Lenguaje y Pensamiento en Vygotsky
Lenguaje y Pensamiento en Vygotsky
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INDICE
LENGUAJE Y EVOLUCIÓN…………………………………………………………………… 10
REFERENCIAS…………………………………………………………………………………. 18
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VYGOTSKY Y LA TEORÍA SOCIOHISTÓRICA
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cognitivas. Sin embargo, defendió tanto la existencia de estadios de desarrollo del habla
pre-intelectual como de pensamiento e inteligencia pre-lingüísticos. En esa íntima
interrelación, Vygotsky pensaba además que el lenguaje podía determinar el desarrollo
del pensamiento. En suma, el desarrollo evolutivo del niño, de hecho, es el resultante no
tanto de cambios en las dos funciones como de cambios en las conexiones mutuas entre
ellas. En un momento concreto "… dichas líneas se encuentran, por lo que el
pensamiento se hace verbal, y el habla, racional" (Vygotsky, 1995: 97).
Desde una perspectiva filogenética, su postura presentaba una gran similitud. Vygotsky, al
igual que Wolfgang Köhler, defendió que otros animales podían tener inteligencia, como
es el caso de los primates no humanos, y que dicha capacidad y el lenguaje estaban
disociados. En palabras del autor ""En los animales, el lenguaje y el pensamiento brotan
de raíces diferentes y se desarrollan en diferentes líneas (Vygotsky, 1995: 97).
Refiriéndose a los monos y primates, aceptaba, por tanto, que los animales tuvieran un
lenguaje, si bien bastante diferente al humano. Sin embargo, Vygotsky sostenía que esas
estrechas correspondencias ya mencionadas entre pensamiento y lenguaje, propias del
ser humano, no se daban en los antropoides. También en la filogenia defendía etapas
pre-lingüísticas en el desarrollo del pensamiento y fases pre-intelectuales en el desarrollo
del habla.
Pero Vygotsky no sólo se preocupó por las correspondencias entre las dos facultades sino
que también abordó temáticas que son campos de investigación de plena actualidad en la
Psicolingüística, llegando a conclusiones confirmadas empíricamente hoy en día por
decenas de experimentos. Uno de esos temas es el aprendizaje de una segunda lengua y
el bilingüismo. Vygotsky pensaba que el proceso de aprendizaje de la lengua materna y el
de una segunda obedecía básicamente a los mismos principios. Sin embargo, para el
psicólogo ruso, el conocimiento y procesos adquiridos en la lengua nativa se aplicaban al
aprendizaje de la segunda lengua, de tal forma que el grado de desarrollo y
conocimientos de la lengua nativa influía de forma decisiva en el aprendizaje de la lengua
extranjera. Ésta idea es central a multitud de trabajos experimentales que demuestran
dicha influencia desde el punto de vista semántico, fonológico u ortográfico (ver, por
ejemplo, Jared y Kroll, 2001 para una revisión sobre resultados obtenidos en lectura y
producción). Pero Vygotsky fue aún más lejos, realizando una afirmación mucho más
innovadora y original: que el aprendizaje de la segunda lengua podía influir en el dominio
de la lengua materna, defendiendo una bidireccionalidad en la influencia de los procesos
psicológicos de ambas. Resultados de la Psicolingüística reciente demuestran, por
ejemplo, que el conocimiento de la lengua no dominante de una persona bilingüe se
encuentra activo e influye en los tiempos de decisión en tareas de lectura de palabras (vg.
Grainger y Dijkstra, 1992) son un apoyo innegable a las tesis de Vygotsky y una muestra
de la vigencia de sus teorías.
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LAS RAÍCES GENÉTICAS DEL PENSAMIENTO Y LENGUAJE
Los gestos indicadores, que constituyen la primera etapa en el desarrollo del lenguaje
humano, no aparecen todavía en los animales, pero algunos ademanes de los monos son
una forma transicional entre el asir y el señalar. Consideramos este ademán transicional
el paso más importante que se da desde la expresión afectiva no adulterada hacia el
lenguaje objetivo.
