0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 122 vistas16 páginasRamirez E.
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164 MARIO ELKIN RAMfREz omg
Despertar de Iq pubertag
Remarcable d’étre mis en
pour s'y démontrer ne pas @ Som
jusq’a avouer que si ca Inte, sd Pour get
Jacques Lac
Con Lacan, la pubertad es uno de los Nombreg
tar: “El despertar entonces ubica una irrupe; det espe,
: Trupcién de
una orientacién, un sentido que es a lo real. eDe oué re
trata? Podrfamos decir que es un real marcado ira rele
je. Lacan sefiala que hombre y mujer son asunto de| lenous
existen en todas las lenguas del mundo. Son valores se
que vienen a suturar, que vienen a ocupar el lugar de lo im.
posible de saber: zqué es ser hombre? O ,quées ser mujer?” 5
El encuentro en que Wendla incita a Melchor a golpearla
sirve de preludio a un segundo encuentro, descrito en la cuar-
ta escena del segundo acto. Acontece en el heno fresco de un
establo:
[...] Wendla —...] (Se arrodilla junto a él). ¢Por qué no
vienes conmigo al prado, Melchor...? Aqui dentro estd os-
curo y el aire pesado. zY sinos mojamos, qué nos importa?
Melchor —jHuele tan bien el heno! Fuera el cielo est
tan negro como los pajios de un tuimulo... Veo las amapo-
las sobre tu pecho... y oigo latir tu corazon...
Wendla —jNo me beses, Melchor...! No me beses...!
Melchor —;Oigo latir tu corazén...!
Wendla —jCuando se besa... se ama...! No! jNo!
Melchor —jOh! {!créeme, no hay amor! ;Todo es interés;
todo es egofsmo! ;Yo no te amo mds de lo que ti a mt}
Wendla —jNo... No... Melchor...!
84 “Notable por ser puesto en escena como tal: 0 sea para demostrar
6mo, al no ser satisfactorio para todos, hasta confesar que si eso
falla. ec nara cada umn” T Taran Dedfore dT ’Eneil du printemps, OP:DESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA 171
. palabras, en un acto mudo, que luego tendré
ecuencias.
der Stevens, “el real de la pubertad es la irrup-
marcado por el discurso ante la ausencia
Cat ante la ausencia de un saber sobre
oe puede hacer frente al otro sexo. Cada uno tendra que
javentar su propia respuesta’ 7 Lo cual es un eco a la cita de
ando dice que si eso falla, es para cada uno.
can cul ‘
Otro comentario subraya que:
ue
weste8 con
para Alexan
le organo
aon aber sobre el sexo,
[..] podemos constatar que los amores adolescentes,
fantasma adolescente, llevan al mito, enmas-
Imente esta maldicién universal que golpeaal
ser hablante en su relaci6n a la sexualidad. Todo pasa como
si el encuentro torpe y misterioso con el partenaire fuera
proyectado retroactivamente, en un comienzo inaugural. El
malentendido es claro esta denunciado entre los dos sexos
que no hacen el amor sobre el mismo diapas6n.*
tanto como el
carando difici
Mas adelante sefiala:
No hay entonces acceso al genital love [..] Lo real del
sexo no es completamente apto para Ja sublimacion. Es
posible decir esto de otro modo: no todo lo sexual es Sus
nda del Otro
ceptible de una negociacion en Ja que la dema’
coanélisis pulsion genital
serfa la clave. No hay para el psi i
en sentido propio. Esto no viene del hecho de que no ‘@
biera una exigencia incondicional de satisfaccion, sino mas
bien de que esa exigencia no puede satisfacerse sinel ar
del fantasma. Es allf donde la primera infancia Se BH
nuevo en el juego fantasmas pres Sp “agit
con sus fa
a ali la
imentar el fantasma
adolescente por :
i avacion del
de la relacién sexual pet al precio de una reactivacion
antiguo modelo.”
