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Storytelling en discursos inspiradores

Este documento presenta un resumen de la primera lección de un curso sobre storytelling y tipos de discurso. Explica que la narración de historias es una forma efectiva de conectar con la audiencia y transmitir un mensaje. Luego analiza el discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford en 2005, en el que Jobs cuenta tres historias personales sobre conectar los puntos en la vida, el amor y la pérdida, y la muerte.

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Storytelling en discursos inspiradores

Este documento presenta un resumen de la primera lección de un curso sobre storytelling y tipos de discurso. Explica que la narración de historias es una forma efectiva de conectar con la audiencia y transmitir un mensaje. Luego analiza el discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford en 2005, en el que Jobs cuenta tres historias personales sobre conectar los puntos en la vida, el amor y la pérdida, y la muerte.

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Storytelling y tipos de discurso

Introducción

Storytelling

Referencias
LECCIÓN 1 de 3

Introducción

Continuemos desarrollando los recursos posibles para emplear en una


presentación y conectar con la audiencia.

La narración de historia es uno de los medios más antiguos que existen para
vincularnos entre personas y también es uno de los más efectivos. Entonces,
en lugar de abordar un tema de forma directa, podemos hacerlo a través de
un relato, para que lo que queremos decir surja de la historia narrada. Al
contar una historia damos cuerpo al tema creando una atmósfera que atrae
al público y nos ayuda a acercarlo de manera amigable al núcleo del mensaje
que queremos transmitir, sin importar el tema.

Figura 1. Steve Jobs


Fuente: Mendoza, s.f., https://bit.ly/3latIkc

Vamos a comenzar leyendo y analizando el famoso discurso de Steve Jobs


en la Universidad de Stanford, en el año 2005.

Tengo el honor de estar hoy aquí con ustedes en el comienzo en


una de las mejores universidades del mundo. La verdad sea
dicha, yo nunca me gradué.

A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de


una graduación universitaria.
Hoy les quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial.
Solo tres historias.

La primera historia versa sobre “conectar los puntos”

Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero


después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos,
antes de dejarlo del todo. Entonces, ¿por qué lo dejé?

Comenzó antes de que yo naciera.

Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió


darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me
adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que
todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un
abogado y su mujer.

Solo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo


que de verdad querían era una niña.

Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron


una llamada a medianoche preguntando:

“Tenemos un niño esperado; ¿lo quieren?”

“Por supuesto”, dijeron ellos.


Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía
titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había
terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los
documentos de adopción. Solo cedió, meses más tarde, cuando
mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.

Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero de forma


descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como
Stanford, y todos los ahorros de mis padres, de clase
trabajadora, los estaba gastando en mi matrícula.

Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía


idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la
universidad me iba a ayudar a averiguarlo.

Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían


conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar
en que las cosas saldrían bien.

En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de


las mejores decisiones que nunca haya tomado.

En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases


obligatorias que no me interesaban y comencé a meterme en
las que parecían interesantes. No era idílico. No tenía dormitorio,
así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos,
devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del envase
para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los
domingos por la noche para comer bien una vez por semana en
el templo de los Hare Krishna.

Me encantaba.

Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi


curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Les daré un ejemplo.

En aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizá


fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes
del campus, todos los pósteres, todas las etiquetas de todos los
cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano.

Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias,


decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se
hacía.

Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los


espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente
grande a una gran tipografía.
Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma
que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante. Nada
de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica
en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos
diseñando el primer ordenador Macintosh, todo eso volvió a mí.

Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer


ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado
caer por aquel curso concreto en la universidad, el Mac jamás
habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado
proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac,
es probable que ningún ordenador personal los tuviera ahora. Si
nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase
de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la
maravillosa tipografía que poseen.

Por supuesto, era imposible conectar los puntos mirando hacia


el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al
mirar atrás diez años más tarde.

Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante,


solo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tienen que confiar en
que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes
que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo
que sea.
Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado
la diferencia en mi vida.

Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida

Tuve suerte: supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba
hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres
cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple
creció, de ser solo nosotros dos a ser una compañía valorada en
2 mil millones de dólares y 4000 empleados.

Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor


creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había
cumplido los 30.

Y me despidieron.

¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado?

Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo


creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y
durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero
luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a ser distinta y
finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó,
nuestra Junta Directiva se puso de su parte.
Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria.

Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido y


fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía


que había dado de lado a la anterior generación de
emprendedores, que había soltado el testigo en el momento en
que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de HP] y Bob
Noyce [Intel], e intenté disculparme por haberlo fastidiado tanto.
Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle
[Silicon Valley].

Pero algo comenzó a abrirse paso en mí, aún amaba lo que


hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había
cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún
estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.

No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de


Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado.

Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo


un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para
entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. Durante
los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra
llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se
convertiría después en mi esposa.

Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por


ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más
exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos.

Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que


desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de
Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no


me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina
horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la
vida te da en la cabeza con un ladrillo. No pierdan la fe. Estoy
convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha
fue mi amor por lo que hacía. Tienen que encontrar qué es lo
que aman. Y esto vale tanto para sus trabajos como para sus
amantes.

El trabajo va a llenar gran parte de sus vidas, y la única forma de


estar realmente satisfecho es hacer lo que consideren un
trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es
amar lo que hagan. Si aún no lo han encontrado, sigan
buscando.
No se conformen.

Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabrán


cuando lo hayan encontrado. Y como en todas las relaciones
geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así
que sigan buscando hasta que lo encuentren.

No se conformen.

Mi tercera historia es sobre la muerte

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives
cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me
marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada
mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy
fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer
hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días
seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más


importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las
grandes decisiones de mi vida.

Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el


orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la
muerte, dejando solo lo que es verdaderamente importante.
Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de
evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás
desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer.

Me hicieron un chequeo a las 7:30 de la mañana, y mostraba


claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el
páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente
seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida
sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me
fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de
decir: prepárate a morir.

Significa intentar decirles a tus hijos en unos pocos meses lo


que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que
todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea
posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico.

Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia,


metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del
estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja
para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero
mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al
microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó ser una
forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con
cirugía.

Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he


estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de
ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora
les puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era
un concepto útil, pero puramente intelectual:

Nadie quiere morir.

Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar


allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos
compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser,
porque la muerte es posiblemente el mejor invento de la vida. Es
el agente de cambio de la vida.

Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.

Ahora mismo lo nuevo son ustedes, pero dentro de no


demasiado tiempo, de forma gradual, se irán convirtiendo en lo
viejo, y serán apartados. Siento ser tan dramático, pero es
bastante cierto. Su tiempo es limitado, así que no lo gasten
viviendo la vida de otro.
No se dejen atrapar por el dogma que es vivir según los
resultados del pensamiento de otros.

No dejen que el ruido de las opiniones de los demás ahogue su


propia voz interior.

Y lo más importante, tengan el coraje de seguir a su corazón y


su intuición.

De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser.

Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada


The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las
biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand
no lejos de aquí, en Menlo Park y la trajo a la vida con su toque
poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores
personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de
escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas
de cartulina, 35 años de que llegara Google, era idealista, y
rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos. Stewart
y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth
Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número.

Fue a mediados de los 70, y yo tenía su edad.


En la contraportada de su último número había una fotografía de
una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la
clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo
autoestop si son aventureros. Bajo ella estaban las palabras:

“Sigue hambriento. Sigue alocado”.

Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue


alocado.

Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando se gradúen


para comenzar de nuevo, les deseo eso a ustedes.

Sigan hambrientos. Sigan alocados.

Muchísimas gracias a todos (Jobs citado en Mendoza, s.f.,


https://bit.ly/3latIkc).

Según los tratados de oratoria, una charla gana fuerza si:

el conferenciante no está detrás de un atril, sino que se pasea por el escenario;

no le hace falta leer; y

utiliza la mirada como forma de enganchar a la audiencia.


Entonces, ¿por qué la conferencia de Steve Jobs engancha desde el
primer momento y tiene tanta fuerza? ¿Qué hace en realidad Steve
Jobs con esta conferencia? ¿Por qué genera emoción el storytelling?

C O NT I NU A R
LECCIÓN 2 de 3

Storytelling

Muchas veces, tendemos a reaccionar mejor a un planteo hecho


en clave narrativa que a una exposición académica. Para
amenizar la presentación, cuando contamos una historia
utilizamos elementos como la intriga o la sorpresa, que son muy
útiles para mantener la atención del público. Este recurso no
solo sirve para que la presentación resulte ágil, también es
importante a la hora de fijar conceptos, ya que las historias en sí
suelen ser uno de los aspectos más recordados por el público en
las presentaciones. Después de todo, contar historias es algo
que hacemos desde tiempos inmemoriales. Antes, los seres
humanos nos reuníamos alrededor del fuego para contar
historias. Más tarde, usamos historias de dioses, semidioses y
hombres para aprender a través de los mitos. Hoy, nos reunimos
frente a la tv o vamos al cine para conectarnos con historias de
toda índole. O las leemos en un libro. O las contamos y
compartimos en redes sociales.