La existencia de una fase prelingüística del desarrollo del pensamiento de los niños ha
sido sólo recientemente corroborada por pruebas objetivas. Los experimentos de Koehler,
con los chimpancés, convenientemente modificados fueron llevados a cabo con niños que
todavía no habían aprendido a hablar. El mismo Koehler efectuó, ocasionalmente,
experiencias con niños, con el propósito de establecer comparaciones, y Bühler llevó a
cabo un estudio sistemático dentro de los mismos lineamientos. Tanto en los
experimentos realizados con niños como en los efectuados con monos los
descubrimientos fueron similares.
Las acciones de los niños, nos dice Koehler, "son exactamente iguales a las de los
chimpancés, de tal modo que esta etapa de la vida infantil podría muy 'bien denominarse
la edad del chimpancé, y corresponde a los 10, 11 y 12 meses de edad..."
"En la edad del chimpancé se producen las primeras invenciones -por supuesto muy
primitivas, pero sumamente importantes para su desarrollo mental."
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rudimentarias respecto del lenguaje. Bühler comenta: "Se acostumbra decir que el habla
es el comienzo de la hominización (Menschwerden), puede ser, pero antes que el
lenguaje está el pensamiento involucrado en el uso de herramientas, es decir, la
comprensión de las conexiones mecánicas, y la invención de medios mecánicos para
fines mecánicos o, para decirlo más brevemente aún, antes del lenguaje aparece la
acción que se torna subjetivamente significativa -en otras palabras, conscientemente
intencional.
Desde hace tiempo se conocen las raíces pre intelectuales del habla en el desarrollo
infantil: el balbuceo, los gritos, y aun sus primeras palabras son etapas claramente
establecidas, que no tienen nada que ver con el desarrollo del pensamiento. Estas
manifestaciones han sido consideradas como formas predominantemente emocionales de
la conducta. No todas ellas, sin embargo, cumplen una mera función de descarga.
Investigaciones recientes sobre las primeras formas de comportamiento del niño y sus
primeras reacciones a la voz humana (efectuadas por Charlotte Bühler y sus
colaboradores) han demostrado que la función social del lenguaje se manifiesta ya
claramente durante el primer año, en la etapa preintelectual del desarrollo del lenguaje.
Tempranamente, durante la primera semana de vida, se observan respuestas bastante
definidas a la voz humana, y la primera reacción específicamente social se produce
durante el segundo mes. Estas investigaciones dejaron establecido también que las risas,
los sonidos inarticulados, los movimientos, etc., constituyen medios de contacto social
desde los primeros meses de vida del niño.
Por lo tanto, las dos funciones del lenguaje que hemos observado en el desarrollo
filogenético se encuentran ya y son evidentes en los chicos de menos de un año de edad.
Este instante crucial en que el lenguaje comienza a servir al intelecto, y los pensamientos
empiezan a ser expresados, está señalado por dos síntomas objetivos inconfundibles: 1)
la repentina y activa curiosidad del niño acerca de las palabras, su pregunta sobre cada
cosa nueva ("¿Qué es esto?"), y 2) los rápidos y cada vez más amplios aumentos
resultantes de su vocabulario.
Antes de llegar al punto decisivo el niño (como algunos animales) reconoce un reducido
número de palabras que sustituye, como en un condicionamiento, por objetos, personas,
estados o deseos. En esa edad conoce solamente las palabras que los otros le
suministran. Luego la situación cambia: el niño siente la necesidad de palabras, y trata
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activamente a través de sus preguntas de aprender los signos vinculados a los objetos.
Parece haber descubierto la función simbólica de las palabras. El habla, que en su primer
estadio era afectiva-conativa, entra ahora en la fase intelectual. Las líneas de desarrollo
del lenguaje y el pensamiento se han encontrado.
Tanto Bühler como Koffka comparan este descubrimiento con las invenciones de los
chimpancés. De acuerdo a lo que Koffka manifiesta, el nombre, una vez descubierto por el
niño, entra a formar parte de la estructura del objeto, así como el palo forma parte de la
situación de querer alcanzar la fruta.