» op. city P-4
vcesena de la pubertad”) OP: Tier”,176 MARIO ELKIN RAMIREZ ORTIZ
trabajo ps(quico en relaci6n a esa confrontacig,
un tiempo de desamparo donde se erra, se pig Con Io Teal
tas respuestas. leban distin
Lo imposible de saber sobre el sexo despie
Desde Ia suposicién de saber del inconsciente al joven,
decir que el psicoandlisis nacié correlativo a a igh odemos
cacia de un saber no sabido, no realizado, Peto a de efi.
ber en su Ifmite lleva la marca de lo imposible, ime
de recordar, imposible de saber, para Freud seiualiaee
muerte y que en término de escritura para Lacan es ca, y
no cesa de no escribirse [...] El sentido, la orientacién “
despertar, es lo real, como lo fuera del sentido, aby
[...] Los suefios que despiertan en el joven confrontadoa la
interrogacién en juego a la hora del encuentro son una via
de hacer sentido de lo que constituye su vivenciar sexual.
Sentido, entonces como volver ese goce que irrumpe goce
imposible, una articulaci6n de los goces.'”
Al respecto, Serge Cottet constata, en otro texto, una
[...] diferencia entre el demasiado poco gozar de la in-
fancia y ese plus de gozar de la pubertad [...] ese esquema
conserva todo su valor por el hecho que muestra Ia inma-
durez sexual del sujeto hablante, sujeto siempre tomado
por sorpresa en su encuentro con Jo sexual. {No es en sus
suefios que el joven Mauricio, en la pieza de Wedekind,
tiene la experiencia del “despertar de la primavera”, allf
donde é! no est como sujeto? Que él finalmente suefie con
las muchachas, a la edad en que normalmente se piensa
en ellas, no las hace més accesibles. No obstante, lejos de
que ese real haga la relaci6n sexual posible, es sabido que
suscita los fantasmas que la alejan; también, el momento
de la pubertad hace mds manifiesto que ningun otro ese
exilio. Lacan, comentando en un Prefacio al Despertar de la
primavera, ese episodio crucial, indica que Ja sexualidad,
més que hacer sentido, “hace agujero en lo real”. Los mi-
amsDESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA
179
te de época, pues la profun :
son solament A €s 'a profunda critica soc;
ai edekind mantiene su vigencia, porque lo que moe ay
sto en escena eS el drama subjeti
vo de cada quien
pu ento logic de la existencia. Es el drama dicate
mom
ial sexualidad y los encuentros con el otro que las contin, en-
cas de su vida le ponen en su camino. Tanto en la €poca del
dramaturgo como en la nuestra, las respuestas sociales son
inadecuadas frente a ese despertar. Hay un fracaso, un impo-
sible estructural. La imposibilidad de educar la sexualidad.
Luego de expuesta la pubertad en términos de un desper-
tar de la sexualidad fdlica, se discurre a continuacién sobre
ellay sobre cémo fracasan las formaciones del inconsciente y
la fantasfa como tentativas de elaboracién de ese real sexual
con el que se han encontrado. Y, sin embargo, es preciso decir
que se trata de un real fugitivo, pues segun destaca Miller,
“el despertar, que Lacan habia puesto como finalidad de la
experiencia a partir de la légica, no es mas que un suefio, el
despertar definitivo, al menos. Esto permite al despertar un
fugitivo sofiar” 1Tevés;
GWE revela, fa yen’ PAR el fan ‘
andestings ota Pregenit, IF om MDicg
€stinas de] . ‘al; otra q
. ; Pain arte
Cién Sentimental” 10s Pleza ndispensaby : i is
la
comenta e] Primer Parrafy del Prog.
ue log Muchachos fee de,
SUS Suuefiog, — PeMSaréy a
cuentro adolescente. Desde la muerte hasta la invencién, cada
quien trata de arreglérselas con ese Teal.
