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Responsabilidad empresarial en represión laboral

1) El documento describe el cinturón industrial del norte de Buenos Aires, Santa Fe y la Capital Federal, que fue un foco de organización y protesta obrera en las décadas de 1960 y 1970. 2) La región albergaba grandes fábricas que empleaban entre 1,000 y 5,000 trabajadores, y fue objeto de gran inversión para la sustitución de importaciones. 3) A comienzos de la década de 1970, la sindicalización y protesta obrera se intensificaron en la región, lo que llevó a una mayor rep

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Responsabilidad empresarial en represión laboral

1) El documento describe el cinturón industrial del norte de Buenos Aires, Santa Fe y la Capital Federal, que fue un foco de organización y protesta obrera en las décadas de 1960 y 1970. 2) La región albergaba grandes fábricas que empleaban entre 1,000 y 5,000 trabajadores, y fue objeto de gran inversión para la sustitución de importaciones. 3) A comienzos de la década de 1970, la sindicalización y protesta obrera se intensificaron en la región, lo que llevó a una mayor rep

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P arte I i

Zona norte
de la provincia
de Buenos Aires,
Capital Federal
y sur de Santa Fe

PRESENTACIÓN

P R E S E N TA C I Ó N


El cordón industrial que se extiende desde la zona norte de la provincia
de Buenos Aires hasta el sur de Santa Fe, ha sido uno de los más bullentes

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
focos de organización, protesta y agitación obrera en el país, durante los
años 60 y 70. También, y por ello mismo, ha sido esta una de las regiones
donde más intenso fue el accionar de la guerrilla urbana. Allí, desde la
zona de San Lorenzo y Rosario, pasando por Villa Constitución, San Ni-
colás, Zárate y Campana, hasta llegar al norte de la Capital Federal, es-
taban instaladas fábricas como Acindar, Dálmine-Siderca, Ford, Astarsa,
Mestrina, Lozadur, Grafa y Cattáneo. El apartado que aquí se abre agrupa
informes sobre estos casos y sobre Mercedes-Benz, de la zona oeste del
conurbano bonaerense. La selección agrupa a las fábricas metalúrgicas más
grandes de entonces (Acindar, en Villa Constitución, y Dálmine, en Cam-
pana), dos automotrices (Mercedes-Benz, en González Catán, y Ford, en
General Pacheco), dos astilleros (Astarsa y Mestrina, ambos en Tigre), dos
fábricas ceramistas (Lozadur, en Boulogne, y Cattáneo, en Villa Adelina) y
Grafa (textil, en Capital Federal). Salvo las automotrices, las demás fábricas
eran de capitales nacionales (haciendo la salvedad respecto del carácter
transnacional de Techint, dueña de Dálmine-Siderca) y, salvo Mestrina y las
ceramistas, todas eran plantas que empleaban entre 1000 y 5000 operarios.

Esta extensa región fue, desde los años 50 en adelante, receptora de al-
tos niveles de inversión de capital, promoviéndose una industrialización
que generó grandes concentraciones poblacionales, principalmente en
los primeros cordones del conurbano bonaerense, pero también en loca-
lidades ribereñas como los casos de Campana, Zárate y Villa Constitución.
Metalúrgicos, autopartistas, terminales automotrices, textiles, químicos, pe-
troquímicos, mecánicos, ceramistas, fueron algunos de los principales ru-
bros de inversión para la sustitución de importaciones. También lo fueron
los insumos básicos para otras industrias y para la construcción y bienes de
alto valor, como los tubos de acero sin costura que, a partir de los años 70

217
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

comenzaron a exportarse al mundo, dando lugar al desarrollo de una indus-


tria semipesada y pesada. Una compleja red de pequeñas y medianas em-
presas y grandes industrias se expandió a lo largo y ancho de este territorio.
En toda industrializada y densamente poblada franja inferior del río Para-
ná, hacia los años 60 y 70 comenzó a intensificarse el proceso de sindica-
lización y protesta obrera, producto de la experiencia de lucha hecha por
los trabajadores a partir de los diversos intentos del empresariado de in-
crementar los niveles de producción y productividad, como de la conexión
de estas experiencias con la resistencia y radicalización de diversos secto-
res frente a las diferentes iniciativas militares (golpes de 1955, 1962, 1966),
la proscripción del peronismo y la convulsionada situación revolucionaria
que se vivía en distintas partes del mundo. Este estado de rebeldía tuvo
expresión en el mundo de la producción a través de numerosas huelgas,
movilizaciones y otras formas de protesta como las tomas de fábricas, al
tiempo que los sindicatos y los espacios de representación fabriles co-
menzaron a ser disputados, al comenzar los años 70, a las conducciones
gremiales tradicionales. Numerosas comisiones internas, cuerpos de de-
legados y comisiones directivas de sindicatos, fueron ganados por grupos
combativos, desde el peronismo a la izquierda, desde quienes optaban
por la lucha armada y los que pretendían transitar una vía pacifista. Las
luchas de Villa Constitución y las jornadas de protesta por las medidas
económicas implementadas por Isabel Perón en junio de 1975, fueron de-
terminantes a la hora de acelerar tanto los intentos de organización desde
las bases (como las coordinadoras interfabriles, que tuvieron gran desarro-
llo en el cordón industrial norte) como la represión en la zona.
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Un año antes de la instalación de la dictadura en marzo de 1976 se realiza-


ron en el país los primeros grandes ensayos represivos a gran escala. Pa-
ralelo al despliegue del “Operativo Independencia” en Tucumán y a pro-
cesos represivos más puntuales como el de Ledesma en Jujuy, tuvo lugar,
el 20 de marzo de 1975, el “Operativo contra la serpiente roja del Paraná”,
que abarcó todo el cordón industrial de las riberas del Paraná y que tuvo
el foco operacional en Villa Constitución. Esta experiencia represiva previa
al golpe tuvo otras expresiones, como la organización de comandos para-
legales que ejecutaron secuestros, torturas y asesinatos, con participación
de sectores del sindicalismo tradicional, y los primeros ensayos organizati-
vos para la represión entre militares y empresarios —tales, los pedidos de
información de parte del Ejército y la DIPBA a las empresas y, por ejemplo,
el uso del Hotel Dálmine por oficiales militares—.
218
PRESENTACIÓN

Si bien la mirada desde abajo puede enseñar una relativa homogenei-


dad en términos de procesos de organización y protesta obrera, la mirada
estatal-represiva desde arriba enseñó una división del territorio en función
de operativizar el plan de exterminio. En este sentido, para los casos que
agrupamos corresponden distintas zonas, áreas y subáreas que la dictadu-
ra puso en funcionamiento a partir del 24 de marzo de 1976, ordenadas
por la directiva 404/1975.
Todos los casos seleccionados, con excepción de Acindar, se encontra-
ron inicialmente bajo la zona de operaciones I, cuyo responsable más
conocido fue el general Carlos Guillermo Suárez Mason, quien estuvo al

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
frente del Primer Cuerpo del Ejército entre 1976 y 1979. Esta zona mi-
litar estuvo repartida en diferentes subzonas, una de las cuales era la
subzona I, Capital Federal, que tuvo como responsables sucesivos hasta 1977
a los generales Albano Harguindeguy, Jorge Olivera Rovere, José Montes y
Andrés Ferrero, y estaba dividida en siete áreas, quedando la fábrica textil
Grafa, de Bunge & Born, comprendida en el límite entre el área IV y IIIA. El
área IV estaba bajo jurisdicción del Batallón de Arsenales 101, cuyos jefes
fueron hasta 1977 los coroneles Julián Capanegra y Carlos Hipólito As-
summa, mientras que el Área IIIA se encontraba bajo dirección de la ESMA
cuyo máximo responsable hasta 1979 fue el capitán de Navío Rubén Ja-
cinto Chamorro. El caso de Mercedes-Benz, ubicado en González Catán,
partido de La Matanza, también comprendido dentro de la zona I, per-
teneció a la subzona 11, cuyos responsables máximos fueron los coman-
dantes de la Brigada de Infantería Mecanizada X, con asiento en La Plata
(hasta 1979, los generales Antonio Bussi, Adolfo Sigwald y Juan Bautista
Sasiain), y dentro de esta subzona al área 114, bajo jurisdicción del Grupo
de Artillería Mecanizada 1, siendo sus jefes hasta 1979 los coroneles Hugo
Pascarelli y Antonio Fichera. Entre los centros clandestinos de detención
(CCD) conocidos de esta zona estuvieron El Banco y El Vesubio.
Los casos de Mestrina, Astarsa, Ford, Cattáneo, Lozadur y Dálmine-Sider-
ca también estuvieron comprendidos dentro de la zona I en un inicio, pero
a partir del 21 de mayo de 1976, el Comando General del Ejército dictó la
orden parcial 405/1976, que reestructuró jurisdicciones e incorporó formal-
mente al Comando de Institutos Militares, con sede en Campo de Mayo,
como zona de defensa IV. Estos institutos actuaron como una gran unidad
de combate asimilable a las zonas; allí tuvo asiento el CCD “El Campito”.
Sus comandantes y jefes de zona fueron, en forma sucesiva, los genera-
les Santiago Omar Riveros, José Montes, Cristino Nicolaides y Reynaldo
219
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Benito Bignone. Esta zona 4 no tuvo subzonas, sino directamente nueve


áreas que cubrieron los partidos de Escobar y Tigre (área 410, donde se
encontraron los astilleros Mestrina y Astarsa y la automotriz Ford, cuyos
jefes máximos hasta 1979 fueron los coroneles Juan Carlos Camblor y
Eduardo Alfredo Espósito, y el principal CCD, la comisaría de Tigre, que
estaba bajo el mando de la Escuela de Ingenieros de Campo de Mayo);
San Isidro (área 420, donde estaban Lozadur y Cattáneo, bajo el mando de
la Escuela de Comunicaciones de Campo de Mayo); San Martín (área 430);
San Fernando (área 440); Vicente López (área 450); Pilar (área 460); General
Sarmiento (área 470) y 3 de Febrero (área 480).
La zona IV tomó también el control de la zona FT4, correspondiente a
Exaltación de la Cruz, Zárate y Campana, hasta entonces ubicada bajo la
subzona 11 de la zona 1. A partir del 8 de junio de 1976, a esta zona se le
asignó una jefatura de área, creándose el área 400, siempre a cargo del
Comando de Institutos Militares, con asiento en la Fábrica Militar de To-
lueno Sintético de Campana. En esta área tuvo una particular injerencia la
Marina, a través del Arsenal Naval de Zárate, bajo el mando del capitán de
fragata Sergio Buitrago. El primer responsable del área 400, con asiento
en Tolueno, fue el coronel Francisco Rolando Agostino, siguiéndole el te-
niente coronel Daniel Márquez. En 1977, cumplió tareas como director de
la fábrica Tolueno el teniente coronel Carlos Antonio Castagna, mientras
que actuaba como segundo jefe del área el teniente coronel Raúl Guiller-
mo Pascual Muñoz. Responsables máximos de Tolueno fueron los directo-
res de Fabricaciones Militares, como el general de división Diego Ernesto
Urricariet, mientras que también estaba como responsable de menor ran-
go el teniente coronel Pedro Carmelo Scarlata, ex jefe de producción de
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la fábrica. Las comisarías de Zárate y de Campana, el Buque Murature de


la Armada y el Tiro Federal de Campana, fueron algunos de los CCD de la
zona, donde también se destacó como lugar transitorio el Club Dálmine.
Finalmente, Acindar, en Villa Constitución, se encontró bajo la zona
militar II, que abarcaba Santa Fe y las provincias litoraleñas, además de Mi-
siones, Chaco y Formosa. Aquí, los responsables de la zona fueron, hasta
1979, los generales Ramón Genaro Díaz Bessone y Leopoldo Fortunato Gal-
tieri. Santa Fe estuvo bajo control de la subzona 21, estando Villa Consti-
tución dentro del área 211, bajo mando del Batallón de Comunicaciones
Comando 121 de Rosario y el Batallón de Arsenales 121 de Fray Luis Beltrán.


220
Acindar

Acindar (1)

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
1. Introducción
La empresa siderúrgica Acindar Industria Argentina, de Aceros SRL, fue
fundada en 1942 en las cercanías de Rosario, y en 1951, culminó su pri-
mera ampliación, instalando la denominada “Planta 2” en la localidad de
Villa Constitución, elegida por su proximidad con la localización previs-
ta de la empresa siderúrgica estatal Somisa, en San Nicolás. El proceso
de organización sindical en la planta de Villa Constitución fue rico y tuvo
distintas etapas. En 1973, una agrupación identificada con el sindicalismo
combativo se impuso en la comisión interna de Acindar y, luego de una
serie de obstáculos, impedimentos y movilizaciones, logró la convocatoria
a las elecciones de la seccional metalúrgica de 1974. La Lista Marrón, de
los trabajadores metalúrgicos de Villa Constitución, se convirtió entonces,
a partir de su triunfo en noviembre de 1974, en uno de los exponentes más
visibles del sindicalismo combativo a nivel nacional y logró cambios impor-
tantes en los escasos meses en los que pudo estar al frente del sindicato.
En respuesta a este creciente activismo político y sindical en la zona, el
gobierno nacional denunció la existencia de un complot subversivo en el
cordón industrial norte y con eje en Villa Constitución, y llevó adelante, el
20 de marzo de 1975, la ocupación de la ciudad por parte de un conjunto
de fuerzas represivas. Este proceso que tuvo como foco central a los tra-
bajadores metalúrgicos de Acindar y de Villa Constitución en general, se
convirtió en uno de los casos paradigmáticos de represión a los trabajado-
res en la etapa previa al golpe del 24 de marzo de 1976.

(1) Para la elaboración y corrección de este informe, fueron consultados o colaboraron de


distinta forma: Victorio Paulón, Ernesto Rodríguez, Zenón Sánchez, Gabriela Durruty, Jéssica
Pellegrino y Leonardo Simonetta. A todos ellos, agradecemos sus valiosos aportes.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

En la totalidad del proceso represivo que tuvo lugar desde 1975, casi un
centenar de trabajadores y de otras personas vinculadas con la empresa
Acindar fueron víctimas de delitos de lesa humanidad. 18 fueron asesi-
nados, 8 se encuentran desaparecidos y 69 estuvieron detenidos y luego
fueron liberados. Un rasgo distintivo del caso es que la mayor parte de
estos hechos sucedieron con anterioridad al golpe de estado. Otro ele-
mento significativo del caso es la estrecha vinculación entre los máximos
directivos y las fuerzas militares: el presidente del directorio de Acindar
en 1975 era José Alfredo Martínez de Hoz, quien pasó luego a desempe-
ñarse como Ministro de Economía de la dictadura desde marzo de 1976 a
marzo de 1981, siendo reemplazado al frente del directorio deAcindar por
el general Alcides López Aufranc. Se analizan aquí una gran cantidad de
elementos que dan cuenta de que la empresa no solo tenía conocimiento
acerca de las violaciones a los derechos humanos, sino que puso además
una diversidad de recursos a disposición del aparato represivo. Son ejem-
plo de ello la militarización de la planta a través del funcionamiento de un
destacamento policial dentro de ella, que fue usado no solo para albergar
a integrantes de las fuerzas represivas sino también como centro clandes-
tino de detención; la detención de trabajadores en su lugar de trabajo; la
provisión de medios de transporte y la provisión de legajos personales de
los trabajadores e información para que se pudiera llevar a cabo la deten-
ción, entre otros.

2. Proceso productivo
La empresa Acindar Industria Argentina de Aceros SRL fue fundada en
1942 al sur de Rosario, provincia de Santa Fe, por un grupo de empresa-
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rios encabezado por los ingenieros Arturo Acevedo y José María Aragón.
La firma se constituyó a partir de la asociación de dos empresas cons-
tructoras: la empresa Acevedo y Shaw y la Compañía de Construcciones
Civiles de Aguirre y Aragón. (2) En 1946, Acevedo se convirtió en el único
propietario de la empresa habiendo comprado la participación del resto
de los socios.
Luego de la aprobación en 1947 de la llamada “Ley Savio” que promovió
la industria siderúrgica considerándola estratégica para el desarrollo na-

(2) Basualdo, Victoria, “Complicidad patronal-militar en la última dictadura argentina: Los ca-
sos de Acindar, Astarsa, Dálmine Siderca, Ford, Ledesma y Mercedes-Benz”, en Engranajes,
n° 5, Bs. As., FETIA-CTA, 2006.

222
Acindar

cional (y previendo un papel central para la empresa siderúrgica Sociedad


Mixta Siderurgia Argentina, Somisa), Acindar inició su primera ampliación,
que culminó con la instalación en 1951 de la denominada “Planta 2”, en
la localidad de Villa Constitución La elección del lugar de esta localidad
estuvo vinculada con la localización proyectada para la planta de Somisa,
finalmente inaugurada en 1961 pero cuya planificación ya estaba iniciada,
con la intención de que los abasteciera de productos semiterminados para
que Acindar pudiera expandir la gama de producción y fabricar laminados.
Acindar instaló entonces en la planta de Villa Constitución un tren de la-
minación en caliente comprado a la estadounidense Morgan Corporation.

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
La actividad siderúrgica se convirtió, durante la segunda etapa de la in-
dustrialización por sustitución de importaciones (ISI) en la Argentina en
una de las ramas más dinámicas. (3) En este contexto, la empresa desarrolló
hasta mediados de los años 60 una estrategia tendiente a abarcar otras
producciones vinculadas. Mediante la asociación con distintas empresas
de capital extranjero, Acindar promovió la fundación de firmas dedica-
das a la producción de insumos para distintas actividades industriales,
como la producción de automotores y tractores, entre otros. Ejemplos
de estas empresas fueron Acinfer (productora de piezas forjadas para el
sector automotor y ferroviario), Misipa (concentrada en la extracción de
hierro), Armetal (productora de piezas estampadas para el sector automo-
triz), Acinplast (productora de caños de plástico), Indape (concentrada en
la producción de aceros alto carbón), y Marathon (productora de aceros
especiales). (4)
A mediados de los años 70 se produjeron cambios fundamentales en la tra-
yectoria empresarial de Acindar. Durante el gobierno de María Estela Mar-
tínez de Perón, la empresa logró obtener la autorización para la integración
vertical de la producción mediante el decreto 218 de enero de 1976, lo cual
se concretó con la inauguración de la Planta Integrada Ing. Arturo Acevedo
(PIAA), el 18 de agosto de 1978. El siguiente fragmento de las memorias de

(3) Para un análisis en profundidad de la segunda etapa de la ISI y sus dos fases, ver Basualdo,
Eduardo, Estudios de historia económica Argentina. Desde mediados del siglo XX a la actua-
lidad, Bs. As., Siglo XXI, 2006.
(4) Ver Jabbaz, Marcela, Modernización social o flexibilidad salarial, Bs. As., CEAL, 1996; Ba-
sualdo, Eduardo; Fuks, Miguel Á. y Lozano, Carlos, El conflicto de Villa Constitución: ajuste
y flexibilidad sobre los trabajadores. El caso Acindar, Bs. As., IDEP/ATE, 1991; y Basualdo,
Victoria, “Shop-floor militancy and organization in the case of Acindar (1951-1974)”, en Labor
and structural change: shop-floor organization and militancy in Argentine industrial factories
(1943-1983), tesis doctoral, Columbia University, 2010.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

la empresa de 1976 anticipa adecuadamente los beneficios que tuvo para


la empresa la autorización para la integración vertical lograda en ese mo-
mento clave, en el que coexistieron los peores episodios represivos con el
crecimiento empresarial:
Acindar tiene en ya vías de ejecución su anhelado plan de inte-
gración que le permitirá controlar todos sus factores de costo,
conduciendo el proceso productivo desde el mineral de hierro
hasta los productos terminados. La financiación, tanto exter-
na como interna, está asegurada, siendo un deber destacar el
apoyo del Banco Nacional de Desarrollo, que comprendió ca-
balmente la importancia y trascendencia que para el plan side-
rúrgico tiene el proyecto Acindar, al aportar 600.000 toneladas
anuales de palanquilla, en una primera etapa, que se ampliará
posteriormente hasta alcanzar un millón de toneladas. Merece
también una referencia el Banco Interamericano de Desarrollo,
que con el importante préstamo otorgado a Acindar, amplió el
panorama de su acción crediticia, reservado hasta el presente
caso: exclusivamente a obras estatales, para apoyar a una em-
presa privada, demostrando con ello su confianza en la compa-
ñía y en el proyecto presentado. Estamos convencidos que los
esfuerzos realizados durante años con fe, tenacidad y confianza
en el futuro argentino, tendrán, a partir de ahora una rápida eje-
cución, pudiendo en el año 1978 inaugurar la planta de reduc-
ción directa de mineral de hierro y la acería con hornos eléctri-
cos y colada continua, que serán motivo de legítimo orgullo, no
solo para los integrantes de la empresa y sus accionistas, sino
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para todos los argentinos por su importante aporte al desarrollo


de la industria siderúrgica, madre de industrias y base del desa-
rrollo económico nacional. (5)
Al proceso consolidado en 1978 de integración de la fundición con la fa-
bricación de acero y la de laminación se sumó, además, el impacto del
proceso de concentración en la actividad siderúrgica durante la dictadura,
del que este grupo fue un beneficiario central. En este período, Acindar

(5) Acindar: Memoria y Balance. Ejercicio 1975/1976 - 34º ejercicio, 1º de julio 1975 - 30 de
junio 1976, en Comisión Nacional de Valores. Economía, política y sistema financiero. La
última dictadura cívico-militar en la CNV, Bs. As., Ediciones Comisión Nacional de Valores,
octubre, 2013, pp. 131.

224
Acindar

absorbió una serie de empresas siderúrgicas, particularmente el grupo


Gurmendi —compuesto por las empresas Genaro Grasso y Santa Rosa—,
dando un salto definitivo a la conformación de un grupo económico oligo-
pólico siderúrgico. Producto de esta absorción, que se concretó antes de
que Martínez de Hoz fuera reemplazado en el Ministerio de Economía por
Lorenzo Juan Sigaut, en marzo de 1981, se cerraron unidades productivas
concentrándose la producción en las plantas de Villa Constitución y la Ta-
blada (ex Santa Rosa). (6) En este mismo sentido, al centralizarse también se
redujeron las funciones administrativas y gerenciales, llevándose adelante
una alta reducción de personal proveniente del grupo Gurmendi y cam-
bios en la organización del trabajo en las plantas. (7) El impacto del proce-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
so de concentración en la trayectoria empresarial queda claro cuando se
considera que en 1978 Acindar se encontraba en la posición 31 entre las
200 empresas que más vendían de la Argentina, con un monto de ventas
de $[Link]; en 1979 había ascendido a la posición 20, con ven-
tas de $[Link]; en 1980 estaba en la posición 21, con ventas de
806.470, y en 1981 se encontraba en la posición 17 y sus ventas rondaban
los $[Link].000. (8)
Durante la dictadura la empresa fue receptora de cuantiosos recursos es-
tatales, entre ellos, los regímenes de promoción industrial —a expensas
de la empresa estatal Somisa—, entre otras transferencias de recursos
que cimentaron su expansión como grupo económico. Un ejemplo de
sostén de la empresa a costa de un endeudamiento estatal ocurrió cuan-
do a principios de 1981 Acindar SA no pudo cumplir con vencimientos
de un préstamo en pesos otorgado por el Banco Nacional de Desarrollo
(BANADE) y varios externos avalados por la misma entidad y contravala-
dos por la Secretaría de Hacienda de la Nación lograron diferimientos y
refinanciaciones. (9) Como otras empresas, Acindar también se benefició
de la estatización de los pasivos empresarios en 1982, acumuló una deuda
externa de USD652.000.000, que luego transfirió al Estado. Al año siguien-
te, amparándose en otro decreto de promoción industrial, logró instalar
un nuevo tren laminador que costó $40.000.000. A continuación, compró

(6) Comisión Nacional de Valores, Economía…, op. cit., p. 127.


(7) Giniger, Nuria, “Así se templó el acero”, tesis doctoral, Universidad de Buenos Aires,
p. 143.
(8) “Notas sobre ranking de empresas en ventas (20/12/1979 - 17/12/1981 - 19/08/1982)”, en
Revista Mercado. En Archivo Nacional de la Memoria.
(9) Comisión Nacional de Valores, Economía…, op. cit., p. 127.

225
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Laminfer, Navarro, Perfilar, M. Heredia y Puerto Vilelas y creó en San Luis


seis subsidiarias para fabricar y comercializar productos siderúrgicos, de
acuerdo con los incentivos previstos en las leyes 20.021 y 22.702: Puar,
Clamet, Tejimet, Indema, Torón y Fandermet.
Este conjunto de transformaciones implicó un cambio fundamental en la
estructura productiva y significó una alteración muy significativa del mo-
delo siderúrgico. “Savio” se realizó con promociones, protecciones, exen-
ciones y todo tipo de beneficios estatales, y como resultado se conformó
un duopolio siderúrgico nacional, dominado fuertemente por los grupos
económicos Acindar y Techint. Durante la década del 80, Acindar siguió
expandiéndose, y a mediados de la década, una vez consolidado el pro-
ceso de fusión y de control del mercado interno, la empresa llevó adelante
una descentralización regional de algunas de las fases finales de la pro-
ducción, a lo que luego siguió un proceso de reconversión productiva y de
implementación de los denominados “nuevos métodos de trabajo”, que
ocasionaron otro ciclo de grandes conflictos, cuyo hito central fue el lock
out de 1991, fuertemente combatido por los trabajadores y el sindicato. (10)
En 2004 el grupo Acevedo vendió la empresa a Belgo Mineira, una side-
rurgia brasileña del grupo belga Arbet que después se fusionó con Usinor
(empresa francesa privatizada) y con Aceralia (firma española privatizada)
constituyendo el gran grupo mundial de acero Arcelor, que finalmente fue
absorbido por la india Lakshmi Mittal. Arturo Acevedo falleció en 1968,
siguiéndole al mando de la empresa su hijo homónimo, que dejaría su
cargo a su vez al fallecer en 1999, momento en que sus dos hijos, Arturo
Tomás y Jorge, lo sucedieron.
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3. Proceso conflictivo
La historia gremial de la localidad de Villa Constitución, en el marco del
cordón industrial extendido entre la zona norte de la provincia de Buenos
Aires y el sur de la provincia de Santa Fe, es rica y extensa. Se recuperan
aquí únicamente, y en forma breve, algunos hitos de la historia del sindicato
de trabajadores metalúrgicos: la seccional de la zona de la Unión Obrera
Metalúrgica (UOM), la cual agrupaba a los trabajadores de una serie de em-
presas dedicadas a la industria metalúrgica, entre las que se encontraban
Acindar, Marathon (productora de aceros especiales y propiedad del grupo

(10) Basualdo, Eduardo; Fuks, Miguel Á. y Lozano, Carlos, op. cit., pp.18/20.

226
Acindar

Acindar), Metcon (Metalúrgica Villa Constitución, entonces propiedad de


Ford), Villber (fábrica de electrodomésticos), entre otras, las cuales cons-
tituían un núcleo central de la actividad económica en la localidad, convi-
viendo con otras actividades tradicionales como la portuaria, ferroviaria, y
la producción agropecuaria.
En lo que se refiere al desarrollo socioeconómico y territorial, para el mo-
mento que la planta estaba siendo construida al costado de la ex ruta 9,
Villa Constitución había triplicado su población siendo declarada ciudad y
generando un gran flujo migratorio de las provincias litoraleñas. Políticas
empresariales acompañadas del apoyo del Estado favorecieron el asen-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
tamiento de esta gran masa de trabajadores, junto a tradiciones deriva-
das de modelos de acumulación previos donde ya existía la experiencia
o conocimiento de trabajadores golondrinas que, provenientes de otras
provincias, llegaban a esta zona a trabajar en la cosecha del maíz, por
ejemplo, desde Entre Ríos. Para la mayoría de los jóvenes, muchos de
ellos con historia laboral rural, el ingreso a la fábrica Acindar constituía
un anhelo porque significaba, entre otras ventajas, seguridad, estabilidad
laboral, buenos salarios y posibilidades de créditos. (11) Al mismo tiempo
que esta gran masa de trabajadores se incorporaba al proceso productivo
de la planta metalúrgica, Acindar iba conformando un perfil de trabajador
para integrar su empresa. Se construyeron chalets destinados al personal
jerárquico de la empresa que incluía un sector para los empleados solteros
que se conoció como “albergue de solteros” (12) y se fomentó al mismo
tiempo que los trabajadores administrativos formaran su familia otorgan-
do un bono del 50% del sueldo al momento de contraer matrimonio. (13)
Durante los primeros años de existencia de la empresa, y los últimos del
segundo gobierno peronista, los trabajadores quedaron incluidos bajo
los convenios de trabajo refrendados por la UOM nacional. En 1952 se
fundó la UOM de Villa Constitución y en las primeras elecciones resultó
electo como secretario general Roberto Nartallo. Este último, ligado al
vandorismo, fue detenido en los primeros años de la dictadura de 1955,

(11) Muchos de los extrabajadores de Acindar dan cuenta de este aspecto en las entrevis-
tas que se le realizan para el Archivo Oral de Memoria Abierta. Victorio Paulón, Juan Actis,
Cástulo Bogado, Néstor Delmasse, Zenón Sánchez, entre otros, recuerdan sus orígenes en el
campo y relatan el traslado a la ciudad en busca de trabajo en las fábricas.
(12) Más adelante se hará referencia al lugar que tomaron los albergues durante el proceso
represivo de Villa Constitución.
(13) Giniger, Nuria, op. cit., p. 96.

227
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

recuperó la conducción del sindicato en 1958 y, por distintas circunstan-


cias, fue separado y perdió el cargo sindical en 1967. La conducción de
Nartallo desplegó una conducción basada en “hombres fuertes”; delega-
dos y miembros de la comisión interna que ocupaban importantes lugares
en la producción y que fueron acusados por los trabajadores de mantener
una notoria connivencia con el sector directivo de la empresa. Entre otras
cuestiones, no había realizado avances en cuestiones clave para los traba-
jadores, como las condiciones de producción, de salubridad y ritmos de
trabajo, tradicionalmente duras en una actividad como la siderurgia, que
implicaba un trabajo de gran intensidad, una extrema exigencia física y
la manipulación de materiales a muy altas temperaturas, con niveles muy
elevados de ruido. Asimismo, eran frecuentes los traslados de los trabaja-
dores de una a otra actividad.
Durante la segunda etapa de la industrialización sustitutiva se produjo un
crecimiento de la seccional de Villa Constitución (que, de acuerdo a los
datos disponibles pasó de tener quinientos afiliados al final del peronismo
a cerca de 2300 afiliados a fines de la década del 60) y las rivalidades al
interior del sindicato derivaron en su intervención hacia 1967, dando por
finalizada la gestión del peronismo local con la renuncia de Roberto Nar-
tallo. Las elecciones de 1968 dieron por resultado el triunfo a un dirigente
que respondía a la UOM nacional, Ricardo Gómez. Durante su gestión,
y en base a las insatisfacciones con el tipo y orientación de la dirigencia
sindical, se conforma el movimiento de oposición combativa. Las críticas
se centraban en la inacción de la dirección sindical frente a la venta de
Acinfer y la creación de Metcon; que trajo como consecuencia el despido
de 700 trabajadores y una reorganización interna de la fábrica que terminó
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con nuevas cesantías: alrededor de 80 trabajadores, entre ellos miembros


de la comisión interna de 1967 como Orlando Sagristani y José Pepe Gius-
ti. Ante esta situación se organizaron medidas de fuerza que buscaron im-
pedir los despidos y la organización opositora definió la creación en 1969
del Grupo de Obreros de Acindar (Goda), con Sagristani y Giusti como
miembros de la comisión interna.
Los conflictos recién se iniciaban, y la lucha gremial contra la compañía
se fundía con la interna sindical. El 31 de diciembre de 1969 se inició en
Acindar una huelga que se extendió hasta marzo de 1970, aunque de for-
ma intermitente, con el objetivo de incorporar a delegados y trabajadores
despedidos, que sumaban alrededor de 40. Una situación similar ocurri-
ría en Metcon. El Ministerio de Trabajo intervino y declaró la conciliación

228
Acindar

obligatoria. La compañía mantuvo los despidos de activistas y el 21 de


febrero se declaró un nuevo paro que sumó a 1600 trabajadores a la me-
dida, con manifestación callejera y creación de una comisión de lucha de
nueve miembros, entre los que se encontraba Sagristani. La acción obrera
se mantuvo 23 días, cuando el 16 de marzo la empresa despidió a siete
miembros más, todos de la comisión interna. El conflicto llegó a una so-
lución cuando siete compañeros despedidos, entre ellos Sagristani, acep-
taron finalmente la indemnización. Esta decisión generó cierto malestar
entre los trabajadores, pero más tarde el trabajador indemnizado retornó
a la actividad militante y donó el dinero a los activistas.

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
Luego de estos hechos, vivenciados como una derrota, en 1970 se debían
renovar las autoridades del gremio. Sin embargo, el sindicato fue nueva-
mente intervenido por un período de cuatro años durante los cuales prác-
ticamente desapareció la actividad sindical. Aníbal Hernández se refiere a
la relación que mantenían algunos delegados con los jefes de la fábrica:
Había uno que un día, me querían hacer agarrar una máquina
de alta tensión que eran rapidísimas (…) y había una de las má-
quinas de baja tensión y se había roto una, ¡y vino el encargado
con el delegado, a querer hacerme agarrar una máquina que
no me correspondía! (…) Era una vergüenza, un delegado que
venga con el encargado a querer hacerte agarrar una máquina,
ya es lo último. (14)
Con la aparición de activistas jóvenes, la participación sindical se fue forta-
leciendo; el antiguo Goda se transformó en Grupo de Obreros Combati-
vos de Acindar (Goca) y, en 1971, comenzó a funcionar el semi-clandestino
Movimiento de Recuperación Sindical (MRS), cuya primera gran acción fue
la intervención para renovar delegados y los cinco miembros de la comi-
sión interna. Según cuenta Juan Actis, que había ingresado a la empresa
en 1971 con 21 años, la tarea de preparación y propaganda tuvo que ser
clandestina para evitar el riesgo de exponerse al castigo o al despido:
“… Y así nos fuimos organizando, ya te digo, muy por abajo y con mucho
cuidado porque si te detectaban directamente te echaban al diablo”. (15)
En cada sección, había candidatos que respondían a la dirección del
sindicato y otros al MRS. De la elección de un cuerpo de delegados

(14) Memoria Abierta, “Testimonio de Aníbal Pedro Hernández”, Rosario, 2007.


(15) Memoria Abierta, “Testimonio de Juan Actis”, Rosario, 2007.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

de 83 miembros, la mitad electa respondía directamente a la corriente


combativa. El 15 de enero eligieron a la Comisión Interna y los trabajadores
propuestos por el MRS fueron: Alberto Piccinini, que había comenzado a
trabajar en Acindar con 19 años en 1961; Pascual D’Errico, Ramón Zoulo,
Néstor Delmasse y Ángel Porcú.
Como resultado de este proceso se elaboraron temarios por sección con
reivindicaciones concretas, que se presentaron de forma masiva a los direc-
tivos. Asimismo, se implementó en la Junta de Delegados un plan para nor-
malizar el sindicato, que para entonces recaudaba $100.000.000 mensuales
por cuota sindical, en una relación desproporcionada con los $4.000.000
mensuales para los gastos de la seccional Villa Constitución. Una de las
principales demandas fue la mejora de la atención médica e incluso la aper-
tura de un policlínico en Villa Constitución, demandas que desde la direc-
ción del sindicato se retaceaban. Esto llevó a una gran manifestación frente
a la sede sindical, que partió de la fábrica con cinco micros. Más de 300 tra-
bajadores exigieron una fecha electoral para normalizar la seccional, que se
construyera el policlínico y que se explicara el destino de los descuentos de
la cuota sindical y de la ley 18.610 de beneficios sociales. En relación a esto,
y para comprender la creciente participación de los trabajadores en los es-
pacios sindicales son interesantes las declaraciones de Cástulo Bogado:
Un día, por ejemplo, yo no podía caminar, tenía una molestia,
fui al servicio médico y los médicos de la fábrica dijeron que yo
estaba en condiciones de trabajar, entonces volví al sector. Y a la
noche, cuando voy a mi casa, ya ni podía caminar. Entonces mi
familia hizo llamar a la comisión interna, vinieron a mi casa esos
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compañeros y me llevaron a la clínica Empalme de Villa Consti-


tución, y ahí me diagnosticaron que yo tenía paperas y que tenía
que hacer reposo absoluto, y que estaba en una situación límite,
que podría haber quedado estéril sino hacía reposo. (16)
A partir de una asamblea espontánea el interventor Trejo se vio obligado
a viajar a Buenos Aires para conversar con el secretario general Lorenzo
Miguel. Al regresó logró dilatar el cumplimiento de las demandas con la

(16) Declaración testimonial de Cástulo Bogado brindada el quince de octubre de 2013, en


el Expediente Nº FRO 13174/2013 caratulado “N.N. s/Homicidio agravado p/ el conc. de dos
o más personas en concurso real con imposición de tortura, en concurso real con privación
ilegal de la libertad. Presentantes: Stara, Gonzalo Daniel. Víctimas: Luna, Agustín Reynaldo y
otros”, radicada en la Unidad de Asistencia para causas por violaciones a los derechos huma-
nos del Ministerio Público Fiscal de Rosario.

230
Acindar

idea de que la cercana asunción de Perón mejoraría todo. Además, se


fijó fecha para las elecciones que se realizarían al comenzar el siguiente
año. Pero las expectativas se vieron opacadas por la decisión que tomó el
Secretariado Nacional de la UOM de reemplazar la intervención y suspen-
der las elecciones, demorando el llamado al Congreso de Delegados y la
subsecuente conformación de Junta Electoral.

Por entonces, el Movimiento de Recuperación Sindical se había converti-


do en un espacio más amplio: el Movimiento Metalúrgico 7 de Septiembre
(M7S), que funcionaba en el viejo local de la FORA anarquista, y que más
tarde asumiría la denominación de Lista Marrón para competir en las elec-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
ciones de la seccional de la UOM. Este movimiento convocó a una asam-
blea el 26 de enero de 1974, a la que asistieron más de 250 trabajadores
de talleres chicos y de distintas empresas metalúrgicas: Acindar, Metcon,
Marathon, Villber e Indape.
El 7 de marzo de 1974 agentes de la intervención acompañados por el
trabajador Raúl Ranure, (17) fuertemente ligado a los grupos paramilitares
de la Triple A, recorrieron la planta anunciando las futuras elecciones, de-
nunciando la presencia de comunistas y sugiriendo a los trabajadores que
se inclinen por las listas peronistas. (18)
Llegó un momento que tuvimos una provocación dentro de la
fábrica. Vinieron dos tipos de Buenos Aires, dos matones, y se
metieron adentro de la fábrica sin permiso nuestro, que éramos
la comisión interna, y bueno, los echamos. Entonces, nos echan
del gremio. Vamos a hablar con la empresa y la empresa se abre
y nos dice “Ah no, el gremio los expulsó, nosotros no tenemos
más trato con ustedes”, entonces le decimos que tenemos pro-
blemas con el gremio, con la empresa. Y la empresa cómplice
del gremio no nos reconoce. (19)

Esta situación generó un tumulto que permitió a la intervención expulsar


a trabajadores de la comisión interna y a delegados. En este sentido, son
ilustrativos los dichos de Victorio Paulón:

(17) Según extrabajadores de Acindar Ranure, trabajaba en sector clavos. Confirman esto
en el encuentro del viernes 13 de febrero de 2015, realizado en el local de la UOM de Villa
Constitución.
(18) Basualdo, Victoria, Labor and structural change …, op. cit., p. 241.
(19) Memoria Abierta, “Testimonio de Néstor Delmasse”, Rosario, 2007.

231
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

En una de esas va el interventor a la fábrica y [se desata] una


discusión con la comisión interna, porque fue a hablar con la
patronal sin pasar por la comisión interna [que era], bastante
violenta. Entonces le mandan el telegrama de expulsión a 12
delegados, entre ellos Piccinini. Y cuando le mandan la expul-
sión, los muchachos van y se reúnen con el gerente de recursos
humanos, el caballo Aznares, que terminó siendo un entregador
de compañeros, un tipo muy nefasto, muy ligado a la iglesia de
Villa (…) Los compañeros le dice que no se metan, que era un
problema interno del gremio, y le dice que no, si a ustedes los
desafilia la UOM, nosotros los echamos. (20)

La reacción obrera no se demoró: por la tarde se declaró la huelga y por la


noche se tomó la fábrica, el 8 de marzo de 1974. Se realizaban asambleas
con una activa participación de los trabajadores de cada sección, se colo-
caron tanques de solvente en las puertas de la fábrica y hasta se retuvo a
distintos ejecutivos de la empresa. La intervención dio marcha atrás y aho-
ra los trabajadores aprovecharon el contexto y desde el M7S se exigieron
elecciones inmediatas.

Es sugerente lo expresado por Mary Dal Dosso, abogada de los trabaja-


dores, cuando se refiere a la toma ocurrida durante la primera semana de
marzo de 1974:
En la segunda toma, habían puesto tanques de nafta alrededor
de donde estaban todos los directivos, entonces decían que si
avanzaba la policía prendían los tanques. Tuvo que bajar un re-
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presentante del Ministerio de Trabajo de Buenos Aires. Se firma


el acta de desocupación, para dejar a la empresa en buenas con-
diciones, y el compromiso de llamar a elecciones en 120 días. Se
entrega y se marcha desde Acindar, todo por la ruta, hasta llegar
a la plaza. Y ahí empieza otra historia, porque todos se habían
comprometido, pero la UOM no daba señales de vida. (21)

Mientras tanto, las acciones de represalia contra los huelguistas infundie-


ron terror: se detonaron bombas en locales comerciales solidarios con el
proceso de huelga; y la empresa y el Estado aumentaron la disposición de

(20) Memoria Abierta, “Testimonio de Victorio Paulón”, Rosario, 2007.


(21) Memoria Abierta, “Testimonio de María Josefa Dal Dosso”, Rosario, 2007.

232
Acindar

fuerzas, instalando en marzo de 1974 un destacamento policial dentro del


predio de Acindar y militarizando así sus instalaciones.
A ese gran movimiento ellos tratan de desarmarlo y lo hacen
de la forma más brutal; las primeras bombas que ponen no es a
nosotros sino a los que nos apoyan, la primera la ponen en una
mueblería que nos apoyaba, también a una estación de servicio,
a un abogado. Querían aislarnos sobre la base del terror. (22)

A una semana de comenzada la huelga, por intermediación de funciona-


rios del Ministerio de Trabajo, se firmó un acta para realizar elecciones en
180 días, se constituyó una comisión normalizadora para que garantice el

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
proceso y el sector directivo se comprometió a no tomar represalias. Los
obreros triunfaron y celebraron con más 12.000 personas en la plaza San
Martín de Villa Constitución. Se había producido lo que se conoció como
“El Villazo”: un proceso de movilización obrera que adquirió notoriedad
a nivel nacional como símbolo de la lucha de agrupaciones combativas,
tanto contra las direcciones empresariales como cuestionando las conduc-
ciones sindicales más conciliadoras y ortodoxas. (23)

Terminado el conflicto, durante el mes de abril, los trabajadores comba-


tivos de Acindar continuaron buscando adhesiones a su causa. Así, el 3
de abril se reunieron en la Federación Gráfica Bonaerense, junto a los tra-
bajadores de Marathon y Metcon, donde recibieron el apoyo de varios
sindicatos y grupos políticos. El 20 de abril se realizó un plenario antiburo-
crático nacional en el Club Riberas del Paraná, que tenía como principales
objetivos respaldar el proceso de lucha de los metalúrgicos de Villa Cons-
titución, y al mismo tiempo contribuir a articular a corrientes sindicales
combativas en todo el país. De él participaron 6000 personas, entre ellos
los líderes sindicales combativos como Agustín Tosco y René Salamanca,
que se pronunciaron contra las leyes de prescindibilidad, contra el “mato-
naje sindical” y contra el congelamiento salarial. (24)

(22) Memoria Abierta, “Testimonio de Juan Actis”, cit.


(23) Rodríguez, Ernesto J. y Videla, Oscar R. (comps.), El Villazo, la experiencia de una ciudad
y su movimiento obrero, Santa Fe, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Secretaría de
Derechos Humanos, 2013.
(24) Cangiano, [Link], What did it mean to be a revolutionary?: Peronism, Clasismo and the
steel workers of Villa Constitution, Argentina, 1945- 1995, tesis doctoral, State University of
New York at Stony Brook, diciembre 1996, p. 369.

233
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Asimismo, este proceso se caracterizó por la convivencia entre líneas de


militancia sindical y líneas de acción política y político-militar que a ve-
ces confluyeron y se complementaron, y otras atravesaron conflictos y
desacuerdos. (25) En este sentido, muchos militantes de las agrupaciones
políticas de la época se incorporaban al trabajo en las fábricas y a la mili-
tancia sindical. El activismo en Acindar mantuvo una estrecha correspon-
dencia con la demanda del colectivo de los trabajadores, expresándose
en una unificada Lista Marrón.

A pesar de que supuestamente se había garantizado la convocatoria a


elecciones, los conflictos continuaban. El secretariado nacional de la UOM
siguió dilatando los cumplimientos del último compromiso, que a su vez
era desconocido por el Ministerio de Trabajo, en un contexto en el cual los
trabajadores continuaron siendo amenazados. Esto llevó a los miembros
de la lista Marrón a redoblar sus esfuerzos con dos objetivos: conseguir las
demandas exigidas a Acindar y alcanzar las elecciones de la UOM local.
Para ello visitaron a legisladores que luego comentaron el tema a Juan
Domingo Perón en la residencia de Olivos antes de su fallecimiento, aun-
que este se desligó del problema derivándoselo al ministro Otero. María
Dal Dosso recuerda:

[que] en un asado, según cuenta Sandler, en asados que ha-


cía Perón en la quinta de Olivos, estaban todos los diputados
y ministros. Y que hablando de la situación en el sindicato, Pe-
rón dijo que de eso tenía que hablar Otero. Y Otero habló del
acuerdo en elecciones pero que había que esperar que el com-
pañero Lorenzo Miguel dijera algo. (26)
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Los sectores combativos del sindicato continuaron debatiendo un plan de


lucha y, en un congreso de delegados, el 15 de mayo se convocó a una
asamblea general a realizarse el 3 de junio, a la que concurrieron unos 3000
obreros que reiteraron numerosas demandas que iban desde aumento
salarial a el retiro de la policía de las plantas, y decidieron el quite de co-
laboración a la empresa y un paro de diez minutos por el asesinato de tres

(25) Es importante recordar el secuestro del gerente de Acindar Erich Breuss realizado por el
PRT - ERP, el 23 de julio de 1974. Este hecho es recordado por muchos de los trabajadores
como un claro ejemplo de desacuerdo entre la militancia sindical y la militancia político-militar.
(26) Memoria Abierta, “Testimonio de María Josefa Dal Dosso”, cit.

234
Acindar

compañeros en Campana. (27) Volvieron a entrevistarse con funcionarios del


Ministerio de Trabajo y legisladores nacionales, lo cual finalmente llevó a
la UOM central a otorgar las elecciones reclamadas, no sin cuestionar a
algunos delegados electos y así demorar la normalización.
En tanto, la empresa negó el aumento salarial y rechazó asimismo el 85%
de los restantes puntos presentados en los temarios anteriores. Mientras
tanto, permitía al activista ligado al secretariado nacional Raúl Ranure con-
vocar a una asamblea para restablecer las horas extras por encima de los
delegados y la comisión interna electa. Al mismo tiempo, fuera de la fábri-
ca, continuó la violencia y el 1° de agosto, un mes después de la muerte de

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
Perón, detonaron una bomba en el local de la Lista Marrón y fue asesinado
el apoderado de la lista el diputado nacional Ortega Peña:
La Lista Marrón funcionaba en el local de la FORA que nos lo
habían prestado. Y una madrugada ponen dos bombas y lo des-
truyen y en cuatro horas había 17.000 personas en la plaza y el in-
terventor se compromete ahí a convocar a elecciones de sindica-
to. Entonces, en diciembre hay elecciones y gana la marrón (…)
Estos atentados, algunos estaba el comando Juan Manuel de
Rosas, también la Triple A, también la JPRA, la juventud sindical
(…) Los de la FORA, se sabe que vino gente de Buenos Aires con
Ranure, que ahora murió. Las otras no estaban lejos de ahí. (28)

Los atentados movilizaron a gran parte del pueblo de Villa Constitución,


que en un acto público escuchó a sus oradores plantear la opción de la
autodefensa. El espiral de violencia fue en ascenso. Un grupo detuvo al
ex delegado de Marathon, Hipólito Cardozo, quien confesó por escrito
formar parte de una lista oficialista de la UOM y de un comando civil —
junto a Carlos Sánchez, José Luis Gómez, Raúl Ranure y otros— con el cual
habían colocado distintos explosivos contra miembros y adherentes de la
Lista Marrón, y aseguró que desde su grupo informaban a los directivos
sobre los activistas a cambio de dinero, y que el jefe de policía, Reinaldo
Buchaillot les había asegurado que tenían “carta blanca”.
En este contexto se anunciaron finalmente las elecciones en la seccional
metalúrgica de la localidad para la semana del 25 de noviembre. Era tal la

(27) Los asesinados fueron Mesa, Moses y Zidda, militantes del PST. El hecho se conoció
como “la masacre de Pacheco”.
(28) Memoria Abierta, “Testimonio de Juan Actis”, cit.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

amenaza de la violencia que los apoderados de la lista combativa crearon


una comisión de apoyo a la democracia y al proceso electoral, convocan-
do a distintos actores políticos y sociales, locales y nacionales. Finalmente,
la Lista Marrón le ganó a la Lista Rosa por 2623 contra 1473 votos, con
Alberto Piccinini postulado como secretario general y Dante Manzano, de
Metcon, como adjunto. Sin embargo, la conducción sindical que asumió
sus puestos el 1º de diciembre de 1974 pudo desarrollar menos de cuatro
meses de gestión “antiburocrática, antipatronal y antiimperialista” antes
de que el proceso represivo interrumpiera la construcción sindical.
En este lapso tan corto se lograron, sin embargo, transformaciones impor-
tantes. No solo se incrementó significativamente la cantidad de afiliados
(cuando se realizaron las elecciones el sindicato tenía 4438 miembros y
hacia 1975 prácticamente todos los trabajadores metalúrgicos estaban afi-
liados, elevando el número a 7000), sino que se lograron al mismo tiempo
avances en varias direcciones. Los dirigentes locales plantearon al Secre-
tariado Nacional de la UOM la urgente necesidad de mejorar la atención
médica de los trabajadores para lo que propusieron crear un policlíni-
co. Asimismo, se seleccionaron delegados por cada una de las fábricas
metalúrgicas encargados de la elaboración de un anteproyecto para las
siguientes negociaciones paritarias, que fue discutido por un congreso
general de delegados, se constituyó una articulación en una CGT local
compuesta por los principales gremios de la localidad (tales como ferro-
viarios, portuarios, municipales, textiles, aceiteros, comercio, bancarios,
maestros), con reuniones semanales y planes de trabajo. Al mismo tiem-
po, y como respuesta a la inflación, se realizaron pedidos de aumento de
salarios en todas las empresas y contratistas metalúrgicos, logrando pre-
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acuerdos con todas las empresas en torno a cifras muy por encima de los
convenios y sugerencias del gobierno. (29)
Sin embargo, este proceso se vio brutalmente interrumpido por una po-
lítica represiva desarrollada a partir de marzo de 1975. Como recuerda
Juan Actis:
Ganamos las elecciones, estamos tres meses, hicimos un mon-
tón de cosas: aumentos, conquistas. Y [denunciamos] el trabajo

(29) Basualdo, Victoria, “La organización sindical de base en Acindar Villa Constitución en la
segunda ISI: aportes para la comprensión de sus particularidades y significación histórica”,
en Victoria Basualdo (coord.), La clase trabajadora argentina en el siglo XX: experiencias de
lucha y organización. Bs. As., Cara o Ceca, 2011.

236
Acindar

peligroso, la insalubridad. Entonces esto lleva a la alianza estra-


tégica entre la patronal —burocracia— y el Estado. Ya habían
golpeado SMATA, Luz y Fuerza, entonces el 20 de marzo nos
golpean a nosotros, para llegar a las paritarias con el movimien-
to obrero domesticado. (30)

4. Proceso represivo (31)


Los hechos represivos que se desarrollaron en la empresa Acindar deben
ser necesariamente analizados en el marco del proceso que abarca al
conjunto de los trabajadores y habitantes de la localidad de Villa Cons-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
titución, por lo cual se toma aquí un foco más amplio, que no se centra

(30) Memoria Abierta, “Testimonio de Juan Actis”, cit.


(31) Los datos acerca de los hechos en los cuales fueron víctimas trabajadores de Acindar o
personas que hayan sufrido delitos de lesa humanidad y se pueda determinar algún tipo de
responsabilidad de la empresa se reconstruyeron a partir del abordaje y entrecruzamiento de
diversas fuentes entre las que se pueden mencionar legajos SDH, legajos Conadep, testimo-
nios judiciales, entrevistas realizadas para la investigación y disponibles en distintos archivos
orales, documentos disponibles en el Archivo Nacional de la Memoria y bibliografía escrita
y publicada; además de aportes decisivos de protagonistas e investigadores. Se ha podido
determinar la existencia de, al menos, 97 víctimas de delitos de lesa humanidad vinculadas a
la empresa: 18 asesinatos, 8 desapariciones y 69 detenidos liberados y/o ex presos políticos.
Además de las personas mencionadas en el relato, se tiene información de las siguientes
víctimas: Osvaldo César Abbagnato Ramallo, Rubén Héctor Ferraris Venturino, Nadia Doria
Pagnanni, Alberto Mario Galimberti, Carlos Néstor Ponce Negri, Oscar Roberto Chávez, Jor-
ge Angélico Sklate Ambrogui y Teresa Beatriz Soria de Sklate se encuentran desaparecidos.
Jorge Ramón Chaparro, Oscar Raúl Ojeda, Juan Carlos Tumbetta, Juan Carlos Ponce León y
María Cristina Lucchesi fueron asesinados. Juan Antonio Aquino, Víctor Simón Arnau, Pedro
Francisco Bruzzoni, Roberto Carballada, Rolando Omar Chávez, Ramón Ariel Comas, Mary
Dal Dosso, Félix Del Bo, Pascual D’Errico, Juan Manuel Dianda, José Alberto Estévez, Loren-
zo Deolindo Farías, Hugo Alberto Gasanea, Irineo Teófilo Graff, Rodolfo Graff, Juan Carlos
Graiño, Carlos Alberto Giménez, José Américo Giusti, Clodoaldo Gómez, Elvesio Lisle Her-
nández, Agustín Reynaldo Luna, Rodolfo Enrique Larroquete, María Eva López de Gasanea,
Carlos Alberto Lobotti, Nora Marta Mattion, Juan Jesús Navarro, Enea Ernani Penotti, Juan
Carlos Porta, Mireya Rojo, Miguel Simonovich, Carlos Antonio Sosa, Julio Cesar Soulos, René
Spinelli, Manuel Alberto Soulos, Miguel Ángel Taborda, Raúl Marcos Vacs y Pablo Andrés
Villanueva fueron detenidos y luego liberados. Además, no se pudo determinar la situación
de Pedro Ferreti y es importante señalar que Cristian Horton fue herido en el operativo en
el que muere su madre. Por otro lado, es imprescindible mencionar otros trabajadores que
fueron víctimas de delitos de lesa humanidad y que pertenecían a empresas metalúrgicas de
Villa Constitución cercanas a Acindar: Bernardo Galitelli detenido liberado de Somisa; Wil-
fredo Aliana, Antonio Erceg, Ramón Galarza, Farías y Adolfo Del Sarto trabajadores de Vill-
ber detenidos liberados; Pedro Álvarez, Chato Gañán y Luis Segovia detenidos liberados de
Marathon; y Manuel Duarte, Miguel Farías, Leonardo Lezcano, Elvio Nardón, Roberto Ricci,
Pacho Juárez, Pepe Kaláuz y Abraham Yofra detenidos liberados de Metcon. El relato no
agota un posible listado de víctimas, sino que se refiere a las que hemos podido reconstruir
a partir de información fidedigna.

237
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

exclusivamente en los procesos estrictamente referidos a trabajadores de


la empresa. Esta decisión está estrechamente vinculada con las caracte-
rísticas que tomó la represión en la zona y con que la evidencia de parti-
cipación empresarial atañe no solo a los trabajadores de Acindar sino al
conjunto de trabajadores y militantes de Villa Constitución.
Un episodio represivo de gravedad que se le presentó a la nueva conduc-
ción sindical fue la detención a fines de enero de 1975 del delegado de
la Sección Púas de Acindar, Osvaldo Raúl Foresi, acusado por la policía
local de tener material explosivo en su domicilio y de desarrollar activida-
des subversivas. Como respuesta a la detención, el sindicato organizó una
marcha sobre la Ruta 9, con apoyo de la CGT Regional.
Pero el proceso represivo recién se iniciaba. Durante la madrugada del 20
de marzo de 1975, alegando una vasta operación subversiva terrorista con-
tra el país y su gobierno, el gobierno nacional desarrolló un operativo en
el cordón industrial de zona norte con especial foco en Villa Constitución.
La ciudad fue ocupada por 4000 agentes de fuerzas policiales (federales
y provinciales), los Pumas, (32) Side, Gendarmería Nacional, la Organización
Paramilitar Antisubversiva de Santa Fe y miembros de la derecha de la
Juventud Sindical Peronista, quienes portaban brazaletes del Ministerio
de Bienestar Social. (33) Llegaron de la ciudad de Buenos Aires patrulleros,
carros de asalto, lanchas y helicópteros. Antes de tomar la decisión, la
presidenta María Estela Martínez de Perón se había reunido con Martínez
de Hoz, que era entonces el Presidente de Acindar, con el consentimiento
tácito del dirigente sindical metalúrgico Lorenzo Miguel. El análisis oficial
del supuesto complot indicaba que se buscaba paralizar la producción
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industrial vital para el país de la zona de Rosario a San Nicolás, usurpar


los sindicatos y obligar a los obreros a no concurrir al trabajo, y se referían
a esta amenaza con la denominación de “La Serpiente Roja del Paraná”.
Actis recuerda:
De ahí nos llevan a la federal de Rosario, veo el diario La Razón
donde en titulares había salido que había sido descubierto el

(32) Guardia rural de policía provincial llamada “Los Pumas”, heredera de la gendarmería
volante conocida como “Los Cardenales” —esta última aparecida en la década de 1920 a
pedido de la compañía La Forestal—. La guardia rural Los Pumas fue creada en 1961 por el
gobernador Sylvestre Begnis para controlar el abigeato, pero con Onganía ya cumplieron
algunas tareas represivas.
(33) Cangiano, M. Cecilia, What did it mean…, op. cit., p. 371.

238
Acindar

complot contra Isabelita y a nosotros nos detienen cuatro y me-


dia de la madrugada y los diarios cierran antes, así que había
complicidad. (34)
Las fuerzas represivas allanaron y saquearon más de un centenar de vivien-
das, encarcelaron a unos 300 trabajadores (35) y produjeron en distintos cho-
ques numerosos heridos y 15 muertos. La comisión directiva de la seccio-
nal de la UOM, excepto Luis Segovia y el Coco Dannunzio, fue detenida:
Alberto Piccinini, Juan Rodolfo Acuña, Benicio Donato Bernachea, Dante
Melchor Manzano, Adolfo Honorato Curti fueron sacados a empujones
y golpes de sus casas y alojados en la Jefatura de Policía de Rosario, en

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
un traslado en el que no faltó el hacinamiento, el hambreamiento y los
simulacros de fusilamiento. Asimismo, Mario Aragón fue detenido en San
Nicolás. También fueron detenidos referentes sindicales de otros gremios
como el secretario general de la Unión Ferroviaria de Villa Constitución,
Carlos Sosa y el dirigente ferroviario “Tito” Martín.

Asimismo, fue detenida Cristina Monterrubianesi, una docente a car-


go de la aplicación local de la “Campaña de Reactivación Educativa de
Adultos para la Reconstrucción” (Crear), el programa de alfabetización
que había lanzado Jorge Taiana desde el Ministerio de Educación du-
rante el gobierno de Héctor José Cámpora. Monterrubianesi atravesó
un proceso judicial en el que fue absuelta y liberada en diciembre de
1978, continuando bajo libertad vigilada un año y medio más. Un año
antes había sido levantada en un Ford Falcon por un grupo parapolicial
mientras afichaba las calles de la ciudad y había quedado retenida varias
horas, operativo en el que había participado Raúl Ranure. (36) También su
compañero y trabajador de Acindar, Tito Rusconi fue buscado, pero tuvo
mayor suerte porque en el momento del operativo ya había salido hacia
la fábrica en su camioneta, lugar al que no llegó porque el vehículo sufrió
un desperfecto técnico.

(34) Memoria Abierta, “Testimonio de Juan Actis”, cit.


(35) Según expresa María Cecilia Cangiano, la cantidad de detenidos oscila entre 180 y 300,
dependiendo de los diversos testimonios o fuentes, sean estas oficiales o no. Cangiano,
María Cecilia, What did it mean…, op. cit., p. 373. Lamentablemente, no existen aún listas
completes de los detenidos en este proceso; solo reconstrucciones parciales.
(36) Declaración testimonial de Cristina Monterrubianessi brindada el 08/04/2014, en Expe-
diente Nº 1075/06, caratulado “Almirón Rodolfo y otros s/ asociación ilícita”, radicado en el
JNac. Crim. y Correcc. Fed. N° 5, Capital Federal.

239
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

La feroz represión generó una nueva respuesta obrera. Se produjo lo que


algunos denominaron el “Segundo Villazo”, una huelga general que se
extendió por casi dos meses, con la coordinación de un comité de lucha
encabezado por Luis Ángel Segovia, único miembro de la comisión inter-
na de Acindar que no había sido detenido, así como por trabajadores de
las empresas Metcon, Marathon y Villber. La conducción del Comité de
Huelga se articuló también con comités barriales que colaboraron en la
provisión de alimentos, con la solidaridad de vastos sectores sociales y la
adhesión de distintos gremios. Mujeres, madres, esposas, hijas, hermanas,
novias, acompañaron este proceso de lucha. (37) El Ministerio de Trabajo
respondió ilegalizando las huelgas y amenazando con aplicar la Ley de Se-
guridad Nacional 20.840. El 23 de marzo, un comando de la organización
Montoneros asesinó en Rosario al subjefe de policía de Villa Constitución,
Telémaco Ojeda, acusado de torturador. Tres días más tarde, efectivos de
la Policía Federal encabezaron el desalojo de las plantas tomadas, dete-
niendo a delegados y subdelegados. (38)

La UOM nacional se expidió por primera vez recién pasados nueve días de
lo sucedido a través de Lorenzo Miguel, su titular. Manifestó que habían
pedido explicaciones por carta al Ministerio de Trabajo y que esperaban
una respuesta para tratar el asunto en el Consejo Directivo en los días
siguientes. Distintos partidos y fuerzas políticas provinciales (UCR, PI, PSP,
VC, PDP, PC, PST, MID, entre otros) se reunieron con el gobernador y ex-
presaron su preocupación por lo ocurrido. Al mismo tiempo, la UOM cen-
tral y el Ministerio de Trabajo nombraron un delegado para la seccional vi-
llense, Simón de Iriondo, quien, el año anterior, había disuelto y liquidado
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(37) Cangiano, M. Cecilia, What did it mean…, op. cit., p. 377.


(38) En relación a estos hechos hay una síntesis informativa confidencial del Departamento
de Inteligencia de la Policía Federal con fecha 31/03/1975, que describe un desalojo que
se realizó en la planta Acindar el 26 de marzo de 1975; describe la frecuencia con la que los
trabajadores fueron luego a sus puestos de trabajo y cita textualmente un telegrama que
la empresa envía a sus empleados... Relata que “el 26 ppdo. después de las 11:30 horas,
personal policial procedió a desalojar la planta Acindar. Más tarde se detuvo a dos personas
que merodeaban el establecimiento, remitidas luego a la cárcel de Coronda. A partir de ese
momento el personal no ha concurrido a sus lugares de trabajo. Esa actitud persistió en el día
de la fecha, a excepción del personal jerarquizado y superior que desempeñan normalmen-
te su labor. Consecuentemente la empresa, por intermedio de la sucursal de correos local,
envió 3500 telegramas a todos los operarios. El texto del mismo reza: ‘Villa Constitución
-27-3-75- habiéndose plegado al paro ilegal intimamos reanudación de tareas termino de 24
horas bajo apercibimiento de ley - Fdo. Acindar SA - Colaciónese2. Archivo Nacional de la
Memoria, “Síntesis Informativa de la Policía Federal Argentina Nº 242. Estado Mayor. Depar-
tamento de Inteligencia del día 31 de marzo de 1975”.

240
Acindar

como interventor la Federación Gráfica Bonaerense y el Smata Córdoba,


y que ahora advertía a los trabajadores, en nombre del Ministerio de Tra-
bajo, para que volvieran a las fábricas, conjuntamente con la empresa que
enviaba telegramas intimando a reanudar tareas en 24 horas. La paraliza-
ción de la producción repercutía en otras actividades, como la automotriz
y la construcción, por falta de los insumos que proveía Acindar, los cua-
les no solo paralizaban producciones importantes sino que generaban la
necesidad de importar gran cantidad de bienes intermedios provocando
problemas en las balanzas de pagos.

A la espera de si había una resolución ministerial de considerar si había

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
existido o no subversión, se decidía el enroque en la intervención, desig-
nando a Alberto Campos en lugar de Iriondo. Mientras tanto, continua-
ban los amedrentamientos y la violencia: el 10 de abril cerca de Rosario
es asesinado el trabajador de Acindar Miguel Ángel Lobotti. Días más
tarde, el 1º de mayo, sucedió lo mismo con un trabajador de Metcon,
Rodolfo Mancini, que apareció baleado e incinerado en el baúl de su
auto en Sarandí.

El Comité de Lucha mantuvo firme la decisión del paro y convocó a una


marcha para el día 16 que reunió a unas 2000 personas. En un encuentro
multipartidario llevado adelante en el local de la UCR villense, se pidió la
liberación de los detenidos, la devolución de la seccional de la UOM y el
retiro de las fuerzas de represión, mientras se convocó a un gran paro y
asamblea para el día 22 de abril. Esta asamblea y manifestación fue de una
gran magnitud: reunió a más de 7000 personas y fue recibida por una feroz
represión. El obrero José García, operario calificado de la sección Púas
del turno B de Acindar, fue gravemente herido ese día y falleció unos días
después. Alrededor de un centenar de personas fueron detenidas; más
tarde mantendrían esta condición delegados y activistas, siendo muchos
otros liberados. En paralelo, los principales dirigentes de la Lista Marrón
eran trasladados de Coronda a la cárcel de máxima seguridad de Rawson.
Al día siguiente, el Ministro del Interior, Rocamora, aterrizó en la pista de
Acindar y recorrió la ciudad acompañado por el Ingeniero Arturo Aceve-
do, propietario de la compañía.

