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164 MARIO ELKIN RAMfREz omg Despertar de Iq pubertag Remarcable d’étre mis en pour s'y démontrer ne pas @ Som jusq’a avouer que si ca Inte, sd Pour get Jacques Lac Con Lacan, la pubertad es uno de los Nombreg tar: “El despertar entonces ubica una irrupe; det espe, : Trupcién de una orientacién, un sentido que es a lo real. eDe oué re trata? Podrfamos decir que es un real marcado ira rele je. Lacan sefiala que hombre y mujer son asunto de| lenous existen en todas las lenguas del mundo. Son valores se que vienen a suturar, que vienen a ocupar el lugar de lo im. posible de saber: zqué es ser hombre? O ,quées ser mujer?” 5 El encuentro en que Wendla incita a Melchor a golpearla sirve de preludio a un segundo encuentro, descrito en la cuar- ta escena del segundo acto. Acontece en el heno fresco de un establo: [...] Wendla —...] (Se arrodilla junto a él). ¢Por qué no vienes conmigo al prado, Melchor...? Aqui dentro estd os- curo y el aire pesado. zY sinos mojamos, qué nos importa? Melchor —jHuele tan bien el heno! Fuera el cielo est tan negro como los pajios de un tuimulo... Veo las amapo- las sobre tu pecho... y oigo latir tu corazon... Wendla —jNo me beses, Melchor...! No me beses...! Melchor —;Oigo latir tu corazén...! Wendla —jCuando se besa... se ama...! No! jNo! Melchor —jOh! {!créeme, no hay amor! ;Todo es interés; todo es egofsmo! ;Yo no te amo mds de lo que ti a mt} Wendla —jNo... No... Melchor...! 84 “Notable por ser puesto en escena como tal: 0 sea para demostrar 6mo, al no ser satisfactorio para todos, hasta confesar que si eso falla. ec nara cada umn” T Taran Dedfore dT ’Eneil du printemps, OP: DESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA 171 . palabras, en un acto mudo, que luego tendré ecuencias. der Stevens, “el real de la pubertad es la irrup- marcado por el discurso ante la ausencia Cat ante la ausencia de un saber sobre oe puede hacer frente al otro sexo. Cada uno tendra que javentar su propia respuesta’ 7 Lo cual es un eco a la cita de ando dice que si eso falla, es para cada uno. can cul ‘ Otro comentario subraya que: ue weste8 con para Alexan le organo aon aber sobre el sexo, [..] podemos constatar que los amores adolescentes, fantasma adolescente, llevan al mito, enmas- Imente esta maldicién universal que golpeaal ser hablante en su relaci6n a la sexualidad. Todo pasa como si el encuentro torpe y misterioso con el partenaire fuera proyectado retroactivamente, en un comienzo inaugural. El malentendido es claro esta denunciado entre los dos sexos que no hacen el amor sobre el mismo diapas6n.* tanto como el carando difici Mas adelante sefiala: No hay entonces acceso al genital love [..] Lo real del sexo no es completamente apto para Ja sublimacion. Es posible decir esto de otro modo: no todo lo sexual es Sus nda del Otro ceptible de una negociacion en Ja que la dema’ coanélisis pulsion genital serfa la clave. No hay para el psi i en sentido propio. Esto no viene del hecho de que no ‘@ biera una exigencia incondicional de satisfaccion, sino mas bien de que esa exigencia no puede satisfacerse sinel ar del fantasma. Es allf donde la primera infancia Se BH nuevo en el juego fantasmas pres Sp “agit con sus fa a ali la imentar el fantasma adolescente por : i avacion del de la relacién sexual pet al precio de una reactivacion antiguo modelo.” » op. city P-4 vcesena de la pubertad”) OP: Tier”, 176 MARIO ELKIN RAMIREZ ORTIZ trabajo ps(quico en relaci6n a esa confrontacig, un tiempo de desamparo donde se erra, se pig Con Io Teal tas respuestas. leban distin Lo imposible de saber sobre el sexo despie Desde Ia suposicién de saber del inconsciente al joven, decir que el psicoandlisis nacié correlativo a a igh odemos cacia de un saber no sabido, no realizado, Peto a de efi. ber en su Ifmite lleva la marca de lo imposible, ime de recordar, imposible de saber, para Freud seiualiaee muerte y que en término de escritura para Lacan es ca, y no cesa de no escribirse [...] El