TEAM GRIEGOS(AQUEO) TEAM TROYANOS
Hera Afrodita
Atenea Ares
Poseidón Apolo
Zeus Zeus
Aquiles (hijo de Tetis) Héctor (príncipe)
Agamenón (causa la furia de Aquiles) Patroclo
Menelao (hermano de Agamenón) Paris (príncipe)
Andrómaca (mujer de Héctor) Príamo (rey)
Néstor (sabio) Eneas (hijo de Afrodita)
Diomedes Tersites
Calcas (adivino) Crises (sacerdote)
Ulises Fénix (educador de Aquiles)
Criseida fue raptada por Agamenón. Le obligaban a devolverla. Agamenón lo hizo pero a
cambió se llevó a Briseida (prima de Criseida y botín de Aquiles). Eso originó la cólera de
Aquiles.
CANTOS:
I AQUILES VS AGAMENÓN
Agamenón secuestró a Criseida, hija de Crises, sacerdote de Apolo. Su padre, Crises,
fue hasta Agamenón y le pidió que se la devolviera pero este se negó. Dolorido, Crises, fue a
pedirle a Apolo que hiciera algo al respecto y este decidió enviar la peste a los griegos.
Al ver esto los griegos consultaron a su adivino Calcas, quien les explicó que todo
ello se originó por culpa de Agamenón dado que no había devuelto a Criseida, por lo que
debería hacerlo además de la hecatombe (sacrificio de 100 bueyes)
Agamenón se negó de nuevo y comenzó una batalla de insultos entre Aquiles y este.
Atenea tuvo que contener de forma invisible a Aquiles. Agamenón le dijo que se llevaría a su
esclava Briseida a cambio de devolver a Criseida. Aquiles se enfureció.
Agamenón en medio del mar hizo una hecatombe y ordenó a dos hombres que fueran
a por Briseida, los cuales lo hicieron. Mientras tanto, Ulises devolvió a Criseida.
Aquiles se fue llorando hasta la orilla del mar, donde le contó a su madre, Tetis, lo
ocurrido. Tetis se fue a pedir ayuda a Zeus y este prometió ayudarles.
II. ENFRENTAMIENTO
Hipnos, por orden de Zeus, tomó la forma de Néstor e hizo despertar a Agamenón.
Este saltó de la cama y reunió a los jefes griegos y acordaron todos regresar a la patria.
Ulises, aconsejado por Atenea, los detuvo, avergonzándoles de aquella retirada poco
honrosa, es por ello que se prepararon para la lucha.
Un mensajero de Iris tomó la forma de Polites, hijo de Príamo, y corrió a avisar a los
troyanos. Príamo convocó entonces a los jefes en asamblea.
Los aliados de los troyanos eran los Tracios, tribus guerreras del norte de la Grecia
continental; los Licios, que se vestían con pieles y usaban mazas, y cuyo rey era
SARPEDÓN, hijo de Zeus y Europa; los Frigios, infatigables jinetes; los Peonios; y los
Carios.
III PARIS Y MENELAO
Comenzó la batalla y Paris (príncipe troyano) iba al frente de las tropas. Al divisarlo,
Menelao se le lanzó encima y Paris, lleno de miedo, corrió a ocultarse. Héctor increpó a su
hermano.
Paris se reanimó con estas palabras. Hizo detener a los guerreros y propuso un duelo
entre él y Menelao; el vencedor se llevaría a Helena y así acabaría la guerra. Griegos y
troyanos acogieron con entusiasmo esta propuesta.
Iris, tomando la forma de Laodicea, una hija de Príamo, avisó a Helena acerca del
duelo. Esta salió de su cuarto y observó el campo de batalla desde una torre.
Llamaron a Príamo para que hiciese los juramentos respectivos. Montado en su carro,
el anciano rey llegó al campo de batalla. Degolló reses y derramó vino en la tierra,
pronunciando la fórmula sagrada: “Si alguno viola este juramento, vea derramarse así sus
sesos y los de sus hijos y sus esposos caigan en poder de extraños.”