Esta situación fue repudiada por el Comité de Lucha en una declaración


pública en la cual se argumentó que a partir de ese hecho quedaba evi-
denciada que la represión no era solo una cuestión gubernamental sino
que también estaban involucradas algunas de las principales empresas

241
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

metalúrgicas. (39) Se denunció, asimismo, que los gerentes de Acindar se


habían involucrado en forma directa en el conflicto, y visitaban en sus ca-
sas a los trabajadores que estaban en paro ofreciéndoles el doble de sus
salarios a cambio de que volvieran a sus puestos de trabajo. (40) Recién el 10
de mayo los trabajadores pudieron realizar una nueva asamblea del Comi-
té de Lucha, permitida por las autoridades locales. Palpados de armas por
la policía, rodeados de agentes de distintas fuerzas, debiendo acreditar
su pertenencia a la UOM, 3000 obreros reunidos en el Club Riberas del
Paraná ratificaron mantener la huelga. Durante los días siguientes, la UOM
nacional, las 62 Organizaciones, el Ministerio de Trabajo y la empresa, pre-
sionaron fuertemente para provocar el fin de la medida de fuerza.

En este contexto, se anunciaba la aprobación del plan de Acindar de inte-


grar la acería y concentrar el proceso productivo con créditos estatales. El
mismo día, 16 de mayo, un comando de Montoneros asesinó en Rosario
al director de relaciones laborales de Metcon, Martín O’Harriz Larzábal. En
tanto, obreros de Acindar vinculados a organizaciones político-militares
priorizaban el trabajo político en la fábrica, cuestionando este tipo de me-
didas y acciones. Finalmente, el 18 de mayo, después de 59 días, se levan-
tó el paro. Los obreros se enfrentaban a la posibilidad de que la empresa
recurriera al despido sin posibilidad de reincorporación tras 60 días de
paro, según prescribía la Ley de Contratos de Trabajo. Por otro lado, no
obstante el levantamiento del paro, las fábricas fueron ocupadas militar-
mente, se siguió deteniendo trabajadores y más de 1000 fueron despedi-
dos, siendo luego la mayoría irregularmente indemnizados.

A pesar de que la empresa prometió no tomar represalias contra los traba-


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jadores, aquellos que habían recibido el telegrama antes de que finalizara


el conflicto, estaban despedidos. Hubo otros que lo recibieron más tarde
porque eran considerados potencialmente peligrosos. Mientras tanto, la
empresa contrató nueva fuerza de trabajo joven y de otros vecindarios.
Por otro lado, después del levantamiento de la huelga los grupos políticos
armados desarrollaron nuevas medidas: Montoneros asesinó al funciona-
rio de la empresa Raúl Amelong. (41)

(39) Basualdo, Victoria, Labor and structural change … op. cit., p. 385.
(40) Basualdo, Victoria, ibid., p. 386; Cangiano, M. Cecilia, What did it mean…, op. cit., p. 418.
(41) Según María Cecilia Cangiano, Raúl Amelong era uno de los más altos gerentes de la
empresa. Cangiano, M. Cecilia, op. cit., p. 421.

242
Acindar

Pero la escalada de violencia no concluyó en lo que se conoció como el


“Operativo Serpiente Roja del Paraná”. En este contexto, se produjeron
secuestros, torturas y desapariciones forzadas, algunos de los cuales tuvie-
ron lugar en el albergue de solteros de la empresa Acindar, que funcionó
como centro clandestinos de detención. Allí actuaban fuerzas militares,
policiales y la guardia rural de policía provincial los Pumas. Desde enton-
ces, ninguna medida como paros parciales por turnos o intentos de afec-
tar la producción, pudieron detener el aumento de los ritmos de trabajo
y de la vigilancia adentro y fuera de la fábrica. Algunos delegados afines
a las luchas todavía podían recolectar fondos solidarios para los presos y
pedir la reincorporación de algún despedido, pero las dificultades eran

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
poco probables de superar. La última gran acción fue el acompañamiento
al paro nacional del 7 y 8 de junio de 1975, en repudio a las medidas de
política económica tomadas por el Ministro Celestino Rodrigo.

En octubre de 1975, fueron secuestrados el delegado metalúrgico Julio


Palacios, la abogada Concepción De Grandis —que defendía y represen-
taba legalmente a varios de los despedidos de la planta— y el obrero
metalúrgico y pastor Carlos Ruesca. Los fusilaron y sus cuerpos mutilados
fueron encontrados por personal ferroviario en la estación Monte Flores.
Asimismo, el 13 de diciembre secuestraron a Juan Carlos y Domingo Sa-
linas, de Metcon, y Oscar Raúl Ojeda de Acindar, quienes también apare-
cieron asesinados.

El 3 de diciembre de 1975 fue secuestrado de su casa otro delegado gre-


mial, en ese momento despedido de Acindar, Norberto Francisco Rodrí-
guez Ruíz, por personal que se identificó como perteneciente a la policía.
Norberto era delegado gremial de la fábrica y había sido despedido. Fue
encontrado el cuatro de diciembre de 1975 al costado del Río Paraná ase-
sinado boca arriba con las manos atadas en la espalda y los ojos vendados.

En enero de 1976, más personas fueron desaparecidas y/o asesinadas,


identificándose como jefe del operativo represivo a Aníbal Gordon. (42)
Ejemplo de esto son los acontecimientos del 8 de enero en torno a los
secuestros y asesinatos de Carlos Tonzo, Pedro Reche y Jorge Andino,
quienes fueron llevados en auto por personas de civil y cuyos cadáveres
aparecieron al costado del camino La Blanqueada con impactos de bala y
signos de tortura.

(42) Jefe de la Alianza Anticomunista Argentina conocida como la Triple A.

243
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

A partir del golpe, un capitán del Ejército se hizo cargo del sindicato inter-
venido, los despidos se incrementaron y más de 100 obreros, delegados
y activistas fueron encarcelados. Una gran parte de ellos desempeñaba
alguna tarea vinculada con el activismo gremial, y otros tenían además una
militancia partidaria. Algunas de las organizaciones que tuvieron presen-
cia y conexiones con los trabajadores de Villa Constitución en esos años
fueron la Columna Norte de Montoneros, el PRT-ERP, FAP, Poder Obrero,
Vanguardia Comunista, PST, PC, entre otros espacios políticos que habían
construido vinculación con sectores de los trabajadores.

5. La responsabilidad empresarial
De acuerdo a las actas de la empresa donde se especifican las constitu-
ciones y distribuciones de los cargos de directorio entre 1975 y 1979, en
el año 1975 los cargos estaban distribuidos de la siguiente manera: como
presidente, José Martínez de Hoz; vicepresidente, Juan Carlos Sorondo,
como directores, Arturo F. A. Acevedo, Jorge E. Acevedo, Eduardo E.
Aragón, Carlos A. Carrera, Ricardo S. Pujals, Juan P. A. Thibeaud y Lola
Acevedo; y como secretario del directorio Jorge E. Rivarola. (43) La distri-
bución de cargos y funciones se mantuvo de esta forma durante todos los
años de la dictadura con un único cambio: Alcides López Aufranc reem-
plazó a Martínez de Hoz en la presidencia de la empresa a partir de marzo
de 1976.
Existe una multiplicidad de testimonios, declaraciones y evidencias docu-
mentales que dan cuenta del involucramiento de la empresa en los críme-
nes de lesa humanidad. Una de las formas que tomó este involucramiento
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se traduce en la puesta a disposición de instalaciones y recursos materia-


les para la ejecución de la represión no solo a trabajadores de Acindar sino
también a militantes de la zona. Diversos relatos y documentos dan cuenta
de la presencia de un destacamento policial dentro de las instalaciones de
la compañía. En este destacamento, que funcionaba en lo que se conocía

(43) Material que surgió del allanamiento que se realizó en las oficinas administrativas de
Acindar por orden del JNac. Crim. y Correcc. Fed. N° 5. Se pudo ver el documento en el
cual Martínez de Hoz presentó la renuncia y fue designado en su lugar López Aufranc, actas
de directorio, memorias anuales y listas de empleados, en Expediente Nº FRO 13174/2013
caratulado “N.N. s/Homicidio agravado p/el conc. de dos o más personas en concurso real
con imposición de tortura, en concurso real con privación ilegal de la libertad. Presentantes:
Stara, Gonzalo Daniel. Víctimas: Luna, Agustín Reynaldo y otros”, radicada en la Unidad de
Asistencia para causas por violaciones a los Derechos Humanos del Ministerio Público Fiscal
de Rosario, Caja 4.

244
Acindar

como los albergues de solteros de la empresa, desarrollaba sus activida-


des la fuerza de la policía provincial anteriormente mencionada y conocida
como Los Pumas. En este sentido, una nota de Ancla (Agencia de Noticias
Clandestina) de agosto de 1976 describe un hecho en relación al accionar
de Los Pumas. Según la agencia de noticias clandestina el gobierno militar
especializó a una fuerza militar provincial de seguridad, la guardia rural
Los Pumas, para controlar los ritmos de producción y la disciplina laboral.
Los efectivos de esta fuerza se alojaron de forma permanente en la planta
de Acindar. La agencia relata que el 3 de agosto, en las afueras de Villa
Constitución, fue hallado el cadáver del ex dirigente del sindicato de Luz
y Fuerza Antonio Fernández, quien había sido secuestrado la noche previa

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
en la estación de servicio en la que trabajaba. Un informe oficial indicó
que Fernández había sido asesinado de varios disparos en la cabeza por
el oficial principal Eduardo Alberto Dalto y el agente Juan Francisco Díaz
de la dotación de Los Pumas acantonada en Acindar. (44)
Por otro lado, y en relación a la presencia del destacamento policial dentro
de la planta de Acindar, es elocuente una síntesis informativa confidencial
del Departamento de Inteligencia de la Policía Federal del día 25 de abril
de 1975. (45) En dicho documento se relata que ante el ataque armado que
ese día sufriera la Jefatura de Policía local de Villa Constitución, “se soli-
citó apoyo a las fuerzas de policía federal acantonadas en el complejo in-
dustrial Acindar, partiendo de inmediato un grupo de combate del cuerpo
Policía Montada”. (46)

(44) Revista Sudestada, n° 13, Edición Especial, Rodolfo Walsh y la Agencia de Noticias Clan-
destina. ANCLA 1976-1977, Bs. As.
(45) Archivo Nacional de la Memoria, “Síntesis informativa de la Policía Federal Argentina
Nº 313 Estado Mayor Departamento de Inteligencia del día 25 de abril de 1975”.
(46) Además de las ya mencionadas, se encontraron otras síntesis informativas del Departa-
mento de Inteligencia de la Policía Federal que hablaban de la situación en Villa Constitución
y en Acindar. Por ejemplo, una con fecha 03/04/1975 relata cómo una pareja armada interviene
en la empresa desde donde se emite música funcional a las plantas industriales y comerciales
de Acindar y coloca una cinta de la Organización Revolucionaria Poder Obrero con un texto
apoyando la resistencia en Villa Constitución. Archivo Nacional de la Memoria, “Síntesis in-
formativa de la Policía Federal Argentina Nº 249 Estado Mayor Departamento de Inteligencia
del día 3 de abril de 1975”.
Otra con fecha 1º de mayo de 1975 relata la detención de elementos supuestamente sub-
versivos: Candelaria Aurora Pérez, Zenón Sánchez, José Alberto Raquelo, Guillermo Hepala
y Victorio Dante Paulón. Archivo Nacional de la Memoria, “Síntesis informativa de la Policía
Federal Argentina Nº 330 Estado Mayor Departamento de Inteligencia del día 1 de mayo de
1975”.

245
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Un relato similar aparece en los informes del Departamento de Inteli-


gencia de la Policía de la Provincia de Santa Fe. Uno de estos documen-
tos, con fecha del 24 de marzo de 1975, relata un intento de copamiento
a la Jefatura de Villa Constitución donde estaban detenidos trabajado-
res de Acindar. Describe que arribaron 30 integrantes de la fuerza Los
Pumas y “federales que se encontraban acantonados en dependencias
de la fábrica Acindar” para “repeler el ataque extremista”. Otro, con
fecha de 2 de mayo de 1975, describe que “personal de la Brigada de
Explosivos de la Policía Federal acantonada en Acindar procedió a des-
activar una bomba que había sido colocada en las vías férreas”. (47) La
existencia de dicho centro policial fue admitida por el mismo comisario
inspector Carlos Rampoldi ante la delegación de la Conadep constitui-
da en Villa Constitución:

En el año 1977 ingresé a la Jefatura de la Policía de Villa Consti-


tución, con el cargo de comisario inspector a cargo de la División
Informaciones; en ese momento el grupo de Los Pumas ya estaba
acantonado en la fábrica de Acindar, cumpliendo tareas. (…) Este
grupo tenía su lugar de asentamiento cerca de Vera, y en ese mo-
mento había en Villa una fuerza de tarea conformada por unos 40
hombres, que venían de distintas unidades del Litoral, provenían
de distintas brigadas, estaban un mes y los renovaban por otro
contingente. Estaban dirigidos por personal de baja categoría.
De ese grupo se desprendía una sección para cuidar Rosario. En
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Otra con fecha 10 de mayo describe una asamblea de 2000 obreros de Acindar, Marathon y
Metcon en el Club Riberas de Paraná. Relata qué fue sucediendo en la asamblea, cantidad
de oradores, coincidencia en continuar con el paro, etcétera. Archivo Nacional de la Memo-
ria, “Síntesis informativa de la Policía Federal Argentina Nº 352 Estado Mayor Departamento
de Inteligencia del día 30 de mayo de 1975”.
(47) Estos documentos son informes generales de la situación de toda la provincia y se divi-
den en apartados como “gremiales”, “estudiantiles”, “político-estudiantil”, “subversivas”; y
también en zonas como “Departamento San Lorenzo”, “Departamento Rosario”, “Departa-
mento Villa Constitución”, “Departamento La Capital”. Ver Centro Documental del Museo
de la Memoria de Rosario, Archivos del Departamento de Inteligencia de la Policía de la
Provincia de Santa Fe.
Por otro lado, a partir de la exploración de los Archivos de la ex DIPBA pudo identificarse
el legajo 18, “Situación en Villa Constitución”, que cuenta con 456 fojas. A lo largo del do-
cumento se relata el conflicto desde el 20/03/1975 y se describen acciones de inteligencia
a las manifestaciones, a las mujeres de los trabajadores detenidos, operativos represivos y
detenciones —como, por ejemplo, las de Paulón, Zenón Sánchez y otros compañeros—. Ver
Comisión Provincial de la Memoria, provincia de Buenos Aires.

246
Acindar

la práctica, ellos dirigían los procedimientos, como detenciones


o custodia de un lugar, y pedían nuestra colaboración. (48)

En este sentido, Rodolfo Peregrino Fernández, excomisario de la Poli-


cia Federal, relató ante la Comisión Argentina de Derechos Humanos
(Cadhu) que los directivos establecieron una estrecha vinculación con las
fuerzas policiales mediante pagos extraordinarios en dinero que realiza-
ban a todo el personal policial: jefes, suboficiales, tropa, etc.; adjudicando
esta tarea al jefe de personal de apellido Aznáres y al jefe de relaciones
laborales Pellegrini. Acindar era, en su opinión, una fortificación con alam-
bres de púa, donde los oficiales policiales se alojaban en casas reservadas

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
para ejecutivos de la empresa. (49)

… las patronales de las industrias metalúrgicas instaladas allí,


en forma destacada el presidente del directorio de Acindar, in-
geniero Arturo Acevedo, establecieron una estrecha vinculación
con las fuerzas policiales mediante pagos extraordinarios en di-
nero (…) pagaba a todo el personal policial, jefes, suboficiales
y tropa, un plus extra en dinero, suplementario al propio plus
que percibían ya del Estado esos efectivos. El pago estaba a
cargo del jefe del personal, Pedro Aznárez y del jefe de relacio-
nes laborales, Roberto Pellegrini (…) Acindar se convirtió en una
especie de fortaleza militar con cercos de alambres de púas. Los
oficiales policiales que custodiaban la fábrica se alojaban en las
casas reservadas para los ejecutivos de la empresa.

Pero no solo se registró, en el caso de Acindar, esta presencia de fuerzas


militares dentro del predio de la fábrica, sino que además se probó que
los albergues de solteros, edificaciones dentro del predio y por lo tanto
bajo control empresarial, fueron utilizados como centros clandestinos de
detención (CCD). Hay una multiplicidad de relatos que dan cuenta de ello.
Analía Matilde Martín fue detenida en la fábrica por personal policial el 19
de junio de 1975 y llevada al “cuartel” en la misma planta. Le pegaron y
simularon fusilarla. Más tarde, fue trasladada a Rosario. Según su propio
relato, en ocasión de ingresar a Acindar a buscar un abrigo que había

(48) Archivo Nacional de la Memoria, declaración Conadep brindada por Carlos Alberto
Rampoldi el 30/08/1984 en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, delega-
ción Santa Fe, Villa Constitución, provincia de Santa Fe.
(49) Archivo Nacional de la Memoria, declaración testimonial brindada por Rodolfo Peregri-
no Fernández el 08/03/1983 ante la Comisión Argentina de Derechos Humanos.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

dejado en casa de su primo —que vivía en el Barrio Acindar, ya que traba-


jaba en la fábrica—, fue detenida dentro del predio. Recuerda que había
ido en auto con otros compañeros y estos se quedaron estacionados en
la ruta esperándola para evitar la gran cantidad de vallas de policías y
Pumas; en el auto queda una nota que ella tenía dirigida a Harguindeguy
solicitando la libertad de su tío “Tito” Martín, dirigente ferroviario. Den-
tro de Acindar la empieza a acorralar un auto, al que la suben, le vendan
los ojos y la llevan a los albergues. Supo después que los compañeros
que la esperaban en el auto también fueron torturados. (50) Relata cómo
fue amenazada y golpeada mientras estuvo en los albergues y que re-
cuerda haber visto muchísimas personas uniformadas y civiles. Describe
los albergues y cuenta que en el momento en que la están trasladan-
do a Rosario, desde el auto, giró la cabeza y en la galería vio una gran
cantidad de hombres, con las manos en la nuca, en hilera, detenidos.
Es interesante recuperar el relato de Analía Martín precisando algunos
elementos que refuerzan su certeza respecto de que el lugan en el que
estuvo detenida clandestinamente eran los albergues de solteros que se
encontraban en la planta Acindar:
Siempre supe que estaba en el albergue porque conocía bien
el barrio, porque tenía amigos de la adolescencia en el barrio.
(…) Dentro del albergue no sé dónde estuve; sí recuerdo que
me pasaban por un pasillito, que estaba en una habitación y me
llevaban a otra habitación. Lo que pasa que yo estaba ubicada
porque conocía el lugar (…) pero no sé si había más detenidos,
creo que no, no sé, no hablé con nadie. Porque esa imagen
que yo tengo de que había más personas, es cuando me lle-
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van, cuando nos trasladan, que nos llevan en un auto, sentados


atrás y yo hago así [gira la cabeza], miro el albergue cuando nos
íbamos y veo toda esa gente. Pero en el lugar que estaba no sé
si había más, creo que no porque si hubiera escuchado voces
naturalmente uno intenta tener un diálogo. (51)

Relata también el simulacro de fusilamiento que vivió en ese lugar. Le pe-


dían que firmara una declaración, pero ella quería leerla antes. Entonces

(50) Los compañeros a los que se refiere Analía Martín son Carlos Clementelli, Víctor Fer-
nández y Rubén Ramos, quienes fueron detenidos y llevados a los albergues donde los
torturaron. Luego fueron trasladados a la Justicia Federal de San Nicolás.
(51) Memoria Abierta, “Testimonio de Analía Matilde Martín”, Rosario, 2007.

248
Acindar

la sacaron afuera y le dijeron que, como no firmaba, la iban a matar, y


empezaron a tirar tiros cerca de ella; ante esa situación decidió firmar. Más
adelante, tuvo juicio y pudo leer el papel en el que afirmaba que su herma-
no era montonero comunista y que estaba preparando un copamiento a
Prefectura. Negó dicha declaración y explicó las circunstancias en las que
tuvo que firmar ese papel. Analía fue procesada por la ley 20.840 y puesta
a disposición del PEN siendo llevada a Devoto; recuperó su libertad en
agosto de 1978.
Un recorrido similar vivió su hermano Jorge Víctor Martín, quien fue dete-
nido en su casa en la madrugada del 20 de junio de 1975 y trasladado ven-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
dado y atado de pies y manos en un Falcon sin identificar a los albergues
de Acindar. Ahí fue torturado y sometido a tres simulacros de fusilamiento.
Según su testimonio, pudo identificar a Aníbal Gordon como uno de los
interrogadores:

... pude distinguir a una persona, vestida de civil, camisa celeste,


campera de corderoy y pantalón gris, al que en todo momento
lo denominaban “jefe”, quien en cierto momento le dio orden a
los que me interrogaban y golpeaban, de que ya estaba bien y
de que “blanquearan a estos pendejos” (…) [Tiempo después]
pude darme cuenta de que dicha persona era Aníbal Gordon. (52)

Menciona que sabe que estuvo en los albergues ya que “inmediatamente


mis familiares saben que me trasladan a Acindar, porque familiares y ami-
gos siguieron el auto que me trasladó”. Luego fue trasladado desde Acin-
dar a la Coordinación Federal en un auto Ford Falcon sin identificación
oficial, que no era un patrullero. Eduardo Félix Sosa recuerda:
Que el Negro Caro, hace poco me dio un borrador para trans-
cribir, donde contaba que fue sacado de su sector ARTAC por
miembros de la Triple A y de la Federal, conducido al albergue
de solteros donde fue apaleado, picaneado y de ahí a Buenos
Aires; luego lo regresan al albergue, continúa la tortura y luego

(52) Declaración testimonial de Jorge Víctor Martín brindada el 08/10/2014, en el


Expte. Nº FRO 13174/2013 caratulado “N.N. s/Homicidio agravado p/ el conc. de
dos o más personas en concurso real con imposición de tortura, en concurso real con
privación ilegal de la libertad. Presentantes: Stara, Gonzalo Daniel. Víctimas: Luna,
Agustín Reynaldo y otros”, radicado en la Unidad de Asistencia para causas por vio-
laciones a los Derechos Humanos del Ministerio Público Fiscal de Rosario.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

lo pasan a la Policía Federal de Rosario, Caro fue detenido en el


año 1976, no recuerdo el nombre. (53)
Muchos de los extrabajadores se refieren al lugar que tuvieron los alber-
gues en el esquema represivo. Alberto Piccinini relata que hubo complici-
dad de la empresa con la represión:
Cuando vino la represión, en los albergues de Acindar paraban
los policías que reprimieron y mataron gente (…) la fábrica les
daba albergue y les daba comida (…) la empresa facilitó informa-
ción, domicilios, todo (…) nosotros teníamos señalados a algu-
nos alcahuetes ahí adentro y algunos cuatro o cinco traidores. (54)
Asimismo, los extrabajadores de Acindar —Cástulo Bogado y Zenón
Sánchez— y la madre de uno de los trabajadores asesinados de la empresa
—María Lobotti— se refieren a los albergues como lugares de tortura. (55)
Los dichos de Cástulo Bogado son elocuentes en este sentido y aportan
otros elementos que colaboran en contornear la responsabilidad de la
empresa con los eventos represivos:
Al día siguiente vuelvo a entrar y me llama Pellegrini, jefe —vive
todavía, sigue caminando por Villa— (…) me llamó y me dijo que
yo no hablara más con la gente, que la empresa iba a tomar todas
las medidas necesarias por si había una perturbación en el sector
donde yo estaba, etc. Le digo “mira vos... No tenés que reco-
mendarme eso; si tenés que actuar, actuá” (…) Y a la noche me
levantaron a mí, la policía con un grupo de las tres A. Era en mayo,
29 de mayo, por ahí. Me pegaron todo el camino, me decían que
ellos eran el vermotuh porque después venía... Y fue así, más o
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menos. Me llevaron a la brigada de Quilmes. Acá en Acindar te-


nían un famoso albergue donde torturaban gente, puede ser que
me hayan torturado ahí, pero aparecí en la brigada de Quilmes. (56)

Pedro José Alfaro hace referencia a la instalación de fuerzas represivas


—señala a la policía montada, federal e infantería— en el albergue de sol-

(53) Declaración testimonial de Eduardo Félix Sosa brindada el 08/04/2014, en Expte. Nº 1075/06,
caratulado “Almirón Rodolfo y otros s/ asociación ilícita”, radicado en el JNac. Crim. y Correcc.
Fed. N° 5, Capital Federal.
(54) Memoria Abierta, “Testimonio de Alberto Piccinini”, Rosario, 2007.
(55) Estas inferencias surgen de los testimonios de Memoria Abierta.
(56) Memoria Abierta, “Testimonio de Cástulo Bogado”, Rosario, 2007.

250
Acindar

teros de Acindar, que funcionaba como cuartel y centro de detención e in-


terrogatorios. Menciona, entre sus integrantes, al oficial principal Mujica, a
quien describe recorriendo la ciudad en automóviles sin patentes y de civil:
Dentro de este cuartel se encontraba el oficial principal Mujica
de la policía montada, que tripulaba la ciudad en un auto Peu-
geot 504 natural, sin patente. Casi siempre se presentaba en
el bouling Bonifacio acompañado de efectivos de civil y de un
obrero de Acindar de apellido Ranure. (57)

Algunos relatos dan cuenta de que también otras edificaciones dentro del
predio fueron usadas para albergar detenidos, como los “chalets”. Luis Al-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
berto Tomasevich, quien fue detenido el 21 de junio de 1975 en el centro
de Villa Constitución por personal de la Policía Federal, recuerda que “fue
inmediatamente vendado, encapuchado y llevado a la empresa Acindar
al primer chalet a la derecha de la entrada, donde estuvieron siempre los
federales”. (58) En esa ocasión, al ingresar al albergue, pudo ver muchísimos
jóvenes uniformados de policía federal y otros de civil.
Por otro lado, Roberto Justo Martínez relata cómo el 25 de junio de 1975
fue “detenido por el personal de seguridad que operaba en los albergues
del barrio residencial de Acindar”. (59) Según su declaración, se le acercaron
tres personas de civil que se identificaron como integrantes de la Policía
Federal mientras se encontraba trabajando dentro de la planta Acindar,
en la sección clavos. Le dijeron que tenían orden de arresto y autorización
para sacarlo de la fábrica y que no se consideraría abandono de trabajo.
Traían con ellos una foto carnet de Roberto. Relata que fue trasladado en
un Falcón verde hasta los albergues y que, luego de una conversación que
mantuvieron con personas que se encontraban adentro, comentaron “a
este hay que llevarlo para allá”, siendo llevado a San Nicolás. En primer
lugar, los dichos de Martínez son esclarecedores no solo respecto del uso
de los albergues, sino también de la libertad con la que se movían las

(57) Archivo Nacional de la Memoria, declaración Conadep brindada por Pedro José Alfaro
el 07/02/1984 en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, delegación Santa
Fe, Villa Constitución, provincia de Santa Fe.
(58) Archivo Nacional de la Memoria, declaración Conadep brindada por Luis Alberto Toma-
sevich el 17/08/1984 en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, delegación
Santa Fe, Villa Constitución, provincia de Santa Fe.
(59) Archivo Nacional de la Memoria, declaración Conadep brindada por Roberto Justo Mar-
tínez el 08/08/1984 en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, delegación
Santa Fe, Villa Constitución, provincia de Santa Fe.

251
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

fuerzas de seguridad dentro de la planta, siendo que fue detenido en su


puesto de trabajo; y en segundo lugar, dan cuenta de la información con
la que contaban al detenerlo con la foto carnet del legajo de la empresa.
Según denunciaron con posterioridad algunos trabajadores ante la dele-
gación Santa Fe de la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Per-
sonas, Acindar ordenó a sus operarios, a finales de 1975, realizar los trá-
mites de cédula de identidad de la Policía Federal y de un nuevo carnet
de fábrica, procediendo a fotografiarlos nuevamente. Estas fotos fueron
utilizadas luego por personal represivo en la ejecución de allanamientos y
secuestros. José Muzzio, por ejemplo, cuenta que en una oportunidad el
jefe de sección del depósito de rollos lo llamó para hacerse la foto para la
nueva credencial, que nunca le dieron. (60) Quince días después, la Policía
Federal lo detuvo en su domicilio llevando en su poder la foto que le ha-
bían sacado en la planta. En este mismo sentido, Néstor Pereyra recuerda
que, al momento de la detención, los efectivos tenían en su poder el lega-
jo naranja de Acindar para identificarlo. (61) Por su parte, Ramón Reinaldo
Córdoba (62) relata que:
Fue detenido el 24 de marzo de 1976 en su domicilio. Personal
del ejército, cuerpo de Puma, policía militar y civiles con armas
largas y automóviles Falcon y vehículos militares, llegaron a su
casa a las siete del día 24 de marzo. Al abrir la puerta, se encuen-
tra con un sargento ayudante del ejército en uniforme, quien traía
en su mano una fotografía del declarante tomada en fábrica para
el carnet (…) Lo llevan a la Jefatura de Villa Constitución (…) se
encuentra con Helvecio Hernández, Rolando Chávez, Leonardo
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Lezcano Giménez, Pereyra, Arnau, Sale, Cortes, un hermano del


finado Palacios, Ferreyra, Luna y otros; todos compañeros de tra-
bajo, algunos de Acindar, otros de Metcon y de Villber. (63)

(60) Entrevista a José Muzzio realizada para este informe en el local de la UOM de Villa Cons-
titución, Rosario, 13/02/2015.
(61) Entrevista realizada a Néstor Pereyra para este informe en el local de la UOM de Villa
Constitución, Rosario, 13/02/2015.
(62) En un encuentro en el local de la UOM de Villa Constitución con ex detenidos trabaja-
dores de Acindar el viernes 13/02/2015 confirman que Ramón Córdoba era trabajador de
Acindar.
(63) Archivo Nacional de la Memoria, declaración Conadep brindada por Ramón Reinaldo
Córdoba el 17/08/1984 en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, delega-
ción Santa Fe, Villa Constitución, provincia de Santa Fe.

252
Acindar

Algunos elementos permiten inferir que la empresa aportó otro tipo de


información, como domicilios, para que fuera posible la represión a los tra-
bajadores. En este sentido, es importante distinguir entre las detenciones
que ocurrieron el 20 de marzo de 1975 y las detenciones posteriores. La
inteligencia desplegada por las fuerzas de seguridad los meses previos al
operativo de marzo de 1975 tuvo acceso a una gran cantidad de informa-
ción heterogénea proveniente de diversas fuentes, entre ellas, la fábrica.
Juan Actis, detenido el 20 de marzo de 1975, recuerda:

… Me detienen, yo estaba esa noche en la casa de una hermana


mía. Unos días antes yo estaba enfermo y fui a quedarme a la

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
casa de mi hermana; los únicos que sabían esa dirección eran
los de la fábrica, se las di por si me mandaban el médico y para
no estar solo. Ese domicilio se lo informé a la parte de personal
de la fábrica, la oficina era de Pellegrini y creo en esa oportuni-
dad me atendió la secretaria. (64)

Por otro lado, Jorge Alberto Acuña refiere en sus dichos que:

… El diez de septiembre de 1976 yo no voy a trabajar a Acin-


dar porque nacía mi primer hijo en el sanatorio Mapaci; nació
a las siete y media de la mañana, se llama Luciano Acuña, y lo
tuve con Mirta Vallejo, su mamá. Cuando yo llamo a Acindar a
las nueve de la mañana para avisarles a mis compañeros que
había tenido un varón, me dicen que por un lado me felicitan
y que por el otro me tenían que dar una mala noticia, que el
ejército me había ido a buscar a fábrica, y que se habían lleva-
do detenido a Orlando Arizaga, compañero mío de contadu-
ría. Cuando cuelgo el teléfono y me voy hasta la habitación,
me asomo por la ventana del sanatorio y veo que estaciona
un auto Torino, sin patente; bajan hombres de civil con armas
largas, y mi compañero Arizaga estaba adentro de ese auto.
Nadie más que Acindar sabía que yo estaba en el sanatorio

(64) Declaración testimonial de Juan Actis brindada el diecinueve de noviembre de 2013,


en el Expte. Nº FRO 13174/2013 caratulado “N.N. s/Homicidio agravado p/ el conc. de dos
o más personas en concurso real con imposición de tortura, en concurso real con privación
ilegal de la libertad. Presentantes: Stara, Gonzalo Daniel. Víctimas: Luna, Agustín Reynaldo
y otros”, radicada en la Unidad de Asistencia para causas por violaciones a los Derechos
Humanos del Ministerio Público Fiscal de Rosario.

253
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Mapaci; mi jefe inmediato era el que sabía, su nombre era Al-


fonso Adrín. (65)
Asimismo, varios testigos mencionan en sus declaraciones la existencia de
listas en las que aparecían los nombres de quienes tenían que ser dete-
nidos. En estas mismas declaraciones se sugiere que podría haber sido la
propia empresa la encargada de confeccionarlas. Eduardo Félix Sosa rela-
ta cómo fue la salida de la fábrica el día que lo detuvieron y menciona que,
en la puerta, había personas con listados de personas a detener: “Al llegar
a la ruta había un grupo de policías de la federal, unas 20 o 30 personas
que nos piden identificación, y constataban en una lista; yo no estaba en
esa lista y me dicen “siga señor, vaya a su domicilio”. (66)
Y, cuando describe su detención, relata que le dijeron que:
… tenían una lista de todos los dirigentes y militantes de ese
momento y que yo era el número cuatro en un orden que ellos
tenían, pregunté quién había hecho esa lista y me contestaron
que eso no importaba, pero que si sabía deducir podría supo-
ner quién había dado la lista. (67)
Más adelante señala que cuando sale en libertad y se dirige a la planta se
encuentra con los responsables del tarjetero, el Sr. González —conocido
como Gonzalito— y el Sr. Carbone y que
... ellos decían que no sabían mucho pero que había una lista de
más o menos 1000 personas que no iban a poder entrar más a
Acindar, y que no volviera más a la planta porque mi tarjeta y la
de otros compañeros había sido retirada por orden de Aznares. (68)
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De igual manera, Néstor Delmasse describe el operativo de su secuestro,


y cuenta que mientras iba detenido en el auto: “Leen una lista, para ver
si estábamos en la lista. Yo creo que ellos sabían mi nombre, porque la
empresa les daba las credenciales nuestras”. (69)

(65) Declaración testimonial de Jorge Alberto Acuña brindada el 06/10/2013, en el


Expte. Nº FRO 13174/2013, caratulado “N.N. s/…, cit.
(66) Declaración testimonial de Eduardo Félix Sosa brindada el 08/04/2014, en Expte. Nº 1075/06…,
cit.
(67) Ibid.
(68) Ibid.
(69) Declaración testimonial de Néstor Delmasse brindada el 05/11/2014, en el Expte.
Nº FRO 13174/2013 caratulado “N.N. s/Homicidio agravado p/ el conc. de dos o más
personas en concurso real con imposición de tortura, en concurso real con privación

254
Acindar

Asimismo, y tal como se mencionó anteriormente, Raúl Antonio Ranure


fue identificado por muchos testigos como personal policial infiltrado en
la fábrica. Pedro José Alfaro manifiesta haber visto la identificación policial
de Ranure. Cuenta que cuando se entera por comentarios que Ranure es-
taba implicado en la represión se propone conocerlo y lo logra. Consigue
averiguar que había ingresado a trabajar a Acindar el 7 de marzo de 1970
y, cuando lo encuentra, mantiene una conversación con él. Ranure le pre-
guntó si era hijo de Alfaro, y cuando él le respondió que sí y le preguntó
de dónde conocía a su padre, Ranure le respondió que fueron compañe-
ros en la Junta Nacional de Granos, y le comentó que era nacionalista. Al
mismo tiempo, le mostró una credencial parecida a la cédula de identidad,

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
con su fotografía, que decía “Policía Federal. Servicio de Inteligencia”. Le
comentó también que era integrante de la Lista Rosa de la UOM, que res-
pondía a Lorenzo Miguel y que era muy amigo de Isidro López. (70)
Rolando Omar Chávez declaró en 1984 que, en oportunidad de estar de-
tenido en la Cárcel de Encausados U3 de Rosario, un día llega gente de
Jefatura para identificarlos tomándoles huellas digitales y fotos y pudo
reconocer al fotógrafo como compañero de Acindar. (71) En esta línea es
esclarecedor el relato de Osvaldo Foresi en torno a la persona de Ranure
y sus prácticas dentro de la empresa:
Y bueno... él recorría toda la fábrica haciendo propaganda
en contra: “cuidado con los terroristas, ojo con esto, ojo con
aquello”. Y después quien trajo la represión a Villa fue la fá-
brica, sino ¿quién la va a traer? Y el jefe de personal era Azna-
res o el jefe de relaciones industriales. Y hoy anda caminando
por Rosario. (72)
También son importantes los dichos de Cristina Monterubianessi, cuando
recuerda que en el operativo en el que fue detenida en 1974 uno de los
que había participado era Raúl Ranure:

ilegal de la libertad. Presentantes: Stara, Gonzalo Daniel. Víctimas: Luna, Agustín


Reynaldo y otros”, radicado en la Unidad de Asistencia para causas por violaciones a
los derechos humanos del Ministerio Público Fiscal de Rosario.
(70) Archivo Nacional de la Memoria, declaración Conadep brindada por Pedro José Alfaro
el 07/02/1984…, cit.
(71) Archivo Nacional de la Memoria, declaración Conadep brindada por Rolando Omar
Chávez el 17/08/1984 en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, delega-
ción Santa Fe, Villa Constitución, provincia de Santa Fe. Se estima que sería Ranure.
(72) Memoria Abierta, “Testimonio de Osvaldo Foresi”, Rosario, 2007.

255
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Habíamos salido a pegar unos carteles, no me acuerdo de


qué, con un grupo de compañeros, éramos tres, dos compa-
ñeros y yo (…) y en una esquina se detiene un Falcon con tres
o cuatro hombres de civil que nos encañonan, nos suben al
Falcon y nos llevan a la policía, ahí estamos unas horas, nos to-
man los datos, ya nos habían fichado, y uno de los abogados
de Villa, que era el marido de una compañera que militaba
en otro sector, nos fue a sacar. Uno de los personajes que nos
detiene después se hizo tristemente célebre en Villa, como
fue Raúl Ranure por pertenecer a la triple AAA (…) y los com-
pañeros que fuimos detenidos fuimos Raúl Horton, Roberto
Cané y yo. (73)
En el legajo Conadep vinculado al asesinato de Pedro Antonio Reche (74) se
relata que, durante el operativo, en un momento, el jefe del mismo, pre-
guntó a la víctima “¿Vos estuviste en el atentado al compañero Ranure?, el
arma te la pueden haber dado. ¿Tiroteaste la casa del compañero Ranure?”
Se pueden mencionar otros tipos de aportes materiales que la empresa
habría puesto a disposición de las fuerzas represivas, como medios de
transporte que fueron usados para ejecutar la represión. En este sentido,
son significativos los dichos de Oscar Horacio Reche:
Yo trabajaba en mantenimiento rodados en fábrica, en Acindar,
y pasados unos años de estos, a mediados del año 1983, yo
estaba como supervisor y recibo la orden de que iban a llegar
tres vehículos Ford Falcon a los cuales había que cortar en pe-
dacitos y hacerlos desaparecer, yo imparto la orden de cortar-
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los, y dentro de los Falcon se encontraban cartuchos de itakas,


antifaces para tapar los ojos, y se destruyó todo y se tiró toda la
chatarra. Esos autos eran de la empresa, son con los que se salía
a levantar gente, siempre con la vigilancia del jefe de sector y
de vigilancia de que se cortara y tiraran todas las piezas de esos
autos (…) Se manejaban con los vehículos de la fábrica y, ante
algún problema, los llevaban al taller; sabíamos qué fábrica les
pagaba, tenían un sueldo pagado por Acindar, eran gente de

(73) Memoria Abierta, “Testimonio de Cristina Monterrubianessi”, Rosario, 2007.


(74) Archivo Nacional de la Memoria, legajo Conadep 7942 perteneciente a Pedro Antonio
Reche Martínez.

256
Acindar

los Pumas, de Santa Fe... por nombre no conocíamos a nadie;


de vista, a algunos... estaban un tiempo y había recambio. (75)
Los dichos de Cástulo Bogado también son ejemplificadores cuando re-
firió que veían dentro de Acindar gente armada y autos sin patente que
participaban de la represión:
Veíamos coches Ford Falcon sin chapa, con personas cargadas
de armas, que andaban por la ciudad libremente, pero estaban
coordinados, tenían una base dentro de la fábrica, en un lugar
denominado el albergue. Había una coordinación directa entre
las patronales y el grupo de civiles armados que andaba dan-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
do vueltas por la ciudad; no ocultaban esa relación. Nosotros
veíamos esto, veíamos gente armada que entraba y salía de la
fábrica, pasaban los puestos de guardia como si estuvieran en
su casa; la fábrica funcionaba como un cuartel. La gente de la
fábrica que tenía contacto directo con los civiles armados, los
coordinadores de esto dentro de la empresa eran Pedro Azná-
rez, jefe de personal, también Pellegrini —el Pocho Pellegrini
llamado Marcelo, (76) que estaba en relaciones laborales—, casi
con la misma jerarquía que Aznárez. Del grupo civil armado
puedo decir que un día yo iba llevando mercadería a unos com-
pañeros y un Ford Falcon quedó estancado en una calle porque
había llovido. Entonces, estos tipos me pidieron que los ayude
a empujar el auto; ahí pude ver que dentro de ese auto había un
arsenal de armas. Estos, como dije, eran coches sin patente. (77)

Por otra parte, según el testimonio de Pedro José Alfaro, “el helicóptero
de la Policía Federal, color azul y blanco, que estaba estacionado en el
Helipuerto de la empresa Acindar, había estado sobrevolando a baja altu-
ra la zona” y era desde el cual se “marcaba” a activistas en la marcha de
abril de 1975. Más adelante, el mismo Alfaro se refirió a la existencia de
autos de la empresa puestos a disposición de los hechos represivos. En

(75) Declaración testimonial de Oscar Horacio Reche brindada el 06/11/2013, en


Expte. Nº 1075/06, caratulado “Almirón Rodolfo y otros s/ asociación ilícita”, radicado en el
JNac. Crim. y Correcc. Fed. N° 5, Capital Federal.
(76) Se confunde el nombre en el testimonio. El nombre del ejecutivo de Acindar es Rober-
to Pellegrini. Marcelo Pellegrini es el nombre de su hijo —que, para la época, era un niño
pequeño—.
(77) Declaración testimonial de Cástulo Bogado brindada el 15/10/2013, en el Expte. Nº
FRO 13174/2013…, cit.

257
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

su testimonio, Alfaro dijo que Juan Carlos Miranda, efectivo de la policía


montada, le confesó que a varios detenidos los llevaban hasta adentro de
Acindar y que Raúl Ranure:
Era halcón, que participaba de los operativos nocturnos que
se hacían en Villa Constitución, tripulando un Ford Falcon rural
celeste metalizado sin patente que le había otorgado Acindar
para que se movilizase. Junto con la oficialidad de la policía
federal planificaba los operativos contra los trabajadores me-
talúrgicos de la Lista Marrón (…) Se preparaban los autos sin
patente y patrulleros de la Policía Federal. En una oportunidad
se le hizo chapa y pintura a un Ford verde blindado, sin patente,
este trabajo demandó dos días. Pertenecía a la empresa Acin-
dar. Poseía sirena y luces de policía y era custodiado en forma
permanente. En reiteradas oportunidades se lo vio salir de Acin-
dar y dirigirse hacia la jefatura de Villa Constitución (…) Ranure,
por haberse criado en la ciudad, era quien indicaba las casas de
los trabajadores a los que se allanaba o secuestraba. Lo hacía
dando todos los detalles de cada una de las casas, cosa que los
operativos no fallaran. (78)
Los aportes materiales muchas veces también constituían dinero que se
otorgaba directamente a los agentes de la represión. Según relatos, dos
de los represores que habrían sido pagos por Acindar eran Gustavo Acos-
ta y Daniel Castro, quienes solían patrullar la ciudad en un Ford Falcon con
vidrios oscuros. Miguel Lezcano recuerda:
Entré en el círculo de la Juventud Sindical Peronista. Me llevó
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mi primo, Alfredo Acosta, que dependía de Raúl Ranure, por


entonces responsable de la JSP de Villa Constitución. Noso-
tros éramos los verdaderos peronistas. Había que defenderse
de los zurdos. La verdad, no pude salir de ahí. Una vez tuve
que custodiar el edificio de la UOM y vi cómo trajeron a dos
tipos vendados y amordazados (…) pasaron a mejor vida. De-
pendíamos de Cuello, responsable de todos los Falcon. Había
venido de Buenos Aires. Tenía relación directa con Pellegrini
y Aznáres, jefes de producción y personal de Acindar (...) ellos
les pagaban sumas muy altas de dinero por el trabajo que

(78) Archivo Nacional de la Memoria, declaración Conadep brindada por Pedro José Alfaro
el 07/02/1984…, cit.

258
Acindar

desempeñaban junto a Ranure y Cuello. Acosta tenía una cre-


dencial que, según él, le daba “carta blanca para actuar”. (79)
En este sentido, son esclarecedores los dichos de Victorio Paulón:
En las tomas de fábrica había un compañero —vive—, un com-
pañero que era jefe contador de Acindar, que era militante de
poder obrero. Fotocopia una factura donde estaba la asigna-
ción mensual que Acindar le pagaba a la Federal. (80)
En una entrevista a Victorio Paulón también se refirió a este hecho y se
agregó que ese documento fue publicado en la revista Militancia y que
Francisco Sobrero, que fue quien consiguió la copia de la factura, fue pos-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
teriormente detenido y pasó toda la dictadura en prisión. (81) Los testimo-
nios de Eduardo Félix Sosa y Estela Noemí Graciela Sosa resultan también
significativos en relación a lo que se viene desarrollando. Eduardo recuer-
da que en una conversación que tuvo con Rampoldi, ya en democracia:
… me cuenta cómo se manejaba la Policía Federal, cómo maneja-
ban todo en Acindar, que no entendía para qué lo habían traído a
él ahí si la Federal manejaba todo. Así, me cuenta cómo los federa-
les recibían un pago extra de más o menos 100 dólares de Acindar,
se los daba el Sr. Aznáres, me comenta también que Ranure, que
andaba con una credencial de la policía federal no era policía, sino
que era de la Triple A (…). Yo tenía un primo, Chichín Fernández,
era de Rosario, y él contó que Aznáres lo había contratado a él y
varios más, todos de la barra brava de Rosario Central, para custo-
diar a los jefes de Acindar; además salían a acompañar a los que
salían de noche a poner bombas. Eso se lo contaba a mi mamá,
por suerte no lo volví a ver, era hijo de una hermana de mi mamá,
y en aquella época frecuentaba mi casa, visitaba a mi mamá, no
recuerdo su nombre, le decíamos Chichín; él y su papá José Martí-
nez fueron contratados por Acindar para estas tareas … (82)

(79) Archivo Nacional de la Memoria, declaración Conadep brindada por Miguel Lezcano el
04/08/1984 en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, delegación Santa Fe,
Villa Constitución, provincia de Santa Fe.
(80) Memoria Abierta, “Testimonio de Victorio Paulón”, Rosario, 2007.
(81) Entrevista realizada a Victorio Paulón para este informe en la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, el 05/02/2015
(82) Declaración testimonial de Eduardo Félix Sosa brindada el 08/04/ 2014, en Expediente
Nº 1075/06…, cit.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Y Estela Noemí Graciela Sosa relata que supo


… de boca de mi primo Chichín, a quien hace muchísimo que no
veo —es de apellido Martínez, pero no recuerdo el nombre (…)—
que lo habían contratado para romper la huelga grande, la del 75.
Ellos eran contratados por Acindar, venían con gente de Rosario
para trabajar, romper la huelga era traer gente para trabajar, y él
después se quedó trabajando en el albergue, y decía que salía
de noche con los muchachos por la ciudad. Sí me acuerdo que
nombraba a Ranure porque era un tipo de Villa y era conocido,
así que se les pagaba a los que estaban en el albergue. (83)
Por otro lado es importante resaltar que, además de la vinculación de los
efectivos acantonados en Acindar con los hechos de represión contra los
trabajadores de la empresa, hay evidencias de participación de estas fuer-
zas en otros operativos de la zona. A continuación, una síntesis informativa
del Departamento de Inteligencia de la Policía Federal sobre hechos ocu-
rridos el 18 de junio de 1975:

Horas 17:45, personal del cuerpo Guardia de Infantería de Poli-


cía Federal, acantonado en Acindar, efectuó procedimientos en
Villa Constitución, en razón de que el Comité de Lucha formado
por obreros de Acindar, Metcon, Marathon y Villber, se hallaba
distribuyendo víveres en distintas villas de la zona.
En una de las fincas se secuestró una pistola Colt nº 333.995,
calibre 11:25 y abundantes mercaderías almacenadas. En el lu-
gar se domicilia la pareja de concubinos Rosa Monti y Marcelo
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Antonio Francovich, a quienes se detuvo.


Asimismo, en el lugar se procede a la detención de Juan Bautista
Corvalán, quien en el momento del procedimiento logra evadir del
personal policial, iniciando su fuga. En su carrera y al grito de “Viva
Montoneros”, efectuó disparos de armas de fuego contra sus per-
seguidores, los que repelen la agresión ocasionando su muerte.
Se secuestró el arma utilizada marca Ballester Molina, calibre
11,25 nº 22.141 con inscripción “Ejército Argentino”.

(83) Declaración testimonial de Estela Noemí Graciela Sosa brindada el 19/03/2014, en


Expte. Nº 1075/06, caratulado “Almirón Rodolfo y otros s/ asociación ilícita”, radicado en
el JNac. Crim. y Correcc. Fed. N° 5, Capital Federal.

260
Acindar

Resultó herido de poca consideración el Subinspector Raúl Mar-


celo Pigretti, (84) adscripto al personal del Área IV de seguridad
Federal de esta Policía Federal.
El occiso, Juan Bautista Corvalán, nació el 14/01/1947 en Ro-
sario, LE nº 6.069.730, registrando último domicilio en Dorrego
4937, de esa ciudad, secuestrándosele además panfletos “el
Combatiente” y otros sobre el aniversario de la muerte del Che
Guevara. (85)
Vinculados al hecho previamente descripto en la síntesis informativa del
Departamento de Inteligencia de la Policía Federal, son significativos los

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
dichos de Aníbal Pedro Hernández, quien relata que cuando cayeron pre-
sos le estaban por dar un arma para que llevase encima por cuestiones
de seguridad. Cuenta que en ese operativo un compañero cae muerto:
“Chicote” Corvalán, y que es Corvalán quien le iba a dar la pistola. Pero
que al intentar escapar lo matan a una cuadra y media. Sigue el relato
sosteniendo que la pistola se la iban a dar a él y se la pusieron a Corvalán
y le sacaron fotos. (86) Menciona que estuvo como NN en dependencias de
la Policía Federal en Rosario; este aspecto resulta significativo si tomamos
en cuenta que en la síntesis informativa del Departamento de Inteligencia
de la Policía Federal, Hernández no es mencionado como detenido.
Hay otros elementos que dan cuenta de las vinculaciones que sostenía
la empresa con las fuerzas represivas. El caso de Marisa Sadi también es
ejemplificador en este sentido. (87) Marisa fue privada ilegítimamente de
su libertad el 7 de octubre de 1979 y llevada a la Esma. Cuando la liberan
le aclararon que iban a tenerla vigilada y que al día siguiente tenía que ir
a trabajar a Acindar como siempre. Recuerda que en Acindar, luego del
secuestro, apareció un tipo que no había visto en la Esma y que la seguía
a todas partes en forma permanente y que “en una oportunidad Febres
entró con cuatro o cinco al hall de Acindar y la estaban esperando”. (88)

(84) Raúl Marcelo Pigretti fue personal de Superintendencia de Seguridad Federal, Dirección
General de Inteligencia y del Departamento Delitos Federales, durante enero de 1976.
(85) Archivo Nacional de la Memoria, “Síntesis Informativa de la Policía federal Argentina
Nº 453 Estado Mayor Departamento de Inteligencia del día 18 de junio de 1975”.
(86) Memoria Abierta, “Testimonio de Aníbal P. Hernández”, cit.
(87) Marisa Sadi era empleada de la empresa Acindar y trabajaba en el sector comercial de
las oficinas ubicadas en Capital Federal.
(88) Archivo Nacional de la Memoria, Expte. Nº 14217/2003 (ESMA) tramitada en el JNac.
Crim. y Correcc. Fed. N° 12, Capital Federal. Cuerpo 46. Fs. 9690.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Asimismo, el testimonio aportado por la esposa del obrero asesinado José


García, gravemente herido con una granada tras la marcha del 22 de abril
de 1975 y fallecido unos días después, ilustra la vinculación entre la em-
presa y el accionar represivo. Ángela Adriana Moreira de García y sus seis
hijos recibieron la promesa de una persona de la intervención de la UOM
de que le conseguirían trabajo, pero recibió en concreto una invasión de
su casa por una decena de personas armadas que robaron pertenencias y
destrozaron la comida facilitada por vecinos, mientras buscaban “los pape-
les de los comunistas” del marido asesinado. Al día siguiente fue a la fábri-
ca y, al ingresar por el portón, pudo identificar a dos custodios que habían
invadido su casa el día anterior. Al interior de la compañía, acompañada
ahora por Raúl Ranure e Isidro López, la empresa Seguros Paraná le dio un
cheque de poco monto y le advirtieron que no fuera más por allá porque
su esposo había muerto por subversivo. Cinco meses más tarde, le sacaron
la obra social. El relato de Irene Beatriz García, hija del obrero asesinado
José García, suma elementos cuando menciona:
Al tiempo de esto, Acindar no le paga ningún dinero. Los com-
pañeros fueron a reclamar; lo único que pudo cobrar fue una pe-
queña indemnización. (…) A la noche, otra vez un allanamiento. Lo
llamativo fue que le dijeron a mi mamá: “vieja de mierda, ¿dónde
está la plata?” (…) “vieja de mierda te vamos a matar, a vos y a los
guachos. Danos la plata que cobraste esta mañana en la fábrica. (89)
A partir de lo relatado queda clara la presencia de efectivos de las fuerzas
represivas y parapoliciales dentro de la planta y de las instalaciones de la
empresa, como así también la utilización de lo necesario para ejecutar la
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represión. Alicia Adriana Ruescas recuerda:


… que luego de la muerte de mi padre, mi mamá fue a Acin-
dar conmigo y con un abogado para ver si podíamos cobrar la
pensión. Lo llamativo fue que cuando ingresamos a las oficinas
para hacer el reclamo, había un pasillo y estaba todo rodeado
de gente parada con armas; nosotros pasamos por ese pasillo
rodeado de gente armada, lo que nos dio mucho temor. El abo-
gado nos dijo que no tuviéramos miedo y que caminemos. (90)

(89) Testimonio de Irene Beatriz García, brindado en diciembre de 2014 ante el Servicio de
Orientación Jurídica del Museo de la Memoria de Rosario, provincia de Santa Fe.
(90) Declaración testimonial de Alicia Adriana Ruescas brindada el 18/10/2013, en el
Expte. Nº FRO 13174/2013 caratulado “N.N. s/Homicidio agravado p/ el conc. de dos

262
Acindar

Otro dato importante que surge de un conjunto de documentos y testimo-


nios es la confirmación de la centralidad que tuvo la militancia obrera y sin-
dical y de la vinculación de esta con la militancia política y político-militar
como determinante de la persecución, el secuestro y asesinato. Todos los
testimonios ponen de relieve el constante interrogatorio a los detenidos
por información sobre la militancia sindical y política en la fábrica, y des-
criben además las tareas de inteligencia y los intentos de extracción de
información de los trabajadores detenidos. Cástulo Bogado relata que, en
el primer lugar donde lo llevaron y lo torturaron, le preguntaron por sus
compañeros:

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
Ahí me preguntan por los activistas dentro de la fábrica, quiénes
eran los que organizaban; sobre eso se centró el interrogatorio.
Me preguntaban por ejemplo de qué organización era Piccinini. (91)

En este mismo sentido, Jorge Alberto Acuña describe:


Durante mi cautiverio me interrogaban para que dijéramos
nombres de militantes dentro de fábrica. Ellos querían saber
quiénes militaban. La parte de los líderes ya la tenían adentro,
ellos querían ir a otras líneas, ver quién podía estar militando
como quinta columna, digamos. (92)

Sumado a lo dicho con anterioridad, y en estrecha vinculación con ello, es


importante destacar que muchos de los trabajadores perdieron su fuente
laboral ya que la empresa se sirvió del contexto para realizar despidos
masivos. Los dichos de Alberto Piccinini refieren a esto:
Cuando volvieron a la fábrica muchos de los compañeros en-
contraron en el chapero, en el lugar donde iba la tarjeta, mensa-
jes como “Tenés 48 hs para irte sino te boleteamos”... algunos
24 hs.; otros, 48 hs y así. (93)

o más personas en concurso real con imposición de tortura, en concurso real con priva-
ción ilegal de la libertad. Presentantes: Stara, Gonzalo Daniel. Víctimas: Luna, Agustín
Reynaldo y otros”, radicada en la Unidad de Asistencia para causas por violaciones a los
derechos humanos del Ministerio Público Fiscal de Rosario.
(91) Declaración testimonial de Cástulo Bogado brindada el 15/10/2013, en el Expte.
Nº FRO 13174/2013… cit.
(92) Declaración testimonial de Jorge Alberto Acuña brindada el 06/10/2014, en el Exp-
te. Nº FRO 13174/2013…, cit.
(93) Memoria Abierta, “Testimonio de Alberto Piccinini”, cit.

263
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Horacio Acosta relata que, al reincorporarse luego de una extensa huelga,


Pellegrini le comunicó que la empresa rescindía de sus servicios y le abo-
naron muy poco dinero a modo de indemnización:
Cuando termina la huelga yo voy a la fábrica a trabajar. (…) Voy
a la puerta, y ahí estaba la lista, entonces, tenés que ir con la cre-
dencial, “fulano de tal pase, fulano de tal para allá”. Y nos fueron
separando ahí. Y yo pedí hablar con el jefe de personal, era Pelle-
grini, porque él me conocía bien a mí. Entonces le dije a uno de la
portería, quiero hablar con Pellegrini. Entonces lo llamaron y ha-
blé y le dije quien hablaba y que quería saber mi situación. Enton-
ces me dijo que la fábrica prescindía de mí, que yo no tenía más
nada que ver ahí y que pasara a cobrar. Y digo: “¿cuándo paso a
cobrar?”. Me dice “tal día”. A los dos o tres días fui y me llevaron
cinco milicos o tres —no me acuerdo—. Dice: “marche para allá”.
Me llevaron a administración, donde pagaban y ahí uno por una
ventanilla me dice “firme ahí”. Ni sé lo que firmé, y me tiraron
—en ese tiempo eran millones, creo— tres papeles. Y agarré y de
vuelta me trajeron a portería y ya después me fui de Villa. (94)
Osvaldo Foresi cuenta que de Acindar le mandaron una carta para que
renunciara. También es esclarecedor el relato de Juan Jesús Actis:
… en Acindar empiezan a amenazar a los compañeros para que
se retiren y muchos compañeros que se tuvieron que ir encon-
traban una notita en la tarjeta de marcar la entrada o la salida
que decía “te conviene que te vayas” o “andate o sos boleta”.
Y en otros casos eran llamados directamente a la oficina de per-
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sonal para decirles que se vayan. Ese papel lo cumplía Pellegri-


ni, que era el jefe de personal; Torralvo, que era de Contaduría;
Pedro Aznáres, que era el gerente de Relaciones Humanas.
Y agrega:
Yo formaba parte de la lista negra de Acindar; no pude conse-
guir trabajo en ningún lado. Ellos me despidieron por abando-
no de trabajo. El trabajo de despido por ausentismo lo recibe
mi hermana a los dos meses más o menos, que yo ya estaba en
Rawson. Cuando yo pido la certificación de servicios no dice

(94) Memoria Abierta, “Testimonio de Horacio Acosta”, cit.

264
Acindar

como fecha de desvinculación el 20 de marzo de 1975, que fue


el día de mi detención, sino un día antes, el día 19 de marzo de
1975. Y, de todas maneras, ese telegrama que nombré se recibe
más o menos en el mes de junio de 1975. (95)

En este sentido, hay muchos testimonios que ilustran que la empresa apro-
vechó esta nueva legalidad para despedir a los trabajadores que conside-
raba conflictivos. Otro de los relatos que es significativo en este sentido es
el de Carlos Armando Delmasse:

En agosto de 1975 llegó un telegrama a mi domicilio, de despi-


do, no me acuerdo bien qué decía. Yo nunca había renunciado,

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
así que cuando fui liberado me presenté en Acindar, y ahí me
recibieron con armas en la puerta de Acindar, y me dicen que no
podía entrar. Yo aclaré lo de la renuncia porque lo que decían en
Acindar es que si querían cobrar la indemnización, tenían que
firmar las renuncias. Y algunas familias hicieron eso: yo no. (96)

Asimismo, Néstor Delmasse menciona que nunca recuperó su puesto de


trabajo, que recibió el telegrama de despido mientras estaba en la cárcel
pero que para que su mujer pudiera cobrar algo tuvo que renunciar. (97)
Sostiene al respecto que esa renuncia fue forzada y que le dieron menos
dinero del que le correspondía. Similar recorrido transitó Zenón Sánchez,
según su relato: luego de su detención tomó conocimiento de que la em-
presa le había mandado un telegrama que nunca firmó y recuerda que
nunca lo indemnizaron por los tres años que había trabajado para la fir-
ma. (98) Por su parte, Roberto Justo Martínez relata que, cuando fue dete-
nido, hacía 9 años que trabajaba en la planta Acindar siendo delegado de
la sección clavos y que nunca recibió telegrama de despido, pero que en
el período que estuvo bajo libertad, luego de ser detenido la primera vez,

(95) Declaración testimonial de Juan Actis brindada el 19/11/2013, en el Expte. Nº FRO


13174/2013..., cit.
(96) Declaración testimonial de Carlos Armando Delmasse brindada el 05/11/ 2014, en el
Expte. Nº FRO 13174/2013 caratulado “N.N. s/Homicidio agravado p/ el conc. de dos o más
personas en concurso real con imposición de tortura, en concurso real con privación ilegal de
la libertad. Presentantes: Stara, Gonzalo Daniel. Víctimas: Luna, Agustín Reynaldo y otros”,
radicada en la Unidad de Asistencia para causas por violaciones a los derechos humanos del
Ministerio Público Fiscal de Rosario.
(97) Memoria Abierta, “Testimonio de Néstor Delmasse”, cit.
(98) Entrevista realizada a Zenón Sánchez. para este informe, el 03/02/2015 en Villa Consti-
tución, Rosario.

265
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

... fue citado por la empresa y el Sr. Pellegrini le aconsejó que


renunciara por su propia seguridad y la de la empresa. Que lue-
go de recuperar la libertad definitiva ha permanecido hasta la
actualidad en listas negras que le impiden el ingreso a la fábrica
Acindar. (99)
En el mismo sentido, Jorge Alberto Acuña recuerda:
Porque Acindar, cuando vuelvo a retomar mi trabajo, me dice
que estoy despedido con causa, por haber estado detenido.
Entonces no me da ni un centavo y me deja sin trabajo; encima,
estigmatizado porque no había quién me diera trabajo. Hasta
que me voy del país. (100)

A lo descripto con anterioridad, resulta importante sumar los dichos de


Cástulo Bogado cuando se refiere a la existencia de una lista negra. Al
respecto cuenta que él, en una oportunidad, se anotó para trabajar en
una empresa contratista que realizaba trabajos con Acindar y que cuan-
do vieron su nombre dijeron “este tipo no entra acá.” Relata también
cómo fue su desvinculación con la empresa, afirmando que, cuando él
estaba preso, su mujer fue a Acindar a pedir una indemnización porque
estaba mal económicamente, y le dijeron que su marido tenía que firmar
la renuncia. De esta manera, mientras estaba preso, firmó la renuncia a su
puesto de trabajo como condición de que le dieran algo de dinero a su
mujer, que tenía 19 años y niños que mantener. Por otro lado, es intere-
sante mencionar que los despidos no alcanzaron solamente a los traba-
jadores sino también a sus familiares. Cristina Monterrubianessi recuerda
que su hermano fue despedido de la fábrica cuando ella fue detenida. (101)
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De esta manera, se observa que los trabajadores presos de Villa Constitu-


ción, no solo fueron trasladados a las diferentes cárceles del país, donde
fueron torturados y castigados, sino que sufrieron además otras penurias
posteriores, estrechamente asociadas con este proceso. Algunos de ellos,
una vez liberados, se dirigieron al exterior (con el enorme costo emocional,
económico y social que implicó la adaptación a otras sociedades, lenguas

(99) Archivo Nacional de la Memoria, declaración Conadep brindada por Roberto Justo Mar-
tínez el 08/08/1984…, cit.
(100) Declaración testimonial de Jorge Alberto Acuña brindada el 06/10/2014, en el
Expte. Nº FRO 13174/2013…, cit.
(101) Memoria Abierta, “Testimonio de Cristina Monterrubianessi”, Rosario, 2007.