sentido, la orientacién “ despertar, es lo real, como lo fuera del sentido, aby [...] Los suefios que despiertan en el joven confrontadoa la interrogacién en juego a la hora del encuentro son una via de hacer sentido de lo que constituye su vivenciar sexual. Sentido, entonces como volver ese goce que irrumpe goce imposible, una articulaci6n de los goces.'” Al respecto, Serge Cottet constata, en otro texto, una [...] diferencia entre el demasiado poco gozar de la in- fancia y ese plus de gozar de la pubertad [...] ese esquema conserva todo su valor por el hecho que muestra Ia inma- durez sexual del sujeto hablante, sujeto siempre tomado por sorpresa en su encuentro con Jo sexual. {No es en sus suefios que el joven Mauricio, en la pieza de Wedekind, tiene la experiencia del “despertar de la primavera”, allf donde é! no est como sujeto? Que él finalmente suefie con las muchachas, a la edad en que normalmente se piensa en ellas, no las hace més accesibles. No obstante, lejos de que ese real haga la relaci6n sexual posible, es sabido que suscita los fantasmas que la alejan; también, el momento de la pubertad hace mds manifiesto que ningun otro ese exilio. Lacan, comentando en un Prefacio al Despertar de la primavera, ese episodio crucial, indica que Ja sexualidad, més que hacer sentido, “hace agujero en lo real”. Los mi- ams DESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA 179 te de época, pues la profun : son solament A €s 'a profunda critica soc; ai edekind mantiene su vigencia, porque lo que moe ay sto en escena eS el drama subjeti vo de cada quien pu ento logic de la existencia. Es el drama dicate mom ial sexualidad y los encuentros con el otro que las contin, en- cas de su vida le ponen en su camino. Tanto en la €poca del dramaturgo como en la nuestra, las respuestas sociales son inadecuadas frente a ese despertar. Hay un fracaso, un impo- sible estructural. La imposibilidad de educar la sexualidad. Luego de expuesta la pubertad en términos de un desper- tar de la sexualidad fdlica, se discurre a continuacién sobre ellay sobre cémo fracasan las formaciones del inconsciente y la fantasfa como tentativas de elaboracién de ese real sexual con el que se han encontrado. Y, sin embargo, es preciso decir que se trata de un real fugitivo, pues segun destaca Miller, “el despertar, que Lacan habia puesto como finalidad de la experiencia a partir de la légica, no es mas que un suefio, el despertar definitivo, al menos. Esto permite al despertar un fugitivo sofiar” 1 Tevés; GWE revela, fa yen’ PAR el fan ‘ andestings ota Pregenit, IF om MDicg €stinas de] . ‘al; otra q . ; Pain arte Cién Sentimental” 10s Pleza ndispensaby : i is la comenta e] Primer Parrafy del Prog. ue log Muchachos fee de, SUS Suuefiog, — PeMSaréy a cuentro adolescente. Desde la muerte hasta la invencién, cada quien trata de arreglérselas con ese Teal. Por la falta de orientacion de la sociedad, estos adolescen- tes de la obra responden de manera distinta: suicidio, homo- sexualidad, agresividad, masoquismo, fuga, embarazo ado- lescente, masturbaci6n."° Toda una serie de comportamientos 108 Serge Cottet, “Puberté catastrophe”, L’Ane, ntim. 22, septiembre de 1985, pp. 43-44. ; J % ; 109 E. Tana “Los dichos de Freud en los cinco psicoandlisis segin ues Lacan”, op. cit., pp. 41-42. : a . 110 wae argumenta que hay tres profesiones imposibles: ee psi coanalizar y gobernar. Esto quiere decir que hagase lo que se 1g ume gerd mavherte: ain aecharan- asta na cieracects ce baw ait DESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA an lugar Jos amores adolescentes, tanto como 108 40 de la ‘adolescencia diffcil, llegan a enmascarar elfantas™* gn que sin embargo €s universal [...] el proble- esa mald ron no tiene mas similitud que el fantasma de la ma se x pegada por su padre [...] Freud [...] considera versa polimorfa como insuperable, prin- a caso del var6n. El retorno violento de las OF ntes de la sexualidad, hasta ese momento compati- 5, $e vuelve un problema con Ja cafda de