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Contrato de Mandato: Definición y Clases

El documento define el contrato de mandato y sus partes. Un mandato ocurre cuando una persona (el mandante) encarga a otra (el mandatario) la gestión de uno o más negocios. El mandatario asume la conducción de los negocios por cuenta y riesgo del mandante. El documento también describe los requisitos de un mandato válido, las clases de mandato, los efectos del mandato, y cómo termina un mandato.

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Contrato de Mandato: Definición y Clases

El documento define el contrato de mandato y sus partes. Un mandato ocurre cuando una persona (el mandante) encarga a otra (el mandatario) la gestión de uno o más negocios. El mandatario asume la conducción de los negocios por cuenta y riesgo del mandante. El documento también describe los requisitos de un mandato válido, las clases de mandato, los efectos del mandato, y cómo termina un mandato.

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EL CONTRATO DE MANDATO1

Sumario:
1.- Definición, regulación y partes del contrato.
2.- Requisitos del mandato.
3.- Características del mandato.
4.- Clases de mandato.
4.1. Mandato general y especial.
4.2. Mandato definido e indefinido.
4.3. Mandato judicial y extrajudicial.
5.- Efectos del mandato.
5.1. Obligaciones del mandatario.
5.2. Obligaciones del mandante.
6.- Delegación del mandato.
6.1. Concepto y naturaleza jurídica de la delegación.
6.2. La delegación, elemento de la naturaleza del mandato.
6.3. Efectos de la delegación.
6.4. El mandante dispone de todas las acciones del mandatario en contra del delegado.
6.5. El delegado no puede volver a delegar.
6.6. Extinción de la delegación.
7.- Extinción del mandato.
7.1. Por el desempeño del negocio para que fue constituido.
7.2. Por la expiración del plazo extintivo o al cumplirse la condición resolutoria, prefijados
para la terminación del mandato.
7.3. Por la revocación del mandante.
7.4. Por la renuncia del mandatario.
7.5. Por la muerte del mandante o del mandatario.
7.6. Por tener la calidad de deudor en un procedimiento concursal de liquidación, el
mandante o el mandatario.
7.7. Por la interdicción del mandante o del mandatario.
7.8. Por la cesación de las funciones del mandante si el mandato ha sido dado en ejercicio
de ellas.
8. Formatos de contrato de mandato.
8.1. Mandato otorgado para toda clase de actos jurídicos.
8.2. Mandato otorgado para un acto jurídico determinado.
Cuestionario.

1.- Definición, regulación y partes del contrato.

El Código Civil define al contrato de mandato en el inc. 1° del art. 2116, en los
siguientes términos: “El mandato es un contrato en que una persona confía la gestión de
uno o más negocios a otra, que se hace cargo de ellos por cuenta y riesgo de la primera”.
La definición sugiere las siguientes observaciones:
a) Cabe destacar, desde ya, la importancia que tiene la expresión “confía”, que pone de
manifiesto, según veremos, su carácter de contrato intuitu personae.
b) Aquello que una parte confía es “la gestión de uno o más negocios a otra”. El Diccionario
de la Lengua Española entiende por “gestión” la “acción y efecto de administrar”, y por
“gestionar”, el “hacer diligencias conducentes al logro de un negocio”.

1
Fecha de última modificación: 9 de enero de 2024.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 1


c) Quien gestiona los negocios, “se hace cargo de ellos”, es decir, debe asumir su
conducción y por ende responder ante quien se los confió.
d) Quien gestiona los negocios, aunque se hace cargo de ellos, lo hace sin embargo “por
cuenta y riesgo” de quien se los confió, lo que implica que las consecuencias positivas y
negativas de lo obrado, repercuten en el patrimonio del último y no del primero (art. 1448
del Código Civil).
El Código Civil regula el contrato en el título XXIX del Libro IV, “Del mandato”,
artículos 2116 a 2173. Dicho Título XXIX se divide en cuatro párrafos: 1. “Definiciones y
reglas generales” (arts. 2116 a 2130); 2. “De la administración del mandato” (arts. 2131 a
2157); 3. “De las obligaciones del mandante” (arts. 2158 a 2162); y 4. “De la terminación
del mandato” (arts. 2163 a 2173). En total, dedica el Código 58 artículos al contrato de
mandato.
Las partes se denominan “comitente” o “mandante” o “poderdante”, una, que
confiere el encargo, y “apoderado”, “procurador” y en general “mandatario”, la que lo acepta
(inc. 2° del art. 2116).
Expresamente permite el art. 2126 del Código Civil que el mandato sea otorgado por
varias personas y a varias personas: “Puede haber uno o más mandantes, y uno o más
mandatarios”. Así se desprende por lo demás de la definición de contrato (art. 1438).
El Código de Comercio, por su parte, en su art. 3, N° 4, incluye entre los actos de
comercio una de las especies de mandato comercial, “La comisión o mandato comercial”. A
su vez, la regula en su Título VI, denominado “DEL MANDATO COMERCIAL” (arts. 233 a
347). El art. 233 lo define en los siguientes términos: “El mandato comercial es un contrato
por el cual una persona encarga la ejecución de uno o más negocios lícitos de comercio a
otra que se obliga a administrarlos gratuitamente o mediante una retribución y a dar cuenta
de su desempeño”. Agrega el art. 234: “Hay tres especies de mandato comercial: La
comisión, El mandato de los factores y mancebos o dependientes de comercio, La
correduría, de que se ha tratado ya en el Título III del Libro I”. El art. 235 dispone acto
seguido: “El mandato comercial toma el nombre de comisión cuando versa sobre una o más
operaciones mercantiles individualmente determinadas”.2
Cabe consignar también que las normas del contrato de mandato se aplican también
a los profesionales, que en tal calidad prestan servicios. Se refieren a estos servicios los
artículos 2012, en el título del arrendamiento, y 2118, en el título del mandato. Dispone el
art. 2012: “Los artículos precedentes se aplican a los servicios que según el art. 2118 se
sujetan a las reglas del mandato, en lo que no tuvieren de contrario a ellas”. A su vez, el
art. 2118 establece: “Los servicios de las profesiones y carreras que suponen largos
estudios, o a que está unida la facultad de representar y obligar a otra persona respecto de
terceros, se sujetan a las reglas del mandato”. Se desprende de estos preceptos, que los
servicios prestados por profesionales liberales se rigen primero por las normas del mandato
y en lo que éstas no resuelvan, por las normas del arrendamiento de servicios. En realidad,
como señala Vodanovic, “los servicios prestados por los médicos, abogados o ingenieros, no
pueden considerarse como un mandato, porque no llevan envuelta la facultad de representar
a otro, y si la ley ha asimilado estos servicios al mandato fue porque creyó desdoroso
reglamentarlos en el arrendamiento”.3
Un ejemplo de aplicación supletoria de las normas del mandato, a los servicios que
prestan los profesionales, es el que concierne al pago de honorarios: éstos se deben por la
persona que recibe el servicio, aunque nada se haya pactado al efecto. Lo anterior, pues
según estudiaremos, el pago de honorarios es un elemento de la naturaleza del contrato de
mandato, que se entiende incorporado en él sin necesidad de cláusula expresa.

2
En este apunte, se trata principalmente del mandato civil, aunque se harán algunas referencias al mandato
mercantil.
3
Vodanovic H., Antonio, Derecho Civil. Basado en las explicaciones de los profesores de la Universidad de Chile
Arturo Alessandri Rodríguez y Manuel Somarriva Undurraga. Tomo IV. Fuentes de las Obligaciones, Santiago de
Chile, Editorial Nascimento, año 1942, Nº 674, pp. 488 y 489.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 2


2.- Requisitos del mandato.

a) Que se confíe o encargue a otra persona, la ejecución de uno o más negocios jurídicos,
como celebrar un contrato, cobrar, percibir, demandar, etc.

El encargo que consiste en la ejecución de un hecho material no constituye mandato,


sino un contrato de arrendamiento de servicios o de confección de obra material.
En principio, todos los actos jurídicos pueden ejecutarse mediante mandatarios, salvo
que la ley disponga lo contrario, como acontece:
i.- En el art. 1004, al establecerse que la facultad de testar es indelegable. El otorgamiento
del testamento es un acto personalísimo.
ii.- A propósito del albaceazgo, cuando el art. 1280, inc. 1º, establece que es indelegable, a
menos que el testador lo haya autorizado.
iii.- Con la estipulación de las capitulaciones matrimoniales, que deben convenir
personalmente los esposos, aunque fueren incapaces (art. 1721), sin perjuicio que, en este
último caso, requieren los novios interdictos por disipación ser autorizados por sus
curadores.
iv.- Con la ratificación ante un Oficial del Registro Civil, del matrimonio celebrado ante un
ministro de culto (art. 15, inc. 2°, Ley de Registro Civil, en relación al art. 20 de la Ley de
Matrimonio Civil).

b) Que el negocio no interese sólo al mandatario.

Usualmente, el mandato se celebra en exclusivo interés del mandante. Pero nada


impide que el contrato ceda en beneficio del mandante y del mandatario, o que también
interese a un tercero. Pero lo que no admite la ley, es que el contrato beneficie sólo al
mandatario.
El art. 2120 regula la materia: “Si el negocio interesa juntamente al que hace el
encargo y al que lo acepta, o a cualquiera de estos dos, o a ambos y a un tercero, o a un
tercero exclusivamente, habrá verdadero mandato; si el mandante obra sin autorización del
tercero, se producirá entre estos dos el cuasicontrato de la agencia oficiosa”.
De esta manera, habrá “verdadero mandato”:
i.- Si el negocio es de mutuo interés del mandante y del mandatario;
ii.- Si el negocio es de interés del mandante y de un tercero;
iii.- Si el negocio interesa sólo al mandante; y
iv.- Si el negocio es de interés de un tercero, exclusivamente.
En el último caso, agrega el art. 2120 que si el mandante obra sin autorización del
tercero, se producirá entre ambos el cuasicontrato de agencia oficiosa.
Pero no existe mandato, si el negocio sólo interesa al mandatario: art. 2119.
Establece este precepto: “El negocio que interesa al mandatario solo, es un mero consejo,
que no produce obligación alguna. / Pero si este consejo se da maliciosamente, obliga a la
indemnización de perjuicios”.
Se trata, en este caso, de “un mero consejo, que no produce obligación alguna.” Con
todo, si tal consejo se diere “maliciosamente”, es decir de mala fe, obligará a la
indemnización de perjuicios (art. 2119, inc. 2º). Estaremos en tal caso ante la comisión de
un delito civil, pues hubo dolo de por medio, según queda de manifiesto en la ley con la
expresión “maliciosamente”.
Cabe señalar que el art. 2120 incurre en un error al señalar que “Si el negocio
interesa juntamente al que hace el encargo y al que lo acepta, o a cualquiera de estos dos
(…), habrá verdadero mandato”. En efecto, el error está en la frase “o a cualquiera de estos
dos”, pues según se desprende del art. 2119, si el negocio sólo interesa al “mandatario”, no
hay verdadero mandato.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 3


Por su parte, y conforme al art. 2121, tampoco habrá mandato, en el caso de
encontrarnos ante una simple “recomendación” hecha por una persona a un tercero, para
realizar un negocio que en nada afecta a la primera. En caso de ser dudosa la situación,
debe primar el carácter de una recomendación por sobre un mandato: “La simple
recomendación de negocios ajenos no es, en general, mandato; el juez decidirá, según las
circunstancias, si los términos de la recomendación envuelven mandato. En caso de duda se
entenderá recomendación”.

c) Que mandatario y mandante sean capaces.

Diferente es la capacidad de uno y otro, exigida por la ley.


El art. 2128 regula esta materia: “Si se constituye mandatario a un menor adulto, los
actos ejecutados por el mandatario serán válidos respecto de terceros en cuanto obliguen a
éstos y al mandante; pero las obligaciones del mandatario para con el mandante y terceros
no podrán tener efecto sino según las reglas relativas a los menores”.
i.- Respecto del mandante, la ley no ha dado reglas especiales, aplicándose en consecuencia
las normas generales en materia de capacidad. Tal capacidad, se ha dicho, sería aquella
necesaria para celebrar y ejecutar el acto jurídico al que se refiere el mandato, considerando
que jurídicamente es el mandante quien contrata, aunque lo haga a través de otra persona:
art. 1448. Ha de ser, entonces, plenamente capaz. Aún más, en algunos casos, no basta con
poseer capacidad de ejercicio: por ejemplo, será nulo el mandato conferido a un tercero, con
el fin de que celebre un contrato de compraventa con el cónyuge del mandante (no habiendo
entre ellos separación judicial). Habrá que atender entonces, también, a las reglas
especiales de capacidad propias del contrato de que se trate. Sin embargo, no debemos
olvidar los postulados de la doctrina de la representación-modalidad del acto jurídico, en el
marco de la cual se afirma que es la voluntad del mandatario la que interesa, sin perjuicio
de que los efectos del acto jurídico se radiquen en el mandante.
ii.- Respecto del mandatario, debemos distinguir dos situaciones:
i) Para que una persona pueda actuar como mandatario de otra de manera que obligue a
ésta y a los terceros a cumplir las obligaciones que de su actuación emanen, no es necesario
que sea plenamente capaz: art. 2128, primera parte, admite que el mandatario sea un
menor adulto: “Si se constituye mandatario a un menor adulto, los actos ejecutados por el
mandatario serán válidos respecto de terceros en cuanto obliguen a éstos y al mandante”.
La razón de esta disposición radica, a juicio de algunos, en que el mandatario no
actúa por sí mismo en representación de su mandante, y es la capacidad de éste la que
debe tomarse en cuenta en la celebración del acto jurídico. Sin embargo, tal fundamento
resulta discutible, a la luz de los aludidos postulados de la doctrina de la representación-
modalidad del acto jurídico.
En todo caso, nunca puede constituirse en mandatario a un absolutamente incapaz,
porque carece de voluntad; y porque la ley no admite la ratificación de sus actos. ¿Podría
quedar comprendido el disipador interdicto en el art. 2128? Pareciera que no, pues el
precepto sólo alude al menor adulto, y no a los relativamente incapaces, en general.
En las normas del pago, art. 1581, el Código contempla otro caso que demuestra que
puede actuar válidamente como mandatario un incapaz: “Puede ser diputado para el cobro y
recibir válidamente el pago, cualquiera persona a quien el acreedor cometa este encargo,
aunque al tiempo de conferírsele no tenga la administración de sus bienes ni sea capaz de
tenerla.”
ii) Distinta es la situación en las relaciones jurídicas entre el mandante y el mandatario o
entre éste y terceros: art. 2128, segunda parte: “pero las obligaciones del mandatario para
con el mandante y terceros no podrán tener efecto sino según las reglas relativas a los
menores”. Rigen aquí las reglas generales de la capacidad y de los actos de los menores (se
aplicará, por ende, el art. 1688 del Código Civil). ¿En qué casos el mandatario menor adulto
podría obligarse personalmente? En dos situaciones: (i) cuando al ejecutar el mandato actúa

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a nombre propio (art. 2151) y (ii) cuando al actuar a nombre del mandante, se extralimita
sin embargo en sus facultades (art. 2160). En ambas hipótesis, el acto jurídico adolecerá de
un vicio de nulidad relativa. La obligación que contraiga el mandatario menor adulto será
natural (art. 1470, N° 1).

3.- Características del mandato.

a) Es un contrato generalmente consensual.

a.1) Reglas generales acerca del consentimiento en el contrato de mandato.


El mandato, por regla general, se perfecciona por el solo consentimiento de las
partes, sin necesidad de formalidad alguna: arts. 2123 y 2124.
i.- En cuanto al consentimiento del mandatario.
Como todo contrato es el producto de dos voluntades, una que ofrece la celebración
del contrato y otra que la acepta, en el mandato deben intervenir también esas dos
voluntades; una vez hecha por el mandante la oferta para que en su nombre se realice un
negocio jurídico, es necesario que el mandatario acepte por su parte ese encargo. Dicha
aceptación puede ser expresa o tácita. Es aceptación expresa, aquella que se presta en
términos explícitos que no dejan lugar a dudas acerca del hecho de haberse producido. Es
aceptación tácita la que consiste en la ejecución de cualquier acto que revela que por parte
del mandatario hay intención de celebrar el contrato, de aceptar el encargo que se le hace.
En general, hay aceptación tácita en todo acto que efectúe el mandatario en ejecución del
mandato.
Dispone el art. 2124: “El contrato de mandato se reputa perfecto por la aceptación
del mandatario. La aceptación puede ser expresa o tácita. / Aceptación tácita es todo acto
en ejecución del mandato. / Aceptado el mandato, podrá el mandatario retractarse, mientras
el mandante se halle todavía en aptitud de ejecutar el negocio por sí mismo, o de cometerlo
a diversa persona. De otra manera se hará responsable en los términos del artículo 2167”.
ii.- En cuanto al consentimiento del mandante.
También puede haber aceptación tácita de parte del mandante, al señalar la ley que
el encargo objeto del mandato puede hacerse “aun por la aquiescencia tácita de una persona
a la gestión de sus negocios por otra” (art. 2123). En este caso, una persona toma
conocimiento que otro realizará una gestión a nombre de la primera, y sin formular una
declaración expresa de voluntad, acepta sin embargo que éste siga adelante. En cambio, si
la persona interesada no hubiese tenido conocimiento de lo que otra haría a su nombre,
podríamos estar ante una agencia oficiosa.
Establece el art. 2123: “El encargo que es objeto del mandato puede hacerse por
escritura pública o privada, por cartas, verbalmente o de cualquier otro modo inteligible, y
aun por la aquiescencia tácita de una persona a la gestión de sus negocios por otra; pero no
se admitirá en juicio la prueba testimonial sino en conformidad a las reglas generales, ni la
escritura privada cuando las leyes requieran un instrumento auténtico”.
Las “reglas generales” relativas a la prueba testimonial son aquellas establecidas en
los arts. 1708 a 1711 del Código Civil.
Como puede observarse, la voluntad del mandante se manifiesta de manera expresa,
cuando la gestión se encarga “por escritura pública o privada, por cartas, verbalmente o de
cualquier otro modo inteligible” y en forma tácita, con su “aquiescencia tácita (…) a la
gestión de sus negocios por otra”.
iii.- Facultad de cualquiera de las partes para poner término al contrato.
Con todo, a pesar de haber aceptado el mandato, sea por el mandatario o por el
mandante, cualquiera de las partes puede, de manera unilateral, poner fin al contrato: el
mandatario podrá retractarse: art. 2124, inc. 3º. Se explica lo anterior, considerando que
una de las causales de expiración del contrato de mandato es la renuncia del mandatario, de
conformidad a lo dispuesto en el art. 2163 Nº 4. La renuncia podrá o no acarrear

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 5


responsabilidad al mandatario: quedará exento mientras el mandante pueda ejecutar por sí
mismo el negocio o encomendárselo a otra persona. En caso contrario, responderá en los
términos previstos en el art. 2167. El mandante, por su parte, podrá revocar en cualquier
tiempo el mandato. También es una causal de extinción del contrato la revocación del
mandante: art. 2163 Nº 3. Revisaremos los detalles de ambas causales más adelante.
iv.- El silencio como manifestación de voluntad.
Excepcionalmente, el silencio puede constituir manifestación de voluntad, en términos
de aceptar el mandato.
Consigna el art. 2125: “Las personas que por su profesión u oficio se encargan de
negocios ajenos, están obligadas a declarar lo más pronto posible si aceptan o no el encargo
que una persona ausente les hace; y transcurrido un término razonable, su silencio se
mirará como aceptación. / Aun cuando se excusen del encargo, deberán tomar las
providencias conservativas urgentes que requiera el negocio que se les encomienda”.
Como se desprende de este último artículo, tienen que cumplirse los siguientes
requisitos para que el silencio constituya aceptación por parte del mandatario:
i) Que la gestión sea confiada a personas que por su profesión u oficio se encargan de
negocios ajenos (por ejemplo, un abogado, un factor de comercio o un corredor de
propiedades).
ii) Que la gestión sea confiada por una persona ausente (es decir, que no tenga su domicilio
en el mismo lugar -ciudad, localidad, pueblo-, en el que se encuentra domiciliado el
mandatario).
iii) Que transcurra un tiempo razonable, en el que nada diga el mandatario.

a.2) Casos excepcionales, en los que el mandato es solemne.