Menelao arrojó su lanza sobre Paris, pero éste logró esquivarlo y sacó entonces su
espada. Le dio a su rival un formidable golpe en su casco pero el arma se rompió como si
fuese de vidrio. Menelao cogió a Paris por el caso y comenzó a arrastrarle, pero las correas se
rompieron.
Paris se levantó e iba ya a clavarle Menelao su lanza, cuando apareció la diosa
Afrodita (amiga de los troyanos), que envolvió a Paris.
IV COMBATE AGAIN
En el Olimpo los dioses deliberaban sobre la guerra.
Atenea quería que continuase la lucha.
Zeus, que no quería seguir discutiendo y ordenó a Atenea que incitase a los troyanos a faltar
el juramento. La diosa tomó la forma de Laodoco e incitó a Pándaro para que hiriese con su
arco a Menelao.
Ante esto los griegos se prepararon para luchar, Agamenón animó a sus tropas y Néstor
dispuso al ejército de la mejor manera.
Atenea apoyaba a los griegos y Ares a los Troyanos en el momento de la lucha.
ALGUNOS MUERTOS/HERIDOS:
Antíloco hirió al troyano Equepolo con su lanza en la frente.
Ayax Telamonio mató a Simios y le despojó de sus armaduras.
Antifo, hijo de Príamo, mató a Leuco, amigo de Ulises
Ulises mató a Deconte, otro hijo de Príamo.
El troyano Pirro mató a Diores con una pedrada que le partió el tobillo y lo remató
con su lanza
Toante mató a Pirro
Mientras tanto Apolo animaba a los Troyanos.
V HAZAÑAS DE DIOMEDES
En esa lucha Diomedes destacó y Atenea le hizo destacar sobre todos.
Dos hijos de Dares lo intentaron matar pero Diomedes mató a uno de ellos (a Fegeo)
Hefestos protegió al otro con una nube.
Atenea se enojó con Ares y ambos salieron sentándose a orillas del Escamandro, dejando que
Zeus diese la victoria a quien mejor le pareciese.
Pándaro hirió en el hombro a Diomedes con su flecha. Atenea lo reanimó y lo aconsejó herir
a la propia Afrodita si esta la atacase.
Eneas y Pándaro se enfrentaron a Diómedes. Pándaro no le dio con su lanza pero Diómedes sí
lo hizo, Pándaro murió. Eneas saltó de su carro pero Diómedes le hirió de una pedrada.
Se salvó Eneas gracias a Afrodita, su madre, que lo envolvió en una nube rosa.
Diómedes la hirió en la mano (se lo recomendó Atenea antes) y Afrodita se fue.
Apolo protegió a Eneas y Diómedes se retiró, temiendo irritar al dios.
Apolo llevó al príncipe a la ciudad, donde Latona y Artemisa le curaron.
Apolo colocó en medio del campo un cadáver con la forma de Eneas, para que los
troyanos se reanimasen y defendieran el supuesto cuerpo del héroe. No contento con eso,
llamó a Ares en su auxilio.
Cuando Hera y Atenea vieron que Ares mataba por el solo gusto de hacerlo, se enfadaron y
tras pedir permiso a Zeus, bajaron del Olimpo.
Hera hizo reanimar a los jefes griegos y Atenea aconsejó a Diómedes que hiriera a Ares.
Entusiasmado, cogió su lanza e hirió al mismo dios de la guerra en el costado.
Ares exhaló un rugido que aterró a todos los combatientes.
Al ver Zeus herido a su hijo, lo reprendió severamente y lo mandó a que se curase donde
Peón, el médico de los dioses.
VI HÉCTOR Y ANDRÓMACA
Héctor regresó a la ciudad para implorar a los dioses.