Una araña ejecuta operaciones que recuerdan las del tejedor, y una abeja avergonzaría,
por la construcción de las celdillas de su panal, a más de un maestro albañil. Pero lo que
distingue ventajosamente al peor maestro albañil de la mejor abeja es que el primero ha
modelado la celdilla en su cabeza antes de construirla en cera. Al consumarse el proceso
de trabajo surge un resultado que antes del comienzo de aquél ya existía en la
imaginación del obrero, o sea idealmente. El obrero no sólo efectúa un cambio de forma
de lo natural; en lo natural, al mismo tiempo, efectiviza su propio objetivo, objetivo que él
sabe que determina, como una ley, el modo y manera de su accionar y al que tiene que
subordinar su voluntad. (Marx, 2014)
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La cita anterior figura en la obra “El desarrollo de las funciones psicológicas
superiores” resulta útil no sólo para rastrear los fundamentos teóricos de Vygotsky, sino
para comprender mejor la importancia que se le confiere en su teoría a las herramientas
mentales o al uso de signos. Lo anterior resulta, sin dudas, un ejemplo bastante útil para
comprender la noción de procesos mentales y la diferencia que se establece entre el ser
humano y los animales. La habilidad del hombre para construir una imagen mental antes
de transformar la naturaleza nos remite a su construcción como sujeto social y
transformador, poseedor tanto de procesos mentales inferiores que están determinados
exclusivamente por la maduración biológica y superiores, adquiridos socialmente en el
proceso de aprendizaje y apropiación de la herencia cultural, que además son
exclusivamente humanos. (Bodrova y Leong, 2004).
Antes de continuar, es necesario recalcar una de las tesis fundamentales de Vigotsky con
respecto al desarrollo, y es que los procesos mentales se desarrollan primero en un plano
compartido, de socialización y luego son interiorizados, lo que significa un recorrido desde
el plano interpsicológico al intrapsicológico. Con respecto a esto, encontramos además
que las herramientas de la mente, aquellas que amplían la capacidad mental en la medida
que permiten la adaptación del ser humano a su medio ambiente, poseen 2 formas; una
manifestación exterior, concreta y física que se presenta en las etapas tempranas del
desarrollo; como también, una interior, en las etapas más avanzadas donde su existencia
no depende de ningún soporte exterior. (Bodrova y Leong, 2004).
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LENGUAJE Y EVOLUCIÓN
Bickerton (1990; 1996) compartió también estas ideas: (1) una aparición más o menos
repentina del lenguaje, y (2) que el lenguaje no evoluciona de formas de comunicación
más antiguas. Pero, además, sostuvo que el lenguaje debe concebirse como un sistema
de representación del mundo más que como un sistema de comunicación. Antes de
comunicar algo debe establecerse qué es lo que hay que comunicar. El problema de la
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continuidad se ve resuelto si se admite que la línea evolutiva no viaja desde los sistemas
de comunicación primitivos al lenguaje sino que la continuidad debe situarse entre
sistemas de representación anteriores y lenguaje. Como ya comentamos, Bickerton
estuvo de acuerdo con Lieberman en lo referente a una aparición abrupta y repentina del
lenguaje. También compartió la idea de que el desarrollo de la inteligencia y de las
capacidades de solución de problemas son más una consecuencia que un requisito del
lenguaje. Sin embargo, para Bickerton sí existieron formas intermedias de lenguaje o
protolenguajes. Estos sistemas no tenían las propiedades estructurales formales del
lenguaje. Por ejemplo, es probable que tuvieran un léxico pero no una sintaxis, y pueden
considerarse similares a las producciones de los niños pequeños y a las de las conductas
lingüísticas aprendidas por los primates.