Excepcionalmente, el mandato es solemne, por expresa disposición de la ley. Tal
ocurre con:
i.- El mandato judicial: conforme al art. 6 del Código de Procedimiento Civil, debe
constituirse por escritura pública; por un acta extendida ante el juez y suscrita por todos los
otorgantes; o por declaración escrita del mandante y autorizada por el secretario del tribunal
que esté conociendo de la causa.
ii.- El mandato para contraer matrimonio: art. 15, inc. 1º, Ley de Registro Civil; el mandato
debe constar por escritura pública, según lo dispone el art. 103 del Código Civil. Se trata de
un mandato especial y además nominado, como es obvio.
iii.- El mandato conferido por la mujer casada en sociedad conyugal, para que su marido
realice determinados actos jurídicos: arts. 1749 (bienes de la sociedad conyugal) y 1754
(bienes propios de la mujer). El mandato deberá ser especial y conferido por escritura
pública.
iv.- El mandato conferido por el cónyuge no propietario para enajenar o gravar bienes
afectados como familiares (art. 142 del Código Civil): debe ser especial y conferido por
escritura privada o por escritura pública, si el acto exige tal solemnidad.
v.- El mandato conferido para autorizar al cónyuge a constituir cauciones personales,
habiendo régimen de participación en los gananciales (art. 1792-3). Las solemnidades son
las mismas que las prescritas para los bienes familiares.
vi.- El mandato conferido para reconocer un hijo, debe otorgarse por escritura pública, en la
que especialmente se confiera la aludida facultad (art. 190 en relación al art. 187 del Código
Civil).
vii.- El mandato otorgado para celebrar el acuerdo de unión civil, debe constar en escritura
pública (art. 5°, Ley N° 20.830).

a.3) ¿Debe ser solemne el mandato conferido para ejecutar o celebrar un contrato de tal
naturaleza?
En la doctrina y en la jurisprudencia, se ha planteado si el mandato por el cual se
confía la ejecución o celebración de un acto jurídico solemne, debe tener también igual

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 6


naturaleza. En otras palabras, se ha sostenido que, si el acto jurídico que se encarga realizar
es solemne, el mandato también debe serlo. Se planteó el tema, a propósito del mandato
para vender inmuebles, en cuanto a si también debía otorgarse el mandato por escritura
pública, al igual que el contrato de compraventa encargado. Así ha concluido la generalidad
de la doctrina y la jurisprudencia, argumentándose:
i.- Si la ley exige que en determinados contratos el consentimiento sea dado por escritura
pública, en la misma forma debe ser extendido el mandato, ya que es en el momento de
otorgarse éste, en el cual el mandante, futuro vendedor o comprador, presta su
consentimiento.
ii.- Si bien el mandato es usualmente consensual, de acuerdo al art. 2123, el mismo
precepto señala que se exceptúa el caso en que debe constar el mandato por instrumento
auténtico, y en tal evento, no valdrá la escritura privada.
Ramón Meza Barros critica la línea adoptada en esta materia por la doctrina y la
jurisprudencia, señalando por su parte los siguientes contra-argumentos:
i.- El mandante no manifiesta su consentimiento necesario para que se celebre el contrato
de compraventa al momento de encargar la gestión al mandatario. Es el mandatario, quien
compra o vende en cumplimiento del encargo; es el mandatario quien expresa su propio
consentimiento y no el del mandante, aunque los efectos del contrato se radiquen en el
mandante, de acuerdo al art. 1448.
Recuerda el autor citado que quien contrata es el mandatario, sin perjuicio que en
virtud de la representación el contrato surta efectos respecto del mandante como si él
hubiere contratado.
Observamos que la posición de Meza Barros se plantea en el ámbito de la teoría de la
representación-modalidad del acto jurídico, mientras que la posición criticada parece
afincada en las teorías tradicionales de la representación, como la teoría de la ficción o la
teoría del nuncio o mensajero, según las cuales, se reputa que el representado ha
manifestado su voluntad por mediación del representante, no siendo el segundo más que el
vehículo de la voluntad del primero, o un mero portavoz.
ii.- Por otra parte, el mandatario, al ejecutar el encargo que se le confía, puede o no actuar
en representación del mandante (art. 2151), pero en uno y otro caso, subsiste el mandato,
con una diferencia importante: si actúa a nombre propio, no hay duda que es el
consentimiento o voluntad del mandatario y no el del mandante el requerido, situación que
no se compadece con el argumento fundamental en que descansa la jurisprudencia y la
mayoría de la doctrina.
iii.- Finalmente, al disponer el art. 2123 que no obstante ser el mandato un contrato
usualmente consensual, no se admitirá la prueba de testigos sino de conformidad a las
reglas generales (es decir, aplicando las limitaciones a esta prueba, de los arts. 1708 a
1710) ni tampoco escritura privada cuando las leyes exijan escritura pública (alusión al art.
1701), el señalado art. 2123 no hace sino reiterar normas contenidas en el título de la
prueba de las obligaciones. Enfatiza Meza Barros que no puede desprenderse del tenor del
art. 2123, que el mandato deba constituirse por escritura pública cuando igual solemnidad
requiera el contrato que se encarga celebrar. Para ello, se necesita un texto legal expreso. 4
Así ocurre, por ejemplo, tratándose de los artículos 142 (bienes familiares) y 1749 (sociedad
conyugal).
Ramos Pazos es de la misma opinión, señalando al efecto: “El otorgamiento de poder
es un acto consensual. Así aparece en el artículo 2123: (…). En relación con este punto, se
plantea por algunos la duda si el poder para celebrar un contrato solemne requiere o no de
las mismas solemnidades de éste, por ejemplo, si el poder para celebrar la compraventa de
un bien raíz debe constar también por escritura pública. Este problema guarda íntima
relación con la teoría que se siga respecto de la naturaleza jurídica del mandato. En efecto,

4
Meza Barros, Ramón, Manual de Derecho Civil. De las fuentes de las obligaciones, tomo I, 9ª edición actualizada
por Pedro Pablo Vergara Varas, Santiago de Chile, Editorial Jurídica de Chile, 2014, Nº 579, pp. 158 y 159.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 7


si se adopta, por ejemplo, la doctrina del nuncio o mensajero, como la voluntad que va a
perfeccionar el acto jurídico es la voluntad del representado, debería el poder cumplir las
mismas solemnidades del contrato que se encomienda, pues es el momento en que el
representado manifiesta su voluntad de celebrar el contrato para el cual otorga el poder. En
cambio, si se sigue la teoría de la representación modalidad, la conclusión es distinta, pues
en ese supuesto, la voluntad que celebra el contrato es la voluntad del representante, por lo
que no hay ninguna razón para estimar que el poder deba cumplir con la misma solemnidad
del acto que se encarga. Por otra parte, se trata de actos jurídicos distintos y, la regla
general es que los actos jurídicos sean consensuales”.5
Aunque puedan considerarse atendibles los argumentos de Meza Barros, refrendados
por Ramos Pazos, lo cierto es que, en la práctica forense –privilegiándose la seguridad
jurídica- siempre se exige que el mandato para enajenar un inmueble conste por escritura
pública.

b) Es un contrato por naturaleza oneroso.

Dispone el art. 2117: “El mandato puede ser gratuito o remunerado. / La


remuneración (llamada honorario) es determinada por convención de las partes, antes o
después del contrato, por la ley, la costumbre, o el juez”.
El mandato puede ser remunerado o gratuito. Operan al efecto las siguientes reglas:
i.- El contrato de mandato es por naturaleza oneroso: art. 2158 Nº 3. Si no se estipuló
remuneración, debe pagarse la “usual”. En otras palabras, como ha fallado la jurisprudencia,
debe pactarse expresamente la gratuidad.
ii.- La remuneración del mandatario, denominada “honorarios”, se determina:
i) Por las partes, antes, en el momento o después de celebrar el contrato;
ii) O en el silencio de las partes, por la ley;
iii) La costumbre;
iv) O finalmente por el juez, aplicando la equidad natural: art. 2117, inc. 2º del Código Civil
en relación con el art. 170 Nº 5 del Código de Procedimiento Civil.
iii.- Al ser remunerado el mandato, se agrava la responsabilidad del mandatario: responde
siempre de culpa leve, pero en términos más estrictos si es remunerado: art. 2129.
Establece esta norma: “El mandatario responde hasta de la culpa leve en el
cumplimiento de su encargo. / Esta responsabilidad recae más estrictamente sobre el
mandatario remunerado. / Por el contrario, si el mandatario ha manifestado repugnancia al
encargo, y se ha visto en cierto modo forzado a aceptarlo, cediendo a las instancias del
mandante, será menos estricta la responsabilidad que sobre él recaiga”.
Algunos sostienen que la ley hace responder de culpa levísima al mandatario
remunerado, pero la mayoría de la doctrina estima que responde siempre de culpa leve,
aunque en términos más estrictos. Cuatro argumentos pueden señalarse:
i) No parece razonable que se sostenga que el mandatario remunerado responderá de culpa
levísima, considerando que el contrato cede en favor de ambos contratantes. Por ende, y
conforme al art. 1547, inc. 1º, debe responder siempre de culpa leve. Se funda este primer
argumento en el elemento lógico de interpretación de la ley, al armonizar los arts. 1547 y
2129.
ii) Adicionalmente, puede agregarse una razón de texto, pues el inc. 2° del art. 2129, al
aludir al mandatario remunerado, emplea la expresión “Esta responsabilidad”, o sea, la
misma a la que se refiere el inc. 1°, y tal es la que impone responder hasta de la culpa leve.
Se funda este segundo argumento en el elemento gramatical de interpretación de la ley.
iii) Cuando la ley altera la regla general acerca de la responsabilidad (consagrada en el art.
1547, inc. 1º), estableciendo que se responde de otro grado de culpa, lo ha dicho
expresamente. Así, tratándose del cuasicontrato de agencia oficiosa, el art. 2288, inc. 1°,

5
Ramos Pazos, René, De los contratos. Teoría general, Santiago de Chile, Thomson Reuters, 2023, N° 123, p. 100.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 8


señala que el agente oficioso empleará en la gestión los cuidados de un buen padre de
familia, es decir, responde de culpa leve. Sin embargo, en el inc. 2°, contempla dos
salvedades: si se hizo cargo de la gestión para salvar de un peligro inminente los intereses
ajenos, “sólo es responsable del dolo o de la culpa grave”; en cambio, si se ofreció para
realizar la gestión, impidiendo que otros la hicieren, “responderá de toda culpa”, es decir,
inclusive de culpa levísima.
iv) Si aceptáramos la doctrina que postula que el mandatario remunerado responderá
inclusive de culpa levísima, el único caso en que respondería de culpa leve sería aquél en
que el mandato es gratuito, y ello contradice la regla general en virtud de la cual el mandato
es por naturaleza un contrato oneroso.
Como contrapartida, si el mandatario manifestó repugnancia al encargo y en cierto
modo se hubiere visto forzado a aceptarlo, será menos estricta su responsabilidad, en
opinión de algunos el mandatario sólo respondería por actos constitutivos de culpa lata o de
dolo. En nuestra opinión, aún en este último caso seguiremos en el ámbito de la culpa leve,
aunque ponderada la conducta de manera “menos estricta”.
Seguimos en esto a Stitchkin, quien concluye que la responsabilidad del mandatario
siempre se enmarca en la culpa leve, aunque dentro de la misma podrá ser más o menos
estricta (el énfasis es nuestro): “La ley sienta como principio general que ‘el mandatario
responde hasta de la culpa leve en el cumplimiento de encargo’, sin atender a si el mandato
es o no remunerado, con lo cual establece una importante excepción al principio consignado
en el art. 1547, con arreglo al cual el deudor responde de la culpa grave o lata en aquellos
contratos que sólo benefician al acreedor. Esta excepción a las reglas generales que gradúan
la responsabilidad del deudor viene desde antiguo. Pothier consignaba el mismo principio en
atención a que el mandato es un contrato de confianza. El legislador ha considerado, sin
embargo, la diversa situación en que se encuentra el mandatario remunerado respecto del
gratuito, imponiéndole al primero una mayor diligencia y cuidado, sin que esto importe
hacerle responsable de otro grado de culpa que la leve. El art. 2129, después de establecer
en el inciso primero que el mandatario responde de la culpa leve en el cumplimiento de su
encargo, agrega que ‘esta responsabilidad recae más estrictamente sobre el mandatario
remunerado’. Y aun atiende a las condiciones a las condiciones en que se hizo cargo de la
gestión, pues estatuye que ‘por el contrario, si el mandatario ha manifestado repugnancia al
encargo y se ha visto en cierto modo forzado a aceptarlo, cediendo a las instancias del
mandante, será menos estricta la responsabilidad que sobre él recaiga’. Las reglas
contenidas en el art. 2129, salva la del inciso primero, si bien son obligatorias para el juez,
quedan entregadas en todo caso a su prudencia y arbitrio en cuanto puede ser más o menos
estricto en la apreciación de la culpa del mandatario. Por consiguiente, al regular los
perjuicios el tribunal podría condenar al mandatario a la reparación de todos los daños o a
una parte de ellos, según sea el mandato remunerado o gratuito y las condiciones en que el
mandatario prueba haberse hecho cargo de la gestión”. 6
Ramón Meza Barros tiene un planteamiento ecléctico, y no se pronuncia de manera
tajante, entendiendo que será el juez el que finalmente determine de qué grado de culpa
responderá el mandatario: “Responsabilidad del mandatario. El mandatario debe emplear en
la ejecución del mandato la diligencia de un buen padre de familia. El art. 2129 dispone (…).
Las circunstancias del mandato, sin embargo, influyen para agravar o atenuar la
responsabilidad del mandatario. La indicada responsabilidad ‘recae más estrictamente sobre
el mandatario remunerado’, y será menos estricta ‘si el mandatario ha manifestado
repugnancia al encargo, y se ha visto en cierto modo forzado a aceptarlo, cediendo a las
instancias del mandante’ (art. 2129, incs. 2º y 3º). No ha establecido el legislador que el
mandatario remunerado responda de la culpa levísima y de la culpa grave o lata el
mandatario que se ha resistido a aceptar el encargo. A la postre, es el juez quien decide y la

6
Stitchkin Branover, David, El mandato civil, Santiago de Chile, Editorial Jurídica de Chile, 2009, quinta edición
actualizada por Gonzalo Figueroa Yáñez, Nº 162, pp. 387 y 388.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 9


disposición es una simple recomendación para que se muestre más severo o benévolo,
según las circunstancias apuntadas”.7

c) El mandato es por naturaleza un contrato bilateral.

Tanto el mandato remunerado como el gratuito son bilaterales. Respecto al segundo,


el mandatario se obliga a cumplir el encargo y a rendir cuenta, y el mandante por su parte
debe proveerlo de los medios necesarios para que el mandatario cumpla la gestión
encomendada y de pagar la remuneración estipulada o a falta de estipulación la usual, sin
perjuicio de otras obligaciones que pueden surgir con posterioridad, como reembolsar los
gastos razonables que el mandatario haya hecho e indemnizar los perjuicios sufridos por
éste, sin mediar culpa de su parte. Adicionalmente, el mandante también se obliga a cumplir
con las obligaciones que contrae el mandatario, aunque a juicio de algunos, ésta no sería
una obligación derivada del mandato, sino más bien de los contratos que el mandatario
celebre en ejecución del mandato.
Alessandri, sin embargo, considera que el mandato es por regla general un contrato
unilateral, y que no obsta a tal naturaleza los hechos posteriores al contrato, pues para
considerar a un contrato unilateral o bilateral, debe atenderse al momento de su gestación,
y no a circunstancias posteriores. Agrega que por excepción es bilateral el mandato, cuando
es remunerado, caso en el cual el contrato impone obligaciones a ambas partes desde un
comienzo.8
Vodanovic llega a similar conclusión, afirmando que si el contrato es gratuito, tendrá
el carácter de unilateral y si fuere remunerado, será bilateral.9
Con todo, la tesis de Alessandri y de Vodanovic se debilita, considerando que al
menos una obligación contrae el mandante desde el comienzo: proveer de los medios
necesarios al mandatario para cumplir el cometido.
Stitchkin señala al respecto: “El mandato es, en nuestro derecho, un contrato
bilateral, pues naturalmente se obligan ambos contratantes: el mandante, a proveer al
mandatario de lo necesario para la ejecución del mandato y a pagarle la remuneración
estipulada o usual; el mandatario, a ejecutar el encargo y a rendir cuenta de su gestión,
arts. 2116, 2119, 2155 y 2158, Nºs. 1º y 3º. Es interesante observar que la mayoría de los
comentadores de nuestro derecho estiman que el mandato es un contrato generalmente
bilateral, porque se presume remunerado. O sea, atienden solamente a la remuneración
para darle el carácter de bilateral. Tal cosa no es cierta porque también se generan otras
obligaciones para el mandante antes de ejecutarse el encargo como es, precisamente, la de
proveer al mandatario de lo que necesite para el desempeño de su cometido. Por tanto, sea
gratuito o remunerado, el mandato es por su naturaleza bilateral, pues impone obligaciones
recíprocas a ambos contratantes. (…) En nuestro derecho no cabe duda que es
generalmente bilateral, pues se presume remunerado; y mantiene ese carácter aun cuando
se estipule que sea gratuito, desde que existen otras obligaciones para el mandante, como
ya se ha dicho (…). En consecuencia, el mandato sólo se transforma en unilateral cuando por
estipulación de las partes o por la naturaleza misma del contrato, el mandante no es
obligado a pagar remuneración ni a proveer al mandatario de lo necesario para la ejecución
del encargo. Pero ello sólo ocurre excepcionalmente, ya que por regla general el mandante
es obligado a ambas cosas, art. 1441”.10

7
Meza Barros, Ramón, ob. cit., Nº 604, pp. 165 y 166.
8
Alessandri Rodríguez, Arturo, Derecho Civil. Segundo año. De los contratos, versiones taquigráficas de la cátedra
de Derecho Civil del Señor Arturo Alessandri Rodríguez, Santiago de Chile, Imp. Editorial Bellas Artes, 1930, p. 236.
9
Vodanovic Haklicka, Antonio, Tratado de Derecho Civil. Fuentes de las obligaciones. Parte especial: de los
contratos principales en particulares, Tomo II, Santiago de Chile, Ediciones Jurídicas de Santiago, 2020, 2ª edición
actualizada por Carolina Riveros F., Gonzalo Ruz L. y Luis Vargas S., Nº 744, p. 199.
10
Stitchkin Branover, David, ob. cit., pp. 150 y 151.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 10


A propósito de la aludida conclusión de Vodanovic, los encargados de la actualización
de su obra, señalan por su parte: “La aseveración del autor no resulta pacífica y sugiere, en
un primer momento, una confusión o indebida asociación entre contrato unilateral con
contrato a título gratuito y contrato bilateral con contrato oneroso. En efecto, siendo gratuito
el mandato se suele señalar que las únicas obligaciones que nacen del contrato son para el
mandatario, sin embargo, en este caso solo se dispensa al mandante de la obligación de
pagar la remuneración u honorario, es decir, la 3ª de las obligaciones que detalla el artículo
2158, pero las demás referidas en ese artículo subsisten igualmente, lo que permite concluir
que aun cuando el mandato sea gratuito su carácter bilateral no se ve alterado. Una prueba
del carácter bilateral del mandato sea este gratuito u oneroso se encuentra en el artículo
2158, que, sin distinguir, ‘autoriza al mandatario para desistir de su encargo’ si el mandante
‘no cumple por su parte aquello a que es obligado’ y, al menos, la primera de las
obligaciones que le impone el artículo 2158, la de ‘proveer al mandatario de lo necesario
para la ejecución del mandato, es coetánea a su celebración y no a su ejecución, como lo
serían las demás que señala el referido precepto”.11
Meza Barros también considera que el contrato es siempre bilateral: “El mandato es
un contrato bilateral. El mandato remunerado es, obviamente, un contrato bilateral. Pero
también es bilateral el mandato gratuito. Se obliga el mandatario a cumplir el encargo y a
rendir cuentas de su gestión y el mandante, a su vez, contrae la obligación de proveerle de
los medios necesarios para el desempeño de su cometido. El mandante, además, puede
resultar obligado por circunstancias posteriores, con motivo de la ejecución del contrato, por
ejemplo, a reembolsar al mandatario los anticipos que haya hecho y los perjuicios que haya
sufrido, sin culpa, por causa del mandato”.12

d) El mandatario actúa por cuenta y riesgo del mandante.

Los actos jurídicos celebrados por el mandatario obligan al mandante, desde el


momento que el primero no actúa, por regla general, a nombre propio, sino a nombre del
segundo. Serán entonces para el mandante los beneficios y soportará las pérdidas
provenientes del acto jurídico celebrado por el mandatario, igual que si el mandante lo
hubiere celebrado personalmente. En otras palabras, no es el patrimonio del mandatario el
que se beneficiará o perjudicará frente a quien contrató con él y los terceros, sino el del
mandante.
Pero incluso si el mandatario, en la ejecución del encargo, no actúa en representación
del mandante sino a nombre propio, siempre será el mandante quien reciba los beneficios y
soporte las pérdidas.
En resumen, aunque el mandatario actúe en representación del mandante o a
nombre propio en la ejecución del mandato, en uno y otro caso estará actuando por cuenta
y riesgo del mandante, aunque en el segundo caso, ello no lo adviertan los contratantes o
terceros, y ello es así, porque el mandato subsiste, no puede desconocerse por el mandante
ni por el mandatario.
Pero frente a quien contrata con el mandatario y frente a los terceros, distintas serán
las consecuencias jurídicas:
i.- Si el mandatario actúa en representación del mandante, éste resulta directamente
obligado;
ii.- Si el mandatario actúa a nombre propio, es él quien se obliga y no el mandante, sin
perjuicio que la relación jurídica entre mandante y mandatario siga vigente. Por ende, el
mandatario, al rendir cuenta, deberá cederle al mandante las obligaciones en cuestión.
Volveremos sobre este punto.

11
Vodanovic Haklicka, Antonio, ob. cit., Nº 774, p. 199, comentario de actualizadores en nota Nº 217.
12
Meza Barros, Ramón, ob. cit., Nº 581, p. 159.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 11


En la doctrina francesa, se denomina al mandatario que es tal, aunque no aparente
serlo, mandatario prete nom.
El fundamento legal que permite al mandatario actuar a nombre propio, lo
encontramos en el art. 2151. Esta disposición demuestra que la representación no es de la
esencia en la ejecución del contrato de mandato, sino un elemento de la naturaleza, que el
mandatario puede “derogar” en la ejecución del mandato, si actúa a nombre propio. Dicho
de otro modo: celebrado que sea el mandato, el mandatario podrá actuar a nombre y en
representación del mandante, aunque nada se diga al respecto. Asimismo, en el silencio de
las partes, podrá actuar el mandatario a nombre propio. Pero si al celebrarse el mandato se
le prohibiere actuar a nombre propio, sólo podrá actuar invocando la representación que
ostenta.
Stitchkin señala al respecto: “Desde luego, debemos rechazar de plano la tesis de
que la representación, o mejor, que la facultad o poder de representación sea un elemento
esencial del mandato. La definición del art. 2116 no la contempla en forma alguna ni se
refiere a ella. Además, el art. 2151 dispone que el mandatario puede, en el ejercicio de su
cargo, contratar a su propio nombre, en cuyo caso no obliga respecto de terceros al
mandante. Si el mandatario contrata a su propio nombre, lo que es lícito según acaba de
verse, no hay representación, tanto porque es esencial a ésta que se contrate a nombre de
otro, art. 1448, cuando porque el art. 2151 dice expresamente que actuando el mandatario
a nombre propio no obliga respecto de terceros al mandante, lo que implica rechazar toda
idea de representación. En consecuencia, el mandatario puede actuar a nombre propio, y en
tal caso hay mandato pero no representación, de donde resulta que ésta no es una cosa de
la esencia del mandato. En cambio, de las mismas disposiciones se desprende que es un
elemento de su naturaleza, esto es, una cosa que no siendo esencial en él, se entiende
pertenecerle sin necesidad de una cláusula especial. El art. 2151 autoriza al mandatario
para que actúe a nombre del mandante, esto es, para que lo represente (…). De manera,
pues, que celebrado el contrato de mandato, el mandatario queda autorizado para
representar al mandante en la ejecución del encargo que se le ha cometido. Como no se
requiere de una estipulación especial para ello, debemos determinar que en nuestro derecho
la representación es una cosa de la naturaleza del mandato, no de su esencia ni tampoco
puramente accidental. De esta manera, se han armonizado perfectamente los principios de
la doctrina, que considera el mandato independiente de la representación, y las necesidades
de la vida diaria, que exigen que el mandatario goce de tal facultad para la mejor y más
expedita ejecución del negocio, tanto respecto del mandante como de terceros”. 13

e) Contrato principal.

El mandato subsiste por sí mismo, y no requiere de ninguna otra convención para


producir sus efectos.
Cosa distinta es que luego de celebrado el mandato, el mandatario otorgará o
celebrará otros actos o contratos, en ejecución del primero. Pero estos últimos son contratos
distintos del mandato, que tienen su propia naturaleza y efectos.

f) Contrato intuitu personae.

Como lo destacamos al revisar la definición del art. 2116, el mandato es un contrato


de confianza. Y, por ende, intuitu personae, es decir, celebrado en consideración a las
personas que lo convienen. Como es evidente, no a cualquiera le conferimos un mandato. Y
a la inversa, no de cualquiera aceptaremos ser mandatario. La confianza recíproca resulta
pues esencial en este contrato. Lo anterior queda de manifiesto en varias materias:
i.- Regula la ley lo concerniente a la delegación del mandato.