Por la falta de orientacion de la sociedad, estos adolescen-
tes de la obra responden de manera distinta: suicidio, homo-
sexualidad, agresividad, masoquismo, fuga, embarazo ado-
lescente, masturbaci6n."° Toda una serie de comportamientos
108 Serge Cottet, “Puberté catastrophe”, L’Ane, ntim. 22, septiembre de
1985, pp. 43-44. ; J % ;
109 E. Tana “Los dichos de Freud en los cinco psicoandlisis segin
ues Lacan”, op. cit., pp. 41-42. : a .
110 wae argumenta que hay tres profesiones imposibles: ee psi
coanalizar y gobernar. Esto quiere decir que hagase lo que se 1g
ume gerd mavherte: ain aecharan- asta na cieracects ce baw aitDESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA
an lugar Jos amores adolescentes, tanto como
108 40 de la ‘adolescencia diffcil, llegan a enmascarar
elfantas™* gn que sin embargo €s universal [...] el proble-
esa mald ron no tiene mas similitud que el fantasma de la
ma se x pegada por su padre [...] Freud [...] considera
versa polimorfa como insuperable, prin-
a caso del var6n. El retorno violento de las
OF ntes de la sexualidad, hasta ese momento compati-
5, $e vuelve un problema con Ja cafda de las barreras
e contienen a la tierna infancia [...] Por otra parte, es-
trictamente hablando no hay para el psicoandlisis pulsién
enital; no en el sentido en que no estarfa en juego una
exigencia incondicional de satisfaccién, sino que ésta no
irfa satisfacerse sin el apoyo del fantasma. Son preci-
samente esos fantasmas de la primera infancia los que se
ponen en juego. La sexualidad pregenital es el arsenal con
que se surte el fantasma adolescente para la puesta a pun-
to de la relacion sexual, y no puede hacerlo sino al precio
de una reactivacion de su antiguo prototipo. Freud consi-
dera que la reunién de la corriente tierna y de la corriente
sexual se vuelve problemética en la pubertad por la mis-
ma taz6n. E] objeto de la ternura ha sido condenado como
objeto sexual desde hace ya tiempo; condena que abre el
perfodo de latencia. La presion puberal, al contrario, hace
revivir una interdiccién: gozar sexualmente del objeto de
amor. Bien, ese goce sin duda tuvo lugar, salvo [que sin]
ese plus de gozar ahora exigido. Las nuevas represiones
que de él proceden dan cuenta, para Freud del clivaje
tfpico de la relacién amorosa en el hombre. La division
ternura-goce sexual que nos representamos como el sin-
toma obsesivo, encuentra en la “muy notable historia del
desarrollo de la vida amorosa”, como dice Freud, sus razo-
nes estructurales. Es en efecto en la pubertad, quizd no se
lo haya notado demasiado, que la degradaci6n de la vida
amorosa del varén puede ejercerse a través de una miso-
ginia colectivamente compartida al calor de las efusiones
viriles. De donde la nota critica de Freud en relacién con
un tema literario demasiado trillado en su opinién, el del
amor roméntico cuyo ideal de inaccesibilidad enmascara
rsion pe
177DESPERTAR DE LA ADO} 7
LESCENCIA 175
we vienen a ocupar el lugar del imposible :
sa oer hombre? O (Qué es ser mujer? E} taber a
tivo de Jos animales es el que falta en el ser hablante [.J
gj no hay modo de alcanzar lo real como imposible, si 0
ha armonia preestablecida entre los SeXOs, ningvin saber
constituido para abordar el encuentro con el Partenaire se-
xual, ge6mo leerfamos no pensarian en hacer el amor sin
el despertar de sus suefios? Pensar en hacer el amor es e]
modo de bordear lo real como imposible, situando un sen-
tido. El pensamiento como engario, como mentira, bordea
el imposible a saber situando un sentido, Es lo que Lacan
llama malestar estructural del sujeto en relacin al saber,
su debilidad mental [...] Cuando hablamos de sentido
acentuamos una vertiente como orientacién, direccién a lo
real y también otra vertiente del sentido en referencia al
encuentro entre las palabras con que el hombre piensa y el
cuerpo. ¢Por qué despertar de sus suefios? El despertar es
alo traumatico en tanto surgen los signos de un encuentro
més alld del principio del placer y la exigencia de un traba-
jo psiquico. El sentido de los suefios, la fecunda pregunta
freudiana nos orienta en este despertar de los suefios. Se
trata de suefios que despiertan en el joven confrontado ala
interrogacién en juego a la hora del encuentro. En el suefio.