En el combate Menelao capturó a Adrasto, hijo de un hombre rico que le imploró que le
dejase libre y que a cambio, su padre le daría un rico rescate.
Agamenón mató a Adrasto, que ya estaba convenciendo a Menelao.
En medio de la pelea se encontraron Diómedes y Glauco. Antes de combatir se preguntan
quienes han sido sus padres y se enteran que ellos han sido huéspedes uno del otro. Por eso se
abstuvieron de pelear e intercambiaron armaduras.
Por las Puertas Esceas Héctor entró a Troya y pidió a su madre Hécuba que implorara a
Atenea para que calmara su ira. Encontró a su hermano Paris escondido en el palacio.
Luego se dirigió donde su esposa Andrómaca con la que tenía un hijo pequeño llamado
Astianacte o Astianax.
Habló por última vez con su mujer e hijo diciendo que él no era un cobarde y que por ello
volvería a la batalla. Le intentó convencer su mujer diciendo que dejaría a una mujer viuda y
a un hijo huérfano, pero de todas formas se fue con Paris.
VII HÉCTOR Y ÁYAX
Paris mató a Menestio, hijo del rey Areitoó y de Filomedusa.
Héctor mató a Eyoneo
Glauco, príncipe de los licios, mató a Ifínoo.
Cuando Atenea vio que los troyanos mataban a muchos aqueos bajó a Troya.
Apolo le pidió que suspendiera el combate a cambio de que Héctor desafiara al más valiente
de los troyanos.
Atenea, tomando la forma del adivino Heleno, aconsejó de tal manera a Héctor.
Héctor hizo parar la pelea y desafió al más valiente de los griegos para que saliera a luchar
con él. Menelao se levantó para combatir al troyano, pero Agamenón, que era más prudente,
lo detuvo, haciéndole ver que sería una pelea desigual ya que Héctor era mucho más joven.
Entonces el anciano Néstor se levantó y con lágrimas gritó: “¡Ay, si yo tuviera la fuerza de mi
juventud! ¡Ya había quien contestase a este reto! ¡Tendré que ver cómo tembláis ante un
troyano!”.
Los griegos se animaron y nueve juntos se levantaron para responder al desafío: Agamenón,
Diómedes, los dos Ayaces, Idomeneo y su escudero Meriones, Eurípilo, Toante y Ulises.
Ayax salió al encuentro de Héctor (destacar el escudo de Ayax hecho de siete pieles de buey y
una pieza de bronce) De ambas partes llovieron golpes y cuando el sol ya se ocultaba,
suspendieron la lucha.
Los troyanos tenían una reunión. Antenor aconsejó que se devolviera a Helena a los griegos.
Pero París se negó a ello y aceptó dar solamente sus riquezas.
Al día siguiente, los troyanos avisaron a los griegos sobre la oferta de París, pero estos lo
rehusaron y aceptaron solamente una tregua para dar sepultura a los muertos.
Al terminar los funerales, los griegos levantaron murallas para proteger el campamento y las
naves, así como un foso delante de ellas.
VIII AQUEOS Y TEUCROS
Zeus pidió a los dioses que no se mezclaran en las disputas de los hombres. Cogió una
balanza y echó en los platillos la suerte de ambos bandos. Aquel día, el destino favorecía a
los troyanos.
Para prevenir a los griegos de la inminente derrota, mandó un rayo a su campamento, el cual
hirió al caballo de Néstor. Temiendo el augurio, los jefes griegos se retiraron a sus naves. Al
verlos, Héctor los llenó de injurias y sarcasmos.
Hera quiso enviar a Poseidón en ayuda de los griegos, pero éste se negó.
Los troyanos iban a incendiar las naves, cuando Agamenón pidió ayuda a Zeus.
El dios, conmovido, mandó un águila que llevaba un cervatillo. Era su señal de que apoyaría
a los griegos. Diómedes fue el primero en entender la señal.