13
Stitchkin Branover, David, ob. cit., Nº 34, pp. 50 y 51.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 12


ii.- Posibilita la ley que el contrato pueda expirar por la revocación hecha por el mandante.
iii.- Como contrapartida, también puede terminar el contrato por la renuncia del mandatario.
iv.- La muerte del mandatario siempre pondrá término al mandato, y la muerte del
mandante por regla general.
v.- El mandatario siempre responderá de culpa leve (salvo pacto en otro sentido), aun en
aquellos casos en que el contrato sólo reporte beneficio al mandante.
Existe sin embargo una importante excepción a esta característica: se trata del
mandato otorgado a persona indeterminada, para requerir del Conservador de Bienes Raíces
la inscripción de un contrato de compraventa, permuta, hipoteca, etc., o la inscripción en el
mismo oficio de un contrato de sociedad o de las modificaciones al mismo.

g) Contrato típico o nominado.

Un total de 58 artículos, según expresamos, dedica el Código Civil al mandato. El


Código de Comercio lo regula en 114 artículos.

4.- Clases de mandato.

4.1. Mandato general y especial.

Atendiendo a la extensión con que se ha conferido el mandato, es decir a los negocios


jurídicos a que alude, este puede ser general o especial.
Dispone el art. 2130: “Si el mandato comprende uno o más negocios especialmente
determinados, se llama especial; si se da para todos los negocios del mandante, es general;
y lo será igualmente si se da para todos, con una o más excepciones determinadas. / La
administración está sujeta en todos casos a las reglas que siguen”.
Mandato general es el que se otorga al mandatario para todos los negocios del
mandante, aunque se indiquen algunas excepciones determinadas. Cabe advertir que los
abogados suelen denominar como “mandato general” aquél que alude a numerosos negocios
jurídicos y que contiene numerosas facultades y cuya extensión abarca varias páginas. En
realidad, un mandato así conferido se encuadra en lo que llamamos “simplemente especial”,
al que aludiremos más adelante en este acápite. El verdadero mandato general no contiene
enumeración de negocios jurídicos ni de facultades, y por eso mismo, es general. Se
contiene en una foja.
Conferido en esta forma, el mandato no otorga al mandatario otras facultades que las
que enumera el art. 2132. Establece este precepto: “El mandato no confiere naturalmente al
mandatario más que el poder de efectuar los actos de administración; como son pagar las
deudas y cobrar los créditos del mandante, perteneciendo unos y otros al giro administrativo
ordinario; perseguir en juicio a los deudores, intentar las acciones posesorias e interrumpir
las prescripciones, en lo tocante a dicho giro; contratar las reparaciones de las cosas que
administra; y comprar los materiales necesarios para el cultivo o beneficio de las tierras,
minas, fábricas, u otros objetos de industria que se le hayan encomendado. / Para todos los
actos que salgan de estos límites, necesitará de poder especial”.
De los términos de este artículo, se desprende que el mandato general otorga al
mandatario la facultad de administrar los negocios del mandante dentro del giro ordinario.
La enumeración que al efecto hace de los actos administrativos el citado artículo, es sólo por
vía ejemplar, lo que implica que cualquier otro acto de administración que no se mencione
en dicho precepto, podrá también ser ejecutado válidamente por el mandatario general (por
ejemplo, art. 1411, aceptar donaciones).
Mandato especial es aquél que comprende uno o más negocios especialmente
determinados. Como en el mandato pueden indicarse todos los actos jurídicos que una
persona puede ejecutar, es posible en la práctica que el poder especial llegue a ser más
amplio que uno general. Cabe señalar que según la parte final del art. 2132, se requiere

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 13


poder especial para la ejecución de todos los actos que salgan de los límites del giro
ordinario de los negocios del mandante.
El mandato especial admite en nuestra opinión una sub-clasificación, en dos
categorías que hemos denominado simplemente especial y especialísimo. El primero opera,
por ejemplo, cuando se confiere mandato para que el mandatario pueda administrar o
enajenar todos los inmuebles que pertenezcan al mandante, sin que ellos sean
singularizados; el segundo, por ejemplo, cuando en el mismo caso, el mandato recae en un
determinado inmueble. A nuestro juicio, el art. 1580 del Código Civil, en las normas del
pago, recoge en cierta medida este distingo. El precepto alude a tres situaciones, que
corresponderían, respectivamente, a un poder general, a uno simplemente especial y a un
poder especialísimo: “La diputación para recibir el pago puede conferirse por poder general
para la libre administración de todos los negocios del acreedor, o por poder especial para la
libre administración del negocio o negocios en que está comprendido el pago, o por un
simple mandato comunicado al deudor”.
Esta clasificación es importante, en definitiva, para saber qué tipo de negocios
jurídicos puede ejecutar legítimamente el mandatario. Stitchkin enfatiza que la calificación
del mandato en general o especial interesa únicamente para establecer de qué negocios
puede conocer válidamente el mandatario. Esclarecido este punto corresponde determinar
con qué facultades entrará a conocer el mandatario los negocios que son de su incumbencia
(cuestión que corresponde, según veremos, a la siguiente clasificación). Stitchkin plantea un
ejemplo: establecido que el mandato se ha conferido para la gestión de los negocios
relativos a una fábrica o industria determinada que posee el mandante, deberá concluirse
que el mandatario sólo puede conocer legítimamente de estos negocios y no de otros que
sean ajenos a la fábrica o industria. Pero en seguida, es necesario determinar cuáles son las
facultades del mandatario en la gestión de esos negocios: si puede transigir, comprometer,
hipotecar, empeñar, etc.14
Más claro nos parece el siguiente ejemplo: se otorga un mandato, facultando al
mandatario para enajenar bienes muebles e inmuebles del mandante. Se trata, como
expresamos, de un mandato especial, de los que hemos denominado simplemente especial.
Pero la pregunta que habría que formular seguidamente, es la siguiente: ¿con qué
facultades podría el mandatario enajenar dichos bienes muebles e inmuebles?
Responderemos a la interrogante en el acápite que sigue.

4.2. Mandato definido e indefinido.

a) Conceptos de mandato definido e indefinido.

Atendiendo a las facultades conferidas al mandatario, el mandato puede ser definido


o indefinido.
El mandato será definido, cuando se precise cuales son las facultades o atribuciones
del mandatario. Por ejemplo, un mandato para vender un determinado bien inmueble del
mandante, donde, además, se señala que el mandatario está premunido de las facultades
para convenir el precio de las compraventas, su forma de pago, cobrarlo y percibirlo,
renunciar a la acción resolutoria, convenir cláusula penal, etc. Como puede observarse,
dentro del negocio jurídico –compraventa-, se determinan también las facultades del
mandatario.
Por el contrario, el mandato será indefinido, cuando el mandante no precisa al
mandatario las facultades conferidas. Por ejemplo, se confiere mandato para que el
mandatario administre un negocio del mandante o para que venda los bienes muebles e
inmuebles de dicho mandante, pero sin indicarle con qué facultades goza.

14
Stitchkin Branover, David, ob. cit., p. 265.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 14


b) Qué mandatos pueden ser definidos o indefinidos.

De lo expuesto, se puede afirmar:


i.- Que el mandato especial podrá ser definido o indefinido (por ejemplo, será especial pero
indefinido, si confiero mandato a Juan, para que se haga cargo de todos los asuntos
vinculados con mi inmueble ubicado en tal ciudad; y será especial y además definido,
cuando confiero mandato a Juan, para que venda el inmueble de mi propiedad, ubicado en
tal ciudad, señalándole con qué facultades puede obrar).
ii.- El mandato general, en cambio, es indefinido: pues en él no se indican los negocios
jurídicos ni las facultades que se tienen en ellos.

c) Mandatarios que sólo están facultados para realizar actos de administración.

Se aplican a este respecto, los artículos 2132 y 2133.


El primero ya fue transcrito. El segundo establece: “Cuando se da al mandatario la
facultad de obrar del modo que más conveniente le parezca, no por eso se entenderá
autorizado para alterar la substancia del mandato, ni para los actos que exigen poderes o
cláusulas especiales. / Por la cláusula de libre administración se entenderá solamente que el
mandatario tiene la facultad de ejecutar aquellos actos que las leyes designan como
autorizados por dicha cláusula”.
Del tenor del art. 2133, inc. 1º, cabe entonces desprender las siguientes
conclusiones, para el caso de que el mandatario haya sido facultado para actuar “del modo
que más conveniente le parezca”:
i.- El mandatario siempre debe atenerse a los términos del mandato (arts. 2131 y 2134).
ii.- El mandatario no se entenderá, por la sola circunstancia anotada, que está facultado
para ejecutar “actos que exigen poderes o cláusulas especiales”.
iii.- Siempre deberá cumplir con el estándar de un buen padre de familia (art. 2129).
A su vez, de lo expresado en el inc. 2º del mismo precepto, en cuanto a conferírsele
la “libre administración”, puede subrayarse que por tal cláusula el mandatario sólo podrá
realizar aquellos actos “que las leyes designan” por dicha cláusula.
Importa por tanto, en este punto, examinar el concepto de acto de administración. La
ley no lo define en las normas del mandato, pero puede desprenderse de otras disposiciones
del Código Civil, en especial el art. 391, relativo a la administración del tutor o curador.
Dispone esta norma: “El tutor o curador administra los bienes del pupilo, y es obligado a la
conservación de estos bienes y a su reparación y cultivo. Su responsabilidad se extiende
hasta la culpa leve inclusive”.
De tal disposición, se desprende que administrar es adoptar las medidas de carácter
material o jurídico tendientes a conservar los bienes, a incrementarlos y obtener las
ventajas que pueden procurar (Pescio).15 Vemos entonces que los actos de administración
apuntan a la ejecución, en primer lugar, de actos conservativos, vale decir, aquellos
destinados a evitar la pérdida, menoscabo o disminución del valor de los bienes. Los actos
conservativos pueden ser materiales o jurídicos. Es un acto conservativo material, ejecutar
mejoras necesarias en una vivienda; es un acto conservativo jurídico, interponer una
querella posesoria. En segundo lugar, los actos de administración apuntan a obtener de los

15
Con todo, cabe advertir que en materia de patria potestad, la noción de actos de administración está restringida
sólo a los actos conservativos, excluyéndose aquellos actos que supongan la adquisición de bienes. En efecto, a
falta de acuerdo sobre el particular, toca al padre y a la madre en conjunto el ejercicio de la patria potestad
(artículo 244, inciso 2º). Con todo, los padres podrán actuar indistintamente (es decir, separadamente) en los actos
de mera conservación. Se entiende por actos de mera conservación aquellos destinados a evitar la pérdida,
menoscabo o disminución del valor de los bienes del menor. Respecto del resto de los actos (aquellos destinados a
incrementar el patrimonio del menor o aquellos mediante los cuales se enajenen bienes del menor y por tanto
provoquen una disminución de su patrimonio), se requerirá actuación conjunta. En caso de desacuerdo de los
padres, o cuando uno de ellos esté ausente o impedido o se negare injustificadamente, se requerirá autorización
judicial (art. 244, inc. 3º).

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 15


bienes el provecho o utilidad que ordinariamente reportan. Así, por ejemplo, al administrar
un inmueble, darlo en arrendamiento para la obtención de rentas; o si se administra un
predio rural, vender las cosechas.
Vemos que no existe un límite muy definido entre los actos de administración y los
actos de disposición, caracterizándose estos últimos por modificar la composición del
patrimonio. En ocasiones, un acto que parece ser dispositivo será sin embargo de
administración. Por ejemplo, si se venden los frutos de un bien, como la cosecha de un
fundo. O quien administra una cafetería, podrá vender los productos que allí se expenden,
pero no podrá vender los bienes muebles con que el establecimiento está equipado. Los
primeros actos, aunque sean de disposición, se encuentran dentro del giro de la
administración, no así los segundos. Lo determinante, en definitiva, es averiguar si el acto
pertenece al giro ordinario del negocio que se administra. Si pertenece, el acto será de
administración, aunque implique disponer de bienes.

d) Casos en los que la ley exige mandato especial y además definido.

En ciertos casos, el legislador ha señalado expresamente que se requiere de poder


especial y definido. Así ocurre, por ejemplo, en los casos siguientes:
i.- Para transigir (art. 2448). Deben especificarse los bienes, derechos y acciones sobre los
que recaerá la transacción.
ii.- Requieren poder especial o “especial mención”, las facultades de desistirse en primera
instancia de la acción deducida, aceptar la demanda contraria, absolver posiciones,
renunciar los recursos o plazos, transigir, comprometer, otorgar a los árbitros facultades de
arbitradores, aprobar convenios y percibir (art. 7, inc. 2º del Código de Procedimiento Civil).
iii.- Cuando la mujer casada en sociedad conyugal autoriza a través de mandato a su
marido, para enajenar o gravar bienes raíces sociales (art. 1749).
iv.- En el mismo caso anterior, cuando la mujer autoriza enajenar o gravar los bienes raíces
de su propiedad (art. 1754).
v.- Cuando se trata de un mandato conferido para enajenar o gravar bienes afectados como
familiares (art. 142 del Código Civil).
vi.- En el caso del mandato conferido para autorizar al cónyuge a constituir cauciones
personales, habiendo régimen de participación en los gananciales (art. 1792-3).
vii.- Tratándose del mandato conferido para reconocer un hijo, el que debe otorgarse por
escritura pública, en la que especialmente se confiera la aludida facultad (art. 190 en
relación con el art. 187 del Código Civil).
viii.- Tratándose del mandato para contraer matrimonio (art. 103 del Código Civil).
ix.- En el caso del mandato conferido para celebrar el acuerdo de unión civil (art. 5° de la
Ley N° 20.830).

e) Regla de interpretación de las facultades del mandatario.

En todo caso, de existir duda acerca de las facultades del mandatario, el Código
formula un distingo, según si pudo o no consultar al mandante, antes de ejecutar la gestión
que se le confió. Si no pudo, cuestión que tendrá que acreditar el mandatario, sus facultades
se interpretarán con mayor amplitud. Así lo dispone el art. 2148: “Las facultades concedidas
al mandatario se interpretarán con alguna más latitud, cuando no está en situación de poder
consultar al mandante”.

4.3. Mandato judicial y extrajudicial.

Atendiendo a si el mandato se confiere o no para representar en juicio o en general


para ejecutar o celebrar todo acto o contrato, se divide en judicial o extrajudicial.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 16


5.- Efectos del mandato.

Se traducen en determinar cuales son los derechos y obligaciones de las partes.

5.1. Obligaciones del mandatario.

5.1.1. Ejecutar el mandato en la forma convenida.

a) Regla general: mandatario debe ceñirse estrictamente a los términos del mandato.

Según el art. 2131, “El mandatario se ceñirá rigurosamente a los términos del
mandato, sin perjuicio de los casos en que las leyes le autoricen para actuar de otro modo”.
A su vez, acorde con el art. 1546, el art. 2134, inc. 1º, establece que “La recta
ejecución del mandato comprende no sólo la substancia del negocio encomendado, sino los
medios por los cuales el mandante ha querido que se lleve a cabo”.
Cuando el art. 2134 habla de la “substancia del negocio”, se refiere al fondo del
negocio. Cuando alude a “los medios”, debemos entender que se trata de la forma de
realizar el negocio.

b) Situaciones en las cuales no es posible ceñirse a los términos del mandato, es decir,
cuando el mandatario debe “obrar de otro modo”, art. 2131.

Pueden presentarse cuatro situaciones:


i.- Cumplimiento del encargo, utilizando otros medios equivalentes: puede acaecer que los
medios por los cuales el mandante ha deseado que se lleve a efecto el mandato no puedan
emplearse. En tal caso, el mandatario podrá utilizar otros medios equivalentes, si la
necesidad obligare a ello, pero siempre que se obtuviere completamente de este modo el
objeto del mandato, de acuerdo con lo dispuesto en el art. 2134, inc. 2º. El “objeto” del
mandato es la finalidad para la cual se otorgó. Así, por ejemplo, se instruyó al mandatario
para viajar por vía terrestre a Mendoza a celebrar un contrato de compraventa en cierta
fecha, y el Paso “Los Libertadores” se encuentra cerrado por intensas nevadas, optando el
mandatario por abordar un avión, pues el no presentarse en dicha ciudad en tal fecha,
obligará al mandante a pagar una pena muy superior al mayor costo que implica el
transporte aéreo. Es importante consignar, en todo caso, que sólo los actos que el
mandatario ejecute dentro de los límites del mandato obligan al mandante, sin perjuicio de
la ratificación expresa o tácita del último (art. 2160).
ii.- Imposibilidad de cumplir el encargo: necesidad de adoptar medidas conservativas: si el
mandatario se halla en la imposibilidad de cumplir el mandato con arreglo a las instrucciones
del mandante, no está obligado a constituirse en agente oficioso, vale decir, no está
obligado a realizar el encargo de una manera equivalente, como si no hubiere mandato. Pero
debe tomar las providencias conservativas que las circunstancias exijan (art. 2150, inc. 1º).
Así, por ejemplo, se encomienda al mandatario la venta de divisas, pero por un acto de la
autoridad, se dispone que, por 60 días, quedan suspendidas las operaciones de compra y
venta de dólares de los Estados Unidos de América; en el intertanto, el mandatario debiera
tomar un depósito en dólares, para ganar algún interés.
iii.- Necesidad de cumplir el encargo, cuando en caso contrario, se comprometiere
gravemente al mandante: en ciertos casos, no es posible dejar expuesto al mandante a
sufrir perjuicios por no haberse previsto oportunamente los medios de que debía hacer uso
el mandatario. Al efecto, el mandatario deberá actuar de la forma que más se acerque a sus
instrucciones y convenga al negocio (art. 2150, inc. 2º). En este caso, entonces, no basta
que el mandatario adopte medidas conservativas, sino que debe actuar, cumplir el encargo.
En el mismo caso del mandatario que debe viajar a Mendoza, cuando su mandante no le
instruyó acerca de la vía que debía emplear para viajar a dicha ciudad. La diferencia entre

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 17


este caso y el del art. 2134, inc. 2°, es que en este tercer caso no se previeron los medios
de que debía hacer uso el mandatario.
iv.- Caso en el cual el mandatario debe abstenerse de ejecutar el encargo: en ocasiones el
mandatario deberá abstenerse de ejecutar el mandato, cuando su ejecución fuere
manifiestamente perniciosa al mandante: art. 2149. Tal sería el caso, por ejemplo, de
impuestos onerosos que se fijan para el negocio encomendado, después de otorgado el
mandato, lo que implicará una significativa disminución de la utilidad inicialmente
proyectada. Lo razonable sería no ejecutar el negocio y pedir nuevas instrucciones.

c) Actos especialmente reglamentados por la ley.

En algunos casos, el Código Civil ha previsto el alcance de ciertas facultades


concedidas al mandatario, particularmente cuando ellas salen de los límites de la facultad de
administración:
i.- En el art. 2140, a propósito de los créditos del mandante: “La aceptación que expresa el
mandatario de lo que se debe al mandante, no se mirará como aceptación de éste, sino
cuando la cosa o cantidad que se entrega ha sido suficientemente designada en el mandato,
y lo que el mandatario ha recibido corresponde en todo a la designación”.
Conforme puede desprenderse de la norma, si el mandatario lo fuere en virtud de un
mandato general o de uno especial en el que está facultado para “cobrar y percibir”, pero
sólo en términos generales, y sin señalar en el mandato el monto específico del crédito, el
pago recibido conforme por el mandatario no es oponible a su mandante, quien podrá exigir
al deudor una suma mayor, si justifica que lo pagado no alcanzó para extinguir su crédito.
En tal sentido, expresa una sentencia de la Corte Suprema de 12 de enero de 1948:
“Infringe los artículos 2132 y 2140 del Código Civil la sentencia que, a pesar de reconocer
que el arrendatario pagó una renta menor que la estipulada en el contrato, declara que el
arrendatario no se encuentra en mora, porque el mandatario del arrendador habría
consentido en percibir esas rentas menores, ya que para los actos que salgan de los límites
meramente administrativos se requiere que el mandatario tenga un poder especial, lo que
no ocurre en la especie, en que tampoco se encuentra establecido que haya habido
aceptación tácita de parte del arrendador para consentir en esa renta menor”.16
ii.- En el art. 2141, a propósito de la transacción: “La facultad de transigir no comprende la
de comprometer, ni viceversa”.
De acuerdo a lo transcrito, el mandatario facultado para transigir, no implica que
también pueda convenir que el asunto sea resuelto por un árbitro, ni viceversa, es decir, el
mandatario facultado para someter un asunto a la decisión de un árbitro, no por eso lo está
también para transigir.
iii.- En el art. 2142, a propósito de la compraventa: “El poder especial para vender
comprende la facultad de recibir el precio”.
Así las cosas, quien está facultado para vender, está igualmente facultado para recibir
el precio, sin necesidad de mención expresa. Sin embargo, debe advertirse que el
mandatario que vende tiene que tener un mandato especial, según se indica en la norma
citada.
iv.- En el art. 2143, a propósito de la hipoteca y la compraventa: “La facultad de hipotecar
no comprende la de vender, ni viceversa”.
En consecuencia, quien está facultado para hipotecar, no implica que igualmente lo
esté para vender, y el que está facultado para vender, no implica que pueda también
hipotecar. En este último caso, no opera el aforismo “quien puede lo más puede lo menos”.
v.- En el art. 1658, en las normas de la compensación: “El mandatario puede oponer al
acreedor del mandante no sólo los créditos de éste, sino sus propios créditos contra el

16
Repertorio de Legislación y Jurisprudencia Chilenas. Código Civil y Leyes Complementarias, tomo VIII, Santiago
de Chile, Editorial Jurídica de Chile, 3ª edición, 1997, p. 427.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 18


mismo acreedor, prestando caución de que el mandante dará por firme la compensación.
Pero no puede compensar con lo que el mismo mandatario debe a un tercero lo que éste
debe al mandante, sino con voluntad del mandante”.
El mandatario puede oponer en compensación a los acreedores del mandante los
créditos de éste y los suyos propios; a la inversa, el mandatario no puede oponer a sus
propios acreedores los créditos del mandante, salvo autorización de éste. La compensación
de los créditos propios del mandatario es posible siempre que rinda caución, quedando
subordinada la compensación a la condición de que el mandante la ratifique. En último
término queda en claro que el mandatario no está facultado para compensar los créditos del
mandante invocando sus propios créditos.

d) Mandato conferido a dos o más personas (arts. 2127 y 2172).

Se coloca también el legislador en el caso de pluralidad de mandatarios: art. 2127.


