que conoce del referido objeto
principal.
La prejudicialidad siempre implica la existencia de una cuestión principal y de una cuestión prejudicial
o secundaria, y la dependencia. Una dependencia que implica que a la hora de solucionar la cuestión
principal no pueda prescindirse, con carácter previo, de la respuesta a la cuestión prejudicial.
En efecto, en el momento de dictar sentencia el juez puede encontrarse con
determinados problemas o cuestiones jurídicas sobre los que debe pronunciarse de modo
necesario antes de resolver el objeto principal del pleito. Esto quiere decir que es
necesario resolver, como antecedente lógico-jurídico, las cuestiones jurídicas que
condicionan el pronunciamiento de fondo sobre el objeto principal, como por ejemplo,
de un pleito civil, aunque aquéllas estén reguladas por otras normas (laborales,
administrativas, penales, constitucionales o comunitarias). Ante esta situación, se dice
que existe prejudicialidad, es decir, que hay cuestiones jurídicas sustantivas, aptas por
sí mismas para constituir el objeto de un proceso independiente, que requieren un
pronunciamiento previo que antecede —por eso son prejudiciales— al que ha de
decidir el objeto principal del proceso. Cuando la cuestión planteada entra dentro del
ámbito objetivo de conocimiento del tribunal civil ante el que se desarrolla el proceso, el
problema se resuelve con un criterio meramente cronológico y de orden en el examen de
la cuestión 18. Ahora bien, cuando la cuestión prejudicial pertenezca a otro orden distinto
al civil (p. ej. penal, laboral o administrativo) es claro que el tribunal civil carece de
competencia, pues el asunto está atribuido a otro orden jurisdiccional 19, u a otro
órgano judicial, con lo cual, en principio, no le correspondería pronunciarse sobre la
citada cuestión.
Para resolver el problema planteado, el art. 10 LOPJ ofrece dos tratamientos
distintos, y para lo que es necesario distinguir entre: cuestiones prejudiciales devolutivas
y cuestiones prejudiciales no devolutivas.

18
P. ej. Si en un proceso hay que decidir sobre el cumplimiento de un contrato y el demandado alega que
el contrato es nulo ocurre entonces que, con carácter previo a la toma de decisión sobre si el demandado lo
ha incumplido, habrá que resolver si el contrato es válido o nulo. Como puede verse, NO se implica a otro
orden jurisdiccional, ni a otro juez distinto del proceso que se está resolviendo, y con lo cual el juez civil
resuelve automáticamente ambas cuestiones sin mayor problema.
19
Recordemos la regla del art. 9.1 LOPJ, según la cual: “Los juzgados y tribunales ejercerán su jurisdicción
exclusivamente en aquellos casos en que les venga atribuida por esta u otra Ley”.
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6.2. Clases de cuestiones prejudiciales.-


a) Cuestiones prejudiciales devolutivas. En estos casos para poder resolverlas
es necesario suspender el proceso civil (proceso principal) hasta tanto no se
pronuncie el tribunal del orden correspondiente. Esto es lo que sucede
especialmente con las cuestiones prejudiciales penales, como consecuencia del
principio de “preferencia de la jurisdicción penal” (vid. art. 40 LEC), que como
queda dicho provoca la suspensión automática del proceso civil y hasta que no se
resuelva la cuestión prejudicial penal.
Ej. Suponiendo que en un proceso civil se esté resolviendo sobre una reclamación dineraria
y, para lo que se aporta un documento donde figura el importe de la deuda, para el caso de
que se dude sobre la falsedad del documento, habría que suspender el proceso civil hasta
tanto no se pronuncie la jurisdicción penal sobre la licitud o ilicitud del documento en
cuestión.
Es importante matizar que para que opere dicha suspensión, será necesario, de un
lado, la incoación del proceso penal (p. ej. de oficio mediante el levantamiento por el juez
del oportuno testimonio que remitirá al Fiscal, art. 40.1 LEC) y, de otro que se cumpla el
denominado requisito del “juicio de relevancia”, esto es, que “la decisión del tribunal
penal acerca del hecho por el que se procede en causa criminal pueda tener influencia
decisiva en la resolución sobre el asunto civil” (art. 40.2 LEC), precepto que intenta
prevenir del planteamiento abusivo, por el demandado, de cuestiones prejudiciales
planteadas a los solos efectos de generar retrasos en el procedimiento y dilaciones
indebidas 20.
En el ejemplo anterior se puede comprobar con facilidad la relevancia que tiene para la
cuestión principal (reclamación dineraria) resolver, con carácter previo, sobre la licitud del
documento.
b) Cuestiones prejudiciales NO devolutivas. En esta ocasión el tribunal civil,
ante el que se ha planteado el asunto principal, extiende también su competencia al
conocimiento de la cuestión prejudicial (y sin necesidad de suspender el proceso civil),
pero ese conocimiento es exclusivamente “incidenter tantum”, o lo que es lo mismo:
“a los solos efectos prejudiciales”. Me explico, el juez civil toma una decisión sobre la
cuestión prejudicial, pero esa decisión queda circunscrita a los límites exclusivos del
proceso donde está conociendo, sin que por tanto pueda extenderse fuera del ámbito del
proceso donde se plantea y se resuelve la cuestión principal. Por eso dice el art. 42.1 LEC
que: “A los solos efectos prejudiciales, los tribunales civiles podrán conocer de asuntos
que están atribuidos a los tribunales de los órdenes contencioso-administrativo y
social” 21.
Aplicando esta regla, el tribunal civil, podrá conocer de asuntos administrativos y
sociales, sin suspender el proceso civil y, con efectos exclusivos dentro de este último
proceso (esto es: incidenter tantum).
Ej.: La empresa Optica SA. reclama a la empresa Glass SA una indemnización por culpa extracontractual
por los daños causados por uno de sus trabajadores (Sr. X); sin embargo Glass SA se opone aduciendo que
el Sr. X no está vinculado por un contrato laboral sino mercantil, puesto que tiene la condición de trabajador
autónomo. Si el Juzgado de Primera Instancia llegase a la conclusión de que el contrato es en efecto de