Destacó el arquero Teucro, protegido por Ayax, que mató a muchos troyanos; enfurecido,
Héctor cogió una enorme piedra y con ella mató a Teucro.
Los griegos buscaron refugio en sus naves. Hera y Atenea quisieron socorrerlos, pero Zeus,
por medio de Iris, les advirtió que no lo hicieran. Al llegar la noche, Héctor y sus compañeros
regresaron a la ciudad, celebrando el triunfo con abundante bebida y comida.
IX AQUILES NO LUCHA
En el campamento griego todo era confusión y llanto.
Agamenón reunió a todos los jefes y les dijo de abandonar. Pero Diómedes y los demás jefes
no aceptaron pues para ellos era “cuestión de honor tomar Troya”.
Néstor aconsejó a Agamenón que se reconciliase con Aquiles y que hiciera una hecatombe.
Mandaron entonces una embajada al héroe, compuesta de Ulises, Fénix, Ayax y los heraldos
Odeio y Euribates.
Aquiles les recibió en un alegre banquete, pero al enterarse del verdadero propósito, se negó a
luchar.
Muy irritados, los enviados regresaron donde Agamenón y le informaron de la respuesta de
Aquiles.
X LAS HAZAÑAS DE ULISES Y DIOMEDES
Agamenón no dormía porque estaba preocupado por la situación. Se levantó y buscó consejo
en Néstor. Este pidió si habría algún voluntario que fuese como espía al campamento troyano.
Ulises y Diómedes aceptaron serlo. En el trayecto oyeron el graznido de una garza, señal de
buen augurio.
Héctor había tenido el mismo plan de los griegos con Dolon como espía. Este fue capturado
por Diómedes. Le suplicó por su vida pero Diómedes le mató. Diómedes mató a tracios y
Ulises ató caballos a un carro, con el que volverían.
XI HAZAÑAS DE AGAMENÓN Y AYAX
Encabezados por Agamenón, se lanzaron sobre los troyanos. Hubo signo de buen augurio
para los griegos: resonaron truenos y comenzó a llover gotas teñidas de sangre. Agamenón
mató a muchos.
Héctor recibió un mensaje de Zeus, por intermedio de Iris: cuando viera a Agamenón herido,
podría atacar fácilmente.
Agamenón seguía causando estragos, pero Coón, hermano de una de las víctimas, hirió de
una lanzada el codo del griego. Éste, ya cansado, subió a su carro y se retiró a las naves.
Héctor atacó decididamente a los griegos, logrando matar a muchos. Diomedes le dio con su
lanza en el casco, este cayó pero logró huir en un carro
Diómedes fue herido de un flechazo en el pie por Paris.
Ulises quedó rodeado por los enemigos. Uno de ellos, Cárope, le hirió en el costado. Pero el
griego reaccionó y de un lanzazo mató a su ofensor.
Ayax fue en auxilio de Ulises, se retiró cuando creyó que las naves se estaban incendiando, y,
entonces, los troyanos regresaron y lo atacaron con piedras y jabalinas. Los griegos debieron
entonces ir en auxilio de Ayax.
Aquiles, que observaba la lucha, envió a Patroclo para que los auxiliase. Patroclo llegó a la
tienda de Néstor. En ese momento llegó Eurípilo, sangrando. Patroclo, que había aprendido el
arte de curar de Aquiles, sacó con sumo cuidado la flecha de la herida de Eurípilo y le aplicó
una raíz machacada.
XII MURALLAS DE LOS GRIEGOS
Los troyanos consiguieron llegar hasta las murallas que los griegos habían levantado. Los de
caballería se lanzaron a pie para tomar las fortalezas.
Los griegos lanzaban grandes piedras, dardos y armas arrojadizas contra el enemigo.
De pronto vieron todos una señal en el cielo: un águila llevaba una serpiente, pero el reptil
fue capaz de matar al ave. Era un buen augurio para los griegos.