Surgen de inmediato algunas interrogantes: ¿Cómo pueden actuar? ¿Puede dividirse la
gestión? ¿O deben actuar conjuntamente? Cabe formular los siguientes distingos:
i.- En primer lugar, se estará a lo previsto por el mandante (usualmente, los poderes
conferidos por las sociedades se otorgan a varios mandatarios, señalándose cómo deben
actuar, por ejemplo, uno cualquiera de los apoderados del grupo A con uno cualquiera de los
apoderados del grupo B; o por el contrario, se indica que pueden actuar separada o
indistintamente);
ii.- Si nada previó el mandante, los mandatarios pueden dividir la gestión (en verdad, lo
anterior, aunque lo diga la ley, es sólo teórico, pues en la práctica, se exige la actuación
conjunta de los mandatarios);
iii.- Pero si el mandante prohibió dividir la gestión, es decir, quiere que los mandatarios
actúen de consuno, serán “nulos”, dice la ley, los actos que realicen separadamente los
mandatarios que debieron actuar conjuntamente. Stitchkin –prescindiendo del tenor literal
de la ley- formula un distingo aquí, según si los terceros con quienes contrata
separadamente uno de los mandatarios que debió actuar conjuntamente con otro u otros,
conocían o debían conocer esta limitación al tiempo de contratar:
i) Si los terceros conocían o debían conocer la prohibición: lo obrado por el mandatario no
será nulo, sino que inoponible al mandante. Por ende, carecerán los terceros de acción en
contra del mandante.
ii) Si los terceros no conocían ni podían conocer tal prohibición: el mandante sí estará
obligado frente a los terceros que contrataron con el mandatario. El contrato celebrado por
el mandatario, entonces, no sólo será válido, sino que también oponible al mandante. Lo
anterior, sin perjuicio de que después el mandante pueda repetir en contra del mandatario
por los perjuicios que se le irroguen al primero. 17
Sin embargo, en contra de la tesis de Stitchkin, podría entenderse que el mandatario
que actúa en forma aislada debiendo haberlo hecho con otro u otros mandatarios, se ha
puesto en el caso previsto en el N° 2 del art. 704 del Código Civil: “No es justo título: (…)
2º. El conferido por una persona en calidad de mandatario o representante legal de otra sin
serlo”. Y en esta hipótesis, a nuestro juicio, nos encontramos ante un caso de nulidad
absoluta por falta de voluntad (del mandante, en este caso). Siendo así, estaría correcto el
tenor literal del art. 2127. Se podría retrucar que la persona que actúa sola, debiendo haber
actuado con otro, sí era mandatario, pero pensamos que no es así: sólo puede entenderse
tal mandatario, en cuanto actúe efectivamente con el otro. Por sí solo, no sería tal
mandatario.
A su vez, cabe preguntarse qué ocurre si el mandato debía ejecutarse en forma
conjunta, pero expira respecto de uno de los mandatarios. En este caso, según dispone el
art. 2172, el mandato también se entenderá extinguido para el otro mandatario u otros

17
Stitchkin Branover, David, ob. cit., pp. 251 y 252.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 19


mandatarios. En efecto, este precepto señala que, si los mandatarios “están obligados a
actuar conjuntamente, la falta de uno de ellos por cualquiera de las causas antedichas
pondrá fin al mandato”. Las “causas antedichas” son aquellas enumeradas en el art. 2163
del Código Civil. Así, por ejemplo, si el mandato se hubiere conferido a dos personas que
debían actuar conjuntamente, y uno de ellos fallece, el mandato ha de entenderse también
extinguido para el mandatario sobreviviente. Y en caso de seguir actuando, estaríamos ante
un falso representante, aplicándose en consecuencia lo dispuesto en el art. 704 N° 2: sus
actos serán título injusto y además adolecerán de nulidad absoluta por falta de voluntad del
mandante. Con todo, en una sentencia de la Corte Suprema de fecha 25 de junio de 2013,
dictada en los autos Rol N° 6.846-2012, se concluye que, en el ejemplo planteado, existiría
inoponibilidad y no nulidad. Discrepamos de esta conclusión. 18
Stitchkin, siguiendo a la doctrina francesa, destaca a su vez que si los mandatarios,
concertadamente, se han puesto de acuerdo para no ejecutar el encargo o ejecutarlo
incorrectamente, estaremos ante un dolo común, siendo solidaria la responsabilidad de
aquellos. En nuestro Código, el fundamento de esta responsabilidad estaría en el art. 2317,
inc. 2°: “todo fraude o dolo cometido por dos o más personas produce la acción solidaria del
precedente inciso”.19

e) Restricciones impuestas a los mandatarios en la ejecución del mandato.

Estableció el legislador una serie de restricciones, con el fin de evitar en lo posible


que el mandatario ejecute actos que salgan de la órbita de atribuciones que le ha señalado
el mandante o que supongan un conflicto con los intereses del mandante.
Cabe señalar que, en los manuales, los autores suelen aludir a “prohibiciones”
impuestas al mandatario, lo que no nos parece correcto, ya que no se trata de conductas
que el mandatario no pueda ejecutar bajo todo respecto o consideración. Se trata más bien
de normas imperativas de requisito. Operan para los contratos de compraventa y de mutuo,
y otras tienen aplicación general.
Tales son:
e.1) En el contrato de compraventa:
Art. 2144: “No podrá el mandatario por sí ni por interpuesta persona, comprar las cosas
que el mandante le ha ordenado vender, ni vender de lo suyo al mandante lo que éste le ha
ordenado comprar, si no fuere con aprobación expresa del mandante”.
El mandatario entonces:
i.- No puede comprar para sí las cosas que el mandante le ha ordenado vender;
ii.- No puede vender de lo suyo al mandante lo que éste le ha ordenado comprar.
Las prohibiciones no son absolutas, sin embargo, porque el mandante puede autorizar
dichos actos. Lo anterior implica que la facultad para autocontratar, requiere de expresa
autorización.
Ahora bien, ¿cuál es el alcance que tiene la frase “si no fuere con aprobación expresa del
mandante? ¿Bastará con que en el mandato se diga sencillamente que el mandatario está
facultado para autocontratar, o, será necesario que, para ello, además de aludir a la
facultad, se agreguen los elementos esenciales del contrato, como por ejemplo señalar qué
cosas pueden ser objeto de autocontratación y por qué precio podría el mandatario
comprarlas para sí?
En una sentencia de la Corte Suprema de fecha 9 de enero de 2017, Rol N° 14.853-
2016,20 se concluye que es suficiente que el mandato contenga la facultad para
autocontratar, no siendo necesario agregar más detalles. Aún más, el fallo insinúa que, si el
mandato fuere para realizar toda clase de actos jurídicos, entre ellos comprar y adquirir

18
Cfr. esta sentencia en “Criterios jurisprudenciales sobre obligaciones en general y contratos en particular”, en
nuestra página www.juanandresorrego.cl
19
Stitchkin Branover, David, ob. cit., pp. 248 y 249.
20
Volveremos a referirnos a esta sentencia, al aludir a las causales de terminación del contrato de mandato.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 20


bienes para el mandante, y vender y enajenar bienes del mandante, incluidos los inmuebles
(el mal llamado “mandato general”), no corresponde aplicar el art. 2144, pues este precepto
se pone en el caso de que el mandante le haya ordenado a su mandatario vender un bien
determinado, cuyo no era el caso de autos.
Nos parece que es correcta la primera conclusión de la sentencia, pues del art. 2144 y de
la expresión “aprobación expresa” no parece desprenderse que sea necesario adicionar más
detalles que se refieran a los elementos del contrato en el que pueda existir
autocontratación. Sería suficiente que el mandato señale esta facultad. Pero al menos
creemos discutible la segunda conclusión, que parece deslizar que en los “mandatos
generales” o más bien especiales pero amplios, no se aplicaría el art. 2144. Pensamos que
este precepto debe aplicarse cualquiera fueren los términos del mandato, es decir, sea que
se haya conferido en términos amplios o sea que se refiera a vender y enajenar un bien
determinado. Al indicar el art. 2144 que el mandante “le ha ordenado vender” ciertos
bienes, debiéramos entender, a nuestro juicio, que dicha orden gravita sobre todos los
bienes de que sea propietario el mandante al momento en que ejecute el mandato que se le
ha conferido. No se trataría por ende de aquel mandato que hemos denominado
“especialísimo”.
En cuanto a la sanción por la contravención del art. 2144, señala Stitchkin que “Se
admite generalmente que la compraventa realizada en contravención al art. 2144 es nula
relativamente, pues no se trata de un acto prohibido por las leyes, sino permitido bajo
ciertas condiciones que se exigen en consideración de la calidad de la persona que lo
ejecuta, art. 1682. Por consiguiente, sólo pueden alegarla el mandante y sus herederos o
cesionarios (art. 1684) y se sanea por la ratificación expresa o tácita y por la prescripción de
cuatro años, que se cuenta en todo caso desde la ejecución del acto y no se suspende”21.
e.2) En el contrato de mutuo:
Art. 2145: “Encargado de tomar dinero prestado, podrá prestarlo él mismo al interés
designado por el mandante, o a falta de esta designación, al interés corriente; pero
facultado para colocar dinero a interés, no podrá tomarlo prestado para sí sin aprobación del
mandante”.
De esta manera:
i.- Puede el mandatario prestar de su dinero al mandante cuando éste le encargó obtenerlo,
pero siempre que lo haga al mismo interés designado por el mandante o a falta de éste, al
interés corriente. No se requiere aquí autorización o aprobación del mandante para que el
mandatario autocontrate. La restricción sólo dice relación a la tasa de interés.
ii.- No puede sin embargo el mandatario tomar para sí el dinero que el mandante le encargó
colocar o prestar a interés, sin aprobación del mandante. La expresión “aprobación” (en
lugar de “autorización”) sugiere que el mandatario podría celebrar el contrato de mutuo
consigo mismo, actuando en las dos calidades de mutuante y mutuario, y después obtener
la venia del mandante (art. 2145, última parte). Si el mandatario tomare el dinero para sí en
calidad de mutuario sin haber obtenido la aprobación, el acto sería inoponible al mandante,
según Stitchkin. Otros, en cambio, estiman que el acto adolecería de nulidad relativa, por las
razones señaladas para el caso del art. 2144.22
Art. 2146: “No podrá el mandatario colocar a interés dineros del mandante, sin su
expresa autorización. / Colocándolos a mayor interés que el designado por el mandante,
deberá abonárselo íntegramente, salvo que se le haya autorizado para apropiarse el
exceso”.
No puede entonces el mandatario, colocar a interés dineros del mandante, sin
autorización expresa de éste. Si contaba con dicha autorización para colocar el dinero a un
determinado interés y lo coloca a un interés superior, el exceso no pertenecerá al

21
Stitchkin Branover, David, ob. cit., pp. 352-353.
22
Stitchkin Branover, David, ob. cit., p. 353.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 21


mandatario sino que al mandante, salvo si el mandante lo hubiere autorizado para
apropiarse del exceso.
Cabe señalar que a diferencia del segundo caso previsto en el art. 2145, en el que el
legislador emplea la voz “aprobación” (que podría ser tanto expresa como tácita), en el caso
del art. 2146 se habla de “expresa autorización”.
e.3) En general, en cualquier contrato:
Art. 2147: “En general, podrá el mandatario aprovecharse de las circunstancias para
realizar su encargo con mayor beneficio o menor gravamen que los designados por el
mandante; con tal que bajo otros respectos no se aparte de los términos del mandato. / Se
le prohíbe apropiarse lo que exceda al beneficio o minore el gravamen designado en el
mandato. / Por el contrario, si negociare con menos beneficio o más gravamen que los
designados en el mandato, le será imputable la diferencia”.
De esta forma:
i.- Si el mandatario ejecuta el mandato con mayor beneficio o menor gravamen que los
designados por el mandante, se prohíbe al mandatario apropiarse lo que exceda al beneficio
o disminuya el gravamen designado en el mandato. Por ejemplo, porque el mandatario
prestó el dinero que le proporcionó su mandante a un interés mayor al que el último le
señaló. O si la ejecución del mandato supuso incurrir en menores gastos que los
presupuestados por el mandante. El mayor beneficio o el ahorro en los gastos, deberá ser
para el mandante.
ii.- Pero si el mandatario negocia con menos beneficios o más gravamen que los designados
en el mandato, el mandatario deberá responder ante el mandante por la diferencia. Por
ejemplo, porque el mandatario prestó el dinero que le proporcionó su mandante a un interés
menor al que el último le señaló o se excedió en los gastos más allá de los límites que le
señaló el mandante.

f) Responsabilidad del mandatario.

El art. 2129 se refiere a ella. La responsabilidad del mandatario implica en términos


generales que debe abstenerse de ejecutar actos que vayan en perjuicio del mandante, y
será dicha responsabilidad mayor o menor según la naturaleza del mandato. Las reglas
podemos sintetizarlas de la siguiente manera:
i.- El mandatario responderá, en general, de culpa leve.
ii.- Dicha responsabilidad recae más estrictamente sobre el mandatario remunerado.
iii.- Dicha responsabilidad será menos estricta si el mandatario no deseaba ejecutar el
encargo y se vio forzado a aceptarlo.
Tal como lo habíamos señalado, se ha debatido en la doctrina acerca de si el
mandatario remunerado responde de culpa levísima y el mandatario forzado a ejecutar el
encargo sólo de culpa grave. Esto implicaría, que el único mandatario que respondería de
culpa leve sería el no remunerado que no tuvo reparos en aceptar el encargo. No sería esta
sin embargo la intención del legislador. En definitiva, como dice Meza Barros, es el juez
quien decide y la disposición es una simple recomendación para que se muestre más severo
o benévolo, según las circunstancias indicadas. Pero, en cualquier caso, en nuestra opinión,
siempre dentro del rango de la culpa leve.
Por otra parte, el mandatario no responde de la solvencia de aquellos con quien
contrata, a menos que expresamente haya tomado sobre sí la responsabilidad, caso este
último en el que en realidad no hay verdadero mandato, desde el momento que el
mandatario no actúa por cuenta “y riesgo” del mandante. En este caso, establece la ley que
el mandatario se constituye en principal deudor para con el mandante, y son de su cuenta
hasta los casos fortuitos y la fuerza mayor (art. 2152). Así, por ejemplo, el corredor de
propiedades a quien se confió arrendar un inmueble se compromete frente al propietario en
el pago de las rentas de arrendamiento para el evento de que no las pagare el arrendatario.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 22


A su vez, la regla general de que las cosas perecen para su dueño sufre una aparente
excepción en materia de mandato, cuando se trata de especies metálicas, pues según el art.
2153, tales especies que el mandatario tenga en su poder por cuenta del mandante perecen
para el mandatario aún por fuerza mayor o caso fortuito, sin perjuicio de la excepción
indicada en la norma. El mandatario es en verdad depositario de los dineros del mandante;
como se trata de un depósito irregular, se hace dueño de las especies, con cargo de restituir
otro tanto (art. 2221). Quiere decir entonces que el mandato operó como título traslaticio de
dominio. Por eso decimos que la excepción es más bien aparente, pues la cosa está
pereciendo para su dueño, y opera entonces el principio general.
Así las cosas, en los dos casos, anteriores, nos encontramos ante figuras
excepcionales, en las cuales el mandatario responderá, aunque el incumplimiento se deba al
caso fortuito o la fuerza mayor.

g) Normas relativas al mandato en la sociedad mercantil.

En las normas de la sociedad colectiva mercantil, se establece un mandato legal y


recíproco entre los socios. Pero no obstante disponerlo la ley, debemos entender que
estamos siempre ante un mandato, es decir, ante un contrato, tácitamente consentido por
todos los socios, desde el momento en que acuerdan constituir la respectiva sociedad.
Dispone el art. 386 del Código de Comercio: “Cuando el contrato social no designa la
persona del administrador, se entiende que los socios se confieren recíprocamente la
facultad de administrar y la de obligar solidariamente la responsabilidad de todos sin su
noticia y consentimiento”.
Dos efectos se desprenden de esta norma:
i.- Todos y cada uno de los socios tienen la facultad para administrar la sociedad y por ende,
de actuar a nombre de ésta, con las limitaciones que se desprenden del artículo siguiente;
ii.- Al actuar de este modo, obligan solidariamente “la responsabilidad de todos sin su noticia
y consentimiento”.
Agrega el art. 387, sobre la misma materia: “En virtud del mandato legal, cada uno
de los socios puede hacer válidamente todos los actos y contratos comprendidos en el giro
ordinario de la sociedad o que sean necesarios o conducentes a la consecución de los fines
que ésta se hubiere propuesto”.
Por ende, dos son los actos o contratos que pueden otorgarse o celebrarse:
i.- Los comprendidos en el giro ordinario de la sociedad (definido en el pacto social como
“objeto” de la sociedad); y
ii.- Los que sean necesarios o conducentes a la consecución de los fines que la sociedad se
hubiere propuesto.

5.1.2. Obligación de rendir cuenta al mandante.

Dispone el art. 2155: “El mandatario es obligado a dar cuenta de su administración. /


Las partidas importantes de su cuenta serán documentadas si el mandante no le hubiere
relevado de esta obligación. / La relevación de rendir cuentas no exonera al mandatario de
los cargos que contra él justifique el mandante”.

a) Justificación de la obligación.

Desde el momento en que el mandatario actúa por cuenta y riesgo del mandante, es
lógico que la ley haya dispuesto la obligación de informar al mandante de la gestión
encomendada.
La misma obligación tienen los albaceas, guardadores y secuestres.

b) Forma de rendir cuenta.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 23


El legislador propende a que la cuenta sea documentada, cuestión obligatoria en las
partidas importantes.
El mandante, sin embargo, puede relevar al mandatario de la obligación de rendir
cuentas. Esto implica que en el silencio de las partes contratantes, el mandatario estará
obligado a rendir cuenta de su gestión una vez concluida o cuando así lo requiera el
mandante. Pero no deberá hacerlo, si el mandante exonera de esta obligación al
mandatario, mediante una cláusula expresa. La obligación de rendir cuenta es por ende una
obligación de la naturaleza del mandato y no de la esencia.
En efecto, en términos generales, puede el mandante exonerar al mandatario de la
obligación de rendir cuentas, pero tal circunstancia no lo libera de los cargos que el primero
pueda justificar contra el mandatario. No implica por ende irresponsabilidad del último frente
al mandante.
El Código, precisamente alude al mandato, a modo de ejemplo, cuando en los casos
de objeto ilícito, se refiere a la condonación del dolo pasado y del dolo futuro: “El pacto de
no pedir más en razón de una cuenta aprobada, no vale en cuanto al dolo contenido en ella,
si no se ha condonado expresamente. La condonación del dolo futuro no vale” (art. 1465).
Dicho de otra manera:
i.- Si la cuenta no se ha rendido, no es posible renunciar ni expresa ni tácitamente al dolo en
que en el futuro pueda incurrir el mandatario.
ii.- En cambio, si el mandatario rindió cuenta de su gestión, y ésta fue aprobada, el
mandante conserva acción si después descubre que el mandatario actuó con dolo, a menos
que expresamente lo hubiera condonado. El dolo ya acaecido puede condonarse, pero de
manera expresa.
El mandante puede exigir la rendición de cuentas en cualquier momento. Puede exigir
por tanto rendición parcial de cuenta o la definitiva. De no rendirse la cuenta por el
mandatario, el mandante podrá demandarlo para que lo haga, tramitándose el juicio de
conformidad a las reglas del procedimiento sumario (art. 680, N° 8, del Código de
Procedimiento Civil, y específicamente, artículos 693 a 696 sobre los juicios de cuentas).

c) Pago de intereses al mandante.

A su vez, el art. 2156 se preocupa de los intereses, estableciendo dos hipótesis:


i.- El mandatario debe al mandante los intereses corrientes de los dineros del segundo que
el primero empleó en utilidad propia (art. 2156, inc. 1°).
La regla es concordante con la del art. 2145, según la cual no puede el mandatario
tomar para sí el dinero de su mandante.
Pero la regla del art. 2156 es más amplia que la del art. 2145, pues la primera
operaría para todo acto o contrato, mientras que la segunda opera cuando el mandante
confía la celebración de contratos de mutuos.
Así, por ejemplo, si el mandante le encargó al mandatario comprar ciertos bienes, y
en lugar de hacerlo, el mandatario emplea el dinero destinado a ello en utilidad propia (por
ejemplo, empleando el dinero para pagar sus propias deudas), deberá intereses. ¿Desde
cuándo se deben los intereses? Se ha entendido que se deben desde el momento en que
tales dineros fueron utilizados por el mandatario en su provecho. En efecto, refiere
Stitchkin: “Para que comiencen a devengarse los intereses no es menester constituir en
mora al mandatario. La ley le prohíbe tomar para sí los dineros del mandante sin la
aprobación de éste, de modo que, si el mandatario se desentiende de ella y utiliza los
dineros, contraviene una obligación de no hacer. Y según el art. 1557, se debe la
indemnización de perjuicios si la obligación es de no hacer desde el momento de la
contravención”.23

23
Stitchkin Branover, David, ob. cit., p. 412.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 24


El argumento es claro tratándose de un contrato de mutuo cuya celebración se había
encargado al mandatario, pero nos parece discutible para otros contratos, como una
compraventa, por ejemplo. En efecto, en el art. 2156 –a diferencia del art. 2145-, no se
observa que exista una obligación de no hacer. Sólo se establece la consecuencia que tiene
para el mandatario, el utilizar en utilidad propia, los dineros de su mandante. Así las cosas,
siendo la obligación de pagar intereses una de carácter legal y además una obligación de
dar, los intereses se deberían desde la mora del mandatario, y estaría en tal condición,
desde que fuere interpelado judicialmente por su mandante (art. 1551, N° 3).
ii.- Si el mandatario se constituye en mora, debe asimismo los intereses del saldo que de la
cuenta resulten en su contra (art. 2156, inc. 2°).
Aunque en este caso la ley no alude a los intereses “corrientes”, debe entenderse que
tienen tal carácter, atendido lo dispuesto en el art. 19 de la Ley N° 18.010: “Se aplicará el
interés corriente en todos los casos en que las leyes u otras disposiciones se refieran al
interés legal o al máximo bancario”.
Para que opere esta segunda hipótesis, es imprescindible que el mandatario haya
rendido cuenta y que de la misma fluya un saldo en contra de éste, que debe restituir al
mandante.
Se deberán los intereses desde el momento en que el mandatario esté en mora. Nos
referimos a este punto más adelante.

d) Obligación de entregar ciertos bienes.

Por su parte, el art. 2157 dispone que, al efectuar su cometido, el mandatario está
obligado a restituir al mandante:
i.- Lo que recibió por él en el ejercicio del mandato; y
ii.- Aquello que dejó de percibir por su culpa.
La situación en la que se encuentra el mandatario, en cuanto debe restituir estas
cosas a su mandante, se enmarca en la hipótesis descrita en el art. 915, es decir, la de
“injusto detentador”: “Las reglas de este título se aplicarán contra el que poseyendo a
nombre ajeno retenga indebidamente una cosa raíz o mueble, aunque lo haga sin ánimo de
señor”.
La obligación se extiende incluso a aquello que recibió de los terceros pero que en
realidad no se debía al mandante. Será el mandante a quien corresponda decidir sobre el
particular y no al mandatario.
Sin embargo, debemos tener presente una salvedad, conforme a lo dispuesto en el
art. 2162, que consagra un derecho legal de retención en favor del mandatario.

e) Rendición de cuenta cuando el mandatario actúa a nombre propio.