las barreras e contienen a la tierna infancia [...] Por otra parte, es- trictamente hablando no hay para el psicoandlisis pulsién enital; no en el sentido en que no estarfa en juego una exigencia incondicional de satisfaccién, sino que ésta no irfa satisfacerse sin el apoyo del fantasma. Son preci- samente esos fantasmas de la primera infancia los que se ponen en juego. La sexualidad pregenital es el arsenal con que se surte el fantasma adolescente para la puesta a pun- to de la relacion sexual, y no puede hacerlo sino al precio de una reactivacion de su antiguo prototipo. Freud consi- dera que la reunién de la corriente tierna y de la corriente sexual se vuelve problemética en la pubertad por la mis- ma taz6n. E] objeto de la ternura ha sido condenado como objeto sexual desde hace ya tiempo; condena que abre el perfodo de latencia. La presion puberal, al contrario, hace revivir una interdiccién: gozar sexualmente del objeto de amor. Bien, ese goce sin duda tuvo lugar, salvo [que sin] ese plus de gozar ahora exigido. Las nuevas represiones que de él proceden dan cuenta, para Freud del clivaje tfpico de la relacién amorosa en el hombre. La division ternura-goce sexual que nos representamos como el sin- toma obsesivo, encuentra en la “muy notable historia del desarrollo de la vida amorosa”, como dice Freud, sus razo- nes estructurales. Es en efecto en la pubertad, quizd no se lo haya notado demasiado, que la degradaci6n de la vida amorosa del varén puede ejercerse a través de una miso- ginia colectivamente compartida al calor de las efusiones viriles. De donde la nota critica de Freud en relacién con un tema literario demasiado trillado en su opinién, el del amor roméntico cuyo ideal de inaccesibilidad enmascara rsion pe 177 DESPERTAR DE LA ADO} 7 LESCENCIA 175 we vienen a ocupar el lugar del imposible : sa oer hombre? O (Qué es ser mujer? E} taber a tivo de Jos animales es el que falta en el ser hablante [.J gj no hay modo de alcanzar lo real como imposible, si 0 ha armonia preestablecida entre los SeXOs, ningvin saber constituido para abordar el encuentro con el Partenaire se- xual, ge6mo leerfamos no pensarian en hacer el amor sin el despertar de sus suefios? Pensar en hacer el amor es e] modo de bordear lo real como imposible, situando un sen- tido. El pensamiento como engario, como mentira, bordea el imposible a saber situando un sentido, Es lo que Lacan llama malestar estructural del sujeto en relacin al saber, su debilidad mental [...] Cuando hablamos de sentido acentuamos una vertiente como orientacién, direccién a lo real y también otra vertiente del sentido en referencia al encuentro entre las palabras con que el hombre piensa y el cuerpo. ¢Por qué despertar de sus suefios? El despertar es alo traumatico en tanto surgen los signos de un encuentro més alld del principio del placer y la exigencia de un traba- jo psiquico. El sentido de los suefios, la fecunda pregunta freudiana nos orienta en este despertar de los suefios. Se trata de suefios que despiertan en el joven confrontado ala interrogacién en juego a la hora del encuentro. En el suefio. el despertar es a lo traumdtico pero el suefio mismo abre también la dimensién fantasmatica para abordar dicho en- cuentro,1% En otro texto, esta autora complementa lo anterior en al- 3unos puntos: Con Lacan en “El Sinthome” podemos proponer e conmoci6n puberal como uno de esos “momentos a emergencia histérica” de un “pedazo de real que nei ‘S la nariz’. El tratamiento que estamos dando alo Fe fee en relacién a la oportunidad crucial en que el pe ide tivamente, interroga al sujeto. Lo puberal es un tiemp DESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA 173, para carmen Gonzélez, cuando los adolescentes ntan 10 que es hacer el amor con las muchachas pertat de sus suefios, NO se pre- Sin el des- No se incluye aquf otra pregunta: chachas hacer el amor con Ae acheter on 4 aparece la diferencia con la posicién freudiana respect ode Jas fantasfas que si para Freud tenfan la funcién o dem