Sarpedón se subió en una almena y arrancó muchos bloques de muralla. Ayax Telamonio de
un lanzazo le hizo retroceder, aunque el licio volvió a la carga con nuevos compañeros,
aunque no lograron romper el cerco.
La puerta de las murallas era de fuerte madera de encina y reforzada de enormes cerrojos.
Héctor, cansado de la lucha, cogió una gran piedra y con ella destrozó la puerta. Así, guiando
a sus compañeros, penetró adentro e hizo huir a los griegos a las naves.
XIII LUCHA DE IDOMENEO
Poseidón para ayudar a los griegos tomó la forma del adivino Calcas e hizo reanimar a todos
los guerreros tocándoles con su cetro. El primero en darse cuenta que un dios les ayudaba fue
Ayax
Teucro dio un lanzazo en la cabeza a Imerio; Héctor le arrojó su lanza pero esta falló y
fue a caer a Anfímaco, matándolo. Ayax hizo retroceder a Héctor y pudo rescatar el cadáver
de Anfímaco.
Idomeneo, el rey de Creta, se encontró en las naves con Meriones y juntos atacaron
con ímpetu. Idomeneo mató a Ostrioneo, prometido de Casandra, lo mismo que a Asio, que
había ido a defender el cadáver de Ostrioneo.
Deífobo acometió contra Idomeneo, pero su lanza falló, yendo a caer en el pecho de
Hispensor. Llamó entonces en su auxilio a Eneas, pero los dos tuvieron que retirarse ante la
valentía del cretense.
XIV ENGAÑO A ZEUS
Agamenón, Ulises y Diómedes llegaron a la tienda de Néstor. Diómedes aconsejó que los
heridos se situaran fuera del alcance de las flechas troyanas, pero sin dejar de combatir.
Poseidón, tomando la forma de un viejo, aseguró a Agamenón que la suerte para ellos
cambiaría. Pero Hera vio que Zeus, hizo que Hipnos hiciera caer a Zeus en un profundo
sueño, lo que sería aprovechado por Poseidón para ponerse al frente de los griegos. De esa
manera, los griegos cobraron mayor ánimo.
Héctor se enfrentó con Ayax, pero éste cogió una gran piedra y lo arrojó contra aquel; el
héroe troyano quedó desmayado. Los troyanos lograron rescatar su cuerpo, creyéndole
muerto y lo condujeron a la ciudad.
Los troyanos empezaron a retroceder.
XV LOS TROYANOS CONTRAATACAN
Zeus, al despertarse, se percató del engaño de su esposa y, furioso, regresó al Olimpo y
reprendió severamente a Hera
Envió a Iris para que ordenase a Poseidón que se retirara de la batalla y mandara a Apolo que
reanimase a Héctor.
Ares había perdido un hijo en la lucha, Ascálafo, pero Atenea le retuvo para que regresara al
campo de batalla.
Iris cumplió el encargo: Poseidón se retiró y Apolo reanimó a Héctor.
Héctor ordenó a sus hombres que incendiasen las naves. Para ayudarlos, Apolo cegó con
tierra el foso y derribo parte de la muralla. Entonces Néstor dirigió sus plegarias a Zeus. De
inmediato, la bóveda del cielo vibró con un lejano tronar, lo que fue considerado de buen
augurio.
Héctor, de un gran salto, se arrojo encima de ellos; los griegos, llenos de pánico, dejaron una
brecha por donde los troyanos se lanzaron hacia las naves. Ya todo parecía perdido para los
griegos.
XVI MUERTE DE PATROCLO
Patroclo fue a ver a Aquiles, reprochándole su conducta de no querer combatir.
Ayax se hallaba rendido de tanta lucha.
Aquiles ordenó a Patroclo que se pusiera su magnífica armadura y montara su carro; y pidió a
Zeus que trajera buena suerte a los griegos.