La rendición de cuentas cobra mayor importancia cuando el mandatario ha


contratado a su propio nombre, pues entonces, debe comprender además la cesión de todos
los derechos adquiridos por el mandatario respecto de los terceros, el traspaso de todos los
bienes adquiridos para el mandante en el desempeño de su cometido y de todas las deudas
contraídas a favor de los terceros. Así, el mandatario que ha comprado a su propio nombre
las cosas que el mandante le ha encargado comprar para él, deberá traspasarlas al
mandante, y esto, naturalmente, en el acto de la rendición de cuentas; y si ha dado en
préstamo, a su propio nombre, dineros del mandante, debe traspasarle los créditos.
El traspaso de las cosas adquiridas para el mandante es, pues, uno de los puntos
esenciales de la rendición de cuentas. Dicho traspaso constituye el cumplimiento efectivo y
final de la obligación compleja que contrae el mandatario de ejecutar el negocio por cuenta y
riesgo del mandante y jurídicamente representa el pago de lo que el mandatario debe al
mandante, la prestación de lo que debe.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 25


Distinguimos al efecto entre el traspaso de los derechos personales, de los derechos
reales y de las deudas:
i.- Traspaso de los derechos personales: si el mandatario ha contratado a su propio nombre,
terminada su misión deberá traspasar al mandante los créditos adquiridos contra los
terceros. Esta cesión de créditos, si bien se ejecuta en cumplimiento de obligaciones
contraídas por el mandatario a favor del mandante, está sujeta a las reglas del derecho
común, y, por lo tanto, será necesaria la entrega del título y la notificación al deudor en los
casos en que por regla general se requiera (arts. 1901 a 1908). Perfeccionada la cesión,
podrá el mandante dirigirse contra los terceros y al hacerlo no invocará su calidad de
mandante, que a los terceros es inoponible, sino la de cesionario.
ii.- Traspaso de los derechos reales: lo que se dice de los créditos, es igualmente aplicable a
los demás derechos que el mandatario haya adquirido para su mandante, en virtud de actos,
contratos y convenciones ejecutados o celebrados en su propio nombre. Por lo tanto, el
mandatario deberá hacer tradición al mandante, de las cosas adquiridas para éste. El título
traslaticio de dominio necesario para la validez de la tradición, según el art. 675, será el
mismo contrato de mandato. En efecto, perfeccionado el contrato nace para el mandatario la
obligación de ejecutar el encargo que se le ha confiado y ésta es una obligación de hacer.
Pero una vez cumplido el encargo, surge para el mandatario la obligación de entregar al
mandante las cosas que le pertenecen, dado que el negocio se ha realizado “por cuenta y
riesgo” de éste (art. 2116). Y ésta es una obligación de dar (arts. 2153 y 2157) que impone
al deudor (en este caso, al mandatario), la de entregar la cosa; y si ésta es una especie o
cuerpo cierto, la de conservarlo hasta su entrega (art. 1547). Luego, el mandatario que
transfiere al mandante, en dominio, las cosas adquiridas para éste, en ejecución del encargo
que ha recibido, paga lo que debe (art. 1568). Y la causa del pago que efectúa es la
obligación de dar que ha nacido de la ejecución del mandato que se le ha confiado (art.
2157). Por ende, no sólo no es necesario recurrir a otro contrato que haga las veces de
título traslaticio de dominio, tal como la venta, sino que es errado hacerlo. El título, como se
ha dicho, es el propio contrato de mandato y la tradición que se efectúe es el pago de lo que
el mandatario debe a su mandante. Mediante tal pago -tradición- el mandatario extingue la
obligación contraída para con éste a raíz del cumplimiento o desempeño de su cometido. Así
lo ha resuelto la jurisprudencia.
iii.- Traspaso de las deudas: el mandante debe cumplir las obligaciones contraídas por el
mandatario a su propio nombre, en la medida que dichas obligaciones se enmarquen en el
cometido encargado. Por eso, el mandante, junto con recibir los créditos y derechos reales,
debe hacerse cargo de las deudas. Con todo, el traspaso de las deudas al mandante no
libera al mandatario frente a los terceros que contrataron con él (y que ignoraban la
existencia del mandante), según las reglas generales (de lo contrario, operaría una novación
por cambio de deudor, sin que el acreedor consiente en ello, lo que contraviene el art.
1635). De tal forma, si el mandatario fuere demandado por el tercero, no podrá
excepcionarse alegando que el deudor es el mandante. Este, a su vez, en el supuesto de
haber aceptado el traspaso de las deudas, estará obligado frente a los terceros con el
carácter de codeudor solidario o subsidiario, según decida el tribunal interpretando la
naturaleza o espíritu del convenio. Por lo tanto, los terceros podrán dirigirse contra el
mandatario o contra el mandante, para exigir el cumplimiento de la obligación. Podríamos
afirmar que después del traspaso de las deudas al mandante, tanto éste como el mandatario
están obligados a la deuda, pero en la contribución a la deuda, el mandante ha de
reembolsar al mandatario, si éste hubiere pagado.

f) Mora del mandatario en el cumplimiento de la obligación de rendir cuenta.

Para determinar a partir de qué momento el mandatario se encontrará en mora será


necesario distinguir según si las partes convinieron o no un plazo dentro del cual el
mandatario deba rendir cuenta.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 26


Si se estipuló plazo, el mandatario estará en mora cuando se cumpla el término
convenido (art. 1551, N° 1).
Si no se estipuló plazo, el mandatario estará en mora una vez que se le notifique la
demanda del mandante para que proceda a rendir cuenta (art. 1551, N° 3).
Como se expresó, importa lo anterior, entre otras cosas, porque a partir de la mora,
debe el mandatario los intereses “del saldo que de las cuentas resulte en contra suya” (art.
2156, inc. 2°).

g) Situación cuando el mandatario no rinde cuenta, estando obligado a hacerlo.

Como se dijo, si el mandatario que no ha sido relevado de la obligación no rinde


cuenta, el mandante podrá demandarlo para que así lo haga.
En tal caso, el mandante debe solicitar la designación de un juez árbitro, para que
conozca del juicio de rendición de cuentas. Dispone el art. 227 N° 3 del Código Orgánico de
Tribunales: “Deben resolverse por árbitros los asuntos siguientes: (…) 3° Las cuestiones a
que diere lugar la presentación de la cuenta del gerente o del liquidador de las sociedades
comerciales y los demás juicios sobre cuentas”.
Podría ocurrir que el mandatario sostenga que estaba liberado de la obligación de
rendir cuentas. En tal caso, debe suspenderse el nombramiento del árbitro, mientras se
resuelva, ante la justicia ordinaria, en procedimiento sumario, si existía o no tal obligación.
Estable al respecto el art. 680 N° 8 del Código de Procedimiento Civil: “El procedimiento de
que trata este Título se aplicará en defecto de otra regla especial a los casos en que la
acción deducida requiera, por su naturaleza, tramitación rápida para que sea eficaz. /
Deberá aplicarse, además, a los siguientes casos: (…) 8°. A los juicios en que se persiga
únicamente la declaración impuesta por la ley o el contrato, de rendir una cuenta, sin
perjuicio de lo dispuesto en el artículo 696”.
La demanda de rendición de cuentas podría ser ejecutiva u ordinaria.
Será ejecutiva, “cuando dicha acción sea procedente” (art. 696 del Código de
Procedimiento Civil). Así, por ejemplo, cuando el mandato se otorgó por escritura pública y
en ella se estipuló que el mandatario debería rendir cuenta a más tardar dentro de cierto
plazo. Las normas que se aplicarán aquí son las contempladas en los arts. 530 a 544 del
Código de Procedimiento Civil, relativas al procedimiento ejecutivo de las obligaciones de
hacer.
Será ordinaria, cuando la obligación del mandatario no esté contemplada en un
contrato que tenga carácter de título ejecutivo. En este caso, corresponde aplicar las normas
de los arts. 693 a 696 del Código de Procedimiento Civil, que regulan los “Juicios sobre
cuentas”.24 Establecen estos preceptos:
i.- La cuenta se rendirá en el plazo legal, convencional o judicial que se fije al efecto (art.
693).
ii.- Presentada la cuenta, se pondrá en conocimiento de la otra parte, fijando el juez un
plazo para que la examine. Si transcurre este plazo sin haberse formulado observaciones, se
dará la cuenta por aprobada (art. 694, inc. 1°).
iii.- De haber observaciones a la cuenta, continuará el juicio sobre los puntos observados
conforme al procedimiento que corresponda según las reglas generales, considerándose la
cuenta como demanda y como contestación las observaciones (art. 694, inc. 2°).
iv.- Si el mandatario no presenta la cuenta en el plazo que tenía para hacerlo (legal,
convencional o judicial), podrá formularla el mandante. Puesta esta rendición en
conocimiento del mandatario, se tendrá por aprobada si no la objeta dentro del plazo que el
tribunal le conceda para su examen (art. 695, inc. 1°).
v.- Si se formulan observaciones, continuará el juicio, considerándose la cuenta como
demanda y como contestación las observaciones (art. 695, inc. 2°).

24
Stitchkin Branover, David, ob. cit., p. 403.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 27


vi.- En la apreciación de la prueba, el tribunal estimará siempre la omisión del mandatario
de presentar la cuenta, como una presunción grave para establecer la verdad de las partidas
objetadas (art. 695, inc. 3°).
vii.- Todo lo que se entenderá sin perjuicio del derecho que corresponda para exigir por
acción ejecutiva el cumplimiento de la obligación de presentar la cuenta, cuando dicha
acción sea procedente (art. 696).

h) Rendición de cuentas del submandatario o delegado.

El Código nada dice acerca de la rendición de cuentas en el caso de que el


mandatario haya delegado el mandato a un tercero. Según veremos, en el silencio de las
partes, el mandatario podrá delegar en un tercero la gestión que el mandante le confió.
En el caso planteado, no hay dudas que el mandante puede exigir rendición de
cuentas al mandatario y el mandatario a su vez puede exigir la rendición de cuentas al
delegado, pues el primero es, respecto del segundo, su mandante.
Pero la duda que surge se refiere al mandante, en relación al submandatario. ¿Puede
el mandante demandar la rendición de cuentas directamente al delegado?
La respuesta puede fundarse en el art. 2138: “El mandante podrá en todos casos
ejercer contra el delegado las acciones del mandatario que le ha conferido el encargo”.
Cuando el art. dice “en todos casos”, quiere decir en cualquiera de las hipótesis
previstas en los arts. 2135 a 2137, que se refieren a tres situaciones: cuando nada se dijo
en el mandato acerca de la delegación; cuando se autorizó delegar, sin señalar a quién; y
cuando se autorizó delegar, señalando a quién.
Del tenor de este precepto, se desprende que el mandante podrá demandar al
delegado la rendición de cuenta, en la medida en que el mandatario también pudiere todavía
hacerlo. Por el contrario, si el mandatario ya no tiene esta facultad, tampoco la tendrá el
mandante. Así, si el delegado rindió cuenta al mandatario de todas las gestiones realizadas
por el primero, y acto seguido el mandatario aprobó la cuenta y le otorgó finiquito al
delegado, el mandante carecerá de acción para reclamar lo mismo al delegado. Lo que
además tiene sentido, conforme al principio non bis in ídem. Pero si el mandatario no
hubiere demandado aún la rendición de cuentas al delegado, el mandante podrá hacerlo, y
el delegado no podrá excepcionarse alegando que él no contrató con el mandante. Por
cierto, en este último caso, no es necesario que el mandatario autorice al mandante para
que éste demande la rendición de cuentas al delegado. Tal autorización la otorga el
legislador en el art. 2138. El mandante tampoco podrá exigirle al delegado que rinda cuenta,
si el mandatario hubiere liberado a dicho delegado de la obligación de rendir cuenta.
Lo expuesto, tiene sin embargo un límite: si el mandante logra acreditar que en la
aceptación de la cuenta por parte del mandatario hubo dolo o fraude, sea por parte del
delegado o incluso conjuntamente del delegado y del mandatario, el mandante conserva su
acción en contra del delegado, pues dicho dolo o fraude adolece de objeto ilícito y por ende
de nulidad absoluta (art. 1465). Otro tanto cabe afirmar si hubo culpa lata o grave,
considerando la equivalencia en cuanto a sus efectos con el dolo (art. 44, inc. 2º del Código
Civil).
Revisemos algunos pronunciamientos de la jurisprudencia: “El mandato conferido con
expresa facultad de delegar, sin hacerse por el mandante la designación de persona, no
autoriza a aquél exigir rendición de cuentas al delegado que ya la ha rendido al mandatario
con aceptación de éste y antes de que fuera revocado el mandato. Salvo los casos de
colusión o fraude, esa aceptación, libera al delegado de la obligación de rendir cuentas
nuevamente. Así se desprende de la situación creada por la referida delegación de mandato
y de la facultad que la ley otorga para el caso al mandante, que sólo puede ejercer contra el
delegado los derechos del mandatario (C. Civil, art. 2138), que, en rigor de derecho, es el
inmediato mandante del delegado” (sentencia de la Corte de Valparaíso de 13 de junio de
1901); “El mandante tiene derecho a exigir rendición de cuentas al delegado, porque entre

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 28


ambos, a virtud de la delegación (no prohibida por el mandante), se generan las relaciones
que median entre mandante y mandatario, y todo mandatario está obligado a rendir cuenta
de su administración (art. 2155), teniendo el mandante el derecho correlativo de exigir esa
rendición” (sentencia de la Corte Suprema de 24 de diciembre de 1915); “El delegado a
quien el mandatario otorgó finiquito por el desempeño de su gestión, debe considerarse
liberado de toda responsabilidad frente al mandante, si este último autorizó al mandatario
para otorgar recibos y finiquitos” (sentencia de la Corte de Valparaíso de 3 de julio de
1918).25
Cabe considerar también la posibilidad de que el delegado hubiese rendido cuentas al
mandatario, y después realiza una gestión en ejercicio de la delegación. En tal caso, el
mandante podrá demandar al delegado por dicha gestión. Así lo ha dejado en claro la
jurisprudencia: “Por existir vínculo jurídico entre el mandante y el delegado que actuó a
nombre de éste, procede acoger la acción de dicho mandante en contra del delegado para
que le restituya cierta suma percibida por cuenta del primero después que le otorgó finiquito
el mandatario. Ese finiquito sólo extingue la responsabilidad del delegado en cuanto a los
actos que ejecutó hasta la fecha del documento liberatorio, pero no en lo que se refiere a los
posteriores”.26
Por cierto, si el mandante ya no pudiere demandar al delegado, siempre podrá exigir
la rendición de cuentas a su mandatario.

5.1.3. Responsabilidad del mandatario a consecuencia del mandato.

Con ocasión del mandato, puede surgir responsabilidad civil o penal para el
mandatario, cuando éste actúa con culpa o con dolo en el desempeño de la gestión que se le
confió.
Esta responsabilidad es independiente de la obligación de rendición de cuentas, pero
usualmente tendrá como fundamento la misma, cuando de ella se desprenda la conducta
negligente o maliciosa.
En efecto, Stitchkin refiere: “… el juicio de rendición de cuentas no dice relación con
la responsabilidad que puede generarse para el mandatario por su culpa o dolo en la
administración. Esta es una cuestión independiente. La rendición de cuentas presenta cierto
carácter aritmético marcado: se trata de establecer qué es lo que ha recibido el mandatario,
lo que ha gastado y lo que resta a su favor o a favor del mandante. Ordinariamente servirá
de antecedente para establecer la buena o mala administración del negocio, pero en ningún
caso resuelve lo relativo a la responsabilidad del mandatario”.27 Así las cosas, si el mandante
quiere hacer efectiva una eventual responsabilidad civil o incluso penal de su mandatario por
una ejecución negligente o fraudulenta de los negocios que se le confiaron, deberá entablar
la acción respectiva, conforme a las normas del procedimiento ordinario (para la
responsabilidad civil) o aquellas contempladas en el Código Procesal Penal (para la
responsabilidad homónima). Esta última podría originarse a consecuencia de la comisión de
un delito de estafa por apropiación indebida.

5.2. Obligaciones del mandante.

Las obligaciones del mandante pueden nacer conjuntamente con el contrato o


emanar de actos posteriores, derivados de la ejecución del mandato: art. 2158.
Son tales obligaciones:

25
Repertorio de Legislación y Jurisprudencia Chilenas. Código Civil y Leyes Complementarias, tomo VIII, Santiago
de Chile, Editorial Jurídica de Chile, 3ª edición, 1997, pp. 423 y 424.
26
Repertorio de Legislación y Jurisprudencia Chilenas. Código Civil y Leyes Complementarias, tomo VIII, Santiago
de Chile, Editorial Jurídica de Chile, 3ª edición, 1997, p. 426.
27
Stitchkin Branover, David, ob. cit., p. 402.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 29


5.2.1. Obligación de cumplir las obligaciones contraídas por el mandatario.

Dos requisitos deben concurrir (art. 2160):


a) Que el mandatario actúe a nombre del mandante; si el mandatario actúa a nombre propio
pero después traspasa las deudas al mandante, entonces éste también quedará obligado
ante los terceros que contrataron con el mandatario.
b) Que el mandatario haya actuado dentro de los límites del mandato.

a) Que el mandatario actúe a nombre del mandante o que habiendo actuado a nombre
propio, traspase sus derechos y obligaciones al mandante.

Recordemos que ante los terceros con los cuales contrata, el mandatario sólo
representará al mandante cuando actúe a nombre de este, evento en el cual el mandante se
obliga frente a los terceros. La misma idea del art. 2160 se recoge en el art. 1448.
Por el contrario, si el mandatario actúa a nombre propio no obliga al mandante: art.
2151. El obligado ante los terceros será el mandatario, sin perjuicio que, frente al mandante,
subsisten para el mandatario las obligaciones propias del mandato: deberá rendir cuenta de
su gestión y el mandante podrá exigirle que le ceda las acciones que el mandatario tiene
contra los terceros con los cuales contrató a nombre propio. Con todo, una vez que el
mandatario rinda la cuenta y traspase todos sus derechos y obligaciones al mandante, éste
quedará vinculado con los terceros que contrataron con el mandatario.

b) Que el mandatario haya actuado dentro de los límites del mandato.

Los “límites” del mandato comprenden dos aspectos: que el mandatario realice los
actos jurídicos para los que se encontraba autorizado, y en el marco de estos, que lo haya
hecho con las facultades suficientes. Así, por ejemplo, podría haberse encontrado autorizado
para enajenar bienes inmuebles del mandante, pero no para renunciar a la acción resolutoria
al celebrar un contrato de compraventa que sirve de título a dicha enajenación. Si renunció
a tal acción, salió de los límites del mandato.
Distingamos seguidamente, según cuáles son los efectos entre el mandante y los
terceros con quienes contrata el mandatario o entre el mandatario y dichos terceros.
b.1) Efectos entre el mandante y los terceros que contratan con el mandatario, si éste actúa
dentro de los límites fijados por sus atribuciones.
En este caso, los efectos serán los mismos que se originarían de haber actuado
personalmente el mandante (art. 1448). El mandante, entonces, quedará obligado para con
los terceros. Dispone al efecto el inc. 1° del art. 2160: “El mandante cumplirá las
obligaciones que a su nombre ha contraído el mandatario dentro de los límites del mandato”.
b.2) Efectos entre el mandante y los terceros que contratan con el mandatario, si éste se
excede en sus atribuciones.
Si el mandatario excedió en su cometido los límites del mandato, ciertamente que el
mandante no resulta obligado, a menos que éste ratificara expresa o tácitamente lo actuado
por el mandatario (arts. 2160, inc. 2° y 2131). El contrato celebrado por el mandatario
excediéndose de sus facultades, será válido, pero inoponible al mandante mientras éste no
lo ratifique. Sin embargo, cabe advertir que, en algunas ocasiones, nuestros tribunales han
concluido que, en el caso descrito, estaríamos ante un contrato nulo, atendido a que en ellos
ha faltado el consentimiento del mandante. Se trataría por ende de una hipótesis de nulidad
absoluta.28 Stitchkin critica esta doctrina de la nulidad, señalando al respecto: “Hemos

28
Así se sostiene en una sentencia de la Corte de Apelaciones de San Miguel, de fecha 25 de junio de 2003. En
contra de este fallo, se dedujo casación en el fondo, que fue desestimado sin embargo por la Corte Suprema, por
sentencia de fecha 6 de julio de 2005 (autos Rol N° 3.456-2003). En esta última resolución, se expresa que las
conclusiones fácticas a que arriba la sentencia impugnada son claras y precisas, en cuanto a que el actor acreditó
haber conferido un mandato con las facultades señaladas, y que ellas no autorizaban al mandatario para celebrar,

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 30


insistido en que importa un error pretender que esos actos son nulos absolutamente por
falta de consentimiento. De ser acertada tal conclusión habría que admitir que tales actos no
podrían ratificarse, art. 1683, y que obligarían al mandante mientras no se declarase
judicialmente la nulidad por sentencia ejecutoriada, art. 1687; ni procedería la acción
reivindicatoria mientras esa sentencia no se pronunciare, art. 1689. Tales postulados
significan la violación de disposiciones contenidas en el mismo Código Civil. En efecto, el
mandante puede ratificar esos actos y su ratificación lo obliga como si el mandatario hubiera
obrado legítimamente, art. 2160. Y según este mismo artículo, mientras la ratificación no se
produzca, el acto o contrato no afecta al mandante, no lo obliga, y en su defensa sólo debe
alegar que fueron celebrados sin poder suficiente. El mandante puede deducir directamente
las acciones que correspondan contra los terceros que han entrado en posesión de sus
bienes en virtud de esos contratos, sin reclamar previamente la nulidad o la ineficacia de los
mismos, así como el dueño de una cosa vendida por otro puede reivindicarla sin reclamar
previamente la ineficacia de la venta. De la misma manera, el mandante ejecutado por los
terceros que le exigen el cumplimiento forzado de las obligaciones contraídas a su nombre
por el mandatario que se excedió en sus poderes, debe oponer la excepción de falta de
requisitos para que el título tenga fuerza o mérito ejecutivo en su contra y no la de nulidad
de la obligación, como erradamente se ha sostenido”.29
Sin perjuicio de fallos aislados que adhieren a la nulidad, la jurisprudencia mayoritaria
se ha inclinado por la inoponibilidad.30
b.3) Efectos entre el mandatario y los terceros con quienes contrata, cuando el primero se
excede en sus atribuciones.
¿Qué ocurre a su vez con la responsabilidad del mandatario frente a los terceros con
quienes contrató extralimitándose en su mandato? De acuerdo al art. 2154 no es
responsable en principio, a menos que se encuentre en una de las siguientes situaciones:
i.- Cuando el mandatario no ha dado a los terceros suficiente conocimiento de sus poderes:
la falta de diligencia es imputable al mandatario, protegiendo la ley a los terceros que de
buena fe han contratado con el mandatario, creyendo que sus poderes eran más amplios
que los que en definitiva tenía. Así, por ejemplo, se otorgó una contraescritura mediante la
cual se le restaron facultades al mandatario y no informó de ello a los terceros ni se practicó
anotación al margen de la primera escritura, dando cuenta de la modificación del mandato.
Stitchkin señala que la responsabilidad del mandatario ante los terceros, es de carácter
extracontractual, y emana de la culpa o del dolo, es decir, se trata de un cuasidelito o de un
delito. Ello, porque entre el mandatario que actúa en representación del mandante y los
terceros que contratan con él, no hay un vínculo jurídico; éste, nace entre el mandante y
dichos terceros. La importancia de esta conclusión reside en la prueba: si los terceros
pretenden que el mandatario es responsable por no haberles dado suficiente conocimiento
de sus poderes, deberán probar esta circunstancia y a falta de esa prueba el mandatario
será absuelto.31 En efecto, no olvidemos que la culpa o el dolo, en materia extracontractual,
debe ser probada por quien la alega, en este caso, el tercero que contrató con el
mandatario.
ii.- Cuando el mandatario se ha obligado personalmente: el mandatario ha informado a los
terceros con quienes contrata de sus poderes limitados, pero asume la responsabilidad ante
éstos, en caso de que el mandante no ratifique lo actuado por el mandatario, más allá de los

como lo hizo, el contrato de comodato cuestionado, por lo que, concluyó dicha sentencia, no existió consentimiento
del mandante para su celebración y, por consiguiente, adolece tal comodato de nulidad absoluta.
29
Stitchkin Branover, David, ob. cit., pp. 367 y 368.
30
En un fallo de la Corte Suprema de 16 de octubre de 1920, se concluye que hay nulidad, si el mandatario ha
vendido bienes de su mandante, careciendo de tal facultad. Sin embargo, en fallos posteriores del mismo tribunal,
de 1 de agosto de 1951 y 25 de junio de 1956, se concluye que la venta es válida, aunque inoponible al mandante.
A la misma conclusión arriban la Corte de Temuco (31 de marzo de 1952) y la Corte de Valparaíso (9 de enero de
1948): Cfr. Repertorio de Legislación y Jurisprudencia Chilenas. Código Civil y Leyes Complementarias, tomo VIII,
Santiago de Chile, Editorial Jurídica de Chile, 3ª edición, 1997, pp. 456 y 457.
31
Stitchkin Branover, David, ob. cit., pp. 384 y 385.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 31


límites del mandato. Se trata de un caso similar al del artículo 1450, referido a la promesa
de hecho ajeno, con la diferencia que, en ésta, no hay representación de por medio.

c) Casos en que el mandatario se convierte en agente oficioso.