266
Acindar

y dinámicas, en muchos casos con escasa estructura). Otros soportaron el


exilio interno, perdieron sus trabajos y no pudieron conseguir otro empleo
en relación de dependencia debido a las listas negras que circulaban de
empresa a empresa. Horacio Acosta relata que la empresa lo marcó por-
que llevaba panfletos a la fábrica y que en varias oportunidades le retiró
la tarjeta y no lo dejaban entrar. También relata que cuando se fue de Villa
Constitución en exilio interno a Junín lo echaron de un trabajo por apare-
cer en listas negras.
Después entró la policía adentro y nadie podía abrir la boca
para nada. Y ahí fue que a los compañeros, a los que más o

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
menos quedaban combativos adentro (…) porque nosotros es-
tamos en las listas, como en la escuela, entonces a esos compa-
ñeros los han dejado entrar para ver qué hacían. Y a medida que
pasó el tiempo los fueron amenazando, los mismos empleados
de personal los llamaban: “bueno, vos estás en la lista negra,
tenés que guardarte de la fábrica, irte, porque la fábrica acá no
te quiere”. Así que esa gente se tenía que ir. Sé que limpiaron
todo, no quedó nadie adentro.” ... cuando la sacaron a Isabelita,
no recuerdo porque yo ya estaba en Junín. Estaba trabajando
en una empresa haciendo un barrio (…) estuve un mes ahí, y en-
tra Isabelita y a mí me echaron enseguida porque se ve que las
listas recorrían el país, las listas negras. Y me llamaron a personal
y me dijeron que no tenía más trabajo, así que me tuve que ir. (102)
El caso de Juan Antonio Aquino también es ilustrativo en este sentido:
De Acindar me pasé a Metcon y, en ese ínterin, entré a trabajar
a Maratón, que pertenecía también a Acindar. Trabajé unos dos
o tres días con mi hermano, y el ingeniero de ahí me comunicó
que no podíamos estar en la fábrica y la orden vino para que nos
echen a mí y a mi hermano. Yo le pregunto al ingeniero si había
algún error y por su respuesta puedo entender que me dijo que
no había un error, sino que esto respondía a que antes yo había
sido delegado en Acindar. (103)

(102) Memoria Abierta, “Testimonio de Horacio Acosta”, cit.


(103) Declaración testimonial de Juan Antonio Aquino brindada el 04/06/2014, en el Expe-
diente Nº FRO 13174/2013 caratulado “N.N. s/ Homicidio agravado p/ el conc. de dos o más
personas en concurso real con imposición de tortura, en concurso real con privación ilegal de
la libertad. Presentantes: Stara, Gonzalo Daniel. Víctimas: Luna, Agustín Reynaldo y otros”,

267
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

El desarrollo de semejante política represiva no solo tuvo consecuencias


en las trayectorias de los trabajadores y militantes, y en el entramado so-
cial de la localidad, sino que también tuvo un impacto fundamental en las
condiciones laborales y el ritmo de trabajo en la empresa, que cambiaron
sustancialmente entre 1975 y 1976. (104) El nivel de terror y disciplinamiento
alcanzado implicó una reconfiguración dramática de las relaciones labora-
les en la fábrica: reclamar u organizarse se volvió imposible. A los niveles de
control imperantes en la fábrica se sumó el hecho de que la gerencia co-
menzó a contratar nuevos trabajadores sin experiencia para que ocuparan
el lugar de quienes habían sido detenidos, asesinados, desaparecidos o
despedidos. Varios testimonios de trabajadores se refieren a que distintos
supervisores y gerentes, al tratar con trabajadores que venían de la etapa
previa, se burlaban de la ausencia de representación planteando a modo
de broma que, si tenían algún problema, podían ir a pedir ayuda a Piccinini.
Al mismo tiempo, se verificó un empeoramiento significativo de las condi-
ciones de trabajo en la planta. Un trabajador relata que “te echaban por
cualquier cosa y el trato era inhumano” y, por otro lado, recuerda que no
los dejaban tomar mate, los obligaban a llevar el pelo extremadamente
corto, no podían faltar ni retirarse antes —aún con causa justificada— a
riesgo de ser suspendidos o despedidos. Miguel Ángel Pieretti ejemplifica:
… la empresa era una empresa, para el año 1978, custodiada en
forma cuasi militar: los controles internos eran muy fuertes [ha-
bía] mucho temor, prácticamente no se hablaba de lo ocurrido
en el proceso interno anterior, de lo que pasó a partir del 20 de
marzo de 1975. (105)
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O, como refiere Estela Noemí Graciela Sosa:


En el año 1976 me echan de fábrica. Ahí se estaba produciendo
muchísimo. En esa época, dentro del control de calidad, yo ha-
cía servicio al cliente: estudiaba el material de Santa Rosa, todo
lo que producía acero Santa Rosa, que era de muchísima mejor
calidad que de Acindar (...) con el tiempo, Acindar la compra a
Santa Rosa. Nos hacían hacer horas extras, estaba el tema de

radicado en la Unidad de Asistencia para causas por violaciones a los derechos humanos del
Ministerio Público Fiscal de Rosario.
(104) Basualdo, Victoria, Labor and structural change …, op. cit., p. 389.
(105) Declaración testimonial de Miguel Ángel Pieretti brindada el 19/03/2014, en Expte. Nº 1075/06,
caratulado “Almirón Rodolfo y otros s/ asociación ilícita”, radicado en el JNac. Crim. y Correcc. Fed.
N° 5, Capital Federal.

268
Acindar

la planta integral, la acería y era complicado y había un control


extremo. Pellegrini cada tanto te llamaba y te decía “ojo que
faltaste” y por otro lado me decían “vamos a elegir quien va a ir
a Venezuela. Después del golpe se agravó todo. (106)
El conjunto de prácticas y aportes de Acindar en el proceso represivo
ejercido sobre sus trabajadores se produjo en el contexto de múltiples
y firmes vinculaciones con figuras clave de la dictadura y de las Fuerzas
Armadas en general. Más allá de la importancia ya mencionada de José
Alfredo Martínez de Hoz, resulta imprescindible mencionar algunos ele-
mentos que esclarecen su figura. Descendiente de una familia terrate-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
niente vinculada a la Sociedad Rural Argentina, Martínez de Hoz comenzó
a ocupar cargos públicos durante la Revolución Libertadora cuando se
desempeñó como Ministro de Economía de la Provincia de Salta. Años
después, fue ministro del presidente de facto José María Guido y luego se
desempeñó en sectores financieros e industriales consiguiendo el cargo
de presidente de Acindar.

Al ser designado Ministro de Economía de la dictadura, fue reemplazado


por el General Alcides López Aufranc, quien pasó a presidir el directorio
de la empresa, puesto en el que se mantuvo hasta 1992. La figura de Ló-
pez Aufranc fue clave en distintos procesos históricos en la Argentina del
siglo XX. Distintas investigaciones lo señalan como partícipe del bom-
bardeo a la Plaza de Mayo en 1955 y como uno de los comandantes
que se formaron en 1957 en las técnicas de tortura como arma de la
guerra antisubversiva en la Escuela de Guerra de París. Cuando fue en-
trevistado para la película documental “Escuadrones de la Muerte”, di-
rigida por la cineasta francesa Marie-Monique Robin, quien le preguntó
por su formación en Francia, explicó que a su retorno se desempeñó
como profesor de la Escuela de Guerra en Argentina, y desde allí pro-
movió la vinculación con oficiales franceses “para ilustrarnos en la guerra
revolucionaria”. (107) Posteriormente se lo encuentra como un activo parti-
cipante de la represión al movimiento social y popular del llamado “Cor-
dobazo” del 29 de mayo de 1969 y, más adelante, recibió numerosos
reconocimientos en ámbitos económicos y políticos, un ejemplo de los

(106) Declaración testimonial de Estela Noemí Graciela Sosa brindada el 19/03/2014, en


Expediente Nº 1075/06…, cit.
(107) Robin, Marie Monique, Escadrons de la mort, l’école francaise, 2003.

269
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

cuales fue la recepción del premio Konex en 1988 al mejor empresario


industrial de la Argentina. (108)
Para comprender sus ideas y vínculos con la dictadura iniciada en 1976
resulta particularmente útil analizar la carta que escribió, ya como presi-
dente de la compañía Acindar, para acompañar la memoria empresarial
de 1975-1976:
A partir del 24 de marzo de 1976, en que las Fuerzas Armadas,
interpretando adecuadamente la gravedad de la situación,
asumieron la responsabilidad histórica de tomar el poder para
reordenar el país, se opera un cambio sustancial. Se restablece
la disciplina laboral, se combate la subversión con toda inten-
sidad y se encaran medidas económicas que permiten afrontar
los compromisos de la deuda externa y reducir la inflación. Se
limita el gasto público y se aumenta la recaudación impositiva.
La labor realizada ha sido fecunda, quedando por solucionar el
crónico déficit del presupuesto y de las empresas del Estado,
así como el rendimiento del aparato estatal con la transferencia
a la actividad privada de las empresas y del personal que exce-
den a su misión administradora. Ajena al área específica de la
económica, pero íntimamente relacionada con ella, persiste la
necesidad de modernizar la legislación laboral responsable en
gran medida de la postración económica que sufre el país. Pese
a los inconvenientes señalados, es evidente que en la República
se respira otro aire, y que la capacidad y decisión de quienes
han asumido la responsabilidad histórica de recuperar el país,
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permite ser optimista sobre el futuro.


Cuando se hayan roto esas trabas al progreso y desaparez-
ca la subversión, la Argentina iniciará un despegue acelerado,
alcanzando en pocos años, niveles de progreso y bienestar tales,
que harán difícil recordar lo que fue nuestro pasado reciente. (109)

(108) Comisión Nacional de Valores, Economía, política y sistema financiero. La última dicta-
dura cívico-militar en la CNV, Bs. As., Ediciones Comisión Nacional de Valores, 2013, p. 125.
(109) Acindar: Memoria y Balance. Ejercicio 1975/1976 - 34º ejercicio, 1º de julio 1975 - 30 de
junio 1976, en Comisión Nacional de Valores. Economía, política y sistema financiero, La última dic-
tadura cívico-militar en la CNV, Bs. As., Ediciones Comisión Nacional de Valores, 2013, p. 131.

270
Acindar

Este extracto resulta suficientemente ilustrativo del nivel de identificación


y coincidencia plena de la autoridad máxima del directorio de la empresa
con el proyecto dictatorial, y permite comprender mejor los fundamen-
tos de las prácticas represivas desarrolladas desde la empresa sobre sus
trabajadores. Esta convicción no se restringía únicamente a los cuadros
directivos superiores de la empresa. Como ejemplo, cabe citar lo relatado
por la Agencia de Noticias Clandestina (Ancla), respecto a que en 1976
la presidenta de la “Fundación Acindar” (que había sido originalmente
fundada por Arturo Acevedo en 1962), Adela Acevedo, había decidido
invertir USD50.000 de su presupuesto en becas para que maestros argenti-
nos siguieran cursos de perfeccionamiento en un instituto norteamericano

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
dependiente de la Universidad de Columbia. Cuando todo estaba listo, la
Universidad le comunicó a la fundación que los pedagogos se negaban a
realizar la capacitación en protesta por las violaciones de la Junta Militar
a los derechos humanos. La señora Acevedo viajó a Estados Unidos y de-
batió el tema, argumentando que los norteamericanos carecen de autori-
dad moral para adoptar este tipo de sanciones debido a su actuación en
Vietnam y Chile. De esta manera, y en una nueva votación, la empresaria
consiguió que se decidiera admitir a los maestros argentinos y el caso fue
citado en medios gubernativos como un ejemplo de la actitud agresiva
que debe adoptarse frente a quienes critican la abolición de los derechos
humanos en Argentina. (110)
El caso de la empresa siderúrgica Acindar constituye así un ejemplo emble-
mático de la confluencia entre sectores de la elite económica con las Fuer-
zas Armadas, que no se restringió a pronunciamientos públicos o al desa-
rrollo de iniciativas en el campo político o económico, sino que se tradujo
también en prácticas represivas extremas contra los trabajadores con la
participación activa, tanto de militares como de cuadros empresarios, que
no solo facilitaron recursos, infraestructura e información, sino que avalaron
la existencia de un centro de detención en el propio espacio laboral.

(110) Revsita Sudestada,Edición Especial: Walsh Rodolfo y la Agencia de Noticias Clandes-


tina… op. cit., p. 141.

271
dálmine-siderca

Dálmine-Siderca (1)

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
1. Introducción
En 1976, la compañía de tubos de acero sin costura Dálmine-Siderca lle-
vaba poco más de veinte años en actividad. Había sido fundada en 1954,
emulando la experiencia de la Dálmine de Bérgamo, por el ingeniero ita-
liano Agostino Rocca y un equipo compuesto por socios, amigos y fami-
liares, a través de la compañía de servicios de ingeniería Techint, creada
pocos años antes. Como lugar de emplazamiento de la compañía me-
talúrgica había sido elegida la ciudad de Campana, 70 km al norte de la
Capital Federal, que contaba con un privilegiado acceso al río Paraná. A
poco de andar, Techint construyó una acería en el mismo lugar y el com-
plejo pasó a denominarse “Dálmine-Siderca”. Hacia los años 70 se trataba
de una de las principales siderurgias integradas del país, a la espera de
las condiciones políticas necesarias para transformarse en una compañía
transnacional de peso en su rubro y en el mercado de los servicios para la
industria hidrocarburífera.
Los más de 5000 trabajadores que la empresa empleaba antes del golpe
se encontraban representados por la seccional de Campana de la Unión
de Obreros Metalúrgicos (UOM). Como en toda la industria del cordón
ribereño que corría desde la Capital Federal hasta San Lorenzo, en Santa
Fe, el ámbito laboral se vio en aquella tensionado por las exigencias em-
presariales de mayor productividad, por las resistencias y condiciones que
impusieron los trabajadores y por la creciente radicalización política de

(1) Para la elaboración y corrección de este informe fueron consultados o colaboraron de


distinta forma: María Inés Bedia, Miguel Di Fino, María Laura Palmieri, Pablo Llonto, César
Senar, David Correa, Coco Lombardi, Gabino Bedia, Carlos Theis, Carlos Elorriaga, Néstor
Rivas Karlic, Rodolfo Begnardi y Nora Bucaré. A todos ellos, agradecemos sus valiosos
aportes.

273
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

amplios sectores sociales. Poco antes del golpe de Estado de marzo de


1976, la seccional sindical y la misma representación gremial en la fábrica
se encontraban conducidas por sectores del peronismo ortodoxo y se-
riamente disputadas por un conglomerado opositor que contenía desde
sectores de peronistas leales y combativos hasta sectores clasistas.
Con la instalación del terrorismo de Estado, al menos 80 de estos trabaja-
dores y trabajadoras resultaron víctimas de crímenes de lesa humanidad.
39 están desaparecidas, siete fueron asesinadas, 34 son sobrevivientes. 22
víctimas sufrieron distintas formas de represión antes del golpe de Estado,
algunas de ellas en paralelo a la represión en Villa Constitución (marzo de
1975) y la mayoría entre octubre y diciembre de 1975 (la mitad desapare-
cidos y la otra sobrevivientes y un asesinado). Con posterioridad, más allá
de detenciones puntuales y aisladas, se detectan ciclos represivos: abril y
mayo de 1976, septiembre y noviembre de 1976 y febrero y mayo de 1977.
Unas últimas víctimas se producen tras una importante huelga en octubre
de 1979. Todavía en 1980 son desaparecidos obreros activistas. El listado
no es conclusivo: cada año se reciben testimonios que aportan nuevos da-
tos. De este grupo de víctimas, muchos, pero no todos, tenían militancia
gremial y política y vínculos con organizaciones político-militares, mien-
tras que otros solo tenían actividad sindical. Más de diez ejercían cargos
formales como delegados y eran miembros de la comisión interna en la
fábrica de tubos y de la acería. Dentro del listado de víctimas, encontra-
mos una mayoría y heterogénea cantidad de víctimas que conformaban
parte de corrientes combativas, pero también víctimas pertenecientes a la
ortodoxia peronista.
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La participación empresarial en la represión se puso de manifiesto a partir


de secuestros en la planta, de una omnipresencia del Ejército y de una
policía interna con estrecha vinculación al terrorismo de Estado, así como
mediante la participación en una comunidad de inteligencia que hizo se-
guimiento de quienes resultaron víctimas. Al mismo tiempo, la empresa
proveyó financiamiento para comisarías donde funcionaron centros clan-
destinos, se registró la actuación de directivos instigando o presenciando
secuestros de trabajadores y también se denunció un aprovechamiento de
la trama represiva para erradicar la indisciplina y el desorden en la fábrica.
Varios centros clandestinos se conformaron en la zona de Campana y Zá-
rate, teniendo relevancia uno de carácter transitorio en el club deportivo
Dálmine (hoy Ciudad de Campana), que la empresa tutelaba y financiaba.
Por su paso por este centro ilegal puede ampliarse el universo de víctimas
274
dálmine-siderca

vinculadas a la empresa (al menos siete más, una de ellas desaparecida,


las otras sobrevivientes). Estas son algunas de las pruebas que permiten
afirmar que Dálmine-Siderca organizó una estrategia empresarial hacia los
trabajadores basada en el terror, que incluyó prácticas criminales contra la
humanidad.

2. Proceso productivo
Con una trayectoria directamente vinculada al desarrollo del fascismo ita-
liano (con un destacado paso por la dirección de la compañía Dálmine de
Bérgamo, productora de tubos de acero sin costura, y, al mismo tiempo,

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
por diversas instancias estatales vinculadas a la industria italiana), Agos-
tino Rocca hizo pie en Argentina tras caer el régimen mussoliniano, una
vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Antes de llegar, en noviem-
bre de 1945, fundó la Compagnia Técnica Internazionale (Techint) con el
objeto de brindar asesoramiento técnico, industrial y financiero y diseñar,
dirigir y construir instalaciones industriales. Formaban parte del staff su
hijo Roberto, (2) su hermano Enrico y sus cuñados Rodolfo y Eduardo Quei-
razza, además de viejos compañeros de ruta: Roberto Einaudi, Renato
Pesaro, Stamaty Rodocanchi, Alessandro Albini, Umberto Rosa e Hilario
Testa. (3)Tras dos años de labor en el país, fundaría Techint SAIC.
La primera gran obra de la que participó Techint fue la construcción del
gasoducto de 1700 km de extensión, que unía Comodoro Rivadavia con
Buenos Aires. Esta primera adjudicación, que enseña una estrategia de
negocios direccionada a las obras estatales, impulsó a la empresa a parti-
cipar en la dirección de proyectos similares en otros países de la región y,
no mucho más adelante, en países de distintos continentes como Estados
Unidos, Alemania, Francia y Turquía. El holding se expande desde Buenos
Aires, donde se fundan empresas como Santa María (financiera, 1948), Co-
metarsa (metalúrgica, 1949), Ladrillos Olavarría (1950), Siderurgia Bernal,
Propulsora Siderúrgica (1960), entre otras.

(2) Agostino Rocca tuvo dos hijos, Roberto y Anna. Roberto, quien participó del desarrollo
empresarial desde sus orígenes, le sucedió en la dirección de la empresa tras su muerte, en
1978. Roberto tuvo tres hijos: Agostino —como su abuelo— obtuvo la conducción del grupo
tras la muerte de Roberto y, a su vez, también por deceso, fue sucedido por su hermano
Paolo, actual presidente del consorcio empresario.
(3) Castro, Claudio, “Cooperación económica e internacionalización. Los orígenes históricos
de una multilatina con bases en Argentina e Italia, 1945-1960”, en Seminario en carrera de
Escuela de Administración y Negocios, Universidad San Andrés, 2009.

275
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Dálmine Safta (Sociedad Argentina para la Fabricación de Tubos de Acero)


se constituyó en 1954, en la por entonces pequeña ciudad de Campana,
75 km al norte de la Capital Federal, en el límite con el distrito de Zárate.
Era la primera fábrica de tubos de acero sin costura de América del Sur.
En pocos años la compañía se transformaría en un complejo industrial al
construirse en el mismo predio la compañía Siderca (Siderurgia Campana),
dedicada a la fundición eléctrica de material ferroso. Techint participaba
como accionista y desarrolladora de los proyectos industriales, haciendo
converger las capacidades de sus distintas empresas, mientras se rami-
ficaba en el rubro siderúrgico a nivel internacional (por ejemplo, Tamsa
en México). (4) La fusión de Dálmine y de Siderca, completada en 1964, se
produjo cuando la primera ya cotizaba sus acciones en la Bolsa de Co-
mercio de Buenos Aires y le permitió suplir la importación de acero por el
abastecimiento interno.
Una década más tarde, instalada ya la dictadura, la empresa lograría inte-
grar toda la actividad siderúrgica en su predio de Campana al instalar un
nuevo horno eléctrico y un sistema de colada continua y otro de reducción
de mineral de hierro. Nacía entonces la más importante productora de
acero de capital privado en el país, que se convertiría junto a Acindar (Villa
Constitución) y a Somisa (San Nicolás) en uno de los tres pilares centrales
de la producción siderúrgica local y con una proyección internacional muy
relevante. (5) Entonces se ampliaba cualitativamente la producción con la
instalación del primer Laminador Continuo alimentado con barras redon-
das (Laco I), que demandó una inversión de USD150.000.000. (6) Además,
construiría el puerto de Siderca sobre el río Paraná, proyectando su con-
versión exportadora.
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La trama empresarial tejida por Techint tenía al Estado como uno de sus
principales actores. En 1964 logró que el gobierno radical de Arturo Illia
le concediera distintos beneficios para expandir y mejorar la producción

(4) Castro, Claudio, “Cooperación…”, op. cit.


(5) Ibid. Sobre el desarrollo y estrategia de negocios empresarial ver, entre otras, Amatori,
Franco, “La Techint: una global borncompany con salde radiciitaliane”, en Carolina Lussana
(ed.), Techint 1945-1980. Origini e sviluppo di un’impresa internazionale, Dalmine, Fondazio-
ne Dalmine, 2005; y Castro, Claudio, “De la industrialización tardía europea a la sustitución de
importaciones latinoamericana: Agostino Rocca y la Organización Techint (1921-1976)”, tesis
de Maestría en Historia Económica, Facultad de Ciencias Económicas, UBA, 2004.
(6) Galli , Gregorio y Riedel, Carlos, “Después de 36 años en Campana todavía de eso…
no se habla”, [en línea] [Link]
36-anos-en-campana-todavia-de-eso-no-se-habla-parte2

276
dálmine-siderca

de su complejo, obras que no se llevaron adelante sino hasta que el úl-


timo gobierno de la dictadura encabezado por Reynaldo Bignone, que
le concedió mayores beneficios antes de firmar el traspaso de mando. (7)
El grupo se benefició, asimismo, del proceso de endeudamiento privado
dirigido desde el Ministerio de Economía, que finalizó con la decisión de
estatizar las deudas privadas, y con el Régimen de Compre Nacional que
le permitió vender tubos sin costura a YPF con destacados sobreprecios. (8)
Durante los primeros años del gobierno de Carlos Menem, en los años 90
del siglo XX, el grupo lograría adjudicarse la privatización de Somisa, lo-
grando desbaratar más de cuatro décadas de planificación estatal para la
actividad siderúrgica.

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
Actualmente, el nombre del conglomerado es Tenaris, con sede en Luxem-
burgo, pero dirigido desde Buenos Aires. Cotiza en la Bolsa de Valores de
Nueva York, Milán, Buenos Aires y México, y dispone de una red de plan-
tas productivas, centros de servicio, de investigación y desarrollo y oficinas
comerciales en todo el mundo, desde la planta de Red Deer en Canadá
y Siat en Valentín Alsina hasta la de Onne en Nigeria y Batam cerca de
Singapur. La hermana gemela de Tenarisen, el ramo de aceros planos y
largos, es Ternium, que controla Siderar en Argentina y también cuenta
con una extensísima expansión mundial.
El complejo de la entonces Dálmine-Siderca en Campana (hoy Tenaris-
Siderca) se encuentra entre la ruta provincial 6, paralelo al kilómetro 78 de
la ruta 9, y el río Paraná. El terreno de unas 400 ha cuenta con varias plantas
industriales y edificios administrativos, con vías férreas propias, caminos y
hasta puerto con canal propio. Su ascendencia sobre la población local es
puesta de relieve tanto por su extensión geográfica como por las fuentes
de trabajo directas e indirectas que brinda, a lo que se agregan las distin-
tas formas de beneficencia y financiamiento de instituciones locales. (9) En

(7) Otro proyecto menos provechoso para la empresa se puso en juego en 1974, durante el
tercer gobierno de Juan Domingo Perón; por ello el plan finalmente aprobado se basó en
los concebidos diez años antes. Ver Majul, Luis, Los dueños de la Argentina, Bs. As., Sudame-
ricana, 1991, p. 230.
(8) Olmos, Alejandro, Todo lo que usted quiso saber sobre la deuda externa y siempre le
ocultaron. Quiénes y cómo la contrajeron, Bs. As., Peña Lillo y Ediciones Continente, 2006.
(9) Hay que mencionar aquí la construcción entera de barrios obreros, el financiamiento de la
iglesia, la misma comisaría, instituciones educativas y sanitarias y el fomento y financiamiento
de actividades deportivas y recreativas. Son numerosos los ejemplos que podrían citarse.
Valga el siguiente: la empresa financió la construcción del Sanatorio Metalúrgico “Augusto
Timoteo Vandor”, inaugurado el 01/09/1972. Durante la inauguración, integrantes de la

277
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

1965 trabajaban directamente para Dálmine-Siderca más de 3000 perso-


nas. En 1976, lo hacían cerca de 5000, sin contar quienes trabajaban para
contratistas al interior mismo del predio industrial, que eran alrededor de
2000 en diferentes tareas y momentos.
En cuanto a los cuadros y directivos de la empresa, para la década del
70 debemos destacar la dirección de la planta de Juan Enrique Chape-
rón y Roberto Ballanti. En el área de Personal, el responsable máximo era
Norberto José Sartor, secundado por Francisco Magrini y Osvaldo Real.
En Relaciones Industriales, Raúl Pizarro Posse. (10) En Relaciones Labora-
les, área encargada de las negociaciones con la Comisión Interna y con
el cuerpo de delegados, estaba Federico Wenseslao Mauriño. En el área
de Seguridad, se encontraba el ex suboficial principal de la Fuerza Aérea,
Roberto Paulino Nicolini. (11) Durante el período de estudio, la empresa es-
tuvo dirigida por Agostino Rocca, por su hijo Roberto y su nieto, también
Agostino. Otros directivos fueron Humberto Rosa, Hilario Testa y Guiller-
mo Walter Klein, desde 1976 subordinado al ministro Martínez de Hoz. (12)

conducción de la UOM-Campana y de la empresa asistieron a la inauguración. Ver Di Fino,


Miguel; Maldonado, Leonardo y Núñez, Ariel, De solitarios sueños y utopías truncas, Campana,
edición de autor, 2001
(10) Abogado de profesión, en el grupo desde 1967, era también “Caballero de la Orden de
Malta”, una organización ancestral, ultraconservadora y defensora del estilo de vida occiden-
tal y la fe católica, en Galli, Gregorio y Riedel, Carlos, op. cit.
(11) Información proveniente de entrevistas y diferentes documentos encontrados en el Ar-
chivo Nacional de la Memoria. En los mismos boletines de la misma Fuerza Aérea (Boletín
Aeronáutico Reservado —BAR— 1913), es mencionado por motivo de la modificación de sus
haberes de jubilación como Suboficial Principal. Asimismo, una carta de Leopoldo Eimer,
dueño de la fábrica de cueros Ervo SA, de Campana, fechada el 31/03/1976, mencionaba
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los servicios que prestaba Nicolini a su planta y explicaba que el mismo cobraba haberes de
Retiro ante el Instituto de Ayuda Financiera de las Fuerzas Armadas. La carta se enviaba copia
a la seccional policial local y Eimer aprovechaba para invitar al jefe del Registro Nacional de
Armas, Coronel Manuel Eduardo Noya, a realizar una visita al establecimiento (ibid.).
(12) El Directorio, en 1975, estaba presidido por Agustín Rocca y secundado por su hijo Ro-
berto, por Juan Basilio Rodocanacchi y por Humberto Rosa. El director delegado era Hilario
Testa. Como directores titulares estaban Diego Rafael Mantilla, Italo Camera, Pablo Celestini,
Mario Fano, Eduardo Luis García, Guillermo Walter Klein (h.) —quien luego secundaría a
Martínez de Hoz en el gabinete económico de la dictadura—, Alfredo Lisdero, José Negri,
Federico Alejandro Peña y Samuel Torre. A mediados de 1976, apenas iniciada la dictadura,
los cargos ejecutivos se mantenían inalterados, pero se agregaban como directores Sergio
Einaudi, Oscar Magdalena y Salvador San Martín, mientras salía Guillermo Walter Klein (h.),
ya con funciones gubernamentales. Recién en 1979 se produce un cambio fundamental al
fallecer Agostino Rocca, que fue reemplazado por su hijo Roberto, mientras que ascendía a
vicepresidente José Negri. También aparece en el directorio el nieto de Agostino, hijo mayor
de Roberto, Agustín Rocca (jr.). En 1980, Rossa dejó su cargo de vicepresidente, reemplazado
por Andrea Bacchelli, mientras en el Directorio aparecían Roberto Ricardo Abel Sammar-

278
dálmine-siderca

El trabajo con metales, en sectores de fundición y laminado, es considera-


do un trabajo “penoso”. Por ello mismo, el problema de la salubridad en
Dálmine-Siderca fue uno de los motivos principales de conflicto laboral.
Los ruidos, el contacto permanente con distintos metales, el calor, los gol-
pes de las herramientas generan trastornos en la salud de los trabajado-
res. Durante el tercer gobierno de Perón, se suscitó un conflicto en torno a
la jornada de trabajo al establecerse por resoluciones de la cartera laboral
la insalubridad en varias secciones de la fábrica. Fue una gran conquista
obrera. Una resolución ministerial declaraba insalubres las tareas en las
secciones de Hornos, Colada y Colada Continua, y otra hacía lo mismo
respecto de las tareas en Acería. La empresa inició una queja ante el Mi-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
nisterio y luego de algunos meses de trámite, a fines de abril de 1975, el
ministro Ricardo Otero resolvió no hacer lugar a la solicitud empresarial. (13)

La vieja planta de tubos comenzó a ser reemplazada hacia 1976 por una
de laminado continuo, más moderna, la cual sin embargo no conllevó sus-
tantivas mejoras en la salubridad. Además del problema del polvillo y los
propios de la temperatura en los lugares “en caliente”, en Laco I uno de
los mayores problemas era generado por el ruido que producía princi-
palmente la sierra de ases que cortaba los tubos, que llegaba a producir
hasta ciento cuarenta decibeles. El hecho de que nunca pudieran atenuar
el ruido llevó muchos años después a que se declarase la insalubridad y las
seis horas diarias de trabajo —luego de haberse cuestionado las anterio-
res resoluciones—. No obstante ello, los trabajadores que abandonan la
planta luego de varios años de servicio lo hacen con gravísimos problemas
de corazón, estómago, oído y del sistema nervioso. (14)
A diferencia del sector de Laminado, el de Trefila (alejado de la planta
central) trabajaba por metas de producción diarias, lo que permitía a los
trabajadores de dicha sección tiempos de descanso si se terminaban las
tareas antes de tiempo, sobre todo en el tercer turno de la noche. Junto
al de la salud se encontraba el conflicto por las jornadas de trabajo y los
días de descanso. En cuanto a la jornada laboral, se habían consolidado
los tres turnos rotativos para la producción, de 5 a 13 horas, de 13 a 21 y

tino y Carlos Daniel Tramutola. Ver BO 02/03/1973, 01/10/1975, 02/08/1976, 09/08/1977 y


26/08/1980.
(13) Resolución 183 del Ministerio de Economía, firmada por el ministro Ricardo Otero,
24/04/1975, Expediente 549.546/74, Libros de Resoluciones del Ministerio de Trabajo, 1975.
(14) Entrevista a Carlos Elorriaga, realizada para la investigación, 03/11/2014.

279
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

de 21 a 5, los dos turnos para mantenimiento, con descanso en el horario


de mañana y trabajo el día sábado (de 6 a 11), y para administración, la jor-
nada de 7 a 12 y de 13.30 a 17.30. Pero en cuanto a los días de descanso,
el conflicto radicaba en cuántos y cuáles tocaban por tantos días labora-
bles. Así, Theis recuerda que cuando ingresó se trabajaba en un régimen
de “6 x 2”, pudiendo ser los días de franco un sábado y domingo, pero
también un martes y miércoles. (15)
Otro de los reclamos importantes se refería a la “multiplicidad de tareas”.
Este será de todas formas un reclamo que se fortalecerá en los años de la
dictadura, y luego en los 80 y 90, junto al auge de las tercerizaciones. Fue
la gran avanzada de la empresa sobre el trabajo. Antes del golpe, como
en toda actividad metalúrgica, regía eficazmente el convenio de la UOM y
los obreros gozaban de una clara delimitación de las tareas que les tocaba.
Pero dicha delimitación había que defenderla cotidianamente.

3. Proceso conflictivo
No eran pocas las fábricas metalúrgicas que existían en la zona de Zárate y
Campana hacia los años 70, pero si la seccional del sindicato obrero UOM
era entonces una de las más importantes del país se debía exclusivamente
a la presencia de Dálmine-Siderca. (16) La dinámica sindical respondería en
gran parte a la dinámica del conflicto obrero con las fábricas de Techint.
Como comentábamos, la empresa no retaceaba en recursos destinados a
generar una relación de subordinación material y simbólica de los traba-
jadores. A la construcción de barrios obreros, al financiamiento del club
deportivo Dálmine y del sanatorio metalúrgico, se sumaba una política
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salarial que hacía de los obreros de sus establecimientos las “niñas mima-
das” de la industria. (17)
Sin embargo, una serie de indicios muestran que dicha construcción de
una “comunidad de empresa” no logró evitar que se hicieran sentir desde
los inicios distintos reclamos que los obreros consideraban por derecho
propio, mucho menos cuando la dinámica sindical local se plegó a la

(15) Entrevista a Carlos Theis, realizada para la investigación, 27/10/2014.


(16) Algunas otras empresas metalúrgicas eran Cometarsa, también de Techint, y las más
pequeñas Cameron Iron Works, Callegari e Hijos, Cheruse y Cía., Empresa Blois y Peruzzini
y Klein.
(17) Entrevista a Rodolfo Begnardi, opositor clasista entonces, realizada para la investigación,
15/10/2014. La entrevista fue realizada junto a Nora Bucaré.

280
dálmine-siderca

radicalización obrera que tuvo lugar en los años 60 y 70 en todo el país. El


ingreso de nuevas camadas de trabajadores a la fábrica y un intenso pro-
ceso de politización obrera y radicalización política permitió que surgieran
distintos tipos de cuestionamiento a la conducción sindical en la fábrica
y en la seccional gremial. (18) “Hombre de confianza de la empresa”, “bu-
rócrata”, “golpista” serían algunos de los calificativos que le endilgarían
pronto sectores radicalizados del sindicalismo al secretario general del
gremio Ángel Luque, que había sido electo en 1972 y reelecto en 1974, y
se mantuvo al frente de la seccional hasta su retiro en 1977. La concepción
del propio Luque respecto de su período al frente de la UOM-Campa-
na se sintetiza en la jactancia de no haberse producido ningún paro y en

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
aprovechar la coyuntura de expansión de la empresa para exigir mejores
condiciones salariales para los trabajadores. (19) Eso mismo sería el punto
de conflicto con los obreros metalúrgicos vinculados al PRT, quienes cues-
tionaban el “pacto social” y se mostraban disconformes con el “aumento
general que la burocracia concreta a espaldas de todos los obreros y los
delegados, tratando de engañar a los compañeros con categorías más
altas que no representan nada en dinero y si fomentan mucho más la divi-
sión en la clase obrera”. (20)
El mapa sindical local se complejizó hacia 1974, en ocasión de las eleccio-
nes para definir la conducción de la seccional metalúrgica y la represen-
tación en las fábricas. (21) De la lista Rosa oficial se desprendió una escisión
que por las alianzas tejidas viró hacia la izquierda. La oposición encabezada

(18) Es interesante constatar la existencia de puentes entre ambas experiencias. Carlos Elo-
rriaga y Carlos Theis pondrán de relieve esta conexión a partir de la experiencia de los viejos
comunistas. Un caso interesante es el de José Dareys, jubilado de Dálmine para los años 70,
quien como integrante del PC en 1957 (a pocos años de iniciarse la actividad de la empresa)
había sido detenido por la policía por repartir volantes partidarios. Para fines de 1973, en la
empresa que manejaban junto a su hijo, Néstor José, se imprimían los volantes del TOR-22
de Agosto y del ERP. Ver “Antecedentes de personas sindicadas como integrantes del auto-
denominado Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) o sospechosas de tener vinculaciones
con el mismo”, DIPBA, mesa DS, carpeta varios, legajo 1428. Deareys fue fusilado el 3 de
diciembre de 1976. Ver legajo Redefa 1351, José Deareys.
(19) Entrevista a Ángel Luque, realizada por Ariel Núñez, 09/11/1998. La misma preocupación
no habría estado puesta en los numerosos trabajadores tercerizados por contratistas.
(20) Volante “La burocracia traidora defiende el Pacto Social”, DIPBA, mesa D-S, carpeta
varios, legajo 1883.
(21) Hay que destacar que en el complejo industrial, tanto la acería como la fábrica de tubos
tenían su propio cuerpo de delegados y comisión interna. Hay que considerar también la
existencia de una fuerte presencia del clasismo en Cometarsa, empresa del grupo instalada
en el mismo gran predio industrial.

281
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

por el “turco” Dip, hasta entonces secretario adjunto de Luque, contaba


entre sus filas con Juan Carlos Fernández, Armando Decoster y Enrique
Garrido, entre otros, todos obreros de la fábrica de tubos. Convergerían
en esta lista distintas corrientes opositoras y políticamente radicalizadas:
trabajadores vinculados al Partido Comunista, como Alejandro Fernández;
obreros con militancia y/o simpatías hacia organizaciones armadas que in-
tegraban, por ejemplo, la Tendencia Obrera Revolucionaria 22 de Agosto
(TOR-22) y obreros de identidad clasista, aunque sin encuadramiento par-
tidario, como Rodolfo Begnardi, que formaba junto a los obreros activistas
del TOR la Agrupación de Metalúrgicos Independiente (AMI). (22) De esta
lista —que no estaba exenta de duros cuestionamientos internos— sur-
girían varias de las víctimas obreras de la represión. En la fábrica también
competía el antiguo oficialismo del peronismo ortodoxo con la Lista Azul.
El gremio contaba entonces con 5000 afiliados, 200 de ellos mujeres.
En dichas elecciones también participaban obreros comunistas, quienes
sufrieron entonces el allanamiento y detención en sus domicilios. José
Barreto se retiró temprano el día de las elecciones en la fábrica y poco
después un operativo policial se llevó a su esposa de su casa. Tiempo
después su hijo recordó:
... ese día mi papá tenía elecciones de delegado en la fábrica,
mi viejo se va tipo 4 de la madrugada, mi mamá entraba a tra-
bajar a las 6, cuando minutos después de haberse ido mi viejo,
golpean fuerte la puerta; mi mama pensó que era mi viejo y
cuando abre el postigo de la puerta era la policía con una orden
de allanamiento, a lo cual mi vieja responde que no iba abrir, y
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los milicos le dijeron que si no abría le tiraban la puerta abajo,


entonces mi vieja se apresuró a vestirse y a levantarnos. Abrió
la puerta y había muchos policías formados en fila, con armas
largas, entraron y comenzaron a revisar toda la casa; en el fondo
había una piecita donde había muchos libros, donde siempre
mi papá leía y recuerdo que había libros de “La pequeña bi-
blioteca marxista”, recuerdo que estaba La razón de mi vida de
Eva Perón y La Comunidad Organizada, que eran libros que mi

(22) El TOR 22 de Agosto fue creado en enero de 1973 por militantes del frente sindical del
PRT-ERP, como una organización parapartidaria y clandestina, que se proponía agrupar a
obreros marxistas, peronistas, cristianos, independientes, entre otros quienes coincidieran
luchar por el socialismo. Ver Boletín Interno del ERP, nº 36, 24/01/1973, [en línea] [Link]-
[Link]

282
dálmine-siderca

papá siempre leía, además había un tocadiscos Winco, y discos


de Mercedes Sosa, de Horacio Guaraní y, además, un disco con
la Canción “Para Chile” que cantaba Jean Franco Pagliaro (…)
un milico le dijo a mi mamá, acá está la prueba de que son sub-
versivos, fue cuando encontraron los libros de Eva y de Perón, mi
mamá le respondió que ellos eran los que venían a subvertir el or-
den de nuestra casa, y un milico le pidió que se callase la boca. (23)
Desde entonces, la esposa de Barreto intentó convencerlo de que dejara
sus tareas gremiales. Este contaba que en la fábrica le ofrecían dinero para
dejar el gremio, lo que siempre rechazaba. (24)

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
Los resultados de aquella elección arrojaron a nivel seccional un triunfo
incuestionable para la Lista Rosa, pero si observamos la lista de delega-
dos y comisión interna surgida de dichas elecciones en Dálmine, podemos
pensar la existencia de una paridad notable en la representación de las
distintas corrientes político-ideológicas. Dicha paridad quedaría ejemplar-
mente reflejada en la conformación de la comisión interna de la fábrica
de tubos. Los cinco miembros elegidos entonces fueron: Adolfo Herrera,
de la Lista Rosa; Félix Martínez, vinculado a la conducción nacional de
la UOM, Lista Azul; Juan Carlos Felippetti, según recuerda un trabajador,
perteneciente al trotskismo no guerrillero; (25) y Juan Manuel Lópes, cono-
cido como “El portugués”, miembro del PRT-ERP. En el caso de Nicolás
Bosco no pudimos identificar adscripción alguna.
El crecimiento de corrientes combativas y revolucionarias en instancias de
representación de base, sin ser mayoritarias como sucedió en otras fábri-
cas, planteó una situación novedosa a la empresa, que por entonces debía
hacer frente a la crisis internacional del sector metalúrgico, mientras pro-
yectaba la expansión y crecimiento de sus plantas industriales. El PRT-ERP
tuvo una importante inserción, sobre todo entre trabajadores del sector

(23) Relato de José Alberto Barreto, citado por HIJOS Escobar-Campana-Zárate en la Red
Nacional y Suteba-Zárate, “Informe Área 400. Represión en las ciudades de Campana, Zárate
y Exaltación de la Cruz desde los años 1973 a 1980”, 2015, p. 747.
(24) “Un día hablando con mi mamá, ella contó que ese dinero era para que se alejara de
la militancia gremial, que callara y diera nombres de compañeros, a lo cual mi viejo se negó
rotundamente”, recuerda su hija Claudia Barreto, al referirse a una visita que recibió en 1975
su padre en la casa, de dos hombres vestidos de traje y que llevaban un maletín que vio lleno
de dinero, Ibid.
(25) Luego fue acusado de “traidor” en carta abierta por Lópes y por Gómez. Ver “A los
compañeros de Dálmine Siderca y Trefila”, citado en HIJOS Escobar-Campana-Zárate en la
Red Nacional y Suteba-Zárate, “Informe Área 400...”, op. cit.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

de Trefila. También tuvo su importancia el Partido Comunista, principal-


mente en la planta principal de tubos y en la acería. Sus militantes tendrían
un rol destacado durante la “resistencia”. El peronismo combativo y Mon-
toneros también tuvieron una decisiva influencia. En tanto fue marginal la
participación de corrientes como el Partido Socialista de los Trabajadores
(PST) y el Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS) donde militaba,
por ejemplo, el trabajador Pedro García.

Del PRT-ERP provendrían las principales acciones armadas en la fábrica,


incursiones no necesariamente protagonizadas por obreros. Pintadas,
volanteadas, “piqueteadas”, inmovilización de los agentes de seguridad
privada se incluían en el repertorio de estos avances fugaces en la fábrica.
Según algunos militantes que participaron entonces, durante las volan-
teadas los obreros donaban dinero para la organización. (26) Los principales
obreros activistas de esta organización eran Jorge “Oso” Gómez (27) y Juan
José Lópes, ambos delegados y el último, como indicamos, miembro de
la comisión interna. También se encontraban Alfredo Arias y Antonio Villa-
verde, Lorenzo Malvicino, Edgardo Eladio Martínez, Rubén Matildo Frutos,
Nillo Agnolli, José Alberto Multrazzi, Guillermo Hietala, Raúl Bustos, Luis
Ángel Casalone, mientras que Alberto Bedia simpatizaba con la organiza-
ción y era “muy amigo” de Villaverde. (28) De estos, la mayoría serían asesi-
nados, desaparecidos y/o secuestrados y liberados.

La inteligencia policial y empresarial los siguió bien de cerca. (29) A fines de


1974, por ejemplo, agentes de la inteligencia de Prefectura identificaron a
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(26) Declaración indagatoria a Rubén Mario Benítez, 06/07/1976, ante oficial principal Nor-
berto Franchini y comisario inspector Dante Jesús Genova y declaración indagatoria del
25/08/1976, causa 16.537, “NN6 infracción Ley 20.840 (en Fca. Dálmine Siderca)”, en Archivo
Nacional de la Memoria.
(27) Gómez era tornero mecánico en Trefila y tenía militancia social en Villa Moscato. Como
muchos de los otros trabajadores de la fábrica, tenía familiares que también pertenecían
al plantel obrero, en este caso, dos hermanos, Enzo y Fermín. Jorge había egresado de la
Escuela Rocca con destacados promedios y había ingresado a la fábrica entre fines de los 60
y comienzos de los 70. Tras ingresar al PRT y ascender rápidamente al secretariado zonal, se
incorporó a las filas del ERP con el grado de teniente.
(28) Villaverde, por su parte, era pintor de una contratista hasta que logró hacer efectivo
su ingreso a la empresa. Bedia llevaba varios años trabajando, pero como empleado en la
Oficina de Personal.
(29) “Antecedentes de personas sindicadas como integrantes del autodenominado Ejército
Revolucionario del Pueblo (ERP) o sospechosas de tener vinculaciones con el mismo”, DIPBA,
mesa DS, carpeta varios, legajo 1428.

284
dálmine-siderca

Agnolli volanteando panfletos del TOR-22 de Agosto y entregando revis-


tas Estrella Roja al interior de la fábrica; Pedro Amaranto, por su parte, fue
reconocido por un supervisor como uno de los encapuchados que partici-
pó de un operativo del ERP el 18 de junio de 1973 y, meses más tarde, en
septiembre, “fue observado mientras distribuía volantes del TOR-22 de
Agosto (…) durante el ingreso a su labor, haciéndolo en todas las seccio-
nes que recorría hasta llegar a la suya”; Pascual Ricardo Pérez, empleado
de Dálmine, también fue visto a fines de 1973 repartiendo volantes del
TOR-22 dentro de la empresa, siendo sindicado como un “activo agitador
gremial”. Un informe a la ex DIPBA llegado en tiempos del golpe indicaba
que la empresa era una de las más jaqueadas por el “accionar de elemen-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
tos subversivos”, mencionándose al TOR-22, a la AMI y al ERP, pero agre-
gaba que: “Las bases en gran mayoría aceptaban el accionar subversivo,
algunos por temores y otros por propia voluntad”. (30)

A la inquietante presencia del activismo radicalizado se sumaba la frag-


mentación irreconciliable entre sectores del peronismo. “Antiverticalistas”
leales al gobernador metalúrgico Victorio Calabró y “verticalistas” de Lo-
renzo Miguel que también tenía sus adherentes, disidentes como Luque
y otros como Juan Carlos Toledo; peronistas “verticalistas” en la Naranja,
junto a peronistas combativos. Un gran eje de tensión a estos lineamien-
tos del peronismo lo incorporaba la presencia del activismo radicalizado,
en diferentes variantes, que encontraban cobijo o alianzas impensadas en
distintos espacios de este haz dominante. Así, los obreros radicalizados
formaron alianza en 1974 con el peronismo de Dip en la Lista Naranja, pero
luego este último los criticó por aliarse al oficialismo de Luque, hecho que
también fue criticado al interior de la Lista Rosa. No obstante ello, desde
el sector radicalizado, el mismo Lópes criticaría a su supuesto aliado Lu-
que, a Dip y a otros delegados por no poner esfuerzos en defender a los
detenidos por la represión. Las detenciones de marzo de 1975 —sobre las
que ya comentaremos— producirían otro quiebre en la comisión adminis-
trativa del sindicato cuando un sector defendió a un grupo de abogados
y asistentes sociales que desarrollaban una extensa tarea educativa y de
formación político-sindical al interior del gremio, por lo cual en la DIPBA
se informaba que existía “una fuerte infiltración marxista, tanto a nivel de

(30) “Principales establecimientos fabriles industriales de la provincia de Buenos Aires que


han sufrido estados conflictivos y posible infiltración subversiva”, DIPBA, mesa B, carpeta
varios, legajo 133.

285
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

bases como en la conducción”. (31) Las tensiones al interior del sindicato


alcanzaron los extremos hacia fines de 1975 y comienzos de 1976, produ-
ciéndose la ocupación del local sindical a los tiros por miembros de la Lista
Naranja y su posterior desalojo.
El activismo en fábrica bajo el mandato del nuevo cuerpo de delegados
—desde el 8 de abril de 1974 hasta el 7 de abril de 1976— generó, como
decíamos, una situación novedosa. Si bien a diferencia de lo sucedido en
muchas otras plantas para el período 1973-1976 no se produjeron paros
ni tomas, ni medidas de fuerza destacadas, los delegados combativos
lograron que se ganaran algunas conquistas a la empresa. Graciela Bu-
rián, quien había ingresado en 1970 a través de una tía que era secretaria
del director general, debió realizar sus tareas gremiales en un “ambiente
machista”, tanto que comenta que “tuve que ponerme los pantalones y
hacerme hombre”. Sus tareas de secretaria se superponían con las gre-
miales; debía reclamar por la mala liquidación de sueldos y el pago de
traducciones especiales, entre otras cuestiones. “Un gran logro” durante
su mandato fue la entrega por parte de la empresa de uniformes para
el trabajo. Burián se enteró un día que estaba reglamentado el uso y lo
planteó a la Comisión Interna, logrando que la empresa brindara dos jue-
gos de uniforme a cada empleado. En Trefila, por ejemplo, los reclamos
gremiales también surtieron efectos, no obstante las dificultades que en-
contraba Lópes en la Comisión Interna para hacer avanzar ciertos planteos
que consideraban más osados. (32) Las definiciones más importantes fueron
por cuestiones de contaminación y ventilación, y en el arreglo de máqui-
nas inseguras, con escaso mantenimiento.
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La figura de los delegados fue creciendo durante el primer año de manda-


to, hasta el punto que recuerda Theis que “llegué a vivir la época en que
prácticamente los que mandaban eran los delegados y Dálmine tuvo que
aflojar en muchas cosas” y que en algunos sectores, “los jefes no entraban
de noche”. (33) Un último derecho obtenido por los trabajadores de la em-
presa fue recordado por Valentín Ibáñez, miembro del Partido Comunista,
directivo de la mutual obrera y delegado de la sección de Mantenimiento

(31) “Situación y probable evolución político-gremial de la UOM/Seccional Campana”,


DIPBA, mesa B, jurisdicción Campana, legajo “Unión Obrera Metalúrgica”, originado por
Sipba, carpeta 21, legajo 25.
(32) Entrevista a Begnardi, op. cit.
(33) Veiga, Gustavo, “El cuaderno con la lista de militantes políticos”, en Página 12, 28 de
noviembre de 2011.

286
dálmine-siderca

en Frío desde 1965 hasta 1987. (34) Se trata de la “coparticipación” que se


logró arrancar a la empresa en marzo de 1976, días antes del golpe y que
se plasmó en la firma de un acta por el secretario de la UOM, Luque, y por
el propio Agostino Rocca, presidente de Techint. Dicha “coparticipación”
implicaba un dinero extra que se recibía en la liquidación del sueldo y que
se cobró durante un año aproximadamente. (35)

4. Proceso represivo (36)


La organización gremial de los trabajadores de Dálmine-Siderca sufrió
fuertes embates represivos desde antes de producido el golpe de marzo

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
de 1976 y a lo largo de más de la mitad del período dictatorial. Como
señalamos en la introducción del informe, varios ciclos represivos pueden
observarse según el orden cronológico de las víctimas vinculadas a la
empresa. El primero de ellos se registra en marzo de 1975, paralelo a lo
sucedido en Villa Constitución, a lo largo de la misma Ruta 9. Un segundo
ciclo puede observarse al finalizar dicho año. La mayoría de estas víctimas
estaban vinculadas al PRT-ERP. En abril y mayo de 1976 se registran nue-
vas víctimas, al igual que entre septiembre y noviembre de ese primer
año. Entre febrero y mayo de 1977 se deja entrever otro avance represivo.
Unas últimas víctimas se producen tras una importante huelga en octubre
de 1979.

Para marzo de 1975, en ocasión de la ocupación de Villa Constitución y


la represión en Acindar, varios trabajadores de Dálmine-Siderca fueron
detenidos y/o secuestrados. Según testimonios de sobrevivientes, no
demasiado precisos, mientras la columna militar avanzaba hacia el norte
por la Ruta 9, la Brigada de Tigre en la zona efectuaba al menos unas 40

(34) En lista de delegados figura electo para la sección MAMI/A-2, junto a Nicolás Bosco.
Ver Trib. Oral Crim. Fed. N° 1 San Martín, “Riveros, Santiago Omar y otros s/ priv. Ilegal de la
libertad, tormentos, homicidios, etc.”, causa 4012.
(35) Testimonio de Valentín Ibáñez, 23/06/2012, ver casos 148 y 296, causa 4012, cit.
(36) Este relato se realizó recurriendo principalmente al trabajo realizado por la Comisión de
Juicio de Zárate-Campana, que viene desde hace años elaborando un listado de víctimas de
la zona y reconstruyendo trayectorias personales. Además, se ha recurrido a consultas par-
ticulares y entrevistas, a registros de la Conadep, de la Comisión Provincial por la Memoria
(Archivo DIPBA), del Registro Unificado de Víctimas y a documentos de causas judiciales. Hay
que señalar que un posible listado con las víctimas incluidas en este apartado puede resultar
inconcluso todavía: así como no incluimos posibles víctimas sobre las cuales no llegamos a
obtener datos fidedignos, debemos advertir que de algunas víctimas se desconocía enton-
ces nombre completo o se desconoce qué suerte final corrieron.

287
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

detenciones de trabajadores de las empresas de Techint. De ese tiempo,


Begnardi recuerda la desaparición durante cuatro días, la tortura y poste-
rior liberación de un trabajador de Siderca. Cuando el 25 de marzo de ese
año, el “Oso” Gómez y el “Portugués” Lópes —ambos ya en la clandes-
tinidad— abordaron un micro de obreros para repartir volantes y revistas,
explicaron que debían cobrar los números del Estrella Roja, pues se ne-
cesitaban fondos para los presos políticos detenidos una semana antes. (37)
Por otra parte, sabemos de las detenciones de la abogada laboralista Ana
María Miranda de Korompay, de activistas del gremio como Juan Carlos
Toledo (de Cometarsa), José María Fernández (de Callegari) y Oscar Jorge
Labro (de Gabilondo), que habrían sido liberados rápidamente, y Pedro
Rafael Amaranto, Lorenzo Ramón Malvicino (ambos de Dálmine) y Vicente
Antonio Amicone, quienes terminarían en Sierra Chica. Junto a ellos tam-
bién fue detenido Ramón Pereyra, también obrero de Dálmine-Siderca. (38)
Según la carta abierta que publicara Lópes en julio de aquel año, también
estaría preso entonces un obrero de apellido Fernández, sin mayores es-
pecificaciones. (39)
Con posterioridad, en abril, fueron detenidos otros obreros de la empre-
sa: Miguel Ángel Pérez, Carlos Rivas, Carlos Esteban Rodi y Juan Miguel
Bougnet, vinculados al PRT-ERP. (40) A fines de este mes, el 30, fueron dete-
nidas por infracción a la ley 20.840 las hermanas Elba Josefa y Bianca Mirta
Insaurralde, la primera esposa del “Oso” Gómez. Junto a ellas fue dete-
nido uno de los dos hermanos del “Oso”, Enzo Raúl, junto a su esposa,
también una Insaurralde, en este caso Juana María, tercera hermana de las
recién mencionadas, (41) y luego fue “barrida” la casa de su suegra, Ramona
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(37) “Copamiento de un micro de Dalmine Siderca por parte de integrantes del ERP”, DI-
PBA, mesa DS, carpeta varios, legajo 3155. Al pasar a la clandestinidad, Lópes y Gómez
firman una carta a los compañeros de Dálmine-Siderca y Trefila, denunciando la represión
de que son objeto y a los “sirvientes explotadores” Mauriño y Dante López, jefes en la em-
presa, y a Luque, Días, Dip, Pereyra, Felipetti, Garrido y Grasi, por “elementos burócratas”,
citado por HIJOS Escobar-Campana-Zárate en la Red Nacional y Suteba-Zárate, “Informe
Área 400...”, cit.
(38) Legajo DIPBA 2703, tomo III, citado en HIJOS Escobar-Campana-Zárate en la Red Nacio-
nal y Suteba-Zárate, “Informe Área 400...”, op. cit.
(39) “Carta abierta al compañero Luque”, julio de 1975, en DIPBA, mesa B, Jurisdicción Cam-
pana, legajo “Unión Obrera Metalúrgica”, op. cit.
(40) Legajo DIPBA 2703, tomo III, citado en HIJOS Escobar-Campana-Zárate en la Red Nacio-
nal y Suteba-Zárate, “Informe Área 400...”, op. cit.
(41) “Detenciones por infracción a la Ley 20.840 en Campana”, DIPBA, mesa DS, carpeta
varios, legajo 3069.

288
dálmine-siderca

Savio, en el barrio Villanueva. (42) La inteligencia policial informaba que Gó-


mez había participado de la distribución de galletitas y leche en una villa
de emergencia de la zona. (43) Por entonces, en julio de 1975, también se
encontraba preso en San Nicolás el “Portugués” Lópes, sin saber cuándo
fue apresado y cuándo liberado, porque tendremos noticia de un arresto
posterior en diciembre del mismo año, al igual que lo sucedido con las
hermanas Insaurralde y Enzo Gómez. (44)
A fin de año se produjo otra avanzada represiva, pero a una escala mayor y
vinculada principalmente al activismo del PRT-ERP y al clasismo. El “Oso”
Gómez fue asesinado en Tucumán el 9 de octubre. Entonces lideraba una

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
columna de la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez. (45) Aquel mismo
mes fue desaparecido Alfredo “Motoneta” Arias, activo en la empresa.
Recuerda Begnardi que su desaparición motorizó una protesta obrera que
tuvo repercusiones en la sección de Trefila. El hermano de Arias le comen-
tó sobre la detención de Alfredo y su mujer, apenas sucedida, y Begnardi,
entonces delegado, se dirigió a su jefe, de apellido Clemente, para co-
municarle el hecho y solicitar permiso para una reunión con los delegados
de la sección. Durante un turno —recuerda— se paralizó la producción y
luego los delegados fueron convocados al sindicato para analizar la situa-
ción. Arias fue legalizado pronto y luego de un tiempo en cárcel marcharía
al exilio. Semanas más tarde sería secuestrado Begnardi junto a su mujer
Nora Bucaré. Su detención se produjo el 9 de noviembre. La pareja fue
desaparecida varios días, hasta que también fueron legalizados. Estuvie-
ron en la cárcel más de cinco años, hasta que se les dio la opción de salir
del país. En los brutales interrogatorios a los que fueron sometidos les
exigían señalar las numerosas fotos de trabajadores de Dálmine-Siderca.
Antes de ser llevado a Resistencia, un familiar le acercó a Begnardi la re-
nuncia a la empresa que le habían hecho llegar desde las mismas oficinas
de personal. (46)

(42) Di Fino, Miguel; Maldonado, Leonardo y Núñez, Ariel, op. cit.


(43) “Detenciones por infracción a la Ley 20.840 en Campana”, DIPBA, op. cit.
(44) Lópes habría sido detenido el 16/04/1975, según HIJOS. Escobar-Campana-Zárate en la
Red Nacional y Suteba-Zárate, “Informe Área 400...”, op. cit.
(45) Ese día se enfrentaron durante ocho horas a grupos del Ejército en las cercanías de
la ruta 38, zona del Arroyo San Gabriel. En el choque murieron 10 miembros del ERP y 60
soldados, produciéndose también el derribe de un helicóptero. Ver Estrella Roja, nº 65, 1 de
diciembre de 1975.
(46) Entrevista a Begnardi, op. cit.

289
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

El mismo 9 fue secuestrada Luisa Brutti. Apenas enterada del secuestro


de su compañera, Burián y unas “antiquísimas empleadas, de una corrien-
te católica, que hacían trabajos de solidaridad”, se dirigieron a la UOM
para exigir que se hiciera algo, pero recibieron como respuesta una ne-
gativa rotunda, pues no era de competencia del sindicato. “Y así como
entramos, salimos, sin recibir ningún apoyo de nada”, recuerda Burián,
quien había dejado de ser delegada. Quedó grabado en su memoria el
desaire sufrido por las esposas de algunos obreros que se acercaron a la
fábrica a solicitar ayuda y que formaron luego una Comisión de Ayuda
de Familiares y Detenidos, a instancias de la esposa de Lópes Goncálvez,
luego desaparecida. “La empresa se desentendía totalmente, quedaban
desamparados”, comenta Burián, quien fue ella misma secuestrada dos
días más tarde, el día 11, junto a su hermana de catorce años. Pasaron
diez días en la Brigada de San Justo, luego fueron llevadas a la Brigada de
San Fernando y después de cinco días pasaron a la Cárcel de Olmos, don-
de estuvieron varios meses. Burián luego se exilió en Suecia. Su hermana
fue liberada tras diez meses de reclusión ilegal. Como ya mencionamos,
ni Begnardi, ni Burián, ni Brutti habrían pertenecido al PRT-ERP, pero su
militancia sindical los había ubicado en lugares cercanos a la organización
político-militar. Luego de estos sucesos, el ERP atentó contra el jefe de
Personal, Francisco Magrini. (47)
En diciembre fueron secuestrados sucesivamente once trabajadores de la
empresa. El día 10, Enzo “Indio” Gómez, su esposa Juana María Insaurral-
de y la hermana de esta, Elba, esposa del ya asesinado “Oso”. El 13, Ló-
pes Goncálvez, Juan Carlos Cordero, Alberto Federico Márquez, Roberto
José Puppo y Luján Armando Rodi. Cordero era supervisor en la empresa.
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También por entonces fueron secuestrados los hermanos Rodolfo y José


Ramón Amarilla. El 23, fueron llevados Juan Enrique Girrelli y Roberto Os-
valdo Caprioli Bruneti y los hermanos Leuchenco, Néstor y Felipe. (48) Gó-
mez, las hermanas Insaurralde, Cordero, Márquez, Rodi, Girelli y Caprioli
Bruneti siguen desaparecidos. Puppo fue liberado y desaparecido definiti-
vamente más tarde. Lópes Goncálvez pasaría a disposición del PEN y lue-
go marcharía al exilio. La mayoría tenía vinculaciones con el PRT-ERP. Los
hermanos Amarilla fueron liberados rápidamente y volvieron a la fábrica,
hasta su segundo secuestro.

(47) Galli, Gregorio y Riedel, Carlos, op. cit.


(48) Estos últimos, según “Informe Área 400...”, op. cit.

290
dálmine-siderca

En el caso de Caprioli, su hermana María Caprioli de Brunetti denun-


ció ante la Conadep que la Comisión Interna del sindicato de entonces
había confeccionado una lista con personas que no eran de su agrado
y agregaba que cuando un amigo suyo, obrero de la fábrica, protestó
por la arbitrariedad, le exigieron que se callara porque si no lo iban a
llevar a él también. (49) Respecto de Cordero, recuerda un excompañero
que le habían encontrado dentro de su taquilla libros y panfletos que
consideraron “subversivos”. (50) En cuanto a los hermanos Amarilla, que
tenían vínculos con Montoneros y una militancia dedicada a la educación
popular, (51) el operativo que los llevó de su casa tuvo lugar a las cinco de
la mañana. Fueron tres coches repletos de militares. Se los detuvo como

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
al resto, por cargos de “subversión”, invocándose la ley 20.840. “Era para
decirte, tengan cuidado”, recuerda Rodolfo. Pasado el mediodía fueron
liberados. (52)
La irrupción de la dictadura generalizó la represión e impuso un clima de
terror tanto en la ciudad como en el complejo industrial. El mismo 24 de
marzo de 1976 distintos retenes militares en la zona produjeron las prime-
ras detenciones bajo el nuevo marco. Osvaldo Rubén Chila, trabajador
de Dálmine, fue detenido y llevado a la comisaría de Zárate, donde fue
torturado. Chila había ido a trabajar como todos los días, llegó hasta la
fábrica, pero estaba cerrada. En el camino de regreso a su casa fue parado
en un puesto de control, donde los agentes chequearon su nombre en
el extenso listado que tenían, para luego proceder a detenerlo. (53) Resul-
ta interesante lo publicado entonces en el diario La Defensa Popular de
Campana: “En Dálmine se supo que la empresa a pedido de la autoridad
militar concedió 48 horas de asueto que serán pagos como si se tratara
de feriado nacional, con todas las ventajas consiguientes”. (54) Al regresar

(49) Denuncia firmada por Eduardo Rabossi, titular de la Subsecretaría de Derechos Huma-
nos, Ministerio de Justicia de la Nación, ante el juez federal de Primera Instancia de San
Nicolás Luis Hilario Milesi, 19/12/1984, “Eleva Denuncias y Testimonios Relativos a Presuntos
delitos Cometidos en Jurisdicción del Partido de San Nicolás”, en causa 4012, cit., y legajo
Conadep 6812, Roberto Osvaldo Caprioli Brunetti.
(50) Conversación con Gisela Puente, sobrina de Juan Carlos Cordero Twyford, octubre de 2014.
(51) Entrevista a Rodolfo Amarilla, realizada por Miguel Di Fino, septiembre de 1998.
(52) Entrevista a Rodolfo Amarilla, realizada por Victoria Basualdo, noviembre de 2013.
(53) Testimonio de Osvaldo Chila, del 13 de marzo de 1986, en caso 148, causa 4012, cit.
(54) La Defensa Popular, 25 de marzo de 1976, citada en Di Fino, Miguel; Sadonio, Soledad y
Núñez, Ariel, Sobre ausencias y exilios. Un ensayo histórico sobre Campana entre 1976 y 1982,
Campana, Bs. As., 1999.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

al trabajo, varios operarios se encontraron con sus cofres de vestuario con


los candados rotos.
Aquellos primeros días, los operativos de control como el sufrido por Chila
eran constantes, extendiéndose no solo a la entrada y salida de los turnos
de producción, sino que la travesía por Ruta 9 o 12 (actual Ruta 6), solía
convertirse en un camino pavoroso. Vehículos y personas eran requisados
minuciosamente por soldados bien armados. Las listas de buscados en
manos de los oficiales de control “era más temida que las armas”, cuentan
testigos. (55) La agobiante presencia militar no se expresó, sin embargo, en
una intervención inmediata del gobierno municipal. Al momento del gol-
pe se encontraba al frente del municipio el radical Calixto Dellepiane, que
ejercía por tercera vez el cargo ejecutivo (había sido electo anteriormente
en 1958 y 1963), al haber triunfado en las elecciones de 1973 a la cabeza
de un frente que incluía a peronistas. Dellepiane siguió al frente del muni-
cipio después del golpe y recién el 21 de mayo de 1976 fue reemplazado
por el prefecto mayor retirado Alberto Ricardo Amor. Durante los casi dos
meses que se sostuvo al frente del gobierno municipal, bajo dictadura, se
produjeron numerosos secuestros en Campana.
El mismo día del golpe fue detenido el secretario general del sindicato,
Ángel Luque, aunque el gremio seccional no fue intervenido de inmedia-
to, como sí sucedió con el sindicato nacional. Luque “gozó” de un relativo
“buen trato” y habría sido liberado a los pocos días producto de las ges-
tiones realizadas ante el general Domingo Bussi —con responsabilidades
en Institutos Militares— por el directivo de la empresa Amílcar Romero, a
pedido del gremialista José María “Colorado” Fernández. Como varios
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de los detenidos en la zona de Zárate y Campana en los primeros días


del golpe, Luque fue llevado por varios centros de detención como la co-
misaría de Tigre, la de Campana y el buque militar ARA Murature. (56) Tras
su liberación y en aquellas primeras semanas, Luque y otros dirigentes
gremiales locales fueron convocados por la empresa y los militares al Área
Conjunta 400. Luque recuerda esas convocatorias forzosas, donde debió
responder, entre otras preguntas, a las realizadas por el teniente coronel
Márquez: “¿Qué opinión tiene de la CGT? ¿Así que quieren un mundo me-
jor?”, le preguntaron. De aquellos encuentros habría salido la orden para
los dirigentes de mantenerse en funciones, pero solo para concentrarse

(55) Galli, Gregorio y Riedel, Carlos, op. cit.