Todos somos contadores de historias, así sean las que


compartimos o que las que nos contamos a nosotros mismos en
nuestra mente. Lo hacemos constantemente, casi sin darnos
cuenta. Dicen los expertos que lo hacemos para dar sentido a lo
que nos pasa, a lo que vivimos. Por ejemplo, cuando le
contamos a un amigo algo que nos ocurrió, muchas veces lo
adornamos como si fuera toda una odisea digna de una
producción cinematográfica. Comenzamos, por ejemplo,
diciendo: “No sabes lo que me pasó” y así vamos generando
intriga y captando su atención.

En los pasillos de las empresas contamos y escuchamos


historias de todo tipo, que no se diferencian demasiado de las
que vemos en nuestras series favoritas o en las películas que
nos atrapan. Estamos acostumbrados a esto desde niños,
cuando nos dormíamos con el cuento que nos contaban papá y
mamá. De grandes, a la noche, escuchamos las historias del
noticiero o del capítulo de una serie. Si abrimos el diario, nos
encontramos con historias variadas. Por ello, nuestro trabajo
como oradores al momento de contar historias no difiere de la
labor de un periodista cuando relata la crónica de un
acontecimiento o propone su mirada acerca de un tema. La
manera en la que cuenta la historia evidencia su estilo personal,
una línea editorial y hasta podría adivinarse el impacto del
artículo en lectores que lo siguen o los televidentes que lo
observan.

Aquí resulta importante subrayar que, pese a lo que muchos


creen, el arte de narrar puede utilizarse no solo para historias de
vida o datos testimoniales, sino también para expresar un
balance financiero o para explicar un concepto técnico de
cualquier ámbito o industria.

Cuando el público se conecta con las historias, nos da su


permiso para entrar en su mente y no regala un pequeño
espacio allí. Ese es el momento especial para presentar
nuestros mensajes. Una vez que hayamos creado un nexo con
el público a partir de una historia combinada con datos y
emociones será más fácil que la gente pueda entonces
identificarse. La comunicación se vuelve mucho más fluida y
efectiva.

La ficción como vehículo para transmitir mensajes permite


vincular a la audiencia con el contenido de un modo ágil. En este
sentido, es muy importante manejar con eficacia la
identificación. Por ejemplo, si a la hora de hacer una
presentación utilizo alguna referencia a mi infancia, como puede
ser el enorme placer que provoca tomar helado de chocolate,
estoy abriendo al público la posibilidad de que se identifique, no
necesariamente con mi experiencia, sino con la suya. Es decir,
no solo se van a identificar conmigo los que también disfrutaban
del helado de chocolate, sino todos los que recuerden el placer
de comer algo que les gustaba cuando eran niños, sin importar
que fuera. Referirse a este tipo de experiencias vitales fortalece
el proceso de identificación y sirve para generar conexiones.
Utilizar datos autobiográficos es clave para ilustrar una idea y
para darle un marco de historia que facilite la identificación del
público. Por eso es tan importante exponer algo de nosotros
mismos durante la presentación, para generar ese vínculo de
conexión, que no pase únicamente por el tema de la
presentación sino también por la dimensión humana. Es muy
valioso que el orador utilice su propia experiencia vital,
alternándola en la presentación, porque de esta manera,
además de exponer sobre un determinado tema, lo que aparece
es su propio ser.

Una de las principales críticas en las presentaciones,


especialmente las que se realizan en el ámbito empresarial, es
que muchas veces se vuelven impersonales, muy frías. El orador
allí no es más que un intermediario, un canal entre el contenido y
la gente. En cambio, si el presentador aporta algo personal, deja
de ser un intermediario distante para convertirse en un
constructor, alguien que trae elementos de su propia experiencia
para generar un vínculo personal con el tema y con el público. Lo
autobiográfico es sumamente eficaz para instruir y conectar,
pero también es muy importante para dar a la presentación un
carácter único y singular.

Ahora bien, es importante hacer una aclaración para distinguir


entre estos dos conceptos. No es lo mismo utilizar elementos
autobiográficos que convertir el relato en un recurso
autorreferencial. La diferencia es sutil, pero de gran relevancia.
Cuando hablamos de incorporar lo autobiográfico, nos referimos
a utilizar historias o datos que nos involucren para poder así
transmitir con mayor eficacia nuestro mensaje. Las historias
que aportamos se vuelven un vehículo para transmitir un
concepto, aquello que elegimos como la idea central de nuestra
presentación. El dato es una excusa, lo central es el mensaje o el
aprendizaje.