rar el acto, para Lacan constituye su necesario preludio. Las ensofiaciones de los adolescentes velan el fantasma int consciente que dicta las modalidades del goce pulsional, pero también preparan el acceso efectivo a la dimensién del acto en el que los sexos encuentran su conjuncién.! La psicoanalista Laure Naveau hace el siguiente plantea- miento a propésito de la cita inicial de Lacan en el Prefacio: [Freud] habia dicho que la cosa sexual estaba ahf desde la pequefia infancia, facil de descifrar, casi a cielo abierto, luego reprimida un cierto tiempo, y luego de nuevo ac: tiva, es decir, reactivada por las modificaciones del cuer- po que se producen en este momento, manifestando con més insistencia, sin duda, la presencia de lo real, en tanto que es la version del imposible; en términos eae la ausencia de la relaci6n sexual que pueda cri) El malestar del adolescente, la famosa sae ree te” serfa, entonces, como una ek verdad inscrita desde el comienzo en las le Ja madu- pero experimentada solamente en el tenes : Es, de este modo, que Jaca racion sexual. i del . negativaciOn se condiciona | deseo del Otro. i ual del ombre e las 102 Si el deseo sex! rege estructura se oe za, en 3 forme falo, para la muy § | geminario 20, Encore, aro, inst Més tarde Lacan, en 1 goce femenino es 54 ual: Jaca4e vo ites ceo GO onve dS. 73. mal 174 MARIO ELKIN RAMIREZ ORTIZ definir este instante en el Préface 4 L’Eveil dy pri Frank Wedekind." ‘temps dy Alexander Stevens se pregunta, en el texto “Nuey mas en la adolescencia”: 8 Sint, Cul es, 0 qué es este real de la pubertad? Podriam, decir un empuje hormonal en el sentido de la investiq - de un nuevo 6rgano fuera del cuerpo: la libido —eg Lacan quien decfa que la libido es un “Organo fuera del cen po”— pero el empuje hormonal en la medida en que est4 marcado por lenguaje, no es entonces empuje bioldgico, Por otro lado en el Préface a L’Eveil du printemps, Lacan dice a propésito de los adolescentes que comienzan a pensar en las chicas, que seguramente est4 todo el empuje hormo- nal que se quiera pero ellos no pensarfan sin el despertar de sus suefios, es decir no pensarfan sin sus suefios, sus conversaciones, sus charlas en donde aparecen todas es- tas cuestiones que son las que los emocionan. Pero lo real de la pubertad también es la aparicién de los caracteres sexuales, incluso aquellos que se Ilaman secundarios, es decir, la modificacién de la imagen del cuerpo. Entonces, es en estos dos planos —el del cuerpo como objeto pulsio- nal y el del cuerpo como imagen— que la pubertad viene a trastocar, a conmover al sujeto.’* En cuanto al despertar de la pubertad, nos dice Etel Stoisa: Podriamos decir que el suefio como guardian del re- poso es también el dormir de la latencia, el reposar de la estabilizacién fantasmética. El despertar entonces ubica una irrupcién de goce [...] Lacan sefiala que el hombre y la mujer son cuestién de lenguaje, existen en todas las len- guas del mundo. Son valores sexuales que vienen a sutu- 104 Laure Naveau, “Adolescentes en cura: parti ificulta des”, Registros, ntim. 5, 1996, Le Ra 105 Alexander Stevens. “Nueune Se Serge Cottet acota que [.J para Lacan este “genital ” éo pore Corriente inglesa para cient ms 7 i: tad la que a es Justamente esta época te ae se ve PA oes ic procurar el paradigma. Paradi a ce la relaci6n al otro sexo, roniaminade ae pieilas i de puede decirse de otra forma, z i . ee |, a saber, que la genitalidad, lejos de ser — que sucede al pregenital, simplemente no oe = Cottet agrega mds adelante: Es una vez més a propésito del encuentro sexual en la adolescencia que Lacan describe la relaci6n sexual como consagra la relacién sexual imposible. Es cuando la doxa, como posible, en el momento de la maduracién, que dicha relacién sexual se revela como imposible. Lacan desarrolla este punto en su Préface @ L'Eveil du printemps [Wedekind] era suficientemente conocido en la época de Freud como ara servirle de ejemplo propicio para poner en evidencia la tempestad de la