(56) Di Fino, Miguel; Maldonado, Leonardo y Núñez, Ariel, op. cit.

292
dálmine-siderca

en gestiones de administración de prestaciones sociales, teniendo veda-


dos los asuntos gremiales. (57) Luque se mantendría al frente del sindicato
hasta mayo de 1977, época en que se alejaría a pesar de las gestiones
realizadas por la empresa en pos de su continuidad. No obstante ello, la
nueva conducción estaba dirigida por hombres allegados a él como fue el
ex delegado de fábrica Domingo Riedel. (58)
El 4 de abril de 1976 fue secuestrado Romualdo Omar Gómez, quien, al
igual que Ricardo y Miguel Bonuncelli, estaba ligado al Partido Comunista,
y días más tarde, en mayo, fue secuestrado MP. (59) Gómez fue secuestrado
a la salida de la sección Trefila donde trabajaba. MP no tenía militancia

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
política ni gremial, aunque conocía a distintos obreros activistas. El hecho
que termina con su secuestro ocurrió en el estacionamiento de la planta.
Al llegar el ómnibus que transportaba a los trabajadores, fue interceptado
por el Ejército, como parece haber sido habitual aquellos primeros días
bajo nuevo régimen. Un oficial subió al micro y le exigió a MP su documen-
to. Lo miró y lo arrojó al piso, y cuando al trabajador se le escapó un insulto
“al aire”, el oficial le asestó un culatazo en la rodilla y ordenó trasladarlo
al hospital de Campana, lugar al que nunca llegó. Estuvo tres días desapa-
recido en un lugar que hoy reconoce como el espacio donde funciona la
Fundación “Viaje de Vuelta”, en Otamendi, a escasos kilómetros de la ciu-
dad, donde fue torturado y observó fusilamientos. Durante aquellos días la
empresa lo intimó a regresar al trabajo, pues no había justificado su ausen-
cia. Fue liberado a los tres días y pudo reincorporarse a la fábrica, donde
permaneció unos veinte años. Su foja de servicio —según asegura MP—
consigna una asistencia perfecta. (60)

En mayo, el 29 (ya entonces bajo gobierno municipal de facto) cayó Mi-


guel Ángel Boitano Paolin, estudiante de arquitectura, militante de la Ju-
ventud Universitaria Peronista y empleado de Techint. Fue secuestrado
al salir de una reunión con amigos y llevado a la ESMA. (61) Como Gómez,
Boitano permanece desaparecido, mientras que Chila, MP y los hermanos
Bonuncelli fueron liberados.

(57) Entrevista a Ángel Luque, op. cit.; Galli, Gregorio y Riedel, Carlos, op. cit.
(58) Entrevista a Ángel Luque, ibid.
(59) No mencionamos su nombre completo para resguardar su identidad.
(60) En el CCD mencionado, MP habría visto a varios civiles y hombres de la Iglesia. Ver Con-
versación con MP, septiembre de 2014.
(61) legajo Conadep 8210, Miguel Ángel Boitano Paolín.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Apenas unos días más tarde, el 11 de junio de 1976, fue asesinado Raúl
Alberto Ramat, ingeniero electromecánico, de 26 años, proveniente de
Paraná, que había sido contratado por la compañía como “ingeniero ju-
nior” un año antes para trabajar en la instalación de los equipos de reduc-
ción directa de mineral de hierro en la ampliación de la planta. Ramat era,
además, jefe de Trabajos Prácticos en la cátedra de Física II en la Universi-
dad Tecnológica Nacional del Delta. El operativo se realizó en su casa, en
Moreno 217, pasadas las 22.30 hs. Sonó el timbre. Ramat abrió la puerta y
atinó a susurrar un “No” antes de recibir un disparo en el tórax que lo hirió
de muerte. La esposa de Ramat, Ángela, corrió a socorrer a su marido e
insultó a los hombres armados y de civil que alcanzó a ver desde el zaguán
de su casa. De inmediato ingresaron efectivos del Ejército y arrastraron a
Ramat hacia afuera hasta un jeep militar. Ángela se subió acompañando a
su esposo y ante sus desesperadas preguntas recibió la fría respuesta de
“son órdenes” y luego un culatazo que la tiró al piso. Tenía un visible em-
barazo de seis meses. Malherido y sin atención médica, Ramat fue llevado
a un destacamento policial. Al intentar su mujer seguirlo, recibió nuevos
golpes que se lo impidieron y luego fue “retenida” en celda de presos co-
munes de la comisaría local durante cinco días. Al poco tiempo, el comisa-
rio Franklin Leonetti informó a Ángela que su marido había fallecido y co-
menzó a hacerle preguntas acerca de su trabajo y procedencia, y luego le
tomaron huellas y fotos, obligándola a no llorar e impidiéndole ir al baño
durante siete horas, lo que le ocasionó una seudoinflamación de vientre.
Solo pasado el mediodía del día 12 recibió comida y abrigo por parte del
personal de la empresa, aunque fue trasladada a una celda “fría y sucia”,
según recordó. Según la versión oficial dada por el comisario Leonetti,
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Ramat fue abatido en un enfrentamiento con fuerzas militares. Resulta una


incógnita saber por qué Roberto Rocca “dispuso sus exequias” y puso
“a disposición autos para que acompañaran a los allegados”, además de
indemnizar a la viuda “por muerte accidental”. Raúl no tenía militancia
política o social, salvo, según testimonio de Ricardo Godoy, la de “cola-
borar” con los perseguidos. Cuando la esposa de Manuel Ramat intentó
averiguar lo ocurrido con su esposo, monseñor Adolfo Servando Tortolo,
arzobispo de Paraná, dijo que Raúl era “correo montonero”. (62)

(62) Di Fino, Miguel, Recordando el Olvido, Bs. As., Dunken, 2010, p. 47. El hermano de Ra-
mat, Manuel, activista universitario en Paraná y luego militante montonero, fue desaparecido
por 45 días y luego sometido a Consejo de Guerra, que determinó su encarcelamiento hasta
1984.

294
dálmine-siderca

El ciclo más importante de caídas de trabajadores de la empresa tendría lu-


gar entre fines de agosto y comienzos de diciembre de 1976, destacándose
en septiembre lo que familiares de desaparecidos llaman actualmente “la
noche de los tubos”, en referencia a la madrugada en la que desaparecieron
cuatro trabajadores de Dálmine-Siderca. En este ciclo se produjeron al me-
nos 18 desapariciones (siendo algunos de los secuestrados luego liberados).
El 26 de agosto fue secuestrado a la salida de la planta el obrero Gualberto
Hipólito Cabandié y el 6 de septiembre cayó Rubén Matildo Frutos, a la sali-
da de una confitería en Campana. Según documentación de la DIPBA, Frutos
era miembro del PRT-ERP y había participado de un copamiento de la guar-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
dia de la fábrica en octubre de 1975. (63) Cuatro días después, fue llevado otro
militante del PRT-ERP, Antonio Nicolás “Cacho” Villaverde, delegado de Tre-
fila. El 13 de septiembre fue secuestrado Ramón Demetrio Calogerópulos.
Eran las 2.30 de la mañana cuando se lo llevó de su casa en Goujon 172, ba-
rrio Ariel del Plata, un grupo de hombres armados, cubiertos con pasamon-
tañas. Estaban presentes su suegra, su mujer y sus hijos. (64) Ese mismo día fue
desaparecido también Nillo “Oveja” Agnolli, de su casa de Moreno 484, ante
la presencia de su madre. Los policías y militares que ingresaron se llevaron
papeles de propiedad, escritura, libreta de pago de un terreno, entre otras
cosas. La manzana estaba rodeada por unos cincuenta soldados, algunos
en los techos. Tras no aparecer, la compañía le envió el telegrama de intima-
ción apenas tres días después, el 16 de septiembre. (65) Según registros de la
DIPBA, Agnolli integraba el PRT-ERP y estaba fichado desde 1974 por sus
conexiones con la organización en Rosario y en San Lorenzo, que mantenía
al parecer desde 1972. (66) Otro informe indica que era un agitador y activista
gremial perteneciente a la UOM, que tenía ideología marxista, que había
sido observado volanteando en el interior del establecimiento panfletos del
ERP y revistas Estrella Roja y que pertenecía al TOR-22 de Agosto. (67) Uno de
sus principales contactos era el obrero Luis Ángel Casalone. En otra investi-
gación secreta de la policía bonaerense Agnolli figuraba como “activista”. (68)

(63) Archivo DIPBA, mesa DS, Caja 2398, legajo 3579, “Copamiento de Guarda Fábrica Dál-
mine Siderca por…”.
(64) Legajo Conadep 1495, Ramón Demetrio Calogeropulos.
(65) Legajo Conadep 5414, Nilo Agnoli.
(66) Archivo DIPBA, mesa DS, Factor Varios, legajo 1413.
(67) Archivo DIPBA, “Antecedentes de personas sindicadas como…”, op. cit.
(68) “Establecimiento Dálmine-Siderca de Campana. Nómina de Activistas”, en DIPBA, mesa
B, carpeta varios legajo 1235.

295
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Dos días más tarde, el 15 de septiembre, fue llevado de su casa, en


Ameghino 375, Pedro García Bugge. Siete personas fuertemente arma-
das, vestidas de civil y de fajina, rompieron violentamente la puerta de
entrada al domicilio e ingresaron manifestando que buscaban al “Capitán
Bernardo”. Allí estaban también su madre y sus hermanos. Pedro era es-
tudiante de arquitectura en la UBA y según informes de DIPBA, militaba
en el Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS). En junio de 1974 ya
había sido detenido e interrogado en Tigre por la inteligencia bonaerense
y su casa había sido allanada sin encontrarse ningún material de interés. (69)
De todos los nombres mencionados en los últimos párrafos, solo Caban-
dié no está desaparecido.
Esta serie de detenciones alcanzó su máxima planificación el 22 de sep-
tiembre. Durante aquella madrugada, conocida hoy como “la noche de
los tubos”, fueron secuestrados cuatro trabajadores de la empresa: Al-
berto Luis Bedia, Osvaldo Culzoni, Manuel Ignacio Martínez y Raúl Aroldo
Moreno. A Bedia se lo llevaron cerca de la una de la madrugada, de la
casa de sus padres, en Corrientes 175, en el barrio obrero de Campana.
Un numeroso grupo de personas vestidas de civil y algunas encapuchadas
ingresaron por la fuerza, pusieron boca abajo en el suelo a sus padres y
se lo llevaron. Apenas enterado, su hermano Gabino intentó dar con su
paradero. (70) Un excompañero de Bedia asegura que su desaparición pudo
estar relacionada con un repentino descubrimiento: habría observado que
en una caja con seguridad en la Oficina de Personal se guardaba una libre-
ta negra con los nombres de los obreros que molestaban a la compañía.
Bedia comentó este hecho a Eduardo Pitter y días más tarde fue desapa-
recido. (71) El Jefe de Personal, Norberto Sartor, fue el mismo que desoyó
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el pedido de Gabino de que no le enviaran a su hermano el telegrama de


despido en razón de lo sucedido. El telegrama llegó a los pocos días a la
casa de sus padres.

(69) Legajo Conadep 997, Pedro García Bugge; DIPBA, mesa DS, Factor Varios, carpeta 37,
legajo 272.
(70) Contactó a unos primos, los Acciardi, que pudieron darle acceso al secretario del ministro
Albano Harguindeguy, un suboficial mayor retirado de nombre Juan José Trentádue. Tras algu-
nas semanas de espera, le dijeron que no había información. Al tiempo se enteró por relato de
un preso liberado que Alberto había sido llevado a Campo de Mayo. Según las versiones que
recogió entonces entre obreros y profesionales, su detención resultaba extraña “porque no
tenía nada que ver”, aunque resaltaba su amistad con Villaverde, secuestrado unos días antes.
Ver testimonio de Gabino Bedia, 12/02/1985, en caso 361, causa 4012, cit.
(71) Entrevista a Eduardo Pitter, realizada por Victoria Basualdo, mayo de 2013.

296
dálmine-siderca

Con posterioridad, el 16 de octubre, fueron secuestrados Néstor Miguel


Rendich y Néstor Méndez, (72) y el 27, Luis Bernardo Rodríguez Curti. A este
lo llevaron de su casa en Sarmiento 1689, Zárate. Sus captores constituían
un grupo de cinco o seis personas armadas, vestidas de civil, maquilladas,
con pelucas y con capuchas. (73) En el caso de Rendich, su madre declaró
en 1984 que no le conocía ideología o pertenencia político-ideológica,
ni militancia sindical alguna. Su secuestro se produjo en horas de la ma-
drugada, tras regresar del trabajo, por cuatro personas vestidas de civil, a
cara descubierta y con armas de fuego. Se lo llevaron encapuchado, ante
la presencia de su esposa. (74) Pocos días después, el 3 de noviembre, cayó
Antonio Augusto Monteiro, y en días sucesivos desde el 17 de noviem-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
bre cayeron Ricardo Víctor Guerrero, Roberto Eduardo Cebasco, Mario
Alberto Nebulossi y José Alberto Multrazzebulossi, quien trabajaba en el
sector de Grúas y componía el cuerpo de delegados electo en 1974; fue
secuestrado junto a su hermana Lilia Beatriz, prontamente liberada. Su
padre, Mario Alberto, relató que se dirigió a la fábrica Tolueno y se entre-
vistó con el coronel Muñoz, oportunidad en la que pudo ver a uno de los
hombres que había participado del operativo del secuestro. (75) Multrazzi,
técnico-electricista de Dálmine, fue llevado de su casa de Zárate junto a su
mujer Silvia Agostinelli. Era supervisor, miembro del sindicato Asimra y mi-
litaba en el PRT. (76) El caso de Cebasco tiene una particularidad. Había sido

(72) El informe HIJOS Escobar-Campana-Zárate en la Red Nacional y Suteba-Zárate, “In-


forme Área 400...”, op. cit. lo menciona como obrero de Dálmine-Siderca, sin más datos, y
señala su legajo Redefa 6515, el cual pertenece sin embargo a Carlos Alberto Tuda Méndez,
asesinado el 12/04/1975 en Campana.
(73) Legajo Conadep 275, Luis Bernardo Rodríguez Curti. El grupo con capuchas y pelucas
se repite en muchos casos.
(74) Declaración testimonial de Beatriz Angélica Britch de Rendich, 03/04/1984, ante Juzga-
do Federal en lo Penal de San Nicolás, causa 4012, cit. legajo Conadep 7905 Néstor Miguel
Rendich.
(75) Denuncia firmada por Eduardo Rabossi, op. cit. y legajo Conadep 3814, Mario Alberto
Nebulossi. Respecto del señalado coronel, existe un teniente coronel Raúl Guillermo Pascual
Muñoz que desde agosto de 1976 revista en Comando de Instituto Militares, aunque no especí-
ficamente en Tolueno, sí se lo menciona a cargo de operaciones en la zona Zárate-Campana, en
“Informe El Estado Mayor del Comando de Institutos Militares (zona de defensa IV)”, Programa
Verdad y Justicia del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación y Ministerio de
Defensa de la Nación, 2013, e “Informe sobre el Área Conjunta 400. Ejército-Armada”, actua-
lización septiembre 2013, Ministerio de Defensa Dirección Nacional de Derechos Humanos y
Derecho Internacional Humanitario, Grupo de Trabajo sobre Archivos de las Fuerzas Armadas.
(76) Declaración testimonial de Mónica Liliana Multrazzi, 01/12/1999, Juicio por la Verdad
de La Plata, Cámara Federal de Apelaciones de La Plata, y legajo Conadep 3719, José Al-
berto Multrazzi. “Mi hermano trabajaba en la empresa Dálmine-Siderca en el sector MAEL

297
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

mozo en el Hotel Dálmine y luego de trabajar en la Acería, se desempeñó


como operario en Dálmine. (77) Bedia, Culzoni, Martínez, Moreno, Rendrich,
Luis Rodríguez, Guerrero, Nebulossi y Multrazzi siguen desaparecidos. En
el caso de Monteiro, fue asesinado sumariamente. Por entonces, cuando
comenzaba el último mes del año, fue asesinado el viejo obrero comunista
de Dálmine-Siderca José Deareys. Tenía 61 años y había puesto con su hijo
un taller de imprenta, de donde saldrían numerosos volantes de carácter
revolucionario. Por ello, como veremos, era seguido de cerca por el jefe
de Seguridad de la empresa, Roberto Nicolini. Su cuerpo fue encontrado
muerto en el penal de Olmos de La Plata. (78)
Había pasado solo un año desde las detenciones de octubre/noviembre
de 1975 y ya se contaban en más de cincuenta los trabajadores de la em-
presa detenidos, desaparecidos y/o asesinados. Por entonces, un informe
a la ex DIPBA indicaría que los activistas radicalizados “han desaparecido
de escena en forma completa”. (79)
El 11 de enero de 1977 se produce el asesinato de José Barreto. Histórico
militante del Partido Comunista de la zona y referente social, Barreto era
además miembro de la comisión interna de la Acería. Según Elorriaga,
entonces era quien se mantenía en conflicto con la empresa por los dic-
támenes de salubridad. Una señora llegó a su casa para avisar que este
delegado se encontraba muerto al costado de una ruta, al lado de una
estación de servicio. El sepelio de Barreto es recordado como uno de los
más importantes que se hizo en Campana. (80)

(Mantenimiento electrónico) de Acería. Se ocupaba del mantenimiento de una balanza


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electrónica de la grúa 41, montada sobre la misma a veinte metros de altura, que pesaba el
acero fundido por los hornos; también atendía la electrónica de la Colada Continua que fa-
brica los tochos (barras de acero redondas), para fabricar luego los tubos de acero en otras
plantas. Era categoría Supervisor Técnico C”, citado en HIJOS Escobar-Campana-Zárate en
la Red Nacional y Suteba-Zárate, “Informe Área 400...”, op. cit.
(77) Legajo SDH 3706, Roberto Eduardo Cebasco, y DIPBA, mesa DS, carpeta varios, legajo
6996.
(78) Legajo Redefa 1351, José Deareys.
(79) “Principales establecimientos fabriles industriales de la provincia de Buenos Aires”, DI-
PBA, op. cit. Aquel fin de año también fueron desaparecidos Pablo León Medina, obrero de
Papelera Latina y militante del PRT-ERP, y José Fateche, obrero recientemente despedido de
Dálmine. Este último caso es particularmente interesante para atender a la coordinación de
la represión cívico-militar en la zona norte, pues fue “levantado” en la puerta de la fábrica
Ford, adonde se había dirigido para buscar trabajo. El operativo se realizó con camiones
del Ejército provenientes del interior de la terminal automotriz. Ver caso 136, causa 4012, cit.
(80) “Mi papá era un referente en el barrio y siempre mi casa estaba llena de gente plantean-
do algún problema o buscando soluciones, que se transformaban en soluciones colectivas”,

298
dálmine-siderca

Días después, el 2 de febrero de 1977, fue desaparecido Anastasio Brizuela.


El operativo se realizó a media cuadra de la estación del ferrocarril, tras salir
de la fábrica. Fue detenido junto a su novia Angélica Fernández y ambos
fueron trasladados a la fábrica Tolueno. (81) Un día antes habían sido secues-
trados otros delegados, cuya filiación política constituía una particulari-
dad: eran “opositores” a la Lista Rosa de Luque pero no desde la posición
combativa de la Lista Naranja. Valentín Ibáñez, Roberto García (trabajador
de Siderca) y Félix Martínez fueron llevados pasadas las once de la noche
por un grupo del Ejército, cuando salían de la mutual “2 de Abril” de los
trabajadores de la empresa, de la cual eran directivos. Los tres estuvieron
desaparecidos durante tres días en el centro clandestino Casa de Piedra,

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
en Lavalle 636, a pocas cuadras de la calle más comercial y transitada de Zá-
rate. Según su relato, se salvaron porque “un tal Paolino”, conocido suyo,
aseguró a sus superiores que “no tenían nada que ver”. (82) En su declara-
ción, Ibáñez manifestó haber sido secuestrado a raíz de su actividad gre-
mial desarrollada en Dálmine, circunstancia que luego comentaremos. (83)

En esta misma línea puede entenderse el secuestro de Juan Matías Bian-


chi, el 4 de marzo. Delegado desde 1968, (84) sin afiliación política clara, fue
secuestrado de su casa en Saavedra 871, del Barrio Lugo. Bianchi fue tor-
turado brutalmente en la comisaría de Campana, donde fue interrogado
por una denuncia que había hecho contra el jefe de Seguridad de la em-
presa, Roberto Nicolini, ante el gerente Ballanti. (85) Al parecer, su liberación
se produjo por la intervención del director de la planta Chaperón. (86) Al ser

declaró su hijo homónimo, HIJOS. Escobar-Campana-Zárate en la Red Nacional y Suteba-


Zárate, “Informe Área 400...”, op. cit.
(81) Legajo Conadep 3355, Anastasio Brizuela Chamorro. Denuncia de Juan Carlos Almirón,
su cuñado.
(82) Veiga, Gustavo, “El cuaderno con la lista de militantes políticos”, en Página/12, 28 de
noviembre de 2011.
(83) Declaración testimonial de Valentín Ibáñez, 23/06/2012, en causa 5310 “Derotier de Co-
bacho, Sara —Subsecretaría de Derechos Humanos del Gobierno de la Provincia de Buenos
Aires— su denuncia presunto hallazgo de restos humanos óseos en el ex predio del Tiro
Federal de Campana”, Juzgado Federal de Primera Instancia de Campana.
(84) Había ingresado a la fábrica en 1961, con 23 años, trabajando para una empresa contra-
tista, y desde 1968 había pasado al plantel obrero permanente de Dálmine. Ejerció desde
temprano actividad gremial y se desempeñó como delegado. Cuando cumplía estas tareas,
recorría todos los sectores de la empresa, dedicándose exclusivamente a la función gremial.
(85) Declaración testimonial de Juan Matías Bianchi, 19/08/1987, en caso 90, causa 4012, cit.
(86) Estos datos surgen de una declaración con membrete de Conadep, fechada el 11/10/ 1983,
ibid.

299
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

liberado, Bianchi fue llevado a un camino solitario en Ruta 6 y se le prac-


ticó simulacro de fusilamiento y de incineración. Le dieron un culatazo, lo
hicieron acostar y contar, mientras que —según el testimonio— llegó un
coche y “una persona que está en vigilancia en la empresa, civil, de quien
reconoce voz y cara, pero que ignora el nombre, le recomienda renunciar
al gremio, no pedir licencia médica y casarse” (87) (vivía en concubinato). En
una posterior declaración, Bianchi identificó a sus secuestradores: Acosta,
Montero y Miguel Ángel Ramos, todos integrantes del plantel obrero de
la Acería. (88) Bianchi fue desaparecido por segunda vez a fines de 1978, lle-
vado a Campo de Mayo y luego liberado. (89) Más allá de su —al parecer—
mala relación con el jefe Ballanti, también menciona al jefe de Relaciones
Laborales, Mauriño, quien lo presionaba para renunciar.

El 9 de marzo de 1977 sería secuestrado Carlos María Rodríguez. El ope-


rativo se realizó antes de la medianoche, en su casa en General Paz 83,
Zárate, tras regresar de la fábrica. Su pareja, Patricia Ofelia Venturi, fue
secuestrada unos meses más tarde. (90) El 23 de dicho mes se producía
una detención particular sobre la cual comentaremos en detalle más ade-
lante. Federico Robles, de 27 años, era detenido a pedido del jefe de
seguridad de turno, Atilio Lescano, por el presunto robo de un cepillo de
madera. Quien participó en la detención fue el excomisario José Catalino
Ramírez, jefe en la agencia privada Ocvie, con funciones de seguridad al
interior de la planta. Robles fue remitido con acta notarial a la Comisa-
ría de Campana, entonces centro de detención y tortura. (91) No sabemos
bajo cuales circunstancias llegó a la comisaría, qué sucedió allí, ni cuando
fue liberado, pero el hecho de que por medio de un simple procedimiento
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policial un obrero de la empresa terminara en un reconocido centro de


tortura merece tener presente el caso, por la arbitrariedad que podían
conllevar dichos procedimientos que comenzaban con la incomprobable
denuncia de un jefe de turno.

(87) Ibid. Coincide con lo declarado el 04/07/1984, donde asegura que le dijeron: “Mirá
mejor que renuncies al cargo de delegado en el gremio y que no des más parte de en-
fermo”.
(88) Declaración testimonial de Juan Matías Bianchi, 07/08/1985, ibid.
(89) Declaración de Juan Matías Bianchi, 22/06/2004, causa 5310 “Derotier de Cobacho…”,
cit.
(90) Legajo Conadep 4060, Carlos María Rodríguez.
(91) Documentos de Inteligencia de Roberto Paulino Nicolini, Allanamiento judicial, cit.

300
dálmine-siderca

Desde fines de abril y hasta mediados de junio se produjeron ocho se-


cuestros, constituyendo la cuarta oleada represiva sobre los trabajadores
de la empresa. Todos permanecen desaparecidos. El primero de ellos
ocurrió el 27 de abril. Darío Ceferino Fernández, operario de Dálmine, fue
llevado cerca de la medianoche cuando se dirigía en bicicleta al trabajo.
Cerca de las seis de la mañana, cuando su cuñado, a pedido de la mujer
de Fernández, se acercó a la planta a averiguar por qué no había regresa-
do a su casa, se le informó que su tarjeta no había sido fichada. Su bicicleta
se encontraba en la comisaría. Fernández había integrado la Lista Naranja
y, según testimonio de su hijo, era delegado gremial. En los archivos de
la DIPBA figura como “revisor de cuentas del Sindicato de Obreros y Em-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
pleados Municipales de Campana”. (92) A Fernández le siguieron Raúl René
De Sanctis y Enrique Roberto Ingenieros.
Ingenieros tenía 28 años y había ingresado a Techint el 17 de mayo de
1976 como armador mecánico. Su secuestro se produjo el 5 de mayo de
1977, cerca de las 17.30 hs, mientras desarrollaba sus tareas en la “Obra
de Ampliación Dálmine”, en las propias instalaciones de la empresa. Fue
llamado a la Oficina de Personal excusando motivos familiares y allí fue
entregado por personal militar a los agentes de civil. De las causas judi-
ciales iniciadas por su desaparición y la de su mujer, Irma Pompa, y en los
expedientes de los legajos Conadep surgen datos importantes. (93) La ma-
dre de Ingenieros, Casilda Magallanes, relató que mientras trabajaba en
la empresa, su hijo estudiaba ingeniería mecánica en la UTN de Campana
e integraba el Centro de Estudiantes, teniendo una activa participación
junto a trabajadores de otras fábricas de la zona que también serían des-
aparecidos, como Luis Garello, trabajador químico y militante político y
sindical. (94)
El 5 de mayo de 1977 Casilda fue a su casa para hacerle un regalo a la hija
de la pareja, María Gimena, recién nacida. Estaban también Irma Pompa,
compañera de Enrique, y el hermano de este, Julio. Cuando bajaba la es-
calera para regresar a su casa, vio unos cinco jóvenes armados, vestidos de
civil y a cara descubierta, que entraron al edificio. Julio la alcanzó entonces

(92) Legajo Conadep 3100, Darío Ceferino Fernández.


(93) Legajo Conadep 1733, Enrique Ingenieros, y legajo Conadep 1734, Irma Pompa.
(94) Declaración testimonial de Casilda Magallanes, 14/05/1984, causa 28.796, “Magallanes
de Ingenieros, Casilda. Denuncia desaparición de Irma María Pompa de Ingenieros”, Juzga-
do Federal de Primera Instancia de San Nicolás, en causa 4012, cit.

301
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

a los gritos, advirtiéndole que se llevaban a Irma. Casilda regresó sobre


sus pasos y luego de un reproche le contestaron: “A tu hijo esta tarde lo
sacamos de la fábrica”. A la hija de la pareja, Gimena, la dejaron con el
médico Héctor Rajovitzky, que era vecino. Fue ese mismo día que Enrique
desapareció de la fábrica. Por la noche, Julio y el hermano de Irma, Rena-
to, fueron a hacer la denuncia a la Comisaría. Al día siguiente, Casilda fue
a la fábrica y pudo conversar con el Jefe de Personal, Osvaldo Real, pero
este le negó el acceso a las casillas de la fábrica, imposibilitando compro-
bar si Enrique se había llegado a cambiar y salir de la fábrica antes de su
secuestro. La pareja militaba en la rama gremial de Montoneros. (95) Cuan-
do testimonió el vecino y médico de la hija de la pareja, Héctor Guillermo
Rajovitzky, recordó que una semana antes del secuestro, Enrique había
sido secuestrado a la salida de la fábrica, lo habían golpeado y amenazado
de muerte. Rajovitzky le propuso presentarse en Tolueno y aclarar la situa-
ción, y lo acompañó en esta misión. Allí los militares le aseguraron que no
había ninguna causa contra él. (96) En el legajo Conadep de Irma, el testi-
monio de Julio Vicente Ingenieros también recuerda un primer secuestro
de Enrique. Comentaba Julio que fue secuestrado al salir de la fábrica
y que durante varias horas estuvo desaparecido, siendo liberado por la
madrugada, con evidentes signos de golpes y torturas. (97) Al contestar un
oficio de la Conadep, el 4 de junio de 1984, Enrique Mantilla, gerente de
Institucional Legal de Dálmine-Siderca aseguró que Ingenieros ingresó a
la empresa el 10 de marzo de 1971 y que renunció el 21 de mayo de 1973.
Lo que no decía es que luego ingresó a trabajar a Montisol, una contratista
que operaba dentro del predio de Dálmine, y que en mayo de 1976 ingre-
só a Techint como técnico dibujante.
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Diez días más tarde, el 14 de mayo, fue secuestrado Juan Carlos Ríos. Se
lo llevaron de madrugada, de su domicilio en Catamarca 1576, en Zárate.
Estaban sus padres, sus hermanos y su hijo. (98) Una semana más tarde, el
20, le tocó el turno a Guillermo Hietala Väyrinen, que había dejado de
trabajar en Dálmine-Siderca un tiempo antes. Era militante del PRT-ERP. (99)

(95) Ratificación de denuncia penal de María Gimena Ingenieros, ante juez federal de Cam-
pana Faggionato Márquez, causa 5310, “Derotier de Cobacho…”, op. cit., 19/03/2004.
(96) Declaración testimonial de Héctor Guillermo Rajovitzky, 02/06/2004, ibid.
(97) Declaración testimonial de Julio Vicente Ingenieros, 22/03/1984, legajo Conadep 1734.
(98) Legajo Conadep 1342, Juan Carlos Ríos.
(99) Legajo Conadep 4719, Guillermo Hietala Väyrinen.

302
dálmine-siderca

Un día después, el 21, Raúl Bustos fue, como Ingenieros, detenido al inte-
rior de la planta industrial. Bustos, jornalero desde mayo de 1976 aproxi-
madamente, gracias al favor de su tío, Franco, quien se desempeñaba
como ingeniero en la empresa, había ingresado a trabajar en la fábrica
de Techint recientemente. Oriundo de Rosario, Raúl era militante revo-
lucionario, buscado desde hacía meses por la inteligencia militar, por lo
cual había decidido refugiarse en Campana, donde vivía su tío, ante quien
arguyó una pelea familiar para justificar su llegada. Su madre, enfermera
en Rosario, era vigilada y recibía de forma permanente el asedio de los
servicios de inteligencia. Tras secuestrar a sus padres y hermano, pudieron
dar con él. En Campana, Raúl se alojaba en un hotel para trabajadores

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
de Techint, donde fueron a buscarlo en primer lugar, pero esa noche se
había quedado a dormir en lo de su tío. Al día siguiente, ingresó junto a
todo el personal jornalero a la fábrica, por lo que el operativo se demoró.
A media mañana fue llamado por el portero a pedido de una pareja que
decía tener relación parental. Al salir del galpón, los agentes represivos
vestidos de civil se abalanzaron sobre él, lo golpearon y lo subieron a uno
de los móviles sin identificación que usaban. Esto fue relatado por la ma-
dre, Victoria Pelliza, quien junto a su hermana fueron al día siguiente a la
empresa para recoger el seguro de vida. Ese día, a instancias de su tío,
los trabajadores pararon la fábrica en protesta. Pelliza se enteró de todo
por boca del portero que lo llamó a Raúl por teléfono interno. “Lo llevan
desde adentro de la empresa, en la garita que está en el ingreso donde
está la barrera”, relató en causa judicial. (100)
Unos días después, el 1 de junio, fue llevado Hilario Dos Santos, de su
casa en la calle Castelli 1379, en Campana. Fuerzas de la policía, vestidos
de civil y fuertemente armadas, allanaron la casa a las 23.40 hs. Cuando
ingresaron, solo se encontraba su hermana, con quien vivía Hilario. La
mantuvieron amenazada hasta que llegó él. Regresaba a su casa como
habitualmente lo hacía, del trabajo. Lo encapucharon y se lo llevaron. (101)
El 9 de ese mes fue secuestrado Héctor Gigena. Con 31 años, militante del

(100) Declaración testimonial de Victoria Pelliza, 02/07/2014, en “Guerrieri, Pascual Oscar y


otros s/ Privación ilegal de la libertad, amenazas, tormentos y desaparición física”, IV Tramo,
JFed. N° 4 Rosario.
(101) Pedido de investigación de Juan Carlos Pumilla, 04/08/2000, en causa “Davit Carlos Al-
berto s/ su muerte”, Juzgado Federal de Primera Instancia Nº 1 de Bahía Blanca, incorporado
a causa 14.216/03, “Suárez Mason, Carlos Guillermo y otros s/ priv. ileg. de la libertad (Primer
Cuerpo del Ejército)”, Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal N°3 de la Capital Fe-
deral, Cuerpo 121, p. 22.

303
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

PRT-ERP, era obrero metalúrgico y por sus tareas sindicales era investigado
por el área de Seguridad de la empresa, hecho que ya comentaremos.

A mediados de ese mes, el 18, cayó Oscar Orlando “Teti” Bordisso en el


camino de la fábrica a su casa. (102) Delegado de la sección de Playa, pero-
nista, opositor al oficialismo de la UOM y de carácter impetuoso —según
recuerda Begnardi—, militaba sindicalmente en el sector referenciado con
Juancito Ghione. Bordisso había ingresado el 17 a las 21 hs, en su turno
habitual, y se retiró de la planta a las cinco de la mañana. Tomó su bicicleta
y comenzó a viajar hacia su casa. El primer trayecto lo hizo con los com-
pañeros Fazzolari, Sanabria, Erregarena y Villalba, que lo despidieron en
distintos momentos del viaje. Con Villalba llegó hasta Mitre y San Martín.
Theis comentó ese mismo día la situación con su compañero Sanabria. (103)
Bordisso tenía cuarenta años y tres hijos pequeños. Su familia llamó a la
compañía e hizo la denuncia por paradero desconocido a las pocas horas.
Su desaparición fue relacionada por allegados por su incesante recepción
de reclamos laborales. (104)
Al final de 1977 se produjeron tres nuevos secuestros. Dos corresponden
a los hermanos Amarilla, quienes habían sido víctimas a fines de 1975. En
esta ocasión, el 6 de octubre fueron secuestrados en un operativo integra-
do por diez personas armadas que se los llevaron de su casa en Dominici y
Castilla, en Campana, por “extremistas”. (105) Fueron llevados a la comisaría
local y allí torturados, pero mientras Rodolfo fue liberado al poco tiempo,
José Ramón continúa desaparecido. Cuando Rodolfo regresó a la fábrica
se sorprendió porque observó que conservaba su trabajo, aunque en un
nuevo sector. En cambio, a su hermano le llegó el telegrama de despido
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por abandono de tareas. Según documentos de la DIPBA, José pertenecía


al Peronismo Auténtico. Una vez liberado, Rodolfo inició averiguaciones
entre policías, militares y directivos de la empresa, pero no dio con el pa-

(102) Legajo Conadep 6540, Oscar Orlando Bordisso.


(103) Entrevista a Carlos Theis, op. cit.
(104) En la causa laboral que dio la razón a la familia de Bordisso contra la empresa, se dice:
“… la empleadora, quien prefirió negar que Bordisso hubiere trabajado en aquella fecha, y,
consecuentemente, que hubiere egresado a las 5 hrs. del 18-VI-1977, y, asimismo, luego de
negar que la desaparición forzada del trabajador se hubiere producido ‘en sitio ubicado en
el itinerario comprendido entre el lugar de trabajo y su domicilio’, argumentó que aquella se
produjo fuera del horario y aun del itinerario denunciado en la demanda”, en Página/12,
24 de abril de 2007.
(105) Declaración testimonial de María Luisa Cabelier, caso 394, causa 4012, cit.

304
dálmine-siderca

radero de su hermano. En una ocasión, recibió de parte de jefes de Dálmi-


ne-Siderca la advertencia de que no insistiera porque él mismo terminaría
como su hermano. Sobre esto ampliaremos más adelante. Por otra parte,
uno de sus familiares pudo entrevistarse con el teniente coronel Daniel
Darío Márquez, responsable en el Tolueno, quién no le dio esperanzas
sobre la vida de José Ramón. (106) Al mes siguiente, el día 23, fue secues-
trado el empleado de Dálmine-Siderca Edgardo Eladio Martínez, en plena
calle de Zárate, poco antes de las 20 hs. Fue subido a un Peugeot por
cuatro personas vestidas de civil. Se cree que Edgardo militaba en el PRT.
Ya anteriormente personal militar había ingresado a la vivienda familiar,
dejándole una nota a la madre para que entregara a uno de sus hijos. (107)

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
El segundo secuestro de Bianchi ocurrió un año y medio después de su
primera desaparición. Entonces Bianchi estaba en tensión con la empresa.
El ausentismo reiterado, las llegadas tarde —acusaciones de la empresa
injustificadas según la justicia del fuero laboral, como ya veremos—, lleva-
ron a la empresa a enviarle el telegrama de despido en agosto de 1978. (108)
Pocas semanas más tarde fue llevado de la casa de su madre en Campana.
Era 4 de octubre. El operativo se produjo a la 1.30 hs, con cuatro hombres
que decían ser de la policía provincial, armados y encapuchados. Bianchi
reconoció a dos de aquellos hombres, pues los había visto durante el día
con actitud sospechosa merodeando la manzana donde vivía. Luego de un
viaje de más de media hora fue depositado en una habitación donde fue
torturado brutalmente. Oyó mencionar a un tal “Alemán” (superior, gordo,
de pie grande y voz metálica) y al “Gallego”; a médicos, uno de los cuales
era rengo de la pierna izquierda y otro joven de treinta años, rubio y ojos
claros; y a una mujer que le aplica torturas. Estaba el subcomisario Dia-
mante, según identificó por la voz. (109) Le preguntaron si era del ERP o del
PRT y hasta de la Triple A. Los guardias tenían tonada correntina y cree que

(106) Galli, Gregorio y Riedel, Carlos, op. cit. Respecto del oficial Márquez, segundo jefe
del Área 400, durante 1976 la identificación completa surge del “Informe sobre el Área
Conjunta 400. Ejército-Armada”, actualización septiembre 2013, Ministerio de Defensa,
Dirección Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, Grupo de
Trabajo sobre Archivos de las Fuerzas Armadas. Luego fue ascendido a coronel.
(107) Caso 524, causa 4012, cit.
(108) También existe el dato de que le enviaron el telegrama en diciembre de 1978. Por otra
parte, en su declaración del 22/06/2004 (op. cit.), Bianchi también dijo que dejó de trabajar
el 07/10/1978.
(109) Samuel Bunge Diamante, subcomisario entre 1973 y 1980 en Zárate, en caso 2, causa
4012, cit.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

algunos hablaban guaraní. (110) En otros interrogatorios le preguntaron por


Roberto Korompay —abogado laboralista que luego lo representaría—,
por Raúl Aroldo Moreno, compañero de la fábrica, por Culzoni (a quien
no conocía personalmente), por Bordisso, Hugo Gómez, Márquez, Néstor
Miguel Rendich y por Roberto Ballantti, director de la fábrica. (111) En otra
declaración agregaría que le preguntaron por Arias, Villaverde, Begnardi,
Gómez. La mayoría estaban desaparecidos o detenidos por entonces. (112)
Bianchi fue liberado el 4 de noviembre, detrás de la fábrica de Terrabusi en
Don Torcuato, luego de hacerle simulacro de fusilamiento. Más adelante
comentaremos las circunstancias de este segundo secuestro. (113)
Un año más tarde fueron llevados Elorriaga, Gordillo, Orlando Gómez y
Torrente. También volvieron a ser secuestrados Ibáñez, Martínez y García,
nuevamente a la salida de la mutual. Gómez era militante comunista y To-
rrente —según informes de la DIPBA—, montonero. (114) Este fue secuestra-
do a la salida de la fábrica, luego de las 21 hs. Era delegado de la sección
TREC, junto a Enrique Garrido. Torrente permanece desaparecido. Por otra
parte, Bianchi en 2004 agregó otros nombres de obreros “levantados” de
la fábrica: Garrido y Bentancur de INTU (donde se clasificaban los tubos).
Conviene hacer una pequeña mención al conflicto en torno al cual se pro-
dujeron dichos secuestros. Entonces, octubre de 1979, se había producido
la primera huelga en años en Dálmine-Siderca. Según documentos de la
DIPBA, una movilización obrera iniciada en Laco I impulsó negociaciones
con la empresa, donde se exigía un 25% de aumento inmediato e iguales
porcentajes para noviembre y diciembre, más un doble aguinaldo. La em-
presa contraofertaba 20% para octubre, noviembre y diciembre y 18% para
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enero. Al fracasar la negociación, se produjo un paro total de actividades


por parte del sector de operarios no adhiriendo empleados administra-
tivos. Se calculaba en 4000 las personas en huelga. (115) Eran las 13 hs. del

(110) En su declaración del 04/07/1984 menciona que los guardia del turno noche hablaban
guaraní.
(111) Declaración testimonial de Juan Matías Bianchi, 11/10/1983, causa 4012, cit.
(112) Declaración testimonial de Juan Matías Bianchi, 04/07/1984, ibid.
(113) En su declaración del 11/10/1983 afirma que la fecha es el 4 de septiembre. En sus
distintos testimonios ante Conadep y ante los tribunales, Bianchi responsabilizó a su cuñado
Mario Pereyra, subprefecto en Campana por su secuestro.
(114) DIPBA, mesa B, carpeta 124, legajo 61 y mesa DS, Factor Varios, legajos 15.312, 15.848
y 16.640.
(115) DIPBA, octubre de 1979, mesa B, Jurisdicción Campana, carpeta 21, legajo 48.

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dálmine-siderca

22 de octubre. Al paro se habían adherido los 500 obreros de Cometar-


sa. Desde la UOM-Campana se solicitó la intervención del Ministerio de
Trabajo, “ante la situación planteada en esta ciudad en las empresas Dál-
mine-Siderca y Cometarsa, 7.000 familias afectadas”. (116) Quien entonces
informaba desde la Unidad Regional VII de San Nicolás de la DIPBA era el
comisario Carlos Glorio, quien escribe un día después que trabajadores y
la empresa habían mantenido una negociación en la sede del ministerio
de Trabajo en Zárate y que desde el organismo se “intimó a la parte obre-
ra a reiniciar de inmediato las actividades laborales”. La repuesta obrera
fue realizar un paro a partir de las 21 hs con presencia en los puestos de
trabajo. Concluía el informe del día 23: “De esta forma, el 23, se hicieron

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
presentes en los establecimientos los representantes ministeriales, quie-
nes constataron el no acatamiento de la intimación antes aludida. De con-
tinuar esta anormalidad, es de prever la presentación de la fuerza pública
para desalojar a los obreros en conflicto”.
Entonces, los obreros activos se reunían en los vestuarios de la acería, de
a unos treinta por vez y por sector, debiendo sortear los cuestionamien-
tos de un subteniente que exigía nombres y documentos. La inmediata
convocatoria a una asamblea fue producto del intento de la empresa de
presionar de forma pública para resolver el conflicto. La movilización y la
asamblea se realizaron en “el campito”, un terreno con un planchel que
hacía de escenario, enfrente de las mismas oficinas de Relaciones Labo-
rales. Se trajo al único coche parlante de Campana y ante unas 2000 per-
sonas —las que salían del turno mañana y las que entraban al turno de
tarde— los miembros de la comisión interna buscaron desmovilizar la pro-
testa. Las tensiones no se aplacaron y un miembro de aquella propuso el
voto a mano alzada. (117) Cuando se predispuso a contar, el delegado Carlos
Elorriaga subió al escenario y cuestionó el método, pues se prestaba a
suficientes arbitrariedades. La nueva propuesta fue la de dividir a los obre-
ros: quienes estaban por el sí de un lado, el resto del otro, lo que contribu-
yó a tensar aún más la escena. Según el recuerdo de Elorriaga, él mismo
agarró el micrófono, preguntó quiénes estaban a favor del paro, y al ver
una abrumadora cantidad de manos levantadas, lo sentenció. Entonces,
los militares ya estaban adentro del predio y el mayor José Aníbal Zapata,
detrás suyo. “Vamos a charlar abajo”, le espetó Zapata, exigiéndole su

(116) Ministerio de Trabajo, Expedientes Generales, Nº 679.742, 26/10/1979.


(117) Según Elorriaga, se trataba de Camafleitas. Según Theis, era Riedel.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

nombre y apellido. Elorriaga se presentó y dijo que era un “coordinador”


gremial elegido por la empresa. El oficial les exigió desalojar, pues “si se
quedan es para trabajar”, (118) pero los obreros se negaron, pues no podían
garantizarles que todos podrían entrar luego. Otros recuerdan que Zapata
dijo a uno de los que impulsaban la movilización: “... se acabó. Es la última
vez que lo mando llamar. La próxima lo mando a buscar”. (119)
Al día siguiente, la empresa aceptaba el reclamo obrero. La producción
no se reinició sin antes cerciorarse los trabajadores de que todos estuvie-
ran seguros y no fueran perseguidos o detenidos. Rodolfo Amarilla cuen-
ta que el compromiso asumido cuando se levantó el paro se firmó en el
Ministerio de Trabajo. Recuerda Pitter que entre los resultados de dicho
acuerdo figuró el de garantizar la representación gremial y que esto se
cumplió para los supervisores metalúrgicos. (120)
Como decíamos, Orlando Gómez, del PC, estuvo detenido varios días,
“como apriete”, recuerda Theis. El mismo Elorriaga fue buscado en su
casa dos días después de levantado el paro, detenido y llevado al Tolueno,
centro de tortura y detención en Campana. Allí, sentado en su escritorio, lo
esperaba Zapata, quien en malos términos le exigió que abandonara la ac-
titud confrontativa o lo harían desaparecer, pues “El Tolueno es grande”.
La misma amenaza hizo a su familia de forma telefónica. Después de estar
todo un día, fue liberado, pero meses más tarde sería despedido. Torrente
fue desaparecido el 18 de marzo de 1980. Gordillo también habría sido
detenido entonces. (121)
Sobre otras víctimas obreras de Dálmine-Siderca tenemos menos referen-
cias, pero no sería erróneo afirmar que muchos trabajadores, más que los
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mencionados aquí, fueron detenidos y secuestrados en aquellos años. Ello


surge de la experiencia reciente vivida por víctimas y familiares de Zárate y
de Campana, quienes a lo largo de los últimos años han recibido distintos
testimonios de extrabajadores que se acercan a las actividades realizadas
por la memoria, la verdad y la justicia, para relatar sus vivencias. Un ejem-
plo de ello es el caso de Vicente, trabajador en Dálmine-Siderca a través

(118) Declaración testimonial de Carlos Elorriaga, op. cit.


(119) Majul, Luis, op. cit.
(120) Entrevista a Eduardo Pitter, cit.
(121) Testimonios de Ángel Recupero y Luis Alberto Tavares, en Majul, Luis, op. cit. Este pe-
riodista historiza ambos secuestros inmediatamente posteriores al golpe, lo que no coincide
con las fechas del secuestro y del mismo conflicto.

308
dálmine-siderca

de la contratista Blois, quien fuera secuestrado en la planta. (122) También


surge lo mismo del relato de otros extrabajadores: Theis, por otra parte,
recuerda un operativo en la fábrica en el que se llevaron a un trabajador
de Laminado en Caliente, luego de revisarle las taquillas y encontrarle un
volante político. Nunca más vio a este trabajador; (123) Néstor Rivas Karlic
recuerda al obrero Nino Asunto, quien fue desaparecido tras un operativo
en su casa, donde vivía con su madre, y con quien solía compartir largas
horas de discusión política. (124)
Cabe agregar un caso especial, que se transforma también en un patrón
común con otros casos: el ataque a los abogados laboralistas. Se trata

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
de lo sucedido con Juan Carlos Deghi, quien fuera secuestrado primera-
mente en 1976, mantenido durante más de un año en cautiverio, luego
liberado y finalmente asesinado en 1978. Sindicado como un “elemento
peligroso”, en 1951 era miembro de la Juventud Radical, afiliado a la UCR,
y en 1955 participa en la fundación del Partido de los Trabajadores que se
disolvió a fines de dicha década. La derecha lo acusaba por ser represen-
tante legal del Partido Comunista en Zárate y por sostener económica-
mente al semanario La Comuna.
Deghi participaba en el Círculo Popular de la Cultura de Zárate y era ase-
sor legal de los trabajadores del frigorífico Smithfield que cerró en 1964;
fomentó como asesor del Sindicato de la Carne la creación de la coo-
perativa frigorífica Martín Fierro que se puso en funcionamiento en 1966,
siendo síndico de la misma, lo mismo que en la Cooperativa de Trabajo
Portuario de Campana en 1969. (125) Ya detenido en Sierra Chica, Deghi,
“un cooperativista”, llegó a desmentir los informes de inteligencia que lo
sindicaban como activista y dirigente del ERP en Zárate y Campana, por su
relación con la UOM Campana y su relación con La Tendencia. Deghi ase-
soró también a la cooperativa metalúrgica productora de cinc ex Meteor,
que vendía a Fabricaciones Militares, con uno de cuyos directores tuvo
conflictos por el tipo de ventas. (126) Deghi patrocinaba juicios laborales mi-
llonarios contra la compañía en los años 60. Junto a este hay que destacar
la figura de Roberto Korompay, de quien la inteligencia policial indicaba

(122) Conversaciones con César Senar.


(123) Entrevista a Carlos Theis, cit.
(124) Entrevista a Néstor Rivas Karlic, realizada para la investigación, 11/10/2014.
(125) Di Fino, Miguel; Maldonado, Leonardo y Núñez, Ariel, op. cit., p. 90.
(126) Ibid.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

su “peligrosidad” por ser un hombre de izquierda, vinculado tanto al gre-


mialismo de la zona como a las actividades del ERP, Montoneros u otras
agrupaciones políticas o político-militares para los años 70. Un informe
sintetizaba esta noción: “Se lo considera comunista, causando sorpresa
entre sus amistades verlo enrolado en la Juventud Peronista. Es de origen
humilde. Ejerce la profesión en Campana, con especial dedicación al fuero
laboral”. (127)

5. Responsabilidad empresarial
A fines de 1984, el subsecretario de derechos humanos Eduardo Rabossi
se dirigía al juez Luis Hilario Milesi, titular del juzgado de Primera Instan-
cia de San Nicolás, instando a investigar la responsabilidad empresarial
en los crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado en Campana
y Zárate. Escribía: “El caso de los obreros de la empresa Dálmine-Sider-
ca es por demás significativo, pues permitiría demostrar la connivencia
existente entre los directivos de aquella fábrica y las fuerzas represoras
actuantes en la zona de Campana”. (128) Las investigaciones judiciales que
se iniciaron entonces produjeron relevantes testimonios y pruebas do-
cumentales en los primeros años de la transición democrática. Sin em-
bargo, los procesos se paralizaron y el rol empresarial en los crímenes
quedó velado. Partiendo del análisis de dichas pruebas y sumando otras
fuentes documentales y orales, analizaremos aquí una serie de modali-
dades bajo las cuales directivos y jefes de distinta jerarquía de la empre-
sa organizaron una estrategia industrial disciplinante basada en el terror,
que incluyó en numerosas ocasiones prácticas y hechos criminales vincu-
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lados al terrorismo de Estado.

En primer lugar, hay que hacer mención de aquellos hechos que consti-
tuyeron las evidencias más fuertes en términos del involucramiento em-
presarial en los crímenes contra la humanidad: los secuestros en planta.
Ya nos hemos referido a ellos en la narración de los hechos represivos.
Se trata de los casos de Enrique Ingenieros y de Raúl Bustos, sucedidos a
mediados de 1977. En ambos casos, la participación de la empresa al me-
nos facilitó la detención y desaparición de los trabajadores con un proce-
dimiento similar: en horario de trabajo se convocó a dichas personas fuera

(127) “Antecedentes de personas sindicadas…”, en Archivo DIPBA, cit.


(128) Denuncia firmada por Eduardo Rabossi, 1984, op. cit.

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dálmine-siderca

de la sección de trabajo (a Oficina de Personal a uno y al sector de ingreso


de la planta al otro) con la excusa de una visita familiar. En dicho momento
las fuerzas militares procedieron a detenerlos.
Respecto del caso de Ingenieros, en 2015, la Sala V de la Cámara Nacio-
nal de Apelaciones del Trabajo dio sentencia definitiva a una demanda
iniciada por la hija del trabajador desaparecido, concluyendo el juez Enri-
que Néstor Arias Gibert que: “Ante la inexistencia de otro elemento que
permita inferir algo distinto debo considerar como hipótesis privilegiada
que el Sr. Ingenieros concurrió al trabajo el día de su detención y que al
ser citado a la oficina de personal fue detenido ilegalmente por personal

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
del Ejército que vestían uniforme para luego ser entregado a unas per-
sonas vestidas de civil”. (129) El fallo señala que la empresa debió haber
protegido al trabajador (130) y concluyó que “encontrándose sobradamente
acreditado que el padre de la actora fue secuestrado de su lugar de tra-
bajo y luego desaparecido, resulta evidente la anuencia de la empresa,
máxime la presencia en el predio de personal uniformado”. El juez Luis
Aníbal Raffaghelli dijo asimismo: “no fueron a cualquier lado a buscarlo,
no lo emboscaron en la calle, como era habitual en esos días aciagos, sino
que eligieron el lugar justo donde poder encontrar a la víctima y ese lugar
coincidía con el trabajo donde laboraba para la accionada (…) la empresa
debió cumplir respecto de la víctima con el deber de seguridad”. Cuando
la mamá de Ingenieros se dirigió a la fábrica para poder revisar su casilla,
el jefe de personal Osvaldo Real le negó el acceso a información.
Habría que agregar a ello lo mencionado por Theis respecto de la ocasión
en que durante un operativo en la planta, las fuerzas militares se llevaron
a un trabajador del fondo del galpón luego de encontrarle en su casilla
un volante político, aclarando que era muy común entonces recibir ma-
terial de este tipo y que se guardara en las casillas. Theis conocía a esta
persona de vista, y jamás lo volvió a ver. Según este testimonio, el jefe de
relaciones laborales, Federico Mauriño, estuvo presente al momento de la

(129) CNac. Apel. Trab., Sala V, “Autos IMGC/Techint SA Compañía Técnica Internacional
s/ Accidente Ley Especial”, Expte. Nº 9616/2008/CA1, sentencia definitiva Nº 76.898, Juz-
gado Nº 75, 27/02/2015.
(130) La sentencia dice al respecto: “El empleador solo podría desligarse de la responsa-
bilidad por complicidad, reitero, sin indicara que él también fue víctima del terror, para lo
que debería haber demostrado en el caso circunstanciadamente quienes fueron los agen-
tes y que produjeron el vicio de la voluntad y en qué consistía la amenaza que obligó a la
colaboración”, ibid.

311
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

detención, desprotegiendo al trabajador y tratando de amainar cualquier


posible reacción obrera. Comenta:
Siempre me acuerdo de un muchacho, que le encontraron ma-
terial, nunca supe quién era, era muy común agarrar un volante,
ponerlo en la taquilla, le encontraron material del ERP y se lo
llevaron. Era del fondo, de Ajuste. Lo subieron a una camioneta,
en la parte de atrás, en la parte descubierta y lo llevaron. Esta-
ba la gente de Relaciones Laborales, y decía, “no pasa nada,
se lo llevan, pero después lo largan”. En ese momento estaba
Mauriño, jefe de relaciones laborales. Los sectores adonde iban
paraban la producción. (131)
Asimismo, debemos mencionar lo sucedido con MP, detenido durante el
ingreso a la empresa y llevado a un centro clandestino de la zona. Un ofi-
cial lo provocó, golpeó y ordenó su secuestro en mayo de 1976, apenas
ocurrido el golpe, cuando se disponía a bajar del micro obrero ante los
portones de la fábrica. MP fue revisado por el médico de la empresa y
luego supuestamente trasladado al hospital, al que nunca llegó. En cam-
bio, fue llevado a un predio en Otamendi, donde se lo torturó, se le hizo
simulacro de fusilamiento y donde vio asesinar personas. (132)
Otro hecho de este tipo que habría que incluir en estas detenciones al in-
terior de la fábrica es la de Federico Robles. Sin militancia conocida, fue
víctima de un procedimiento realizado por la policía interna y remitido a la
Comisaría de Campana, donde funcionó un centro clandestino de deten-
ción y tortura. Este caso, sin más detalle que el que se menciona, podría
bien poner de relieve los aceitados mecanismos que conectaban la repre-
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sión interna y la externa, y que pueden, como lo enseñan los documentos


de la sección de Seguridad de la empresa, haber sido más habituales que
lo común.
Por otro lado, debemos situar lo sucedido con el obrero Juan Matías Bian-
chi. Se trata de un caso donde cuadros principales de la empresa habrían
ordenado el secuestro con fines disuasorios respecto de las actitudes con-
testatarias y denunciatorias del trabajador. Ya el jefe de la planta, Chape-
rón, habría advertido a Bianchi que algunos directivos entregaban trabaja-
dores, mientras él —según el testimonio de la víctima— habría intervenido

(131) Entrevista a Carlos Theis, cit.


(132) Conversación con MP, septiembre de 2014.

312
dálmine-siderca

para su liberación y aseguró que no mandaba a secuestrar gente. (133) Bian-


chi responsabilizó por sus secuestros a Nicolini y al subdirector de la fábri-
ca, Roberto Ballanti. Las circunstancias de sus dos secuestros ya fueron re-
latadas, sin embargo debemos referirnos a algunas cuestiones adicionales.

Cuando Bianchi se encontraba desaparecido en la Comisaría de Campa-


na, en marzo de 1977, siendo torturado por un tal “Tacho” o “Tucho”,
además de interrogarlo acerca de su ideología, le mencionaron un episo-
dio particular ocurrido poco antes. Específicamente, le preguntaron por
la patente de un coche que él había mencionado en alguna ocasión. (134)
Bianchi había visto a Nicolini actuar en operativos represivos y al parecer

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
había comentado el hecho en la fábrica, denunciando incluso la situación
ante el director Chaperón, quien al parecer recriminó a Ballanti, superior
inmediato de Nicolini. Acto seguido, este último lo encaró a Bianchi y le
advirtió que anduviera con pie de plomo, pues se andaban diciendo cosas
de él, a lo que Bianchi respondió que quien debía andar con pie de plomo
era el mismo Nicolini, “porque el coche de él, con esa patente, lo ha-
bían visto por el Barrio Lugo, cuando habían ido los militares a secuestrar
gente”. (135) Dos días más tarde fue secuestrado. Tras contar esta situación
durante el interrogatorio, Bianchi recibió un fuerte culatazo. En una de sus
declaraciones comentó que creía que había sido la intervención del ge-
rente Juan Chaperón la que le salvó la vida. (136) Al ser liberado, hecho que
ya comentamos, le advirtieron que dejara la actividad gremial. Al respecto
de este primer secuestro, Bianchi denunció a un oficial de investigaciones
de la policía de apellido Sanz y a quienes asegura haber reconocido como
sus captores: a un hombre de apellido Acosta, a otro de apellido Montero
y a Miguel Ángel Ramos, todos trabajadores de la fábrica. (137) En 2004, sin

(133) Declaración testimonial de Juan Matías Bianchi, 22/06/2004, en causa 5310 “Derotier
de Cobacho…”, cit.
(134) En 2004, comentó que la patente era B-232432 o B-232423. Declaración testimonial de
Juan Matías Bianchi del 22/06/2004, ibid.
(135) Fue torturado e interrogado en distintas habitaciones, una con piso de madera a la
derecha, otra con un tanque de agua, piso de mosaico y también en el calabozo en el piso
de abajo. Ver declaraciones del 11/10/1983, 04/07/1984 y 19/08/1987. En la declaración de
Roberto Nicolini de 1985 menciona que existen varios calabozos. Declaración indagatoria de
Roberto Nicolini, ibid.
(136) Declaración testimonial de Juan Matías Bianchi, 11/10/1983, ibid.
(137) Acosta era dueño de un taller de reparaciones de motonetas donde Bianchi había
llevado la suya a arreglar, luego ingresó a trabajar en la fábrica. Montero era trabajador de la
Acería de la fábrica, a quien veía asiduamente cuando visitaba a su hermano José Alberto,

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

embargo, dirá que sus captores fueron Acosta (de Campana), Montero (de
Zárate) y otro de apellido Suárez (de Zárate), de Siderca, que no cumplían
funciones y que lo amenazaron por su función gremial. Asimismo, que en
la fábrica estos eran considerados “buchones”. (138)
Sobre su segunda desaparición, ocurrida en octubre de 1978, ya comen-
tamos el contexto de tensión que mantenía con la empresa y algunas de
las preguntas que le habría hecho durante el interrogatorio, al parecer, en
Campo de Mayo. Sin embargo, lo central de aquellas sesiones de tortura
fue que le preguntaron de forma insistente dónde tenía el fusil con mira
telescópica. Tiempo atrás, después de su primer secuestro, en una conver-
sación “muy privada” con el subdirector, Roberto Ballanti, Bianchi le había
dicho, según él, de forma humorística: “Yo soy como Kelly, donde pongo
el ojo pongo la bala, como si tuviera un fusil con mira telescópica”. (139) Tras
ser liberado en esta segunda ocasión y al encontrarse sin trabajo, Bianchi
se dirigió a la fábrica para solucionar su relación laboral. Allí, Ballanti le
informó que cualquier planteo debía hacerlo con Nicolini. Al dirigirse a
este, el jefe de seguridad le pidió que lo siguiera al Palace Hotel y que allí
conversaran. Bianchi le habría relatado entonces las peripecias sufridas y
le transmitió su deseo de dejar la fábrica; sin embargo, tras escuchar algu-
nas de las preguntas hechas por Nicolini, entendió que este conocía a sus
captores. Entonces se levantó, lo saludó y se fue. (140)
Hay más hechos que se pueden analizar desde la vinculación directa entre
empresa y víctimas, aunque sin referencia concreta a cuadros directivos y
tampoco involucrando a trabajadores. Se trata de la habilitación de espa-
cios de la empresa para operativizar secuestros y detenciones ilegales. El
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caso emblemático es el del Club Dálmine (hoy Club Ciudad de Campana),

también trabajador de esta sección. Respecto del tercero, también de la Acería, Bianchi ha-
bía hecho gestiones para que su novia Vilma Alfaro ingresara a trabajar en Dálmine. De todos
Bianchi dio detalladas descripciones. Declaración testimonial del 07/02/1985, ibid.
(138) Declaración testimonial de Juan Matías Bianchi del 22/06/2004, ibid.
(139) Declaración testimonial de Juan Matías Bianchi del 07/02/1985, ibid.
(140) En su declaración judicial de 1985, Bianchi aseguró que tanto Nicolini, Pereyra, Ballan-
te, Verde y los directivos de la UOM Campana y empleados de Dálmine Ramón Villanueva,
Omar González, Jorge Medina, y un tal Barbosa de Cometarsa estaban implicados en su se-
cuestro. Explicó Bianchi ante la Justicia que esto lo sabía por conversaciones que había con
ellos y por las situaciones vividas con su cuñado Pereyra. En su declaración de 1987, Bianchi
explicó que su cuñado Pereyra mantenía relaciones con Ballante y Nicolini, “ya que Pereyra
ingresaba libremente a la empresa Dálmine”. En su declaración en 1985, Nicolini reconoció
conocer a Jorge Medina, delegado gremial, y a Barbosa, y no a Villanueva, a González y a
Pereyra. Por otra parte, rechazó por “místicos” los planteos de Bianchi.

