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Argumento en Contra

Este documento discute los riesgos del abuso de las redes sociales, incluyendo el acceso a contenido inapropiado, acoso, y pérdida de privacidad. También señala que la dependencia y supeditación de la vida al mantenimiento del hábito constituyen el núcleo de la adicción a las redes sociales. Identifica a los adolescentes como un grupo de alto riesgo y señala varias señales de alarma de una posible adicción, como privarse de sueño para estar conectado, descuidar otras activ
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Este documento discute los riesgos del abuso de las redes sociales, incluyendo el acceso a contenido inapropiado, acoso, y pérdida de privacidad. También señala que la dependencia y supeditación de la vida al mantenimiento del hábito constituyen el núcleo de la adicción a las redes sociales. Identifica a los adolescentes como un grupo de alto riesgo y señala varias señales de alarma de una posible adicción, como privarse de sueño para estar conectado, descuidar otras activ
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REDES SOCIALES (ARGUMENTO EN CONTRA)

Los riesgos más importantes del abuso de las TIC son, además de la adicción, el acceso
a contenidos inapropiados, el acoso o la pérdida de intimidad. Así, en las redes se puede
acceder a contenidos pornográficos o violentos o transmitir mensajes racistas, proclives
a la anorexia, incitadores al suicidio o a la comisión de delitos. Asimismo existe el
riesgo de crear una identidad ficticia, potenciada por un factor de engaño, autoengaño o
fantasía. Cuando hay una dependencia, los comportamientos adictivos se vuelven
automáticos, emocionalmente activados y con poco control cognitivo sobre el acierto o
error de la decisión. El adicto sopesa los beneficios de la gratificación inmediata, pero
no repara en las posibles consecuencias negativas a largo plazo. Por ello, el abuso de las
redes sociales virtuales puede facilitar el aislamiento, el bajo rendimiento, el desinterés
por otros temas, los trastornos de conducta y el quebranto económico (los videojuegos),
así como el sedentarismo y la obesidad. En resumen, la dependencia y la supeditación
del estilo de vida al mantenimiento del hábito conforman el núcleo central de la
adicción. Lo que caracteriza, por tanto, a la adicción a las redes sociales no es el tipo de
conducta implicada, sino la forma de relación que el sujeto establece con ella.
Factores de riesgo A un nivel demográfico, los adolescentes constituyen un grupo de
riesgo porque tienden a buscar sensaciones nuevas y son los que más se conectan a
Internet, además de estar más familiarizados con las nuevas tecnologías. Sin embargo,
hay personas más vulnerables que otras a las adicciones. De hecho, la disponibilidad
ambiental de las nuevas tecnologías en las sociedades desarrolladas es muy amplia y,
sin embargo, sólo un reducido número de personas muestran problemas de adicción. En
algunos casos hay ciertas características de personalidad o estados emocionales que
aumentan la vulnerabilidad psicológica a las adicciones: la impulsividad; la intolerancia
a los estímulos displacenteros, tanto físicos como psíquicos; y la búsqueda exagerada de
emociones fuertes. Hay veces, sin embargo, en que en la adicción subyace un problema
de personalidad timidez excesiva, baja autoestima o rechazo de la imagen corporal, por
ejemplo- o un estilo de afrontamiento inadecuado ante las dificultades cotidianas. A su
vez, los problemas psiquiátricos previos aumentan el riesgo de engancharse a Internet.
Otras veces se trata de personas que muestran una insatisfacción personal con su vida o
que carecen de un afecto consistente y que intentan llenar esa carencia con drogas o
alcohol o con conductas sin sustancias. En estos casos Internet o los aparatos de última
generación actúan como una prótesis tecnológica.
Señales de alarma Las principales señales de alarma que denotan una dependencia a las
TIC o a las redes sociales y que pueden ser un reflejo de la conversión de una afición en
una adicción son las siguientes :
a. Privarse de sueño para estar conectado a la red, a la que se dedica unos tiempos
de conexión anormalmente altos
b. Descuidar otras actividades importantes, como el contacto con la familia, las
relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud
c. Recibir quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los
padres o los hermanos
d. Pensar en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y
sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta
e. Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción
del tiempo
f. Mentir sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un videojuego
g. Aislarse socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento en los estudios
h. Sentir una euforia y activación anómalas cuando se está delante del ordenador
De este modo, conectarse al ordenador nada más llegar a casa, meterse en Internet
nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse, así como reducir
el tiempo de las tareas cotidianas, tales como comer, dormir, estudiar o charlar con
la familia, configuran el perfil de un adicto a Internet. Más que el número de horas
conectado a la red, lo determinante es el grado de interferencia en la vida cotidiana
En definitiva, la dependencia a Internet o a las redes sociales está ya instalada
cuando hay un uso excesivo asociado a una pérdida de control, aparecen síntomas de
abstinencia ante la imposibilidad temporal de acceder a la Red, se establece la
tolerancia y se producen repercusiones negativas en la vida cotidiana. En estos casos
engancharse a una pantalla supone una focalización atencional, reduce la actividad
física, impide diversificar el tiempo un flujo de transrealidad que recuerda la
experiencia de las drogas.

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