En cambio, una postura autorreferencial implica tomar el


concepto o la idea central y utilizarla como excusa para hablar
de logros personales, pero haciendo foco en lo inteligente, bellos
y exitosos que somos. O sea, para dar protagonismo a nuestro
ego. Esto no solo aburre o fastidia al público, sino que también
pone en riesgo el principio de identificación del que hablábamos
antes. Para lograr que el público se involucre con nuestras
propias experiencias de vida, es importante que se sientan
cercanos a nosotros. Una actitud autorreferencial, orientada a
exaltar los éxitos individuales del orador no necesariamente
resulta seductora. En estos tiempos, no creo en ella como para
conectar con la audiencia, salvo que lo que se busque sea la
admiración y el aplauso.

Dijimos que el papel del orador es central, pero eso no significa


que la presentación debe tenerlo a él como eje del contenido.
Por eso podemos pensar el rol del presentador como portador
de un núcleo de conexiones que se ocupa de generar una red
junto con la participación del público y que la articula para
transmitir mensajes concretos. Por ejemplo, una historia
personal que al presentarla sugiere el desafío de encarar una
conversación difícil, los miedos y las ansiedades que trae. La red
entre los presentes, entonces, empieza a tejerse cuando ellos
reconocen en la historia sus propios miedos y ansiedades. El rol
del presentador como moderador de la red estará en el modo en
que plantea esa historia para que los asistentes, al conectarse
con las sensaciones, logren vivir la experiencia.

Cuando la gente se involucra de manera legítima, la red genera


una forma de tensión que se sostiene por sí misma en el
intercambio de unos con otros. Como el encordado de una
raqueta de tenis. El orador deja de ser el centro de atención, la
experiencia que se genera en conjunto lo supera, y su función
pasa ser la de asegurar las conexiones para darle prioridad a
algún concepto, siempre teniendo en cuenta la idea central de la
presentación. Hablemos de transmitir, compartir y generar
ideas, conceptos o experiencias dentro de esa red.

Con esta perspectiva, la diferencia entre lo autobiográfico y lo


autorreferencial se vuelve clave: evitar la autorreferencia, no
solo nos coloca en una posición de humilde frente al público,
también acelera el proceso de conexión con los demás.
Una forma muy efectiva de fortalecer el vínculo de conexión es
compartir con la audiencia errores y dificultades vividas. Si bien,
en principio, esto se puede interpretar como una señal de
debilidad, lo cierto es que compartir episodios adversos o
negativos de nuestra experiencia fortalece el vínculo que
podemos lograr con el público. Nuestros contrastes nos
humanizan. Es importante comprender que el error no es malo
en sí mismo, sino que depende de la carga simbólica que
nosotros le otorguemos. En el contexto del aprendizaje, el error
puede ser considerado un componente vital a partir del cual
maduramos y crecemos. Si aceptamos que podemos errar, que
no lo sabemos todo, estamos abriendo la puerta a ser mejores, a
comprender mejor las disciplinas de nuestro mundo y, en último
término, a conocernos mejor a nosotros mismos. De esta
manera, se convierte en un elemento de fortaleza en lugar de
ser un aspecto de debilidad o fragilidad, lo que a su vez puede
confundirse con vulnerabilidad. (Goldvarg, 2017,
https://bit.ly/3y5KJmH).

El storytelling debe:

ser personal, original, pertinente y real;

resaltar algún valor o contener una reflexión o moraleja;


lograr que el orador se identifique con la audiencia; y

reforzar ideas.

Una vez recogidos los datos y la información que se estimaron


pertinentes, y elaboradas nuestras propias ideas y reflexiones
en torno al tema de la conferencia, solo nos queda una cosa:
pronunciar la conferencia o discurso. En otras palabras: todo lo
que se ha preparado ha sido para comunicarlo y darlo a conocer
a un público; la comunicación no se inicia hasta que el emisor no
comienza a hablar ante un grupo específico.

La cuestión que se plantea es cómo comunicarlo al público. Y


cuando decimos “comunicarlo” no solo hacemos referencia al
hecho de decirlo, sino también de llegar el público (Ander-Egg y
Aguilar Idáñez, 2002, pp. 109-110).