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dálmine-siderca

que funcionó como un centro transitorio de cautiverio y tortura durante los


primeros días después del golpe. (141) Varias víctimas recuerdan haber esta-
do detenidos y desaparecidos allí. Lidia “China” Biscarte fue una de las víc-
timas que reconoció haber estado en aquel lugar. En declaración judicial,
recordó que “cuando nos llevan al Club Siderca, había otros compañeros
que hacían más tiempos que estaban (…) y siempre había un compañero
que decía, pero acá estamos en Siderca, qué hacemos acá…”. (142) Biscarte
tenía 29 años cuando fue secuestrada el 27 de marzo de 1976. De simpa-
tía radical y trabajadora de maestranza en el obrador Zárate-Brazo Largo
de Techint-Albano, era delegada gremial de los contratados, aunque no
reconocida oficialmente. Luego de ser llevada a la Comisaria de Zárate

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
y al Tiro Federal de Campana, fue llevada al club. (143) También Osvaldo
Rubén Chila, trabajador de Dálmine-Cinte, declaró que luego de estar en
la comisaría de Zárate fue trasladado en un camión del Ejército “a un club
de Campana”, donde estuvo maniatado y tabicado en un baño. Allí logró
desatarse; estaba en un lugar con duchas y al asomarse por una ventana
vio que las guardias eran realizadas por suboficiales del Ejército. (144) Por
otra parte, la madre de Luis Mario Fachino declaró ante la Conadep que
en el “Recreo de Deportes de Dálmine” existía un buffet a cargo de un
amigo de la infancia de su hijo —desaparecido el 25 de marzo de 1976—,
donde se reunían integrantes de las Fuerzas Armadas que realizaban ope-
rativos. (145) También Héctor Omar Ferraro recordó haber estado en un ves-
tuario sin techo, refiriéndose a las piletas del club, y recordó haber estado

(141) Por otra parte, el predio del Tiro Federal de Campana quedaba sobre la Ruta 12 y fue
ocupado luego del 24 de marzo de 1976. Allí funcionó un centro de detención clandestino
hasta mediados de 1977. “La única persona en el lugar era el casero de la institución, Hugo
Ciafardini, a quien le vaciaron el dormitorio, le quemaron los muebles y lo amenazaron”,
comenta el historiador Miguel Di Fino. Este lugar se encontraba lindante al sector de Trefila
de Dálmine-Siderca. La inspección ocular hecha por el juez Faggionato Márquez en 2004,
junto a nueve víctimas retenidas en dicho centro, comprobó la existencia de una puerta que
comunicaba el Tiro Federal con la empresa Dálmine-Siderca. Desde el centro de detención,
los desaparecidos escuchaban los ruidos de la maquinaria produciendo. La justicia ordenó
durante un tiempo su preservación, hasta que levantó la interdicción en 2006 y posterior-
mente fue utilizado por Siderca para depositar tubos. Ver Veiga, Gustavo, “Di Fino: ‘En la
bajada hacia los bañados llegaban camiones del Ejército con cuerpos y los quemaban con
cubiertas’”, en Página 12, 23/01/2012.
(142) Declaración testimonial ante la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata, el
16/08/2000, en el marco de los Juicios por la Verdad.
(143) Declaración testimonial de Lidia Biscarte, 27/07/1987, en caso 148, causa 4012, cit.
(144) Declaración del 24/07/1987 ante la Cámara de Apelaciones de San Martín.
(145) Legajo Conadep 927, Luis Mario Fachino.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

allí con los Bugatto. (146) Estos, Francisco y José Alberto, eran padre e hijo y
habían sido secuestrados el 24 de marzo de 1976. José Alberto fue quien
más detalles dio debido a un intento de fuga que le permitió recorrer el
lugar. Estuvo detenido junto a su padre en la pileta con el agua al ras del
piso y unas mantas que le habían tirado encima. De madrugada, pudo
soltarse las vendas y el tabique, y se dirigió a la zona de vestuarios donde
vio gente vendada y maniatada. Cuando se acercó a la cerca, observó que
había tanques, tanquetas y camiones. Fue descubierto por una patrulla
policial cuando quiso saltar el último alambrado del club. (147) Luis Clemente
Jorge, coordinador de relaciones laborales de la delegación regional Zá-
rate del Ministerio de Trabajo, también estuvo allí. (148)
El Club Dálmine fue tutelado ideológica y financieramente por la empresa
desde que fue fundado en 1954 por empleados y trabajadores de la fá-
brica. (149) Dicha tutela se observa a través del intercambio de directivos y
de los aportes económicos. Directivos de la compañía eran directivos del
club, tal es el caso de Federico Wenceslao Mauriño, jefe de Relaciones La-
borales de Dálmine-Siderca, nombrado en un testimonio como presente
durante el operativo de secuestro de un operario dentro de la fábrica. (150)
Respecto del financiamiento, la empresa llegó a realizar aportes a través
de la Sección Concordia, incluso durante el período dictatorial, como par-
te de su política hacia la comunidad, pero también se conoce que la em-
presa realizó importantes aportes al equipo de fútbol para intentar llevarlo
a Primera División, tal como ocurrió con el Club Loma Negra y la importan-

(146) Declaración testimonial de Héctor Omar Ferraro, 02/10/1987, en caso 148, causa 4012, cit.
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(147) Declaración en causa Dorotier, cit., 29/09/2004, y ante el TOF N° 5 de San Martín el
12/06/2013.
(148) Caso 296, causa 4012, cit.
(149) El club se fundó en 1954, a instancias de los directivos, para la recreación de los trabaja-
dores y sus familiares. Primero fue “Centro Cultural y Deportivo Dálmine SAFTA”, con fecha
de fundación 20 de noviembre de 1957, y poco tiempo después, en 1960, cuando se abrieron
las puertas al resto de la comunidad, pasó a denominarse “Club Dálmine”, constituyéndose
como entidad civil, con autonomía formal respecto de la empresa. Entonces, su comisión
directiva estaba compuesta por Alberto Magrini —presidente—, Guido Postinghel, Nelson
Paladino, Fernando Cabrera, Mario Acosta, Rodolfo Nesci, Hugo Gaggiotti, Andrés Blache-
re, Alberto López, Donato Cuezzo, Federico Mauriño, Roberto De Paoli, Adriano Ghilardi,
Carlos Rho y Ricardo Lomeña. En 1985, una asamblea decidió separar las actividades futbo-
lísticas de las sociales, pasando Villa Dálmine a ser una entidad dedicada exclusivamente al
fútbol, creándose Club Siderca (actualmente Ciudad de Campana), que queda a cargo de la
actividad social y recreativa. Ver [en línea] [Link]
(150) También como presidente aparece Alberto Magrini, posiblemente familiar de Francisco
Magrini, Jefe de Personal en 1975, que resultaría gravemente herido por un comando del ERP.

316
dálmine-siderca

te empresa cementera entre 1981 y 1983. En los meses previos al golpe,


Villa Dálmine ascendió a la Primera B, y en esta divisional ya profesional,
donde se debía pagar a todos los jugadores, alcanzó los puestos de fina-
les, frustrándose finalmente su ascenso. (151)
Al funcionamiento del club de la empresa como CCD, debemos agregar
el uso del puerto de la compañía para embarcar detenidos-desaparecidos.
Esto surge, por ejemplo, de los testimonios de la pareja Marciano-Orifici.
Luego de ser pasados por la comisaría de Escobar y por el Tiro Federal de
Campana, fueron llevados a un puerto que identificaron como el propio de
la empresa; de allí fueron embarcados a un centro clandestino flotante. (152)

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
En términos de aportes materiales (no logísticos), habría que agregar el
financiamiento hecho a la comisaría de Campana cuando dicha institución
local funcionó como centro ilegal de detención y torturas. Allí estuvieron
desaparecidas numerosas víctimas, incluso trabajadores de la empresa,
entre ellos Bianchi. Aun así, la compañía siguió financiando a la comisa-
ría. (153) Los aportes se realizaban a través de la Sección Concordia, en cuyos
libros de donaciones para el período de abril de 1983 a marzo de 1984, por
un total de $792.000, se registra casi un 10%, esto es, 76.753 pesos, desti-
nados a la Comisaría de Campana. (154) El desagregado de dichos aportes
mencionaban trabajos de construcción, “trabajos varios”, pero también
mantenimiento de plomería, casi 1.000 lts. de nafta, amortiguadores, cu-
biertas, cámaras, repuestos varios de coche. (155) Para la compañía, estas
donaciones tenían una explicación “benefactora”. Explicaban desde una
de las oficinas gerenciales:

(151) Respecto de los aportes financieros a través de la Sección Concordia, el dato surge de
los mismos documentos aportados por la compañía a pedido de la justicia, sobre el cual nos
referiremos de inmediato.
(152) Legajo Conadep 4965, Eva Raquel Orifici de Marciano, y legajo Conadep 4949, Raúl
Alberto Marciano
(153) Varios familiares de desaparecidos, entre ellos Gabino Bedia, denunciaron ante
Conadep e instancias judiciales diversas que en el subsuelo de la Comisaría de Campana
funcionó un centro de tortura y, aún más, que Dálmine-Siderca había financiado las refac-
ciones de los calabozos. El juzgado a cargo de la causa, en 1985, requirió la documentación
pertinente a la Comisaría y a la empresa, de los que surgen los documentos aquí menciona-
dos. Cabe destacar que si bien el juzgado solicitó documentación referida a todo el período
dictatorial, la compañía “encontró” solamente la del primer año del regreso democrático.
(154) Entre los beneficiarios se encontraban, además, el EMET n° 1, Misioneras Claretianas,
Consejo Escolar, el Obispado de Zárate-Campana, los Bomberos de Campana, la UTN, el
Club Villa Dálmine, entre algunas más, en caso 361, causa 4012, cit.
(155) Ibid.

317
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Informamos a V.S. que “Dalmine-Siderca SAIC” —cuya planta in-


dustrial está asentada desde hace años en la ciudad de Campana—
contribuye habitualmente con aportes económicos, materiales e
incluso con la financiación de obras diversas, que le son requeridos
por toda clase de entidades públicas y privadas que de un modo
u otro integran la vida de la Comunidad y la sirven desde distintos
ángulos. Este accionar comunitario se efectúa como un modo de
apoyar en forma directa a las distintas instituciones sociales, cul-
turales, religiosas, deportivas, de seguridad, etc., que constituyen
el marco social dentro del cual se desenvuelven sus actividades in-
dustriales. (156)
Según dicha carta, los pedidos surgen de la comunidad y la compañía tra-
ta de solventarlos de forma permanente según “los márgenes razonables
de disponibilidad fijados por la Gerencia”. (157) En relación específica a la
Comisaría, comentaban: “… hemos atendido en algunas oportunidades
pedidos de la Comisaría de Campana de apoyo económico o material.
Se trata de aportes voluntarios destinados a paliar problemas presupues-
tarios de conocimiento público, que impiden o dificultan, una adecuada
prestación del servicio público a su cargo”. (158) ¿Cuál era el “adecuado
servicio público” que brindaba entonces?
Es de subrayar, para no quedar ceñidos a la fecha concreta de la documen-
tación, la mención a la “habitualidad” de los aportes realizados y a las di-
versas “oportunidades” en que la comisaría solicitó los mismos. Respecto
de los denominados “aportes varios”, resultan sumamente relevantes. Se
trataba del pago de facturas a una empresa constructora para la refacción
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realizada entre agosto y octubre de 1983, antes de finalizada la dictadura,


de algunos calabozos y otras instalaciones del edificio de la comisaría. En
dicha carta dirigida al juzgado, la empresa explicaba dichos gastos de la
siguiente forma:
En julio de 1983, la Comisaría nos pidió nuestra colaboración
para hacer unas obras de remodelación en la Cocina y Baños del
Personal que permitían incorporar baños al calabozo de damas
y al calabozo general. (…) La división “Concordia” de la fábrica

(156) Carta de Dálmine Siderca, 22/11/1985, ibid.


(157) Ibid.
(158) Ibid.

318
dálmine-siderca

(DALMINE/CORD) preparó el croquis de la obra y contrató a


una firma de Construcciones Civiles de Campana.
Según los planos de obra, se trataba de la refacción de baños y cocina y
construcción de otros baños, por un total de $40.000. La compañía cons-
tructora era Jorge A. Böttcher Construcciones Civiles y Materiales para la
Construcción. Los comprobantes de pago emitidos por Dálmine-Siderca
llevan fecha de agosto, septiembre y octubre. La última de estas, fechada
el 3 de octubre, decía:
Por trabajos adicionales o la orden de compra n° 1829, en la Co-
misaría de esta ciudad, de acuerdo al siguiente detalle: Coloca-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
ción de 32 m² de piso de mosaicos en el calaboso (sic) general y
el de mujeres. Colocación de zócalos en los mismos calabosos.
Sacar el revoque en mal estado de los calabosos mencionados
y hacer nuevos con azotado hidrófugo, grueso y fino; en total,
46 m² de revoque. (159)
El jefe de la constructora, Jorge Arturo Bottcher, declaró luego que la
obra se realizó en el calabozo de damas y en el calabozo general, y que
no tenían permiso para ingresar a otros ambientes. (160) Una remodelación
como la señalada, en el tiempo en que fue realizada, en una comisaría
donde funcionó un CCD, no hace sino más que dejar sospechas respec-
to del ocultamiento de evidencias; y dichas obras fueron financiadas por
la empresa.
Ya sin referencias directas a víctimas ni a directivos, distintos testimonios
sitúan a la empresa colaborando con la planificación de la represión zonal,
desde antes del golpe y durante los primeros momentos del mismo. Se
trata de las referencias hechas al uso del Hotel Dálmine, ubicado en el cru-
ce de las calles Balcarce y 25 de Mayo, como primera sede del comando
de represión zonal, antes de tomar asiento en la fábrica militar Tolueno. (161)
En el hotel, que disponía de confitería y restorán, se alojaba el personal
jerárquico y otros empleados del grupo que cumplían trabajos tempora-
rios en Dálmine-Siderca. La esposa del periodista Wenner, desaparecido
desde el 26 de marzo de 1976, en búsqueda desesperada de su esposo,

(159) Ibid.
(160) Testimonio de Jorge Arturo Bottcher, del 28/02/1986, ibid.
(161) Gustavo Veiga, “Di Fino...”, op. cit.; Annicchiarico, Ciro, “El horror en el banquillo”, Bs. As.,
Colihue, 2014.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

localizó en dicho hotel a un mayor de apellido. (162) También José María Fer-
nández, detenido el 27 de marzo de 1976, recuerda que sus familiares, en
particular su hermano, eran recibidos en el hotel por un teniente coronel,
jefe del área 400, para hacer las averiguaciones por su desaparición. (163) Se-
gún otras versiones, también el edificio Catalinas de Techint, en el barrio
porteño Retiro, se realizaban reuniones con militares. (164)
Una última referencia a pruebas concretas de la consubstanciación entre
el terrorismo de Estado y Dálmine-Siderca surge de la activa participación
de la empresa en la logística informativa ilegal que nutrió y fue asimismo
alimentada por los secuestros y torturas de personas. Testimonios, docu-
mentos de la ex DIPBA y un allanamiento judicial nos permiten sostener
esta afirmación, que ubica en el centro de la escena al principal cuadro
de vigilancia de la compañía de los Rocca, el ex suboficial principal de
la Fuerza Aérea, Roberto Paulino Nicolini. Haremos ahora solo mención
de los documentos más elocuentes, dejando para un apartado posterior
otros que ayudan a caracterizar el funcionamiento de la policía interna.
Antes de ello, por un lado, debemos agregar a lo denunciado por Bianchi
respecto de la presencia de Nicolini en operativos militares lo que aseguró
un asiduo concurrente al Tiro Federal de Campana, José María Parapar,
que este cuadro de Dálmine-Siderca “torturaba gente en una fábrica de
cuero en las cercanías del cementerio de Campana”; (165) por el otro, que
también Nicolini ha sido identificado como uno de los máximos “agentes
especiales de inteligencia” del reconocido Batallón 601 de Inteligencia. (166)

(162) Hay un mayor Roberto Obdulio Godoy, jefe de operaciones del Grupo de Artillería 1,
grupo que estuvo a cargo de la zona Campana-Zárate-Escoba hasta el 26 de mayo de 1976,
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cuando se creó el área 400 (Orden Parcial del Ejército 405/76), Libro Histórico del Grupo de
Artillería 1, 1975 y 1976.
(163) Declaración testimonial de José María Fernández, 30/04/1984, “Causa Santillán Benja-
mín s/ Denuncia privación ilegal de la libertad”, anexada al caso 90, causa 4012, cit. Miguel Di
Fino hace referencias también a estas versiones, en Di Fino, Miguel, op. cit. p. 102.
(164) Eduardo Pitter relató que debido a su posición de supervisor tenía asiduos contactos
con los jefes de la empresa y que entre ellos circulaba la información de que antes del golpe
se realizaban reuniones en el Edificio Catalinas, en el barrio de Retiro de la Capital Federal,
donde Dálmine-Siderca tenía sus oficinas principales, en entrevista a Eduardo Pitter, op. cit.
Respecto de la importancia del Edificio Catalinas como centro de poder político de la em-
presa, comenta Amarilla que la mayoría de los candidatos presidenciales en 1982 pasaron
por ese edificio.
(165) Declaración testimonial de José María Parapar, 22/09/2004, en causa 5310 “Derotier de
Cobacho…”, cit.
(166) Esta afirmación proviene de la extensa declaración hecha en Madrid ante el juez Bal-
tasar Garzón por Norberto Bermúdez. Si bien algunos datos podrían ser puestos en duda

320
dálmine-siderca

En primer lugar, hay que hacer alusión a la hipótesis de la existencia de


listados confeccionados desde la empresa y que permitieron detener
trabajadores. Un único testimonio hace señalamientos concretos en este
sentido, el cual como veremos puede ganar veracidad a raíz de distintos
documentos. Es Eduardo Pitter, exsupervisor, quien asegura que Alberto
Bedia, empleado de la Oficina de Personal, le comentó que había visto
una “libreta negra” en su lugar de trabajo, donde figuraban los trabajado-
res “indeseables” para la compañía. Días después fue desaparecido. Lo
testimoniado por Chila también aporta en este sentido. Este trabajador
fue detenido en un retén militar porque su nombre figuraba en un listado
que poseían los soldados.

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
La hipótesis de los listados, como decíamos, cobra veracidad a la luz de
los documentos allanados de la casa de Nicolini. La policía interna orga-
nizada bajo su comando contaba con una red de espionaje distribuida al
interior de la planta industrial y en toda la ciudad de Campana, llegando
incluso a recibir informaciones desde Zárate, Cardales y Escobar. Nicolini
solicitaba información, asimismo, a las autoridades de inteligencia militar
o policial de la zona, a pedido de directivos de la empresa. Por otro lado,
la información recibida a través de su red local era compartida con dichas
autoridades militares o policiales, como surge de las propias declaracio-
nes judiciales del cuadro militar de Dálmine-Siderca. El ejemplo más claro
de lo dicho surge del documento con membrete de la empresa, con fecha
del 14 de abril de 1978, dirigido por Nicolini al jefe de Inteligencia de Zá-
rate, comisario Poza. (167) Decía:
Tengo el agrado de dirigirme a Ud. a los fines de solicitarle unas
informaciones de carácter reservado, ya que me las pidió el Jefe de
Personal de fábrica que es un amigo; las informaciones solicitadas
son para averiguaciones de antecedentes ya que se cree que algu-
nas de las personas más abajo detalladas pueden haber estado o
estar en problemas sindicales y vinculaciones con el extremismo.

o son difíciles de corroborar, la mención de Nicolini entre apenas un puñado de nombres


destaca el rol que el hombre de Dálmine-Siderca tuvo en dicho rubro. Ver JNac. Crim. y
Correcc. Fed. N° 7, 08/01/1997, Expediente 10.326/96.
(167) El comisario Francisco Poza figura como jefe de distintas delegaciones de inteligencia
de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA). En 1976
en San Martín; en 1977 y 1978 en Zárate; en 1979 en Tigre; en 1980 en Mercedes; en 1983 en
Lanús. En Grupo de Apoyo al Juicio por la Verdad de la Dirección General de Registro de Personas
Desaparecidas (DGRPD) de la Provincia de Buenos Aires, “Informe Delegaciones de la Dirección
General de Inteligencia”.

321
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Ninguna de estas personas residía en Campana o Zárate, pero eran em-


pleados de Techint con sede en Dálmine-Siderca. Sobre las mismas, Ni-
colini ofrecía nombre y apellido, dirección y números de documento,
exponiéndolas —más allá de los resultados de la solicitud— a la repre-
sión terrorista. Cuanto menos, estas personas fueron víctimas de perse-
cución. (168) En otras notas, en esta ocasión con membrete de la agencia
Ocvie, Nicolini remitía información directamente a la DIPBA sobre el ac-
cionar “subversivo”, tanto para referirse a pintadas en las paredes de la
fábrica, a panfletos arrojados en el predio de la planta o a algún conflicto
o descontento gremial. (169)
Reforzando la cuestión planteada, nos remitimos a las declaraciones brin-
dadas por el mismo Nicolini, en dos causas diferentes, cuando compareció
en 1985. En una de las causas donde declaró a título informativo, relataba
el directivo de la empresa que siendo responsable de la seguridad interna
de la fábrica, y luego cuando creó una agencia de seguridad llamada “Oc-
vie” —ya nos referiremos a ello—, asistía habitualmente al área 400 con el
fin de brindar información que le era solicitada relacionada con atentados,
huelgas y “hechos que atentaran contra la disciplina en forma permanen-
te”, aunque aseguró que nunca entregó información de los antecedentes
políticos de los trabajadores de Dálmine-Siderca (afirmación desmentida
a partir de todo lo relacionado con su rol de inteligencia). Agregaba lue-
go: “Que fundamentalmente existía una afinidad entre el deponente, el
área 400, la policía, por el tipo de actividad que desarrollaba”. (170) El mismo
día, al declarar como imputado en otra causa, explicó sus vínculos con la
comisaría de Campana, tanto como con la Brigada de Tigre en Campana.
Contó que, a instancias de la jefatura, asistía a la Brigada de Inteligencia
Infojus - Sistema Argentino de Información Jurídica

que allí funcionaba bajo órdenes de Wekselo para tomar café y —se en-
tiende— intercambiar información. (171)

(168) El documento en cuestión es parte del material ubicado en el archivo personal de Nico-
lini, que fuera allanado y aportado a la causa judicial en 2011. Documentos de Inteligencia de
Roberto Paulino Nicolini, Allanamiento judicial, Juzgado Federal de Primera Instancia Nº 2 de
San Martín.
(169) Ver por ejemplo: Archivo DIPBA, mesa B, Localidad Tigre, carpeta 117, legajo 71, “Esta-
blecimiento Dálmine-Siderca” y Archivo DIPBA, mesa DS, Caja 2247, legajo 18593, “Inscrip-
ciones de BDT en la fábrica Dálmine Siderca SA de Campana”, entre otros.
(170) Declaración informativa de Roberto Paulino Nicolini del 22/08/1985, caso 344, causa 4012,
cit.
(171) Declaración informativa de Roberto Paulino Nicolini del 22/08/1985, caso 90, causa 4012,
cit.

322
dálmine-siderca

La densa red informativa tejida por este directivo de la empresa, con flu-
jos multidireccionales internos y externos, se refleja en numerosas no-
tas breves dirigidas al mismo o extensos relatos propios sobre un amplio
abanico de temas que van desde la militancia política y social hasta el
robo, el narcotráfico y las estafas del juego y las apuestas. Sin especifica-
ciones importantes como fechas, procedencias, destinos, veamos algu-
nas de las cuestiones seguidas por Nicolini en las que se nombra a, por
lo menos, un centenar de personas, algunas de las cuales fueron víctimas
de secuestro, tortura y/o desaparición, entre ellas el “Portugués” Lópes,
Goncálvez el “Oso” Gómez, Bedia, Torrente, Gigena, Deareys, Elorriaga,
Orlando Gómez y Félix Martínez.

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
Entre las muchas anotaciones realizadas o recibidas por Nicolini se en-
cuentran las de estricto carácter político-gremial. Bajo este rubro, en dife-
rentes notas figuran al menos 60 personas. Una de estas era el suegro de
López Goncálvez, de apellido Silva, de quien se comentaba, entre otras
cuestiones, que debido a su profesión de “basurero” solía ingresar con su
camión a la fábrica y de ese modo se ingresaban volantes y material con
el que se hacían pintadas a favor del PRT-ERP. En otras oportunidades se
mencionaban a otros obreros de la zona, con militancia política y gremial:
a un electricista de la Acería, a un obrero de la sección Pañol, a un simpa-
tizante y colaborador en las campañas financieras del PC, a un receptor de
diarios y revistas del marxismo, “con gran influencia”. En otra anotación
decía: “Son todos zurdos de Dálmine”, “Peligroso”, “Monto”, “Activista”
o “Erpiano”, y mencionaba entre muchos otros a Carlos Elorriaga. Abajo
se indicaba: “OJO, el capo del sistema de los zurdos es un tal Co... [ndr:
no se lee] que es Delegado en el taller Gabilondo de Zárate. Está total-
mente ligado a este tipo Elorriaga, que trabaja en Laco en Dálmine”, y
continuaba la lista, mencionando entre otros al “caballo” Torrente. Otro
informe mencionaba a un obrero “activamente ligado al extremismo ERP,
pasado a Montoneros. Muy vinculado a la Dra. XXX, hombre de confian-
za del grupo ligado a esta, la gente dice que sería combatiente. Actual-
mente trabaja en Dálmine-Siderca”. (172) También se mencionaba a otros
trabajadores indicando sobre uno: “Vive en Campana y trabaja como su-
pervisor en la sección MAS (…) Simpatizante PC - Persona de Carácter
Reaccionario”. Respecto de la Dra. XXX, estuvo desaparecida en el Tiro
Federal de Campana, donde estaba “emocionalmente muy alterada y era

(172) Velazco fue secuestrada y torturada en Tiro Federal.

323
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

golpeada brutalmente por el personal de custodia”. (173) En otro informe,


“Estrictamente reservado”, se aludía a un obrero de quien se decía en
mayúsculas: “En el último conato de huelga de Dálmine - Año 1980 - par-
ticipó activamente generando reacciones de disturbios”. (174) Otro informe
más extenso decía se refería a la “Actual comisión interna” y a reuniones
sostenidas entre otros por Elorriaga, y en una serie de pequeñas fichas se
demandaba “levantar” en forma “urgente” e “interrogar” a determinadas
personas. (175)

Tanto los robos en la fábrica como circuitos externos de contrabando de


las mismas herramientas, dinero y el juego clandestino, particularmen-
te la quiniela —que se levantaba en la fábrica—, fue un tema de gran
interés para Nicolini, quien además perseguía lo que intuía podía ser el
financiamiento por parte de algunos “capitalistas” de la militancia revolu-
cionaria. En este sentido, ocupa un lugar central la investigación por una
supuesta estafa hecha a fines de 1979 con el juego de quiniela. Por ello
mismo podían leerse pasajes como el siguiente referido a un hombre de
Campana: “Está en la estafa, colabora con la subversión para sacar gente
de Campana” u otro como el que menciona al ya mencionado Silva: “Este
fue a la comisión de los derechos humanos, hizo una cola de tres cuadras
pero al final entregó una carta poniendo a su hija, yerno y todo lo que des-
aparecieron en la zona…”, y luego agregaba respecto de su colaboración
con la actividad del ERP, algo que ya mencionamos:
Silva era vecino de los hermanos Soruaga en Zárate y lo conoce
muy bien; lo más interesante de este Silva que él era el correo
hasta hace poco en fábrica y era el que enviaba los volantes y
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en Trefila era el contacto más positivo para pintar porque no se


le revisaba el camión como se debía de hacer, los pomos los lle-
vaba como mochila en los costados del cuerpo, otro que hacía
lo mismo era Palincho, hermano de Motoneta que está preso y
andaba con el Portuguez y sabe mucho.

(173) Legajo Conadep 4965, Eva Raquel Orifici de Marciano.


(174) Podría referirse a la huelga de octubre de 1979.
(175) Este material encontrado en la casa de Nicolini no tiene membrete, ni autor, ni fecha,
pero hace referencia concreta a trabajadores de Dálmine-Siderca. Son cinco tarjetas, nume-
radas de una a cinco, faltando la cuarta. La primera decía: “Levantar urgente a un tal XXX
(a) La Vaca, de la sección ALVE [Sección Almacén-Venta. También trabajaba allí Juan Matías
Bianchi], Tarjeta 4278, de nombre Carlos N., domiciliado en...”.

324
dálmine-siderca

Al respecto, se sugería preguntar a Silva por un hombre de apellido Mar-


tínez, cuyo hermano andaba con el “caballo” Torrente. Por otra parte, se
señalaba que dos trabajadores de Dálmine-Siderca, vinculados al PRT-ERP,
“en una oportunidad fueron a esta casa llevando una valija llena de dinero
para que la guardaran; no obstante eso, tenían cualquier armas de calibre
grueso”. Luego se seguía enfocando sobre Silva, “el barrendero”:
… preguntarle cómo y en cuantas veces entró los volantes en
Dálmine, quien se los daba, afuera y quien los repartía adentro
de Dálmine, que sabe de XXX y XXX, que sabe de XXX, que es
pariente de él , que vive en San Felipe, que tiene un Faliant, se

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
cree que con el coche se volanteaba en Campana. Todos los
volantes eran de la subversión (…) que sabe del padre de XXX
que anda (…) como cobrador, que sabe dónde está el hijo y es-
tuvo hablando él. Este Silva sabe dónde está Ma... [ndr: ilegible]
porque era de la gente del yerno. Preguntarle por fierrito que
estuvo en la casa del yerno y él lo conoce bien, puede saber
dónde está.

Interesan estos documentos que hacen referencia a aquellos que colabo-


raban de alguna manera con las actividades “subversivas”: “capitalista”,
“correos” y hombres que “ideológicamente no tienen banderas”, pues “su
único afán es el dinero”. Entra en este último rubro el vicecónsul honorario
italiano en Campana, Giuseppe Corillo, que administraba el Hotel Plaza.
Las “desprolijidades” en la gestión de este molestaban a la represión: “se
obstaculiza la acción de las fuerzas de seguridad en su cometido tendiente
al control de la población fluctuante y/o búsqueda de elementos extremis-
tas”, leía Nicolini en los informes que recibía, a lo que se agregaba que
prestaba “valiosa ayuda en estos momentos a parientes de terroristas que
se encuentran detenidos”, mediante la gestión para acogerlos a benefi-
cios prestados por el gobierno italiano. Al analizar la actitud de Corillo, el
informe de inteligencia señalaba que “consecuentemente iba a haber una
limpieza total de todos los ladrones y atorrantes que había en fábrica”.
La práctica del espionaje vinculada al terrorismo de Estado de la cual
participaba activamente Dálmine-Siderca a través de su jefe de Seguri-
dad, se mantuvo —como en el caso de Astarsa— hasta bien entrado el
nuevo período democrático. Así, en julio de 1986, Nicolini listaba una
serie de obreros activistas de Techint militantes del PC y del MAS. Estos
informes de inteligencia tenían como destinatario final —o sea, eran

325
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

solicitados por— la empresa Dálmine-Siderca. La gravedad del asunto


aumenta al observar el diagnóstico realizado por el jefe de Seguridad y
las advertencias consecuentes. El 8 de septiembre de ese año titulaba
“Secreto, Confidencial. Situación Político-Gremial de la Zona”, y adver-
tía de entrada el regreso de numerosos militantes del exilio y la nece-
sidad de tomar recaudos para evitar daños contra el establecimiento
industrial y sus directivos. Luego establecía:
Últimamente regresan y se instalan algunos en comercios, otros
sin manifestarse muy públicamente, ex militantes pertenecientes
a los Grupos extremistas de denominados ERP (PRT) - TOR
(Trelew) - Montoneros y Juventud Guevarista, alguno de ellos
puestos en libertad por la ley que actualmente rige, otros que
regresaron de Países en los que se encontraban luego de salir
en forma vedada del nuestro, otros que se retiraron de la zona
hacia otras provincias en busca de protección y ocultamiento.
Las personas sobre las que se brindaba a un pequeño perfil sobre su per-
tenencia, su procedencia y su actual ocupación. De uno, por ejemplo se
decía que era operario de la empresa del grupo Cometarsa, “gran ejecu-
tor de planes extremistas” y “principal conductor del extremismo en toda
Latinoamérica”. Se advertía: “Comentarios que se reciben es que en el
momento en que Cometarsa y Dalmine serán sus baluartes predilectos
(gremio-obreros)”. Del resto se comentaba también que comenzaban a
tener reuniones con viejos compañeros y, en particular de otro, se decía:
Mantiene una gran actividad en la zona Zárate-Campana y le-
vanta continuamente a los operarios con retóricas de marcado
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contexto extremista. Es persona de tener mucho cuidado por


su actividad, reacciones y actitudes que demuestran peligrosi-
dad (…) tiene gran carisma gremial para hacerse seguir con el
personal y sus manifestaciones referente a lo que hay que ha-
cer con los que dirigen las gerencias de la Fábrica son de tener
en cuenta (si bien las emplea para dar fuerza a sus arengas no
se debe desestimar la convicción que pone) (…) Está tratando
de dominar la total conducción del gremio, [aunque] no quiere
ocupar puestos de relevancia.
Luego de estas pequeñas reseñas individuales, insistía Nicolini:
Si bien lo enumerado anteriormente es una pequeña miscelá-
nea de personas y hechos, debemos tener en cuenta sin exa-

326
dálmine-siderca

gerar ni mistificar, que todo ello es enormemente más nume-


roso. Los últimos acontecimientos de relevancia policial, robos,
secuestros no aclarados, la localización de armas y explosivos
encontrados, el ingreso y alguna detención no publicada en las
zonas limítrofes, demuestran que hay una acción muy similar a
la del año 1975, que pueda ser neutralizada y no se verá a través
que transcurra el tiempo, pero considerando que los acciona-
res son sorpresivos no se debe descuidar el tema. Como he-
chos aislados pero a tener en cuenta son los panfletos arrojados
(idénticos) en Siderca-Ford, Terrabusi, Astarsa, Acindar, Somisa
y otros lugares, La Plata, Rosario, Córdoba, Chaco, etc., donde

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
el ERP (PRT) se nomina como nuevo accionar en la sociedad
argentina para la liberación obrera. No olvidemos que la última
parte de la aplicación del programa del PRT, era la que se deno-
minó la Guerrilla Fabril y que no se pudo aplicar en su tiempo,
por los acontecimientos conocidos (llámese valentía militar) y
que según los indicadores actuales esa sería la primera acción
de conducción en esa faz política.
Finalmente, y para cerrar el asunto de la logística informativa tejida en tor-
no a Dálmine-Siderca, no podía faltar el seguimiento del activismo gremial
y político registrado en los archivos de la ex DIPBA. En informes de inteli-
gencia producidos en 1973 por la Sipna y la Sipba, y finalmente integrados
al archivo de la DIPBA, se ofrece un extenso listado de personas como
pertenecientes al ERP. Para cada uno, se dan detalles de los hechos que
los vinculan a la organización armada. En algunos casos, se mencionaba
fuente de información primaria de la inteligencia policial lo indicado por
un supervisor de la fábrica. En varios de estos documentos se consignaban
“nóminas de activistas” de la empresa Dálmine-Siderca. Las listas, que in-
dicaban números de documento y direcciones, incluían entre otros a varios
trabajadores que resultaron detenidos y/o desaparecidos. Un documento
posterior se refería a Dálmine-Siderca como “la más jaqueada de las em-
presas de la zona, por el accionar de elementos subversivos”.
Más allá de esta serie de evidencias directas en torno a la participación de
Dálmine-Siderca y sus directivos en crímenes de lesa humanidad, existe un
importante corpus de indicios que señalan la cercanía de la empresa con
las fuerzas represivas. Más allá de los secuestros en camino o salida del
trabajo (Cabandié, Brizuela, Rendich, Carlos Rodríguez, Guerrero, Omar
Gómez, Darío Fernández, Martínez, Dos Santos, Bordisso y Torrente), se

327
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

encuentran los secuestros y/o torturas vinculadas a la actividad gremial.


Por un lado, los tres trabajadores secuestrados al salir de la mutual gremial
—Martínez, Ibáñez y García, los dos primeros delegados—; y, por otro, el
caso de los cuatro trabajadores de la empresa secuestrados durante la
misma madrugada (22 de septiembre de 1976). El caso de Barreto tam-
bién debe incluirse en esta secuencia. Su casa fue allanada en numerosas
oportunidades, antes y después del golpe, incluso el día de las elecciones
de delegados en 1974. Barreto contaba entonces a su familia que la em-
presa le ofrecía dinero para dejar su rol gremial, pero que él siempre lo
rechazaba. “Sabemos por parte de mi mamá que mi papá sufría amena-
zas, que lo iban a matar, si no se dejaba de joder con el tema sindical. En
una oportunidad mi mamá le pidió que renunciara a ser delegado porque
tenía miedo de que le pasara algo, a lo cual él no hizo caso”, relata su hi-
jo. (176) En el caso de Carlos María Rodríguez (1977), pocas horas antes de su
secuestro se presentó en la casa un hombre de unos cuarenta y cinco años,
alto, robusto, pelo entrecano, ojos celestes, con una excusa trivial y como
alguien de la fábrica Dálmine. Se trató de una “marcada”. (177)

Respecto de Martínez, Ibáñez y García, resultaban ser, además de dele-


gados, dirigentes de la mutual de Dálmine-Siderca. Cuando fueron se-
cuestrados por primera vez (1977), uno de los represores les aseguró que
los llevaban por ser dirigentes sindicales y para que no hablaran más de
“coparticipación”, que era un beneficio que habían obtenido, como ya se-
ñalamos, antes del golpe. (178) En los interrogatorios se les preguntó por la
actividad sindical y por compañeros con militancia política, como Gómez,
Arias, Luque y Villaverde. En su segundo secuestro (1979) también fueron
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llevados al salir de la mutual. Fueron torturados unas horas en el Tolueno,


donde se les exigió dejar de hacer reclamos gremiales. Les pegaron, les
arrancaron los pelos y fueron arrastrados por el piso. (179)
Lo mencionado recién se conecta a los secuestros de trabajadores vincu-
lados a los conflictos laborales suscitados a finales de 1979. Nos referimos
a las detenciones de Elorriaga y Orlando Gómez, tanto como a la de

(176) Citado en HIJOS Escobar-Campana-Zárate en la Red Nacional y Suteba-Zárate, “Infor-


me Área 400...”, op. cit.
(177) Ibid.
(178) Declaración testimonial de Valentín Ibáñez, op. cit. Judicialmente se toma como des-
prendimiento de los Casos 148 y 296 de la causa 4012, cit.
(179) Ibid.

328
dálmine-siderca

Torrente. En este punto hay que recordar lo analizado sobre la inteligen-


cia organizada por Nicolini. Otros tantos que no aparecen en los listados
de Nicolini, que son víctimas y eran activistas, figuraban en los listados
de inteligencia de la Sipba o DIPBA, cuya información también nos habla
de un colectivo de víctimas cuya identidad central refiere a ser trabajado-
res de Dálmine-Siderca. Respecto de Elorriaga, un informe de la DIPBA
explicaba que había sido despedido de la empresa “por su accionar di-
sociador”, un término propio del lenguaje militar antisubversivo que se
atribuía a la compañía.
Respecto de los secuestros de Gómez, Elorriaga y Torrente, subrayamos su

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
rol en la huelga de octubre de 1979 ya mencionada, y nos adelantamos para
referirnos a la intervención que el Ejército tuvo en dicho episodio como una
política que claramente buscaba disciplinar a los trabajadores. Lo que toda-
vía hoy llama la atención a los protagonistas obreros de aquel conflicto es
la facilidad y rapidez con la que un nutrido y muy bien armado contingente
del Ejército ingresó a la planta, en el momento más caliente de la asamblea.
De aquel momento recuerda Pitter, quien no había asistido a la asamblea
por estar en otro puesto, frenar a dos trabajadores que volvían corriendo,
visiblemente asustados, porque habían llegado los camiones del Ejército.
Durante los días de paro, las reuniones de delegados y activistas se realiza-
ban en los vestuarios y no pocas veces se complicaban los interrogatorios
militares. La presencia del Ejército fue tal que la memoria construida sobre
el episodio sitúa al ya citado mayor Zapata y otros oficiales dirigiendo la
asamblea a punta de bayonetas. Los obreros Ángel Recupero y Luis Alberto
Tavares aseguraron que el conflicto fue durísimo y que durante las asam-
bleas “algunos activistas trataban de hacer equilibrio entre lo que debían
reclamar y el cuidado de la propia vida”. (180) Al parecer, Elorriaga, Torrente y
Orlando Gómez fueron algunos los que pagaron demasiado caro haber to-
mado la iniciativa. Años más tarde, un diario recordaría que “en el año 1979,
la planta fue ocupada virtualmente por el ejército y el representante de los
trabajadores Manuel Torrente fue secuestrado y luego pasó a engrosar la
lista de los desaparecidos”. (181) El mismo diario se explayaba días más tarde:
… por aquel entonces, los obreros efectuaron asambleas para
exigir aumento salarial mientras las tropas del Ejército seguían
las alternativas de la convocatoria a pocos metros del lugar, en el

(180) Majul, Luis, op. cit., p. 232.


(181) La Voz, 10 de abril de 1984.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

interior de la fábrica. Un joven obrero peronista, Manuel Torrente,


enfrentó a la comisión interna que, según voceros de la planta,
“había sido digitada por la patronal” y llamó a los trabajadores a
mantener la lucha salarial. Representantes del sindicato metalúrgi-
co manifestaron en asamblea que quienes estaban en contra de
la realización “de este tipo de actos” debían ponerse a un costa-
do. Días más tarde, Manuel Torrente fue detenido por tropas del
Ejército mientras esperaba junto a sus compañeros un colectivo
para la ciudad de Zárate. Desde entonces el dirigente gremial se
encuentra en condición de detenido-desaparecido. Durante este
último conflicto, las autoridades del sindicato no ofrecieron ningún
tipo de apoyo o respaldo a la lucha —según nuestros informan-
tes— por lo cual los trabajadores tuvieron que reiterar asambleas
por turnos en el lugar del trabajo, para acordar qué caminos seguir
en tal situación. (182)
Todo este cuerpo incriminatorio de pruebas directas e indirectas y de indicios
debería pensarse integrado a un conjunto de prácticas industriales discipli-
nadoras que configuraron una estrategia empresarial hacia los trabajadores
basada en el uso del terror. Este repertorio tenía dos pilares medulares: la
habitualidad de la presencia militar, por un lado, y la permanente vigilancia
y control de la policía interna, la cual, como vimos, estaba directamente co-
nectada tanto a las gerencias como a las fuerzas represivas externas.
Son numerosos los testimonios y documentos que se refieren a la presencia
militar en la fábrica durante la época del golpe. Ya mencionamos los casos
de secuestros bajo esta modalidad y señalamos las visitas que hacían gru-
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pos militares que requisaban casilleros y vestuarios. Los dos días de feriado
que dio la empresa el 24 y 25 de marzo habían permitido una requisa sin ate-
nuantes ni resistencias. Pero luego de ello siguieron produciéndose. Lo que
se remarca en los testimonios es la habitualidad de dicha presencia. Theis
recuerda ello y la vigilancia al interior de los galpones de producción, con
soldados apostados en las plataformas que usaban los gruistas para subirse
a las máquinas, a las cuales se accedía por una escalerilla tipo “pasamanos”:
En principio tomaron la empresa, entraban los milicos, caían en
cualquier momento, hacían requisas, por ahí los veías a la noche
y se veían en las bridas, por donde iban los gruistas, como unas

(182) La Voz, 14 de abril de 1984.

330
dálmine-siderca

pasarelas que había en los costados (…) estaban uniformados,


de verde y con armas. A veces los veías nada más, sobre todo
en los primeros días después del Golpe, venían, requisaban las
taquillas, en presencia de nosotros. (183)
El ex trabajador Bianchi agrega que, con armas largas y vestidos de unifor-
me, en más de una oportunidad las cuadrillas militares ingresaron y revisa-
ron casillas, al mando del mayor Juan Carlos Muñoz. (184) En su declaración
judicial de 1986, el ex comisario Antonio Cruzado, director de la agencia
de seguridad privada que actuaba en Dálmine-Siderca antes y durante
los primeros años del golpe (Oproin, bajo control de Nicolini) y confeso

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
anticomunista, (185) relató:
… el área 400 durante su desempeño en OPROIN durante los
años 75, 76, 77 y a mediados del 78, concurría en diversas oportu-
nidades a la fábrica, debiendo el compareciente acompañarlos al
sector que el jefe del operativo designara, y que generalmente se
trataba de un teniente o capitán. En el sector se llamaba al capataz
del mismo y se solicitaba el listado del personal del mismo y en-
tonces el Jefe del grupo al azar elegía el nombre de una persona,
a efectos de que abriera el cofre y si no estaba se lo hacía abrir. (186)
El objetivo de dicha requisa, comentaba Cruzado, era “detectar publica-
ciones de tipo subversivos”. Elorriaga recuerda en el mismo sentido:
… era llamativa después de 1976 la entrada de los milicos uni-
formados, con los camiones de asalto, adentro de la fábrica, pa-
raban los camiones y después revisaban las taquillas, las hacían
abrir, eso era muy seguido. La fábrica no lo niega, lo que niega
es que de adentro los milicos se los llevaban. Que yo sepa no es
que se los llevaban de adentro, sino que los hacían llamar a la
Portería y de ahí se los llevaban. (187)

(183) Entrevista a Carlos Theis, cit.


(184) Declaración testimonial de Juan Matías Bianchi, 22/06/2004, op. cit. Con esos nombres
y apellido figuran un suboficial mayor del cuerpo de profesionales y un sargento ayudante
del cuerpo de comando, ambos retirados. Remitimos sin embargo también a la misma acla-
ración que en nota al pie nº 72 se refiere al teniente coronel Guillermo Raúl Pascual Muñoz.
(185) Declaración testimonial de José María Parapar, op. cit., quien dijo que Cruzado le decía
que “estas cosas hay que hacerlas para evitar que los comunistas se apoderen del país”.
(186) Declaración testimonial de Antonio Cruzado, 19/11/1986, caso 344, causa 4012, cit.
(187) Entrevista a Carlos Elorriaga, cit.

331
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

La presencia militar, cuando no “preventiva” o vigilante, tomaba la forma


de intervención abierta ante los conflictos. Ello sucedió, como ya mencio-
namos, durante la huelga de 1979, que terminó con el suboficial superior
del Ejército mandando a los obreros a sus casas, amenazándolos con lle-
varlos “detenidos” y con el secuestro inmediato de uno de los principales
activistas, Elorriaga. Las memorias obreras encuentran respaldo en la do-
cumentación del Ministerio de Trabajo, la prensa y la DIPBA. Desde esta
dirección —recordamos— se informaba que la cartera laboral intimaba a
los trabajadores a reiniciar la producción y luego, tras comprobar que no
se había acatado la orden, se informaba que resultaba previsible “la pre-
sentación de la fuerza pública para desalojar a los obreros en conflicto”.
El oficial que comandó dicha incursión era José Aníbal Zapata, entonces
mayor y jefe de la División de Inteligencia del Comando de Institutos Mili-
tares. (188) Tanto Theis, Gómez como Pitter coinciden en que Zapata era una
pieza clave en el aparato represivo que operaba en la fábrica: “Andaba
en ropa de fajina. Un día en una asamblea entró con soldados, dio la or-
den de rodilla en tierra y cuando cargaron las armas, en dos segundos ya
estábamos todos adentro de los galpones”, comenta Theis. (189) Ibáñez se
refirió de forma similar: “Zapata era el que daba las órdenes a los obre-
ros dentro de la fábrica para que fuésemos a trabajar. La fábrica después
del golpe se llenó de militares, algunos de los cuales se habían metido a
trabajar como si fuesen parte del plantel de Dálmine. Zapata estaba de
militar”. (190)

(188) Boletín Reservado del Ejército (BRE) 4583 del 04/12/1974 y BRE 4807 del 31/01/79.
(189) Veiga, Gustavo, “El cuaderno con la lista de militantes políticos”, en Página/12, 28 de
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noviembre de 2011.
(190) Declaración testimonial de Valentín Ibáñez, op. cit. Conviene hacer aquí una mención
respecto del militar Zapata. José Aníbal Zapata era un jefe militar, con grado de mayor en
1979, cuando fue remitido de Tucumán a Campana, donde actuó como jefe de inteligencia
en Campo de Mayo. Su presencia comandando tropas en la fábrica hacia 1979 y su rol como
interrogador en Tolueno es compatible con su itinerario. Sin embargo, algunos testimonios
y algo que se ha instalado como “memoria colectiva” lo sitúan “después del Golpe”. MP
lo identifica como quien lo manda a secuestrar en mayo de 1976 en la puerta de la fábrica.
Ibáñez como quien los interroga en 1977 en Casa de Piedra, vestido de uniforme militar y
con escudos dorados en los hombros. En los informes de Área 400 no figura ningún oficial
de Ejército con este apellido y con capacidad de mando entonces en la zona. Podría bien ser
entonces confundido retrospectivamente con otro oficial en vistas de la imponente presencia
que tuvo el mayor Zapata en 1979 o bien tratarse de un alias. El legajo militar de Zapata lo
ubica de todas formas en Campo de Mayo entre 1973 y 1975, egresado de la Escuela de Sub-
oficiales “Sargento Cabral” en 1974, luego en la Escuela Superior de Guerra en Buenos Aires
con grado de capitán y, finalmente, recién hacia diciembre de 1975 es enviado a Tucumán.
Pasó al Área 400 de Campo de Mayo el 31 de enero de 1979, ya como mayor, para ser jefe de

332
dálmine-siderca

Hay que tener en cuenta que la intervención militar en Campana fue suma-
mente intensa, con numerosos operativos en los barrios obreros y rutas,
que adquirieron cierta cotidianeidad. Los viajes por Ruta 9 o 12 (actual
Ruta 6), solían convertirse en el camino del terror. (191) Chila fue detenido en
esas condiciones y otros autos eran requisados minuciosamente bajo la
mirada de los oficiales y la presencia de soldados apostados en las banqui-
nas. Cuenta Guillermo Betancourt, extrabajador: “A partir del cruce de la
barrera de la avenida Lavalle en Zárate, cuentan compañeros, empezaba
el calvario y los que eran creyentes rezaban porque no sabían que podía
pasar, sobre todo aquellos que tenían una militancia conocida”. (192) Theis
sitúa los operativos sobre la ruta antes del ingreso a la planta: “todos los

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
días te paraban, te hacían bajar, te hacían la requisa, antes de entrar en la
planta, antes de la playa de estacionamiento. Te revisaban, te pregunta-
ban de dónde venías, qué ibas a hacer”. A ello se agregaban los “opera-
tivos rastrillo” en los barrios obreros, según recuerda Amarilla. Rivas Karlic
señala que la casa de sus padres fue allanada en tres oportunidades, en
procedimientos que se hacían por manzanas. (193) José Barreto (h) también
comenta sobre los allanamientos en su casa y un impresionante operativo
militar que les hizo creer entonces que se había armado la guerra. (194)
A esta presencia descubierta, se le sumaba la presencia de “infiltrados”. (195)
Como ya mencionamos, la principal red de inteligencia ilegal en la fábrica
estaba organizada por un alto empleado de la misma vinculado a las fuer-
zas represivas: Nicolini. Este mismo se quejaba, sin embargo, de la exis-
tencia de vigilantes puestos por la fábrica, es decir, fuera de su control. (196)

inteligencia hasta el 2 de mayo de 1980. El 6 de junio de dicho año pasa a revistar en Pasiva.
Entonces, se encontraba preso en la comisaría de Campana por “extorsiones reiteradas”.
(191) Galli, Gregorio y Riedel, Carlos, op. cit.
(192) Ibid.
(193) Entrevista a Néstor Rivas Karlic, op. cit.
(194) Claudia Barreto recuerda: “Un día estaba en el patio de adelante de casa con mi
hermano, y vemos que entraban al barrio muchos camiones con soldados, y no terminaban
nunca de pasar, mi pensamiento fue: ‘se armó la guerra’, corrí a despertar a mi papá, que
estaba durmiendo la siesta, y cuando quisimos acordar estaban por todos lados, muchos
soldados apuntando con armas hacia mi casa, con ametralladoras y armas largas”, en
“Informe Área 400...”, op. cit.
(195) Di Fino, Miguel; Maldonado, Leonardo y Núñez, Ariel, op. cit.
(196) Se leía en un parte de inteligencia de Nicolini: “Preguntar por Correa Forte, operario
lingador (realiza movimientos muy raros) daría la impresión que está puesto por Fca. Como
investigador —se deja la barba, se la afeita, se deja bigote, se lo afeita, muy salidor de
noche y se aleja de lugares de zona Campana, Camina por toda la Fca. observando todo—

333
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Por otra parte, encontramos la inteligencia que hacía la delegación de la


DIPBA, el Ejército u otra fuerza. El mismo entonces secretario general del
sindicato, Ángel Luque, aseguró que existían agentes infiltrados. (197) Carlos
Elorriaga resume el asunto:
Yo me acuerdo que Barreto contaba —reunidos en el Partido—
que entraba gente de civil a trabajar en fábrica como compañe-
ros, pero que era demasiado evidente que eran botones, vigilan-
tes, entonces los identificabas enseguida y ellos mismos no se
calentaban mucho, se ve que les pagarían, por eso se sentaban
en el otro rincón del comedor y ni hablabas, y en la producción
también estaban, pero no hacían un carajo, eran bien ñoquis. Yo
después los vi también, me tocó en Laco I gente de esa. (198)
Según Elorriaga, fue después de comentar esta situación en la reunión
partidaria que sucedió el atropello de José Barreto, entonces miembro
de la Comisión Interna de Siderca. También Bianchi confirmó en una de
sus testimoniales la existencia de hombres de “inteligencia” vestidos
de civil, que se hacían pasar por obreros: “… no estaban vestidos de
militares, pero te dabas cuenta que no eran empleados de la empresa
por diversas circunstancias como por ejemplo la piel de las manos y
del rostro, que no las tenían curtidas, no sabían colocarse los guantes y
otras cuestiones básicas que hacían al quehacer habitual de los opera-
rios de Siderca”. (199)
Esta presencia militar habitual (descubierta o encubierta) se imbricaba
fuertemente con la permanente vigilancia de una policía interna de la fá-
brica. Al hacer referencia al control interno no debemos dejar pasar el
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dato que se repite en otros casos: los jefes de áreas sensibles eran ocu-
pados en tiempos de álgida conflictividad por cuadros directamente co-
nectados con las fuerzas represivas. En Dálmine-Siderca, la gerencia de
Relaciones Laborales en tiempos del golpe estuvo en manos de un “ex
marino”, como le decía Bianchi. Si no marino, el directivo encargado de
las relaciones con la comisión interna y cuerpo de delegados, Federico

Cometarsa, Planta Nueva, tiene 4 o 5 cofres para su uso, en oportunidades bien vestido y
otras veces sucio y desprolijo”, en Documentos de Inteligencia de Roberto Paulino Nicolini,
Allanamiento judicial, op. cit.
(197) Entrevista a Ángel Luque, cit.
(198) Entrevista a Carlos Elorriaga, cit.
(199) Declaración testimonial de Juan Matías Bianchi, 2004, cit.

334
dálmine-siderca

Wenseslao Mauriño, fue miembro de la Policía Federal, a la cual ingresó


en 1955. (200) De él, Bianchi declaró ante los tribunales en 2004 que “era
el que mandaba en relación a la desarticulación gremial que existía en
Siderca”, que en varias oportunidades le ofreció dinero para que deje la
actividad gremial y que le mandaba a distintas personas para tratar de
sacar información.
Ahora sí, la seguridad y vigilancia de la empresa estaba dirigida por el mili-
tar retirado Nicolini, y bajo su dirección funcionaron al menos dos agencias
privadas en distintos momentos. Una, llamada Oproin, dirigida por el ex
comisario Antonio Cruzado, que funcionó entre 1974 y 1978, (201) y la otra,

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
Ocvie, dirigida por él mismo, que funcionó desde 1978 en adelante, con el
subcomisario retirado José Catalino Ramírez en funciones. (202) Nicolini era
el encargado de establecer criterios de seguridad y orden, de seleccionar
al personal y sugerirlo a sus superiores en la compañía, a fin de que fuera
esta quien solicitara y contratara al personal requerido. Hay que aclarar
que con anterioridad a la creación de las agencias de seguridad, Cruzado
revestía como comisario (retirado) “en el Destacamento de la Fábrica Dál-
mine”, dependiente de la comisaría de Campana, pagando la fábrica los
sueldos, uniformes y armas de los agentes allí instalados. Ello se hacía así
en función del reglamento de vigilancia privada y policías particulares exis-
tente hasta 1974 en la provincia de Buenos Aires, año en que se disolvió
dicha figura y entonces “la fábrica Dálmine solicita al declarante que forme
una agencia de investigaciones particulares”. (203) Pero, específicamente,
¿qué rol cumplían estas agencias contratadas por el área de Seguridad?

(200) Listado de efectivos en actividad y retirados de las fuerzas dependientes de su Minis-


terio; Policía Federal Argentina, Gendarmería Nacional y Prefectura Naval Argentina, legajo
de Agente 108.942.
(201) Orden del Día de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, nº 24.885, La Plata,
10/10/1978. Se publicaba la resolución por la cual se autorizaba el cese de activida-
des de la Agencia de Investigaciones Privadas Oproin. De esta resolución —firmada el
30/09/1978— surge que Antonio Cruzado era Comisario Mayor (RA), que la agencia tenía
su sede en el cruce de la Avenida Mitre y la Ruta 12 en Campana (la Ruta 12 es la que
separa a Zárate y sobre la cual está asentada la fábrica y donde se encuentra hoy el club
Villa Dálmine).
(202) Ocvie fue creada por resolución de la jefatura de la policía bonaerense el 27/06/1978,
según consta en el Orden del Día de la Policía de la Provincia de Buenos Aires del 4 de julio
de dicho año. Recién en mayo de 1983, se autorizaría el cese de actividades, aunque funcio-
nó al menos hasta 1987.
(203) Declaración testimonial de Antonio Cruzado, 19/11/1986, caso 344, causa 4012, cit.

335
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Existen numerosas instancias en las que Nicolini describió los servicios que
ofrecía su agencia, que también trabajaba en Cometarsa, Ervo, Química
Estrella, Dyopsa, Impac, entre otras. Nicolini envió cartas a diferentes direc-
tivos de empresas para expandir sus negocios de inteligencia y seguridad,
y en otros casos, ya contratados sus servicios, redactó memos internos en
vistas a proponer mejoras de todo tipo. En una de estas cartas, fechada el 9
de junio de 1977, establecía como obligaciones principales las de “brindar
la seguridad al establecimiento, tratando de evitar evasiones del patrimo-
nio de la Empresa” y “velar por la disciplina del Establecimiento, poniendo
orden (con sumo tacto) en los hechos que se denote falta, informando por
medio de parte a fin de que posteriormente se determine las medidas
necesarias que se tomarán con los responsables”. (204) Luego agregaba que
se encargaría de recorrer el perímetro del establecimiento, de hacer los
toques de sirena de turnos y descansos, de registrar “todo movimiento
de entrada y salida”, de atender a las personas que lleguen a la fábrica
por cualquier motivo, de asentar remitos y mercaderías, y de “conversar
(adecuadamente) con el personal a fin de enterarse de anormalidades o
posibles reacciones contra la empresa”. Se asumía que tendrían puestos
fijos en la portería y que tendrían acceso a todos los espacios del predio,
incluidas oficinas de gerencia y depósitos. Los fines legítimos se evapo-
raban en algunos de los ítems donde predominaba una terminología di-
fusa y permeable a las interpretaciones arbitrarias, como la de “faltas” o
“anormalidades”. En otros documentos, ofrecía el “servicio de informes
Preocupacionales - Reservado - Confidencial” o “la más amplia gama de
investigaciones”, y también un “informe Ambiental (Domiciliario, policial,
Político-Gremial)” tanto para la zona de Zárate-Campana como fuera de
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esta, lo que conllevaba costos mayores. (205)


Lo que llama la atención es otro de los rubros que preocupaba al área
controlada por Nicolini. En nota del 7 de agosto de 1976, para el caso de
la planta Pilotos Trevi, donde también era jefe de Seguridad, escribía:
… también se nota una acumulación de horas extras por parte
del personal que considero son innecesarias debido a que no
realizan tareas de ninguna naturaleza, algunos están cambiados

(204) Documentos de Inteligencia de Roberto Paulino Nicolini, Allanamiento judicial, cit.


(205) Nicolini se dirigió a directivos de empresas como ATA SA, Supermercado Álvarez y Cía.,
Proar SC, Sasetru, Frigorífico Martín Fierro, Centro Comercial de Campana o Siemens, entre
muchas otras.

336
dálmine-siderca

para retirarse con más de 45’ de antelación. Esto también va


para el sector de electricidad (…) y sí pude apreciar que aparen-
temente realizaban circuitos para armar aparatos eléctricos que
no tienen que ver con el establecimiento.

Meses más tarde, al hacer un balance de las tareas de Seguridad en esta


planta, Nicolini acentuaba su preocupación por las cuestiones disciplina-
rias. Se quejaba de la falta de control en la portería, del descuido de los
obreros respecto de los materiales y equipos, de la falta de sanciones por
estos descuidos y sugería: “que el personal de Vigilancia se deba dirigir
únicamente al Director de la Planta” y “que toda la planta se someta al con-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
trol individual que indica la gerencia”, a fin de lograr, entre otras cuestio-
nes: “un estricto control de todo lo que entre o salga del Establecimiento”,
“seguridad con respecto a la persona y familia”, “ejemplo y disciplina para
una empresa de nuestra envergadura” y “seguridad de que no se evadirá
ningún patrimonio con absoluta facilidad del establecimiento”.

Estas prescripciones permiten observar —habida cuenta de la amplia


gama de servicios ofrecidos— la centralidad de agencias de este tipo en
la estrategia disciplinante de la empresa. El lenguaje utilizado desde estas
instituciones privadas vinculadas a las fuerzas represivas esclarece aún más
la perfecta consubstanciación de intereses entre la empresa que contra-
taba dichos servicios y la política criminal del terrorismo de Estado. Ya lo
vimos a Nicolini alertando a la gerencia sobre el “regreso” de la “guerrilla
fabril” en 1986. Ahora, adaptando un folleto de la agencia Radar Servicios
de Seguridad e Información, explicaba las tareas que ofrecía a las empre-
sas:

Nuestras Unidades de Seguridad/Vigilancia poseen un gran


poder “ofensivo” (pensado y calculado en términos actuales),
ya que es conocido que: Se debe empeñar frente al “eventual
oponente”, un poder superior, a fin de Neutralizarlo (…) En el
campo de Acción Psicológica, y hasta la fecha, nuestras Unida-
des de Seguridad han demostrado —allí donde se las empeñó—
un éxito indiscutible, ya que sin llegar a los problemas (acción
directa/represión), su sola presencia, uniformes, equipos, móvi-
les, y su Elemento Humano (Factor Nº 1), han logrado actuar y
actúan como elemento de “Disuasión”. En otro orden (…) he-
mos logrado cortar definitivamente hechos delictivos de aden-
tro hacia afuera y viceversa.

337
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

El lenguaje es sumamente elocuente. “Neutralizar”, “cortar definitivamen-


te”, “disuasión”, iban seguidos de “adoptar mediante los medios disponi-
bles las previsiones necesarias para evitar o reprimir posibles desórdenes
dentro del área custodiada o actos de inconducta individual o colectiva”.
La discrecionalidad del asunto queda aún más en evidencia cuando se
apunta sobre la necesidad de adoptar “prevenciones varias [y] otras misio-
nes que convengan asignar de acuerdo a las necesidades que surjan o se
notaren”. A ello hay que agregar la radical fe anticomunista profesada por
Nicolini, que surge de algunas cartas intercambiadas hacia 1977, donde
se hacía mención a la “falta de libertad” existente en la URSS, comparada
con “esta maravillosa libertad que aquí tenemos” (206) y donde un amigo
que le recomendaba a Nicolini un candidato para trabajar en seguridad,
le aseguraba sobre el mismo: “Es hombre absolutamente anticomunista y
de absoluta confianza a las ideas tuyas y mías”.
Montada sobre esta trama represiva y temeraria, la empresa se predispuso
recuperar un control total sobre la producción y avanzar en las transformacio-
nes de los procesos productivos, que implicaban la instalación de una nueva
y moderna planta de laminado y la nueva gestión de una mano de obra
acorde a las necesidades de la dirección. En este sentido debemos situar los
despidos selectivos, la eliminación del personal conflictivo, las causas y san-
ciones internas ilegales de carácter intimidatorio, tanto como el reordena-
miento del activismo gremial interno. ¿Acaso los procedimientos policiales
internos, la citación de trabajadores y emulación de prácticas policiales al
interior de los espacios específicos de control y seguridad en la empresa,
todos organizados por el jefe de Seguridad, no constituían una política
disciplinante vinculada directamente al terrorismo de Estado? ¿Qué efectos
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esperaban conseguir los directivos con la reiterada presencia militar al


interior de los galpones productivos y, aún más, con las constantes requisas,
detenciones y secuestros producidos al interior mismo de la empresa?
El terror vivido y la desconfianza hacia la empresa queda ejemplarizado
en la paradójica situación vivida por el obrero Casalone, que se “guardó”
alrededor de quince días en el predio industrial, por la inseguridad que
representaba para él el exterior, pero también sin que lo advirtieran los
jefes. (207) Theis mismo cuenta que una vez caído el golpe, su supervisor, de
apellido Russo, “un tipo bastante macanudo” y que tenía militancia en el

(206) Documentos de Inteligencia de Roberto Paulino Nicolini, Allanamiento judicial, cit.


(207) Entrevista a Carlos Theis, cit.

338
dálmine-siderca

peronismo, les sugirió que borraran las pintadas hechas en la campaña


electoral finalmente abortada el 24 de marzo, pues iban a entrar los milicos.
Más allá de la útil recomendación, las circunstancias llevaban a “limpiar”
el interior productivo de cualquier actividad política y gremial. El terror
recorría como un espectro cada rincón de la fábrica y se corporizaba en
las amenazas y advertencias de jefes y demás jerárquicos. Rodolfo Ama-
rilla encontró no solo la evasiva de los directivos cuando consultó por la
situación de su hermano José Ramón, sino que fue amenazado e instado
a dejar de preguntar. “Agradecé que estás vivo y dejáte de hinchar las
pelotas”, le respondió uno de los jefes en un asado de jueves por la no-
che en el Club Dálmine cuando se acercó en busca de respuestas. (208) El

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
mismo Amarilla relata que en ocasión de la desaparición de Ingenieros,
un compañero que presenció el hecho buscaba ingresar a la fábrica para
advertir la situación, pero un jefe lo amenazó e instó a quedarse calla-
do. (209) Esta práctica empresarial temeraria que se esparcía casi imperso-
nalmente de arriba hacia abajo en el establecimiento era complementada
por la práctica policial de la seguridad interna. Con motivo de supuestos
faltantes de máquinas y equipos, desde un cepillo como vimos en el caso
de Robles, hasta una máquina de mano o materiales industriales, el área
de Seguridad efectuaba requisas, procedía con “detenciones” y organi-
zaba interrogatorios ilegales revestidos de formalidad que se realizaban
en las oficinas de vigilancia ante “funcionarios actuantes”. Estos proce-
dimientos, que estaban a cargo de Nicolini y del encargado de Portería,
Adalberto Padula, podían terminar con una suspensión, el despido o la
remisión a la comisaría de Campana y tenían un efecto auto-incriminato-
rio entre los trabajadores.
Paralelo a ello, la empresa procedió a deshacerse del personal indesea-
ble. Las detenciones, secuestros y desapariciones fueron seguidos, así, de
envíos de telegramas de despido y cesación de actividades. A Rodolfo
Bengardi, quien no fue desaparecido, la renuncia le fue llevada por un
familiar a la cárcel. Gabino Bedia, por su parte, se entrevistó con un jefe
de Personal, José Sartor, quien desoyó el pedido de que no se le enviara
el telegrama de despido a su hermano Alberto. Asimismo, mientras la em-
presa rechazaba una resolución ministerial que prorrogaba los mandatos
de delegados electos en 1974, despedía a Bianchi alegando ausentismo,

(208) Entrevista a Rodolfo Amarilla, realizada por Victoria Basualdo, cit.