20
Vid. Gimeno Sendra.
21
Como se puede ver el precepto no incluye a las cuestiones prejudiciales penales, por cuanto las mismas,
como se ha visto, son siempre devolutivas y excluyentes, con la salvedad de lo que establece los arts. 4 y 5
LECrim.
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carácter laboral y no mercantil, esa resolución solo tendría efecto en el ámbito de ese proceso civil concreto,
pero no impide que se pueda abrir otro proceso distinto en el orden laboral donde, ahora se declare que no
existe una relación laboral de trabajo por cuenta ajena entre el Sr. X y Optica SA.
Otro ej.: Cuando para acceder un juez civil a la petición de resolución de un contrato de arrendamiento
urbano por causa de ruina, haya de tener en cuenta y decidir, previamente, si realmente puede ser calificado
de ruina, puede que tenga que tomar la decisión sobre la existencia o no de ruina (que es objeto
administrativo). Y la decisión que tome, no vinculará un posible y posterior proceso.
Soy consciente de que a la vista de lo acabado de examinar, puede parecer muy
extraño esta especie de extensión de la jurisdicción/competencia que tiene el tribunal
civil sobre asuntos que no le corresponden (materias administrativas y laborales), pero
con esta decisión de política legislativa el ordenamiento jurídico pretende favorecer la
economía procesal (resolviendo cuanto antes el objeto litigioso principal), puesto que
posibilita el que decida de la cuestión prejudicial el propio juez ante el que se ha
suscitado, aunque en sentido estricto no tenga jurisdicción/competencia. Desde luego lo
ideal sería que la cuestión prejudicial fuese resuelta siempre por el juez con competencia
para ello, pero en el estado actual de la organización jurisdiccional, esta solución podría
sobrecargar a los tribunales. Por esta razón, y a fin de salir del paso, toma esta otra
decisión de política legislativa más pragmática.
6.3.- Las cuestiones prejudiciales Constitucionales y de Derecho Comunitario (lectura
importante)
A. Constitucional
¿Qué es la prejudicialidad constitucional? La denominada cuestión de
inconstitucionalidad, establece que un órgano judicial que conozca de un proceso, cuando estime
que una norma con rango de ley aplicable al caso, de cuya validez dependa la resolución que deba
dictarse, pueda ser contraria a la Constitución, debe plantear la cuestión ante el Tribunal
Constitucional (art. 163 CE). Constituye un mecanismo de control concreto, por existir un
concreto proceso judicial en trámite, de control de la constitucionalidad de las leyes, al tiempo
que un instrumento procesal que permite la colaboración entre los órganos judiciales y la
jurisdicción constitucional para asegurar la supremacía de la Constitución, mediante la
depuración del ordenamiento jurídico a través de la expulsión del mismo de las normas con rango
de ley contrarias a aquélla. El art. 35 de la Ley Orgánica 2/1979, de 3 de octubre, del Tribunal
Constitucional, añade que dicho planteamiento, puede realizarse de oficio, es decir a iniciativa del
Tribunal o a instancia de parte. Por Ley Orgánica 6/2007 de 24 mayo, se han añadido al precepto
indicado los párrafos segundo y tercero, para concretar las exigencias del adecuado planteamiento
de la cuestión. En los mismos, se especifica, que debe plantearse una vez concluso el
procedimiento y dentro del plazo para dictar la resolución que proceda, debiendo concretar la ley
o norma con rango de tal cuya constitucionalidad se plantee, así como especificar o justificar en
qué medida la decisión del proceso depende de la validez de la norma en cuestión, es decir el
denominado juicio de relevancia (auto de dicho Tribunal 55/2006, de 15 de febrero).
B. Prejudicialidad de Derecho Comunitario
Cuando en un proceso judicial nacional, por ejemplo que se tramita en España, el órgano
judicial estime o tenga duda de que en el supuesto concreto, algún precepto de una ley nacional
aplicable al caso, pueda ser contrario al Derecho Comunitario, puede plantear una cuestión
prejudicial al Tribunal de Justicia de la Comunidad Económica Europea, para que éste interprete
el Tratado de la Comunidad Económica Europea, o los actos adoptados por la instituciones de la
Comunidad, e indique al Juez nacional, que es al que corresponde resolver el concreto litigio, si
dicha normativa nacional puede contradecir al Derecho Comunitario, que evidentemente, tiene
primacía sobre el derecho nacional de los Estados miembros de la Unión Europea. Quien plantee
la cuestión, ha de ser un órgano judicial, no siéndolo otros órganos que no tengan las
características genuinas de tal tipo de órgano.
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Por ello, el artículo 234 del Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea de 25
de marzo de 1957, y anteriormente en el artículo 177 del mismo Tratado, se regula dicho
mecanismo del planteamiento de la cuestión prejudicial, como defensa y protección de la
aplicación uniforme del Derecho Comunitario, al establecer que el Tribunal de Justicia será
competente para pronunciarse, con carácter prejudicial:
a) Sobre la interpretación del citado Tratado;
b) Y sobre la validez e interpretación de los actos adoptados por las instituciones de la
Comunidad y por el Banco Central Europeo;
c) Sobre la interpretación de los estatutos de los organismos creados por un acto del Consejo,
cuando dichos estatutos así lo prevean.
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Código QR: El reparto de asuntos


(Fuente: Editorial La Ley)

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