Pinker (1994; Pinker y Bloom, 1990), en cambio, se situó en una posición distinta. No vio
la necesidad de postular este paso intermedio, defendiendo una evolución más gradual
basada en los mecanismos de selección natural. Para él, el lenguaje pudo haber surgido a
partir de una secuencia de cambios genéticos que produjeron reorganizaciones en los
circuitos cerebrales de primates sin habla. Sin embargo, para llegar a algo tan complejo
como el lenguaje, tuvieron que sucederse toda una serie de cambios evolutivos muy
pequeños. Las ventajas adaptativas de los primeros homínidos parlantes sobre los no
parlantes tuvieron que ser enormes, siendo la selección natural la explicación última de
nuestro lenguaje.
Pero independientemente de las diferencias entre estos dos puntos de vista, ambos
argumentos apoyan una compatibilidad entre la teoría evolucionista y un instinto del
lenguaje exclusivamente humano, diferenciado del resto de la cognición, que es
precisamente la postura defendida por Vigotsky.
Para Vygotsky tenía importancia desplegar el discurso escrito, ya que era señal del
desarrollo de las funciones mentales superiores. El lenguaje escrito va más allá de escribir
en un papel, al hacerlo se manifiesta un nivel superior de pensamiento.
El lenguaje escrito permite hacer más preciso el pensamiento, al escribir se obligan a los
pensamientos que adopten una secuencia, al igual que sucede con el habla, ya que
podemos escribir o hablar solo una idea a la vez, esto nos demuestra que es secuencial.
A diferencia de la palabra hablada con la escrita, es que la última nos permite mirar
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literalmente los pensamientos, ya que al hablar los pensamientos quedan solo en el
momento que se emite, al escribir los podemos revisar. El discurso escrito debe contener
mayor información, ya que no existe contexto social, como sería hablado, por lo cual
tampoco existen recursos kinésicos, paralingüísticos. Es necesario un texto bien
elaborado y explicativo. La escritura es un proceso más deliberado que el habla, debido
que el niño escoge los símbolos que utiliza y debe registrarlos de acuerdo con las leyes
de la sintaxis.
Para los seguidores de Vygotsky la escritura mejora el pensamiento de una manera en
que la emisión oral no puede hacerlo. Los defensores de la teoría de Vygotsky aconsejan
que los niños utilicen la escritura para ayudar a estructurar y aclarar nuevas ideas. Su
propuesta es hacer de la escritura parte integral del aprendizaje de todo nuevo contenido
y habilidad. (Bodrova y Leong, 2004, pág. 102)
Es necesario, además, considerar que para Vygotsky “el único camino hacia el
pensamiento verbal superior es la experiencia de la escolarización. La escolarización
independiza a la palabra de aquello que designa y la adscribe a una generalización”
(Gallimore y Tharp, 1933, pág. 231) así también, los conceptos escolarizados se conectan
con el mundo de las experiencias a través de los conceptos cotidianos que han surgido de
la actividad práctica. Relacionar ambos enriquece a la escolarización y la salva de la
aridez; pero esta relación también cambia profundamente la naturaleza de los conceptos
cotidianos, haciéndolos más sistemáticos y autónomos y convirtiéndolos en herramientas”
(Gallimore y Tharp, 1933, págs. 231-232).
En el capítulo 6 del libro, Vygotsky aborda por lo menos tres temas importantes: la
relación entre conceptos cotidianos y conceptos científicos, la relación entre desarrollo y
aprendizaje, y la noción de un “sistema de generalidad”. Acá su principal interés se
encuentra en cómo la educación puede contribuir a la relación entre pensamiento y habla.
Los trataremos en orden, Vygotsky retoma otro de sus experimentos, buscaba evaluar el
uso y el dominio de conectores gramaticales como “porque” y “aunque” en el contexto de
material cotidiano y de material científico enseñado en la escuela, a diferentes edades. El
análisis de los resultados arrojados por el experimento permite distinguir dos tipos de
conceptos: los cotidianos y los científicos (encontramos un cambio en la terminología de
Vygotsky: lo que llamaba “complejos” en el capítulo 5 son ahora “conceptos cotidianos”).