Al ver a Patroclo, los troyanos creyeron que era Aquiles y solo pensaron en huir.
La situación se volteó a favor de los griegos.
Patroclo causó infinidad de bajas.
Sarpedón bajó de su carro y se atrevió a desafiar a Patroclo.
Sarpedón murió.
Se trabó una brava lucha entre griegos y troyanos por el cadáver de Sarpedón. Pero de pronto,
Héctor tuvo un mal presentimiento y decidió retirarse seguido de sus hombres. Los griegos,
encabezados por Patroclo, les siguieron. Zeus ordenó a Apolo que retirara el cadáver de
Sarpedón y lo llevara a un lugar oculto
Patroclo no se amilanó ante Héctor y cogió una enorme piedra con la que mató al auriga
Cebrión de un recio golpe en su frente.
Luego enfrentó a Héctor, trabándose un rudo combate. Apolo sabía que el fin de Patroclo
había llegado y decidió avisarle: hizo que su casco cayera y se rompieran las correas de su
coraza. Patroclo se aterró ante tales señales; en ese mismo instante, el troyano Euforbo, al
verle sin armadura, le hundió su lanza en la espalda, para enseguida sacarla y retirarse con los
suyos, rehuyendo trabar combate singular con el griego. Patroclo, gravemente herido, se
dirigió donde sus compañeros, pero Héctor logró alcanzarle y acabó por rematarlo de un
lanzazo en el vientre. Jactancioso de su hazaña, arrebató al caído sus armaduras, que eran de
Aquiles.
XVII. DEFENSA DEL CADÁVER DE PATROCLO
Áyax fue uno de los primeros en acercarse al lugar; al solo verle, Héctor se llenó de terror y
huyó en su carro.
Héctor se puso entonces las armaduras de Aquiles que había quitado a Patroclo y dirigió a los
suyos al ataque. Los dos ejércitos se pusieron a pelear por el cadáver de Patroclo.
Héctor y Eneas planearon apoderarse de aquellos caballos inmortales, y seguidos de Areto y
Cromio, se lanzaron a la empresa. Pero Ayax y Menelao se los impidieron.
Automedonte mató a Areto, y Héctor y Eneas se dieron a la fuga. Atenea, tomando la forma
del anciano Fénix, reanimó a Menelao, que logró matar a Podes, amigo de Héctor.
Por su parte, Apolo tomó la forma de Fénope e hizo reanimar a Héctor, quien furioso penetró
en la lucha.
Ayax pidió a Menelao que avisara a Aquiles de la muerte de Patroclo. Menelao, a su vez,
encargó el mensaje a Antíloco, el hijo de Néstor.
Los griegos lograron recuperar el cadáver de Patroclo, y protegidos por los dos Ayax,
retrocedieron lentamente.
XVIII. AQUILES SE ENTERA DE LA MUERTE DE PATROCLO
Aquiles tenía un negro presentimiento. Cuando, por medio de Antíloco, se enteró de la
desgracia, enloqueció de dolor, cogió cenizas y se ensució el rostro, se tiró al suelo y se
arrancó los pelos de la cabeza.
Las lamentaciones de Aquiles llegaron hasta donde estaba su madre Tetis. Aquiles juró no dar
sepultura a su amigo si antes no mataba a Héctor. Tetis le prometió que le haría una nueva
armadura.
Hera envió a Iris para incitar a Aquiles que volviera al campo de batalla.
El cadáver de Patroclo se había conseguido rescatar. Tras el, Aquiles iba llorando. Toda la
noche los griegos pasaron en dolor.
Tetis fue a visitar a Hefaistos y le pidió que hiciera nuevas armaduras para su hijo. El dios le
hizo un escudo multicolor, donde se retrataban escenas de la vida cotidiana. También fabricó
otros tipos de armas.