En determinadas situaciones, la ley permite que el mandatario se convierta en agente


oficioso. Dispone el art. 2122: “El mandatario que ejecuta de buena fe un mandato nulo o
que por una necesidad imperiosa sale de los límites de su mandato, se convierte en un
agente oficioso”.
Dos situaciones entonces se distinguen en la norma:
i.- Cuando ejecuta de buena fe un mandato nulo: es decir, cuando el mandatario ignora tal
circunstancia; se trata en verdad de un caso en que la ley admite el error de derecho,
permitiendo al agente oficioso reclamar el reembolso de los gastos en que ha incurrido (pero
no de la remuneración, pues no es verdadero mandatario).
ii.- Cuando debe salirse de los límites del mandato por una necesidad imperiosa.

d) Caso en el cual se ejecuta sólo en parte el mandato.

Puede suceder que el mandatario haya ejecutado parcialmente el mandato. En tal


caso, los efectos son distintos según que el cometido haya podido o no ejecutarse de esa
forma: art. 2161, inc. 1º:
i.- Si el cometido podía ejecutarse parcialmente, el mandante queda obligado al
cumplimiento de las obligaciones que del contrato emanen;
ii.- Si el negocio no debió ejecutarse parcialmente (lo que sucede cuando de los términos del
mandato o por la naturaleza del negocio apareciere que el encargo no debió cumplirse en
parte sino solamente de forma íntegra), la ejecución parcial no obligará al mandante sino en
cuanto le aprovechare. Así, por ejemplo, cuando una inmobiliaria encargó al mandatario
comprar, simultáneamente, varios inmuebles contiguos, necesarios, atendida la sumatoria
de sus superficies, para llevar adelante un proyecto inmobiliario.
De la inejecución del resto, responderá el mandatario ante el mandante, por los
perjuicios que al último le ocasionare el incumplimiento parcial. Se responde igual que en el
caso de renuncia del mandatario: art. 2167.

5.2.2. Obligación de proveer al mandatario de lo necesario para la ejecución del


mandato: art. 2158, Nº 1.

Así, por ejemplo, si el mandante encarga al mandatario comprar un bien


determinado, es lógico que le proporcione el dinero necesario para pagar el precio, así como
también de ciertos documentos, como la copia del propio contrato de mandato, otorgado por
escritura pública, que deberá exhibir el mandatario a los terceros.
De acuerdo a la regla general del art. 2159 el mandatario podrá desistirse del
encargo sin responsabilidad ante el mandante, en caso de que no se le provea de los
recursos necesarios para ejecutar el mandato. Ninguna obligación tiene el mandatario en
orden a empeñar recursos propios en la ejecución del cometido.
Esta obligación y la anterior, son las únicas obligaciones del mandante que,
usualmente, nunca pueden faltar.

5.2.3. Obligación de reembolsar al mandatario los gastos razonables causados por


la ejecución del mandato: art. 2158 Nº 2.

El mandante no está obligado a reembolsar al mandatario cualquier gasto, sino los


“razonables”, es decir, aquellos en que incurriría un hombre medio, un buen padre de
familia; en otras palabras, quien debe responder de culpa leve.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 32


Cabe considerar aquí lo dispuesto en el art. 2139: “En la inhabilidad del mandatario
para donar no se comprenden naturalmente las ligeras gratificaciones que se acostumbra
hacer a las personas de servicio”.
En consecuencia, las “propinas” que el mandatario haya dado y que se vinculen con
la ejecución del mandato, deben quedar comprendidas dentro de los “gastos razonables”.

5.2.4. Obligación de pagar al mandatario la remuneración estipulada o usual: art.


2158 Nº 3.

Recordemos que el mandato, por su naturaleza, es remunerado; en consecuencia, a


falta de estipulación, será el juez quien determine los honorarios del mandatario, de acuerdo
a lo usual en negocios similares. Para que el mandato sea gratuito, las partes expresamente
deberán estipularlo.

5.2.5. Obligación de pagar al mandatario las anticipaciones de dinero, más los


intereses corrientes devengados, que hubiere aportado éste al ejecutar su
cometido: art. 2158 Nº 4.

Lo anterior, porque no resulta razonable que el mandatario soporte gastos por él


financiados, pero que resultaron imprescindibles para llevar a cabo el cometido encargado
por el mandante.
Stitchkin refiere que las anticipaciones de dinero que el mandatario hace durante el
desempeño de su cometido, “importan un contrato de mutuo ejecutado bajo la forma de un
acto jurídico consigo mismo, art. 2145. En consecuencia, terminado el mandato puede exigir
el reembolso de las sumas prestadas o anticipadas al mandante aun sin el conocimiento de
éste”. Tal como dispone el art. 2158, el mandante, además de restituir las anticipaciones (es
decir, el capital que invirtió) debe los intereses corrientes. Agrega Stitchkin que la ley
impone al mandante esta obligación de pagar los intereses corrientes “en parte para premiar
el celo del mandatario y en parte para sancionar la negligencia del mandante que no lo ha
provisto ‘de lo necesario para la ejecución del mandato’. Recuérdese que el mandatario
habría podido desistirse legítimamente de llevar adelante el negocio, art. 2159, y si no lo
hace y anticipa sus propios dineros para llevarlo a buen término, su celo e interés deben ser
premiados”. Los intereses se deben desde el día en que se anticiparon los dineros, concluye
el autor citado32

5.2.6. Obligación de indemnizar al mandatario de las pérdidas en que haya


incurrido sin culpa y por causa del mandato: art. 2158 Nº 5.

Esta última obligación es una consecuencia natural de la propia definición de


mandato, en aquella parte que expresa que el mandatario se hace cargo de uno o más
negocios de su mandante por cuenta y riesgo de éste. Ello implica, como expresa Stitchkin,
que no sólo las consecuencias jurídicas y económicas del negocio deben recaer en definitiva
sobre el mandante, sino también que el mandatario no debe sufrir ningún perjuicio derivado
de la gestión, salvo que provenga de su propia culpa. Se ha concluido que la responsabilidad
del mandante es contractual y que toca al mandatario probar la existencia del daño, su falta
de culpa y la relación de causalidad que debe existir entre el daño experimentado y su
actividad como mandatario. Destaca también nuestra doctrina que aunque la
responsabilidad del mandante se califique de contractual, éste no puede eludir el
cumplimiento de la obligación indemnizatoria pretextando que no hubo culpa de su parte. De
ahí que sostenga Stitchkin: “La culpa, como elemento de la responsabilidad contractual,
tiene interés cuando se infringe una obligación que emana del contrato, y en este caso el

32
Stitchkin Branover, David, ob. cit., pp. 427 y 428.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 33


mandante no ha faltado a ninguna. Si el mandante debe reparar los perjuicios es porque la
ley lo obliga a ello. Por eso nos parece más acertado decir que la responsabilidad del
mandante es simplemente legal, fundada en el principio de que quien se aprovecha de la
actividad ajena debe soportar también los riesgos que entraña emplear el trabajo de otra
persona en provecho propio”.33
Se puede concluir, entonces, que la eventual responsabilidad contractual del
mandante es de naturaleza objetiva, es decir, sin culpa, y fundada en la teoría del “riesgo
provecho”.
Pero si el mandante logra probar que los perjuicios sufridos por el mandatario se
deben a su propio actuar negligente, nada deberá el primero al segundo por este concepto.
Se aplicará aquí el aforismo “nadie será oído cuando pretenda aprovecharse de su propia
torpeza”.
Expresamente dispone el inciso final del art. 2158 que las obligaciones del mandante
son ineludibles, cualquiera haya sido el resultado del cometido del mandatario, salvo que un
resultado negativo o excesivamente oneroso se deba a culpa del mandatario. Por ende, no
podrá el mandante excusarse de cumplir sus obligaciones, alegando que el negocio no ha
tenido éxito o que pudo desempeñarse a menos costo.
A su vez, el art. 2159 autoriza al mandatario para desistirse de realizar el encargo o
cometido, cuando el mandante no cumple con sus obligaciones, por ejemplo, si no paga el
honorario pactado o no le provee de los recursos necesarios para ejecutar su cometido.
Aún más, de conformidad al art. 2162, el mandatario goza de un derecho legal de
retención: no entrega al mandante los efectos recibidos de los terceros con quienes
contrató, mientras el mandante no cumpla a su vez con sus obligaciones.

6.- Delegación del mandato.

6.1. Concepto y naturaleza jurídica de la delegación.

El mandato es uno de esos contratos intuitu personae, pactados en relación a la


persona. Debido a esta circunstancia, la ley ha establecido reglas especiales para determinar
los efectos que la delegación produce. Entendemos por delegación el acto por el cual el
mandatario encarga a otra persona la ejecución del cometido que a él se le había confiado
por el mandante.
Distinguimos en la delegación a dos sujetos, delegante y delegado. El delegante, es
aquel mandatario primitivo que encarga la gestión a otro. El delegado, es aquél tercero que
recibe el encargo del mandatario primitivo. Podríamos decir que el delegado es un
submandatario. Ello nos permite concluir que la delegación es un subcontrato.

6.2. La delegación, elemento de la naturaleza del mandato.

La ley permite al mandatario delegar el mandato, a menos que el mandante hubiere


prohibido expresamente tal circunstancia (art. 2135). Se trata por ende de una facultad
propia de la naturaleza del contrato de mandato, que se entiende incluida en él, salvo
cláusula en contrario.

6.3. Efectos de la delegación.

Los efectos de la delegación serán distintos, según las siguientes hipótesis:

6.3.1. El mandante no autorizó ni prohibió la delegación.

33
Stitchkin Branover, David, ob. cit., p. 429.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 34


La delegación podrá hacerse, pero cabe considerar los siguientes efectos:
i.- El mandatario responderá ante el mandante tanto por los actos propios cuanto por los
actos del tercero delegado: art. 2135, inc. 1º.
ii.- En cuanto a los terceros que contrataron con el delegado, no tienen ningún derecho
contra el mandante, a menos que éste ratifique la delegación: art. 2136. Por ende, de no
mediar tal ratificación, los terceros sólo podrán accionar contra el delegado y contra el
mandatario.
iii.- El mandatario podrá revocar la delegación.

6.3.2. El mandante autorizó la delegación.

Pueden presentarse dos casos:


a) Autorizó sin designar la persona del delegado. Las consecuencias serán las siguientes:
i.- El mandatario no responderá de los actos del delegado, por regla general.
ii.- El mandatario sí responderá de los actos del delegado, si éste sea notoriamente incapaz
o insolvente. La ley pretende que el mandatario tenga el tino y prudencia para delegar en
una persona responsable, normalmente diligente: art. 2135, inc. 2º. Se trata de un caso de
culpa in eligendo, en la que incurre el mandatario.
iii.- El mandatario podrá revocar la delegación.
b) Autorizó designando la persona del delegado. Las consecuencias serán las siguientes:
i.- Una vez que el mandatario delega, se constituye un nuevo mandato entre el mandante y
el delegado (art. 2137). En consecuencia, el mandatario no responde en tal caso de los
actos del delegado.
ii.- Sólo el mandante podrá revocar el nuevo mandato que se ha originado.

6.3.3. El mandante prohibió la delegación (art. 2135).

Si el mandatario infringe la prohibición y delega el mandato, los actos del delegado


son inoponibles, no obligan al mandante, a menos que éste ratifique. En todo caso, dispone
el art. 2138 que el mandante podrá ejercer contra el delegado las acciones del delegante.

Conforme a lo expuesto, en términos generales, entonces, los actos que ejecute el


delegado obligarán al mandante en los mismos términos que lo habrían hecho los actos del
mandatario primitivo, tanto respecto del delegado como de los terceros que contraten con
él. Pero dichos actos del delegado no obligarán al mandante en los siguientes casos:
i.- Si el mandante nada dijo acerca de la posibilidad de delegar el mandato, y no ratifica
tampoco la delegación; y,
ii.- Si el mandate prohibió la delegación.
Por el contrario, los actos del delegado sí obligarán al mandante en los siguientes
casos:
i.- Si el Si el mandante nada dijo acerca de la posibilidad de delegar el mandato, y ratifica la
delegación;
ii.- Si el mandante autorizó la delegación, sea que haya indicado o no la persona a quien
delegar.
En el ámbito del mandato judicial, la delegación da derechos a los terceros contra el
mandante, sin necesidad de ratificación. El procurador siempre podrá delegar su poder, a
menos que el mandante se lo hubiere prohibido expresamente.

6.4. El mandante dispone de todas las acciones del mandatario en contra del
delegado.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 35


En el estudio de las obligaciones del mandatario, nos referimos al art. 2138, cuyo
tenor reiteramos: “El mandante podrá en todos casos ejercer contra el delegado las acciones
del mandatario que le ha conferido el encargo”.
El precepto confiere al mandante un importante derecho: siempre podrá accionar en
contra del delegado, como si fuere el mandatario. Todas las acciones que el mandatario
pudiere deducir en contra del delegado, podrá interponerlas el mandante. Pero ello será así,
en la medida en que el mandatario no las hubiere deducido previamente.
Así, por ejemplo, si el delegado procedió a vender ciertos bienes del mandante, éste
podrá reclamar directamente la entrega del precio al delegado.
Nos remitimos a lo señalado al tratar de la obligación de rendir cuentas.

6.5. El delegado no puede volver a delegar.

Finalmente, cabe señalar que se ha concluido por la mayoría de la doctrina, que la


delegación sólo podría operar una vez. Dicho de otro modo, el delegado no podría delegar a
su vez el cometido, pues no existe disposición legal que así lo autorice. Señala al respecto
Stitchkin: “En ningún caso el delegado podrá delegar a su vez las facultades que se le han
conferido, pues no hay disposición legal que lo autorice para ello”. 34 Así también lo ha
entendido la jurisprudencia: “Si bien las leyes sustantivas y procesales chilenas autorizan
para delegar el mandato, no consultan la subdelegación del mismo, esto es, la delegación
del mandato delegado. El mandatario delegado no puede subdelegar; su acto carece de
valor si no lo autoriza posteriormente el mandante” (sentencias de la Corte Suprema de 21
de junio de 1905, 27 de noviembre de 1905, 23 de diciembre de 1905, 30 de mayo de 1919,
28 de diciembre de 1950 y 2 de mayo de 1962).35
En nuestra opinión, más que fundamentar la imposibilidad de volver a delegar el
mandato en la ausencia de un precepto legal que lo permita (pues en Derecho privado
puede hacerse todo, aun en ausencia de norma, salvo que la ley lo prohíba), habría que
basar esta conclusión en el carácter de intuitu personae que tiene el mandato.

6.6. Extinción de la delegación.

La delegación expirará en los siguientes casos:


i.- Cuando el mandatario la revoque, en los casos en que puede hacerlo.
ii.- Cuando el mandante la revoque, en el caso en que puede hacerlo.
iii.- Cuando cesan las funciones del mandatario, en virtud de las cuales se delegó el
mandato. Dicho cese puede producirse por cualquiera de las causas de terminación del
mandato, que revisaremos seguidamente. Ello es lógico, pues siendo la delegación un
subcontrato, no puede subsistir si expira el contrato-base en cuya virtud se originó aquél.

7.- Extinción del mandato.

El art. 2163 enumera las causales:36

7.1. Por el desempeño del negocio para que fue constituido.

Ejecutado el acto ordenado al mandatario, se cumple la obligación primordial asumida


por éste y se satisface el encargo del mandante. Esta causal de extinción será aplicable sólo
cuando el mandato se confirió para un negocio o cometido específico o determinado. Vale
decir, será la forma normal de extinción de un mandato especial.

34
Stitchkin Branover, David, ob. cit., p. 340.
35
Repertorio de Legislación y Jurisprudencia Chilenas. Código Civil y Leyes Complementarias, tomo VIII, 3ª edición,
Santiago de Chile, Editorial Jurídica de Chile, 1997, p. 424.
36
El N° 8 del precepto está derogado. Decía: “Por el matrimonio de la mujer mandataria”.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 36


7.2. Por la expiración del plazo extintivo o al cumplirse la condición resolutoria
prefijados para la terminación del mandato.

Así, por ejemplo, se designa como mandatarios de una sociedad a determinadas


personas, por dos años (plazo extintivo), o se indica que el mandato se extinguirá de ocurrir
determinado hecho, por ejemplo, mientras el mandante siga siendo representante en Chile
de una determinada empresa extranjera (condición resolutoria).

7.3. Por la revocación del mandante.

7.3.1. Concepto de revocación.

Se llama revocación el acto jurídico unilateral por el cual el mandante hace saber a su
mandatario su decisión de poner término al mandato. La facultad de revocar es de la esencia
del mandato, y el mandante puede hacer uso de ella a su arbitrio, en cualquier momento
(art. 2165). Se explica esta facultad, atendido el carácter de contrato intuitu personae,
contrato de confianza, que distingue al mandato.

7.3.2. Casos en que no puede revocarse el mandato.

En dos casos el mandato se torna irrevocable:


i.- Cabe consignar, en primer lugar, lo dispuesto en el art. 241 del Código de Comercio, que
señala: “El comitente no puede revocar a su arbitrio la comisión aceptada, cuando su
ejecución interesa al comisionista o a terceros”. A contrario sensu, podrá revocarse el
mandato mercantil cuya ejecución sólo interesa al mandante o comitente.
Así, por ejemplo, el mandato conferido al banco que nos otorga un mutuo
hipotecario, para que el primero contrate a nuestro nombre un seguro de incendio del
inmueble hipotecado.
ii.- No se podrá revocar tampoco por la sola voluntad del acreedor, el mandato conferido
conjuntamente por éste y por el deudor, a un tercero, para que reciba el pago, art. 1584:
“La persona designada por ambos contratantes para recibir, no pierde esta facultad por la
sola voluntad del acreedor; el cual, sin embargo, podrá ser autorizado por el juez para
revocar este encargo, en todos los casos en que el deudor no tenga interés en oponerse a
ello”.

7.3.3. Caso en el cual quien revoca no es la mandante.

En un caso, el Código Civil faculta a revocar un mandato, a persona distinta de


aquella que lo confirió: es la situación contemplada en el art. 2171, que alude al mandato
otorgado por la mujer siendo soltera y que luego es revocado por su marido, habiendo
sociedad conyugal.
Así, por ejemplo, la mujer, siendo soltera, otorga un mandato a un corredor de
propiedades para que éste dé en arrendamiento un inmueble de propiedad de la primera; y
después ella se casa en sociedad conyugal. Si bien el inmueble es un “bien propio” de la
mujer (que no ingresa por ende al haber social), lo administra el marido (art. 1749, inc. 1°),
y por tal razón éste podría revocar el aludido mandato.

7.3.4. Clases de revocación.

La revocación puede ser expresa o tácita. Es tácita el encargo del mismo negocio (en
el supuesto que estamos ante un mandato especial) a distinta persona (art. 2164, inc. 1º);
pero si el primer mandato es general y el segundo especial, el primero subsiste para los

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 37


negocios no comprendidos en el segundo (art. 2164, inc. 2º). En este caso, la revocación
será parcial y no total.