(209) Ibid.

339
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

cuando durante un mes entero había estado desaparecido. (210) El telegra-


ma de despido también fue recibido en las casas de Agnolli, tres días des-
pués de su secuestro, y de José Ramón Amarilla. Particulares fueron los
casos de Luisa Brutti y de MP. Respecto de la primera, cuando Eduardo Pit-
ter preguntó por qué si ella estaba detenida su tarjeta laboral seguía en el
fichero de entrada, la empresa simplemente retiró la tarjeta. (211) En el caso
de MP, durante su cautiverio de tres días recibió telegramas de intimación
por sus ausencias. Cuando se retiró varios años después, en su legajo per-
sonal figuraba una “asistencia perfecta”. Mario había sido secuestrado en
la puerta de la fábrica y revisado por los médicos de la compañía antes de
ser remitido al hospital, al cual nunca llegó. (212)
Los despidos de personal indeseado, la eliminación del activismo, fue-
ron acompañados por un reordenamiento de la actividad gremial interna.
El activismo obrero en la fábrica fue, como vimos, duramente golpeado
por la represión, bajo modalidades completamente distintas y en tiem-
pos completamente dispares. Llegado el golpe se produjo la retracción
inmediata de las funciones gremiales legales al interior de la planta. El
mandato del cuerpo de delegados y de la Comisión Interna elegidos en
marzo de 1974 vencía en abril de 1976. En las semanas previas al golpe ya
estaban planteadas las nuevas candidaturas y los obreros venían creando
el nuevo clima electoral. Quienes habían comenzado a ganar un terreno
antes esquivo eran los obreros con militancia en el Partido Comunista.
Recordemos que muchos activistas del PRT-ERP en la Lista Naranja ha-
bían sido ya secuestrados. Aquellas elecciones nunca se realizaron, pero
la representación gremial no desapareció por completo. Adecuándose a
las directivas del Ejército de “erradicar los subversivos”, para apelar a los
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dirigentes gremiales “leales” se recompuso pronto una Comisión Interna


designada “a dedo”. (213) Comenta Theis:
Después del Golpe, estaba la comisión interna, pero no fun-
cionaban los delegados del todo. La mayoría no se animaba y

(210) En otra declaración, en 2004, por la “Causa Ingenieros”, Bianchi dirá que dejó de tra-
bajar en la empresa el 07/10/1978, cit.
(211) Entrevista a Eduardo Pitter, cit.
(212) Conversación con MP, cit.
(213) Theis recuerda a Isidoro Medina, antiguo delegado del sector de Almacenamiento de
Acero (Alma), Federico Telatitsky, antiguo delegado del sector de Grúas y Jorge Medina,
antiguo delegado del sector de Colada Continua. Entrevista a Theis, cit. Según Elorriaga, la
comisión era elegida por la dirección de Relaciones Laborales.

340
dálmine-siderca

estaban con mandato vencido. La Comisión Interna que era, se


elegía por el Congreso de Delegados, primero los delegados y
después se hacía un congreso y se elegía, en el sindicato. Pero
en el Golpe, esa Comisión Interna no me acuerdo cómo se eli-
gió. Después del Golpe, Medina, Isidoro y Jorge, creo, y Talatet-
sky. Mucho no tenían función, porque no podías protestar, más
que nada hacían cosas administrativas, al que no le pagaron un
par de horas, reclamaban por eso, nada muy groso, o si había un
problema en un sector, podían ir a hablar con el jefe, más allá
de eso no. (214)

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
Esta reorganización gremial también se produjo en el gremio local, luego
de la renuncia en 1977 del histórico secretario Luque. Asumió un hom-
bre de su riñón, Domingo Riedel, quien hacia 1979 era secundado por
Ramón Villanueva como secretario adjunto; José María Fernández, como
secretario administrativo; Omar González, como tesorero; Ramón Roldán,
como pro-tesorero; Ramón Paredes, como secretario de Asistencia Social
y Pedro Barbosa, como secretario de Actas y Correspondencia. Contras-
tando con estas designaciones, Bianchi insistió en defender su rol gremial,
aunque fuera para retener fueros y ganar argumentos en la demanda la-
boral que inició entonces, pero fue secuestrado y luego despedido por
supuestos “incumplimientos”. (215) Tras ser liberado, en noviembre, buscó

(214) Entrevista a Carlos Theis, cit.


(215) Bianchi exigía indemnización por antigüedad y accesorios, por despido injustificado,
resarcimientos y aguinaldo sobre estabilidad, todo ello con el agravante, indicaba, de que
mantenía funciones gremiales. El juicio se desarrolló entre 1981 y 1982. La jueza en primera
instancia falló a su favor, pero luego el fallo fue revisado y en la Corte Suprema el triunfo
correspondió a la empresa. Durante el juicio, testimoniaron directivos del sindicato como
Riedel, Jorge Medina, Molina y Marino, quienes advirtieron que Bianchi había avisado a la
empresa los motivos de la ausencia, lo que permitió a la jueza sentenciar que los anteceden-
tes invocados por la empresa “no fueron graves ni revistieron entidad como para justificar el
despido”. Cuando Bianchi debió demostrar que ejercía las funciones de delegado, enseñó
que en abril de 1978 la seccional de la UOM solicitó al sindicato nacional las prórrogas de
los mandatos de delegados, entre los que se encontraba Bianchi, y el interventor se dirigió
al delegado en Zárate del Ministerio de Trabajo, logrando que por resolución 364/79 fuera
aprobada la solicitud. El decreto 9 del 24 de marzo y la ley 21.356 no habían anulado los “de-
rechos reconocidos”, según la interpretación de la querella. El abogado de Bianchi citaba
distinta jurisprudencia producida en esos años de dictadura en este sentido: la ley 21.356
legalizaba la continuidad de los derechos arrastrados, con excepción de los intervenidos o
renunciantes. Ver “Contesta expresión de agravios”, 04/08/1982, en JNac. Trab. N° 15, “Bian-
chi Juan Matías c/Dálmine-Siderca SAIC, s/ despido”. Bianchi cambió de abogado defensor
de primera a segunda instancia; y “Actora recurre en queja por denegación de recurso ex-
traordinario. Excma. Corte Suprema”, Expediente 55.592 en Sala IV de la Cámara Nacional
de Apelaciones del Trabajo, Documentación incorporada en caso 90, causa 4012, cit. En el

341
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

trabajo, sin éxito alguno. Entonces, una directiva del Ejército establecía
llevar un registro zonal de las personas separadas de las empresas por
antecedentes subversivos, contando para ello con la información brindada
por las mismas compañías. La empresa desconoció en todo momento las
gestiones realizadas por la UOM nacional intervenida y las resoluciones
ministeriales de la delegación de Zárate respecto de respetar la prórroga
del mandato de Bianchi.
Si, por un lado, tenemos a Bianchi y a otros delegados y obreros militantes
detenidos y/o desaparecidos, y por el otro, una comisión interna que con-
formaba a la empresa y a la dictadura, un caso intermedio se presentó con
Carlos Elorriaga. Ingresado como tornero en 1975, Elorriaga fue asignado
a la nueva y moderna planta de laminado Laco I. Su buena llegada a los
nuevos y jóvenes trabajadores le permitieron en pocos años transformarse
en la cara visible del conflicto. Recibía junto a un grupo de cuatro o cinco
compañeros los reclamos y buscaban la manera de resolverlos. Así, pronto
fue identificado por la empresa como alguien que podía contener los nu-
merosos descontentos y tensiones que se generaban en la nueva planta
producto de las imperfecciones técnicas en un contexto de expansión.
Recuerda Elorriaga:
Un día me llaman de relaciones laborales, estaban Moñi y Mauri-
ño y un tercero; me llaman y me dicen: “la empresa te ha estado
observando y tiene muchos quilombos en Laco y vio en vos un
tipo que podría canalizar todos los problemas y discutirlo con
vos” (…) Hablé con gente del partido y me dicen que agarre y [la
empresa] me manda un papel impreso firmado por el gerente o
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no se quien, para que lo tenga como documento con los jefes,


porque en esa época no se puede elegir delegado. Decía coor-
dinador para problemas que se plantee en el sector de laco I. (216)
Sin embargo, al poco de andar, Elorriaga, obrero comunista, se encontró
al frente de la primera protesta colectiva sucedida en años. El asunto es
que poco tiempo después sería echado por la empresa, con una causa
interna armada por supuesta agresión verbal a dos jefes, José Chiesa y

fallo de primera instancia dictado el 23/06/1982, la jueza sentenciante hizo lugar total a la
demanda. Pero la Sala IV revocó parcialmente la sentencia, dejando sin efecto la condena
por el período de estabilidad sindical.
(216) Entrevista a Carlos Elorriaga, cit. En su declaración testimonial ante el Juzgado Federal
de San Martín, el 02/07/2014, menciona la palabra “enlace”, causa 4012, cit.

342
dálmine-siderca

Emilio Cerri. Cuando lo fue a ver a este último a su casa, le explicó que su
superior, Bretti, jefe de todo Mantenimiento, les había intimado a firmar la
denuncia o ellos mismos serían echados. No era la primera vez que sintió
que le habían intentado hacer “pisar el palito”. Entonces, cuando ya de
todos los sectores acudían a él para resolver problemas, en más de una
oportunidad sintió que supuestos compañeros y jefes buscaban llevarlo a
peleas artificiales. Su última discusión fue sin embargo verdadera, según
él, por varios trabajos que la empresa estaba enviando a talleres exter-
nos y que, según Elorriaga, se podían hacer y mejor en los talleres de la
empresa. En el legajo por su expulsión de los supermercados “Norte”,
en 1985, se indicaba que en 1979 Elorriaga había sido despedido de la

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
empresa Dálmine-Siderca “por su accionar disociador”. Dicen que era un
hombre del PC, con fluidos contactos con otros cuadros de distintas orga-
nizaciones subversivas de izquierda que funcionaban en el establecimien-
to. Se indicaba también que ya en 1978 era cuadro dirigente del frente
gremial y en 1979 cofundador del Movimiento Obrero Unificado, como
frente gremial que agrupa a distintas expresiones de izquierda, nacido en
la empresa, en busca de extenderse a otras zonas. (217)
No resulta oportuno explayarse extensamente sobre el resurgir de la acti-
vidad gremial en la empresa en los últimos años de la dictadura y los inicios
de la transición democrática. Solo conviene señalar que la organización
obrera no fue quebrada, como lo enseña la difusión en el establecimiento
hacia mayo de 1981 del periódico filocomunista El Tubo. (218) Como señala-
mos también, el servicio de inteligencia montado por Nicolini se mantuvo
sumamente preocupado por el activismo que no había desaparecido de
la fábrica, fundamentalmente porque emergía la organización a nivel zonal
con el MOU y porque la conducción sindical metalúrgica era “considerada
como inoperante y comprometida, lo que ha redundado en un evidente
desprestigio a nivel de bases”, lo que hacía “peligrar el equilibrio ideo-
lógico gremial” en la zona. (219) A partir de 1982 se reconstituirían las listas
Rosa, Azul y Naranja, y surgirían nuevas alianzas en el mapa sindical.
¿Bajo qué circunstancias o cuáles motivos impulsarían el resurgir obrero?
Varias razones pueden mencionarse, como la eliminación de premios a la

(217) Archivo DIPBA, mesa B, Jurisdicción Campana, legajo “Supermercados Norte”, 05/10/1985.
(218) Archivo DIPBA, mesa DS, legajo 17.365, mayo de 1981.
(219) Archivo DIPBA, mesa B, carpeta 124, legajo 64, “Situación interna de la UOM-Campa-
na”, 1980.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

producción, como comenta Amarilla, o la compensación de las seis horas


de trabajo por razones de insalubridad a través de la “colaboración” de
las horas extras con salarios retrasados por la dictadura; sin contar la elimi-
nación del reconocimiento de insalubridad para algunas tareas. Respecto
del premio que recordó Amarilla, bien podría tratarse de la “coparticipa-
ción” que, según el testimonio de Ibáñez, se habría firmado en marzo de
1976, antes del golpe, y que según comenta fue retirada de forma unila-
teral luego de un año. (220) Hay que mencionar también la creación de la fi-
gura de oficios múltiples y la multiplicidad de tareas. Fue entonces que se
requirió a los obreros conocer dos oficios. El tornero, por ejemplo, debería
ser también soldador o mecánico hidráulico y el bobinador como Rivas ya
no iba a encargarse solamente de reparar motores. Esta figura se expan-
dió rápidamente hasta que el conflicto por la “multiplicidad de tareas” se
ubicó en el centro de las disputas entre el capital y el trabajo en los años
80 y 90. La situación conllevaría la brutal reducción de la plantilla de fuerza
de trabajo. Recuerda Elorriaga
Yo cuando entro surge lo del oficial múltiple, después viene la
multiplicidad de tareas, ya no estaba, entonces se pudrió más,
peor todavía, después del 80. Pero el oficial múltiple sí es cuan-
do yo estoy. Una profunda discusión que tuvimos con Relacio-
nes Laborales y la empresa. El oficial múltiple tenía que conocer
mínimo dos oficios, pero claro, desaparecía uno. Como el tema
de las horas extras. Es un problema de conciencia. Hubo des-
pidos. No en Laco I, pero especialmente en la planta vieja, en
Mantenimiento. Porque el soldador era cañista y le metían dos
o tres oficios a la vez. (221)
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La estrategia basada en el terror encuentra fundamento en las grandes


transformaciones que buscaba implementar la compañía respecto de los
métodos de trabajo y de la ampliación de la producción, lo que conlleva-
ba en el corto tiempo una considerable reducción del plantel obrero. En
efecto, considerando el aumento en casi 1.000 trabajadores producto de
la obra y puesta en funcionamiento de la planta de Laco I, sobrevino luego
de 1978 una repulsión abrupta de mano de obra. No debemos desestimar
el efecto represivo que también podía adquirir —ante el contexto antisin-
dical— el rumor de las selecciones de personal a raíz del posible cierre de

(220) Declaración testimonial de Valentín Ibáñez, cit.


(221) Entrevista a Carlos Elorriaga, cit.

344
dálmine-siderca

Somisa, como advertía una fuente de inteligencia policial (hecho que se


produjo parcialmente con su privatización a manos de Techint en 1992). Los
datos claves en este sentido provienen de las estadísticas. Si entre 1974 y
1978, Dálmine-Siderca duplicó su plantel obrero, pasando de 2300 a 4000
trabajadores empleados, terminadas y puestas en funcionamiento las nue-
vas plantas productivas e impuestas las nuevas condiciones, el número de
obreros se redujo de forma constante de 4000 a 3500 ya en 1979, pasando
a ser 3100 al terminar la dictadura y 2100 en 1992. Entonces, con la misma
cantidad de obreros que en 1970, dos décadas atrás, la empresa producía
500.000 toneladas más de tubos sin costura, con una productividad que se
había más que triplicado, saltando de un índice de 4,46 puntos a 15,46. (222)

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
En efecto, los problemas referidos a salud y seguridad, flexibilización en
las tareas, falta de representación gremial, bajos salarios, entre otros, im-
pulsaron la protesta obrera en los primeros años democráticos. Entonces
se comentaba en la prensa que “la mayoría de las agrupaciones reivindi-
can a sus compañeros detenidos-desaparecidos durante los años de la
represión ilegal y que solamente en Dálmine Siderca suman alrededor de
trescientos”. (223) Uno de los reclamos que surgirían sería el de recuperar
las seis horas por trabajos insalubres. (224) También habría conflictos por los
accidentes fatales en la planta. Uno de ellos se produjo en marzo de 1984,
tras fallecer Carlos Varela y Alfredo Rodríguez. Desde el gremio de los su-
pervisores, Asimra, se decía: “… los problemas son más profundos sobre
todo en lo inherente a cuestiones de seguridad, ya que no están dadas las
mínimas cuestiones de seguridad”. Crónica informaba que continuaba la
huelga de 5.000 trabajadores, con un cese total de actividades, a la espera
de un pronunciamiento del Ministerio de Trabajo sobre las condiciones en

(222) Kornblihtt, Juan, “¿Una excepción a la regla? Siderurgia competitiva en un país agrario,
las bases históricas de la expansión internacional de Siderca desde Argentina (1954-1989)”,
en CLADHE II / AMHE IV, 3 a 5 de febrero de 2010, Centro Cultural Universitario Tlatelolco,
México. En términos del sector siderúrgico, en 1975, 47.102 trabajadores, pero en 1981 los
puestos eran 33.392: “este incremento en la expulsión de los trabajadores y en la produc-
tividad física de la fuerza de trabajo en el sector siderúrgico se halla en consonancia con
lo evidenciado por el conjunto de la industria manufacturera argentina”, en Aspiazu, Daniel
y Schorr, Martín, Hecho en Argentina. Industria y Economía, 1976-2007, Bs. As., Siglo XXI,
2010, citados por Lucas Iramain, “Los ‘ganadores’ de un sector en crisis. El desempeño eco-
nómico de las grandes empresas siderúrgicas, Argentina (1976-1981)”, en H-Industria, año 7,
nº 12, primer semestre de 2013, p. 13.
(223) La Voz, 14/04/1984.
(224) Archivo DIPBA, mesa B, Jurisdicción Campana, carpeta 21, legajo 21, “Filial UOM Cam-
pana”, 23/02/1984 y “Fabril-Gremial”, 06/04/1984.

345
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

que se cumplían las tareas, especialmente en los altos hornos y exigían


la “reimplantación de normas de seguridad contenidas en el convenio
laboral y que fueran abolidas por el gobierno militar”. (225) Tres marchas
silenciosas llegaron entonces hasta el centro de la ciudad “para repudiar
la falta de medida de seguridad”. Denunciaban el estado de grúas con
cables pelados, hornos sin válvulas de escape y trajes antiflamas de baja
calidad, entre otras deficiencias. (226)
Nuevos y fuertes conflictos se produjeron en 1985, en 1988, en 1989 y en
1992, pero ya en un sentido defensivo y cada vez más desfavorable. En-
tonces, Dálmine-Siderca, junto con otras empresas privadas, había sido
una de las compañías que lograron consolidarse y/o expandirse a nivel
global (227) en los años dictatoriales, apoyándose en lo que ha sido denomi-
nado como la “gestión liberal-corporativa” del régimen cívico-militar, pese
a la crisis mundial de la siderurgia y al contexto recesivo de la economía
y de la industria argentinas. (228) Techint formaba ya parte de una fracción
del capital concentrado interno que hizo un fenomenal aprovechamiento
del ámbito privilegiado de acumulación del capital y que había logrado
convertirse en una de las pocas grandes empresas integradas totalmente
en la reducción de mineral de hierro, producción de acero y fabricación de
laminados. (229)

(225) Crónica, 10/04/1984.


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(226) La Voz, 10 de abril de 1984.


(227) Alejandro Artopoulos considera el año 1976 como el origen de la historia contemporá-
nea de Dálmine-Siderca, transformada por Techint en una de las empresas protagonistas del
actual holding Tenaris: “La construcción de TENARIS fue un proceso de transformación pro-
funda de una industria “madura” y tradicional, un proceso de 25 años de elevación continua
de la competitividad y de la productividad. En 1976, inicio de su transformación, exportaba
tan solo el 11% de tubos sin costura. En 1988 pasó al 61% y llegó al 83% en 1993, momento
en que inicia la extensión de la red global de producción”, en Artopoulos, Alejandro, “Caso
Tenaris: una corporación global desde el sur”, Documentos de Trabajo del Departamento de
Administración, Universidad de San Andrés, septiembre de 2011, p. 8
(228) Pucciarelli, Alfredo, “La patria contratista. El nuevo discurso liberal de la dictadura militar
encubre una vieja práctica corporativa”, en Alfredo Pucciarelli (coord.), Empresarios, tecnócra-
tas y militares. La trama corporativa de la última dictadura, Bs. As., Siglo XXI, citado por Lucas
Iramain, op. cit.
(229) Schvarzer, Jorge, “Empresas públicas y desarrollo industrial en Argentina”, Economía
de América Latina, número especial, junio de 1979, México.

346
astilleros astarsa y mestrina

Astilleros Astarsa
y Mestrina (1)

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
1. Introducción
Astarsa y Mestrina eran los dos más grandes astilleros existentes hacia
mediados de los años setenta en la zona norte del conurbano bonaeren-
se. (2) En sus talleres se fabricaban grandes, medianas y pequeñas embar-
caciones además de, en el caso de Astarsa, contar con una especializada
sección metalúrgica con producciones para actividades no navieras. Los
miles de obreros navales que trabajaban allí y en otros astilleros de menor
tamaño, se organizaban en el Sindicato de Obreros de la Industria Naval
(SOIN), fundado a comienzos del primer gobierno peronista. Controlado
desde entonces por sectores del peronismo ortodoxo, hacia comienzos
de 1970 emergieron fisuras internas y cuestionamientos externos, organi-
zándose una oposición radicalizada cuyas definiciones verían converger al
marxismo con el peronismo combativo.
Los trabajadores de Astarsa y Mestrina protagonizaron en aquel entonces
unos de los capítulos más conflictivos, con tomas de fábricas y convergencia
de reclamos obreros y organización armada. Con el terrorismo de Estado, al
menos cincuenta y uno de ellos sufrieron la represión empresarial-estatal.

(1) Para la elaboración y corrección de este informe, fueron consultados o colaboraron de


distinta forma: Federico Lorenz, Pablo Llonto y Rufina Gastón. A todos ellos, agradecemos
sus valiosos aportes.
(2) Si bien el proceso histórico no admitiría escisiones al hablar de astilleros de la zona norte
del conurbano bonaerense, por razones de extensión de análisis, este informe se centrará
en lo ocurrido en los astilleros más grandes, Astarsa y Mestrina. No obstante ello, no deja-
mos de mencionar a los trabajadores víctimas de otros astilleros como Sánchez, Pagliattini,
Acquamarine, Forte, Riomar y Cadenazzi. Aunque cada caso es particular, mencionaremos a
pie de página cuando dueños y directivos de estos astilleros comparten patrones de respon-
sabilidad civil en el terrorismo de Estado.

347
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Algunos fueron secuestrados o se los intentó secuestrar al menos en dos


oportunidades. La mayoría eran trabajadores activos en las empresas o se
habían retirado poco tiempo antes escapando de la represión, mientras
que otros eran familiares. En total hay 10 asesinados, 21 desaparecidos y
20 liberados. En gran cantidad de los casos puede probarse la responsa-
bilidad empresarial.
El principal elemento de prueba surge de las detenciones en las fábricas
en diversos operativos realizados (tanto en Mestrina como en Astarsa),
incluso en presencia de directivos. En paralelo, surgen con ello numero-
sas evidencias y de distinto tipo (documental y testimonial) del aporte de
listados con rol y domicilio de los activistas: muchos fueron llevados de
las fábricas y otros de las casas. Los empresarios —caso Astarsa— hacen
explícita esta colaboración. Surgen con ello evidencias de amenazas de
directivos y posteriores detenciones por conflictos puntuales. Numerosos
testimonios ponen de relieve las conexiones con militares. Asimismo, el
cambio de personal directivo en los años previos al golpe, la participación
de agencias de seguridad privada cuyas autoridades máximas eran altos
oficiales militares, y la embestida empresarial en términos de despidos y
pérdida de derechos laborales —incluido horarios y régimen de salubri-
dad, principalmente— hacen a una clara responsabilidad. También se con-
signan amenazas realizadas por parte de directivos con participación de
las fuerzas de seguridad, así como situaciones explícitas de colaboración
empresarial. En todo momento, los empresarios aparecen como fuente
privilegiada de información para las fuerzas represivas.
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2. Proceso productivo
En los años setenta del siglo pasado, en la zona norte del Gran Buenos Aires
existían más de 50 astilleros y varaderos para la construcción y reparación de
embarcaciones de distinto tamaño y función. Algunos se dedicaban no solo
a las tareas navales, sino también a las metalúrgicas. Astilleros Río de la Plata
Sociedad Anónima (Astarsa) y Astilleros Mestrina encabezaban, en función
de su importancia, aquel listado que contaba —entre otros— con astilleros
como Duprat, Sánchez, Riomar, Náutica, Cadenazzi, Ortholan, Forte, Casca-
si, Pagliettini y Acquamarine. En los años setenta, estos astilleros serían el
escenario de una intensa lucha entre trabajadores navales y empresas.
Astarsa era uno de los astilleros más antiguos. Fundado en 1927 como So-
ciedad Colectiva Hansen y Puccini, 15 años más tarde se había convertido

348
astilleros astarsa y mestrina

en sociedad anónima y bajo el nombre de Astilleros Argentinos Río de


la Plata, siendo sus principales accionistas —hasta los años setenta— la
Sociedad Importadora y Exportadora de la Patagonia de la tradicional fa-
milia Braun Menéndez (aquellos de la masacre patagónica) y la Ferretería
Francesa Estrabou y Cía.
Cuando se produjo el golpe de Estado en marzo de 1976, el directorio
de la empresa estaba presidido por Raúl Francisco Aleman, siendo sus
vicepresidentes Eduardo Braun Cantilo y Francisco Ramos Mejía. Armando
Braun Menéndez, Eduardo Bidan, Oscar Braun Menéndez y Marcel Cap-
devielle completaban ese staff jerárquico, al que pocos años más tarde,

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
aún durante la dictadura, se integrarían Alfredo Olachea, Arturo Santillán,
Alfredo Manuel Egusquiza y Tulio Giabanni. Entre sus principales direc-
tivos de planta, antes y después del golpe de Estado, figuraban Daniel
Lacoa, Carlos Collongues, Antonio Bertolucci, Disarli y Hugo Mario De-
lucca (relaciones industriales y/o laborales), Santiago Braun (producción
naval), Carlos Colombres, Rogelio Mauricio Claude (3) y Antonio Nadin (per-
sonal), por mencionar solo algunos.
Su enorme planta fabril, que contaba con dos grandes talleres, uno me-
talúrgico y otro naval, se encontraba en Tigre, en la calle Solís y el Río
Luján, y empleaba a unos 1500 operarios (tanto metalúrgicos como na-
vales), transformándose en uno de los astilleros más grandes del país.
Gran parte de sus servicios eran destinados a la actividad militar, tanto
en el rubro marítimo como terrestre, al ofrecer producción para sectores
claves de la infraestructura, comunicaciones fluviales y terrestres, el agro
y la defensa.
Aunque de mucho menor tamaño y capacidad de producción, y también
más joven, los astilleros Mestrina, ubicados en Río Luján y calle Chubut de
Tigre, habían sido fundados más recientemente, en 1961, por inmigrantes
provenientes de Italia en la segunda posguerra. Con poco menos de dos-
cientos trabajadores navales, Mestrina construía buques de gran porte,
en buena medida, graneleros y pesqueros, contando para ello con buena
cantidad de empresas contratistas con funciones al interior de su planta.

(3) Su nombre surge de una carta documento remitida por Astarsa al Juzgado Nº 19, Direc-
ción General de Instrucción Militar, Campo de Mayo, el 06/11/1986, en el marco de la causa
“Parrilli Marcelo en representación de Rienzi de Iriarte…”, incorporada en causa 4012, cara-
tulada “Riveros, Santiago Omar y otros s/priv. ilegal de la libertad, tormentos, homicidios,
etc.”, del Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín, provincia de Buenos Aires.

349
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Hacia 1976 su directorio era presidido por Federico Oscar Tombacco y


Bruno Beltrame, ambos fundadores. En la plana mayor se encontraban
Atilio Bettini, Alfredo y Virginio Ferronato, Julio Manuel Rial, Juan Luis
Strozzi y Libero Valente. En el staff gerencial sobresalían Alfredo Camper-
chioli (gerente financiero), Pedro Maresca (consejero técnico), Antonio
Menin (gerente), Vicente Norberto Ramondi (jefe de personal), Mariano
Quinteros (jefe de seguridad), Jorge Cravena (jefe de alistamiento), Adrián
Filipovic (jefe de planta) y Edgardo Lértora y Román Visconti (jefes de ofi-
cina técnica).
Ambas empresas, aunque principalmente Astarsa, funcionaron en aquellos
años como referentes para todo el sector naval de la zona norte del Gran
Buenos Aires. Lo que se negociaba allí entre la empresa y los trabajado-
res se transformaba de inmediato en pautas para las negociaciones en los
otros astilleros: salarios en primer lugar, pero también condiciones labora-
les, especialmente en lo que atañía a las normas de seguridad en la pro-
ducción y a las tareas insalubres. Una recorrida por distintas fuentes (perio-
dísticas, documentos oficiales como los del Ministerio de Trabajo, archivos
secretos de inteligencia, volantes y panfletos obreros y testimonios de los
protagonistas) enseña las distintas preocupaciones de los trabajadores que
fundaron los reclamos y dieron cuerpo a las luchas y movilizaciones político-
sindicales de entonces. Tres temas resultaban particularmente resonantes.
Uno de ellos era la constitución del salario, siempre rezagado respecto
de los precios y constreñido, en muchas ocasiones, por la suspensión de
paritarias y su ajuste a acuerdos o pactos sociales. Aumentos salariales y
defensa de las remuneraciones básicas (contra los “premios a la produc-
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ción”, “contracción”, “puntualidad” y “asistencia”), se transformaron en


ejes de las disputas capital-trabajo.
El segundo tema era el de la seguridad y la salud laboral. Caídas de per-
sonas, caída de materiales de trabajo, quemaduras eléctricas o por solda-
dura, inhalación de gases y vapores, explosiones en lugares cerrados por
disolventes volátiles, entre otros problemas. Las pretensiones más avanza-
das de los trabajadores reclamaban la “reorganización bajo control obrero
de los trabajos insalubres, fiscalizado por un técnico designado al efecto
por los obreros, el derecho obrero al reemplazo del médico que designe
la patronal para la atención [y] atención médica en todos los astilleros”. (4)

(4) Volante de la Lista Marrón, 1973, en archivo DIPBA, delegación Tigre, mesa B, “Sindicato
Obrero de la Industria Naval”.

350
astilleros astarsa y mestrina

Este último era un problema particularmente sensible, quejándose los


obreros de las carencias de equipamiento de los consultorios y el uso in-
discriminado de las “pastillitas mágicas” como solución universal. En una
solicitada publicada en época electoral, un volante denunciaba:
¿Hasta cuándo seguir soportando que personajes vestidos de
uniforme blanco, pretextando la jerarquía del título médico em-
parchen desde una gripe hasta una hernia con una pastilla blan-
ca? ¿Hasta cuándo seguir soportando que cada barco botado
al ritmo de pomposas bandas, bañado con añejo champagne,
oculte la muerte de un compañero durante su construcción? (5)

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
En complemento, el testimonio de un trabajador en aquella época tam-
bién ilustra muy bien la desprotección de la salud obrera:
Habíamos compañeros que por los gases sufríamos dolores de
cabeza. Sentíamos cansancio y debilidad, y teníamos malestar
digestivo, especialmente después de comer. Por otra parte, no
confiábamos demasiado en el médico de fábrica (…) Poco a poco
empezamos a ir al médico simplemente para conseguir el día (…)
Como cualquier persona, necesitábamos un día de descanso. Fue
entonces cuando comenzamos a luchar para obtener insalubre… (6)

Más grave aún era la “naturalización” de las muertes que se llevaba cada
barco, lo que generaba, cuanto mucho, la detención de las labores hasta
el día siguiente, (7) tema que se habría de convertir en un mito movilizador
para los trabajadores. Más allá de estos trágicos extremos, la insalubridad
en términos genéricos era el problema de fondo. Los ruidos sordos de los
golpes sobre chapas y metales, la toxicidad para los pulmones y vías res-
piratorias producidas por pinturas y soldaduras, la esterilidad y accidentes
de trabajo que generaban las soldaduras autógenas, el trabajo con trajes a
más de cincuenta grados de calor dentro de los compartimentos estancos
de los barcos donde se concentran gases con gran facilidad. (8)

(5) Crónica, 24/05/1973.


(6) San Juan, Claudio, Control obrero de las condiciones y medio ambiente de trabajo. La
salud de los trabajadores en la lucha popular. Una perspectiva histórica y de clase, inédito,
2014, p. 33.
(7) Benencio, Luis, “La forma de la historia”, en Nicolás Doljanin, La razón de las masas, Bs. As.,
Nuestra América, 2003. Benencio fue uno de los obreros protagonistas de entonces.
(8) Lorenz, Federico, “No nos subestimen tanto. Experiencia obrera, lucha armada y lecturas
de clase”, en Lucha armada en la Argentina, año 3, n° 8, 2007.

351
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

La disputa por la declaración de insalubridad en diversas tareas de los ta-


lleres (que implicaba la reducción de la jornada laboral, con igual salario o
plus salarial y que tuvo como escenario de batalla tanto las plantas de pro-
ducción como las oficinas del Ministerio de Trabajo), se extendía al conflic-
to por las horas extras, ya que a comienzos de los años 70 solía trabajarse
hasta 12 horas por jornada. Todo ello en el caso de Astarsa, no obstante los
reconocimientos oficiales a la labor cumplida en seguridad y moderniza-
ción, circunscriptas bajo una visión tecnocrática pro-empresarial. (9)
El tercer tema particularmente resonante era otra recurrencia de la his-
toria de las relaciones capital-trabajo: el mal trato que los jefes ejercen
sobre los operarios. El disgusto que la situación generaba lo expresaba
muy bien una agrupación naval en aquellos años, en épocas de elecciones
sindicales: “Se terminará de una vez y para siempre con las camarillas y
el manoseo de los obreros por parte de los capataces. Se dará fin igual-
mente al trato policial y persecución de los compañeros por parte de los
ingenieros”. (10) Una de las principales movilizaciones tendrá como reclamo
fundamental la expulsión de ciertos jefes de planta.

3. Proceso conflictivo
Los trabajadores navales de Astarsa y de los otros astilleros de la zona
norte del Gran Buenos Aires estaban en los años setenta representados
por el Sindicato de Obreros de la Industria Naval (SOIN). (11) Fundado a
comienzos del primer gobierno peronista, desde los últimos años sesenta
y los primeros de la década siguiente, el SOIN fue controlado por el pe-
ronismo ortodoxo de estilo “vandorista”, luego “verticalista”. Al menos
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desde 1967 y hasta 1975, el oficialismo fue encabezado por hombres como
Tomás Peña, Fermín García y Ovidio Monsalvo, agrupados en la Lista Blan-
ca. Caracterizada por articular sus intereses con la empresa y negociar y
abandonar los intereses de los trabajadores, esta lista derrotó a las distin-
tas oposiciones que fueron surgiendo. Primero, a la Lista Amarilla, de Gui-
llermo Casuso (impugnada en elecciones y más tarde reintegrada), y luego

(9) En Astarsa se celebró, el 07/04/1972, el “Día de la Seguridad” y el Instituto Argentino de


Seguridad otorgó una medalla a la empresa. Similar situación se dio en 1971, de parte del
Consejo Interamericano de Seguridad. San Juan, Claudio, Control obrero..., op. cit.
(10) Volante de la Lista Marrón, 1973, cit.
(11) En Astarsa también tenía presencia la Unión de Obreros Metalúrgicos (UOM), que repre-
sentaba a 800 trabajadores.

352
astilleros astarsa y mestrina

a la Lista Marrón, más radicalizada, cuyas definiciones verían converger al


marxismo con el peronismo combativo.
Esta Lista Marrón sería la que llegaría a impugnar de forma generalizada
al oficialismo, logrando desplazar su representación dentro de numerosos
talleres y empatar, en términos de fuerzas, la interna sindical, situación
que culminó la intervención del SOIN a comienzos de 1975. Democracia
sindical, aumentos salariales y mejoras en las condiciones de seguridad e
higiene constituyeron un eje de reclamos alrededor del cual se fue orga-
nizando un conjunto de jóvenes trabajadores que desde fines de los años
sesenta y durante los primeros años setenta ingresaban a trabajar en los

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
astilleros de la zona norte, producto entre otras cuestiones del aumento
en la demanda de trabajo.
¿Cómo surgió y quiénes protagonizaron esta oposición sindical? Entre
1970 y 1973 algunos militantes con actividad política previa y en proceso
de “proletarización”, y otros obreros nativos de la zona norte, impulsados
por las situaciones que se vivían cotidianamente, formaron una agrupa-
ción de obreros navales que enraizó en tradiciones de resistencia y lu-
chas previas. Primero comités fabriles como el de Astarsa, luego el Frente
Único Clasista (FUC) y finalmente la Lista Marrón y la Agrupación Alesia,
adscripta a la Juventud de Trabajadores Peronistas (JTP) y estrechamente
vinculada a la organización político militar Montoneros, fueron las expre-
siones de este álgido proceso de lucha, movilización y organización.
La legitimidad del nuevo grupo de militantes se basaba en el hacer común
antes que en un liderazgo político. De hecho, fue el compartir día a día el
trabajo y la problemática de la fábrica lo que granjeó buena parte de las
adhesiones que tuvieron previo al curso que tomaron los acontecimientos
antes del golpe de 1976. (12) Muchos de los trabajadores que participaron
de este proceso fueron seguidos de cerca por la vigilancia interna de las
empresas y por la inteligencia policial y militar desde fines de la década
de los 60 hasta bien avanzada la transición a la democracia en los 80. Un
importante número de ellos sufrió la represión de forma directa, siendo
secuestrados, torturados y desaparecidos. (13)

(12) Lorenz, Federico, Algo parecido a la felicidad. Una historia de la lucha de la clase trabaja-
dora durante la década del setenta, Bs. As., Edhasa, 2013.
(13) A lo largo del trabajo iremos mencionando a muchos de ellos, haciendo hincapié en
quienes resultaron víctimas directas de la represión, resultando imposible a los fines de este
informe hacer una nómina extensiva de todos los protagonistas.

353
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Al iniciar el recorrido del proceso conflictivo que se vivió en los astilleros


de la zona norte bonaerense conviene hacer hincapié en dos factores que
incidieron de forma decisiva en la conformación de una oposición sindical.
En primer lugar, la política de despidos selectivos como práctica empresa-
rial, que se hizo cada vez más masiva y siempre intencionada para arrancar
de cuajo el activismo obrero. En segundo lugar, la escalada de violencia
que se vivió principalmente a partir de 1974, que empujó a muchos de los
navales a optar por la opción armada como forma de lucha, particularmen-
te como integrantes de Montoneros.
Las elecciones gremiales para el SOIN de zona norte en 1973 presenta-
ron estos elementos. Estaban convocadas para el 29 de abril, poco antes
de la asunción del presidente peronista electo Héctor Cámpora. Durante
la campaña, a comienzos de marzo, Astarsa despidió a Rubén Roquetta
(hijo, su padre Rado era trabajador de Mestrina) y a tres hermanos Vivanco
(Rosevelt, Antonio y Walter), quienes se habían incorporado provisoria-
mente en el astillero Sánchez a través de una contratista para juntar adhe-
siones. (14) Más tarde fueron despedidos Juan “Chango” Sosa, Luis “Jaimi-
to” Benencio y Carlos “Carlito” Morelli. Los militantes navales de Astarsa
habían intentado un paro en febrero de 1973 a raíz de la muerte de un
obrero que cayó de una grúa 20 metros de cabeza tras desmayarse, y por
recuperar el plus por insalubridad que la compañía había dejado de pagar.
Como agrupación, habían hecho su bautismo de fuego criticando las 12
horas de trabajo y el acrecentamiento de los ritmos de trabajo, que era
presentado como una conquista por la conducción del SOIN, alegando la
posibilidad de incrementar los salarios por la vía de la “colaboración” con
la empresa. El “famoso turno” establecía una jornada que comenzaba a
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las 6 de la mañana y finalizaba a las 6 de la tarde. (15)


En las elecciones, la Lista Marrón perdió a manos de la oficialista Lista
Blanca por un escaso margen, menos de cincuenta votos. La lista derro-
tada denunciaba entonces a través de una solicitada el movimiento de
pinzas que buscaba echar por tierra su experiencia: “A estas injusticias
debemos agregar ahora la persecución y la cesantía de quienes conven-
cidos de poder cambiar la tortilla, se han agrupado en torno de nuestra

(14) “Astarsa”, mayo de 1973, archivo DIPBA, mesa DS, carpeta varios, legajo 3362. Otro do-
cumento mencionaba a quienes encabezaron la Lista Marrón, entre ellos Zoilo Ayala. Archivo
DIPBA, mesa B, localidad Tigre, caja 1747, legajo 12, “SOIN”.
(15) Lorenz, Federico, Algo parecido…, op. cit., p. 133.

354
astilleros astarsa y mestrina

lista...”. (16) No obstante la derrota, la Lista Marrón había conseguido sus


primeros delegados en los astilleros. El primero de ellos Martín Tano Mas-
tinú, un joven obrero italiano, cuya familia se había asentado en la zona
hacías varios años. Delegado de la sección calderería de Astarsa, donde se
desempeñaba como maestro oficial, a pesar de su juventud, era seguido
de cerca por Hugo Rivas, también obrero calificado.
El impulso y la gimnasia sindical adquirida para las elecciones les permitió
a los miembros de la Lista Marrón, especialmente al grupo constituido
en Astarsa, expandir su prédica y hacer pie en los distintos astilleros. Su
protagonismo en los numerosos conflictos que se sucedieron remite a esta

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
ascendencia que tuvo su primer gran eco en aquellas elecciones. Y ello
se hizo más que evidente durante el conflicto que siguió a la muerte por
accidente laboral que sufrió el obrero José María Alesia, el 24 de mayo de
aquel año, a la que le siguió la toma de la planta durante casi una semana,
con retención de más de veinte directivos de la empresa.
Cuando se produjo el accidente que quemó casi por completo a Alesia y
le causó la muerte 5 días después, los obreros activistas de Astarsa conta-
bilizaron 8 accidentes de trabajo en los últimos 15 días, 2 muertes inclui-
das, sumando 6 muertes en los últimos 4 años. (17) En el caso de Alesia, se
trataba de un ayudante de calderería de 24 años, peronista y delegado
gremial. Realizaba soldaduras entre compartimentos estancos de un bar-
co en construcción cuando se vio envuelto en llamas producidas por la
combinación de la soldadura y gases inoloros acumulados en los túneles
del doble fondo del barco.
Los trabajadores se movilizaron de inmediato y la dirección del sindicato
y la empresa trataban de apaciguar el conflicto cuando la noticia de la
muerte de Alesia en la clínica disparó la toma de la fábrica reteniendo a los
principales directivos de la empresa, entre ellos el presidente del directo-
rio, Raúl Aleman, el jefe de producción, Santiago Braun, y uno de los jefes
de relaciones industriales, Hugo Delucca. Los trabajadores reclamaron en-
tonces el control de la seguridad e higiene en la planta, la reincorporación
de los despedidos por razones políticas y gremiales, entre otros ítems. Fue
en ese contexto que buena parte de los obreros activistas decidieron dar-
le el nombre del compañero muerto a la agrupación e incorporarse a JTP,

(16) Crónica, 24/05/1973.


(17) San Juan, Claudio, Control obrero..., op. cit.

355
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

solicitando asimismo al presidente Cámpora que interviniera y reclaman-


do a viva voz que el astillero no se transformara en un “matadero”. (18) Por
entonces, Mastinú y el Chango Sosa ya estaban incorporados a Montone-
ros en el trabajo territorial.
El conflicto tomó gran estado público. Las familias de los obreros y del
barrio se acercaron a solidarizarse con la toma y la televisión difundió las
imágenes del astillero bajo control de los trabajadores. Visto que no era
una opción viable reprimir, la toma se levantó el 2 de junio cuando el mi-
nistro de Trabajo, Ricardo Otero, hizo pie en el astillero y tras arduas nego-
ciaciones decretó lo exigido por los obreros:
Ordénese a la empresa Astilleros Argentinos Río de la Plata SA
(Astarsa) el estricto cumplimiento de las medidas de seguridad
en el trabajo previstas en las leyes y disposiciones legales vigen-
tes que tienden a impedir la repetición de accidentes como el
que diera origen al conflicto en autos, para lo cual este Ministe-
rio dispondrá la constitución en la empresa de personal idóneo
dependiente de la Dirección Nacional de Higiene y Seguridad
del Trabajo. (19)

La decisión ministerial también obligaba a la empresa a pagar los jornales


caídos, a no despedir a ningún trabajador y exigía asimismo la documen-
tación para analizar los despidos producidos en los últimos dos años para
considerar su justicia o injusticia, hecho que permitió el reingreso de mu-
chos con el correr de los meses. La entonces emergente Agrupación Ale-
sia se transformó en el centro de la movilización de los navales de la zona
e incluso de otras fábricas. En el caso de Astarsa, rápidamente se hizo con
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el control de la comisión interna y de la nueva e inédita “Comisión Obrera


de Control de Higiene y Seguridad Laboral”, que constituyó el eje del
reclamo y que tuvo una activa política en función de las condiciones de
trabajo en la planta donde fue aplicada —mientras se pudo— la demo-
cracia sindical. (20)

(18) “Navales”, Archivo del Centro de Estudios del Trabajo (CET), en Federico Lorenz, “No
nos subestimen…”, op. cit., p. 80.
(19) Resolución 10/1973, Ministerio de Trabajo. Libros de Resoluciones, archivo del Ministerio
de Trabajo y Seguridad Social de la Nación.
(20) Nadie podía estar más de un año en funciones y no era reelegible. El objetivo era que
todos aprendieran el ejercicio de responsabilidades sindicales y ganaran conciencia de auto-
nomía obrera. Contaba con 12 miembros (6 suplentes), representando a todas las secciones,

356
astilleros astarsa y mestrina

Esta comisión llegaría a resultar sumamente irritante para la empresa de-


bido a sus atribuciones dispuestas: recorrido e indicaciones previas a las
tareas laborales, proponer y supervisar los resultados del relevamiento
médico, intervenir en la declaración de insalubridad de los puestos de
trabajo, proponer y supervisar los resultados de las mediciones ambienta-
les, conocer los nuevos métodos de trabajo antes de su implementación,
investigar los accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, vigilar
y controlar a los contratistas y solicitar la asistencia técnica de instituciones
oficiales competentes.
En este sentido, Sosa clamaba: “… necesitamos nuestros propios apa-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
ratos de medición, para medir el ruido, el polvo, los gases y necesita-
mos aprender a manejarlos. Necesitamos médicos y técnicos en segu-
ridad, para que nos asesoren y quieran emplearse en fábricas, para que
ahí, conociendo el terreno, nos ayuden”. (21) En los meses subsiguientes,
de junio a agosto, el Ministerio de Trabajo declaró insalubres distintas
tareas en Astarsa y la Dirección Nacional de Higiene y Seguridad en el
Trabajo intimó a la empresa por 62 puntos en 13 sectores de trabajo del
astillero. (22) Justamente en referencia a ello, desde la nueva comisión
de seguridad se convocó al Instituto de Medicina del Trabajo y a la Uni-
versidad Tecnológica Nacional, que emitieron un dictamen que les per-
mitió a los trabajadores de astilleros reducir drásticamente la jornada
laboral a seis horas y cuarenta y cinco minutos, lo que, en consecuencia,
redujo en forma dramática el número de accidentes producidos, tanto
que durante aquellos 3 años de control obrero no hubo más mortalidad
durante la producción. En octubre de 1973 el testimonio de un obrero
indicaba:
Desde que tenemos el control, no hubo ningún accidente serio.
Pero claro, nosotros sabemos que no basta con el control obre-
ro. Que lo que hay que cambiar es la forma de construir barcos,
para que uno no tenga miedo de dejar la vida en el trabajo,
pero para eso los laburantes tenemos que tener la batuta. (23)

y un presidente. Era independiente de la comisión interna tanto como de la patronal, que no


designaba representantes. San Juan, Claudio, op. cit.
(21) San Juan, Claudio, Control obrero..., op. cit., p. 34.
(22) Ibid. Las resoluciones ministeriales fueron las 14/1973, 26/1973 y 106/1973.
(23) “Jotatepé”, año 1, n° 1, 1° quincena de octubre de 1973, p. 2, en Lorenz, Federico, Algo
parecido…, op. cit., p. 142.

357
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

A esta idea del control se vinculaba otra que hacía al dominio de la agru-
pación naval al interior del astillero: la seguridad privada de Astarsa, ma-
nejada por una empresa dirigida por altos jerarcas militares, llamada ORPI,
tenía la orden de permitir la libre entrada y salida de los delegados.

A la luz de estos conflictos, se sucedieron otros. En agosto de 1973, los


obreros de Sánchez pararon por el traslado de un delegado a trabajos
fuera del taller. (24) Ese mismo mes, también pararon los trabajadores de
Mestrina exigiendo que se pagara retroactivo al mes de junio el aumento
otorgado por ley 20.517. (25) La expansión de la Agrupación Alesia a Mes-
trina tuvo éxito al apoyarse sobre la experiencia de trabajadores jóvenes
pertenecientes a familias de obreros navales que vivían en el barrio Mil-
berg y tenían estrechas relaciones entre sí.

En septiembre y diciembre nuevos conflictos sacudieron a Astarsa. A fin de


año, por solicitarse para el sector de calderería y para el taller metalúrgico
el abono correspondiente por insalubridad al período noviembre de 1972
a junio de 1973, conflicto en el cual nuevamente el ministro de Trabajo
falló a favor del reclamo obrero. Como en casi todos los conflictos, una
vez que parecían resueltos, continuaron a raíz del rechazo de la dirección
empresaria de pagar los días caídos. Varios días tardó en solucionarse la
situación en Astarsa, que incluyó un nuevo intento de toma. La inteligencia
policial aumentaba entonces su lista de trabajadores investigados. (26)

Durante la primera mitad de 1974 el proceso conflictivo entró en una eta-


pa de aparente calma. Sin embargo, mientras los trabajadores discutían la
organización y los conflictos a la luz de los sucesos nacionales —retrocesos
para el sindicalismo combativo, las organizaciones armadas y la llamada
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tendencia en general—, la empresa comenzó a organizar una embestida,


incorporando a militantes del Comando de Organizaciones y de la Con-
centración Nacional Universitaria (CNU) a puestos claves en la empresa,

(24) “Informar conflicto astillero Mestrina de Tigre”, en archivo DIPBA, delegación Tigre,
mesa B, bibliorato 1/3, legajo 109, caso 150, causa 4012.
(25) Ibid.
(26) Un informe de la DIPBA registraba la actividad en diferentes conflictos de 1973. Por
Mestrina se mencionaba a Zoilo Ayala y a Carlos Boncio (incluidos en las listas electorales de
1973) y junto a ellos a siete trabajadores más. “Informar conflicto astillero Mestrina de Tigre”,
en archivo DIPBA, delegación tigre, mesa B, bibliorato 1/3, legajo 109, caso 150, causa 4012.
Por Astarsa se señalaba a Jorge Lescano, obrero de Astarsa y sindicado por la dirección del
SOIN como “sumamente inteligente y activo”, y a varios delegados que renunciaron luego
de amenazas en septiembre de 1974, en archivo DIPBA, mesa DS, carpeta varios, legajo 2286.

358
astilleros astarsa y mestrina

como Héctor Sarroude, apodado “Bonavena”, que pronto se incorporó


como organizador de la Triple A, y Jorge Rampoldi, también de la CNU,
asesor del SOIN y empleado en el Ministerio de Bienestar Social. (27) En-
tonces también comenzó a producirse el recambio a nivel gerencial del
personal jerárquico dedicado a mantener relaciones con los delegados. El
personaje clave será Daniel Lacoa, sobre quien hablaremos más adelante.
De a poco, el denso clima político que se vivía fuera de los talleres co-
menzó a converger en un solo proceso que derrumbó las barreras de las
fábricas. El accionar de bandas parapoliciales, con activa participación de
militantes del oficialismo del SOIN, llevó la situación a una serie de accio-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
nes y reacciones que parecían militarizar el conflicto sindical por completo.
En mayo de 1974 fue asesinado uno de los delegados metalúrgicos de
Astarsa, Dalmacio Oscar Mesa, activo participante de la toma de 1973 —a
pesar de ser metalúrgico— y militante del Partido Socialista de los Traba-
jadores (PST). En octubre, tras ser sentenciados a muerte por la Triple A,
renunciaron a su rol de delegados y se alejaron de Astarsa Carlos Antelo,
Cristóbal Soria, Antonio Buades, Andrés Domínguez y Enrique Broglia,
todos miembros de la Agrupación Alesia. (28) Entonces también recibían
amenazas públicas los hermanos Vivanco. (29)
En agosto, los delegados de Astarsa —Mastinú, Rivas, Manuel Ludueña,
Melchor Pérez, Pedro Crespien, Miguel Datos y Pedro Rivero—, firmaron
con la empresa (30) un acuerdo en el marco del convenio colectivo de tra-
bajo para alcanzar una “comunidad de trabajo organizada de manera tal
que satisfaga con equidad los intereses de las partes”. Las arduas nego-
ciaciones habían comenzado en marzo pasado y prometían un “futuro
promisorio para la actividad naval”. (31) Un mes más tarde, el SOIN y las
cámaras empresariales navales firmarían un “Acta de compromiso” que se
proponía no comprometer la situación de la industria, pues por entonces
los numerosos conflictos traían aparejado el retiro de distintos proyectos
de construcción y potenciales clientes.

(27) Lorenz, Federico, Algo parecido…, op. cit.


(28) Archivo DIPBA, mesa DS, carpeta varios, legajo 2286.
(29) Además de las amenazas a estos y su mención como activistas, se indicaba como lugar
de reunión el Rincón de Milberg, específicamente en el club Unidad Vecinal de Milberg,
donde Ceferino Albornóz oficiaba como presidente. Ibid.
(30) Por la parte empresaria estaban Aleman, Braun Cantilo, Giabbani, Herrero Mitjans, Gili-
gan y Hugo Mario Delucca.
(31) Acta de convención colectiva de trabajo, 13/08/1974.

359
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Sin embargo, se lograba que Astarsa incorporara a su planta permanen-


te a todo el personal contratista, rompiendo el mecanismo de control
que implicaba el salario del contratista y las diferencias en condiciones
laborales, (32) y en el astillero Pagliattini se desarrollaba un paro de tareas
por tiempo indeterminado por “continuas violaciones del convenio labo-
ral por parte de la empresa”, señalándose la falta de pago, la provisión de
ropas y zapatos de seguridad, el comedor obrero, el pago por desgaste
de herramientas, el consultorio y la enfermera de fábrica. La protesta era
encabezada por el “sindicato de línea peronista vertical”, participando
también la Agrupación Alesia. (33)
Los meses finales de 1974 tuvieron como protagonistas a los trabajadores
de Mestrina luego que sus pares de Astarsa consiguieran un importante
aumento salarial. Mientras la parte obrera exigía —además— mejoras en
las condiciones de seguridad y “que se elimine la presencia de la policía
y de civiles armados dentro del taller”, el jefe de seguridad de la planta,
Mariano Quinteros, denunciaba en la Comisaría 1a de Tigre y en la delega-
ción regional del Ministerio de Trabajo, las amenazas e insultos recibidos
por teléfono y sabotaje industrial. (34) Los negociadores de la parte obrera
eran Hugo Rezeck y Héctor Echeverría, quienes contaban con el apoyo de
Montoneros, organización que en el momento más álgido del conflicto, a
comienzos de diciembre, secuestró durante unas horas al gerente de Mes-
trina, Antonio Menin, a quien luego de amenazarlo y tratarlo duramente le
devolvieron sus pertenencias.
Tras fracasar en distintas instancias de negociación, la empresa despidió
a 43 trabajadores (de un plantel de menos de doscientos), entre ellos a
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todos los integrantes de la comisión interna (Salvador Pandolfino, Rezcek,


Echeverría, Boncio, Zoilo Ayala y José Valerio Ruiz) y a muchos que desde
entonces aparecerían en documentos de inteligencia mencionados como
“activistas”. (35) Ello sucedió luego de que, desde el SOIN, se expulsara
por “inorgánicos” a los delegados obreros, y que desde el Ministerio de

(32) Lorenz, Federico, Algo parecido…, op. cit., p. 148.


(33) Archivo DIPBA, delegación Tigre, mesa B, bibliorato 1/1, legajo 55, caso 150, causa 4012,
y Noticias, 14/08/1974.
(34) “Astilleros Mestrina, Situación laboral”, archivo DIPBA, delegación Tigre, mesa B, biblio-
rato1/3, legajo 109, caso 150, causa 4012.
(35) Los despedidos y mencionados luego como activistas eran, entre otros, Cecilio Albor-
nós, Rado Roquetta. Nótese lo conflictivo de la situación que de poco menos de doscientos
trabajadores, casi cuarenta eran catalogados por la inteligencia policial como “activistas”.

360
astilleros astarsa y mestrina

Trabajo se declarar ilegal la medida. La compañía solicitó custodia poli-


cial mientras perdía un importante contrato con YPF. (36) Los trabajadores
de Mestrina contaban con el apoyo de sus pares de distintos astilleros,
quienes producían paros solidarios como lo sucedido en Forte, pero en el
sindicato se votaba pasada la mitad de mes levantar la medida de fuerza y
finalmente se firmaba un acuerdo en que la empresa abonaría los salarios
caídos, reincorporaría a 15 obreros despedidos y cumpliría la exigencia de
los premio por puntualidad. Sin embargo, otra asamblea de navales deci-
día —con disidencia de una minoría— continuar la medida hasta la rein-
corporación de todos los despedidos. Ese mismo día, la empresa anun-
ciaba las vacaciones a partir del 30 de diciembre, fecha en que Astarsa

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
reparte sidras y pan dulce a sus trabajadores, que son entregadas a su vez
a los obreros de Mestrina y también repartidas en villas.
El 1 de enero de 1975, previendo que el conflicto continuaría después
de las vacaciones —también se denunció la existencia de amenazas de
parte del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP)—, la empresa decidió
reincorporar a la totalidad de los despedidos a costa de reiniciar las activi-
dades de inmediato, pero el 17 se produce nuevamente un paro cuando,
al regresar de las vacaciones, una veintena de trabajadores reclama por
los días caídos desde el 10 de diciembre pasado, medida ahora impul-
sada por el sindicato y declarada legal por Trabajo, pero no apoyada por
los trabajadores recientemente reintegrados. Por entonces un informe de
situación decía: “Todos estos problemas, amén del incumplimiento de los
contratos con empresas privadas, causan serios problemas económicos y
desprestigio a la Empresa y originados por el conflicto que sostienen los
obreros con la patronal del mencionado Astillero”. (37) El conflicto se levan-
ta el 3 de febrero, cuando la empresa acepta lo dispuesto por el Ministerio
de Trabajo.
Por aquellos días, obreros disidentes a la comisión interna habían denun-
ciado a sus integrantes por amenazas y violencia en la comisaría local, ini-
ciándose una causa por ley 20.840 y el consiguiente repudio de los trabaja-
dores a estos denunciantes, que debieron ser trasladados por la empresa

(36) En esa fecha: “Medida precautoria, personal empresario del astillero, solicitó a UR XII
para día mañana 10 y en horarios ingreso personal obrero, 6:45 hs., se envíe personal unifor-
mado fines prevenir posibles problemas pudieran registrarse”. Archivo DIPBA, delegación
Tigre, mesa B, bibliorato1/3, legajo 109, caso 150, causa 4012.
(37) “Situación y evolución del conflicto en Astilleros Mestrina de Tigre”, archivo DIPBA,
delegación Tigre, mesa B, bibliorato1/3, legajo 109, caso 150, causa 4012.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

a su taller de La Boca. (38) Aquel álgido conflicto terminaba con el asesinato


de Amando Canziani, director nacional de delegaciones regionales del
Ministerio de Trabajo, que había declarado ilegal el conflicto en Mestrina.
Viejo militante de la resistencia peronista, según la prensa el episodio fue
responsabilidad de “un grupo de extremistas”. (39)
En marzo de 1975, la situación alcanzaba niveles de máxima violencia en el
sindicato local. La asamblea convocada el día 7 para la elección de junta
electoral para las elecciones de nuevas autoridades del gremio (los man-
datos vencían el 29 de abril), para delegados paritarios y la expulsión de
los delegados de Mestrina de fines del año anterior, entre otros temas, ter-
minó a los tiros. Un informe de la DIPBA indicaba entonces que se presu-
mía el fin del oficialismo por lo que: “Esta asamblea contaría con el apoyo
de distintos sindicatos de la zona, como ser la UOM, UOCRA, CGT zona
norte, 62 Organizaciones y, especialmente, de la Juventud Sindical Pero-
nista, quienes enviarían elementos adictos a efectos de contrarrestar a los
activistas de oposición. El número esperado de adictos sería de aproxi-
madamente 500 hombres”. (40) El sindicato fue intervenido por decreto el
18 de abril por el Ministerio de Trabajo, siendo designado al frente el Raúl
Infante y como asesor el sindicalista Raúl López, acusado junto a Héctor
Sarroude de formar parte de la iniciativa armada para esta asamblea y
catalogado por el activismo de las bases como parte de la “burocracia sin-
dical”. Sosa y Mastinú serían entonces designados delegados en el SOIN
por Astarsa. Entonces, el creciente nivel de violencia llevaba a que ganara
terreno en la discusión interna de la Agrupación Alesia la línea que priori-
zaba profundizar la relación con Montoneros, en detrimento de profundi-
zar el trabajo sindical.
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Respecto de Sarroude, había sido despedido de Astarsa a fines del año


anterior producto de la presión ejercida por la comisión interna que hizo
que una asamblea fabril lo declarara “persona no grata”, aunque volvió
al poco tiempo producto de un acuerdo entre el SOIN y la empresa. Tras
su regreso, la Triple A sentenció a muerte a los integrantes de la comisión

(38) Los denunciantes y desplazados eran Andrés Masson, Aniceto Lezica, Jorge Leiva y
Agapito Castillo.
(39) Lorenz, Federico, Los zapatos de Carlito. Una historia de los trabajadores navales de
Tigre en la década del setenta, Bs. As., 2007, [en línea] [Link]
LOS_ZAPATOS_DE_CARLITO_-_Libro_completo_2007, p. 75.
(40) “Asamblea extraordinaria convocada por SOIN”, 07/03/1975, en archivo DIPBA, delega-
ción Tigre, departamento B, caso 135, causa 4012.

362
astilleros astarsa y mestrina

interna, Antelo, Soria, Buades, Domínguez y Broglia, quienes renunciaron


y se marcharon. De manera similar Astarsa, el sindicato y el Ministerio de
Trabajo, habían acordado el ingreso a los astilleros de integrantes de gru-
pos de choque vinculados al peronismo ortodoxo. Una de estas personas
era Jorge Rampoldi, (41) asesor letrado del SOIN y militante de la CNU.
Rampoldi ingresó a la fábrica al sector de personal para presionar sobre
los sectores combativos y participaba de las reuniones de negociación
que se hacían en la fábrica entre los miembros de la comisión y los aseso-
res de la intervención del sindicato. (42)
Si bien las agrupaciones opositoras lograban hacer pie en las fábricas, el

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
sindicato se mantenía inexpugnable. La decisión entonces fue canalizar
la militancia interior hacia afuera a través de las organizaciones interfabri-
les, como la del Congreso General de Delegados Navales de zona norte.
Activa en toda la región, la Agrupación Alesia era seguida por la DIPBA,
destacando su “tendencia izquierdista” y la posesión de armas largas y
explosivos. (43) Producto de su presencia firme en Astarsa, el informe de
inteligencia señalaba la disminución de la producción del astillero. (44)
Mientras tanto, se producían nuevos conflictos en los talleres. En Astarsa
se decidía una nueva toma el 26 de junio, exigiendo, entre otras cues-
tiones, la expulsión de algunos directivos de la planta, Santiago Braun y
Hugo Delucca, tema que recrudecería pocas semanas después. Un infor-
me de inteligencia destacaba las amenazas verbales sufridas por los direc-
tivos, quienes habrían sido tomados de rehenes. (45) Otro de los conflictos

(41) Fue luego viceministro de trabajo de la provincia de Buenos Aires con Carlos Ruckauf.
Fue denunciado en Italia en la causa Suárez Mason, en 2000, por la desaparición de Mastinú y
su cuñado Mario Marras, y luego denunciado en julio de 2003 ante la Comisión de Derechos
Humanos del Congreso de la Nación, al ser designado como Director Nacional de Migra-
ciones, por la desaparición de Aldo Ramírez y por el secuestro de la esposa de un obrero
el 16/03/1976, ante lo cual respondió que los obreros no existían y que los podían “cagar a
tiros” cuando quisieran.
(42) Entrevista a Carlos Morelli, 2004, en Lorenz, Federico, Los zapatos de Carlito…, op. cit.,
p. 85; y Benencio, Luis, “La forma de la historia”, op. cit.
(43) “Infiltración en Astarsa”, 17/06/1975, en archivo DIPBA, mesa DS, carpeta varios, legajo
3362. La DIPBA mencionaba a varios trabajadores que luego resultaron víctimas, entre otros:
Jorge Lescano, Aldo Ramírez y Alejandro Sonini. Archivo DIPBA, delegación Tigre, departa-
mento B, bibliorato 1, legajo 2.
(44) “A raíz de los distintos conflictos sostenidos por la Empresa, se ha visto afectada, sin
lugar a dudas, la producción en el astillero Astarsa, la que dado las características de los
elementos que fabrica (buques de gran calado, pontones, etc.) no se logran porcentajes
estimativos sobre la disminución de la producción”, ibid.
(45) Ibid.