el despertar es a lo traumdtico pero el suefio mismo abre
también la dimensién fantasmatica para abordar dicho en-
cuentro,1%
En otro texto, esta autora complementa lo anterior en al-
3unos puntos:
Con Lacan en “El Sinthome” podemos proponer e
conmoci6n puberal como uno de esos “momentos a
emergencia histérica” de un “pedazo de real que nei ‘S
la nariz’. El tratamiento que estamos dando alo Fe fee
en relacién a la oportunidad crucial en que el pe ide
tivamente, interroga al sujeto. Lo puberal es un tiempDESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA
173,
para carmen Gonzélez, cuando los adolescentes
ntan 10 que es hacer el amor con las muchachas
pertat de sus suefios,
NO se pre-
Sin el des-
No se incluye aquf otra pregunta:
chachas hacer el amor con Ae acheter on 4
aparece la diferencia con la posicién freudiana respect ode
Jas fantasfas que si para Freud tenfan la funcién o dem
rar el acto, para Lacan constituye su necesario preludio.
Las ensofiaciones de los adolescentes velan el fantasma int
consciente que dicta las modalidades del goce pulsional,
pero también preparan el acceso efectivo a la dimensién
del acto en el que los sexos encuentran su conjuncién.!
La psicoanalista Laure Naveau hace el siguiente plantea-
miento a propésito de la cita inicial de Lacan en el Prefacio:
[Freud] habia dicho que la cosa sexual estaba ahf desde
la pequefia infancia, facil de descifrar, casi a cielo abierto,
luego reprimida un cierto tiempo, y luego de nuevo ac:
tiva, es decir, reactivada por las modificaciones del cuer-
po que se producen en este momento, manifestando con
més insistencia, sin duda, la presencia de lo real, en tanto
que es la version del imposible; en términos eae
la ausencia de la relaci6n sexual que pueda cri)
El malestar del adolescente, la famosa sae ree
te” serfa, entonces, como una ek
verdad inscrita desde el comienzo en las le Ja madu-
pero experimentada solamente en el tenes :
Es, de este modo, que Jaca
racion sexual.
i del
. negativaciOn
se condiciona | deseo del Otro.