Algunas cuestiones básicas acerca de las formas de


presentación

Podemos señalar que existen varios procedimientos o formas


de presentar el tema: discurso leído, discurso memorizado,
discurso con ayuda-memoria (con el texto completo, con un
esquema o con notas) y discurso sin texto a la vista. El uso de
uno u otro procedimiento incide fuertemente en las
posibilidades de la comunicación (Ander-Egg y Aguilar Idáñez,
2002, p. 112).

Discurso leído

Todos los oradores reconocen que, en principio, no hay que leer


nunca un discurso si se quiere lograr una buena comunicación,
ya se hable a unas pocas personas o a una multitud. La lectura
hace que el discurso sea soso y aburrido.

Cuando se lee un texto, se interpone una especie de "muralla


invisible" entre el orador y el auditorio, se impide la
comunicación directa y ese encuentro vital que constituye la
sustancia de la elocuencia. Sobre todo, si el conferenciante lee
como si no entendiese. O, lo que es más frecuente, sin
relacionarse con lo que lee. Además, al usar este
procedimiento, difícilmente el texto puede adecuarse a las
circunstancias concretas.

Sin embargo, en algunos casos, la lectura del discurso puede ser


necesaria. Tratándose de personas que tienen
responsabilidades públicas (jefe de gobierno, ministros,
dirigentes políticos y sindicales, etc.), en determinadas
circunstancias, deben sopesar las ideas y las palabras, decirlas
con precisión y justeza, aún en sus matices.

En estas circunstancias —cuando no queda otra alternativa que


leer—, para lograr una mejor comunicación conviene tener en
cuenta las siguientes sugerencias:

Mirar lo más posible al público, de modo que se establezca una comunicación a través de la
mirada o, al menos, que la gente no se desconecte por falta de contacto visual. Si los ojos se
mantienen clavados en el papel, sin levantarlos un solo momento, falta la conexión de la
mirada, la comunicación resulta muy insuficiente y el discurso leído, que en sí es muy pesado,
se hace todavía más difícil de seguir. Un buen procedimiento para poder mirar al público
cuando se lee un discurso es aprender los finales de párrafo, de modo que se pueda mirar al
auditorio sin "desconectarse del texto".

Hay que leer bien. Esto significa leer fragmentando el texto en conjuntos flexibles, modulados,
con diferentes ritmos según lo que se dice, con carga afectiva y cuidando la velocidad de la
lectura, de modo que la gente pueda seguir tanto el contenido como los sentimientos que
expresa.

En lo posible, que no se vean las notas o los folios que contienen el texto de la conferencia (el
uso del atril es óptimo para estos propósitos). Un "montón" de hojas que han de ser leídas a la
vista del público predispone negativamente desde el primer momento.

Lo más importante es aprender a leer como si no se leyese; para ello hay que leer una frase y,
apoyado en la memoria inmediata, repetirla en voz alta. Con este procedimiento, uno queda
más libre respecto del papel y se facilita la comunicación. En algunos casos, en vez de repetir
la frase, una vez captada la idea, se procede a parafrasear o glosar lo que se ha leído.

En suma, cuando se lee un discurso, es recomendable recordar


que la gente está oyendo, no leyendo y que oír una lectura
monótona es una invitación al sueño o al menos a la
somnolencia. O lo que es lo mismo: a no enterarse de lo que se
está escuchando (Ander-Egg y Aguilar Idáñez, 2002, pp. 112-
115).

Discurso de memoria

Tampoco conviene pronunciar discursos aprendidos


íntegramente de memoria. Y esto por varias razones. En primer
lugar, porque el discurso da la impresión de artificialidad. Por
otra parte, subsiste "algo" entre el orador y el público, más sutil
que en el texto leído, pero no menos real. No será una "muralla
invisible", sino una "cortina de humo" que dificulta el encuentro
vivo entre el conferenciante y el público.

Una conferencia aprendida de memoria adquiere un estilo


"cantado" o "recitado" que la vuelve insípida, falta de naturalidad
y carente de calor humano. Además, por la tensión que se tiene
frente al público, se corre el riesgo de olvidarse de algún pasaje
del texto aprendido y, como consecuencia de ello, quedarse
mudo en medio de la disertación y esto... sería desastroso
(Ander-Egg y Aguilar Idáñez, 2002, p. 115).
Discursos con ayuda-memoria

Las "ayuda-memorias" pueden ser de tres formas principales:


disponer de todo el texto escrito, de un esquema o boceto o bien
de solo algunas notas.