pubertad, y mostrar c6mo la literatura no se hacia ilusiones sobre el exilio de la relacién sexual, sobre lo que no funciona entre las jévenes y los muchachos. que més llama la atencion es que esta cuestién es ilustrada por el hombre de teatro y demostrada por Freud a partir ejemplo més reticente a la demostracién. Es el momento en que el joven satisface los ideales dela virilidad y quela chica la identificaci6n, mo! ‘on del mento de la asuncl encuentro fracasa. Era entonces el ejemplo que pa en aquella época para designar el malestat lo dice Lacan en este pequefio texto “Jo que al”. Cuando para el joven se trata de ha- se trata de que primero suefie parse de esto.!" Freud utiliza sexual, y como hace agujero en 107° cer el amor a las muchachas, enzar a Ocul - tsaen poder come | 170 MARIO ELKIN RAMIREZ ORTIz en la tumba”. Wedekind nos hace aprehendey €N een « dramatico el imposible del encuentro con el otro Bex, in La cita inicial de Lacan, quien dice que estos Pliberes « pensarfan en ello sin el despertar de sus SUEFios”, @ tha otro comentario més: “Luego, solo piensan en €80, pero co tra dice Eric Laurent: ‘Intercambiando el telato de sus Suefog encaminan hacia la dialéctica de lo que es ser amado Por e otro [...] querer alcanzarlo al hacer el amor’. Si queremos ha. blar de un real ubicado tespecto de la transformacién del 6. gano, de lo que surge en el cuerpo, debemos entender que es [...] un real de un 6rgano marcado por el lenguaje” Solo que los chicos de Wedeki id no encuentran en ese acto la dialéctica de lo que es ser amado por el otro. Luego de despertarse el uno de un suefio cruel, la otra de un suefio masoquista, lo que hallan es un desencuentro corporal, donde el amor estd ausente. El 6rgano del lenguaje interviene, pero Para decir: “no te amo y ti tampoco me amas” y, sin embargo, sucumben al acto. Wendla sélo atinaré a exclamar un “No, no” que desfallece, en ese fallido encuentro sexual, que no al- canza a articular el amor —que esencialmente €s un asunto de Tenguaje— con el goce sexual que convoca el cuerpo del otro. El despertar es el estallido hormonal que estos ptiberes quieren someter a la Primacfa félica: “Hay una irrupcién, un Surgimiento de algo ante lo cual las palabras fallan un mo- mento antes de poder, a Partir de un intercambio de suefios, or- denarse progresivamente, Las palabras fallan para nombrar ese surgimiento [...] en otras palabras: frente a ese surgimien- to, el fantasma del Sujeto falla’ En efecto, ni el fantasma crue] de Melchor, ni el masoquis- ta de Wendla, sirven Para tratar esa emergencia de lo real; 94 Valérie Pera-Guillot, “Ce qui nous enseigne L’Eveil du printemps, @ e & l'adolescence”. Letterine oc ee DESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA 169 met objeto sexual. Mientras que para Mauricio, la ana- Fila del cuerpo ee se devela en una experiencia si mnistica {...] Melchor, percibe que de lo que se trata ante todo es de la madre. ‘El verano pasado estuve con agen Frankfurt y..- qTe vas ya Mauricio?” [de lo que Jaautora infiere que:] La adolescencia estd atravesada por esa dificultad: la necesidad del cambio de la eleccién de objeto. Durante Jainfancia la corriente tierna y la corriente sensual Son dirigidas hacia un mismo objeto, la madre o su gustituto para el nifio. El perfodo de latencia est4 marcado por la “memoria latente”, el primer objeto, la madre, y el deseo que le es correlativo son puestos entre paréntesis ero no obstante mantenidos de forma idéntica. Con el despertar de la sexualidad genital, la sintesis de las dos corrientes, tierna y sensual sobre el primer objeto, la ma- dre, se vuelve problematica. Hay reactivacion de la pro- hibicién del incesto. Lo pro! ibido es tanto més fuerte por cuanto el adolescente puede ahora gozar sexualmente del objeto. Para salir de ese impasse, el muchacho opera una escision del objeto, de un Jado un objeto jdealizado, el ob- jeto de amor y del otro un objeto degradado del cual va a gozar sexualmente. Wedekind pone en escena esta dificul- tad