Fe para lograr la felicidad
Crear vidas felices para nosotros mismos y para los demás
(Extractos del libro “Eternos alientos dorados para emprender la Revolución Humana” Págs. 35 a 46)
Nacemos en este mundo para ser felices. Está claro que nadie quiere ser desdichado. Por eso, desde
los tiempos más remotos, uno de los intereses esenciales de la filosofía ha sido la felicidad humana.
Esta es, al mismo tiempo, el propósito original de la religión.
La actitud proactiva de "lograr la felicidad"
El señor Toda hacía hincapié en la "fe para lograr la felicidad”. El hecho de que usara la palabra
"lograr" habla de una profunda filosofía de vida. Porque la felicidad no es algo que otras personas nos
den. Tampoco es algo que se consigue de repente, algún día, al margen de nuestro esfuerzo o actitud.
En definitiva, cada uno debe construir la felicidad por sí mismo. Y la fe en el budismo de Nichiren nos
garantiza poder hacerlo.
"No hay otra felicidad verdadera más que mantener la fe en el Sutra del loto. Aunque surjan
problemas mundanos jamás deje que estos lo perturben. Nadie puede evitar las dificultades, ni
siquiera los sabios y venerables.
Sufra lo que tenga que sufrir, goce lo que tenga que gozar. Considere el sufrimiento y la alegría
como hechos de la vida, y siga entonando Nam-myoho-renge-kyo, pase lo que pase. ¿No sería
esto experimentar la alegría ilimitada de la Ley? Fortalezca más que nunca el poder de su fe”.
(La felicidad en este mundo. Los END. Pág.715)
Lograr un estado de felicidad absoluta
¿Qué clase de felicidad buscamos construir a través de la fe? El señor Toda sintetizaba la visión
budista de la felicidad en dos puntos clave:
El primero es la diferencia entre la felicidad absoluta y la felicidad relativa.
El budismo de Nichiren no rechaza la felicidad relativa asociada a la buena salud o a la prosperidad
material. Acceder a un buen trabajo, tener buena salud y mejorar la calidad de vida son aspiraciones
importantes. El señor Toda decía que, paralelo a nuestro esfuerzo por lograr tales cosas, debíamos
también desafiarnos en nuestra práctica budista para lograr un estado de absoluta felicidad que nada
ni nadie pudiera destruir; un estado en que la vida misma fuese un motivo de alegría, imbuida de las
cuatro virtudes de eternidad, felicidad, verdadera identidad y pureza.
El segundo aspecto, es que todos nacemos en el mundo para disfrutar de la existencia.
En este mundo colmado de aflicciones, no podemos disfrutar si nuestra fuerza vital es débil. Por eso
necesitamos desafiarnos en la práctica budista, que nos permite activar nuestra Budeidad interior y
fortalecer la vitalidad. Con una robusta fuerza vital podemos transitar serena y jubilosamente el camino
escarpado de la vida. Las incontables penurias o complicaciones que experimentamos se convertirán
en algo que incrementará nuestra alegría de vivir, así como una pizca de sal realza el sabor de los
manjares dulces.
El deseo más ardiente del señor Toda era que todos sintieran el supremo placer de vivir.
Una vida donde podamos gozar plácidamente
Una vida dedicada a la fe en la Ley Mística es, en sí misma, el estado de Budeidad, que nos permite
disfrutar plena y libremente de nuestra existencia.
Nosotros, además de nuestra familia, tenemos amigos y compañeros de fe con quienes compartir
nuestras aflicciones. No hay ninguna necesidad de sobrellevar los disgustos en silencio y a solas.
Aquí el Daishonin nos enseña la importancia de entonar Nam-myoho-renge-kyo mientras nos
esforzamos junto con los buenos amigos que nos rodean, apoyándonos y alentándonos
afectuosamente unos a otros.
Una religión para transformar nuestra vida
El propósito de nuestra práctica budista es ser felices. Nuestro mentor explicó los grandes méritos de
la Ley Mística diciendo que los beneficios que él había adquirido a través de la fe en el Gohonzon eran
tan enormes que no cabían en el recinto.