XIX AQUILES SE RECONCILIA CON AGAMENÓN
Cuando ya empezaba a amanecer, llegó Tetis con las armas para Aquiles. Este se las puso,
mientras que la diosa ponía gotas de ambrosía y néctar en la nariz de Patroclo para que el
cadáver no se corrompiera.
Se reconcilió con Agamenón. A pedido de Ulises, sacaron todos los regalos que el rey había
ofrecido a Aquiles. A este le devolvieron su esclava Briseida y otras siete esclavas más.
Los guerreros se prepararon para la lucha. Aquiles subió a su carro junto con su cochero
Automedonte. Enganchó a los caballos Janto y Balio; instigado por la Furia, Janto dijo a su
dueño: “Tu última hora se acerca, esta vez vamos a conducirte a la muerte.” “Lo sé –
respondió el héroe— pero no me vuelvo atrás”. Y dando un grito, lanzó su carro al fragor de
la lucha.
XX AQUILES VUELVE A LA LUCHA
Viendo Zeus que al intervenir Aquiles la lucha tomaba un aspecto decisivo, convocó a los
dioses.
Atenea, Poseidón, Hera, Hefaistos y Hermes estaban de parte de los griegos
Ares, Apolo, el río Janto, Latona y Afrodita estaban con los troyanos.
Aquiles solo tenía un pensamiento: vengar a su amigo.
Apolo, ocultándose bajo la forma de Licaón, hijo del rey Príamo, incitó a Eneas a que
desafiara al héroe griego. Pero Poseidón, al ver que Aquiles era mucho más fuerte que Eneas,
arrebató a éste y lo apartó del lugar.
Aquiles siguió combatiendo y mató a Ifitión e Hipodamante, además de Polidoro, hijo de
Príamo, quien se le había burlado corriendo velozmente ante su vista.
Furioso al ver a Héctor, Aquiles se dirigió contra éste, pero Apolo envolvió al troyano en una
nube negra y lo apartó del lugar.
XXI LUCHAS DE AQUILES
Aquiles había dividido al enemigo. Algunos entraron a la ciudad; otros, enloquecidos, se
arrojaban a las aguas del Janto, o se escondían en las peñas.
Aquiles sacó su espada y se internó en el río, donde siguió causando estragos al enemigo.
Se encontró también con Licaón, a quien hundió su espada hasta la empuñadura.
Janto, al ver esta carnicería se enfadó mucho y reprochó al héroe griego que manchara de
sangre sus aguas. Janto unió sus aguas con las de su hermano Simios y ambos atacaron al
griego con sus olas.
Hefaistos acudió en ayuda de Aquiles, enviando un fuego devastador, sin tomar en cuenta las
súplicas del río para que se detuviese. Entonces Hera intervino y calmó al dios del fuego.
Los dioses lucharon entre sí.
Atenea hizo tumbar a Ares con un enorme pedrusco, y a Afrodita le dio un puñetazo.
Poseidón y Apolo, conscientes de su poderío, rehusaron pelear.
Artemisa se burló de su hermano; vino entonces Atenea, que con su carcaj golpeó en el rostro
a la diosa cazadora.
Zeus se divertía viendo tal espectáculo.
Príamo ordenó que abriesen las puertas para que entraran los fugitivos y lo cerraran.
Todos los troyanos pudieron refugiarse.
XXII LA MUERTE DE HÉCTOR
Príamo y Hécuba, desde lo alto de las murallas, rogaba a su hijo Héctor que no saliese de la
ciudad.
Pero Héctor no se conmovió y salió dispuesto a luchar.
Para alentar a Héctor, Atenea tomó la forma de Deífobo; animado Héctor al ver a su
hermano, dejó de huir y se dispuso a luchar contra el griego.
Los dos (Aquiles y Héctor) empezaron a luchar y Aquiles le hundió su espada en el cuello de
su rival, pero sin tocarle la garganta, lo que le permitía hablar.