i ual del ombre e las
102 Si el deseo sex! rege estructura se oe za, en 3 forme
falo, para la muy § | geminario 20, Encore, aro, inst
Més tarde Lacan, en 1 goce femenino es 54 ual: Jaca4e
vo ites ceo GO onve dS. 73. mal174 MARIO ELKIN RAMIREZ ORTIZ
definir este instante en el Préface 4 L’Eveil dy pri
Frank Wedekind." ‘temps dy
Alexander Stevens se pregunta, en el texto “Nuey
mas en la adolescencia”: 8 Sint,
Cul es, 0 qué es este real de la pubertad? Podriam,
decir un empuje hormonal en el sentido de la investiq -
de un nuevo 6rgano fuera del cuerpo: la libido —eg Lacan
quien decfa que la libido es un “Organo fuera del cen
po”— pero el empuje hormonal en la medida en que est4
marcado por lenguaje, no es entonces empuje bioldgico,
Por otro lado en el Préface a L’Eveil du printemps, Lacan dice
a propésito de los adolescentes que comienzan a pensar en
las chicas, que seguramente est4 todo el empuje hormo-
nal que se quiera pero ellos no pensarfan sin el despertar
de sus suefios, es decir no pensarfan sin sus suefios, sus
conversaciones, sus charlas en donde aparecen todas es-
tas cuestiones que son las que los emocionan. Pero lo real
de la pubertad también es la aparicién de los caracteres
sexuales, incluso aquellos que se Ilaman secundarios, es
decir, la modificacién de la imagen del cuerpo. Entonces,
es en estos dos planos —el del cuerpo como objeto pulsio-
nal y el del cuerpo como imagen— que la pubertad viene
a trastocar, a conmover al sujeto.’*
En cuanto al despertar de la pubertad, nos dice Etel Stoisa:
Podriamos decir que el suefio como guardian del re-
poso es también el dormir de la latencia, el reposar de la
estabilizacién fantasmética. El despertar entonces ubica
una irrupcién de goce [...] Lacan sefiala que el hombre y
la mujer son cuestién de lenguaje, existen en todas las len-
guas del mundo. Son valores sexuales que vienen a sutu-
104 Laure Naveau, “Adolescentes en cura: parti ificulta
des”, Registros, ntim. 5, 1996, Le Ra
105 Alexander Stevens. “NueuneSe
Serge Cottet acota que
[.J para Lacan este “genital ”
éo pore Corriente inglesa para cient ms 7 i:
tad la que a es Justamente esta época te
ae se ve PA oes ic procurar el paradigma. Paradi a
ce la relaci6n al otro sexo, roniaminade ae
pieilas i de puede decirse de otra forma, z i .
ee |, a saber, que la genitalidad, lejos de ser —
que sucede al pregenital, simplemente no oe =
Cottet agrega mds adelante:
Es una vez més a propésito del encuentro sexual en la
adolescencia que Lacan describe la relaci6n sexual como
consagra la relacién sexual
imposible. Es cuando la doxa,
como posible, en el momento de la maduracién, que dicha
relacién sexual se revela como imposible. Lacan desarrolla
este punto en su Préface @ L'Eveil du printemps [Wedekind]
era suficientemente conocido en la época de Freud como
ara servirle de ejemplo propicio para poner en evidencia
la tempestad de la pubertad, y mostrar c6mo la literatura no
se hacia ilusiones sobre el exilio de la relacién sexual, sobre
lo que no funciona entre las jévenes y los muchachos.
que més llama la atencion es que esta cuestién es ilustrada
por el hombre de teatro y demostrada por Freud a partir
ejemplo més reticente a la demostracién. Es el momento en
que el joven satisface los ideales dela virilidad y quela chica
la identificaci6n, mo! ‘on del
mento de la asuncl
encuentro fracasa. Era entonces el ejemplo que
pa en aquella época para designar el malestat
lo dice Lacan en este pequefio texto “Jo que
al”. Cuando para el joven se trata de ha-
se trata de que primero suefie
parse de esto.!"
Freud utiliza
sexual, y como
hace agujero en 107°
cer el amor a las muchachas,
enzar a Ocul
- tsaen poder come|
170 MARIO ELKIN RAMIREZ ORTIz
en la tumba”. Wedekind nos hace aprehendey €N een «
dramatico el imposible del encuentro con el otro Bex, in
La cita inicial de Lacan, quien dice que estos Pliberes «
pensarfan en ello sin el despertar de sus SUEFios”, @ tha
otro comentario més: “Luego, solo piensan en €80, pero co tra
dice Eric Laurent: ‘Intercambiando el telato de sus Suefog
encaminan hacia la dialéctica de lo que es ser amado Por e
otro [...] querer alcanzarlo al hacer el amor’. Si queremos ha.
blar de un real ubicado tespecto de la transformacién del 6.