En el niño, los conceptos cotidianos se caracterizan por “la capacidad para realizar toda
una serie de operaciones lógicas cuando estas surgen en el curso espontáneo de su
propio pensamiento, pero resulta incapaz de ejecutar operaciones completamente
análogas cuando ha de llevarlas a cabo no de forma espontánea, sino voluntaria e
intencionada” (Vygotsky, 1993, p. 201). Los conceptos cotidianos se caracterizan, a
grandes rasgos, porque se utilizan de manera automática e inconsciente; surgen
espontáneamente a partir de la experiencia del niño –sin necesidad de ningún tipo de
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instrucción– y están relacionados con lo concreto; cuando se hace uso de ellos se tiene
conciencia del objeto al que se refiere el concepto, pero no se tiene conciencia del
concepto mismo; y porque carecen de sistematización. Por otra parte, los conceptos
científicos surgen en el contexto escolar por primera vez, y como tal “la definición verbal
primaria constituye el aspecto principal de su desarrollo” (p. 182). Así pues, los conceptos
científicos se caracterizan por estar basados en definiciones verbales –y en esta medida
por partir de la generalidad–; por hacer parte de un sistema; por ser enseñados a través
de la instrucción; y por ser altamente conscientes y voluntarios.
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Históricamente ha habido diversas maneras de concebir la relación entre desarrollo e
instrucción. No obstante, muchas de estas caracterizaciones no permiten ni siquiera
establecer una relación entre estos procesos, porque o bien establecen que son
independientes, o bien reducen un proceso al otro. Vygotsky, por su parte, caracteriza la
relación entre instrucción y desarrollo como una relación dialéctica. En contra de la
posición de Piaget, según la cual “el pensamiento del niño recorre obligatoriamente
determinados estadios, independientemente de que el niño reciba instrucción o no” (1993,
p. 219), Vygotsky considera que la enseñanza ofrece mucho más de lo que se aprende
directamente, pues puede ir adelante del desarrollo y suscitar nuevas formaciones:
Como mencionamos antes, hay actualmente acuerdo en que el conocimiento previo del
niño refrena y al mismo tiempo facilita su aprendizaje. En este punto, Vygotsky trató este
asunto de una manera que hoy sigue siendo relevante. Su principal afirmación es que el
razonamiento conceptual sofisticado –pensamiento científico– requiere de la participación
de las instituciones de aprendizaje, incluyendo la educación formal, aunque no
necesariamente limitándose a esta. Este tipo de pensamiento no es algo que el individuo
pueda lograr por sí mismo. Podemos ver entonces un ejemplo de la “ley general del
desarrollo de las funciones psíquicas, que surgen inicialmente como formas de actividad
en colaboración y sólo después las transfiere el niño a la esfera de sus formas psíquicas
de actividad” (p. 308).
No se trata simplemente del hecho de que “el conocimiento construido culturalmente está
codificado en el lenguaje y puede entonces ser transmitido a las nuevas generaciones a
través de la comunicación verbal” (Carey, 2004, p. 67), sino que la instrucción fomenta e
incluso le exige al niño desarrollar un dominio deliberado y consciente del lenguaje y del
pensamiento. La instrucción facilita la formación de las “funciones psicológicas básicas”,
ya que “La ley general del desarrollo consiste en que la toma de conciencia y el dominio
son propios únicamente del nivel superior en el desarrollo de cualquier función” (Carey,
2004, p. 210).
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Como sugerimos anteriormente en este texto, podemos interpretar la discusión de
Vygotsky sobre los conceptos cotidianos y los conceptos científicos en términos de las
nociones modernas de sistema 1 y sistema 2. Como mencionamos antes, el primero es
automático e inconsciente, mientras el segundo es deliberado y consciente.
Generalmente, la investigación se ha centrado en los errores del sistema 1 (Tversky &
Kahneman, 1974; Kahneman, 2011). Aun así, sabemos que de hecho el sistema 1 puede
ser educado, como una fuente de experiencia intuitiva: por ejemplo, los bomberos hacen
juicios heurísticos rápidos que son altamente cualificados y precisos (Klein & Jarosz,
2011; Kahneman & Klein, 2009). Evidentemente, la relación entre los dos sistemas es
mucho más compleja de como se entiende normalmente. Las propuestas de Vygotsky
sobre las formas en las que los conceptos cotidianos y los conceptos científicos se
informan mutuamente, y sobre las formas en las que la educación fomenta el dominio
consciente de las funciones psicológicas, merecen ser estudiadas con mayor
profundidad.