7.3.5. Efectos de la revocación.

Para que la revocación tenga la virtud de poner término al mandato, debe notificarse
al mandatario, pues el art. 2165 establece que la revocación expresa o tácita, produce su
efecto desde el día que el mandatario ha tomado conocimiento de ella, sin perjuicio de lo
dispuesto en el art. 2173, disposición esta última destinada a proteger a los terceros que
hayan contratado con el mandatario, de buena fe, esto es, ignorantes de la extinción del
mandato. Al respecto, el precepto distingue tres situaciones:
a) El mandatario, ignorante de que el mandato había expirado, ejecuta total o parcialmente
el encargo. Tal ejecución será válida (o más bien oponible) y dará derecho a terceros de
buena fe contra el mandante. Se trata de un caso de error común en el que incurren tanto el
mandatario como los terceros que con él contratan.
b) El mandatario, sabiendo que el mandato había expirado, contrata con terceros de buena
fe, frente a los cuales el mandante queda obligado, como si el mandato hubiera subsistido,
sin perjuicio de su derecho a exigir al mandatario que le indemnice. También se trata de un
caso de error común, pero en el que sólo incurren los terceros que contratan con el
mandatario.
La responsabilidad del exmandatario para con el exmandante no es contractual,
porque el contrato había expirado, sino que extracontractual.
c) Si se notificó por periódicos el término del mandato, y en general en aquellos casos en
que resulta improbable que los terceros hayan ignorado la expiración del mandato, la ley
faculta al juez a eximir al mandante de responsabilidad. Nótese que la ley otorga una
facultad al juez “en su prudencia...” (es decir conforme a la equidad natural), y no le
ordena; podría en consecuencia condenarse al mandante a responder frente a los terceros.
El art. 2166 se refiere a algunas consecuencias de la revocación, específicamente a la
restitución que debe hacer el mandatario, de los instrumentos que le hubiere entregado el
mandante, para ejecutar el mandato.
La práctica aconseja notificar la revocación del mandato a través de notario o
judicialmente, mediante receptor, para que exista constancia fehaciente. Además, si el
mandato se había otorgado por escritura pública, la escritura mediante la cual sea revocado
debe anotarse al margen de la matriz de la primera (art. 1707 del Código Civil) y si se trata
de un mandato mercantil, conferido al mandatario de una sociedad, subinscribirse al margen
de la inscripción societaria y también al margen de la inscripción del poder, en el Registro de
Comercio del Conservador competente.

7.4. Por la renuncia del mandatario.

7.4.1. Concepto de renuncia.

Consiste en un acto jurídico unilateral, mediante el cual el mandatario, comunica al


mandante su intención de no continuar ejecutando el encargo.
A diferencia de la revocación, la renuncia sólo puede ser expresa.
Es una facultad del mandatario, correlativa de la que tiene el mandante de revocar el
mandato.

7.4.2. Caso en que no puede renunciarse al mandato.

Tratándose del mandato mercantil, el artículo 242 del Código de Comercio advierte
que “La renuncia no pone término a la comisión toda vez que cause al comitente un perjuicio
irreparable, sea porque no pueda proveer por sí mismo a las necesidades del negocio

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 38


cometido, sea por la dificultad de dar un sustituto al comisionista”. Excepcionalmente, el
mandatario no podrá entonces renunciar.

7.4.3. Efectos de la renuncia.

Igual como acontece en la revocación, para que la renuncia del mandatario ponga
término al mandato, es necesario que sea notificada al mandante, y las obligaciones que al
mandatario le empecen para con el mandante, no tendrán fin sino después que haya
transcurrido un tiempo razonable para que el mandante pueda proveer a los negocios
encomendados, es decir, pueda asumirlos por sí mismo o encargárselos a un tercero (art.
2167, inc. 1º).
El tiempo razonable de que habla la ley dependerá de las complejidades del negocio y
finalmente deberá ser el juez quien concluya si el mandatario infringió o no la norma.
Si el mandatario no espera un plazo razonable y abandona sin más el cometido
confiado, será responsable de los perjuicios que la renuncia cause al mandante, salvo que:
i.- La renuncia se debiera a enfermedad u otra causa; o
ii.- Si por la gestión encomendada se causa grave perjuicio a los intereses del mandatario
(art. 2167, inc. 2º).37 Por ejemplo, si el mandatario tiene tal calidad, al mismo tiempo, de
dos mandantes, es decir gestiona los negocios de dos compañías, pero una de ellas (que le
reporta al mandatario honorarios por un mayor monto) le exige exclusividad. En tal caso, el
mandatario se ve, de alguna manera, forzado a renunciar al mandato que le había conferido
la otra compañía, pues si no lo hace se le causaría un grave perjuicio.
Será el mandatario quien deberá acreditar cualquiera de estas causales de
exoneración de responsabilidad.
Vemos entonces, que la renuncia, al igual que la revocación, no pone término
inmediato al contrato de mandato.
Si se trata del mandato judicial, el procurador estará obligado a poner la renuncia en
conocimiento de su mandante, junto con el estado del juicio, y se entenderá vigente el
poder hasta que haya transcurrido el término de emplazamiento desde la notificación de la
renuncia al mandante.

7.5. Por la muerte del mandante o del mandatario.

Por regla general, la muerte de una de las partes contratantes no pone fin a un
contrato. Este, continúa entre el contratante sobreviviente y los herederos del contratante
fallecido. El mandato constituye una excepción a este principio general, atendido su carácter
intuitu personae. Cabe distinguir según se trate de la muerte del mandatario o del
mandante.

7.5.1. Fallecimiento del mandatario.

La muerte del mandatario pone siempre término al mandato. En armonía con este
principio, el art. 1583 deja en claro que la muerte del mandatario designado para cobrar un
crédito pone fin al mandato, salvo si el acreedor hubiere expresado que continuará el
mandato, trasmitiéndose la facultad de recibir el pago a los herederos de la persona
diputada para cobrar la deuda. Pero en este caso, no se trata en realidad del mismo
mandato, sino de uno nuevo, ahora vigente entre el mandante y los herederos del antiguo
mandatario.
Sin embargo, el art. 2170 dispone que los herederos del mandatario que fueren
hábiles para la administración de sus bienes (por ende, los herederos del mandatario que
fueren incapaces no tienen las obligaciones que indicaremos), tienen dos obligaciones:

37
En alguna medida, hay aquí una recepción a la teoría de la imprevisión.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 39


a) darán aviso inmediato del fallecimiento del mandatario al mandante; y
b) harán a favor de éste lo que puedan y las circunstancias exijan (lo anterior no significa
que deban continuar con la gestión, sino que fundamentalmente, deben adoptar
providencias conservativas).
La omisión de tales obligaciones los hará responsables de los perjuicios. Como el
contrato ya expiró, la responsabilidad de los herederos del mandatario tiene carácter legal. A
igual responsabilidad estarán sujetos los albaceas, los tutores y curadores y en general,
todos aquellos que sucedan en la administración de los bienes del mandatario que ha
fallecido o se ha hecho incapaz.

7.5.2. Fallecimiento del mandante.

Así como afirmábamos que la muerte del mandatario siempre pone fin al mandato, la
muerte del mandante por regla general pone término al mandato. En efecto, en los
siguientes casos, el mandato continuará vigente:
a) El art. 2168 dispone que, sabida la muerte del mandante, cesará el mandatario en sus
funciones; pero agrega la ley que si de suspender las funciones se sigue perjuicio a los
herederos del mandante, el mandatario está obligado a finalizar la gestión.
b) El art. 2169 establece que no se extingue por la muerte del mandante, el mandato
destinado a ejecutarse después que ella acontezca: estamos ante el mandato póstumo. En
este caso, los herederos suceden en los derechos y obligaciones del mandante (por ejemplo,
en opinión de algunos, el albaceazgo, art. 1270 del Código Civil).
c) Tratándose del mandato judicial, que tampoco expira con la muerte del mandante: art.
396 del Código Orgánico de Tribunales.
d) En el caso del mandato mercantil, el artículo 240 del Código de Comercio establece que
“La comisión no se acaba con la muerte del comitente: sus derechos y obligaciones pasan a
sus herederos”.

7.6. Por tener la calidad de deudor en un procedimiento concursal de liquidación, el


mandante o el mandatario.

De conformidad a lo dispuesto en el art. 130 de la Ley N° 20.720, “Ley de


Reorganización y Liquidación de Empresas y Personas”, el deudor (sea el mandante o el
mandatario) respecto del cual se dicte la “Resolución de Liquidación”, queda inhibido de
pleno derecho para continuar administrando sus negocios: se produce el desasimiento. La
administración pasará de pleno derecho al Liquidador.

7.7. Por la interdicción del mandante o del mandatario.

Por la interdicción, se priva a una persona de la facultad de administrar sus bienes. Si


el mandante carece de esta facultad, es lógico que tampoco pueda tenerla su mandatario,
ya que éste actúa a nombre y por cuenta del primero. Además, al declararse la interdicción
deberá darse al interdicto un curador, y será éste quien entrará a representarlo. En cuanto
al mandatario, si es declarado en interdicción es porque carece de aptitudes para manejar
sus negocios propios, siendo razonable estimar que quien no sabe administrar lo suyo,
tampoco sabrá hacerlo con lo ajeno. En armonía con lo anterior, el artículo 1583 del Código
Civil, en las normas del pago, advierte que la facultad de recibir por el acreedor (o sea, el
mandato para cobrar), no se trasmite al representante del mandatario (en el entendido que
el mandato se otorgó antes de la interdicción del mandatario), a menos que lo haya
expresado así el acreedor. La interdicción puede decretarse por dos causas: por demencia o
por disipación.
Surge aquí un punto dudoso: la demencia sobreviniente del mandante, que no ha
sido declarado interdicto, ¿pone fin al mandato por él conferido? Del tenor del artículo 2163,

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 40


pareciera que no, pues la ley exige que se declare la interdicción. Pero no parece razonable
tal conclusión, si consideramos que el mandatario, al concluir su gestión, no podrá rendirle
cuenta a su mandante demente. En dicho momento, necesariamente habría que obtener la
interdicción y el nombramiento de un curador que reciba la rendición de cuenta. Admitimos
que el punto, en todo caso, es dudoso. Stitchkin también concluye que la demencia
sobreviniente del mandante pone fin al mandato, a partir del momento en que el mandatario
y los terceros tengan conocimiento de la misma; pero sólo menciona como fundamento el
artículo 1586,38 y ocurre que tal precepto alude a la demencia sobreviniente del mandatario,
no la del mandante: “La persona diputada para recibir se hace inhábil por la demencia o la
interdicción, por haber hecho cesión de bienes o haberse trabado ejecución en todos ellos; y
en general por todas las causas que hacen expirar un mandato”.
Cabe prevenir, en todo caso, que la Corte Suprema, por sentencia de 9 de enero de
2017, autos Rol N° 14.863-2016, ha concluido, conforme a los postulados de la teoría de la
representación-modalidad, que la circunstancia de encontrarse el mandante privado de la
razón (se encontraba en estado de coma y dependiente de ventilación mecánica, con alto
riesgo vital) no extingue el mandato. Expresa este fallo que “en nuestro Derecho la privación
de razón del mandante no está establecida como causal de terminación del mandato. Y, en
todo caso, también es un hecho que este mandato no ha sido impugnado. (…) En tales
circunstancias, el mandato debe tenerse por eficaz, sin perjuicio de lo que se dirá sobre el
citado texto. (…) la conclusión es que cuando se celebró la compraventa del inmueble por el
representante (…), estando facultado para ello por el representado (…), como su voluntad
fue la que contrató y estaba sana y exenta de vicios o defectos, al menos conforme a las
pruebas de este proceso, el contrato quedó inobjetable, y carece de importancia el estado
en que se encontraba a la sazón la voluntad del representado y mandante (…). En estas
condiciones, debe ser desechada la objeción formulada por los recurrentes cuando apuntan
que al celebrarse el contrato por el mandatario el mandante estaba privado de razón”.
En lo que respecta al mandatario demente pero aún no interdicto, creemos que la
respuesta es sencilla: el mandato debe entenderse expirado, por tres razones:
i.- Pues siendo un absolutamente incapaz, no puede celebrar por sí mismo ningún contrato;
ii.- Además, se infringiría lo dispuesto en el art. 2128 del Código Civil, que exige que el
mandatario al menos sea un menor adulto;
iii.- Adicionalmente, en las normas del pago, el citado art. 1586 establece que la persona
diputada para recibir se hace inhábil por la demencia o la interdicción, con lo que puede
tratarse de cualquiera de esas hipótesis, o sea, habiendo o no interdicción.

7.8. Por la cesación de las funciones del mandante si el mandato ha sido dado en
ejercicio de ellas.

Stitchkin menciona, a vía de ejemplos, los siguientes: el mandato conferido por el


tutor para la gestión de los negocios que conciernen al pupilo, expira terminada que sea la
tutela; el mandato otorgado por el padre o madre en representación del hijo sujeto a patria
potestad, expira desde que cesa la patria potestad. Agrega que el mandato conferido por el
representante de una persona jurídica termina desde que el mandante cesa en el ejercicio
de sus funciones. Sin embargo, la Corte Suprema ha fallado que ese mandato debe
considerarse como ejecutado por la persona jurídica, de manera que si el que lo convino
cesa en su cargo, no es aplicable el número 9 del artículo 216339. Stitchkin opina que esta
doctrina es infundada, pues la letra de la ley no permite llegar a tal conclusión. Señala
también que la delegación termina junto con el mandato en cuya virtud se hizo.40 Hay
jurisprudencia en tal sentido.41

38
Stitchkin Branover, David, ob. cit., p. 516.
39
Revista de Derecho y Jurisprudencia, t. XXXIX, sec. 1ª, p. 292.
40
Stitchkin Branover, David, ob. cit., pp. 517 y 518.
41
Revista de Derecho y Jurisprudencia, t. XII, sec. 1ª, p. 138.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 41


Fuera de las causales enumeradas en el art. 2163, debemos considerar dos
situaciones especiales:
i.- Caso de los mandatarios conjuntos (art. 2172): si son dos o más los mandatarios y por la
constitución del mandato están obligados a actuar conjuntamente, la falta de uno de ellos
por cualquiera de las causas antedichas, pondrá fin al mandato. Así las cosas, si actuare uno
solo, suscribiendo por ejemplo una escritura pública en la que se invoca la representación,
estaremos ante una hipótesis de título injusto, de conformidad a lo previsto en el art. 704 Nº
2 del CC.
ii.- Actos ejecutados por el mandatario después de expirado el mandato: la regla general es
que tales actos no son oponibles al mandante, no lo obligan.
Excepcionalmente, sin embargo, podrá quedar obligado el mandante, en razón de la
buena fe de los terceros que contraten con el mandatario: en los casos del art. 2173:
1º Cuando el mandatario ignoraba la expiración del mandato;
2º Cuando aún habiendo sabido el mandatario que el mandato había expirado, los terceros
con quienes contrató estaban de buena fe. La diferencia con el caso anterior, radica que en
éste, el mandante tendrá acción contra el mandatario, para que el indemnice los perjuicios
que al primero puedan originarse.
Con todo, el último inciso del art. 2173 permite al juez absolver de responsabilidad al
mandante, en los siguientes casos:
1º Cuando el hecho que produjo la expiración del mandato, ha sido notificado al público por
periódicos (para evitar dudas interpretativas, y dado el tenor del inciso, parece conveniente
publicar el aviso en al menos dos periódicos);
2º En aquellos casos en que no parezca probable la ignorancia del tercero que contrató con
el mandatario.
Cabe prevenir que a pesar de los términos amplios del art. 2173 –“En general, todas
las veces que el mandato expira por una causa ignorada del mandatario…”-, se ha fallado
que si el mandato había expirado por el fallecimiento del mandante, y no habiéndose
acreditado que se trataba de un mandato póstumo, la compraventa celebrada por los
mandatarios al día siguiente de dicha muerte adolece de nulidad absoluta, por falta de
consentimiento (sentencia de la Corte Suprema de fecha 12 de abril de 2012, autos Rol N°
9.995-2011). De este fallo se desprende que el art. 2163 N° 5 prevalece por sobre el art.
2173.

8. Modelos de contrato de mandato.42

8.1. Mandato otorgado para toda clase de actos jurídicos.

PODER GENERAL43

_______________________________________

42
Advertencia: éstos son modelos genéricos, para uso exclusivamente académico y para su estudio por los alumnos
de Derecho, y, por tanto, sólo se alude en ellos a las principales cláusulas que debe contener un poder o un
contrato de mandato, sin extenderse a otras declaraciones que deban hacerse en cada contrato en particular,
conforme lo exijan las circunstancias del caso concreto de que se trate. Por lo tanto, deberá solicitarse la asesoría
de un abogado para la redacción de un poder o de un contrato de mandato, que posteriormente será invocado en
un negocio jurídico determinado.
43
El “Poder”, es, en rigor, un acto jurídico unilateral, que se transformará en mandato, con la aceptación que haga
el apoderado. Dicha aceptación, usualmente, será tácita, y consistirá en ejecutar el apoderado alguno de los actos
jurídicos para los que se le confiere poder, invocando la representación del poderdante. Si en el mismo instrumento
comparece la persona a quien se confiere el poder, podemos titular el documento, cabalmente, como “Contrato de
Mandato”.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 42


A

_______________________________________

En Santiago de Chile, a ___________________________________________, ante mí,


_______________________________________ Notario Público, con oficio en calle
_________________________________, Comuna de Santiago, comparecen: don/doña
________________________________, chileno, ______________,
______________________, cédula nacional de identidad número ______________ guión
________, domiciliado en esta ciudad, calle _______________________ número _____,
Comuna de ______________, el compareciente mayor de edad, quien acredita su identidad
con la cédula antes mencionada y expone: PRIMERO: Que por el presente instrumento viene en
conferir poder general amplio, con administración y disposición de bienes a don/doña
_____________________________, chileno/a, _____________, ______________, cédula
nacional de identidad número _______________ guión _____, para que actuando a su
nombre, asuma su representación en todos los asuntos, juicios y negocios de cualquier
naturaleza que sean y que actualmente tenga pendiente o le ocurra en lo sucesivo ante
cualquier persona, autoridad o corporación, ya sea civil, natural, jurídica, judicial o
administrativa, pudiendo en el desempeño de su cometido practicar cuantas diligencias,
trámites o actuaciones sean necesarios, y celebrar todos los actos, contratos o convenciones
que estime pertinentes. En general, y sin que la enunciación que sigue sea taxativa, podrá: a)
Comprar, vender, permutar, aportar en dominio a personas jurídicas, y en general adquirir y
enajenar a cualquier título, dar y tomar en arrendamiento, subarrendamiento o leasing y ceder
o transferir el dominio, posesión, la tenencia, uso y goce de toda clase de bienes, incluso
bienes raíces o derechos reales sobre ellos y valores mobiliarios, quedando expresamente
facultado para convenir en las convenciones respectivas todas las cláusulas de la esencia, de la
naturaleza y meramente accidentales que fueren procedentes para el adecuado cometido que
se le confía, y en especial, para fijar el precio y forma de pago, cabida y deslindes, y otorgar
finiquitos y cancelaciones; b) Ceder toda clase de créditos y derechos y aceptar cesiones de
ellos; c) Cobrar y percibir cualquier dinero, crédito, rentas, honorarios, remuneraciones,
pensiones, seguros, desahucios u otros haberes y otorgar cancelaciones, resguardos, recibos y
finiquitos; d) Constituir, aceptar, posponer, alzar, dividir, limitar y cancelar hipotecas, prendas,
fianzas y toda clase de garantías; e) Constituir y aceptar usufructos, servidumbres,
prohibiciones de gravar y enajenar y cualquier derecho real u otro gravamen; f) Donar,
afianzar, constituirse en codeudor solidario y en avalista; g) Efectuar toda clase de operaciones
de comercio exterior, como importador o exportador suscribiendo los registros de importación,
de exportación y demás documentos inherentes a ellos y sus anexos; ejecutar o contratar
operaciones de cambios internacionales y compraventa de divisas a futuro; autorizar cargos en
cuentas corrientes para operaciones de comercio exterior y/o cambios internacionales, hacer
declaraciones juradas; asumir riesgos de diferencias de cambio; tramitar ante el Banco Central
de Chile y demás instituciones bancarias toda clase de operaciones relacionadas con la
exportación de mercaderías o bienes; endosar documentos de embarque; retirar valores en
custodia o garantía; cobrar giros postales o telegráficos; hacer remesar al exterior o recibirlas;
h) Celebrar con cualquier Banco, Financiera u otra persona o entidad contratos de mutuo y
créditos, préstamos con letras, cuentas corrientes de depósito, de crédito y de ahorro, a la
vista o a plazo; solicitar avances y sobregiros en cuenta corriente; descontar letras de cambio,
pagarés y otros efectos de comercio o documentos negociables en general; dar y depositar,
invertir o suscribir y recibir, retirar, cobrar o rescatar valores en custodia, en garantía o en
simple depósito en instituciones bancarias, financieras, Administradoras de Fondos Mutuos y de
cualquier otro orden; i) Contratar y abrir cajas de seguridad en bancos, guardando y retirando
documentos, valores, dineros u otras especies aún preciosas; depositar y suspender depósitos,
girar y sobregirar sobre los fondos de las cuentas corrientes o cuentas de ahorro; j) Girar,

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 43


cancelar, renovar, revocar, suscribir, aceptar, avalar, endosar y hacer protestar letras de
cambio, cheques incluso nominativos, pagarés, vales, facturas y demás documentos
negociables u obligaciones mercantiles; retirar talonarios de cheques y cualquiera otra
documentación que corresponda al mandante y aprobar o impugnar saldos; hacer aceptar
traspasos o transferencias de acciones, bonos, billetes, valores y pagarés; k) Contratar toda
clase de seguros, rentas vitalicias, jubilaciones, pensiones, anticresis, avíos, igualas y otros; l)
Constituir, ingresar, fundar, prorrogar, modificar, disolver, liquidar, transformar, absorber,
fusionar, administrar, representar, usar la razón social y participar en los directorios de toda
clase de sociedades, asociaciones, corporaciones, fundaciones, cooperativas y comunidades,
asistir a sus juntas, asambleas o directorios con derecho a voz y a voto, y en general ejercer
todos los derechos que en ellas correspondan al mandante; m) Renunciar y posponer acciones
y derechos; n) Realizar toda clase de tramitaciones, actuaciones, convenciones o contratos en
relación con la propiedad intelectual, industrial y comercial, creaciones, patentes, marcas,
nombres o modelos registrados y en general ejercer todos los derechos que para el mandante
provengan de dichos rubros; ñ) Celebrar, además de los antes indicados, cualquier tipo de
convenciones y contratos de promesa, de transporte, de asociación, de representación, de
consignación, de construcción, de confección de obra material, de prestación de servicios, de
asesoría, de consultoría, del trabajo, y de cualquier otra clase, aún innominados y estipular en
ellos los precios, plazos, intereses, reajustes, multas, comisiones, penas y condiciones o
modalidades que juzgue convenientes; o) Modificar, rectificar, aclarar, anular, rescindir,
resciliar, resolver, revocar, terminar y renovar los contratos o convenciones que celebre a
nombre del mandante o que éste ya haya celebrado; p) Exigir rendición de cuentas y aprobar o
rechazar las que se rindan; q) Solicitar posesiones efectivas de herencia, aceptar o rechazar
herencias con o sin beneficio de inventario, concurrir a todos los actos que requiera la partición
de ella y pedir y aceptar adjudicaciones de toda clase de bienes; r) Otorgar a hijos menores de
edad y otras personas sujetas a su potestad, tuición o guarda autorizaciones para salir fuera
del país, por el tiempo, hacia los lugares y en las oportunidades que estime convenientes;
otorgar las autorizaciones conyugales que según las leyes se requieran para cualquier
actuación, acto, contrato, patrimonial o extrapatrimonial o de familia; s) Convenir y aceptar
estimación de perjuicios; t) Recibir y retirar correspondencia aún certificada, giros y encargos o
encomiendas; u) Efectuar todo tipo de tramitaciones o actuaciones ante el Servicio de
Impuestos Internos, Banco Central de Chile, Servicio de Tesorerías, Dirección de Inspección del
Trabajo, Municipalidades, Juzgados de Policía Local, Servicio Nacional de Salud, Dirección de
Industria y Comercio, Servicio de Aduana y cualquier otra autoridad o repartición
administrativa, pudiendo suscribir y presentar toda clase de declaraciones, manifestaciones o
solicitudes, recibos, resguardos y finiquitos, inscribir al mandante en el Rol Único Tributario y
solicitar la tarjeta, su duplicado o certificado de ella; v) Solicitar, renovar, retirar y cancelar
patentes, permisos, licencias, privilegios, concesiones; w) Delegar este poder y conferir
mandatos y delegaciones generales o especiales, reasumiendo cuantas veces quiera su
mandato; x) Firmar todas las escrituras, instrumentos, escritos y documentos que nazcan del
ejercicio de este mandato; y) Constituirse agente oficioso si lo estimare necesario; entablar
demandas, reconvenciones, tercerías, querellas o denuncias y desistirse de ellas; designar
abogados patrocinantes y procuradores judiciales; poner y absolver posiciones; transigir,
percibir, comprometer, pedir declaratoria, celebrar acuerdos y convenios de todo género,
otorgar quitas y esperas, someter los asuntos y los juicios a la decisión de jueces árbitros y
nombrarlos; prorrogar jurisdicción, nombrar liquidadores, depositarios, tasadores, peritos,
interventores, administradores, árbitros, liquidadores y demás funcionarios que fueren
precisos; z) Apelar, tachar, entablar y renunciar a toda clase de recursos legales; prestar
juramento de calumnia, decisorio y de la veracidad de sus créditos. En el orden judicial tendrá
además todas las facultades de ambos incisos del artículo séptimo del Código de Procedimiento
Civil que se dan por expresamente reproducidas. Finalmente le confiere cuantas facultades
expresas requieran las leyes, incluso la de autocontratar, es decir celebrar consigo mismo
actos, contratos o convenciones en representación del mandante. Sin embargo, no podrá