Ayuda-memoria que dispone de todo el texto escrito. Consiste


en escribir enteramente el discurso y luego tenerlo a la vista
como "ayuda-memoria", pero sin atenerse rigurosamente al
texto. Un cierto número de conferencistas y oradores prefiere
este procedimiento, fundamentalmente porque el texto escrito
otorga seguridad intelectual y psicológica al que tiene que hablar
en público. Al mismo tiempo, este puede mantener un aceptable
contacto visual con el auditorio.

También, en este procedimiento podemos aplicar lo que


decíamos antes, leer como si no se leyese, pero en este caso no
se trata de repetir la frase que se ha leído, lo que hay que hacer
es captar la idea y expresarla luego con las propias palabras.

Discurso con esquema o boceto. Cuando ya se tiene


experiencia, aun cuando se haya escrito todo o en parte el
discurso, el orador o conferenciante se puede limitar a preparar
cuidadosamente un esquema, boceto o guion que utilizará para
la presentación. En otros casos, solo elaborará el guion, lo
meditará y madurará largamente, buscando las fórmulas más
interesantes y originales, improvisando luego sobre los temas
así creados y enlazados.

Lo sustancial es elaborar un esquema que contenga los puntos


esenciales del discurso, de modo que cada palabra o frase del
guion sugiera una serie de ideas y cuestiones que el orador ya
conoce. Estas se irán revistiendo de palabras a medida que se
desarrolla el discurso. Lo fundamental de este proceso consiste
en utilizar palabras que susciten ideas, y luego expresar las
ideas con las propias palabras... todo ello sin pasar por el texto
escrito. Aquí vale aquello que decía el poeta Horacio: "No
busques palabras, busca hechos y pensamientos y
atropellándose vendrán palabras sin ser buscadas."

Este método da libertad y seguridad; al mismo tiempo, facilita


todos los arranques que lleva consigo el calor del discurso y
asegura que el pensamiento y la expresión no floten al azar. Sin
duda, es el método más recomendable, pues une al máximo de
rigor al máximo de elasticidad. El itinerario del pensamiento está
jalonado hasta el punto que el orador no puede perderse, pero al
mismo tiempo hay un gran margen de espontaneidad y
plasticidad, que es lo que da vida al discurso.
Otra ventaja de este método es que se presta a los
requerimientos de las circunstancias y permite la adaptación a
diferentes auditorios. Mientras el esquema o guion es invariable,
el contenido se puede ampliar o reducir de acuerdo con las
circunstancias. El método goza al mismo tiempo de la gran
ventaja de que una misma conferencia, pronunciada varias
veces, nunca sea idéntica y mantenga una cierta frescura, sin
perder el rigor de un discurso bien organizado. Por otra parte,
ahorra al orador el sentimiento de ser un papagayo que repite
unas frases o ideas de manera más o menos automática.

Discurso utilizando notas. No hay que confundir esta forma de


presentación con la preparación de un esquema o boceto; aquí
de lo que se trata es de preparar notas, preferentemente en
tarjetas, que sirven de ayuda-memoria. A veces, en las notas se
incluyen citas, datos o información que es necesario citar con
toda exactitud (Ander-Egg y Aguilar Idáñez, 2002, pp. 115-118).

Discurso sin nada escrito a la vista

Esta forma de presentación (ningún texto visible) es la más


adecuada para una mayor y más profunda comunicación con el
público. Es casi la única forma eficaz para hablar a grandes
masas (mítines, concentraciones, etc.). Para utilizar este
método, es necesario retener perfectamente en la memoria el
esquema del discurso y las ideas centrales que se quieren
expresar. Como bien se ha dicho, este procedimiento consiste
en "decir, con palabras no previstas, ideas ya previstas",
siguiendo la secuencia que se establece en el esquema. Si no
hay una secuencia en la exposición de las ideas, se corre el
riesgo de divagar (Ander-Egg y Aguilar Idáñez, 2002, p. 118).

C O NT I NU A R
LECCIÓN 3 de 3

Referencias

Ander-Egg, E., Aguilar Idáñez, M.J. (2002). Cómo aprender a hablar en


público. Buenos Aires, Argentina: Grupo Editorial Lumen

Goldvarg, A.E. (2017). Oratoria consciente: cómo lograr presentaciones orales


que sorprendan. Buenos Aires, Argentina: Granica

Mendoza, A. (s.f.). Célebre Discurso de Steve Jobs en la Universidad de


Stanford. Recuperado de https://mercadeoglobal.com/blog/textos-del-
celebre-discurso-de-steve-jobs-en-la-universidad-de-stanford/

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