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cualquier juicio y razonamiento presuponen un movimiento determinado, estructural a lo
largo de la red de las líneas de longitud y latitud de los conceptos” (Vygotsky, 1993, p.
265). De esta manera, las operaciones posibles se amplían con cada sistema de
generalización, las fases avanzan progresivamente a partir de las anteriores; no se
anulan, ni se desplazan, sino que se incorporan. Vemos pues cómo en este capítulo se
integran y se ponen en diálogo tanto los hallazgos del experimento con conceptos
artificiales, como los resultados del experimento con conceptos reales. Aquí se trata dar
una explicación más compleja sobre el proceso de desarrollo de conceptos en la que ya
no solo entra en juego la función diferencial de la palabra en este proceso, sino la relación
del concepto con otros conceptos. Se establece una relación dialéctica entre los aspectos
funcionales y los aspectos estructurales que contribuyen a la evolución del aspecto
semántico de las palabras.
Según Piaget, el nexo que unifica todas las características específicas de la lógica en el
niño es el egocentrismo de su pensamiento, y refiere a este rasgo central todos los otros
que encuentra, como el realismo intelectual, el sincretismo y la dificultad para comprender
las relaciones. Describe el egocentrismo como ocupando, genética, estructural y
funcionalmente una posición intermedia entre el pensamiento autista y el dirigido.
El pensamiento dirigido es social. A medida que se desarrolla, se ve influido cada vez más
por las leyes de la experiencia y de la lógica propiamente dicha, El pensamiento autista,
por el contrario, es individualista y obedece al establecimiento de leyes especiales
propias. Entre estas dos formas contrastantes de pensamiento "hay muchas variedades
con respecto a su grado de comunicabilidad. Estas variedades intermedias deben
obedecer a una lógica especial. intermedia también entre la lógica del autismo y la de la
inteligencia. Proponemos dar el nombre de pensamiento egocéntrico a la más importante
de estas formas intermedias" 4 . Aun cuando su función principal es todavía la
satisfacción de necesidades personales, también incluye una forma de adaptación mental,
semejante a la orientación de la realidad típica del pensamiento de los adultos. El
pensamiento egocéntrico del niño "se encuentra a mitad de camino entre el autismo en el
sentido estricto de la palabra y el pensamiento socializado" 5 . Ésta es la hipótesis básica
de Piaget.
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del pensamiento está basada en la premisa tomada del psicoanálisis que establece que el
pensamiento del niño es original y naturalmente autista y evoluciona hacia el pensamiento
realista sólo bajo una prolongada y sostenida presión social. Señala que esto no
desvaloriza el pensamiento infantil. "La actividad lógica no es todo lo que hace a la
inteligencia." 7 La imaginación es importante para hallar soluciones a los problemas, pero
no se ocupa de la verificación ni de la prueba que presupone la búsqueda de la verdad.
La necesidad de verificar nuestro pensamiento -esto es, la necesidad de una actividad
lógica- surge tarde. Este retraso no debe sorprendernos, dice Piaget, puesto que el
pensamiento comienza por servir a satisfacciones inmediatas mucho antes que a la
búsqueda de la verdad; la forma más espontánea de pensamiento es el juego, o las
imágenes deseadas que hacen que lo anhelado parezca asequible. Hasta la edad de 7 u
8 años lo lúdico domina el pensamiento infantil hasta tal punto que es sumamente difícil
distinguir la invención deliberada de la fantasía que el niño cree verdadera.
Para resumir diremos que el autismo es la forma original y primera del pensamiento; la
lógica aparece relativamente tarde, y el pensamiento egocéntrico es el vínculo genético
entre ellos.