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 44


contestar nuevas demandas, ni ser emplazado en gestión judicial alguna, sin previa notificación
personal al mandante.- SEGUNDO: Se faculta al portador de copia autorizada de la presente
escritura para requerir las inscripciones, subinscripciones y anotaciones que procedan.- En
comprobante y previa lectura firma el compareciente. Se anotó en el repertorio con el número
ya señalado. -

8.2. Mandato otorgado para un acto jurídico determinado.

PODER ESPECIAL

____________________ y ____________________

________________________________

En Fort Lauderdale, Estado de Florida, Estados Unidos de América, a ______ de ________


de dos mil ______________, ante mí, __________________________________________,
Cónsul General de la República de Chile, _____________, comparecen: don
____________________, chileno, casado, (profesión u oficio), (número cédula nacional de
identidad); y doña _______________________________, chilena, casada con el anterior
compareciente, (profesión u oficio), cédula nacional de identidad de Chile número
___________________________; ambos comparecientes domiciliados en
_________________________________, Fort Lauderdale, Estado de Florida, Estados Unidos
de América; los comparecientes mayores de edad, quienes acreditan sus identidades con las
cédulas antes mencionadas y exponen:

PRIMERO: Doña _______________________________________, es copropietaria,


junto con sus hermanos _____________________________________,
_____________________________________ y ______________________________, del
inmueble ubicado en calle __________________________ número _____________, que
corresponde al sitio _____________________ del plano respectivo, Comuna de
________________, ciudad de Santiago de Chile, Región Metropolitana, que deslinda: Al
Norte, ____________________________; Al Sur, ______________________________; Al
Oriente, _____________________________________; y Al Poniente,
_______________________________. Adquirió sus derechos en el inmueble en la forma que
pasa a indicarse: a) Por herencia de su madre, doña ________________________________,
según consta de inscripción especial de herencia que rola a fojas ________________ número
____________________ del Registro de Propiedad del Conservador de Bienes Raíces de
Santiago, correspondiente al año ____________. La posesión efectiva de la herencia intestada
de doña ________________________________ se concedió por Resolución Exenta número
_______, de fecha _____ de _________________ de 20_____, del Servicio de Registro Civil e
Identificación, y se inscribió bajo el número _____________ del Registro Nacional de
Posesiones Efectivas y a fojas ________________ vuelta, N° ______________, del Registro
de Propiedad del Conservador de Bienes Raíces de Santiago, correspondiente al año 20_____;
consta en ésta última inscripción que todas las asignaciones quedaron exentas del pago de
impuesto de herencia; y b) Por herencia de su padre, don
___________________________________, según consta de inscripción especial de herencia
que rola a fojas ____________ número _______________ del Registro de Propiedad del
Conservador de Bienes Raíces de Santiago, correspondiente al año dos mil ______. La
posesión efectiva de la herencia intestada de don ________________________________ se
concedió por Resolución Exenta número _______________, emitida con fecha _____ de

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 45


___________________ de 20___, del Servicio de Registro Civil e Identificación, inscripción
nacional número _________ del Registro Nacional de Posesiones Efectivas y a fojas
__________ número __________ del Registro de Propiedad del Conservador de Bienes Raíces
de Santiago, correspondiente al año 20_____. Consta en esta última inscripción el pago de
impuesto de herencia.

SEGUNDO: Por este acto, don ______________________________, en su calidad de


cónyuge de doña _____________________________________ y como administrador
de los bienes propios de ésta y a mayor abundamiento doña
_____________________________________, quien para los efectos previstos en el
artículo mi setecientos cincuenta y cuatro del Código Civil expresamente consiente en lo que
seguidamente se expresa, vienen en conferir poder especial a doña
___________________________________, chilena, ____________________,
________________, cédula nacional de identidad número _______________________,
domiciliada en calle ______________, número ________, Comuna de
_______________________, Santiago de Chile, para que ésta, a nombre y en representación
de los mandantes, venda, ceda y transfiera los derechos de dominio de que es titular la
poderdante doña ____________________________________, en el inmueble singularizado
en la cláusula precedente. En el ejercicio de este mandato, la apoderada queda facultada, sin
que la enunciación que sigue sea en modo alguno taxativa, para celebrar toda clase de
contratos y convenciones y pactar en ellos todas las cláusulas de la esencia, de la naturaleza y
meramente accidentales que fueren procedentes para el adecuado cometido que se le confía, y
en especial, para fijar el precio, cabida, deslindes, forma de pago, cobrar y percibir, otorgar
escrituras de cancelación, recibos y finiquitos, aceptar y alzar hipotecas, renunciar acciones,
otorgar mandatos, impartir instrucciones notariales, y en general para celebrar y suscribir toda
otra convención que resultare necesaria para llevar a cabo el cometido referido.

TERCERO: Se faculta al portador de copia autorizada del presente instrumento para


requerir las inscripciones, subinscripciones y anotaciones que fueren procedentes conforme a
derecho.

En comprobante y previa lectura firman los comparecientes.

CUESTIONARIO:

1.- ¿Cómo se define el contrato de mandato por el Código Civil?


2.- ¿Qué observaciones sugiere la definición de contrato de mandato del Código Civil?
3.- Enumere los requisitos del contrato de mandato.
4.- ¿Qué debe confiarse por el mandante al mandatario?
5.- ¿Qué contrato es aquél en que se encarga la ejecución de un hecho material?
6.- ¿Qué actos jurídicos no admiten mandato o éste en principio no puede operar?
7.- ¿En qué casos hay “verdadero mandato”?
8.- ¿En qué caso no existe “verdadero mandato”? ¿Ante qué nos encontramos en este caso?
¿Puede originarse responsabilidad en tal caso y para quién?
9.- ¿Qué error se observa en el art. 2120 del Código Civil?
10.- ¿Ante qué nos encontramos en la situación descrita en el art. 2120?
11.- ¿Qué capacidad se exige en el mandante?
12.- ¿Qué establece el art. 2128 del Código Civil acerca de la capacidad del mandatario?
13.- ¿Por qué razón el art. 2128 del Código Civil admite que un menor adulto pueda actuar
como mandatario?
14.- ¿por qué razones nunca podría actuar como mandatario un absolutamente incapaz?
15.- ¿Qué efecto se produce si un menor adulto que actúa como mandatario se obliga
personalmente?

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 46


16.- ¿En qué casos un mandatario menor adulto podría obligarse personalmente?
17.- Enumere las características del mandato.
18.- ¿Qué clase de contrato es el mandato, por regla general, atendiendo a la manera como
se perfecciona?
19.- ¿De qué clases puede ser la aceptación de la oferta de mandato por parte del
mandatario?
20.- ¿Cuándo hay aceptación tácita del mandato por parte del mandatario?
21.- ¿Cómo puede manifestarse la voluntad del mandante para originar un contrato de
mandato?
22.- ¿En qué caso estamos ante una aceptación tácita del mandato por parte del mandante?
23.- ¿Qué facultad, de carácter excepcional, se le otorga al mandante o al mandatario,
después de celebrado el contrato de mandato?
24.- ¿Qué requisitos deben cumplirse para que el silencio pueda constituir manifestación de
voluntad eficaz para originar un contrato de mandato?
25.- ¿En qué casos el mandato es un contrato solemne?
26.- ¿Qué razones se han planteado para afirmar que el mandato debe ser solemne, si el
contrato que celebrará el mandatario también lo es?
27.- ¿Qué argumentos plantea Ramón Meza Barros, para concluir que, a su juicio, el
mandato no tiene por qué ser solemne, si el contrato que celebrará el mandatario lo es?
28.- ¿Por qué se afirma que el mandato es por naturaleza un contrato oneroso?
29.- ¿Qué debe ocurrir para que el contrato de mandato sea gratuito y qué significa que lo
sea?
30.- ¿Cómo se determina la remuneración u honorario del mandatario?
31.- ¿Qué opiniones se han planteado, acerca de la frase contenida en el art. 2129 del
Código Civil, en virtud de la cual, si el mandato fuere remunerado, la responsabilidad del
mandatario será “más estricta”?
32.- ¿Qué argumentos podrían señalarse, para concluir que en el mandato remunerado el
mandatario responderá de culpa leve y no de culpa levísima?
33.- ¿Qué opiniones se han planteado, acerca de la frase contenida en el art. 2129 del
Código Civil, en virtud de la cual, si el mandatario no quería asumir como tal y en cierto
modo se vio forzado a hacerlo, su responsabilidad será “menos estricta”?
34.- ¿Qué obligaciones principales generaría el mandato para cada una de las partes?
35.- ¿En qué caso el mandato sería un contrato unilateral para Arturo Alessandri Rodríguez y
Antonio Vodanovic?
36.- ¿Conforme a qué argumento David Stitchkin y Ramón Meza Barros concluye que el
mandato es un contrato bilateral, aun en el caso de no ser remunerado?
37.- ¿Qué implica que el mandatario actúe “por cuenta y riesgo del mandante”?
38.- ¿De qué maneras puede actuar el mandatario al ejecutar el negocio jurídico que se le
ha confiado por el mandante? ¿Qué consecuencias jurídicas se producirán en uno y en otro
caso?
39.- ¿Qué clase de elemento es la “representación” en la ejecución del mandato?
Fundamente su respuesta.
40.- ¿Qué significa que el mandato sea un contrato intuitu personae?
41.- ¿En qué materias queda de manifiesto que el mandato es un contrato intuitu personae?
42.- ¿Qué excepción existe al carácter intuitu personae del contrato de mandato?
43.- ¿Qué clasificaciones de mandato conoce?
44.- ¿Cómo define el Código Civil el mandato general?
45.- ¿Qué facultad confiere al mandatario un mandato general?
46.- ¿Cómo define el Código Civil el mandato especial?
47.- ¿Qué clases de mandato especial se proponen por la cátedra? Proporcione un ejemplo
de cada clase.
48.- ¿Para qué importa saber si estamos ante un mandato general o especial?
49.- ¿Cómo se clasifica el mandato atendiendo a las facultades conferidas al mandatario?

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 47


50.- ¿Cuándo nos encontramos ante un mandato definido? Proporcione un ejemplo.
51.- ¿Cuándo nos encontramos ante un mandato indefinido? Proporcione un ejemplo.
52.- ¿Qué clase de mandato, atendiendo a las facultades del mandatario, puede ser el
mandato especial?
53.- ¿Qué clase de mandato, atendiendo a las facultades del mandatario, es el mandato
general?
54.- ¿Qué conclusiones se desprenden, para que el caso de que el mandatario haya sido
facultado para actuar “del modo que más conveniente le parezca”?
55.- ¿Cuáles son los actos de “administración” que puede realizar un mandatario?
56.- ¿Qué actos de “disposición” puede ejecutar un mandatario que solo esté facultado para
administrar? Proporcione un ejemplo.
57.- ¿En qué casos la ley exige un mandato especial y además definido?
58.- ¿En qué caso las facultades del mandatario se interpretarán con mayor amplitud?
59.- ¿Cuáles son las obligaciones del mandatario?
60.- ¿Cómo debe ejecutar el mandato el mandatario?
61.- ¿En qué casos el mandatario está facultado para “obrar de otro modo” al señalado en el
mandato?
62.- ¿Qué actos del mandatario están especialmente reglamentados en la ley?
63.- ¿Qué distingos cabe formular, en el caso de un mandato conferido a dos o más
personas, en cuanto a la manera en que pueden actuar los mandatarios?
64.- ¿Qué distingo plantea David Stitchkin, para el caso de que estemos ante un mandato en
el que los mandatarios debían actuar conjuntamente y no respetaron esta disposición del
mandante?
65.- ¿Qué clase de título sería aquél otorgado por un mandatario que actuó solo, en
circunstancias de que debió haber actuado conjuntamente con otro mandatario? ¿Qué
consecuencia se deriva de lo anterior respecto de la validez del acto jurídico realizado por
dicho mandatario en forma aislada?
66.- ¿Qué efecto se produce en el caso de que tratándose de un mandato en el que los
mandatarios debían actuar conjuntamente, el contrato expira para uno de los mandatarios?
67.- ¿Qué restricciones establece el art. 2144 del Código Civil para los mandatarios que
deben celebrar un contrato de compraventa?
68.- ¿Cuál sería la sanción aplicable, para el caso que un mandatario infrinja las
restricciones que le impone el art. 2144 del Código Civil? ¿Cuál sería a su vez la causal de
dicha sanción?
69.- ¿Qué restricciones establece el art. 2145 del Código Civil respecto a los contratos de
mutuo que celebre el mandatario en ejecución del mandato?
70.- ¿Qué restricciones establece el art. 2146 del Código Civil respecto a los contratos de
mutuo que celebre el mandatario en ejecución del mandato?
71.- ¿Qué restricciones establece el art. 2147 del Código Civil respecto a los contratos que
celebre el mandatario en ejecución del mandato?
72.- ¿Cuáles son las tres reglas que establece el art. 2129 del Código Civil acerca de la
responsabilidad del mandatario?
73.- ¿Qué dispone el art. 2152 del Código Civil acerca de la solvencia de aquellas personas
con quienes contrata el mandatario? ¿Por qué se afirma que en una de las hipótesis que
señala el precepto no habría verdadero mandato?
74.- ¿Para quién perecen “las especies metálicas” que el mandatario hubiere recibido del
mandante, de conformidad al art. 2153 del Código Civil? ¿En qué se funda la solución que
estable el precepto?
75.- ¿Qué dispone el art. 2155 del Código Civil acerca de la rendición de cuentas por parte
del mandatario de “las partidas importantes”?
76.- ¿Debe rendir cuenta el mandatario de su gestión si nada se estipuló al efecto en el
momento de celebrar el contrato de mandato? En tal sentido, ¿qué clase de elemento del

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 48


contrato de mandato es la obligación de rendir cuenta? Fundamente su respuesta en el
precepto legal correspondiente.
77.- ¿Puede el mandante formular cargos en contra del mandatario, si éste quedó liberado
de la obligación de rendir cuenta de su gestión? Fundamente su respuesta.
78.- ¿Puede el mandante demandar al mandatario por su eventual responsabilidad en la
ejecución del mandato, si la cuenta del segundo ya fue aprobada por el primero?
Fundamente su respuesta.
79.- ¿En qué momento puede el mandante exigir al mandatario que rinda cuenta de su
gestión? ¿Qué puede hacer el mandante si el mandatario se niega a rendir cuenta de su
gestión?
80.- ¿En qué caso el mandatario debe al mandante intereses corrientes, de conformidad al
art. 2156, inc. 1°? ¿Desde cuándo se deberían dichos intereses corrientes según David
Stitchkin? ¿Qué distingo se planteó al efecto por la cátedra?
81.- ¿Qué intereses puede deber el mandatario y desde cuándo puede deberlos, conforme a
lo dispuesto en el art. 2156, inc. 2° del Código Civil?
82.- ¿Qué bienes debe entregarle el mandatario al mandante, según se dispone en el art.
2157 del Código Civil?
83.- ¿Por qué se afirma que la obligación de rendir cuenta por parte del mandatario cobra
mayor relevancia cuando éste actuó a nombre propio en la ejecución del mandato?
84.- ¿Conforme a qué reglas el mandatario que actuó a nombre propio debe ceder al
mandante los derechos personales y los derechos reales que el primero hubiere adquirido al
ejecutar el mandato?
85.- ¿Qué debe hacer el mandatario que actuó a nombre propio con las deudas que contrajo
en la ejecución del mandato?
86.- ¿Queda liberado el mandatario que actuó a nombre propio de las deudas que contrajo
al ejecutar el mandato, una vez que se las traspasa al mandante? Fundamente su respuesta.
87.- ¿Cuándo quedará el mandatario constituido en mora, de su obligación de rendir cuenta
al mandante?
88.- ¿En qué casos el mandante puede exigir rendición de cuentas al delegado o
submandatario?
89.- ¿Por qué se afirma que la responsabilidad del mandatario es independiente de la
obligación de rendir cuenta?
90.- Enumere las obligaciones del mandante.
91.- ¿Qué requisitos deben concurrir, de conformidad al art. 2160 del Código Civil, para que
el mandante deba cumplir las obligaciones contraídas por el mandatario en la ejecución del
mandato?
92.- ¿Qué aspectos quedan comprendidos dentro de “los límites del mandato”?
93.- ¿Qué efectos se producen entre el mandante y los terceros que contratan con el
mandatario, si éste actúa dentro de los límites del mandato?
94.- ¿Qué efectos se producen entre el mandante y los terceros que contratan con el
mandatario, si éste actúa más allá de los límites del mandato?
95.- ¿Qué efectos se producen entre el mandatario y los terceros con quienes contrata, si el
primero se excede en sus atribuciones?
96.- ¿En qué casos la ley permite que el mandatario se convierta en agente oficioso?
97.- ¿Qué efectos se producen si el mandato sólo se ejecuta en parte?
98.- ¿Qué podría hacer el mandatario, en el caso de que el mandante no lo provea de lo
necesario para la ejecución de mandato?
99.- ¿Qué gastos debe reembolsar al mandante al mandatario?
100.- ¿Qué se entiende por “anticipaciones de dinero” en el marco del art. 2159 del Código
Civil?
101.- ¿Qué pérdidas debe indemnizar el mandante al mandatario? En este caso, ¿por qué se
afirma que la responsabilidad del mandante es objetiva?

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 49


102.- ¿Puede el mandante negarse a cumplir las obligaciones que tiene para con el
mandatario, alegando que el resultado de la gestión que confió al mandatario no fue el
esperado? Fundamente su respuesta.
103.- ¿Qué puede hacer el mandatario, en el caso de que el mandante no cumpla las
obligaciones que tiene para con el primero?
104.- ¿Qué se entiende por delegación del mandato? ¿Cómo se llaman los sujetos que
intervienen en la delegación?
105.- ¿Qué se entiende por delegante? ¿Qué se entiende por delegado?
106.- ¿Qué clase de elemento del mandato es la delegación? Fundamente su respuesta en el
precepto legal correspondiente.
107.- El Código Civil regula tres situaciones tratándose de los efectos de la delegación.
¿Cuáles son ellas?
108.- ¿Qué efectos se producen si el mandante no autorizó ni prohibió la delegación?
109.- ¿Qué consecuencias se producen si el mandante autorizó delegar, pero sin designar la
persona del delegado?
110.- ¿Qué consecuencias se producen si el mandante autorizó delegar, designando la
persona del delegado?
111.- ¿Qué efecto se produce, si el mandante había prohibido delegar, y el mandatario
infringió dicha prohibición?
112.- ¿Qué acciones tiene el mandante en contra del delegado?
113.- ¿Puede el delegado volver a delegar? Fundamente su respuesta.
114.- ¿En qué casos se extingue la delegación?
115.- Enumere las causales de extinción del mandato.
116.- ¿Qué mandato es aquél que puede extinguirse por el desempeño del negocio?
117.- ¿Cómo se define la revocación del mandante?
118.- ¿En qué casos no puede revocarse el mandato?
119.- ¿En qué caso quien revoca no es el mandante?
120.- ¿De qué clases puede ser la revocación del mandante?
121.- ¿Cuándo nos encontramos ante una revocación tácita del mandato?
122.- ¿Qué se requiere para que la revocación del mandato produzca efectos?
123.- ¿Qué situaciones se distinguen en el art. 2173 del Código Civil, tendientes a proteger
a los terceros que hayan contratado con el mandatario?
124.- ¿Qué resulta recomendable, para que la revocación del mandato sea oponible a todos?
125.- ¿Qué se entiende por renuncia del mandato? ¿Cómo puede ser hecha?
126.- ¿En qué caso no se admite la renuncia al mandato?
127.- ¿Qué se requiere para que la renuncia del mandato produzca efectos?
128.- ¿En qué caso la renuncia del mandatario puede originar responsabilidad para el
mismo? ¿Qué causales podrían sin embargo exonerar de responsabilidad al mandatario?
129.- ¿Qué efecto produce la muerte de alguna de las partes del contrato de mandato?
Distinga según se trate del fallecimiento del mandante o del mandatario.
130.- ¿Qué obligaciones impone la ley a ciertos herederos del mandatario, una vez fallecido
éste? ¿Qué herederos son los que tienen que cumplir con estas obligaciones? ¿Qué efecto
puede producirse si tales herederos omiten el cumplimiento de las aludidas obligaciones?
131.- ¿En qué casos el mandato seguirá vigente, no obstante fallecer el mandante?
132.- ¿Por qué el mandato termina si el mandante o el mandatario quedan sometidos a un
procedimiento concursal de liquidación?
133.- ¿La demencia sobreviniente del mandante pone término al mandato? Fundamente su
respuesta.
134.- ¿Por qué razones la cátedra considera que la demencia sobreviniente del mandatario
pone término al mandato?
135.- Señale dos ejemplos en los que se extinga el mandato, por cesar las funciones del
mandante, si el mandato fue dado en ejercicio de ellas.

El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 50


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El Mandato – Juan Andrés Orrego Acuña 51

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