gano, de lo que surge en el cuerpo, debemos entender que es
[...] un real de un 6rgano marcado por el lenguaje”
Solo que los chicos de Wedeki id no encuentran en ese
acto la dialéctica de lo que es ser amado por el otro. Luego
de despertarse el uno de un suefio cruel, la otra de un suefio
masoquista, lo que hallan es un desencuentro corporal, donde
el amor estd ausente. El 6rgano del lenguaje interviene, pero
Para decir: “no te amo y ti tampoco me amas” y, sin embargo,
sucumben al acto. Wendla sélo atinaré a exclamar un “No,
no” que desfallece, en ese fallido encuentro sexual, que no al-
canza a articular el amor —que esencialmente €s un asunto de
Tenguaje— con el goce sexual que convoca el cuerpo del otro.
El despertar es el estallido hormonal que estos ptiberes
quieren someter a la Primacfa félica: “Hay una irrupcién, un
Surgimiento de algo ante lo cual las palabras fallan un mo-
mento antes de poder, a Partir de un intercambio de suefios, or-
denarse progresivamente, Las palabras fallan para nombrar
ese surgimiento [...] en otras palabras: frente a ese surgimien-
to, el fantasma del Sujeto falla’
En efecto, ni el fantasma crue] de Melchor, ni el masoquis-
ta de Wendla, sirven Para tratar esa emergencia de lo real;
94 Valérie Pera-Guillot, “Ce qui nous enseigne L’Eveil du printemps, @
e & l'adolescence”. Letterine oc eeDESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA 169
met objeto sexual. Mientras que para Mauricio, la ana-
Fila del cuerpo ee se devela en una experiencia
si mnistica {...] Melchor, percibe que de lo que se trata
ante todo es de la madre. ‘El verano pasado estuve con
agen Frankfurt y..- qTe vas ya Mauricio?” [de lo que
Jaautora infiere que:] La adolescencia estd atravesada por
esa dificultad: la necesidad del cambio de la eleccién de
objeto. Durante Jainfancia la corriente tierna y la corriente
sensual Son dirigidas hacia un mismo objeto, la madre o su
gustituto para el nifio. El perfodo de latencia est4 marcado
por la “memoria latente”, el primer objeto, la madre, y el
deseo que le es correlativo son puestos entre paréntesis
ero no obstante mantenidos de forma idéntica. Con el
despertar de la sexualidad genital, la sintesis de las dos
corrientes, tierna y sensual sobre el primer objeto, la ma-
dre, se vuelve problematica. Hay reactivacion de la pro-
hibicién del incesto. Lo pro! ibido es tanto més fuerte por
cuanto el adolescente puede ahora gozar sexualmente del
objeto. Para salir de ese impasse, el muchacho opera una
escision del objeto, de un Jado un objeto jdealizado, el ob-
jeto de amor y del otro un objeto degradado del cual va a
gozar sexualmente. Wedekind pone en escena esta dificul-
tad a través de los personajes de Melchor y Wendla. Freud
comenta su encuentro carnal [...] Cuando Melchor tiene
una relacién sexual con la joven Wendla, le dice claramen-
te: “Oh! ;Créeme, no existe el amor! [...] yo no te amo més
de lo que ti me amas”, la sensualidad es la tinica [tenden-
cia] en juego. Pero desde la escena de la casa correccional
se perfila una nueva dimension de la relacion de Melchor
al objeto. El parece dispuesto a hacer con esa escisién de
objeto: “Ella me odia — me odia, por haberle raptado su
libertad. Haga lo que haga, queda a violencia que 1€ e
hecho — me queda una ‘inica esperanza: tal vez, Poco 4
poco, con el curso de los afios”. cate
compartir con Wendla, muerta por un aborto mal = i
cido. Y es finalmente cuando la joven nifia estd pe a a
que se afirma su amor POT ella: “jhubiera picado PI aa A
adecido hambrel[..] 2Quées 10 due mantra yace
pie?”. ) Y més lejos Lo que me daba el corazon,168
critica de
de
92
MARIO ELKIN RAMIREZ ORTIZ
i i te espectro de respuesta
vive. Sin embargo, esi wid
de una critica social [...] La obra de Wedekind mana
igenci justament
su vigencia en tanto pone en escena jus eel de
ipetivo del hombre frente a la sexualidad. Los intent
de ordenamiento y domesticaci6n de la sociedad respect
aesto, tanto en la época de Wedekind como en la nuestra
se muestran siempre en algun punto infructuosos, a la es
que dan cuenta de esta tarea imposible.”