363
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

surgía por la conformación de una asociación mutualista paralela a la del


sindicato. (46) Por entonces, los empresarios completaban “relevamientos
fabriles” a requerimiento de las autoridades policiales y militares del área.
Tal es el caso de Mestrina, donde los directivos señalaban a los delegados
con rol, antigüedad y domicilio, entre otros datos filiatorios. Ya nos referi-
remos a ello, pero no sería la única nómina de perseguidos que armarían
los directivos de Mestrina. (47)
En junio y julio, los miembros de la Agrupación Alesia tuvieron un destaca-
do rol en los sucesos del “Rodrigazo”, mientras se conformaba el bloque
sindical del Peronismo Auténtico, la nueva propuesta de Montoneros para
el ámbito sindical. El mayor referente de este ámbito pasaba a ser Aldo
Ramírez. Reemplazaba al “Chango” Sosa, quien renunciaría a Astarsa. Luis
Benencio y Alejandro Sonini, delegado de cobrería, se mostraban activos
en la búsqueda de las afiliaciones y, mientras buscaban dar aire a la nueva
estructura partidaria, conformaban comités obreros de autodefensa para
la zona norte, producto de la ola de secuestros y asesinatos que tenían
como blanco a delegados de distintos establecimientos de la región.
El conflicto que entonces se había desatado particularmente en Astarsa, y
que tenía como eje de la protesta obrera las posiciones de los directivos
de la planta, llegaba al Ministerio de Trabajo. A esta cartera ministerial
y a la intervención del sindicato se dirigían las quejas de Raúl Aleman,
presidente del directorio del Astillero, que hacían eje en la creación de
“un clima incompatible con el desarrollo normal del astillero, en daño de
la producción y de la disciplina, gravemente resentidas”. (48) Establecía el
directivo que la medida de fuerza había sido acompañada por el apagón
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del conmutador y el consecuente aislamiento de las comunicaciones y ex-


plicaba además que la dirección de la empresa en Buenos Aires no había
recibido al cuerpo de delegados porque no correspondía. En su opinión,

(46) Impulsada por viejos trabajadores y apoyada por las comisiones internas, se había soli-
citado a la empresa el descuento de un porcentual de los salarios, decisión que fue apelada
por la intervención del SOIN, aunque no pudiera evitar que los trabajadores aportaran por
cuenta propia el monto de la cuota (como sucedió en Astarsa) o que, a través de una carta
colectiva, prácticamente el total del personal de Mestrina pidiera a la empresa que retuviera
los aportes para destinarlos a la obra social. Archivo DIPBA, delegación Tigre, departamento
B, bibliorato 1/3, legajo 109, caso 150, causa 4012.
(47) Se mencionaba nuevamente a Zoilo Ayala, Boncio, Echeverría, Pandolfino y Rezeck, en-
tre otros, todos delegados. Archivo DIPBA, delegación Tigre, departamento B, bibliorato
1/3, legajo 109.
(48) Ministerio de Trabajo, expedientes generales, N° 593.700, 19/08/1975.

364
astilleros astarsa y mestrina

el pedido de renuncia del gerente de producción naval, que venía ha-


ciéndose desde hacía meses y ahora se formalizaba mediante decisión de
asamblea y carta a la dirección, no merecía comentarios. (49)

Además de Braun, era apuntado por los delegados el ingeniero Enrique


Ramilo, entonces presidente de la Asociación de Astilleros y Talleres Na-
vales Argentinos (ATNA) y de la Federación de la Industria Naval Argen-
tina (FINA). (50) A Braun le adjudicaban desconocer los acuerdos sobre los
subcontratados en el astillero y el convenio colectivo de trabajo, especí-
ficamente en cuanto desconocía la media hora correspondiente por al-
muerzo y cena para el personal de tareas insalubres, el retroactivo de los

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
que trabajaban en turno noche, la paga de sueldos dentro de los plazos
legales, la atención correcta del personal con representación gremial y la
contribución a la obra social. Se acusaba a los directivos de generar un
“clima de irritación”, con un “trato caprichoso y arbitrario” y llamaban a
un “estado de alerta”. (51)

Los hechos eran comunicados con detalle por la gerencia de Astarsa a la


intervención del SOIN y al Ministerio de Trabajo. En una de estas cartas,
el 18 de agosto, Aleman denunciaba una asamblea “sorpresiva” y la con-
versación mantenida por una treintena de obreros (entre éstos, Mastinú,
Lucero, Vivanco y Rivas) que se habían dirigido al edificio de la administra-
ción para buscar al gerente de Producción Naval. (52) El asesor del sindicato
Raúl López se presentó en el astillero e intentó que la comisión interna
depusiera su actitud y el interventor Infante denunció que fue echado y
más allá de un acta formal, no evitó que en los días subsiguientes los de-
legados informaran que Montoneros amenazaba de muerte a Braun y a
otros funcionarios. (53)

El conflicto por la media hora de descanso mencionada en el párrafo ante-


rior merece atención especial. El SOIN —según afirmaba López— apoya-
ría este reclamo puntual y el 5 hizo el reclamo por carta. El 8 de septiembre

(49) La carta era firmada por Mastinú, entre otros diez, y fechada el 18/08/1975, ibid.
(50) Creada en 1962 por la Unión de la Unión de Constructores Navales y la Asociación de
Astilleros y Talleres Navales Argentinos (ATNA). Confluían actores militares y civiles.
(51) Comunicado 13/08/1975, archivo DIPBA, delegación Tigre, departamento B, bibliorato 1,
legajo 2, caso 150, causa 4012.
(52) Carta al delegado normalizador del SOIN zona norte, Raúl Infante, 18/08/1975, en Minis-
terio de Trabajo, expedientes generales, nº 593.700/75, 18/08/1975.
(53) Ministerio de Trabajo, expedientes generales, nº 593.700/75, 19/08/1975.

365
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

se reunieron con representantes de ATNA para discutir la interpretación


del art. 7° de la convención colectiva, situación que rechazó la empresa,
aunque se logró un consenso provisorio. (54) A la semana siguiente, la inter-
vención del SOIN dirigió una nota al Ministerio de Trabajo solicitando se
conformara la discusión paritaria según lo dispuesto en el Convenio Colec-
tivo de Trabajo. (55) En las semanas siguientes, ambas partes presentaron los
delegados paritarios. La Agrupación Alesia mantenía su fuerza, integran-
do la comisión obrera Mastinú y Echeverría, junto a los hombres del sindi-
cato López y Rampoldi. La convocatoria se oficializó para el 30 de octubre,
pero un día antes Infante solicitó cambiar la composición sindical y en el
primer día de discusión no estuvieron presentes los obreros de la Alesia.
Las negociaciones se suspendieron entonces, retomando la iniciativa el
sector empresario recién en mayo de 1976, en vistas de la nueva situación
de fuerzas ganada. (56) Volviendo a septiembre de 1975, como Aleman ante
las instancias estatales, entonces Ramilo también se quejaba en nombre
de la cámara empresaria en forma pública, explicando a través de una so-
licitada en La Nación que el futuro de la actividad naval estaba en riesgo
debido al ausentismo, a la insalubridad, la improductividad y la indisciplina
de los obreros. Ya mencionaremos sobre todo ello más adelante. Baste
mencionar que luego de un año de firmada el Acta de Compromiso, los
empresarios denunciaban la falta de un “ambiente natural apropiado y
ordenado” producto de “los actos anárquicos” de los obreros activistas. (57)
Pese a las quejas empresariales, los conflictos no cesaron. El 23 de octubre,
500 obreros navales se movilizaron al local sindical para exigir elecciones a
corto plazo y menos de una semana más tarde, los trabajadores “jornaliza-
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dos” de astilleros Pagliettini realizaron un paro de media hora y de quince


minutos al día siguiente, en adhesión al conflicto que se desarrollaba en
los astilleros Sánchez. Un mes más tarde, el inspector de Trabajo Eduardo
Montaldo se hizo presente en este astillero, siendo recibido por el direc-

(54) “La Asociación de Astilleros deja constancia en este acto, que considera no correspon-
de la reducción de la jornada de labor en media hora paga para el personal que realiza
tareas insalubres, medida que considera perjudicial para la productividad de las empresas”,
se asentaba en el acta de la reunión, en la que luego se indicaba el acuerdo provisorio de
mantener el derecho obrero. Ibid.
(55) Ministerio de Trabajo, expedientes generales, Nº 595.317.
(56) Ministerio de Trabajo, expedientes generales Nº 616.444, 21/05/1976, referente al ex-
pediente N° 581.282/75.
(57) La Nación, 12/09/1975.

366
astilleros astarsa y mestrina

tivo Ricardo César Trejo, quien le comunicó que la empresa no abonaría


el tiempo perdido por los paros. (58) De estos astilleros pequeños también
eran seguidos distintos obreros activistas. (59) Pero entonces el embate de
la compañía se haría sentir con fuerza.

4. Proceso represivo (60)


Al menos 51 personas sufrieron la represión empresarial-estatal en los as-
tilleros de la zona norte del conurbano bonaerense entre 1973 y 1983. 10
casos ocurren antes del golpe de Estado de 1976 (2 son desaparecidos y
liberados, 1 persona permanece desaparecida y 7 fueron asesinados). En

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
los primeros casos, la violencia intra-sindical parece haber sido predomi-
nante. De éstos, 5 están vinculados a Astarsa 3 a Mestrina, uno a Aqcua-
marine y otro a Riomar.
Para el período abierto con el golpe de Estado, se cuentan 43 víctimas. 19
detenciones se producen en la primera semana, del 24 al 30, y la mayoría de
las personas fueron llevadas desde la fábrica. 7 se encuentran desaparecidas
y 12 fueron luego liberadas. Por empresa, se registran 7 de Mestrina, 7 de
Astarsa, 4 de Sánchez y 1 de Forte. Algunos testimonios indican que fueron
decenas los detenidos en estas fechas. (61) Aquí solo se mencionan los que
pudieron ser identificados y quienes fueron vistos en comisarías. Entre fines
de mayo y mediados de julio se cuentan 16 víctimas: 14 eran trabajadores
de Astarsa, 1 de Mestrina y 1 de Cadenazzi. De ellas, 7 son desaparecidos,

(58) Ministerio de Trabajo, expedientes generales, Nº 298.460.


(59) Eran mencionados cinco trabajadores de Forte, uno de ellos caracterizado como “suma-
mente activo y presunto integrante del ERP”. “Activistas”, archivo DIPBA, delegación Tigre,
departamento C, bibliorato 9, legajo 1235, caso 135, causa 4012.
(60) Este apartado se reconstruyó recurriendo principalmente al trabajo realizado por la “Co-
misión de juicio” de zona norte y a los trabajos de Federico Lorenz y de Claudio San Juan.
Además, se ha recurrido a consultas particulares y entrevistas existentes en Memoria Abierta,
a registros de la Conadep, de la Comisión Provincial por la Memoria (archivo DIPBA), del
Registro Unificado de Víctimas y a documentos de causas judiciales. Hay que señalar un posi-
ble listado con las víctimas incluidas en este apartado puede resultar inconcluso todavía: así
como no incluimos posibles víctimas sobre las cuales no llegamos a obtener datos fidedig-
nos, debemos advertir que de algunas víctimas se desconocía entonces nombre completo o
se desconoce qué suerte final corrieron.
(61) En 1985, el sargento ayudante Ramón Fernando Soria, de la Comisaría 1ª. de Tigre, de-
claró ante el juez de San Isidro Ramos Padilla que el 24 de marzo llegaron unos 30 detenidos
a la comisaría y que sabían que eran traídos de Mestrina y Astarsa. Declaración testimonial de
Ramón Fernando Soria, 02/10/1985, en caso 150, causa 4012, caratulada “Riveros, Santiago
Omar y otros s/ priv. ilegal de la libertad, tormentos, homicidios, etc.”, Tribunal Oral Federal
Nº 1 de San Martín, provincia de Buenos Aires.

367
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

3 fueron asesinados y 6 finalmente liberados. 6 de las liberadas son familia-


res. En septiembre desaparecen a un trabajador de Astarsa y otro de Cade-
nazzi. Con posterioridad son desaparecidas tres personas más de Astarsa y
una de Forte.
Si hacemos el conteo por empresa, 32 están vinculados a Astarsa (6 ase-
sinados, 12 desaparecidos y 14 liberados); 10 a Mestrina (2 asesinados, un
liberado y 7 desaparecidos); 4 a Sánchez (liberados), 1 liberado de Riomar
y 1 liberado y 1 desaparecido de Forte, 2 desaparecidos de Cadenazzi y
2 asesinados de Acquamarine. La mayoría de ellos tenía una activa parti-
cipación sindical y política y varios pertenecían a frentes sindicales de or-
ganizaciones político-militares. Su protagonismo y fuerte compromiso de
lucha los transformaron en uno de los objetivos centrales de la represión.
En el último trimestre de 1975 hubo una oleada de secuestros de dele-
gados de las fábricas de la zona norte. A fin de año, los jerárquicos de
las empresas recibieron, para completar una “Planilla de relevamiento
fabril e industrial de la Provincia de Buenos Aires”. (62) Como vimos, al
menos una planilla similar ya había sido completada por los directivos de
Mestrina en mayo de aquel año, situación conocida por los trabajadores,
que advirtieron que Montoneros tomaría represalias si se continuaban
enviando listas. (63) En tanto, el coronel Virgilio Lorenzo Pércaz, entonces
fundador de Lanchas Bermudas, presidente de la Cámara Argentina de
Constructores de Embarcaciones Livianas (CACEL) y participante de las
paritarias, era acusado por haber denunciado que la subversión estaba
metida en los cuerpos orgánicos del sindicato naval. (64) Esta práctica em-
presarial de denuncia y señalamiento obligó a muchos trabajadores a
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recluirse, incluso abandonando el trabajo en las fábricas. Los delegados


navales de la zona norte denunciaban entonces en un congreso general:
¿Quiénes son los subversivos de la industria naval? Si somos no-
sotros los obreros, que lo único que hacemos es reclamar nues-
tros legítimos derechos, o si son los señores empresarios los
subversivos que con sus atropellos y arbitrariedades condenan

(62) Löbbe, Héctor, La guerrilla fabril. Clase obrera e izquierda en la Coordinadora de Zona
Norte del Gran Buenos Aires (1975 - 1976), RyR, 2006, p. 197.
(63) Lorenz, Federico, “No nos subestimen…”, op. cit., p. 23.
(64) “Ultima hora”, 02/10/1975, en Federico Lorenz, “No nos subestimen…”, op. cit., p. 25.
Pércaz residió la entidad desde su creación en 1970 hasta 1974, entre 1975 y 1977 y entre
1980 y 1983.

368
astilleros astarsa y mestrina

al hambre y a la miseria a los compañeros y sus familias (…) los


únicos subversivos en la industria naval son la totalidad de los
empresarios que generan situaciones de hambre, miseria y per-
secuciones. (65)
Para fines de 1975, 3 trabajadores con militancia sindical y política ya ha-
bían sido asesinados, mientras que uno había sido secuestrado, tortura-
do y liberado. Entre los primeros estaba Dalmacio Mesa, delegado de
Astarsa y militante del PST, secuestrado y asesinado el 30 de mayo de
1974 en lo que fue conocido como la “Masacre de Pacheco”. En cuanto al
sobreviviente, se trataba de Antonio Borda, secuestrado el 5 de noviem-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
bre de 1974. Delegado de Riomar y congresal de los navales, fue llevado
por gente auto-identificada como de Coordinación Federal, mantenido
3 días desaparecido y sometido a toda clase de torturas mientras se lo
interrogaba por su actividad gremial. Los represores tenían en su poder
la lista de congresales del SOIN a la federación naval. (66) Mientras Borda
era torturado, las fuerzas represivas buscaron al delegado de Mestrina,
Hugo Rezeck. El 23 de noviembre a la madrugada se presentó en su casa
un grupo de personas fuertemente armadas, insultaron y amenazaron a
su esposa Nelly (quien era además empleada del sindicato), advirtiéndole
que si encontraban a su esposo lo matarían. Nelly identificó más tarde a
algunas de estas personas en la clínica del sindicato. (67) Dos días después,
Rezeck y su compañero de fábrica Héctor Echeverría reunieron a personal
en el astillero y comentaron que se habían visto en la obligación de aban-
donar sus hogares y que asistirían al trabajo custodiados. (68) Recordemos
que en aquellos meses finales de 1974 habían renunciado a la fábrica y a
sus cargos de delegados en Astarsa, Antelo, Soria, Buades, Domínguez y
Broglia, tras ser amenazados por la Triple A.
Los otros dos asesinatos se produjeron en abril de 1975. Raúl Valverde,
obrero de Astarsa, de 29 años y simpatizante del PST, había participado ac-
tivamente de la toma de 1973. Fue secuestrado y su cuerpo encontrado por

(65) Última Hora 1ª. Edición 02/10/1975, citado en Federico Lorenz, “Por la buena o por la
mala. Reflexiones sobre la relación entre militancia sindical y guerrilla en el caso del astillero
Astarsa de Tigre, 1973-1976”, en III Jornadas de Economía Política, 2009, Instituto de Indus-
tria, Universidad Nacional de General Sarmiento.
(66) “Situación y evolución del conflicto en Astilleros Mestrina de Tigre”, en archivo DIPBA,
delegación Tigre, Departamento B, Bibliorato 1/3, legajo 109, en caso 150, causa 4012, cit.
(67) Ibid.
(68) Ibid.

369
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

la Policía Bonaerense, el 7 de abril, completamente acribillado. Ello sucedió


algunos días después del asesinato por parte de la guerrilla del matón Sa-
rroude. Uno de los hermanos Vivanco recordó luego que el asesor del sindi-
cato Raúl López le dijo: “Ustedes nos mataron a un peronista y nosotros les
matamos a un no peronista”. (69) Quien lamentó profundamente la muerte de
Valverde fue José Iriarte, quien lo reemplazó en las tareas de delegado de
la comisión de seguridad industrial y el 24 de marzo sería desaparecido. (70)
Días más tarde, fue encontrado el cuerpo de Ismael Lomez, también dele-
gado de Astarsa. Había sido secuestrado en su casa de San Fernando. (71)
Ya para noviembre de 1975, tras los álgidos conflictos de junio y sep-
tiembre y tras las jornadas de lucha contra el “impuestazo” del ministro
Celestino Rodrigo, la modalidad represiva parece adaptarse mucho más
a lo que terminó siendo durante la dictadura. El 5 de noviembre de 1975,
cerca de Astarsa, en la estación Carupá, fueron secuestrados Mastinú,
Ramírez y Jorge Velarde. Estuvieron desaparecidos durante un día, fueron
brutalmente torturados y luego liberados. (72) Los tres delegados habían
encabezado la marcha que pocos días antes se había dirigido al SOIN
en reclamo por elecciones en el sindicato, mientras mantenían un tenso
conflicto en Astarsa exigiendo, entre otras cuestiones, la expulsión de los
más importantes directivos de la planta. “Los torturaron para saber las
cosas que hacían en Astarsa y para amenazarlos para que no continúen
con la actividad”, recordó con posterioridad la hermana de Mastinú. (73)
Apenas se conoció la noticia, una importante movilización obrera recla-
mó por la liberación de los trabajadores. Al igual que lo ocurrido con los
principales referentes de Grafa de Capital Federal, la protesta tuvo sus re-
sultados cuando hubiera podido esperarse que aparecieran asesinados.
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Dos días más tarde, el 7 de noviembre, sucedió lo mismo con Luis Cabre-
ra, delegado de Acquamarine y militante de la JTP. Una multitudinaria

(69) Lorenz, Federico, “No nos subestimen…”, op. cit., p. 12.


(70) Declaración testimonial de Elsa Renzi, 23/10/1985, caso 131, causa 4012.
(71) Legajo Redefa 203, Ismael Norberto Lomez Alesandro.
(72) Los tres fueron llevados al CCD “Puente 12” (División Cuatrerismo de la Policía Bo-
naerense o “Brigada Güemes” que funcionó en el cruce de Camino de Cintura y Autopista
Ricchieri, La Matanza) y forman un caso judicial en la causa por este centro clandestino que
tramita ante el Juzgado Federal Nº 3 de Capital Federal.
(73) Declaración testimonial de María Manca Mastinú, 27/05/1985, en caso 135, causa 4012,
op. cit., y Entrevista a María Manca Mastinú, en La verdad y la Mentira, 30/10/2001, Memoria
Abierta, “Colección Astarsa”.

370
astilleros astarsa y mestrina

movilización se produjo una semana más tarde, el 14, en Tigre y San Fer-
nando, reclamando el fin de los secuestros. La participación de más de 3000
personas obligó también a la intervención del SOIN a acompañar la marcha.
Por entonces, el general de brigada Juan Carlos Camblor, a cargo de la
Escuela de Ingenieros de Campo de Mayo, hacía saber a todas las depen-
dencias de seguridad de la zona que quedaban subordinadas a su mando,
siguiendo lo establecido por el decreto de aniquilamiento de la subversión
firmado por el gobierno de Isabel Martínez. (74)
En enero de 1976 sería blanco del ataque represivo Carlos Álvarez, obrero
de Astarsa y uno de los referentes del Peronismo Auténtico en la zona. Fue

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
secuestrado el 19 de aquel mes durante la madrugada por hombres enca-
puchados y con boinas. Lo llevaron de su casa de Virreyes. (75) En Astarsa se
convocó de inmediato a un paro de veinticuatro horas para el 21 de enero,
evaluándose extender la medida hasta su aparición. (76) El 22 hubo reuniones
de los delegados con las autoridades de la Unidad Regional XII de Tigre, y el
23 una movilización al sindicato de unas trescientas personas. El cuerpo de
Álvarez fue encontrado en Campana el 23, quemado y con diez impactos de
bala en la frente. Se resolvió luego una medida de fuerza para el lunes 26.
Diez días más tarde, el 3 de febrero, similar situación tendría como víctimas
a Luis Cabrera —nuevamente—, a su esposa Rosa María Casariego, docente
y activista gremial y territorial, y al delegado de Mestrina Héctor Echeverría,
todos identificados con la juventud de trabajadores peronistas. (77) Fueron
encontrados semienterrados en una fosa común del cementerio de Tigre y
velados en la sede del SOIN, evento que, al igual que el entierro, fue segui-
do por una multitud y bien informado por la inteligencia policial bonaerense.
Todos los últimos casos, desde noviembre de 1975 en adelante, tuvieron
como foco a los máximos referentes gremiales de los obreros navales. Un
volante obrero denunciaba nuevamente que las empresas señalaban acti-
vistas y entregaban sus domicilios para ser secuestrados. (78) Se convocaba

(74) Declaración testimonial del entonces comisario de Tigre, Norberto Ismael Maiolo,
23/03/1984, en caso 150, causa 4012, op. cit.
(75) Legajo Redefa 154, Carlos Ascencio Álvarez Castillo. Se hace mención en La Nación,
22/01/1976.
(76) “Presunto secuestro de Carlos Asencio Álvarez”, 21/01/1976, archivo DIPBA, delegación
Tigre, Departamento B, Bibliorato 2, SOIN, en caso 150, causa 4012, op. cit.
(77) Lorenz, Federico, “No nos subestimen…”, op. cit., p. 28.
(78) “A los compañeros navales, a la clase trabajadora y al pueblo en general”, 04/02/1976,
archivo DIPBA, delegación Tigre, departamento B, bibliorato 2, legajo 3, caso 150, causa 4012.

371
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

a un paro por tiempo indeterminado y a un estado de movilización perma-


nente, pero el terror había sido instalado. Cuando secuestraron a Mastinú,
a Ramírez y a Velarde, en noviembre, un miembro de la patota represiva
les advirtió: “… pueden hacer todo el quilombo que quieran, ir a los dia-
rios a la radio, o joder con los abogados, ustedes tienen que ir a laburar,
sabemos dónde laburan, tienen familia, sabemos dónde viven, los volve-
mos a levantar cuando queramos”. (79) Velarde recuerda: “Seguí con mucho
miedo trabajando en el astillero. Algunos compañeros me acompañaban
hasta tomar el 60. Otros me evitaban por temor, nuestro secuestro fue un
impacto de terror”. (80) Ahora, tras los nuevos asesinatos, más delegados
presentaban sus renuncias, como los de Astilleros Náutica, Eduardo Juá-
rez y Raúl Guerin, ambos de la Agrupación Alesia.
La siguiente víctima fue Nelly Carmen Godoy. Esposa de Hugo Rezeck y mi-
litante de Montoneros, fue llevada el 16 de marzo en horas de la madruga-
da de su casa de Pampa 268, en Tigre. Cuatro hombres de civil, armados e
identificados como pertenecientes al Ejército, la secuestraron en presencia
de sus hijos. Rezeck, a quien supuestamente buscaban, publicó una solici-
tada por su desaparición, mientras delegados del SOIN convocaron de in-
mediato a un congreso para debatir el hecho. Solo asistieron siete, pertene-
cientes a Mestrina —entre ellos Pandolfino y Lescano—, Astarsa, Cadenazzi
y Acquamarine, y los interventores del SOIN resistieron los intentos de parar
la actividad en los astilleros de la zona, pues el Ministerio de Trabajo había
amenazado con aplicar la Ley de Seguridad. Godoy sigue desaparecida. (81)
Ante la inminencia del golpe de Estado, Montoneros hizo bajar a los traba-
jadores de la JTP la novedad y advirtió la necesidad de que abandonaran
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el trabajo y sus casas o se incorporaran como cuadros armados en la clan-


destinidad. Pero muchos no tenían forma de protegerse sin abandonar a
sus familias y fueron buscados en sus casas y en el trabajo. (82)
El mismo día del golpe, por la madrugada, el Ejército se hizo presente
en las fábricas con numerosos efectivos, carros de asalto y helicópteros
sobrevolando la zona, para detener y llevarse a los obreros activistas que

(79) Lorenz, Federico, “No nos subestimen…”, op. cit., con cita de R. Díaz Esos claroscuros del
alma: los obreros navales en la década del 70, p. 18.
(80) Ibid., p. 89.
(81) Archivo DIipba, delegación Tigre, departamento B y C, legajo SOIN, caso 150, causa
4012; y legajo Conadep 659, Nelly Carmen Godoy.
(82) Lorenz, Federico, Algo parecido…, op. cit.

372
astilleros astarsa y mestrina

habían sido marcados en el proceso previo. Son numerosos los testimo-


nios pasados y actuales que recuerdan la llegada del Ejército, con listas
en mano (como veremos, elaboradas gracias a colaboración empresarial),
y la revisión de vestuarios, cajones, cofres, armarios y oficinas, en busca
de “subversivos”. Otros testimonios recuerdan la llegada de numerosos
obreros navales a las comisarías de la zona y destacan que los operativos
estaban bajo el mando del teniente coronel Antonio Francisco Molinari,
entonces subdirector de la Escuela de Ingenieros de Campo de Mayo.
Este oficial recordó en testimonio judicial el operativo en Astarsa, aunque
no pudo precisar si fueron detenidas personas. También el mayor Ricardi
fue mencionado al mando de los operativos. (83)

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
En Mestrina, aquel 24 de marzo,
... llegó al astillero un camión grande color verde —recordó San-
tiago Victoriano Borca, carpintero con 20 años de antigüedad—
del cual descendió personal militar uniformado vestido de ver-
de portando armas largas, que procedieron a rodear el astillero
y una persona de la cual no recuerda ningún rasgo fisonómico
con una lista en las manos llamó a varios empleados y se los
llevaron en el camión. (84)
Ese día fueron llevados Hugo Rezeck, Salvador Pandolfino y Jorge Omar
Lescano. (85) Rezeck, cuya esposa había sido secuestrada 10 días atrás, se
dirigió aquella mañana a la fábrica. Cuando se encontraba en la garita de
ingreso, fue abordado por un oficial que preguntó por él, por Pandolfino y
Boncio, todos nombres que tenía en una lista en su mano. El delegado se
identificó y el oficial se lo llevó. (86)

(83) Declaraciones testimoniales de personal policial ante la justicia en 1985 caso 150, causa
4012. Todos deslindan su responsabilidad en los secuestros ilegales, adjudicando la respon-
sabilidad a los oficiales de la Escuela de Ingenieros de Campo de Mayo. Declaraciones de
Santos Antonio Miño, Julio de Nardo y del comisario inspector Norberto Ismael Maiolo,
entre otros. Además de la comisaría de Tigre, se usaron dependencias menores para la reten-
ción de persona, entre ellas una casilla de Prefectura en los cruces de Río Luján y Río Tigre,
a cargo del prefecto principal Juan Carlos Gerardi, donde se torturó a entre diez y doce
personas de Astarsa y otros astilleros. Legajo Conadep 1556.
(84) Declaración testimonial de Santiago Borca, 18/10/1985, caso 150, causa 4012.
(85) Testimonios una decena de trabajadores citados por juez de San Isidro Ramos Padilla, en
1985. Se creyó innecesario convocar a más trabajadores pues iban dando la misma versión.
Testimonios de Florentín Díaz y Oscar Alfredo Lupini, entre otros, ibid.
(86) El relato fue hecho por Boncio, Albornoz y Lescano, el mismo 24 de marzo, a la hija de
Rezeck, Pastora Carmen, a quien acompañaron a la escuela. Al día siguiente serían secues-
trados. Legajo Conadep 658, Hugo Javier Rezeck.

373
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Al día siguiente, un nuevo operativo se llevó a Cecilio Albornoz, Zoilo Aya-


la y Carlos Ignacio Boncio. En el caso de Albornoz, fue detenido porque
inquirió al jefe del operativo la razón por la cual se llevaban a los dele-
gados. (87) Boncio, Pandolfino, Rezeck, Ayala, Albornoz, junto a José Ruiz,
Lorenzo Díaz, Ramón Ayala y Rado Roquetta, eran los delegados obreros
en el astillero. (88) Los delegados detenidos fueron llevados a la Comisaría
1ª de Tigre y continúan desaparecidos. El relato de un trabajador de Mes-
trina, con más de 20 años de antigüedad en el astillero, sintetizó lo vivido
aquellos dos días fatídicos:
Que recuerda perfectamente que el día 24 de marzo de 1976,
siendo las 6 de la mañana, se presentó a trabajar como de cos-
tumbre y al ingresar al astillero se encontró con que habían gran
cantidad de personal militar uniformado en jeeps y camiones
con armas largas que rodeaban todo el lugar y a medida que
el personal iba ingresando los iban identificando por sus do-
cumentos. Que así fueron pasando todos, cotejado los docu-
mentos aparentemente con una lista que tenían. Que se fueron
llevando a los camiones todos los que fueran delegados del
astillero, que al día siguiente, o sea el 25 de Marzo, aparecie-
ron nuevamente, los militares rodearon nuevamente a todo el
personal y volvieron a identificarlos a todos y a llevarse a los res-
tantes delegados. (…) Que los militares actuaban con soltura,
como si supieran perfectamente a quienes se iban a llevar y fue
precisamente a todos los delegados, no recordando por ello si
cotejaban los nombres con una lista. (89)
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En Astarsa, por su parte, se instaló una columna militar que estableció un


comando dentro de la empresa, al mando del teniente coronel Molinari,
y detuvo a cuatro o cinco trabajadores dentro de la fábrica tras identificar
e interrogar al personal y registrar los vestuarios y cofres personales. Una
empleada de personal recordó más tarde: “El 24 de marzo de 1976 esta-
ba cumpliendo sus tareas habituales, puede ver que se desplazan por el
interior de la planta o sea del astillero personal del ejército con uniformes
verdes que proceden a revisar vestuarios, cajones, cofres, armarios, algunas

(87) Trib. Oral Crim. Fed. N° 1, San Martín, causa 2128 y sus acumuladas “Riveros, Santiago O.
y otros s/infracción arts. 151 y otros del CP”, 07/10/2014, testimonio de Ramón Ayala
(88) Respuesta de empresa Mestrina, 21/08/1985, caso 150, causa 4012.
(89) Declaración testimonial de Enrique Ramírez, 18/10/1985, caso 150, causa 4012.

374
astilleros astarsa y mestrina

oficinas…”. (90) En igual sentido se refirieron dos capataces de pintura “…


habían arribado los militares, personal de Ejército, a la empresa, los que
se constituyeron en la puerta y solicitaban la credencial de Astarsa a to-
dos los que ingresaban” señaló uno de ellos, agregando: “no recuerdo
si el mismo día o al día siguiente vino también personal de Ejército que
procedió a revisar los cofres de cada uno de los empleados. Este personal
estaba vestido de verde y tenían los camiones del Ejército en la puerta”. (91)
El otro capataz señaló que “sabe y le consta que personal del Ejército se
constituyó en los astilleros y realizó una requisa de los cofres de todos los
empleados”. (92)

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
Uno de los detenidos aquella jornada fue Rodolfo José Iriarte. Según unas
versiones, fue “levantado” mientras se dirigía al astillero, cerca de las 6 de
la madrugada, y según otras del interior de la planta. Su esposa denunció
unas sesenta detenciones y declaró que, al anoticiarse de la detención por
compañeros de trabajo de Iriarte, fue a ver al mayor Ricardi a la Unidad Re-
gional de Tigre, quien le confirmó que portaban listados con los nombres
de los activistas buscados, entre ellos el de Iriarte. (93) Más tarde, en Campo
de Mayo, en otro encuentro, Ricardi le aseguró que lo había detenido por
órdenes de las autoridades militares y le dijo que no se presentara más a
buscarlo, aunque lo hizo entrevistándose con el general Riveros. Iriarte fue
llevado a San Fernando y luego a Don Torcuato, desde donde escribió car-
tas a su mujer y luego llevado nuevamente a la Unidad Regional de Tigre.
Continúa desaparecido. (94)
A diferencia de Iriarte, la mayoría de los delegados había dejado de con-
currir a la fábrica varios días antes, producto de una decisión política y de
estricta supervivencia personal. Los informes de inteligencia de la DIPBA
se hicieron eco de la situación, identificando a unos once trabajadores
que habían decidido en este sentido. La empresa los despidió a todos,
alegando “ausencias injustificadas y presentación de certificados médicos

(90) Declaración testimonial de Noemí Mabel Alonso, 31/07/1985, caso 141, causa 4012. Al
momento de declarar se desempeñaba como secretaría del gerente de relaciones institucio-
nales.
(91) Declaración testimonial de Antonio Barbagelatta, 14/06/1985, caso 141, causa 4012.
(92) Declaración testimonial de Emilio Victorino Pérez, 14/06/1985, caso 141, causa 4012.
(93) Declaración de Elsa Rienzi, 30/07/1984, legajo Conadep 6674, Rodolfo José Iriarte
Couturier.
(94) Declaración testimonial de Elsa Rienzi, 23/10/1985 y 24/11/1986, caso 141, causa 4012. La
segunda declaración fue hecha en Campo de Mayo ante tribunales militares.

375
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

falsos”. Cuatro de ellos eran militantes montoneros y habían informado


que sus vidas peligraban y requirieron a los jefes de personal y de relacio-
nes laborales que se les mantuvieran las remuneraciones, lo que fue nega-
do. (95) En el caso de Mastinú, la empresa lo despidió el 30 de marzo, luego
de ser intimado a presentarse al astillero. (96) Otro documento completaría
el listado de despedidos de Astarsa bajo similares condiciones, entre ellos
Iriarte, entonces secuestrado. Desde la Agrupación Alesia se denunciaba
a las empresas como “responsables” de la represión, por entregar listas
con nombres para que los militares los detuvieran, y llamaban a mantener
la organización obrera en las fábricas, siguiendo “a compañeros más anti-
guos y honestos”. (97)

Las detenciones y secuestros continuarían durante la primera semana del


golpe de Estado. El 29 de marzo, de su casa de Tigre, fueron llevados los
Roquetta, padre e hijo. Las fuerzas represivas se presentaron en un taller
mecánico que tenía Rubén y revolvieron todo en su búsqueda. Cuando
finalmente dieron con él, en la puerta de su casa, estaba junto a su padre
Rado, quien no quiso dejarlo solo y también fue llevado. Los tuvieron en la
comisaría de Tigre y meses más tarde fueron expulsados del país. (98)

Ese mismo día fue llevado el delegado de Astarsa, Manuel Ludueña. Se


había dirigido de madrugada al astillero cuando, al bajar del micro que
trasladaba a una cuarentena de trabajadores, fue “marcado” por un por-
tero de apellido Silva. Entonces personal de civil se le acercó indicándole
que estaba detenido bajo disposición del Poder Ejecutivo. (99) Fue llevado
encapuchado y en el piso de un coche y bajo custodia de soldados del
Ejército, armados con fusiles y pistolas. Una vez en la comisaría de Tigre,
Infojus - Sistema Argentino de Información Jurídica

(95) “Informar sobre despidos Astilleros Astarsa de Tigre”, archivo DIPBA, delegación Tigre,
mesa B, bibliorato 1, legajo 2, caso 150, causa 4012
(96) Respuesta de Astarsa al Juzgado Penal Nº 2 de San Isidro, 23/08/1985, caso 135, causa
4012.
(97) “Informar sobre despidos Astilleros Astarsa de Tigre”, archivo DIPBA, delegación Tigre,
mesa B, bibliorato 1, legajo 2, caso 150, causa 4012.
(98) Fue visto por Pastor José Murua, delegado de Ford, detenido en la comisaría de Mas-
chwitz y luego en Tigre, donde vio a Ludueña (Astarsa) y a Roquetta (Mestrina), entre otros.
Declaración testimonial de Pastor José Murua, 2807/1987, caso 142, causa 4012. También ver
declaración testimonial de Lorena Roquetta, sentencia causa 2128.
(99) Legajo Condep 7650, Manuel Ludueña, sobreviviente. Decreto PEN 389, 12/05/1976.
En dicha orden se mencionaba, entre muchos otros, a quienes ya habían sido secuestrados,
como los Roquetta, Boncio, Pandolfino, Lascano, Luis Siri, Enrique Amoroso y Zoilo Ayala, y
el mismo Ludueña.

376
astilleros astarsa y mestrina

fue interrogado por su actividad gremial. En sesiones de tortura posterio-


res fue interrogado sobre Mastinú. Ludueña recorrió varias cárceles del
país durante un año: Villa Devoto, La Plata, Chaco y Sierra Chica, siendo li-
berado en marzo de 1977. Dos días antes de su detención, Ludueña había
tenido un entredicho con el subgerente de relaciones industriales, Carlos
Alberto Collongues por cuestiones de insalubridad. (100)
Además, aquella primera semana fue detenido Walter Vivanco, quien se ha-
bía salvado de ser secuestrado el 24 al ver el operativo y decidir no ingresar.
Walter era uno de los pocos delegados que quedaban en Astarsa y el 23 de
marzo había intentado una medida de protesta, pero Montoneros le ordenó

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
su resguardo. Su hermano “Cacho” también fue secuestrado con posteriori-
dad. (101) También fueron detenidos los cuatro delegados de la comisión inter-
na del Astillero Sánchez, Enrique Amoroso, Carlos Echeverría, Rubén Paimas
y Juan Carlos Aráoz. Los setenta trabajadores de este astillero se encontra-
ban protestando, con permanencia en los lugares de trabajo, por la progresi-
va paralización del astillero y la deuda de dos meses y medio de salarios. Lo
sucedido fue informado por los jefes de personal, Carlos Querejeta y Carlos
Quevedo, a un inspector de trabajo y a un agente de la DIPBA en distintos
momentos, mientras el gerente José Peña Cobos, uno de los fundadores de
la FINA, hacía gestiones ante uno de los miembros de la Junta Militar, el al-
mirante Emilio Massera, y ante el entonces capitán de fragata, Noé Guevara.
Aquellos días llegaba a la DIPBA un informe explicando que “la situación de
los trabajadores se hace insostenible”. (102) Aquella primera semana del golpe
también serían detenidos otros delegados navales: Luis Adalberto Siri, de
Forte, y los trabajadores de Astarsa José Lucero y Alberto Acevedo. (103)
A fines de marzo el gerente de Mestrina, Menin respondía a un requerimien-
to proveniente del comisario Maiolo, ofreciendo una nómina completa del

(100) Denuncia propia de Ludueña y declaraciones testimoniales del 12/11/1984 y del


24/10/1985, en Juzgado de San Isidro, y del 27/07/1987 en Juzgado de San Martín, caso 140,
causa 4012.
(101) Declaración testimonial de Walter Vivanco, sentencia causa 2128.
(102) Otro documento de la DIPBA señalaba que la crisis tenía su origen a comienzos de
1975, por un incumplimiento con la subsecretaría de marina mercante y producto de la prohi-
bición de importación de chapa naval, generando un conflicto que terminó con la firma de un
“Acta de Gestión”, que —según la versión policial— comprometía a todas las partes en una
solución y aislaba a los “nucleamientos subversivos que pretendieron enancarse en la calami-
tosa situación de la Empresa”. “Informe relativo a astillero y varadero Sánchez”, 26/03/1976,
archivo DIPBA, delegación Tigre, mesa B, bibliorato 1, legajo 37, caso 150, causa 4012.
(103) Muchos fueron vistos por Ludueña.

377
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

personal del astillero y de las contratistas, con información sobre rol sin-
dical y domicilio, entre ellos el de los seis trabajadores entonces secues-
trados y el de otros activistas entre ellos Marras, quien más tarde sería
asesinado. Un mes más tarde, el Ejército solicitó un inmediato relevamien-
to fabril a la delegación DIPBA de Tigre —algo confirmado por el mismo
Maiolo—, (104) identificándose trabajadores que se encontraban en funcio-
nes haciendo reclamos o colaborando con los familiares de los detenidos
y desaparecidos. (105)
En aquellas semanas posteriores a los secuestros, mientras las empresas
y la inteligencia policial informaban cada situación que se presentaba, al-
gunas de las esposas de los trabajadores secuestrados reclamaban a los
directivos respuestas, indemnizaciones o trabajo. Sin embargo, no solo
no lograban el cometido sino que no evitaban que llegaran los avisos y
confirmaciones de despido “por abandono de trabajo” y “causa justa”.
Esto sucedía con las familias de Héctor Echeverría, Jorge Lascano (106) y
Zoilo Ayala. También serían despedidos los Roquetta, Pandolfino, Rezeck,
Boncio, Cecilio Albornóz, Manuel Ludueña, sumándose a los ya despedi-
dos por Astarsa. La gran mayoría habían sido secuestrados en presencia
de los directivos.
Entre fines de mayo y mediados de julio la represión cayó finalmente so-
bre los trabajadores y familiares que habían logrado evadirla durante la
primera semana de marzo. Por aquellos días, desde la DIPBA se explicaba
que los integrantes de la “guerrilla fabril” que no habían sido detenidos
“se hallan prófugos pasando directamente a la clandestinidad”. (107) Lo cu-
rioso es que muchas de estas detenciones de trabajadores de Astarsa,
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sobre todo las de mayo, ocurren en sus casas, siendo que un día antes
la gerencia del astillero solicitó a los obreros que actualizaran antes de
las 48 horas sus domicilios. También el Ejército seguiría ingresando a la

(104) Más adelante nos referiremos a estos canales de información que encadenaban a la
empresa, al personal de la comisaría de Tigre, la delegación DIPBA que había allí, y al Ejérci-
to con sede en Campo de Mayo, donde finalmente fueron vistas varias de las víctimas.
(105) Reclamaban aumentos de salario o posibilidad de disponer más tiempo para trabajar
fuera de fábrica, entre otras cuestiones que referiremos más adelante. “Parte de Informa-
ción”, 30/04/976, archivo DIPBA, delegación Tigre, departamento B, bibliorato 1/3, legajo
109, caso 150, causa 4012.
(106) Lascano era obrero de la contratista Casassi y Cía. SRL, que se desempeñaba adentro
de Mestrina.
(107) “Requerimiento formulado por el Director de Asuntos Policiales e Informaciones M. In-
terior”, archivo DIPBA, huelgas y conflictos, mesa DS, carpeta varios, caja 2152, legajo 20.026.

378
astilleros astarsa y mestrina

planta, al menos en el caso de Astarsa, y deteniendo a trabajadores en sus


lugares de trabajo.

Ocho de estas catorce víctimas cayeron entre el 21 y el 29 de mayo. Uno


de los primeros fue Livio Garay. (108) Garay fue llevado de su casa de Virre-
yes, en San Fernando. Más de 10 personas de civil, pertenecientes al Ejér-
cito y otro grupo que se identificó como Policía Federal, irrumpieron en
su casa a las dos de la mañana, revolvieron todo, y exigieron los panfletos
y las máquinas. Cuando se lo llevaban en uno de los cuatro autos usados
en el operativo, su mujer Gloria Enriquez vio a un compañero de trabajo
de Garay en el coche. (109) El domicilio donde Garay fue secuestrado era el

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
mismo que figuraba en los listados entregados por la empresa. (110) Garay
apareció asesinado dos meses después, el 18 de julio, en el Club de Pes-
cadores, pero su identidad fue confirmada recién en febrero de 1986. Las
causas de su muerte fueron “herida de abdomen por proyectil y asfixia por
sumersión”. (111) Al parecer había sido despedido sin causa. (112) Esa misma
noche eran secuestrados Alejandro Sonini, en su casa de San Fernando, y
Humberto Poiman. Este último, operario de 30 años, fue detenido a las 4
de la mañana en su casa de Sarmiento 1791, de Tigre. (113) Todos fueron lle-
vados en un primer momento a la comisaría de Tigre. En el caso de Sonini,
pasó por Campo de Mayo y luego por varias unidades carcelarias, hasta
que se le perdió el rastro. (114) Poiman y Sonini continúan desaparecidos.

Al día siguiente, fue secuestrado Raúl Deget, capataz de calderería na-


val en Astarsa. Fue detenido a las tres de la madrugada en su casa de
French 2391, de Beccar, por personal de la Policía Federal. (115) Permanece
desaparecido. Ese mismo día, el Ejército fue en busca de Mastinú, quien

(108) Declaración testimonial de Gloria Beatriz Enríquez, 04/12/1986, Campo de Mayo, y


23/09/1983, San Isidro, y presentación de habeas corpus, 21/05/1976, caso 67, causa 4012.
(109) Declaración testimonial de Gloria Beatriz Enríquez, 28/06/1985, en “NN Masc. Garay
Livio Osvaldo su muerte”, ibid.
(110) Respuesta de Astarsa al Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial n° 2, Sec. 4ª
San Isidro, ibid.
(111) “NN Masc Garay Livio Osvaldo su muerte”, ibid.
(112) Surge del relato que hace la hija de Mauricio Villalba en una entrevista publicada el
04/12/2013, [en línea] [Link]
(113) Recurso de habeas corpus interpuesto por María Rosa Taborda de Colman, tía de Poi-
man, 20/12/1979, caso 67, causa 4012.
(114) Declaración testimonial de Beatriz Antonia Rodríguez de Sonini, 24/05/1976, ibid.
(115) Declaración testimonial de Guillermina Martínez, esposa de Deget, 07/09/1976, ibid.

379
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

se encontraba refugiado en la casa de un familiar en la isla Paicarabí del


Delta. Aquel 22 de mayo, estaba planificado un encuentro con su esposa
Emilia Zatorre, sus hijos, su hermana Santina y su cuñado Mario Marras,
obrero de Mestrina. Al salir en lancha del arroyo Paicarabí, cayó el ope-
rativo sobre ellos. Mastinú se tiró al río y logró escapar. Su esposa corrió
pero fue detenida, mientras que su cuñado Marras —con su hija de dos
años en brazos— se refugió detrás de un árbol, lo que no impidió que
fuera asesinado por una ráfaga de metralletas mientras que la pequeña se
salvó milagrosamente. (116) Emilia Zatorre estuvo detenida poco más de una
semana. Al velatorio de Marras, realizado en casa de Mastinú, asistieron
delegaciones de obreros de distintos astilleros de la zona. (117)

Mientras tanto, el 25 de mayo fue secuestrado Mauricio Juan Villalba


y el 28, Baldomero Burgos, de Astarsa, quien continúa desaparecido.
Villalba fue detenido en su casa de Estrada 5486, de Virreyes, San Fer-
nando, por diez personas fuertemente armadas. Fue llevado a la co-
misaría de Garín. Su cuerpo fue hallado el 4 de julio en la intersección
del arroyo El Hambriento y el río Paraná de las Palmas, atado de pies
y manos y con una herida de arma blanca en el pecho. (118) Al momento
de su secuestro, no trabajaba en Astarsa, pues había sido despedido
durante la primera semana del golpe. Su hija mayor, que entonces tenía
21 años, recuerda que Villalba fue a la fábrica tanto el 24 como el 25 y
que al tercer día no lo dejaron entrar y al poco tiempo le enviaron el
telegrama de despido. (119)
Gloria Enríquez, esposa de Garay, sería secuestrada el 29. Fue llevada a la
comisaría de Tigre, golpeada a pesar de estar embarazada —luego per-
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dió su embarazo— e interrogada acerca de otros trabajadores navales y


por el rol gremial y político de su esposo. Durante el tiempo que estuvo
secuestrada, vio a tres empleados de Astarsa, “que pudieron hablar con-
migo y no estaban encapuchados”, uno de los cuales era Daniel Armando
Vicente. También vio a su tío José Luis Enríquez, también trabajador de
Astarsa, a Rosa Zatorre y a otro trabajador del astillero que vivaba a ERP
y a Montoneros. En más de una ocasión, fue llevada ante miembros del

(116) Declaración de Santina Mastinú, 21/05/1985, y de María Manca de Mastinú, legajo SDH
728, Martín Mastinú.
(117) 27/05/1976, archivo DIPBA, delegación Tigre, departamento C y B, caso 135, causa 4012.
(118) Fue identificado un año más tarde. Legajo Redefa 376, Juan Mauricio Villalba Moreno.
(119) Entrevista a Graciela Villalba, cit.

380
astilleros astarsa y mestrina

Ejército, quienes la interrogaron por los compañeros y distintos sucesos


de Astarsa. Fue liberada el 9 de julio.

El 12 de junio fue secuestrado Hugo Rivas, poco antes de que le consi-


guieran una casa segura para refugiarse.

Vicente —quien fue visto por Gloria Enríquez en la comisaría de Tigre—


fue detenido por oficiales del Ejército “junto a otros compañeros” el 24
de junio de 1976 en su lugar de trabajo, en la oficina del centro de cóm-
putos de Astarsa. Aquel día el Ejército, al mando de Molinari, realizó un
operativo de requisa y detención. Vicente estuvo tres meses detenido a
disposición del Poder Ejecutivo nacional, (120) hasta que fue trasladado a la

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
cárcel de La Plata. Recuperó su libertad en 1979. (121) A través de la Juven-
tud Peronista había hecho trabajo barrial en los comienzos de la década
y luego participó secundariamente en el proceso conflictivo de Astarsa.
Junto a Vicente fue detenido Alberto Pastorino.

En julio, la represión finalmente daría con Mastinú. Luego de seguir a Emi-


lia Zatorre —ya liberada— al Hospital de Niños, donde visitaba a su hijo
internado, un comando represivo la secuestró y la trasladó a una casilla de
Prefectura cerca del Comando Radioeléctrico de Tigre. Era 8 de julio. La
interrogaron sobre las actividades de Mastinú en Astarsa y cuando se la
llevaron de ahí, creyó escuchar a su esposo en el baúl del auto que la tras-
ladaba. (122) Mastinú había sido secuestrado un día antes, a la medianoche,
en la casa de un primo del padre, en Beccar, por oficiales de Prefectura
que tenían secuestrada a su hermana Santina. Fue entregado al Ejército y
continúa desaparecido. (123) A fines de este mes, el día 21, sería desapareci-
do Andrés Ayala, obrero de Cadenazzi, primo de Zolio. (124)

Tras estos secuestros, la DIPBA recibía un extenso informe de su delega-


ción en Tigre, sobre la situación general en los astilleros de la zona norte,

(120) Decreto PEN 2.035 del 13/09/1976.


(121) Declaración testimonial de Daniel Vicente, 23/09/1983 en San Isidro, 05/12/1986 en
Campo de Mayo, y 04/08/1987 en San Martín, En caso 67, causa 4012, cit.
(122) Declaración testimonial de Emilia Zatorre, 30/05/1985, San Isidro, caso 135, ibid.
(123) Varios oficiales de Prefectura que participaron del secuestro de Mastinú declararon
ante la justicia: José Luis Porchetto recuerda que quienes daban órdenes debían buscar a “el
tano” (26/12/1984). Héctor Omar Maldonado, cabo (05/09/1985), Roberto Julio Rossin, cabo
(01/08/1985) y Juan Carlos Gerardi, prefecto mayor y a cargo de la Prefectura Naval de Tigre
(01/09/1985) también dieron su versión. Ibid.
(124) Legajo Conadep 352, Andrés Ayala Flores.

381
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

detallando el estado de la situación gremial. El informe comenzaba expli-


cando que “como consecuencia del pronunciamiento militar del pasado
mes de Marzo, que eliminó a los más destacados agitadores del área, la
actual situación de los astilleros es contenidamente tranquila en lo que
a los trabajadores respecta”, y agregaba que “los empresarios en tanto
han paralizado la mayoría de las obras en ejecución arguyendo la nece-
sidad imperiosa de renegociar los contratos oportunamente celebrados,
mientras tanto organizan su quehacer dadas las normas impuestas por el
nuevo gobierno”. (125) De Astarsa se indicaba que los activistas habían sido
despedidos tras varios días de inasistencia y que los “escasos delegados
que han quedado en la planta no actúan como tales”, mostrándose activa
la asociación mutual. Se advertía que el directivo Lacoa colaboraba con
el Ejército para mantener el orden productivo, mientras se convocaba a
viejos dirigentes gremiales, para retomar sus actividades en la empresa
y se estudiaba cómo revertir los dictámenes de insalubridad decretados
años antes. En Mestrina la situación no era muy diferente, destacándo-
se el alejamiento de los pocos activistas que quedaban y las sanciones
impuestas a quienes buscaban mantener la organización obrera en la fá-
brica, y las modificaciones inconsultas de las condiciones laborales por
parte de la empresa. Se informaba también sobre la situación en Forte,
Sánchez, Pagliatinni, Cadenazzi, Ortholan y Acquamarine. Además, se
destacaba el nuevo ímpetu que estaban cobrando las cámaras empre-
sariales navales tras el golpe de Estado, en especial buscando cerrar la
convención colectiva iniciada en 1975, ahora que estaban bajo relaciones
de fuerza favorables.
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Con posterioridad, el 23 de septiembre de 1976, fue secuestrado Jorge


Elvio Lescano, de Astarsa, y tres días más tarde Martín Toledo, de Cade-
nazzi. Toledo era chaqueño, hijo de un militar, que integraba la agrupa-
ción Alesia y había intentado bajar los niveles de exposición en el astille-
ro. En diciembre, el 23, fue secuestrado José Caamaño Uzal, de Astarsa,
simpatizante peronista. Seis personas fuertemente armadas ingresaron
a su casa de Saavedra y Larralde, en Tigre. Caamaño Uzal era maestro
carpintero en Astarsa y había sido miembro de la comisión interna. An-
tes de ser secuestrado, como Ludueña, mantuvo fuertes entredichos con
personal directivo, en este caso con Lacoa, quien lo amenazó de que algo

(125) “Situación de la industria naval de la zona norte”, archivo DIPBA, delegación Tigre,
bibliorato 2/1, legajo 32, caso 150, causa 4012.

382
astilleros astarsa y mestrina

le iba a ocurrir. (126) Fue llevado a la comisaría de Tigre y luego a Campo


de Mayo. Al año siguiente, en septiembre, cayó Aldo Ramírez, “La Fabia-
na” o “El Gordo”, responsable sindical de Montoneros para la zona pero
quien entonces ejercía importante rol político-militar en la organización,
y más tarde, en diciembre, también de Astarsa, Hugo Carzolio. En marzo
de 1978 fue secuestrado Martín Francisco Aleman, de Forte. Los seis per-
manecen desaparecidos.

En los años subsiguientes, los directivos de los astilleros, como Antonio


Menin, seguirían manteniendo una estrecha simbiosis con la represión,
buscando sancionar o amedrentar cualquier tipo de activismo resurgen-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
te en la fábrica mientras se avanzaba sobre las conquistas obtenidas
por los trabajadores años atrás, como los porcentajes de composición
salarial: en julio de 1977, la remuneración básica era apenas el 50% del
total, y el resto estaba compuesto por premio a la producción, contrac-
ción y puntualidad y asistencia. Los trabajadores intentaron recuperar
la organización y los derechos perdidos, pero solo encontramos pro-
testas clandestinas, (127) y apariciones esporádicas de organizaciones de
izquierda, como la Juventud Comunista, el Movimiento al Socialismo y
algunas referencias genéricas a “Trabajadores Socialistas”, (128) contan-
do con la colaboración de antiguos militantes como Sosa, Fucks y Be-
nencio. (129) Mientras tanto, fueron los sectores considerados como “bu-
rócratas” lo que ganaron posiciones en las empresas y en el sindicato

(126) Legajo Conadep 926, José Caamaño Uzal. Declaración de María del Pilar Caamaño
de Ventura, hermana, que denunció ante Conadep que había tenido entredichos con el di-
rectivo Disarli. Declaración testimonial de Elisa Mirta (esposa), 28/08/1984, San Isidro, y de
Manuel Caamaño, 07/03/1984, caso 140, causa 4012.
(127) “Informar sobre leyendas encontradas en el Establecimiento (Astillero) Mestrina SA
de Tigre”, archivo DIPBA, delegación Tigre, departamento B, bibliorato 1/3, legajo 109,
caso 150, causa 4012.
(128) Un informe de DIPBA dice que el 23/10/1980 fue encontrada una “Carta a los trabaja-
dores” firmada por “Trabajadores Socialistas” donde se exigía “No al IVA” y “Aumentos de
Salario Ya”. Criticaba a los partidos políticos, saludaba la designación de Pérez Esquivel como
premio Nobel de la Paz y finalmente llamaba a organizarse en la fábrica: “luchar ahora es
organizarse en la fábrica para salir a reclamar a la patronal que, desde octubre, le den como
aumento el 20% que dejaron de aportar (…) Hay que aprovechar esta resistencia contra el
nuevo embate del gobierno militar para recuperar las organizaciones en cada fábrica, eligien-
do delegados o formando comisiones de activistas…”, “Informar sobre panfleto hallado en
el Establecimiento Astarsa”, archivo DIPBA, delegación Tigre, mesa B, bibliorato 1, legajo 2,
caso 150, causa 4012.
(129) Esto último sucedió en enero de 1985.

383
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

todavía intervenido: Raúl López, con su agrupación Azul y Blanca, Jorge


Rampoldi y otros, en estrecho vínculo con las empresas. (130)

5. Responsabilidad empresarial
De los acontecimientos narrados se desprenden una serie de pruebas
e indicios que fundamentan las distintas formas en que las direcciones
de los astilleros se involucraron en los crímenes de lesa humanidad
cometidos contra los trabajadores, al mismo tiempo que aportan al co-
nocimiento que se tenía en las empresas en términos generales sobre
la trama represiva existente como sobre los secuestros de que eran
objeto los obreros que trabajaban en sus establecimientos. Asimismo,
permiten observar la conformación de una estructura represiva estatal/
empresarial que posibilitó a las empresas recuperar el terreno perdido
en los últimos años en términos de autoridad, poder y productividad
en sus fábricas, al tiempo que gozaban de distintos beneficios econó-
micos.

Abordaremos este apartado por empresa. Expondremos, en primer lu-


gar, las pruebas más directas en cuanto a responsabilidad empresarial
en los crímenes, indicando los indicios y conexiones que refuerzan las
primeras hipótesis y desvelan una trama más que circunstancial que
configuran las relaciones con las fuerzas represivas, el conocimiento de
lo que acontecía en general, el acuerdo ideológico y el conocimiento
específico de los secuestros de los trabajadores de sus plantas. Final-
mente, al abordar la estructura represiva estatal/empresarial, haremos
mención de, al menos, cinco elementos: la incorporación de cuadros
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directivos compenetrados con la represión, el uso de una policía inter-


na directamente vinculada a las fuerzas represivas, la intervención de
estas con fines disuasorios y disciplinarios, la práctica de persecución
y despidos de trabajadores blanco de la represión y montada sobre
estas políticas, la ofensiva empresarial en términos de recuperación del
orden productivo.

(130) El informe de inteligencia del 12/10/1982 menciona la normalización que comenzó en


el SOIN de Tigre, con una comisión reorganizadora de tres miembros liderada por un asesor
del sindicato conocido, entre otros, referenciados a nivel nacional con corrientes del pero-
nismo. “Llevar información”, 12/10/1982, archivo DIPBA, delegación Tigre, departameto B,
bibliorato 2, legajo 3, caso 150, causa 4012.

384
astilleros astarsa y mestrina

5.1. Astarsa
Varios trabajadores fueron detenidos al interior o durante el ingreso a la
planta de Astarsa, siendo solo cuatro de ellos identificados. (131) Ello se pro-
dujo, en primer lugar, a raíz de la habilitación del espacio físico que hizo la
empresa a las fuerzas represivas. El mismo directivo Collongues, segundo
de Lacoa, declararía:
Que el 24 de marzo de 1976, la fábrica es ocupada por una co-
lumna militar que provenía de Campo de Mayo, quienes esta-
blecen su comando dentro de la empresa. Que (…) es citado
por personal de seguridad de planta a su domicilio en horas de

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
la madrugada, siendo informado por un oficial jefe del Ejército
[se refiere a Molinari] que se había producido un hecho militar
y que solicitaba la colaboración de la empresa para facilitar el
acantonamiento de las tropas (…) Que ese mismo día se produ-
ce la detención de cuatro o cinco personas dentro de la fábrica,
como consecuencia de haber procedido previamente a identifi-
car e interrogar a todo el personal de la planta, registración de
sus cofres y escritorios (…) Que recuerda que como el comando
operacional estaba dentro de la referida empresa, dichos efec-
tivos efectuaron procedimientos en empresas de la zona tales
como Mestrina, Forte…. (132)
Collongues recordó que a la empresa le fue requerida una nómina com-
pleta de todo el personal del astillero, con mención de domicilio, numero
de documento, otros datos filiatorios, “debiéndose señalar en el caso del
personal cuáles eran integrantes de comisiones internas o dirigentes gre-
miales”, lo cual enseña que el aporte logístico no se dio solo en términos
de “habilitación del espacio” sino también en una faz informativa, con
listados del personal considerado “subversivo” o su señalamiento presen-
cial. De los detenidos mencionados por Collongues el 24 de marzo, tene-
mos mención de al menos uno: Iriarte. Pero este no fue el único trabajador
secuestrado en planta. Pocos días después otro operativo dio con Ludue-
ña, quien fue señalado por un agente de la seguridad privada durante el

(131) En su testimonio ante la justicia, la esposa de Iriarte mencionaría unos sesenta deteni-
dos. Declaración testimonial de Elsa Rienzi, 23/10/1985, Juzgado de San Isidro, y 24/11/1986,
Campo de Mayo, caso 141, causa 4012.
(132) Declaración testimonial de Carlos Collongues, 30/06/1986, San Martín, caso 140,
causa 4012.

385
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

ingreso, y el 24 de junio el Ejército se llevó de las oficinas administrativas


a Vicente, a Pastorino, y a un tercer trabajador —a quien no pudo identifi-
carse— que fue detenido junto a ellos.
Reforzando la admisión que hizo Collongues respecto de la participación
criminal de la empresa señalando trabajadores, se encuentran las men-
ciones hechas sobre el aporte de listas a partir del cual habrían sido dete-
nidos trabajadores aquel 24 de marzo. La esposa de Iriarte denunció ante
la Conadep que el mayor Ricardi admitió que aquella mañana las deten-
ciones se produjeron “portando los represores una lista del personal de
la empresa”. (133) La compañera de Aldo Ramírez, María Rufina Gastón, co-
mentó que se enteró que entonces los militares acudieron a la empresa con
listas con fotos. (134) Ignacio Fleitas, trabajador de Astarsa, mencionó que
aquel día fue un cabo primero el que andaba con lista en mano y de a uno
preguntaba nombres y apellidos (135) y uno de los obreros movilizados recor-
dó que “fuimos denunciados nombre por nombre durante los dos días que
los milicos se instalaron en nuestra empresa después del asalto del 24, por
algunos de aquellos que tuvimos como rehenes”, refiriéndose a la toma de
la planta en mayo de 1973 (136) y agregando una anécdota ejemplar: aquel
día, los militares detuvieron y subieron al carro de asalto a un obrero de
apellido Sosa y apodado “Mameta”, pero un agente de seguridad privado
de la compañía advirtió: “¡Ese Sosa no es!”. (137) Respecto de las listas que
mencionó Gastón, ponen de relieve la responsabilidad de la dirigencia sin-
dical, pues de allí surgían las fotos de los trabajadores perseguidos.
Más allá de estas menciones concretas, otros testimonios hicieron men-
ción de las mismas. Olga Vasile, esposa de Hugo Rivas, comentó que
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este le advirtió antes de su desaparición que las listas salían de adentro


del astillero (138) y la misma secretaria de la gerencia de Astarsa advertía
entonces a los obreros que se estaban confeccionando listas. (139) El dato
fue comentado en aquel entonces por una de las secretarias de Braun

(133) Legajo Conadep 6674, Rodolfo José Iriarte, y declaración de Elsa Renzi, 23/10/1985,
San Isidro, caso 141, causa 4012.
(134) Declaración testimonial de Rufina Gastón, sentencia sausa 2128.
(135) Declaración testimonial de Ignacio Fleitas, sentencia causa 2128.
(136) Benencio, Luis, “La forma de la historia”, op. cit.
(137) Dandan, Alejandra, “El juicio por los obreros de Astarsa”, Página 12, 16/02/2011.
(138) Declaración testimonial de Olga Vasile, sentencia causa 2128.
(139) Declaración testimonial de Walter Vivanco, sentencia causa 2128.

386
astilleros astarsa y mestrina

Cantilo. (140) Luis Fucks también mencionó que lo fueron a buscar a la fá-
brica, aunque ya no trabajaba, y que con posterioridad, al conversar con
un jefe de personal, este le dijo: “no sé de qué te quejás si ustedes están
todos marcados, tarde o temprano van a caer”. (141) Aquellos primeros días
del golpe, un volante de denuncia de trabajadores navales señalaba que
“la lista de nombres con que los milicos vienen a las fábricas a detener
compañeros son proporcionados por los patrones”. (142)
La participación empresarial en los crímenes a partir del aporte de infor-
mación surge de forma concreta, nuevamente, ya no por los secuestros en
la planta sino en las casas de los trabajadores. El 20 de mayo de 1976, al

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
cobrar la primera quincena de aquel mes, el personal de Astarsa recibió
en los sobres habituales una planilla titulada “Declaración de domicilio”,
advirtiendo que debía ser entregada a la oficina de personal en menos
de dos días. Un agente de la DIPBA señalaba que, si bien en otras cir-
cunstancias el hecho podría haber pasado desapercibido, ahora generaba
irritación pues “da oportunidad a rumores intencionados que vinculan tal
requisitoria con intención de organismos de seguridad de ‘perseguir obre-
ros’”. Luego de consultar con uno de los máximos directivos y presidente
de FINA —quien aseguró desconocer el asunto—, hizo lo mismo con el
jefe de relaciones industriales, quien aseguró que el pretexto del pedido
era “una necesidad del servicio médico”, pero que su finalidad era su re-
misión a la autoridad militar. (143)
Al día siguiente se inició la tanda de secuestros en domicilios: Garay, Poi-
man, Sonini, Deget, Villalba y Burgos. Como caso testigo, el domicilio de
Garay —en Barrio Fate, Virreyes—, era el mismo que tenía registrado As-
tarsa, según informara ante requerimiento judicial en 1984 el abogado de
la empresa Fernando Moledo.
Otros sucesos también permiten entrever la participación empresarial en
los crímenes, a partir del “marcado” de obreros activistas o —como míni-
mo— considerados “problemáticos”, lo cual subraya la iniciativa empresaria

(140) Entrevistas a Walter Vivanco (2005) y a Carlos Morelli (2004), en Lorenz, Federico, Los
zapatos…, op. cit., p. 109.
(141) Declaración testimonial de Luis Fucks, sentencia causa 2128.
(142) “Informar sobre despidos Astilleros Astarsa de Tigre”, archivo DIPBA, delegación Ti-
gre, mesa B, bibliorato 1, legajo 2, caso 150, causa 4012.
(143) “Situación de la industria naval de la zona norte”, archivo DIPBA, delegación Tigre,
bibliorato general gremial 2/1, legajo 32, caso 150, causa 4012.