Héctor rogó que su cadáver fuera entregado a sus padres y no echado a los perros. Pero
Aquiles no le hizo caso y lo mató.
Aquiles le arrebató la armadura y perforándole los tobillos, las atravesó con unas correas y
las ató a su carro.
Así, hubo de arrastrar delante de los muros de Troya, el cadáver del valiente guerrero. Desde
lo alto, Príamo y Hécuba lamentaron su desgracia. Toda la ciudad gemía de dolor.
XXIII FUNERALES DE PATROCLO
Aquiles regresó al campamento, abandonando el cuerpo de Héctor para que fueran pasto de
los perros y las aves.
Durmiendo Aquiles, en sueños se le apareció su amigo rogándole que pronto le celebraran los
funerales pues su alma vagaba a orillas de Estix. Aquiles se despertó y de inmediato ordenó
levantar una colosal pira, en donde se incineró al muerto junto con sus caballos y perros
preferidos. Además, sacrificó a los doce troyanos que había capturado.
Al día siguiente se celebraron juegos atléticos en honor al héroe muerto.
En la carrera de carros participaron Eumelo, Diómedes, Menelao, Antíloco y Meriones.
Diómedes fue el primero en llegar.
A Eumelo se le rompió el yugo y cayó precipitadamente
Menelao, que iba detrás, tuvo que ceder el paso a Antíloco.
Como premio, Diómedes ganó una bellísima esclava y un trípode con asas.
Concurso de pugilato, en la que tomaron parte Ulises y Ayax. Los jueces declararon a ambos
iguales. Luego esta misma pareja contendió en la carrera. Ganó Ulises.
Otro concurso fue el lanzamiento de una enorme bola de hierro, prueba en la que Polipotes
sobrepasó al resto de los concursantes.
Competición de tiro de flecha, que tenía como blanco una paloma atada a una cuerda.
Participaron Teucro y Meriones, los dos mejores arqueros del ejército.
Teucro logró cortar la cuerda
Meriones atravesó a la paloma que ya empezaba a volar.
El primero se llevó como premio diez hachas grandes y el segundo diez hachas
pequeñas.
XXIV FUNERALES DE HÉCTOR
Aquiles no pudo dormir toda la noche. Inmerso en un hondo dolor, arrastraba a cada rato el
cadáver de Héctor, aunque Apolo hacía que este no se corrompiese.
Al fin los dioses tuvieron piedad de Héctor y su familia. Zeus, por medio de Iris, rogó a Tetis
que persuadiese a su hijo a que entregara el cuerpo a sus deudos. Aquiles se mostró dispuesto
a ello. Entonces Iris fue donde el rey Príamo y le aconsejó que fuera donde Aquiles a pedir
que le entregara el cadáver de su hijo.
El anciano rey se alistó, cogió grandes riquezas y por la noche se dirigió en su carro a la
tienda del guerrero. El dios Hermes le ayudó, haciéndole invisible a los ojos de los centinelas.
El lugar donde se hallaba Aquiles estaba trancado con una enorme barra, pero Hermes lo sacó
fácilmente y a sí pudo entrar Príamo.
El anciano se acercó silencioso ante el héroe, se postró a sus pies y tomándole de las manos,
exclamó sollozando: “¡Calcula la inmensidad de mi dolor, pues beso la mano de aquel que
acaba de matar a mi propio hijo!”
Aquiles se ablandó y satisfizo los deseos del infortunado padre. Cenaron ambos y
establecieron una tregua de once días, para los funerales de Héctor.
Muy de noche, el anciano rey salió de la tienda, cargó el cadáver de Héctor y atravesó otra
vez el campo sin ser visto. Troya se llenó de lamentaciones cuando los despojos del héroe
penetraron en la ciudad.
Los funerales duraron nueve días. Al décimo, se incineró el cuerpo en medio de una
solemnísima pompa y el llanto de Dardania.