Este comentario toma un sesgo social para actualizar la
Wedekind, pero después retorna a Ja cita de Lacan;
Esa irrupcién de la sexualidad, ese encuentro imposi-
ble, que jlusoriamente se pretende armonioso con el par-
tenaire, se juega en toda la obra. Lo vemos en el mundo
donde nadie sabe cémo
de los adultos que pinta Ja obra,
onder o responde mal; lo vemos en esos nifios, que pa-
Tesp\
decen sus efectos. Este conflicto subjetivo se pone en juego
asculinos principales, Melchor y Mau-
despertar de
en sus personajes m.
ricio. En ellos vemos dibujarse el entramado,
los suefios-despertar de la pubertad.”
Otro comentario al pérrafo inicial del Prefacio de Lacan, el
Valérie Pera-Guillot, dice:
[...] ellos no sofiarfan en ello sin el despertar de sus
suefios. La lectura de la escena 2 del acto I, ilustra estas
aaron Esté construida alrededor de dos suefios
aise sires de una parte el de Mauricio, de las piernas
cual la fi a Le de otra parte el que trae Melchor en el
ual la figura de la madre sirve de soporte a la excitaci6n
de lo cue él amen en ol final de esa escena testimonia
que él aprehende sobre el Iugar de la madre como
Gisel a
lle Camauer, “Un suefio es un despertar que comienza”, en: Gi-
selle Camauer et al,, Sexuali
Des anauet et al, Sexualidad y muerte en la g
Phone Iftic primavera de Frank Wedekind, Bi rae te a
iii he See ee , Buenos Aires, PropuestaDESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA
167
gus libros para encontrarlo mds tarde
eala vez lo feminiza y expresa su roche a: _
En el Freud de esta época, la pubertad es un perfod
ad que acontece una de las metamorfosis més Sconclilen'dal
sujeto, saber, la subordinacién de las excitaciones ietiale
bajo la primacfa dela zona erdgena genital y dirigida hacia es
objeto heterosexual, cuyo fin o meta es la procreacién. La io
(élica infantil fue la prefiguracién de la organizacién sexual
adulta que acontece en la pubertad. En aquella fase encontré
Ia prohibicién incestuosa que orienta la organizacién sexual
definitiva, hacia una elecci6én exogdmica de objeto, esto es,
por fuera del cfrculo familiar. ‘
Maria do Rosario do Régo Barros expresa que “Ia adoles-
cencia es para los humanos un tiempo donde es dado al sujeto
una oportunidad de despertar, a pesar de que esto no siempre
acontece [y se pregunta] zqué consecuencias puede el sujeto
sacar de ese despertar para su vida?”
Las frases iniciales del Prefacio de Lacan a la pieza de
Wedekind y referentes a que los muchachos no se preguntan
lo que es hacer el amor con una muchacha sin el despertar de
sus suefios, son ampliamente comentadas en la bibliografia
secundaria que se ha consultado.
Giselle Camauer dice, por ejemplo:
camino de su lectura de la obra. Nos la
presenta [...] como un drama subjetivo que atafe a cada
wr de que en el or-
sujeto en particular, puesto que a pesa
den de lo aa nos eecontramos, por eotruc sabe
desencuentro, con un desarreglo fundamen’? hecho de
ala sexualidad que afecta @ todo sujeto po 5 e encuen-
hablar, ser4 para cada uno la manera en a ata de cubrit
tro se malogre [..] es cierto ae Wed bles ‘ala sexua
imaginariamente todas Jas respuestas PU sociedad a4°
n
lidad que, con mirada aguda, observa 1
despertar?””