Aunque esta concepción nunca fue presentada por Piaget en forma coherente y
sistemática constituye, sin embargo, la piedra fundamental de su edificio teórico. En
verdad, ha afirmado más de una vez que el supuesto de la naturaleza intermedia del
pensamiento del niño es hipotético, pero también ha dicho que esta hipótesis se aproxima
tanto al sentido común que muy difícilmente podría debatirse el hecho mismo del
egocentrismo que, según él deriva de la naturaleza de la actividad práctica del niño y del
desarrollo tardío de las actividades sociales, "Evidentemente, desde un punto de vista
genético se debe comenzar por las actividades del niño para entender su pensamiento, y
éstas son incuestionablemente egocéntricas y egoístas. El instinto social en sus formas
bien definidas se desarrolla tarde, y su primer período crítico se produce hacia los 7 u 8
años." 8 Antes de esta edad tiende a ver el egocentrismo como penetrando en todos los
aspectos. Considera la totalidad de los fenómenos de la rica variedad de la lógica infantil
como directa o indirectamente egocéntricos. Dice inequívocamente que el sincretismo,
una expresión importante del egocentrismo, invade todo el pensamiento del niño, tanto en
la esfera verbal como en la perceptiva. Aún después de los 7 u 8 años, cuando comienza
a configurarse el pensamiento socializado, las formas egocéntricas no se desvanecen
súbitamente. Desaparecen de las operaciones perceptuales, pero permanecen
cristalizadas en el área más abstracta del simple pensamiento verbal.
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del niño, o en otras palabras, la estructura y el funcionamiento peculiar del pensamiento
infantil que hemos intentado describir y en cierta medida explicar."
La base fáctica de las afirmaciones de Piaget la proveen las investigaciones sobre el uso
del lenguaje en la infancia. Sus observaciones sistemáticas lo llevan a establecer que
todas las conversaciones de los niños encajan en dos grupos: el egocéntrico y el
socializado. La diferencia entre ellos radica fundamentalmente en sus funciones. En el
lenguaje egocéntrico el niño habla sólo sobre sí mismo, no toma en cuenta a su
interlocutor, no trata de comunicarse ni espera respuestas, y a menudo ni siquiera le
interesa si los otros le prestan atención. Es similar a un monólogo: piensa en voz alta, es
como un acompañamiento a cualquier cosa que pueda estar haciendo. En el lenguaje
socializado el niño intenta un intercambio con los demás, ruega, ordena, amenaza,
transmite información, hace preguntas.
Las experiencias de Piaget indican que la mayor parte de la conversación del preescolar
es egocéntrica. Llega a la conclusión que entre el 44 y el 47 % del total de las
conversaciones registradas en la edad de 7 años eran de naturaleza egocéntrica.
Considera que este índice aumenta notablemente en los más pequeños. Investigaciones
posteriores con niños entre 6 y 7 años probaron que aún en esta edad el lenguaje
socializado no se encuentra totalmente libre de rasgos egocéntricos.
Además de los pensamientos que el niño expresa posee muchos más que quedan sin
formular. Algunos de éstos, según Piaget, permanecen inexpresados precisamente
porque son egocéntricos, es decir, incomunicables. Para transmitirlos debe poseer la
capacidad de adoptar el punto de vista de otros. "Se podría decir que un adulto piensa
socialmente aun cuando esté solo, y un chico de menos de 7 años piensa y habla
egocéntrica mente aún en sociedad."
Así, el coeficiente de pensamiento egocéntrico debe ser mucho más alto que el
coeficiente de lenguaje egocéntrico. Pero son los datos del lenguaje, que pueden ser
medidos, los que suministran las pruebas documentales sobre las que Piaget basa su
concepción del egocentrismo infantil. Sus explicaciones del habla egocéntrica y del
egocentrismo en general son idénticas. "En primer lugar, no existe una verdadera vida
social sostenida entre niños menores de 7 u 8 años; en segundo término el lenguaje
social real, esto es, el usado en la actividad básica del niño -el juego- es un lenguaje tanto
de gestos, movimientos y mímica como de palabras."
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REFERENCIAS
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