a través de los personajes de Melchor y Wendla. Freud comenta su encuentro carnal [...] Cuando Melchor tiene una relacién sexual con la joven Wendla, le dice claramen- te: “Oh! ;Créeme, no existe el amor! [...] yo no te amo més de lo que ti me amas”, la sensualidad es la tinica [tenden- cia] en juego. Pero desde la escena de la casa correccional se perfila una nueva dimension de la relacion de Melchor al objeto. El parece dispuesto a hacer con esa escisién de objeto: “Ella me odia — me odia, por haberle raptado su libertad. Haga lo que haga, queda a violencia que 1€ e hecho — me queda una ‘inica esperanza: tal vez, Poco 4 poco, con el curso de los afios”. cate compartir con Wendla, muerta por un aborto mal = i cido. Y es finalmente cuando la joven nifia estd pe a a que se afirma su amor POT ella: “jhubiera picado PI aa A adecido hambrel[..] 2Quées 10 due mantra yace pie?”. ) Y més lejos Lo que me daba el corazon, 168 critica de de 92 MARIO ELKIN RAMIREZ ORTIZ i i te espectro de respuesta vive. Sin embargo, esi wid de una critica social [...] La obra de Wedekind mana igenci justament su vigencia en tanto pone en escena jus eel de ipetivo del hombre frente a la sexualidad. Los intent de ordenamiento y domesticaci6n de la sociedad respect aesto, tanto en la época de Wedekind como en la nuestra se muestran siempre en algun punto infructuosos, a la es que dan cuenta de esta tarea imposible.” Este comentario toma un sesgo social para actualizar la Wedekind, pero después retorna a Ja cita de Lacan; Esa irrupcién de la sexualidad, ese encuentro imposi- ble, que jlusoriamente se pretende armonioso con el par- tenaire, se juega en toda la obra. Lo vemos en el mundo donde nadie sabe cémo de los adultos que pinta Ja obra, onder o responde mal; lo vemos en esos nifios, que pa- Tesp\ decen sus efectos. Este conflicto subjetivo se pone en juego asculinos principales, Melchor y Mau- despertar de en sus personajes m. ricio. En ellos vemos dibujarse el entramado, los suefios-despertar de la pubertad.” Otro comentario al pérrafo inicial del Prefacio de Lacan, el Valérie Pera-Guillot, dice: [...] ellos no sofiarfan en ello sin el despertar de sus suefios. La lectura de la escena 2 del acto I, ilustra estas aaron Esté construida alrededor de dos suefios aise sires de una parte el de Mauricio, de las piernas cual la fi a Le de otra parte el que trae Melchor en el ual la figura de la madre sirve de soporte a la excitaci6n de lo cue él amen en ol final de esa escena testimonia que él aprehende sobre el Iugar de la madre como Gisel a lle Camauer, “Un suefio es un despertar que comienza”, en: Gi- selle Camauer et al,, Sexuali Des anauet et al, Sexualidad y muerte en la g Phone Iftic primavera de Frank Wedekind, Bi rae te a iii he See ee , Buenos Aires, Propuesta DESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA 167 gus libros para encontrarlo mds tarde eala vez lo feminiza y expresa su roche a: _ En el Freud de esta época, la pubertad es un perfod ad que acontece una de las metamorfosis més Sconclilen'dal sujeto, saber, la subordinacién de las excitaciones ietiale bajo la primacfa dela zona erdgena genital y dirigida hacia es objeto heterosexual, cuyo fin o meta es la procreacién. La io (élica infantil fue la prefiguracién de la organizacién sexual adulta que acontece en la pubertad. En aquella fase encontré Ia prohibicién incestuosa que orienta la organizacién sexual definitiva, hacia una elecci6én exogdmica de objeto, esto es, por fuera del cfrculo familiar. ‘ Maria do Rosario do Régo Barros expresa que “Ia adoles- cencia es para los humanos un tiempo donde es dado al sujeto una oportunidad de despertar, a pesar de que esto no siempre acontece [y se pregunta] zqué consecuencias puede el sujeto sacar de ese despertar para su vida?” Las frases iniciales del Prefacio de Lacan a la pieza de Wedekind y referentes a que los muchachos no se preguntan lo que es hacer el amor con una muchacha sin el despertar de sus suefios, son ampliamente comentadas en