Va “ ja: que :
SE ney ‘Adolescendia: B. janeitO Ke
Lacan abre elMARIO ELKIN RAMIREZ ORTIZ
jo el modelo q,
‘eto de amor bajo e le la m
istintos: SODTE el obje jeto sexual, qu dre,
distin Ja esposa Y et a de | i iis Merfa gy,
recafa en bajo el modelo de la Dirne, jg?
Juego Tr jento moral, ba} velo mate tI tun
un rebajam mbién provenfa del mo: TO, pero, -
al ta ido al hecho de ver en ella mas a la mujer -
dirfamos, di realmente, esta corriente se encaminaba en, la
a la magr™ lta hacia las prostitutas, las sirvientes o 4 |
sexualidad ng aqui aplica estas nociones a la explicacién da
St entre estos adolescentes.
a
ertad aparece entonces como un sfn.
festacion de un relanzamiento de |a
i i ..] Armonizar el de-
tra las pulsiones parciales [..]
— vital yal aoe objetal, dicho de otro modo que el ob-
oe ae amt y el objeto del deseo coincidan, es lo que est4
aera [...] Para Freud la reunin de la corriente sexual
y de la corriente tierna se vuelve problemética en la pu-
] objeto de la ternura fue condenado como
bertad ya que el
objeto eal desde hace tiempo, en el momento del perfo-
do llamado de latencia. El empuje puberal hace revivir la
prohibicin de gozar sexualmente del objeto de amor.”
Para Freud, la pub
toma, como una man
Melchor replica a Wendla que no hay amor en él hacia ella
como tampoco de ella hacia él. Es preciso esclarecer que cuan-
do ella le dice: “No me beses [...], Cuando se besa... se ama...”,
es una frase que proviene de una conversacién con su madre,
quien a medias le ha explicado que los hijos provienen del
amor de los padres, los cuales se besan. Los chicos en este
encuentro se topan con la armonifa entre los sexos como un
meee ella piensa en el amor, él en el sexo,
‘ano que sus compafieros, Por eso
amlDESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA 165
1 —jWendla...!
or —jOh Melchot...! {jNo...! jNo...!} [el Tesaltado
es nuestro].
ién de los miércoles de la Sociedad Psicoanalf-
En Ja reunion © : ?
ca de Viena dedicada al comentario de Despertar de prima-
era, Reitler, el relator de la obra de Wedekind, al presentar
ys personajes dice que “Melchor Gabor, [1 ha superado la
exualidad infantil para alcanzar el estadio de la sexualidad
ormal (coito con Wendla)”.” En la época se pensaba que la
exualidad normal se constitufa por el coito heterosexual. Los
emés tipos de satisfaccién eran tomados, en la linea de Tres
nsayos de teorta sexual de Freud, como desviaciones de la pul-
i6n respecto del fin y del objeto, y por tanto, perversiones. El
ujeto transitaba, en la pubertad, de una disposicién sexual
verversa polimorfa infantil a un estado de normalidad cuan-
lo su sexualidad pasaba por el coito con un otro, es decir,
in objeto de la pulsién unificada y ya no parcial, por lo cual
Aelchor era considerado alguien con una sexualidad normal.
\simismo Wendla, aunque de ella se sefialan sus “tendencias
nasoquistas”.
Por su parte, Freud considera que “Wedekind hace una
a observacién pintando los deseos del amor sin la eleccién
le objeto en Melchor y en Wendla, quienes no estén enamora-
Jos el uno del otro” 88
Freud separaba la corriente del deseo sexual de la corriente
ema, siendo ambas componentes de una misma libido; pero
*Ncontraba que la moral sexual cultural de su época® pre-
sentaba disyuntos estos componentes en el caso de algunos
ombres, en quienes dichas corrientes se dirigian a objetos
in
—_
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