"¡Si practicamos el budismo de Nichiren, sin falta tendremos beneficios, podremos mostrar con
pruebas tangibles la fuerza de la fe y seremos felices!". Ningún hecho es más elocuente que
transformar las propias circunstancias. Ninguna prueba es más convincente que cambiar el propio
destino.
Como tan acertadamente observó el presidente Tsunesaburo Makiguchi, el budismo es una religión
para la vida. Nos da la fuerza para navegar en las aguas embravecidas de la existencia, un camino
que nos conduce a la felicidad suprema.
La persona más rica de todo el mundo
El Daishonin escribe: "Más valiosos que los tesoros de los cofres son los del cuerpo. Pero ninguno es
tan preciado como los tesoros del corazón”. Los que acumulan estos "tesoros del corazón” en su vida
a través de la fe dedicada al kosen-rufu son las personas más ricas y las más inmensamente felices.
El Dr. Daisaku Ikeda dijo: Yo abrí el camino del kosen-rufu mundial junto con nuestros nobles pioneros
a fuerza de superar cada obstáculo, considerando que las pruebas no eran más que honores.
Ahora, es tiempo de que mis compañeros de la División Femenina y de Señores, así como mis
sucesores del Departamento de Jóvenes avancen triunfalmente por esta gran senda de la dignidad,
con la convicción de ser las personas más felices del mundo.
Uno y los otros se alegran juntos
La felicidad es algo que cada uno debe lograr por sí mismo y experimentar en su propio ser. Pero, al
mismo tiempo, el bienestar personal que excluye a los demás no es felicidad verdadera. Darse por
satisfecho con los beneficios de uno, sin detenerse a pensar cómo están los otros, es una actitud
egoísta. A tono con esto, tampoco es suficiente preocuparse únicamente de la felicidad ajena y
renunciar al bienestar propio. La felicidad verdadera es un estado que abarca a uno mismo y a los
demás.
Desear la felicidad de todos
No podemos conseguir la felicidad robándosela a otra persona ni sacrificando a alguien para ser
felices nosotros. Es algo que existe de manera conjunta. Y por eso siempre he insistido en que no
debemos construir nuestro bienestar a expensas de las desdichas de otros.
Luego, en el Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente, el Daishonin afirma: "Tanto uno como
los demás se regocijarán juntos, al experimentar su propia sabiduría y amor compasivo". Aquí,
"sabiduría y amor compasivo" se refieren al estado de Budeidad. No somos derrotados por ninguna
adversidad que surja; la sabiduría para superar los problemas y el amor compasivo de ayudar a los
otros son algo que se manifiesta desde nuestro interior.
La alegría de elevar nuestra vida
En otra parte del Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente, el Daishonin dice "que nuestra
vida ha sido la Budeidad, desde el mismísimo comienzo. Nam-myoho-renge-kyo es la mayor de todas
las alegrías"
Comprender que nuestra vida ha sido el buda desde el tiempo sin comienzo nos lleva a reconocer que
esto no solo se aplica a nosotros, sino también a los demás. Cuando adquirimos este estado de vida
que nos permite regocijarnos por nuestro bienestar y por la dicha de otras personas, brilla en nuestro
corazón esa felicidad ilimitada que perdura eternamente.
En eso consiste la Budeidad: en experimentar la "alegría ilimitada de la Ley" que nos permite recibir
plena y libremente los beneficios de la Ley Mística, cultivando un estado de felicidad absoluta.
Diseminar olas de alegría en todo el mundo
La Soka Gakkai es la organización dedicada a la creación de valor. Como expresión de nuestro triunfo
personal en la fe, cultivemos un jardín exuberante de felicidad y una floresta jubilosa de dicha, paz y
victoria en nuestras comunidades, en nuestra sociedad y en el mundo, cada vez más amplia y abierta.
Nichiren Daishonin escribe que escuchar a alguien regocijarse hace que otro también se sienta feliz.
Estamos esforzándonos por crear la era de la victoria del pueblo, que es la época en que todas las
personas podrán ser dichosas.
La felicidad se acumula con nuestro firme esfuerzo día tras día. Y el cimiento de nuestra vida, dirigida
hacia el logro de la felicidad, es nuestra insuperable práctica diaria de entonar Nam-myoho-renge-kyo.
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