la bibliografia secundaria que se ha consultado. Giselle Camauer dice, por ejemplo: camino de su lectura de la obra. Nos la presenta [...] como un drama subjetivo que atafe a cada wr de que en el or- sujeto en particular, puesto que a pesa den de lo aa nos eecontramos, por eotruc sabe desencuentro, con un desarreglo fundamen’? hecho de ala sexualidad que afecta @ todo sujeto po 5 e encuen- hablar, ser4 para cada uno la manera en a ata de cubrit tro se malogre [..] es cierto ae Wed bles ‘ala sexua imaginariamente todas Jas respuestas PU sociedad a4° n lidad que, con mirada aguda, observa 1 despertar?”” Va “ ja: que : SE ney ‘Adolescendia: B. janeitO Ke Lacan abre el MARIO ELKIN RAMIREZ ORTIZ jo el modelo q, ‘eto de amor bajo e le la m istintos: SODTE el obje jeto sexual, qu dre, distin Ja esposa Y et a de | i iis Merfa gy, recafa en bajo el modelo de la Dirne, jg? Juego Tr jento moral, ba} velo mate tI tun un rebajam mbién provenfa del mo: TO, pero, - al ta ido al hecho de ver en ella mas a la mujer - dirfamos, di realmente, esta corriente se encaminaba en, la a la magr™ lta hacia las prostitutas, las sirvientes o 4 | sexualidad ng aqui aplica estas nociones a la explicacién da St entre estos adolescentes. a ertad aparece entonces como un sfn. festacion de un relanzamiento de |a i i ..] Armonizar el de- tra las pulsiones parciales [..] — vital yal aoe objetal, dicho de otro modo que el ob- oe ae amt y el objeto del deseo coincidan, es lo que est4 aera [...] Para Freud la reunin de la corriente sexual y de la corriente tierna se vuelve problemética en la pu- ] objeto de la ternura fue condenado como bertad ya que el objeto eal desde hace tiempo, en el momento del perfo- do llamado de latencia. El empuje puberal hace revivir la prohibicin de gozar sexualmente del objeto de amor.” Para Freud, la pub toma, como una man Melchor replica a Wendla que no hay amor en él hacia ella como tampoco de ella hacia él. Es preciso esclarecer que cuan- do ella le dice: “No me beses [...], Cuando se besa... se ama...”, es una frase que proviene de una conversacién con su madre, quien a medias le ha explicado que los hijos provienen del amor de los padres, los cuales se besan. Los chicos en este encuentro se topan con la armonifa entre los sexos como un meee ella piensa en el amor, él en el sexo, ‘ano que sus compafieros, Por eso aml DESPERTAR DE LA ADOLESCENCIA 165 1 —jWendla...! or —jOh Melchot...! {jNo...! jNo...!} [el Tesaltado es nuestro]. ién de los miércoles de la Sociedad Psicoanalf- En Ja reunion © : ? ca de Viena dedicada al comentario de Despertar de prima- era, Reitler, el relator de la obra de Wedekind, al presentar ys personajes dice que “Melchor Gabor, [1 ha superado la exualidad infantil para alcanzar el estadio de la sexualidad ormal (coito con Wendla)”.” En la época se pensaba que la exualidad normal se constitufa por el coito heterosexual. Los emés tipos de satisfaccién eran tomados, en la linea de Tres nsayos de teorta sexual de Freud, como desviaciones de la pul- i6n respecto del fin y del objeto, y por tanto, perversiones. El ujeto transitaba, en la pubertad, de una disposicién sexual verversa polimorfa infantil a un estado de normalidad cuan- lo su sexualidad pasaba por el coito con un otro, es decir, in objeto de la pulsién unificada y ya no parcial, por lo cual Aelchor era considerado alguien con una sexualidad normal. \simismo Wendla, aunque de ella se sefialan sus “tendencias nasoquistas”. Por su parte, Freud considera que “Wedekind hace una a observacién pintando los deseos del amor sin la eleccién le objeto en Melchor y en Wendla, quienes no estén enamora- Jos el uno del otro” 88 Freud separaba la corriente del deseo sexual de la corriente ema, siendo ambas componentes de una misma libido; pero *Ncontraba que la moral sexual cultural de su época® pre- sentaba disyuntos estos componentes en el caso de algunos ombres, en quienes dichas corrientes se dirigian a objetos in —_ Re pp

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