387
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

al respecto y su aporte informativo. Las amenazas recibidas por ciertos


trabajadores en el marco de una discusión laboral con los jefes y su pos-
terior secuestro se enmarca en la persecución del activismo gremial, que
también surge a raíz de otros indicios.
En los primeros días después del golpe de Estado, producto del secuestro
de algunos delegados y de la huida de la mayoría, Ludueña quedó como
uno de los pocos obreros que ejercían tareas de representación en los ta-
lleres. El 26 de marzo, cuando todavía se sentían los operativos del Ejérci-
to en la planta, Ludueña tuvo un entredicho con el subgerente Collongues
por cuestiones de insalubridad, cerrando el directivo la discusión con una
amenaza: “mejor que te calles la boca”. Durante las torturas, Ludueña fue
interrogado por su rol gremial. Cuando su esposa se acercó a la fábrica para
responder los telegramas de despido recibidos, conversó con los gerentes
Lacoa y Disarli y el subgerente Collongues, advirtiéndole este en tono jocoso
que “Su marido sale de Tigre ya condenado (…) es un perfecto activista”. (144)
A fines de aquel año algo similar sucedió con Caamaño Uzal, también
señalado como delegado, y quien había realizado un curso para ascender
a supervisor. Antes de comenzar, Lacoa le había asegurado que si ganaba
no lo iba a disfrutar. El jefe inmediato de Caamaño, de apellido Rulli, “le
empezó a hacer la vida imposible, desafiándolo a pelear y provocándolo a
cada rato”, relató su hermana —quien era muy confidente de él—. De las
amenazas participó un subordinado de Lacoa y Collongues, de apellido
Disarli, quien lo suspendió luego de los entredichos mantenidos con Rulli,
mientras que Lacoa lo habría encerrado en un sótano. Caamaño rechazó
las sanciones y se mantuvo en el curso, lo que provocó que Disarli le ad-
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virtiera que se debía atener a las consecuencias: “le dijeron que si hacía el
curso y lo ganaba no lo iba a poder disfrutar puesto que en una semana lo
iban a hacer levantar y que tenían medios para ello”. (145) Caamaño respon-
dió desafiante si lo iban a hacer desaparecer de noche. Días después de
terminado el curso, fue desaparecido. (146)

(144) Legajo Conadep 7650, Manuel Ludueña. En primer testimonio del 12/11/1984 dice que
cuando su mujer fue a cobrar el sueldo, el dicho de Collongues fue: “no se preocupe por el
dicente ya que era un perfecto activista y ya estaba condenado por lo menos a cinco años”,
caso 140, causa 4012. En 2014 testimonió: “su marido no va a salir nunca más porque es un
perfecto activista”, sentencia causa 2128.
(145) Declaración testimonial de María Pilar Caamaño, 28/08 y 06/09/1984, sentencia causa 2128.
(146) Declaración testimonial de Elisa Mirta Corradini (esposa), 28/08/1984, sentencia
causa 2128.

388
astilleros astarsa y mestrina

Estas amenazas, situadas en un escenario conflictivo, y el posterior secues-


tro de los trabajadores deben entenderse en el contexto de la persecu-
ción del activismo gremial que emprendieron los directivos y las fuerzas
represivas. El mismo Collongues identificó ante tribunales “la situación
irregular que afectó en forma considerable la capacidad productiva de
la empresa”, la “presencia de activistas presuntamente subversivos” y lo
“anormal” del manejo de la comisión interna, entre quienes recordó a
Mastinú, a Ludueña, a Lucero y a Caamaño Uzal. (147) Los cuatro resulta-
ron víctimas. En otra oportunidad, tras la toma de 1973, el entonces jefe
de personal Antonio Bertolucci declaró en una causa iniciada y mencionó
como responsables a los obreros Hugo Rivas, Martín Mastinú y a Alberto

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
Acevedo. Los obreros fueron sobreseídos en dicha causa. De Rivas y Mas-
tinú ya indicamos lo sucedido. Acevedo estuvo detenido. (148) En cuanto a
Roquetta, cuando su esposa Elba Juana Zanlungo, se acercó a la fábrica
para averiguar su situación, se le dijo de mala forma que si su marido esta-
ba detenido sería porque había hecho algo. (149)
Más allá de indicar el comprometido rol gremial de las víctimas y el vacío
en términos de organización gremial que se produjo en los astilleros luego
de la represión, con la consecuente pérdida de derechos y de iniciativa y
capacidad de defensa del colectivo obrero, la persecución quedó desnu-
dada en los operativos de secuestro y en los interrogatorios. La hermana
de Mastinú declaró en 1985 sobre el primer secuestro de su hermano,
en noviembre de 1975, que al ser torturado e interrogado buscaban co-
nocer sobre su actividad gremial y le advirtieron que dejara de ser sindi-
calista. Más tarde, volvió a recordar: “Los torturaron para saber las cosas
que hacían en Astarsa y para amenazarlos para que no continúen con la
actividad”. (150) Asimismo, cuando secuestraron a Livio Garay, los militares
exigían a su esposa que les diera los panfletos y al torturarla le exigían
datos de compañeros de su esposo, haciendo mención del velatorio que
había tenido lugar en la sede del SOIN en febrero de aquel año. Poco
después, el 8 de julio de 1976, al ser torturada la esposa de Mastinú, en

(147) Declaración testimonial de Carlos Collongues, 30/06/1986, San Martín, sentencia causa
2128.
(148) Legajo Conadep 1638, Juan Carlos Amoroso.
(149) Declaración testimonial de Juana Elba Zanlungo, sentencia causa 2128.
(150) Declaración testimonial de María Manca Mastinú, 27/05/1985, caso 135, causa 4012, y
“Entrevista a María Manca Mastinú”, en La verdad y la mentira, Memoria Abierta, Colección
Astarsa, 30/10/2001.

389
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

momentos en que también era secuestrado su compañero, le pregunta-


ban a qué se dedicaba en Astarsa y qué tenía que ver ella con la toma
de la empresa, aunque Mastinú se había ido hacía meses y la toma había
sucedido años atrás. Cuando en 1985, en el marco de una causa judicial,
declaró Armando Prospero Collinet, excustodio del jefe de policía de la
provincia y suboficial principal en la comisaría de Tigre en marzo de 1976,
recordó las masivas detenciones producidas el 24 de marzo y el comenta-
rio sarcástico de los militares quienes, mientras golpeaban brutalmente a
los trabajadores, decían: “este no va a ser más delegado”. (151)
Estas evidencias deberían ser leídas a la luz de una trama de relaciones
tejida entre la empresa y las fuerzas represivas desde antes del golpe de
Estado y que formó parte del engranaje del terrorismo de Estado. Por un
lado, debemos situar la participación de los empresarios en una logística
informativa que sirvió de base a la represión. Los canales bidireccionales de
información fueron puestos de relieve de forma más o menos explícita en
los archivos de la DIPBA. No hay que olvidar la prescripción de reserva que
se exigía a los agentes respecto de sus fuentes. En oportunidad del conflicto
de mayo de 1975, un informe de inteligencia señalaba que se había “efec-
tuado un chequeo a distintos niveles” (152) y tiempo más tarde la inteligen-
cia policial seguía evidenciando que recibía información de fuentes privi-
legiadas, refiriéndose a “fuentes confiables que funcionan a nivel personal
jerárquico dentro del Astillero Astarsa SA” y a una “entrevista sostenida
con directivos de Astilleros Argentinos Río de la Plata Sociedad Anónima
(Astarsa)”. (153) Estas referencias a “fuentes confiables”, “directivos de…” o
“personal jerárquico”, es reemplazada en otras oportunidades por nom-
bres y apellidos concretos. Estos contactos entre militares y directivos de
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Astarsa, como vimos, eran antiguos. En ocasión de la toma de 1973, un


agente de la DIPBA indicó que su fuente eran el director suplente Alfredo
Manuel Egusquiza y la sede de Astarsa en la Capital Federal. (154)

(151) Declaración testimonial de Armando Prospero Collinet, 06/11/1985, caso 150, causa 4012.
(152) “Infiltración en Astarsa”, 17/06/1975, archivo DIPBA, mesa DS, carpeta varios, legajo 3362.
(153) “Astillero Astarsa aparición volantes del PCA”, 12/01/1983, archivo DIPBA, mesa B,
bibliorato 1, legajo 2, caso 150, causa 4012. Véase también archivo DIPBA, sección Tigre, caja
1748, carpeta 117, legajo 59 y “Informar botadura en el Astillero Astarsa”, 12/01/1983, archivo
DIPBA, mesa B, bibliorato 1, legajo 2, caso 150, causa 4012.
(154) Archivo DIPBA, delegación Tigre, departamento B, bibliorato 1, legajo 2, caso 150,
causa 4012. Algo similar ocurrió en Astilleros Sánchez. Ya en marzo de 1973, en ocasión de
un conflicto en el que participaron los hermanos Vivanco, despedidos de Astarsa, el gerente
de Astilleros Sánchez se hizo presente en la Unidad Regional de Tigre para informar sobre

390
astilleros astarsa y mestrina

Ya sin menciones directas, tanto los informes de la DIPBA como otras fuen-
tes abonan la idea de la participación empresarial en la logística informa-
tiva que fue pilar basal de la represión. Recordemos lo señalado respecto
del fuerte conflicto que se produjo en Astarsa en mayo de 1975. Entonces,
la delegación de la DIPBA informó textualmente las amenazas que habían
recibido algunos directivos. ¿Cómo puede explicarse tanta precisión en la
información? En otro nivel de indicio, ya luego del golpe de Estado, pode-
mos pensar lo relatado por Santina Mastinú respecto de la persecución de
su hermano. Tras abandonar la planta, unos tres tipos de gran porte llama-
ron a su puerta preguntando por “El tano”. Al contestar Santina el llama-
do, escuchó: “Somos los dueños de Astarsa. Como hace quince días que

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
no viene a trabajar, queremos saber qué le pasa”. (155) En aquellos días,
un informe que llegaba a la DIPBA contaba minuciosamente sobre los
planes de Astarsa respecto a la cuestión de la salubridad en la empresa,
algo sobre lo cual haremos referencias más adelante. (156) Por otro lado,
también solo a modo ilustrativo, un informe policial señalaba con sumo
detalle que un obrero —del cual se ofrecía nombre y apellido— había
sido encontrado con volantes en el baño del astillero. (157) ¿Quién proveía
esta información?

La trama de relaciones mencionada no ubica solamente al empresario in-


serto en una logística informativa con fines represivos. Se compone ade-
más de relaciones personales y profesionales sumamente estrechas. Ello
resulta por ejemplo de la participación de militares en cargos directivos

el paro que se llevaba adelante y el personal involucrado. A poco de producirse el golpe de


Estado, los delegados de la DIPBA consultaron directamente sobre un conflicto laboral con
el jefe de personal de Astilleros Sánchez, Carlos Quevedo y poco antes otro jefe de personal,
Carlos Querejeta, había sido consultado por el inspector del Ministerio de Trabajo Víctor
Rossi, informándosele que el personal de la empresa se encontraba sin realizar tareas en sus
lugares de trabajo desde el 29 de diciembre pasado El mismo Massera mantuvo una entrevis-
ta privada en abril de 1976 con el dueño, José Peña Cobos, quien además se entrevistó más
tarde con el entonces capitán de fragata Noé Guevara. “Informar Novedad”, 02/04/1976,
archivo DIPBA, delegación Tigre, mesa B, bibliorato 1, legajo 37, caso 150, causa 4012. En
aquellos días de conflicto y consultas reiteradas, fueron detenidos cuatro trabajadores, todos
delegados.
(155) Entrevista a María Manca Mastinú, en La verdad..., cit.
(156) “Situación de la industria naval de la zona norte”, en archivo DIPBA, delegación Tigre,
bibliorato general gremial 2/1, legajo 32, caso 150, causa 4012.
(157) “Astillero Astarsa aparición volantes del PCA”, 12/01/1983, en archivo DIPBA, mesa B,
bibliorato 1, legajo 2, caso 150, causa 4012. Véase también archivo DIPBA, sección Tigre, caja
1748, carpeta 117, legajo 59 y “Informar botadura en el Astillero Astarsa”, 12/01/1983, en
archivo DIPBA, mesa B, bibliorato 1, legajo 2, caso 150, causa 4012.

391
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

y/o ejecutivos de la empresa, como el caso del brigadier de la Fuerza Aé-


rea Jorge Rojas Silveyra, quien se desempeñaba a comienzos de los años
setenta como director de relaciones industriales y públicas de la empre-
sa. (158) También surge de lo mencionado por Collongues, quien explicó
que al general Riveros lo conocía “en relación al cargo que desempeña-
ba en el Comando de Institutos”. Asimismo, dicha trama se compone de
relaciones vinculadas —en apariencia— solo a los negocios: en distintas
oportunidades, los máximos jefes militares presenciaron actos de botadu-
ra de buques, tomando la palabra e incluso siendo designadas sus espo-
sas como madrinas de las naves. (159)
Por otro lado, debemos considerar la afinidad político-ideológica entre di-
rectivos y militares. En los distintos actos de botadura mencionados, hicie-
ron uso de la palabra el directivo Aleman y distintas autoridades militares.
En el primero de los casos, habló el director nacional de Actividades Na-
vieras, capitán de navío Rodolfo Cabello, quien dijo: “tenemos la seguri-
dad de ser objetivos y contribuir con nuestra crítica y con nuestra actividad
al resurgir del país que reclamamos para nuestros hijos, como único medio
de evitar una nueva generación de frustrados”. No sabemos cuáles fueron
en aquellas ocasiones las palabras ofrecidas por Aleman, pero él mismo
ya se había expresado con espíritu similar hacia fines de 1975, al referirse
a los conflictos que se vivían en el astillero. En carta a la intervención del
SOIN y al Ministerio de Trabajo, denunciaba la “actitud inconsulta” de los
delegados, quienes “siempre” se han mostrado:
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(158) En dicha causa por la toma de 1973, la empresa es representada por Miguel
Losa, quien aporta una escritura firmada en Lanús, del 19/02/1971, donde figuran
como presidente de Astarsa Aleman y como director, Jorge Rojas Silveyra, brigadier
de la fuerza aérea. El expediente general del Ministerio de Trabajo lleva el número 553.323,
Memoria Abierta, “Colección Astarsa”.
(159) El 17/12/1977 se realizó la botadura del granelero “Ciudad de San Fernando”, construi-
do en Astarsa para la Secretaría de Intereses Marítimos (SIM). Asistió el almirante Massera,
miembro de la Junta Militar a cargo del PEN, el capitán de navío Noé Guevara (a cargo de
la SIM) y el director nacional de actividades mavieras, capitán de navío Rodolfo Cabello.
La mujer de Masera, Delia Esther Vieyra fue designada madrina de la nave. Un año más
tarde se botó el buque granelero “Ciudad de Tigre”, contratado para la Subsecretaría de
Marina Mercante, en presencia del comandante en jefe de la Armada, almirante Armando
Lambruschini, reemplazante de Massera en la Junta Militar, nuevamente Guevara, el director
de industria naval, capitán de navío retirado Adolfo Ángel Pintos, y el entonces intendente
de facto de Tigre, coronel retirado Carlos Pérez Ibarra. La madrina del buque fue la esposa
de Lambruschini, Gladys Nevares. Notas periodísticas en fondo documental CISEA-CESPA
“Jorge Schvarzer”, serie empresas, Astarsa, Facultad de Ciencias Económicas, UBA.

392
astilleros astarsa y mestrina

… excediendo el marco propio de las funciones y traduciendo to-


das sus exigencias en vías de hecho de acción directa y de intimi-
dación, que han creado un clima incompatible con el desarrollo
normal del astillero, en daño de la producción y de la disciplina,
gravemente resentidas. La reiteración de esos actos a través de
un largo período ha creado además un ambiente de temor, pro-
vocado ya el alejamiento de funcionarios y hecho imposible el
ejercicio de las funciones de dirección y organización del trabajo,
por parte de las autoridades de la planta y de los supervisores.

En aquella ocasión, el reclamo empresarial quedaba reflejado en un acta

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
firmada en las oficinas de Astarsa de la Capital Federal entre la empresa
y la intervención del sindicato: “La dirección de Astarsa —se lee— toma
nota de lo expuesto y solicita desde ya que se garantice el legítimo ejerci-
cio de la autoridad por parte de los funcionarios ejecutivos de planta y la
continuidad de trabajo en el Astillero”. (160) Con posterioridad, el directivo
Ramilo se explayaba en el diario La Nación quejándose por la improduc-
tividad obrera, la indisciplina, el ausentismo y los derechos conquistados
por los trabajadores como el de las tareas insalubres:

El tener trabajo en forma continuada es sólo el primer paso


indispensable, pero no basta con este hecho para poder cu-
brir la ardua etapa de desarrollo y afianzamiento. Para ello es
necesario que simultáneamente se logre un ambiente natural
apropiado y ordenado, apto para llevar adelante la acción.
Nuestra industria, como es lógico, no ha estado exenta de los
inconvenientes que han afectado a la industria en general y a
todo el país. Me refiero a los actos anárquicos, a los abusos de
las partes, a las ocupaciones, a los rehenes, a la violencia, a los
asesinatos, etcétera. Todo esto que promueve y fomenta un li-
mitado grupo ajeno a nuestra idiosincrasia, que no desea la ar-
monía ni nuestro desarrollo como país, traba y dificulta el logro
de nuestra meta y en consecuencia debemos superarlo. Creo
que la inmensa mayoría (…) opinan que ha llegado el momento
de estrechar filas, allanar diferencias y dentro del respeto mutuo
y de los cauces legales, realizar un gran esfuerzo y sacrificio para

(160) Acta de reunión, 18/08/1975 en archivo DIPBA, delegación Tigre, departamento B, bi-
bliorato 1, legajo 2, caso 150, causa 4012.

393
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

bien del país, de manera que en el futuro con la ayuda de Dios,


nuestros hijos puedan con orgullo, presentarlo como ejemplo al
resto del mundo. (161)
Lo referido a los “cauces legales”, como vamos viendo, era materia de
interpretación. En efecto, la afinidad mencionada siguió siendo rele-
vante aún después de todo lo acontecido. En este sentido, un informe
de la inteligencia policial de 1984 señalaba, en ocasión de un conflicto
suscitado en Astarsa, que la dirección empresarial estaba especulando
en función de sus intereses vinculados al curso de la recién recuperada
democracia:
Para otras fuentes normalmente confiables, se toma cono-
cimiento que la actitud del actual gobierno estaría encuadrada
dentro de un plan de desestabilización del actual gobierno ya
que muchos integrantes de los cuadros directivos de la misma
son elementos hartamente ligados a grupos militares del ante-
rior proceso y a grupos calificados como ultra-derecha. (162)
Cuatro años más tarde, poco después de las asonadas militares que cues-
tionaban el proceso de juzgamiento a los altos mandos que comandaron
la represión desde 1976, uno de los máximos jefes de la empresa, llegado
poco antes del golpe de Estado, convocó a una reunión al jefe de la Bri-
gada de Investigaciones de Tigre, al jefe de la Delegación de Inteligencia
de Tigre, al segundo jefe de la Prefectura local, al jefe de Superintenden-
cia de Tráfico Ferroviario de la Policía Federal y a representantes del área
militar para denunciar robos en la empresa, señalando con nombre y ape-
llido a los presuntos autores, relacionados con “las actividades agitativas
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y disociadoras de elementos marxistas vinculados al Partido Comunista,


Movimiento al Socialismo (MAS) y el Partido Obrero”. (163) No era solo una
reunión informativa. El directivo recibía entonces por carta el compromiso
del general Trillo, en Campo de Mayo, de una “amplia colaboración para
terminar con los sucios comunistas”. Envalentonado, el directivo se propuso
como “coordinador” de las fuerzas que se interesaran en actuar y ofreció
“proveer armamento necesario” y entrenar y dar medios indispensables

(161) La Nación, 12/09/1975.


(162) “Situación Astilleros Astarsa”, 07/01/1984, archivo DIPBA, delegación Tigre, departa-
mento B, bibliorato 1, legajo 2, caso 150, causa 4012.
(163) “Solicitud investigación activistas empresa Astarsa posible (tenencia armas de guerra y
asociación ilícita)”, archivo DIPBA, varios, mesa DS, legajo 26.862.

394
astilleros astarsa y mestrina

a “un grupo comando” para desarticular a los “delincuentes y activistas”.


Recordemos que los jefes de personal y relaciones industriales fueron
quienes, en mayo de 1976, exigieron a los trabajadores completar una
planilla con los domicilios a pedido del Ejército. Así, un máximo directivo
de Astarsa, nostálgico del tiempo perdido, se ofrecía durante los difíciles
primeros años de la recuperación de la democracia, como organizador y
proveedor de recursos materiales, logísticos e información, para ejecutar
prácticas propias del terrorismo de Estado.

Hay que subrayar el evidente conocimiento que tenían los directivos res-
pecto de los secuestros sufridos por los trabajadores, de aquellos que es-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
taban desaparecidos, de los que ya estaban legalizados y de aquellos que
aparecieron asesinados, incluso de los casos previos al golpe de Estado
y otros que tuvieron gran repercusión pública. Al menos los familiares de
Iriarte, Ludueña, Roquetta, Garay y Caamaño se presentaron en Astarsa
para ser informados sobre la situación y rechazar los telegramas de despi-
dos que recibirían. En el caso de Iriarte, el entonces jefe de administración
de personal, Rogelio Mauricio Claude, explicó que “oficialmente no tomó
conocimiento” de su secuestro. (164) En complemento, el directivo Collon-
gues admitió conocer entonces la situación del detenido Vicente, pues se
lo comentó el padre de este, antiguo trabajador de la empresa. También
se refirió al coordinador de relaciones laborales, subordinado suyo, admi-
tiendo que “ninguna duda le cabe en cuanto a que el mencionado Disarli
pudo haber atendido a familiares de personas presuntamente desapareci-
das que habrían trabajado en Astarsa”. Esta situación debe ser atendida,
pues no obstante dicho conocimiento, los directivos y jefes siguieron ac-
tuando de igual manera, entregando listas y nombres de obreros activis-
tas, comprometiendo seriamente sus posibilidades de vida.

Los crímenes que tuvieron lugar, más allá de pruebas directas, evidencias
menores o indicios, constituyeron puntos extremos de toda una estruc-
tura represiva montada por la empresa y las fuerzas estatales que pre-
tendía eliminar los obstáculos que presentaba la organización gremial de
los trabajadores. Los directivos lo pusieron de relieve al referirse en dis-
tintas ocasiones a la baja productividad, al ausentismo, a la indisciplina,
al desorden productivo, a la alteración de las jerarquías. En este sentido,

(164) Declaración testimonial de Rogelio Mauricio Claude, 02/12/1986, en caso 141, cit.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

al menos cinco líneas de acción convergentes pusieron en funcionamiento


la dirección de Astarsa.

La primera que podemos mencionar es la contratación de personas que


pudieran manejar las relaciones laborales internas en estrechos vínculos
con los militares, cuando no fueran efectivamente ellos miembros de las
fuerzas, en ejercicio o retirados. Nuevamente, debemos mencionar en
primer lugar al directivo Lacoa. Descripto en ocasiones como jefe de re-
laciones laborales, en otras como titular de las relaciones industriales, en
ocasiones a cargo de ambas áreas, e incluso como jefe de personal, este
personaje fue convocado por Astarsa en 1975, según surge de un docu-
mento de inteligencia de 1985, que indicaba su antigüedad de diez años
en la empresa. (165) Junto a él ingresó el subgerente de la misma área, Co-
llongues, quien mantenía estrechos vínculos con los militares. También
estaba Hugo Mario Delucca, jefe de relaciones industriales, convocado
en marzo de 1974, y otra persona de apellido Yenson. La DIPBA infor-
maba que algunos directivos eran “contactos de Seguridad Federal”. (166)
Al respecto, el empleado detenido Vicente declaró que a mediados de
1975, Astarsa cambió toda su dirección asumiendo un nuevo gerente
de personal y otro de relaciones laborales, mencionando a Collongues,
Lacoa y a un tal Martínez, y que a partir de su llegada cambió la forma de
relación con el personal: “Indicó que esas tres personas que idearon la
forma de destruir a la comisión interna y se mostró muy seguro al referir
que ellas son las personas que le suministraron al Ejército las listas de las
personas que debían secuestrar”. (167) Lo mismo fue mencionado por la
secretaria de la gerencia a Walter Vivanco y a Carlos Morelli. (168) Hay que
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referirse también a Disarli, mencionado por varios testimonios como uno


de los responsables de las amenazas que antecedieron a secuestros. Si-
milar al caso de Rampoldi, quien condujo una corriente minoritaria y sin
apoyo de bases en la renovación sindical del SOIN en el último año de la
dictadura. Junto a él, Santillán, ambos exempleados de la oficina de per-
sonal de Astarsa. Estos hombres, relacionados a la intervención sindical,

(165) Archivo DIPBA, mesa B, localidad Tigre, caja 1748, carpeta 117, legajo 59.
(166) Archivo DIPBA, delegación Tigre, mesa B, bibliorato 1, legajo 2 y mesa C, legajo 3362,
“Transcripción de teleparte nº 2534 de esmayordos – Relacionado con infiltración subversiva
en astilleros Astarsa”.
(167) Declaración testimonial de Daniel Vicente, sentencia causa 2128.
(168) Declaración testimonial de Walter Vivanco, sentencia causa 2128.

396
astilleros astarsa y mestrina

ingresaban a la empresa para aportar, sin duda alguna, a una solución


represiva del problema que constituía la combativa comisión interna.
La segunda línea ya fue mencionada extensamente. Nos referimos a la
presencia directa de las fuerzas represivas en la planta. Los operativos
con secuestro, las requisas, los interrogatorios y las listas, hacían sentir
a los trabajadores que tanto el territorio como los talleres habían deja-
do de pertenecerles. (169) En este sentido, recordemos uno de los testimo-
nios de Vicente, detenido en la planta, quien relató: “Que antes de su
detención asiduamente y luego del 24 de marzo de 1976, formaciones
militares entraban y salían de Astarsa e inclusive llegaban a comer dentro

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
de la empresa”. (170) Esto mismo fue destacado por Ignacio Fleitas. (171) Más
allá de los operativos de marzo y junio, el comisario Maiolo recordó que
el operativo de mayo en Astarsa “fue un hecho bastante conocido en la
zona”, que se realizó con personal del Ejército y con el apoyo policial. (172)

Junto a lo referido previamente respecto de la presencia militar en la


fábrica, debe analizarse su complemento: el uso de la policía interna
contratada por la empresa directamente, en estrecho vínculo con las
fuerzas estatales. Las fuerzas de seguridad privada contratadas por la
compañía podían trabajar como parte del staff directivo, como servi-
cio contratado en función permanente o ambas cosas. En Astarsa fun-
cionó la conocida empresa Organización de Protección Industrial SA,
más conocida como Orpi, (173) con sede central en el concurrido edi-
ficio comercial de Moreno 769 de la Capital Federal y sucursales en
distintas provincias, funcionando con una dirección central, jefes zo-
nales y agentes en las empresas. El presidente del directorio durante
los años 70, y en fecha del golpe, era el coronel retirado del Ejército
Héctor Eduardo Cabanillas, y su vicepresidente el teniente coronel Al-
berto Hamilton Díaz, (174) especialista en guerra contrarrevolucionaria.

(169) Lorenz, Federico, Algo parecido…, op. cit., p. 244.


(170) Declaración testimonial de Daniel Vicente, 04/08/1987, caso 67, causa 4012.
(171) Declaración testimonial de Ignacio Fleitas, sentencia causa 2128.
(172) Declaración testimonial de Norberto Ismael Maiolo, sentencia causa 2128.
(173) La compañía de seguridad es mencionada en distintas ocasiones en las causas judicia-
les: “Carta documento a Astarsa” por la Dirección General de Instrucción Militar, 06/11/1986,
causa 4012.
(174) Primera Plana, 07/09/1971. Cabanillas fue el encargado por el dictador Pedro Eugenio
Aramburu de sepultar secretamente los restos de Eva Duarte de Perón en Milán, en 1956, y

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Hacia octubre de 1976 fue oficializado un cambio de dirección ocurrido


en mayo, a favor del comisario general retirado Alfredo Benigno Castro,
cambiando la sede a Santiago del Estero 366. (175) Respecto de su rol
en Astarsa, recordemos la mención de Collongues respecto de que fue
el mismo personal de seguridad quien lo citó el 23 de marzo de 1976
por la noche a una entrevista con las autoridades de Campo de Mayo,
oportunidad en la que le comunicaron sobre los operativos y requirieron
la colaboración empresarial. Ludueña, por otra parte, mencionó que su
detención se produjo cuando un agente de seguridad privada lo señaló
frente a oficiales de civil.
Finalmente, debe mencionarse el despido de los obreros activistas. Práctica
intrínseca de la empresa, ya señalamos los retrocesos en este sentido sufri-
dos por Astarsa luego de la toma de 1973. Sin embargo, primero gracias al
accionar de la Triple A —los casos de Antelo, Soria, Buades, Domínguez y
Broglia—, luego con el golpe en marcha, la compañía pudo retomar la inicia-
tiva. Los primeros despedidos fueron aquellos que decidieron dejar de asistir
a la fábrica para no ser detenidos en los operativos que sospechaban que se
llevarían adelante. A pesar de que algunos pidieron que les fueran conser-
vados sus puestos por correr peligro sus vidas, la empresa envió telegramas
de despido alegando “ausencias injustificadas y presentación de certificados
médicos falsos”. (176) También fueron despedidos quienes dejaron de ir el mis-
mo 24 o en los días subsiguientes, alguno de los cuales fueron detenidos. (177)
En el caso de Garay, secuestrado en mayo, el abogado de la empresa Fer-
nando Moledo respondió el 14 de mayo de 1984 un requerimiento judicial
indicando que este trabajador había ingresado a la fábrica el 13 de octubre
de 1970, había sido despedido el 31 de octubre de 1972, reincorporado el
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1 de octubre de 1973 y finalmente nuevamente despedido “con causa justa

quince años más tarde de devolver el cuerpo a Juan Perón. Fue director de la SIDE tras el gol-
pe a Perón, luego director de inteligencia del Ejército (SIE) y subsecretario de guerra en 1962.
(175) Orden del día interna, 24/05/1976 y orden del día interna, 12/10/1976, Policía Federal.
(176) Bajo estas circunstancias fueron despedidos una veintena de obreros, mientras que de
otros se comunicaba su renuncia y de otros se los mencionaba como “fallecidos”, como el caso
de Carlos Álvarez. Entre los despedidos estaban, días antes del Golpe, Antonio Pérez, Carlos
Przenlucki, Aldo Ramírez, Daniel Gayo, Luis Benencio, Luis Fucks, Jorge Velarde, Albel Volpi,
Luis Ostrej, Ricardo Rodríguez, Jorge Elbio Lescano, José Delgadillo y Tomas Bello. Entre los
renunciados estaban Antonio Martínez, Cesareo Torres, Bautista Poleni, Cristo Bujalis, Setimio
Maggi, Carlos Morelli y Juan Domingo Lipani. Ninguno de ellos se encontraba como emplea-
do de la empresa al momento del Golpe. “Informar sobre despidos Astilleros Astarsa de Ti-
gre”, archivo DIPBA, delegación Tigre, mesa B, bibliorato 1, legajo 2, caso 150, causa 4012.
(177) Entre ellos Roquetta, Villalba y Mastinú.

398
astilleros astarsa y mestrina

por abandono de puesto” el 2 de junio de 1976. (178) Similar situación vivieron


al menos Ludueña y Caamaño Uzal, ambos despedidos a los pocos días de
estar detenidos, por “causa justa”. (179) En el caso de Villalba, según recuerda
su hija mayor, no se le permitió el ingreso a la planta al tercer día de produ-
cido el golpe de Estado y más tarde se le envió el telegrama de despido. (180)
La decisión fue ratificada aun cuando las esposas de los trabajadores impug-
naron los telegramas. El mismo 21 de mayo, por la tarde, Beatriz Enríquez re-
mitió a la empresa el siguiente comunicado: “Justifico ausencia esposo Livio
Garay F. 61, detenido según ellos policía fed. 21/05/1976, entre 1.30 y 2 ma-
drugada”. En una semana, la empresa rechazó la justificación, enviando dos
telegramas donde se advirtió que se consideraría el “abandono de puesto”.

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
Gloria Enríquez respondió de inmediato el segundo telegrama: “Reitero te-
legrama 361 interpuse hábeas corpus juzgado federal San Martín”. El 2 de
junio, cuatro días más tarde y cuando ella misma ya estaba detenida, Astarsa
respondió: “vencido plazo intimación. Colacionados números 246 y 274 que-
da despedido con justa causa por abandono puesto”. (181) Cuando, bien en-
trado 1976, la delegación de la DIPBA elaboró un informe de situación sobe
los astilleros, se comentó respecto de Astarsa que: “Con la desaparición de
los principales activistas que luego de varios días de inasistencia fueron des-
pedidos por la empresa, se vive un clima de contenida calma”. (182)

Este último documento ponía de relieve una quinta línea convergente:


la reincorporación de los trabajadores “adictos” expulsados de la fábrica
en los últimos tiempos por presión del colectivo de obreros que los con-
sideraban “personas no gratas”. Muchos de ellos exdirectivos del SOIN,
fueron convocados para realizar tareas dentro de la planta. Así, volvieron
Rampoldi, de quien más tarde se diría que “cuenta con el apoyo total de

(178) Respuesta de Astarsa al Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial n° 2, Sec. 4ª


San Isidro, caso 67, causa 4012.
(179) En el caso de Caamaño, ver declaración testimonial de Elisa Mirta Corradini (esposa),
03/04/1986, San Isidro, caso 140, causa 4012.
(180) Entrevista a Graciela Villalba.
(181) En caso 67, causa 4012.
(182) En el caso de otros astilleros también fue atacada la función gremial interna que compo-
nían los obreros combativos, algunos de los cuales después del golpe buscaron preservar sus vi-
das, como lo ocurrido con Martín Toledo de Cadenazzi, que fue desaparecido como así también
Andrés Ayala. Un informe de DIPBA señalaba, a poco de producirse el golpe, que Toledo “trató
de diluir su accionar, negándose incluso ante la convocatoria empresaria para desarrollar charlas
en representación de los trabajadores, aludiendo que dejó de ser delegado y que en lo sucesivo
deberían recurrir al obrero más antiguo del establecimiento”. En septiembre fue desaparecido.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

los directivos de la empresa Astarsa”, y Monsalvo, mientras que Casuso


renunciaba y Peña se jubilaba. La mayoría de ellos, incluido Raúl López,
participarían de la “renovación” sindical en la transición democrática.
También estaba Osvaldo Nuchi. La DIPBA señalaba que algunos regresa-
dos tenían “amplios contactos en la gerencia de Astarsa y respondiendo
plenamente a Marina”. (183)
Este conjunto de prácticas empresariales funcionaron como condición
para la embestida en términos de condiciones laborales, ritmos de traba-
jo y otras cuestiones que hacían a la vida cotidiana de la producción y la
retribución de la fuerza de trabajo. En efecto, el acta de una reunión de
directorio de Astarsa del período que cerraba en junio de 1976 destacaba
“el cambio en la situación laboral y que las perspectivas de mercado eran
promisorias”. (184) La empresa avanzó por distintos frentes: por un lado, de
forma inconsulta, modificó algunas pautas respecto de horarios y compo-
sición salarial; por otro, hizo lo mismo incumpliendo algunas cláusulas del
convenio colectivo de trabajo, mientras reclamaba al Ministerio de Traba-
jo —en función de las nuevas condiciones de fuerza— la convocatoria a
paritarias para legalizar los incumplimientos de hecho que llevaban ade-
lante. Finalmente, trabajaron para anular los dictámenes de insalubridad
sancionados por el odiado “decreto Otero”, de mayo de 1973. Algunas
de estas iniciativas contaron con el apoyo del sindicato intervenido, pero
otras no, alertando la intervención que algunos incumplimientos podían
generar climas adversos —y, en consecuencia, dar margen de maniobra a
la “subversión”—. Las decisiones empresariales se fundaban en los arre-
glos de las leyes del trabajo realizadas desde entonces. (185)
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(183) Algunos competidores en esta “renovación” fueron: La Azul y Blanca de Raúl López (62
Organizaciones y exCGT-Brasil); La Lealtad, liderada por Juan Carlos Massó (con apoyo de
Lorenzo Miguel); una agrupación sin nombre liderada por Guillermo Casusso, último secretario
general y secundado por Ovidio Molsalvo (con el apoyo de Martos, última conducción antes de
la intervención); una minoritaria lista de Disarli y Santillán (ambos exempleados de la oficina de
personal de Astarsa); una lista que surge de un acuerdo entre la empresa y Gregorio Minguito
(que logró colocar una comisión normalizadora en el gremio y conformó cuados dentro del
astillero). Hacia 1984, confluirían estos grupos en la Lista Blanca y la Lista Celeste.
(184) Lorenz, Federico, Algo parecido…, op. cit., p. 294.
(185) También astilleros Pagliattini inició esta embestida, ocasionando un “acentuado disgusto”
entre el personal cuando cambió de forma inconsulta los horarios de trabajo y cuando tomó
medidas respecto de pagos y producción que generan descontento, lo cual resultaba “de grave-
dad” puesto que siendo el mayor constructor de embarcaciones livianas hace que el resto de los
astilleros emulen su actitud. En el caso de las resoluciones por insalubridad, la gerencia consiguió
que la totalidad de las tareas fueran declaradas “normales”. “Llevar información”, 12/10/1982,
archivo DIPBA, delegación Tigre, departamento B, bibliorato 2, legajo 3, caso 150, causa 4012.

400
astilleros astarsa y mestrina

Apenas producido el golpe de Estado, la empresa comenzó a incumplir al-


gunas cláusulas del convenio. El hecho fue denunciado por la intervención
del sindicato: el entonces capitán de fragata Domingo Pérez se dirigió a
las oficinas del Ministerio de Trabajo transmitiendo las numerosas quejas
presentadas por trabajadores de los astilleros por distintos aspectos de la
embestida empresarial. El incumplimiento más grave y que más generó
rechazos era el cambio respecto de las políticas de salud en la empre-
sa: “… no aceptan el certificado médico presentado por el trabajador y
por ende proceden a descontarle los días de ausencia por enfermedad”,
señalaba el interventor, quien criticaba que en función del “silencio” le-
gal producido, “el trabajador está obligado a someterse al control que se

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
efectúe por el facultativo de la empresa”. La iniciativa de la compañía se
amparaba en la reforma de los arts. 226 y 227 de la Ley 20.744 de Contrato
de Trabajo que referían al aviso al empleador por enfermedad o accidente
y a la elección del médico y el control oficial en caso de discrepancia.
Esta y similares situaciones podían ser blanqueadas con un nuevo con-
venio colectivo. El extenso informe de inteligencia sobre la situación del
sector naval realizado a poco de andar el golpe, señalaba respecto de las
cámaras empresariales:
… este ente que hasta no hace mucho parecía haberse dilui-
do reapareció demostrando un renovado espíritu de cuerpo en
torno de intenciones de conjunto. Dicha Asociación se dirigió
al Ministerio de Trabajo solicitando convocatoria a Paritaria Per-
manente a efectos de legislar puntos no del todo claros en la
Convención Colectiva de Trabajo nº 102/75.

Entre los puntos “no del todo claros” se encontraba la media hora de descan-
so para almuerzo o cena que tenían quienes hacían tareas insalubres, tema
sobre el cual —como vimos— no se habían alcanzado decisiones definitivas
en las negociaciones de fines de 1975. En mayo de 1976, Ramilo llamaba
a la reunión paritaria a fin de reinterpretar los exactos alcances del artículo
séptimo firmado entonces. El otro tema en cuestión los constituían los dic-
támenes de insalubridad. Según un exobrero, “no se entiende la represión
en Astarsa si no se entiende qué fue el control obrero de las condiciones de
trabajo: nosotros decíamos qué era salubre y qué insalubre en cada lugar,
lo mismo sucedió en Mestrina y así durante tres años que siguieron...”. (186)

(186) Dandan Alejandra, “El juicio por...”, op. cit.

401
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

Astarsa comenzó de inmediato a realizar un estudio técnico para solicitar


la remisión de los dictámenes de insalubridad de ciertos sectores de la
planta naval. El movimiento de pinzas de la empresa incluía en este caso
el apoyo del sindicato intervenido: “Las equívocas aplicaciones del régi-
men de insalubridad por otra parte fueron denunciadas por la Delegación
Normalizadora del SOIN, repetidas veces como elemento inflacionario de
mayores costos que siempre resultan ser una estafa a la Nación”, se in-
formaba a la DIPBA, haciendo alusión a que el costo era trasladado a los
contratos que los astilleros tenían con el Estado. (187)
En julio y agosto de 1976, las partes se reunieron para definir el convenio
colectivo, pero el expediente se cerró sin novedades y más tarde, el 29 de
septiembre de 1976, nuevamente señalaba Ramilo al director nacional de De-
legaciones Regionales del Ministerio de Trabajo, que el régimen de insalubri-
dad y la media hora de descanso para estas tareas “merecerían de por sí un
inmediato cambio” y reclamaban una “solución definitiva en breve término”:
Hasta el momento no se ha producido ninguna novedad. Ello,
como es lógico, ocasiona serios perjuicios a nuestra industria,
ya que el pago de media hora sin contraprestación de trabajo,
con la consiguiente disminución a límites inferiores a los legales
de la jornada laboral, es un hecho que afecta directamente la
productividad de nuestras empresas, en las que, como es sa-
bido, existe un alto porcentaje de tareas declaradas insalubres.
Tal régimen merecería de por sí un inmediato cambio, en caso
de que estuviera pactado convencionalmente. Ese cambio se
impone con mayor razón desde que nada se dice en el convenio
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sobre su aplicabilidad a situaciones no contempladas. (188)

Finalmente, la ofensiva tuvo sus resultados. Algo demorado pero nunca


tarde, en agosto de 1978, las empresas consiguieron que el Ministerio
de Trabajo dejara sin efecto las resoluciones 26/73 y 26/74 del Ministe-
rio de Trabajo afectando, en el caso de Astarsa, a más de la mitad de
las tareas declaradas insalubres, las cuales bajaban de un 53% sobre
el total a poco más del 20%. La decisión agitó el ambiente, pero allí
estaba el sindicato para apaciguar las aguas. A estos efectos se acercó

(187) “Situación de la industria naval de la zona norte”, archivo DIPBA, delegación Tigre,
bibliorato general gremial 2/1, legajo 32, caso 150, causa 4012.
(188) Ministerio de Trabajo, expedientes generales 616.444, 21/05/1976.

402
astilleros astarsa y mestrina

Rampoldi a Astarsa y se entrevistó con los operarios que mantenían


sus dudas sobre la legitimidad de la medida. La resolución ministerial
consideraba que se podía echar atrás con los dictámenes tras “haberse
comprobado la eficiencia de las mejoras introducidas” por las empresas
y declarar “normales” las tareas en cuestión. (189) Previo a conocerse el
decreto, Astarsa comunicó a su personal que se iniciaba “la primera
etapa de adaptación de nuestro régimen de insalubridad a la nueva
norma, que tiene por objeto principalísimo preservar la salud del tra-
bajador y mejorar sus condiciones de trabajo”. De esta forma, argu-
mentaban la imposición de un modelo empresario respecto de la salud
obrera, que deslegitimaba el reclamo de un menor horario laboral y

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
desconocía toda legislación reguladora del descanso. Señalaban:
… el menor horario de permanencia del personal que realiza
tareas en condiciones de insalubridad no es un beneficio, es una
medida que trata de mitigar el daño causado al organizar por la
acción de concomitantes. Proteger al trabajador de la agresión
de usos contaminantes no es solo responsabilidad del Departa-
mento de Higiene y Seguridad, sino de los jefes, supervisores y
del mismo obrero.

Todo ello a pesar de que desde la empresa se explicaba que la renovación


de equipos de seguridad y de renovación de aire todavía no era comple-
ta. (190) En aquel contexto, septiembre de 1978, aparecieron volantes diri-
gidos a los compañeros de Astarsa, quejándose y llamando a luchar para
recuperar las conquistas perdidas, en especial el régimen de insalubridad
suprimido:
Desde marzo de 1976, los trabajadores de Astarsa y la clase
obrera argentina venimos sufriendo una política hambreadora y
represiva, que se materializa en salarios miserables, en el soste-
nimiento de una mayor explotación y en despojo de conquistas
que significaron años de lucha y muerte de compañeros. La pa-
tronal de Astarsa aprovecha esta política y nos quita conquistas
que también nos costaron luchas y sacrificios. (191)

(189) Resoluciones 860, 861 y 862/78, archivo DIPBA, mesa B, localidad Tigre, carpeta 117,
legajo 24, SOIN.
(190) Decían: “que se han adquirido o se adquirirán a medida que avancen los estudios ya
encarados sobre el tema”.
(191) Archivo DIPBA, mesa B, localidad Tigre, carpeta 117, legajo 24, SOIN.

403
Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

La situación empeoró tanto que hacia fines de 1979, incluso quienes ante-
riormente eran parte de la cuestionada “burocracia” exigían recuperar la
organización sindical, puesto que “la supresión del estado de derecho po-
sibilitó que en los astilleros volviera a regir la ley del más fuerte”, queján-
dose de que sin importar el tamaño del astillero, “la más importante con-
quista alcanzada en el último convenio que era a igual trabajo igual salario
(…) desapareciera bajo un alud de sueldos cada vez más escasos y que
han llevado a los hogares de los navales a una situación desesperante”. (192)
Ninguna de estas iniciativas empresariales podía ser respondida. Y todavía
en 1983 y 1984, cuando se produjeron numerosas suspensiones de perso-
nal, no pudo ser respondida la argumentación dada por Aleman respecto
de la necesidad de las suspensiones, aun cuando indicaba que el ejercicio
económico de 1983 culminaba con “una aceptable carga de trabajo, es-
pecialmente en el sector naval de la empresa” (193) y cuando un agente de
la DIPBA señalaba que “según versiones recogidas este conflicto laboral
[el de 1984] fue cuasi-provocado por la empresa (retrasando los pagos de
quincenas y aguinaldo) a los efectos de presionar indirectamente” al nue-
vo gobierno democrático.
Diez años después de la muerte del obrero Alesia, que funcionó como
punto de inflexión en la historia de los trabajadores navales, en particular
de Astarsa, un volante difundido por un grupo clandestino de obreros, el
2 de mayo de 1983, decía:
¡Basta de muerte! Compañeros: miércoles 27/4: un compañero
cae de un andamio. Muere el 29. Sábado 30/4: un compañero
muere quemado. ¿Vamos a esperar que nos toque el turno a
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nosotros? Nos hemos reunido compañeros de distintos oficios


y resolvimos gritar: ¡basta de muertes! Que nuestra sangre no
llene más los bolsillos patronales al igual que nuestra hambre.
Comisión obrera de seguridad. (194)

(192) El comunicado fue publicado en el diario Popular y firmado por la Agrupación Naval
Azul y Blanca, encabezada por el otrora asesor de la intervención del SOIN, Raúl López. El
motivo era el rechazo de la nueva ley sindical. López integraba el Movimiento Sindical Pero-
nista de zona norte.
(193) Fondo documental CISEA-CESPA “Jorge Schvarzer”, serie empresas, Astarsa, Facultad
de Ciencias Económicas, UBA.
(194) Lorenz, Federico, Algo parecido…, op. cit.

404
astilleros astarsa y mestrina

Se reclamaba medidas de seguridad, indemnizaciones a los familiares de


los obreros accidentados, entre otras cuestiones, convocando a un estado
de alerta y posible paro.

5.2. Mestrina
A diferencia de Astarsa, en el caso de Mestrina casi todas las víctimas su-
frieron el secuestro en la fábrica y en los dos primeros días del golpe.
Ya hicimos referencia a estos sucesos desde algunos testimonios, pero
en aquellos días el reclamo de familiares generó documentación que ya
ponía de relieve algunas características del procedimiento. Tal el hábeas

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
corpus presentado por Ana Inés Mancebo, madre de Boncio, quien es-
cribió: “El día 25 de marzo de 1976 Carlos Ignacio Boncio fue detenido
por personal de las fuerzas de seguridad, en dependencias de Astilleros
Mestrina, mientras se encontraba trabajando y en presencia de todos sus
compañeros de trabajo”. (195)
Otras denuncias señalaron a otros actores. Gladys, mujer de Zoilo Aya-
la, respondió un primer telegrama de aviso de despido enviado desde
la empresa: “El obrero Ayala Zoilo no puede presentarse a trabajar a
sus tareas en 24 hs. porque fue llevado del Astillero en presencia suya
y testigos por personal del Ejército el día 25/03/1976”. Similar fue el te-
legrama de Eva Mabel Delojo, esposa de Pandolfino. (196) Volviendo a los
testimonios, fue Eva Beatriz Figueroa, esposa de Jorge Lascano, quien
aclaró el asunto de la presencia de directivos ante los hechos. Ella misma
asistió el 25 a la fábrica para averiguar qué había pasado con su marido,
cuando vio a Menin y todo el personal jerárquico presenciando la de-
tención de más trabajadores. Si bien el directivo Vicente Ramondi negó
estar presente, (197) quien sí admitió su presencia, a una distancia de ocho
metros, fue el mismo Menin, gerente general y director, aunque advirtió
que fue coaccionado por Molinari cuando pidió explicaciones sobre lo
que sucedía, agregando que el 25, cuando sucedió lo mismo, le sugirió a
Albornoz que no bajara y que por no hacerle caso fue llevado. (198) No obs-

(195) Presentación de habeas corpus, caso 150, causa 4012.


(196) “El obrero Salvador Pandolfino no puede presentarse a sus tareas en 24 hs. Porque fue
llevado de su taller en presencia suya y de todo el personal del taller por personal del Ejército
el día 24/03/1976”, cit.
(197) Declaración testimonial de Vicente Ramondi, 16/10/1986, Campo de Mayo, cit.
(198) Declaración testimonial de Antonio Menin, 14/10/1986, Campo de Mayo, cit.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

tante su señalada preocupación, nada impidió que de inmediato cursara


los telegramas de despido.
A la presencia de los directivos, hay que agregar el rol que le cupo a la
agencia de seguridad privada, al menos en el caso de Pandolfino. Su res-
ponsable en Mestrina, Mariano Quinteros, declaró que fue él mismo quien
hizo buscar a este delegado cuando el Ejército se hizo presente en la fá-
brica y requirió por él. (199)
Menin declaró entonces que debía entregar listados sobre el activis-
mo en fábrica. “Debía mandar, primero semanalmente y luego men-
sualmente, una lista de ausentismos de los obreros a Campo de Mayo
y los militares uniformados aparecían periódicamente en el astillero,
revisando todo y haciendo preguntas”, mencionó ante tribunales. (200)
Como vimos, la participación empresarial en los crímenes mediante el
aporte de listas o de otro tipo de información resultó crucial para la
consumación de los hechos. Pero no resultaba necesaria la admisión de
Menin al respecto. La DIPBA recibió en los días más aciagos numerosos
listados de obreros activistas que resultaron víctimas, con el membrete
de la empresa.
Ya tras el asesinato de Echeverría, en febrero de 1976, los delegados de-
nunciaron la colaboración empresarial en este sentido: “No hace mucho
tiempo los compañeros del gremio hicimos pública denuncia de los da-
tos sobre domicilios nombres y apellidos que las patronales aportaban
a las supuestas autoridades competentes en una clara actitud policíacas
y represivas”. (201) Nada más cierto. Como vimos, los directivos de Mestri-
na, especialmente Menin, completaron los registros que enviaba la poli-
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cía bonaerense para conocer la situación de la empresa, desde 1975 en


adelante. En los archivos de la inteligencia policial quedó guardado el
“Cuestionario Registro Delegados”, con datos de ocupación, ingreso a
planta, rol sindical y domicilio, de los obreros activistas. Este cuestionario
se completó luego de mayo de 1975, puesto que se incluye a un obrero,
que había ingresado a la planta el 25 de abril de ese año. La ficha principal
indicaba a Menin como gerente y a Vicente Norberto Ramondi como jefe

(199) Declaración testimonial de Mariano Quinteros, 09/01/1986, Campo de Mayo, cit.


(200) Declaración testimonial de Antonio Menin, causa 26144, caratulada “Boncio Carlos Ig-
nacio y otros s/ privación ilegítima de la libertad”, incorporada a causa 4012, cit.
(201) “A los compañeros navales, a la clase trabajadora y al pueblo en general”, 04/02/1976,
Archivo DIPBA, delegación Tigre, departamento B, bibliorato 2, legajo 3.

406
astilleros astarsa y mestrina

de Personal. “Se adjunta ficha con datos personales”, se indicaba, seña-


lándose a Echeverría, Zoilo Ayala, Boncio, Pandolfino y Rezeck. (202)
La hija de Rezeck declaró que su padre fue abordado en la garita de entra-
da a Mestrina por oficiales de Ejército, quienes preguntaron por él y otros,
llevando en sus manos una lista con sus nombres. (203) Hay más testimonios
que aportan en igual sentido, como el de Ramón Ayala, quien explicó que
el jefe del operativo subió a las oficinas de la dirección, bajó con una lista
en mano y comenzó a detener a los delegados. Recordemos el del obrero
que declaró en 1985 y que señaló que el Ejército se desplazaba en el inte-
rior de la fábrica con “soltura, como si supieran perfectamente a quienes

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
se iban a llevar”, mientras cotejaban los nombres con una lista. (204) También
el del carpintero Borca, quien recordó a los empleados que fueron dete-
nidos luego de ser identificados por “una persona de la cual no recuerda
ningún rasgo fisonómico con una lista en las manos”. En igual sentido se
refirió Eva Mabel Delojo, compañera de Pandolfino al momento del golpe
de Estado. (205)
Aún a sabiendas de las consecuencias que aparejaba el aporte de listados,
y desmintiendo la preocupación que alegó luego Menin, este gerente si-
guió informando sobre el activismo en la planta que dirigía. “Nos es grato
detallarle la nómina de nuestro personal que desempeña tareas en el As-
tillero, con su correspondiente domicilio, como así también adjuntamos
un plano general de la planta”, firmaba el gerente, con fecha de 30 de
marzo de 1976, ante un requerimiento hecho por el titular de la Comisaría
1° de Tigre, José Norberto Maiolo. Sabiendo que habían sido detenidos y
que su vida corría serio riesgo, Menin volvió a mencionar a Ayala, Boncio,
Pandolfino, Lascano y Rezeck (por si quedaban dudas sobre su activismo)
y mencionó ahora el nombre de Mario Marras, asesinado pocos meses
después. (206)

(202) También se señalaba a José Ruiz, Pedro Degui, Díaz, Rubén Salmini, Justo Solis y Agus-
tín Brandan, todos delegados.
(203) El testimonio, recordemos, contaba con la información dada ese mismo día a la hija por
quienes desaparecerían al día siguiente: Boncio, Ayala y Albornoz.
(204) Declaración testimonial de Enrique Ramírez, 18/10/1985, en caso 150, causa 4012.
(205) Declaración testimonial de Eva Mabel Delojo, 29/10/1986, Campo de Mayo, cit.
(206) También desde astilleros Pagliettini se enviaron las fichas de “relevamiento fabril”. Bajo
la dirección de Jorge Pagliattini —gerente— y de Ricardo Trejo —jefe de personal—, se se-
ñalaba rol sindical, datos filiatorios y domicilio, de varios trabajadores. Archivo DIPBA, dele-
gación Tigre, departamento B, bibliorato 1/1, legajo 55, caso 150, causa 4012. En un informe

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

A fines de abril, desde Mestrina se volvió a remitir información sobre el


activismo en la fábrica, esta vez señalando a los trabajadores que colabo-
raban materialmente con los familiares de los detenidos y desaparecidos.
No olvidemos que estos listados eran remitidos a la comandancia zonal
del Ejército, (207) mientras que en declaración judicial en 1985, el mismo co-
misario Norberto Maiolo, titular en la Comisaría 1° de Tigre, aseguró que
ellos suministraban información a militares y jueces competentes, que los
detenidos requeridos eran derivados a Campo de Mayo (muchos de ellos
gremialistas) y que el personal de Ejército recababa información de la de-
legación de Inteligencia que se encontraba en el segundo piso. (208) Con
posterioridad, Menin reincidió, remitiendo información al jefe de la sec-
cional regional de informaciones de Tigre, comisario inspector Alejo Role-
ri. Se trataba del cuestionario de “Relevamiento Industrial”, pero en esta
oportunidad ya no había comisión interna ni delegados. En efecto, quie-
nes habían quedado cumpliendo funciones gremiales después del golpe
de Estado habían renunciado o habían sido amonestados por la empresa.

Si bien la mayoría de los hechos se produjeron en la planta fabril, la empre-


sa también aportaba los domicilios de los trabajadores mediante canales
formales e informales. Más allá de los cuestionarios respondidos, resulta in-
teresante lo informado por la DIPBA respecto de la situación de un médico
en la empresa “impuesto por Rezeck y Echeverría” y “de quien Mestrina ca-
rece de todo dato de filiación”, indicaba la fuente, evidenciando la consulta
hecha. Lejos de señalar la prescindencia empresarial, el informe explicaba:
A poco del pronunciamiento militar y ante relevamientos de la
autoridad del área, la empresa procuró muñirse de tales datos,
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hasta la fecha negados argumentando razones de seguridad,


requiriendo su domicilio al Dr. XXXX junto a quien era muy co-
mún verle y quién solía presentarse a hacer sus reemplazos, ma-
nifestando XXXX en primer término que debía consultar, y luego
que no estaba autorizado a proporcionarlo. (209)

llegado a DIPBA, se señalaba por otra parte que este astillero era una fuente de información
para la represión, leyéndose el genérico “fue consultado a la compañía”.
(207) “Se recibe de Ejército nota de relevamiento industrial, el cual debe ser presentado dentro
de las 48 horas en Campo de Mayo”, se lee en un informe remitido a la DIPBA el 28/04/1976.
En Archivo DIPBA, delegación Tigre, mesa B, bibliorato 1/3, legajo 109, caso 150, causa 4012.
(208) Declaración testimonial de José Norberto Maiolo, 30/10/1985, caso 150, causa 4012, cit.
(209) “Situación de la industria naval de la zona norte”, archivo DIPBA, delegación Tigre,
bibliorato 2/1, legajo 32, caso 150, causa 4012.

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astilleros astarsa y mestrina

Si bien el médico logró refugiarse, el caso enseña que la entrega de domi-


cilios —como en el caso de Astarsa— produjo sus víctimas. Al menos esto
sucedió con la compañera de Hugo Rezeck, desaparecida poco antes del
golpe de marzo de 1976.

Suman responsabilidad a los empresarios el hecho de que —no obstante


no producirse víctimas en concreto— los directivos se presentaran en todo
momento como fuente de información de los agentes de la represión.
Pensemos en el informe de inteligencia que señalaba que el 29 de abril
de 1976, a las 9.50 horas, se presentaron ante Menin cinco operarios para
manifestar “al Sr. Director su disconformidad y la de todos los compañe-

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
ros de trabajo” a raíz del reingreso a la planta de personas cuya presencia
había sido declarada “no grata” meses atrás. (210) La reunión se comentaba
con sumo detalle, indicando todo el temario tratado (salarios, horas ex-
tras, entre otros) y el resultado final, incluida la argumentación empresa-
rial. ¿Quién podía informar sobre dicha reunión sino la misma gerencia de
Mestrina? Otro ejemplo interesante surge también de un informe de la
DIPBA de mediados de 1976. Se comentaba el alejamiento de un obrero
de Mestrina asegurando que, luego del golpe de Estado, había tratado de
“convertirse en el caudillo del astillero, que encabezaba las colectas para
recaudar fondos para los detenidos”. Se establecía que era oficial maes-
tro soldador, familiar de Zoilo Ayala (desaparecido entonces), que había
solicitado licencia sin goce de sueldo y que la empresa lo despidió el 14
de junio, tras vencer el plazo de su licencia y no presentarse en el astillero.
Entre otros datos, se indicaba su domicilio. Demasiados datos que solo
podrían provenir desde el interior de la gerencia de Mestrina. Una de las
soluciones presentada a Ayala por la empresa fue su traslado a una planta
aún mayor que Mestrina tenía en La Boca. Ayala aceptó y el primer día que
se dirigió a esta sede, observó la presencia de un operativo de control en
la puerta del astillero. No entró y se exilió internamente. (211)

Lo hasta aquí mencionado dibuja una marcada persecución gremial, llevada


hasta los peores límites, y aun cuando alguno de los activistas no fuera seña-
lado directamente, tal como le sucedió a Albornoz, a quien Menin —según

(210) “Parte de Información”, 30/04/1976, archivo DIPBA, delegación Tigre, departamento B,


bibliorato 1/3, legajo 109, caso 150, causa 4012.
(211) Declaración testimonial de Ramón Ayala, sentencia causa 2128, cit.

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Zona norte de la provincia de Buenos Aires, Capital Federal y sur de Santa Fe

la particular versión de este— le sugirió no hacerse presente —¿cómo es-


taba tan seguro de que corría peligro?—. Albornoz preguntó a uno de los
oficiales por qué se llevaban a sus compañeros y luego de que le pregun-
taran por qué se metía y que este respondiera que porque era delegado,
se lo llevaron. (212)

No hay que agregar más información respecto del conocimiento que te-
nía, al menos Menin, sobre el secuestro de los trabajadores. Pero sí con-
viene agregar que este directivo al parecer tenía mayor información sobre
su suerte. La madre de Boncio recordó que el mismo Menin le comentó
que mantenía diálogos con los militares y que por eso sabía sobre la si-
tuación de algunos detenidos, dándole a entender que en algunos meses
liberarían a su hijo y a otros más. (213)
Como venimos señalando, los empresarios participaron de una estruc-
tura represiva que presentaba numerosas aristas, una de las cuales —la
de la policía interna—, estaba estrechamente conectada con las fuerzas
represivas. Mestrina contaba con los servicios de la Agencia de Inves-
tigaciones Geribel, presidida por un jefe, Mariano Quinteros, (214) y que
contaba con la autorización para su funcionamiento de la Policía Federal
y de la Jefatura de Policía de la provincia de Buenos Aires. Si bien de
Quinteros conocemos su presencia por lo menos desde finales de 1974,
la existencia de la agencia data con certeza desde marzo de 1976. En
agosto de 1977 tenía sede en Capital Federal y su director era Héctor
Alfredo Belgeri, siendo el responsable en Mestrina el mismo Quinteros.
Ahora: también se mencionaba que contaba con la autorización de Pre-
fectura Naval. A ello se refirieron los obreros en huelga en diciembre
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de 1974, cuando reclamaron, mientras Quinteros los denunciaba en la


Unidad Regional Tigre, “que se elimine la presencia de la policía y de
civiles armados dentro del taller”. (215) Quinteros —recordemos— fue el
que entregó a Pandolfino.

(212) Fernández Meijide, Graciela, “La guerra sucia contra los obreros”, en Humor, nº 119,
1983, citado en Federico Lorenz “No nos subestimen…”, op. cit., p. 245, y declaración testi-
monial de Ramón Ayala, Sentencia causa 2128, cit.
(213) Declaración testimonial de Ana Inés Mancebo, 13/08/1987, caso 150, causa 4012, cit.
(214) Se indicaban los nombres de agentes subordinados, pero resulta imposible su lectura
en el documento.
(215) “Astilleros Mestrina, Situación laboral”, archivo DIPBA, delegación Tigre, departamen-
to B, bibliorato 1/3, legajo 109, caso 150, causa 4012.

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astilleros astarsa y mestrina

Todavía en 1979, la seguridad en Mestrina funcionaba inspeccionando el


establecimiento en busca de focos sediciosos. En marzo de aquel año,
cuando se hacía cada vez mayor el descontento obrero, los agentes de
seguridad interna registraron durante la noche en una draga en construc-
ción la leyenda: “Bettini h… de p… Bettini Chancho h… de p….”, y di-
bujada una bandera nacional con un escudo que decía “viva la patria” y
debajo “pero sin argentinos traidores”. El personal de seguridad revisó los
vestuarios y baños del personal y constató que en una de las puertas se
encontraban las leyendas de “Montoneros Muchachos 10% es una burla
hagamos guelga [sic]” y “Paramos o no” y el signo de “Perón Vuelve”. El
magro aumento había sido concedido 15 días antes por la empresa. (216) De

Responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Represión a trabajadores durante el terrorismo de Estado
inmediato, como para comprender la lógica de la represión en las fábricas,
el gerente de personal y receptor de los insultos, Bettini, convocó a los
obreros y los amenazó con acudir a los militares. Entonces faltaban dos
días para que tuviera lugar la primera huelga general contra la dictadura.
Decía el informe policial:
En el día de la fecha 25/04/1979 el Sr. Bettini reunió al per-
sonal de operarios y les manifestó que dejaran de escribir
“… macanas” y que si seguían apareciendo leyendas de este
tipo iba a llamar al Ejército para que se tomaran cartas en el
asunto. Horas después estas leyendas habían sido borradas
presumiblemente por los mismos operarios (…) Asimismo se
tiene conocimiento que los directivos hicieron tomar tomas
fotográficas de las escrituras halladas (se procura la obtención
de copias). (217)

Geribel dejaría de prestar funciones en diciembre de 1983, tras 20 de ac-


tividad.

Otra arista de la práctica represiva de la empresa estaba